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OBRAS HISTÓRICAS
DE
DON FERNANDO DE m.IXTLlLXOCHlTL
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ALFREDO CIIAVERO
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SEirOR PRESIDENTE OENEBAL PORFIRIO DÍAZ
Par» pifwnUrlA
9 uo hontcn^ic de México á Cristóbal Col<ín
en el cuarto ct- Dtcnario
del deacubrimieuto do América.
TOMO I
RELACIONES.
MÉXICO
OFICINA TIP. DE I.A SKCRETARIA DK FOMKNTO
Calle de 8ui Audréi núMera Ifr.
1801
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LI BIS; -A. 12; ir
Peabody Masenm of American Arohsology and Ethnology
IN CONNECTION WITH HARVARD UNIVER8ITY.
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OBRAS fflSTÓRICAS
RECriVED,
DE
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DON FERNANDO DE M IXTUIlDiE
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miiuiisTuoiutsm
ALFREDO CHAVERO
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Pan preMntttlft
» na honen^ de Mézloo á Oristtfbal (kHiu
«n el eoarto otntMiailo
del desoubrimltnto d« Amérloa.
TOMO I
RELACIONE3S.
MÉXICO
OFICINA TIP. DE LA SECRETARIA DE FOMENTO
0«U« d« Bu Áiidr«i nAmoo U.
1891
i
8E!tOB PRESIDENTE OENI^ Tüj^tj^^ pt¿)í;^ \ ,
C-
r
I . ' ■ . ; ,■,/ ■■,
A importancia de la publicación de las obras
de Ixtlilxochitl es indiscutible^ pues como ha
dicho el Sr. D. José Fernando Ramírez, de-
bemos juzgarlas poco menos que inéditas,
puesto que solamente se encuentran en la colección de
Kingsborough, que no está al alcance de lasfortunas me-
dianas. Esta dificultad sube ahora de punto, porque está
agotada la edición del Kingsborough, y naturalmente es
menos fácil y más costoso adquirir un ejemplar. Agre-
guemos la justa observación del Sr. Icazbalceta, de que
toda obra publicada en esa colección por inédita debe
tenerse, á causa de lo difícil y molesto que es manejar
y leer tomos tan voluminosos. Todavía podemos añadir
como buenas razones para esta publicación, la poca es-
crupulosidad de la de Kingsborough, y al haberla hecho
sin notas que aclaren las obscuridades y contradicciones
del texto. Verdad es que Ternaux Compans publicó
una versión al francés de la Historia Chichimeca y la
Noticia de los Pobladores, y las acompañó con notas;
pero sabido es que las versiones de Ternaux son infie-
les. Además en ambas publicaciones los nombres indi-
OBRAS HISTÓRICAS DE
genas están incorrectos, y defecto capital es éste en con-
cepto nuestro.
La edición de Kingsborough, sacada por una copia
de la colección de Madrid, copia también pues los ori-
ginales de Ixtlilxochitl se han perdido, se compone de
las piezas siguientes:
I. Sumaria Relación, etc. de los tultecas.
II. Historia de los Señores Chichimecas.
III. Continuación de la Historia de México.
IV. Pintura de México.
V. Ordenanzas de Netzahualcóyotl.
VI. Orden y ceremonias para hacer un Señor.
VII. La venida de los Españoles.
VIII. Entrada de los Españoles en Toxcuco.
IX. Noticia de los pobladores, ete.
X. Relación sucinta.
XI. Sumaria Relación.
XII. Historia Chichimeca, en 95 capítulos.
XIII. Cantares de Netzahualcóyotl.
XIV. Fragmentos de la tida del mismo.
En la colección de manuscritos que mandó formar el
Virrey Revilla Gigedo, y que se conserva en el Archivo
General, las obras de Ixtlilxochitl, están en los tomos
49 y 139. En el tomo 4^ se comprende la Historia CU'
chmeca. En el tomo 13^, intitulado Melacionesj se com-
prenden:
I. Sumaria Relación, etc., en 5 relaciones.
II. Historia de los Señores Chichimecas, etc., en 12
relaciones. A ésta va agregada la continuación de los
hechos de Netzahualcóyotl hasta la guerra de Xochi-
milco; se interealn una lista de 154 nombres de pueblos;
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL.
sigue la narración histórica de Netzahualcóyotl hasta
la instalación en su trono; y como continuación natural
las Ordenanzas que hizo el mismo Netzahualcóyotl; y
concluye con una noticia de la memoria de su hijo Net-
zahualpilli, su muerte y funerales.
III. La orden y ceremonia para hacer un Señor, etc.
lY. La venida de los españoles á esta Nueva España.
V. Entrada de los españoles en Texcuco.
VI. Noticia de los pobladores, etc. En 13 relaciones.
VII. Relación sucinta, en 11 relaciones. Como conti-
nuación de ella hay dos noticias intituladas, la una Re-
lación de loa demás Señores de Nueva España, y la otra
Relación del origen de los Xochimilcas.
VIII. Sumaria Relación, etc. Ademá-s en el tomo 3^
délos manuscritos del Archivo existen dos piezas, una
es los Cantares de Netzahualcóyotl, y la otra los Frag-
mentos hist^cos de la vida del mismo. Aunque están
atribuidos á IxtlilxochiÜ, no hay ninguna razón que lo
confirme.
Como se ve, las obras de Ixtlilxochitl pueden dividir-
se en dos partes: una la Historia Chichimeca, que es
miaobra completa; y otra las diversas Relaciones y frag-
mentos, que son en lo general diversas versiones y re-
petición de los mismos sucesos.
Ixtlilxochitl es el cronista original de los texcucanos*
Pocos de nuestros escritores gozan de la fama y repu-
tación que él. Y sin embargo sus numerosas obras son
desconocidas.
Acaso ha contribuido mucho á la fama de Ixtlilxo-
ehitl, la circunstancia de haber sido descendiente de los
reyes aoolhuas: eam^ trasnieto del último rey ó señor de
OBRAS HISTÓRICAS DE
Texcuco, y procedía del matrimonio de éste con Doña
Beatriz Papantzin, hija de Cuitlahuac penúltimo em-
perador de México. Nació hacia 1568; fué alumno del
Colegio de Santa Cruz en Tlatelolco; en sus xiltimos
años intérprete del Juzgado de indios; y murió por el
año de 1648, á los ochenta de edad. Según la clase de
sus obras, parece que comenzó á escribir por estudio
siguiendo la interpretación de antiguas pinturas, y dio
después forma más perfecta á sus escritos procurando
la restitución de su pequeño señorío.
Hay diferentes catálogos antiguos de las obras de
Ixtlilxochitl. Boturini, que dice que los copió de su le-
tra, y en efecto, ha sido mía su copia de las B;elacioneS)
da uno semejante casi en todo á como aparecen en la
publicación de Kingsborough. Beristáin que no cono-
ció todas las obras, da otro diferente. Diverso es el de
Clavijero. El Sr. D. Fernando Ramírez comparó estos
catálogos entre sí, y con los manuscritos del Archivo y
del Museo, y la colección de Kingsborough. Seguire-
mos sus estudios para fijar la cronología de los escritos
de Ixtlilxochitl.
Su primera obra, que parece escrita por los años de
1600, fué la titulada Relaciones históricas de la na-
ción tulteca ó Relaciones de todas las cosas que han
sucedido en la Nueva España, y de muchas cosas que
los tultecas alcanzaron. La segunda fué la Historia
de los Señores Chichimecas, á la cual hay que agru-
par los opúsculos que á veces corren separados con los
títulos de Continuación de la Historia de México y
Pintura de México, Orden y ceremonias para ha-
cer un Señor, La venida de los españoles, Entrada
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOGHITL.
de los españoles en Texcuco y Noticia de los pobla-
dores, etc. Esta segunda obra, 6 colección de obras,
ya estaba escrita en 1608, según la fecha del testimo-
nio de los censores. Hacia la misma fecha estaban
terminadas las Ordenanzas del gran Netzahualcóyotl,
y un opúsculo intitulado Los Padrones y Tributos
Reales, etc. que se ha perdido. Seguramente fueron
posteriores la Relación sucinta y la Sumaria Relación^
pues son extractos en pocas páginas de toda la Histo-
ria, y el mismo autor declara que sacó la primera
de lo que estaba escribiendo sobre las cosas de la
tierra.
Debemos antes de pasar adelante decir que Boturi-
ni habla de otra obra, que llama Fragmentos de
cronología mexicana, la cual cita Grama; pero por las
explicaciones de éste, se viene en cuenta de que la tal
obra no era de Ixtlilxochitl, sino un fragmento de la
de Sahagún. También se menciona por de IxtlüxochiÜ
una Historia de Nuestra Señora de Guadalupe, que en
nuestro concepto no ha existido.
Respecto de los Cantares de Netzahualcóyotl y Frag-
mentos de la vida del mismo, supuesto que no se pue-
de acreditar que sean de Ixtlilxochitl, inútil sería in-
dagar cuándo se escribieron.
La última obra y la más importante de nuestro au-
tor es la Historia Chichimeca. En la certificación que
respecto de las obras de Ixtlilxochitl dio el Cabil-
do de San Salvador Quatlacinco, legalizada por el es-
cribano nombrado por el JE. S. Virrey j en el año de 1608,
se habla de la Historia Larga^ y esta es la Historia
Chichimeca; pero por su mismo texto se viene en co-
OBRAS HISTÓRICAS DE
nocimiento de que no estaba concluida por entonces, y
debemos asignarle por fecha de su terminación el año
de 1616. El titulo primitivo de esta obra fué Histo-
ria general de la Nueva España, el cual fué substitui-
do en el manuscrito, por mano desconocida, con el de
Historia Chichimeca, nombre con que ahora se le co-
noce generalmente.
Debemos agregar que la Dedicatoria y Prólogo que
hoy corren al frente de la Historia Chichimeca, corres-
pondían á la Sumaria Relación; y de ellos se despren-
de, que ésta se escribió hacia el año de 1611.
Con excepción de la Historia Chichimeca, que es
4ua abra bien concluida, las demás del autor que bajo
el nombre general de Relaciones son conocidas, pare-
cen diversos estudios hechos sucesivamente sobre los
mismos hechos. Para no hacer fastidiosa la repetición
y presentar de manera más clara las ideas y noticias
de Ixtlilxochitl, ideó el Sr. D. José Femando Ramírez
agrupar las diversas relaciones según su época crono-
lógica, tomando como principal para la tolteca la Su-
maria Relación, y para los tiempos posteriores la His-
toria de los Señores Chichimecas. La ventaja de este
método es notoria, y lo he seguido por lo que respecta
á las Relaciones, las cuales forman el primer tomo de
ttta publicación.
£2n cuanto á la Historia Chichimeca, la dividió el
Sr. Ramírez en dos partes, la primera comprende 76
capítulos, y es la Historia antigua; y la segunda los
restantes, y trata de la Conquista. Conservo esta divi-
sión por conveniente: la primerea parte formará el tomo
segundo, y la segunda el tercero.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL.
Agregaré las notas del Sr. Ramírez, y para distin-
guirlas de las mías, irán marcadas con su inicial R.
Finalmente publicaré como apéndice algunos opiis-
culos de diversos autores, que completan las obras de
Ixtlilxochitl.
Alfredo Chavero.
SUMARIA RELACIÓN.
De todaí lii oosas que han •noedido en la Hneya Espidia, 7 de mnohas ooeai qne loa Tnlteoae
ilciiuaron 7 tupieron, desde la oreadén del Mnndo hasta sn destmooidn, 7 Tenida de los
terceros poUadores Ohiohtmeoas hasta la Tenida de los EspaSoles, sacada de la original
historia de esta Hneya Espa&a.
PRIMERA RELACIÓN.
De la CreaeUtn delMundoyde lo que toca á la Creactón del Mundo y origen de loe
Jhciiof, ettlo Dioi es el eabedor de todat la» oomu, mat lo que btíenamente te hapo-
dido eaber, tegün loe TuUeoat, es lo que sigue:
Los Tultecas alcanzaron y supieron la Creación del Mundo y
cómo el TloquA Nahuaque lo creó, y las demás cosas que hay en
él, como son planetas, montes, animales, etc.; asimismo supie-
ron cómo creó Dios al hombre y una mujer de donde los hom-
bres descendieron y se multiplicaron, y sobre esto añaden mu-
chas üábulas que por excusar prolijidad no se ponen aquí; y no
es de espantar, que lo mismo han hecho las demás naciones del
mundo. Y dicen que el mundo fué creado en el año del ce iecpaU^
y este tiempo hasta el diluvio le llamaron Atonatiuh, quiere
decir, edad del sol de agua^ porque se destruyó el mundo por el
diluvio: y hállase en las historias de los Tultecas que duró esta
edad y mundo primero, como ellos le llaman, 1716 años; que
se destruyeron los hombres con grandísimos aguaceros y rayos
del cielo, y toda la tierra sin quedar cosa ninguna, y se metie-
ron dentro de las aguas los más altos montes CaxidmoleUÜi^ ^
1 Debe ser CaxiolmolicÜu
X
12 OBRAS HISTÓRICAS DE
que son quince codos; y de que añaden asimismo otras fábulas,
y de cómo tomaron á multiplicar los hombres de unos pocos que
escaparon de esta destrucción dentro de un Toptlipetíacalli^
que casi significa Arca cerrada; y cómo después multiplicándose
los hombres hicieron un Zacuaüi muy alto y fuerte, que quiere
decir la Torre altísima^ para guarecerse en él cuando se tornase
á destruir el segundo mimdo. ^ Al mejor tiempo se les mudaron
las lenguas, y no entendiéndose unos á otros, se fueron á diver-
sas partes del mundo; y los Tultecas, ^ que fueron hasta siete
compañeros con sus mujeres, que se entendían la lengua, se
vinieron á estas partes, habiendo primero pasado grandes tie-
rras y mares, viviendo en las cuevas y pasando grandes traba-
jos, hasta venir á esta tierra, que la hallaron buena y fértil para
su habitación. Y dicen que anduvieron 104 años por diferentes
partes del mundo hasta llegar á Huehue TlapaUan su patria,
que fué en Ce TecpaU que había 520 años que el Diluvio había
pasado, que son cinco edades; y cumplidos 1716 después del
diluvio fueron destruidos de un grandísimo üracán que se llevó
los árboles, las peñas, casas y gentes y grandes edificios, ^ aun-
1 Los historiadores que escribieron en la época colonial, por las ideas reli-
giosas que en ella dominal>an, quisieron poner de acuerdo las tradiciones na-
huas con las bíblicas, j trastornaron aquéllas. Sirvióles para el caso el Aiono'
iiuhj que confundieron con el düuyio, el Zacualli de Cholollan, que tomaron
por otra torre de Babel, j el jeroglífico de la Peregrinación Azteca, en donde
erróneamente creyeron ver la confusión de las lenguas. Yéase lo que he escri-
to sobre esto en mi Ettudvo sobre la Piedra del Sol y en el Apéndice k la JTis-
torta de las Indias del P. Duran.
2 Al margen y al frente de las palabras donde se hacen las llamadas, se en-
cuentran esta nota y la siguiente. — **Chichimecatl en sus historias, que aun
todos ellos son unos los indios de esta tierra ellos; pero descienden de un sefior
llamado Ziehen; especialmente los que son caballeros, y por eso se precian del
nombre de Chichimecatl."
8 "SI nombre de Ohichimeca quieren algunos sea en memoria de su patria;
sea el que se ñiere, ellos así se llaman, que quiere decir la gente ó nación ás-
pera y amarga, porque es una nación de las más crueles y valerosas que tiene
el mundo. Aquesta postrera relación que se halla en el P. Fr. Andrés, gran
siervo de Dios, según parece en su vida y los milagros que el Señor obró en él,
DON FERNANDO Dí ALVA IXTLILXOCHITL. 13
que escaparon muchos hombres y mujeres, especialmente
los que pudieron escapar en cuevas y partes donde no les pudo
alcanzar este gran Uracán; y pasados algunos dkis ó tiempo, se
salieron de ellas á ver en lo que había parado la tierra, y la ha-
llaron toda poblada y cubierta de Monos, y estuvieron en tinie-
blas todo este tiempo sin ver el sol y la luna, que el aire los
había traído; y de esto inventaron los indios una fábula, que
dicen que los hombres se volvieron Monos, Ilan^uido á esta
-edad ó mundo segundo EheoaiUmaHuh^ que quiere decir Sol de
aire: y después que escaparon tornaron á reedificar de nuevo y
á multiplicarse; y en el año de 8 ToehOi^ que había 1347 que
había después de la segunda calamidad, y 4779 de la creación
del mundo, tienen allá en su historia que el sol se estuvo un
día natural sin moverse de un lugar, y añaden una fábula di-
ciendo, que como el mosquito vido el sol tan suspenso y pen-
sativo le dqo: Señor del mundo «¡por qué estás tan suspenso y
pensativo y no haces tu oficio como se te está mandado? ¿qué
quieres destruir ai mundo como sueles? y otras muchas palabras
fabulosas; y viendo el mosquito que estaba quedo y no le res-
pondía, llegó y le picó en ima pierna, y hallándose picado tomó
-de nuevo á andar su curso como suele. Cumplidos 158 años
después del gran Uracán y 1964 ^ de la creación del mundot
tuvieron otra destrucción los de esta tierra, que fueron los §uí-
nametxin, Gigantes, que vivían en esta rinconada que se dice
agora Nueva España, la cual destrucción fué de un gran temblor
de üerra, que los tragó y mató reventando los altos montes vol-
canes, de suerte que se destruyeron todos sin escapar ninguno,
decía, que cómo hubiese muchas veces hablado con los Ghichimecas de Panuco
y Tampico j otras partes, al tiempo que los andaba convenciendo á la fe de
Cristo, preguntándoles de su origen le habían dicho lo mismo, ser de una ciu-
dad llamada ehiehen; y casi lo mismo tengo dicho y decía este bienaventurado,
según los viejos principales; que muchas veces habl<5 con ellos, y sin duda sería
lo que los Ghichimecas decían de su origen y que no quisiesen saber más; que
Mo Dios es el sabedor del origen y de las demás cosas de este mundo nuevo.
Ssto es lo que se halla acerca de lo dicho."
1 £n el MS« del Museo, 4994.— B. Id. en la copia de Boturini.
14 OBRAS HISTÓRICAS DE
y si escapó alguno, fué de los que estaban más hacia la tierra
dentro; y asimismo muchos de los Tultecas murieron, y los Chi-
chimecas y sus circunvecinos, que fué en el año de ce Tecpatl; y
á esta edad le llamaron Tla^iUmcUiuh, ^ que quiere decir sol de
tierra. En el año de 6097 de la creación del mundo, que fué ce
Tecpatl, y 104 años después de la total destrucción de los Fi-
listeos Qmnametdn, estando pacíñca la tierra toda de este nuevo
mundo, se juntaron todos los sabios Tultecas, asi astrólogos
como de más artes, en HuehvMapaEan^ ciudad cabecera de su
señorío, en donde trataron de muchas cosas, así de sucesos y
calamidades que tuvieron, y movimientos de los cielos desde
la creación del mundo, como de otras muchas cosas, que por
haberles quemado sus historias no se han podido saber ni al-
canzar más de lo que aquí se ha escrito, entre las cuales ^ aña-
dieron el bisiesto para ^justar el año solar con el equinoccio, y
otras muchas curiosidades, como se verá en las tablas y reglas
de ellos de sus años, meses, semanas y días, signos y planetas,
conforme ellos los entendieron, y otras muchas curiosidades.
/ / y Había 1^6 años que ajustaron sus años y tiempos en el equi-
noccio, y 270 que los gigantes se habían destruido, cuando el
sol y la luna eclipsó, y tembló la tierra, y se quebraron las pie-
dras, y otras muchas cosas y señales sucedieron, aunque no
hubo calamidad ninguna en los hombres; que fué en el año del
GE Calu, lo cual, ajustada esta cuenta con la nuestra, viene á
ser en el mismo tiempo cuando Cristo nuestro Señor padeció,
y dicen que fué á los primeros días del año. Estas y otras mu-
chas cosas alcanzaron los Tultecas desde la creación del mundo,
y así hasta nuestros tiempos, que, como tengo dicho, por ex-
cusar prolijidad, no se ponen según en sus historias y pinturas
1 Yeytia la llama Tlachitonattuhf y como este escritor no hizo más que co-
piar á Iztlixochil, hay razón para creer que tal era la ortografía en el MS.
original. Pero la verdad es, que dicha palabra no tiene la significación del
acontecimiento á que se refiere, y que sol de tierra es Tlatonaüuhy yoz usada
por la mayor parte de los cronistas.
2 En el MS. del Museo: **y entre sus observaciones. '^ — B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILX6CHITL. 1 ^
parece, principalmente de la original, digo de las cosas queíse
les halla pintura é historia, que todo es cifras en comparación de
las historias que mandó quemar el primer arzobispo que fué
de México. ^
Había 305 años que eclipsó el sol y la luna, y 438 de la des-
trucción de los Filisteos, Qrmamebnn^ y 6486 de la creación del
mundo, cuando ChaleaJldn y Tlaoamiihidn^ caballeros muy prin-
cipales descendientes de la casa real de los Tultecas, comenzaron
á quererse alzar con el reino, queriéndoselo quitar al legitimo
sucesor, después de haber estado muchos años en quieta paz,
que fué en el de 13 Agatl: fueron desterrados y tuvieron algu-
nas guerras, hasta que los echaron de la ciudad Tla^Míxddnoan^
en la región de HueyOapcMím su patria, con todos sus aliados y
fEunilias, así hombres como migeres, que fué harta cantidad de
ellos: salieron el año siguiente de geTegpatl desterrados de to-
da aquella tierra, como se verá en lo que se sigue, y á nues-
tra cuenta á los 439 años de la Encamación de Cristo Señor
nuestro.
LAS HACIONES POBLADORAS.
Los naturales de toda esta tierra Chichimeca, que ahora se
llama Nueva España, es común y general opinión de todos ellos,
1 El Sr. Qarcía Icazbalceta ha defendido con razón al Obispo Zumárraga de
este cargo, que hecho primero por Iztlilxochitl, se ha seguido repitiendo hasta
acusarlo de ser la causa de que se hayan perdido los anales de nuestra historia
antigua. To no niego que el obispo, como lo hicieron todos los primeros frair
les, destruyese las pinturas que á la mano le venían, teniéndolas por obra del
demonio; pero no debemos olvidar que Sahagún dice, que bajo el reinado de
liscoaüy los señores y principales acordaron y mandaron que se quemasen todas
las pinturas, para que no viniesen á manos del vulgo y fuesen menospreciadas.
A máS) hay que agregar, que acostumbraban los indios cuando conquistaban
un pueblo quemar el ieoccUli 6 templo, y naturalmente los jeroglíficos que en
él se guardaban. Así lo hicieron en Texcuco los Tlaxcaltecas que acompaña-
ban á Cortés, y lo mismo pasó en la toma de México. No tuvo, pues, Zumá-
rraga mucho que quemar, y no es tan responsable de la destrucción de nues-
tras viejas historias, como lo quiere hacer Ixtlilxochitl.
T
16 OBRAS HISTÓRICAS DE
demás de que parece en la demostración de sus pinturas, que
vinieron sus pasados de las partes Occidentales, y todos ellos
ahora se llaman TaUeoas, Aculhuas, Mextoanoé; y las demás na-
ciones que hay en esta tierra se precian y dicen ser del linaje
de los Chichimecas; y la causa es, según parece en sus historias,
que el primer rey que tuvieron se llamaba CfhdchimecaÜ, que filé
el que los trajo á este Nuevo Mundo en donde poblaron, el cual,
según se colige, salió de la gran Tartaria, y fueron de los de la
división de Babilonia, como más largamente se declara en la his-
toria que sé escribe; y este su rey, como anduviese con ellos dis-
curriendo por la mayor parte del mundo, llegaron á esta tierra,
y pareciéndoles ser buena, fértil y abundante para el sustento
humano, como está referido, poblaron la mayor parte de ella,
especialmente la que cae hacia la parte Septentrional, y el CW-
(MmeoaÜ á toda ella le puso su propio nombre. Después, sus
descendientes, lo restante lo fueron poblando, y quedósele á
cada reinó ó provincia el nombre, conforme era el del Señor ó
rey que primero lo pobló, como se echa de ver en las tierras,
reinos y provincias de los Tultecas, que se llamaron en general
ToUan^ porque el primer rey que tuvieron se llamaba así. Ni
más ni menos, sucede lo mismo con las demás regiones grandes
y provincias que hay en esta tierra; pero no embargante que
unos se llamaban ThJtecas, otros Aculhuas^ Tepanecaa ú Otomües^
ningunos dejan de preciarse de que son del linaje de los Chichi^
mecas, porque todos descienden de ellos, aunque es verdad que
hay distinción de irnos C%ic^.tmecc»á otros, en que unos dieron
en más policía que otros como son los TuUecaa, y otros en gran-
des bárbaros como son los Otomües y otros de su modo. Los que
son meramente CMchimecas, que sus reyes descienden por línea
recta de su primer rey y i)oblador ChichimeoaU, han sido hom-
bres belicosos, guerreros y amigos del imperio y tener sujetos á
los demás; y la causa de ser unos de político vivir y otros muy
toscos y de bajos pensamientos, ó soberbios y altivos, amigos
de matar, ha sido el tener virtuosos ó malos príncipes; y final-
mente, como ellos propios dicen y confiesan, demás de estar en
DON FERNANDO DE ALYA IXTLILXOGHITL. 17
SUS historias, todos son del linaje de los Ghichimecas, y todos
sus antepasados vinieron, como está dicho, de las partes Occi-
dentales. ^
DE LOS GIGANTES.
En esta Nueva España hubo gigantes, demás de la demostra-
ción de sus huesos que se hallan en muchas partes, dicen los
antiguos historiadores Tultecas que se llamaban Quinamdxin^ y
que los alcanzaron á conocer y tuvieron muchas guerras y di-
senciones con ellos, especialmente en toda la tierra que ahora
se llama Nueva España; los cuales se destruyeron y acabaron
con grandes calamidades y castigos del cielo, por algunos gra-
ves pecados que ellos cometieron; y aun hay opinión de algunos
de estos historiadores antiguos, que estos gigantes descienden de
los mismos Ghichimecas, y dicen que en estas tierras septen-
trionales en donde estaba el antiguo imperio de los Ghichime-
cas, hay provincias donde viven hombres que tienen más de
treinta palmos de altura; y no es de espantarse, que aun nues-
tros españoles, con ser que aún no han entrado en la tierraden-
tro, sino por estas costas, como son las tierras de Chicoranoa y
Ihiharezasea, han hallado hombres en estas partes, de once y
doce palmos, y noticia de haber otros más altos. ^ La mayordes-
trucción que tuvieron estos Quinametzin, fué el año y figura
1 Sin ninguna noción de la etnografía de los pueblos, Ixtlilzochitl buscó
en este pasaje una manera, plausible })ara su tiempo aunque nada científica,
de explicar el origen de los indios. Confundió las razas, y aun inventó un rey
Ikdlan que no existió, que nadie cita, y que él mismo no incluye en la lista de
los monarcas toltecas: todo para acordar nuestra historia con el relato bíblico.
Véase lo que extensamente he dicho sobre esto en mi ^< Estudio sobre la Piedra
del Sol,'' en el "Apéndice al P. Duran," y en mi "Historia Antigua" que
forma la primera parte de la obra intitulada "México á través de los Siglos."
2 £1 hallazgo hecho en muchas partes de nuestro territorio, de fósiles de
elefantes y otros paquidermos, hizo creer á los indios y á nuestros antiguos his*
Tomo 1—2
ur
7/
N
^
18 OBRAS HISTÓRICAS DE
que los naturales llaman ce Toxtli, ^ que significa cfmqo número
primero^ 299 años después de la Encarnación de Jesucristo; y aca-
bóse en ellos la tercera edad que fué llamada Ecatonatiuh^ ^ por
los grandes aires y terremotos, y se destruyeron casi todos.
BELiaON SUCOTA.
Los Tultecas fueron los segundos pobladores de esta tierra
después de la consunción de los gigantes y tuvieron no-
ticia de la creación del mundo, y cómo se destruyó por el dilu-
vio, y otras muchas cosas que ellos tenían en pintura é historia.
TuUeca quiere decir hombre artífice y sabio^ porque los
de esta nación fueron grandes artífices, como hoy día se ve en
muchas partes, y especialmente en las ruinas de sus edificios,
en este piieblo de TeoHhuacan^ Tula y Chóbda.
HISTORIA CHIOHIMECA.'
^^ ~Y^ Los más graves autores é historiadores que hubo en la infi-
j¿;iv>* ^^ delidad de los antiguos, se halla haber sido QuetzalcoaU el pri-
/. ^ mero, y de los modernos, Nezahualcoyotzin rey de Texcuco y los
j^jj^ dos infantes de México Itzcoaizin y Xiuhcozcatzinj hyos del rey
Huitálihuitzin; ^ sin otros muchos que hubo, que en donde fue-
toriadores en la existencia de gigantes imaginarios. Los gigantes tienen en esas
leyendas diversas significaciones: ya el recuerdo de la desaparición de esos pa-
quidermos, ya la destrucción de la raza en uno de los soles ó épocas cosmogó-
nicas, ya la conquista y aniquilamiento de los pueblos primitivos.
1 Debe ser ce tochtlL
2 La verdadera escritura es E^eeaionaiiuh.
8 Capítulo I.
4 Segundo rey de México.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 19
re necesario los citaré. Declaran por sus historias, que el dios
T€OÜoqv£nahuaqm^ TlachihuaMpal nemoanvUiuicálúJM TlaJítipae-
que, que quiere decir, conforme al verdadero sentido, el IXos
universal de todas las cosas, creador de ellas y á cuya voluntad vi-
ven todas las criaturas, Señor del cielo y déla tierra, etc., después
de haber creado todas las cosas, creó á los primeros padres de
los hombres, de donde procedieron todos los demás, y la mo-
rada y habitación que les dio fué el mundo. Éste dicen tener
<íuatro edades. ^
La primera que fué, desde su origen, llamada Atonaiiuh,q}ie
significa sol de agua, significa que el mundo acabó por un di-
luvio.
La segunda, llamada Tlachüonatiuh, significa sol de tierra, por
haberse acabado el mundo con terremotos, de manera que pe-
recieron casi todos los hombres; con cuya edad y tiempo fue-
ron los gigantes que llamaron Quinametintzocuilhicxime.
La tercera edad llamada Ecatonatiuh, ^ que quiere decir sd
de aire, porque feneció esta edad con aire, que ftié tanto, que
derrocó todos los edi^cios y árboles, y aun deshizo las piedras,
y pereció la mayor parte de los hombres; y porque los que es-
caparon de esta calamidad, hallaron cantidad de monos que el
viento debió traer de otras partes, dijeron haberse convertido
los hombres en monos.
Los que poseían este nuevo mundo en esta tercera edad, fue-
ron los ülmecas y Xicalancas; y según por sus historias se halla,
vinieron en navios ó barcas de la parte del Oriente hasta la
tierra de Potonchan ^ desde donde comenzaron á poblarle; y en
1 Gomo se ye, Ixtlilxochítl unas veces cuenta tres soles 6 edades, y otras
dice que fueron cuatrp. Además, no los pone siempre en el mismo orden. Los
soles fueron cuatro: el primero, Atonaiiuh 6 sol de agua; el segundo, EhecaiO'
natiuh 6 sol de aire; el tercero, Tletonatiuh 6 sol de fuego; y el cuarto, TlaU
ionaüuh 6 sol de tierra. Yéase lo que extensamente digo sobre esta materia en
mi «^Segundo estudio sobre la Piedra del sol," en el segundo tomo de los << Ana-
les del Museo."
2 Ehecatonaüuh,
8 Antigua población de Tabasco, situada á la margen del río del mismo
20 OBRAS HISTÓRICAS DE
las orillas del rio Átoyac, que es el que pasa entre Puebla y Chcn
ItUa^ bailaron algunos de los gigantes que habían esc£q)ado de
la calamidad y consunción de la segunda edad. Abusando éstos
de su fuerza y corpulencia para oprimir y esclavizar á sus cir-
cunvecinos,* se determinaron los principales caudillos de los
nuevos pobladores á librarse de ellos^ y el medio empleado fué
un convite que les hicieron, muy solemne, y en que después
de repletos y embriagados, con sus mismas armas los acabaron
y consumieron, con cuya hazaña quedaron libres. y exentos de
esta sujeción, y fué en aumento el señorío y mando de los Xi-
calancas y Ulmecas.
Hallábanse en la mayor prosperidad, cuando llegó á estn tie-
rra un hombre á quien llamaron QuetzakoaÜ y otros Hueman^
por sus grandes virtudes, teniéndole por justo, santo y bueno,
enseñándoles por obras y palabras ej. camino de la virtud y evi-
tándoles los vicios y pecados, dando leyes y buena doctrina; y
para refrenarles de sus deleites y deshonestidades les constitu-
yó el ayuno; y el primero que adoró y colocó la Oruz^ que 11a-
piaron Quiaijhtzteotlchicahüauzteoh., y otros Tonacaqüahüitl,
que qiere decir dios de las lluvias y de la mlud^ y árbol del sus-
tento 6 deh vida; el cual, habiendo predicado las cosas referidas
en. todas las más de las ciudades de los Ulmecas y Xicalancas
y en especial en la de ChoMa, donde asistió más, y viendo el
poco fruto que hacía con su doctrina, se volvió 'por la misma
parte de donde había venido, que fué por la de Oriente, desapa-
reciéndose por Coatzacoalco; y al tiempo que se fué despidiendo
de estas gentes, les dijo que en los tiempos venideros, en un
nombre, y de la cual no se conserva otro recuerdo ni reliquia, según Herrera,
que el pueblo llamado Tabasquiüo, En Potonehan desembarcó Francisco Her»
nández de Cójrdova, primer navegante que pisó la playa del territorio mexica-
no, recibiendo allí las heridas de que murió á pocos días. Sn el mismo punto
desembarcaron posteriormente, con mejor éxito, Juan de Orijalva j Hernán
Cortééy triunfando de los naturales. £1 regalo de esclavas hecho á Cortés, y
entre las cuales se encontraba la célebre doíla Marina^ también se verificó en
Potonehan. Ss singular que éste haya sido el punto general de recalada délos
antiguos navegantes.— R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOGHITL. 21
año que se llamaría ce acatl, volvería y entonces su doctrina
sería recibida, y sus hijos serían señores y poseerían la tierra,
y que ellos y sus descendientes pasarían muchas calamidades y
persecuciones; y otras muchas profecías, que después muy á
la clara se vieron.
§Me¿5afcoatf por interpretación literal significa sierpe de plu-
mas preciosas; por sentido alegórico, varón sapientísimo: y Hue-
mac dicen unos que le pusieron este nombre porque imprimió
y estampó sobre ima peña sus manos, como si fuese en cera
muy blanda, en testimonio de que se cumpliría todo lo que les
dejó dicho; otros quieren decir que significa eZ de fot mano gran-
de ó poderosa. El cual, ido que fué de allí, á pocos días sucedió
la destrucción y asolamiento referido de la tercera edad del
mundo, y entonces se destruyó aquel edificio y torre tan me-
morable y suntuosa de la ciudad de Chohda, que era como otra
segunda torre de Babel, que estas gentes edificaban casi ceñios
mismos designios, deshaciéndola el viento; y después los que
escaparon de la consunción de la tercera edad, en las ruinas de
ella edificaron un templo á QuetzalcoaU, á quien colocaron por
dios del aire, por haber sido causa de su destrucción el aire, en-
tendiendo ellos que fué enviada de su mano esta calamidad; y
le llamaron asimismo ce Acatl, que fué el nombre del año de
su venida. Y según parece por las historias referidas y por los
anales, sucedió lo referido algunos años después de la Encar-
nación de Cristo Señor nuestro.
Pasada esta edad, y desde este tiempo acá entró la cuarta
edad, que dijeron llamarse Tletonatiuh, que significa sol de fuego,
porque dyeron que esta cuarta y última edad se ha de acabar
con fuego. ^ Era QuetzalcoaÜ hombre bien dispuerto, de aspec-
to grave, blanco y barbado. Su vestuario era una túnica larga.
1 Esta tradición recuerda la nuestra, descrita en el Apocalipsis. — R.
SEGUNDA KELACION. -]/[
Ve la hUíoria de lot TuUeoaa,
Año de CE Tecpatl, como ya está declarado, salieron los Tul-
tecas de su patria y nación desterrados, los cuales salieron hu-
yendo y como pudieron, y los de TlaadcoKiican, sus deudos, los
vinieron siguiendo, hasta dejarlos más de sesenta leguas fuera
de sus tierras, en donde estuvieron reformándose y haciendo
sementeras y otras cosas para su sustento: y á esta tierra le pu-
sieron Tlapallariconooj á significación de su patria; y el descu-
bridor de esta tierra se llamaba Cecatzin; y casi al último de
estos años se juntaron dos cabezas principales, y las otras cin-
co inferiores, á tratar si se quedarían en esta tierra ó si pasa-
rían más adelante. Se levantó entre ellos im gran astrólogo que
se decía Huematxin^ diciéndoles que en la historia hallaba, que
desde la creación del mimdo siempre habían tenido grandes
persecuciones del cielo, y después de ellas se les habían segui-
do á sus pasados grandes bienes, tierras prósperas y largos se-
fioríos; y siempre sus persecuciones eran en el año de ce Tec-
patl, que es un pedernal^ estrella que tanto los perseguía; y pa-
sado éste, luego se les seguían grandes bienes; que era un gran
mal víspera de mayor bien; y que así no les convenía estarse
allí y tan cerca de sus enemigos: además de que hallaba en su
astrología, que hacia donde sale el sol era tierra larga y prós-
pera, donde habían' vivido muchos años los §mnamefeÍ7i, y ha-
24 OBRAS HISTÓRICAS DE
bía tantos años que se habían destruido y estaba despoblada;
demás de que los feroces Chichimecas, sus circunvencinos, po-
cas veces llegaban allá/ y al planeta que reinaba en aquella
tierra le faltaban muchos años para cumplir sus amenazas; y
que en el ínter podían gozar de un siglo dorado y dichoso, ellos
y todos sus descendientes, hasta en décimo grado, sucediendo
de hijos á padres; demás de que aquel planeta no reinaba so-
bre su nación de ellos, sino de los gigantes; que podría ser no
les hiciese mucho daño á sus descendientes; y que en este lu-
gar dejasen algunas personas para que lo poblasen y quedasen
por sus vasallos, y andando el tiempo tomarían á volver sobre
sus enemigos y recobrar su patria y nación. Estas y otras mu-
chas cosas declaró Huematzin^ y estas dos cabezas y las demás
inferiores lo tuvieron por bien y concedieron en ello, ponién-
dolo todo por obra, y que cada tierra que descubriesen, como
fuese diferente de las otras y buena, estuviesen algunos días
reformándose para lo de adelante de todo, de suerte que, al
tiempo que salieron de esta tierra, había once años que salie-
ron de su patria, porque ocho años estuvieron cerca de su pa-
tria haciendo guerra, hasta que los echaron de todo punto, y
TRES en esta que llamaron TlapaUaneonco, como ya está decla-
rado, dejando aquí algunos de la gente común, sus mi^jeres é
hijos, para que la poblasen, y se partieron y anduvieron otras
sesenta leguas; y hase de notar que la historia pone que andu-
vieron á doce días cada jomada de nueva tierra que descubrie-
ron, en donde se colige que cada día anduvieron seis leguas,
por llevar consigo tanta gente, mujeres é hijos, cargados todos;
y demás de eso, así como salían no paraban, hasta que la no-
che los hacía detener para dormir y descansar, y hacían cada
día seis leguas, antes más que menos; y andados los doce días,
que según tengo colegido serían setenta leguas, ^ llegaron á
una tierra buena y fértil que se llamaba HueyxaHan, en donde
1 En el MS. del Museo, aquí entra, truncando el texto, la nota 2^— R.
2. NÍDguno de estos cómputos corresponde.
DON FERNANDO DE ALYA IXTLILXOCHITL. 25
estuvieron cuatro años; asimismo sembraron é hicieron lo que
habían hecho en las partes donde habían estado para lo de
adelante, y el descubridor fué CJohuatzon^ una de las cinco ca-
bezas ó capitanes inferiores; y al tercer año, que fué ce calu,
contaron un líalpUH que había que salieron de su patria, que
son trece años, y estuvieron otro año; y luego al punto se sa-
lieron de aquí y fueron caminando hacia donde sale el sol, y
andadas más de cien leguas^ porque habían caminado veinte días
arreo, llegaron á Xalixeo^ tierra que estaba cerca de la mar; y
aquí estuvieron ocho años, siendo el descubridor Xiukcohuatl^
también uno de los cinco capitanes inferiores; y habiendo he-
cho lo que en las demás partes, se partieron con todas sus gen-
tes en persecución de su demanda, hasta verse' en tierras don-
de fueren á su gusto, dejando asimismo alguna gente para que
la poblaran, con la misma orden de los otros lugafes ó tierras:
se partieron, y anduvieron otros veinte dio», que serian algunas
cien leguas, en diferentes partes, como lo habían hecho en las
demás partes. Llegaron á unas islas y costa de mar que se lla-
maba ChmaOiwioan Atencoy en donde estuvieron cinco años,
y aquí fué la primera parte en que comenzaron los hombres á
tener acceso con sus migeres, y ellas comenzaron á parir; por-
que hicieron voto, al tiempo que ellos salieron de su patria, que
en veintitrés años no habían de conocer á sus mujeres ni
ellas á sus maridos, y que los que quebrantaran éste voto ha-
blan de ser castigados cruelmente; y así comenzaron las mu-
jeres á parir en estas islas y postas de inar, y al cuarto año,
que fué Tochtli, que son dos TlaJpilli de años, contaron veinti-
siete tiue ellos habían salido de su patria, que á nuestra cuen-
ta fué en el año de 466 de la Encarnación de Cristo nuestro
Señor; y cumplidos los cinco años, comenzaron la jornada,
siempre caminando hoLcia donde sale d scl^ hasta Tochpan, en don-
de se detuvieron; y en este camino anduvieron diez y ocho dícw,
que serían algunas ochenta legtias, y llegados á esta tierra estu-
vieron otros cinco años haciendo lo que en las demás partes, y
multiplicándose en generación; siendo el descubridor Mexot-
26 OBRAS HISTÓRIGAS DE
dn, el último de los cinco capitanes dichos. Tomaron su cami-
no de nuevo jxít la misma vía de Oriente^ y anduvieron veinte
días, que serían otras cien leguas, por diversas partes, y al úl-
timo día de ellas llegaron á QuiyahuixUan Anahuac^ que eran
unas tierras de codas y brazos de mur^ pasando con algunas ca-
noas y barcas á una parte y otra; y ^1 tiempo que allí estuvie-
ron fué seis años^ siendo el descubridor AcajMíssin^ imo. de los
principales cabezas, siempre padeciendo grandes trabajos; y
luego tomaron su camino y anduvieron diez y ocho dias^ que
serían algunas ochentas leguas en diversas partes^ hasta llegar á
Zacailanj siendo el descubridor Chaoatzin, asimismo imo de los
dos principales; y al primer año que llegaron aquí fué ce Acatl?
en donde contaron un XiuhtlalpHU que había que ellos comen-
zaron sus guerras contra sus deudos y naci<5n; y nació en este
tiempo un ñijo suyo, y por ser año tan señalado, le pusieron
el nombre de la tierra, que fué llamado Zacapantdn; el cual
tiempo había cincuenta y dos años que ellos habían comenzado
á tener guerras unos con otros; y estuvieron aquí siete años, y
cumplidos anduvieron otros diez y ocho días, que serían algunas
ochefnia leguas: llegaron á Taizapan y estuvieron seis años en es-
ta tierra, siendo el descubridor Cecatán, que fué la segunda
vez que descubrió esta tierra; y al último de los seis, que fué
en el año de ce Tecpatl, nació un hyo suyo, que por ser el año
señalado y haberse pasado un Xiuht¡alp¡IU, que son dncuentay
dos años que elloá se habían salido de su patria le puso el nom-
bre de la tierra, llamándole Totzapantzin; y luego cumplidos
los seis años tornaron á caminar, y anduvieron veintiocho días
por diversas partes, hasta llegar á TepeÜa, que serían algunas
ciento cuarentas leguas, ^ Estuvieron aquí siete años, siendo el
descubridor Cohuatzm, que fué la segunda vez, y cmnplidos
los siete años comenzaron su camino, y anduvieron diez y ocho
días, que serían algunas ochenta leguas, hasta llegar á Mazaie-
pee, siendo el descubridor XiíihcohuaU; y aquí estuvieron o(^
1 En el MS. del Museo cien leguas. — B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 27
año8^ y al sexto, que fué ce calu, contaron sesenta y seis que ha-
bía que ellos salieron de su patria; y cumplidos ocho tomaron á
caminar y anduvieron otros diez y ocho días^ que serían otras
ochenta leguas^ hasta que llegaron á Xiuhcohtiac en donde es-
tuvieron otros ocho años, siendo el descubridor Tlapalmetziriy
que fué la segunda vez, y luego tomaron á caminar y anduvie-
ron veinte dia$^ que serían algunas cien leguas en diversas par-
tes, hasta llegar á Machuexuoa, que es hacia el Norte^ en don-
de estuvieron veinüseia añoa^ siendo el descubridor Metzoizin. Y
el tercer año, que fué ce Tochtu, que estaban en esta tierra,
contaron setenta y ocho años que había que ellos salieron de su
patria; y de allí á trece años^ que fué ce Acatl, contaron noventa
y un años que había que ellos salieron de su patria. Cumplidos
los vérUiseis ceños se volvieron á Tulantzinco y anduvieron diez
y odio días por diversas partes, que serían algun& ochenta le-
guas hasta llegar al dicho pange de Tulantzinco^ en donde hi-
cieron una casa grandísima de tablas adonde cabía toda la gen-
te; y estuvieron aquí casi diez y seis años que al tercer año con-
taron una edad que son ciento cuatro años que había que ellos
salieron de su patria, y son dos ^ XivMalpiUi; siendo el año de
CE Tecpatl, que conforme á nuestra cuenta fué en el de 543 de
la ^carnación; habiendo pasado grandísimos trabajos, y pa-
riendo las mujeres por los caminos; siendo el descubridor Acá-
mapichtzin, que fué la tercera vez que descubrió tierra nueva;
7 adelante haremos relación de sus vidas y asiento en esta
tierra: y asimismo en todas las partes que llegaron iban de-
jando gente para que poblaran aquestas tierras, como ya lo
tengo dicho al principio.
mSTOBIA CHICHIMECA.'
Desterrados los Tultecas de su patria, emprendieron su via-
je por la costa, y pasando siempre tierras llegaron á la Califor-
1 Así dice el MS. del Museo.
2 Capítulo II.
28 OBRAS HISTÓRICAS DE D. FERNANDO DE ALYA IXTULXOCHITL.
nia en el mar que llamaron HueyÜapaUany que al presente se
llama de Cortés^ cuyo nombre le pusieron por parecer 6enn^/o.
Su llegada fué en el año ce Tecpatl correspondiente al 387 de
nuestra era. Siguiendo por la costa de Xalixco y toda la res-
tante del Sur, salieron por el puerto de Huatvlco y anduvieron
por diversas tierras hasta la provincia de Tocbtepec^ que cae en
la costa del mar del Norte; y habiéndola andado y ojeado, vi-
nieron á parar en la de Tolantdnco, dejando colonias en los
puntos donde hicieron mansión. Los Tultecas fueron los ter-
ceros pobladores de ésta tierra, contándose pritaero á los gi-
gantes, y por segundos á los Ulmecas y Xicalancas. Estando en
Totontónco contaron ciento cuaJkro años de haber salido de su
patria. Los nombres de los siete caudillos que los conducían,
y entre los cuales se turnaba el gobierno, eran': í? Tlacomíhua^
que otros llaman ÁcatL* ^ ChaJchivhmatdn: 3^ AhuecaO: -í? Cóat"
zm: 5? UuhooctÜ: ^ 6? Tlapcdhuüz: 79 Huüz: ^ los cuales después
poblaron la ciudad de Tollan, cabecera de la monarquía. A los
siete años de fundada ésta eligieron rey y señor supremo, sien-
do el primero Chcdchiuhtiandzin, 6 ChaMivMaíonao; que fué
en el año chicóme acatl y en el nuestro de 510. ^
1 Debe ser Xiuhcoati. Gomo los nombres nabuas, 6 del idioma mexicano,
están muy mal escritos en todas las copias de las obras de Ixtlilxocbitl, cuan-
do el error es muy claro lo corrijo en el texto; pero cuando veo insistencia en
la ortografía, y sobre todo, cuando no la corrige Veytia, prefiero dejar la ori-
ginal, por más que me parezca poco castiza.
2 Los nombres de estos caudiUos son diversos de los que se asientan en la
Relación auemia,
8 Como se ve, Ixtlilxocbitl pone el año 503 como el de la fundación de 7b-
lian 6 Tula, y dice que en el de 510 eligieron su primer rey. Los Toltecas no
fundaron la ciudad: ésta ya existía, era de otomíes y se llamaba Mam-ben-hí:
la conquistaron, se asentaron en ella y le pusieron nuevo nombre. Esto no pasó
en el año de 508, como equivocadamente dice Ixtlilxocbitl, cuya cronología
está llena de errores, sino que fué en 674. Y finalmente, la elección de monar-
ca que el autor pone á los siete años de fundada la ciudad, fué á los veintiséis
años de ocupada, según el códice de Ouaubtitlan, es decir, el año 700.
TERCEEA RELACIÓN. v^i
De la fundacUm de Tula y de lot Reyes que tuvo.
En el año de ge Calu, que es una figura de una casa, signo
de planeta que significa prosperidad é imperio próspero y abun-
dante, dichoso en todas las cosas, llegaron los Tultecas, ó por
mejor decir, los Hv^yilapaUmecos & Tula, ciudad que fué cabe-
cera de sus reinos y señoríos muchos años, que conforme á
nuestra cuenta fué en el de 556 de la Encarnación, y á los cua-
renta y seis años del gobierno de Justiniano, emperador Roma-
no, y en España el rey Atanagüdo, y en Roma por Sumo Pon-
tífice á Vigilio Romano, á los quince años de su pontificado y
llegados á este lugar y tierra, ^ la vieron muy bien los Tultecas,
y principalmente Stiematzin el astrólogo que les guiaba, que
era ya de edad más de ciento ochenta años; y Tiendo el puesto
tan bueno para su propósito, y el temple de la tierra, y las de-
más cosas que hallen en su astrología ser buenas para una ciu-
dad, comenzaron á edificarla; y estuvieron seis años ^ haciendo
casas, templos y otras cosas que ellos usaban y habían tenido
en su naturaleza; y acordaron de jurar uno de los más princi-
1 Junto á un río cadaloso y tierra muy fértil. — Nota marginal.
2 En esta relación pone Iztlilxochitl la fundación de la ciudad en el año
556, y la elección del primer monarca seis añoe después, y no siete como antes
había dicho; de manera que ese suceso debió tener lugar el afio 562, mientraa
que antes lo había referido al 510. Como la diferencia es de 52 añoe, es decir,
30 OBRAS HISTÓRICAS DE
pales para rey y señor de todos; y visto que cuando estuvieron
en Xiuhcohuao ^ y HuexuUa, que es punto de PántLco y Tampico,
y que por este lado estaban muy cercanos los Chichimecas sus
competidores, que les habían hecho ciertas molestias en estas
dos partes, y viendo que los tenían tan cerca, temiéndose no se
levantaran algún día contra ellos y les quitaran sus tierras, pue-
blo y lugares, acordaron de ir á ver al señor que á la sazón era
de los Chichimecas, y pedir les diera un hijo ó deudo más cer-
cano de su linaje para jurarlo por su rey y señor, y con esto
pedirle su palabra de que él ni sus descendientes en ningún
tiempo les dieran molestias. Este acuerdo y parecer se tuvo por
bueno, porque lo dio el viejo astrólogo Huemae; de más de que
hallaba en su astrología, que en los tiempos futuros esta tierra
había de ser poblada de los Chichimecas; y así en esta deter-
minación, se fueron algunos de los principales, con presentes
de oro y otras cosas que ellos tenían, á ver al señor de los Chi-
chimecas; el cual, visto lo que los Tultecas le pedían, se holgó
y lo tuvo todo por bien, y dio su palabra de que él ni sus des-
cendientes les darían molestia; y les di<5 un hijo menor que ter
nía, al cual lo trajeron con grandes regocijos por todo el cami-
no, hasta llegar á Tula, que ya era el año de chicóme Acatl, y
á la nuestra quinientos sesenta y dos: y en esto mismo año le
juraron por su rey y le casaron con una señora hija de Jos prin-
cipales Tultecas, que era Acapitzin y le pusieron nombre Chai-
chiuMUmetzin^ que quiere decir piedra preciosa que alumbra^
queriendo dar á entender que con su nuevo señor estaban
alumbrados y descansados, y libres de trabajos y persecucio-
nes; y ordenaron que sus reyes no habían de reinar más que
de cincuerUa y dos en cincuenta y dos afíos^ y que cumplidos, si
de un siglo tolteca, se comprende que el error proviene de no computar bien
el número de siglos. De todas maneras, se percibe claramente que la cronolo-
gía del autor está equivocada. Por lo mismo, creo oportuno irla corrigiendo
en notas, según la que yo sigo en el citado "Apéndice al Padre Duran" y en
mi "Historia Antigua."
1 Huiehco Attoc.— MS. del Museo.^B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 31
todavía estaba vivo, su liijo el legítimo sucesor había de entrar
en el gobierno; y si .moría antes de los cincuenta y dos años,
la república había de gobernar hasta que se cumpliesen; y así,
este Ch<dchkJiíla/rietzm gobernó dncueTda y dos años, y casi el
último de ellos murió, y se enterró en el templo principal con
sus insignias reales, diferentemente de lo que después se usó,
que fué quemar los cuerpos, como á su lugar se hará relación;
y muerto, heredóle su legítimo sucesor JMücueehahuaOy y por
otro nombre JbacateoaÜ^ en el mismo año, que conforme nues-
tra cuenta ñié en el año de msoientoe catorce y á los cuatro años
del gobierno de HeracUoj emperador romano, y en España el
año primero del gobierno de Oundemiro^ y por Sumo Pontífice
Bomfacio IV^ el último año de su pontificado; y el cual gobernó
otros cincuenta y dos años como su padre: á los treinta y dos
años de su gobierno, que fué en ce Tecpatl, contaron los Tul-
tecas doscientos sesenta años que había que salieron de su patria. ^^
Muerto este Señor, le heredó en el reino su hijo, legítimo su-
cesor, llamado Huetssin^ el misma año que murió su padre, que
filé seis Tochtu, y á la nuestra seiscientos sesenta y seis de la En-
camación, siendo Sumo Pontífice VücUiaru) Campano, á los siete
años de su Pontificado, á los veinticinco años del imperio de
Consta/ntino de este nombre, emperador romano, y á los nueve
años del gobierno de Resesvindo y Ziuntíla en España. Y antes
que pase adelante, quiero hacer relación de HuemaJtdn^ astró-
logo, porque pocos años antes de la muerte de IMiUmechahuac^
padre de este Huetnn, murió de edad casi de trescientos años^ el
cual antes de morir juntó todas las historias que tenían los
Tultecas desde la creación del mundo hasta en aquel tiempo, y
las hizo pintar en un libro muy grande, en donde estaban pin-
tadas todas sus persecuciones y trabajos, prosperidades y bue-
nos sucesos, reyes y señores, leyes y buen gobierno de sus pa-
sados, sentencias antiguas y buenos ejemplos, templos, ídolos,
sacrificios, ritos y ceremonias que ellos usaban, Astrología, Fi-
losofía, Arquitectura y demás artes, así buenas como malas, y
un resumen de todas las cosas de ciencia, «sabiduría, batallas
A. o
32 OBRAS HISTÓRICAS DE
prósperas y adversas, y otras muchas cosas; é intiluló este libro
llamándole Teoamoxtli, que bien interpretado quiere decir di-
versas cosas de Dios y libro divino: los naturales llaman ahora á
la Sagrada Escritura Teoamozai^ por ser casi del mismo modo,
principalmente en lo de las persecuciones y trabajos de los
hombres: asimismo declaró que cumplidos quinientos doce años
que ellos salieron de su patria, había de heredar el reino un
Señor con la volimtad de los unos y á la contra de los otros, y
que había de tener ciertas señales en el cuerpo,-ylamás prin-
cipal, había de tener los cabellos crespos, y de ellos mismos
había de formar la naturaleza una tiara en su cabeza desde el
vientre de su madre hasta que se muriera; y había de ser por
el tiempo de su vida, á los principios, muy justo, sabio y de
buen gobierno, y á los medios necio y desventurado, por cuya
causa los de su nación habían de perecer con castigos del cielo
grandísimos, y no menos que las tres destrucciones que habían
tenido, y que el último sería el año de ce Tecpatl, estrella que
tanto los perseguía; pues se habían de levantar unos hombres
de su mismo linaje y le habían de perseguir con grandísimas
guerras, hasta acabarse casi todos, y él se había de escapar y
volver hacia donde sus pasados habían venido, y al último
tiempo de su vida había de ser muyjusto, sabio y discreto como
al principio, y que algunos años antes de su destrucción había
de haber ciertas señales contra naturaleza, entre las cuales la
una, que el conejo había de criar cuerno como el venado, y el
pájaro HuitzitzUin había de criar espolón como el gallo, y las
piedras habían de echar fruto, y las mujeres principales habían
de ir en romería, como es uso y costumbre, y habían de tener
accesos carnales con los sacerdotes de los templos, quebran-
tando ellos la castidad que allí profesaban en sus falsas religio-
nes: y viendo esto el Tloqttenahua^qu^j se enojaría contra ellos,
y demás dioses sus inferiores los habían de castigar con rayos,
granizos, yelos, hambre, sabandijas y otras persecuciones del
cielo, y después de todo esto con guerras con que se acabarían
de todo punto unos con otros, y que de ahí á otros tantos años.
DON FERNANDO DE ÁLVA IXTULXOGHITL. 33
tendrían otra destrucdón los que escaparan de la antecedente,
y aun parte de los Ghichimecas, porque tomarla á hacer su ofi-
cio aquella estrella TecpaÜ que es pedernal. Estas y otras cosas
declaró que alcanzaba por su astrología, y los signos y planetas
prometían, y casi vino todo á suceder, con la voluntad de Dios,
al pie de la letra.
Tomando á nuestra historia, el rey Hudsm^ que fué el suce-
sor, como ya lo tenemos declarado, gobemó los dncfui^efnia y dos
cMo%^ y el último de ellos murió, que fué en el año de seis
ToGHTu, y á nuestra cuenta ^dedendos setenta y ocho, al cuarto
del pontificado de ConsUmUno Sirio, Sumo Pontífice, y Empe-
rador Romano León III de este nombre, y en España cuando
se perdió; heredándole su hgo legítimo llamado Totqpeuh, el cual
gobemó sus reinos y señoríos en quieta paz como sus padres y
pasados lo habían hecho, cincuenta y dos años, y al último de
ellos feneció, heredándole su hqo Naoaxoc en el año de cmco
Caiu, que á la nuestra fué en el setecientos setenta afíos ^ de la
Encamación, gobemando el Pontífice Esté/ano III, en el se-
gundo año de su pontificado, y siendo Emperador Romano
CofMAojnJtino V, á los treinta años de su imperio, y en España el
décimo año del reino de Aurelio; y este Nacaxoc gobernó otros
cincuenta y das años con el mismo orden de sus pasados. Estos
reyes eran altos de cuerpo y blancos, y barbados como los es-
pañoles, y por esto los indios, cuando vino el marqués, ^ enten-
dieron que era Topütdn, como les había dicho que había de
volverá cierto tiempo con sus vasallos antiguos de sus pasados;
y con esta esperanza incierta estuvieron hasta la venida de los
españoles; digo los simples y los que eran Tultecas de nación,
porque bien sabían los señores de esta tierra que fué á morir
en la provincia de Tlapdllan, y mandó guardar ciertas leyes
que después los ireyes de esta tierra concedieron y guardaron .
sus vasallos.
1 Ba neceBarío rectificar con las tablas toda esta inconciliable cronología. — B*
2 Hernán Cortés, Marqués del Valle.- R.
Tomo 1—8
34 OBRAS HISTÓRICAS DE
DE LOS TCLTECIS.
lExtracto,']
/ V La primera ciudad que los Tultecas poblaron en esta tierra
fué ToUan^ capital del imperio y la comenzaron á edificar en el
año CE Calu, que es una cam^ y en el nuestro quinientos tres
Casi cuatro años después entraron en consejo los siete,
caudillos para tratar sobre los negocios de la tierra, y entre ellos
acordaron pedir im rey al monarca Ghichimeco. Éste les dio á
su h^o ChalohiukUarídsdn^ quien casó con la hija de AcaÜ^ uno
de los dos más principales de los siete caudillos, y entró á go-
bernar el año CHICÓME Acatl, caña núm. 7, y del nuestro 609.
A éste sucedió IxÜücuechahuaCy por otro nombre TlaUeoaU^ y á
él Huddn^ y á éste ToUpeuk, á quien siguieron Naoaaoe y MiÜ^
que quebrantó la orden de sus pasados reinando cincñÁOfUa y
nueve aflos.
BELACIOX SUQNTA.
'y Ch/üohiuUandsdn, primer monarca Tulteca, comenzó á gober-
nar el año CHICÓME Acatl, y en el nuestro quinientos cincuenta
y seis, ^ Murió el año chicóme Acatl, correspondiente al nues-
tro de seiscientos ocho. A éste sucedieron Iwéliimechahitaoj
JBPuetdniotepeuh^ Nacaaoc MUL^ que fué quien hizo el templo de
la Rana. ^
n
mSTORU CHICHICA.
A ChalchiuhÜanetzin sucedió Tlüguechahv^ac TlachinoUzin^ que
entró á reinar en el año asimismo llamado chicóme Acatl, que
1 Esta cronología es inconciliable con la fijada pocas líneas antes.— B.
2 Las mismas dificultades se pulsan para conciliar la sucesión y nombres
de los reyes, á no ser que se explique por una de las muy íteouemtes equivoca-
ciones del copiante, que reunió dos nombres para formar uno solo. SCá ábsoln-
tamente necesario formar tablas para entender la cronología. — B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 36
filé el de quinientos sesenta y dos, el cual reinó otros tantos,
y murió el de seiscientos trece de la Encarnación, que llaman
CHIQÜACEN TOCHTU.
Heredóle Euetzin^ que reinó otros cincuenta y dos años, se-
gún la costumbre, y murió en el de seiscientos sesenta y cua-
tro y asimismo en el que llaman chiquacen Tochtli.
Sucedióle Totepeuh, que reinó otros tantos años, y murió en
el año MACüiLLi galli, que filé en el de setecientos diez y seis.
Por su muerte entró Nacaxoc, que reinó los mismos años y
acabó en el de setecientos sesenta y ocho, que también se lla-
mó MACÜUJJ CALLI.
Heredóle Tlacomihua. ^ Éste engrandeció y amplió mucho
su imperio; hizo muy grandes y suntuosos ediñcios, entre los
cuales filé el templo de la Rana, que colocó por diosa del agua,
y pasando y excediendo el orden de sus mayores, reinó cin-
cuenta y nueve años. Murió en el año ochocientos veintiséis
que llaman matlactu once agatl.
Sucedióle la reina Xiuhquentzinj ^ que reinó cuatro añoa^ y
falleció en el de ome acatl, que fué el de ochocientos treinta: á
la cual sucedió en el imperio IztdccaUsdn^ ^ padre de TopiUdn^
en cuyo tiempo se destruyó esta nación.
1 SI mismo á quien en la relación que sigue inmediatamente se llama
2 En el lugar citado se le llama Xiuhilaltzin.
8 Allí también es llamado Tecpanealizin.
CUARTA RELACIÓN.
De la vida de loe Reyes TuUeecu,
Cumplidos los drumenta y dos años ^ murió el rey Nacaaoc^
heredándole su hijo ifító, que fué el año de cinco Galu; y ajus-
tado este tiempo con el nuestro, fué en el año de ochocientos
vánUdos^ al sexto del pontificado de Pascual Romano, y al oc-
tavo del imperio de Ludovico /, y al primero del gobierno de
Bamiro I en España. Este MiU gobernó cincuenta y nueve años^
y quebró en él el orden antiguo de los Tultecas, de gobernar
cincuenta y dos años: fué hombre de gran gobierno, hizo gran-
. des templos y otras cosas memorables, y edificó entre los tem-
plos que hizo uno de la Baña, diosa del agua, muy hermosí-
simo templo; todos sus aderezos eran de oro y piedras precio-
sas, y la rana era de esmeralda, la cual los españoles que vi-
nieron á esta tierra la alcanzaron y dieron buena cuenta de
ella. Casi á lo último de los cincuenta y nueve oMjos murió este
Señor, que fué en el año de once Acatl, y á la nuestra ocAocien-
ios óchenla, siendo Pontífice Joanes VIII, al octavo año de su
1 Llama la atención este periodo de cincuenta y dos años, que precisamen-
te había de gobernar cada rey; y más la llama, el hecho de que los reyes lo vi-
vieran para cumplirlo debidamente. Ya en otra parte he advertido, que los
tolteeas, y más tarde los alcolhuas y los mezicas, sustituyeron á los verdaderos
periodos históricos, otros cronológicos y convencionales. De ahí vienen estos
reinados de á cincuenta y dos años de los reyes de ToUan.
XJ
38 OBRAS HISTÓRICAS DE
pontificado y al último del imperio de Carlos d Calvo^ y á lo&
setenta años del gobierno de Alfonso d Magno en España: y
después de mueri;o sucedió en el reino su miyer la -BcÍTia Xivr-
ÜaUzirij la cual gobernó cuatro años y murió, heredando el rei-
no su hijo, legítimo sucesor, llamado TecpancaUzin; y antes de
pasar adelante, quiero hacer relación del estado en que esta-
ban las naciones Tultecas. Y es, que ya en este tiempo en ca-
si mil leguas ^ habían poblado y edificado pueblos y ciudades,
villas y lugares: entre las más señaladas fué Teotíhuacan^ que
quería decir, "ciudad y lugar de Dios." Era esta ciudad mayor
y más poderosa que la de Ihda, por ser el santuario de los Tul-
tecas: tenía grandísimos templos muy altos, y edificios los más
terribles del mundo, que hasta hoy día parecen en sus ruinas,
y otras grandes curiosidades. En Toluca hicieron unos palacios
todos de piedra labrada de figuras y personajes en donde es-
taban todas sus calamidades, guerras y persecuciones, triun-
fos, buenos sucesos y prosperidades: en Ouauhnahtiae otro pa-
lacio con una ciudad ^ que solía ser antigua, un palacio labrada
todo de piedras grandes, de piedras de cantería sin lodo, ni
mezcla, ni vigas, ni ninguna madera, sino unas piedras gran-
des pegadas unas á otras; * y también fundaron otras grandes
ciudades, como es Ctwlvla; y la de Xalixco, Yoiotepeo del mar
del Sur, y otras muchas ciudades que caían en ese lado del
Sur y hacia el Oriente, que ya iodo está destruido, aunque en
1 El poco conocimiento que tuvieron lo9 primeros cronistas de los caracte-
res etnográficos de los pueblos antiguos de nuestro territorio, hizo unas veces,
que dieran mucha mayor extensión á sus dominios que la que realmente ha^
Man tenido, y otras que les aplicaran personajes ó ciudades pertenecientes á
razas claramente distintas. No mil leguas, ni mucho monos abrazó la nacio-
nalidad tolteca. En mi <fApéndice al P. Duran» señalo sus límites, por cierto
no de gran extensión, en la faja de terreno que hay de Tula á Cholula, limi-
tándose al Oriente por los cuexteca y al Poniente por nuestro Valle.
2 Obra antigua famosa. — MS. del Museo.
3 Parece que el autor re refiere aquí á Xochicalco; pero debemos advertir
que ni éste, ni las otras ciudades que dice que caían á los lados del Sur y del
Oriente, pertenecieron á los toltecas.
DON FERNANDO DE ALTA IXTLILXOCHITL. 39
stis mmas muestran haber sido las mayores ciudades del
mmido.
Los fdolos que los Tultecas antiguamente tuvieron, fueron '
los más principales, que fueron T(macatecuhtii, y hoy en día es- \
tá su personaje en el Cú más alto, que es dedicado al Sol, de
este pueblo, que quiere decir Dios dd sustento; y (por) su mu- 1
jer tenían otra diosa: y dicen que este dios del sustento era
figura del sol y su miger de la luna; y otros dioses que llama-
ban los hermanos del sol y de la luna, que toda/oía hay pedaaos '
de dios en los Oáes. De éste, pues, ^ y de otro ídolo á quien han
adorado hasta cuando vinieron los españoles que es TkUoCj que
tenía su templo en la más alta sierra de Texcuco, y alií están
todavía sus pedazos; y dicen que este ídolo era dios de las llu-
vias temporales y que fué un rey muy valeroso de los Quina-
metsin, que son los Filisteos; é hizo grandes cosas, y por eso lo
colocaron por dios. Estos falsos dioses fueron los más princi-
pales y antiguos, de más de dos mü años de los Tultecas y Tex^
eaüpuüa y EuüzUopuckUij y otros dioses que fueron acá ciertos
caballeros muy valerosos, que los colocaron asimismo por dio-
ses, y aun se halla que Texcatiputia fué un gran nigromántico ,
y fué una gran causa de las persecuciones de los Tultecas. Aun-
que es verdad que (los de) esta gente fueron grandísimos idó-
latras, no sacrificaban hombres ni hacían los supersticiosos sa-
crificios que los Mexicanos después usaron; sino era (á) Tfafoc,
sacrificándole cada año cinco ó seis doncellas de poca edad,
sacándoles los corazones y ofreciéndoselos, y sus cuerpos los ,
enterraban; y al TonacatecuhUi ciertos tiempos del año, al más
malhechor que hubiera cometido grandes delitos, lo llevaban
á cierto artificio que llamaban Telimonamiqaian^ que quiere de-
cir, lugar del encuentro de las piedras^ y allí lo ponían enmedio»
de suerte que dos piedras con las esquinas se encontraban y
lo hacían allí pedazos con el artificio de estas piedras, y des-
1 Este pasaje como otros muchos del autor, no habla; pero no nos atrevemos
á corregir sino aquello que notoriamente es error de los copistas.
40 OBRAS HISTÓRICAS DE
pues lo enterraban; y en las fiestas que tenían se juntaban to-
dos los señores, hacían una danza que duraba casi todo el día,
y hacían ciertas ceremonias que, como tengo referido, no eran
tan abominables como las que los Mexicanos hacían cuando
vino el Marqués del Valle y entrada de la Ley Evangélica en
esta tierra.
Los Tultecas eran grandes arquitectos, carpinteros, y otras
artes mecánicas (como) plateros: sacaban el oro y la plata y lo
ñmdían, y labraban piedras preciosas, hacían la mejor cosa de
la que hay en el mimdo: en su tanto, eran nigrománticos, he-
chiceros, bngos, astrólogos, poetas, filósofos y oradores, de
suerte que usaban todas las artes, así buenas como malas. Te-
nían el maíz, algodón, chile, frgoles y las demás semillas que
hay en esta tierra; y (eran) pintores los mejores de la tierra; y
las migeres grandes hilanderas y tejedoras, tejiendo mantos
muy galanos de mil colores y figuras, las que ellos querían y
tan finas como las de Castilla; y tejían las mantas de muchas
maneras, imas que parecían de terciopelo y otras como de pa-
ño fino; otras como damasco y raso; otras como lienzo delgado
y otras como lienzo grueso, como ellos querían y tenían nece-
sidad. Vestían los Tultecas, los hombres y particulares en tiem-
po de calor con sus mantas y pañetes de algodón, y en tiempo de
frío se ponían unos jaquetones sin mangas, que les llegaban
hasta las rodillas, con sus mantas y pañetes; calzaban los zapatos
á su modo, colaras ó caüts ^ de henequén: las migeres sus huipi'
les y enaguas, y asimismo sus cataras de lo propio; y cuando
iban fuera se ponían unas mantas blancas y labradas de mu-
chos colores, puntiagudas por las espaldas, como á manera
de capilla de fraile, aimque llegaban ^ hasta las corbas: llama-
ban á este manto TaxqaemitíÜ: y los sacerdotes traían unas
túnicas ^ y otras negras que les llegaban hasta el suelo, con sus
capillas con que se tapaban la cabeza; el cabello largo, entren-
1 CacÜif calzado á manera de sandalia, de henequén 6 cuero.
2 Quiza diría: no llegaban.
S Quizá diría blancas, pues el período evidentemente está trunco.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 41
zade, qae llegaba hasta las espaldas; y los ojos siempre los traían
bigos y humildes: descalzos al tiempo de sus ayunos, y cuando
estaban en el templo pocas veces se calzaban, sino era cuando
iban fuera y jomada larga: eran castos, no conocían migeres,
hacían ciertas penitencias cada veinte días, cuando entraba el
mes y el año; hablaban poco; enseñaban á los niños y mance-
bos á buenas costumbres y modo de vivir, artes buenas y ma-
las, á las que más se inclinaban. Los reyes se ponían siempre
unas mantas blancas llanas, y otras pardas, con aljófar y otras
piedras preciosas labradas, y hechas unas labores, y la zenefa
toda de mil colores labrados; poníanse sus camisones xicole,
siempre, que les llegaban hasta las rodillas, y de la misma mane-
ra de las mantas y sus pañetes: calzaban sus colaras de algodón
y la zuela de oro: poníanse aforcas de oro y piedras preciosas, y
collares de lo propio; enterrábanse amortajados y con sus in-
signias reales, en los templos de sus falsos dioses: comían dos
veces al día, una vez al medio día y otra á la noche: levantá-
banse cuando salía el lucero de la mañana, y dormían poco:
hablaban poco, y no se dejaban ver muchas veces, si no era en
las ñestas muy grandes: tenían jardines y tanques dentro de
sus palacios, que eran muy grandes; y árboles y plantas, ani-
males y aves de todas maneras para recrearse: no tenían más
que una miger, y esa legítima, y en muñéndose no se podían
casar (y) guardaban castidad hasta que morían, y las migeres,
si morían sus maridos antes que ellas, heredaban el reino, y
en muriendo ellas, sus I^jos legítimos, y ni más ni menos no
podían casarse otra vez así como sus maridos; y la gente co-
mún lo mismo en lo que es tener una sola miger legítima, pero
podían casarse segunda y tercera vez. Sus ediñcios eran de
cal y canto y de piedras de cantería y iezonUv usaban de pilas
y caños de agua por atarjeas como nuestros españoles: tenían
baños para bañarse, que ahora usan los indios, que llaman
Temasoalis: ^ asimismo tenían gallinas y galli-pavos, y muchas
1 Temazcalli.
42 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALTA IXTULXOCHITL.
semillas y legumbres y frutos para su sustento, y otras muchas
cosas que ellos tenían y usaban, que sería muy largo de contar
hacer relación de todo.
QUINTA RELACIÓN.
De lot Beyet TaUeeas y de mu deetrucei&n.
Habiendo heredado el señorío de los Tultecas TecpanoáUzi'n,
de allí á diez años que gobernaba, vino una 'doncella á su pa-
laciOf muy hermosa, que había venido con sus padres á traer
cierto regalo para él; y aun dicen y se halla en la historia que
era la mielprieia de maguey^ y unas chiancacasj azúcar de esta
miel, que fueron los primeros inventores de esto, y como cosa
nueva se lo trajeron al rey á presentar. Siendo estos caballeros
de sangre noble y de su propio linaje, se holgó el rey de verlos
y les hizo muchas mercedes, y tuvo en mucho este regalo y se
aficionó mucho de esta doncella que se decía XochUlpoT su be-
lleza, que quiere decir rom y flor ^ y les mandó que le hicieran
placer de hacerle otra vez este regalo, y que su hija lo trajera
ella sola con alguna criada: y los padres no cayendo en lo que
podía suceder, se holgaron mucho y le dieron la palabra de que
así lo harían; y pasados algunos días vino al palacio la doncella
con una criada, cargada de míeí, chianoaca, y otros regalitos de
nuevo inventados, ó por mejor decir, conserva de maguey; y
llegada que fué, avisaron al rey cómo estaba allí la doncella
hija del caballero que inventó la miel del maguey llamado Por
panbdn, el cual se holgó mucho y mandó que sola la metiesen
con el regalo que traía; y (á) la criada, que era una vieja ama suya
la sentaran en los cuartos y le dieran muchas mantas y oro, y
44 OBRAS HISTÓRICAS DE
la regalaran hasta que fuera tiempo de volver con su señora;
y así lo hicieron los criados, metiendo á sola la doncella, y á la
criada haciéndole todo servicio y regalo, conforme lo mandó el
rey: y visto el rey el regalo de la doncella XuchiÜ^ y de sus
padres, se holgó mucho y trató con ella cómo él había días que
estaba aficionado de ella, rogándole le cumpliera sus deseos,
que él le daba su palabra de hacer muchas mercedes á sus pa-
dres y á ella: por consiguiente, en estas demandas y respuestas
estuvieron un buen rato, hasta que la doncella, visto que no te-
nía remedio, hubo de hacer lo que el rey le mandaba; y cum-
plidos sus torpes deseos, la hizo llevar á un lugarcito pequeño
fuera de la ciudad, poniéndole muchas guardias; y envió á de-,
cir á sus padres cómo la había dado á ciertas señoras para que
la adoctrinaran, porque la quería casar con un rey vecino suyo
en recompensa del regalo que le había traído, y que no tuvie-
ran pena, que hicieran cuenta que la tenían en su casa: y con
esto les hizo muchas mercedes y les dio ciertos pueblos y vasa-
llos para que fueran señores de ellos y sus descendientes; y sus
padres, aunque lo sintieron mucho, disimularon, que como di-
cen, donde hay fuerza, derecho se pierde: y el rey iba á menu-
do á ver á la señora XuchiÜ su dama, que estaba en un lugar-
cito muy fuerte, sobre un cerro que se decia Palpan, servida y
regalada, al fin como cosa del rey monarca Tulteca, la cual en
muy poco tiempo se empreñó y parió un hijo que le puso su
padre por nombre Meconddn, que quiere decir niñoddmaguejf^
á significación de la invención y virtudes del maguey, el cual
nació en el año de ce Acatl, que conforme á nuestra cuenta fué
en el de novecienios, al principio del pontificado de Joannes IX
y á los últimos años del imperio de Amulfo^ emperador roma-
no, y á los últimos del reinado de Alfonso IV qií España. Tenía
este niño casi todas las señales que dijo el astrónomo Hueman
que había de tener el rey Tulteca, en cuyo tiempo y gobierno
1 No se extrañe que aquí se ponga XuchiÜ cuando antes se ha usado Xo-
ehiilf pues la o y la u se Tañaban á voluntad en el náhuatl 6 mexicano. Los
acolhuas usaban de preferencia la m, y los mexicas la o.
DON FERNANDO DE ÁLYÁ IXTULXOCHITL. 45
se habían de destruir los Tultecas. Los padres de la doncella
XuckiOy que por tal la tenían, viendo que ya iba para tres años
que no veían á su hija, les daba grandísima pena, y procuraban
siempre saber en qué lugar pudiese estar; y como era tan gran-
de la ciudad de Tula y hubiese tantas casas de señores, pasóse
este tiempo de los tres años: hasta casi el último de ellos supie-
ron cómo el rey la tenía en un lugar con mucha guarda, que se
decía Palpan, como ya lo tengo declarado; y cómo ninguna per-
sona la podía ver, principalmente que había mandado el rey
que á ninguno de sus deudos dejasen entrar en aquel lugar: y
viendo este señor el mandato del rey, le dio grandísimo cuidado
y pena, y buscó orden para poder entrar sm que fuese conoci-
do; y no hallando ningún remedio, se disfrazó vistiéndose como
un labrador, ungiendo que había ido á la ciudad á vender cier-
tas cosas; y pareciéndole á los guardas que era simple, le deja-
ron entrar, como que iba á ver aquel lugar, dándoles ciertas
cosas para que le dejasen entrar, y así le dieron licencia y se
entró mirando por todas partes; y entrando por unos jardines
halló á su hija, que tenía en los brazos al niño; y como la cono-
ciese, se enterneció mucho de gozo al ver á su h^a, diciéndole,
¿que si el rey la había metido en aquel lugar para que jugam
con niños? — no sabiendo que era su nieto; — ^y la hija, aunque
con vergüenza, le contó á su padre todo lo que había pasado
con el rey, el cual lo sintió mucho, pero lo disimuló por ser cosa
que tocaba á su honor; y despidiéndose el padre de su hya se
tornó á salir, y á otro día fué á ver al rey, quejándose de la
afrenta que le había hecho. El rey le consoló y le dijo que no
tuviese pena, que en haber sido cosa del rey no incurría en nin-
guna afrenta, demás de que el niño sería su heredero, porque
no tenía voluntad de tomar estado con ninguna señora, y otras
cosas muchas que le dijo; y le hizo de nuevo otras muchas mer-
cedes á él y á sus parientes, y mandó que cada y cuando qui-
siesen él y su mujer y deudos, pudiesen ir á ver á la Xuchitl su.
hija, con tal que no había de salir de aquel lugar ni lo había de
saber persona ninguna, y lo mismo habían hecho las personas
46 OBRAS HISTÓRICAS DE
de su guardia al tiempo que se las entregó, y fiábase de ellos
porque eran personas de su devoción: é hizo todas estas cosas
el rey, porque vivían en aquel tiempo con tanta rectitud, que
por poca ocasión y falta lo tenían por gran mal los señores Tul-
tecas sus vasallos: y con esto volvió el buen viejo Papardoia
algo consolado á su casa, consolando á su miger y deudos; y
de allí adelante iban y venían á ver á la h^'a encastillada, todas
las veces que querían.
Habiendo gobernado cmnu^effda y dos años el rey TecparicaUsBmj
y como todavía estaba vivo, acordó hacer jurar por rey á ifeco-
ndzm^ su hijo natural, y por otro nombre Topiltzin^ que ya era
hombre de más de cuarenta años^ y muy virtuoso y gran sabio;
y porque los señores Tultecas no inventaran alguna novedad,
porque había tres señores de su linaje muy propincuos herede-
ros, mereciendo por su gran valor y virtud, los cuales estaban
en su señorío, lejos y desviados de la ciudad de Tula más de
dosdenias leguas junto al mar del Sur en Xalixco y otras partes,
llamó á algunos amigos suyos y deudos, principalmente los que
eran de su devoción, entre los que fueron dos muy principa-
les y que tenían muy grandes tierras y muchas ciudades y pro-
vincias, que fué el uno Ouauhili y el otro Moatiaizin^ y otroé
muchos señores, y les trató lo que tenía ordenado, diciendo
que si concedían en esto, estarían en la ciudad de Tula y go-
bernarían ellos y sus hijos todos sus reinos y señoríos, hacién-
dose cabezas principales sobre todos los reyes y señores sus
vasallos, gobernando todos tres de conformidad, aunque su
h^o había de tener el más supremo lugar, como persona suya
y rey de reyes como él era. Este concierto les pareció bien á
«stos dos reyes y concedieron en ello, jurando por su rey y mo-
narca á este ToptUziai^ con los ritos y ceremonias que ellos usa-
ban, y de alU adelante gobernaron todos tres de confenoidad,
aunque TopUtdn mandaba como rey supremo. Esta jura fué en
-el año DOS acatl, y á la nuestra 937 en el último año del
pontificado de Joannea Xly del imperio de Enrique J, y el cuar-
to del gobierno de Bawiro III en España.
DON FERHANDO DC ALVA DCTULXOCHrrL. . 47
Había otearento oífíoa que gobernaba TopStsAn cuando comen-
zaron las señales que había proíoostieado el astrólogo JSuenian^
á mostrarse así en la tierra como en el cielo; el cual TopiMai^
casi á los últimos años de estos cuarenta había cometido pecar
dos muy graves, y con su mal ejemplo toda la ciudad de Tula
y las demás proTÍncias, y ciudades, y tierras de Tultecas: y
las señoras iban á los templos y á las ciudades de sus santua-
rios y jblsos dioses á romerías, y se revolvían con k» sacerdotes,
y hacían otros pecados graves y abominables; entre las cuales
fué una señora de Tula^ muy principal, á OuMa^ i visitar los
templos de aquella ciudad, que había mkTiia y oeho años que se
acabaron de ñmdar, y especialmente á un templo dedicado al
dios CE AcATL, en donde estaban dos sacerdotes, el uno llamado
EzcolotU y el otro TeaepoloaÜ^ que, como tengo dicho, los &lsos
sacerdotes de los Tultecas profesaban castidad, y era muy graft-
disímo pecado si la quebrantaban. Y así Teoq>oloa¡U^ viendo á
esta s^ora, que tamlnén la había profesado, la requebró, y tuvo
su amistad, y parió de allí á pocos años un niño que se llamó
heax, que después él y sus descendientes fueron heredando
esta d^nidad de íalsos grandes sacerdotes ó pontífices; por
mejor dedr, estuvo eHa toda su vida casi en el templo hecha
una matrona, hasta su destrucción; y los inventores de estos
pecados fueron dos hermanos, señcnrcs de diversas partes, muy
valerosos y grandes nigromántieos, que se decían, el mayor
TanaáipuM y el menor IhMa/uhqttíÍezeail¡pu€(^ que después los
Tultecas los eolocaron por dioses. ^ Insistiendo el rey, toda su
cocte y vasallos en grandes pecados, y haciendo ellos cosas en
este Bud arte que sabían, con que fibcümente los persuadían á
grandes pecados y hechos feos y abominables, yendo un día el
rey á eiertos jardines y bosques suyosv halló un conejo que an-
daba alU con cuernos de venado, y d p^aro SuibUssUin que
andaba chupando el hcoar de las flores, con un espolón muy lar-
1 Probablemente Cholula, — R.
9 Yétie hk ez|plk»eióa qut sobre este )eyttidft éoj ea «I *«Apéndioe del P.
Duran."
48 OBRAS HISTÓRICAS DE
go; 7 como hubiese muchas veces visto el TeoamoícUi que mandó
pintar Huemcm^ y que estos eran de los prodigios y señales que
había pronosticado, le dio grandísima pena, y envió á llamar á
los sacerdotes de los templos; y venidos quQ fueron les mostró
lo que había visto, (ya) muertos, (pues) que les tiraron con una
cervatana, (y también les mostró) el Teoamoxüi y cómo aquellas
eran señales de su total destrucción; y que porque á sus dio-
ses se les aplacara su hra, convenía hacerles grandes fiestas y
sacrificios, ritos y ceremonias.
Pero luego en el año siguiente, que fué el de ge Calu, y á la
nuestra en el de 984, bm*o el pontificado de Jocmea XIV^ en el
año primero del gobierno de Otan IV y en el quinto de Alfaneo
Vde España, y al tiempo que llovió trigo y peces, ^ comenzó á
castigar Dios nuestro Señor á esta gente ciega y perversa idóla-
tra, enviándoles grandísimos aguaceros, huracanes y sapos del
cielo que les destruían la mayor parte de sus edificios, lloviendo
casi den días sin cesar, por lo cual ellos entendieron que el
mundo se quería acabar con otro diluvio; pero el Señor, por su
gran misericordia, aplacó las aguas, y al año siguiente, que filé
OME TOGHTLi, viuo uua grandísima calor y seca, que se secaron
todas las plantas y árboles; y al tercer año, que filé ge Acatl, '
al mejor tiempo, entendiendo ellos que ya estaban libres, caye-
ron unas heladas que abrasaron toda la tierra, sin quedar cosa
alguna; y al cuarto año, que era cuatro tegpatl, cayeron tan
grandes granizos y rayos del cielo, y tan en abundancia, que
destruyeron totalmente todos los árboles que habían escapado,
y aun hasta los magueyes, sin quedar memoria de cosa ningu-
na, y (hasta) los edificios y murallas fuertes. Y pasado este tiem-
pa estuvo la tierra algo sosegada casi doce años, y las plantas
comenzaron á producir, que fué en el de cuatro calu. (Después)
vinieron tantas langostas, gusanos, saband^as y aves, que lo
destruyeron todo, y por otra parte guerras grandísimas con los
1 Loe Mexicanos no conocían el trigo. — B.
2 Bata es una errata manifiesta, que trastorna toda la cronología de los su-
cesos referidos. Debe ser yei acaÜf 6 tres cañas, — R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 49
tres propincuos herederos, todo por la hermosa XuchiÜ^ porque
su hijo había heredado el reino y mandaba ella toda la tierra,
aunque en esta vez no pudieron hacer nada, porque aunque
los Tultecas habían tenido grandes persecuciones del cielo, to-
davía eran grandes sus fuerzas y poder.
Asimismo en este mismo año, casi á los últimos de él, todos
los graneros de los Tultecas en donde guardaban el grano, se lo
comieron gorgojos. Pasáronse otros cuatro años con algún des-
canso, cuando al quinto^ y veirde después de la primera calami-
dad, que filé en el de siete tochtu, ^ á los primeros días halla
ron en un cerro un niño, muy blanco y rubio y hermoso, que
debía de ser el demonio, y lo llevaron á la ciudad á mostrárse-
lo al rey. Guando lo vido lo mandó llevar otra vez al (punto)
de donde lo habían traído, porque no le pareció buena señal; y
al niño demonio comenzó á podrírsele la cabeza, y del mal olor
se moría mucha gente. Los Tultecas procuraron matarlo, pero
nunca jamás pudieron llegar á él, porque todos los que se lle-
gaban morían luego; y con este mal olor causó una gran peste
por toda la tierra, que de las mil partes de los Tultecas se mu-
rieron las novecientas. Todas estas cosas les sucedieron, y otras
muchas que por escasear volumen no se ponen aquí; y los tres
señOTes sus competidores no dejaban de hacer grandes agravios
á los pocos que habían escapado, tomando poco á poco muchas
provincias y ciudades sujetas á este gran TopüJbán; y desde es»-
te tiempo quedó por ley, que en naciendo alguna criatura muy
blanca y rubia, siendo de edad de cinco años la sacrificaban
luego, y duró hasta la venida de los españoles. ^
1 Tomando en cuenta los datos anteriores, expresados por números ordina-
les, resulta evidentemente equivocada la de Bvete Tochtli^ mientras que las otras
aparecen bastantemente exactas. Computando el principio de la calamidad,
no desde los recios aguaceros del afio ce Galli, sino de la seca del siguiente,
<tme TochÜij sale cabal la cuenta de los veinte años en uno señalado con con^o^
pero es en el rmeve TochÜi, El designado por el autor avanzaría la fecha en un
período de veinticuatro años^ debiéndose por lo mismo creer que fué un descui-
do del copiante en el asiento del número.
2 Tezozomoc hace frecuente mención en su Crónica, de los sacriflcios de nU
Tomo 1—4
50 OBRAS HISTÓRICAS DE
Pasados algunos días se sosegó la peste, y viendo TopiUzin
que sus competidores iban paso á paso apoderándose de sus
tierras y provincias, ordenó enviarles un gran presente de oro,
mantas y piedras preciosas y joyas, con dos embajadores, caba-
lleros muy valerosos, y un juego de la pelota del tamaño de una
mediana sala, que se dice llachüi, de cuatro géneros de piedras
preciosas, conviene á saber, esmeralda, rubí, diamante y jacin-
to, y por pelota un carbunco, ^ enviándoles á decir que basta-
ba su enojo, que bien sabían ellos los trabajos que había tenido
y las persecuciones del cielo, y que por lo consiguiente conocía
su daño y el valor de ellos; y que recibieran este juego de la pe-
lota, que era el mayor tesoro que tenía, y otras piedras precio-
sas, y otras piezas de oro y joyas, y que conforme era el Tlach-
tu con cuatro géneros de piedras preciosas, todas cuatro tan
estimadas y puestas en igualdad, así, ni más ni menos todos
cuatro, de aquí en adelante, gobernarían sus reinos y señoríos,
con grandísima paz y conformidad; y que el carbunco que era
uno solo, y de tanta virtud para el efecto de tirar y jugar con
él en lugar de pelota entre los cuatro, al que primero le cupiese,
que así sería en su mando; (que) el que primero mandase una
cosa, que los otros tres lo tendrían por muy bien hecho y lo
mismo ellos, viviendo siempre en conformidad y paz ellos y sus
descendientes. Estas y otras muchas palabras envió á decir el
gran TapíUnn á sus tres competidores, temiéndose de ellos no
vinieran en algún tiempo á hacerse señores de todo; y que cuan-
do no quisieran su amistad, que con llevarles aquel tesoro se
les quitaría la gana de venir á sus tierras y ciudad, que era lo que
á ellos les inquietaba, porque de otra cosa estaba ya tan arrui-
nada, que ya no era de ningún efecto y muy enferma la tierra.
¿08 blancos que hacían los Mexicanos en la yorágine de la laguna llamad»
Panütian. Probablemente procedía esta práctica de los Tultecas. — B.
1 Al margen se lee. — "JDe oro la guarnición y en „... como campos ha-
cia adentro. — No poseemos dato alguno para creer que los Mexicanos hicieran
uso de las piedras propiamente preciosas, de las transparentes. Las muchos
que de ellos tenemos son lucun'es y de coloros vivo?.— R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 51
Hállase en la historia, de más de la relación que dan los viejos,
que filé este presente y tesoro el mayor que jamás en esta tie-
rra se vido, al fin cosa de Tultecas, y tan grande, que para ha-
berlo de llevar, con ciertos artificios que hicieron, pesaba tanto,
que se contaron onad quipüi Üacatl ^ de los Tultecas, que son diez
y ocAo mil hombres que dentro de ciento cuarenta días habían
de estar allá adelante de Xolisco en Quiyahuitztlanxalmolan. ^
Llegados que fueron los Embajadores, los recibieron y se hol-
garon de ver el tesoro; pero no por eso dejaron de proseguir
en su demanda, aimque por esta vez con fingidas palabras des-
pidieron á los Embajadores diciéndoles, que ellos no tratarían
de cosa ningima y que dejarían de hacerles mal alzando sus
ejércitos, y otras palabras, ni muy buenas ni muy malas, sino
todas cautelosas, de que los Embajadores volvieron muy tris-'
tes, y dieron su respuesta al gran TopiUzin, el cual, aunque no
le cuadró mucho, consolóse de que el tesoro y la mayor parte
de él lo tenían allá, que era lo que más les hacía reñir, porque
reinos y señoríos en su tierra se los tenían muy prósperos y
libres de calamidades del cielo.
En el a£o ge agatl, y en el nuestro de noveoientoa novefida y
ccho^ segundo del pontificado de SUoestre 11^ décimo cuarto del
imperio de OíonJF y vigésimo primero del reinado de Al-
fonso Ven España, vinieron á la ciudad de Tula los tres Re-
yes competidores del gran TopiÜzin con un gran ejército, los
cuales haciendo burla de todos los Tultecas, como gente des-
trozada, se entraron hasta adentro de la ciudad, que ya Topübdn
lo sabia, el cual los* recibió y mandó les diesen todo lo ne-
x^esarío á ellos y á sus gentes, y trató con ellos la paz y confor-
midad de nuevo, como se los había enviado á decir. Ellos que
no traían este propósito, sino el de vengarse, no quisieron
consentir en ello, antes le d^'eron que aprestara sus gentes,
que con las armas se entenderían. Topíttzin, viéndose tan opri-
mido y que no tenía remedio, pidió tiempo para ello, que era
1 Diez y ocho mil se dice Orne xiquipilli maeuilli izontli.
2 Supongo que la tenninación debe ser molayan.
52 OBRAS HISTÓRICAS DE
ley entre ellos que antes de la batalla se avisaban algunos años
antes para que de una y otra parte estuviesen avisados y pre-
venidos, para que sus descendientes en algún tiempo pudieran
con justa causa hacer lo propio, lo cual se guardó hasta el
tiempo que vinieron los Españoles á esta tierra: ellos le res-
pondieron que diez años le daban de plazo, y al último de ellos
se darían la batalla en TuUiÜon^ y con esta orden y concierto se
volvieron á sus tierras, porque padecía grandísima hambre
su ejército, que estaba la tierra tal, que aun los moradores de
ella apenas se podían sustentar: y hállase en las historias, que
este viaje que hicieron estos tres señores con su ejército y tan
fuera de propósito, no fué sino por ver la tierra y el estado en
que estaban las cosas de ella, y contraminar y ver las fuerzas
y resistencias que podía tener Topübdn^ con achaque de bus-
car los soldados comida para sustentarse, no dejando lugar ni
ciudad hasta que no le viesen bien.
A los últimos días del año de diez Tegpatl, volvieron estos
tres señores con mayor ejército que de primero, que fué, se-
gún nuestra cuenta, el año de 1008, en el último del pontifica-
do de Sergio IV^ en el sexto del imperio de Enrique 11^ y en
el segundo del gobierno de Bermudo III de España, que ya á
la sazón el gran TopUlún tenía puestos dos ejércitos muy gran-
des, el uno casi de cien leguas de Tula, hacia las últimas tie-
rras y provincias de los Tlahuicas y el otro en TuMlan, adon-
de quedó él con su ejército personalmente con todos los señores
sus vasallos, y por general del ejército delantero un gran ca-
pitán llamado JSuehudenuxcaU: los cuales desde que se fueron
sus competidores, no habían hecho otra cosa sino pertrechar-
se, y hacer muchas armas, y juntar de todas las ciudades, pro-
vincias y lugares las gentes que había, sin dejar hombre nin-
guno, y aun hasta las migeres cargadas de comida, que era
muy poca la gente, aunque de muchos pocos se vino á hacer
dos grandísimos ejércitos, como ya lo tengo declarado.
Los exploradores dieron aviso al ejército delantero cómo los
enemigos venían ya cerca, el cual les salió á recibir cerca de
DON FERNANDO DE ALVA ETLILXOCHITL. 53
allí á un buen lugar que tenía cogido para su propósito, y con-
frontados los dos ejércitos, se dio la batalla una y muchas ve-
ces, muriendo de ambas partes innumerables gentes. Duró la
batalla ^ tres años justos, y al último de ellos, como los de To-
pübin tenían poco refrigerio y socorro, y á los tres señores sus
competidores todos los días se les venían grandes sumas de
gentes, fueron vencidos y muerta casi toda la gente en esta ba-
talla. Pelearon también muy valerosamente muchas matronas
Tultecas, ayudando á sus maridos, muriendo y venciendo ^ mu-
chos de ellos. Vencidos, el gran capitán Huhndmiexcail ha-
biéndose perdido, se fué huyendo de sus enemigos, con algunos
de los Tultecas que escaparon, á Tuttitlan^ adonde estaba el
gran TopiUzin, que ya estaba apercibido con su ejército para
pelear con sus enemigos, que ya venían cerca; el cual en el ín^
ter mandó á ciertos criados y criadas llevaran á los niños hi-
jos suyos legítimos sucesores de sus reinos, llamado el mayor
PochoÜ y el menor Xilotzin^ á los muy altos montes y tierras
de Toluca, porque no se acabara en ellos el linaje de los Re*
yes Tultecas; los cuales luego lo pusieron por obra.
Llegados que fueron sus enemigos, pelearon cruelmente,
muriendo de una parte y otra; y había cuarerUa días que pelea-
ban de noche y de día, cuando ya los del gran TopiMn iban
desmayando con las pocas fuerzas que tenían. No pudiendo
resistir el ímpetu grande del enemigo, le fué forzoso salir á íb-
píltsin en persona á pelear, y al viejo de su padre, y aun á las
señoras sus mujeres y otras matronas de las ciudades, hacien-
do de tripas corazón, como dicen, y entre ellas su madre y la
hermosa XuchiÜ, peleando valerosamente y haciendo todo lo
que pudieron; más al fin fueron vencidos todos, y muertos vie-
jos y mozos, mujeres y niños, no perdonando á nadie, porque
todos estaban allí juntos, así mujeres como niños, aguardando
para ver en lo que venía á parar, que ya eran cincuenta días
•de guerra. Y en el año de ce Tecpatl y al último día del mes de
1 RsUy es, la guerra,
2 Debe expresarse la idea contraría.
54 OBRAS HISTÓRICAS DE
ToTozozTziNTLi, al primer día de la semana llamada ce Olun^
que conforme á la nuestra fué en el de 1011 ^ y á los veintiocho
días del mes de Abríl^ bajo el imperio de Enrique^ al quinto aña
de Bermudo en España, y en el segundo del pontificado de Be-
nedido VIII^ cuando viéndose el gran TopíUzin y sus gentes
vencidos, fuqron huyendo hacia Tula, su ciudad, pero en Chiuh-
navMan les dieron alcance, aunque no les pudieron coger, por-
que se defendieron, y luego á XaUocan^ y de allí á Teotihuacan
y luego á Totolapan; y antes de llegar á un lugar llamado ÍW-
ieccucochiÜcdpan^ les dieron alcance al viejo rey Tecpancalinn y
á la hermosa XwehiÜy á los cuales mataron allí á puñaladas,
con las mismas personas de Xiuktenancalzin, matando al rejr
viejo porque se defendió valerosamente, y Oohuaruieoxtzin á la
señora XuchiÜ que también hizo lo propio defendiéndose va*
lerosamente.
Después de muertos estos dos señores, estos dos reyes, fue-
ron en seguimiento de TúpiUán^ que ya el rey Hudiueízin les
iba dando alcance en Totolopanj en donde alcanzaron á los do5
reyes que juraron á TopiUzin, CuauhoOi y Maxtla y otros seño-
res Tultecas, y allí los hicieron pedazos; y en el ínter, TopiUzin
se fué huyendo y se metió en Xico, una cueva que está junto
á Tlalmanaleo^ y así no le pudieron dar alcance; y adelante de-
Xico fueron á alcanzar á HudmetunexcaÜ^ el gran capitán, con
todos los Tultecas que se habían escapado, y allí tuvieron otra
cruel batalla, en donde murió HuehuebmexcaÜ y todo el ejérci-^
to, cogiendo en los desiertos al hijo menor de TopiUzin^ llama-
do Xilotzin, con algunos Tultecas que iban huyendo; y escapó
de buena PochoÜ, que lo llevaba una ama suya cargado, por ha-
berse adelantado con algimos de los enviados de su padre y
otros Tultecas que se metieron en las lagunas y sierras con
sus mujeres é hijos, así nobles como plebeyos, y otros á quie-
nes sus pies les valieron, que fueron los de MallauxiuhcohuaCy
1 £1 año ee ieepaü ñié 1012; pero la verdadera feclia de la destrucci<5ii de<
Tula fué en otro año ce tecpatl que correspondió al 1116.
DOX FERNANDO DE ALVA IXTLILXÓCHITL. 55
Macaiepee^ Totmtepec^ Tototepec^ Quauh.quechollan, Tepexomaco-
(Uizallan^ ChapoUepec, (jülhuacan y otras partes.
Visto (por) los tres reyes cómo ya á todos habian dado muer-
te y que todo quedaba despoblado, fueron á las ciudades gran-
des y de los templos y palacios sacaron cuantos tesoros y ri-
quezas hallaron, y se volvieron á sus tierras con el despojo de
sus enemigos, nó quedando ninguna persona, porque estaba
la tierra muy seca y enferma y sin fruto. Después, de allí á al-
gunos días salió TopiUdn^ con algunos de sus criados, de Xico^ \
que ya sus enemigos no parecían, y viendo la tierra de todo ;
punto destruida, se fué hasta AÜapaüan, provincia que cae has-
ta la mar del Sur, tierra muy próspera, rica y bien poblada,
diciendo á sus vasallos, esto es, á los pocos que estaban en
Culhuacan^ (y) que habían ido allí á librarse de sus enemigos,
como él se iba hacia donde el sol sale, á unos reinos y seño-
ríos de sus pasados muy prósperos y ricos, que de allí á ywi-
nierUos doce años volvería de nuevo á esta tierra en el año de
CE AcATL, y castigaría á los descendientes de los reyes sus com-
petidores; y otras muchas cosas dejó dichas, y muchas prome-
sas imposibles hizo á sus vasallos, que seria muy lai^ de con-
tar. Se volvió otra vez á -Xico, y una noche, con algunos Tul-
tecas partió para TlapaHan caminando de noche por desiertos,
hasta que llegó á aquel lugar donde vivió después casi treinta
años, servido y regalado de los Tlapaltecas, y murió de edad
de ciento y cuatro años, dejando constituidas muchas leyes que
después su descendiente Netzahualeoyotzin las conñrmó, y él
mismo mandó quemar su cuerpo con los ritos y ceremonias
que después se usaron (y él fué el primero que fué quemado),
é hizo y ordenó otras muchas cosas.
Este rey dicen muchos indios que está todavía en -Xico, y no
se fué á Tlapallan, con Netzahualeoyotzin y NetzahualpUtzintli^ re-
yes de Tescuco, ^ sus descendientes, y Moquihuitzin de Tlate-
lulco, porque fueron los más valerosos y de grandes hazañas
1 Debe escribirse Texcnco.
M ' OBRAS HISTÓRICAS DE
que cuantos reyes han tenido los Tultecas y Chichimecas, y
otras trescientas fábulas, que todavía creen que han de salir de
allí en algún tiempo, como los portugueses, que todavía creen
que ha de volver el rey D. Sebastián y que está vivo, lo cual
se ha de creer que es mentira y fábula, como ya otras veces
tengo dicho. Asimismo, de los Tultecas que escaparon se fueron
ron por las costas del mar del Sur y Norte, cómo es Hvxüima"
Za, ^ Tecuxirdepec^ CfuavMzactmlcOj Campeche^ TacoloÜan y los de
las islas y costas de una mar y otra que después se vinieron á
multiplicar.
Cuando los Tultecas peleaban, se ponían unas á manera de
túnicas largas hasta los carcañales, de mil colores, labradas y
muy tupidas y gruesas, que por recio que se daban con las
lanzas, que esto era lo más que usaban, no les podían pasar; y
lanzas largas, y otras arrojadizas y porras, claveteadas de fie-
rro. ^ Llevaban morriones y celadas de cobre y oro, y algunos
usaban los rodeles, ^ principalmente los que traían las porras.
Asimismo se ponían los Tultecas, demás de los vestidos que
tengo dicho arriba, túnicas como las de los sacerdotes, blan-
cas, aunque diferentes, ni más ni menos que las túnicas que
traen debajo nuestros sacerdotes religiosos, ^ porque además
de ser como éstas, tienen las mangas como las de los Oidores,
y ciertas capillas, como ya lo tengo declarado arriba. ^ Tam-
bién usaban de una cierta moneda de cobre de dos dedos de
largo y uno de ancho, á manera de hachitas pequeñas y como
de á un real de á ocho de grueso. Esta moneda no ha mucho
tiempo que la han dejado los de TuUepec del mar del Sur, por
ser del linaje de los Tultecas.® También compraban con el cacao^
1 Debe ser Cuaubtemallan.
2 No es probable que bubieran alcanzado el beneficio del bierro. — R.
8 La3 rodelas. — MS. del Museo.
4 Parece que debe entenderse de las Albas. — B.
5 Véase sup. Belación 4? al fin.— R.
6 De esta moneda habla Torquemada, y creo que aún Cortos. £n el Museo
y en mi poder existen ejemplares de ella. Véase lo que dije sobre ella en mi
nota á la "Historia de la Conquista" por Frescott, edición de Cumplido, nota
décima. — R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 57
que hasta hoy se usa en esta tierra, y con mantas, oro y pie-
dras preciosas, y plumería rica. También usaban ferias cada
vemte días, conforme eran los días de los meses y. el primer
día de ellos, que el año tenía diez y ocho meses, como adelan-
te se dirá, y hasta hoy se usa en TuIarUzinco este orden de fe-
rias grandes, aunque en las ciudades y pueblos, todos los días,
en las plazas, vendían todas las cosas necesarias; pero este tian-
guia grande era cuando se hallaban en él muchas gentes de di-
versas provincias, y no se hacían en todas las ciudades, si no
era en IWb, Tula/nisdncOj TeotíJmacan, OaauhnaJiíiaOj TaUUlan,
Chohda y otras cinco ó seis ciudades ó partes.
Antes que comenzara la guerra de Topüídn, estando en Tul-
üÜan con su ejérdto, después de haber enviado á Huejftanex-
caü con el otro, entró por la ciudad un venado con la cola
arrastrando por el suelo, dando bramidos; y pasó junto á íb-
jHUzinj el cual estaba en medio de la plaza grande de la ciudad
haciendo alarde ^ con todo su ejército, en un cadalso ^ muy al-
io, desde donde lo vio todo, y allí entre la gente se desapare-
ció, que debió de ser, como se da á entender, algún demonio;
lo cual les dio grandísima pena y lo tuvieron por mal agüero.
Esta fué la postrera señal que hubo, sin otras muchas cosas y
ech'pses del sol y de la luna, y cometas grandes que hubo en
el cielo.
Hállase en la historia de los Tultecas, que murieron de los
vasallos de TopiUzin en todo el tiempo que duraron las guerras
que, como tengo dicho, fueron tres años y dos meses de los su-
yos de á veinte días cada uno, de suerte que á la nuestra fue-
ron tres años^ un mes y diez días; murieron, digo, así hombres
como mujeres, zentzon (ciguüpitízonüi oqaixUizíhueUy que son tres
millones y doscientos mil hombres y mujeres; y de las gentes de
los tres reyes competidores, fueron caxtolpohual tzontiquipiho'
ÜUlacati, que fueron dos millones cuatrocientos mil hombres; de
1 Pasando revista. — K.
2 Tablado.— R.
58 OBRAS HISTÓRIC:^S DE
suerte que de una y otra parte fueron zentzon xiquipützontli
ihtutmxuchlpohvaUzoTiÜi^ que son cinco millones aeiscierUas milper^
sonas^ cosa increíble y que causa admiración, Y no es de es-
pantar, que como tengo dicho, no fué persona alguna alas ciu-
dades, villas y lugares, así hombres como mujeres, sí no eran
los muy viejos que por los muchos años no se podían menear de
un lugar, que después se murieron, unos de hambre y otros
de frío, y por lo consiguiente sus competidores, sin la muche-
dumbre de gente que traían todos los días, que se les Venían
á bandadas de socorro los soldados; y era tanta la gente en es-
ta tierra, principalmente del señorío de IbpíZfcsin, que corría
casi mü leguas de largo y ochocientas de ancho, que hasta los
muy altos montes estaban cubiertos de casas y sementeras,
pues no había palmo de tierra que estuviese baldío, como se
echa de ver en las ruinas de sus edificios, que son tan gran-
des y tan poderosos, y con tanta curiosidad y orden, que si
naciones hubo en el mundo de grandes reinos y tan podero-
sos, fueron unos los Tultecas.
Escaparon de estas crueles batallas en las cuevas y desier-
tos y en la laguna, sin los que se fueron huyendo nauktzonUi
iJmcm, naúhpohuaUi on matlacUi ihuan orne oqaiaüe cUmaÜ, que
fueron mü seiscienlas doce personas, así hombres como muje-
res^ de los cuales eran veintitantos caballeros y gente ilustre,
los cuales después de haberse ido sus enemigos y su rey To-
pUtzin desaparecido, según por orden lo tengo declarado, se
juntaron en Oulhuacan y allí se dividieron en cinco partes, una
de los caballeros que les cupo, y las cuatro restantes que se
fueron hacia las cuatro partes del mundo, que son los que des-
pués poblaron en las costas como de la mar é islas.
Esto tengo declarado ya otras veces; y la quinta 'parte, que
fueron hasta cuatrodentas y tantas personas, con los nobles,
fueron los que se quedaron en estas partes, repartiéndose ca-
da caballero con lo que les cupo, á los lugares más acomoda-
dos para poder vivir, que, como ya tengo referido, estaba todo
muy seco y arruinado.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 59
Los señores que quedaron en esta parte fueron los que si- ^
guen: en (Mhuacan, que es donde ellos se juntaron, quedaron
Xivldemol^ su mujer llamada OmlaxuchiÜ^ con un hijo que na-
ció en este tiempo, llamado NavhyoÜ; y OuaÜix con su mujer
Mmixuch y un hijo llamado Acxocuauh: los cuales con las gen-
tes que les cupo, se quedaron en este lugar haciendo algunas
casas para su morada. Estos dos eran los más principales y de
la casa y linsge del gran TopUizin^ y después NauhyoÜ y sus
descendientes fueron reyes de los Gulhuas, que así se llama-
ron los Tultecas después, por ser su cabecera Ouümacan.
Y á Tlaxcallan se fueron con su familia MiÜiÜ y su mujer,
Cohtuxxuchiti y sus dos hijos, el mayor (que) se decía Pixahua y
el menor Accopal. Después estos dos mancebitos, siendo ya
grandes, se fueron á vivir á QuechoUan con algima gente de la
familia de sus padres, por ser mejor lugar, y fueron los que de
nuevo otra vez inventaron el labrar oro y piedras preciosas,
que con los grandes trabajos de los Tultecas y largos años de
persecución se había olvidado.
Y á Tdzatqpec (fueron) Nacacxoo y su mujer, un hijo suyo
llamado Jíiupopoca^ con toda su familia.
Y á Tepexomaeo (fué) CohuaÜ con su mujer y un hijo llama-
do Qudzaloppoca^ con toda su familia.
Y en Cholvla estaban los sacerdotes con la señora de que ya
tengo hecha relación, y algunos Tultecas de los que se esca-
paron.
Y en ChapuUepeo (se estableció) Xitzin con su miyer Ozta-
xuchitL, y un hijo suyo y su familia.
Y á otras partes remotas y lejos de la laguna, como ya lo.
tengo dicho arriba, se fueron los demás que quedaron de la
quinta parte, y de todos estos descendieron los Tultecas que
después, andando el tiempo se vinieron á multiplicar, así no-
bles como plebeyos: de familias á familias se vinieron á hacer
pueblos y después ciudades, y de ciudades reinos y provincias.
60 OBRAS HISTÓRICAS DE
Esta es la verdadera historia de los Tultecas, según yo la he
podido interpretar^ y los viejos principales con quienes lo he co-
municado me lo han declarado, y otros memoriales escritos de
los primeros que supieron escribir me lo han dado, así de esto
como de los Chichimecas, y otras cosas curiosas y dignas de traer
á la memoria, siendo cosas verdaderas y ciertas; y no pongo de
lo que ello fué de las mil partes las novecientas, por lo que ten-
go dicho, por excusar volumen, y porque son tan extrañas las
cosas, y tan peregrinas y nunca oídas, sepultadas y perdidas de
la memoria de los naturales, y lo otro por haberles quemado
al principio sus historias, que esta ha sido la principal causa de
su olvido. Los principales que me han declarado memoriales
de esto y de otras cosas, que más adelante se verán, son los
más antiguos:
2). Lucas Cortés Calanta, de edad de ciento ocho años^ natural
señor del pueblo de CbTwoyuitóan, junto á Tototepec^ del Norte,
hijo de ^ señor natural de este mismo pueblo, el cual co-
mo persona tan principal y antigua, me declaró todas las cosas
de esta tierra, que las supo de los señores de Texcuco y lo mdo
en hs Archivos reales, tratando y comunicando con aquellos, el
cual es de nación Chichimeco Tepehua^ que son unas provincias
Tepehuas sujetas á la ciudad de Texcuco.
Y el otro D, Jaoobo de Mendoza Tlaltentzin^ principal y natu-
ral de Tepupulco, de edad casi de noventa años^ hombre muy
leído y buen gramático, y muy siervo de Dios, según dicen los
religiosos que lo conocen, que también tiene historias y relacio-
nes, que alcanzó ver la ciudad da Texcuco, y los hijos del rey
NetzahualpintzinÜi se lo declararon.
Otro principal natural de Texcuco, llamado Gabriel de Segó-
ma Acapiotzin, nieto del famoso infante Aeapiotzin y sobrino del
rey de Texcuco, de edad de ochenta y ocho años^ que también
alcanzó y vido los archivos reales de Texcuco, y comunicó mu^
chas veces con los historiadores y los hijos del rey de Texcuco
sus primos.
1 No discierno si dice estain 6 ellain, — B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 61
Otro principal de México Tlatelulco, llamado ^ de edad
de ochenta y cuatro años, que sus padres y descencientes fueron
historiadores de la ciudad de México, y tiene todaiÁa muchos y
muy antiguos papeles y memoriales que después escribieron los
que supieron primero escribir, y también me dio muchas rela-
ciones (que) conformaron con la original hisUma que tengo en
mi poder.
D. FrancÍ8co Ximénez, señor que fué de HuexuUa^ difunto,
que fué de edad de ochenta años, me dio también grandes rela-
ciones muy antiguas. Era tanto lo que sabía de las cosas de la
tierra, (que) tenía las pinturas, y si algún pueblo tenía diferencias
con otro, por muy lejos que estuviera lo venían á ver para que
les dijera la verdad y mostrara el origen de las cosas de sus tie-
rras; y así él siempre les quitaba las diferencias y dudas que
tenían.
D. Alfomo Izhuezcatocainn, por otro nombre AoBayacaÜBin^ hijo
legítimo del rey Ouitlahuac, que fué de México *^ y sobrino de
Moctezuma y señor de Iztapalapa. Habrá como veinte años ó
veintitantos que murió, y como fué tan curioso este príncipe, y
muy leído, estando gobernando en la ciudad de Ifecowco, juntó
muchas historias y viejos historiadores de los archivos reales
de Texcuco con otras que él tenía en su poder, que hoy tienen
pedazos sus hijos los señores de Izlapalapa^ especialmente D?
Bartola, que es ahora la cabeza de aquel pueblo y señora na-
tural. Escribió en la lengua mexicana y en la castellana gran-
des cosas sucedidas en esta tierra, así de Tultecas como de Chi-
chimecas, las cuales relaciones, especialmente la mexicana que
está más especiñcada, he tenido en mi poder, y es conforme en
todo cm la original historia, según tengo escrito y escribiré lo
que me queda por escribir.
Otros muchos viejos principales me han dado relaciones que,
por ser tantas y unas tan diferentes de otras, por excusar volu-
1 Así en blanco en el original.
2 Sucesor del último Moieuhcxoma. Murió de viruelas á los cuatro meses
de su.glorioso reinado, pues en él se expulsó á los españoles de la ciudad.— B.
62 OBRAS HISTÓRICAS DE
men no las pongo aquí; pero las más auténticas y graves que
conforman en todo con mi historia y la original de donde la «a-
co, son las de los personajes que he mencionado.
Muchas historias he leído de españoles que han escrito las
cosas de esta tierra, y todas ellas son muy distintas de la ori-
ginal historia; y entre las falsas, la que en aJgima ooaa se con-
forma es la de Francisco Gomara, clérigo, historiador que fué
del emperador 2). Garlos, nuestro señor, que tenga Dios en su
gloria; y no me espanto, que no son relaciones de pasada, unos
dicen sexta y otros ballesta, como suelen decir; por demás, por
decir una cosa dicen otra, hablando unos de pasión, otros de
añción; y otros cuentan fábulas compuestas, por palabras su-
cedidas, y de éstas y otras no entendiendo bien la lengua y lo
que los viejos les dicen, como á mí me ha sucedido muchas ve-
ces con los naturales, siendo nacido y criado entre ellos y tan
conocido de todos los principales caciques de la Nueva España,
así Acvihuas, Chiehimecas, como Mexicanos, Tlaxcaltecas, Tecpor-
ñecas y Ikdtecas y otras naciones; y es que, como tengo dicho,
unos hablan de añción y otros de pasión. Me sucedió lo que
ahora contaré, sin otras veces que me| sucedió casi lo mismo,
pero esta fué la más notable.
Yendo al pueblo de Cohuaiepec, dos leguas de la ciudad de
Texcuco hacia la banda del Sur, respecto de la ciudad, á ver
á cierto amigo caballero i>. Lope Zerán, que tiene una labor
muy buena en este pueblo; después de haber llegado, holgán-
dome en su casa toda aquella tarde, al día siguiente, preguntan-
do á D. Lope de la gente principal del pueblo y de algunos vie-
jos, me dio alguna razón de esto, diciéndome que no había otros
si no eran un mozo que á la sazón era gobernador, y un viejo
que hacía como treinta ó cuarenta años que siempre lo hacían
gobernador, por ser criado con los religiosos y muy ladino, aun-
que villano de nación. ^ Tomada esta razón, me despedí de este
caballero, que fui á su casa por preguntarle ciertas cosas de •
1 Kacimiento.
DON FERNANDO DE ALVA ÍXTULXOCHITL. 63
SU pueblo, especialmente de una que en la original historia está,
y en que se asienta que este pueblo fué cabecera de provincia, y
el lugar de donde descendieron ciertos señores que fueron de
ciertas partes de esta tierra, como más adelante diré. Y llegado
que fui, le pregunté, y me dijo tantos disparates como los que
nuestros españoles han escrito, diciéndome que aquel pueblo
siempre fué corte y cabecera de reino, y AtzcapotzcUco^ Choleo y
las demás partes eran pueblecillos sujetos á Cohuatepecy y que
el señor fué un Chichimeco llamado Toxomilhuaídn, que vino de
los Chichimecos con otros vasallos suyos; siendo tan al contra-
rio, porque este señor era tataranieto de OukuailapaJ^ uno de
los seis señores vasallos del gran ChichimecaU Xolotl, y los trsgo
consigo, y era ya el cuarto señor de este pueblo: y más me dijo,
que Aoamapichtii (soberano) y señor de México, era hijo de
lüaancueiU una esclava suya (traslado á lo que los historiadores
escriben); y que Nezahualcoyoidn^ ^ si no fuera por los de Co-
huatepec que le ayudaron, nunca libertara á su ciudad (ni á) los
señores de México sus tíos, del poder del gran MaxÜa^ tirano.
(Aunque yo me esforcé en demostrarle la absurdidad de) estas
y otras fábulas así, (y lo hice refiriéndome) á lo que los histo-
riadores han escrito, y (además) contradiciéndole con las his-
torias y cantos antiguos que le mostré y dije, y trayéndole otras
cosas á la memoria, no hubo remedio de conceder en lo que le
decía; y mostrándole la origrinoZ^ tampoco aprovechó, antes se
tenía muy tieso, al fin como villano; y conociéndome él quién
soy, y que no ignoro cosa ninguna de lo que es esto, siempre
me contradijo, todo lo cual, como tengo dicho, (son) palabras
de afición y de pasión dichas por un villano, que si fuera noble,
luego con la razón cayera en su falta«
Esta y otras muchas cosas me han sucedido; y también mu-
1 Llama la atención que Ixtlibcochítl, siendo descendiente de los reyes de
Tezcoco, escriba Nezahual y no Neizahual como es debido.
2 Al marcar tan repetidamente esta palabra, he querido hacer notar, que
Ixtlilxochitl poseía algunos monumentos históricos más auténticos; quizá al-
gunos anales pintados.
64 OBRAS HISTÓRICAS DE
chos de los principales no quieren decir el hecho de la verdad
viendo que cada día les preguntan, y jamás ven cosa que salga
á luz, como sucedió á cierto caballero descendiente de la casa
de Texcuco, que pregimtando á un viejo de una historia de Te-
peUaoztoc^ que quiénes fueron los padres y abuelos de IxtlUxo-
chiU, padre del rey NezohualeoyoÜ^ él respondió diciendo, que
laMüxuchitt no tuvo padre ni madre, sino que vino un águila
muy grande é hizo su nido en un árbol grande que estaba en
la ciudad, y puso un huevo muy grande, y de allí á cierto tiem-
po quebró y sacó un niño, y lo bajó del nido poniéndolo en me-
dio de la plaza de la ciudad; y viendo esto los Aculhuas lo cria-
ron, y como no tenían rey, le alzaron por rey y le pusieron el
nombre, llamándole IxtULcuchiU. Este caballero, oyendo el dis-
parate le dio grandísima risa, diciéndole al viejo que era nece-
dad decir tales palabras; y el viejo le respondió, que á él y á
todos los que le preguntaran acerca de esto, les había de res-
ponder estas y otras cosas tales como estas, especialmente á es-
pañoles. Y así, como tengo dicho, las historiadores no tienen la
culpa, que por haberles dado falsas relaciones han escrito lo
que tengo declarado, y cierto que con tener las historias en mi
poder y saber la lengua como los mismos naturales, porque me
crié con ellos, y conocer á todos los viejos y principales de esta
tierra, para haber de sacar esto en limpio, me ha costado harto
estudio y trabajo, procurando siempre la verdad de cada cosa
de esto que tengo escrito y escribiré en la historia de los Chi-
chimecos.
DE LOS TULTECAS.
Los Tultecas fueran los segundos pobladores de esta Nueva
España, (después) de los Gigantes. Salieron de una ciudad lla-
mada Huey XaJac^ cabecera del imperio Tulteca, que ahora cae
hacia la parte occidental, en el año ó figura llamada ce Tecpatl,
Pedernal número uno^ que ajustado con la nuestra, fué en el de
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 66
386, en el año 179 del pontificado de Dámaso^ en el 39 del im-
perio de Oraeiano, y en el 29 del reinado de Atanarico; y la cau-
sa de su venida á estas partes, fué porque en aquella ciudad
tuvieron ciertas disonciones entre ellos, y halláronse culpados
siete caudillos, hombres principales y de linaje, con mucha gen-
te, y fueron desterrados de toda aquella tierra, y viéndose fuera
de su patria y nación, vinieron reconociendo y mirando nuevas
tierras, y caminando siempre por la vía de Oriertte, porque te-
nían noticia que era muy buena y abundante, y que los mora-
dores de ella hacía muchos años que se habían destruido. Estos
siete caudillos, que se llamaban Chalcaidn^ AcaÜ^ Ehecatl, Co-
hucdzoríy MazacohuaUy OtxiuhcohuaÜ, Tlalpalhuitz y HuUzy con to-
das sus gentes vinieron descubriendo y poblando todas las par-
tes por donde pasaban y hallaban buena comodidad;, y no salían
de un lugar hasta que recogían sus sementeras y todo lo nece-
sario para el camino, porque iban sembrando y edificando pue-
blos y ciudades y dejando alguna gente, conforme era. el lugar
en donde poblaban, para que en nombre de sus caudillos la
poblasen; y así, se tardaban en las tierras á donde iban poblan-
do, en algunas tres, cuatro ó más años, conforme hallaban la
ocasión y tenían necesidad. Así anduvieron muchas y diversas
tierras, hasta ToUantzinoo^ en donde contaron que había 104 años,
que ellos llaman Gen huehuetiliztli, que es una Edad^ que salie-
ron de su patria: y desde este lugar reconocieron toda la tierra
y los mejores lugares de ella para poblarla, entre los cuales po-
blaron una ciudad que fué la primera en esta tierra que ellos
tuvieron, y la primera por nombre Toüan, que fué cabecera de
todo su imperio, y comenzáronla á edificar en el año que ellos
llaman ce Calli, 1 casa, y á la nuestra 503.
Y habiéndose pasado casi cuatro años que estaban en TuUa
edificando, entraron los siete caudillos en consejo sobre mu-
chas cosas convenientes á su República y buen gobierno. En-
tre muchas cosas que trataron y dijeron, fué una, que conve-
nía para la quietud, paz y sosiego de ellos, pedir á los Royes
Chichimecas sus circunvecinos, especialmente al que era Mo-
TOMO 1—5
66 X1BRA8 HIBTáRIGAS im
narca en aquellos tiempos, un h^o ó deudo suyo para que,
casándose con una doncella, h^ade Aoati, uno de loe dos más
principales de los siete caudillos, lo jurasen por su rey y señor
universal; lo cual pudieron por obra, y alcanzaron un hijo del
rey Chichimeco, que le pusieron por nombre ChaldiiuhÜandzin^
que quiere decir Piedra preciosa que alumbra^ dándoles el rey
su padre, pues llevaban á su hijo para jurarle por rey, la pa-
labra de nunca él ni sus descendientes, en ningún tiempo, te-
ner guerras ni pretender cosa de ellos, y otras muchas capitu-
laciones que hicieron entre ellos.
Trasladado su nuevo rey á Tula, hicieron la jura y casamieu'-
to con mucha solemnidad, el cual entró i gobernar en el año
CHICÓME ACATL, siete cañas, y á la nuestra quinientos aueve, el
octavo del Pontiñcado jde Simaoo^ en el decimosexto del im-
perio de Anaetasio, y el primero del reinado de Oeoedario en
España; y pusieron los señares Tuliecas una ley, q^gie ningún
rey, especialmente el que era monarca, pudiese reinar más que
dncuerda y dos años, y aunque estuviese vivo, el sucesor entra-
se luego á reinar cumplidos los omcueBia y do» años 4e su pa-
dre; y si moría antes la república g(d)enuise hasta cumplir este
tiempo señalado; lo cual se guardó inviolablemente hasta el
tiempo del rey JiEU.
Y así, cumplidos casi cinmeata y dm añm del gobierno de
ChcdíMuMa/netxinj heredóle JastftíouttsAaAtiao, y por otro nombre
TlaUeoaÜ; y de este siguió Hudsdn, y aá se fueron sucediendo
uno á otro Toíepeuky Naeaoxoc y MUlj el cuál quebrantó la or-
den de sus pasados y gobernó oineueni^ y nueve años: hizo gran-
des ediñcios, juntó grandes tesoros y ediñcó el templo de la
Rana, diosa del agua; y después xle muerto sucedióle la reina
XivMoMzm que gobernó cuatro años con gran prudencia; y (á
ésta) le sucedió Tegxi^icatom, el cual tavo á Topütín en una
señora llamada XochM^ concubina suya; y cumplidos dncuerda
y dos años de su gobierno, lo mandó jurar por rey y universal
heredero del imperio Tulteco; de lo cual, por haber otros más
propincuos en la sucesión, muchos reyes y señores se rebela-
DON FERNANDO DE ALYA IXTULXOGHITL. 67
ron contra él, especialmente tres reyes que eran de las provin-
cias de QuiahuizUan y Anahuacac^ llamados Xiuktenan, Hudzin
y Oohuanacox, hombres valerosos y de gran poder; y vinieron
sobre él con mano armada para destruirle, y tuvieron casi mn-
tiseis año8 grandísimas y crueles guerras, en donde murieron
de ambas partes muchos millares de hombres; y Dios, que los
quiso castigar por sus grandes maldades, les mandó del cielo
grandes persecuciones y un^ general seca en sus frutos y se-
millas, y luego grai^des p^stilelicias, las mayores que ha habí-
, do eq esta tierra, de Jo cual se destruyeron todos, que casi no
quedó hombre; y su última destrucción fué en el año de ce
Teí3patl, y á la nuestra 958, ^ ?n el quhito año del Pontiñcado
de Juan X^ en el vigésimo de Ot6n JJ^ y <5n el vigésimo primero
del rpinado de Jtamíro III; y en la demanda murió el viejo rey
TspafwiUfiny con otros dos reyes y muchos grandes señores que
fueron de su parte y todos ios Tulleras; si no fué TopíUzin
que se escapó, huyendo con algunos pocos de los suyos, y sej
metió por la tierradentro hasta Tlapallan^ ó según otros Buey-l
xalac^ antigua patria de sus pasados, en donde vivió después
muchos años, y constituyó muchas leyes que después sus des-
cendientes las conñrmaron, y á él lo colocaron por uno de sus
dioses. Asimismo escapó un hijo, de dos que tenía, llamado
PochoU, con la buena industria y maña de la ama que lo cria-
ba, llamada Toccueye, con alguna gente principal y alguna can-
tidad de Tultecas, en los desiertos y bosques, los cnales pobla-
ron después alrededor de la laguna de Ifawmco y por las costas
de la mar del Sur y del Norte; y entre los lugares que poblaron
fué uno de ellos C^tiocan, cabecera que fué después del rei-
no de los Tultecas que escaparon.
Este fué el fin de un grande imperio que tuvo este Nuevo
Mundo, de los Tultecas, el cual no duró más de quinientos «e-
tenta y dos años; y los reyes que lo destruyeron, viéndolo tan
1 Como se Te, es imposible conciliar la cronología del autor, pues en cada
lagar da distínta fecha al mismo suceso.
68 OBRAS HISTÓRICAS DE
pobre y enfermo y sin gusto, no lo poblaron, sino que se vol-
vieron con el despojo á sus tierras, muy ricos de grandes teso-
ros que hallaron en los palacios de los señores y templos de
sus ídolos. Estos Tultecas fueron grandes sabios, filósofos y ar-
tífices, como aparece en sus historias, porque entendían y co-
nocían el curso de los cielos con mucha cuenta y razón. Usa-
ban de pinturas y caracteres, con los cuales tenían pintadas
todas las cosas sucedidas, desde la creación del mundo has-
ta sus tiempos. Labraban oro y piedras preciosas; edificaron
las hiejores ciudades que ha tenido él Nuevo-Mundo, como se
echa de ver en las ruinas de ellas en el pueblo de San Juan
Teotihuacan, Cholula^ Tida y otras muchas partes. Sembraban
todas las semillas y legumbres que se han hallado en esta tie-
rra, y era gente vestida y muy diferente de los Chichimecos
en todo. Eran grandes idólatras, y tenían muchos templos é
ídolos. Tenían su año solar tan ajustado y con tan buena cuen-
ta, como nosotros lo tenemos; y finalmente, no ha habido en
esta tierra nación más política y sabia.
BELÁCION SUCINTA.
Los Tultecas fueron segundos pobladores en esta tierra des-
pués de la extinción de los gigantes, especialmente lo que es
este rincón que ahora se llama nueva España; y estos tuvieron
noticia de la creación del mundo y cómo se destruyó por el
diluvio, y otras muchas cosas que ellos tenían en pintura 6 his-
toria. Asimismo alcanzaron y supieron el fin del mundo, y
que ha de ser por fuego. Tulteca quiere decir hombre artífice y
sabio, porque los de esta nación fueron grandes artífices, como
hoy día se ve en muchas partes de esta Nueva España en las
uinas de sus edificio?, principalmente en el pueblo de San Juan.
Teotihuacan^ Tala, Cholula y otros muchos pu eblos y ciudades
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 69
Estos TuUecoB vinieron de hacia el Poniente, con siete señores
ó caudillos que se llamaban: Zaca^ Chalcatzin^ EccUzin^ Cohua-
tzo, Tzihuacohuaílj Tlapcdmeizontzin y Mdzoltún, Trajeron con-
sigo mucha gente, así hombres como mujeres. Fueron, des-
terrados de su patria y nación, y asimismo trajeron el maíz,
algodón y demás semillas y legumbres que hay en esta tierra,
y fueron grandes artífices de oro y piedras preciosas, y otras
muchas curiosidades, como aparece en sus historias y pintu-
ras. Salieron de su patria, que se llamba HuehueÜapaUan^ en
el año que ellos llaman ce Tecpatl, y según nuestra cuenta,
432, y anduvieron ciento cuatro años en diversas partes del
mundo, hasta llegar á ToUantzinco, donde contaron una Edad
que había desde que salieron de su patria, que fué el año de
CE Tecpatl, y á nuestra cuenta de 536. La primera ciudad que
tuvieron fué IWa, cabecera de sus reinos y señoríos. El pri-
mer rey que tuvieron se llamó ChaldiiiJUlaTieaizin y comeiizó á
gobernar en el año chicóme Acatl, y según nuestra cuenta 556.
Este rey era del linaje de los reyes Chichimecas, que por qui-
tar los Tultecas grandes guerras y disenciones que tenían con
los Chichimecas les pidieron señor, y así les dieron á este Chai-
chiuhüanextdnj que murió el año de chicóme Acatl, que es el
nuestro seiscientos ocho^ habiendo gobernado cincuenta y dos
años: y luego sucedió IxÜilcuechahuac en el mismo año, quien
gobernó otros tantos. Estos Tultecas tenían una orden, que sus
reyes no habían de gobernar más de cincuenta y dos años^ que
era su Xiuhüalpüli, y luego entraba á gobernar el sucesor cum-
plidos los cincuenta y dos años, aunque estuviese vivo su padre;
y si moría antes, la República gobernaba hasta que se cumplie-
sen los cinciienta y dos años, A IxÜilcuechahuac, le sucedió en el
reino Huetzintotepeuh, y á éste Kacacxoc, y Mití, que fué el que
hizo el templo de la Rana, diosa del agua. Le sucedió la reina
XiuhtíaUzin, la cual no gobernó más de cuatro años. A ésta si-
guió Tecpancaltzin, y de él Ameconetzin, por otro nombre Jb-
píUzin, en cuyo tiempo se destruyeron los Tultecas con grandes
guerras y persecuciones del cielo; y su última destrucción fué
70 OBRAS Históricas de
/^/
»€n el affof de ce Tecpatl, y á loa tefetífíiíeve días ^ del mes Iz-
caM ew un dfa Haínado ce ollin, que es el ptlftiem de su sema-
na, que conforme á fe nuestra ftlé el año 1004, á treírUa dios dd
mes de Mario. Turo Topüidn dos hijos Varones, el primero se
ileüÉtíéXikUán y el segundo Fochcffí, de qüieiles después descen-
dieron los íeyes de (Mkuaeáfní éste escapó, con otros señores
j álgtirtog fullecas, (qtíe poblaron) en diversas partes de la
Nueva España, y especíahtíente en las riberas de la laguna de
Texctíco y en las costas del mar del Sur y Norte.
»lJkÁMA BELÁCI05.
[Extracto.']
El número y nombre de los reyes "tultecas, son los siguien-
tes: Chakhiuhttandzin^ y por otro nombre QiiechaocaÜahinoUzin:
29 TíiqxiechaocaUahinoltzin: 3? Huetdn: 49 Totepeuh: 59 Nacaxxue:
69 Tktcomihoa: 79 la reina Xiuhquentzin, por otro nombre Xiuh*
•caUnn: 89 IztaccaUzin: 99 TopUizin.
Tkbcmmhoa violó la ley que fijaba el tiempo del gobierno en
cincuenta y dos años, reinando cincuenta y nueve. Él constru*
yó el templo de La Rana,
La concubina de Iztaealidn se llamaba Qudzalxochüzin, y era
esposa de Papanízin. Ambos fueron muertos en Tatolapa. Tam-
bién es llamada QudzalxuchüL
Los señores que invadieron el reino Tultecá se llamaban
Coanacotzin^ Htietzin y Mixiotzin^ de las provincias de la mar
del Norte. Al décimo año del reinado de TopiUnn comenzaron
el hambre y calamidades que asolaron su imperio, y el vegési-
mo tercero fué la invasión de acjuellos Régulos que lo destruyó.
Su duración fué de 5?2 años.
1 &ta es una errata palpable, puesto que el mes Mexicano solamente tiene
veinte días.
DON FERNANDO DE ALTA IXTLILXOCHITL. 71
LoB Tultecas vestían unas turneas largs^ á manera de los ro-
pones que usan tos japoneses, y se ponían unos á manera de
sombreros, hechos de pega. Vinieron por el Poniente.
HIST0EÍÁ CHICHISECA. i
IdacecMsm ^ tuvo aftiores con QudzcUxoMtziny^ esposa de un
caballero llamado Papaninn^ descendiente de la casa real, y en
esta señora tuvo este rey á TopiUzin; y aunque adulteríno le su-
cedió en el reino ó imperio, que fué en el (año) de 882, que asi-
mismo se llamó ome Agatl, * por cuya causa algunos de los re-
yes y señores sus vasallos se levantaron contra él. Los más
señalados fueron Coanacotzin^ Huddn y ¡Rxiotdn^ reyes y seño-
res de las provincias que caían á la costa del mar del Norte. *
Luego que aparecieron los prodigios y que los sacerdotes y
adivinos declararon que ellos predecían la destrucción de la mo-
narquía Tulteca, TopUtnn hizo llamar á sus mayordomos y man-
dó entregarles sus tesoros, que eran los mayores que hubo en
aquel tiempo, para que los retirasen á la provincia de Quia-
huixÜan^ por temor de los reyes sus contrarios. ^
Fué tan grande la seca que duró veintiséis años.
En la fuga que emprendieron los restos del ejército derrota-
do de TopiUdn^ las primeras víctimas fueron el rey viejo Izíae-
quauhtzin su padre y con él la dama QuetzalxochiU, que tenían
1 Capítulo III.
2 £n la relación anterior 86 le llama Tecpanealizin.
8 Un poco más adelante se la llama (^ueizalxoehiil^ y en la última relación
anterior XoeMÜ, Esta diferencia no es tan grande como la que se establece
entre el estado j calidad de la persona, pues aquí es esposa de Papanüin la
que alU es su At^. — B.
4 Es inconciliable con la cronología anterior que fl}a el año 987. — S.
5 Antes se dice que estaban junto al mar del Sur, — B.
6 Antea Se dice que estos reyes sus enemigos eran de las prorincias de Qyia-
huizilan, — ^B.
H'i
72 . OBRAS HISTÓRICAS DE
entonces ambos casi dentó cimmenta años; y en las provincias
de Totolapan alcanzaron á los dos reyes IztaccaUzin y Maxüa^
confederados de Topütziriy en donde les dieron desastrada
muerte.
TochcueyCy nodriza de PochoÜ^ salvó á éste en los desiertos de
Nonoalco adonde lo criaba.
Este fin tuvo el imperio de los TuUecas, que duró quinientos
setenta y dos años^ y sú última destrucción fué en el
año de ce Tecpatl, 959, bajo el pontificado de Joannes XII^ en
el imperio de Othón J, y reinando en Castilla D. Garda. ^
y / ' ; » LA ORDEN Y CEREMONIA PARA HACER UN SEÑOR, LA CUAL
CONSTITUYÓ EL BET TOPILTZIlf, SESOK DE TULA, ES LA QUE SIGUE: 3
Asentábanlo en un Yepel ^ y poníanle una manta azul, y ayu-
naba cuatro días, durante los cuales estaba encerrado y no co-
municaba con nadie; al cabo de este tiempo salía del ayuno, y
estaban esperándole sus vasallos y allí lo recibían por señor;
1 Al margen se encuentra la nota siguiente: — ''Según las épocas anteriores y
la que pone al fin de este capítulo, sólo duró el imperio Tulteca ctiairocitnios
cincuenta y seis añoSj aunque se cuente desde la fundación de Tula hecha siete
años antes de la elección del primer rey; que si se cuenta desde esta que dice el
autor en el capítulo anterior que fué en el año 510, desde él hasta el de 959 que
dice, al fin de este capítulo, que fué la última y total destrucción, sólo pasaron
449 años." — En la Relación 13, intitulada Venida de Españoles^ etc.y que corre
impresa, dice, que la monarquía Tulteca duró 562 años. — R.
2 Parece inconciliable esta fecha con la que fija como la de la última derro-
ta que sufrió Topützin y que decidió irrevocablemente la ruina del imperio
Tulteca.— R.
3 Este fragmento se encuentra al fin de la última Relación de la Historia
de los Señores Chichimecas^ entre las Ordenamos dQ Nczahualcoyoil y las noti-
cias relativas á la Venida de los Españoles^ etc. ,
4 Entiendo que debe ser Icpalli, nombre que los Mexicanos daban á sus
asientos ó sillas. — R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 73
y este Topütdn^ hecho Señor, al cabo de cierto tiempo dijo que
quería ir á donde salía el sol (ofreciendo) que vendría dentro
de cierto tiempo, y señaló por su cuenta ^ en qué año vendría.
La cuenta que dejó fué en el año de ce Acatl, en el cual llegó
gente Española á esta Nueva España; y con él se fué mucha
gente; y en cada pueblo donde llegaba, dejaba alguna de ella, y
teníanle por ídolo y por tal le adoraban. Fué á morir á su pue-
blo, que se llama MatlapaJlan^ y dijo que él vendría para el
tiempo que tenía dicho, y que le esperasen; y en el año que dijo
vinieron á esta Nueva España los Españoles, y desde que los
vieron venir de donde sale el sol, tenían entendido que era lo-
piUzin; y al tiempo que este TopiUzin murió, mandó que con él
quemasen todo el tesoro que tenía. Tuviéronlo cuatro días por
quemar, al cabo de los cuales lo quemaron, y cogieron la ceniza
que se hizo de su cuerpo y echáronla en una bolsa hecha de
cuero de tigre; y por esta causa á todos los Señores que en
aquel tiempo morían los quemaban.
1 Esto es, "señaló el año por su número ó símbolo. '^ — K.
HISTORIA.
1)0 I<M SeSofM OUcÉimeoMf luittta lá tenida de loa SsptAoles.
PRIMERA RELACIÓN.
De los Señcres Chichimeccu pasados del gran CMchimecaU Tecuhíli XoloÜ,
Los señores Chichlmecas tenían sus reinos y señoríos hada
la banda del Septentrión, que cotrían más de dos mil leguas de
largo, y de ancho casi mil leguas: gente bárbara y feroz y la más
fuerte nación que hubo y tiene hoy día este Nuevo-Mundo,
exceptuando á nuestros Españoles. Estos Chichimecas vestían
en su natura y visten hoy día de pellejos adobados de martas,
leones, tigres y otros animales feroces: usaban de cutaras de pe-
llejos de animales: sü vestido era unos jeoles de martas, espe-
cialmente los reyes y señores, y sus mantas de tigre, león, oso
y lobo, y el cabello largo hasta las espaldas, y cortado por de-
lante. Su comida era todo género de caza y panes de Mexquitl^
una clase de árbol que da una fruta seca, dulce y sabrosa. Su
habitación era las cuevas, y también tenían casas, pero cubier-
tas de paja. Sus armas, arco y flecha: y también usaban de cer-
vatanas los Señores para ir á caza, y ellos las inventaron. No
se casaban sino con una sola mujer, y ésta no parienta cerca-
na, como es hermana ni tía en segundo grado, y no siendo és-
tas, casaban con parientas. Cuando morían los señores se en-
76 OBRAS HISTÓRICAS DE
terraban en sus palacios, y los villanos en sus casas. No tenían
ídolos: llamaban al sol padre y á la tierra madre. A la primera
caza que tomaban la cortaban la cabeza mostrándola al sol,
como sacrificándole, y labraban la tierra donde se derramaba
la sangre y dejaban puesta la cosa que sacrificaban. Tenían
también ciertas órdenes de gobierno para la República, ciuda-
des, pueblos y lugares, provincias y reinos, distintos unos de
otros: Usaban todos los palacios muy encalados: comían todas
las cosas de caza asadas. Las mujeres tenían sus huepiles y
enaguas de martas: tambiéii iban calzadas con sus cutaras. Se
coronaban los reyes según el tiempo: si estaban en guerra, con
una guirnalda de roble con unos plumajes de águila real pues-
tos hacia el cerebro y asidos con unas joyas redondas de oro
y algunas piedras preciosas y plumas finas; y si era tiempo de
paz y de aguas, se coronaban de laurel, con unos plumajes ver-
des finos de una ave muy preciosa llamada QuetzaltotoÜj de la
misma manera que los otros; y el tiempo de secas se corona-
ban con unos ramos que se crían en las peñas, blanquizcos y
una flor colorada en la punta, casi (igual) á la que nosotros lla-
mamos Armisga^ la cual ellos llaman Teoxuchtíl^ que quiere de-
cir jlor de Dim^ con los mismos penachos, Y los señores se
coronaban con la que se cría en los árboles, que son aquellas
barbasas, que propiamente es Amusga. Poníanse joyas en el
pescuezo y en las muñecas de las manos. Usaban en las guerras
tocar una vocina y caracoles, y tenían unos atambores y tepo-
naxtles. Otras muchas costumbres y ritos tenían y tienen en
su naturaleza que sería muy largo de contar.
Hay muchos géneros de Chichimecos, unos más bárbaros
que otros, y otros indómitos, que andan como gitanos, que no
tienen ni rey ni señor, sino el que más puede ese es su capitán
y señor, y otros que unos á otros se comen. Elstos tales no son
del linaje de los de esta tierra, porque tienen sus repúblicas,
ciudades, pueblos, etc., y guardan ciertas leyes, no dejando lle-
gar á éstos á sus tierras. Siempre los echan y los traen muy
oprimidos, no dejándolos en los poblados, sino en tierras aspe-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 77
ras y desiertas, donde ellos se guarecen muchas veces. Los re-
yes y señores Chichimecos los han querido poner bien, dándo-
les señores que los gobiernen; (pero) se han levantado contra
ellos y los han muerto: y así, como gente perdida los dejan y
no hacen caso de ellos. También hay otros de esos Chichime-
cos sin señor, que son grandes idólatras y traen consigo al de-
monio un ídolo suyo. Otras muchas costumbres hay en esta
nación, que sería muy largo de contar, pero vamos á las que
nuestra historia promete, que son muy diferentes en todo.
Estos hombres (son) valerosos y de mucho gobierno; cum-
plen su palabra y no la quebrantan; son virtuosos y buenos ami-
gos, altos de pensamientos y de obras. Los señores valerosos de
esta tierra, por sublimarse, decían que eran Chichimecos inven-
cibles y obedecidos por toda la tierra; y llamar á un rey Chichi-
TnecOj era como decirle la más suprema palabra que se puede
decir, y todos los valientes se preciaban de este nombre, como
aparece en sus cantos é historias, que aún hasta hoy cantan los
naturales, especialmente de una que llaman Canto de Mercade-
res^ por ser de peregrinación, que bien interpretado dice: — **¡0h
Aculhuas naciones! — Yo soy aquel Chichimeco que fui prosi-
"guiendo con mi rodella, triste y pensativo, adonde tengo de ir
"á perderme, ó volver con bien, aunque con trabajos y guerras.
"Llegué á la provincia de Tlapalan, etc." — Este canto da á en-
tenderlos trabajos, peregrinaciones y conquistas que hizo el va-
leroso Ixtiilxuchitl, que después se llamó D, Fernando^ Señor de
Texcuco, que fué el que favoreció y ayudó á los Españoles, sir-
viendo á Dios y á su Majestad con su persona y bienes y vasa-
llos, donde se echa de ver lo mucho que estimaban los Señores
de esta tierra ser descendientes de Chichimecos y el nombre de
ellos. (En) otro canto (exaltaban) las grandezas del gran Neza-
hualcoyoÜ^ que fué el mayor y más poderoso de cuantos hubo
en esta tierra, y el más sabio, recto y justiciero; y por sublimar-
le, después de haberle dicho que su fama llegaba hasta lo más
alto de los cielos y que su nombre (llenaba) todas las naciones,
le alababan y se humillaban á él. Le dicen luego — "eres mo-
78 OW/S nt&tÓiaCA» DE
narca Chicbiroeííatir — y (a3Í) hajr otros muchos cantos donde
se echa de ver 3er la nación de más alta prosapia, y la genera-
ción más valerosa de cuantas hay en la Nueva España, ni
hubo.^
Los monarcas, señores Chíchimecas antepasados del gran
Chichim^Cftü XoMl, de tos que se les halla historia y pintura
fueron lofj siguientes^ que tenían su imperio debajo del Septen-
trión. ^
En el a&Q de te Encamación de nueslro Señor Jesucristo,
TRECE AGATi., y já Ja nuestra 542, en el segundo del pontificado
4e VigiHo U^ en el décimo ^gundo del imperio do Juetítdaaioj
en el mismo del gobierno de Tbevdip en España, entró á gober^
nar las bárbaras naciones Cbichimecas loavUzinj estando los
Tultecas en Tulantzineo, irece aSíos antes de la fimdación de Tu*-
la, el cual fué el que dio un hijo suyo por rey de los Tultecas,
que fué el primero llamado ChalíMvhtlanextdn^ como ya lo teur
go declarado (vid* pág. 20), gobernó 180 años, y murió casi á lo
último de ellos.*
Lo heredó su hüo Moteloquidm^ hermano mayor de Cfudehiur
ilci,fiextmM§\^ g(^rnó 156 a&os, y al último de ellos aauríó. ^
g$ dt Nttzfihu^cojoU que ñ;é el major 7 qMU poderctao de lo« rtyes qu« )iu/-
bo en esta tierra, pues sabido es que nuestro historiador descendía de los reyes
de Texcoco, 7 que al exaltarles abogaba por su propia causa. Xste es acaso el
ina7or defecto de sus escritos.
2 JSste párrafo estó copiado de la Cuarta Rdaeión de la Teroera S$ri6.
8 !^n la misma lUUieión citada se encuentivA la siguieiite 7 demás varian-
tes que iré notando, con respecto á la sucesión de los re7es Chicbimecas.
Icatihizin^ Yisabuelo de XoloÜ. comenzó á reinar en el año matl^cti^i om«t
▲CATL, 18 cañas, 7 nuestro 499, al cuarto del Pontificado de Félix III, déci-
mo tercero del Imperio de IZenón, 7 primero de Alarioo en España. €tobern45
cierUo ochenta añoa. (Vide la nota slguiepte.) — B.
4 Mozeloquiizin entró á gobernar en el año matljíctlonc^ ACÁtl, once ca-
ñas, 7 en el nuestro 669, en el décimo segundo del pontificado de Yiteliano;
segundo del imperio de Constantino 7 décimo segundo del reinado de Bese-
sundo en Bspafia. Murió después de haber gobernado ciento cincuenta y acia
añoa en el año MATLA.CTLI TocHTLi, diez conejos, 7 en el nuestio 625, en el
DOV FEBXÍAXÚO DE ALTA aOUUUHmUU 79
Hay aquí dos dudas, la una, TÍvir más el ber mano mayor que
el menor; mas á esto se responde, (que) según laparece ^n las
historias de los Tulteeas, (éstos) tenían una costumbre; y era
que no habían de gobernar sus reyes más que cincuerUa y dos
aSlos^ como ya lo tengo declarado, ^ y así antes del tiempo les
quitaban la vida cumplidos los cincuenta y des afios^ porque
todos morían muy mozos. Y la otra duda sobre cómo podían
viyir tanto, á esto se responde, que aún hasta hoy día muchos
naturales viven casi den años, y otros pasan de ciento, como es
D. Lucas Cortés CkdaiUa^ como ya lo tengo declarado arriba,
que está para vivir otros veinte ó treinta, según las fuerzas y el
buen aspecto que tiene; y bien se le hecha de ver ser muy an-
tiguo, según él dice y los de su pueblo, y tener defnio oáio años^
porque demás de las señales que da, tiene las orejas agujeradas
y el bezote, cuya dignidad no se daba si no era á hombres de
guerra. Otro viejo de Tezontepec^ del que vi un papel antiguo
en que constaba el año en que nació, y que no ha tres años que
murió, tenía ciento treinta años; y Tezozomoc^ rey de Áizcapuizal"
eoj descendiente de los señores Chichimecas, vivió trescienios
años; 2 y no es de espantarse, porque los reyes de esta tierra
vivían mucho.
Muerto Mozdoquixlzin^ lo heredó su hijo Tlamacatzin^ el cual
gobernó 133 años, y el último de ellos murió, que fué en el año
segundo del Pontificado de Eugenio segundo; en el undécimo del imperio de
Ludoyico I, y en el tercero del reinado de Ramiro en España.
En la Relación sucinta^ conservándose los mismos números k los años, se les
dan equivalentes diversos; así es que, se fija el principio del reinado de IcauK'
izin en Quinientoa treinta y uno, j el de Motetl O^ixtzin (así se le llama) en
716, y su muerte en 871.— B.
1 Sí; mas en ninguna parte ha dicho ni dice que mataran á los reyes antes
de cumplir este período. Aquí hay alguna laguna 6 descuido del copian-
te.—R.
2 La falta de cronología en lo que á los primeros tiempos de la historia se
refiere, hace que algunos de aquellos personajes primitivos aparezcan con eda-
des verdaderamente imposibles. Desde que la cronología se fija en tiempos pos-
terioreS) veremos que esos absurdos desaparecen.
80 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALTA IXTLILXOCHITL.
TRECE ACATL, al tiompo que se destruyeron los Tultecas, y con-
forme á nuestra cuenta el año de 1010 ^ heredándole Axcauh-
tzin^ hermano mayor de XobÜ^ el tercer poblador de esta tie-
rra después de la destrucción de los Tultecas, dejándole al!á
en sus tierras gobernando sus bárbaros Estados al tiempo que
vino á estas partes.
1 Esta fecha discrepa de las anotadas anteriormente, entre sí mismas bien
discordantes. — R.
SEGUNDA RELACIÓN.
De ¡avenida de XoloU á esta Herra, cómo lapobló ytomÓpoteHón de ella. ^
En el año de ge Tecpatl, que es wi pedemcU, al tiempo que
los Tultecas se acabaron de destruir, casi á los últimos de él,
tuvo noticia XoloÜ de los exploradores que venían á ver las co-
sas que sucedían en las tierras y reinos de TapiUzin, y de sus
calamidades, y. cómo ya de todo punto se habían destruido con
grandes guerras y persecuciones del cielo, sin quedar persona
ninguna; sino todo despoblado y arruinado. Acordó, en conse-
cuencia, llamar á todos sus vasallos, especialmente á los Seño-
res, para tratar con ellos de que él quería venir á poblar esta
tierra de nuevo, por ser tan buena y de buen temperamento,
y estar despoblada y sin contradicción ninguna; el cual, como
hombre valeroso y de altos pensamientos, lo puso por obra,
enviando á llamar á seis Señores vasallos suyos, que eran de
seis provincias muy grandes y de muy extendidas tierras, los
cuales vinieron dentro de cierto tiempo, y juntos todos les tra-
tó su intención, animándolos para ello, trayéndoles cosas á la
1 En este epígrafe se han reunido los de dos capítulos que en el original es-
t&n escritos con el mismo número y título de beoxtnda belación; ignoro si
por equivocación del copiante, 6 porque la una sea segunda parte de la otra.
Bn su propio lugar se advertirá dónde da principio ésta, y se asentará su pro-
pio título. — B.
Tomo 1—6
82 OBRAS HISTÓRICAS DE
memoria y prometiéndoles muchas mercedes; á los cuales to-
do les pareció bien, y le dieron su palabra de cumplir todo lo
que él mandase y quisiese; y así les mandó que juntasen todas
sus gentes, así hombres como miyeres, haciendo lo propio en
su ciudad y otras partes, y juntos todos, que ya era el año de
1012, ^ se partió con todo su ejército de hombres y de muje-
res, y depidiéndose de su hermano el rey Achcautzin, que re-
sidía en la ciudad de Oyome^ cabecera de la monarquía de los
Chichimecos, y encargándole mucho, que ciertos vasallos que
dejaba mirara por ellos, y que le avisara de todo lo que suce-
diera, y despedido de su hermano, partió para esta tierra ^ con
su esposa la reina Tomiyauh, que era Señora de Tomiyauh y
Tampicoj * y un hijo suyo llamado el príncipe NopaUdn, ^ y
con los seis Señores sus vasallos, sin los otros muchos parti-
culares: andubo dos añas por diversas partes, dando vueltas por
un cabo y otro hasta llegar á Cu£cde<xíÜiohocayanj en donde
reconoció muchos lugares, pueblos y ciudades de los Tultecas
arruinados. Y en todo este tiempo que anduvieron por diferen-
tes partes, adonde hallaban lugares acomodados y montuosos
para caza, se pertrechaban para lo de adelante, repartiéndose
por capitanías; y en los lugares que les ieütaba agua, talaban
magueyes y bebían el aguamiel y hacían conservas de maguey,
y en los lugares más acomodados ásu propósito venían dejan-
do algunas gentes y algunos nobles para sus gobernadores.
De esta manera vino Xolott á estas partes con Zenzonxipil-
1. Habían pasado cinco años que los Tultecas se habían destruídoi y estaba
la tierra despoblada, cuando vino á ella el gran Chichimeca XoloÜ á poblarla^
teniendo noticia por sus exploradores, de su destrucción, que fué en el año de
96S de la Encamación, que llaman macuilli Tecpatl etc. — Así comienza
el Capitulo IV déla Historia Chichimeca. — R»
2 "El cual salió de hacia la parte Seten trienal y de la región y pro-
vincia que llaman Chicomoztoe.^^ (Cap. IV. citado).
3 En este departamento hay una laguna que se llama Tamiaffua, y con el
mismo nombre se encuentra una hacienda cerca de Zacatecas. — R.
4 "Que ya era mancebo cuando vino á estas partes, y era uno de los
más principales caudillos de su ejército.'' — (Cap. IV. citado).
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHTTL. 83
¿ron¿K, que son 8.002,200 ^ hombres y mujeres, según aparece
de la historia y se halla en los lugares adonde los contó, que
fueron en más de cinco á seis partes: trayendo cada persona
una piedrecita pequeña, y echándola en el lugar destinado pa-
ra el efecto, se hicieron á un lado y otro dos montones muy
grandes de piedras pequeñas, y los capitanes y nobles traían
piedras mayores que las de la gente común. Esta fué la orden
que tuvo XoloÜ para contar y saber la cantidad de gente que
traía y si algunos se habían vuelto á su nación, para enviar por
ellos, con pena de muerte, señalando á dos Señores de sus va-
sallos para tener cuenta de esto, y á ¿tros caballeros; y á es-
tos lugares les quedó el nombre de lugar del contadero^ que es
NepohucUco. También contó á sus vasallos otras dos ó tres ve-
ces en esta tierra, como fué en Nepohualco junto de OztotipdCy
pueblo sujeto á la provincia de Otumba, y otro Nepohualeo ade-
lante de Ecaiepec, pueblo que está en el camino de México y
tres leguas de la ciudad, (formado) al tiempo que entró en Te-
nayuoa Oziepulco, que fué muchos años cabecera de esta Nue-
va España, como adelante se verá.
Llegando con su ejército á Oueoptecatiychocaycm^ pasó á Co-
huoMecmac y de allí a Tepenec^ y de este lugar se fué á Tula ^
ciudad cabecera que fué muchos años de la monarquía de los
Tultecas, como ya está referido otras veces, el cual entró por
aquesta ciudad y la encontró toda destruida y yerma y mon-
tuosa. Estuvo allí algunos días mirando por un cabo y por
otro, si por ventura hallaba alguno de los Tultecas para poder
tomar razón de toda su destrucción, lo cual en este y en cuan-
tos lugares vido de los Tultecas, jamás vido persona alguna,
Dejando en este lugar alguna gente para que la poblasen, se
fué á JMkquiahiutMa y de Mizqaiahualla á Ihu^an^ ^ y de aquí á
1 "Sin las mujeres y niños era más de un millón." — (Cap. VI citado.)
2 Desde aqui comienza en el Cap IV, es decir, desde la llegada á Tula, la
historia de la peregrinación de los diichimecas, omitiendo en consecuencia,
todos los pormenores que quedan antes relatados.
3 Tochpan.
84 OBRAS HISTÓRICAS DE
un lugar de muchas cuevas junto á Xáliocany en donde estuvo
algún tiempo, que le puso XoloÜ su nombre y lo pobló, y fué
una ciudad en mucho tiempo muy buena y donde vivió muchos
años, que ya había cinco años que los Tultecas se habían des-
truido, que era en el año de qnco Tecpatl, que son dnoo peder-
Tudea, y á la nuestra 1015 años, en el sexto del Pontificado de
Benedicto VIII^ en el décimo séptimo del imperio de Enrique 11^
y en el noveno del reinado de Bermudo III en España.
Pasado algún tiempo después de haber despachado á algu-
nos de los Señores sus vasallos con gente y otros Señores par-
ticulares, á que fueran á descubrir tierras y ver si todavía ha-
bía algunos Tultecas, y les preguntaran de sus calamidades, de
modo que no los inquietaran ni les causaran molestia alguna,
y si alguno procediera contra esto, fuera luego muerto y casti-
gado con todo rigor; y que si U^^asen á algún pueblo ó ciudad
en donde hubiese gentes, tampoco les hiciese ningún daño, si
no fuera cuando ellos de su propia voluntad les quisieran ha-
cer guerra, que entonces les conquistaran y siyetaran á fuerza
de armas: hecho todo esto, se fueron, su hijo el príncipe iVo-
paltzin y otros Señores, con el ejército poderoso, dejando en
la ciudad de Xoloc algunos caballeros para que la gobernaran.
En el ínter, se dirigió á ZempoaUan buscando los lugares más
acomodados á su propósito, y de aquí á Tepupuleo^ y de aquí
á OzloÜ y Ckxhuacallan^ á TqKidepec^ y de aquí al cerro llamado
Alonan^ subiéndose á los más altos montes para saber y recono-
cer la tierra, que todos los lugares que tengo dichos son muy
altísimos y sierras grandes, de donde se reconoció la tierra ó
gran parte de ella; y pareciéndole que hacia el Mediodía había
alguna parte, ^ por ciertas señales de humo que vido por el
aire, hacia la laguna, envió desde aquí á su hijo el príncipe No-
paüdn con la mitad de la gente para que fuera á reconocer por
aquel lado si había alguna gente y si los lugares eran buenos
para poder poblar; y con esto, desde aquí se volvió á su ciu-
1 Parece quo debe decir: "^«nte." — R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 85
dad de Xoloc con la otra mitad de su ejército, y el hijo se fué
en la prosecución de su demanda.
El primer lugar á donde éste llegó, fué Oztoticpac, lugar de
muchas cuevas, que era lo que más buscaban, y de aquí á Cb-
huatipac^ y de ^ OudxaUauhco Tepetiaoztoc, y de aquí á Zinacdoz--
toe lugar adonde él y sus descendientes vivieron muchos años;
y hoy en día están las cuevas muy curiosamente labradas y
encaladas, con muchas caserías y palacios, bosques y jardines;
y de este lugar se subió al cerro de Ouauhyaca, en donde vido
un templo muy grande de los Tultecas que estaba en aquellos^
llanos, con muchos edificios arruinados, llamados ToUeeatzo-
pan^ y de aquí un cerro alto llamado PcUlachiuhcan, ^ y de Pa-
Ücuihwhcan á Tezmtsinco^ ^ que después fué bosque de sus des-
cendientes; y luego se subió por la sierra de Tlaloc, que es
la más alta que hay en toda la comarca de Texcuco y México,,
desde donde vido todas las tierras que caen hacia Cholula,
Huexotzincoy TlaxcaUan y otras muchas tierras y provincias^
todas despobladas y sin gentes; y bajándose de aquí vino has-
ta la laguna y hasta Oztodipac, lugar de la ciudad de TexcucO)
y (en el) que muchos años vivieron allí sus descendientes; y de^
aquí á JSuextUla, y de aquí á Tachachalco, adonde es ahora Cb-
hvaÜiehan^ y de este lugar á OztoMectlacoyan, de aquí á TMa-
noztoc; y después de haber visto todos los lugares ya referidos
muy buenos y para su propósito y habitación, se subió á un
cerro muy alto en donde reconoció haber humareda en tres lu-
gares, de las gentes que por allí vivían, que era ya apuestas del
sol, los cuales fueron (ó eran) en TldxcaHan y en la sabana de
OuOiuacan y en CkapuUepec. Pareciéndole que por allí no se
podía ir, por estar la laguna de por medio, se volvió á Xoloo
con su ejército, pasando por Teotihuacan^ ciudad muy grande
que fué de los Tultecas; y llegado que fué, dio á su padre razón
1 Es probable que entre éste y el siguiente nombre falten las palabras ^^y:de
2 Quizá el mismo, ó cercano á lo que boy se llama PacJmca, — ^K.
8 Debe ser Tezcutzinco.
86 OBRAS HISTÓRICAS DE
de todo lo que había visto y la tierra tan buena para su per-
manencia, y cómo en (algunas de) sus partes vido como (hu-
mo) que salía de las casas de los moradores de ellas. Oída por
XoloÜ la razón que le traía su hijo, se holgó mucho, y antes
que él viniera á XohÜ^ cuando envió á su hijo, había ido á
Cahuae^ ciudad muy grande, que había sido de los Tultecas,
desde donde se volvió.
Pasados algunos días, llegaron los Señores que había des-
pachado antes que saliese de Xoloc, como ya lo tengo declara-
do; los cuales le dieron razón de todo lo que habían visto, y
cómo habían ido á muchas y diferentes tierras, y no habían
hallado más que en cinco partes á algunos caballeros Tultecas
con algunos vasallos suyos, que les dieron razón de sus cala-
midades y destrucciones, y cómo por las costas y otras tierras
remotas había también algunas gentes, y que para su habita-
ción y morada estaba muy á su propósito, en parte sana y bue-
na^ un lugar junto á la ciudad que fué de los Tultecas, llamado
IhdtiUany que se decía Tenayuca; el cual se holgó mucho de
oh* esto, y luego determinó irse á Tenaytica, en donde pobló é
hizo una ciudad muy grande, que fué cabecera muchos años
de la Nueva España, dejando en XoloU ^ un caballero que la
gobernase. ^
^ Estando Xolcti ediñcando su nueva ciudad de TeTiayuoa,
que era en el año de 1015, acordó tomar posesión de toda la
tierra de una mar á otra, y para esto juntó á los seis Señores
sus vasallos ^ (que lo acon4>afiaban desde la salida de su pa-
tria, á) los cuales les decían, al primero CatomaÜj al segundo
1 El autor confunde el nombre de XoloÜ con el de su ciudad Xoloc.
2 El autor omite en el citado Cap. lY, todos los pormenores referidos has-
ta aquí desde la llegada de XoloÜ k Tula,limitándo8e á decir que después de
varias escursiones hechas por sus exploradores, llegó y 1^6 su asiento y corte
en Tenayocan OziopolcOj lugar de muchas cuevas. — R.
8 Aquí comienza la Segunda Relación anunciada en la nota puesta al prin-
cipio de ésta. Su titulo es: De cómo tomó posesión de la tierra XoloÜ. — R.
4 que se llamaban AeatomaÜy QuahuaÜí^cMUf Oozcaquauh^ MiÜiziaeCy
Teepan, IztaequauhÜUa. — (Cap. IV citado.)
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 87
CuauhÜapal al tercero Cozcamah^ al cuarto MUliztany al quinto
Tecpa, al sexto IdacciuiuklR, sin otros señores particulares va-
sallos de XoloUy y de estos seis Señores y de su hijo el prínci-
pe NopaUzin; y juntos todos, les dijo, según aparece de sus his-
torias, que quería tomar posesión sobre toda la tierra, haciendo
sus mojones en los más altos montes y cerros; y haciendo sus
atadijos con unas yerbas largas que se crían en los montes,
que se llaman maliiwM, al uso del esparto de España, encen-
der ftiego sobre ellos, pues sin contradicción ninguna la toma-
ba por suya, no quitándosela á nadie ni quebrantando la pala-
bra de su bisabuelo Icauhtzin^ pues ya todos los Tultecas se
habían acabado, y si había algunos eran pocos, y éstos, ^ con
dejarles tierras á su gusto donde ellos y sus descendientes va-
yan poblando, señalando y repartiendo' pueblos, lugares, pro-
vincias y ciudades, con las diligencias, ritos y ceremonias que
conviene para este efecto, haciendo cercados y bosques para
todo género de caza con que sustentarse.
Este acuerdo y mandato de XoloÜ les pareció muy bien á los
Señores sus vasallos; y luego él personalmente con su hijo el
príncipe Nopaüñn y alguna gente, así nobles como plebeyos,
salió de la ciudad, (que cae hacia el Poniente respecto de aque-
Ua ciudad) ^ y se ftié derecho á un monte que se dice XocoÜ^
que cae hacia el Poniente respecto de aquella ciudad, muy alto,
se subió sobre él, y fué la primera parte en que hizo las dili-
gencias que ellos usaban, tirando un Señor Chichimeca cuatro
flechas con todas sus fuerzas por las cuatro partes del mundo,
Occidente, Oriente, Norte y Sur; y después atando el esparto
por las puntas y haciendo fuego, y otros ritos y ceremonias de
posesión que ellos usaban, se bajó del cerro, que es en el pue-
blo de XocoHUan ^ leguas de Tenayuca^ y se fué á otro
cerro muy alto que se dice ChiuhnavhtecaÜ^ ^ y de éste á MaM-
1 Aquí, para qae haya sentido, falta algo, como v. g. quedar^lan contentos.
2 Lo contenido en el paréntesis, es una repetición escapada al copiante. — B.
3 En blanco en el original.
4 Xiuhnauhiecatlf 6 más bien el Tolcán de Toluca llamado Xinantecatl.
88 OBRAS HISTÓRICAS DE
nctfco, donde iba haciendo las mismas ceremonias; y antes de
bajarse del primer cerro llamado XocoÜ, envió á cuatro Seño-
res por hacia las cuatro partes del mundo, conforme se tiraron
las cuatro flechas, para que tomaran posesión de toda la tierra
que había sido del gran Topützin, de una mar á la otra, cada
uno con su ejército, porque si en algunas partes hubiese Tultecas
y les quisiesen estorbar, se entendieran con las armas; y si bue-
namente les recibían, los dejasen en sus tierras; los cuales (los
Señores) cada uno se fué hacia la parte que le cupo; y tornan-
do Xoloti, que había ido hacia el Mediodía respecto de Xocoti'
tíán, en el cerro de MaUnako^ dio la vuelta entre Oriente y Sur
y ñié derecho al monte de Bzuoan^ en donde hizo las mismas
diligencias, y de aquí al monte de Aílixcahuacan^ y de aquí á
Temaldcayocan, y de aquí dio vuelta hacia el Norte y fué dere-
cho al cerro llamado PoyauktecaÜ y á XiubiecuhtíÜan, y de aquí
á Zacatian y de aquí á Tenamüec, y de aquí dio vuelta hacia el
Poniente y fué á salir á Ouauhchinanoo^ á Tototqpee y de aquí á
Mextidan^ á Ouaxqtidzaloyan, y de aquí á AtoUmüco, y de aquí
dio vuelta hacia el Mediodía y vino á salir á Ouahuacan, y de
aquí á XocotiOan^ donde había comenzado, y luego á su ciudad
de Teimyuca á ordenar lo que sigue:
Después de haber hecho XoloÜ la demarcación que hizo, y
enviado á los cuatro Señores para tomar posesión de la demás
tierra que quedaba de una mar á otra, y estando ya en la ciu-
dad, mandó repartir toda la tierra que estaba dentro de esta
primera demarcación á todos sus vasallos, dándole á cada no-
ble la gente que le cupo y un pueblo para que fundase con
ellos, é hizo esta demarcación primera para poblarla con la gen-
te que tenía; y la segunda, que fué de toda la tierra de una mar
á otra á donde envió los cuatro Señores, para que los que se
fueran multiplicando, y los que vinieran se fueran acomodando
poco á poco y poblando toda ella, como después sus descen-
dientes la poblaron, poniendo á cada pueblo el nombre del no-
ble que lo poblaba, y en los lugares señalados de los Tultecas,
como eran las ciudades, no quitándoles el nombre; lo cual así
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 89
se hizo, como aparece en la demarcación que en la ciudad de
Azcapatzalco ^ le cupo á un caballero llamado IxpuizcU^ y asi se
llamó este lugar primeramente, aunque después se corrompió
el vocablo poniéndole Azcapotzalco, que quiere decir hormigtiero^
por haber sido una de las mayores ciudades que ha tenido esta
tierra; y en Tlacopan se decía TlaeamancUzin^ y se echa de ver
que casi es lo propio; y con estos dos basta para que se entien-
da el origen y nombre de los pueblos, por excusar prolijidad.
Pasados casi cinco añoa^ que ya era en el año diez Galu, que
son diez casas, y á la nuestra 1020 de la Encamación, volvieron
los cuatro señores que habían ido á tomar posesión de toda la
tierra, á darle razón á XoloÜ su señor de lo que habían hecho:
en las costas del mar de Sur y Norte había gente Tulteca, como
era TecuanUpec, Tototepec, Ouaktemallany TecocoÜan, Ouavhoar
cualco, Xiuhoohuac y otras partes, que como estos Tultecas los
recibían bien, dejándoles tomar posesión libremente y dándose
por vasallos suyos de XohÜ, y como les habían dado tierras á
su gusto, donde poblaran ellos y sus vasallos, á fin de todo lo
que habían hecho, dieron razón á XobÜ su Señor; el cual se
holgó mucho y les dijo todo lo que él acá había ordenado y
mandado, lo cual tuvieron por bien holgándose de ello. Cum-
plidos ocho años 2 que estaba en esta tierra, vino otro señor Ghi-
chimeca, vasallo suyo, con algunos Chichimecas de allá de su
patria, dándole razón de todo lo que había pasado desde que él
salió hasta que este Señor se vino, que se llamaba Xiotecua: se
holgó mucho de verle, y le dio un lugar donde poblaran él y sus
1 Aizeapoizaleo.
2 £n el capítulo 4? de la Historia Chiehimeea Be refieren estos sucesos de
la manera siguiente: — "Había poco más de veinte años que este gran poblador
'^ [XoloÜ'] estaba poblando, cuando comenzaron á venir otros seis caudillos de
"su misma nación, también con cantidad de gente, que venían en su segui-
" miento, entrando cada caudillo un año tras otro; el primero se llamaba Xi-
" yoteeua^ el segundo Xiyotzoncua^ el tercero Zacaüiechcochi^ el cuarto HuU
" huaxtirij el quinto TepoUonieaea^ y el sexto y último lizquinieeua^ á los cuales
" recibió y mandó poblar en las tierras y términos de Tepetlaozioc,*' — Parece
que las variantes pueden explicarse con los descuidos del copista. — R.
90 OBRAS HISTÓRICAS DE
vasallos, y que hicieran un cercado de todos géneros de caza,
para que le tributaran y le dieran de esto reconocimiento. El
año siguiente vino otro asimismo vasallo suyo, llamado Xiotzo-
necua, y luego cuaJbro años después fueron viniendo otros cua-
tro, también vasallos suyos, y que el primero se decía Zacatítex-
cotzin^ el segundo Huüzihuaaizin, el tercero Tepozotecua^ y el
cuarto JzcuiUoah, los cuales todos eran vasallos de XohÜ y de
su mujer Tomiyauh^ que también traían cierta cantidad de Chi-
chimecos, que á todos les dio tierras XoloUsxx Señor, en donde
poblaron, y les mandó hiciera cada uno de éstos un cercado de
caza para el tributo y reconocimiento que le habían de dar; y
aparece por la historia que fueron los lugares de TepeÜaodoc
y Oztotipacj Tmayucan y otras partes. Eran estos Ghichimecas
casi indómitos; por eso no quiso Xohtt darles tierras largas y an-
chas donde poblaran y fuera de la demarcación que hizo perso-
nalmente, sino lugares pequeños y cercados de los otros, y con
más reconocimiento y menos libertad que los otros, temiéndose
de ellos no en algún tiempo viéndose fuera de los otros y le-
jos de la corte, se alzaran como otras veces lo habían hecho sus
pasados, porque era una gente soberbia y muy sobre sí; los cua-
les, andando el tiempo, vinieron a alzarse, con estar tan cerca
de los otros, como adelante se verá.
Después de sucedidas las cosas referidas, murió Xiuhiemoc^ el
Señor de Gulhuacán, Tulteco de los que escaparon como ya lo
tengo dicho, heredándole el señorío NauhyoÜ su hijo, el cual
fué el primero que se hizo reconocer por legítimo sucesor del
señorío de los Tultecas, convocando y llamando á todos los de-
más caballeros que estaban en diferentes partes para que lo ju-
raran, los cuales, que ya iban multiplicándose, todos vinieron á
Culhuacan y á gusto de todos fué jurado por rey de los Tulte-
cas, aunque desde este tiempo tomaron nombre de Cxdhuaa^ por
ser su cabecera Culhuacan; y este Nauhyott fué el primer rey de
Gulhuacán, Tulteca, el cual casó con Iztapantzin hija de Pixa-
huay Tulteco, Señor de Cholula, como ya lo tengo declarado, y
deudo muy cercano suyo, de la casa y linaje de los reyes Tul-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 91
tecas; y casado con esta señora tuvo en ella una hija que se lla-
mó Ibxochipantzin: pasados algunos años, cuando ya esta Toxo- \
ckiparUzin era de edad de veinte años, acordándose NauhyoÜ de
Pochoüy hijo legítimo, sucesor del gran TopiHzin^ que ya era de
edad de más de cuarenta años^ y que estaba en Cuauhtitencoy
lugar cerca de Tula, con la ama que le había criado, con hartos
trabajos y miseria, según aparece en la original historia, com-
padeciéndose de él y de cómo aquella dignidad que tenía (per-
tenecía) á él de derecho, acordó casarlo con su hija para que
en muñéndose heredara el reino sin contradicción ninguna. Le
mandó llamar y los casó, con muchas fiestas y regocijos y á
gusto de todos, con los ritos y ceremonias que ellos usaban, que
eran sentarlos en una sala muy grande adornada con muchas
flores, en medio de ellos un fogón, el hombre sentado al lado
derecho en su silla, y la mujer á la izquierda en su estrado, y
diciéndoles ciertas palabras que habían de cumplir y guardar,
los ataban con sus mantas el uno al otro, y echando liquidám-
bar é incienso y copal en el fogón con que los zahumaban, y les
echaban en el pescuezo cadenas de flores, y guirnaldas en la
cabeza; luego, de allí á un rato, después de haberles dado el pa-
rabién, los llevaban al templo con muchas fiestas y danzas; su-
bían las gradas, sólo ellos y sus padrinos y padres, quedando
toda la gente abajo. Salía á la puerta del templo un sacerdote
revestido, y los perfumaba con un incensario, y luego los lleva-
ba de la mano, poniendo al varón al lado derecho y á la hem-
bra al izquierdo, y los llevaba juntos al altar del ídolo ó demo-
nio, el sacerdote mayor, diciendo ciertas oraciones: se volvían,
y les ponía unas mantas muy galanas, que en medio de ellas
estaba pintada la muerte, tornándoles otra vez á perfumar: sa-
lían del templo y al bajar las gradas les daban otra vez el pa-
rabién, é iban las danzas y se hacían fiesta hasta su casa, en
donde comían y se holgaban todos aquel día; en la noche los
encerraban en el aposento adonde habían de consumar el ma-
trimonio según su modo. De este modo se casaban los Tulte-
cas y Señores que fueron de esta tierra, del modo que lo tengo
92 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
declarado, según aparece en el casamiento de PoohoÜ, el cual
tuvo dichoso matrimonio con esta señora, teniendo en ella cinco
hyos, los cuales fueron: el primero, Achüometl^ que heredó el
reino; el segundo, que fué hembra, se llamó Aztaxochitzin, la
cual murió de edad de veinte años siendo doncella; el tercero,
Mazahuatzin; el cuarto AzcaÜxochüzin, que casó con el príncipe
Nopaltzin; el quinto, Iztcuizontzin. A estos dos últimos, siendo
ya grandes, los envió á Ikduca con sus ayos y amas para que
allá los criaran, dejando sólo al sucesor consigo.
TERCERA RELACIÓN.
De úbmo dio tenorios á lot seit Señores, y venida de los AeuXhwu.
A los primeros días del año de ce Tecpatl Xiuhtlalpilu, que
es un pedernal^ atadizo de añds, y á la nuestra 1063 de la En-
camación de Cristo Señor nuestro, en el segundo año del Pon-
tificado de AlgandroII, al sexto del imperio de Enrique IV y
el último del reinado de Femando I en España, acordó XoloÜ
darles señoríos á estos Señores vasallos suyos, y para esto los
llamó y les mandó de esta manera: que á Cohuatlapal y Cbz-
caeuauh les daba hacia la parte del Sur, para que ellos y sus
descendientes, ftiera de la primera demarcación, fueran poblan-
do con sus vasallos y fueran señores de todo aquel lado, ellos
y sus descendientes, dándoles por cabecera de sus reinos y se-
ñoríos á Mamalihudzoo^ haciendo aquella ciudad dos cabeceras,
una para Cozcacuauh y las provincias y tierras que le cupiesen,
y otra para Cohuatlapal por lo consiguiente; y á Acai&mati le da-
ba, hacia la parte del Norte, para cabecera de su reino y pro-
vincias, ZoRuatepeU; y á MU, hacia la parte del Oriente, dándole
aquel lado y por cabecera de su reino la ciudad de Tepeyaca^
por ser ayo y maestro de su hijo el príncipe NopaUzin; y á Tec-
pa é IzcaeuauhoUi les dio hacia la parte del Poniente, dándoles
á Anuixahuacan por su cabecera, con la misma orden de los de
Mamalihuazco^ y que solamente le dieran cierto reconocimiento
94 OBRAS HISTÓRICAS DE
cada año como á su Rey y Señor monarca, él y sus descendien-
tes; de lo cual se holgaron mucho y dieron su palabra de cum-
plir todo lo que se les mandaba, ellos y sus descendientes, res-
petándolo como su señor y monarca, y sus sucesores; y con
esto se fué cada uno á la parte que le cupo.
En este mismo año, después de dados los reinos y señoríos á
los seis Señores, llegaron los tres Señores AcuOmaa^ llamados:
el primero y más principal, AciUhua; el segundo, Chiconeuauhy
y el tercero Tzontecorrui^ con mucha cantidad de vasallos, entre
los cuales trajeron también consigo la nación de Otamüesj que
teniendo noticia de la grandeza del gran XoM, cómo había to-
mado posesión de toda la tierra, y la iba poblando, vinieron á
darle la obediencia, y que les diera tierras donde poblasen; y él
se holgó mucho de verlos, porque era gente polífica y de buen
gobierno, y dándoles tierras para que poblasen, casó á dos de
ellos con dos hijas que tenía, hermanas del príncipe NopaÜdn^
que después nacieron en esta tierra: al más principal, que era
AcuUmaj le dio á su h^a la mayor, llamada OaaíUixoohiÜ^ con
la ciudad de Atzcapidxaloo por cabecera de su reino y señorío;
con otras muchas tierras.y provincias que poblaron sus vasallos;
y á Chiconcuauh^ le dio una h^a menor llamada Cihuaexochi y
la ciudad que era de XaUocan por cabecera de su señorío, con
otras muchas tierras para que poblasen sus vasallos; y á Tzon-
tecoma le dio á Acohiudlichan Acolhuacan^ que así se llamó des-
pués, por cabecera de su señorío, y otras tierras para que sus
vasallos poblaran como los demás sus compañeros, casándolo
con una señora llamada Qhuatdzin, hija de GudchiuManetzin,
Señor de TUdmanalco, Tulteca, y nieto de Pixahua. De esta
manera los acomodó, diciéndoles que solamente lo habían* de
reconocer como á su señor y monarca, sin tributo ninguno.
Estos Aeidhiuis eran de adelante de las provincias de Jü/íc-
kuacan (Mechoacan), gente corpulenta, y también Chichimecos.
Vestíanse unas túnicas largas, de pieles curtidas, hasta los car-
cañales, abiertas por delante y atacadas con unas á manera de
agujetas, y sus mangas que llegaban hasta las muñecas de las
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 95
manos, y sus cutaras de cuero de tigre ó de león; y las mujeres
sus huepiles y enaguas de lo propio, y el pelo largo, ni más ni
menos que los de XolatL Sus armas eran arco y flechas y lan-
zas. Trajeron un ídolo que adoraban al que llamaban Cbcopítf,
y en todo se parecían á los Chichimecos de la nación de Xoktt^
excepto en ser idólatras y tener ritos y ceremonias de idolatría
y usar de templos y otras costumbres. Estos Aculhuas andu-
vieron por diversas partes euarerúa y nueve aflos, según se lo
significaron á JToM hablándole de sus peregrinaciones y de que
eran cincunvecinos de los Hue¡/ÜapaUecas TuUecas que destru-
yeron á los Tultecas de esta tierra. Otras muchas cosas hay
acerca de estos Aculhuas, que sería muy largo de contar
por relación de todo, y así, baste lo dicho para conocer su
origen.
Hacía ochenta y un años que los últimos Chichimecos tribu-
tarios habían venido, que según la original historia fué en el
año CE ACATL, treinta y nueve años contados de la venida de
los Aculhuas, que conforme á nuestra cuenta fué en el de 1102,
en el tercer año del Pontificado de Pascual II, pocos años des-
pués que tomó Oodofredo á Jerusalen, á los 42 del imperio de
Enrique IV j á los 29 del reinado de Alfonso VI en España,
cuando vino lamitij hijo del señor Tzontecoma á CohuaÜiehan
Aoolhuacan á ver á Xolotí, para pedirle le hiciera merced de
dar algunos de los pueblos de los Chichimecos tributarios á un
hijo suyo, mancebito de poca edad, llamado Huetzin y nieto de
Cozcacuauh su vasallo. Este señor estaba casado con Malinal-
xuchi hija de Cozcacuauh, uno de los seis Señores vasallos de
Xoloti, el cual se holgó mucho de verle y le hizo merced de Te-
peüaoztoc y otros lugares de los Chichimecos tributarios; y por
esto la historia, para dar á entender cómo los Señores Chichi-
mecos cumplían todos su palabra y parecer, que á Tzontecoma el
dio la palabra, ya que no lo casaba con hija suya, de casarlo
con hija de algún Señor vasallo suyo de los más nobles, y que
á él y á todos sus descendientes los favorecería mucho y les
haría mercedes en todo lo que se les ofreciese; y así IxmiÜ,
96 OBRAS HISTÓRICAS DE
acordándose de estas palabras, determinó ir á ver á su rey pa-
ra que las cumpliese como lo hizo, el cuál se hallaba entonces
en unos jardines que había fuera de la laguna grande, recreán-
dose, en compañía de su hijo NopaUzin.
Estando esta tierra de la manera que hemos contado, y re-
cien venidos los Aculhuas, determinó XoloÜ casar á su hyo el
príncipe NopaUzin^ y viendo que para su calidad no había otra
persona á propósito sino la infanta AzcaÜ Xuchül^ hya legítima
del príncipe PochoU y nieta de Topütdn^ cuyas tierras él pobla-
ba por su destrucción, la cual fué traída de Toluca, que allá co-
mo tengo dicho, su padre la había enviado; y traída la casaron
con NopaUzin^ haciéndose grandes fiestas, hallándose en ellas
todos los Señores sus vasallos y muchas gentes. Casados que
fueron, dentro de poco tiempo tuvieron un h^jo que se llamó
TtoUzin^ y PochoU por su abuelo, el cual fué tercer Señor Mo-
narca Ghichimeca que hubo en esta tierra, y luego de allí á po-
co tiempo tuvieron otro hijo llamado ToaieguihucUzin^ y el úl-
timo, que fué Ateoatzin Apotzodzin; estos hijos tenían á los siete
años de casados, y uno bastardo que tuvo NopaUzin, llamado
TeTicUcacaUzinj que después tiranizó los reinos del legítimo su-
cesor su sobrino Quinatzin.
De allí á tres años que IxmiÜ pidió las mercedes dichas á
XoloU, que era en el de ce Tegpatl, y á la nuestra 1116, casi al
principio, se fué NopaUzin con algunos criados hasta ZacaÜan,
para ver si aquella tierra era buena, pues quería pedirla á su
padre para sus hijos los dos infantes menores. Ido que fué y
visto que toda aquella tierra era muy buena, y que los que la
habían poblado se iban multiplicando, se alegró mucho, y es-
tando allí se acordó de su ayo el Señor de Tepeyaca, que hacía
muchos años que no lo veía, y acordándose de lo mucho que
lo quiso cuando lo criaba en su patria y naturaleza, y estando
triste y pensativo, quiso ir á verle á su ciudad y de allí volver-
se á Texcuco, adonde le dijeron que estaba su padre haciendo
un cercado y bosque para caza y montería con cuatro provin-
cias que para el efecto había llamado, que eran TepepulGo, Zem-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 97
pohualcan^ Tolantzinoo y Tula: fué, pues, y estuvo algunos días
con su ayo holgándose, y después se volvió derecho á Texcuco,
adonde halló ásu padre que acababa de cercar un cerro que
estaba detrás de TecuabAny y metido en ^1 muchos venados,
conejos y liebres, y estaba levantando unas casas, y allí le dio
cuenta de lo que le había sucedido, y cómo había ido á ver á
su ayo, y á Zaoatlan, para pedirle le hiciese merced de darle
aquel lugar á sus dos hijos los menores, nietos suyos, el cual
se holgó de ello, y luego les envió por Señores á aquella par-
te, dándoles á Toxtequihuatzin^ TzacaÜan por su cabecera, con
otras muchas tierras, pueblos y lugares; á Apotzoddn^ en Tena-
müec con la misma orden; y despidiéndolos se enterneció Xo-
totó y su hijo NopaMzin, viendo que estos dos infantes, que eran
muy mancebitos y de poca edad, les enviaban á partes algo
descuidadas de la corte, demostrando en esto la historia lo mu-
cho que los Señores Chichimecas querían á sus hijos, y cómo
de poca edad los ocupaban en cosas graves. Asimismo mandó
Zofotf, que su nieto, el legítimo sucesor, fuese á TlazaUan por
Señor, hasta que él ó su padre ordenasen otra cosa; y antes
de irse, le casaron con la infanta Toepa/ixochitzin hija de Ouor
huaüapal y de XUoxochüsAn^ uno de los seis Señores que trajo
XoloU consigo, con mucho regocyo y ñestas; y estando en su
Señorío de TlazaUan, tuvo en esta señora dos hy as, la primera
llamada MalvMUxockUdn, que casó con Ouahv<xÜapal, hijo de
uno de los seis Señores que trajo Xohtt su visabuelo consigo,
y la segunda AzUaUxochiU, que casó con TlaUepanidn^ hijo de
ChalMuhUanextzin, Señor de Tlaimanalco; y el tercero, que
fué el sucesor, se llamó Quinatsdn, y por otro nombre ÍYofíe-
catsdn; el cuarto, Tozanihuitzin Nopotbdn; y el quinto, Ihchinte-
cuhüi, primer Señor que fué de HuexuUa, y el último, Xiuqüe-
tzaUdn, primer Señor que fué de TlaxcaUan. Estos hijos tuvo,
como hemos dicho, Tlotzin, y su abuelo volvió á su ciudad des-
pués de algunos días.
Pasados casi 78 años que los Tultecas se habían destruido,
que era en el año de trece Galli, que conforme á nuestra cuen-
TOMO I— 7
98 OBRAS HISTÓRICAS DE
ta fué en el de 1089, ^ álos 31 años del imperio de Enrique IV^
al 59 del Pontificado de Gregorio VII j el mismo del reinado
de Alfonso VI en España, estando XohÜ poblando y repartien-
do tierras y provincias de las naciones Chichimecas, NauhyoU,
rey de Culhuacan^ se iba poco á poco alzando y fortificando en
su ciudad, que ya en este tiempo los Tultecas se iban multipli-
cando, y los pueblos pequeños que tenían ya eran ciudades, y
de ciudades provincias; acordó Xolotl mandar á NavhyoU que
le dieran él y sus vasallos algún reconocimiento como á Señor
y Monarca de toda la tierra, enviando á su hijo el príncipe per-
sonalmente, con algunos Chichimecas en su compañía para tra-
tar de ésto; mas él respondió que no reconocía á ningún Señor
en el mundo por superior, si no era á sus dioses y falsos ído-
los, y otras palabras descomedidas. Viendo NopaUzin esta res-
puesta tan descomedida, le apercibió á batalla para que se apa-
rejase, (diciéndole) que con las armas se entenderían, pues no
quería acceder á lo que era justo; y con ésto se volvió Nopal--
izin á avisar a su padre y poner gente para la batalla, la cual
después de llegado el tiempo para ello, se dio muy cruel y re-
ñida; pero como los Chichimecas feroces pudieron más, los
vencieron, y NopaUzin por su persona mató á Nauhyott, que
esta fué la primera guerra que se dio en esta tierra después de
la destrucción de los Tultecas; y después entró por la ciudad
con los Chichimecas, asolándola, y los moradores de ella le pi-
dieron merced de las vidas, el cual los dejó con algunos Seño-
res Chichimecas y se volvió á dar razón á su padre.
Sujeto el reino de los Culhuas Tultecas, y vuelto NopaUzin,
determinó XoloU ir personalmente á la ciudad de Ouihuaoan
para poner las cosas en orden, y así se fué, que ya era el año
cas Tecpatl, y á nuestra cuenta 1090, haciendo jurar á Achüo-
mell por rey de los Culhuas, cuñado de su hijo el príncipe No-
paUzin, y legítimo sucesor del Señorío de los Tultecas, y dán-
dole orden de lo que debía de hacer y acudir, se volvió á esta
1 Cotéjese esta fecha con la penúltima citada.
DON FERNANDO DE ALYA IXTLILXOGHITL. 99
corte, en donde le sucedieron grandes cosas y ordenó algunas
leyes que después se guardaron y cumplieron; y muchas veces
en XolM^ su antigua morada, le quisieron algunos de sus va*
salios matar á traición, queriéndole ahogar con un cavo ^ de
•agua que artificiosamente le metieron en el aposento donde dor-«
mía. Él disimulado, empleaba esta agua en las florestas regán-*
dolas con ella, hasta que los que le querían mal se cansaron y
conocieron su daño.
Pasados así 104 años que los Tultecas se destruyeron, Yoño*
-cooofotf, un Señor Chichimeca de los tributarios y cabeza de los
otros seis pueblos, hijo de JESi^ua¿2»n, ^ que residía en Tepe-
Üaoztocj fué á pedir por mujer á AtotozU% hija del rey AchilomeÜ
de Gulhuacan su padre, y pidiéndola le respondió el rey, cómo
su cuñado el príncipe NopaXbsm las había dado ambas higas, la
una llamada IlancuiÜ, á su sobrino AcamapichUi^ hijo del rey
de Atzcapuizalco (Aculhua), y la otra á Huebdn^ Señor de CbAwa-
ilichan; y que así no podía hacer cosa ninguna, ni se la podía
dar á él sin la licencia del príncipe. Visto por LcoouzozoloÜ^ que
no había remedio, se volvió á su tierra amenazando al rey que
con las armas le había de dar la infanta AtotoztU, y no quiso
reconocer más por su Señor á Huetdn^ comenzando á apercibir
á sus vasallos que, como ya tengo dicho otras veces, que los
pueblos que YaoaJtzotzoloo tenía, eran dados á Huetzin por mer-
ced de XoloU. Ido que fué, luego envió á avisar al gran Xohtl
el rey Ac/dtometl para que lo remediara, y así como lo supo
XoloÜ llamó á Ibchintzin, Señor de OuauhMan^ diciéndole que
fuera á XaUocan y avisase al Señor de allí, el cual dio la pala*
bra de que él lo castigaría, pero no lo cumplió, haciéndose el
sordo por ciertas amistades que tenía con él; y luego pasó á
Cohnudlichan á apercibh* á Huetzin, el cual luego convocó y lla-
mó á sus vasallos para la batalla, y haciendo un ejército pode-
1 Cavo, Así dice en el original. — R.
2 Tal vez XiuhttaUin. — R.
8 Poco antes se le llama FaeacoeoloÜ. Son evidentemente errores de los co>
pistas.
100 OBRAS HISTÓRICAS DE
roso fué sobre su enemigo. Éste le salió al encuentro en los
llanos de Chiauhüa y se dieron una cruel batalla, muriendo de
ambas partes grandísima suma de Chichimecas, tanto, que los
arroyos corrían llenos de sangre; mas al fin, como era muy po-
deroso el rey Huetzin venció á su competidor, pero no pudo
haberlo á las manos por más que lo siguió, porque dicen que
era encantador, y con la ayuda del demonio se escapó del po-
der de sus enemigos y se fué á tierradentro, y después desde
allí pidió merced de la vida, la cual se la otorgó el Señor Hue-
tzm y lo envió á llamar, y habiendo venido, luego lo tornó á po-
ner en Tepetlaoztoc con la misma orden antigua que había tenido
en el reconocimiento y tributo que le daba. Esta guerra fué
una de las más crueles que hubo en esta tierra, y la segunda
después de la destrucción de los Tultecas, llamándola Chichi^
mecayayotl.
Habiendo venido Huetzin^ luego, por mandato de Jfofotf, se
casó con Atotoztti, su esposa por qtiien peleó y le costó tanto
trabajo, y la hermana mayor, llamada UanmeiÜ^ con su nieto
AcamapiohÜi. El rey de Oulhuaean AckUomM^ su padre, les dio
en dote á sus dos hijas unas tierras de riego y huertas, con mu-
chos vasallos renteros, junto á la ciudad de (Mhuaoan^ como es
uso y costumbre de los Señores de estas tierras dar dote á sus
hijas; y de allí á pocos días murió, heredando el reino su hijo
legítimo sucesor, llamado Johualaionac (XohualcUonac), con la
voluntad y mandato de XoloU, según aparece en la historia.
Después de haber gobernado XoloÜ 112 años en esta tierra,
y de la muerte de su padre y destrucción de los Tultecas, 117,
ó casi á los últimos de ellos, murió, en el año de trece Tecpatl,
que conforme á nuestra cuenta fué en el de 1127 de la Encar-
nación, en el tercer año del Pontificado de Honorio II, al pri-
mero del imperio de Lotario II, y al tiempo que en Francia se
abrasó por calor, y en España á los 19 años del reinado de Al-
fonso VIII, dejando á todos sus vasallos y deudos grande tris-
teza, porque fué un Señor monarca muy apacible, noble y mi-
sericordioso con todos, y amigo de la paz. Dejó á su hijo
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 101
Nopaltzin por segundo rey y monarca de la tierra, según que
de derecho le venía por legítima sucesión y por su gran valor.
Después de muerto Xohtl y de hechas sus honras con los ritos
y ceremonias que los Chichimecas usaban, lo enterraron y die-
ron el pésame á su sucesor y á sus hijos y deudos, y el entierro
fué en un lugar de palacio dedicado para el efecto, donde lo se-
pultaron con sus insignias reales, haciendo otras ceremonias
que por excusar prolijidad no se ponen aquí. Xohtl fué un
hombre de buen cuerpo, blanco y barbado, aunque no mucho,
valeroso y de ajtos pensamientos, como ya hemos visto en el
discurso de su historia.
CUARTA RELACIÓN.
De NopáUzín y él discurso de su vida y muerte.
Muerto XoM^ como ya lo tengo declarado, heredó el reino
Nopaltzin su hijo. De allí á siete años que gobernaba éste murió
Xohiuxlaionahtiey^ rey de Oulhxiacan, y por mandato de Nopalr
tún juraron por rey al hijo del difunto llamado Calquiyautzin^
legítimo sucesor del reino de los Culhuas Tultecas. Asimismo,
casi á este tiempo, parió la infanta tres hijos. AtotoxÜi fué el pri-
mero, y sucesor después de Chdhuacan y TenuchtiUan de Méxi-
co llegada que fué la muerte de Huitzilihuia su rey. El segundo
ChakhmkUanextzin^ Señor que fué de Coyohuacan. El tercero
y último se llamó Xmhilanextzin^ que lo mató Quauktzotzopan-
Érní, Señor de Oulhuacan. AoamapicMi fué hijo menor de Acul-
kua y nieto de XoloÜ Aculhua; tuvo tres hijos en su mujer
Ouetlaaochitzin. El primero fué Tezozomoc, rey de Aizcapuzcdco y
monarca tirano de esta tierra. El segundo MizcohuaÜ^ ^ primer
Señor de los Tlaidvlcas AÜanecas^ que ahora se llaman Mexi-
canos. AcamapichU% el menor de todos tres, fué primer Señor
de los Tenuxcm (ó Tenuchcds) AtlanecaSj asimismo ahora lla-
mados Mexicanos. En tiempo de Nopatízin se reformó el maíz,
que desde que los Tultecas se perdieron no lo habían sembra-
1 Tal yez MixeohuaÜ. — ^B.
104 OBRAS HISTÓRICAS DE
do; y viendo la utilidad y provecho del maíz, chue y demás se-
millas, mandó que las sembraran por todas sus tierras en cer-
cados, y usaran los Chichimecas de ellas para su sustento.
Asimismo constituyó seis leyes y confirmó de nuevo otras de
su padre y pasados los Señores Chichimecas, que adelante ha-
remos relación de algunas de ellas.
Estuvo algunos añps en la ciudad de Texcitco, que fué el pri-
mero que la hizo ciudad y cabecera de reino, dándole cuatro
provincias siyetas á él, en donde se enterneció con su hijo el
heredero, acordándose muchas veces de su patria y deudos que
había dejado, principalmente cuando iba al bosque que mandó
cercar ^u padre y cosas que hizo en él; y desde entonces dejó
aquí á su hyo y se fué á Tenayuea^ cabecera de sus reinos, don-
de gobernó lo que le faltaba de la vida.
Estuvo el príncipe TloUzin Pochotl algunos años en Texcuco,
pero no se hallaba,^ además de que Topacxochitzin su mujer no
gustaba de ella; y así se tornó á volver á TlazaUan, donde des-
pués tuvieron otro hijo que se llamó Tlacaicotzin,
Ya en este tiempo casi toda la Nueva España estaba llena de
reinos y provincias, ciudades y pueblos, y muchas gentes de di-
versas naciones, y hartos Reyes y Señores, aunque todos sose-
gados, sin guerras ni revueltas.
Las casas de donde descendieron los Reyes y Señores de
Nueva España, son las siguientes:
Primeramente los reyes de Texcuco por línea recta de la ca-
sa y descendencia, por legítima sucesión de la casa de Xolotí,
poblador y monarca de esta tierra y de la casa real del gran
TopiUzin^ monarca Tulteco. Asimismo los de Zacatlan y Tenon
müec^ Totzin y ToxteqaihuaJtzin nietos de XoloÜ^ hijos de Nopal-
tún; y los de TlaxcaUan (descendían) de XiuhcudzaMzbi, viz-
nieto de Xolotl^ hijo de TloUzin, Y los reyes de Aizcapoizcdco,
México^ TUUduloo y Tenuchtitlun, ^ aunque por vía de hembra,
1 Es decir, no estaba contento. — R.
2 México se dividía en México Tlatelulco y México Tenochtitlan: esto sin
duda es lo que quiere expresarse aquí, aunque no se entiende bien.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 105
(descendían) de Caqrietlaxxtichi y de su marido Aculhim^ prime-
ro rey de Atzcapoizalco y también de IlanmeiÜ, viznieta del gran
TopiUzin, monarca Tulteca.
La segunda casa de donde descendieron también muchos
Señores, fué la de XaÜocan (procedente) de Chicorwuauh, Acul-
hna^ y de Xiuhuacxocktitzin^ hija de Xoloti; los de la tierra de
MaxtíÜan (Mextitlan), Acalman y otras partes.
La tercera fué la de Cohuailichan^ también Acxdhxui de nación
y tulteca, Tzonteccma y lidhucUzin su mujer, los de aquí Hm-
xidzinco y otras provincias y lugares. ^
La cuarta fué la de Tepeaca Mitiiztac^ uno de los seis Seño-
res ó Reyes, según las historias, que trajo XoloÜ consigo, y tam-
bién todos los Señores que fueron de las provincias orientales
á respecto de Tenayuca, que era la corte y cabecera de todo,
como ya muchas veces lo tengo declarado.
La quinta fueron los de Mamolihuazco y Choleo, que son
Cozcacuauh y CuahuaUapal, también de los seis que trjgo Xo-
M, (é igualmente) todos los Señores de las provincias Meridio-
nales, aunque en estas dos partes, Oriente y Mediodía, iban
revueltos con la casa y linaje de los Tultecas, de aquellos de
que otras veces dejo hecha relación y en qué lugares vinieron.
La sexta de los de CoahucUepec ^ del linaje de CuahíicUlapcU
(y también) todos los Setentrionales hacia la parte del Norte,
de la casa y descendencia de Xoloti y Chiconcimuh de XoUocan.
La séptima (de) Iztaoaiauh y Tecpa, y también de los seis que
trajo Xohtí, que son los Mazahuas, que tienen sus provincias
y tierras hacia el Occidente. De estas casas señaladas y otras
muchas particulares, que ya de todo hemos hecho relación
atrás, descendieron todos los Reyes y Señores de este Nuevo
Mundo, no saliendo de estas casas, emparentándose unos con
otros, y por eso en sus armas y blasones se ponen los géneros
de yedra y flores en rededores, diciendo que aunque son mu-
1 Hay párrafos como éste que no hablan.
2 Tal vez ser¿ Oohuaiepee, — B.
106 OBRAS HISTÓRICAS DE
chos y tan diversos, todos nacen y penden de un tronco. Este
es el verdadero origen de los Señores de esta tierra, sacado de
la original historia y las demás particulares relaciones que tengo
en mi poder j conforme yo lo he podido sacar y los viejos prin-
cipales me lo han declarado; y por excusar proligidad no pon-
go aquí todos los Reyes y Señores que ha habido en esta tie-
rra, de todos los que descienden de estas casas ya referidas,
que sería menester un gran volumen para haber de poner tan-
tos y tan diversos nombres; mas los que fuere necesario tra-
tarse, ya haremos relación de algunos.
LAlS naciones que hubo en la nueva ESPAÑA T HAY HOY
EN día, T las lenguas QUE USA CADA NACIÓN.
Dos linajes había en esta tierra, y hay hoy día según parece
en las historias; Chichmecas es el primero y el segundo TuUe-
ca8\ y de estos dos linajes de gentes hay muchas generaciones,
que tiene cada una de ellas su lengua y modo de vivir; pero
de todas ellas las parte se aprecian ^ y dicen que son Chichi'
mecas de los que trajo -XbM, y que son los meros Chiohimecas^
y los Aleuhuas y Aztlanecas que ahora se llaman Mexicanos^
Tlaxcaltecas, Tepehuas, ToUmaques, Mezcas, Oaextecos, MMíhua-
ques, Otomües, Mazahuas, MatiaUzincas y otras muchas nacio-
nes que se precian de este linaje. Y la segunda son Cocuihuas,
Chohdtecas, Müztecas, Tepanecas, Xochimücas, Toxpanecas, ^ Xi-
éalanma, Chonchones, Tenmes, CuauhtemaUecas, Texohtecas y
otras muchas naciones. De suerte que unos son Chichimecasy
otros TvUecas. Los que se dicen NahvMaca que hablan las
lenguas Culhua, que ahora los Españoles llaman la lengua Me-
xicana, son de todos los géneros de naciones, especialmente
1 Quizá dirfa en el original: la mayor parte se precian, — R.
2 Probablemente las tribus del territorio que hoy llamamos Tuxpan, — B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 107
los que aprendieron esta lengua, los más políticos y cortesanos
en su lengua, con mucha retórica y elegancia cuanto hablan, y
su hablar es honesto y comedido, sin ademanes, son los Tex-
eucarios AcuOmaSy ^ porque cada cosa la hablan con el mismo
sentido que la razón requiere, distinguiendo cada cosa en su
lugar, y por eso antiguamente, según parece en las historias y
es común hablar de los naturales, en Texcuco (iban á esta ciu-
dad) todas las naciones para aprender la lengua política de to-
das las cosas, así en el vestir como en el comer, y buen término
en todo y cosas curiosas, porque los reyes de esta ciudad, que
eran los más antiguos y legítimos Señores, Monarcas de la tie-
rra, se preciaron de que en su ciudad' hubiese escuelas y uni-
versidades 2 para todas estas cosas, y dieron los mismos acen-
tos y sentidos de la lengua Tulteca, componiéndolos con la
suya Qiichimeca y de otras naciones. Los MextcatwB^ ó por
mejor decir, Aztlanecas, no es su natural lengua la que hablan
ahora, porque según parece en la historia, su lengua era muy
diferente de la que trajeron de su naturaleza, y esta que hablan
ahora es la que aprendieron en Texcueo, ^ aunque con todo eso
no es muy buena, porque hablan con soberbia y poca cortesía,
y asimismo todos los que hablan en la lengua NohuaÜ (lo ha-
cen) cada uno muy diferente, unos como llorando, otros como
cantando y otros como riñendo. Al fin cada nación como la
pudo aprender la habla, como nosotros hablamos cada nación
1 La algarabía que se nota en este largo período, 6 por desaliño del autor 6
por descuido del copiante, solamente desaparece entendiendo, que <*de los que
<* se llamaban NahiuíÜaeaSf los Tezcucanos eran los más cultos y civilizados,
" conviniendo á ellos las buenas calidades que aquí recomienda/^ Esto parece
deducirse del texto, muy conforme, además, con el espíritu del historiador, co-
mo procedente de los Beyes de Texcuco. — R.
2 Ixtlilxochitl, en su vanidad texcucana, supone en la corte aculhua la
existencia de universidades. Esto es falso, é incompatible con el medio social
en que vivían aquellos pueblos.
3 Los mexicas no aprendieron su lengua de los texcucanos. El autor siem-
pre quiere hacer á aquellos inferiores á éstos; y de ahí vienen varios de su
errores históricos.
108 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
diferente la lengua castellana, como son gallegos, vizcaínos,
portugueses y otras naciones que hay en España: y fuera de los
NahuaUacas^ hay otras lenguas diferentes de las unas y de las
otras, como el Otomiie, Cuextecaj Zapoteen^ Tepehua^ Tarasco ó
Michhuacay por decir mejor Mezca, Totanaco^ Tepehua y las de-
más lenguas que hay en la Nueva España, que por excusar di-
lación no las pongo aquí; pero con lo que se ha dicho basta
para entender las lenguas y naciones que hubo en esta tierra
y hasta hoy en día.
Tornando á la historia el gran Topilizin ^ estaba en su ciu-
dad gobernando quieta y pacíñcamente sus reinos y señoríos,
amado y querido de todos sus vasallos, cuando cuasi al último
de los treinta y dos años de su gobierno, murió de una enfer-
medad, siendo de edad de más de ciento setenta años^ quedando
todos sus vasallos muy tristes. Este príncipe fué hombre de
gran gobierno y amigo de paz, y muy valeroso en las bata-
llas, como parece en la que venció personalmente á NauhyoU
rey de los Culhuas Tultecas, y misericordioso con los pobres y
amigo de hacer mercedes á todo género de hombres virtuosos.
Fué, según las historias, hombre blanco y alto de cuerpo como
su padre, y de buenas facciones, ojos vivos y constantes; el
cual murió en el año de cinco acatl, que es dnco cañas de con^
rrüo, y á la nuestra 1158 de la Encarnación, al cuarto año del
Pontificado de Adriano VI y al sexto de Federico /, y en Es-
paña Snncho III de este nombre, al primer año de su gobier-
no; heredando los reinos y señoríos su hijo legítimo Tlottzin,
tercer gran Chichimecatl tecuhüi de esta tierra.
1 Debfa decir Nopalüin.—B,.
QUINTA RELACIÓN.
Dt Tl<Mny de suviday muerte»
Muerto NopaUzin^ después de haberle hecho sus honras y en-
tierro conforme á su uso y costumbre, luego juraron por su mo-
narca al legítimo sucesor Tlotzin PochoÜ, ^ en esle mismo año, el
cual jurado, de allí á pocos días se salió de su ciudad y fué á vi-
sitar todos sus reinos y señoríos, para ver las cosas que había
en ellos, y para poner remedio de algunas cosas, el cual dejan-
do á Aculhua en su lugar, se fué, y anduvo casi cuatro años ocu-
pado en esto, volviéndose á su ciudad de Tenayuoa después de
haber visitado toda la tierra y dado orden de lo que se había
de hacer en cada parte. Hizo algunas cortes, así como lo habían
hecho su padre y abuelo, en donde conñrmó las leyes de sus
pasados y constituyó de nuevo otras cuatro ó cinco que ade-
lante se verán donde fuere su lugar.
Pasados casi ocho años de su gobierno, dio señorío á sus hi-
jos y otros señores hijos de Huetzin el de CohucMichan^ que fué
en el de ce Tecpatl, y ajustados con la nuestra fué en el de 1166
de la Encamación de nuestro Señor Jesucristo, dando á su hijo
1 Corregimos el original que yarias veces dice PoeluiÜ^ porque esto es evi-
dentemente equivocación de los copistas. Así hemos visto también que unas
veces ponen HuehueUnuxixin y otras Huehuetunexizin: el verdadero nombre
es HxiéhueUnuchizin. Lo mismo sucede con el nombre de la ciudad acolhua,
que repetimos era Texcueo.
lio OBRAS HISTÓRICAS DE
el príncipe IMteccUzin QuincUzin la ciudad de Texcv/ío con todo
su reino para que gobernase, y en su compañía ÑopaJidn su
hermano, y en Huexvizinoo todo aquel reino á TochifecvMi con
dos señores hijos de Huetzin^ los cuales se decían Gviconuicar
tzin y llaccUlanextsdn^ y otro Señor con ellos llamado OuauhÜi-
teTitzin, que fueron los primeros señores de Huexutzinco^ y de
donde descendieron los que después fueron de este reino, aun-
que XoehintecuhUi se volvió luego á HuexvÜa con su hermano
el príncipe, Quinaüdn^ que ya era rey jurado de Texcuco^ dicién-
dolé que más quería estar en HuexuUa (que estaba) ^ con toda
la corte, que no en HaextUzinco lejos y debajo del Sur, y así el
hermano le dio el pueblo de Huexutla^ en donde se casó con
una señora deuda suya llamada Tomiyavh, y al último de sus
hijos, que fué XiuhqmtaaJizin^ con otros dos infantes, hyos tam-
bién de JStiebdn^ los cuales se decían el uno OuavMaxtzin y el
otro MemexoUzin, por sus acompañados en IJaxoallan, £stos se
holgaron mucho de que se hubiesen señores ^ de este reino,
porque eran muy á su gusto; y de éstos descendieron los que
después fueron de TlaxcaUan^ aunque los de Huexuidnco lo sin-
tieron mucho, pues se volvió IhckUecuMi^ y los otros tres se
quedaron gobernando.
Dos años antes que á Qmnatdn le diera su padre el reino de
Texcuoo, haciéndole jurar por tal, hizo unos cercados muy
grandes en la ciudad de Texouco, unos de maíz y otros de todo
género de caza, como son venados, conejos y liebres, y mandó
á ciertos caballeros Ghichimecas para que tuvieran cuenta de
ellos, que fueron Ocotox é Iciiex^ los cuales en lugar de tener
cuenta de ello, los iban desperdiciando y matando la caza, que
había casi de toda ella, y no acudieron á lo que era justo. Así
como filé jurado el QmncUzin, les mandó que se fueran de la ciu-
dad, desterrándolos, los cuales no quisieron obedecerle, antes
se apercibieron ellos y sus gentes para alzarse con la ciudad.
1 Parece que sobran las palabras contenidas dentro del paréntesis. — R.
2 Lo manco del sentido de este período podía suplirse leyendo: f*de que se
les hubiese nombrado, etc.'' — B.
DON FERNANDO DE ALYA IXTLILXOCHITL. 111
Quinaizin^ visto esto salió contra ellos matando á muchos de
ellos, y muchos que se pudieron huir se fueron la tierradentro
con los que ahora hacen la guerra nuestros Españoles, gente
soberbia é indómita. Asimismo dio á su hijo Tlacateotzin á Tta-
zaUan^ en donde habla estado cuasi todo el tiempo que su padre
gobernó y parte del tiempo de su abuelo, como ya de todo te-
nemos hecha relación; el cual después de haber gobernado quie-
ta y pacíficamente, sin ninguna guerra ni discordia entre los
suyos, si no es la que tuvo su hijo el heredero con aquellos dos
Señores Chichimecas, como ya está declarado, murió en el año
CE TocHTu, que conforme á la nuestra fué 1194, en el cuarto
año del Pontificado de Celestino III^ al cuarto del imperio de
Enrique VI^ cuando en Palermo llovieron piedras y murió el
Suldán de Egipto que tomó á Jerusalen, y en el trigésimo cuar-
to del reinado de Alfonso IX en España, habiendo gobernado
su monarquía treiTúa y seis años, como ya lo tengo declarado,
siendo de edad de más de cien años. Antes de su muerte tuvo
noticia de los AzUanecas^ que ahora se llaman Mexicanos, y asi- ¡
mismo vinieron los Xochimilcas algunos antes de su muerte, y
él les dio á Xochimilcoj en donde poblaron, los cuales eran de
Aguilazco, que cae hacia el Poniente, del linaje de los Tultecas. /
Muerto este Señor, hubo en todos sus reinos y Señoríos gran- \
des revueltas y guerras de unos con otros, alzándose cada Se-
ñor con lo que pudo, que eran muchos y muy remotos algunos;
y TenancaUzin^ su hermano bastardo tomó la ciudad de Tena-
yuca^ haciéndose jurar por monarca de la tierra, quitándosela
al legítimo sucesor Quinatzin^ como se verá en lo que se sigue. Y
al tiempo que murió este Señor hubo grandes señales y prodi-
gios en el cielo y en la tierra, de cometas y eclipses del sol y
de la luna, y otras señales que demostraron bien todo lo que
después sucedió con su muerte.
1 En el original dice Ailazalan^ confundiendo, en mi juicio, la preposición
con el nombre. — R.
SEXTA RELACIÓN.
De TenancacáUzin y Aculhuaj Monarcas tiranos de esta tierra.
Muerto Tlotzin^ su hijo QtdncUzin^ legítimo sucesor, después
del entierro y honras de su padre, se fué á su ciudad de Texcu-
co^ cabecera de su reino, no osando hacer otra cosa, porque vi-
do toda la tierra revuelta. En esta ciudad estuvo algunos años
aguardando ocasión para hacer su hecho, y íbiancacd&ín, vis-
to que su sobrino era ido á su reino, se hizo jurar por gran
ChichimeeaU TecuhÜi^ el cual fué jurado de todos los Señores
que eran de su gusto, aunque Aavlhua no gustó de esto por
pretender la misma dignidad; pero por ahora calló y disimuló
lo que pudo. En este tiempo ya muchos Señores se habían re-
velado, y aun tiranizado algunos lugares de otros Señores, co-
mo fué el de OohucUepec, llamado YohuaUzatzitzin^ que quitó la
ciudad de TlaxcaUan á ThtccUeotzin^ hermano del rey QuincUzin
de Texcucoj á traición y con cautela, apoderándose de ella; y el
infante, viéndose desposeído de su ciudad, fué con su primo Xir
lüUieueídzin, hijo de Pochotzin^ Señor de Teyaccus, ^ á ver á su
hermano para que lo amparase; y algunos de sus vasallos se
fueron huyendo á Huexutdnco desamparando la ciudad, como
vieron á su Señor irse. Otros se fueron con él, á los cuales lle-
gados á Texeuco^ viéndolos su hermano, les dio ciertos lugares
1 ¿No será Tepeyacaef — K.
Tomo 1—%
114 OBRAS HISTÓRICAS DE
junto á Texciícoj y los casó después con sus nietas, hijas de hi-
jos suyos: la primera llamada Cohuaxochitzin^ hija del príncipe
lEcanmacatzin de Texcuco, casó con XihÜicneaizin, y le dio á
Chimalpan^ y la segunda, TezcocatihiuUzinj hija de Meniexotzin^
casó con su tío Tlacateotzin, dándole otro lugar que se llamaba
MexOatdco. Otras muchas cosas sucedieron en este año, así de
tiranías de irnos con otros, como de cautelas, como de guerras.
Ya en este tiempo habían venido los Mexicanos y habían es-
tado en ChapvMepec y después en Oidhuacan, que estuvieron
allí cien días que los traía más oprimidos el rey de los Culhuas
haciendo trabajar no solamente á la gente común, sino aun á los
capitanes y cabezas de ellos, que eran cuatro y ima señora que
traían consigo llamada MaÜalzihuatzin; los cuales viéndose tan
oprimidos y maltratados y no agradeciéndose los servicios que
hacían, demás de haberlos libertado de los Xochimilcas sus cir-
cunvecinos, que les hacían grandes guerras, ayudando ellos,
fueron vencidos con el valor de los Mexicanos, y otras muchas
cosas que habían hecho, y en pago de todo esto los traían muy
oprimidos. Se salieron huyendo ima noche, porque los quisie-
ron matar á todos los Culhuas, queriéndoles quemar la casa
donde se albergaban todos de noche; y aunque los Culhuas,
sintiendo que ya se habían ido, les siguieron, no los pudieron
vencer, antes se volvieron desbaratados todos y muchos mu-
rieron. Viendo los Mexicanos lo mucho que los perseguían los
Culhuas y otros sus circunvecmos siy etos á su remo, acordaron
ir á ver á Aculhtuí, rey de AzcapiUzcUco, en cuya laguna y tie-
rra ellos estaban para darle la obediencia y á que los ocupara
en todo lo que se le ofreciese, los cuales idos delante de Acul'
hua y ofreciéndose por sus vasallos, diciéndole que eran muy
guerreros y grandes hombres para cosas de la guerra, sublimán-
dose su valor y esfuerzo, AcaOma se holgó de verlos, les hizo
muchas mercedes, les dio todo lo que pedían y les dijo que
cuando él les avisara estuviesen aparejados para cierta guerra
que les quería dar un Señor Chichimeco llamado Tenaneaocd-
tdn^ monarca de la tierra que tenía su ciudad en Tenayucan
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 115
<íerca de la suya; que él les daría gente y armas para que le ma-
tasen y le saqueasen toda la ciudad, y que si ellos fuesen ven-
cidos, pues eran laguneros y estaban cerca de la laguna, fácil-
mente se podían escapar; cuanto más que ellos le vencerían
con la gente que les daría, porque TenancacaUzin llevaría pocos
en su ejército por ser ellos pocos, y después de vencido no po-
dría tornar sobre ellos, porque estaba malquisto con todos los
Señores, por su gran soberbia. Todo lo cual se obligaron los
AzUanecaSy que ahora se llaman Mexicanos, á que así lo harían
y cumplhrían.
Pasado un año y algunos días de la monarquía de TWuiTiea-
caUzm, que ya era en el dos Agatl y á la nuestra 1195^ de la
Encamación, viendo los Mexicanos, ó por mejor decir, los Az-
Üaneoas^ que ya TenmicacaUzin no les hacía ninguna molestia, y
teniendo el favor y ayuda que tenían con su señor y rey Acul'
hua, acordaron de salir á las casas de la ciudad de Tenayuca
que estaban cerca de la laguna, á robarlas y hacer otras inso-
lencias que hicieron, todo por orden de Aeuüma su rey. Hicie-
ron esto por dos noches en diferentes partes, robando cuanto
hallaban por delante, hasta quitar las migeres de los morado-
res. Al tercer día que ya Aeulhua sabía cómo TenaníxuxJidn
estaba juntando gente para ir sobre ellos, y le habían avisado
(de parte de) Tenartcamiidn que también le diese alguna gente
para ir sobre los extranjeros AzUcmecaa^ al cual envió á decirle
que (así lo) haría cuando se ofreciera ocasión, mas que por aho-
ra no era menester tanta gente para cuatro hombres que eran
los AzUa/necaa; entretanto que pasaban las demandas y res-
puestas y que TeruxTtcacalisAn estaba juntando gentes para su
ejército, Aeulhua tenía enviada á los Mexicanos mucha gente y
armas en su favor secretamente, por no ser conocido y causar
algún alboroto contra *sí.
1 No solamente continúa contradiciéndose Iztlilxochitl en su cronología
sino que comete errores manifiestos, pues refiere al fin del siglo XII la funda-
ción de México, que fué ya en el siglo XIV.
116 OBRAS HISTÓRICAS DE
Pasados algunos días que ya Tenancaealtzin tenídijunidido un
ejército razonable, fuese hacia la laguna donde es ahora nuestra
Señora de Chiadalwpe, para pelear, que ya los Aztlanecas le esta-
ban aguardando. Se dieron una cruel y reñida batalla, murien-
do de ambas partes (muchos); mas como la gente AzUaneca^
como personas que se habían hallado en muchos trabajos y con
la ayuda que tenían se hallaban muy esforzados, dentro de po-
cas horas vencieron á los de Tenancaealtzin^ y viendo éste que
ya su gente estaba vencida y la más de ella muerta, se fué hu-
yendo, desamparando su ciudad, á Xalíocan^ con otro señor lla-
mado TmyoUzin, á pedir socorro al señor que á la sazón era de
Xaliocan, llamado Payntzin, sobrino suyo, el cual no se lo quiso
dar, diciendo que no había por entonces lugar. Viendo Teñan-
cacaUzin que ninguno le favorecía, se fué á la tierradentro con
algunos de sus Chichimecas sus vasallos, á su patria y natura-
leza de donde habían venido sus padres y sus abuelos. Los Me-
xicanos, como ya habían vencido al ejército se fueron sobre la
ciudad, saqueándola y haciendo grandes crueldades. Tomaron
todos los despojos de ella y se fueron á AzcapuJbudco á darle ra-
zón de todo lo que había sucedido á su rey Aeulhua^ el cual se
holgó mucho y les hizo muchas mercedes, mandándoles que
se ftie* Ji á sus casas y poblasen apriesa los lugares que tenían
escogidos. ^
Vencido TermníMíxdJbdn é ido á su naturaleza, se hizo luego
jurar por gran Chichimecatl TecuhÜi (el rey) Aculhua^ el cual ju-
rado, gobernó así la monarquía veintisiete años^ aimque no con
tanta majestad y grandeza como en tiempo de Thtzin y sus an-
tecesores, porque ya casi toda la tierra estaba alzada con las
tiranías de él y de TenancacaUzin^ viendo que no juraban al le-
gítimo sucesor, especialmente los Señores remotos. Otras mu-
chas cosas sucedieron en este tiempo, que sería muy largo de
contar.
1 Hay en todo esto errores manifiestos de redacción; pero no es posible re-
hacer todo el M?.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 117
El rey Quinaizin Tlatecatzin en todo este tiempo se había
ocupado en su ciudad, aderezándola y poniéndola en orden
con mucha pohcía, y todo su reino, amado y querido de todos
sus vasallos, el cual en tiempo de su padre se casó con Ouauh-
izíhuatzin, sobrina suya, hija de TmchintecuhUi su hermano, en
la cual tuvo cinco hijos varones: el primero, ChicomaccUdnj el
segundo Memexoltzin; el tercero, MazamUzin; el cuarto íbcAín-
tón, y el quinto lechoÜalcUd% el cual por su pura virtud fué el
heredero de los reinos y señoríos de esta tierra, siendo sus
hermanos mayores señores de diversas partes, y otros muer-
tos en tiempo de su padre.
Habían pasado algunos años que los AzUaneoas estaban en
las tierras y laguna de Aculhua su señor, dándose priesa en po-
blarla, cuando acordaron tener un señor que los. gobernase, y
que este tal ñiese hijo del señor que más legítimamente fuese
en toda la tierra, los cuales tuvieron noticia que era Quinaizin,
rey de Texeuco; y fueron un día secretamente, sin avisar á su
rey Aculhua, á la ciudad de Teoccuco, á verse con el rey para
que les diese señor que los gobernase, pues era el legítimo su-
cesor de la tierra, y otras palabras que le dijeron comedidas,
y promesas que le hacían de que ellos y su dios Huitdlopochtii
les ayudarían; pues bien sabían las victorias que siempre ha-
bían tenido siendo tan pocos. QuiTiaizin les agradeció, mucho
lo que le decían, y les hizo muchas mercedes, dándoles de to-
do lo que tenía, que era mantas, oro, plumas, maíz y las de-
más semillas, y les respondió que él por entonces no podía ha-
cer cosa ninguna, porque toda la tierra estaba alzada, y Aeulhua
su señor de ellos era monarca de toda ella; demás de que, por
aquella parte en donde ellos vivían, eran tierras de Aeulhua,
por lo cual se levantarían grandes guerras y disenciones, de-
más de que no tenía hijo que poderles dar, porque de dos que
tenía vivos, el mayor era Señor lejos de su reino y tenía tie-
rras muy prósperas, y el menor, por su virtud y buenos prin-
cipios babía de ser el sucesor, y que por entonces no había
lugar: que mejor sería que ellos pidiesen á AaUh^ui á dos hijos
118 OBRAS HISTÓRICAS DE
menores que tenía, tíos suyos, que él lo tendría por bien, y sus
descendientes si cobraban lo que era suyo, lo confirmarían re-
cobrados que fuesen sus reinos y señoríos, y si no, el primero
de sus descendientes que lo recobrara. Y con esto dándoles
las gracias los AzOanecas, ahora Mexicanos, de la merced que
les hizo, se fueron á sus tierras, los cuales estaban divididos en
dos bandos. Dos de sus capitanes habían hallado á Tlateluco
en una isla de arena, con las señales que el demonio, su ído-
lo, les había dicho en dónde habían de poblar, y así poblaron
aquí, que es adonde es ahora TkUehUco. Otros dos capitanes con
la mitad de la gente habían hallado otro lugar, donde es aho-
ra San Pabhy con las mismas señales que los otros dos de lYa-
tdvko habían hallado, y poblaron aquí. Después de vueltos de
Texmoo sembraron las semillas que trajeron de allá y otras
que el Señor de CohiuMichan les había dado, las cuales se die-
ron en cantidad por ser tierra húmeda, aunque en Oaauktepecj.
junto á Itzvuxm^ el Señor de allí, llamado Xiuktennahuacatán^
había más de cincuerUa y dos años que sembraba en tierras de
riego y cogía con abundancia; y lo mismo AchiUmieU rey de
Gulhuaoan había hecho, aunque no tanto y con abundancia co-
mo el de Ibucan.
Ya en este tiempo era muerto Quiyavidn^ rey de Oulhuajcan^
y heredó el reino Ouxacx^ ^ hijo sucesor de AcolnmUi, que des-
pués fué Señor de CoUnaÜtchan^ yerno suyo, que estaba casado .
con Xiloxochüzin su hya, que por no tener hijo varón, era la
heredera del reino.
Pasados casi veintiséis años, que ya era el año de ce Tecpal,
y á la nuestra 1220 de la Encamación, en el quinto del Ponti-
ficado de Honorio III, en el séptimo del imperio de Federico 11^
y en el cuarto del reinado de Femando III en España, casi á
los principios del año referido, los Mexicanos fueron á pedir
cada cabecera de por sí al rey Acxdhm su señor, señores que
los gobernasen, de lo cual Aculhua se holgó y les dio á sus dos
1 Más adelante dice Cuxeux, — B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 119
hijos menores; á los TlaJtdulms les dio á su hijo el segundo, lla-
mado MixcohuaÜ^ y según otros CohuatecaÜ^ y á los Termxcas
(ó Tenuchcas) á su hijo el menor de los tres llamado Acama"
pixüi^ que fueron los primeros señores de México. Los Mexi-
canos se volvieron á sus ciudades con muchas fiestas por los
caminos, llevando á sus nuevos Señores y alguna gente que
les dio su padre de ellos para que también poblaran con los
Mexicanos, que ya á esta sazón se habían multiplicado y eran
muchos.
En este mismo año después de haber hecho Aeulhua á sus
t4jos señores de los AsttUmecas^ y á Tezozomoc su legitimo suce-
sor dándole la ciudad de Tenayuea para que allí estuviese has-
ta que fiíese tiempo de heredar el reino, acordándose de que
Quinaidn (era) el legítimo sucesor, que en todo este tiempo no
le había visto desde la muerte de su padre, acordó restituirle
la monarquía que tan injustamente casi veinHsiete afis>% había
tenido, acordándose no se levantase algún día contra él, por-
que era muy valeroso, y le quitase no tan solamente lo que
era suyo, sino el reino que tenía. Demás de que todos los se-
ñores de las más altas casas que había en esta tierra, y que
eran muy poderosos y tenían muchas provincias suyas, le que-
rían y amaban y reconocían como al legítimo sucesor que era
de la real casa de la nación Aeulhua; el de OohuaÜichan^ que
tenía muchos pueblos y provincias de la casa del gran Xo-
loU^ monarca de esta tierra; sus tíos los de ZacaÜan y TenaTm-
iec; y sus hermanos, TochintecuUi señor de HuexvÜa^ que tam-
bién tenía hartos pueblos suyos, el de TlaxcaUan^ XiuhqvMzal-
isin, su hermano mayor; y los de las casas y linaje de los seis
Señores que trajo XohÜ, que la mitad de ellos eran de su parte,
como filé el de Tepeoca, Cohuaiepec y Choleo. Le envió á llamar,
y le hizo jurar por gran ChichimecaU Tecuhtli de esta tierra en
la ciudad de Azcaputzalco^ con muchas fiestas y regocijos, que
por excusar volumen no se ponen aquí. Jurado que filé Qui-
TuUdn y reconocido por tal de los señores todos, aimque no
como su padre y abuelos, porque como dije, casi todos los Se-
120 OBRAS HISTÓRICAS DE
ñores remotos estaban alzados, tiranizándose unos á otros los
señoríos, se fué después de haber estado algunos días en Azca-
pvJbolco^ á su ciudad de Texcuco^ y desde este tiempo se pasó
la corte, cabecera de la Nueva España, á esta ciudad. ^
Asimismo en este tiempo vino á Culhuacan el gran Sacer-
dote de Cholvla^ llamado Iztamantzin, á pedir socorro á Oux-
cux. rey á la sazón que era de Chdhuo/can dfe ChohJieca^ que
como á tal le vino á Ver el gran Sacerdote, á quien le dio Oux-
cux socorro y mucha gente de guerra. Vuelto el gran Sacerdo-
te á ChoMa^ juntó sus vasallos con los del rey de Ouffmacan,
y haciendo dos ejércitos, tomó para sí el uno, y el otro dio á
otro Sacerdote llamado NacazpijnlolxuchiÜ^ y fueron sobre tres
provincias que les molestaban, que eran las de Tlatushquecho-
lom^ OuMaxcohuapan y Ayotzinco^ que eran todos Chichimecas,
aunque revueltos con Tultecas, y se dieron tan buena maña,
que los vencieron y echaron de estas provincias, libertando á
los de su nación, que los tenían muy oprimidos. Este ñntuvo
esta guerra, la cual duró casi un año.
En el ínterin que andaban las guerras del gran Sacerdote,
que ya (era) en el año de ome galli, y á nuestra cuenta 1221,
AoamapioMi, ^ señor de TenuclUitlan^ tomó ciertas tierras que
estaban hacia su ciudad, del reino y señorío de Culhtiacan, co-
mo persona que estaba casado con lUarumeiU, que le pertenecía
por ser hija de AchitomeÜ^ rey de (Mhtuican^ como ya está de-
clarado arriba. De esto se enojó el rey Ouxeux y envió un ejér-
cito sobre los Mexicanos Tenuxcas^ á defender las tierras. Los
Mexicanos estaban ya apercibidos, y Acamapichüi su señor.
1 Primero diremos, que aunque hay error en la escritura de varios de loe
nombres mexicanos citados en este párrafo, excusamos correcciones que serían
innumerables, 7 sólo hacemos las muy necesarias. Además llámese la aten-
ción desde ahora sobre el empeño que tiene Ixtlilxochitl de sobreponer Tex-
cuco á México, j hacerla la principal ciudad llamándola cabecera de la Nue-
va España,
2. La verdadera ortografía de este nombre, cuya corrección sí me parece
importante, es Aeamapichlli,
DON FERN4ND0 DE ALVA IXTULXOCHITL. 121
que tenía gente de socorro que le envió su padre, y el gran
Chie/dmecaÜ Quinatdn su sobrino, le salió al encuentro, pelean-
do valerosamente los unos con los otros; y dentro de pocas ho-
ras fueron vencidos los de Gvlhuacan^ y los que se escaparon
se fueron huyendo, y el rey Cuxeux pasó á CohuaÜichan, don-
de después vmo á ser rey después de la muerte de su padre; y
los Mexicanos fueron hasta dentro de la ciudad y toda su pro-
vincia, saqueándola y tomando posesión de ella. Juraron por
su rey á AcamapichU% el cual después de jurado y dada orden
de lo que se había de hacer, se fué á su ciudad de México Te-
nucktitlan^ dejando por su gobernador á su sobrino QudzaUa^
hijo de su hermano ChalchiukUanextzin^ señor de Goyohuacan.
De allí á pocos días llegaron con la nueva los que fueron á la
guerra del gran Sacerdote, con los despojos de las provincias
que fueron á sigetar; pero viendo que Acamapichtli era ya rey
jurado de (Mhuacan^ le fueron á dar en TmuchMan la obe-
diencia, y en esto vino á parar el rey de los de Oulhuacan^ co-
mo lo tengo declarado según la original historia.
SÉPTIMA EBLACION.
De QuénaMn, cuarto Oran CMeMmeeaU, y de tu vida y tieehot,Jln y muerte.
Jurado QumaJtzin y estando en su ciudad, de allí á medro
años que él era jurado, vinieron los TlaUoOoque de adelante
de la Mideca^ ^ los cuales eran del linaje de los Tultecas; y
libados á Choleo, preguntaron por el Monarca de la tierra,
en dónde era su casa. Los de ChcUco les dijeron cómo era Qui-
natsdn, que en Texcuco, no muy lejos de allí, estaba, y hacia
1 Hlzteca. Debemos advertir que varía en los autores la ortograña de cier»
tas letras ó sonidos. Esto se explica si atendemos á que nuestros antiguos pue-
blos no tenían una escritura propiamente dicha j no conocían el alfabetOi pues
usaban de jeroglíficos para escribir; así es que los españoles tuvieron que aco-
modar su alfabeto á aquellas lenguas, las cuales tenían varios sonidos dife-
rentes de los de la castellana. También ha sido causa de la variación de escri-
tura, especialmente en el mexicano, que no todos los pueblos lo pronunciaban
de la misma manera. Gomo se ha visto, el mismo Ixtlilxochitl dice que los
texcucanos lo hablaban más suave, 7 más áspero los mexicanos. Agreguemos
todavía, que después de la conquista se ha corrompido la lengua, 7 se ha adul-
terado la pronunciación. Sstas diferencias se notan principalmente en las pa-
labras en que entra la letra 9, pues unos usan esta letra, otros U^ otros 2, 7 en
lo general x, Y aun sobre esta última ha7 que advertir que en la época de la
Conquista tenía en el castellano el sonido de la ah inglesa; mientras que ahora
lo hemos convertido en el de j, como sucede en la palabra México. Dejándole
el que antes tenía, usaremos de preferencia la x en la ortograña, por corres-
ponder más exactamente á la pronunciación de los antiguos mexicanos, 7a que
la lengua lleva su nombre.
124 OBRAS HISTÓRICAS DE
la parte del Norte allí. Ellos pidieron guía para que los traje-
se y así le dieron un hombre que los trajo. Era harta cantidad
de ellos, así hombres como mujeres, y llegados á Texcuco fue-
ron á ver al rey Quinatzin para darle la obediencia y pedh'le
tierras en donde poblasen. Quinatzin los recibió y se holgó de
verlos, porque todos ellos eran artífices y hombres sabios, as-
trólogos y otras artes, y traían por cabeza á un caballero del
linaje de los Tultecas, llamado Itepantzin, Les hizo muchas mer-
cedes, entre las cuales fué al caballero, con alguna parte de la
gente, le dio un lugar junto á Texcuco para que lo poblase, y á
los demás repartió en sus pueblos, dando á cada uno tierras
donde poblase; y de aquí tomó el nombre el pueblo y barrio de
Texcuco, llamándose TlmloÜacan por sus primeros pobladores,
y asimismo los demás pueblos que hay en los pueblos que se
llaman TlailoUacan,
Pasados casi veinticinco años que el gran QuincUzin era jurado
por gran ChichimecaÜ TecuhÜi} después de haber sucedido gran-
des cosas en sus reinos y señoríos, que ya en este tiempo, co-
mo ya otras veces lo tengo declarado, los más de los Señores
sujetos á su Monarquía y Señorío, con las tiranías estaban alza-
dos, y como eran tantos y tan diversos, nunca en todo este
tiempo los pudo sujetar, aunque después á los más de ellos los
sujetó; y fué que la primera vez, después de otras guerras que
tuvo antes que fuese Monarca, fué la de este tiempo que aque-
llos Señores Qiichimecas á quienes había encargado el cuidado
de los cercados, como ya está declarado atrás, y Azcaizotzolocy
el competidor de Huetzin, todavía estaba resabiado de los odios
pasados, y así secretamente trataron con los Señores Tepehxuxs,
1 Tecuhtli. Esta palabra se ha traducido unas veces por rey y otras por em-
perador: y así es común en las historias hablar del emperador de México ó del
rey de Atzcaputzalco. Verdaderamente la dignidad de los jefes de nuestros
antiguos pueblos era diferente de la real é imperial, pues su organización so-
cial era muy diversa de la de las naciones de Europa. La verdadera traduc-
ción de la palabra iecuhili es señor; y así aplicaban esa voz, lo mismo á los
dioses que á los grandes monarcas, y á los jefes de pequeños señoríos.
DON FERNANDO DE ALYA IXTLILXOCHITL. 125
Totopaneoas, y los ifea?ccwpara hacer guerra contra el gran Qui-
natzin y sus electores Tochintecuhtli^ Señor de HuexuÜa y otras
partes, y Hudzm de los Amlhuas de CohimÜichan y sus provin-
cias, dándole orden de la manera que habían de entrar en sus
tierras, y en qué parte y á qué tiempo, y como Yacazozolotl es-
taba en TepeUaoztoc ^ , aún no una legua de Texcucoj corrían
sus tierras hasta las tierras de estas dos naciones que tenían
grandes provincias sujetas á su nación y muy prósperas en todo,
se atrevió á hacer todas estas tiranías, tratando y comunican-
do con ellos una y muchas veces, los cuales le dieron su pala-
bra y la cumplieron. Después de haber juntado una gran suma
de gentes, se vinieron secretamente por las tierras de Zacatzo-
tzoloc hasta en las del Señor de Tepepuko, llamado ZaenUexo-
chi, que también había dado su palabra de guardarles secreto,
y darles los bastimentos que hubieran menester, pero no gente
de guerra. Después que el ejército estaba más acá de Tepepulco,
fué Yacazozolotl á recibirlos y avisarlos de lo que habían de ha-
cer y por qué partes habían de entrar á ganar la ciudad y ma-
tar al gran Qmnatzin, dejando abatidos á sus vasallos los de
TqpeUaoztoo y demás partes primero. Después de haber tratado
con ellos las cosas referidas, repartió el ejército en cuatro par-
tes, y tomando para sí la una parte se fué derecho hacia Chiuh-
nauktla para después entrar por allí en la ciudad. La otra par-
te la tomó otro Señor y se fué derecho hacia Svltepec^ ^ un lugar
que está junto á Texcuco. La tercera parte la tomó otro Señor
yéndose hacia otro lugar cerca de Texcuco^ que se dice Patía-
chivhcan; y la cuarta parte la tomaron para sí los Señores de
las provincias de Tototepec y Mextitlan y se fueron hacia Cuauh-
ximalcoy un lugar junto á la sierra de Texcuco, avisándose unos
1 Bn el original dice Tepldaoztoc; pero es una errata evidente. — R.
2 Adelante dice Txuliepec,
8 £1 manuscrito generalmente tiene en cursivo los nombres de pueblos;
pero á cada paso se quebranta en él esta regla. Como sería muy difícil el es-
tarlo variando constantemente en este punto, 7 además de poco provecho, no
hacemos ninguna variación á este respecto.
126 OfiRÁS HISTÓRICAS DE
á otros para que en destruyendo la ciudad y matando al gran
Quinaidin^ que era la mayor fuerza que había, luego juntos
irían sobre las demás poblaciones, que fácilmente lo harían,
pues estaban muy descuidadas. Mas el gran Quinaidn, que ya
en este tiempo lo sabía, envió á llamar á Tochintecuhüi su her-
mano, Señor de HuexuÜa^ y a Huetún de CohxwÜiohan^ que no
hubo lugar para más, y con todas las gentes de estas ciudades,
que á la sazón eran juntas, formó otro gran ejército, y repartién-
tíéndolo con la misma orden de sus enemigos, Quinaizin se fué
hacia la ^Sierra en donde venían los Señores de las dos naciones
Tepehuas y Mezcas con un ejército de sus provincias. Su her-
mano NopoMsdn ToxUmUzin (marchó) hacia Tmliepec con la
segunda parte del ejército, contra Guauhxoxtdny el Señor que
desterró el gran Quinatzin, que allí venía por general; y IbcAm-
iecuhüiy Señor de HuexvÜa^ contra VoGcUzotzoloc^ hacia Chivh"
nauhUan^ con la otra parte del ejército y traía otras provincias,
entre las cuales venían los Tulantzincaa, que casi todos los que
esta vez le hicieron guerra, sacando ^ las dos naciones Tepehuas
y Mezcaa^ que eran remotas, todos los demás eran sus vasallos
1 Esto eñ^ fuera de.
2 Los Meca. Esta raza, cuya existencia y etnograña no se había precisado
jintes, 7 de la cual rara vez hablan los autores antiguos, es muy importante
en nuestra historia. Los historiadores antiguos, que más bien deben Uamarse
cronistas, tratan de la raza mexicana y sus sincrónicas,* y solamente algunos
hablan incidentalmente de las anteriores, y con especialidad de los toltecas.
Aun en obras modernas se nota este defecto: se comienza por los toltecas nues-
tra historia, y se dan vagas noticias de mayas, zapoteoas y otras razas.
Es sin embargo muy importante fijar la existencia de una raza cuasi mono-
silábica autóctona en nuestro territorio, y hacer constar las dos antiquísimas
inmigraciones habidas en él, la una al Norte por los nahuas, y la otra al Sur
por los maya-kichés. Los pueblos autóctonos que estuvieron en contacto con
los primeros, y que ocupaban la región del maguey meü^ principalmente la de
Xalisco, fueron los mecas. Sus emigraciones al Sur comenzaron siglos antes
que las de los toltecas. De ellos fueron los antiquísimos ulmecas, y los prime-
aos invasores de lo península maya, los amecas; lo mismo que los zapotecas y
otras tribus. Al ponerse en contacto con la raza del Sur en el centro, como en
Teotihuacan y Cholula, tomaron el nombre de nonohualoas. De eUos por inci-
DON FERNANDO DB ALVA IXTULXOCHITL. 127
y gente de su recámara, como dicen; y así después de todos con-
frontados, que casi fué todo en el mismo día y tiempo, se die-
ron la batalla, la cual duró casi veinte días, muy cruel y reñida,
en donde murieron de ambas partes grandísimas sumas de gen-
tes, y casi al último de este tiempo, el gran Quinatzin^ por su
gran valor, peleando personalmente, fué el primero que venció,
matando á los dos Señores de las dos naciones, y viendo sus
vasallos muertos á sus Señores, se fueron huyendo á sus tie-
rras y otros hacia los ejércitos. Quinatzin siguió á los que se
iban á sus tierras hasta Tepepidco^ matando á todos los que po-
día haber á las manos; y llegado que fué á Tepepulco, entró
asolando toda la provincia hasta dentro de la ciudad, matando
átoda la gente. Mas el Señor de allí salió de paz recibiéndole,
haciéndose de ladrón fiel, como se suele decir; pero Quinatzin
no le quiso escuchar á ninguna de sus excusas, antes se fué
para él para matarlo, el cual viendo esto echó á huir, mas Qui-
naJtsAn le siguió y á poco trecho le alcanzó y mató, poniendo á
Cmuhtlatzin por gobernador de aquella provincia. Luego se
volvió para la ciudad á ver en qué habían parado los negocios
de los otros ejércitos, los cuales en el ínterin, (el que mandaba)
Huetzin de OohuaUichan^ había sido el segundo en la victoria,
y también iba en seguimiento de los que huían; y su hermano
NopaÜzm^ que era el tercero en la victoria, iba en seguimiento
de los Mezcas que habíanse ido todos juntos y de cuando en
cuando se volvían en gran ímpetu, el cual como iba con gran
dencia habla Sahagún. Por no ser conocidos loe códices manuscritos que de
ellos tratan, niega su existencia el Profesor Strebel; pero esos códices, escritos
en mexicano á raíz de la Conquista, nos han conservado su historia, y con el
nombre de nonohualcas los designa.
Después yinieron los toltecas, 7 fueron sus vencedores. Nuevas tribus mecas,
los chichimecas de Xolotl, fueron los destructores de los toltecas, y los funda-
dores del señorío de Texcoco. T sincrónicas, con cortas diferencias, fueron otras
-emigraciones mecas, como la de los chalmecas, la de los teochichimecas fun-
dadores del importante seftorio de Tlaxcalla, y la de los mexicas, fundadores
de México.
Véase con más extensión esta materia en mi Historia Antigua de México
128 OBRAS HISTÓRICAS DE
coraje tras de sus enemigos, que no se le querían rendir, no
acordándose que su hermano Tochintecuhtli estaba lidiando con
la mayor cantidad de los enemigos, se fué después siguiendo á
los Mezcas. Ya en esta sazón TochintecvMi había vencido el
ejército, y ya iban todos huyendo hacia donde iba NopaMdn
tras de los otros y les fueron á alcanzar, y allí entre los dos
cercaron á NopaUzirij y los suyos, defendiéndose valerosamente
mientras que llegaba su hermano, procuraron salvar á Nopal-
tziuy lo cual no pudo ser, porque como era grandísima la suma
de sus enemigos, lo hubieron á las manos los de la provincia
de Tularúzinco y después lo mataron en su tierra así como lle-
garon, y antes de llegar mataron á todos los suyos. En el ínte-
rin llegaron Tochintecuhtli y Huetzin en su seguimiento hasta
dentro de sus tierras, matando y asolando á cuantos llegaban
por delante; mas cuando llegaron á Ihüantzinco ya era muerto
el Infante Nopaltzin^ y matando y asolando aquella provincia,
se fueron sobre las demás y se les rindieron á la obediencia al
gran Quinatzin, pidiéndole merced de las vidas, el cual se las
otorgó y mandó jurar por Señores á los legítimos sucesores con
ciertas condiciones y obligaciones que habían de acudir y des-
de Huchue Ichocayan^ Tepepulco y todos los demás pueblos de
la nación AcuUiua^ sacando Tulantzinco^ donde también mandó
jurar al legítimo sucesor, mandó que no hubiese ningún Señor,
sino Mayordomos y Gobernadores, por la traición y pecado que
cometieron contra el gran QuincUzin, haciéndoles tributarios á
todos, nobles y plebeyos. Este ñn tuvo esta cruel batalla y fué
de las más crueles y mortales que hubo en esta tierra.
Pasadas estas guerras, luego envió á decir á los reyes de Az-
caputzolco y México, sus tíos, y á los demás Señores de CohiLa-
tepec, Choleo y las demás partes, quejándose de ellos cómo no
le habían dado socorro ni ayuda en cosa ninguna, y avisándo-
les del fin de las guerras y muerte tan cruel de su hermano el
Infante NopaUdn, los cuales vinieron luego á disculparse y á
dar el pésame de la muerte del Infante. Los de Azcapvtzako y
Méocico, sus tíos, le dijeron cómo también habían tenido las
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 129
mismas guerras con otros Señores Chichimecas de Xtoíonífoo, y
también algunos de los Mezcaa en el mismo tiempo, y cpmo Ip^
habían vencido, dándole razón de todo lo que habían hec^o,
Quinaizin se holgó mucho y lo tuvo todo por bien. Los de Go-
hxuiltepeo, Choleo y demás partes le dyeron que no habían acu-
dido porque tuvieron noticia que en el mismo tiempo de las
guerras de las naciones Mezcas y Tepehvosj con su orden ha-
bían de entrar por aquel lado los Tlalhuioaa y otras muchas
provincias de diversas partes para destruirlos á ellos y matar
al gran Quinatdn^ y que con este temor no habían querido sa-
lirse de sus tierras ni ocupar sus gentes, los cuales estaban to-
dos alzados y muy aparejados para la guerra. Oído esto por
Quinaizin^ y juntos todos los Reyes y Señores sus vasallos y
amigos, concertaron de hacer siete ejércitos y entrar por siete
partes á las tierras de sus enemigos y conquistarlos, lo cual
todos tuvieron por bien y se fueron á sus tierras á juntar gente
para el efecto.
En el año de siete agatl y á la nuestra 1239 de la Encama-
ción, en el décimo sexto del reinado de Femando 11^ segundo
del Pontificado de Gregorio IX y en el décimo séptimo del im-
perio de Federico 11^ pocos años antes que sucedieran las gue-
rras del gran Quir^cUzinj murió el gran Aculhua^ Rey de Azcon
putzalco y Monarca, aunque no tirano, pues restituyó (lo ajeno)
á cuyo era, sin guerra ni pesadumbre ninguna, siendo de edad
de más de doadentoa afíos^ habiendo gobernado casi ciento setenta
y nueve años^ heredando el reino su hijo el mayor y legítimo
sucesor Tezozomoc.
Venidos los Señores y Reyes de Texeuoo^ comenzaron á jun-
tar sus gentes y las demás cosas necesarias para la guerra, y
junto todo se fué cada uno á la ciudad de Texcuco con su ejér-
cito, para desde allí salir cada uno á la parte que le fuera se-
ñalada, dejando cada uno Gobernadores en sus ciudades, entre-
tanto que se ocupaban en las guerras, y para que se les enviasen
socorros de cuando en cuando, principalmente cuando cono-
ciesen haber necesidad. Juntos en Tearcuco les mandó Quinatzin
Tomo I— O
130 OBRAS HISTÓRICAS DE
de este modo, después de haberles hecho un gran razonamiento
conveniente para este efecto, que sus tíos los Señores Mexica-
nos Macohuatl Señor de TkUdidco^ y Acamapixtli^ Señor de
Tmuchtitian y Rey de (Mhvxiean^ fueran sobre Cuülahuac^ ciu-
dad muy fuerte, con sus ejércitos, cuyos ciudadanos eran gran-
des hechiceros y nigrománticos, que tenían la ciudad por en-
cantada; demás de que tenían muchas provincias allí, que
habían convocado para el efecto, y los siyetasen á sangre y
fuego; que Izdaminabdn entrase por Mzquic con su ejército y
sujetase aquella ciudad y sus aliados con todas sus tierras con
la misma orden; y á Huehin de CohuaÜichan^ que con su ejér-
cito entrase por HuehueÜan y sujetase aquel lugar y todas las
tierras sujetas á él y las de sus aliados con la misma orden; y
que Atoocmixaizin^ Señor de IMpiUepec, con su ejército entrase
. ^or Huaxtepeo y sujetase aquella parte y todos sus aliados con
la misma orden: y á TlacaximaMzin Señor de Choleo^ entrase
-^or^^Zayula y sujetase aquel lugar con todas sus tierras y alia-
dos,'con las mismas órdenes que los otros. El gran Quinatzín
se tomójpara sí la parte de Totolapauy que era la mayor fuerza
de los enemigos, y llevando por acompañados á su hermano
TochintecuhUi Señor de HuexuÜa^ y á Huitzilihuitl legítimo su-
cesor del Señorío y reino de AcamapichUi, §eñor de México, ^
Dada la orden, cada uno se fué á la parte que se le señaló
con su ejército, y llegados todos al lugar de sus batallas, que
ya losjenemigos les estaban esperando, tuvieron grandísimas y
muy crueles batallas casi un año, muriendo de una parte y otra
gran suma de gente; mas Quinatzin y todos los de su parte iban
ganando muchas tierras y provincias de sus enemigos, aunque
loslSeñores de México y sus tíos jamás pudieron sujetar á Cmí-
IJAcamapichtli.
2 Aquí Ixtliliochitl hace creer que México dependía del señorío de Texc» -
00, y que Acamapichtli recibía órdenes de Quinatzin. Ambas cosas son íáliru.>?.
Cierta fílenla guerra de Cuitlabuac, y consignada está en los jeroglíficos del
Códice Mendocino) pero la hicieron y triunfaron por su propia cuenta los me-
xicanos.
DON FERNANDO DE ALVA ffiTULXOCHITL. 131
Mahuac^ antes entrando por la ciudad todos los de su ejército
los acabaron, mas murieron gran parte de ellos y los Señores
de México como pudieron salieron huyendo de la ciudad. Des-
pués de pasados algunos días MixcohuaÜ^ Señor de Tlatelulco,
con su ejército los vino á sujetar en alguna manera, y después
se le rindieron y pidieron las paces con todos, ofreciéndose con
-ciertos conciertos que hicieron á los Señores de Méjdco; y su-
jetos éstos fueron sobre otras tierras, pueblos y lugares siyetos
á OuHIahuao y otras provincias de sus aliados. Tlaminaizin tuvo
grandísima resistencia con los de Mixquicy mas pasados algu-
nos días, todos sus enemigos, estando muy fatigados con las
crueles batallas, echaron á huir á los montes y cerros altos para
guarecerse. Tlaminaizin los siguió y siyetó á ellos y á todos los
pueblos y provincias de los aliados. Quinatzin y los otros tres
Señores que fueron á diversas partes, ya en este tiempo habían
siyetado todas las tierras de Tlahuic y otras provincias remo-
tas, adelante de Huaxtepec y otras partes, todo hacia la parte
del Sur, á respecto de Texcuco^ que todo casi á un tiempo se
sujetó. Volvieron todos á la ciudad de Texcuco con los despo-
jos, después de haber dado orden á los Señores de las provin-
cias sujetas, de lo que habían de hacer y acudir, y juntos en
Texcueo hicieron grandísimas fiestas en memoria de las victo-
rias. Estas y las otras guerras de YacazozoloÜ^ y sus aliados
fueron las más notables que tuvo en esta tierra Quínatzin. En
ellas pues murió grandísima^suma de gente Chichimeca, y asi
se llamaron estas batallas la Gran guerra y destrucción Chichi-
'meca. Fueron en el año de ce Toxtli y á nuestra cuenta en el
de 1246, en el cuarto año del Pontificado de Inocencio IV^ en
el trigésimo cuarto del imperio de Federico II y en el trigésimo
de Femando lien España. Otras muchas batallas tuvo este
Quinatzin, aunque no fueron tan crueles, ni tan grandes como
las de estas dos veces; y después por ser el Príncipe más gue-
rrero y valeroso que hubo desde su visabuelo Xofotí, le pusie-
1 En varias partes de atrás se le llama Vacaizotzoloc. — R.
132 OBRAS HISTÓIUCA8 Vt
ron TUjUeoaUdn, que quiere decir El que tiende y allana la tie-
Riu, por haber allanado y siyetado casi toda la tierra, aunque
como tengo dicho, muchos Señores, especialmente los remotos,
ya en este tiempo no los pudo siyetar á muchos de ellos, aun-
que después sus descendientes poco á poco los fueron su-
jetando.
Después de este tiempo murió Huddn de CohuaÜichan Ácul-
huacan^ heredándole su hijo legítimo sucesor AoolmixUi, el cual
después de haber gobernado quieta y pacíficamente, murió, he-
redándole su hijo llamado MotexurnaUziny y no quiso darle su-
cesión al legítimo sucesor Cozox ^ porque perdió el reino de
Oulhuaca/n afrentosamente y con poco ánimo, aunque después
de muerto MotezurnaUdn heredó luego el reino y gobernó algu-
nos años.
En el año de ocho Calu y á la nuestra 1253, siendo Sumo
Pontífice Inocencio IV^ á lo último de su Pontificado y á los
dncuerUa y cuatro años de su interregno, ^ en el segundo año del
reinado de D. Alonso d Sabio en España, murió el gran Qm-
naizin^ cuarto gran Chiehimecatl TecuktU^ después de haber su-
cedido todas las cosas referidas atrás y otras muchas que por
excusar prolijidad no se ponen aquí, así cosas de gobierno y
leyes que constituyó, como guerras muchas y diversas que tu-
ro; el cual, casi á los sesenta años de su gobierno, murió, y en
el mejor tiempo de su pompa y majestad. Muerto y hechas
sus honras conforme ellos las usaban, heredó el Señorío y Mo-
narquía su hijo el gran Techoücdxüzin^ que ya en este tiempo
era hombre muy valeroso y se había señalado en muchas co-
sas. Este Qmuíixm fué el cuarto que empezaron con él los
TaUeoaa MesdcanoM á quererle enseñar sus idolatrías, ritos y ce-
remonias ^ pero jamás pudieron con él; siempre se los contra-
1 Al fin de la BelaciÓn anterior se le llama Cuxcux. — R.
2 Aquí pareee faltar la designación del Emperador.
8 El descuido del o(^iante hace aquí muy difícil averiguar cuál fuera el
yerdadero sentido del historiador. Solamente podría entenderse el texto, le-
yendo así: — "Este Quinatzirij 4? Emperador 6 Rey de Texcuco, fué con el que
'^ empezaron los Tulieeaa Mexicanos á quererle, etc.'' — R.
DON FERNANDO DE ALVA nXULXOCHITL. 133
dijo y no quiso creer en cosa ninguna en lo que le industria-
ban. Antes de su muerte murió Tlamiyotzin el de Choleo Ateneo^
y le heredó en el Señorío su hyo PochotL
OCTAVA EELACION.
De TechotUUaitint de su vida y hechos.
Después de muerto el gran QmnaJtzin y jurado Rey el gran
TechoOalcdzin y dado orden en su corte, ordenó de tomar esta-
do con una Señora que fuese tal como su persona requería, la
cual fué la h^'a de Acolmidli que fué después Señor de Cohuar-
ilichan y de la nación Aculhiuz y hermana de Coxcox, ^ que fué
rey de Oulhuacanj Uamada Tozqumldn, prima hermana suya,
(y lo verificó) con muchas fiestas y regocijos, hallándose mu-
chos Señores en ellas. En este tiempo eran los más principa-
les y poderosos Reyes y Señores que tenían muchas provin-
cias y tierras siyetas, (los siguientes)
19 TezozomoCy Rey de AzcaptUzalco Tepanecapan, Rey y Se-
ñor de los Tepanecas.
29 PayTdzm de XaUocan^ Rey y Señor de la nación Otomüa.
39 Mocomaizin de CohuaUychan^ de los Áculhuas.
49 AcamapixUi de México TmuchiWjan^ Rey de los Odümas.
59 Mxcohualzin de Tlateluko^ de los Mexicanoa TlaieMcas
y su provincia.
69 QudzaldecukUi^ primero de este nombre de los Xuchi-
milcas.
1 Cerca del fin de la Belación anterior, se le llama CoxoXf j antes OuX'-
cttar.— R.
136 OBRAS HISTÓRICAS DE
7? Ltamatetlapac^ Señor de Cuitlahuac.
89 ChicuaÜij Señor de lExquic.
99 Pochotl, Señor de Teycumac Chalcohuaienco.
109 Omaca^ Señor de TUdmaricdco.
119 Cacama, Señor de Choleo.
129 Cocatziny digo Cocaztzin^ Señor de Ouauhquecholan é Í2;-
¿socan.
139 Temacatzin, Rey de Huexviúnco.
149 Teocuitlapopocatzin^ Señor de OueOaxcohuapan.
159 Chichim^caÜocpayarUzinj gran sacerdote de Cholida.
169 Chichtzin^ Señor de Tepeoca.
179 JfM, Rey de ITcuccofan.
189 XxhuiUpopocay Señor de ZacaÜan.
199 Cuavhquetzalej Señor de TenamUec.
209 OiuJíiuhuaUin, Señor de IhdarUzinco.
219 TlaUecaizin^ Señor de CWixAcAinctTioo.
229 2fe<5patí, Señor de Atotonüco.
239 Í2;¿accuat¿A¿2ín, Señor de los JlfozoAtMi^^
249 ChalckiuhUaTheídzin^ Señor de Coj^cAtíooan.
269 FoAuctíí ChuMimcaJbAny Señor de 0>Aua¿<^«
269 Quiyaiihtnn, Señor de HueseuÜa.
279 TecuMicaottifotón, Señor de Aeolnuin, ^
Otros muchos Señores había de pueblos y provincias, pero
como tengo dicho, estos tenían muchas tierras y provincias su-
jetas y muy remotas, y todos estos Señores etan vasallos, ami-
gos y deudos del gran TechoÜalatzin, Otros había muy remotos,
que eran los de Cuauktemalany Tecolotlanj Oenizonac^ Tecuante-
pecy Xalisco y otras partes, que ya en este tiempo los más de
ellos estaban alzados y no se querían sujetar á Ihchotialaizirij
si no era todo á fuerza de armas. Todos estos Señores, sin
otros particulares y remotos sujetos á estos 27 y al gran Techo-
1 En esta lista se observa claramente la diferencia de la ortografía usada
por Ixtlilxocbitl en los nombres nabuas, respecto de la empleada por los cro-
nistas que pudiéramos llamar mexicanos, y la del vocabulario de Molina.
DON PERNAKDO DE ALVA IXTULXOGHITL. 137
Üalatsnn^ venían siempre á la corte de Teoscuco á hallarse para
cualquiera ocasión y tratar de su buen gobierno. ^
En el año xnEca: Acatl y á la nuestra 1271, murió Acamapix-
Üi¡ primer señor de Tmv/ihtíÜan y quinto rey de Culhucvcan^
heredándole en el reino su hyo legítimo sucesor HmziÜihuia^
después de haber gobernado casi cincuenta y un ctñoa; y antes
de su muerte murió su hermano MxoohuaÜ^ primer Señor de
Tlatebdco, heredándolo su hijo legítimo sucesor, llamado Qua-
cuapiizahuaj que lo hubo en su mujer llamada ChickmeccUzi-'
htiotzin^ hija de IzmiU y hermana de Huebnn^ Señor de Cohua*
iliehan^ deuda muy cercana suya.
Pasados casi cinco años después de la muerte de los Señores
de México, murió Payntzin^ Señor de Xoüocan^ rey de la na-
ción OUmUa^ heredándole el reino su tío Tzompanbdn^ Señor
de Meztíüan, que fué en el de cinco Tecpatl y á la nuestra 1276,
en el Pontiñcado de Juan XXI^ al tercer año del imperio de
Boduifo^ y en el vigésimo séptimo del reinado de Don Alfonso
d Sabio. Este Señor como hubiese heredado el reino, comen-
zó poco á poco á irse ensoberbeciendo con las muchas tierras y
provincias que tenía, no queriendo acudir en las cosas que era
obligado, y los OUmiies viendo esto, hacían lo propio, y aun
salían de noche á robar á las ciudades y pueblos sus circunve-
cinos; y viendo esto el rey TechotiakUxin^ llamó á sus deudos
los Señores de Meneo y Azcaputzalcoy los más cercanos veci-
nos que eran de este rey, y juntos les mandó á Tezozomoc^ y á
los demás, que juntaran un ejército, y una noche salieran con-
tra XaÜocan^ CuauhMan^ Tepozotian y Xüotepec, y otros pue-
blos y provincias sujetos al rey Tzompatzin^ y los que se defen-
dieran los mataran todos á fuego y sangre^ y después tomaran
para sí todas estas tierras de este rey; y (también les dijo Te-
1 En este pá«ajd se nota de manera clariflima el afán del autor por presentar
á Texcoco como el centro de todo el territorio que después fué Nueva España,
j á sus Señores como jefes supremos de todo él. Muchos de esos pueblos ni si-
quiera conocían la existencia de loe cbicbimecas aculhuas, y los más cercanosi
como loe mexicaf y los tlatelolcas, jamás les rindieron vasallaje.
138 OBRAS HISTÓRICAS DE
(JvoOalatzin) que él estaría con otro ejército hacia Chiuhnau-
Üan^ porque si algunos se querían guarecer de la ciudad de
Texcuco y su provincia, los mataría y no los dejaría entrar, pues
ellos iban á hacer mal de noche á sus vecinos, y que pagaran la
misma pena de noche y sin. avisarles: lo cual todo lo tuvieron
los Señores de AzcapuJtzaloo por bien, y así lo hicieron, matan-
do y asolando muchos pueblos y lugares del rey Tzompantzin^
el cual le salió al encuentro á Tezozomoc^ media legua fuera de
la ciudad con un razonable ejército, que como era de noche no
pudo juntar más, y le dieron una cruel batalla en donde mu-
rieron muchas gentes de ambas partes; mas cuando iba ya
amaneciendo estaban ya del todo vencidos. Visto esto, Tzom-
paizin se fué huyendo hacia Texcuco; mas luego topó con el
ejército de TechoÜalatzin^ ^ el cual envió á disculparse diciendo
que era leal vasallo, y que no tenía razón el gran Señor de ha-
cerle tal molestia, y que si sus vasallos habían hecho algunos
agravios á los Señores de AzcapuJtzaloo^ había sido con justa
causa por ciertas cosas que envió á decir. Techoüalatzin no qui-
so oirle, antes mandó que se lo prendiesen y trsgesen delante
de sí; mas él, avisado de ciertas personas, de lo que había man-
dado TechoÜalatasinj echó á huir hacia MeztíÜanj su señorío, dis-
frazado, con mucha cantidad de OtomUes. Los Señores de Azoa-
puüzalco, cuando vino á amanecer, ya tenían tomadas muchas
tierras de este Señorío, y de allí adelante fueron Señores de
ellas; y Techoüalatzin, á los que caían hacia las tierras y pro-
vincias de Texcuco, les mandó que de allí adelante no viviesen
dentro de las ciudades y pueblos, sino fuese en las aldeas y lu-
gares de sierras y montes acomodados á su propósito; y les dio
para su cabecera á Otumha, dándoles por Señor á un caballero
llamado CuauJiquezaltzin. Este ñn tuvieron los OtomUes, los cua-
les jamás á TechotlaUUzin le cuadró que esta nación viviese den*
tro de las Repúblicas, ni ninguno de sus descendientes, por ser
gente vil y apocada. Desde este tiempo empezaron los de la
1 Aquí es necesario suplir eorif 6 acerca de élf pues de otra manera el pensa-
miento queda completamente subvertidOi é inconciliable con lo que sigue. — B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 139
sierra de MeztiÜan á resabiarse, aunque no lo daban á enten-
der, temiendo al gran TechoÜaMdn y su valor y justicia, que
los castigaría cruelmente, sin que otra cosa hiciesen.
Sucedidas (tan) grandes cosas en la Monarquía Chichimeca,
y gobernando Techotíalatzin con gran moderación y paz, te-
niendo siempre á los señores sus vasallos muy ocupados, unas
veces en su corte y otras en las guerras remotas que se ofre-
cían, no dejándoles asistir mucho en sus reinos y señoríos, y
otras muchas cosas que por excusar prol^'idad no se ponen
aquí, cuando en el año de cuatro Calli, y á la nuestra 1301,
siendo Sumo Pontíñce Bonifacio VIII^ á los seis años de su
Pontificado y al segundo del Imperio de Alberto J, y en Espa-
ña Femando III al sexto año de su reinado, vinieron cuatro
géneros de gentes de la nación Tulteca de delante de Xaliscoy
gente muy sabia, con harta cantidad de ellos, así hombres co-
mo mujeres, los cuales se llamaban, los primeros Mebsitin^ ^ que
son los primeros Mexicanos^ y traían por su capitán á Tenahua-
catzin: los segundos se llamaban Coüiuaque, y traían por su cua-
drillero al Señor Nahuayotl: los terceros Huiznahuaque, y traían
por Señor á Tlaminatsm: los cuartos Tepaneca, y traían por su
capitán á AchilomM^ que con la noticia de la grandeza y ma-
jestad.de TechoÜalaMn^ se salieron de sus tierras y se venían
para que les diese tierras en donde poblasen, y aun dicen que
éstos eran de Tlaxiculiucanj hacia (Móla^ y los habían desterra-
do de su patria por ciertos bandos que habían tenido unos con
otros; y llegados ájEZitcKcíepec, preguntaron por la corte del gran
TechoOoIalzin y de su grandeza, y allí les dieron harta relación
de lodo, y desde allí á CaÜmacan^ en donde hallaron por Go-
bernador de HuitzüíhuiU, rey de aquí y Señor de México^ i Que-
tzalaya^ primo suyo, y le preguntaron por el gran TeckotíaMzin.
Quetzalaya les dio una persona que los guió hasta CohuaÜichanj
1. Aquí dice el autor que éstos ñieron los primeros mexicanos,* y ya antes
liabía hablado de la fundación de México, y en este mismo párrafo cita á Hui-
tzilihuitl que fué su segundo rey 6 iecuJiÜi, después del fundador Tenoch.
140 OBRAS HISTÓRICAS DE
y de CohuaÜichan á HuexuÜa^ y de HuexuUa á Texcuco, en
donde estos cuatro Señores ó caudillos fueron á darle la obe-
diencia.
Techotialaidn los recibió y les hizo muchas mercedes, dán-
doles á cada una un lugar hacia la parte de la Laguna para que
poblasen, cada uno distante del otro, que es á donde está aho-
ra la ciudad, porque antiguamente era desde Tezeuiüjuso hasta
Oztodipac; y los demás que no cupieron los envió á los pue-
blos sujetos á Ihxcuco^ y parte de los Tepanecas á AzcaprjUaal-
co^ y los MetxUin á México^ y desde este tiempo tuvo el nom-
bre de México por llamarse así esta nación. ^ Trajeron consigo
muchos ritos, ídolos y ceremonias, entre los cuales ñieron Tez-
ealtipuca^ ídolo principal de Texcuoo y TlaUauhqmUzcaÜipxioa.
Este es el verdadero origen de estas cuatro maneras de natu^
rales según la original historia, y por esta causa se llamaba
Tetsncoco Texouoo, porque cuantas naciones había en la Nueva
España, venían luego derecho á Texcueo y poblaban de la gen-
te más ilustre y principal en esta ciudad. Quiere decir este
nombre Chichimeco Tetdooó^ Acow>tRO ó EimiETBNSDüRo dc
cfiKTfis. Otro nombre le pusieron los Tultecas, que es^ decirle
Tahuiíf que quiere decir Madrk t S&ffORA de las (^üdades* ^
En el año de ome Tóxtli, y á la nuestra 1^38, al cimrto año
del Pontificado de Btnedido XII^ al vigésimo tercero del Im-
perio de Ludo^íkó^ y Vigésimo octavo de Alfcmo XI en Espa-
ña, nació el Príncipe IxaUxuohia orne TooítH^ legítimo sucesor
del gran TéchMcdaJbnn habido en la reina Toxqaentún^ después
de haber sucedido grandes cosas, y que T<^s¡qwikiin había hartos
1 El P. Pr, Baliaaar de Medina^ refiere en su Crónica de San Diego de Me-
xieOf la oposición del P. Ér, Martín del OaetiUo^ sobre la etimología del nom-
bre de MemeOf por la cual se vo o<5mo una mal digerida ciencia ó un espíritu
sistemático, puede conducir al absurdo. — £1 autor citado — "defiende que Me-
*^xieo en idioma Hebreo j Caldeo j Sirio es lo mismo que decir Mexiae^ y que
"el mismo Mesías le dio el nombro á esta dudad.'' — R*
2 La Terdadera significación de Texcoco, no es la ampulosa qu« le da ti au-
tor, sino la dt jarales en piedra, y asi se exprosa el nombro en su Jeroglífico.
DON PERHAííPO Di AWA aTWl#XOCHITL. 141
años que estaba casada con TechotíaMziri^ y la causa Qs, que
la tomó por esposa muy niña, y así no había tenido hijos an-
tes. Nacido que fué, luego mandó TechoÜalaisem i una Señora
de Tepepdco llamada ZaoaquimiUzinj con otras Señoras en su
compañía, que criaran al Príncipe, y le dio trece pueblos y pro-
vincias, para que siendo grandecito, estas gentes de estas pro-
vincias y pueblos, le sirviesen y le reconociesen como á su Se-
ñor. Le dio por su Ayo á TecuhÜacacuüotxin, Señor que á la
sazón era de la provincia que solía ser de Ocohua^ para que lo
adoctrinase con otros Señores en su compañía; y después la
reina Tozquerdán tuvo otros cuatro hijos, que la primera fué
hembra, llamada Goxomchüzin; el segundo TenaooóoMzin; el ter-
cero AcaÜoUzm^ y el cuarto TenanmnahuaoaíMn. Estos hijos tu-
vo el gran TechoUaJaidn.
Había más de noventa años ^ que TechúÜalalsdn gobernaba,
(cuando) hizo segundas Cbrtes, en donde se hallaron 73 Re-
yes y Señores, con los que él de nuevo hizo, fuera de los di-
chos en las primeras Cortes, que serían algunos 46 Señores,
que son los que se siguen, que por todos fueron los 68.
19 IbioquihuazUi^ primero de este nombre. Señor de Tlaco^
pan, que después fué rey por mandato y orden de
NezaJmálcoyotzin.
2? El Señor de Tohcan.
39 El de AcapiaMan.
49, 59 y 69 Los otros tres que son los NauUecuhJtdn^ que di-
cen CuiÜahuaMny primero de este nombre de Iztapa"
lapan y el de HuHdl/ypoxoo y Mexkatmu¡o y (hUma"
can Quetzalya.
79 El de CfuavJinahmc.
89 El de Mazatepec.
99 El de XockUepec.
1 Como IxtlüzochiÜ equivocó la cronología desde los primeros tiempos, ne*
cetitó dar una dnración inverosímil á la vida de los reyes, para alcanzar las
fechas posteriores, que como más próximas & la conquista, estaban bien fijadas.
142 OBRAS HISTÓRICAS DE
10. El de Zacaiepec,
11. Cohuaiecatzin^ el de Xiuhiepec.
12. El de QyuÜan.
13. El deTlatlamaÜaoo.
14. Texocoac.
15. El de Chiehimeca Tzacucdco.
16. El de Chiohirumahuasco.
17. El de TepeOa.
18. El de Petlacco.
19. El de Tetlanexco.
20. El de Toxmüco.
21. El de TlacuacuiÜapilco.
22. El de Ayotzinco.
23. El de Ixtocan^ digo, Iztzocan.
24. El de .ZumoAteoz^^pec.
25. El de ^tfiarco.
26. El de Quiyahuitzlan.
27. El de XaUepdlapan.
28. El de XcMúnco.
29. Totomihuacan.
30. Tecafco.
31. Techatojpan,
32. Tepoyanco.
33. XaUocanteapdsco.
34. HuimoUan.
35. JKco^ec.
36. Otompan CuauhqueizaÜsnn.
37. Teotihuacan Acolhua.
38. Tochintún ZtavihnauhÜan. ^
39. Xometzin Tepechpan,
40. TlaUecatún Tezoyocan,
41. El de Meztitlan.
42. El de Tofoí^pcc.
1 Debe ser Cihuanauhtlan 6 XiuhitauhÜan.
DON FERNANDO DE ALTA IXTULXOGHITL. 143
43. El de Tolan.
44. HvipUmanaizin^ de ChiavÜa.
45. TecavM(xU>hu(dzin^ de Papalotlan.
46. iTÜacotbdn de TepeUaoxíoe.
Estos 46 Señores de junto de Texcueo^ eran deudos muy cer-
canos suyos, y por eso les dio sus cabeceras cerca de la ciudad
de Texcueo^ y sus Señoríos hacia la sierra de Meztülan y Quez-
ieoapan.
Estos 46 Señores son los que de nuevo hizo el gran Techo-
ÜajUdán^ los cuales pueblos ó ciudades nombradas eran sus ca-
beceras; pero tenía otros muchos lugares remotos en donde
tenia sus Señores: de suerte, que como tengo dicho, ya en es-
te tiempo después de estas Cortes, había 73 Reyes y Señores,
sin otros Señores particulares de pueblecillos; y todos estos
Señores reconocían á TechotMatsdn^ y lé daban cada año cierto
reconocimiento como á su natural Señor, sacando sus deudos
y parientes, que aunque lo tenían por un Monarca, no le da-
ban ningún reconocimiento, especialmente los Señores de Az-
caputzcUco^ México^ HuexuUa^ CohuaÜichan^ Cohuatepec y otras
cuatro ó cinco partes, que por excusar prolijidad, no se hace
relación de todo. En estas Cortes constituyó ciertas leyes que
adelante en donde se hiciere relación de las leyes, se hará re-
lación de todo.
En el año de ocho Calu y á la nuestra 1353, en el primer
año del Pontificado de Inocencio F/, en el noveno del imperio
de Carlos IV Y en el quinto del reinado de D. Pedro d Oruel^
cuando en los principios de este año murieron HuüzUíhuitl^ se-
gundo Señor de México y Rey de Culhuacan, después de haber
gobernado casi ochenta y dos años, y heredó el reino y seño-
río su hijo mayor, llamado Chimalpopoca, y en Tlatilulco pocos
días antes murió Quaquapitzahvxic y le heredó en el señorío su
hijo Amanizin^ el cual gozó poco del señorío, porque luego en
este tiempo murió, y por no tener hijo heredero, heredó el se-
ñorío Tlacatcotzin su hermano menor, el cual y Chimalpopoca
de Tenuchtülan fueron jurados por Señores en un tiempo, y
144 OBRAS DC DON FERNANDO DE ALYA IXTUUCOGHILT.
después de allí á algunos días 7 casi á los últimos de este año
murió el gran TechoÜaUUzin de una cierta enfermedad, siendo
de edad de más de eierUo cincuenta añosy después de haber go-
bernado casi cicTito cuatro años, dejando por sucesor á su hijo
y imiversal heredero IxtíiIxuchiÜ^ de la cual muerte Texozonioc^
Rey de Azcaputzalco se holgó mucho de saber, y no se hallaron
más que cuatro Señores y Embcgadores en sus honras y un
deudo suyo, los cuales los tres de ellos era el primero de Te--
Üanexcoy llamado HuüzüihuiÜy, el segundo era el de Oimuhque-
chollan^ llamado ChichimecaÜ Payrdxin^ el tercero de Ooulma^
llamado Huitzilihuüzin^ y el otro, que era el cuarto, de Teoal^
00, llamado ZiuhcohuaU, y el deudo era TochirUssin de CokmÜin
can, hijo de Tlanahvacaízin, Señor de este luga? y sus provincias;
los cuales hicieron las honras y entierro de este gran SeQpr, y
después de hechas las honras se ñieron á sus tierras, aunque
BuüzUihuiU de Oculrm no ftié más que para ver y conocer el
intento del legítimo sucesor JxUüxuchiÜ, el cual por entonces
no ñié jurado por gran ChichimecaÜ, aunque había años desde
su niñez que era jurado por Señor de Texcu/y) y de las provin-
cias y pueblos que su padre le dio al tiempo de su nacimiento;
y Huüzilihuiü Rey de Ocidma, luego se partió de Texcuco para
Azcaputzalco á dar aviso á Tezozomoc, el cual le hizo muchas
mercedes por la nueva que tan deseada tenía. Este fin tuvo
este gran Señor, después de haber gobernado sus reinos y se-
ñoríos con grandísima prudencia, paz y gobierno, con pocas
guerras, como ya está hecha la relación de todo.
NOVENA RELACIÓN.
Del gran IsaiHxuehÜl orne locfUlit de su vida y Tiechos y desastrada muerte.
Muerto TechotlalcUzin y hechas sus honras, de allí á algunos
días, viendo IxÜilamchiÜ qne no le querían jurar y que la prin-
cipal causa de esto era Tetzotzomoc^ ^ Rey de Azcapvizalcoj que
todo lo traía revuelto, no quiso tomar estado con TecpaÜ X\i^
chia, hija de este Rey, que desde en tiempo de su padre se la
habían enviado por legítima mujer, antes envió á México por
la Infanta MaÜcxÜxuchiÜ^ hija legítima del Rey muerto Huiizili-
huiü, para tomar estado con ella, lo cual así se hizo y efectuó
con grandes fiestas y regocijos, y á pesar del Rey Tdzotzcmoc
de Azcaputzalco. Visto por Tdzotzoríioe cómo IxÜilxuchül había
tomado estado con la lTiÍBXiiz,M(üMtzihu(üzin^ hermana de Chi-
malpopocaj convocó á los Señores de México y demás sus pa-
rientes y amigos para tratar con ellos la tiranía que había pen-
sado días había y vengarse de IxUibmchiÜ por lo de su hija, lo
cual así se hizo, aunque no lo dio á entender á su nieto Chi-
mcUpopoca Rey de México, ni á los demás Señores que les to-
caba parentesco con la infanta Maüalxuchitl. Juntos los Seño-
res expresados, les dijo Tdzotzcmoc^ que bien sabían los trabajos
y dominio que habían tenido sobre sí todo el tiempo que había
1 Tezozomoc.
2 Cuatro renglones atrás le da otro nombre.— K.
Tomo I— 10
146 OBRAS HISTÓRICAS DE
reinado lechotlaMzin^ y que pues era ya muerto, que por nin-
guna vía juraran á IxÜilxuchiU su hijo, porque lo mismo sería
que su padre, y que para que en ningún tiempo se pudiese
alzar, que sería bueno oprimirle primero por vía de buen ter-
mino, y luego si no quisiese por esta vía sujetarlo á fuerza de
armas, y que él, como nieto del gran XoM, sería Señor de
toda la tierra, y Chimolpopoca Rey de Oulhuacan y Señor de Mé-
xico y Tlacateotzin Señor de Tlatelulco^ pues eran sus nietos,
serían los otros dos cabezas principales y que todos tres man-
darían toda la tierra, y otras muchas palabras: todo lo cual á
los Señores de México y á los demás les pareció muy bien y
todos concedieron en ello. IxtlilxuchiÜ en Texcuco estaba go-
bernando, aguardando ocasión y tiempo para hacerse jurar por
Rey y gran Chichimeca y vengarse de Tetzotzomoc y sus aliados.
Luego pasados algunos días de la junta y concierto de Te-
tzotzomocj envió sus mensajeros á IxÜilxuchiÜ con mucho algo-
dón como por vía de amistad, enviándole á decir que le rogaba
mucho que le hiciese merced de mandar á sus vasallos que de
aquel algodón le hiciesen mantas muy buenas, como se sabían
hacer en aquel tiempo en esta ciudad, porque tenía necesidad
de ellas, lo cual entendiendo IxÜüxuchiÜ que como viejo y deu-
do suyo y por la falta que en AzcapiUzalco y todo su reino ha-
bía de personas que supieran hacer mantas, se las enviaría
para que sus vasallos se las hicieran, mandó luego que labra-
ran y tejieran las mantas y después de acabadas se las envió.
Viendo Tetzotzomoc que Ixtlüxuchül había mandado hacer las
mantas á sus vasallos, y se las había enviado con toda breve-
dad, entendió que fácilmente lo podía atraer á debajo de su
dominio. Envió segunda vez mucho más algodón que la pri-
mera, enviándole á decir que había recibido las mantas y que
eran muy curiosas y como cosas de sus vasallos, que le rogaba
le hiciese merced de mandar que le hiciesen del algodón que
enviaba otras. IxtlUxuehiÜ recibió este recado y como era mu-
cho el algodón, viendo que en su ciudad no se podían hacer,,
llamó algunos Señores sus vasallos y les mandó que repartie-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 147
sen el algodón entre sus vasallos para que hiciesen mantas
muy buenas para Tdzotzomoc. que le había enviado á rogar se
las mandase hacer. Los Señores sus vasallos que eran el de
Huexuíla Tlucotzin^ el de CohuatUehan Payntzin^ el de Cohxuv-
tejjec Totomihiuttztn, el de Iztapalocan Ixcontzin y otros muchos
de otras provincias, luego mandaron hacer las mantas y he-
chas se las enviaron á Tetzotzonioc} Éste habiendo recibido las
mantas llamó á los Señores de México y les dijo cómo había
enviado dos veces á IxtliIxuchiU para que hiciera las mantas y
se las había enviado hacer con toda brevedad y se las había
enviado, y que así le parecía sería bueno enviarle á decir que
él y todos los Señores sus vasallos, especialmente todos los que
se dicen del reino de los Aculhuas, le acudiesen cada año con
algún tributo, y que si no quisiesen buenamente convenir en
esto, que irían sobre él y á fuerza de armas lo sujetarían. Los
Señores de México le respondieron que les parecía muy bien
su determinación, pero que por entonces no convenía hacer lo
que pensaba, porque IxÜilxuchiU era muy valeroso y todos sus
vasallos, y que aunque no estaba jurado, pero como era legíti-
mo sucesor de toda la tierra, podría ser que muchos Señores
le ayudaran y favorecieran, pues más aynas irían al que era
suya la tierra y no al que tiranizaba; que primero sería bueno
tratarlo á los más poderosos Señores de toda la tierra y traer-
los á su devoción, pues los más de ellos eran sus nietos y deu-
dos y sería muy fácil atraerlos; y que por ahora le enviara ter-
cera vez más algodón que las dos veces primeras, rogándole
asimismo que le mandase hacer unas mantas como las otras
que le habían hecho. A Tetzotzomoc le pareció muy bien el con-
sejo que los Señores de México le daban, y así concedió en
ello y luego envió el algodón á Texcuco.
IxtliIxuchiU,, viendo que Tetzotzonioc ,\e enviaba cada año al-
godón para que le hiciera mantas y que esto aunque parecía
1 La ortografía más usada es Tezozoraoc, nombre que s\gn\ñc& piedra que
zumha'j y así se representa su jeroglífico en el códice Aubin.
148 OBRAS HISTÓRICAS DE
por vía de amistad y parentesco en las palabras, pero en las
obras era como servicio y vasallage, y además que habían pa-
sado algmios años de la muerte de su padre y no le querían
jurar por Rey y Señor de toda la tierra, como legítimamente
le venía de derecho, llamó á todos los Señores sus vasallos y
juntos les dijo cómo Tetzotzomoc le había enviado más algodón.
"Debe de entender (les dijo) que nosotros somos mujeres ó que
" hacen nuestros vasallos de miedo las mantas: no es justo que
" acudáis á esto, pues sabéis que yo soy el legítimo sucesor de
" toda la tierra. Tomad el algodón y haced de él armas y lo
" que vosotros quisiereis, y pues ellos no me quieren jurar,
" vosotros me juraréis por vuestro Rey y Señor universal .y
" después los sigetaremos á fuerza de armas." Todo lo cual
les pareció muy bien á los Señores sus vasallos y le dijeron
que era muy justo hacer lo que les mandaba, y así respondió
á los mensajeros de Tetzotzomoc que trajeran el algodón, dicién-
doles que dijeran á sus Señores que el algodón lo había to-
mado para sus vasallos que tenían necesidad de él para hacer
ciertas armas y aderezos de guerra, y que si tenía más se lo
enviase porque tenía necesidad de él para más armas y para
mantas, pues bien veían y sabían el justo derecho que tenía en
ser jurado por Señor de toda la tierra, aunque sus vasallos los
Chichimecas y Aculhuas tenían poca necesidad de algodón para
armas, pues confiaba en su valor y ánimo de ellos, que en
todo acudirían como ellos eran; y que pues no le quería jurar
Tdzotzomoc ni sus deudos, que le ayudasen siquiera en enviar-
le de cuando en cuando algodón para hacer armas á los man-
cebos en la guerra, que faltándoles las fuerzas de sus brazos les
ayudarían las de sus armas. Vista por Tetzotzomoc la respuesta
y determinación de IxtlUxiichitl^ se puso confuso y pensativo, y
Inego otro día juntó los Señores de México y demás sus va-
sallos y deudos y les dijo lo que LvtUlxuchül le enviaba á decir,
y que así sería necesario que todos juntaran su poder y vasa-
llos y lo sujetaran á fuerza de armas, antes que se le alzaran
más los pensamientos, y que sujeto, partirían en tres partes el
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 149
reino de los Aculhuas, que la una la tomaría para sí, y la otra
para TlacateoÜ Señor de Tlatelulco y la tercera Chimalpopoca
Señor de México y Rey de Culhuacan, y lo demás que sobrara
lo darían á sus deudos y amigos que les ayudaran, y que se-
rían sus vasallos ellos y todos sus descendientes y otras mu-
chas provincias que les daba y con esto no estarían debajo del
dominio y silla de los Aculhuas, ni se les alzarían los pensa-
mientos á los Señores que de allí fuesen; lo cual á todos les
pareció muy bien y dieron la palabra que así lo harían, como
lo hicieron. IxÜUxuchitl en Texcuco apercibió á sus vasallos
para que estuviesen advertidos cuando hubiese necesidad de
ellos, y que mirasen y tuviesen cuenta con los Tepanecas y Me-
xicanos, que aunque comunicasen y tratasen con ellos como
por vía de amistad, pero anduviesen siempre apercibidos, por-
que bien veía y tenía noticia de lo que Tetzotzíymoc ordenaba y
mandaba en Azcapotzalco.
Pasados casi siete años que era muerto TechoÜaMzin y des-
pués de haber sucedido las cosas referidas, Tdzotzomoc^ como
tenía ya apercibidos todos sus vasallos, amigos y deudos, se
juntaron hacia Mizqiiic y Cuülahíiac^ y hicieron un ejército muy
podereso en donde iban los de Tetzotzomoc, que eran los Tepa-
llecas, y los de Tlacateotzin y Chimalpopoca rey de Oulhuacan^
que eran los Mexicanos y Cuümas TuUecas y los de Totoqui-
Attazíñ, primero de este nombre, cuarto Señor de Tlacopan^
Los del Señor de Xuchimilco^ de CaiUahuac Mizquic, CuiUahiut'
tzin^ los de Iztapalapan, Mexicaizinoo y HuüzUopuxco y Coyo-
huacan, y juntos en un lugar llamado Aztahuacan, secretamente
sin que los de IxtUlxuchiÜ supieran cosa ninguna, (cayeron) una
madrugada sobre unos pueblos y estancias del Señor de Izta-
palocan, el cual á esta sazón estaba en Texcuco con IxtlUxu-
chiü y tenía puesto un gobemaflor llamado Cuauhxilotzin, el cual
se defendió valerosamente con los de aquellas estancias y pue-
blecillos, y pelearon hasta que ya iba saliendo el sol: y mien-
tras más aclaraba, más gente acudía al socorro. Viendo los de
Tdzotzomoc que se defendían valerosamente, y que serían ven-
150 OBRAS HISTÓRICAS DE
cidos si aguardaban á más, saquearon los lugares que habían
ganado, y prendieron á muchos de los Acuilmas y los llevaron
con todo el despojo á Azcapntzalco, y dejaron en Mzquic^ Cid-
^Miuac^ Iztapalapan y Culhuacan muy apercibidos aquellos lu-
gares de gente de guerra, para que cuando quisiera Ixtlilxuchiil
vengar la injuria que se le había hecho, se lo estorbaran y no
pasara adelante. Sabiendo esto IxÜüxuchiÜ vino con un ejér-
cito al socorro de los de Idapalocan; mas llegó tarde, porque
ya los enemigos se habían retirado hacia sus tierras y muerto
al gobernador Xüocuauh, y así hizo y puso sus fronteras en la
jurisdicción de Iztapalocan y Choleo, que confinaban con las de
sus enemigos, poniendo en cada parte gente de guarnición, y
se volvió á Texcuco á dar orden de lo que se debía de hacer.
Los Tepanecas, como dije, temiéndose de los Aculhuas que los
destruyeran si prosiguieran la guerra, contentos con los des-
pojos y esclavos de las estancias y lugares del Señorío de Izfa-
palocan, volvieron á Tdzotzomoc los más principales del ejército
á darle razón del suceso, disculpándose que no pudieron pasar
adelante con su determinación, porque reconocieron su dafio,
que si tardaran horas más sería gran ventura escapar algunos
de las manos de los Aculhuas, pues con ser no más los de las
Estancias de Iztapalocan, les habían muerto muchos de sus sol-
dados; que se contentase con haberles quemado las casas y ro-
bado sus haciendas y tesoro y traído á muchos de ellos presos.
Tdzotzomoc recibió grandísima pena en ver que sus vasallos no
habían hecho lo que él tanto deseaba, que entendió esta vez
acabar á los Aculhuas; mas viendo que no era posible, mandó
que estuviesen todos muy apercibidos para cuando se les ofre-
ciese alguna ocasión. Asimismo mandó apercibir todas las fron-
teras y poner otras en Hecaiepec ^ y Xaltocan, que eran de la
parte que le tocaban. Esta guerra sucedió en el año de ce Acatl,
á seis días del segtmdo mes llamado Tocozli, en el último día de
su semana llamado Matlactli omey Tecpatl, que conforme á
1 Ehecatepec.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 151
nuestra cuenta fué en el año 1359 á 15 días del mes de Abril,
casi á los siete años del Pontificado de Inocencio T7, en el ter-
cero del imperio de Carlos IV y en el noveno del reinado de
Z). Fedro el Oruel. De los desventurados Aculhuas que trajeron
presos sacrificaron algunos de eUos y los otros los vendieron por
esclavos, especialmente á los que no eran hombres valerosos, por
industria y orden de los Mexicanos en los templos mayores de
AzcapiUzalco^ México y TUdehdco. ^
Vuelto IxtlUxuchül á la ciudad de Texcuco, después de haber
puesto sus fronteras, como dicho es, en las últimas tierras de
Choleo y Iztapalocan hacia la parte de sus enemigos, convocó
á todos los Señores sus vasallos y amigos que eran Tlacatzin
de HuexuÜa; Payntzin de CohuaÜichan; Tot&mihuatzin de Co-
hvxUepec; Ixcontzin de Iztapalocan; Totzintzin de Tepepulco; Orno-
eatzin de TUdmanalco; Cacamatzin de Choleo^ y algunos caballe-
ros y gente ilustre de Acolman y ChivJinauhÜan^ porque no se
quiso fiar del Señor de Acalman^ que era nieto de Tetzotzomoc
y tenía grande deseo de favorecer á su abuelo, aimque no le
daban lugar sus vasallos, ni tuvo más que estos Señores de su
parte y otros particulares de pueblos pequeños. Jimtos que
fueron les dijo que convenía, pues era ya justo, que lo juraran
por su rey Señor natural de toda la tierra; que estando jurado
no se atreverían sus enemigos á hacer tales desvergüenzas co-
mo las pasadas, y que en Aculhvxican y en ChiuhnaukUan pusie-
ran sus fronteras y ejércitos para que sus enemigos no pasaran
hacia la parte de los suyos, y por lo consiguiente hacia las ri-
beras de la laguna; y mandó que Tochintzin^ nieto de Payntzin
Señor de Cohuaüichan^ fuese general del ejército y fronteras
que caen hacia la parte del Septentrión, que son las de Acid-
huacan y ChivhnauhÜan^ y á Ixconizin^ Señor de Iztapalocan, le
mandó que fuese general de las fronteras que caen al Mediodía
de la parte de su pueblo y provincia y la de Chalco. Esto les
1 Por la primera vez se hace mención en esta historia de sacrificios huma-
nos.— B.
152 OBRAS HISTÓRICAS DE
pareció muy bien á todos los Señores sus vasallos, pero á lo
de la jura le respondieron que no convenía por no haber lugar,
pues sus enemigos andaban muy solícitos; que andando el
tiempo, cuando estuviesen algo desocupados, que le jurarían
como era razón con toda la solemnidad que se debía á tal Se-
ñor. Estaban las cosas de esta tierra tales y tan revueltas, que
aun estos Señores (de) que habemos tratado (y que decíamos
estaban) de la parte de loMilxiichül, (así como también) algunos
de sus deudos y vasallos, avisaban y favorecían á Tdzotzomoc,
aunque eran de los que no tenían posibilidad ni fuerzas para
poderle ayudar, si no era sólo el de Acolman y Tepeehpan^ aun-
que á éste sus vasallos no le querían obedecer.
Acerca de algunos de los principales de los que favorecían á
Tdzoiwmoc^ parece en sus historias que fué uno de los de Cb-
huaiepec del linaje de los Tepanecas, que al tiempo de la guerra
que conté se hi?o en las estancias y pueblo de Iztapalocan fué á
ayudar á los de Tdzotzonioc, y él les avisó por dónde habían de
entrar primero y á qué hora, y saliendo personalmente con al-
gunos Tepanecas se fué hacia donde andaba peleando y defen^-
diendo las tierras de su Señor el gobernador de Iztapalocan^
llamado Ouauhxiloj y descuidándose con él, que parecía le ve-
nía á favorecer por ser de la gente y vasallos de IxUUxuchiÜ^ al-
tiempo que andaba peleando y (con) los ojos (puestos) en sus
enemigos, le mató este de Cohuaiepec á traición y en parte y
ocasión que se pudo escapar de entre la gente de IxtHlxuchiÜ.
En el año de once Calli á cinco días del 129 mes llamado
HüEYPAXTLi, en el primer día de su semana llamado cí mazatl
y á la nuestra 1369, á los últimos días del mes de Octubre, en.
el cuarto año del Pontificado de Urbano F, á los 23 del impe-
rio de (Jarlos IV y en el primero del reinado de Enrique lien.
España,lnació el famoso NezahualcoyoÜ^ que fué el segundo hijo
1 En el cap. 15 de la Hisioria Chichimeca ha puesto el historiador el resto
de la correspondencia con nuestra éraj que aquí falta, designando el 28 de
Abril, Vide también allí la variante que se le nota.~B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 153
legítimo de Ixüllxuchül, porque pocos años antes nació la Prin-
cesa Tozquentzin su ¡hermana mayor, de lo cual todos los Seño-
res vasallos de su padre IxUilxuchtíl se holgaron mucho, é hi-
cieron grandísimas fiestas y regocijos, y Tetzoizomoc fué para él
de grandísimo pesar y enojo cuanto fué de placer y gusto para
IxUilxuchitl. En este tiempo no dejaban de tener algunas bata-
llas crueles, entre las cuales fué una casi en este mismo tiem-
po hacia la laguna en las tierras de HuexxUla, porque los Tepa-
necas vinieron con gran ejército por la laguna y quisieron
entrar por este lugar, lo cual, como los Aculhuas andaban
siempre cuidadosos guardando sus fronteras, tuvieron noticia
de los exploradores cómo los Tepanecas venían sobre Texcuco,
y así, llegaron al tiempo de amanecer y tuvieron aquel día gran-
des y crueles batallas, muriendo de ambas partes mucha gente
y á la noche se tomaban en sus canoas que estaban dentro de
la laguna. Estuvieron de esta manera algunos días, y viendo
que se iban consumiendo y que no podían sufrir la fuerza de
los del ejército de locÜUamchiÜ, se tornaron á Azcapotzalco des-
trozados, á dar razón á su Señor, el cual aunque recibía mucha
pena de esto, viendo que era imposible, mandó que no fueran á
buscar á los de su competidor IxtlilxuchiÜ hasta que fuese tiem-
po para ello, sino que solamente guardasen y acudiesen á las
fronteras, en el Ínterin que él convocaba y traía algunos Seño-
res á su devoción.
En el año de ce Toxtli, que fué á la nuestra el de 1370, viendo
los Señores vasallos de IxtlUxuchiU que era ya tiempo de ju-
rarlo por Señor Monarca de toda la tierra, que tan de derecho
le venía, aunque casi toda la tierra estaba rebelada y tiránica-
mente alzada, acordaron de jurarlo y así se hizo en Huexutla
la solemnidad del juramento, hallándose personalmente no
más de dos Señores sus vasallos y otros dos sacerdotes, para
este efecto, de sus falsos dioses, para los ritos y ceremonias que
se requerían, que fueron Payrdzin de CohuaÜichan, Tlalnahua-
caizin gran Sacerdote de este mismo lugar, Tlacotzin de Hae-
xuüa^ y TazaJtún asimismo gran Sacerdote. Jinraron á IxtlUxu-
154 OBRAS HISTÓRICAS DE
chia por Monarca de toda la tierra, y á su hijo Nezahualcoyotí
por Príncipe heredero. Los ritos y ceremonias de la Jura ade-
lante se dirán donde fuere su lugar, porque este Señor fué el
primero que se hizo jurar conforme al orden de los Tultecas
y Aculhuas Mexicanos. La causa de que no se hallaran más
que dos Señores en esta Jura fué porque todos andaban muy
ocupados en las fronteras con los ejércitos, guardando sus tie-
rras, porque en el Ínterin de la Jura, por estar ocupados, no
los cogieran sus enemigos al descuido, aunque después cada
uno y por su orden le iba á dar la obediencia y el parabién por
sí y por sus vasallos.
Este mismo año de la Jura de lodllilamchiU envió un embsga-
dor á Tdzotzomoc y á los Señores Mexicanos, especialmente á
TlaccUeotzin^ Señor de TkUduIcoy que era el general de todos los
ejércitos de los Tepanecaa. El embajador fué Zihtiacnahiuicatzin^
hijo del gran Sacerdote de HuexuÜa^ valeroso capitán, y de -Xi-
htdn hija de Tlacaieotzin; de suerte que este embajador era
nieto de Tlacaieotzin á quien llevaba la embajada. Llegado que
fué Zihítacnahuacaízin á la presencia de Tlacaieotzin^ le dijo có-
mo venía de parte de IxÜilxuchiÜ su natural y legítimo Señor
y Monarca de la tierra, para apercibirle á batalla en cierto
tiempo de este presente año y hacerle saber á él y á Tdzotzo-
moc^ tirano traidor, y á todos sus aliados, cómo era jinrado por
Rey y Señor Monarca de toda la tierra, y que le obedeciesen
por tal en paz, que él les perdonaría todo lo pasado si ellos se
querían rendir y darle la obediencia, y si no, que los sujetaría
á fuego y sangre, y les enviaba sus insignias y armas para que
ellos estuviesen apercibidos, y no se quejasen en algún tiempo
de que los sigetó descuidados; las cuales insignias este emba-
jador, que era asimismo nombrado por general del ejército de
Ixtlilxuchitl^ las traería en las guerras, puesfes como persona
que representaba la persona de su Rey y Señor; y con esto
(les enviaba también) muchas cargas de armas, flechas, maca-
nas, lanzas y rodelas. Oída esta|embajada por Tlacaieotzin^ Se-
ñor de TkUdvIco y general de los ejércitos de los Tepanecas,
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 155
ué á ver á TdzotzoTnoc y mandó al embajador que aguardara
la respuesta en Tlatelulco^ el cual así lo hizo.
Ido Tlacateotzin (dio este mensaje á Tdzotzomoc) que á la sa-
zón estaba también (con él) Chivuilpopoca Rey de México y
otros muchos Señores, (y estando en su presencia) dijo á Te-
tzotzomoc lo que enviaba á decir IxÜilxuchiÜ^ de lo cual Tetzotzo-
moc recibió grandísima pena, y le respondió que dijera al emba-
jador, que bien sabía que IxUüxucMa se había hecho jurar por
Monarca (pero) que él era el Monarca, y que sus vasallos y
amigos no le obedecerían por tal, sino (que lo tendrían) por
traidor; y que él lo sujetaría á fuego y sangre, y que no sería
menester que él se tomara el trabajo de venir hacia sus tierras,
(sino) que él iría para tal día hacia las suyas y le daría á enten-
der su desvergüenza y atrevimiento, y que sería hacia los cam-
pos de ChicvhnavMan^ con cuatro ejércitos muy poderosos.
Estas y otras cosas le respondieron á IocÜilxu4Ml y despacha-
ron al embajador, el cual se fué derecho á Huexutía^ donde
residía su Rey y le dio la embajada, y dio orden de lo que se
debía de hacer en tales negocios como estos.
En Azcaputzaho convocó y llamó Tétzotzomoc á todos sus va-
sallos deudos y amigos, y les dijo que juntaran cuatro ejércitos
muy poderosos, y que fueran hacia Hueamtiu por la laguna se-
cretamente y entraran por allí, porque muy fácilmente podían
haber á las manos á IxÜilxudiitl, y que preso ó muerto fácil-
mente se allanaría lo demás, pues estaban todos aguardando
en los campos de ChwuhnauhUa y descuidados en tal cosa, lo
cual á todos pareció muy bien. Mas á IxÜilxuéviÜ no faltó quien
le avisó cómo no habían de ir hacia Chicuhnauhtla^ sino por la
laguna hacia Hu^xntia, donde él tenía su corte; y así él mandó
á los (jefes) de sus ejércitos que la mayor parte de ellos estu-
viesen secretamente en las riberas de la laguna con el general
ZihuaenahimCy y la demás gente en Chimhnauila con su hijo Zi-
huaquequenotzin^ que también era gran capitán; y que de la una
y de la otra parte, unos á otros se avisasen y ayudasen si hu-
biese necesidad, no dejando sin gente las fronteras, que tam-
156 OBRAS HISTÓRICAS DE
bien él les ayudaría con toda la gente y armas y con todo lo
necesario.
Y cumplido el tiempo que los Tepanecas dijeron habían de
estar en ChicuhnauÜa^ amanecieron una madrugada en las ribe-
ras de la laguna con grandísimo ejército de innumerables gen-
tes, que parecía, según las historias, un gran hormiguero, con
la multitud de canoas y gentes que por encima de la laguna
andaban vadeando un cabo y el otro; y los de loMUxU'ChiU vien-
do á sus enemigos, les salieron al encuentro, los cuales muy
descuidados venían de tal recibimiento. Pelearon cruelmente.
Murieron de ambas partes infinidad de gentes en donde se se-
ñalaron muchos y valerosos hombres, así nobles como plebe-
yos, que por excusar prolijidad no se ponen aquí. El buen
general Zihuacnahuacaizin en todo acudió como quien era. La
laguna, y su ribera se cuajó de hombres muertos y toda el agua
se puso bermeja de los arroyos de sangre que corrían. Pelea-
ron muchos días y sucedieron tantas y tan crueles cosas, nun-
ca vistas ni oídas en esta tierra, que sería muy largo de contar.
Mas al fin viendo los del tirano Tetzotzomoc la mucha fuerza y
valor del legítimo Señor IxÜiLcuchiti^ se fueron retrayendo hacia
sus tierras.
Este fin tuvo la tercera batalla señalada que tuvo IxtUxuchüly
la cual sin las particulares contiendas que hubo, fué la octava
batalla memorable y cruel que hubo en esta Nueva España.
Los de las fronteras y gente de guardia también hicieron gran-
des cosas y se señalaron en muchas, especialmente en la parte
de Chicuhnauhtlan, en donde asistía Zihuaqueguenotzin, general
del ejército de aquella parte; y fué que al tiempo de las crue-
les batallas, él con algunos de los capitanes más valerosos que
tenía, entraron por Amlhxmcan y otras partes y saquearon cier-
tos lugares de Coatepec y otras partes matando mucha gente.
Los Señores vasallos de IxÜUxuchiÜ estaban con él apercibien-
do y enviando socorro á los militares, y otros estaban en los
pueblos ó provincias en donde estaban los Señores que que-
rían favorecer á Tetzotzomoc^ teniendo cuenta de ellos no se des-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 157
mandasen en alguna cosa, especialmente en Acuhnan^ donde
estaba Teyolcocohiuiizin^ nieto de Tdzotzomoc, El Rey Ixtlilxuchül
muchas veces quiso salir á esta batalla personalmente como lo
había hecho otras veces en las guerras generales y particulares
que hubo antes, como ya de todo se ha hecho relación; pero
sus vasallos los Señores no le daban lugar á esto, porque le
respondían, que pues tenía hijos y vasallos tan valerosos, que
no convenía que él saliese personalmente, que mejor le estaba
á su persona y dignidad estar en la corte apercibiendo á sus
vasallos y dando orden en todo; demás de que todos estaban
satisfechos de su gran valor y ánimo; y sobre todo esto, que
pues el tirano no salía personalmente á la guerra, no convenía
á un Señor tan grande como él era, pelear personalmente con-
tra los de su competidor el traidor Tdzotzomoc,
Visto por Tetzotzomoc que no podía con los suyos y los de sus
aliados y deudos sujetar á los Aculhuas, trató amistad con Que-
xatíeeuixtU Señor de Otumba y con el de Chalco, que eran las más
poderosas provincias que tenía el Rey IxtlUxuchitl, enviándoles
grandes presentes y (haciéndoles iguales) promesas si mataban
á IxtlUxuehiÜ^ ofreciéndoles que si le favorecían les daría gran-
des tierras y mercedes, á lo cual el Señor de Otumba y el de la
provincia de Choleo concedieron en ello, dándole palabra que
en todo le ayudarían y no obedecerían á IxtlUxucUtl su Señor.
Pasado algún tiempo de por medio, después de haber suce-
dido grandes cosas, y viendo Ixtlilxiichitl que los de Otumpan ^
y Choleo se le habían rebelado, y otras muchas tierras y pue-
blos y lugares de los que estaban debajo de su dominio, acor-
dó en juntar un poderoso ejército para sujetarlos á fuego y san-
gre y concluir estas contiendas con destruir á los Tepanecas y
matar á su Señor y demás sus ahados: y así lo hizo, juntando
los más valerosos hombres de su ciudad y cabecera de Texcu-
1 £1 autor usa unas veces el nombre nahua de Otumpan, y otras el de
Otumba que acostumbraron decirle los españoles, y hoy usamos. Así hemos
visto también, que unas veces dice Tollan ó Tolan, y otras Tula. Esto no pue-
de ser error de los copistas.
158 OBRAS HISTÓRICAS DE .
co y mancebos de ánimo y fuerzas, y los de Huexutla^ Colma-
tlichan, ChinuMla^ TepeÜaoztoc, Tezoyocan, TepechpaUy Chicuh-
nauhüan, Amdman, AhiuUepec, Tizayocan^ TUxlanapan^ Tepepuleo^
Zeinpohualan y Tulantzinco^ que no hubo más que estas provin-
cias y pueblos de su parte, y dio orden á este ejército para que
entrase primero por Xaltepex^^ que desde allí comenzaban los
pueblos y provincias que se le habían rebelado; y en lo de
Choleo dejó á los de Cohuatepec y Izíapalocan^ para que tuvie-
sen allí puestas sus fronteras y no dejaran entrar ninguna per-
sona de Chalco^ ni de los Tepanecas en sus tierras; y no quiso
por entonces sujetar á Chalco, por ser gran provincia y muy
cercana de los Tepanecas y los demás sus aliados, dejando á
estas dos partes para que les defendiesen la entrada, entretanto
que se hacían las guerras en los pueblos y provincias rebela-
das, y lo mismo dio orden en todas las demás fronteras que
tenía puestas, apercibiéndoles y dándoles todo lo necesario.
Luego que juntó este ejército de innumerables gentes se par-
tió para hacia Xaliepee, y comenzada la guerra desde aquí, su-
jetó este lugar á fuego y sangre. Luego pasó á Otovipan^ en
donde tuvo grandes y crueles batallas, mas al fin los sujetó á
fuego y sangre. Luego á Xapuchco y de aquí hasta Quemecan^ y
de Astaoan Quemecan á Temascalapan y de aquí hasta Tula, en
donde tuvo grandes y crueles batallas hasta que los sujetó con
la misma orden. De Tula pasó á Xüotep€<i^ y de Xilotepec á Zi-
ÜaUepec, y dio vuelta hacia el mediodía y fué sobre la provin-
cia de Tepozotian, que también se le defendió valerosamente,
mas al fin lo sujetó á fuego y sangre; y de aquí á Cuauhtitlan,
en donde le salieron á recibir los Tepanecas con innumerables
gentes y tuvieron muchas crueles batallas, muriendo de am-
bas partes multitud de gentes, mas al fin los Acxdhuas hacien-
do todo su posible vinieron á vencer y saquear á CuauhtiÜan y
toda su provincia y sujetarla á fuego y sangre, conforme á las
demás partes declaradas, y otras cosas que por excusar proli-
jidad no se declaran. Los Tepanecas que escaparon fueron re-
tirándose hacia AzoapxUzalco, y los Aculhuas en su seguimiento;
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 159
y les dieron alcance en Tepadepec, donde tuvieron otra batalla;
mas dentro de pocas horas se fueron vencidos y se fueron re-
trayendo hasta cerca de Azcaputzalco^ en donde salió otro ejér-
cito en su favor. Los Aculhuas llegaron hasta Temacpapalco^
lugar cerca de la ciudad de Azcaputzalcoj y allí pusieron sus
fronteras y tuvieron cercados sus enemigos cuatro años, en
donde sucedieron grandes y crueles batallas, muriendo innu-
merables gentes de ambas partes y señalándose muchos caba-
lleros nobles y plebeyos en hechos heroicos, lo cual todo se
deja por excusar volumen.
Casi á los últimos días de los cuatro años que estaban sobre
Azcaputzalco y que los Tepamcas estaban casi de todo punto
destruidos, un día acordó Teizotzomoc de rendirse y dar obe-
diencia á IxÜilxuchiÜ por Señor y Monarca legítimo de toda la
tierra y pedirle merced de las -vidas, viendo que no tenía otro
remedio, porque entonces si quisieran los Aculhuas, dentro de
pocas horas podían destruir toda la ciudad. Comunicando esto
Tdzotzomoc con los Señores y Reyes aliados les pareció muy
bien y concedieron en ello, y luego enviaron sus embajadores
al gran IxUüxuchia^ el cual estaba en una tienda sobre el cerro
TemacpaU, que estaba cerca de las froi^teras y ejército, dando
orden para concluir la guerra; y si los embajadores se tardan
un poco más, sin duda aquel día se acabara Azcaputzalco y to-
dos los Tepanecas sus aliados, que todos juntos estaban allí; y
llegados dieron su embajada. El Rey IxÜUxuchiÜ los recibió
muy bien, y les dijo que él les perdonaba y concedía todo lo
que ellos pedían, y que si desde antes lo hubieran hecho, que
lo mismo hubiera sido y no hubiera costado tanta sangre y tan-
to caballero y gente ilustre de ambas partes, de lo cual estaba
muy sentido; mas que como ellos cumpliesen lo que prometían
de cumplir y guardar, que él los perdonaba, y que bien veían
ellos que si él quisiera, fácilmente los pudiera acabar, lo cual
pues ellos conocían su pecado, bastaba por castigo lo hecho,
porque hacer otra cosa no convenía á su nobleza y alta sangre.
Demás de que á quien castigaba eran sus mayores y deudos tan
160 OBRAS HISTÓRICAS DE
cercanos, aunque era con justicia, pues como ellos bien sabían,
el ser Monarca y Señor de toda la tierra (solamente á él le to-
caba) de derecho y por línea recta le venía, pues era legítimo
sucesor de su padre TechoÜolatzin^ cuyo señorío le venía de de-
recho por su antepasado Xoloti^ poblador y legítimo Señor de
toda la tierra de una mar á otra; ^ pero que él esperaba en sus
dioses, especialmente en el criador, que él castigaría á los de-
más que se habían rebelado y á las provincias remotas, y que
cuando no, sus descendientes lo harían, y que él se iba á Tex-
cuco su ciudad á dar orden de lo que se debía hacer, (mien-
tras) que ellos dieran orden de hacer la solemnidad de la Jura.
Los embajadores rindiéndole las gracias por su Rey Tdzotzo-
moc y demás Reyes y Señores sus aliados, fueron á dar la res-
puesta. IxÜilxuchiÜ mandó alzar las fronteras y el ejército y
que cada uno fuese á sus tierras, dando las gracias y haciendo
muchas mercedes á todos los que se habían, señalado, aunque
á muchos Señores no les contentó lo que había hecho con sus
enemigos, porque tuvieron muy conocido que los Tepanecas
harían lo que hicieron. Idos todos cada uno á su tierra, Jarffí/-
amckiü en su corte dio orden de lo que se había de hacer, libre
en todo de engaño y sospecha en su corazón.
Tdzotzovwc oyendo á los embajadores y los demás, sus alia-
dos se holgaron mucho, porque bien conocían (que habían) de
alcanzar lo que ellos deseaban; y así dio orden de traer á su de-
voción á todos los demás Señores vasallos de IxÜüxuchUl con
dádivas y promesas, especialmente á los que eran sus deudos,
los cuales muchos de ellos consintieron y dieron sus palabras
1 Por más que Ixtlilxochitl quiera decir que el señorío de Texcoco se ex-
tendía de una mar á otra, por su misma relación de los pueblos que tomaban
parte en las batallas y de los lugares en que éstas se verificaban, se ye clara-
mente la exageración del autor. Estos lugares y estos pueblos en su mayor
parte están comprendidos en el Valle de México; y fuera de él, los otros como
Tula y Xilotepec, no están á gran distancia.
Al anotar la Historia Chicbimeca, fijaremos con exactitud los límites del
señorío de Texcoco, y los pueblos que le pertenecían.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 161
de acudir á lo que él les rogaba, y se previnieron á ello. Viendo
Tetzotzomoo que ya era tiempo para poder hacer su hecho, como
viejo astuto, envió á rogar á IxtlUxuchiU, (diciéndole) que para
que ellos pudieran ir á jurarle, convenía que mandase á todos
sus vasallos dejar las armas, y que no tratasen de cosa ningu-
na, porque ellos se temían de ellos no les sucediese algún mal
por ser los Aculhuas y feroces Chichimecas muy determinados
y vengativos. Estas y otras muchas palabras cautelosas envió
á decir Tetzotzonioc con sus embajadores al gran IcÜilxuchiÜ^ el
cual descuidado de la traición y oprimido de su nobleza, hizo
todo lo que el tirano Tetzotzomoc le rogaba, mandando por todo
su reino que ninguno tomase las armas contra los Tepanecas,
porque ya eran sus amigos y sujetos debajo de su imperio
(diciéndoles) que un día del año siguiente lo querían jurar y ha-
cerle la;fiesta. Todos sus vasallos obedecieran su mandato y
no hubo en cosa ninguna novedad; (todo) lo cual y las últimas
guerras sucedió á los últimos días del año et ^ calu, que con-
forme á nuestra cuenta fué 1417. ^
Viendo TdíK^zomoc que Ixtlilxuchül estaba muy descuidado
y sus vasallos muchos á su devoción y gusto, ordenó una trai-
ción cautelosa, y fué que en el año de cuatro Toxtli, á los pri-
meros días del sexto mes Tecuhilhuitzintu, que es tiempo
cuando los caballeros nobles hacen fiestas en los campos, tor-
neos y alardes á su modo de cazar en los bosques, montes y
otros lugares de caza, con redes, arcos y flechas y otras inven-
ciones, como más largo haré relación del entretenimiento que
en cada mes tenían los naturales de esta tierra, que conforme
á Ja nuestra fué en el año de 1418, á los veinticinco días dd mes
de Junio, en los primeros tiempos del Pontificado de Martin F,
al octavo año del imperio de Segismundo y en el décimo sépti-
mo del reinado de Juan II en España, acordó de irse al pue-
blo de CkiconauhÜa con gran cantidad de hombres armados de
1 Debe ser Yki, que es 8. — B.
2 Desde aquí se hace ya la corrección de la cronología — R.
TOMOl-ll
162 OBRAS HISTÓRICAS DE
diversas partes, en un lugar y bosque donde ya á esta sazón
tenía al Señor de allí mandado traer de diversas partes muchos
animales feroces, venados y conejos y otros muchos animales
para caza y aves para volatería. Este Señor que se decía Tox-
mUtzin era de los de su devoción, y así dio priesa en todo lo
necesario para tales cosas como estas; y así ñngiendo Tetzotzo-
moc que allí había de ser la Jura y ñestas, envió á avisar á JEc-
ÜüxucfdU que viniese para ChiconauhÜaj que allí había de ser
la Jura, disculpándose que le perdonase que no iba allá perso-
nalmente por ser ya muy viejo, que muy bien sabía esto, y que
fuese servido de que fuese en TemalnaÜaÜ^ en donde había
mandado aderezar bien: y en ínterin mandó al ejército oculto,
que al tiempo que lo viesen venir, que hiciesen que lo iban á
recibir, y que llegado, lo prendiesen á él y á su hijo Nezahual--
coyotl^ y que se lo llevasen delante de él con todas las ignomi-
nias y vituperios del mundo; y les dio un retrato del padre é
hijo para que los conociesen, aunque viniesen entre mucha
gente. ^ Todos ellos diéronle su palabra de que en todo harían
lo que él mandaba, y hallóse en este tiempo Izoatxin^ AoaÜotzin^
TeemUeoatzinUi^ hijo de IxUibmckUl y valeroso capitán disfraza-
do sin que nadie lo conociese, porque era de madrugada; quien
luego se partió para Texcuco y le contó á su padre todo lo que
había pasado y cómo venían los embajadores para llevár-
selo.
loMüamchiÜ quedó admirado de tal cosa, y como vido que to-
da la tierra y los más allegados Señores de sus vasallos y deu-
1 De este pasaje parece deducirse, que nuestros antiguos pueblos habían
llegado á tal perfección en la pintura, que hacían retratos. Ya se había creído
que las cabecitas de barro y algunas máscaras, eran retratos escultóricos. Debe
sin embargo hacemos dudar, la circunstancia de que en todas las pinturas je-
roglíficas que conocemos, siempre se pone el nombre jeroglífico al lado de la
figura, como para distinguir el personaje representado, no por sus facciones,
que en lo general son semejantes en todas, sino por la significación de aquél^
Igual observación se puede hacer respecto de las esculturas. Las deidades no
van acompañadas de sus jeroglíficos; pero éstas se distinguen muy bien por sus
diferentes atributes.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 163
dos se le habían rebelado, no pudo hacer cosa ninguna. Aguar-
dó á los embajadores y oyó la embajada, y fingiendo que se
holgaba mucho, les respondió que dijesen á Tdzotzomoc que
allá iba, y que cuando no, enviaría una persona en su lugar.
Tomaron á repetir los embajadores que á él le aguardaban
para la solemnidad del juramento personalmente, y les res-
pondió una sola palabra, que fué decirles que sí lo haría. Los
embajadores se fueron á gran priesa para ChiconaukUa para
avisar á Tdzotzomoc que ya venía. Tdzotzomoc se holgó mucho
y todos los demás Reyes y Señores.
IxtUlxuchiU llamó á todos sus deudos y amigos y leales va-
sallos, y les dijo que le diesen su consejo de lo que convenía
hacer acerca de esto. Levantóse su hijo AcaUotzin^ y le dijo que
él quería ir en su nombre á padecer por él todo lo que vinie-
se sobre sí, y que él lo tendría por bien empleado, y que en el
Ínterin apercibiese á toda la ciudad y algunos lugares y se de-
fendiesen de sus enemigos. Asimismo se prefirieron (ú ofre-
cieron de preferencia) á ello otros tres caballeros que habían
sido sus ayos y maestros, los cuales se decían, el uno BmJtálin
huUli hUdecpoyotán^ el segundo !re^¿z^{naAt<ac¿i¿z^ Tlilxi'
cotoíny el tercero OyouktecatzinUi XochiÜ Temocahin, diciéndole
que ellos emplearían de buena gana sus personas y vidas por
él (resignándose á correr el riesgo) de todo lo que les viniese^
y que sólo le rogaban mirase por sus hyos y mtijeres y se re-
cordase de ellos favoreciéndolos en todo, y que si muriese
en la demanda (los recomendase) al Príncipe heredero, (para
que) si el Criador lo libraba y recobraba su Señorío, hiciese lo
propio.
IxtlilxuchiU no con pocas lágrimas les respondió que todo lo
que ellos pedían y más, él y su hijo lo cumplirían en todo, y
partiéndose el Infante con estos tres caballeros, fueron dere-
chos á TemamaUa ^ con alguna gente; y reconociendo los ene-
migos que era IxÜilxuchiÜ, dieron un grandísimo alarido y vi-
1 Antes lo ha llamado TemalnaÜaÜ.—'R.
164 OBRAS HISTÓRICAS DE
níeron á gran priesa para recibirlo, y viendo que no era sino
el Infante su hijo y los caballeros, los cogieron y cada uno les
daba, irnos de palos y otros de bofetadas, otros de rempujo-
nes, y de esta manera los llevaron hasta cerca de una tienda
en donde estaba sentado el Tirano, y sin hablar con ellos ni
oir su embajada, mandó que al Infante lo desollaran vivo, y á
los tres caballeros les dieran de lanzadas hasta que muriesen,
y luego al punto hicieron lo que él mandó, y el pellejo del In-
fante lo mandó extender sobre unas peñas que allí cerca esta-
ban, y mandó que todo el ejército fuera sobre Texcuco y lo
destruyeran á fuego y sangre, y muerto ó vivo le trajeran de-
lante de sí á IxtlüxuchiU |y á su hijo Nezahualcoyotnn, Ya en
este tiempo IxÜilamchiU había apercibido á todos los ciudada-
nos y otros lugares cercanos á la ciudad, aguardando al ene-
migo; y así al tiempo que allá llegaron, les salieron al encuen-
tro y tuvieron grandes y crueles batallas. De allí á diez y seis
días se pasó IxUilxuUiU á un lugar y bosque cerca de Texcuco
que se decía Ouauhyacac^ donde apercibía sus vasallos y daba
orden de lo que se debía hacer; y los Tepanecas y demás tira-
nos sus aliados, cada día peleaban, y los de IxtlüxuchiU defen-
dían su ciudad, muriendo de ambas partes mucha gente.
El día siguiente antes de la alba, que era el quinto día de su
remana llamado Macüilicohuatl á los 17 del mes Tecüilhüi-
TZiNTLi, en este- presente año, que conforme á nuestra cuenta
era á 10 dd mes de Julio, mandó IxtlUxucJUitl á su hijo el Infan-
te Zihvuquequenotain, fuese á Huaiepec y Otumpan, y les man-
dase de su parte á los de allí, que viniesen á ayudar siquiera
en traer bastimentos para los soldados. Zihuaquequenotzin res-
pondió á su padre que él iría á hacer su mandato, mas que no
volvería con vida, porque él tenía conocido como General de
las guerras las condiciones é intento de estas gentes, y que él
probaría, pues no había otro remedio, si quizá viendo á su
persona le obedecerían, y que si allá muriese le encomenda-
ba á él y al Príncipe su hijo, para que los favoreciese y am-
parase como á cosa suya. IxÜüxuchiÜ le respondió con mu-
DOxN FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 165
chas lágrimas que no tenía de que avisarle, que obligación tenía
él y el Príncipe su hijo, de favorecerlos en todo como propios
hijos, pues eran sus nietos. El Príncipe le respondió lo misma
y añadió, que si muriese allí, le hacía merced á sus sobrinos
de muchos pueblos sujetos en aquellas provincias, para que de
ellos y sus descendientes fueran suyos; que miraría por ellos
como era justo, si el Criador los librara de tan cercana muer-
te y destrucción que sobre sí tenían. ZiMaquequenalzin se par-
tió para HuaUpec, y llegado le recibió el Mayordomo llama-
do Zerdsdn (á quien) después de haberle dicho que venía por
socorro para su padre, le respondió que no podía hacer co-
sa ninguna si no avisaba primero á los Gfobemadores Que--
zcdcuixüi y Acaizon; y así avisó á tos Gobernadores, los cuales
en lugar de dar socorro, enviaron mucha gente armada para
que prendiesen al Infante Zikuaquequmoízinj los cuales fueron
luego al punto y lo prendieron estando muy descuidado de tal
caso, y lo llevaron preso delante de los Gobernadores. Uno de
ellos, que era QuetzalcuixÜi^ le preguntó á que venia; él dijo su
embajada, y el Gobernador le respondió que él no obedecía
por Señor á loMílxuchiÜ^ sino al gran Tdzotzomoc^ rey de Azccv-
ptUzalco^ y que dijera su embajada enmedio de la Plaza, que
era día de la feria mayor de esta provincia, para lo cual lo sa-
caron y allí á voces pidió socorro para su Padre. La respuesta
fué despedazarlo, (á tal punto), que el que no llevaba un pe-
dacito de sus carnes, no se tenía por dichoso. De esta manera
murió este valerosísimo y gran Capitán, que pocos años antes
temblaban los Tepanecas de él.
Habían pasado casi 32 días después de la muerte de Zihua-
quequenoftzin^ que era en el 10 de su semana llamado biatlactli
cozcAcuAüHTLi á 9 días del mes llamado Migatlhüitzintli, y ajus-
tado con la nuestra era á 16 de Agosto^ una madrugada, vien-
do IxtlUxtichiU que ya su ciudad y otros lugares estaban ya ca-
si de todo punto destruidos de las crueles batallas que tanta
tiempo había que duraban, llamó á sus hijos, amigos y deudos,
y les hizo un largo y doloroso razonamiento, tal cual puede ser
166 OBRAS HISTÓRICAS DE
en tales tiempos y ocasiones, y de Príncipe tan valeroso y no-
ble, aunque muy abatido de la fortuna, por su gran nobleza y
buena confianza, como ya de todo, aunque en suma, se ha he-
cho relación. Encargó al Príncipe heredero mirase por sus va-
sallos, los amparase y libertase su Patria y deudos del tirano
y sus aliados; recobrase sus reinos, y que para poderlo hacer,
fuese á ver á sus deudos, á los de Tlaxcala y HuejxUzinco y
otías partes, para que le diesen su favor y ayuda y se guarda-
se del tirano y sus vasallos no le quitasen la vida, que en aca-
bándose, se acabaría en él el linaje tan antiguo por línea recta
de los Señores Chichimecas. ^ El Príncipe consolando á su pa-
dre, le respondió con muchas lágrimas que en todo haría y
cumpliría lo que le mandaba con el favor del Tloquenahiuiquej
que es el Criador. Luego hizo lo mismo Ixtlüxuchül con los
demás, diciéndoles que mirasen por el Príncipe, pues no les
quedaba ya otra cosa más que él; y que cuando él muriese,
como era forzoso, no se le daba nada, que ya era viejo y al fin ha-
bía de morir ^ librándole de las manos de sus enemigos y acon-
sejándole cosas buenas y en su favor; guardando las leyes de
sus mayores y amando siempre la paz y conformidad. Estas y
otras muchas palabras les dijo, y ellos con gran dolor y lágri-
mas le respondieron que ellos harían y cumplirían todo su
mandato.
De allí á pocas horas llegó nueva cómo la ciudad de todo
punto estaba perdida y otros muchos lugares; que los enemi-
gos hacían grandes crueldades con los viejos y viejas, niños»
ciegos, cojos y enfermos que no se podían defender. Detrás de
este mensajero vieron venir un gran tropel de gente de guerra
que venían de hacia tres partes, unas hacia Oiumpan^ otras ha-
cia Chxdco y otras hacia la ciudad de Texciico^ y los ciudadanos
y demás moradores, hombres y mujeres que habían escapado,
iban huyendo hacia las sierras. Entonces el rey IztlUxuchül se
1 En el original siguen— "cuyas tierras y vasallos por ellas moría." — R.
2 Parece que aquí debía terminar el período, y que faltan después las si-
guientes <5 semejantes palabras: *-Que lo cuidasen."
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 167
puso SUS armas y se fué hacia un lugar que se dice Topanohua-
yan^ junto á un arroyo que baja de las sierras, con algunos de
sus vasallos y leales amigos y el Principe su hijo Nezaliuaho-
yotl, al cual le dijo que se escondiese para que no se acabase
en él el Señorío; y el Príncipe para dar gusto á su padre se su-
bió á un árbol que se dice Capvlin^ muy copado, que estaba
junto á un cerrillo que allí cerca estaba, y desde allí estaba mi-
rando todo lo que á su desventurado padre le sucedió, aunque
él bien quisiera morir por su padre. ^
1 Para no incurrir en graves errores históricos siguiendo al pie de la letra
el relato de Ixtilxochitl, conviene fijar algunos hechos, tanto más, cuanto que
ya entramos en la parte interesante de nuestra Historia, y ya los sucesos y la
cronología están bien autenticados, así por crónicas de los primeros años de la
Conquista, como por códices y Jeroglíficos.
El campo en que se desarrollaron los sucesos referidos, fué el Valle de Mé-
xico. Era entonces muy extensa la laguna: en las tierras que al Oriente la
circundaban, estaba el Señorío de los Acolhuas, el cual tenía por capital á
Texcoco, á oriUas de la misma laguna; las tierras del Poniente formaban el Se-
ñorío de los Tepanecas, cuya cabecera era Atzcapotzalco, entonces también in-
mediata al lago; cerca de ella y en una isla, estaba el pequeño Señorío de los
Mexicas, tributarios del TeeuhÜi tepaneca; y al Sur había otros Señoríos me-
nores, como los de Chalco, Coyohuacan y Xochimilco. Los Señoríos Acolhua
y Tepaneca se comunicaban y estaban en contacto por las tierras del Norte de
la laguna.
Ambos se disputaban la supremacía del Valle; y hemos visto que desde el
principio de su existencia, se empeñaron en continuas luchas para alcanzarla.
Los Mexicas, pueblo pequeño aún bajo el reinado de Huitzilihuitl, eran tri-
butarios de los Tepanecas, pero no de los Acolhuas; si bien cuenta el P. Du-
ran que para atraerse la amistad de éstos, los recibían bien en su isla. Por qui-
tarse el oneroso tributo que daban á los Tepanecas, casaron los Mexicas á su rey
Huitzilihuitl con Ayauciuatl hija de Tezozomoc; y éste se los redujo á que le
llevasen cada año dos patos de los que se criaban en su laguna, y algunos pe-
ces y ranas, según dice el mismo P. Duran.
Pero esto no les quitaba su calidad de tributarios de Tezozomoc, y Huitzi-
lihuitl era además su yerno; por lo cual natural es que los encontremos de alia-
dos de los Tepanecas contra los Texcocanos, y que fueran partícipes de los
triunfos de Tezozomoc. Por eso en los jeroglíficos del Códice Mendocino, se
Ten en el año tbbs cíxli, 1417, como últimas conquistas de Huitzilihuitl,
Texcoco y Acolma.
Es importante la aclaración de estos hechos, porque cdhio se ha visto en la
16S OBRAS HlStÓRICAS DE
Y ya que IxdUxuchiÜ llegaba cerca del arroyo junto á unas
peñas, llegaron los de Otampan por un lado y los de Gialco
por otro, y le rogaron con mucha reverencia fuese servido que
le querían hacer cierto servicio, fingiendo que le querían ayu-
dar y hacerle fiestas. IxÜUamchitl les respondió que no quería»
que hiciesen de él lo que quisiesen, y que bien los conocía que
eran traidores y vasallos de Tetzotzomoc. En estas demandas y
respuestas llegaron los que venían hacia la ciudad y les dije-
ron á los Choleas y Otumpanecas^ que si no se quería dar, que
lo matasen y hiciesen pedazos. IxÜUxuchiÜ les respondió di-
ciéndoles que eran unos traidores, y que él moriría como un
valeroso Príncipe y por su patria y nación; que no entendiesen
que él tomaba esta muerte por afirenta, sino antes bien, por
mucha dicha tenía el morir por su nobleza y confianza en trai-
dores como ellos y sus Señores lo eran. Entonces llegaron con
las armas, y defendiéndose valerosamente, lo mataron allí y á
sus criados que iban con él; y quitándole sus insignias reales,
se las llevaron en testimonio de la verdad á Tetzotzomoc svl Se-
ñor, dejando su cuerpo en aquel campo con innumerables pu-
ñaladas que le dieron. El Príncipe Nezahuakoyotzin estuvo en
el árbol con gran prudencia viendo todo lo que pasaba. Esto
sucedió casi á puestas del Sol, y no se bajó del árbol porque
no le sucediese lo que á su padre, pues bien conocía el daño
que á su Patria y deudos se le seguirían.
Luego el siguiente día que era matlacti omce ollin, un caba-
llero llamado Chichiquil^ de la nación Tulteca, de los que ve-
nían y eran naturales del Barrio de TlaÜotlacan^ viendo á su
Señor en el campo, (tirado y abandonado) como si fuera el
más vil hombre del mundo, compadecido y lleno de dolor,
presente Relacióoi el autor supone desde el principio, que ya gobernaba en
México Tenochtitlan el hijo de Huitsilihuitl, llamado Chimalpopoca. Bsto es
inexacto: Huitzilihuitl murió en 1417, después de la toom de Texooco, aun-
que antes de la muerte del infortunado TecuhÜi acolhoa IxtlilxooliiU, quien
murió el siguiente año cuatro tochtlt, 1418, al amanecer del día matluciU
eozcacuauhüi del mes ochpaniztlú
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 16&
(fué) con otros que venían con él, recogieron su cuerpo, le pu-
sieron sus insignias reales y lo quemaron con todos los ritos
y ceremonias que ellos usaban, y le hicieron las honras de su
entierro allí, en un lugar y rinconada de aquel arroyo, (muy
de mañana, pues) que era antes del Alba. Su hijo desde el ár-
bol vio todo lo que hacían con el cuerpo de su padre, y reco-
nociendo que eran leales vasallos, se bajó del árbol y les agra-
deció mucho las honras y entierro que habían hecho á su padre;
los cuales le rogaron que se fuese con ellos hacia lo alto de las
sierras, (diciéndole) que allí estaría más oculto que en otro lu-
gar ninguno, hasta que aplacase algo la ira del Tirano, porque
babía mandado que también le matasen, prometiendo grandes
mercedes á los que se lo prendiesen ó lo matasen. *E1 Príncipe
tuvo por bien irse con ellos y así lo hizo. Dicen muchos natu-
rales antiguos y principales, especialmente Don Oabrid de Se-
goma^ principal de Texcuoo^ descendiente de estos Señores, que
á IxQilxuchÁÜ le quitaron la cabeza y sólo el cuerpo dejaron en
el campo, para dar crédito i Tetxotzomoo su Señor; pero en la
original historia parece de la manera que lo tengo declarado.
Gomo se ha visto en esta relación, tuvo el fin el rey IxaUxu-
chiíl y con la gran multitud de gente ilustre y hombres valero-
sos de lo mejor de la nación Aculhua, ^ sin muchos millones
de la gente común, que como se ha visto, duraron las guerras
eirumenta años seguidos. En las partes remotas de todo punto
negaron la obediencia, que después NezahucUcoyotzin y su hijo
NezahualpUzinUi y los Señores de México y Tlaeopan con gran
trabajo recobraron. Parece en las historias que en este tiem-
po, antes que se destruyesen, había doblado más gente (ó el
duplo) de la que se halló al tiempo que vino Cortés y los de-
más españoles, porque yo hallo en los Padrones Reales, que
el menor pueblo tenía 1^500 vecinos; y de allí para arriba y aho-
1 Parece que en este pasaje comprendido, no solamente hay omisiones, sino
que aun se ha subvertido lo conservado del Texto. To leería así:— '< Como se
ha visto en esta Belación, tal fué el fin que tuvo el Rey Jxüilxoehitlf y junta-
mente con él, una gran multitud de gente ilustre, etc."— R.
170 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
ra, no tienen 900 vecinos^ y aun en algunas partes de todo pun-
to se han acabado. Dicen los naturales que antes que sucedie-
sen estas crueles batallas y otras que después sucedieron, (la
población) en el más pequeño pueblo, que hoy no tiene ya nin-
guna persona, pasaban de 80,000 vecinos, porque como se echa
de ver en las ruinas, hasta en los más altos montes y sierras,
tenían sus sementeras y casas principales para vivir y morar.
Esta historia de IxtUlxuchitl cuentan los viejos principales
sus descendientes, no con pocas lágrimas, acordándose de sus
grandes trabajos y persecuciones y su gran valor; que si otro
fueru no pudiera sufrir tantos años de persecuciones, no sola-
mente de sus enemigos, sino aun de los Señores sus vasallos,
aunque después se arrepintieron tarde y padecieíon hartos tra-
bsgos ellos y sus vasallos; que si ellos no fueran de la parte
del tirano, nunca se vieran en las persecuciones y abatimien-
tos en que se vieron. En lo que se sigue se hará relación de
las crueldades que este tirano después hizo, demás de las pa-
sadas, que fueron muy grandes y. espantosas y nunca oídas;
que jamás tal se vieron en esta tierra, ni aun creo que en la
mayor parte del mundo, ni de tirano tan viejo, ni de tantos
años de gobierno.
DÉCIMA EELACION.
Del TSrcmo Tettotxomoc y su muerte^ y peregrinaciones del Principe Nezahualcoyotzin
Ido el Príncipe NezahucUcoyotzin hacia la Sierra, halló casi á
todos los Ciudadanos que habían escapado, especialmente la
gente noble, emboscados entre aquellos desiertos, los cuales
reconociendo á su Señor, todos le salieron á recibir, consolán-
le y disculpándose ellos como no había sido en su mano, pues
ellos solos, sin ayuda de algún Señor, habían sustentado la
guerra tantos días. Nezahualcoyotzin les respondió diciéndoles
que ya él todo lo había visto, y que á ellos no les culpaba en
cosa ninguna, sino á los vasallos rebeldes; y les rogó que se
fueran hacia la ciudad por entonces y padecieran algunos tra-
bajos, que él esperaba en Tlotenahuaque ^ que los libertaría, an-
dando el tiempo, de poder del tirano, pues no convenía otra
cosa. Le agradecieron mucho el consejo y le dijeron cómo la
gente común se había ido á diversas partes, especialmente á
Tlaxcala ^ y Huexutzinco^ especialmente de las ciudades y pue-
blos siguientes: Ixtapalocan^ Cuatlapacan^ Cohuatepee^ Cohua-
ilichan, HuexuUa^ Tepetlanexco, Texcoco, Tezapan, Chiauhtla,
Tepdlaoztoe y Chialatzinco^ que eran los que habían sido muy
1 Tloquenahuaque, el dios creador, llamado también Ometecuhtli.
2 Debe ser Tlaxcallan, de Tlaxcalli y la partícula de lugar tlan, pues la
primera palabra pierde el final li en la composición, y por quedar terminada
en 1, al agregarle tlan se suprime la t. Esta es la regla general en el mexicano.
172 OBRAS HISTÓRICAS DE
perseguidos de los enemigos, y que adelante de la sierra esta-
ban también escondidos los Señores siguientes, con alguna
gente ilustre y plebeya, que eran Tlacotzin de Huexutla, y lo-
cantzin gran Sacerdote con él, y Payntzin de CohuaÜichan con
Tlanahuacatzin^ asimismo gran Sacerdote, y TotomihtícUzin de
Atozqudzin, y así se fué á sus jardines donde fué avisado que
la hallaría y allí le dio toda su embajada y de lo que su her-
mano le enviaba á decir; y ella con muchas lágrimas, oyendo
las desgracias de su hermano y Príncipe, le dio la palabra que
ella haría que el rey su marido cumpliese su palabra en ayu-
dar á Nezahualcoyotty y así luego se lo fué á decir; y él aunque
estaba de otro parecer, hizo juntar otro día de mañana todos
sus grandes para tomar su parecer, si querían ayudar á Neza--
hxmhoyoü ó á Maxtla (según) lo que á ellos más le conviniera;
y para esto mandó que en la plaza, en un cadalso que mandó
poner, llevasen al mensajero, y en un pilar muy bien atado de
pies y manos y desnudo, le tuviesen tapado con una cortina,
y juntos allí mandó á un pregonero que á grandes voces dije-
se tres veces á todos los Señores sus vasallos y demás gentes'
que si querían ayudar á Nezahualcoyotl, que allí estaba £u em-
bajador, que respondiesen: (hecho esto), mandóles quitar las
cortinas (que lo ocultaban) para que todos lo viesen, (advir-
tiéndoles que si estaban en aquella disposición lo ayudaran),
y si no, que su embajador sería muerto al segundo pregón.
Todos á grandes voces dijeron que á NezahualcoyoÜ querían
ayudar, que era justo y con derecha justicia que soltaran al
mensajero, y así lo desataron y le vistieron sus vestidos, y le
dijo el rey que por el día 13 cüaütli, estarían cerca de Cohuatli-
ehauj y el día siguiente ce olun, darían sobre la ciudad y la
destruirían. Con esto se volvió á lexcuoo y le dio razón de to-
do lo que había sucedido á Huitzílihuitzin, el cual le dyo, que
pues había hecho lo más, hiciese lo menos; que era que fuese
á Calpulalpan á darle razón de toda su embajada al Príncipe su
Señor; el cual (mensajero) no quiso, escarmentado de las des-
gracias que le habían sucedido, diciéndole que bastaba que se
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHriTi. 173
hubiese yisto en dos petí^osos lances; que enviase otra perso-
na, que él no quería que á la tercera peligrase; al cual por esto
NasahucUcoyoÜ después no le quiso hacer ninguna merced, co-'
mo (se las hizo) á los demás que lo siguieron en sus peregri-
naciones y trabajos.
Viendo el viejo (Hmtzílíhmtt), que no había mensajero que
poderle enviar, acordó de ir personalmente á ver á su Señor,
aunque él no estaba para poder salir fuera de su casa, por
estar tan llagado de los tormentos de los otros días. Ya en
este tiempo había salido de CaljmUdpan NemhualcoyoÜ^ y venía
para Texcuoo con muchos capitanes y algunos Señores de di-
versas partes, pasando por TemalacatUlan^ Xalcalixizapocan y
Ahuatepec^ en donde le aguardaba un hermano suyo llamado
TenauyoeaÜohiuitún^ con comida y regalo, que era ya cerca de
medio día, con algunos mayordomos que allí le esperaban
de diferentes partes con la misma orden. Días antes habían
cogido dos caballeros los Tepanecas que andaban buscando á
Nasahualcoyotzin, que venían con alguna gente cargada de co-
mida; el uno de ellos llamado Ixcuauholtzin^ al cual mataron;
y al otro, TéohoÜzin^ llevaron preso á Aculhua, y aquella noche
le libró una Señora sacándolo de la prisión; lo cual á la dicha
Señora le costó la vida, porque fué sentenciada á que la arras-
trasen por las calles y fuese hecha pedazos como traidora que
había cometido el pecado onjnen Ugia^ aunque con legítima cau-
sa. El Tirano MaxÜa, teniendo noticia de todas estas cosas
por algunos espías, hizo muchas mercedes á los Señores y
Grandes de Testcuco^ porque no fueran de la parte de NemhuaU
coyoÜ^ y á muchos Ciudadanos les hizo Caballeros, y se comen-
zó á apercibir aunque ya era tarde.
Salido NezahuakoyoÜ de Áhuatepec, llegó á un lugar llamado
Odotiioahtiacayan NopaUepec, en donde estaba el buen viejo
HuÜTsilihvitl aguardándole, y allí le habló y le dio su parecer
y (tomó el) de otros muchos capitanes y Señores de lo que
convenía hacer, aunque ya estaba tratado que el día siguiente
de CE OLLiN, que los orientales amigos Tlaxcaltecas^ Xuexvizin-
174 OBRAS HISTÓRICAS DE
cas ^ y otras naciones, habían de acudir con sus ejércitos hacia
la parte de Aeidman, que era la mayor fuerza en donde había
gran multitud de Tepanecaa y muy valerosos soldados. Con
toda esta Provincia y Reino, iban por Generales Cenmatzin y
Tonalxochüzin^ y los Choleas con todo su ejército habían de
acudir á la otra cabecera Oohuatlichan, y con toda su provin-
cia la habían de destruir, y con la gente que le seguía tomó
para sí la ciudad de Texcuco. Tratado todo esto que ya era al-
go tardecillo, se fueron para Hueocuüa en casa de Toaatún^ im
caballero muy principal y Señor de ciertos pueblos que él y
otro hermano suyo, llamado Ouauhüizle, le esperaban en su
casa con comida y regalo, y allí tenían ciertos cuartos llenos
de rodelas y macanas, arcos y flechas y otros muchos adere-
zos y armas que allí habían juntado; y así se fué derecho ^e-
zahualeoyatl allá, para tomar las armas él y toda su gente, y la
comida bastante que hubiesen (menester) para el día siguien-
te. Llegó á puestas del Sol en casa de estos Caballeros y fué
muy bien recibido y regalado, con muchas fiestas y danzas, y
armóse él y toda su gente y luego fueron á Oztotipo/o después
de obscurecido, casi dentro de los muros de la ciudad, dejan-
do alojado su ejército allí cerca de este lugar, y él entró den-
tro de la ciudad con la gente principal y fueron á dormir en
la casa de Huüsñlihuüzin, que aunque estaba dentro (de la
población) estaba al cabo de la ciudad, como tengo dicho (del
lugar) en donde es OztoHpac; y antes de dormir le envió dos
embajadores, el uno llamado Tlenamaidn^ para que fuera á dar-
le las gracias y la orden que habían de tener los Choleas^ que
estaba alojado su ejército cerca de Cohuaüichan^ y el otro llama-
do Ayapaizin^ para que fuese á Cohuatíichan y dijese á los Gober-
nadores que esa noche á media noche se comenzaría la bata-
lla, y que al amanecer los tendría destruidos; y así fueron y
dieron la embajada, aunque ya los enemigos en algima mane-
ra lo habían sentido y se estaban apercibiendo á gran priesa.
1 Huexotzincas.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 175
El tirano MaxtUí^ dos ó tres días antes de esto, teniendo
noticia de cómo iVezoAwoZcoyotójuntabagente de diferentes par-
tes, y cómo algunos principales de Texmco^ Huexutla y Cohua-
tiichan le ayudaban secretamente en todo lo que podían, es-
pecialmente fué avisado de un Caballero llamado Tmcoyotzm^
que estando jugando al juego que llaman PaJtolli con otros dos
Caballeros en TlaneparMa^ ó lugar que está entre Texcuoo y
HuexuUaj que es un juego á manera de los dados, dijeron, aun-
que cifradamente, cómo (en) las tres ciudades, Texcuco, Hue-
xvüa y CohuaUichcm, había ciertos Caballeros que volvían por
las casas de NezahualooyoÜ y se apercibían de todas las cosas
necesarias para ayudarle. Oyendo esto Maxüa^ por más ase-
gurarse de ellos, envió ciertos Capitanes Caballeros Tepanecas
á esta parte para que gobernasen y viesen lo que convenía á
su derecho y castigasen á todos los que hallasen culpados, y
así castigaron muchos con pena de muerte, y esta noche á pri-
ma noche, mandaron á una Señora llamada XiuktzíhucUzin^
hija de un Señor llamado TlanahuaccUzin^ "matar conforme á
la de Aoulma'^ ^ porque yéndose á la tarde al campo á holgar-
se con otras migeres, vio el ejército de los Choleas y no quiso
avisar en la ciudad de Oohuatlichany antes mandó á los que
iban con ella que no dgesen nada; pero de allí á pocas horas
ll^ó el Ímpetu de los Choleas y tuvieron una cruel batalla en
donde murieron infinitas gentes de ambas partes, sin recono-
cerse ventaja hasta que ya era esclarecido el día, Viéndose ya
el rey Quetzalma^izUi casi rendido, se fué huyendo al templo
mayor, y allí se defendió algunas horas valerosamente, hasta
que de puras pedradas y flechazos cayó del templo abajo, muer-
to y hecho pedazos, y con su muerte acabaron de destruir la
ciudad y toda su comarca hasta cerca de HuexuUa^ en donde
NezahuolcoyoÜ vino á ver al General llamado NauyoÜy que ya
esta ocasión había saqueado su ciudad de Texcuco y la de flwe-
xuüa porque no se le defendieron por armas, y allí les dio las
1 Así dice ea el original.— R.
176 OBRAS HISTÓRICAS DE
gracias y contó sus trabajos y peregrinaciones, no con pocas
lágrimas, según la original historia, y le apercibió para que vi-
niese al tiempo que habían de ir sobre el Tirano MaxÜa^ en-
viando muchas encomiendas ^ á su rey y el agradecimiento de
la ayuda que le había hecho, el cual se lo prometió de parte
de su rey y se fué para Choleo con su ejército con todos los
despojos que hubieron en esta batalla. Desde aquí se volvió
Nemhualcoyotl hacia Chiauhtla para verse con los Generales de
Tlaxcala^ Huexutzinco y otras partes que ya también habían
destruido todo Acubna hasta TezotepeCy y muerto el General de
Huexutzinco Zetema al rey TeyolcooohuaÜsdn. Estas guerras fue-
ron crueles, en donde murieron infinitas gentes, y llegado á
ChiavMla aquella tarde en casa de un Caballero llamado Te-
ilaxinccUzin, llegaron los Generales y le dieron cuenta de to-
do lo que habían hecho y cómo quedaba todo concluso. Él
les dio las gracias y les prometió muchas mercedes, (encar-
gándoles) que lo mismo dijeran á sus Señores, y con es-
to se fueron con todos sus despojos y esclavos que pudieron
llevar.
Fueron tantas las insolencias y agravios que habían hecho
los Tepanecas en las ciudades, pueblos y lugares sujetos al rei-
no de Texcuco, que sería muy largo de contar; pero bastan los
referidos. Asimismo este día fué NezahualeoyoÜ, aunque ya era
casi cerca de la noche, para ver su ciudad y corte, el cual otro
día siguiente la visitó y halló toda destruida y arruinada de los
Tepanecas que habían vivido en ella, y todos sus tesoros, man-
tas y otras cosas que había en sus palacios, robado iodo. El
día CE OLUN, como tengo dicho, él con su gente había entra-
do en ella para destruirla. Nadie la defendió; antes (bien) los
ciudadanos, viejos, mozos y niños lo recibieron pidiendo per-
dón de sus vidas, y los Tepanecas que allí estaban y algunos
deudos suyos que le deseaban la muerte, y aun habían procu-
rado por él para dárselo á Maxtla muerto ó vivo por ciertos
1 Esto es; expresiones 6 recuerdos a/eetuosos.^R.
DON FERNANDO DE ALVÁ IXTULXOCHiTL. 177
intereses y envidias, como eran su ei:tflado NonokualeaUj otro
caballero (llamado) Toxpili^ se pusieron en defensa; mas luego
Netahualeoifotl los sujetó, matando á los Tepanecs^ que pudo
hab^ á las manos, y sus deudos se le escaparon huyéndose
hasta los montes y Sierras, en donde estuvieron escondidos
alguna temporada.
Hubo muchos prodigios y señales en este tiempo, antes y
después, que sería muy largo de contar y hacer relación de
todo; mas pondré aquí algunos. En el cielo hubo cometas y
eclipses de sol y otras señales. En la tierra se vieron muchos
monstruos, como filé uno en los campos de Texcuco^ hacia la
parte de Cfdnauhtia^ (y fué) que yendo dos caballeros, el uno
llamado Tkuxusuüotssm y el otro TUusparümeJmebsin^ á caza con al-
gunos criados, vieron venir hacia ellos un monstruo á gatas,
con un pie y dos manos como de persona, y la cara ni más ni
menos, muy feísima, y unos cabellos que le cubrían el cuerpo,
tan gruesos y tan anchos como un dedo grande, y el cuerpo tan
grueso como de dos brazas, los cuales viendo este monstruo se
quedaron espantados y empezaron á darle voces, y queriendo
tirarle no podían, y el monstruo mientras más le querían ha*
cer m4s se llegaba á ellos, y los amenazaba y decía á grandes
voces: — "Mirad; TloutoaUa, Hueocutxinco^ Tula^ y otras partes
" vienen sobre vosotros: el tirano Maaotla se acabará y recobra-
"rá d que le viene de derecho,"'— y ellos huyéndose hada la
ciudad se les desapareció. Esto sucedió la maflana antes de la
destrucdón de A/yidma y CohuaÜichan y otras partes, y á la no*
che al tiempo que fueron los embajadores, el uno de ellos, al
campo donde estaba alojado el ejército de Choleo^ vio ven^ á
cierto capitán Tqxmeca huyendo espantado, que encontrando
ccxn él le contó que había ido secretamente á ver el ejército de
los Chaloaay y que en el campo encontró un lobo temerario
con los pies de palo y otras señales disformes, que venía dando
grandes alaridos, que parecía que todos los cerros y valles le
respondían; y él viendo esto no pudo pasar adelante, y desde
donde lo había visto se había vuelto huyendo, y con tanto se
Tomo 1—13
178 OBRAS HISTÓRICAS DE
despidieron. Otras muchas señales hubo, pero basta lo dicho,
que debía ser, como sé ha de creer, ilusiones del Diablo.
(Aquí) acaba la historia original y parece en ella que después
de haber sucedido todas las cosas referidas, y habiendo pasado
once años de la muerte del Rey IxtlUxuchiÜ ^ y su hgo el gran
capitán Zihuaquequenotzin^ hermano bastardo de Nezahiudcoyotl,
dejando dos hijos llamados, el mayor, AcolmiMi^ y el menor,
ZoiecoxaMn^ que son los que hemos referido atrás, y que tam-
bién en esta ocasión acababa de morir el sacerdote mayor, lla-
mado ZíhuacohuaÜ por su dignidad ^ y electo otro que se dice
CoxcoXj asistente del Consejo del reino. Asimismo residía otro,
sacerdote mayor (llamado) SutízUihui^ que por la dignidad de
su oficio le llamaban TeUanenex, asistente del Consejo de gue-
rra.
Y (también parece en la original historia) que Nezahualco-
yotsdn moraba en sus palacios llamados ZUan, en donde estaba
dando orden para ir sobre el tirano en juntando ejército, que
ya los iba alojando en los campos y apercibiendo á sus amigos
y tenía puestas sus fronteras en AcuUiuacan y cerca, de Iztapa-
lapan y por toda la ribera de la lagima, hacia la parte de Tex--
43uco^ con intento de destruir á Maxüa, Monarca tirano y los
demás Reyes Mexicanos y otros sus aliados. El Señor de Tla-
telulco en Tlaxcala, Tecontepec, y Izcordzin de Iztapalocan. ^
Oídos por estos ciudadanps que los Señores estaban por estas
tierras retraídos, se partió para ellos llevando consigo sus so-
brinos con Tecocttxtzin.Y Acolmibm^ hijos de su hermano el In-
fante ^uaquequemtzin, que pocos días había que era muerto,
como ya lo tengo declarado, y dos hermanos suyos, el uno lla-
mado OimvMehiíanüzin y el otro Ixhuezcatocatziny valerosos ca-
pitanes, dejando mandado primero á estos ciudadanos, que
1 Sste murió en 1418, según se dice al fin de la Kelación anterior. — R.
2 Estas palabras y las siguientes confirman plenamente mi conjetura de
que Zihuaeohuatl parece más bien ser el nombre de una dignidad, que el de
un individuo. — R.
8 Ko se entiende este párrafo
DON FERNANDO DE ALVJl DCTLILXOCHITL. 179
luego se partieran para Texcuco y miraran por sus Casas y ha-
ciendas y guardaran lo que el tirano mandara.
Llegado que fué, halló á todos estos Señores emboscados en
las Sierras, el cual reconociéndolos cuando lo salieron á reci-
bir, les dijo ¿que qué hacían allí emboscados? que si querían
hacer vida con las sierraá ^ ; que pues ellos habían sido causa
de la destrucción, por consentir lo que el tirano les mandó, lo
recibieran con paciencia y se volvieran á sus tierras á vivir
como gentes y no como bestias en los bosques y desiertos, ¿que
qué habían de hacer allí metidos? Estas y otras muchas pala-
bras les dijo el Príncipe á estos Señores, de suerte que los vino
á convencer de que se volvieran á sus ciudades. Ello^ le res-
pondieron dándole muchas disculpas de que no habían ellos
sido la causa, sino otros caballeros, deudos y vasallos suyos, y
que eran muy cercanos parientes del tirano Tdzotzomoc^ y que
ellos harto habían hecho en defender sus tierras, mas como los
enemigos eran sus propios vasallos, no les fué posible hacer
cosa, sino venirse al lugar donde estaban, pues su Rey y Se-
ñor natural era muerto; y que él acudiera como quien era y
^ra obligado, y libertara su patria y vasallos. Él les respondió
que en cuidado se lo tenía y que se fueran á sus ciudades. Ellos
le dieron la palabra de que así lo harían, como lo hicieron unos
y otros, yéndose á sus tierras y poblándolas de nuevo, aunque
casi toda la gente (se había acabado, los) irnos muertos y otros
en tierras extrañas, y los que la poblaban más eran mujeres y
niños que hombres.
Tdzot2omoc después que supo la muerte de IxÜilxuckiU y des-
trucción de los Aculhuas se holgó mucho de ello y sus aliados,
y mandó hacer grandes fiestas y se hizo jurar por Monarca de
toda la tierra y mandó hacer una de las mayores crueldades
que de tirano se halla, entre otras muchas innumerables, que
filé, que en todas las ciudades, pueblos y lugares preguntaran
Á los niños de poca edad, como eran los de dos años hasta los
1 Tnl vQZ-<on lasJieras.—'R.
ISO OBRAS filSTÓRIOAS DE
(fiez, que á quién reconocían por su Señor natural; (ordenando)
que los que dijeran que á IxtUIxuchiÜ, los mataran y (á los que
respondieran) que á él, les hicieran mercedes á ellos y á sus
padres; lo cual así se hizo en todas las tierras que habían sido
de la parte de Ixüibtmchiü, á unos abanicándoles en las pare-
des, especialmente á los que eran chiquitos; á los mayorcitos
cortándoles las cabezas y á otros matándolos á puñaladas, sin
que sus padres y madres fueran poderosos á defenderlos^
porque también morían si los defendían. Murió grandísima mul-
titud de niños y de niñas, unos diciendo que su Señor natural,
como á sus padres se lo oían decir, era IxÜüxuchitt^ y óteos
que el Príncipe Nezahualcoyotzm. Cumplido el mandato de este
tirano, los crueles carniceros volvieron á darle respuesta de
lo que habían hecho, el cual oyendo que aun los niños tenían
por su Señor á Nezakucdcoyotzin^ que todavía era vivo, aunque
lo había mandado matar, ahora tornó (á prevenir) con más se-
veridad lo matasen donde quiera que lo hubiesen, que él haría
muchas mercedes al que tal hiciese, llevándoselo vivo 6 muerto.
No faltó quien se lo dijera á Nezdhualooyotxin^ y así se salió de
las tierras de los Aculhuas sus vasallos y se fué para Tiawoalan
y otras partes, en donde estuvo algunos días, y Tetzcéxomoo no
dejando de hacer algunas crueldades como solía ^ lo cual suce-
dió poco tiempo después de la muerte de IxtiüxudhiÜ en este
mismo año.
Casi á los últimos días de este mismo año, deq)ués de haber
sucedido todas las cosas referidas, Tetzotzomoo viéndose ya con
toda ó la mayor parte de la tierra hecho Señor y que todos le
obedecían por tal, sin competidor ni contradicción alguna, lla-
mó á todos los Reyes y Señores, especialmente á los de México
sus compañeros y á los de Choleo y otras partes, y juntos lodos
les dijo; que pues era nieto de Xohü el poblador y Monarca
de toda la tierra, é IxtlUxuchiÜ su competidor era ya muerto,
1 Si no hay aquí una laguna, el verbo, que en gerundio, rige esta oración
debe leerse en pretérito. — B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 181
que conrenía le jurasen por Monarca de toda la tierra, pues que
tan de derecho le venía. Estas 7 otras muchas falsas razones
dijo á estos Señores, como hombre antiguo y que las sabía
bien componer; y que el Señor de Tlaiduleo Tlacateotzin, y el
de México Chimalpopocaizin^ á quienes les había dado la pala-
bra, serían las otras dos cabezas, y que todos tres gobernarían
todos los reinos y señoríos; pero que él, como cabeza de todos,
sería el Supremo y Monarca y que los de Aculma y CohuaÜir
cAan, que eran sus deudos y amigos, serian otras dos cabezas
principales de lo que era el reino de los Aculhuas, con investb-
dura de Reyes, y lo mismo á los de Choleo y Otumpan^ porque
siempre habían sido en su favor; de suerte que en estas «ide
partes había de haber casa y corte, donde se hablan de ver y
negociar todas las cosas de gobierno, pero que él como supre-
mo las había de confirmar. Asimismo hizo otros muchos Se-
ñores y les dio oficios y dignidades, especialmente á todos aque-
llos que fueron de su parte, á todos los cuales les pareció muy
l»en y le juraron por Monarca de toda la tierra, aunque mu-
chos Señores y muy poderosos estaban neutrales, que ni le
obedecían, ni tampoco se mostraban sus enemigos, como eran
los de Tlaxoalan^ Hueamtzinoo^ Chdvlan^ Tepeacobc^ Tecama^
choleo y otras partes, aguardando ocasión para ayudar al legí-
timo Señor Nezohiuilooyotzin.
Después de jurado envió sus mensajeros á la ciudad de Tex-
cuco de cada cabeza un capitán, conviene á saber: de Axoa-
putzaleo, Tenuchtíilan^ Tlatdulco y entre ellos im caballero lla-
mado Huüzmhídtl^ famoso capitán, mandándoles que todos los
pueblos, ciudades, villas y lugares que eran sigetos del gran
IxÜüxuehitl^ especialmente todos los de la nación Aovlhua^ se
juntasen todos en un lugar, y que juntos todos, un capitán se
subiese en parte donde todos le viesen y que allí en alta voz
les declarase cómo era jurado Tdzotzomoo por Monarca de toda
la tierra, y que como á tal todos le obedeciesen, declarándoles
todo el concierto y la orden que habían de tener, y que el que
la contradiljese sería castigado como traidor, y que donde quiera
182 OBRAS HISTÓRICAS DE
que viesen á NezdhuaJcoyoÜ, muerto ó vivo se lo llevasen, que al
que tal hiciese le haría grandes mercedes, y que (para la decisión)
de todos los negocios y pleitos de los Actdhtma^ les señalaba á
Oeulmany Cohuatlichan por corte y cabecera ¡del reino, siendo
Reyes, el de CohuaÜichan Qudzalmaquiztli^ y el de Oeulma su
nieto Teyolcocohuatzirij y que como á tales los obedecieran y
los jurasen con toda la solemnidad que se requiere en tales
casos: y (también dijo) que á los que eran de lejos tierras les
señalaba por sus cabeceras y cortes Otumpan y Choleo^ siendo
los Reyes y Señores TozUecuhtii de Chalco, y Quecalcuixtli de
Otumpan, y que en el año siguiente les perdonaba los tributos
y servicios todos hasta el otro, para dar orden y repartir los
pueblos y ciudades á quienes han de acudir, y (á fin de que)
en todo este tiempo reparasen y reedificasen todas las casas
de las ciudades y pueblos y lugares arruinados por las guerras
referidas atrás.
Y así los mens^'eros se fueron á la ciudad de Texcuco para
hacer y cumplir el mandato del tirano Monarca, y viendo ellos-
que para tanta gente que habían convocado para este efecto
no podían caber en la plaza de la ciudad de Texcuco, acorda-
ron de irse á los campos de Cuauhyac, un lugar junto á la Sie-
rra de TenloCy^ como otras veces tengo referido^ y así juntos
todos los que eran, de las tres cabeceras de Texcuco^ Huexvtía
y CohuaÜicJian, y los de los demás pueblos y ciudades, Cohua-
tepec, Acalman^ Otumpan, Teotíhuaoan, Chinauhtia, Tepdlaoüoe.
Chiauhtlay Tezonyocan, Tepechpan y otras muchas partes, que
por excusar volumen no se ponen aquí, se subió im. capitán
de los que iban á este efecto en un templo antiguo de los Tul-
tecas, muy alto, y allí en alta voz declaró todo lo que el tirano
mandaba. Juntáronse tantas gentes en este campo que parecía
un gran hormiguero, según parece en las historias y los viejos
principales me lo han declarado, (siendo todos los concurren-
1 Supongo que es la sierra de Tlaloc, que cae hacia la parte de Texcoeo.
2 No recuerdo que antes haya dicho cosa alguna sobre el particular.- B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 185
tes) de las gentes siyetas á la ciudad, reino y provincia de Tex-
cuco; y la gente noble y cabeza de estas provincias, pueblos y
ciudades, por sí y por la gente común, respondían que así lo
harían y cumplirían, y luego estos mensajeros se fueron unos
á CohímUichan y otros á Aeulman^ para hacer jurar á los Seño-
res referidos por Reyes y cabezas del reino de los Aculhuas, y
lo mismo después hicieron en Choleo y en Otumpan. A todo
esto se halló presente Nezahualcoyoizin^ disfrazado con un ca-
ballero criado suyo que se llamaba HuíUziziUetzin^ especial-
mente en el campo de Cuauhyacac^ , donde desde lo alto del
cerro ó cerrillo, entre unos árboles metido, vio y oyó lo que el
pregonero decía, el cual según parece en las historias, se enter-
neció y lloró, oyendo la cruel sentencia del tirano, en que man-
daba á todos que muerto ó vivo se lo llevasen y al que tal hiciese
le prometía grandes mercedes. Desde entonces NezahucUcoyo-
izin no se dejó ver si ño era de aquellos que él veía que eran
leales vasallos, y siempre andaba armado y apercibido y no
comía ni dormía en un lugar sino en diversas partes, aunque
sus vasallos y los que no lo eran, le hacían grandes servicios
y promesas y donde quiera que lo veían le consolaban y ani-
maban.
Y luego se fué á diversas partes de las tierras, no dejando
reino, ciudades, provincias, pueblos y lugares que no entra-
se en ellos para conocer loá designios y voluntades de los Se-
ñores de estas partes. En imas le recibían con mucho regocijo
los Señores, en otras muy secretamente, avisándole que se
guardase de sus enemigos, y los que él veía que eran de la parte
del tirano no se dejaba ver de nadie, sino disfrazado entraba
y oía lo que se decía de él, y aun pregimtaba á los que él sabía
que no le conocían diciéndoles ¿qué nuevas hay de Nezahual-
coyotlf ¿qué dicen vuestros Reyes y Señores de él, es muerto
ó vivo? ¿qué ha de ser de él? y á los tales que se los pregun-
taba le daban razón de lo que sus Señores decían y de lo que
el tirano ordenaba.
1 Cerca del fin de la plana anterior lo llama Ouauhi/ae. — B.
184 OBRAS HISTÓRICAS DE
Así anduvo de esta manera algún tiempo, y en el año si-
guiente después de la muerte de su padre, que era en el de macüi-
LLi ACATL, según á su cuenta y á la nuestra de 1419, yendo ha-
cia Choleo armado y muy apercibido con algunos caballeros
criados suyos para ver y oir lo que se decía de él, porque los
Señores de esta provincia ó reino que en aquel tiempo lo era,
siempre estaban con el tirano y eran muy sus amigos como ya
se ha visto. Adelantóse Nexahualcoyoizin dejando atrás á sus
criados para que no fuera á ser conocido de sus enemigos, y
yendo por unos campos de Choleo^ entre unos magueyes, vio
á una mujer llamada ZtÜamiyauk, que por su desvergüenza y
poca caridad hay memoria de ella en las historias, que estaba
cogiendo agua miel, y como el Príncipe iba con sed y por allí
no se podía hallar agua, sino en poblado, pidió á esta raiger
que le diese una poca de agua miel, (diciéndole) que tenía sed;
ella de puro miserable y de poca caridad no se la quiso dar,
antes comenzó á dar voces y apellidar para que prendiesen á
Nezohxialcoyotdn que allí estaba. Viendo NexahuakoycÜ esto la
rogó que callase (diciéndole) que si no quería darle lo que le
pedía, con decir que no, estaba acabado, sin apellidar á nadie,
pues no le hacía fuerza (alguna ó violencia). Ella porfió, y
viendo esto NezahualcoyoU sacó su macana y cortóle la cabeza,
porque no le convenía otra cosa, pues estaba entre tantos ene*
migos suyos; y hecho esto pasó adelante en prosecución de su
demanda, como lo solía hacer siempre, peregrinando y disfhí-
zado, porque no fuese conocido.
En el año siguiente de chicuacen tecpatl y á la nuestra 1420,
casi á los primero^ días de él, viendo Tdzotzomoo que ya se ha*
bía cumplido el tiempo que les había dado á los Aculhuas de
libertad para que reparasen las ruinas, como ya está declarado,
mandó llamar á toda la gente noble de todas las ciudades, pue-
blos, villas y lugares sujetos á la ciudad, reino y provincias de
lexcuco, para darles orden de lo que debían hacer y acudir, y
juntos todos en AzcaputzalcOj mandóles Tetzotzomoc que del rei-
no de los Aculhuas se repartiesen las provincias y ciudades en
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 185
ocho partes, tomándose de ellas las dos para sí como Señor y
Monarca de toda la tierra, y las otras para Quetzalmaquiztli^ Rey
qae á la sazón era de CohuaÜichan^ y que señalaba á CohuaUi-
ehan por cabecera, como lo era, y lugar donde se recogiesen
todos sus tributos, dándole el cargo á este Rey para que tuvie-
se cuidado de mirar por ello, tomando sólo lo que era suyo,
que era de las tres partes la una; que el servicio personal fuese
por la misma orden, de las tres la una, y los criados fuesen á
Axcaputzaleo á hacer el servicio personal y á reedificar ciertos
templos y palacios en su ciudad y corte. Que de las cinco par-
tes que quedaban, la una tomase TkuxUeotnn, Señor de Tlate-
lulco, dándole por cabecera á HuexuUa y sus sujetos; y á CAí-
malpopoca la cuarta parte y por cabecera la ciudad de Texeuco;
y á TeyolcohtKstdny Señor de Acidma^ la tercia parte, que como
va dicho, era á esta sazón Señor de Aeabna^ ó Rey y nieto del
tirano; á TozUzm Rey de Chaloo^ la segunda parte; y á Quetzal-
cuisMi Señor de Otumpan^ la primera parte.
Las rentas y servicios con que habían de acudir eran los si-
guientes: lo primero que cada pueblo había de dar cierta can-
tidad de armas en plumería rica, joyas de oro y piedras pre-
ciosas y cantidad de cargas de mantas, y madera (debiendo ser)
cada uno (de los trozos) de largo de diez brazas ^ y de ancho
más de braza y media y de grueso una vara, y que cada uno
de estos pueblos y ciudades habían de hacer sementeras de
maíz y de otras semillas (y que aquéllas fueran) muy grandes,
conforme á la gente que en cada lugar hubiese, y cada semana
de las suyas, que son de á trece días, habían de ir á las cabece-
ras y ciudades declaradas á hacer el servicio personal, yendo
de toda suerte de hombres y aun mujeres para moler, tejer y
otras cosas de mujeres (é igualmente los que ejercieran las
profesiones de) carpinteros, albañiles y otros oficios mecánicos
para los edificios de las casas y templos y reinos. Fué esta
caiga que les dio TetzotzoTnoc tan gravada, que ellos tuvieran
1 Tal vez Mién varas^ j aun así lad dimensiones son «zorbitantes.— B.
186 OBRAS HISTÓRICAS DE
por mejor ser más ainas esclavos, si pudiera ser, que no acu-
dir á tantas y tan grandes cosas; (pues era tan* intolerable) que
comparan los viejos esta sujedón y esclavonía que les dio Te-
izotzomoc, á la que hoy día tienen sobre sí, que no puede ser
mayor en el mundo; á la cual acudieron siete afim con el ma-
yor trabajo que se puede decir, hasta que su legítimo Señor los
libertó, que les parecieron siete mU años de penas; pues con sus
bienes, hijos y mujeres acudieron á todo lo referido poniendo
en los pueblos y ciudades sus gobernadores y mayordomos
para que tuviesen cuidado de todo lo declarado; y con esto to-
dos se fueron á sus tierras muy tristes y desconsolados, con
tantas persecuciones y trabégos.
En la ciudad de Texcuco pusieron dos gobernadores desde el
día del pregón de Cuauhyaca^ por ser la cabecera, y que con-
venía> porque eran de dos naciones, el uno llamado Tlotzin
(que lo era) de los Tatíecas; y el otro llamado ChiccUzin, y por
otro nombre Quinabdn, de los Chichirnecas. El año siguiente de
OCHO TOXTLi, que ajustado con la nuestra fué en el de 1423, des-
pués de haber sucedido grandes cosas y que Nezahuahoyotadn
andaba tan perseguido de sus enemigos y habiendo escapado
de ellos seis veces valerosamente, después de la muerte de su
padre, según parece en sus historias, que por excusar proliji-
dad no se especifican aquí; las Señoras de México sus tías, co-
mo mujeres, acordándose de su sobrino cuan perseguido an-
daba del tirano, acordaron entre todas ellas ir á ver al tirano
Tetzoizomoc y presentarle cantidad de joyas y piedras preciosas
y pedirle les hiciese merced de la vida de su sobrino, porque
ya él, como se ha visto, muchas veces con gran crueldad había
mandado matar á NezahualcoyoÜ, Juntas todas se fueron á la
ciudad de Azco/puizalco y haciéndole el acatamiento, como ellos
usaban, al Monarca tirano y presentándole las joyas, le pi-
dieron les hiciese merced de la vida de su sobrino, el cual,
aunque contra su voluntad, viendo que estas Señoras eran
muy principales y deudas suyas, que no se les podía negar
cosa ninguna, les hizo merced de la vida de su sobrino, con tal
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 187
que no saliese de las dos ciudades de México IkUelulco y Te-
nuchtíüan^ y que si quebrantase esto sería castigado con pena de
muerte; de suerte que le dio estas dos partes como por cárcel. ^
Las Señoras le rindieron las gracias de la merced que les hacía
y se fueron á sus tierras para enviar á buscar á su sobrino, el
cual tenía ciertos caballeros criados suyos, siempre en la ciu-
dad de Azcaputzalco^ que no servían de otra cosa sino de avi-
sarle de lo que ordenaba y hacía el tirano; y así le despacharon
un mensajero fiel, avisándole que viniese para México, porque
sus tías las Señoras Mexicanas habían alcanzado del tirano
merced de su vida. El mensajero se fué para PoyauhÜan^ á
donde á esta sazón estaba, al cual halló en irnos bosques hol-
gándose con unos caballeros, ayos y criados suyos, los cuales
se llamaban QuetzalyxÜi, Coyáhuatún y Zelmihuitzin^ y TotzmoU
tdn y CoztotolomibAny con otros caballeros de aquel lugar. Neza-
huakoyod habiendo visto y oído al mensajero, se partió para las
ciudades de México, y en CalpvMpan encontró con los men-
sajeros de sus tías las Señoras de México que iban en su busca
para llevarlo á México, el cual les dijo cómo ya tenía noticia
de la merced que les habían hecho á sus tías, y que á eso iba
á México, y así fué libre por todo el camino, sin temor ningu-
no, derecha á México, en donde sus deudos le recibieron con
mucho regocijo y especialmente las Señoras isus tías. Allí se
estuvo algún tiempo entretenido sin salir mi punto de lo que
el tirano había mandado, aunque él tenía poca necesidad, por-
que ya todo lo tenía andado, como se ha visto aunque en suma.
De allí á dos años, que ya era en el de diez tecpatl y con-
forme á la nuestra 1424 que Nemhualcoyotl estuvp en las ciu-
dades de México, viendo las Señoras sus tías que estaba allí
como en son de preso, acordaron de nuevo de ir á ver al tira-
no, que ya estaba algo pacífico y que ya no hacía caso de Neza-
1 La reiteración con que el historiador hace dos solas poblaciones de tres al
parecer diversas, unida á otros datos análogos, manifiesta que el antiguo nom-
bre de Tlaieltdeo iba siempre unido al de MexieOf y que el que hoy se llama
así, et% el antiguo TenuehiUlan,^^.
188 OBRAS HISTÓRICAS DE
hualcoyotl^ á que les hiciese merced de que le diese algún lugar
de los que eran de su padre, jardines ó palacios, para que de
cuando en cuando pudiese salir de las ciudades, y irse á holgar,
lo cual TeízGtzomoc concedió, porque bien veía el poco caso que
se hacía de NezahucdcoyoÜ^ y que así como cosa que no se po-
día sospechar cosa ninguna, le restituyó las casas y palacios de
su padre y abuelos, llamados .Zifan, con ciertos lugarejos de la
ciudad de poco momento, y que pudiese ir y venir de México
á Texcueo, sin (pasar á) otra parte ninguna, poniéndole cierta
pena para que no lo quebrantase. Tetzotzomoo se engañó, por-
que de Nezahuahoyott^ aunque perseguido, toda la tierra hacía
mucho caso de él y lo tenían en lo que era razón como á su
legítimo Señor^ especialmente los que eran fieles vasallos y
amigos leales.
Cuenta el Príncipe D. Alonso Axayaca en su historia y otros
autores antiguos, demás de que en la orígrmaíAístona está muy
especificadamente puesto, que casi á los últimos días del afio
de 1426 según á la nuestra, y en la de los naturales matlactu
OMOME ToxTLi, soñó el viejo Rey Tetzotoímoe^ Monarca tirano de
esta tierra, dos veces á Nezahualooyotl y que la una le soñó he-
cho Águila Real que le daba grandes rasguños sobre su cabeza
y que parecía que le sacaba las entrañas y corazón y se lo co-
mía, y que otra noche siguiente lo soñó segunda vez hecho
Tigre y que le despedazaba los pfes, por lo cual estaba de este
tan espantable sueño fuera de sí y con gran pena, y para reme-
diarlo, según sus adivinos y falsos dioses se lo habían declara-
do, no había otro remedio sino quitarle la vida á Nezahucdcoyotl.
Juntó á todos sus tres hijos Maxila^ Tayauhy AtlaiooaycpaUzin
y otros amigos y deudos suyos, y les dijo que bien sabían ellos
la mucha edad que tenía, porque había gobernado el reino de
los Tepanecas 180 años, y había sido Monarca la última vez
casi niLeve años sin los del tiempo de su padre Acuüiua^ que por
todo eran ya casi trescientos años y que así él se hallaba muy
cercano á la muerte, y que para que ellos pudiesen ser Seño-
res de toda la tierra, convenía matar á NezahualcoyúU^ Principe
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOGHITL. 169
heredero; que él Tendría á hallarse en sus honras, que serían
bien presto según él se hallaba de indispuesto, y que para en-
tonces, sin escándalo ni alboroto, lo podían matar con mucha
facilidad; pues que si lo dejaban, él vendría á ser Señor de toda
la tierra y que les había de destruir sus señoríos y beberles su
sangre; y declarándoles su sueño y lo que sus falsos dioses 6
demonios le habían dicho, mandóles que con toda diligencia
hiciesen esto y otras muchas cosas que les dyo, si querían ser
Señores de toda la tierra, como ya lo tengo dicho.
Era el tirano Tetzotzomoc el más cruel hombre que ha habido
en esta tierra, soberbio y amigo de guerras é imperio, y era tan
yiejo, según parece en las historias y los viejos prmcipales me
lo han declarado, que lo traían como una criatura entre plu»
mas y pieles muy amorosas metido, y siempre lo sacaban al
sol para calentarle y de noche dormía entre dos braceros de
fuego grande, que jamás se apartaba de la calor porque le fal-
taba la calor natural; y fué muy templado en el comer y beber
y por eso vivió tantos años, aunque de linaje lo tenían estos
Señores, que vivían según parece en las historias unos casi
trescientos años, como éste, y otros que pasaban de trescien-
tos afios,^
Viáidose este viejo tan cercano á la muerte mandó llamar
á todos los Reyes y Señores sus vasallos y amigos, y á sus tres
hyos y nietos, y (estando juntos) todos, mandó que su hgo
Taiyauh^ aunque era el segundo, (considerando) su virtud y que
toda la tierra le quería bien, le declaraba por legítimo heredero
de la Monarquía y reino de los Tepanecas, y que así muerto y
hechas sus honras, lo jurasen por tal, y que el Príncipe Max-
fla, que era el mayor, quedase por Señor, como lo era, de Cb-
yohuacan y otras partes, y al menor TloiocaypaÜdn le dio otra
provincia donde fuese Señor; y que de nuevo les mandaba que
1 Aquí vuelve á verse la necesidad, que por falta de cronología, tuvo el au-
tor, de alargar de manera increíble la vida de los personajes, para ajustar aqué-
lla á los euceeoft posterioroB cuya fecha es ya bien conocida.
190 OBRAS HISTÓRICAS DE
mataran en sus honras, que allí se hallaría, al Príncipe Neza-
huakoyoUj si querían ser Señores de toda la tierra y vivir libre-
mente sin ninguna contradicción. Ellos todos le respondieron
que harían y cumplirían todo lo que él les mandaba, y dentro
de pocos días fué empeorando dé una enfermedad que tenía,
la cual fué causa de su muerte. Dejó muy encargadas las cosas
de la Monarquía y jura de su hijo Tayauh á los dos Reyes Me-
xicanos Chimalpopoca y Tlacaieotzin^ como los más principales
en toda la tierra, y que eran las otras dos cabezas principales.
En el año 14^7^ á W dios del mes de Marzo ajustado, y según
á la cuenta de los naturales fué en el de matlagtli omet agatl,
al primer día del año y último de su semana, asimismo llama-
do MATLACTU OMEY ACATL, en . cl primer día de su primer mes
llamado Tlacaxipehualiztli, al tiempo de amanecer, en el déci-
mo año del Pontificado de Martirio F, en el décimo séptimo
del imperio de Segismundo y al vigésimo del reinado de Juan II
en España, murió el antiguo y viejo rey Tetzoizomoc^ ya de puro
viejo, que fué menester poco para morirse. Halláronse al tiem-
po de su muerte lóá dos Reyes de México y el de Aculma, Teyol-
cocohuatzin su nieto, y fué el primer Rey á quien se hicieron
las honras y entierro en esta tierra conforme á los ritos, leyes
y ceremonias de los Tultecas y Mexicanos que se usaban en
estas ocasiones, constituidos (desde el tiempo) de TopUünn,
como ya lo tengo declarado aquí. Quiérolo declarar aquí, según
la original historia y las relaciones de los autores y viejos prin-
cipales que me lo han declarado, aunque es verdad que el pri-
mero Señor antes que éste, fué el gran IxtHlxuchiÜ^ conforme
á los ritos y ceremonias siguientes, aunque no se guardó en
todo, por ser en ocasión peligrosa y de priesa.
Después del sueño, como ya está declarado, con aquella
pena (que) le causó á Tetzotzomoc (le atacó) una enfelinedad
que fué causa de su muerte, el cual como era tan viejo, había
menester poco, como ya está visto por el mucho tiempo que
vivió; y viéndolo los Señores sus vasallos y los sacerdotes, pu-
sieron un velo á TezcaUipuoa^ ídolo principal ó Señor de todos
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 191
los Molos de la tierra, como entre los gentiles romanos Júpiter j
que era señal de gran sentimiento. Esta ceremonia fué orde-
nada por Topatdn, que cuando el Rey enfermaba, le ponían,
si era el Monarca, á Tezcaüipuca un velo, y;no se lo quitaban
hasta que moría ó sanaba; y si eran los demás Reyes, especial-
mente los que eran grandes Señores» á HuiünlopTichÜi se hacía
esta ceremonia, y asimismo hacían á los demás ídolos, espe-
cialmente á aquellos de quienes los Reyes eran más devotos,
(haciéndolo) los Señores al ídolo que cada uno tenía por su
abogado. Estuvo Tezcaüipuca algunos días de esta manera hasta
que vino á morir Tdzotzomoc^ y muerto, enviaron sus hijos y
deudos, especialmente los de México, llacateotzin y ChimalpO"
pocat^sin que se hallaron presentes, á avisar por casi toda la
tierra, á sus vasallos, amigos y deudos para que cada uno en
sus tierras y lugares, ciudades, provincias y pueblos, hicieran sus
honras, y los que estaban muy cerca se hallasen en ellas, ó
enviasen á sus embajadores dentro de cuatro días; y así, los
que pudieron venir vinieron, y los que no, enviaron sus men-
sajeros, á dar el pésame á sus hijos y deudos y á hallarse en
las honras. Unos llegaron al segundo día de su muerte, otros
al tercero y otros al cuarto, y por toda la tierra le hicieron sus
honras, digo los que eran tiranos como él, porque en muchas
partes, en lugar de sus honras hubo grandes fiestas.
Antes de esto, así como murió, le lavaron el cuerpo muy
bien y después le enjugaron con agua de trébol y otras cosas
olorosas, para que tomase aquel olor su cuerpo, y luego le pu-
sieron sus vestiduras reales y las joyas de oro y piedras pre-
ciosas^ conforme se vestía los días de fiesta y «n negocios pú-
blicos, cortándole ciertos cabellos de la coronilla para que
hubiese memoria de él, y metiéronle en la boca unas esmeral-
das y después le amortajaron, sobre todo esto, con diez y siete
mantas reales, muy finísimas y costosas, con mucha perla, de-
jándole sólo el rostro descubierto, y después le cosieron otra
muy fina donde estaba el ídolo Tezcatlipuca^ retratado muy al
natural, y después pusieron el cuerpo sobre una estera senta-
192 OBRAS HISTÓRICAS I>£
do, y en ei rostro con xma máscara de turquesas muy al natu-
ral, hecha conforme la fisonomía de su rostro. Esto no se usaba
si no era con los Monarcas de esta tierra: á los demás Reyes
les ponían una máscara de oro.
Hicieron ciertos sacrificios y cosas en estos cuatro días que
seria largo de contar, además de lo que he visto en algunas
historias de Españoles, aunque no las cuentan todas como ello
fué ^ , y al quinto día del año, que fué nahüi ollin, que es al
cuarto día de su semana y á la nuestra, en el mismo año refe-
rido atrás, á los ^4- ^ Mareo y en la misma hora en que éste
murió, antes que amaneciese dieron orden de llevarlo al tem-
plo mayor de Tezoatlipuca para enterrarlo, porque se habían
cumplido los cuatro días naturales, según la ley de TopUtzm.
Estando en esto llegó Nezahualcoyotsm á dar el pésame de la
muerte del tirano, el cual había caminado toda la noche por la
laguna, pues á esta sazón había estado en Texcuco y allí supo
la muerte del tirano, y no había faltado quien le diese aviso
de lo que había dejado ordenado hiciesen de él; y como sus
cosas iban guiadas por vía de sus astrólogos y adivinos, se atre-
vió á venir á tal peligro, y muchos Señores le habían aconse-
jado no hiciese tal. Llegado Nezahualooyoizin presentó á los
hyos del tirano ciertos aderezos y joyas de oro y perlas para
el difunto su padre, mostrándose muy triste de ello, que era
uso y costumbre de los Señores de esta tierra llevar siempre
sus presentes, en tales ocasiones como estas, y otras de visi-
tas; (y en esta vez vino) trayendo consigo á su sobrino CknUe^
coxabsin y algunos pocos criados y ayos suyos. MaxOa querrá
el (hqo) mayor, como ya está visto, él por los demás sus her-
manos le respondió dándole las gracias.
(Procediendo ala traslación del cadáver) luego tomaron cier-
1 El historiador corta aquí el hilo de su narración con el siguiente juicio
calificativo de los escritos de Gomara que me parece mejor acomodado en esta
nota; dice así: — '*De todos los que han escrito (sobre los ritos funerarios de los
<' Americanos) el que algo acertó acerca de esto, fué Gomara^ Cronista del
'* Emperador D. Carlos, que Dios tenga en su gloria." — B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 193
tos caballeros el cuerpo con la estera y lleváronlo al templo
mayor y á los lados iban, hacia la mano derecha, MaxÜa, el
delantero con un bastón en la mano y los cabellos tendidos, y
los vestidos é insignias que se solían poner en tales coyuntu-
ras, y por la misma orden iban los demás con sus bastones, y
tras de él iba Moteczuma^ primero de este nombre, y luego el
tercero se seguía Tayauhy el último Teyolcocoyhua^'ReY áe
Aculman. Hacia la mano izquierda iban otros cuatro, hacia la
parte i2quierda, que el delantero con la misma orden, iba lia-
cateott Señor de Tlatelulco y luego se seguía Chimalpopoca de
Tenuchtülan y el tercero Nezahualcoyotzin y el último Zontecozor-
tzin su sobrino y detrás iba TlaiocayGpaltzin^ el menor de los
hijos del difunto, con muchos Señores y embajadores de dife-
rentes partes y muchos caballeros vasallos suyos, los cuales
llevaban muchos pendones y joyas y plumería que habían sido
del Rey, rodelas y macanas, arcos y flechas, mazas y lanzas.
Iban todos cantando un romance de su muerte, hechos y ha-
zañas, y los Reyes, Señores y embajadores, con sus bastones
y insignias, como ya está declarado, iban llorando por el difunto.
Asimismo iban ciertos esclavos y criados del Rey muy bien
vestidos para ser sacrificados y morir con su Señor, aunque en
este tiempo no eran tantos como después se usó.
íJegados al templo salió á la puerta de él el gran Sacerdote,
llamado ZihuacohtmU^ por su dignidad, con todos los sacerdo-
tes del templo y cantando ciertos cantos para este efecto, y
luego allí en el patio del templo ponían el cuerpo sobre mucha
leña de ocote y mucho copal é incienso y con todas las insig-
nias y joyas lo quemaban, y en el Ínterin sacrificaban los escla-
1 La verdadera ortografía de este nombre es Motecuhzoma 6 Moteczuma. £1
tzin final es la partícula reverencial.
2 Antes lo ha llamado Teyulcocdhuaizin. — R.
8 Kn la Crónica Mexicana escrita por T^zozomoc^ hace un gran papel un
personaje de este nombre; mas si este lo era de la suprema dignidad sacerdotal
y nu d*) un individuo particular, ya desaparecen algunas de las dificultades
que allí se pulsan.— R.
Tomo 1—18
194 OBRAS HISTÓRICAS DE
VOS, sacándoles los corazones y echándolos en el fuego; y los
cuerpos los enterraban en una sepultura grande, y ponían mu-
cha cantidad de mantas, plumas, joyas, oro, maíz y las demás
semillas y mucha comida en ofrenda por su orden, cada cosa
delante del altar del ídolo. Después de acabados los oficios
tomaban el oro, joyas y plumería los sacerdotes, y todo lo me-
tían en las sacristías para adorno de los ídolos, y las mantas y
comida se repartía entre los sacerdotes.
Concluido esto en aquella madrugada, y al tiempo que llegó
NezahualcoyoÜ le' hizo seña Tlamieotzin cómo lo querían matar,
y después cuando iba al entierro le avisó Motedzwmahin^ el cual
demás de lo que sabía iba muy bien advertido.
Al tiempo que (los concurrentes á los funerales) volvieron á
Palacio, (siendo la hora en) que ya quería salir el sol, los Se-
ñores después de haber almorzado un bocado, dijeron cómo
era justo y conveniente ir á avisar con los enibajadores que es-
taban allí á sus Señores, cómo Tayauh había de ser el Monar-
ca de toda la tierra, y las demás cosas que había dejado man-
dado el tirano, para que todo se cumpliese y para que los
que estaban allí no se fueran hasta jurarlo, todo lo cual dijo
Tlacateotzin como el más principal y antiguo. Fué esto para
Mcudla de grande enojo, y respondió que aunque su padre lo
dejase mandado, que, conforme á las leyes de sus pasados, le
venía á él de derecho, pues era el mayor de sus hermanos.
Con estas y otras palabras que hubo, alborotóse toda ía corte,
y en palacio hubo muchas y grandes contiendas, de suerte que
no se acordaron de Nemhualcoyotzin para matarlo, conforme lo
tenía ordenado Teizoizomoc.
Viendo NezahualcoyoÜ el alboroto se despidió de algunos Se-
ñores y se volvió á su ciudad de Texcuco. Hubo grandes cosas
y muchos bandos. Unos decían que MaxÜa había de ser jura-
do; otros que Tayauh; y MaxÜa decía que si no le juraban ha-
bía de asolar toda la tierra con los vasallos que tenía y con
muchos amigos y valerosos capitanes que eran de su parte.
Los Reyes y Señores viendo que 3Iaxtla era muy belicoso y
DON PERNANDp DE ALVA IXTLILXOCHITL. 195
que eran de su parte los más valerosos, capitanes de la. tierra,
porque no sucedieran algunas cosas y muertie de gentes, que
ya estaban escarmentados de tantas batallas, concedieron en
que fuese jurado por Monarca de toda la tierra y (que) á su her-
mano Tayauktzin (lo juraran) por Señor de Coyohuacan y otras
partes, y así aquel mismo díalo juraron conforme á los ritos y
ceremonias de los Tultecas Mexicanos^ de que en otro lugar ha-
remos relación (verificándose la ceremonia) casi á las nueve
del día, según la demostración de la historia original^ , y los vie-
jos principales lo cuentan, y á la tarde todos se fueron, cada
uno á su tierra.
A otro día siguiente en que ya el fuego (de la hoguera en que se
había quemado el cadáver) estaba apagado, cogían sus cenizas y
las echaban en una arca muy bien labrada y obrada y las echa-
ban dentro los sacerdotes, y asimismo ponían dentro los cabellos
que le cortaron y (hacían) una estatua del difunto muy al na-
tural, hecha con todas las insignias reales, con una máscara de
madera y de esmeraldas al natural, labrada y puesta, (y en se-
guida) lo ponían sobre un altar (colocado) sobre el arca, á un
lado del altar mayor de TezcaÜipuca^ y á los otros cuatro días
después de esto le hacían las exequias los sacerdotes, en las
cuales los hijos y demás personas (allegadas) del difunto lleva-
ban mucha cantidad de ofrendas, poniéndolas en el lugar donde
había sido quemado y delante de la arca y estatua, y el último
de los cuatro días de sus exequias sacrificaban algunos escla-
vos, hasta cinco ó seis, aunque después eran de diez para arri-
ba; y al último día de este mes, que (era cuando ya) se habían
cumplido veinte días, tornaron á hacer sus exequias y sacrifi-
caban otro esclavo, y á los ochenta sacrificaban otros tres es-
clavos, que era como cabo de año.
1 Estas palabras parecen confirmar, como he dicho en otra parte, que el his-
toriador formaba su relación sobre alguna pintura de los Anales Tezcocanos
que hoy ya no se conoce; y de aquellas mismas se deduce que en éstos había
un símbolo destinado á señalar las diversas posiciones del sol para anotar aun
K hora en que acaecían los sucesos. — R.
196 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
I
De esta manera murió y le hicieron las honras al tirano Te-
tzotzomoc^ y (lo dicho respecto) de estas honras y entierro, ser-
virá para (que se tenga una idea de los que se hicieron en la
sucesivo á) los Señores que murieron después, bien que en
lo relativo al sacrificio de los hombres, después fué con abun-
dancia, como adelante lo declararé en las honras de Nezahual-
coyotl y de su hijo NezahucUpíUzinUL
UNDÉCIMA RELACIÓN.
De leu cosas que hizo el tirano Maxtla y lo que le sticedió cU I^ncipe
NezahuaUsoyotxin,
Este mismo día de las honras de Teizoizúmoc^ disenciones y
jura de MaoMa^ como ya está declarado, siendo ya á puesta del
sol, después de haberse ido casi todos los Señores, se despidie-
ron Chimalpopoca Rey de México y Tayauh Señor de CoyohvxL-
cauj que es el que debía ser jurado (Rey en lugar) de su her-
mano, y despedidos ambos y por ser todo á un mismo camino,
se fueron á Tmuchtíilan su ciudad de Chimalpopoca^ y llegados
(allá), que ya era algo tarde, cenaron, y después de haber ce-
nado, entre muchas pláticas que tuvieron, fué diciendo Chimal-
popoca á Tayauh que le pesaba mucho de que su hermano le
hubiese quitado el imperio, pues además de que su padre le
dejaba por sucesor, era muy tenido y de mejor término y pro-
ceder que no su hermano, y que bien lo pudiera haber reme-
diado no consintiendo que lo juraran.^ Tayauh le respondió
que bien conocido tenía esto, pero que por no andar en gue-
rras y contiendas con su hermano, no quiso tratar de cosa
(alguna) ni estorbarlo, además de que ya no tenía remedio.
Chimalpopoca le respondió que fácilmente, si él quisiera, lo re-
mediaría. Tayauh le respondió que cómo; y Chimalpopoca le
1 Aquí hay un espacio en blanco en el original.
198 OBRAS HISTÓRICAS DE
dijo, que quitándole la vida estaba todo hecho á su voluntad^
porque la potestad y mando que él tenía, era no más de en
cuanto él estuviese vivo, y que estando muerto se holgarían mu-
chos Señores de ello, por su gran soberbia; y que para (que lo-
grara) matarlo con poco trabajo y sin alboroto ninguno, que hicie-
se unas casas en la ciudad de Azcapvizalco y que en el estreno
de ellas convidase al Rey su hermano, y con una cadena de
flores con cierto artificio, le diese garrote sin que lo sintiese, y
que él le ayudaría y le daría capitanes suyos muy valerosos y
diestros; lo cual á Tayauh pareció muy bien y concedió en
ello.i
A esta ocasión se halló presente un enano que vino con
ellos, criado del Rey MaxÜa^ que se decía Tlatolton^ y otros le
llamaban íefon, especialmente D. Alonso Axayaca^ que escon-
dido en un cuarto sin que nadie lo viese, oyó todo el concierto
y pláticas de Tayauh y Chimolpopoca^ y sin que nadie lo viese
se salió de palacio y se fué volando á la ciudad de Azcapuizalco^
que llegó ya tarde y casi cerca de la media noche, y les dijo á
los capitanes de guardia que dijesen á Maxtla su Señor, cómo
estaba allí, que le venía á ver por cierta cosa que le convenía,
aunque estuviese durmiendo. Oído por los capitanes lo que el
enano decía, se lo fueron á decir á MaxUa, que aún no estaba
acostado, porque era uso y costumbre de los Señores de esta
tierra acostarse muy tarde y levantarse muy de madrugada, y
siempre dormían poco. Él (habiendo) oído esto le mandó en-
trase, y el (enano) haciéndole el acatamiento, le pidió que le
hiciera mercedes, dándole algún lugar ó pueblo para que él y
sus descendientes fueran Señores de allí y que á todos sus pa-
rientes los hiciese caballeros, porque (para) el aviso que él traía,,
era poco hacerle todo esto, según le importaba saberlo. MaxUa
1 En ]a relación anterior está intercalado un pasaje sobre sucesos de esta
misma época, enteramente ñiera de lug^r, pues después continúa el relato de
hechos anteriores. No quise hacer allí la corrección, por respeto al original;
pero presumo que tué distracción de algún copista, si bien el error se repite en
Tanas copias.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 19?
le dijo que si era villano que cómo quería las cosas que le pe-
dia; mas que como fuese tal lo que ,le decía y encarecía, que él
se lo prometía todo. El enano contó todo á su Señor, (instru-
yéndolo) cómo dentro de cierto tiempo se habían de acabar las
casas y (después) de acabadas había de ser convidado y muer-
to; de lo cual quedó Maxtla muy turbado, y le raandÓ, so pena
de la vida que guardase todo el secreto y se volviese á México,
porque no fuese sentido, (diciéndole) que él lo remediaría y
(previniéndole que) de camino llamase á un capitán muy vale-
roso para encargarle acudiese á solicitar la comisión de edificar
las casas ^ (así como el) que al principio del quinto mes ezal-
cüALizTU convidara (al mismo Tayauh) al estreno de ellas, y
(que entonces allí) lo mataría por la misma orden que había
ordenado Chimcdpopoca su compañero.
Otro día siguiente por la madrugada, Chimalpopoca llamó á
dos caballeros de México, el uno llamado AchUomdl y el otro
IJaiocacochüzin y otros de Coyohuacan^ y á ambos, Tayauh y
Chimalpopoca les mandaron que fueran á Azcapxdzaloo con caur
tidad de gente, y que en el barrio de Atempan, junto á un río
6 arroyo que está en la ciudad de AzcaptUzalco, edificasen unas
casas y palacios para Tayauh, pidiendo licencia primero al Rey
Maxtla, y que dentro de pocos días las acabasen con toda bre-
vedad. Estos caballeros fueron á Azcaputzalco con cantidad de
los de Coyohuacan, y, antes de hacerse cosa ninguna, fueron á
palacio á pedir licencia de parte de su hermano, el cual viendo
esto, creyó lo que el enano TloioUon le había dicho, y les dio
licencia para que hiciesen las casas y mucha cantidad de gente,
oficiales y todo recaudo para que en menos tiempo de lo que
Tayauh tenía ordenado las acabasen, mostrándose muy con-
tento de ello.
Las casas ó palacios se acabaron dentro de pocos días, mu-
cho menos de lo que Tayauh pensaba, y acabadas le envió á
1 En el original dice — "acudiese á solicitar de que él tomaría camino de
«» edificar las casas, etc.*'— R.
200 OBRAS HISTÓRICAS DE
llamar y á convidarle, diciendo á los mensajeros que le dijesen
que él le quería hacer la fiesta para honrarle del estreno de sus
palacios, y convidó á Chinuxlpopoca y á otros caballeros que tu-
vieron noticia y supieron del concierto, para matarlos á todos
por la misma orden que ellos tenían ordenado. Tayavh^ no
cayendo en lo que podía ser, fué á Azcaputzalco para tomar
posesión y estrenar las casas que su hermano le había ayuda-
do en su fábrica, llevando algunos capitanes, entendiendo que
podían matar á su hermano según el concierto. (Habiendo) en-
viado á llamar al Rey Chimalpopoca su compañero, el cual ya
había despedido á los mensajeros del Rey Maxtia su hermano,
enviándole á decir que le perdonase el que por entonces no
fuera á besarle los pies, porque tenía cierto caballero convida-
do para tratar con él negocios que le importaban mucho, (se
excusó con Tayauh) y así le envió á decir que estaba ocupado,
que no sabía si tendría lugar (para ir) disculpándose (con otros
pretextos) lo mejor que pudo. Y así viendo Maxüa que (por lo
menos) estaba allí su hermano, le hizo un banquete en los pa-
lacios nuevos y por postre le quitó la vida, y envió luego á Mé-
xico á ciertos capitanes para que prendieran al Rey Chimalpo-
poca y le pusieran en una jaula con muchas guardas y le dieran
la comida y bebida por onzas, hasta que él ordenara otra cosa,
porque fué avisado de Motedzwnuí, cómo había muerto en unas
fiestas y danzas el otro llamado TecuhtlihuaccUzin á un caballe-
ro llamado AcamapichUi y que andaban los dos armados ha-
ciendo un gran baile, y en medio el difunto, y de cuando en
cuando tirándole una flecha en medio del templo mayor de la
ciudad de México, y así los capitanes fueron volando y halla-
ron al Rey Chimalpopoca y á TecuhUihuacatzin ni más ni menos
como Moteczuma envió á decir. Cogieron á Chimalpopoca y le
llevaron á unas casas en la misma ciudad que se decían Cuauh-
calli^ que era como entre nosotros la cárcel de corte, y allí le
1 CuauhcaUi significa casa de madera: era una á manera de Jaula de vigas
•que servía de prisión; y así se ve pintada en loe jeroglíficos.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 201
metieron en una jaula con mucha guarda de capitanes y sol-
dados valientes, y á TecuhÜihiíacatzin lo mataron luego. D. Alon-
so Axayaca dice que las casas que hizo Maxtla fueron para sí,
y en estreno de ellas convidó al hermano, mas en la original
historia aparece lo contado, aunque bien dice que muerto Ta-
yauh las tomó para sí el Rey Ma^xtla.
En este tiempo estaba un caballero en Palacio, Mayordomo
del Rey MaxOa^ hombre antiguo, que se decía Chichincail, de
quien él se fiaba mucho: llamóle y le dijo: qué os parece, ¿no
fué muy bien hecho quitarle la vida á mi hermano? pues, co-
mo sabéis bien, era menor que yo, y conforme á las leyes de
mi bisabuelo Xolotl y de sus antepasados, siempre el mayor es
heredero, como yo lo soy y tan de derecho me viene; y (por otra
parte cómo puede tolerarse que) delante de mis ojos se atreva á
quererme matar por el concierto y orden de Chimalpopoca Rey
de Culhuacan^ que si no fuera por el parentesco (que nos une, él
tampoco sería Señor Soberano, pues nadie ignora) como bien
lo sabéis, que los de la ciudad de México fueron vasallos de
mi abuelo y que siempre dieron los Mexicanos cierto recono-
cimiento, y porque mis tíos fueron Señores de allí, se les qui-
tó este tributo; y pues Chimalpopoca es traidor, conviene que
muera en la jaula en que está preso y que me tributen como
solían en tiempo de mi abuelo, y vos cobrad todos los tribu-
tos con todo rigor y que vendan todo; y si no lo cumpliesen
mando los castiguéis con toda severidad, y mañana id á Tex-
CUÍCO y llamad á Nezahualcoyoizin^ que quiero cumplir lo que
mi padre dejó mandado. Estas y otras muchas razones le dijo
á este Caballero, el cual como era de Tlatelulco y Señor de las
Casas de Caltenco^ se partió para Tlatelulco para otro día ir á
Texcv^co.
Nezahualcoyotzin viendo que su tío estaba preso y que se ha-
bían pasado algunos días después de las honras, por hacer del
ladrón fiel, acordó aquella noche de ir á Azcaputzaho y llevar
al Tirano algún presente y pedirle le hiciese merced do soltar
á su tío y ver la respuesta ó determinación del Rey Maxtla^
202 OBRAS HISTÓRICAS DE
porque ya se le había acercado el tiempo de cobrar su Señorío,
y así caminó toda esta noche por la Laguna con su sobrino
Zerüecoxaiún y algunos criados suyos, y fué á amanecer en Tlcb-
tetulco, y desembarcando se fué derecho en casa de este Caba-
llero Mayordomo de McLxtla^ para saber.de él lo que había, el
cual se holgó de verlo y le dijo cómo Maxüa su Señor le ha-
bía enviado á llamar con él. Nezahxwlcoyoizin le respondió có-
mo aquella noche había caminado, y pues que estaba allí que
fueran juntos, porque además de irle á besar las manos al gran
Señor, quería pedirle le hiciese merced de la vida de su tío el
Rey Chimalpopoca; y así fueron ambos á Azcaputzaleo, y entró
este Caballero y avisó á Maxtia cómo estaba allí Nezahualco-
yotziíi y venía á suplicarle le hiciese merced de la vida de su
tío. Maxtla le mandó entrar, y dado Nezahualcoyotzin el pre-
sente á MaxUa^ le dijo que así lo haría, pero que por entonces
no había lugar y que le fuese á ver. Nezahualcoyotzin le dio las
gracias por la merced que le hacía, y así se partió para México
en donde estaba preso su tío, y Maxtla por entonces no quiso
matarlo, antes dio orden para que á la vuelta lo .matasen, y
así le dijo antes que se fuese, que no se volviese á Texcuco
hasta que primero le avisase, porque tenía negocios que tratar
con él.
Fué Nezahualcoyotzin á Tenuchtitlan á ver á su tío al cual ha-
lló en la cárcel enjaulado, más para la muerte qu^ para otra
cosa ninguna; flaco y en los puros huesos y muerto de ham-
bre. Presentóle las insignias que los Reyes llevaban y á la vi-
veza lloró con él y le consoló. Su tío le pidió que le diera algo
que comer, porque estaba muerto de hambre; y Nezahualcoyotl
viendo que en la ciudad había mucho cuidado de lo que ha-
cían, acordó de salirse hacia el Peñol, en un lugar á donde es-
taba una sementera del Rey Chimalpopoca, que se dice l'elte-
petzin, y allí pidió á un Caballero le diese alguna cosa para el
Rey su tío, y allí le dieron ciertos regalos y volvióse hacia la
ciudad para dárselos a su tío, el cual, cuando llegó, estaba ya
muy al cabo, además de la hambre, de la pena de que un so-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 203
brino de Maxtla, llamado Tilmatzin y hermano natural de
NezahiuilcoyoÜ le vino á ver en el ínter que no estaba alí Ne-
zahimtcoyotzin^ á decir todo lo que había ordenado el Tirano
3Iaxtla, Y así le dijo Chimalpopoca á su sobrino, diciéndole que
mirase por su persona, vasallos, deudos y amigos, que no les
desamparase, porque el Tirano tenía ordenado de quitarle la
vida y á Tlacatcotzin Señor de Tlatdulco, y que no había de ha-
ber Rey ni Señor de las naciones Aculhuaa ni Mexicanos^ que
todo había de estar sujeto debajo del dominio de la Corte y de
la Monarquía Tepaneca\ que á los más principales de ella les
había de quitar la vida, y que él, como bien lo veía, no tenía
otro remedio sino el que todo cumpliese como quien era, (ha-
ciendo) todo lo que su padre IxÜilxuchiÜle había mandado, no
desamparando á sus deudos los Señores de México; que les
ayudase y favoreciese en todo; comunicando siempre sus cosas
con su hijo ^ Moteczuma y su hermano Ixcohuatl. A todo lo cual
respondió Nezahualcoyotzin que así lo haría y cumpliría lo que
su padre le había dejado mandado y él le rogaba; y luego es-
piró; y Nezahuakoyotzin con algunos Caballeros y deudos Me-
xicanos lo amortajaron y enterraron con toda brevedad, porque
no les daban lugar á otra cosa los Tepanecas.
Esto fué en el día diez Xüchitl, que es el décimo de su se-
mana á los ocho días del mes Hüeytecuhylhüitl, que conforme
á nuestra cuenta fué á 23 de Julio del año de H27^ y luego se
partió Nezahualcoyotl con todo secreto para Texcuco^ y en este
mismo día envió á decir con un caballero de TemichiiLlan á Tía-
eateolzin^ como era muerto Chimalpopoca y lo que tenía orde-
nado líaxtla^ de lo cual quedó Tlacateotzin escandalizado, sa-
biendo que aquella noche también había de morir; y así dijo
al mensajero que se quería ir á Texcuco con Nezahualcoyotl su
sobrino. No faltó quien lo oyó, que uno de sus mismos vasa-
llos se lo fué á decir á MaxÜa.
1 Moteczuma era hermano y no hijo de Chimalpopoca; é Itzcoatl era su
tío, hijo de Acamapichtli y de una esclava tepaneca.
204 OBRAS HISTÓRICAS DE
Tlacateotzin tomó todos sus tesoros y en una gran canoa con
muchos remos se fué para Texcuco, el cual salió ya tarde por-
que fueron (en su seguimiento) con muchas canoas de los Te-
pamcas, que iban con orden del Tirano, que donde quiera que lo
alcanzasen en la Laguna, que lo matasen y rehundiesen en
lo más hondo de ella. Asi fué hecho, que lo alcanzaron en me-
dio de la Laguna y allí con todos sus tesoros y remos lo hun-
dieron en lo más hondo. De esta manera acabaron los dos Re-
yes Mexicanos Tlacateotzin y Chimalpopoca^ según la original
historia. D, Alfonso Ayaxaca lo cuenta algo diferente, aunque
todo es una misma cosa.
Maxtla se holgó mucho de todo y ya no le quedaba otra pe-
na más de matar al legítimo sucesor que le estaba esperando
en Azcaputzoho^ según se lo habla mandado, para matarlo. iVe-
zahxudcoyotzin llegó á Texcuco este mismo dia, ya muy noche,
y habló con sus adivinos preguntándoles su parecer y lo que
debía de hacer, porque el Tirano le había mandado que vol-
viera á Azcaputzalco antes de venir á Texcuco. Sus adivinos le
respondieron que hallaban en su signo, que tres veces, si se
daba maña, había de escapar de sus enemigos, y que si no, ha-
bía de dormir ^ á la una de las tres, y que era ya llegado el tiem-
po y que se fuese y entrase á ver al Tirano en ciertas horas
señaladas que ellos hallaban en su favor; y así se volvió el día
siguiente que era el cuarto de su semana, llamado once Zipa-
TLi, 2 ya tarde y caminó toda la noche por la Laguna y fué á
amanecer el día doce en Azcaputzalco^ llamado (el día) matlac-
Ti OMOME EHECATL, llevaudo cicrtos presentes para el Rey Max-
ila y la Reyna su mujer llamada Tlazihuatepantzin, llevando
algunos de sus criados en su compañía y á un hermano suyo
que se decía Ixhuezcatocatzin, al cual llevó hacia un lugar se-
creto de TlateMco y allí se desembarcó y dejó allí sus reme-
ros y se fué no más con su hermano á Azcapidzaho^ llevando
1 Supongo que debe ser morir.
2 Cipactli.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 205
los presentes sin que nadie sapiese de á donde venía; y llega-
do á AzcaptUzaico^ que era muy bien de mañana, dijo á la gen-
te de MaxOa cómo estaba allí y que quería ver al gran Señor,
y así avisaron al Tirano, el cual no quiso verle, y mandó una
Dama suya llamada MaliruUzinJpBis, |que le hablase) y que lo
mandase aponsentar en un xacal que estaba en un jardín su-
yo, y mandase á los capitanes tuviesen cuidado de él. Salió la
Dama y recibió el presente y le^mandó aposentar en el xacal
ó casa de paja, (diciéndole) que el gran Señor mandaba le es-
perase, que ya se levantaba.
Ya á esta sazón estaba la plaza de Azcaputzalco cubierta de
gentes armadas todas, unos con sus rodelas y macanas y otros
con sus lanzas; otros con sus^arcos y flechas como si Nezahual-
coyotzin estuviese en algún campo con mucha multitud de sol-
dados para tanto negocio. Dicen los principales viejos que todo
esto mandó hacer Maxtla^ porque muchas veces lo había que-
rido matar y nunca había! podido con él, porque era muy ani-
moso y atrevido, y lo tenía por hombre invencible ó encantado,
y por eso muchos naturales viejos decían que NezahucUcoyotzin
descendía de los mayores. Dioses del mundo, y que así lo te-
nían por inmortal, y no se engañaban en lo que era decir que
descendía de sus Dioses, porque TezcaUijmca y Huitzilopuchtii,
que eran los mayores de esta tierra, fueron sus antepasados
Señores, que por sus hazañas los colocaron por tales, como en-
tre los gentiles Romanos y Griegos y otras naciones han hecho
otro ^tanto. NezahucUcoyoízin viendo que ya no tenía ¡remedio,
abrió por un lado del xacal, que como eran las paredes de cañi-
zo, le dio la vida; y antes de salir le mandó á su hermano, que si
pregimtaran por él, dijera que había salido á cierta necesidad,
y que hacia Tlatdulco le esperaba: y saliéndose por allí y tor-
nándole á poner como estaba, se fué para Tlatelulco^ y no hu-
bo bien salido, cuajido los Tepanecaa le iban á matar; y como
no le hallaron, preguntaron al hermano por él, el cual respon-
dió cómo había salido á cierta necesidad, y así mandáronle á
este Infante que le llamase, porque le quería ver el gran Se-
206 OBRAS HISTÓRICAS DE
ñor; y como aquél no esperaba otra cosa, se fué por entre una
sementera para alcanzar á su hermano en la parte donde le
dijo le aguardaba.
A esta sazón iban tras de Nezahucdcoyoízin ciertos capitanes
de los que andaban en la plaza, que le vieron huir; y así él iba
huyendo y de cuando en cuando volvía el rostro y les decía,
que les había de abrasar con el fuego de sus armas y anegar
con el agua de la mar á ellos y al Tirano su Señor; y ellos (se-
guían corriendo) tras de él apellidando que lo atajasen. Ningu-
no se atrevió, y al que lo quería atajar se lo llevaba de encuen-
tro, hasta que estos capitanes cansados de correr tras de él
le perdieron de vista, y ya que iba llegando cerca de TlatduU
ooy le fué á alcanzar su hermano y le dijo el alboroto que ha-
bía en la ciudad de Azoaputzaleo. Nezahualeoyotún le dijo á su
hermano llegase en casa de aquel Caballero Mayordomo del
Tirano, y pidiese alguna cosa para comer, y que no le dijese
que iba allí, sino que antes se pusiese por delante de la puer-
ta de la cocina que caía á la calle, porque no le viese nadie de
sus criados, que era forzoso pasar por allí; sino que antes se
pusiese por delante. En el entretanto que estaba su hermano
pidiendo la comida, parado en la puerta, pasó Nezahualooyotl
y se fué hacia el lugar donde estaban sus remeros, y luego le
fué á alcanzar su hermano y se embarcaron y fueron aquella
hora á Texcuco. Los Tepanecaa se derramaron por todas par-
tes para cogerlo, porque Maxíla su Señor estaba muy enojado
porque no le habían cogido y muerto; y no les dio cuidado ^ de
ir á la Laguna, porque como es uso y costumbre en esta tie-
rra, que de día no se puede andar en la Laguna porque corren
mucho riesgo las canoas con los aires que corren, y así no fue-
ron hacia ella, y (lo cual dio lugar á que) NezahualcoyoÜ con
toda brevedad llegara á íkccwco aquel mismo día. Maxtla en
Azcaputzcdco mandó juntar un grande y poderoso ejército pa-
ja (invadir á) Texcuco, enviando (con él) cuatro capitanes muy
1 Esto es— "y no tuvieron cuidado, ó, no se cuidaron."— E.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 207
valerosos, que el General de ellos se decía Xochicalcatl, y los
otros tres, el uno JíuehueÜilpic y el otro Tlatolpizac y el otro
Ixtlahuehueqxidi^ con orden que muerto ó vivo le llevasen á
NezahualcoyoÜ^ y (con la de que) por todas las calzadas, cami-
nos y sendas y lugares se escondiese el ejército, para que si
de sus manos escapase, lo pudiesen coger los escondidos y ma-
tarlo.
Los Aulores principales, y especialmente Don Alonso Axaya-
caizin, dice que á la sazón se halló presente un hombre natu-
ral de Cohtiaiepec que había ido á hacer el servicio personal, y
oyó lo que Maxtla ordenaba y cómo mandaba juntar el ejér-
cito y que [otro día fuesen á matar á Nezahualcoyotly (lo cual
oído) se salió de la ciudad de Azcaputzalco y fué volando á avi-
sar al Señor de su tierra y á los demás Caballeros, y dióse tan
buena priesa, que llegó temprano á Cohuaiepec y contó todo el
caso al Señor de allí y á los demás Caballeros, (cuyo Señor) se
decía (ó llamaba) Tomihuaizin, el cual oído esto juntó á todos
los Caballeros y gente ilustre y á algunos Capitanes para ir á
Texcuco á avisar á NezahualcoyoÜ legítimo sucesor de toda la
tierra, y (también) con el intento, si fuera posible, de ayudarle
con las armas y oponerse contra el ejército que enviaba 3Iax-
tía para matar á NezahualcoyoÜ. Salió, pues, Tomihuaizin eon
toda esa gente aquella noche, sin que de los Tepanecaa que en
su tierra había [(fuera) sentido, y se partió para Texctico y de
camino pasó por CohuaUichan y HuexvÜa^ en donde salieron
otros muchos Caballeros y Señores y fueron á Texcuco con el
mismo intento, y á ver lo que á su legítimo Señor le sucedía,
fingiendo que iban á jugar á la pelota en. Texcuco; y juntos todos,
casi al amanecer, en la ciudad de Texcuco con otros Señores de
pueblos y ciudadanos y comarcanos de la ciudad de Texcuco^
avisaron á Nezahuahoyoizin^ animándole y dándole su parecer
de lo que debía hacer; el cual les dijo á todos que él quería sa-
lir contra ellos, pues todos sus vasallos, los leales, estaban allí
apercibidos para lo que les quisiese mandar, y que (de una
Tez quería) echar aparte la carga tan pesada que sobre sí te-
208 OBRAS HISTÓRICAS DE
nían, además de que en comenzándolo á hacer todos sus deu-
dos, los de Tlaxcalaj Huexotzinco y otras partes, le enviarían
socorro, y que pues había escapado tantas veces de las manos
de sus enemigos, especialmente la última vez con mucha ven-
tura, que esperaba en el Tloquenahuaque saldría con victoria.
A esto se levantó CuauhÜehitanitzin^ hermano suyo y gran Ca-
pitán, y le respondió diciéndole: que por entonces no había
lugar porque era muy grande el ejército que venía de sus ene-
migos y muy bien apercibidos; demás de que dentro de las
puertas de su casa tenían enemigos de los de la parte del Tira-
no; que mejor era se ausentara y se fuera á Tlaxcala, NezahxjLolr
coyotzin dijo que no convenía tal, sino que quería aguardar á
sus enemigos y recibirlos de paz, y que estando ya para ma-
tarlo, él se sabría dar la maña de escaparse, pues lo había he-
cho otras veces. Tornáronle á rogar todos que se fuese de la
ciudad, pues no quería salir contra ellos, (temiendo) no le su-
cediese á la contra de lo que pensaba, porque si moría no ten-
dría legítimo sucesor, y se acabaría en él el imperio Chichime-
ca. Nezahwdooyotzin jamás quiso hacer tal; y de industria (ó
afectadamente) todos los Señores estuvieron aquel día con él ju-
gando á la pelota en la plaza de sus Palacios de Züan; y viendo
qudya los enemigos era ya hora que ya ellos venían cerca, según
las espías le vinieron á avisar, llamó á dos criados suyos. Caballe-
ros y muy fieles vasallos, que el uno se decía Coyohiuxlzin y el
otro Tecomül. A Coyohuaizin le dijo que no se apartase de él,
sino que estuviese siempre cerca de él para ayudarle en lo que
hubiese menester; y al otro que fuese detrás de la Sala, sin
que fuese visto, y hiciese un agiy ero en la pared en donde pu-
diese caber un hombre, en la misma parte en donde estuviese
su silla y asiento, poniéndolo de suerte que no fuese visto ni
sentido; y así lo hizo este Caballero con toda diligencia, sin
que nadie supiese cosa ninguna.
Estaba por el Tirano hecho (ó nombrado) Señor de Texcu-
co (un caballero llamado) TUmatzin^ hermano bastardo de Ke-
DON FERNANDO DE ALTA IXTLILXOCHITL. 209
zakualcoyoa y sobrino suyo, ^ el cual aquella madrugada había
llegado á Texcuco por hacer su hecho (ó consumar su atenta-
do) el Tirano con más facilidad. Todos lo recibieron muy bien,
y NeiahualcoyoÜ fingió que se holgaba de ello y jugaron este
día á la pelota los dos, y la estaban jugando á esta sazón, cuan-
do rieron venir la turbamulta de sus enemigos. Nezahualco^
yotl mandó á Coyohuaizin su criado con otros Caballeros los
fuesen á recibir, y NezahualcoyoÜ se entró dentro de sus pala-
cios y en la puerta de la Sala Real estuvo aguardando á los
enemigos, los cuales antes de llegar se repartieron por toda la
ciudad, cada uno yendo hacia la parte que tenían concertado
de aguardar á NexaJmalooyoÜ, El General XochUcalcaÜ^ con los
otros tres (^itanes y algunos muy valerosos soldados, se fue-
ron hacia el palacio, en donde cerca de él los fué á encontrar
Coyohuaizin^ y les dijo que fuesen muy bien venidos, que qué
era lo que querían. Ellos respondieron que venían á jugar con
NezahualcayoÜ. Goyohuatzin les dijo que entrasen dentro, que
allá estaba Nezahualcoyod aguardándoles para que descansasen;
que para todo había lugar: y así se fueron á palacio, y á la puer-
ta de la Sala les salió á recibir Nezahucdooyotzin; y dándoles
la bien venida, les mandó aposentar en otra Sala frontera de
la en que él estaba. TimaUún, que estaba jugando con Neza^
hualcoyotL, como persona que sabía muy bien lo que había de
suceder, sin despedirse de nadie se fué á sus palacios que es-
taban en uno de los barrios de ífeccitco, que se decía Chimal-
pan^ y todos los Señores de las ciudades comarcanas y (gente)
1 Diñcil es comprender este parentesco. Además eí lector habrá observado,
que contintüa la diferencia de ortograña do los mismos nombres nahuas; que
{•tos machas veces tienen variantes esenciales; y que tanto ellos, como los de
pueblos j razas se escriben, ya con cursiva ó sin ella, sin seguir ninguna re*
gla fija. Como todo esto es tan repetido, que no puedo atribuirse siempre á
error de loe copistas, y por otra parte la copia que seguimos está escrita toda
de puño y letra del Sr. D. José Fernando Ramírez, y es por lo mismo tan cui-
dada como todo lo que él hacía, en muchos casos no me atrevo á hacer ningu-
na variación, y prefiero dejar el texto con todas sus incorrecciones.
Tomo 1—14
210 OBRAS HISTÓRICAS DE
ilustre y plebeya, estaban allí todos muy atentos aguardando
el fin de aquel negocio, y si á su Señor natural mataban. En-
tiendo según parece en la original historia, (y de lo) que los
viejos principales cuentan, que si NemhualcoyoÜ no escapara
de la manera que se sigue, se alborotara toda la ciudad y cos-
tara muchas vidas de ambas partes, de fieles vasallos (así) co-
mo de enemigos traidores.
En este mismo año de trece Agatl y según á la nuestra 1427,
áS7 dd mes de Julio (en el día ^) que ellos llaman ce cuezpalin
que es el 1? de su semana, á 12 días de su mes llamado Huette-
CüHYLHüiTziNTLi quc quiere decir el mes de la. fiesta de los Reyes
y Caballeros ancianos y personas graves^ (estando, como va di-
cho, regocijándose, que tal parece) que todo lo cual sucedió
para provecho y libertad de Nezahuahoyotziny de su patria y
deudos, (pues) que como queda dicho, estaban los Señores es-
te día todos juntos jugando á la pelota, (cuya diversión y fies-
ta) vínoles de molde, porque era tiempo cuando (el Príncipe)
tenía libertad y lugar dedicado para este efecto: así mandó
Nezahualcoyotzin al General y demás Capitanes que le venían
á matar, que se aposentasen en la Sala referida atrás. Él per-
sonalmente les dio los ramilletes y poquietes, que son irnos ca-
ñutos llenos de liquidámbar encendidos, que usaban mucho
los Señores de esta tierra en todo tiempo, tomándolo por regalo.
Entretanto que se aparejaba la comida y dándoles este rega-
lo él y otro Caballero Ayo suyo que se decía Ze Matzin, se fué á
su Sala y en el ínterin les trajeron la comida, y estando comien-
do, llegó el Caballero Coyohtuüzin, que estaba á la mira aguar-
dando la ocasión de hacer lo que su Señor le había mandado,
y así como llegó echó en el brasero incienso y copal, que era
uso y costumbre donde estaban los Reyes y Señores, que cada
vez que los criados entraban, con mucha reverencia y acata-
1 Sin esta intercalación sería imposible entender la fecha, porque no hay
mes alguno que se llame Cuezpalin; á la vez que sí hay un día en el Calenda-
rio Mexicano que tiene este nombre. La omisión ha sido un descuido del co-
piante.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. '211
mieDto ,echaban zahumerio en el bracero, que de ordinario
estaban dos en las Salas, uno hacia la mano derecha^y otro ha-^
cia la izquierda de los asientos; y asi (como) con (el humo de)
este perfume se obscureció algo la Sala, y luego el caballero
paróse en la puerta de la Sala y extendió la manta, fingiendo
limpiarla ó quitarle cierta ylacia que tenía, en el Ínterin Nezon
hucUcoyotzin se salió por el agigero que el otro Caballero, como
ya lo tengo declarado, había horadado, poniendo otra vez la
silla como estaba. Salido Nezcbhualooyott de la Sala, 3e fué con
toda brevedad saliéndose de los palacios hasta una puerta fal-
sa que estaba oculta, y allí ciertos criados que le estaban espe-
rando, le dieron con toda la priesa del mundo ciertas armas
defensivas y unos vestidos diferentes de los que tenía puesr
tos, y se fué derecho á unas casas de un Caballero que se de-
cía Tozmatsm, que estaba casi á los muros de la ciudad, no
atreviéndose á pasar más adelante, porque reconoció á sus
enemigos que estaban por allí cerca.
El caballero viendo á su Señor lo consoló y no halló otro
remedio para escaparle, que ponerle en un aposento debajo
de mucho Iztl^ hilo de maguey, que estaba su mujer, llamada
MaÜazihiuUzin, con otras criadas suyas, tejiendo muchas man-
tas de Nequen ó maguey. •
En este tiempo habían ya entrado los enemigos (que Neza-
hualcoyoü había dejado comiendo en su palacio) en el aposen-
to suya para matarlo, y como no lo hallaron habían apellidado
á todas sus gentes que fuesen (en su persecución y que) don-
de quiera que le viesen le matasen; y de camino por poco mar
tan ^ á Coyohuaizin que hallaron en la Sala, al cual preguntán-
dole por NezáhualooyoÜ^ les respondió diciendo: "que no sabía
"de él; que frontero de ellos estaba, como muy bien lo habían
"visto; y que así no tenían para qué preguntarle por él;'' y que-
riéndole matar, les respondió otra vez: "poco se gana y se pier-
1 En el original dice: — **y de camino mataban;" — cuya locución ó es im-
propia por lo que se verá adelante, ó hace presumir una grande laguna. — K.
£12' OBRAS HISTÓRICUS ])£
^*de en matarme á mi; no por eso se ha de perder el Sefiorío
*'y imperio de Texcuoo tan antiguo, ni tamporx> se dejará de
"pros^iuir la guerra; haced lo que quisiereis de mi." Atrevi-
miento ñié este muy grande en tal ocasión y respuesta para
los Tiranos de mucha desvengüenza y desacato; y no haciendo
caso de lo que les decía, con la mucha pena y cuidado que te-
nían de matar á NezahualooyotL, fueron entrando adentro de los
palacios con mucha prieisa y diligencia para buscarlo, dejando
al caballero Chyohuatzin; el cual viendo á los enemigos ocupa-
dos (y descuidados) se salió y puso su persona fuera del riesgo.
Corriendo la voz entre todo el ejército que NezahualooyM
estaba escondido, cada uno procuró buscarlo por diversas par-
tes, y ciertos capitanes que le vieron entrar en la casa de aquel
caballero, entraron allá y preguntando por él, todos respondie-
ron que no sabían de él, y buscando por toda la casa y no ha-
llándolo, maltrataron al caballero y á su mujer, maltratándolos
de palabras y obras, dándoles ciertas heridas de que ainas se
murieron; y maltratando á algunos criados para que lo decla^
rasen, fueron tan leales, que más ainas quisieron ser maltrata*
dos y morir, que descubrir á su Señor natural. Con esto
se salieron los enemigos y fneron á otras partes buscán-
dole.
Viendo NexahuMooyotm que no parecía nadie, se salió de
esta casa antes que le sucediera alguna cosa, y se fué hada los
(»unpos de Teeaizineo,^ yendo siempre por las sementeras, y fué
por un camino á encontrarse con un criado suyo, que se lla-
maba HuitsdUetzmj al cual le mandó fuese á Osstotijpac^ un barrio
dentro de la ciudad de Texcuco, y hablase con im caballero
anciano su consejero, con todo secreto, y le dijese que en T&h
eutzmeo aquella noche les aguardaba á él y otros criados su-
yos, para tratar con ellos ciertas cosas que le convenían y
tomar su consejo. Luego se fué por entre las sementeras, y vol-
viendo las espaldas vio venir gran cantidad de sus enemigos
1 Texcutzinco.
DON FERNANDO DE ALVA KTLILXOCHITU 213
que Tenían tras de él, aunque (todavia) no le habian visto, por
las espesuras de los maizales*
No teniendo otro remedio (para escaparse) se fué á un lugar
cerca de allí en donde estaba un hombre con su miqer, que
estaban cogiendo oAían, los cuales se decían, el hombre Gdcki^
moüúnj y la mujer Cozocúectzin^ los cuales viendo á su Señor
que venía huyendo de sus enemigos, con todo el secreto que
pudieron y sin que los enemigos lo viesen, le echaron encima
muchos manojos de esta semilla de chian que estaban cogien-
do, sin que se echase de ver; y llegando los enemigos, pregun-
taron á la mujer primero por NemhuakoyoÜ^ entendiendo eHos
que por ser miger, viendo la multitud de gentes y armas, de
miedo les diría la verdad; la cual con ánimo v^onil, sin hacer
mudamiento ^, les dijo "que muy bien lo habían visto^ que iba
*'por la loma abajo, huyendo hacia las tierras de Huexutla.**
— ^Los enemigos no escucharon más razones, creyendo á las
que la mujer les decía, y se fueron hacia la porte que les seña-
ló, con toda priesa, entendiendo alcanzar á NezakacUcoyott; el
cual viendo que sus enemigos se habían perdido (de vista) se
fué hacia el bosque de Tezcutsanco^ porque era puesto el sol,
para aguardar allí á sus criados y amigos, prometiendo á estos
leales vasallos (que lo ocultaron), muchas mercedes si se esca-
paba de sus enemigos, y recobraba sus tierras y señoríos*
Estando NezokuakcyoÜ en lo más oculto del bosque, que ya
días (antes) lo tenía procurado y visto, y aim enseñado á sus
ñeles vasallos para lo que sucediese, aguardando á sus criados
y amigos, llegaron ya tarde con el buen viejo su consejero
Huü&lihuiU y con otros cinco caballeros, que se decían -Xbfotf,
JUül, HuüzUtdzin el que los fué á llamar, XohtecuhÜi y Tlatol^
los cuales, después de haber llorado con su Señor, y hablado y
dado cada uno su consejo y parecer, les mandó NezahualcoyoÜ
que HuüzUihuiU se quedase en la ciudad, enviándole siempre
á (hacer) saber con algunos mensajeros ñeles de lo que el tira-
2 Esto es — '^sin inmutarse, 6 sobresaltarse." — B»
214 OBRAS HISTÓRICAS DE
no y sus Ministros ordenaban, avisándole de todo; y á Xohte^
cuhtlij que antes que amaneciese fuese á Chalco y hablase con
Zthuateotzin, Rey de toda aquella provincia, que le había pro-
metido otras veces ayuda y socorro, y le avisase cómo iba ha-
cia Tlaxcala y de todo lo que le había sucedido, y á los demás
Señores sus vasallos, avisándoles de todo y rogándole le ayu-
dasen y le fuesen á alcanzar y darle razón de todo con toda
brevedad; y á TlatoUzin fuese á Huexutla y hablase con Cohua-
Üülatzin, Señor de allí, para que se apercibiese y le avispase de
todo lo que había sucedido, y lo mismo hiciese con Motolinia^
tón, Señor que era de un lugar de CohuaÜichanj avisando 7
apercibiendo de lo mismo, y ni más ni menos con toda breve-
dad le volviesen á dar la respuesta en donde quiera que le
pudiesen alcanzar; y á -Jfití tuviese cuidado de ir siempre procu-
rando la comida por todo el camino, y sustento, especialmente
si en alguna parte desierta llegaban á dormir, ó esconderse de
sus enemigos. A los obos dos, XolotecukUi y HuüziziUetdn ^ fue-
sen con él por delante espiando á sus enemigos y avisando en
las partes á donde había de dormir ó descansar, para que le
tuviesen aparejado todo recaudo, y si fuera necesario dormir
en algunos desiertos, llevasen siempre algunos villanos leales
consigo, para que hicisen chozas donde poder albergarse, y
juntasen leña para calentar sus vestidos si se les mojasen de
las aguas, porque aquel tiempo llovía mucho, yendo siempre
uno de los dos por delante, y el otro de cuando en cuando
quedándose atrás. Con esta buena orden y determinación de
Nezahualcoyotzin durmieron un poco, porque era casi media
noche, y antes que amaneciese se fué cada uno á la parte que
le fué señalada por Nezahualcoyotl.
Así como amaneció, que era ya el día ome cohüatl, segundo
de su semana, fué derecho á un lugar que se dice Maildomden
pee y allí estaba un caballero nombrado Teyxpanizin, el cual
viendo á su Señor tan afligido y muerto de hambre, le detuvo
1 Antes lo llama HuitzUtetzin.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 215
un rato y le dio todo el regalo que pudo, y le consoló y pro-
metió con todos los de este lugar ayudarle cuando volviese y
recobrase sus reinos. Luego pasó adelante y pasó por Zacaxu-'
chülan^ en donde salió un vecino de allí llamado Toleca^ con
algún refrigerio y regalos, haciéndole los mismos cumplimien-
tos. De Zacaxuchillan fué á Pinolco^ en donde es^ahora Quaco-
xo^ para hacer noche en este lugar, en donde vivía un caballera^
Mayordomo que había sido de su padre, de nación Otomite, el
cual teniendo noticia de que iba á dormir esta noche en su
pueblo NezahualcoyoÜ^ juntó todos los nobles y gente honrada
de aquel pueblo y á buen trecho le salió á recibir y le regaló
y consoló todo lo que pudo.
Ya á esta ocasión los Tepanecas habían tenido noticia que
NezahualcoyoÜ iba á este pueblo, y así todos los que se pudie-
ron juntar fueron allá para matarlo ó prenderlo, estando todos
juntos dentro del pueblo, así gente principal como plebeya, y
es que lo enemigos venían ya cerca. Iban entrando por mu-
chas partes del pueblo para (que) si NezahuakoyoÜ se quisiese
acoger (á alguno de sus ardides) como lo solía hacer, cogerlo
por todas vías; y viendo este caballero que no había lugar para
otra cosa, metió á su Señor debajo del atambor, ó instrumento
con que ellos danzan y cantan, que llaman Huehuetl^ y mandó
á todos los de su pueblo que fingiesen todos estar bailando y
se armasen, para que cuando los enemigos llegasen y él les
hiciese una seña, diesen sobre ellos matando á todos los que
pudiesen; y así no hubieron bien acabado de apercibirse cuando
entraron en tropel los Tepanecas, armados todos, y pregun-'
tando á este caballero, como al más principal del pueblo, que
era gobernador de él, diciéndole si había visto á NezahualcoyoÜ^
el cual respondió que debían de ser algunos ladrones y traían
aquel achaque, que pues siendo Nezahucdcoyotl tan gran Señor
no había de estar en aquel lugar y destierro, sino en ciudades
grandes y populosas. Tornando los enemigos (á replicar), no
les quiso oir, antes apellidó contra ellos diciendo, ladrones^ la-
dronesy y mataron á cuantos pudieron, y los Tepanecas que
216 OBRAS HISTÓRICAS DE
pudieron escapar se fueron huyendo- Con esta tan gran deter-
minación de este caballero escapó Nezahualcoyoti, el cual le hizo
después muchas mercedes, dándole cantidad de pueblos para
él y todos sus descendientes, sin otras muchas preeminencias,
y entre todas fué (la mayor) casarle con una Señora muy prin-
cipal, descendiente de la casa real de Texcuco; y esta noche
con acuerdo de todos no durmió NezahualcoyoÜ dentro del pue-
blo, sino en un cerro cerca de allí, en una choza de un pobre
leñero.
Otro día, que era yei Miqüiztu, tercer día de su semana, an-
tes que amaneciese se salió de aquí y se fué en demanda de
su negocio hasta llegar á unas sierras donde nacía un arrayue-
lo de agua, en donde encontró con un caballero llamado Te-
zauhtlapan^ el cual le avisó de lo que pasaba y hacían los Te-
panecas. NezahualcoyoÜ llevaba mucha gente principal en este
tiempo que le iba acompañando, y no iban todos jimtos, sino
de uno en uno por temor de los enemigos, especialmente si
sabían que venían muchos de ellos en cuadrillas, y cuando
veían que eran pocos, si los pudieran coger los matarían, es-
pecialmente si era de noche en donde sabían que iban á pasan
y luego pasaron adelante y llegaron á Tlaüapancdoyan y allí
unas Señoras recibieron á Nezahiudcoyoti y le regalaron. A este
tiempo llegó cierto caballero llamado TechoUün á darle razón
de todo lo que en la ciudad sucedía. De aquí fué Nezahualco-
yoü para hacia Huilotepec y en este camino fué lo que dice i).
Alonso de los Tepanecas que preguntaron por el mancebo, y
durmió esta noche encima del cerro de Huilotepec, y vio ha-
cia Huexutzinco obscuridad y todavía (por) Tepepxdco claridad.
Iban con él TzorúeeoxaUzin y Ocohuahin; y en los llanos abajo co-
mió y trajo la comida J/ító,y en las sierras de los Tepehuas, cerca
áeCuautepec,^ durmió y allí cenó y fué regalado de los serranos.
Pasó otro día á Cwatepec y allí aquella noche le vinieron á ver
los Huexutzincas de parte de su Señor para ofrecerle su ayuda,
1 Parece por el roAsdo queXuantepec y Cuatepec gon un mUmo lugar.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 217
y le hicieron muchas fiestas esta noche y le regalaron. Pasó
obo día para hacia Tlaxcalan y allí cerca de la ciudad, en un
lugar llamado Tlalnepanoloo^ salieron á recibirle los Tlaxcaltecas
y un Señor llamado IxÜoizin^ gran capitán que venía en nom-
bre de los Señores de Tlaxoalan. Durmió aquí y fué regalado.
No entró en la ciudad por andar mucha gente de los Tepane-
cas en su demanda. Fué regalado y le ofrecieron su ayuda, y
le dijeron no convenía estar en la ciudad, y así por orden de
ellos lo llevaron á unos campos y lugares deleitosos, y allí le
hicieron con toda brevedad á otro día muy de mañana unos
palacios de Xacales, en donde estuvo unos días. Le venían á
ver muchos Señores de Tlaxcala^ Huexuizinco^ XaUocan^ Zem-
p(JvmUm^ y otras muchas partes. A la noche envió á XcloÜ á
C2ialco para que viese al Señor de allí, y últimamente le aper-
cibiese que para el día de ce ollin habían de destruir todos los
Qialcas á CohuaÜichanj que era una de las cabeceras y de mu-
cha fuerza; que ya el primer mensajero PoloteeuhUi había traído
razón á Nezakualooyolún cómo el Rey TozitecuhÜi le proüíetía
su palabra de ayudarle, y con todo eso envía por último aper-
cibimiento á XoM, tomando primero el parecer del viejo ífiíitó-
/íAuí, y en el ínterin el Señor de Tepepnleo con toda su provin-
cia acudía con el servicio de la comida y lo demás necesario:
llamábase Huehueilpicaizm. Y pasando de camino por Texcuco
el mensajero para tomar razón de HuUzilihui, consejero de Ne-
zahuaJoayoÜ y de (JaauhÜehuanitún su hermano, que así se lo
mandó, llegó á Texcuco; habló primero con (hauhüehuamtzin
y le dijo que iba á Choleo á ver al Rey de allí para apercibir-
lo, y últimamente no le pareció bien esta embajada á CuauMle-
htianitziny antes le dijo que por ninguna manera convenía ir
segunda vez á pedir ayuda al Señor de Chalco, por ciertos in-
convenientes que hallaba. Visto esto el mensajero fué á Huitzi-
likuUzm, que había estado muy malo de los tormentos que
porque descubriese á su Señor le dieron, y estaba á pedirle su
consejo, que cómo debía ir á Chuleo, que lo enviaba el Príncipe
su Señor, el cual antes de saber otra cosa ninguna, le preguntó
218 OBRAS HISTÓRICAS DE
que le dijese cómo quedaba su Señor, que luego le diría su em-
bsgada y le daría el orden que había de tener. Contóle lo que
pasaba y sucedía con su Señor y cómo estaba bien acompaña-
do de muchos Señores y capitanes de diversas partes, y con
intento de venir con toda brevedad sobre el tirano y los demás
sus enemigos, de todo lo cual el viejo se holgó mucho y le dijo
fuese con toda priesa, y de su parte hablase con su hermana
que era miger del Rey de allí, para que alcanzase lo que el
Príncipe su Señor pedía y su cuñado había prometido. Fué el
mensajero por la Sierra, porque no le vieran los enemigos, eí
cual se perdió entre unos peñascos, que no pudo por algún es-
pacio de tiempo hallar por dónde salir de aquella espesa mon-
taña; y estando en esto se le apareció un animal muy fiero y
espantable y le dijo ciertas palabras, que debía de ser algún
demonio y no animal, (anunciándole en aquéllas) cómo Nem-
kualooyoÜ sujetaría á sus enemigos, aunque con mucho tra-
bajo; y luego otro animal, no tan fiero como éste, le hizo señas
que le siguiese (indicándole por ellas) que él le encaminaría
para donde él iba, y así le siguió, y le fué á dejar hasta cerca
de Choleo^ en donde se le desapareció en breve en unos mato-
rrales, y viéndose cerca de la ciudad se fué para dar su emba-
jada y aguardar si podía ver á la Reina, para primero hablar
con ella, la cual se decía tzin} A esta ocasión le envió sus emba-
jadores con un rico presente, dándole las gracias de sus buenos
sucesos. Asimismo Tilmatzin su hermano, Señor puesto por el ti-
rano MaxÜa, vio le daba obediencia él y dos hijos de su hermana
Tozcuentzin^ que el mayor de ellos era llamado "por la dignidad
" de su oficio ZihvxxcohuaÜ que se llamaba Chimalpopocá*^ — ^ ^
1 Tzin es solamente la partícula reverencial: de manera que aquí falta el
nombre de la reina. Y sin duda hay una laguna en el manuscrito, pues no se-
entiendo bien el párrafo que sigue, á pesar de que lo he separado de lo ante-
rior, haciéndolo comenzar con mayúscula, la cual no tiene en el original.
2 Con vista de este pasaje no puede ya quedar duda alguna sobre el hecho
de que se trata en nota precedente, pues además de lo explícito de sus pala-
bras, vemos en él paladinamente distinguidos, por sus nombres propios, la dig-
nidad y la persona que la ejerce. — ^R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 219
y el menor IztacoyoÜ^ que tenía el mismo oficio en la otra par-
cialidad de la ciudad de la parte que dicen de los Tlaylotiaques.
Estos hijos tenía Tozcuentzin y NonohualcaÜ su marido, y otros
dos menores que el uno se decía Acatentehuaizin, y la otra me-
nor Tezcocazihuaizin^ y vivían sus padres en Chimalpan, sin que
Nezahucdcoyoizin los viese (porque estaban) casi escondidos;
pero NezaJiualcoyotzin se daba muy poco (cuidado) por ellos.
El hermano y los dos sobrinos que estaban por el tirano, pedían
merced de las vidas por medio de dos caballeros, privados de
Nezahualcoyotzin^ que rogaban por ellos, llamados Zemühuitzin
y TepayarUzin^ lo cual Nezahitalcoyoizin se los otorgó con ciertos
conciertos que con ellos hizo.
Con esto acabó el autor ó autores que esta original y anti-
gua historia pintaron, por no haber sucedido más, y en lo que se
sigue, son de otras historias y Relaciones}
1 El párrafo con que da fin el autor á esta Relación fija todas las incerti-
dambres que naturalmente ocurren al leer las precedentes Belaciones, con res-
pecto á ese monumento que aquél llama la Original historia^ y que tan frecuen-
temente cita, ya aisladamente, ya en oposición con otros antiguos historiadores,
que no conocemos. Las palabras que allí he marcado, combinadas con las lu-
ces que arroja la certificación del (Gobernador y Municipales de San Salvador
Qoatlacinco, manifiestan claramente que la llamada Original historia^ es na-
da menos que la interpretación, ó detallada explicación de los Anales jeroglífi-
cos é históricos de Tezcuco, escritos ó pintados hacia el primer tercio del siglo
Xy y conserrados aun en principios del XYII, como lo indica la precitada
certificación y lo prueba el que ellos mismos no alcanzan sino hasta el tiempo
de las guerras suscitadas por Nezahualcoyoil para recobrar su trono, las cua-
les se dicen acaecidas hacia el año 1429. Concluyese de todo, que el monu-
mento histórico de que se trata es uno de los más preciosos y auténticos que
poseemos, teniendo además de particular que su mérito intrínseco ha sido gene-
ralmente desconocido por los historiadores de América, que han reputado obra
ezclusiya del ingenio, lecturas é investigaciones de Ixtlilxoehiil la que, por
decir así, no es más que una traducción en escritura vulgar, de los Anales
Texcucanofl escritos en caracteres jeroglíficos, hace más de cuairoeienios años.
DUODÉCIMA RELACIÓN.
De Uu vicUfría» y prósperos sucesos de Nezahualcoyotl hasia la restauroetón de la
MonargvAa Texeucasm p muerte del Urvmo límztkL >
Los Mexicanos en todo este tiempo, desde la muerte de CíM-
malpopoca habían pasado grandes trabajos y persecuciones del
tirano Maxüa^ llevándole demasiados tributos y tales, que sus
fuerzas ni buenos ingenios no era posible sobrellevarlo, y HegxS
á tanto que le llevaban por el agua jardines con, todos géneros
de verduras y flores, patos y garzas, unos con sus pollos y otros
con sus huevos echados, y así de otras aves laguneras; y no
obstante todo esto había querido forzar á la mujer legítima de
IzoohMoJtdn ^ muchas veces, todo por (dar ocasión á) que vinie-
sen á un rompimiento para acabar de destruir á todos los Me-
xicanos; los cuales viéndose con tan demasiados trabajos y
vituperios, entraron en consejo todos los Señores^ capitanes y
gente ilustre y acordaron de confederarse con Ntisahmilooyútxin^
1 Las noticias históricas que siguen no ion menos interesantes y preciosas
que las precedentes, pues ya se ha visto, en el final de éstas, que su compila-
dor dice haberlas sacado— <i« otras historias y Relaciones— ^t supuesto muy
antiguas, pues IxtlilxuehUl escribía las suyas en los primeros afios del siglo
XVII. Debo advertir sin embargo que la noticia que copio no tíene título ni
epígrafe alguno en el original, pues sigue inmediatamente ¿ la precedente.
Yo le he dado el de 12^ Relación en obsequio del mejor orden y regularidad
de la obra. — K.
2 lizcoatl.
222 OBRAS HISTÓRICAS DE
legítimo sucesor, así porque venía también sobre ellos y esta-
ban declarados por traidores contra su padre el Rey Ixtlüxu-
chiü^ como por otras muchas razones que acerca de esto se
hallaron, y así acordaron de enviarle sus embajadores, y en-
viaran á Moieczuma^ su primo, legítimo sucesor del reino de
México y á otros dos caballeros, el uno llamado Totopilatl y el
otro Telpoxj embajadores de los Reyes Ixcohuoizin de Tenuch-
titlan y OuauhUatohiuitzin de Tlatelulco, porque á esta ocasión
sucedió, que demás de todo lo referido, los tenía cercados y
para acabarlos de destruir con grandes guerras, defendiéndose
los Mexicanos valerosamente. Fueron los embajadores para
Aculhuacan con toda brevedad, en donde fueron presos por los
de las fronteras, y por ser tan grandes Señores no los mataron,
sino que los llevaron delante de NezahualcoyoÜ^ porque estaban
declarados por sus enemigos y traidores contra el Estado Tex-
cucano.
Visto por NezahiudcoyoÜ á los embajadores, que el uno era
su primo hermano y los otros sus deudos muy cercanos, los
mandó soltar y hizo muchas mercedes, y les mandó dgeran su
embajada. Ellos dgeron á lo que venían y cómo los Reyes y
Señores y República Mexicana (le suplicaban) les perdonase
en lo que le habían ofendido á él y á sus padres y deudos, que
no habían tenido ellos la culpa, sino los Reyes tíranos Tepa-
necas, dando otras muchas disculpas y justificando su causa, y
que ellos se ofrecían de ayudarle en todo lo que les ocupase
y mandase, y que fuese á socorrerlos con su ejército con bre-
vedad, porque estaban en punto de perderse todos, y que era
ya tiempo para ir sobre el tirano, y en buena ocasión estando
ellos libres. Últimamente, otras muchas razones le dijeron, no
con pocas lágrimas, de lo cual se enterneció mucho y le dio
pena de saber que sus tíos y deudos padeciesen tantos traba-
jos y persecuciones, dando crédito de todo por la calidad de
las personas, como se los dijo á ellos propios, porque si fueran
otros de menor calidad les mandara quitar las vidas. Al tiempo
que llegaron andaba NezahualcoyoÜ muy ocupado en el campo
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 223
donde estaba alojado su ejército dando orden para ir sobre los
Tepanecas.
Y luego mandó á su primo y áloddpox ^ con OimuhÜeJmani''
izin fuesen á Choleo y dijesen á TozitecuhÜi, Señor de allí, en-
viase con toda brevedad la gente de guerra que le había pro-
metido, porque ya era tiempo, y que le dijesen la embajada
que enviaban los Mexicanos, dejando á TotopUoÜ como por vía
de rehenes. (Los otros embajadores se pusieron en camino
para mejor facilitar el éxito de su encargo, y) llegados á Choleo
(luego) fueron presos y puestos en unas jaulas y en guarda de
un hermano del Señor, porque eran Mexicanos y enemigos de
NezahualcoyoÜ^ no dando crédito á todo lo que decían. Dice
D. Alonso Axayaea en su historia, que fué avisado Nezahuol-
eoyotl de esto y luego envió otros mensajeros, mandando que
luego los soltaran, y así los soltó; (pero que también inmedia-
mente) envió á decir á NezahualcoyoÜ que no le quería ayudar
en cosa ninguna, pues había hecho paces con los Mexicanos
sus notorios enemigos y traidores contra su padre. En las jtwn-
turas y otras Relaciones se halla y parece que el Señor de
Choleo^ viendo que Nezahuolcoyoizin había hecho amistad con
los Mexicanos, recibió mucha pena y mandó prenderlos y po-
nerlos en cobro, dándoselos á guardar á un hermano suyo, y
que avisó á MaxÜa de todo lo que había, enviándole á dechr
(preguntándole ó consultándole) qué era lo que mandaba hi-
ciese de ellos y (protestándole) que él ya no ayudaría á Nem-
hiudcoyotzin, sino que antes sería contra él y volvería por las
causas de los Tepanecas. El Rey MaoMa le respondió con gran
soberbia y afrentosas palabras que era un tal, que no pensase
que lo había de engañar por allí, que él lo castigaría con las
armas y que soltara los presos; los cuales luego aquella noche
el caballero que los guardaba, teniendo lástima de ellos, los
soltó y mandó se fuesen con todo el secreto posible, porque no
fuesen vistos. Llegados los mensajeros y oída por Tozitecuhtl
1 Antes le llama Telpox.
224 OBRAS UISTÓaiCAS DE
la descomedida respuesta (de MaxÜa) mandó soltar los presos
y traerlos ante sí. El hermano le dijo cómo ya se hablan huido,
el cual viendo esto le pesó, y luego por la posta envió otros
mensajeros á NezahmUcoyotl, enviándole á decir que le perdo-
nase, que ya él juntaba á gran priesa su gente para ayudarle
en todo lo que fuese servido.
Los embajadores que habían escapado caminaron toda aque-
lla noche y al amanecer estaban ya en Texcuco y contaron
todo lo que les había sucedido, de lo cual recibió notable pena
NezahucUooyotzin. Luego de allí á pocas horas llegaron los men-
sajeros del Señor de Choleo^ los cuales dada su razón, les res-
pondió NezahualcoyoÜ muy enojado, que no quería su ayuda,
sino que antes él iría sobre Choleo y con las armas le mostra-
ría su valor y el término que se le debía á él y á todas sus co-
sas, la cual respuesta fué causa para que el Señor de Gudeo
se declarase luego por enemigo de NezahualcoyoÜ; y puso sus
fronteras hacia la parte de Texcuco, mandando que á ninguno
de los Aculhuas dejasen entrar ni contratar en sus tierras, pe-
na de la vida al uno y al otro, de lo cual costó muchas vidas
y de lo mejor de México y de Texcuco, porque era el más po-
deroso Señor que había.
Nezahualooyotzin se daba priesa en juntar su ejército y las.
demás cosas necesarias para la guerra, pues aunque tenía alo-
jados muchos soldados cerca de la ciudad, (todavía) eran po-
cos por la grandeza y poder grande que tenía el Tirano, y así
él iba apercibiendo sus gentes. Iban llegando muchos soldados
de diversas naciones remotas, y así como llegó su primo (Mo-
teczuma) con la embajada, envió á los otros dos sus compañe-
ros á México con la resolución de su embajada, enviándoles á
decir cómo de allí á tres días estarla en México, quedando so-
lo Moteczmiaen Texcuco; ^ y dieron la respuesta de su embaja-
1 En toda esta Relación se usa en el manuscrito la ortografía Tezcuco; pero
aun cuando es correcta según la pronunciación acolbua, para evitar difercn»
cías, he creído conveniente seguir empleando la mexicana Texcuco.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOGHITL. 225
da, de lo cual se holgaron y animaron mucho los Mexicanos^
porque ya se tenían por perdidos.
A esta ocasión el Tirano, demás de los agravios referidos,
había enviado su grueso ejército sobre México y declarado á
los Mexicanos por sus enemigos, porque tuvo noticia de la con-
federación y trato con Nezdhualcoyoizin^ y puso sus fronteras
haciendo unas casas fuertes y albarradas, para que si sus ene-
migos no se pudiesen vencer en un día ó días, se acogiesen de
noche (sus tropas) á estos lugares. Los Mexicanos hacían lo
propio en el peltrechar á su Ciudad y apercibir sus soldados,
y así una madrugada entendiendo los Tepanecas que estaban,
muy descuidados, dieron sobre ellos; más luego les salieron al
encuentro, casi cerca de los muros de la Ciudad, en donde tu-
vieron una cruel batalla, muriendo de ambas partes mucha
gente, hasta que la noche los departió. ^
Viendo esto el Rey Izcohuatzin y CuauhÜatohuatzin^ envisu'on
otra vez otros mensajeros para dar aviso á Nezahualcoyott de
todo lo que les babía sucedido y (pidiéndole) que viniese con
brevedad porque se temía que serían perdidos si no les soco-
rría con brevedad. Nezahualcoyotzin entretanto que sucedían
estas cosas, había enviado cuatro mensajeros al Señor de Hue-
xutlay á quien había encargado la gente de todos los lugares de
aquel lado los juntase para que los trajese, que ya él estaba
apercibido y de camino para México, Fueron por mensajeros
Xiconacaizin, hermano de Nezahualcoyotzin, y otros tres princi-
pales; y llegados que fueron y oída su embajada por el Señor
de Huexuüa, la respuesta fué mandarlos hacer pedazos en la
plaza de la Ciudad, después de haberles dicho que ellos no que-
rían ir contra los Tepanecas, que eran sus amigos, puesto que
Nezahualcoyotl tenía amistad con los Mexicanos. Esta crueldad
1 Al anotar la Historia Chicbimeca, haremos notar la diferencia que hay
sobre el modo de considerar esta guerra, entre el historiador texcocano y los
cronistas mexicanos. Esto es importante, porque de estos sucesos dependió el
nuevo modo de ser político y social de los pueblos del Anahuac, tal como lo
encontraron los españoles. *
Tomo 1—15
226 OBRAS HISTÓRICAS DE
y poco miramiento de este Señor, fué porque le pesó mucho
cuando tuvo noticia que Nezahualcoyoinnlháblsi hecho amistad
con los Meoncanos^ y atrevióse, por tener mucha gente aperci-
bida para sí y no para su Señor, para lo que le sucediese.
Al tiempo que (NezahucUcoyoil) supo esto, acababan de llegar
los mensajeros de México á gran priesa, dándole razón de su
mensaje y que se partiera luego; y por otra parte su pri-
mo (Moteczuma) hacía lo propio; de suerte que sintió mucho
esta vergüenza y caso atroz, (aunque) no tuvo lugar para cas-
tigarlo dejándolo para después para más espacio; y con tanto
se partieron con todo el ejército de más de cuatrodentaa mü^
personas por la Laguna en canoas y otros por el camino de Jz-
iapalapan; de suerte que otro día de mañana vieron venir por
agua y por tierra los Tepanecas, muchísima multitud de solda-
dos, de lo cual recibieron grandísima tristeza y avisaron á sü
Rey para que se diese priesa de juntar toda la gente que pu-
diese; y así teniendo noticia de esto, envió á apercibir a los
Reyes y Señores que le habían dado palabra de ayudarle, pa-
ra que con toda brevedad la enviasen, encareciéndoles la ne-
cesidad en que estaban y prometiéndoles muchas mercedes; y
estaba la tierra tal y tan revuelta, que unos prometían y otros
se hacían sordos; (de suerte) que fué de muy poco efecto la
ida de los mensajeros, aunque algunos Reyes y Señores cer-
canos, con toda diligencia le enviaron gentes y todo lo necesa-
rio, como era el de Xuchimilco^ Tlacopan y otras partes.
NezdhualcoyoÜ se desembarcó en TlcUdulco en donde le sa-
lieron (á recibir) su tío el Rey IzoohucUzin y Cuauhtlatohuatzin
con toda la gente ilustre de la Ciudad y haciéndose muchos
cumplimientos; y queriéndole llevar enmedio sus tíos, no qui-
so sino que tomó enmedio á su tío el Rey y él (se puso) á la
parte derecha y Guauhüatohmtzin á la siniestra, y fueron dere-
1 Bs muy común en nuestros historiadores hablar de ejércitos de cientos de
miles de hombres, ai se estudia la corta extensión de los Señoríos, así como la
de sus principales ciudades, y se calcula el número de habitantes que podían
tener, se verá que tales cifras son exageradas en extremo.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 227
chos á los Palacios de Izcohuatzin^ en donde fueron regalados
y servidos, y en este día dieron orden de aderezar y componer
los ejércitos, repartiéndolos en tres partes, y los Meodcanos die-
ron otros cien mil soldados de guerra y todo lo necesario. To-
mó (el Príncipe) para sí doscientos mil soldados de la nación
Chichimeca^ y les mandó que todos llevasen armas blancas y
llanas sin plumería. Otros doscientos mil (dio) á su tío el Rey
Izcohuaizin; otros ciento y tantos mil á su primo Moteczuma^ y
dióles orden de lo que habían de hacer, porque otro día de ma-
ñana, antes del alba, habían de ir sobre sus enemigos, toman-
do Nezáhualcoyotzin hacia la parte de Tenuchtitlan^^ y Izcohuoizin
su tío, hacia las fronteras y casas fuertes que los Tepanecas te-
nían hechas, y su primo Moteczuma hacia Tlacopan. dejando la
ciudad con gente de guerra y guardas hacia la parte de Xuchi-
milco^ Culhuacan y otras partes, porque eran amigos de la parte
del Tirano; y así llegado el día, antes que amaneciese, se puso
Nizihualcoyotl las armas que solían ser de sus antepasados,
para que fuese conocido de sus vasallos, y lo mismo hizo el
Rey Izcohuaizin y Moteczuma^ y despidióse de ellos, dejándoles
dicho, que cuando viesen encender una llama de fuego en el
cerro de Cuauhtepetl, que es hacia el cerro de Nuestra Señora
de Guadalupe^ acudiesen todos con gran ímpetu, que lo mismo
haría él con los suyos dando principio á la batalla; y así fué
que ya su ejército estaba cerca lo más de él en el campo y fal-
das de la sierra llamada CuauhtepeiL
Los Capitanes y Señores murmuraban de él en ver que los
Señores de México habían puesto muy bizarramente á todos
los Señores y Capitanes que les cupo, y ellos que eran muy
valerosos y todos de lo mejor de la tierra (iban) con armas blan-
cas. Corridos de esto, no lo decían tan en secreto que no
1 No concuerda ]a dirección hacia Tenocbtitlan, con marchar por el cerro
de Cuauhtepetl por la sierra del Tepeyac, hoy Guadalupe. La verdad es que
loe mexicanos marcharon sobre los tepanecas por la calzada que unía á Méxi-
co con Atzcapotzalco, y Nezahualcoyotl subió de la otra parte del lago por la
sierra del Tepeyac, para caer sobre el flanco del enemigo. Llama la atención
táctica y estrategia tan adelantadas en aquellos pueblos.
228 OBRAS HISTÓRICAS DE
lo oyera Nezahualcoyotzin^ el cual viendo esto los consoló di-
ciéndoles que parecían jazmines en los campos y faldas del ce-
rro Cuauhtepeüj que por haber romance de ello no se declara
más, de que dándoles á entender la causa de que su Señor
los trataba de este modo, se consolaron y hecha la seña dieron
sobre sus enemigos, en donde tuvieron éste y otros cknto ca-
torce dios grandes y crueles batallas, muriendo de ambas par-
tes (mucha cantidad de gente) con grandísimas crueldades y
otras cosas señaladas que sería largo de contar por Relación
de todo. Al fin de estos días después de haber ganado las fron-
teras y casas fuertes, con otros muchos lugares, fueron entran-
do por la Ciudad de AzcapiUzalco, siendo el primero Nczahual-
coyotzin con su ejército, asolando casas y derribando y queman-
do los templos que hallaban por delante; y entrando iVézaAim/-
coyotl por la ciudad, los grandes de Azcaputzalco] viendo su
perdición, fueron tras de su Rey, que se iba á esconder en su
Temazcal que estaba en un jardín, que es un baño; y con gran-
de vituperio lo llevaron casi arrastrando delante de Nezahual-
coyotzin, diciéndole que allí estaba para que hiciese su Alteza
lo que fuese servido de él; que si no fuera por él y sus pasa-
dos, que siempre habían sido amigos de tiranías, no hubiera
habido tantas muertes de guerras y padecido las Repúblicas.
Estas y otras muchas razones dijeron á NezahucUcoyotzin, el
cual mandó luego hacer enmedio de la plaza un cadalso gran-
de, en donde lo sentenció y mató por su mano, sacándole el
corazón y la sangre de él derramándola por cuatro partes, y
al cuerpo mandó le hicieran las honras y entierro con toda so-
lemnidad como á tal Señor le convenía. Hallando todos, Re-
yes, Señores, soldados y gente común en esta ocasión de su
muerte, pidiéndoles Nezahtuilcoyotzin la justificación de esta
causa, después de haber tratado con él muchas cosas, el cual
él propio confesó merecerlo por las causas atrás referidas. ^
1 Por lo defectuoso de la locución y quizá aun lo trunco del pasaje, no se
comprende si el autor quiso decir que la justicia de la ejecución fué reconoci-
da por Maxtla 6 por sus Magnates.— R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 229
Después de haber hecho todo esto, comenzaron los ejércitos
á proseguir la destrucción de la ciudad. Mandó que de allí
adelante no fuese sino un lugar donde se vendiesen esclavos,
por ignominia suya, y luego después de haberla destruido, fue-
ron sobre Tenayuca y Tepanohuayan: (allí) hicieron lo propio
y (prosiguiendo) á TuUitlan^ Ouauhtitlan y Xaltocan^ y en otras
provincias, pueblos y lugares sujetos á este reino, y dado orden
á sus fronteras que pusieran hacia aquel lado y revolvieran
sobre Tamba (en donde) también hubo grandísima resistencia,
como en las demás partes, aunque luego fué vencida; y luego
(pasaron) á Coyohtcacan y Culhuacan^ en donde (se detuvieron)
y no quisieron pasar más adelante por este año, (dejándolo)
hasta el siguiente; ocupándose en estas cosas algunos meses
y lo restante de él en rehacer su ejército. Hicieron muchas y
muy solemnes fiestas á sus dioses y sacrificaron algunas per-
sonas graves y señaladas, según los ritos y costumbres Mexi-
cana y Tulteca. Quisieron los Reyes y Señores jurar á iVeza-
hiudcoyotzm por Chichiniecatl TecuhÜi, como su padre y abuelos
lo habían sido por legítima sucesión y valor. No quiso, deján-
dolo para de allí á dos ó tres años, porque quería recobrar todo
lo más principal del imperio.
Acordándose Nezahualcoyotzin de lo de HuexuUa y de otras
cosas, acordó de ir otra vez sobre Texcuco, y tornarlos á suje-
tar á fuego y sangre, porque fué avisado que su cufiado Nono-
hualcaü y otro caballero llamado Toxihui^ habían intentado
novedad contra él y en favor de los Tepanecas de Azcaputzalco^
con consentimiento de todos los grandes del reino, especial-
mente el de HuexuUa; y como era nobilísimo de condición
Nezáhualeoyoizin^ aunque belicoso, quiso primero llevarlo por
buenas palabras, y cuando no fuese por esta vía, hacer lo que
tenía intentado; y así envió á sus mensajeros enviándoles á de-
cir de los buenos suceso» y victoria que había tenido y cómo
no le habían enviadp socorro üi cosa lúnguna, que le avisasen
la causa de ello. ííllos respondieron que estaban muy sentidos
de la muerte del gran Maxtta y con propósito de vengarla, por-
230 OBRAS HISTÓRICAS DE
que eran sus amigos los Tepanecas; que (en cuanto á) socorro
podía estar muy descuidado de él, pues no se lo habían queri-
do enviar ni se lo enviarían, si no fuera contra él y los traido-
res Mexicanos sus enemigos, (mezclando esto) con otras mu-
chas palabras descomedidas; por lo cual Nezahualcoyotzin viendo
su desvergüenza, juntó sus gentes y dejada orden en las fron-
teras que tenía puestas hacia la parte de los enemigos y (po-
niendo en) las ciudades sujetas personas que mirasen por ellas
y no se tornasen á rebelar, se fué para la vuelta de Texcuco con
su tío el Rey Izcohuatún y su primo Moteczuma y otros caballeros
y Señores de México y otras partes; y llegados una madrugada
sobre Texcuco^ tuvieron aquel día una muy cruel y reñida ba-
talla, en donde murieron muchas gentes de ambas partes, y los
siguientes estuvieron sobre la ciudad peleando (ó disputando)
los cercados (que les servían como de parapetos) defendiéndo-
se valerosamente de los de Nezahualcoyotzin^ hasta que á lo úl-
timo de ello, no pudiéndose sustentar, una noche se fueron
huyendo para las Sierras de Tlaloc con sus Señores TlUlacotzin
de Huexuila^ Nonohualcaizin y los demás. Y reconociendo los de
NezahxudcoyoÜ que se iban huyendo y desamparando la ciudad
fueron tras de ellos y no pudieron alcanzar sino muy pocos,
porque luego se escondieron por las ásperas montañas y sie-
rras. Oído por NezahualcoyoÜ esto, mandó quemar y derribar
algunos templos en memoria de esta "batalla, y dada orden á
la ciudad y dejando personas que la gobernasen y tuviesen
cuidado de ella, se volvieron, pasando primero de camino por
Huexutla^ CohmiÜichan^ Cohuaiepec y Iztapalocan, haciendo lo
que en Texcuco y poniendo fronteras hacia la parte de Chalco,
CuiUahuac y Xochimilco^ vinieron por Iztapalapan, en donde se
eñibarcaron para México^ y llegados á Tmuchtülan,, hiciéronse
fiestas y dieron orden para ir sobre Xochimüco, que ya se acer-
caba el tiempo; y no sujetaron entonces á Aculma^ Otumba y
otras provincias sigetas de Texcuco por la ocasión de haber tan
poco lugar, dejándolo para otra ocasión.
El año siguiente de 1429, que entró en la figura ome calli,
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 231
como estaba ya apercibido Nezahualcoyotún con su ejército,
fué, después de haber enviado á requerir á los Señores de -Xb-
chimüco^ que era una ciudad muy fuerte y cercada de agua y
otras defensas, cabecera de una provincia ó reino de esta na-
ción, que (de sus Señores) el más principal de ellos ó cabeza
se decía Yacopaintzin; (fué, digo, y lo hizo requerir para que
le prestaran obediencia) el cual y los demás jamás quisieron
consentir tal, antes respondieron (estar resueltos á) defender
sus tierras. Visto esto por Nezahualcoyotzin fué sobre ellos con
su ejército de soldados y capitanes que le seguían, sin llevar
ningún Mexicano y todos con armas (ó armaduras) blancas y
llanas como otras veces lo habían hecho, y presentada la bata-
lla se dio este día y otros, en donde murió mucha gente Xu-
chimilca, aunque pocos de los de Nezahualcoyotzin^ por ser
gente tan valerosa; y al cabo de los cuales, después de haber
ganado las fuerzas y defensas de los Xuchimilcas, entraron por
la ciudad y plaza principal, donde murió asimismo mucha gen-
te, que fué causa para que el Señor y demás inferiores, viendo
su destrucción, pidieran merced de las vidas, la cual Nezahucd-
coyotzin se la otorgó con ciertos conciertos; y dejada la orden
y guarda de la ciudad, se volvió á México, donde fué bien reci-
bido y se hicieron grandes fiestas.
En este mismo tiempo acordó Nezahucdcoyotzin de acabar de
sujetar lo que restaba de su reino, porque era ya tanta la des-
vergüenza de los enemigos, que á muy pocas leguas de la ciu-
dad se le andaban haciendo fiesta con gente y ejércitos de
guerra, y así juntó sus gentes con algunos Mexicanos, él por
su persona, y su tío Izcohuatzin y Moteczuma, repartiéndoles la
gente á cada uno su parte, fueron en demanda de su prosecu-
ción, y en la primera parte donde le salieron al encuentro sus
enemigos, fué en CohuaÜichan, á dos leguas de la ciudad, en
donde tuvieron alguna resistencia, mas luego los llevaron de
vencida; y otra en Nepóhuolco^ hasta Aeulhuacan^ en donde es-
taba un grueso ejército en la misma puente, que para poderla
ganar y pasar al otro cabo del río, se padeció mucha necesidad
232 OBRAS HISTÓRICAS DE
y muerte de algunos soldados y capitanes, los más valerosos
de Nezahualcoyotzin^ por ser los delanteros; mas luego, aunque
era ya tarde y algo obscuro, fueron vencidos los guardas y se
retiraron hacia ChicuhnaiUla, y el ejército de Nezahualcoyotl
durmió esta noche en las riberas del río, en las partes más aco-
modadas, y dieron orden esta noche de lo que se debía de ha-
cer el día siguiente, lo cual se hizo, sujetando á Chicuhnaidla^
Tepechpa^ Acidma^ Tecoyucan y otras partes, aunque en Aculma
tuvieron mucha resistencia, por estar aquella ciudad tan forti-
ficada de muchos y valerosos capitanes Tepanecas que habían
escapado; mas al tercer día después que salieron de México,
fué vencida con harta mortandad, quemando templos y derri-
bando casas, y dada orden pasaron á Teotihuacan^ á CuauJiÜa-
tzinco y Axapuzco y Otumpan y otros lugares, en donde tuvie-
ron algunas escaramuzas y defensas, y dieron la vuelta sobre
Aziaquenaca y Zempoala que se había rendido y dado. Los de
Tepepulco, Ahudtepec y otras partes vinieron con alguna gente
y comida de refresco, los cuales siempre habían sido fieles en
favor de su legítimo Señor, y dieron vuelta, después de haber
dado orden todas las cosas tocante á este efecto, para TlaUeca-
pan y vinieron á salir por Cuauhtitlan con muchos presos y los
despojos de todos los lugares sujetos. Llegados á México se
hicieron muchas fiestas y sacrificios á los dioses en memoria
de esta victoria, sacrificando algunos capitanes y hombres va-
lerosos, aunque pocos, según después se usó ^
Y al cabo de algunos años fué acordado entre Nezahualeoyo-
tzin y TzcohtuUzin^ que en el pueblo de Tlacopan se hiciese un
Señor que fuese en lugar de Maxtla^ Señor que fué de Azca-
putzalco, lo cual se hizo nombrando por Señor de los Tepane-
1 Aquí está cortada la narración por una nómina de pueblos dispuesta en
cuatro columnas, con el título — Pintura, de México. — No encontrando quo
ella tenga conexión alguna con el asunto que aquí so versa, la he suprimido
en este lugar, reservándola para el fin de la obra, en donde se copiará literal-
mente. Lo que sigue forma su continuación, que en mi juicio es un fragmento,
á no ser quo aquí haya una bien grande laguna. — R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 233
ñecas á TotoqaihuaMi^ de manera que el Señor de Texcuco y el
do México fueron ¡guales en el Señorío, y el Señor de Tlacopan
no fué tanto como cada uno de ellos.^
Pasado todo lo referido, algunos de los principales de Tex-
cuco y una hermana de Nezahtialcoyotzin y su marido Nono-
hualcaU y el Señor de Huexutla^ Cohuatlichan y Cohuaiepec, que
eran los que habían sido contra él, temiéndose que por la trai-
ción que habían hecho, los castigaran, acordaron de se ir y
ausentarse, como lo hicieron. Unos se fueron á Tlaxcala y
otros á Huetzutzinco y otros á Choleo^ y con ellos se fué mucha
gente, de los cuales hoy en el día hay descendientes de ellos
en estos lugares; y sabiendo Nezahualcoyotzin que aquellos
principales se iban, mandó que fuesen tras ellos y los hiciesen
volver, los cuales respondieron que les perdonase, que no po-
dían volver, porque no querían vivir en Texcuco y así se fue-
ron. Nezahualcoyotzin mandó á ciertos mensajeros que fuesen
á México y que trajesen algunos oficiales de todos los oficios
para Texcuco, los cuales sabiendo la voluntad de Nezahualco-
yotzin fueron muchos y les dieron tierras en que viviesen, y
luego mandó que se hiciese una casa grande para sus ídolos,
lo cual luego se puso en obra y se hizo un Cü y una casa ma-
yor que ninguna de cuantas hasta entonces se habían hecho.
Y asimismo mandó hacer unas casas para sí, las cuales se
hicieron las mayores y mejores que nunca en estas tierras se
habían hecho, las cuales hoy en día están enteras parte de ellas,
y las deshechas parecen en los cimientos de ellas lo que eran, y
también un cercado muy grande que hoy día está alguna parte
de él entero y está cercado de árboles y cipreses, y para hacer
el Cá y casas del Diablo, así como (para la construcción de)
las suyas propias, fueron mucha cantidad de Mexicanos y de
1 Aquí el autor hace aparecer como jefe principal á Nezahualcoyotl; los
cronistas mexicanos, por el contrario, dan la preferencia á Itzcoatl. Do esto y
de la confederación tripartita, h la cual parece dar poca importancia Ixtlilxo-
cbitl, trataré extensamente en las notas de la Historia Chichimeca.
234 OBRAS HISTÓRICAS DE
Tepanecas á hacerlas, juntamente con los de Texcuco que se
llaman y han llamado siempre los Aculhtuique.
Y pasados muchos años que los pueblos estuvieron sin tener
Señor, más que, como dicho es, á Nezahualcoyotl^ Señor de
Texcuco, y á Itzcohuaizin Señor de México^ y á Huehtíe Totoqui-
huaztli Señor de llacopan^ pareciéndole á Nezahualcoyotzin que
si no hubiese Señores de pueblos que fuesen sujetos (ó subdi-
tos) y con quien ce acompañasen, que aunque era Señor, que
no sería tan acatado, y que así era bien tener Señores por va-
sallos y comunicarlo ^ con el Señor de México, el cual le dijo
que no era bien y que le parecía que no se debía hacer; y no
embargante todo esto Nezahualcoyotzin hizo Señor de HuexuÜa
á Tlazolyaotzin^ hijo de Itlacauh^ que es .el Señor que se fué
huyendo á Tlaxcalan; y en Cohiuiilichan mandó que fuese á
llamar á Motoliniatzin que estaba en Tlaxcalan y hízole Señor
de CohuatUchan^ y en Chimalhuacan hizo Señor á Tezcapoctzin^
que fué el primero que allí hubo, y en Tepetlaozioc á Cocopin-
tzin, y en Acalman á Motlatocaizomaizin, hijo de Teyolooocohuay
el que le ganó el pueblo, y en Tepexpan á Temoyotún^ y en Chi-
cuhnautla á Tezozomotzin^ y en Otumpan á Quecholtecpantzin^ y
en Teotihuacan á Mamalitziny al cual y al de Otumpan los hizo
Señores de toda aquella parte, que eran como labradores y di-
ferentes de los tratos y trajes de Texcuco. En todos estos pue-
blos puso Señores, como dicho es, no embargante que todos
eran sus vasallos y le tributaban y reconocían como su Señon
y por tal le obedecían. Dejó para su recámara el pueblo de
Cohuatepec^ Iztapalocan, Xaltocan^ Tepepxdco^ Zempohualan^ Az-
taquemecan^ Ahuatepec, Axapuzco^ 0:Uotipac, Tizayocan y oíros
muchos pueblos que él hizo y ordenó, los cuales y en cada uno
de ellos, puso sus Calpixques para que tuviesen cuidado de
recoger los tributos y rentas y acudiesen con ellas.
Hechos los Señores y puestos los Calpixques^ luego repartió
entre los Señores y principales, tierras á cada uno, conforme á
1 Parece que debe decir: lo comunicó.
DON FERNANDO DE ALYA IXTULXOGHITL. 235
SU calidad, y á todos los que le siguieron y sirvieron los mejo-
ró, y á muchos les dio tierras y en ellas cantidad de Maaehua-
les que les sirviesen y acudiesen con los tributos, los cuales eran
Mayorazgos.
Puso orden en la gente de la manera que cada uno había de
vivir y en lo que había de entender, y fué de esta manera: Que
hizo y puso el pueblo de Texcuco en seis barrios ó calaciones ^
que se llaman el uno Mexicayan y el otro Colhuacan^ y Thdz-
nahuac, Tepan^ Tlaylotlacan y Chhncdpan; y mandó que para el
servicio de los Cus (ó templos) y casas de oración que ellos
tenían, se criasen desde niños para que tuviesen encargo de
aquel servicio, y de allí salían las personas señaladas que ellos
tenían dedicadas para sus sacrificios y ceremonias, que se lla-
maban Tlamacazque, y asimismo salían hechos principales y
Tequiztlaíos^ de manera que allí entraban como en un estudio
ó Religión.
Asimismo había otros Mazehucdes que entendían en las cosas
necesarias á la República; y asimismo había otra orden donde
se criaban y mostrábanse y ejercitábanse los hombres de gue-
rra.
Otra orden había también de donde salían personas enten-
didas para embajadores y para ir á entender en hacer paces ó
desafios á otras partes, y había de donde salían personas que
hacían (justicia en los) pleitos entre particulares. En las cosas
livianas los sentenciaban y determinaban, y las cosas de cali-
dad de muerte hacían relación á NezoJmalcoyotzm para que lo
determinase; y estas personas que estaban puestas para este
efecto, les estaba mandado que no llevasen cosa ninguna de
las partes, y si se averiguaba llevarlo los castigaba y desterra-
ba del pueblo.
Había otra orden de donde salían los CcUpixgwes y personas
que tuviesen cuidado de la gente menuda y de mandar hacer
las sementeras y recoger los tributos [que les era obligado á
1 No entiendo esta palabra; pero así está en el manuscrito.
236 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
dar. Todas estas órdenes tenía puestas y ordenadas Nezahual-
coyotzin, para que cada uno en su orden se supiese quién era
y en lo que había de entender, y para que ninguno se entre-
metiese en el cargo de otro.
Tenía Nezahiudcoyotzin un aposento ó sala en que estaba
puesta su silla y otros de los Señores sus vasallos, cada uno
puesto por su orden, donde tenían puestas ciertas personas
para que oyesen pleitos de los pueblos sujetos, los cuales em-
pezaban á oir desde la mañana y estaban todo el día; y había
personas puestas y dedicadas para pintar y poner por memo-
ria todas las cosas que pasaban y se averiguaban, y de esto
hacían relación á Nezahxialcoyotzin.
ORDENANZAS DE NEZAHUALCOYOTZIN.
1* — La primera, que si alguna mujer hacía adulterio á su
marido, viéndolo el mismo marido, ella y el adúltero fuesen
apedreados en el Tianguis; ^ y si el marido no lo viese, sino que
por oídas lo supiese, se fuese á quejar, y averiguándolo ser
verdad, ella y el adúltero fuesen ahorcados.
2í — La segunda, que si alguna persona forzase á algún mu-
chacho y lo vendiese por esclavo, fuese ahorcado.
3í — La tercera, que si entre dos personas hubiese diferencias
sobre tierras, aunque fuesen principales, si entrambos á dos
sembrasen á porfía, que el uno y el otro, después de haber na-
cido el maíz, si lo arrancase, fuese traído á la vergüenza alre-
dedor del Tianguis con el maíz que arrancó colgado del pez-
cuezo.
4* — ^La cuarta, que si alguna persona, aunque fuese principal,
tomase de su autoridad alguna tierra, como fuese grande y el
dueño se fuese á quejar, averiguándose ser así, que lo ahor-
casen por ello.
5* — La quinta, que habiendo guerras entre dos pueblos, si
alguna persona viniese á él, otro ninguno lo pudiese acoger en
su casa, y si lo acogiese fuese preso y llevado al Tianguis, y he-
1 Tianquiztlí, mercado, en donde en determinados días, generalmente cada
cinco, se reunía el pueblo.
238 OBRAS HISTÓRICAS DE
cho pedazos todo su cuerpo, y echados los pedazos por todo
el Tianguis para que los muchachos jugaran con ellos; y que
fuesen perdidas sus tierras y hacienda, y fuese dado á saca-
mano.
6* — La sexta, que si alguna persona matase á otro fuese
muerto por ello.
7* — La séptima, que si alguna hija de algún Señor ó caballe-
ro se averiguase ser mala, que muriese por ello.
8* — La octava, que si alguna persona mudase las mojoneras
que hubiese en las tierras de los particulares, muriese por ello.
9* — La novena, que si alguna persona echase mala fama ó
algunas nuevas en el pueblo, que fuese cosa de calidad, y s?
averiguase ser verdad, que aquel que las dijese muriese por
ello.i
10* — La décima, que si se averiguase que algunos de los sa-
cerdotes ó Tlamacazques, ó de aquellas personas que tenían
cargo de los Cus (ó templos) é ídolos, se amancebase ó embo-
rrachase, muriese por ello.
11?— Que (á) ningún Caballero, Embajador ^hQj^j^re
mancebo ó mujer de los de dentro de la Casa del Señor, si se
emborrachare, muriese por ello.
12* — La 12? que ningún Señor se emborrachase sopeña de
privarle del oficio.
13? — La 13? que si se averiguase ser algún Sometico, mu-
riese por ello. ^
14?— La 14? que si alguno ó alguna alcahuetease á mujer
casada, muriese por ello.
15? — La 15? que si se averiguase ser alguna persona hechi-
cera, haciéndolo con algunos hechizos, ó dándolos por palabras,
1 Si, como parece, la ley es contra los propagadores de nuevas alarmantes
falta un no después de la palabra averiguase. — R.
2 Así en el original. — R.
8 En el original sigue así:— "Esto se guardó en tiempo de NezahualpUizin-
iU y Nezahualcoyoizin.'^'^'R.
DON FERNANDO DE ALYA IXTULXOGHITL. 239
Ó queriendo matar á alguna persona, muriese por ello, y que
sus bienes fuesen dados á sacamano.
16* — Que si algún principal Mayorazgo fuese desbaratado ó
travieso, ó si entre dos de estos tales hubiese alguna diferencia
sobre tierras ú otras cosas, el que no|quisiese estarse quedo
con la averiguación que entre ellos se hiciese, por ser so-
berbio y mal mirado, le fuesen quitados sus bienes y el Mayo-
razgo y fuese puesto en depósito en una persona que diese
cuenta de ello para el tiempo que le fuese pedida, del cual
Mayorazgo estuviese desposeído todo el tiempo que la volun-
tad del Señor fuese.
17^ — Que si alguna persona fuese casado y la mujer se que-
jase del marido y quisiese descasarse, que en tal caso los hijos
que tuviese en ella el marido, los tomase, y los bienes fuesen
perdidos ^ por iguales parles, tanto el uno como el otro; en-
tiéndese, siendo culpado el marido.
18? — Que si alguna persona hurtaba en cantidad y se averi-
guaba, el tal ladrón fuese esclavo de la persona cuyo era lo que
hurtó, y si la persona no lo quería, fuese vendido á otra parte
para pagarle su robo.
19* — Que si alguna persona se vendiese por su propia auto-
ridad, lo pudiese hacer; y que si se vendiese dos veces, que el
primero dueño á quien fué vendido lo llevase, y el segundo
perdiese el precio que había dado por él.
20* — Que si alguna persona vendía dos veces alguna tierra,
el primer comprador quedase con ella, y el segundo perdiese
lo que dio por ella, y el vendedor fuese castigado. ^
1 Entíendo que debía áecir ^pariidos.-^'R.
2 Aquí termina el fragmento de las Ordenanzta: lo que sigue á continua-
ción en el original, es una noticia relativa á la muerte, funeral é hijos de N&'
zahualpiliñnilif que se copiará al fin del fragmento siguiente. — R.
FKAGMENTOS.
I.
GÜEBBÁ DE CHÁLCO T SUCESOS POSTERIORES HASTA LA
MVEBTE DEL BEY NEZÁHUÁLCOTOTZIJf. ^
El Rey Nezahuahoyotl de Texcuco^ habiéndole traído nuevas
de que ToateuMi^ ^ Cazique y Señor de la Provincia de Choleo^
1 EBte fragmento no pertenece á las RekícioneSf ni hay una completa certi-
dumbre de que sea obra de Ixtlüxiichitlf aunque tampoco faltan datos para
creerlo. Él se encuentra en el Vol. III de los MS. del Archivo General, inti-
tulado:—"Vabias PIEZAS DE Orden de su Majestad"— formando el fin
de una Colección de Cantares y Poesías, encabezada con la siguiente— "Ad-
"VERTEirciA. — El erudito Caballero D. Lorenzo Boiurinij que sacó de la mis-
(^maobficuridad copiosas luces para la Historia de Indias, en el Catálogo de
"su Museo Indiano f que colocó al fin de su Idea de una hiatoria general de
*^Nueva España^ al fol. 8 núm. 2, se explica de esta suerte: — Otro Manuscrito
"en 12 fojas útiles de papel Europeo, contiene dos Cantares del Emperador
*^Nezahualcoyoilf traducidos de lengua Náhuatl en la Castellana, que redujo á
"poesía Don Femando de Alva^ de quien creo es también un pedazo de historia
"de la vida del referido Nezahualcoyotl. — Hasta aquí Boturini, — Así los Can-
"tares como el Retazo de Historia se comprenden en el siguiente cuaderno, co-
"pia de un antiguo ManuseritOj á que hemos aplicado toda la atención y ezac-
"titud que merece por su naturaleza un rasgo tan precioso de la antigüedad."
Ese pedazo^ 6 retazo de historia^ como se le llama en la anterior advertencia,
es el que he copiado en este Pbagmekto, considerando que él integraba, has-
ta cierto punto, las Relaciones^ por contener los últimos sucesos de la vida de
Nezahualcoyotl, — R.
2 En la relación anterior se le llama Tozitecuhtli.
Tomo I— 16
242 OBRAS HISTÓRICAS DE
se le había rebelado y negádole la obediencia, hizo junta de
sus grandes Caziques y Principales de su Corte y Reino, y te-
niéndolos juntos les habló de esta manera: — "Ya os es notorio
deudos y vasallos míos, las veces que al Cazrque Toateuhtli ^ y
á los suyos, les he perdonado su inobediencia y alzamientos y
robos que han hecho y muertes que los suyos han cometido,
usando de mi mucha clemencia y por atraerlos á mi servicio
con buenos modos, lo cual ha sido causa de darles ánimo á
que hayan enviado á decir que no quieren reconocerme por
su Rey y Señor natural, ni estarme sujetos ni obedientes á mis
órdenes, ni acudir con el reconocimiento que me están obligados
á hacer cada año, y otras muchas libertades que no refiero por
np encolerizarme demasiado; que estas cosas se han de mirar
sin pasión para acertar en su remedio; y pues á todos los pre-
sentes, como á mis deudos y vasallos tan leales, os toca tanto
el procurar castigar tan grande atrevimiento como el de este
viejo Cazique y los suyos, os pido por el amor que os tengo y
por la obligación que me tenéis, miréis y consideréis este caso
y me deis vuestro parecer en caso que tanto importa; que si
mi edad y achaques de salud no lo impidieran, yo por mi per-
sona tomara la venganza, ó por mejor decir, los castigara, que
venganza no es justo la procuren los Reyes, sino castigar al
que lo mereciere." — Los Príncipes, Caziques y Señores que es-
taban en la Sala, habiendo oído lo por el Rey propuesto, es-
tuvieron dando y tomando lo que se debía hacer en tan gran
negocio; y estando en esto se levantó el Infante lehazotlaloatzin^
hijo unigénito del Rey, y hincado de rodillas delante del Pa-
dre, le dijo: — "A mí como á tu hijo, mi Padre y Señor, es jus-
to que me encomiendes este castigo y venganza de esta casta
atrevida y los suyos; que yo te doy mi palabra delante de es-
tos grandes, de no volver á tu presencia ni á la de los presen-
1 Nótese que Ixtlilxochitl en todas sus Relaciones usa de la buena ortogra-
fía antigua iecuhtli; mientras en este Fragmento se emplea la comipoión teuh^
iliy de tiempos posteriores: lo cual, unido ¿ la diferencia de estilo, confirma
para mí, que este ñragmento no es obra suya.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 243'
tes, hasta que te traiga á tu presencia muerto ó preso al Gazique
que ha tenido atrevimiento de disgustarte, y dejar la Provincia
á tí sujeta de una vez, y á la gente de ella tan escarmentada,
que no se atrevan á pasarles por el pensamiento la locura que
agora han acometido." — El Rey se lo agradeció y estimó su
ofrecimiento, y de su acuerdo y parecer de todos los grandes
del Reino, se le encomendó dicho negocio, dándole gente y to-
do lo necesario para su servicio como á hijo de tan gran Rey.
El Infante IchauÜatoatzin^ ^ Capitán general de aquel ejército,
con sus dos hermanos Xochiquilzaltzin y Acapipioizin^ salieron
con su ejército en buena ordenanza de la dicha Ciudad de Tea;-
cuco por delante de las Casas Reales, desde donde el Rey y los
grandes le estaban mirando, que fué una cosa de ver, porque
todo lo mejor del Reino fueron en la dicha jornada, por ver
que los hijos del Rey su Señor iban á ella, y no se tenía por
honrado el que no iba, pudiendo, ó enviando á sus hijos lo más
bien aderezados y galanes que pudieron; de que el Rey y los
que con él estaban, quedaron muy contentos, y el Rey mucho
más, de ver el aliento y ánimo de sus vasallos, que era mues-
tra de lo que le querían.
Llegados á la frontera de la Provincia de Choleo^ el Infante
Capitán general del ejército, le asentó á vista de sus enemigos
que estaban en una serranía y puesto muy fuerte, bien apercibi-
dos para defenderse. El Infante antes de acometer ni hacer da-
ño en los contrarios, envió á decir con un Capitán de su ejér-
cito, valiente y animoso, al Cazique Toateuhili^ Gobernador de
aquella Provincia, que aunque él venía por mandato del Rey
su Padre á le prender y llevar preso á su presencia, por el eno-
jo que le había dado de revelarse y negarle la obediencia co-
mo á su Rey y Señor natural, y el reconocimiento que le estaba
obligado á hacer, (pero que) él, como hijo de tan gran Prínci-
pe, que se precia de misericordioso y no justiciero, compade-
<íiéndose de su vejez, quería usar con él de misericordia, y le
1 Aates lo llama Ichazotlalatzin.
244 OBRAS RISTÓRIGAS DC
daba palabra, como quien es, de no hacerie daño en su tierra
y Alcázar ^ Real, con (tal) que se venga para irse con él ante
el Rey su Padre, con quien será tercero (ó mediador para) que
le perdone y vuelva en su gobierno; y de no aceptar el parti-
do, pondrá en ejecución (el intento de) su venida y entrará en
su tienda y (procederá á) prenderle por su persona y llevarle
á su Padre que le castigue por justicia conforme á su delito,
sin tocarle las manos en su persona, que lo tendrá por afrenta
por ser tan viejo y ciego, que es (lo mismo) que ponerlas en
una mujer; (y que entrará) dando cruel y atroz muerte á todos
los suyos que le quisieren defender.
Llegado el Capitán ante el Cazique con la dicha embajada, y
díchole lo que el General le había dicho le dijese, (lo escuchó)
con mucha paciencia, y sin enojarse le dijo: — ^''Caballero, muy
gran castigo merecía vuestro atrevimiento en haber venido an-
te mí con la embajada de un muchacho como es el Infante que
os envía, haciéndome tantos fieros y amenazas, que entiende
lo ha 2 con las del Reino de su Padre, que les debe de dar la
vida de merced; que sin considerar que yo (aunque viejo y
ciego), sentado en mi casa y en mi tienda, le daré tanto en que
entender á él y á su ejército, que en él no esté seguro de ve-
nir á mis manos; que ruegue á los Dioses le escapen de ellas,
que si á mí me son favorables é yo le puedo haber en mi po-
der, como muchacho le haré azotar y castigaré su locura con
un castigo nunca visto; que si hasta aquí no he procurado de
enojar á el Rey en cosa que le lastime el corazón, de hoy más
por haber enviado contra mí á un rapaz ^ como él, por Capitán
general para prenderme, le hago cierto le he de hacer todo el
daño y enojo que pudiere, con castigos nunca vistos ni oídos
1 En el original dice Aleasel.—l^,
2 £»to es:— * 'que entiende habérselas con los vasallos del Beino de su Pa-
dre, i quienes puede ofrecer como una gracia y merced, el perdón de la vi-
da."—B.
8 Aquí la palabra rapcut^ significa muchacho de poca edad y desprecia-
ble.—R,
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITU 245
en los que más luciesen ante sus ojos; ^ y á vos no le doy con-
forme á vuestro atrevimiento porque os disculpa el ser men-
sajero, y con esto idos en paz sin aguardar otra respuesta."
El Infante Capitán general, habiendo la respuesta el Capitán
de el Cazique de CAofoo, corrido y afrentado con muy grande
enojo y pasión, blasfemando de sus Dioses que tal atrevimien-
to permitían á un viejo ciego y sin manos, mandó apercibir la
gente para otro día acometer en la gente de sus contrarios.
El Cazique después de haber despedido al mensajero del In-
fante, llamó á los suyos y les dijo: — "Corrido estoy de lo que
este rapaz me ha enviado á decir; si vosotros me queréis bien
y deseáis mi venganza, os ru^o que corráis la tierra y me pren-
dáis á los hijos del Rey, que dicen se salen á holgar al campo;
que quiero empezar á darles disgusto porque goce enojo del que
su hijo me ha dado;" — ^y previniendo, como hombre capaz
y astuto, mandó que en los altos de la Sierra y partes más pe-
ligrosas, se pusiesen en puestos mucha gente de guerra, para
que á los que quisiesen subir los matasen sin riesgo suyo. Pues
estando con este apercibimiento, otro día siguiente de madru-
gada, entendiendo coger descuidados á los contraríos, el Infante
hizo acometer la Sierra, y habiendo llegado sin impedimento al
medio de ella, en lo estrecho, de improviso salió gran número de
soldados con tan gran pujanza, que los de el Infante sobresalta-
dos por escapar las vidas, y visto que no podían subir ni hacer
daño, volvieron las espaldas huyendo sin los poder detener el
Infante y Capitanes, y los contrarios hicieron muy gran matanza
en los del Infante, de cuya parte murieron más de diez mil
hombres, sin los que se cautivaron, y el Infante y los suyos se
retiraron á su Real con gran pesar y enojo, y el Cazique man-
dó recoger su gente que se había bajado al llano en seguimien-
to de los contrarios.
Al Rey Nezahualcoyotl le dieron nuevas de lo sucedido á sus
hijos y pérdida de su gente, (de lo cual se aflijió mucho; y) con-
1. Esto es,— ^i un objeto lo más querido, — R.
246 OBRAS- HISTÓRICAS DE
siderando que si su poder era tan poco que no pudiese pren-
der y sujetar á un Cazique viejo y ciego y con tan poca gente,
estando tan cercano á su tierra, y habiendo él sujetado tantas^
naciones como hay en el distrito de la mar del Sur á la del
Norte, se puso muy triste y melancólico, y este cuidado y el
verse viejo y sin hijo legítimo que le sucediese en el Reino,
acordó de tratarlo y pedir su parecer á los Sacerdotes de sus
templos, los cuales venidos y dádoles el Rey razón de su tris-
teza y cuidadp, pidió consejo de lo que debía hacer en tan gran
cosa. Los Sacerdotes le respondieron que era castigo de sus
Dioses por serles indevoto y no hacerles sacrificio de gente hu-
mana. Visto por el Rey tomó su consejo y mandó se hiciese
sacrificio de muchos hombres cautivos en las guerras.
El Cazique Toateuhtli^ con el cuidado en que vivía de ven-
garse del Rey y darle enojo, tuvo tan buena suerte, que ha-
biendo venido de la ciudad de México á la de Texmco dos
Infantes hermanos, hijos del Rey Axayaca, á ver al Rey Neza-
huokayoü su Tío, los dichos dos Infantes, con otros dos hijos
del Rey sus primos, se salieron á holgar por las campiñas de
la dicha Ciudad, andando á caza como mancebos: los criados,
capitanes y soldados del dicho Cazique por darle gusto, habien-
do salido á correr la tierra, dieron con los cuatro Infantes, y
sin resistencia por ser muchos (los agresores) y estar sin armas
(los Infantes), los prendieron y llevaron ante el Cazique su Se-
ñor el cual se holgó mucho de tan buena suerte, y agradecien-
do á sus Dioses esta merced, los mandó luego sacrificar y les
sacó los corazones y los hizo engastar en oro y se los puso co-
mo gargantilla á la garganta, y los cuerpos mandó poner en
las cuatro esquinas de una Sala grande que tenía en su casa
donde se juntaba con los suyos á sus gustos y placeres, dan-
zas y bailes; los cuales dichos cuatro Infantes tenían unas cu-
1 Sigue el autor llamando Toaieuhüi al Señor de Chalco, cuyo verdadero
nombre es TociUcuhtli. Creo muy posible que algún copista confundiera la sí
laba ci con una a.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 247
charas de hierro ^ en las manos y encima de ellas pusieron
Dialtea que ardía y alumbraba la Sala. Y como una india cau-
tiva que allí servía, natural de la Ciudad de Texcuco^ viese tan
gran crueldad y á estos cuatro Infantes muertos y con este es-
pectáculo, siendo sus Señores naturales, movida de piedad, pos-
poniendo todo temor y miedo y el daño y peligro de muerte á
que se ponía si fuese sentida ó cogida en el camino, se cargó
una noche de los cuatro Infantes (y se fué) con ellos á la Ciu-
dad de Texcuco, y entrando en el Palacio del Rey su Padre y
con grandes lágrimas le dijo: — "Rey Nezahualcoyoti, ¿dónde es-
tán tus Príncipes y grandes de esta Corte, tus valentías y ha-
zañas? ¿Tú eres el que tiene sujetas todas las naciones que de
la una mar á la otra asisten? No es posible que seas tú;
pues á tus ojos, los de la Provincia de Choleo y un viejo ciego
Cazique que tienen por Señor, fué poderoso á prender á tus
hijos Infantes que aquí te traigo muertos con dos primos suyos,
hijos del Rey de México," — contándole en seguida de la ma-
nera que los había hallado.
Y visto por el Rey y los grandes que con él estaban, tan
grande atrevimiento y crueldad, y oído lo que la india había
•dicho, haciendo grandes llantos, avisó al Rey de México, pa-
dre de los dos Infantes, de el suceso: el Rey NezahualcoyoÜ
considerando lo poco que podían sus fuerzas y el daño que los
dichos indios de Chalco le habían hecho á sus ojos, y lo poco
que le había aprovechado el sacriñcio hecho á sus dioses de
gente humana; y poniendo los ojos en el cielo dijo: — "Verda-
deramente que los dioses que yo adoro que son ídolos de pie-
dra que no hablan ni sienten, no pudieron hacer ni formar la
hermosura del cielo, el Sol, Luna y estrellas que lo hermosean
y dan luz á la tierra; (ni los) ríos, aguas, fuentes, árboles y
plantas qué la hermosean; las gentes que la poseen y todo lo
creado. Algún Dios muy poderoso, oculto y no conocido es el
Creador de todo el Universo, él solo es el que puede consolar-
1 Este es un descuido del autor; serían de cobre 6 cualquiera otro metal.— R.
248 OBRAS HI^T(k^CUS DE
me en mi aflicción y socorrerme e^ taii grande angustia como
mi cprazói;! siente; í él quierp por mi ayudador y amparo." Y
pjgira mejor alcanzE^r y cpnseguir lo que pretendía, aooxdó de
retiríirse, como se retiró, á su bosque de TezciUzineo^ y allí re-
x^pgido y apartado de los negocios y cosas que le pudieran per*
turbar, ayy^ó cuarenta dfes al Dios Todopoderoso, Creador de
todas las cosas, oculto y m conoqido; y ofreciéndole, en lugar
de §acri$ci9, inqienso y copal al salir dej «ol y al «ledio día y á
puestas del sol, y i la media noche.
Y al ca^o de los cuarenta días de ayuno, á ia media noche,
uno de los pajes de su recámara llamado Jztapalcotzin^ oyó una
voz que de la parte de afuera le llamaba por su nombre, y sa»-
jüendo á ver quién era, halló que el que le llamaba era un maur-
cebo hermoso y muy resplandeciente, con ricas vestiduras; y
como se espantase de aquella visión, nunca por él vista, €fl
mancebo le llamó por su nombre y le habló diciéndoleí— "No
temas; entra y díle al Rey tu Señor que no tenga pena y que
se consuele; que el Dios Todopoderoso y no conocido á quien
él ha ayunado y hecho ofrenda estos cuarenta días, le ha oído
y le vengará por mano de su hyo el Infante Axoqumtsdn^ ven-
ciendo á los Chalcas, y cautivará y prenderá al Cazique Señor
de ellos, y le quedarán sujetos; y la Reina su mujer parirá un
hijo muy sabio y prudente que le suceda en el reino;"T-Ty dir
ciendo esto desapareció, y él entró á donde el Rey estaba, al
cual halló haciendo el ordinario sacrificio de incienso y copa},
y le dio cueuta de lo que haj>ía visto y díchole el dicho man-
cebo que le dijese. Tuvo el Rey por disparate y embuste lo
que le decía, porque el Infaute Axoquentzin no se había visto en
batallas y era mozo de diez y siete años; y la Reina (era) mu-
jer mayor y ya había niuchos años que no paría; aunque por
otra parte, el decirle que el Dioe no ccmoddo á quie^ él había
enconiendádosele y hecho ofrenda le prometía hacerle tan gran
merced, le animó y consoló; y por saber si había sido inven-
ción del paje ó nueva cierta, lo mandó poner en una jaula.
Aquella misma niadrugada el dicho InJEante, con otros man-
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 249
cebos de la ciudad, se fueron á los campos y fronteras de CAoZ-
€0 poí: ver á sus hernaanos que estaban en el ejército de su
padre, y llegó .á ocasidn que sus hermanos, que eran los cau-
dillos principales del ejército, querían asentarse á almorzar so--
biíe un^i rodela grande, oomo lo tenían por costumbre antes de
dar la batalla, que peaasabau dar s^unda vez. Uno de losher-
mwos, que fué Acapipiotzi^ oomo lo conoció, se holgó infinito
de verle, y le preguntó cómo había venido por tierra de guerra
sin recibid daño; y él le respondió que el deseo que tenía de
verlos le había dado tan grande ánimo, que sin temor alguno
había venido; y el hermano le mandó que se sentase con ellos
á almorzar; y el otro hermano IchauÜaioaizin^ que era el mayor
de ellos y el General del ejército, hombre áspero y soberbio
de condición, le dijo que no se sentase, que aquel asiento no
era sino para capitanes y hombres valerosos como ellos; y por-
fiándole los dichos hermanos que le dejase sentar, pues era su
hermano y había tenido ánimo para con tan gran peligro de
su vida venir á verlos, indicio de que habla de ser grande hom-
bre y merecedor de cualquiera honra, el dicho IchauÜaioailzin
asió del brazo al dicho Infwite y le echó de allí con menospre-
cio., diciéndole se fuese á comer á las faldas de las mujeres y
no ei^ np^sa de capitanes. Corrido y afrentado el muchacho de
oir estas jrazones, se entró en la tienda de las armas de sus
hermanos, se armó y tomó una rodela y una macana, y con
determinación de matar ó prender al Cazique que á sus her-
manos y primos había muerto y afrentado las canas de su pa-
dre, ó morir e;a la demanda, solo^, y sin dar parte de su deter-
minación á sus hermanos, ni consentir que los mancebos que
con él habían ido le acompañasen, se ejoiró por el real de los
enemigos sin pavor ninguno y con tan grande presteza, que
no pudieron detenerle los capitanes y soldados de sus herma-
nos que iban en su alcance porque no se perdiese y recibiese
daño como hgo de su Rey; y entró en la tienda del Cazique,
llamando en su corazón al Dios no conocido, á quien su jpadre
se había encomendado y hacía ofrenda, que fuese en su ayuda
250 OBRAS HISTÓRICAS DE
y favor en aquella empresa. Y fué cosa milagrosa que el In-
fante como viese al Cazique en su silla gobernando desde allí
su ejército, por ser viejo y ciego, y cercado de hombres queje
acompañaban, sin que ninguno de ellos se lo impidiese, le asió
de los cabellos ^ y le sacó arrastrando de la tienda afuera por el
campo, y diciéndole el Cazique que no le llevase de aquella
manera, que era viejo y hombre principal, y que le honrase
como á cautivo, el Infante le levantó por la mano diciéndole:
— "Aunque por tu mucha crueldad ToateuhÜi y por la alevosía
que cometiste en sacrificar á mis hermanos y primos, hijos de
tan poderosos Reyes, y el menosprecio que de ellos hiciste me-
recería te llevase arrastrando hasta los ojos y presencia de mi
padre ofendido por tí, uso contigo de gentileza por quien yo
soy y porque no es de nobles tomar venganza cruel del ene-
migo rendido." Y de esta manera le llevó á la ciudad de Tex-
cuco sin poderlo resistir la mucha gente que del ejército del
Cazique había venido por librarle; con cuyo aprieto se vido el
Infante en riesgo de perder la vida; mas su buena suerte quiso
que, avisado de la determinación del Infante, su hermano Acá-
pipiotzi vino con mucha gente en su socorro á tiempo que,
como dicho es, lo tenían apretado los del Cacique, y rompió
con tan gran ímpetu y alarido, que los Chalcas, temerosos y
desmayados de ver á su Señor preso por un solo muchacho,
volvieron las espaldas huyendo, y los del Rey de Texcuco fue-
ron en sus alcances matando y cautivando los que quedaron,
de manera que la dicha provincia quedó en perpetua sujeción
á el Rey de Texcuco; el cual habiendo sabido la buena nueva
de la victoria que el Dios no conocido había dado á su hijo, co-
mo el mancebo hermoso y resplandeciente le dijo á su paje, lo
mandó soltar de la prisión y le hizo muchas mercedes, y en-
trándose en un jardín de su casa, solo y sin acompañamiento,
se hincó de rodillas y inclinada la cabeza, sin alzar los ojos al
cielo para muestra de mayor humildad, dijo:— "Muchas gracias
1 Ea los jeroglíficos siempre se representa á los prisioneros asidos de los
cabellos.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 251
te doy, Dios Todopoderoso y hacedor de todas las cosas, como
causa que eres de todas las causas, que bien y verdaderamen-
te creo que estás en los cielos claros y hermosos que alumbran
la tierra, y desde allí gobiernas, socorres y haces mercedes á
los que te llaman y piden tu favor, como conmigo lo has he-
cho, y te prometo de recorfocerte por mi Señor y Creador; y
de agradecimiento del bien recibido, de hacerte un templo
donde seas reverenciado y se te haga ofrenda toda la vida,
hasta que tú, Señor, te dignes de mostrarte á este tu esclavo y
á los demás de mi reino; y de hoy en adelante ordenaré que
no se sacrifique en todo él gente humana, porque tengo para
mí, que te ofendes de ello." — Y acabado de decir esto se
levantó del suelo, y él más alegre que jamás había estado,
salió á la sala donde los grandes estaban esperándole, los
cuales le dieron el parabién de la victoria del Infante, y el Rey
les dijo: — "Este parabién lo recibo como de vasallos que tanto
me quieren, pero yo más bien gustaré que deis gracias de tan
gran victoria al Dios Todopoderoso hacedor de todas las cosas
que dio ánimo y esfuerzo á mi hijo, niño y sin fuerzas como
todos sabéis, porque sólo á este Dios estimo y quiero por mi
amparador, y de hoy más no ha de haber sacrificios de gente
humana, que este Señor se ofende de ello; esto haced y casti-
gad á los que lo hicieren; y porque á todo el mundo sea noto-
ria la victoria de mi hijo, salid á recibirle todos con músicas y
bailes hasta que lo traigáis á mi presencia, y al Cazique le po-
ned en prisión hasta su tiempo."
Los cuales hicieron lo que el Rey les mandó; y habiendo
llegado al Palacio el dicho Infante con tan gran victoria, el Rey
su Padre le recibió en la Sala y le abrazó y le besó en el ros-
tro, levantándose del suelo donde estaba hincado de rodillas,
besándole las manos, y le llevó á un canto (ó extremo) de la
Sala y le hizo sentar junto á sí y le dijo: — "Cuando yo no es-
tuviera cierto eras mi hijo, como lo eres, bastaba el haber vis-
to que sintiendo el dolor que mi alma y corazón recibió con la
vista lastimosa de tus hermanos y primos, muertos y afrenta-
252 OBRAS HISTÓRICAS DE
dos por tan cruel hombre en tan tierna edad, y pospuesto to-
do temor y riesgo de tu vida, la aventuras por vengar su muer-
te y mi deshonra, cuya determinación atribuyo fué por orden
del Dios "no conocido, que, como tan poderoso, fué en tu ayuda
y socorro;''— y con otras palabras amorosas le dijo, le contase
t;omo había tenido ánimo de acometer tan grande hecho. El
Infante le respondió:— '^Sabrás mi Padre y Señor que una no-
che de estas pasadas, estando durmiendo ^n mi aposento, en-
tró en él mucha luz que parecía era de día, y despertando vi
junto á mi cama un mancebo blanco y muy lindo, con vesti-
duras muy resplandecientes, y temeroso de la visión nunca
vista, me cubrí la cara y el mozo me llamó y dijo: — "Infante,
no temas, que yo he venido de parte del Dios Todopoderoso
que creó Cielos y Tierra y todo este mundo que ves, á quien
tu Padre ha llamado y hecho ofrenda: has de suerte ^ que ma
drugues, y sin decir nada á tu Padre, ni á otra persona, te va-
yas (ó vete) á las fronteras de Chalco donde están tus herma-
nos , que á tí te está guardada la venganza de los muertos que
el Cazique de aquella Proviocia sacrificó, y si lo sabe tu Padre
no te ha de dejar; y está cierto de esto que te digo, que cuando
me hayas de menester seré contigo." — Y con esto desapareció
quedando el aposento como de antes.*-^To, con el cuidado de
madrugar, me desvelé, y en amaneciendo me levanté; y salien-
do de este Palacio, hallé á tres mozos de mi edad, hijos de Ca-
ziques, que me preguntaron donde iba, y les dye que tenía
deseos de ver á mis hermanos, é iba donde estaban. Los mo-
zos dijeron que querían ir conmigo, y de un acuerdo fuimos
todos á la dicha provincia y llegamos á la tienda de mis her-
manos, que querían (ó se disponían) á almorzar;" — ^y le contó
lo que con ellos le había pasado y todo lo que está dicho y
más, — ^'que cuando llegué á la tienda del Cazique y le vi y la
gente que consigo tenía, me afligió y temí, y estando indeter-
1 £n el ori^Dal 4ioo — ka de haoerU, — que no forma sentido alguno rec-
to.—E.
DON FERNANDO DE ALTA IXTLILXOCHITL. 26^
minable (ó indeciso), llegó el mancebo lindo y Rermoso y me
asió del brazo derecho diciéndome: "no temas ni desmayes que
aquí estoy;" y cobrando nuevo ánimo, llegué y le saqué preso,
sin que nadie me ofendiese, y me acompañó hasta que me de-
jó en salvo entre los míos." — El Rey, en reconocimiento de
tan gran merced y honra como le había hecho, le edificó un
templo muy suntuoso de calicanto de nueve sobrados en alto
y en el último, en la parte interior de él, guarnecido de oro y
piedras preciosas, y por la exterior con un jbetún negro y al-
gunas estrellas, por ser cosa oculta y no conocida el Dios que
le había oído y hecho merced; y á esta causa no le hizo esta-
tua ni figura, quedando en vacío hasta su tiempo, mandando
en todo el Reino que de allí adelante todos hiciesen ofirenda
á el Dios no conocido, causa de las causas y Todopoderoso, en
incienso y copal, todos los días, á las horas que él lo había he-
cho y hacía, y que no se sacrificasen cuerpos humanos, con
graves penas que puso; y en el citado sobrado del dicho Tem-
plo, estaban instrumentos que se tocaban á las horas referidas
de la ofrenda, y el principal instrumento se llamaba Caüüiztliy
que era el nombre del Templo, el cual acabado, la Reina parió
un hijo que le llamó su Padre NezahuaJjnlli, que quiere decir —
Principe ayunudo^ — por los cuarenta días que su Padre ayunó.
Sintiéndose el Rey muy á punto de muerte, siete años pa-
sados de lo que está dicho, mandó juntar todos los Caziques y
Señores de su Reino y á sus hijos, y como conociese la soberbia
y altitud de IchauUatoatzin su hijo mayor, temiendo no se qui-
siese alzar con el Reino, teniendo á su hijo NezahualpilK jun-
to á sí, que era niño de siete años, les hizo á todos este parla-
mento:
"Bien sabéis y os es notorio, hijos y deudos y vasallos míos,
los muchos agravios y afrentas que de aquel Cazique de la Pro-
vincia de Chalco y los suyos hemos recibido en el discurso del
tiempo que os he gobernado, que no hemos sido poderosos á
satisfacemos y sujetarlos, habiendo sigetado tantas gentes co-
mo se incluyen en el sitio y tierra que hay de una mar á otra;
254 OBRAS HISTÓRICAS DE
— — n»
y aunque corrido y afrentado por consejo y parecer de los Sa-
cerdotes de nuestro templo, hice muchos sacrificios de gente
humana, no sólo no tuvo remedio, antes, como habéis visto,
prendieron á mis dos hijos y sus dos primos, hijos del Rey de
México, sacrificándolos y menospreciando sus personas y á la
de sus Padres; que considerado todo por mí, con gran dolor
de mi corazón, puse los ojos en el Cielo, consideré su hermo-
sura, su Sol, Luna y Estrellas y todo lo creado, y entre mí di-
je no ser posible que todo esto fuese hecho por nuestros Dio-
ses, y que aquél que lo hizo y creó, había sido algún Dios muy
poderoso que á nosotros era oculto y no conocido. Con esta
consideración sentí un nuevo aliento y alegría en mi corazón,
y determiné á recogerme en el Bosque de Tezcufzinco^ donde
ayuné cuarenta días á este Dios no conocido, ofreciéndole in-
cienso y copal á diferentes horas; y con la mayor humildad que
pude le pedí favor y socorro para mi afiicción y desconsuelo.
El efecto y beneficio que se me siguió, hoy es notorio, que por
no cansaros no lo refiero; y últimamente me dio este Príncipe
que yo tanto deseaba, teniendo como tenía la Reina su Madre
tanta edad, y al cabo de tanto espacio de tiempo como había
pasado sin parir; agora me siento mortal y el consuelo que lle-
vo de esta vida es dejaros un Rey como os dejo por el Dios
Todopoderoso, en el cual confío que os ha de gobernar en paz
y quietud, premiando á los que lo merecieren y castigando á
los malos y soberbios. Por tanto, hijos y deudos y vasallos
míos, obedecedle y respetadle como á vuestro Rey y Señor na-
tural, que de ello se sirve el Dios que milagrosamente me lo
dio, que es Todopoderoso, para que no cumpliendo, como te-
néis obligación, á sus mandatos y órdenes, os castigará ejem-
plarmente como lo hizo á los Chalcas y á su Cazique, por mano
de mi hijo el Infante, niño y sin experiencia de la guerra. Y á
vos, el Príncipe mi hijo, mirad que os encargo y ruego que hon-
réis á vuestros hermanos y á todos vuestros deudos y vasallos,
haciéndoles mercedes, que de esta forma se grangean las vo-
luntades y son queridos y respetados los Reyes de los suyos
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 255
y temidos de los enemigos; mirad que fuiste nacido de mila-
gro, que os me dio el Dios no conocido; ^ respetad su templo y
hacedle ofrenda como yo he hecho y vos habéis visto; no con-
sintiendo que haya sacrificios de gente humana, que se enoja
de ello castigando con rigor á los que lo hicieren; que el dolor
que llevo es no tener luz ni conocimiento ni ser merecedor de
conocer tan gran Dios; el cual tengo por cierto que ya que los
presentes no lo conozcan, ha de venir tiempo en que sea co-
nocido y adorado en esta tierra. Y porque vos mi hijo Acapi-
piotzi me habéis sido siempre obediente y he conocido vuestra
lealtad y amor que me habéis tenido, os nombro y dejo por
coadjutor del Príncipe mi hijo, para que junto con él gobernéis
el Reino, como de vos confío." — Y con esto abrazó al Príncipe
y besó en el carrillo, y á los demás hijos y deudos fué abra-
zando.
Luego dicho día, muerto el Rey, el Infante Acapipiotzi entró
en la Sala en donde el Rey tenía su Trono y Majestad, y hizo
que el Príncipe se sentase en su silla y juntos todos los her-
1 El Sr. D. Fernando Ramírez también creía que este Fragmento no era
obra de Ixtlilxochitl, sino de un cronista del Siglo anterior. £n él, como en
la leyenda de Quetzalcoatl, de quien han querido hacer un obispo católico que
profetizara la venida de los españoles, se ve el ánimo deliberado de presentar
á Netzahualcóyotl como un filósofo que por propia intuición conoció al Dios
cristiano, y que predijo el predominio de su culto. Ni hay otros documentos
auténticos que confirmen esto, ni el medio social en que vivía Netzahualcó-
yotl era propicio para que se desarrollaran esas ideas. Por lo demás los Na-
huas conocían al Dios creador y conservador del Universo, Tonacatecuhtli, al
Amictlan que nunca perece; pero no era este dios un ideal que correspondiese
lógicamente á civilización más avanzada que la de los indios, era el fuego, el
dios viejo, á cuyo culto sin sacrificios volvía Netzahualcóyotl, y el cual había
profesado Quetzalcoatl; y por eso era el orarle á la salida del sol, como los pri-
meros Nahuas.
La aparición del mancebo en esta leyenda, tiene mucho de la forma de los
relatos de los prodigios cristianos, y confirma que aquella es apócrifa. Pero sí
debemos admitir que Netzahualcóyotl, superior al culto sanguinario de su tiem-
po, volvió al de los astros de los primeros Nahuas, religión dulce y profunda,
que en aquella sazón existía confundida con superticiones groseras y ritos san-
grientos entre los mexicas y los pueblos sincrónicos.
256 OBRAS mSTÓHICAS DÜ
manos y CazSquBS y Principales del Remo, le besaron las ma-
nos como á su Rey y Señor natural, desde el heredero, su coad-
jutor y los demás hermanos, hasta el último de los presentes;
y jurando obedecerle y respetarle y serle leales. Estando en
esto el hermano menor, que era el Infante Axoquentzin, entró
y hincado de rodillas delante de su hermano el Rey, le pidió
mercedes de los servicios que había hecho, y queriendo ha-
blar el dicho Infante coadjutor, el Rey le mandó callar, (di-
ciendo) que él quería proveer en razón de lo que su hermano
pedía; y mandó á uno de los Caballeros que allí estaban, que
con \m pintor y un carpintero ftiesen á la provincia de Chalco
y viesen los Palacios que allí tenía el Cazique y Señor de aque-
lla Provincia, y se los trajesen pintados, sin faltar cosa; los cua-
les habiendo vuelto y dádole cuenta de lo que habían ido á
hacer, mandó que en lo mejor de la ciudad se le hiciese al di-
cho Infante su hermano, otros tales y tan buenos Palacios en
que viviese, y le dio renta en la dicha Provincia de Chalco y
otros lugares, con que como gran Señor vivió y tuvo descanso.
El Cazique viejo que estaba preso no le quisieron sacrificar
por la prohibición hecha, aunque era el castigo que se daba; y
por su culpa y delito le echaron vivo á los leones que el Rey
tenía, donde fué muerto y despedazado.
II.
NOTICIAS M NEZAHUALPILLI.
Vivió NemhxmlpiltzinÜi cincuenta y dos años y reinó cuaren-
to y cuatro, y en su tiempo se guardó y tuvo (en cumplimiento)
todo lo que Nezakualcoyotzin dejó ordenado y mandado, sin
exceder cosa ninguna. Tuvo 69 hijos varones y 66 hijas, y
cuando murió NezahualpUizintli le quemaron el cuerpo como á
su padre, y asimismo quemaron- con él mucho oro, plata, jo-
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOGHITL.
257
yas, chalchihuites y penachos, y doadentoa indios varones es-
clavos y cien esclavas; y muerto NezahualpiltzinÜi^ hicieron Se-
ñor á Cacamatzin hijo suyo (natural) y sobrino de Moteczuma^
hijo de su hermana, el cual juntamente con Moteczuma y el
Señor de Tlacopan, ganaron á JSEcUantxinco y á ChaUiamquizco.
III.
NOTAS CRONOLÓGICAS.'
Era MtzieMtt. Én oemáo.
13 AcaU.
2Gal\i.
3 Toxtli.
2 Toxtli.
7Calli.
1427
1 Tecpatl. 1428
1429
1429
1442
1473
Sujetó Nezahualcoyotzin á Texeuco^ Cq-
huaüichan y Acolraan, Ayudaron los de
TlcucccUan^ Choleo^ Huexutúnco y otras
partes.
Sujetó á AzcaputzalcOj Tenayocan^ Toti-
tUxn^ Cuauhtitlan^ Tlacopan^ Coyohuaccm^
Atlacohuayan^ HuitzUopoxco y Culhuacan.
Sujetó á Xuchimüco,
Sujetó á Cuitlahuac,
Sujetó á la provincia de ^Ozlo-
man.
Sujetó á TUddvlco con ayuda de Neza^
hucUpiÜzinÜi» ^
1 Este Fragmento está sacado en una foja suelta y sm paginación que encon-
tré metida dentro del volumen que copio; la cual por su semejanza en las for-
mas extrínsecas y en el carácter de letra con que está escrita, parece tener al-
guna conexión con el Fragmento que sigue, aunque no respondo de ello, pues
tampoco comprendo el designio que llevara su autor al escribirla, ni presumo
quién sea éste. — B.
2 Aquí está raída la mitad inferior del renglón. Parece que dice — Qsto-
iTian, — K.
8 No hay duda en que el autor omitió aquí por distracción el nombre del
Bey ó Señor que hizo la conquista de Tlaidvlco^ puesto que Nezahualpiliziti'
ili no podía figurar en ella como auxiliar de su padre NezakualcoyoiL
Tomo 1—17
258
OBRAS HJSTÓIUGAS DE
11 Calli. .
6 Acatl.
10 AcatL
]tneoiii4n«
1477 Siyetó á Tlacotepec.
1511 Sujeló á Alasquiyauh.^
15315. Se sujetó IzUactlalocan y murió Nezor
IV.
PINTÜBA BE MÉXICO. <
1. Tlaxco.
2. Chapolitxitlan.
2. Teticpac.
4. Tozanco.
5. Ocuillan.
6. Tenantzinco.
7. Tlahuilílpan.
8. Ayotoxco»
9. Chiapan.
10. Cuextlaz^onUa.
11. TzapoUa.
12. XochiUa.
13. AmaxUacompa.
14 Achiotla.
15. Guauhualhuatlan.
16. Xoxolan.
17. Yepatepec.
18. Nopaltepec.
19. Tototepec(delSur.)
20. Tzontzontepec.
8
1. Texcuco.
2. Cohuatlíchan.
S>« Acolman.
4. Otumpan.
5. Ázcapotzalco.
& Tenayocan.
7. Tollitlan.
1 Atlachquiyauh.
2 Esta es la pieza á que me referí en nota anterior. Al ver su título
presumí que fUpra la explicación de alguno de los mapas topog;^cos de Mé-
xico y sus contomos, de que hace mención Boturini en el Catálogo de su Mi^
$€0 Indiano^ párrafo Vil, nn. 11 y 14; mas la diversidad de pueblos que allí
se mencionan excluye esta ponjetura. Tal ye« será la explicación de algún
mapa del antiguo imperio. M^xicancr-B^
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
259
8. Cuauhtitlan.
9. Tlacopan.
10. Coyohuacan.
11. Colhuacan.
12. Xuchimilco.
13. Chitlahua.
14. Mizquic.
15. Tolantzinco.
16. Cuauhchinanco.
17. Pahuatla.
18. Xicotepec.
19. Yauhtepec.
20. Ahuacayocan.
31. Yehualtepec.
32. Cuauhtoxco.
33> Toxpan.
34. Tduhcohnae.
35. Tlapaloyan,
36. Tlacaoltzauhtitlan.
37. Mazahuacan.
38. Cohuixco.
39. Oztoman.
40. Quelzaltepec.
41. Ixcateopan.
42. Teoxahualco.
43. Poctepec.
44. Tamazolapan.
46. Chilapan.
56. Xochipalco.
57. Xiquipilco.
58. Xocotitlan.
59. Xilotepec.
60. Matlatzinco.
61. Teuhtenanco.
62. Tlacotepec.
63. Calimayan.
64. Amatepec.
65. Xiraatepec.
66. Tolocan.
67. Ahuilizapan.
68. Tototlan.
69. Oztotipac.
70. Chinantlan.
71. Tzompantepec. *
2
DE MIGHOHUACAN GANARON:
1. Tlaximaloyan,
2. Maravatío.
3. Acámbaro.
4. Ocuario.
5. Tzinapecuaro.
1 Esta es la copia de la foja suelta de que hablé antes, que, más que la ante-
rior, presenta el tipo de un derrotero, como lo manifiestan las palabras con
que comienza y la mixtura de nombres l'arascos y Mexicanos. Tal vez se quiso
formar el de la emigración que partió de por Tampieo^ pasando por JíteAua-
can, — R.
260
OBRAS HISTÓRICAS DE
9
81. Iztactlalocan.
82. Ixquixochitepec.
83. Tlacotepec.
84. Mitlatzinco.
85. Xaltianquixco.
86. Tlatlauhquitepec.
87. Ocotepec.
88. Toxtepec (Icpatepec»)
89. Ozelotepec (Nopaltepec.)
1. Huexutla.
2. Chimalhuacan.
3. Tepetlaoztoc.
4. Tezoyocan.
5. Tepexpan.
6. Chicuhnauhtlan.
21. Tepexco.
22. Cuauhnahuac.
23. Tlahuic.
24. Chalco.
25. Tzocan.
26. Tepeyacac.
27. Tecalco.
28. Teohuacan.
29. Cuauhyxtlahuacan.
30. Cuatlaxtla.
U
17. Ahuatepec.
18. Tizayocan.
19. Tepilpan.
20. Tezoltepec.
21. CalpoUalpan.
22. Apan.
23. Tepepulco.
24. Tlalanapan.
25. Izempohualan.
26. Achichilacazyocan.
27. Tetelyzlacan.
28. Tzihuinquüocan.
29. Cohuatepec.
30. Tlapaphuacan.
31. Tetitlan.
32. Nopaltepec.
6
46. Quiauhteopan.
47. Ohuapan.
48. Tzompahuacan.
49. Cozamalloapanpanico.
50. Tlahuitocan.
51. Coxütlan.
52. Acallan.
53. Apiaztlan.
54. Telcoyoyan.
55. Otlaquiquixtlan.
8
71. Tzapotepec.
72. Capolalpan.
73. Yohualtepec.
74. Tlapan.
75. Xoconoxco.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 261
76. Xocotlan. 8. Caiiauhtla.
77. Maxtlan. 9. PopoUan.
78. Huixtlan. 10. Xaltocan.
79. Tlaxquiyauhca. 11. Tecaman.
80. Malinaltepec. ^ 12. Tezontepec.
13. Aztaquemecan.
10 14. Axapuxco.
16. Cuauhtlaltzinco.
7. Teotihuacan. 16. Oztotipac.^
1 Esta columna es la continuación de la nómina del principio. — B.
2 Los nombres de estos pueblos están distribuidos en el MS. del Museo en
cuatro series, cada uno con su respectivo numeral; mientras que aquí están en
un completo desorden. Aquellas series son: Vt del 1 al 20; 2? del 1 al 5; 8? del
1 al 80; y 4^ del 1 al 82. Los numerales puestos aquí á la cabeza de cada gru-
po de nombres indica el orden en que debía colocarse conforme al MS. del
Museo.
Yo disiento de la opinión del Sr. Bamírez sobre esta lista. Si se leen con
cuidado los relatos de las primeras crónicas mezicanasi como son la de Tezo-
zomoc y el P. Duran, y se estudian los jeroglíficos del Códice Mendocino, se
comprenderá que esta es una lista de los pueblos conquistados por la confede-
ración del Anahuac, y considerados aquí en su calidad de tributarios de Tex-
coco. Los pueblos pertenecientes á la columna 1, abrazan la región del Sur;
los de la columna 2 la parte de Michuacan; la de la columna 4 la parte sur
del Valle de México, extendiéndose hasta CuemaTaca; los de las columnas 6
y 6 los pueblos de la región del Oriente; los de la columna 7 los pueblos de la
parte que hoy forma el Estado de México; los de las columnas 8 y 9, hasta el
número 89, los pueblos que se extendían en la Mesa Central desde más allá
de Tlaxcallan hasta el mar: en todos estos pueblos, conquistados en unión de
los Mexicas y Tepanecas, tenían los Señores de Texcoco, dos quintas partes
délos tributos. Formaban su territorio, y percibían en ellos todos los tributos,
los pueblos comprendidos en la columna 8, del 1 al 6 en la columna 9, y los de
las columnas 10 y 11.
RELACIÓN CUARTA.^
De lot anHffuoi Reyes Monarccu CMehimeoot,
Los Monarcas Señores Chichímecos antepasados del gran
Ghichimeca Xohtl^ de los ^Ue se les halla hidoria y pintura,
faeron los que se siguen, que tenían su imperio debtgo del Sep-
tentrión.
Icauktzin^ visabuelo de XoloÜ^ gobernó 180 años, y comenzó
á gobernar en el año que ellos llaman matlactu omet Agatl,
trece cañas, que conforme á la nuestra fué en el de 489, en el
cuarto año del Pontificado de Félix III^ en el décimo tercero
del imperio de Zenón y el primero del reinado de Alarico en
España.
. Muerto Icauhtún le sucedió su hijo MozdoqaibAn y entró á
gobernar en el año de matlactli once Agatl, once cañas, que
es en la nuestra el de 669, en el segundo año del imperio de
Cbn«ton¿iwo /F, en el décimo segundo del Pontificado de VUe-
liano y en el mismo del reinado de Recesmndo; el cual murió
después de haber gobernado 156 años^ en el año de hatlagtu
ToxTu, diez conejos, que es en la nuestra el de 825, al según-
1 Las tres primeras Belaci(nies que aqHÍ se echan menos pertenecen á los
TuUeoaa, y ^pot tal motiTo se han colocado como Apéndices en sus lagares res-
peotivos de la Sumaria Itelaeiánf etc. , conforme al sistema de reunir en un solo
cuerpo todas las noticias oorrespondientes á la Historia TuHeca. Las Bda-
ciones 15 y 2^ se han copiado al fin de la 1? de éstas, y la 8? al Ande la 6?
264 OBRAS HISTÓRICAS DE
do del Pontificado de Eugenio 11^ en el décimo primero del
imperio de Ludovico / y en el tercero del reinado de Ramiro
en España.
Muerto Mozdoqaitzin^ heredóle en el reino Tlamacatün^ el
cual gobernó dentó treinta y tres años y murió en el año de la
última destrucción de los Tultecas, y heredóle en sus reinos y
señoríos Achcauhtzin, hermano mayor de Xolotl, á quien dejó
gobernando cuando vino á estas partes. Por haberles quemado
las historias á estos naturales, no se halla más noticia de los
Reyes Chichimecas más de lo que está declarado. Otros mu-
chos Reyes tuvieron pasados de estos referidos, como fueron
después de Chichimecatl, los siguientes:— Mixcohuatl, HuitzHo-
pochtli^ HuemaCj Nauhyotl, Cuauhtexpetla^ Nohualca, Huetzin^
Cuauhtonal, Mazatzin, Quetzal^ y otros muchos que por no ha-
ber noticia de los años que gobernó cada uno y cuáles fueron
los primeros ó postreros, río se ponen aquí por su orden con los
años que gobernaron.
SEGUNDA BELACION,^
El primer antiguo Monarca Chichimeco que memora la his-
toria fué Icauktzin, visabuelo de XoloÜ que comenzó á gober-
nar en el año que ellos llaman matlactli omey AcATLypor
nuestra cuenta 631 de la Encarnación.
1 Este y los siguientes extractos puestos al fin de las Belaciones sucesivas
y anotadas en igual forma, son sacados de un resumen histórico que escribió
el mismo autor con el títnlo de Reladén sucinta^ en forma de Memorial, de las
Historias de Nueva España y sus Señoríos husta el ingreso de los Españoles.
Escrita por el mismo autor. Cómo en esta delación no hace más que repetir,
muchas veces textualmente, lo que dice en las otras, he Juzgado inútil copiar-
la á la letra, j por lo mismo he sacado las noticias que añaden ó enmiendan
las que Cuites ha dado. Lo que trae nuevo se ha copiado á la letra.— R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 265
Le sucedió en el trono Mozdloquixtzin ^ en el año once Acatl
y nuestro 715, y murió en el de 871.
Le sucedió Tlamacatzin que murió en el año de 1004, en el
cual se destruyeron los Tultecas, heredándolo su hijo Achcau-
tzin.
1 Moceloquitzin.
RELACIÓN QUINTA.
J)H n^ Xóíotl, tennr ppbimUr.
£1 título, que por su manche valor y poder, tüepon al gran
Xolotij^ sus desceadieates, «s$>ecíalifiente á los que «i>an por
linea recta, lué el úe OHciHanccAti. Tecdütu, Huet TLATomiAm,
que quiero decir en noestro jroiiutace — íjhmi 'Beüor 6 Jíentama
y JBey de kt» mtmynes Ghickisneoe^ que «na todo lo qae le pru^
dieron sublimar; todo lo cual le venía de ilevecho per lud)er
sido ei tercer poblador de toda esta iienra Tuléeca «que ahora
se llama Nueva España, 7 ser del linaje de donde desciendo^
el cual vixK) de bacía el Segpitenkióii y trajo consigo seis Seño-
res vosaUos suyos, con grandísima multitud de gentes, ^ bom-
bres como mujeres, deseoso de coI^pli^r y poblar nuevas
tiendas, «aliándose de su patria aatigua un atk» después de ia
destrucción de los Tulfcecas, que se llamaba om calli.
Llegó á Tula, ciudad antigua y cabecera de la Monanqoíat de \
los Tul tecas, en el año y ñguca llamado n agíbu Teopatl, «kico .
pedernales, y gustado eon la nuedlra fué en el de 962, en «i
Pontificado de £enedicéo V^ al v^éeimo cuarto del ingerto de
Othán II Y eu el primero de JBepnmde 11^ habiendo d^do á
su bermaiK) mayor Achomiktdn por Hey y Monarca de las na-
ciones Chichimecas que caen hacia la banda del Septentrión,
como está declarado atrás.
268 OBRAS HISTÓRICAS DE
Llegado que fué á estas partes comenzó á descubrir nuevas
tierras y buscar si por ventura hallaba algunos moradores de
ellas, porque hasta entonces, en todas las que él había andado,
casi cuatro años, no había hallado uno tan sólo; el cual habien-
do reconocido toda la tierra de una mar á otra, halló en las
riberas de esta laguna grande y en otras partes, en seis ó siete
lugares, como eran Oulhuacan^ ChapuUepec^ Tloizalan y los de-
más, algunos caballeros descendientes de los Reyes y Tultecas
que habían escapado, con alguna de la gente común y criados,
los cuales dieron razón de su destrucción y calamidades, espe-
cialmente NauhyoÜ Señor de Culhudcan.
Visto por XoloÜ su destrucción y la tierra despoblada, tomó
posesión de ella, conforme á su modo, diciendo que sin per-
juicio y sin quitársela á nadies la tomaba por suya y tomó,
y hizo demarcación sobre ella; primeramente en la que cupie-
ron sus vasallos que trajo consigo, que fueron por todos, se-
gún parece en la historia, 1.600,000 hombres; y á los otros seis
Señores que vinieron después que él estaba en esta tierra, re-
partió los pueblos y lugares acomodados á su propósito, y lue-
go asimismo tomó posesión de todo lo restante desde la mar
del Norte hasta la del Sur, en donde después él y sus descen-
dientes la fueron poblando y los Tultecas que escaparon en
las costas de la mar. Tuvo tres hijos el gran XoloÜ en la
Reina su miger, llamada Tomiauh^ Señora de los Cuextecos.
El primero fué el Príncipe NopaUzin^ que después fué se-
gundo GhichimecaU TecuMi de esta tierra: la segunda, {Ouetla--
xuchiü: y la tercera) la Infanta Zihuaxoch% ^ que después fué la
primera Reina de Xaltocan.
NopaUzin, que fué el sucesor, cuando salieron de su patria
era ya mancebo, y así había pocos años que estaban en <ísta
tierra, cuando, su padre acordó casarlo con la Infanta AzcaJtíxor
chitL, hija del Príncipe PochoÜ^ heredero del imperio Tulteca y
nieta del gran Topützirij en la cual Señora tuvo tres hijos varo-
1 Oihuaxochitl.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 269
nes. El primero llotdn, que después fué tercer Chichimeca
TecuhÜi de esta tierra. El segundo fué Thxieqaihuatzin^ primer
Señor de Tenamitec. El tercero Atencatzin^ primer Señor de
Zacattan. Y de éstos descendieron los que después fueron de
ZacaÜan^ lenamitec y otras partes.
Había pasado un Xiuhtlalpili^ que son cincuenta y dos afíos^ que
los Tultecas se habían destruido, y cuarenta y siete que estaba en
esta tierra el gran Chichimecati gobernando sus reinos y seño-
ríos, cuando vinieron las naciones Aculhuas^ Tepanecas y Otomi-
tes, que por ser las dos primeras tan altas de cuerpo, les llamaron
Tlacahuehueytaqaey que quiere decir hofinbres largos, que eran
de las provincias de Mchuacan, que á respecto de esta tierra
es al Occidente; los cuales trajeron tres Señores y cabezas con
el mismo intento de poblar es^ja tierra, y visto por ellos cómo
la tenía y poseía el gran XoloÜ, y que era muy grande el
poder que tenía y hombre muy valeroso, acordaron de ve-
nir derecho á Tmayuca, ciudad en donde tenía su corte y mo-
rada, á ofrecérsele por sus vasallos; y dada la obediencia le
pidieron tierras en donde ellos y sus vasallos poblasen, el cual
los recibió y se holgó de verlos, porque sabía y tenía noticia
muy bien de ellos, que era gente muy ilustre y política, y de
alta sangre, y les hizo muchas mercedes, entre las cuales fue-
ron las más señaladas, que fué hacerlos sus yernos á los dos
más principales de ellos, en esta manera. A Aculhua, que era
el más principal, le dio por mujer á su hija la Infanta Cuetla-
xuchi, con la ciudad de AzcaputzaJco y otros muchos pueblos y
lugares en donde poblasen los que él traía consigo, que eran
los Tepanecas; y al segundo, llamado Chiconcuauh, Señor de
los Otomites, le dio á su hija la menor Zihuacxuchi, con la ciu-
dad de XaUocan y otras muchas tierras pobladas, y por poblar.
Al último de estos tres, que era Tzontecoma, mancebo de poca
edad. Señor de los Aeulhuas, le dio á Cohuatlichan con otros
muchos pueblos y lugares donde los suyos poblasen como los
demás sus compañeros, el cual casó por mandado de Xolotl
con una Señora descendiente de los Reyes Tultecas, llamada
270 OBRAS HISTÓRICAS DE
Tlatemkixa ^ (hga) de ChakhivMonac y de Cohuaxockitzin^ Seño-
res de Tlakmc. Como tengo declarado, (este) es el verdadero
origea de los Acvlhuas^ conforme á la original historia, los cua-
les entraron en esta tierra en el año de ce Teppatl, mi peder-
nal, que conforme á nuestra cuenta ftié en el de 1010, el se-
gundo del Pontificado de Benedicto VIII^ en el octavo del
imperio de Enrique 11, y en el cuarto del. reinado de Btrmu-
doin.
Había veintiaeia años que los Acuilmas estaban en esta tierra
y setenta y ocho ^ después de la destrucción de los Tultecas, y
sesenta y tres^ que Xolotl estaba en esta tierra gobernando con
mucha paz sus tierras, reinos y señoríos, cuando los Cidkuas
TuUeoas se iban juntando en (Mhuacan y otras partes, y ha-
ciendo grandes edificios y reedificando algunos lugares arrui-
nados de sus pasados; (y entonces) acordó Xohtl de mandarles
que le diesen algún reconocimiento como á universal Señor de
toda la tierra, pues ya ellos habían convalecido y vuelto casi
al punto, en que estaban antes que se destruyeran. Ellos vien-
do inconsideradamente que XoM, á los seis Señores que trajo
consigo y á los otros seis que después vinieron les había dado
en diversas partes en donde tuvieran sus Señoríos y estaban
desparramados, y los más de ellos lejos de Tenayuca, enten-
diendo que no le acudirían tan presto con gente, le respondie-
ron que no obedecían á ningún Señor en el mundo; si no era
sólo á su ídolo á quien ellos adoraban. Visto el gran ChichimecaÜ
su desvergüenza y poco temor, recogió alguna gente dentro
de su propia ciudad de Tenayuca sin dar parte á los demás de
sus Reyes y Señoríos, confiado en el valor de los Chichime-
cas sus vasallos, con que hizo un razonable ejército, casi de las
1 Supongo qtte e&Tlatzin Bolamente, como lo demuestra la terminación re-
verencial; 7 que el copista le agregó Atara, que es la palabra siguiente hija,
2 En estas Relaciones está también traatoinada la cronología, pues la des*
trucción de los toltecas fué en 1116.
8 £1 copiante omitió la primera sílaba en el original, que dice — y senia
Ate— R.
DON FERNANDO DE ALVA 1XTLII;K0CHITL. 271
tres partes, las dos menos, del ejército de los Gulhuas, y en-
vió sobre ellos con este ejército á su hijo el Principe NopaUsm^
que ya ellos estaban apercibidos y aguardando á los Ghichime*
cas. Tuvieron una cruel baíalla en donde murieron casi todos
los del ejército de los Tultecas, y muy pocos Chichimecas, y
entre ellos su rey NauhyoÜ. Vencidos y sujetos los Gulhuas,
mandó jurar el Príncipe NopaUzin con orden de su padre, por
Rey de Oalhuaccm á su cuñado AchitorneÜ^ nieto del gran To-
piU&n^ á quien de más derecho le venía este reino que á otro
ninguno, y de este Señor descendieron los demás que de Ouln
kuaoan fueron. £sta fué la primera batalla que tuvo Xolotl en
esta tierra con los Tultecas, que fué en el año de matlacti omey
cALLi, trece casas, y á la nuestra 1035, en el tercer año del Pon-
tificado de Benedicto IX, en el décimo del imperio de Conrado
II j en el décimo octavo de Femando JRey de España.
Su nieto del Rey XoM, llamado TlaUdu^ hyo del Príncipe
-RTopoibín su universal heredero, que después fué tercer Gtó-
cAímecatf TeouhÜi de esta tierra, casi á estos tiempos casó con
la Princesa Tocpacxochüzin, hija de OuauhUapcU^ uno de los
seis Señores que trajo XoloU consigo y deudo muy cercano
suyo, el cual era Señor de toda la provincia de Tlamamaü-
huazoo^ que en aquellos tiempos era, y de Xiloxochi^ y de esta
Señora tuvo seis hijos. La primera se llamó Malinalxochi, que
casó con IxmiU, su tío en segundo grado, Príncipe heredero
del reino de Cohuatlichan de los Aeulhuaa. La segunda fué la
Infanta Azoatícuohitl, que casó con TlaUecapatzi% Señor de
TzacuaUitlcm. El tercero tüé el gran Qumatzin y por otro nom^^
bre TlaUecatzin^ que después fué cuarto ChichimecaÜ Tecuhtíi
de esta tierra: el cuarto, Nopaltzin CtieÜaxhuitzin: el quinto To-
chinteouJUH^ prin^er Rey que fué de Huexotdnco; y el sexto
XiuhquetaaUzm^ primer Rey de Texcalan^ que ahora se llama
Tlcuccálan.
1 Por primera Tez dice Ixtlilxochitl, que Tlaxcalla se llamó primitivamente
Tezcalan; es decir, usando la bueoa oitogníía, TexMlla.ó Xexoallan. SegiSn
272 OBRAS HISTÓRICAS DE
En el año que ellos llaman ce Tecpatl, un pedernal, que ha-
bían pasado 104 años que los Tultecas se habían destruido que
es una edad, que ellos llaman Zehuehüetiliztli, y ajustado á
nuestra cuenta el de 1062, en el primer año del Pontificado de
Alejandro 11^ en el quinto del imperio de Enrique IV y a los
cuarenta y cinco del reinado de Femando J, sucedieron las co-
sas siguientes. Primeramente, á los primeros días de este año
fueron enviados los Infantes hyos de Tlotzin á Huexotdnco y
Tlaxcala como está referido, á cada uno con fuertes caballeros
hy os de Señores ayos suyos, y luego sucedieron las guerras con
YacazozohÜ Señor de Tepetlaoztoc^ hombre belicosísimo que se
alzó contra su propio Rey, que era Huetzin 39 de CohuaÜiehan,
sobre la Infanta AtoioMi^ hija del Rey de Culhuacan^ Achilo-
metl^ que pretendía casarse con ella, habiéndola dado el Prín-
cipe NopaUzin en casamiento á su nieto Huetzin^ que era su
propio Rey, como está dicho de este Yacazozolotl; lo cual visto
por el gran Xolotl su desvergüuenza, luego al punto envió á
llamar á TochintecuhÜiy deudo suyo Señor de Cohuacan} hom-
bre muy valeroso, y llegado que fué á Tenayuca le mandó que
con cierta cantidad de Ghichimecos, que ya á esta sazón esta-
ban aparejados y apercibidos para la guerra, fuese con ellos á
CohuaÜichan y favoreciese al Rey Huetzin^ y destruyese á fue-
go y sangre la parte de Yacazozolotl y se lo trajese vivo ó muer-
to para castigarle como atrevido que había sido contra su Rey;
el Vocabulario do Molina, Texcalla significa: despeñadero, 6 lugar riscoso y
lleno de peñascos. Esta significación corresponde bien á la topografía de Tlax-
calla; j entonces tendríamos este nombre como corrupción del primitivo.
£s argumento á favor, la costumbre que tenían nuestros antiguos pueblos,
de poner á las ciudades nombres que se relacionasen con sus accidentes topo-
gráficos. Y en cambio Tlaxcalla significa: donde se bacen tortillas, por lo cual
se le representa en su Jeroglífico con dos manos haciendo una tortilla. Como
en los demás pueblos se hacían tortillas, y esto no era una especialidad de los
tlaxcaltecas, se comprende que el jeroglífico no tenía más objeto que dar el
aonido del nombre de la ciudad, lo cual es indicio de que éste era una corrup-
ción del primitivo.
1 Antes dice que era Señor de Huexotzinco.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHTTL. 273
y que de camino avisase á Payntzinj 29 Rey de XaJtocan^ para
que estuviese apercibido que no le hiciese algún daño en sus
tierras, porque teníajuntado un ejército de aei3 provincias, que
se habían rebelado también; el cual así lo hizo, y el Rey Payn-
tzin, nieto de XoloÜ, demás de otras muchas mercedes que hizo
al general TocMnteeuMi, le dio á su hija la Infanta TomiyavJi \
por mujer, de lo cual se holgó mucho -Xbfotí,. cuando fué avi- \
sado de esto, y él les dio á HuexuÜa con otrps lugares para
que fuesen Señores de ellos y sus descendientes de allí, .todo
lo cual sucedió un año antes de este referido; pero las batallas
fueron en éste.
Cuando 2'ochirUecuhÜi fué llegado á (hhuaüicha% ya ^1 Rey
Hudzin estaba con su ejército para ir sobre el enemigo; y visto
el socorro de su visabuelo Xofotó, se holgó mucho y fqeron
juntos sobre el enemigo que ya estaba aguardándolo con su
ejército en los llanos de ChiauhUa^ en donde tuvieron una cruel
y reñida batalla en donde murieron de ambas partes una gran
cantidad de gentes; pero (como) dentro de pocos días Yacazo-
zolotí reconocía el daño que recibía de su Rey Hudún y que le
iba ya venciendo, se retiró como pudo y se escapó de sus ma-
nos, metiéndose por la tierra adentro hacia la tierra Ghichime-
ea. En esta misma ocasión estando el Príncipe NopaUzin con
su hijo Tbtsdn holgándose en los bosques de Xoloüen Texcu-
co, sucedió que Oootoxj un capitán Ghichimeco muy valeroso
y cantidad de soldados de su nación,^ con orden de Yacazozo-
lotíj en el ínterin que andaban todos ocupados en las guerras
que se hacían en fevor de ^uefain, él entrara al descuido á
estos bosques y matara á estos Señores con otros muchos ca^
balleros y gente ilustre que estaban con ellos, de lo cual fueron
avisados y de presto como pudieron, juntaron la gente que
se pudo hallar y con ella el gran QuincUzin^ mancebo de po-
ca edad, les salió al encuentro, los venció y mató muchos de
1 Para que este período forme sentido j no resulte contradictorio con lo que
•e dijo antes j se dioe después, es necesario leer así: — **fué despachado con or-
den de TacazozoloÜ para que, etc." — B.
Tomo 1—18
274 OBRAS HISTÓRICAS DE
ellos, y los que pudieron escapar se metieron por la tierra
adentro, y no pudieron haber á las manos á Ocotox porque se
dio muy buena maña en escapar su persona, de lo cual des-
pués tuvieron qué hacer con él y su aliado YacazozoloÜ, al
tiempo del gobierno de QuincUzin; el cual siendo la primera
ocasión que se había hallado en batalla, lo hizo muy honrosa-
mente, de lo cual su padre, abuelo y visabuelo se holgaron
mucho y le hicieron muchas mercedes, especialmente su visa-
buelo que le dio la ciudad de Texcuco para que desde luego
la tuviera por suya; y así fué éste el primer Rey de Texcuco y
comenzó á gobernar desde este año de 1062 \ y por esta causa
las más de las historias y pedazos de pintura, que hay todavía
algunos en Texcuco, comienzan desde este tiempo.
En este mismo año, visto por el gran XoloÜ las alteraciones
y tiranías que había entre los suyos, acordó de mandar que
luego se hicieran las bodas de las dos Infantas, la una llamada
Hancueitl^ con su nieto AcamapichÜi^ hijo menor del Rey Aeul-
hua^ y la otra AtotozÜ% con su tataranieto Hudzin^ Rey de Cb-
huaUichan^ pues por causa suya eran las disenciones y guerras
referidas; demás de que el Rey Achitometl se lo había rogado
muchas veces antes que sucediera otra cosa más de lo que ha-
bía sucedido, y el Príncipe NopaUzin lo deseaba mucho, porque
se lo había pedido así con lágrimas la Princesa AzcalxochiÜy
que era su sobrina, y lo mismo había hecho su cuñado el
Rey con hartas lágrimas; lo cual se efectuó, como está referido,
y de allí á pocos días después de haber puesto á sus hijas en
estado murió, y por muerte de Achitometl, heredóle en el reino
su hijo lyxxuchiüanexy al cual se le hizo la jura en este año su-
sodicho de 162.2
Después de haber gobernado 117 años este Chichimecatl Te-
1 En el original se lee: 1072; mas habiéndose dicho al principio del párrafo
anterior que todos estos sucesos ocurrieron en el año que allí se señala, que es
el de 1062, he seguido esta fecha. — R. '
2 Aquí se reproduce, y aún más grave, el anacronismo corregido en la nota
anterior. — B.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 276
cuMij los 112 en esta tierra y 5 desde que murió su padre
y vino á esta tierra; en el año de matlactli omei Tecpatl, trece
pedernales, y ajustada á la nuestra en el de 1074, en el quinto
año del Pontificado de Gregorio VII, en el décimo séptimo del
imperio del mismo Enrique IV j en el segundo del reinado de
Alfonso VI, con harta pena de sus hijos, deudos y vasallos,
(murió Xolotl), el cual fué uno de los más valerosos Principes
que ha tenido esta tierra, como se ha visto en esta Relación y
se verá más especificadamente en su historia, aunque en suma
heme detenido en esta relación más de lo que quisiera; mas
por ser la raíz y fundamento de mi negocio ha sido forzoso,
para que más claramente se vea quién fué el primer poblador
de esta tierra después de la destrucción de los Tultecas. En lo
que se sigue haré relación con más brevedad.
RELACIÓN TERCERA.
XoloÜ significa Ojo,^ y además del título honorífico que se ha
1 Ojo en mexicano se dice yxtololotli: por lo tanto no es buena la significa-
ción que el autor da á Xolotl; á no ser que este nombre quisiera decir ojo en
la lengua que hablaban los primeros chichimecas.
Xolotl en el Vocabulario de Molina, significa mozo, criado 6 esclavo. Esta
significación no puede corresponder á tan grande personaje. El Sr. Troncoso
encuentra que xolotl entra en la composición expresando la idea de monstruo-
so: así mexolotl es un maguey doble; axolotl es un pez que cambia de forma;
y texolotl es una piedra para machacar de forma poco estética.
En la leyenda de la creación del Sol y de la Luna en Teotihuacán, Xolotl
es uno de los antiguos dioses, que por huir de la muerto se transforma en Me-
xolotl ó maguey doble, y después en el pez Axolotl.
Si nos fijamos en que los dioses primitivos de nuestros antiguos pueblos fue-
ron animales ó plantas, hasta que los nahuas introdujeron el culto de los as-
tros, comprenderemos las transformaciones del dios Xolotl. En el Diccionario
de Remi Simeón, Xolotl significa también la caña ó tallo del maíz,* y bien
pudo ser un dios, como lo fué Mexi que era el tallo central del maguey. Bajo
esta significación comprendo que se haya dado el nombre de Xolotl al primer
tecuhtli, porque fué el tallo de la mazorca chichimeca. Sahagún llama tam-
bién xolotl á las plumas de los pericos toznene.
276 OBRAS HISTÓRICAS DE
dicho tenía, le daban el de Semanahttcic ^ Tlatohuani^ que quiere
decir Señor del mundo, y Señor de Mar á Mar, por haber pobla-
do casi mil leguas de un mar á otro.
El lugar de donde salió se llamaba Oyóme y llegó á Tula en
el año 5 Tecpatl, que fué el de 1009.
A los ocho años de su llegada al país vinieron los otros seis
Señores á quienes también hizo repartimiento de tierras.
Pasado un XiuhtlalpUi, 6 cincuenta y dos años de la destruc-
ción de los Tultecas, llegaron los tres Señores que conducían
las naciones Aculhuas, Tlacahuehueyaqae y Mickuaque, que ve-
nían de adelante de las provincias de Mchuaóan, hacia el Oc-
cidente. Dióles tierras y casó á sus jefes con sus hijas, hacién-
dolo Aculhuaque con Ouetlaxosochi, recibiendo en dote á Azcor
putzalco y otros puebloé; y Ckiconcuauh, con Xihvacxochi,^ la
hija menor, á la que dio Xaltocan y otros lugares. Al tercero
líontecoTna, le dio CohuaÜichxm y otros lugares, casándolo con
Tetzin^ Señora del linaje de los Tultecas, que como se ha dicho
es el verdadero linaje de los Aculhuas, conforme á la original
historia. Entraron á esta tierra en el año 4 Tecpatl tlalpil-
xiHüiTL, ^ que conforme á nuestra cuenta fué en el de 1056.
RELACIÓN CUARTA.^
Había 26 años que los Tultecas estaban en esta tierra y 78
después de la destrucción de los Tultecas y 73 que XóUjÜ es-
1 En el mexicano no había la letra 8\ ignoro qué nombre quieo poner aquí
el autor, <5 si es una equivocación de los copistas.
2 Antes la llama Zifauaczuchi: la verdadera ortografía es Cihuaxochitl.
8 Antes le dice Tlatrfn. ^
4 Por la primera vez veo esta denominación unida al símbolo del afio. — R.
6 Aquí iba en mi copia cuando por tina casualidad descubrí entre loe K8S.
del Museo Nacional, otra, aunque no tan completa como la del Archivo, de
DON FERNANDO DE ALVA IXTLaXOCHITL. 277
taba gobernando en esta tierra, cuando los GuUiuas TutUeas se
iban juntando en CuOmaoan y otras partes, haciendo grandes
edificios y reedificando algunos lugares arruinados en las gue-
rras de sus pasados. Entonces fué cuando XoloÜ intentó suje-
tarlos al pago del tributo, que resistieron, dando lugar á la
cruel batalla, primera que aquél dio en esta tierra, y que per-
dió con la vida su Rey NavJtyoU. El vencedor nombró para
sucederle en el trono á Achitomeíl, nieto de TopiUzin, último
Monarca Tulteco, é hijo de PochoÜ y de HuitzüzUpantzin, hija
de NauhyoÜ^ siendo éste el trono de donde descendieron los
siguientes Monarcas de Oulhuacan. Esto fué en el año de 1082
y á su cuenta 13 calu.
Xohtl gobernó el país ciento diez y déte años y murió en el
de 13 Tecpatl y según la nuestra 1121.
La Reina esposa de Xohtl, madre del Principe NopaÜzin y
y de las Infantas OueOo^xochi^j Zihiíacxochi, se llamaba Tomi-
yauh, y era Señora de las provincias de Panuco, Tampico y
Tcmiyavh. Aquellas casaron con los Señores Aculhuas. Asi-
mismo, en tiempo de Nopalizin y por su mandado, se casaron
las dos hijas del Rey Achitometl de Cvlhuacan, sobrinas de la
Reina AxcatxochiU y del Príncipe Nopalizin su hijo. La una de
ellas, llamada HancueUlj con su nieto Acamapixtli, hijo menor
del Rey Aculhua de AzoapiUzalco y de su hermana Ouetlaxxo'
chi, que después fué Señor de los Aztlanecaa Tenuchcaa, que
ahora llamamos Mexicanos; y la menor, llamada Atotoztli, con
Huetzin, nieto de Tzontecoma ^ primer Señor de Cohuatiichan^
también Aculhua; siendo aquella Señora la ocasión de las gran-
des guerras y revueltas que después hubo, por haberla solici-
tado para su esposa un Señor Chichemeca, llamado YacatzotzoÜ.
1a8 Belaciones de IxÜiXxochiÜ, Desgraciadamente faltan las que aquí he toma-
do como texto, mas existiendo las de la Relación sucinta etc., que forman la
materia de mis extractos, desde aquí continuarán colacionados con dicho MS.
que reputo de grande autoridad por haber pertenecido á la colección que el
Ooionel D. Diego Garda Panes regaló al Congreso. — B. '
1 Sn el MS. del Museo Azoniecoma, — B.
278 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
En SU tiempo casó también el gran Nopaltzin, su hijo, con
Azealxuchitl, hija de Pochotl^ Príncipe heredero de los Tultecas
y nieta del gran TopUizki su último Señor. De ella tuvo tres
hijos, el primero y sucesor, Tlotzin Pochoti^ que fué tercer
gran ChiohhnecaÜ; el segundo Tochtequihuatzin^ primer Señor
de Tenamitec; y el tercero Atencatzin^ y Apopotzoizin^ , primer
Señor de Zacatian; y de estos dos postreres descienden los
demás que fueron de allí á otras partes. En el mismo tiempo
fué muerto Achüometl y por su mandado heredó en el reino
su hijo lyxxuchiüanox,
1 En el mismo — Aiencoiñn, — R.
2 Si estos son dos nombres, los hijos no eran tres; y si es uno solo está de-
fectuosamente escrito. — R.
RELACIÓN SEXTA.
Del Rey NopaUein^ 2» gran ChieMmecatl leeuíUli,
Nopaltzin gobernó 32 años con gran quietud y paz y no tu-
vo batalla ninguna. En su tiempo (murió) YyxxuchiUanox Rey
de los Culhuas TiUtecas^ sobrino de la Reina su mujer, y man-
dó que jurasen por Rey de Culhuacan á CcUquiyauhtzirij legiti-
mo heredero del Reino. Constituyó siete leyes en unas Cortes
que hizo, muy buenas para el bien de sus vasallos, y confirmó
las de sus antepasados. Murió en el año y figura llamado ma-
cuiLi ACATL, 5 cañas, que conforme á nuestra cuenta fué en el
de 1105, en el 6? año del Pontificado de Pascual II, á los 48
del Imperio del mismo Enrique IV y á los últimos del reinado
de Don Alfimso VI
RELACIÓN QUINTA.
Murió NopaUzin en el año 5 acatl, que conforme á nuestra
cuenta fué el de 1153, sucediéndole su hijo Tlotzin.
RELACIÓN SÉPTIMA.
De TlcMn 8*r. gran CMoMmecatí,
Tloizin, 3®'- graa ChichimecaÜ TecutMh gobernó 86 años con
grandísima quietud y paz. En su tiempo nació si| nieto el gran
IkehoUalaizin, que después fué 6? gran Chichimecatl, porque su
hijo el Rey QuincUzin, en tiempo de NapaUzin^ casó con Otuinh-
zihuatzin, su tía en tercero grado, hija de TochirUeeuUi, Señor
de HvexuUa y de la Infanta Tomiyauh. Tuvo en esta Señora
cinco hijos, todos varones, que fueron: 19 Chioanmaoalziny 29
MeTiexoUzin; 89 MmaJiuatzin; 49 ToxpíUzin; 69 y último Techq-
Ücdatdn, que por su virtud y valor heredó el imperio; y sus
hermanos los mayores fueron á ser Señores de Tlaxcalan co-
mo adelante se dirá. Murió TloUdn en el año ce toztu 1 Co-
nejo y según la nuestra de 1140, en el último del Pontiflcadp
de Gregorio /Jf, en el 29 del Imperio de Conrado III^ y al 329
del reinado de Alfonio VIII.
En este año llegaron los AzUaneoas Meoncanps á ChapuUe-
pec^ en donde estuvieron algunos días, y después los echaron
los de Tlacopan de aquí, porque salían de noche á robar las
casas y fueron á Acapichtlan en donde estuvieron cien días sir-
viendo á Coxcox ^ Señor de allí; y al cabo de los cuales se
pasaron á (Mhuacan y se ofrecieron al Rey de los Culhuaa^
1 En el origimd dice Cofihehoch,
282 OBRAS HISTÓRICAS DE
Ccdquiyauhtzin, por sus vasallos, el cual les dio un lugar den-
tro de la ciudad en donde todos juntos estuvieron, y porque
tuvo noticia que era gente vagamunda y que habían hecho al-
gunas maldades en las partes donde ellos habían estado, los
traía muy oprimidos, tanto que tenía tratado de matarlos á todos
ellos una noche, los cuales como lo supieron por el aviso que
les dio el demonio, que siempre andaba con ellos, con grandí-
simo secreto y maña, sin que fueran sentidos, aquella misma
noche que los habían de matar se salieron todos, sin que que-
dara ni uno solo, y se metieron por la ciénega adentro en don-
de es ahora Iztacalcoy y desde este lugar se apercibieron de
todo lo necesario para la guerra; y cuando vieron que los Oíd-
huas estaban muy descuidados, entraron una madrugada por
la Ciudad y hicieron grandes insolencias y mataron mucha gen-
te, hasta que los moradores de ella se resistieron y los echa-
ron fuera de la Ciudad y los siguieron hasta meterlos dentro
de la Laguna; y visto los Mexicanos que corrían mucho riesgo
por las bellaquerías que habían hecho, acordaron de ir á ver
al Rey de AzcapiUzalco, en cuya Laguna y ciénegas ellos esta-
ban, para ofrecérsele por sus vasallos y que les diera algunos
Infantes, hijos ó deudos suyos, para que fueran sus Señores,
todo lo cual alcanzaron, porque á los de Tlatdulco, que era el
lugar á donde los dos de los caudillos habían poblado, les dio
su hijo el segundo llamado CohuatecaÜ ó JUlxcohuaÜ; y los
otros dos que poblaron en Tenuchtitíanj les dio á su hijo el me-
nor llamado AcaTnapichÜi^ que es el que casó con la Infanta
Ylanmeytly como ya está referido. De esta manera quedaron
quietos los Mexicanos^ aunque no llevaron luego á sus Seño-
res, (sino) hasta de allí á 26 años que ya habían poblado bien
sus lugares. ^
1 Iztlilzochitl adultera en daño de los mexícanoe, loe sucesos que precedie-
ron á la fundación de Tenoch tillan. Al anotar la Historia Ghichimeca, fijaré
la tradición mezica sobre estos hechos.
También repito, que por llevar errada la cronología, fija Iztlilxochitl la fun-
dación de México, cerca de doscientos afios antes de que tuviera lugar.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 283
Asimismo en este año de 1140, después de haber muerto Tío-
tzin^ luego se hizo jurar Tmancacaltzin, hermano bastardo suyo,
por gran ChichimacaÜ TecuhÜi, él cual luego en el año siguien-
te de OBiE AGATL, que fué en el de 1141, viendo que nadie ló que-
ría obedecer, sino que antes todos se habían alzado contra él
por no ser el sucesor, especialmente Aculhua Rey de Azcapu-
tzcUco que pretendía ser ChichimeccUl Tecuhtli de esta tierra, ^
secretamente mandó á sus nuevos vasallos los Mexicanos, en-
viándoles muchas armas y muchas gentes de guerra para que
les ayudaran un día cuando TenancdcaUzin estuviera más des-
cuidado, y dieran sobre él en la ciudad de Tenayuca y lo mataran
á él y á toda su gente; lo cual no se pudo hacer tan secreta-
mente que no lo supiera TenancacaUzin; y aunque ya muy tarde
(le llegó el aviso) salió tan presto como pudo á pedir socorro
al Rey de XaUocan, Payntzin, y envió á Cohuatlichan á un ca-
ballero llamado Xalmoyo, para que de su parte pidiera al Señor
de allí alguna gente, que era en las partes á donde él tenía al-
guna esperanza de valimiento. El Rey de Xaltocan le respondió
que no podía favorecerle por ser tirano y tener usurpado el tí-
tulo de ChichimeccUl Tecuhtli, y otras muchas razones muy pe-
sadas, de lo cual se volvió muy triste á la Ciudad de Tenayuca^
que ya á esta ocasión estaban los suyos apercibidos, aunque
pocos. El Señor de Cohuatlichan respondió que no podía favo-
recerle porque Aculhua su Rey le castigaría; y luego salióles
(lenancacaüzinj á los Mexicanos al encuentro y tuvieron una
cruel batalla en donde murieron de ambas partes cantidad de
gente. Reconociendo Tenanca/íaltzin que á los Mexicanos les ve-
nía siempre socorro de gente y de todo lo necesario, y que no
tenía esperanza de cosa ninguna, y que todos eran contra él,
tuvo por bien de una noche salirse de Tenayuca, como lo hizo,
y se fué huyendo con mucha gente Chichimeca hasta llegar á
su patria, en donde vivieron su padre y abuelo. Aculhua, vis-
to que ya TenancacaMzin se había ido, sin tener respeto al Rey
1 Aquf parece que íálta: el cual.
284 OBRAS HISTÓRICAS DE
Quinatzin, se mandó jurar por ChichÍ7necaU TecvMi de esta
tierra, el cual viendo que estaba la tierra toda revuelta y que
Aculhua tenía muchas fuerzas y poder, calló y disimuló cuan-
to pudo, aguardando ocasión mejor para recobrar lo que á él
le venía de derecho, como lo hizo y se verá adelante.
RELACIÓN SEXTA.
Tlotzin casó en tiempo de su abuelo XoloÜ con Ycpacxuchv-
tzin hija de CuauhatlapaUzin^ uno de los seis Señores que trajo
consigo su abuelo y descendiente de la Casa Chichimeca. Tuvo
seis hijos: las dos primeras hembras, que casaron con ciertos
Señores, y el tercero su sucesor llamado Quinatsdn Tlaüe-
oatzin y el cuarto NopaMzin^ como su abuelo, el cual murió en
una batalla. El quinto fué TochirUeeuUi, primer Señor de Hue-
xvüa. Este Señor le había dado á su hermano la Provincia de
Huexutzinco que quiere decir al cabo 6 á espaldas del Satui, y por
verse lejos de su Patria y deudos se volvió, menospreciando
el don de su hermano, diciendo que no quería vivü* allí, tan le-
jos, sino junto ol Sauz, y por esto le dio á Huexutla. El 69 hijo
se llamó XiuhquezaUzin, que fué primer Señor de Tlaxcalan y
tronco de sus otros Señores.
Este Tlotzin gobernó 36 años en perfecta paz, y en el año de
su muerte vinieron los Mexicanos, que fué en el de ce Toxtu,
y según nuestra cuenta de 1189, y luego hizo jurar por Chichi-
mecaÜ TecuhÜi, i su hermano bastardo TenancacaUzin, que du-
ró poco tiempo por haberlo desamparado sus aliados.
Habiéndose apoderado Aculhua del título ó dignidad de gran
ChuMmeeail TecuhÜi^ la conservó por muchos años, reduelen-
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 285
do á SU legítimo poseedor Quinaizin al Señorío de Texcuco^ ^
hasta que al fin se la restituyó por un acto de espontaneidad
haciéndolo jurar en aquella calidad.
Dos años antes de esto, que fué en el de ce Tecpatl, y según
nuestra cuenta en el de 1214, hizo Señores de México á sus dos
hijos menores, MixcokaoÜ y Acamapichtli, que fueron los pri-
meros.
1 Por esta y las precedentes indicaciones, parece que el título de Chiehime-
catl era una dignidad semejante á la de Emperador Romano conservada en
Europa hasta los últimos tiempos. — B.
RELACIÓN OCTAVA.
De QuintUtin 4? gran ChichimeeaÜ,
Quinaidn^ y por otro nombre TlaUeoaízin^ 49 Chiohimecatl
TecuÜhi^ en los 111 años que vivió después de la muerte del
Rey TloUzin su padre, sucedieron grandes cosas, especialmen-
te muchas guerras y tiranías, robos y grandes crueldades, de
todo lo cual fueron causa las tiranías de su tío TenancacaUzin
y de Aculhua Rey de AzoapiUzalcOj como ya está declarado,
porque lo tuvo usurpado hasta el año ce Tecpatl, 1 pedernal,
26 años después de la muerte de Thtzin: el cual viendo que
Quinatún^ como legítimo sucesor que era y este imperio le ve •
nía de derecho, iba recobrando muchas Provincias de las re-
beladas, como era Meztülan^ Tototepee^ Tolanlzinco y otras par-
tes, cuyo caudillo de todos era Ydcatzoizoloil y su compañero
Oztoc que tenía todos estos Reinos y Provincias rebelados y
hechos grandes ejércitos para destruir al Rey QuincUzin y fiue-
tzin de Cohtuitlichan y á todos los demás, y alzarse con toda la
tierra, que estaban muy enojados y con intento de vengar todo
lo pasado, como ya se hizo relación, y en efecto lo hicieron
muy fácilmente, porque tenían grandísimo poder para poderlo
hacer y destruir toda la tierra y alzarse con ella, si no fuera
por el gran valor de Quinatzin, que con solamente la ayuda del
Rey Huetzin y de su suegro TochintecvMi, Señor de JHuexuUa^
juntaron la gente que les pertenecía á estos tres Señores y sa-
288 OBRAS HISTÓRICAS DE
liáronle al encuentro repartidos en cuatro partes, porque tuvie-
ron noticia qne ellos se habían repartido en cuatro ejércitos y
habían de embestir con la Ciudad de Texmco por cuatro par-
tes, y tuvieron una cruel batalla en donde murieron de todas
partes gran cantidad de gentes, y el primero que venció á sus
enemigos fué el Rey QuincUzin^ que le cupo hacia la parte de
CuauhximcUco^ que es hacia los últimos cerros de TlcUoc; y ha-
biendo vencido y preso á los caudillos y al General del ejérci-
to, que era el Señor de Mextitían, pasó hacia Tepepxdco para
castigar al Señor de allí, que consintió á éstos sus amigos pa-
sar sin dar aviso de ello, el cual cuando supo que su Rey venía
sobre él, se retiró y se metió en la tierra adentro, y el Rey cas-
tigó algunos Caballeros que halló culpados y mandó que fuesen
tras del Señor de Tepepuho que se llamaba Zacatíteohcochi y le
trajeran preso; pero nunca lo pudieron coger, ni él volvió más
á su Señorío. Quinatzin se volvió á Texcuco, que ya á esta oca-
sión los otros tres ejércitos habían vencido á sus enemigos y
muerto á los dos grandes corsarios Yacatzotzoloc y Ocotox^ * con
otros muchos Señores y Capitanes, aunque costó la vida de su
hermano el Infante Nopaltzin.
Vencidos y castigados á todos estos sus vasallos rebelados,
mandó dejar en su corte los sucesores de sus Señoríos y se
volvieron los demás á sus tierras después de haber hecho ju-
ramento de nunca más alzarse contra él; de todo lo cual Aeul'
hua se temía mucho en ver que Quinatzin fuese tan valeroso,
que lo que él tuvo por imposible de ganar, lo sujetara con tan
poca gente, que también él á esta ocasión tuvo que hacer con
los de Atotonilco que le dieron guerra; y así acordó de restituir-
le el Imperio y título de ChicUmecaÜ Tecuhüi que le tenía usur-
pado, antes de que se ío pidiese por las armas; y así el año de-
ferido de CE Tecpatl, que ajustado á la nuestra fué el de 1167,
en el octavo del Pontiñcado de Alexándro III^ en el vigésimo
quinto del Imperio de Federico J y en el séptimo del reinado
1 Antes los llama Tacalzoizolotl y Ostoe.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 289
de Aflonso /X, fué jurado por ChichimecaÜ TecuhUi de esta tie-
rra en la Ciudad de Texcuco^ y se hicieron las paces entre ello
y hubo grandes fiestas por todo el Imperio, especialmente en
lo que no estaba rebelado.
Había cuatro años que era ChichimecaÜ TecuhUi^ cuando vi-
nieron los TlailoÜaqae^ que eran ÍW^eccw y eran de laifiícteca,
y traían por caudillo á Tempantzin y asimismo por ídolo á Tez-
catlipuca, con más de dos mil hombres, sin las mugeres, los
cuales vinieron derecho á Texcuco para darle Ja obediencia á
Quinatdn, y que les diese tierras donde poblaren, como uni-
versal Señor que erade toda esta tierra; el cual los recibió y se
holgó de verlos, porque todos eran artífices, especialmente en
el arte de la Pintura; y así, á cuatrocientos de ellos, los más dies-
tros, con su caudillo Tempantzin, les mandó que poblaran ade-
lante del bosque de Tetzcutzinco, donde es ahora el barrio de
TlailoÜapan, que es el nombre propio de sus primeros pobla-
dores; y á los demás los repartió en los pueblos y ciudades,
enviando á unas partes veinte ó treinta de ellos, y á otras más,
según eran los lugares en donde los repartió. Este fué el origen
de los Tlailotlaque, los cuales vinieron en el año de nahui acatl,
4 cañas, y á la nuestra 1170 de la Encarnación.
Después de todo lo referido sucedieron las guerras que tuvo
Quinatzin contra las Provincias que caen hacia la banda del
Mediodía, á respecto de todo este Reino de Texcuco, especial-
mente contra los de Zayula, Totolapan, HuehueÜan, Mizquic,
Caitlahuac y otras partes que en aquellos tiempos eran cabe-
cera de Provincia, y corrían sus términos hasta la Costa del
mar del Sur; el cual tuvo por acompañados al Rey Huetzin y
á Nonohualcan, Señor de la Provincia de Choleo, y á iñnatzin
Toxpixcatzin y á los dos primeros Señores de México, Cohuate-
citzin de Tlateluho y Acamapichtli de TenuehtiÜan, el cual suje-
tó todas estas Provincias referidas, por más que se le resistie-
ron con mucho valor.
Otras muchas guerras tuvo en diversas partes, que aquí no
se ponen, demás de las referidas, que como está declarado^
Tomo 1—19
^90 OBRAS «HISTÓRICAS DE
con las tiranías casi toda la tierra estaba rebelada; pero al*fin,
lo más de ello lo recobró, si no eran las Provincias remotas
que caen en las Costas, que de todo punto se rebelaron y des-
pués sus descendientes las fueron recobrando.
Fué este Quinatzin, como se ha visto, uno de los Principes
más valerosos y grandes guerreros que ha tenido esta tierra,
y así lo llamaban Tlatecaizm^ que quiere decir tender 6 allanar
la tierra.
Sus cuatro hijos mayores, con la Reina Cuauktzíhuaizin su
madre de ellos, visto que el Rey su padre quería mucho al
hermano menor TechoÜalatzin^ porque era belicoso, y que des-
pués de sus días lo dejaría por sucesor del Imperio, y aunque
ellos lo quisieran estorbar sería imposible, tuvieron por bien
de irse á Tlaxcalan con su tío XiuhqueizaUzin^ Señor de allí,
que ya él les había enviado á llamar muchas veces y así se fue-
ron con la madre. De ellos descendieron los que después fue-
ron Señores de Tlaxeala.
Después de haber sucedido todas las cosas referidas y otras
muchas que se verán en la historia que se describe, murió Qui-
naizinj siendo de edad de más de 180 años, en el año de 7 ca-
LLi, que ajustado á la nuestra fué el de 1213, al último del Pon-
tificado de Celestino IV, al 49 del interregno del Imperio y al
39 del reinado de Alfonso d Saino.
RELACldN SÉPTIMA.
Quinatzin gobernó el Imperio 60 años.
La nación llamada llailotla, y que vino de adelante de la
Mixteca, ^ llegó en el año 4 acatl, que conforme á nuestra cuen-
ta fué en el de 1248. 2
1 Probablemente eran descendientes de los TulUeas que emigraron hacia
aquellas partes, cuando la destrucción de su Nación y Monarquía. — R.
2 En el MS. del Museo, dice 1218, ambas, así como la que sigue, inconci-
liables con las fechas señaladas en la Relación precedente. — R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 291
En este tiempo murió Chalquiyauhtzin, Rey de Crdhuacan^ y
Acuihua de AzoapiUzalco, heredándole Tetzotzomoc su hijo ma-
yor y heredero; y á ChcUquiyauhtzin, le sucedió Couxcux de
Culhuacan. ^
QuincUzin murió en el año S calli, y á la nuestra 1249.
1 Coxcox 6 Ctixeux.
KELACION NOVENA.
De TechoUáUUzin 5? ffran CMchimeeaÜ.
TechoÜalahin tuvo otros dos sobrenombres, que fueron el
1? Quetzalcuauhtzontecon^ y el 29 TldcatecuhUij ^ que quiere decir
Bey de los hombres. Fué jurado por ChichimecaU TecuhÜi de es-
ta tierra asi como murió el Rey su padre, con mucho gusto de
todos sus vasallos, por ser tan virtuoso y valeroso Principe; y
asimismo se casó luego con la Infanta su prima hermana, lla-
mada Tozcuentzinj hija de su tía materna ZihuoJtetzin y de Acó-
miztli Rey de Cohuatlichan de los Actdhuas; y en esta Señora,
que fué una de las más heroicas que ha tenido esta tierra, y
muy airosa en las cosas que pertenecen á mujeres, especial-
mente las de su calidad, tuvo cinco hijos; el 19 y sucesor de
su Reino fué el desdichado y bien acondicionado IxtlUxuchitl
orne ToxÜi; la 2í la Infanta Coxxuchiizin; el 39 Tenanmincatzin;
el 49 Acateotzin; el 69 y último Tenannahuacatzin. Desposóse con
esta Señora el Rey TechotkUatzin siendo muy niña, de edad
hasta de ocho años, y así no tuvo conocimiento con ella hasta
de allí á SO años, porque era costumbre en aquellos tiempos
casarse las mujeres y (no ^) tener acceso con los hombres (sino)
1 El TlacaUcaÜ era el jefe de los ejércitos; y por lo mismo croo que en esta
<»lidad, se llamaba Tlacaiecuhtli á Tcehotlala,
2 He juzgado indispensable esta intercalación y la siguiente, para rcdon-
-dear el pensamiento.— B.
294 OBRAS HISTÓRICAS DE
de edad de IfD años; y á la que antes accedía á este efecto, la
castigaban con pena de muerte, y lo mismo á los hombres, es-
pecialmente la nación Chichinieca, que los TiMecaJi tenían otro
modo de vivir y otras leyes diferentes de las de los Chichimc-
cas, porque casaban de edad de 20 años.
En ciento treinta años que reinó hizo muchas veces Cortes,
especialmente dos, que fueron las más señaladas, en donde se
hallaron la primera vez cerca de treinta Reyes y Señores de
diversas partes, y la segunda sesenta y seis, que fueron las ma-
yores que se han hecho en esta tierra, sin otros Señores y ca-
balleros particulares y de poca calidad y Señorío, y en ellas
confirmó y hizo muchas leyes, que después sus descendientes
guardaron inviolablemente.
En el afio que los naturales llaman ome toxtli, dos conejos,
y á nuestra cuenta 1286, bajo el Pontificado de Honorio I\\
en el décimo tercero del imperio de Bodulfo y el segundo del
reinado de Sancho 1 F, nació el desdichado Príncipe IxÜilxuchitl,
el cual asi como nació, mandó el Rey su padre que lo jurasen
luego por Príncipe heredero de todo el imperio, y desde luego
le dio once pueblos, y por aya para que lo criara y le diera el
pecho, á 2¡a<:aquimiUzin, Señora de Tepepulco^ con otras muchas
mujeres principales de diversas partes y de diversas lenguas,
para que el niño, como era costumbre, aprendiera de todas
ellas; y por ayo y maestro (le dio) á TlatocaÜatzacuilotmny Se-
ñor de Acolma, con otros muchos caballeros virtuosos y vale-
rosos, filósofos y hombres de arte y ciencia, el cual se crió con
la mayor doctrina que Príncipe se ha criado en esta tierra, y
fué tan virtuoso, que todo lo que se le enseñó lo aprendió
muy bien.
Tuvo TechotlaMzin pocas guerras y trajo siempre muy ocu-
pados los Señores sus vasallos en diversas cosas, no dejándoles
asistir mucho en sus señoríos, y así no se halla batalla memo-
rable en su tiempo, si no fué la que tuvo con los Otomites, en
el año de macuili Tecpatl, cinco pedernales, y á la nuestra
1276, que fué muy cruel y reñida, en donde murió muchísima
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 295
gente y fué grande destrucción para los Otomites, y desde en-
tonces se fueron á las tierras de Meztülan y otras partes, mu-
chísimos, ó los más de ellos, con su Señor y Rey que en aque-
lla sazón era Tzompam, Rey de Xaliocan de los Otomites.
En el año que los naturales Tultecas^ llaman nahui calli,
cuatro casas, y á la nuestra 1301, en el séptimo del Pontificado
de Bonifacio VIII, al segundo del imperio de Alberto I y en
el sexto de Femcmdo IV^ fué cuando llegaron á la ciudad de
Texcuco las cuatro naciones llamados los primeros MeziHnf
que traían por su caudillo á TennahuacaÜ; los segundos Oidn
huaque, que traían por su caudillo á NavhyoÜ; los terceros lla-
mados Huiznahuaque, que traían por su cabeza á Tlamina; y
los cuartos los Tqíanecasj que traían por su capitán á Ayxmé-
chi, los cuales descendían de los Tultecas, y eran de los Mexi-
canos Tepanecas que se habían quedado atrás cuando vinieron
los demás á estas partes; y ellos y sus padres, abuelos y ante-
pasados habían andado en diversas tierras hasta llegar á OuZ-
huacaii, en donde estuvieron algunos años sobre el cerro de
Cidhuacan, llamado IluexazfecaÜ; y por el oráculo del Demo-
nio les mandó que fueran á la ciudad de Texcuco y que allí
estarían mejor, y lo que el Rey les daría sería perpetuo, por
ser el mayor que había en esta tierra y ser suya por legítima
sucesión; los cuales cada uno de ellos traía su ídolo. Los Me-
zitin traían á IluitzilopuchtU, y llegados que fueron á Texcuco
dieron la obediencia al Rey Techotlalaizin y le pidieron tierras
donde poblasen, el cual los recibió muy bien y les dio tierras
en cuatro partes de la ciudad; para que cada una nación de
estos poblase en donde se les señaló; los cuales poblaron como
se les mandó y pusieron los nombres de sus barrios conforme
eran los que ellos tenían, como hoy se echa de ver en la ciu-
dad de Texcuco, que con estos cuatro fueron seis los barrios
de Tultecas que hubo en Texcuco.
1 Esto parece indicar que el Autor ha seguido el cómputo Tulteca. Quizá
sus variantes proceden de una confusión de los varios cómputos. — R.
\ Ct'VlA'lA
296 OBRAS HISTÓRICAS DE
Estas y otras muchas cosas sucedieron en tiempo de este
gran Techotlalaizin que sería largo de contar y hacer relación
de todas ellas, el cual murió en el año de chicüey calli, ocho
casas y al de nuestra cuenta 1357, en el quinto año del Pon-
tificado de Inocencio FJ, en el décimo primero del imperio de
Carlos IV Y al séptimo del reinado de D. Pedro el Cruel. Fué
este fin de este Príncipe muy sentido de todos los Reyes y Se-
ñores de esta tierra, por haber sido tan virtuoso y prudente y
haber mantenido tanta paz y concordia entre todos ellos; lo
que no hizo Tetzotzomoc Rey de Azcaputzalco^ sino que fué
nueva para él muy alegre y de mucho gusto, porque vido que
fácilmente podría tiranizar todo el imperio, porque se hallaba
con mucho poder y tenía muchos Señores por amigos, que los
más de ellos eran sus yernos y otros deudos muy cercanos su-
yos, y así le fué fácil de tiranizar el imperio Chichimeca, y ha-
cer las insolencias y crueldades que adelante se verán.
RELACIÓN OCTAVA.
TechoÜalatzin gobernó ciento cuatro años y en su tiempo vi-
nieron los verdaderos Mexicanos, que hasta entonces no había
Mexicanos, porque los que ahora llaman Mexicanos son Aztla-
ñecas y Jos más Aculhuas, Tepanecas y Huiznaques que vienen
de los de Culhuacan, adelante de Xalisco ^ . También éstos
fueron Tultecas y él los repartió en cuatro barrios de Texcuco
que hasta hoy conservan los mismos nombres, y en otras po-
1 Estas designaciones cuadran á la población de Sinaloa llamada hoy Cu-
liaean^ uno de los puntos de mansión más generalmente reconocidos, de las
tribus emigrantes. — R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 297
blaciones; como fué enviar los Tepamcas á Azeaputzalco^ á los
Mexüzin á México y otros lugares.^
Este Rey adornó la ciudad de Texcuco de artífices y hom-
bres famosos y hizo otras muchas grandezas dignas de traer á
la memoria.
En su tiempo murió Mixcohuatl y AcamapixÜi^ primeros Se-
ñores de los Mexicanos, habiendo sido Rey el segundo de
CvJhuacan^ heredando este señorío y el de México HuilzílihuiÜ
hijo legítimo de AcamapixÜi^ y Tlacateo ^ (á Tlatelulco), sien-
do hijo legítimo de Ixcohuail?
Murió este Monarca en el año de 8 calli y á nuestra cuenta
1363,
Poco tiempo antes murió Huitzüihuij después de haber go-
bernado ochenta y siete a/ío«,* sucediéndole su hijo CJiimalpo-
poca,
1 Bien conocida es la historia de la fundación de México, en la cual nin-
guna parte tomaron los chichimecas. Es por lo mismo falso que ocurrieran á
Techotlala, y que éste los enviara á México.
2 £n el MS. del Museo dice — TUicteoÜ; j de él son también las palabras
que siguen dentro del paréntesis. — B.
8 En el citado MS. dice — Mixcohuatl. — B.
4 Huitzilihuitl gobernó nada más yeintiuR años, del 9 calli al 8 calli. Véa-
se la estampa jeroglífica correspondiente en el Códice Mendocino.
RELACIÓN DÉCIMA.
De Ixtlilxuchtíl, 6? grran Chichimecall,
Muerto que fué el gran TechoÜalatzin^ Teyokocohucdzin, Señor
que á esta sazón era de Aculma y uno de los grandes del reino
de.Texcuco, avisó al Rey su abuelo Tezozomoc} el cual así como
tuvo la nueva, envió á llamar á muchos Reyes y Señores que
ya días ^ que los tenía apercibidos para esta ocasión, especial-
mente á los de México, Tlacateotzin Señor de Tlatelulco y Ghi-
malpopoca de Tenuchtitlan y sexto Rey de Culhuacan. Llegados
á Azcaputzalco muchos de ellos con los de México, especial-
mente los que eran sus nietos, y demás parentela, hízoles
grandes razonamientos sobre que no convenía jurar á Ixtlixu-
chitl por Chichimecati Tecuhtli de esta tierra, dándoles muchas
causas y razones falsas para ello, y que á él, como hombre tan
antiguo y nieto del gran Xolotl^ le venía de derecho, y que así
pues era tan cercano el parentesco que tenía con el poblador
y Señor de toda la tierra, que á él le venía de derecho y á los
demás sus sucesores, y ahora era buen tiempo para quitar que
los Reyes de Texcuco no tuvieran este título y mando, (sos-
teniendo su pretensión) con muchas razones y grandes prome-
1 Por primera vez, en esta Relación, usa Ixtlilxochitl lar buena ortografía
del nombre de Tezozomoc.
2 En el original dice — gtie ya oía. — R.
300 OBRAS HISTÓRia\S DE
sas. Ellos le respondieron que les parecía muy bien y que le
ayudarían en todo lo que les quisiese mandar; mas que conve-
nía primero sujetar por bien al legítimo sucesor, y cuando no
por fuerza de armas; y que de esta manera le duraría poco el
imperio, porque andando el tiempo, al sucesor no le faltarían
leales vasallos y Señores que le favoreciesen y ganaría lo que
era suyo; todo lo cual le pareció muy bien á Tezozomoc, y para
ver el intento de Ixüüxuchül le envió muchas cargas de algo-
dón para que sus vasallos le hiciesen de él mant^, y como
por vía de ruego. IxUíbmckül^ viendo lo que había y que no
le convenía otra cosa por hallarse con pocas fuerzas, mandó
tejer las mantas y se las envió á Tezozoinoc^ el cual tornó á en-
viar más algodón, de lo cual se sintió mucho IxUilxuchUl, en
ver la desvergüenza de Tezozomoc y que dilataba la jura; pero
disimuló y recibió el algodón, y mandó á sus vasallos se apro-
vechasen de ello.
Como Tezozomoc viese que habían pasado muchos días y que
se tardaban las mantas, envió sus mensajeros á la ciudad de
Texcuco con muchísima cantidad de algodón: envió á decir á
IxtliixuchiU cómo no enviaba las mantas y que las enviase
luego y que de aquel algodón se hiciesen otras mantas y que
las hiciesen con brevedad, y que de aquí adelante le mandaba
que cada año sus vasallos le hiciesen cierta cantidad de man-
tas para reconocimiento, pues él había de ser jurado por gran
ChichimecaÜ Tecnhüi de toda la tierra, (como que) era nieto (del
gran Xolotl) y le venía de derecho más que al Rey IxÜilxuchUl,
con otras razones muy soberbias. De esto se enojó mucho Ix-
ÜíLcuchiÜ y le respondió que el algodón lo hubo menester para
hacer armas para sus vasallos, así como el que de nuevo le
enviaba; y que si había más que se lo enviara, pues tenía obli-
gación á ello; y que en lo que decía que á él le venía de dere-
cho el imperio, que se engañaba como era notorio á todo el
mundo; pero que él lo remitía á las armas y al valor de sus
vasallos los Aculhuas^ y que entonces le daría á entender su
tiranía y maldades, y que desde luego lo daba por traidor á él
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 301
y á todos sus amigos y vasallos, y que no le entrasen en sus
tierras en ninguna manera, porque los castigaría con pena de
muerte como á traidores, que eran.
Los mensajeros dieron su respuesta á Tezozomoej el cual re-
cibió mucha pena y dio aviso á sus amigos y puso sus fronte-:
ras en los términos del reino de Texcuco, y empezó á juntar
gente para la guerra que se ofrecía. Lo mismo hizo loMihnicJiiUj
el cual casó con MoÜodzíhuaizin^ hija de Huitzüihuy^^ segundo
Señor de México y sexto Rey de Culhuacan; y en esta Señora
tuvo dos hijos: la primera fué la Infanta (llamada) TozquetUzin
como su abuela; y el segundo fué NezahucUcoyoÜ, Príncipe he-
redero, que después fué séptimo gran ChichimecaÜ TecuMi de
esta tierra.
En el año llamado ge acatl, una caña, que fué en el de 1363,
y á seis días del décimo quinto mes llamado AtemozUi^ en el
último día de su semana llamado matlactli omeyTegpactl,. trece
pedernales, y á la nuestra á 30 de Diciembre, fué cuando los
Tepanecas entraron por Itztapaluca una noche y cogieron la
gente descuidada, entendiendo por esta parte entrar por la
ciudad de Texcuco y destruirla, que estaba toda su tierra aper-
cibida y bien guarnecida de todo lo necesario para la guerra;
y en Iztapaluca^ por estar el Señor de aquí en Cohuatepecj lla-
mado Ixcontzin, con Totomihuatzin Señor que á la sazón era
de Cohuatepec, ocupado en ciertos negocios, los Tepanecas que
había en CohucUepeo dieron aviso á su Rey para que este día
entraran por Iztapaluca y por Aztahuacan (ofreciendo) que
ellos matarían al gobernador de Iztapalwca^ llamado Quauhwir
lotzin, como lo hicieron, y los del ejército del Rey de Azcapvir
zaleo saquearon el pueblo de Mapaluca y otros muchos luga-
res comarcanos, y pasaran muy adelante si no acudiera el Rey
IxtlUxuchiU con la gente que pudo juntar, y dio sobre los Te-
panecas en los llanos de Aztahiuican, que ya se iban retirando
después que supieron venía socorro á los Aculhuas, y tuvieron
1 Huitzilihuitl.
S02 OBRAS HISTÓRICAS DE
una de las más crueles batallas que ha habido en esta tierra,
j murieron muchísimas gentes, especialmente de la parte de
los Tepanecas, que casi no escapara hombre ninguno, de lo
cual el general de ellos volvió á la ciudad de Azcaputzalco muy
triste 7 corrido por no haber salido con su intento, y lo mismo
estuvo el Rey de Azcaputzolco^ por ser la primera vez que sa-
lían contra los Acuihuas; y el Rey LatRlxuchiÜ mandó so gra-
ves penas que ni de día ni de noche se descuidasen los de las
fronteras, sino que hiciesen sus centinelas y guardias con mu-
cha vigilancia, y mandó pregonar que todos los Tepanecas que
estuviesen en su reino de CuUiuacan, saliesen de allí breve-
mente y se fuesen á su natural^ porque si no, todos los que se
hallasen culpados, no tan solamente ellos, sino hasta todos
^iquellos que se averiguase ser parientes liasta el cuarto grado,
fuesen castigados con pena de muerte, como á traidores del
reino.
En el año omome Toxtu, doce conejos ^, y á la nuestra 1374,
al año del Pontificado de Gregorio XL en el vigésimo octavo
del imperio de Carlos IV j en el quinto del reinado de Enri-
que II, fué cuando se mandó jurar IxtiilxuchUl por Chichime--
cotí Tecuhtli^ y á su hijo, que era entonces muy niño, por Prín-
cipe y legítimo sucesor, en Huexuüa. Halláronse en esta jura
hasta cuatro Señores, que fueron Tlacoízin, Señor del propio
MwexuÜa, uno de los grandes del reino y el más principal,
JPayntzin de CohuaÜichan, y Tozatzin, que tenia un hijo llamado
.Zhiujumahtuicaiiinj hombre muy valeroso, que le hizo el Rey
IxÜilxuchia general de todo el ejército de los Acuihuas. Luego
le mandó fuese á México y llevase muchas armas y sus insig-
nias, y que de su parte apercibiese á Tlaooieotdn^ Señor de
Tlatelulco y general de los Tepanecas, que de allí á pocos días
1 Fuerza es que aquí haya una equivocación, ó en la fecha Mexicana 6 en
«u correspondiente Española. Si aquella, como pinta, es ornóme^ serán do& co-
nejos; y si éstos son doce, la otra será matlacili omome. Me inclino á esto, por-
que el omome no se pone ordinariamente sino con deccms^ siendo el 2, en un>
<íade8,—ome. — K
DON FERNANDO DB ALTA DLTLILXOCHITL. 303
comenzaiian las guerras, porque no estuviesen descuidados;
el cual así lo hizo como se lo mandó. Asimismo, el cuarto (Se-
ñor que asistió á la jura) era TlanaJmacatzm y algunoá caballe-
ros y gente ilustre de las ciudades y demás poblaciones sujetas
al reino de Texcuco, especialmente los que no estaban rebela*
dos. Los demás de los grandes del reino estaban ocupados en
las ñronteras y asi no se hallaron en la jura«
Dentro de pocos días^ algunos antes del tiempo que se se-
ñaló á Tlaoateotzm^ salió (éste) con su ejército y fué.sobre Tex-
CQco, en donde le salió al encuentro ^hiujumahuaeatdn^ gene-
ral de los Aculhuas. En la ribera de la laguna tuvieron una
cruel y reñida batalla, en donde murió de ambas partes canti-
dad de gente^ mas luego los Tepanecas reconocieron su daño
y les mandó su general Tlacateobdn Señor de Tlatelulco, que
se retirasen y volviesen hacia sus tierras sin hacer otra cosa
señalada, más de lo referido.
Pasados algunos años que los unos y los otros estaban con
recato y que se hacían grandes escaramuzas en donde moría
mucha gente, acordó IxtUbmchiÜ de juntar toda su gente y de
una vez concluir con este negocio y ganar ó perder de una vez
el imperio; y asi juntó las ciudades y pueblos que eran de su
parte de los Aculhuas, que son Texcuco^ Huexutla^ CohuaÜi-
4¿hcm^ que era lo último que por la banda del Mediodía tenía^
porque Cohuaiepec^ Mapoluca y Choleo y los demás estaban
rebelados. Y hada la parte del Norte (juntó á) ChiauMa^ Te-
peUaoztoc, Tezwguea^ Tepexpa, ChieuhricmhÜa^ AculmOf aunque
el Señor (de allí} estaba neutral por ser nieto del tirano, ann^
que los vasallos no lo consentían, y á JSvxdepee^ Tizayuca^ Tla^
lunapan, 2kmpohualan^ fuera de Otwmpan^ Axapoxoo^ Axtaque-^
meca con los demás que eran de la parte del tirano. Y asimismo
era de su parte la provincia de ToIarUzinco^ que por todos eran
quince lugares, en donde juntó mucha y lucida gente y muy
valerosos soldados. Asimismo los Señores de Tlacocala, Hue-
xotzinco y otras partes le enviaron secretamente alguna gente
de socorro, porque casi todos temían al Rey de Azoaputzalco;
304 OBRAS HISTÓRICAS DE
y así no rehusaban favorecer á IxUílxuchitl, Los demás se hoU
gabán de estas disenciones, especialmente los remotos, por
substraerse y no estar sujetos al legítimo sucesor ni al tirano.
Comenzóse la batalla por el pueblo de XaUepec, adelante
de Chumba^ que desde aquí comenzaban las tierras del rei-
no de Texcuco que estaban rebeladas, después de haber puesto
sus guardas por todas las partes que convenía, con mucha
gente muy bien guarnecida de todo lo necesario para la guerra,
porque en el ínterin que andaban en las guerras y recobra-
miento, no entrasen los Tepanecas por alguna parte y gana-
sen la ciudad de Texcuco, y las demás que eran de su parte,
porque sería grandísimo daño y pérdida, y que no había espe-
ranza de cosa ninguna; y así, hecho todo lo referido y dada la
batalla sobre Xaltepec^ aunque se defendió bien, dentro de po-
cos días lo ganaron y luego fueron sobre Otumba, que ya los
de esta provincia, con los Tepanecas, estaban muy bien aper-
cibidos con más de cien mil hombres de guerra, en donde tu-
vieron una cruei batalla, mas luego los sigetaron, y luego pa-
saron por Axapuxco^ Azquemeca y Temascalapan y otros lugares
hasta Tula, destruyendo todas estas partes á fuego y sangre,
y á Tula que era lo último en aquel tiempo del reino de los
Aculhuas.
(Estando) hacia aquella parte salieron sobre las provincias
de XUotepea, lugar muy fuerte, de mucha y muy belicosa gente
en donde tuvieron una batalla muy cruel y reñida; mas al fin,
dentro de pocos días fueron sujetos como los demás, y desde
aquí dieron la vuelta por ZMaiepec ^ y luego á TepotzoÜan, ha-
ciendo lo mismo que en los demás lugares hasta Ouauhíülan,
en donde ya á esta ocasión estaba el ejército del gran tirano
con más de 500,000 hombres de diversas y remotas partes,
como eran de Michhuacan y otros reinos y provincias de la
banda del Mediodía. El Rey IxÜilxuchiU no tenía más que
200,000 hombres, porque en toda la gente que pudo juntar,
1 Citlaltepcc.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 306
así suyos como de los Señores referidos, que le enviaron so-
corro, no llegaron á 300,000, porque los demás estaban en
las fronteras y sólo los 200,000 traía consigo; pero según las
historias traía los más valerosos capitanes y ardilosos que ha-
bía en esta tierra en aquellos tiempos, que le valió por enton-
ces la vida. Dióse la batalla y duró muchos días, en donde su-
cedieron grandes cosas, como se verá más especificadamente
en la historia de este Señor; pero al fin los Chichimecas y
Aculhuas, como gente valerosa y que jamás había sido sujeta
de ningima nación y la razón (ó justicia) que tenían, sujetaron
y destruyeron toda la provincia de CuauhtUlan^ y el ejército de
Tezozomoe se retiró hacia Azcaputzalco con pérdida de más de
la mitad de su gente, y fueron los Aculhuas en su seguimiento
y les dieron alcance en los campos de Tecpatepec y tornaron á
pelear; pero dentro de pocas horas los Tepanecas reconocieron
su daño y se tornaron á retirar más hacia la ciudad de Azca-
putzalco^ hasta Temapalco, que estaba muy cerca este lugar de
los arrabales de la ciudad.
Ya en esta ocasión de todo punto estaban perdidos los Te-
panecas, que no faltaba más que la ciudad y algunos lugares
de la otra banda que cae hacia el Mediodía (por rendirse) aun-
que (éstos quedaban) sin gente, que ya todos estaban muertos
en las guerras que duraron desde que se dio la primera bata-
lla en XaUepec hasta este lugar, cuairo años continuos; aun es
verdad que lo más de este tiempo se ocupó sobre CohuatiUan ^
por haber estado aquí el ejército de los Tepanecas. Todo lo
cual visto por Tezozomoe^ como hombre ardiloso y viejo, acor-
dó de pedir treguas, con toda brevedad, antes que sucediese
otra cosa, dentro de cierto tiempo para tratar de paces y otros
medios muy buenos, aunque cautelosos y falsos, lo cual IxUU-
xuchUl^ como era hombre tan nobilísimo de condición y mise-
ricordioso, visto el intento de Tezozomoe^ alzó el;cerco que tenía
sobre Azcaputzalco y lo perdonó de todo lo pasado.á;él^y á^to-
1 Poce antes ha dicho que en CuauhiiÜan. — B.
Tomo 1—20
306 OBRAS HISTÓRICAS DE
dos SUS aliados, y luego se fué á su ciudad de Texcuco, en
donde hizo muchas mercedes á todos sus soldados y envió á
dar las gracias á todos los Señores que le habían favorecido,
con el aviso de todo lo que había sucedido, los cuales enten-
diendo que no sería cautela ni engaño, se holgaron mucho y
le enviaron á dar el parabién.
El año siguiente después de los cuatro referidos, que se lla-
maba NAHüi ToxTLi, 4 conejos, y á la nuestra 1418, en el 19 del
Pontificado de Martirio F, al 89 del Imperio de Segismundo y
en el 119 del Reinado de Don Juan d II, casi á los primeros
tiempos de este año, después de haberse confederado con los
grandes del Reino de Texcuco Tezozomoc para que no favorecie-
sen á su Rey, sino que lo desamparasen, declarándoles su in-
tento, prometióles grandes cosas si lo hacían; todo lo cual el
viejo alcanzó muy fácilmente por ser todos sus deudos y nie-
tos como ya está referido. Fingió que quería jurar al Rey Ix-
tlilxuchitl por ChichimecaU Tecuhtli y Monarca de esta tierra
en Chicuhnaxdla y que allí le aguardaba, que por ser tan viejo
no podía ir hasta la Ciudad de Texcuco; ^ (to cual hacía) con in-
tento de matarlo en la jura; de lo cual fué avisado Ixthlxuchitl,
aunque ya muy tarde, que no pudo remediarlo; y por disimu-
larlo al Tirano envióse á disculpar con dos hijos suyos y otros
Caballeros, fingiendo que estaba indispuesto y que por eso le
disculpasen; encargándoles además le dijeran, que para de allí
á cierto tiempo se haría la jura, porque en el Ínterin juntaría
quizás alguna gente.
Tezozomoc, que ya tenía mucha gente de guerra apercibida
para en matando á Ixtlüxuchid ir sobre Texcuco y asolarlo to-
do, así como vieron venir á los Embajadores, todos dieron so-
bre ellos, y no se tenía por bien aventurado el que no daba
palazo ó bofetada á uno de estos Embajadores, los cuales cuan-
do llegaron al lugar donde estaba el Tirano, ya iban medio
1 Cotéjese esta narración con la que del mismo suceso se hace en la HistO'-
ria cíe los Señores Chichimecas,
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 307
muertos, y sin oir su razonamiento mandó desollar vivos á los
dos Infantes y á los demás hacerlos pedazos; y luego las gen-
tes de guerra embistieron sobre Texcuco, que ya IxtlilxuchiÜ y
su hijo el Infante y (el) gran Capitán Zihuaquequenotzin^ ^ habían
juntado á todos los ciudadanos en el ínterin que sucedían las
cosas referidas; y así se defendieron valerosamente algunos
días, hasta que ya no pudiendo más, desampararon la Gudad,
y lo mismo hicieron los demás pueblos comarcanos, y se me-
tieron por las sierras de Tíafoc huyendo; y el desventurado Rey
se fué retirando hasta que le fueron á alcanzar sus mismos va-
sallos los Chcdcaa y Otumpamcas^ y lo mataron á puñaladas,
el cual se defendió valerosamente y mató á muchos primero
que él muriese.
(En estos tiempos) sucedieron muchísimos prodigios, entre
los cuales fueron los más señalados, que en el lugar donde lo
mataron, que se dice Tepanohuayan^ que estaba allí una barran-
ca y muchos peñascos, reventó una peña y mató á muchos de
los que le fueron á matar y no pudieron llevar el cuerpo ni la ca-
beza al Rey Tezozoinoc^ porque no le pudieron menear del lu-
gar donde estaba caído. El legítimo sucesor Nezahualcoyott es-
capó dentro de las ramas de un capulín, que es el cerezo de
la tierra, que estaba allí cerca; lo cual sucedió en el décimo día
de su semana llamado Matlactli Cozcaguauhtu y á los nueve
días de su décimo mes llamado Oxpanixtli, que es 21 de Sep-
tiembre, ^ y el día siguiente que ya los Tepanecas no parecían
por allí, llegó un caballero del Barrio de los TlaihÜaque, lla-
mado Ixtli^ con alguna gente, y tomaron el cuerpo de su Rey
y le pusieron sus mantas reales y le quemaron é hicieron otras
ceremonias de los Cidhuas Tdtecas^ y después sus cenizas las
enterraron, que fué el primer Rey de Texcuco á quien se le
hizo este género de entierro y honras.
1 Antes lo llama Zihuaeuahuatzin.
2 Ambas datas, la Mexicana y la Vulgar, presentan muy sensibles rasgos
de conveniencia y de discordancia con la que, tratándose del mismo suceso, se
fija en la Relación 9? de la — Historia de los Señores Chichimecas. — R.
308 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
Tezozomoc luego que vido que ya todo lo tenía debajo de su
mano, se mandó jurar por Monarca de la tierra, y en cuatro
años que él vivió después, hizo las mayores crueldades que de
Tirano se han escrito en el mundo, entre las cuales fué que
mandó por todo el Reino de Texcuco preguntar á los niños de
poca edad, quién era su Señor y Rey natural, y como ellos di-
jesen que IxÜilxuchül, los iba matando y murieron grandísi-
mas sumas de niños que no escaparon diez en todo el Reino;
y así mismo pagó á los Grandes de Texcuco después tan mal,
que les fué forzoso salirse huyendo de sus tierras é irse para
otras extrañas.
RELACIÓN NOVEXA.
Ixtlilxuchitl tuvo dos hijos: el 19 Nezahualcoyotl, y la 2? íbs-
qrientzin, ^
Su reinado fué de 6:d años.
Murió en el año de 4 Toxtli y á ocho días ^ del mes Xiloma-
NALizTLi y 13 CozGAGUAüHTLi, que cs cl úUimo día de su semana,
que conforme á nuestra cuenta fué en el año de 1415 á 22 días
del mes de Abril. ^
Por su muerte entró Tezozomoc en el gobierno del Imperio
que rigió nueve años ^ con grandes crueldades y tiranías.^
1 En la Relación anterior se invierte este orden. — R.
2 En el MS. del Museo dice á 6 rfíúw.—R.
3 Hé aquí una tercera discordancia respecto del mismo suceso, sobre las no-
tadas en la página anterior; y agravada, además, con la variante que presenta
la focha según la lectura del MS. del Museo. — R.
4 En la página anterior se dice que su Reinado fué de 4 aílos. — R. Vid. la
siguiente.
6 Lo que sigue en esta Relación pertenece al asunto de la inmediata. — R.
RELACIÓN UNDÉCIMA.
Del gran Xezahualcoyo:zint 7° gran ChichimeccUl Tecuhlli.
No fueron menos las excelentes virtudes del que ahora se
nos ofrece, que las de cada uno de sus pasados, y cierto mu-
chas veces me ha parecido que los historiadores antiguos que
pintaron la vida de este singular Príncipe hacen lo que se
cuenta de Xenofonte, que todos dicen de 61, que en la vida que
escribió de Ciro^ Rey de los Persas, no fué tanto su intento es-
cribir la vida de un hombre en particular, cuanto pintar un
buen Rey en las partes que conviene que tenga; y así parece,
que quien quisiera pintar y hacer relación de un Monarca,
aunque bárbaro de cuantos (mejores) hubo en este mundo, no
tenía que hacer más que poner delante la vida del Rey Neza-
hualcoyotzin^ porque fué un dechado de buenos y excelentes
Príncipes, como en el discurso de su historia podrá verse, del
cual, aunque en sumaria relación de su vida y hechos, se po-
drá ver más especificadamente la historia que escribo en el
séptimo libro.
Tuvo tres nombres este gran Príncipe, cada uno significa-
ción de su gran valor. El primero Nezahualcoyotl^ que quiere
decir Lobo ayunado^ porque fué muy deseado de sus vasallos
con las grandes persecuciones y trabajos que habían tenido
después de la muerte de su abuelo Techoüalafzin. El segundo
AcdmizUi^ que quiere decir Brazo de Leórij porque con su va-
310 OBRAS HISTÓRICAS DE
lor y brazo sujetó y recobró casi toda la tierra que había mu-
chos años que estaba rebelada con las tiranías de los Reyes de
AzcapiUzcdco, el cual en cuatro años que el tirano Tezozomoc
vivió ^ después de la muerte de su padre, le persiguió mucho
y deseó matar hartas veces; mas como hombre animoso y sa-
gacísimo, se libró de todas, hasta que las Señoras Mexicanas
sus tías, con hartas lágrimas y ruegos, alcanzaron del tirano la
vida de su sobrino; pero á los últimos días de su vida, mandó
á MaxÜa^ que fué el que le sucedió en el imperio, aunque tirá-
nicamente y otros dos hijos suyos, y á los demás Señores sus
aliados, que sin falta ninguna mataran á Nezahvxihoyotzm si
querían ser Señores, porque si no, recobraría su imperio y les
bebería la sangre, porque así se lo habían dicho sus adivinos
cuando le declararon el sueño de la Águila y del Tigre que ha-
bía soñado, y sus falsos;dioses en el oráculo se lo habían dicho
muchas veces; el cual murió en el año de matlagtu omey acatl,
trece cañas, y á la nuestra 1427, en el primer dia de este año
y último de su semana, asimismo de su primer mes^ llamado
TlacaxipehualizUi^ que cae á SO de Marzo según nuestro calen-
dario; y en las honras mandó Maxtla, que era el sucesor, ma-
tasen á Nezakualcoyotl que vendría á dar el pésame de la muerte
de su padre; el cual llegó á AzcapiUzalco una madrugada, que
había cuatro días que había'muerto el tirano, y dio el pésame,
y su primo hermano Moteczuma^ primero de este nombre, le
hizo del ojo, y él cayó luego (en cuenta) de lo que pudiera ser;
y así, cuando halló ocasión dio la vuelta para la ciudad de
Texcuco y así no lo pudieron matar.
Fué otras dos ó tres veces á la ciudad de Azcaputzalco y ja-
más pudo MaxÜa quitarle la vida, y la última vez si no fuera
tan venturoso casi tuvo el cuchillo, como dicen, al pescuezo;
pero valióle el que lo aposentaron en un jardín, que el apo-
1 Las discordancias que sobre esta fecha se han notado al fin de la anterior
Relación, pueden conciliarse entendiendo que la duración iotcU del reinado de
Tezozomoc taé de nueve años, y los cuatro contados solamente desde la muerta
de IxililxuchHl.—K
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCH ITL. 311
sentó donde estaba era hecho de caña y carrizo; y así le fué
fácil escapar con la vida; y era tan atrevido y animoso, que
después que salió de este lugar, en la plaza estaba un grande
ejército de Tepanecas, por si escapara, ir tras de él y matarle,
porque lo tenían por invisible, el cual como vido que iban en
su seguimiento, volvió las espaldas y los amenazó diciéndoles,
que dentro de poco tiempo volvería sobre ellos y los abrasaría
con el fuego de su valor, y otras muchas razones. Algunos de
ellos que se adelantaron tras de él, peleó con ellos y mató al-
gunos, hasta que lo perdieron de vista. Otras dos veces escapó
de manos de sus enemigos dentro de la ciudad de Texcuco: la
primera en el convite de su hermano Yancuitzin^ gobernador
puesto por el tirano, y se escapó porque envió al convite á un
pobre labrador del pueblo de Ahuatepecj que se le parecía mu-
cho en todo, y lo mataron entendiendo que era el Príncipe
NezahualcoyoÜ^ en una danza que se hacía de noche, el cual
estaba á la mira, y así como supo que era muerto su semejan-
te, se fué luego á México á ver á su tío lücohuatzin^ el cual se
espantó de verle, porque según el trato que tenían hecho con
Jfaxtía, lo tenían por muerto; y de allí á pocas horas llegaron
embajadores del Rey Maxtla para dar aviso á Iztcohuatzin cómo
era muerto Nezahuaicoyoílj y como lo vieron sentado con su
tío hablando, se quedaron espantados y corridos todos, espe-
cialmente XochüecalcaÜ, uno de los embajadores, que era el
que lo había muerto y traído allí la cabeza del labrador en tes-
timonio de su verdad. Nezahucdcoyotzinles dijo que no se can-
sasen de balde, que no le matarían por ninguna vía ni manera
y que él sí los destruirla, especialmente á su Rey Maxtla y á
todos sus secuaces; y por ponerles más temor les dijo que era
inmortal, que no podía morir, porque sus dioses le habían dado
aquella gracia. Los mensajeros fueron á dar cuenta al tirano
de lo que habían visto, el cual se airó de tal manera, que lue-
go mandó al ejército, que siempre tenía en la ciudad de Azca-
puizalco^ con cuatro capitanes muy valerosos, fuesen á Texcuco,
porque ya Nezahualcoyotzin estaba allí, y le matasen, y si por
312 OBRAS HISTÓRICAS DE
ventura escapase, se pusiesen por todas las sendas y caminos,
calles y encrucijadas de la ciudad, para que en donde quiera
h) matasen, y así lo hicieron.
Nezahualcoyotzin, por consejo de su ayo HuitzílihuUzín^ que
era el que le daba siempre industrias para escaparse de sus
manos, le mandó que recibiera á sus enemigos y los regalase
y saliese por un agujero que hiciesen secretamente, hacia las
espaldas de su silla y asiento real. Los enemigos que lo tenían
frontero y que entendían que aquella vez no se podía escapar,
estaban muy contentos comiendo, y al mejor bocado vieron
que en la sala ya no parecía nadie, y que Nezahxialcoyotl había
salido por unos trascorrales.^ Apellidaron todos por él, el cual
se escapó otras cinco veces de sus enemigos, hasta que llegó
en Tlaxcalan^ que los Señores de allí sus deudos le estaban
esperando para darle socorro contra su enemigo el tirano Max-
tla^ el cual como supo que se había escapado envió sus men-
sajeros por toda la tierra, mandando á los Reyes y Señores de
toda ella, que muerto ó vivo se lo enviasen á Azcaputzalco^ y
así Nezahualcoyotl no estaba de día en la ciudad de Tlaxcalan^
porque andaban muchos Tepanecas en su seguimiento.
Los Señores de TUxxcálan le hicieron muchos xacales de
paja en los campos de Calpulalpan^ lugar sujeto á su Señorío,
donde juntó un poderoso ejército de Tlaxcaltecas^ Huexotzincas^
ChoMtecas^ Zacatecas y Tototepecas^ que luego que tuvo junto
todo el ejército, que fué dentro de muy pocos días, dio la vuel-
ta para la ciudad de Texcuco y recobró su reino, especialmente
Amlma^ que lo había hecho el tirano cabecera de reino, de la
mitad que era de los Aculhuas, cuyo Rey era Teyolcocohuafzm,
y la otra mitad, que era CohuatlicJian^ cuyo Rey era Quitzal-
maquiztí. Los Chalcas que también le dio su favor,^ los sujeta-
ron y mataron al Rey y los demás Tepanecas á fuego y sangre,
que lo mismo se hizo en Aculma y las demás ciudades y pobla-
1 Tecorrales, cercas de piedra.
2 Parece que aquí debía decir: que también le dieron su favor al tirano.
ÜON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 313
dones sujetas al Rey de Texciico, y después que hubo ganado
todo su reino, puso sus fronteras hacia la parte del tirano y los
de México sus aliados, y envió á los soldados que quisieron
volverse á sus tierras, después de haberles hecho muchas mer-
cedes, muy ricos de los despojos que sacaron de las ciudades
y lugares que sujetaron, y el agradecimiento á sus Señores
por el favor que le dieron, con el aviso (además del) tiempo
en que les esperaba para acabar de concluir con estos nego-
cios y destruir al tirano y sus secuaces.
El Rey Nezahualcoyotl^ después de todo lo referido puso en
orden las cosas de su reino y apercibió á sus vasallos para la
batalla que se esperaba dar el año sucesivo sobre los Tepane-
cas y sus aliados: fortaleció sus fronteras muy bien; mandó,
pena de la vida, que nadie de los enemigos pudiese entrar en
su reino por ningún motivo, y á Motoliniatzin^ Señor de Hv^-
xvila y uno de los grandes de su reino, le mandó que juntara
todos los Aculhuas, y como á hombre muy valeroso le hizo su
general, ordenándole que apercibiera todo lo necesario para la
guerra referida. El Señor de Choleo envió sus embajadores
dándole el parabién, como lo habían hecho los demás; (aña-
diendo) que para el tiempo señalado estarían los vasallos apare-
jados y le vendrían á ayudar; porque todos deseaban vengarse
de los Tepanecas y Mexicanos por los malos tratamientos que
les habían hecho.
El Señor de México, Izteohuatzin y sus vasallos á esta oca-
sión padecían muchos trabajos por el tirano que los trataba
(poco) menos que esclavos y les había mandado que le diesen
un tributo y reconocimiento muy trabajoso é imposible de
cumplir, como era, demás de las muchas mantas, oro, plume-
ría y otras cosas que ellos le tributaban, les hacía llevar los
jardines por el agua^ en donde iban todas las verduras y flo-
res que se crían en las partes húmedas, y asimismo los patos,
garzas y otras aves, unas con sus pollos y otras echadas con
1 Chinampas.
314 OBRAS HISTÓRICAS DE
SUS huevos, cosa muy trabajosa é imposible de hacer; llegando
el Rey Maxtla hasta el punto de haber querido forzar á la mu-
jer legítima del Rey Iztcohuatzin, todo por dar ocasión (ó pre-
texto) para matar y destruir á los Mexicanos; y así á esta oca-
sión estaban los Mexicanos arrinconados y aguardando la
muerte por momentos, y como tuviesen noticia que dentro de
muy pocos días había de enviar un ejército el Rey Maxtla y
los había de destruir á fuego y sangre, no tuvieron otro reme-
dio si no fué enviar á rogar á NezahualcoyoÜ^ porque sabían
muy bien que juntaba ejército para venir sobre el tirano y sus
aliados, y (así esperaban) los perdonase de las ofensas pasadas
y no se acordase de ellas (previniéndole la voluntad) con aviso
de todo lo que pasaba; y así enviaron á tres Señores por em-
bajadores, los más principales del reino de México, que entre
ellos fué Moieczuma, primero de este nombre, primo hermano
del Rey Nezáhucdcoyotzin y á quien le quería mucho, enten-
diendo los Mexicanos que por parte de este Señor alcanzarían
el favor y socorro que le pedían. Asimismo le enviaron á su-
plicar que fuese con toda brevedad, porque de allí á ocho ó
diez días habían de ser destruidos.
Los mensajeros fueron por la ciudad de Culhxiacan, y en
Aculhuacan^ que era donde estaban las fronteras, fueron presos
por los guardias y los llevaron á la ciudad de Texcuco en don-
de supo NezahualcoyoÜ á lo que ellos venían, el cual aunque
estaba enojado contra su tío el Rey Iztcohuaizin y los Mexica-
nos, tuvo grandísima compasión de él, y luego envió volando
á dar aviso al Señor de Hxiexutla para que juntara toda la gente
que pudiera con toda brevedad, porque dentro de cuatro días
habían de estar en México. El Señor de HnexuÜa en lugar de
la respuesta, mandó hacer pedazos al mensajero, que era un
Infante hermano del Rey iVczaAwa/coyotó, porque se sintió mucho
cuando supo que su Rey había hecho amistad con los Mexica-
nos; lo cual no pudo vengar el Rey este agravio por entonces,
por acudir á la mayor necesidad. Envió (también) con Motee-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 316
zuma á su hermano Quanhilahuanitzin^ gran capitán, á ^ Choleo^
para dar parte á este Señor de lo que enviaban á decir los Me-
xicanos, y que luego con brevedad le enviase el socorro que
había mandado dar. El Señor de Choleo recibió la misma pe-
na 2 que el de Huexutla y mandó echar en la cárcel á los dos
Señores Moteczuma y Quauhtlahuanitzin^ y á un hermano suyo
le mandó tuviese cuenta de ellos, el cual á la noche siguiente
teniendo lástima de ellos, los echó secretamente de la cárcel y
se volvieron á Texcuco muy tristes.
El Señor de Choleo, luego que los mandó echar en la cárcel^
envió sus mensajeros á la ciudad de Azcapvizaho para dar aviso
de lo que había (hecho) y de cómo los mensajeros los tenía
presos, y que el Rey Moxtla enviase á mandar lo que se había
de hacer de ellos; (todo lo cual hacía) entendiendo que era
mejor tener por amigo á Moxtla que no á Nezahualcoyotzin que
había hecho paces con sus enemigos. MaocttOy en lugar del
agradecimiento de lo que había hecho el Señor de Choleo^ le
envió á deshonrar, llamándole de bellaco esclavo, y que no
entendiese ganarle la voluntad por esta vía; que soltase los
presos, que no quería agradecerle nada, sino que antes de mu-
cho tiempo lo destruiría á fuego y sangre por haber ayudado á
Nezahíwlccyyotzin al tiempo que recobró su reino.
(En vista de esta respuesta) el Señor de Choleo llamó á su
hermano para mandarle que soltara á los presos, el cual le res-
pondió, que luego aquella noche se huyeron; y visto esto, en-
vió sus mensajeros á KezahuoleoyoÜ, que estaba muy sentido
de la bellaquería que se había usado con sus mensajeros, tra-
tando de disculparse y prometiéndole que para el tiempo que
mandaba, estarían sus vasallos con él para favorecerle y ser-
virle en todo lo que se ofreciese. Nezahuolcoyotl le respondió
que no quería su favor, y que antes de mucho tiempo le casti-
garía muy bien lo mal que se había conducido con sus^emba-
1 Parece que faltan las palabras: ver al Señor de.
2 Esto es — "la misma pesadumbre» 6 disgusto." — B.
316 OBRAS HISTÓRICAS DE
jadores; y luego juntó toda la gente que pudo de Tlaxcala,
Huexoizineo^ Cholula y otras partes y en su reino á los que le
quisieron seguir, porque los demás estaban ya alzados y rebe-
lados contra él por las amistades que había hecho con los de
México. Llegaron hasta dos mil soldados ^ y luego se fué á Méxi-
co con toda su gente, unos por agua y otros por tierra.
Llegado que fué á México, halló á los Mexicanos en grande
aprieto, porque el Rey Maxüa los tenía! cercados con más de
400,000 hombres de diversas partes y había tenido algunas es-
caramuzas muy reñidas, en donde habla muerto cantidad de
gente por ambas partes. Tenía hasta 100,000 hombres su tío
el Rey Iztcohuatzm y el otro su primo Moteczuma y comenza-
ron la batalla, la cual duró ciento y tantos días, hasta que ga-
naron á Azcapuizalco y mató Nezahualcoyotzin al tirano Monarca
de esta tierra por sus propias manos, sacándole el corazón y
destruyendo toda la ciudad, que no dejó casa ni árbol, ni cosa
que no quemó y echó por el suelo. Mandó que de allí adelante
por ignominia de la ciudad fuera un lugar donde vendieran
esclavos. Luego fueron sobre la ciudad de Tenayuca y sobre
CuauhtUlan y XaUocan, que eran cabeceras en aquellos tiem-
pos, y adelante de CuauhiiOan le salieron á recibir los Xüote-
pecas con mucha gente de socorro, y así no fué sobre ellos;
sino que fué á los Huey Tlapanecos y dio la vuelta sobre de
TUxcopan^ Coyohuacan y Culhuacan y otros lugares; y en este
año no se hizo más de lo referido, que fué en el de ce Tecpatl,
un pedernal, y á la nuestra 1428.
El año siguiente de 1429 fueron sobre la ciudad de -Xb-
c/wmiYco, lugar muy fuerte y de mucha gente en aquellos tiem-
pos y la ganaron. El siguiente de 1430, fueron sobre Cuitla-
huac^ que era también muy fuerte en aquellos tiempos, y á
otros pueblos comarcanos, como era iBzquic^ y asimismo fué
sobre su reino de Texcuco y lo sujetó hasta Xicotepec y Pa-
1 La Aritmética de nuestros antiguos historiadores y las noticias anterioreSi
indican una errata en la moderación de este guarismo. — R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 317
huatla^ aunque en estos dos lugares se dieron luego de paz, y
le recibieron muy bien con muchas fiestas. El año siguiente
de 1431 se coronó en la ciudad de México por Rey de Texcuco
y ChichimecaÜ TecuhiU de toda la tierra y se hicieron grandes
fiestas sobre su coronación y jura. Hizo á Totoquihuaztli Señor
de Tlacopan y descendiente de la casa de Ázcapuizalco^ Rey
de los Tepanecas, y repartió toda la tierra, tanto lo que estaba
ganado como por ganar, en cinco partes. De las cuatro, la mi-
tad tomó para sí y la otra mitad para su lío el Rey de México,
igualándole á él en Señorío, y la quinta parte al de Tlacopan. ^
Sus vasallos los Aculhuas, como veían que su Rey asistía mu-
cho en México y que no tenía propósito de ir á su ciudad de
Texcuco, acordaron de irle á rogar para que viniese á su reino
y echaron por tercero al Rey su tío Iztcohuaizin^ y así se vino
á Texcuco después de haber hecho grandes cosas en México, y
puesto la ciudad en mucha policía y edificado los mejores
edificios que hasta entonces había, especialmente unos pala-
cios que labró, en donde vivía cuando estaba en México. Hizo
el Bosque de Chapullepec y metió el agua en la ciudad por tar-
jea, que hasta entonces iba por una zanja.
Llegado que fué á su ciudad la puso en orden y juntó los
mayores artífices que había en la tierra y los puso dentro de
la ciudad por sus barrios, cada género de por sí, como eran
plateros, pintores, lapidarios y otras muchas maneras de ofi-
ciales, que por todas eran treinta y tantas suertes de oficiales.
Hizo las mayores y mejores casas que ha habido en toda la
Nueva España, y para la edificación de ellas se juntaron los
tres reinos de Texcuco, México y Tacuba, y toda la tierra, y
dentro de ellas puso bosques, jardines, huertas, estanques y
fuentes de agua; templos y casas y otras muchas cosas, que
verdaderamente ver lo que había dentro de ellas, era ver todo
el mundo abreviado. Fuera de todo esto mandó edificar otras
1 Aquí reconoce el autor la existencia de la liga tripartita; aunque, como
siempre, trata de dar el primer lugar á los señores de Texcuco.
318 OBRAS HISTÓRICAS DE
muchas casas, así para él, como para vasallos y deudos
suyos.
El Rey de México Iztcohuatzin^ después que su sobrino se fué
á su ciudad de Texcuco, había dicho y comunicado con ciertos
caballeros no sé qué razones, arrepintiéndose de haber jurado
á su sobrino por ChichimecaÜ Iccuhtl^ diciendo que pues él
era tío, hubiera sido más justo tener este título, no acordándo-
se de que á su sobrino le venía de derecho; y cuando no, (le
bastaba) el haberlo ganado por su propia virtud y valor, y ade-
más el haberlo á él libertado del tirano que lo trataba á él y á
los suyos (poco) menos que esclavos, aumentándole su reino y
señorío y haberlo hecho su igual en todo. No faltó quien se lo
oyó tratar y avisó al Rey Nezahualcoyotl^ el cual viendo la gran
ingratitud de su tío, recibió grandísima pena y le envió luego
á apercibir á batallas, enviándole á decir que saliese al campo
y que allí le daría á entender cómo le venía de derecho el impe-
rio de esta tierra, y que se acordase de los bienes tan esplén-
didos que había muy poco tiempo le había hecho; el cual se
envió á disculpar tres veces, y á la última envió cierta canti-
dad de doncellas muy hermosas y de linaje real, todas ellas
para aplacarle su ira, lo cual fué para encenderla más, viendo
que por vía de mujeres quería negociar con él. Regalólas y les
hizo muchas mercedes y las tornó á enviar, diciendo á los men-
sajeros que las trajeron, que dijeran á su Señor que no era mu-
jer para que le enviaran aquellas Señoras; que le enviara hom-
bres, que era lo que él quería, y que si para tal día (que le
señalaba) no salía al campo á pelear, que lo iría á destruir y
matar dentro de su propia ciudad.
Y así, llegado el tiempo que se le fué señalado, el Rey Iztco-
huatzin se apercibió de gente y de todo lo necesario para la
guerra y fortaleció su ciudad muy bien. Nezáhualcoyotl juntó
sus soldados y hizo un razonable ejército de hasta 60,000 hom-
bres y fué sobre México y entró por Tepeyacac que es donde
ahora es Nuestra Señora de Guadalupe^ y él fué el primero que
hizo aquella calzada, y tuvo cercado á México siete días caba-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOGHITL. 319
les, peleando valerosamente los unos y los otros, y al cabo de
los cuales TeconaUecail^ un mancebo de poca edad, natural de
la ciudad de Texcuco, de nación Chichimeca y Culhua, que era
criado de uno de los soldados á quien traía las armas, deses-
peradamente, viéndose muerto de hambre, embistió con Itzte-
quachichüi, gran capitán de los Mexicanos y que defendía la
entrada, y lo mató é hizo pedazos, y así rompió por allí el
ejército y se metió dentro de la ciudad y saquearon todas las
casas y quemaron todos los templos y palacios y mataron á to-
dos los soldados que hallaron por delante, aunque no llegaron
á ninguna persona de las que estaban dentro de la ciudad, que
así lo mandó Nezahuolcoyotzin. El Rey Iztoohuatzin y la demás
gente ilustre le pidieron merced de las vidas, el cual se las otor-
gó y mandó que de allí adelante le dieran cierto reconocimien-
to, que es lo que llaman los padrones Reales de Texcuco,^ Chi-
nampanacaüa CallacuUi^ que quiere decir Tributo de loa Chinam-
pecas, que son las ciudades, lugares y pueblos siguientes, según
las historias y Padrones Reales. — México Temwhtitlan, XoÜeco^
Tlacopan, que son las cabeceras de sus reinos, Azcaputzalco,
Tenayocan, TepotzoÜan, QuauhtiÜan, Toltitlan, Ecatepec, Axocti"
tlan, Coyohuacan, Xochimilco, Iquexomatitlan, que daba cada lu-
gar de estos, HO quimiles de mantas que llaman reales, que
eran de obra muy costosa. Tiene cada quimil 20 mantas y dos
rodelas y otras tantas armas de plumería fina, con otras plu-
mas, joyas y piezas de oro, y todas las verduras, flores, peces
y aves que se crían en estas partes, y puso un mayordomo
llamado Cuihl para que cobrase esta cantidad de tributos; y
1 Esto es enteramente falso: los mexicanos jamAs fueron vencidos por los
texcvicanos, y menos les pagaron tributos. Fueron por el contrario sus aliados
desde la época de Nezahualcoyotl. Ixtlilxochitl interpreta mal el libro jero-
glífico de tributos, que llama Padronos Eeales. Consta de las diversas cróni-
cas é historia*, que el señorio de México, el de Texcuco y el de Tlacopan, for-
maron una alianza, por la cual los tributos de los pueblos por ellos conquista-
dos se distribuían en cinco partes, como ya tengo dicho, dos para cada uno de
los primeros y una quinta para el tercero; pero jamás se reconoció supremacía
á Texcuco: por el contrario, el Señor de México era el jefe militar.
320 OBRAS HISTÓRICAS DE
después de haber hecho entre ellos las paces y ciertas capitu-
laciones, y todo lo referido, se volvió muy contento á su ciu-
dad de Texcuco.
Son tantas las cosas que hizo este Príncipe que es nunca
acabar en infinito. Quiero especificar algo más sus hechos,
porque hay tanto de pintado y escrito de los que primero se
pusieron á escribir, que no hay historiador que no trate de él
muy especificadamente, más que de otro Señor ninguno, aun-
que sean de otros reinos, que son como los ríos que todos van
á parar al mar, y así todos los historiadores de la Nueva Espa-
ña pintaron las historias de sus Reyes y Señores naturales con-
cluyendo todos en poner los heroicos hechos de este Príncipe,
el cual para concluir acerca de su>alor y guerras que hizo se
dirá en suma, por no detenernos más, de lo siguiente. Él ma-
tó doce Reyes, con el Rey Maxtla^ Monarca de esta tierra, por
sus propias manos. Hallóse personalmente en treinta y tantas
batallas sobre diversas partes, y jamás fué vencido ni herido
en ninguna parte de su cuerpo, con ser el primero en ellas.
Sujetó cuarenta y cuatro reinos y provincias fuera de todo lo
referido, que fueron los siguientes: QuauhnahuaCj Tlalhuic^
Quauhchinanco^ Xicotepec^ Pahuatla, lyauhtepeCj Tepexco^ Ahua-
cayocan, Chalco^ Itzocan^ Tepeaca, Tecalco^ Teohuacan^ Quauhyx^
tlahuacan^ OaeÜaxtlan, Yohudltepec^ QuaiífUoxco y la gran Tosy
pcm que contiene siete provincias, Toxtepec^ Tziuhcóhuac.
TlapoGoyan^ TlcdcozauhtiUan^ TkUlauhquitepec^y Mazahtiacan con
otros muchos pueblos y lugares, Cohuixco^ Oztoman^ QuezaUe"
pee, Izcateopan, Texahualco, Coaiepec, Tlaniacolapan, Chilapan,
Quiyauhleopan, OTiuapan, Tzompahuacan^ Cozamaloapan, y las
provincias de la Cicexteca^ que son Panuco, Tlahuüolan, Coxo-
Hilan, Acallan, ApiazÜan, Tetlcoyoyan, OÜaquiztlan y Xochipal-
co; y para la sujeción y cobramiento de estos lugares envió á
sus hijos por generales, 43 Infantes y 4 con el Príncipe Tezauh-
piltzintli, que había de heredar y lo mandó matar su padre por-
que era muy soberbio y demasiado de belicoso: aunque en las
más de estas guerras y conquistas tuvo por acompañados á los
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 321
Reyes de México y Tlacopan, como estaba tratado entre ellos
al tiempo que NezahualcoyoÜ hizo la partición con su tío el Rey
Izcohuxdzin y con Totoquihuaztli de Tlacopan. ^
Fué este Rey uno de los mayores sabios que tuvo esta tie-
rra, porque fué grandísimo filósofo y astrólogo, y así juntó á
todos los filósofos y hombres doctos que halló en toda esta
tierra, y anduvo mucho tiempo especulando divinos secretos
y alcanzó á saber y declaró, que después de nueve cielos estaba
el Creador de todas las cosas y un solo Dios verdadero, á quien
puso por nombre Tloque Nahuaque^ y que había gloria adon-
de iban los justos» é infierno para los malos y otras muchísimas
cosas, según parece en los cantos que compuso este Rey sobre
estas cosas, que hasta hoy día tienen algunos pedazos de ellos
los naturales. También dijo que los ídolos eran demonios y
no dioses, como les decían los Mexicanos y Culhuas; y que
el sacrificio que se les hacía de hombres, no era tanto porque
se les debía hacer, sino para aplacarlos que no les hiciesen
mal en sus personas y haciendas, porque si fueran dioses ama-
rían sus criaturas, y no consintieran que sus sacerdotes los
mataran y sacrificaran; y así vedó á los Mexicanos que sacrifi-
caran á sus hijos, los cuales de cinco hijos que tenían sacrifica-
ban el uno de ellos, y les mandó que si sacrificaban fueran de
los habidos en las guerras de esclavos, y así señaló á Tlaxca-
lan y Huexotzinco para este efecto y para que los mancebos se
enseñaran y probaran sus ánimos, porque de otra manera les
era muy trabajoso, por tener las conquistas muy remotas.^
1 Aquí reconoce Ixtlilxochitl la coalición del Anahuac, y cómo esas victo-
rias y conquistas fueron, no de solos los texcucanos, sino del ejército aliado.
2 Con esto contradice Ixtlilxochill la superioridad exagerada que antes le
da á Nezahualcoyotl. Yo no dudo de que alcanzara ideas muy avanzadas;
pero la noción del 1 loque Nahuaque y la creación de los cielos eran de pro-
cedencia nahua y anteriores á él: y además todos los hombres tienen que ser
de 6U tiempo. Por eso mismo el autor lo pinta arrancándole el corazón á Max-
tlUf y nos lo representa parricida al mandar quitar la vida á su propio hijo
Tezauhpiltzintli. £1 establecimiento de la guerra sagrada con Tlaxcalan y
Huexotzinco, no fué por odio á los sacrificios; sino muy al contrario, para te-
ToMo 1—21
322 . OBRAS HISTÓRICAS DE
Fué hombre de gran gobierno y justiciero, porque castigaba
cualquier delito con mucho rigor, especialmente á las perso-
nas de calidad y que habían de dar ejemplo á las demás, y así
castigó á muchos Señores hijos y deudos suyos. Mandó guar-
dar inviolablemente por todos sus reinos y señoríos ochenta
leyes que él hizo, confirmando otras de sus pasados; entre las
cuales los más graves delitos eran los siguientes: el traidor, el
pecado contra natura, el de adulterio, el hurto y el homicidio.
Asimismo fué muy misericordioso y caritativo para con los
pobres, viudas y enfermos, que todas sus rentas las gastaba en
darles de comer y sustentarlos; y no se había de sentar á co-
mer hasta que los pobres hubiesen comido; y los años estéri-
les y de hambre mandaba abrir sus graneros para todos sus
vasallos, especialmente á los que tenían necesidad. Era muy
gratísimo (ó generoso) y pagaba muy bien á los que le servían,
así en las guerras como en otras cosas, haciéndoles grandes
mercedes conforme á la calidad de sus personas.
Tuvo por mujer legítima ^ á la Reina MaÜaizxhuaizin hija de
Temidzin, hermano del Rey de Tlacopan, en la cual tuvo dos
hijos legítimos. El primero fué TezauhpittzinÜi, á quien mandó
matar como está referido; y el segundo fué NezahualpiltzinUi su
universal heredero. Muchas cosas sucedieron en su tiempo,
que como tengo dicho, hallarse han más especificadamente en
la historia que se escribe. Murió en el año de chicüacen Tec-
PATL, seis pedernales, y á la nuestra el de 1472, en el primer
año del Pontificado de Sixto JF, á los treinta y uno del impe-
rio de Federico III^ y á los diez y ocho del reinado de Enrique
IV; siendo de edad de noventa y nueve años y habiendo go-
bernado cuarenta y dos. Muerto que fué, luego vinieron los
ncr constantes víctimas que ofrecer á sus dioses, en las continuadas fiestas que
establecía su sanguinario ritual.
1 Hay que advertir qne los tecuhtli tenían varias mujeres, j á una la ele-
gían especialmente para reina, digámoslo así, y para tener en ella al heredero
del señorío: á esta es á la que los cronistas llaman legítima; pero todas lo eran
según sus leyes y creencias.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 323
Reyes Axayaca de México y Chimalpopoca de Tlacopan á la
ciudad de Texcuco para hallarse en las honras de este Prínci-
pe y para jurar al sucesor,^ con otros muchos Señores y emba-
jadores de diversas partes. A la hora de su muerte encargó
mucho á sus hijos y deudos y á los grandes del reino, la paz y
concordia que tuviesen entre ellos y la caridad con los pobres,
y que después de muerto nadie llorase ni hiciese sentimiento,
sino que antes, todos se holgasen y mostrasen grande ánimo y
valor, porque los Señores y embajadores (presentes) no halla-
sen en ellos poco ánimo y cobardía: todo lo cual mandaba, por
dejar al sucesor niño, que era de siete años^ pocos días más; y
así se lo encargó mucho á los grandes que mirasen por él, y á
su hijo el Infante Acapipioltzin (lo dejó) por tutor y gobernador
hasta que el niño tuviese habilidad para poder gobernar, y lo
mismo hicieron todos los grandes de su reino.
RELACIONES NOVENA Y DÉCIMA.
El hijo mayor de Nezahualcoyotl se llamaba lecauhpützinUi^
que signiñca ó quiere decir Niño prodigioso; al cual por ser tan
cruel y por otras cosas que halló en él su padre le mandó
matar.
Este Rey fué hombre sabio y por su mucho saber declaró
estas palabras que se siguen, que el divino Platón y otros grandes
filósofos no declararon más, que fué decir* — Jpan in Chaco-
1 Cuando moría uno de los tres teculitli de la liga del Anahuac, los otros
iban, no á jurar al sucesor, sino á confirmarlo, según las estipulaciones de su
pacto, que podemos llamar internacional.
2 En la Eelación precedente el autor le llama Tezauhpiltzintli: sin duda
algún copista omitió la cedilla de la c.
8 Notando que el siguiente pasaje discrepa en los dos MSS., el del Archivo
y el del Museo, desconfié de ambos y lo sujeté á la revisión del lAc, D, FattS'
324 QBRAS mSTÓRJCAS D^
nauhÜa manpan meztica yn Tloque Nauoque ypal ne no huani teyo
coyani ycdteotl oquiyó cox ynixquix quex quix mita ynanwta; que
bien interpretado quiere decir: Después de nueve andanas está
d Criador dd cielo y de la tierra, por quien viven las criaturas,
y un solo Dios que creó las cosas visibles é invisibles. Asimismo
llamó al Cielo Ilhuicatl, y al Infierno Mictlan, que quiere decir,
lugar de muerte sin fin. ^ En memoria de las nueve andanas que
hallaba, según él lo entendía, mandó hacer en Texcuco una
torre de nueve sobrados, que hoy día se ve en sus ruinas, que
se llamaba ChüiliÜi. Alcanzó que el Sol y la Luna á quienes
sus mfiyoreis tributaban culto, eran, cosas creadas que se mo-
vían por la voluntad de Dios.
Castigaba con gi^andísimo i;igor y muerte los pecado^ que se
siguen: ^
19 El traidor era despedazado, por sus coyunturas,
2? El revoltoso ó promovedor de disturbios entre un reino
y otro, era atado á un palo de encina, á manera de asador, y
en él asado entre las llamas de fuego.
39 El pecado nefando se castigaba de dos maneras; al que
hacía funciones de hembra, por las partes bajas le sacaban
las entrañas, atado en un madero y los muchachos de la ciu-
dad lo cubrían de ceniza, hasta sepultarlo debajo de ella, y
después sobre esto ponían mucha leña y le daban fuego. Al
Uno Oalieia, catedrático de la lengua Mexicana en el Colegio de San Orego-
rio. Él me lo devolvió corregido de la noanera que sigue: — Ipan in diiconatih-
ilamanpan meiztiea in Tldgue Nahucíqiie ipalnemoani U yocóyani icelieotl
oquiyocox in ixquieh quexquích mUta ihuan moiia, — B.
1 Mictlan no quiere decir lugar de muerte sin fin, sino simplemente lugar
de los muertos.
2 Hay diferencias de redacción en el Kingsborough, aunque en el fondo dice
lo mismo. En la pena 3? dice: le quemaban las entrañas, en lugar de le saca-
ban. En la 7Í hay absolutamente la misma confusión. Y en la 8* solamente
dice que el delincuente era apedreado, sin referirse á edad ú otras circunstan-
cias.
Debo advertir que el MS. del Museo, que muchos años atrás consultó el Sr.
Kamírez, ya no existe allí: solamente queda un fragmento.
DON FERNANbO DE AÍVA IXTLILXOCHITL. 325
que hacía hs funciones de varón lo cubrían vivó de ceniza, de
suerte que venia á quedar ^tado á tm Itládero, haslá que allí
moría.
4? Al adúltero lo mataban quebrándole k cabezrá entibe dos
piedras.
6? El homicida ínorfa 'degüllado.
6? El ladrón era ahorcado y arrastrado, aun cuando el robo
fuera sólo de siete mazorcas.
79 Al borracho en dos maneraá (lo castigaban); al que era
Señor ó caballero, á la primera vez^ luego ahorcado y arras-
trado por las calles y echado eñ un río dedicado para fel efecto;
y al villano, á la primera vez (era) vendido por esclavo, y á la
segunda ahorcado y apedreado.
89 El mahcebo ó doncella, si antes de liempo coilocía varón
ó el varón á la hembra, apedreado hasta qde fuese tiempo para
ello, ó de edad de 30 anos ó 40, y si era Señor hasta que hu-
biese vencido á cuatro capitanes en guerras, y si era el here-
dero del reino. Y asimismo el mancebo que conocía á la mu-
jer viuda, aunque fuera hombre valeroso, si no fuera con otro
viudo como ella; y la misma pena tenía la viuda.^ Estos peca-
dos eran castigados sin remisión ninguna, y otros muchos que
aquí no se ponen, aunque no con tanto rigor cómo los que
tengo dicho. ^
Además de los rasgos de beneficencia y caridad que se han
referido de este Monarca, mandó que por todos los caminos
reales, sendas y riberas de los ríos se sembraran á ambos la-
dos maíz y otras semillas para que los caminantes menestero-
1 Aquí hay evidentemente una laguna, á no ser que en lugar de las prece-
dentes palabras, se lea — desde la primera vezj etc., que juzgo un legítimo equi-
valente de la otra anticuada locución. Confírmame en este juicio el que el
M3. del Museo presenta la misma lectura que el del Archivo.— R.
2 Es notable que los mismos vicios de lenguaje y obscüHdád de ideas que
se notan en este artículo se encuentren en el MS. del Museo. — R,
8 Cotejadas estas noticias de la jurisprudencia ^enál de los Texcucanos con
las Ordenanzas de Nezahualcoyotl (pág 237) se ñotah algunas diferencias, qui-
zá de práctica.-— B.
326 OBRAS HISTÓRICAS DE
SOS socorrieran su necesidad de aquellas sementeras, y no in-
currieran en el delito de hurto tomando de las ajenas.
Manifestó ser hombre de gran gobierno en la creación de los
cuatro Consejos que instituyó. El primero era del Gobierno,
donde estaban muchas personas con cargos de oficios, de cada
cosa seis nobles y seis villanos, como entre nosotros los Oido-
res, Alcaldes de Corte, Secretarios y demás oficiales reales, y
un Presidente hijo suyo, gran capitán, llamado JchuantkUokua''
tzin que presidía este Consejo, y no había de durar el pleito ó
pleitos, más de ochenta días, por grandes que fueran. El se-
gundo Consejo era de Música, en donde se juntaban todos los
poetas y hombres retóricos, que lo eran mucho los de esta
tierra, astrólogos y sabios y otras artes, así buenas como ma-
las, y presidía en este Consejo otro hijo suyo, hombre muy
sabio y valeroso que se decía XochiqíLdzaltzin} El tercero de
Guerra, donde asistían los más valerosos capitanes y hombres
de guerras, así nobles como plebeyos y otro Presidente que
se decía AcapipioUzin^ también hijo suyo, que la dignidad de
su oficio le llamaban TlacoxtecuMi^ , hombre muy sabio y gran
capitán; y asimismo asistía en este Consejo uno de los tres
grandes de los reinos de Texcuco, que se decía Quetzalmani"
llizin ^, Señor de Teotihrmcan y otras partes, que era el genera^
de los reinos de Texcuco, aunque pocas veces, y por la digni-
dad de su oficio le llamaban HueytlacoxcatL El cuarto era de
Hacienda, en donde se juntaban todos los Mayordomos del
Rey y algunos mercaderes de los más principales de la ciudad
á tratar de las cosas de la hacienda del Rey y tributos reales;
y presidía otro hijo suyo, también muy valeroso, que para es-
tas cosas eran los más escogidos, que se decía Ecahuehudzin.
La ciudad la repartió de este modo. De los treinta y tantos
oficios que tenían los moradores de la ciudad, estaba siempre
cada oficio en su barrio, de suerte que los que eran plateros
1 Este es nombre de mujer.
Ttaloxtecuhtiif en el MS. del Museo.— R. ;
8 (¿uetzalmanaliizin, en el mismo — R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 327
de oro tenían el suyo y en él habían de ser todos no más plate-
ros de oro; y lo mismo era con los de plata, y los pintores, la-
pidarios, etc., cada oficio de por sí y en su barrio distinto de
los demás. Para el mejor éxito de esto y adelantamiento de
las artes, trajo Nezahualcoyotzin de diversas partes los mejores
artífices que había y se encontraban. Asimismo hizo dentro y
fuera de la ciudad grandes edificios cercados de jardines y bos-
ques como hoy día se ve por las ruinas de ellos.
Entró á gobernar en el año de 4 acatl, que conforme á nuestra
cuenta fué el de 1431, después de haber sujetado al Rey Max-
Üa y los demás sus aliados. Gobernó 4£ años.
Concluidas sus conquistas dividió, el territorio en cinco par-
tes, distribuyéndolo en la forma siguiente. Cuatro de ellas re-
partió entre él y su tío IzcohuaÜ^ Rey de México, tomando
cada uno la mitad; y la otra quinta parte la dio á Totoquihuaz-
ili, haciéndolo Rey y cabeza de los Tepanecas, fijándole su ca-
becera en Tlacopan, sujetando á ambos Señores al pago de un
ligero tributo,^ más bien como muestra de reconocimiento, que
por lo que él podía valer, para que los demás Señores de la
tierra no se quejasen de él; según así parece en los Padrones
Reales de Texcuco.
Murió en el año de 6 Tecpatl, que es el de 1472, á la edad
de 80 años?
1 Insiste Ixtlilxochitl en hacer tributarios de Texcuco, aunque ligeramente,
á los señores de México y Tlacopan: repetimos que esto es falso.
2 Al fin de la anterior Relación se dice que de edad de noventa y nueve;
y en el MS. del Museo, que — **rf« más de ochenta años.'' Esta lectura es con-
ciliadora.— R.
RELACÍON DUODÉCIMA.
Del Rey KezahuálpiUzintíif 8° ffran Chichimecatl Tecvh'Xi.
NezakwilpilttinfR, después de jurado y recibido por Rey^
aunque era muy niño y de poca edad, como tengo dicho, luego
comenzó á gobernar con gran prudencia, de tal manera que
puso grandísimo espanto y admiración á todos los demás Se-
ñores, y así, aunque niño, el gobernador su hermano no des-
pachaba nín^n negocio sin que primero no le diese parte.
La primera cosa que mandó, pocos días después de jurado,
fué, que un hermano suyo, llamado Azoqú^rdún, que fué el que
áujetó á Choleo, pedía que se le hiciese alguna merced por
aquella tan insigne victoria que tuvo en la sujeción de esta pro-
vincia de Chalco, que hasta entonces no se le había hecho al-
guna merced señalada; y así antes de haber hablado el Gober-
nador, respondió el Niño que estaba escuchando lo que su
hermano deCía, que tenía razón en lo que pedía y que era digno
de cualquier merced que se le hiciese; y que él se aguardase,
que él se lo mandaría gratificar. Y así llamó á un pintor y á
un carpintero y un albañil, y con un caballero los envió á
Ohalco y les mandó que vieran los palacios que eran del Rey
de Choleo^ la traza que tenían y con qué materia estaban edi-
ficados, qué madera tenían, sin que faltase cosa de cuanto te-
nían estos palacios, y que se lo trajeran medido y pintado, todo
el largo y ancho que tenían, así todo el palacio como las salas,
330 OBRAS HISTÓRICAS DE
aposentos y retretes, huertas y jardines; lo3 cuales fueron é
hicieron lo que su Rey les mandó y dentro de pocos días vi-
nieron con la respuesta, y oída por Nezahualpiltzirüli^ mandó á
sus vasallos que luego dentro de tantos días que él señaló, edi-
ficaran unas casas, ni más ni menos que las de Chalco. ^
Así por esto, como por otras propiedades buenas que le ha-
llaban el Gobernador y los demás grandes de su reino, de allí
adelante á él solo le dejaban el gobierno. Fué hombre muy
sabio y lo tuvieron sus vasallos por encantado desde el vientre
de su madre, diciendo que una Señora de Calhuacan lo había
encantado por causa de las grandes persecuciones y trabajos
que había tenido su padre. Gobernó con grandísima quietud y
paz, aumentando siempre lo que su padre le babía dejado.
Fué muy misericordioso con los pobres y gran justiciero; (era
un) traslado de su padre. Fué también muy valeroso.
Hallóse personalmente en seis batallas en donde mató á seis
Reyes, que fueron Hudzin de Huexotzinco, é IztcLcquauhtsdn de
Atlixco, por sus propios manos; y los de Huitdlapan, TotoÜan
y Oztotipdc, Sujetó 27 provincias con sus acompañados los
Reyes de México y Tlacopan. Tuvieron envidia sus hermanos
los mayores por ser muy niño, y así se señaló en las guerras
(juzgando que esto fuera) porque se afrentaban en tenerlo por
Rey, sin haber probado su valor.
Declaró á sus vasallos y á los demás Reyes cómo esta tierra
había de ser de los hijos del Sol, hombres valerosos é inven-
cibles, y que tenían un Señor el mayor del mundo, y que su
Dios era el Tloque Nahuaque, que era el Criador úe todas las
cosas y que á esta causa no convenía ser contra ellos, porque
los que tal hiciesen habían de ser destruidos y muertos con
rayos del cielo y (vaticinó también) que un hijo suyo había de
ser en favor de ellos y había de beberse su propia sangre. Otras
muchas cosas dijo y declaró que hallaba en su astrología, y (por
1 Aquí olvida el autor decir que regaló las casas á su hermano Azoquen-
Uin.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 331
ellas) menospreció sus reinos y señoríos, diciendo que todas
las cosas se acababan y no han de durar para siempre.
Gobernó 44 años y al cabo de ellos murió de pena por cier-
tas pesadumbres que tuvo, especialmente por la gran soberbia
de Moieczuma que había usado con él ciertas traiciones, siendo de
edad de 61 años, muy poca en comparación de la que habían
tenido sus pasados; y asi, muchos naturales que no se hallaron
en sus honras y entierro, lo tuvieron por vivo y que se había
encantado en cierta cueva; y aún hasta hoy algunos viejos de
poco entendimiento tienen esta opinión. Murió en el año lla-
mado MATLACTLi ACATL, 10 cañas, y á la nuestra 1515, en el se-
gundo del Pontiñcado de León X, á los 22 del imperio de
Maximiliano, y en España el Rey D. Femando último de este
nombre (el VI.)
Tuvo por mujer legítima á Tlacayhuatzin, á quien los natu-
rales llaman la Señora de Azcaputzalco, hija de Atocatzin y des-
cendiente de Motecmmxi J, y hubo en esta Señora once hijos.
El mayor y sucesor que había de ser, fué Huexalzücatún, que
le mandó matar su padre por ciertas cosas: 29 Tiyacapan-
tzin, que casó en México primeramente con Macuü Malinalr
tzin, y la última vez con AÜixcaizin. 39 TeÜahuehuezquizUítzin,
que después se llamó D, Pedro: 49 Quauhtiiyztaceie, que se lla-
mó D. Juan: 5í Tlacoyehuatzin, que casó con Zihuateotitlan: 6í
Teyecuitzin, que casó con el Señor de CohuaÜichan: 7í Xocotzin,
que casó con el Señor de Tepepan: 89 Cohuanacoxtún, que fué
Señor de Texcuco, á quien mandó matar Cortés en la provin-
cia de Acolan juntamente con Qv^auMemoc de México y Tetec-
panqudzatzin de Tlacopan y otros Señores, el cual se llamó
D. Pedro: 99 Ixtlilxuchitl, que te llamó D. Femando, mediante
quien, después de Dios, se ganó esta tierra, y á quien los Es-
pañoles llaman D, Femando de Texcuco: 109 Nonohualcaizin:
119 D. Jorge Yotontzin, á quien dejó por sucesor el Rey su pa-
dre, por hallar más capacidad en él que en los demás sus her-
manos.
Muerto NezahualpiÜzintli creció más la soberbia de Moieczu-
332 OBRAS HISTÓRICAS DE
ma, que lAaUtlaba lo suyo y lo ageno, y así, aunque contra hi
voluntad de los ¿Tundes del réiho dte Texcuco, mandó jurar á
sta sobrino XJtícema, Wjo haturai del Rey NemkudpUhinÜi, ha-
bido en tñfna dé sfe fconcubinas, que era herthana de Jfofócí^
♦wA, el cual despiaés dé jtoado póí Rey de los Aculhüas, hizo
dos jornadaá sobré dos provincias qtie sujetó, qué íüeroh Jüíl-
Üantzinóo y XaSia/nquiixky. En los ortoe hijos legítimos referid&S
atrás síé aciába el tronco verdadero y por línea recta de los Se-
ñores naturales de esta lierta, y de él descendieron las ramas
de todos loa Señores que ftietoA de diversas partes de !a Nueva
España.
RELACIÓN UNDÉCIMA,
Las guerras que hizo NezahualpUtdntli fueron en las costas
del Mar del Sur y delNorte, hacia Tecuant^m y Ouauhiemalan ^
y otras provincias remotas.
Su esposa se llamaba Tlcpcóyehtiatnn; ^ era hija del Infante
XoíDocfatísin y nieta de Mótecmma I. ^
Su hijo D. Fernando Ixtlilxochitl, ó de Texcuco, es el que
había hallado en su astrolog^ía que había de beber su propia
sangre y ser en favor de los hijos del Sol, ayudándolos con su
persona y vasallos, que él, después de Dios, ganó la Nueva Es-
paña, siendo Señor y capitán general de los Aculhuas Texcu-
canos, conduciendo un ejército de más de 200,000 hombres,
1 Los antiguos historiadores hablan generalmente de conquistas muy leja-
nas hechas por los ejércitos del Anahuac; pero en ninguno de los anales jero-
glíficos consta que llegasen hasta Cuauhtemallan (hoy Guatemala.)
2 Antes la llama Tlacayhuatzin.
8 Estos nombres propios presentan algunas variantes con los de la página
anterior.-- R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 333
como parece en sus historias. Éste y los demás sus hermanos
tienen descendientes, aunque muy pobres y arrinconados \
aguardando la misericordia de Dios y que Su Majestad se acuer-
de de ellos.
1 Uno de ellos era el autor de estas Relaciones. — R.
RELACIÓN DÉCIMA TERCERA.
De la venida de lo» Españolea y principio de la ley evanffíliC(L
Túvose noticia de la venida de los cristianos por algunos
mercaderes que habían ido á las ferias de estas costas Xilanco, ^
1 Este es el único trabajo de Ixtlilxochitl publicado en México. D. Carlos
María Bustamante di6 á la estampa en 1829 la Historia General de las cosas
de Nueva España del F. Sabagún, y en lugar del libro 12?, propio de la obra,
que trata de la conquista, puso esta Relación, intitulándola Horribles cruelda-
des, etc., y acompañándola de notas inverosimiles.
El Sr. Bamírez había separado del presente tomo esta Relación, y la había
puesto de Apéndice á la parte de la Conquista de la Historia Chichimeca« en
unión de los opúsculos llamados Venida de los Españoles y Entrada de los
Españolee en Texcuco. Restituyo á su lugar estos trabajos, para tener reuni-
das todas las Relaciones en un mismo cuerpo.
Ko hay necesidad de decir que la edición de Bustamante es muy incorrecta.
Para esta edición la he tenido en cuenta; pero comparándola con la copia del
MS. del Archivo, de mi propiedad, con la copia que sirvió al Sr. Bustamante,
también de mi propiedad, y con la impresión de Kingsborough. Con esto y
corregir cuidadosamente los nombres mexicanos, creo saldrá una buena edi-
ción de opúsculo tan importante.
Suprimo naturalmente las notas de Bustamante, y de sentir es que el Sr. Ra-
mírez no hubiese anotado esta parte. Yo también me abstendré de ponerle
notas, si no son las indispensables, porque este opúsculo representa más que
ninguno otro, las ideas propias de Ixtlilxochitl y sus compromisos y afeccio-
nes de familia: y por otra parte no debemos olvidar que el autor andaba recla-
mando la restitución de bu pequeño señorío.
2 Xicalanco.
336 OBRAS HISTÓRICAS DE
Ulua y Champoton, especialmente cuando rescataron con Gri-
jalva; y así tenían por muy ciertas las profecías de sus pasados,
que esta tierra había de ser poseída por los hijos del sol, de-
más de las señales que hallaban en el cielo, de lo cual estaban
todos con grandísima pena en considerar que se les acercaban
sus trabajos y persecuciones: acordándose de aquellas crueles
guerras y pestilencias que tuvieron los Tultecas sus pasados
cuando se destruyeron, que lo mismo sería con ellos; aunque
de todo esto no le daba mucha pena á Moteczuma por hallarse
en el mayor trono que jamás él y sus pasados se habían visto,
y tener debajo de su mano todo el imperio; porque lo que era
de Texcuco y sus reinos y provincias, lo mandaba todo, pues
que el Rey Cacama era su sobrino y puesto por su mano, y el
de Tacuba era su suegro y hombre muy antiguo, y que ya no
tenía fuerzas para poder gobernar; y así con este gran poder
que tenía, no creía que pudiese ser subdito de ningún principe,
aunque fuese el mayor del mundo. En el año de Ce Acatl,
caña núm. 19, y á la nuestra 1519, que es en el que señaló AV
zahualcoyotzin que se había de destruir el imperio Chichimeca,
envió Teopüi (ó TeuhUUeJ gobernador de Moteczuma^ que era
de Cotozta ^ ó CiieÜachÜan sus mensajeros por la posta, y en un
día y una noche trajeron una pintura con el aviso de la venida
de los Españoles, y cómo querían verle, que venían por emba-
jadores del emperador D. Carlos nuestro Señor; y en la pintu-
ra venían pintados los trajes y la traza de los hombres, y la
cantidad de ellos, armas y caballos y navios, con todo lo demás
que traían. Moteczuma visto lo que enviaba á decir Teopüi^ en-
vió un presente á Cortés, y muchas disculpas y ofrecimientos,
y no le cuadró mucho que los hijos del sol quisieran venir á
México á verle; y así les envió á decir que era trabajoso el ca-
mino y otros mil inconvenientes, lo cual no fué bastante, sino
que antes animó más á los Españoles para ver á Moteczuma^
especialmente cuando supieron por el Señor de Zempoala có-
1 Cotaxlla.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 337
mo había bandos en esta tierra; y asimismo cómo se le ofreció
el Señor de Zempoalan á darle su favor y gente de socorro; y
de aquí vinieron á Quiahuiztlan y otras partes hasta ponerse
en Tlaxoalan; y por todas las partes que llegaron, los naturales
los recibían con mucha alegría y regocyo, sin ninguna guerra
ni contraste, y si alguno hubo, fué dándoles ocasión para ello.
Y finalmente, después de muchas cosas que sucedieron, y los
nuestros pasaron hasta Ayutúnoo^ en donde les salió á recibir
el Rey Cacama ofreciéndoles su ciudad de Texcuco si querían
ir á ella, los cuales, especialmente el capitán Cortés, se lo agra-
deció mucho, y le d\jo que por entonces no había lugar, que
para otra vez le haría merced, porque iban por la posta á ver
á Moteczuma; y así Caocma dio la vuelta para Texcuco, y des-
de aquí se embarcó para México, y llegado que fue dio razón
de todo lo que había visto, y cómo los Españoles estaban ya
muy cerca, porque ya en esta ocasión estaban en Iztapalapam.
Moteczuma entró muchas veces en consejo ¿si sería bien recibir
á los cristiímos? OiMÜahua su hermano y otros Señores fueron
de parecer que por ninguna vía no convenía, tlacama ñié de
muy contrario parecer, diciendo que era bajeza de Príncipes
no recibir los embajadores de otros, especialmente el de los
cristianos, que según ellos decían era el mayor del mundo,
como en efecto lo era el emperador nuestro Señor, aunque
esto antes de ahora estaba ya edificado; y así otro día (S de
Noviembre de 1519) salió Moteczuma con su sobrino Cacamay
su hermano OuiÜahtia y toda su corte á recibir á Cortés, que
ya á esta ocasión estaba en donde es ahora San Antón, qu6
después de haberlo recibido lo llevó á su casa y lo esperó en
las casas de su padre el Rey Axayaca, y le hizo muchas mer-
cedes y se ofreció de ser amigo del emperador, y recibió la ley
evangélica^ y para el servicio de los Españoles pusieron mucha
gente de Texcuco, México y Tlacopan; y después de cuatro días
que los Españoles estaban en México muy contentos, servidos
y regalados, por no se qué achaque prendió Cortés á Moteczuma,
y en él se cumplió lo que de él se decía, que todo hombre cruel
Tomo 1—22
338 OBRAS HISTÓRICAS DE
es cobarde, aunque á la verdad era ya llegada la voluntad de
Dios, porque de otra manera fuera imposible querer cuatro Es-
pañoles sujetar un nuevo mundo tan grande, y de tantos mi-
llares de gente como había en aquel tiempo. La gente ilustre
y todos los capitanes de México lodos se espantaron de tal
atrevimiento, y se retiraron á sus casas; y el Rey Caoama man-
dó á su hermano el Infante NezahucUquentzin con otros princi-
pales que tuviesen grandísimo cuidado de los cristianos, y les
diesen todo lo necesario para el sustento de sus personas, y si
pidiesen oro y hts demás cosas se los diesel, porque los demás
Mexicanos y Tepanecas visto á su Rey preso, y de aquella ma-
nera, no quisieron acudir más al servicio de los Españoles.
Y cumplidos cuarenta y seis días que los Españoles estaban
en México, Cortés rogó á Gacama que diese licencia á ciertos
Españoles que los quería enviar á su ciudad de Texcuco para
verla, con algunas caballeros criados suyos, porque los de la
ciudad no los maltrataran. Caoama se holgó mucho de esto y
así mandó á dos hermanos suyos que fueran con ellos, que era
el uno Nemhualquentzin y el otro Tetlahikezhuezqmtitzin, y que
los regalasen mucho y no los enojasen en cosa nii^na, y que
les diesen una caja ó petaca grande de dos brazos de largo y
uno de ancho y \m estado de alto de piezas y joyas de oro,
para ellos y para su capitán, los cuales ya que llegaban á la
albarrada para embarcarse junto á los palacios de Nezahuaho-
yotzin^ alcanzólos un criado de Moteczuma que les enviaba á ro-
gar que procurasen con brevedad de despachar aquellos Espa-
ñoles, y les diesen todo el oro que quisiesen, porque quizá con
esto su capitán le soltaría y se volverían á sus tierras. Uno de
aquellos Españoles, como vio hablar á Nezahuálqaerdzin con el
criado de Moteczuma^ entendió que trataban de matarlos: dio
de palos á este Infante, y lo llevó preso á Cortés, el cual sin ha-
ber hecho cosa digna de castigo ni ofensa le mandó ahorcar
públicamente, de lo cual se enojó mucho el Rey Cacamay y si
no fiíera por Moteczuma que le rogaba con hartas lágrimas
que no hiciesen cosa ninguna, sucedieran algunas desgracias;
DON FERNANDO DE ALVA IXTLIILXOCHITL. 339
y así disimuló Cacama cuanto pudo, y envió con estos Espa-
ñoles, que eran por todos veinte, á otro hermano suyo llama-
do TocpacxuchUzin para dar el recado que los Españoles le pe-
dían, y así les dieron la petaca llena, y se volvieron á México.
Cortés dijo que era poco oro, que trajeran más, y así tornó i
enviar á Cacamatzin y trajeron otra arca llena. Visto por Cor-
tés el tesoro que le habían traído, y habiéndole informado del
mucho poder y grandeza del Rey de Texcuco, mandó prender
por engaños al Rey Ccu¡amaizin por orden de su tío Motecgiima^
y preso le pusp á buen recaudo con muchas guardias, y le dy o
que lo soltaría si mandaba traer del linaje hermanos suyos en
rehenes y algunas hermanas, el cual así lo hizo, le dio en rehe-
nes á cuatro Infantes hermanos suyos con otros caballeros
deudos suyos, y algunas de sus hermanas, y lo mismo hicie-
ron los de México y Tlacopan,. entendiendo que por aguí los
asegurarían.
Pasados algunos meses que los Españoles estaban en Méxi-
co, Cortés tuvo nuevas que al puerto habían llegado ciertas
naos, y conjunicólo Con los dos Reyes Motecmma y Cdcamor
tón, diciéndoles que le convenía irlos á ver person?dmente, y
que le diesen cantidad de gentie de guerra, y las causas por qué.
A esto respondieron que cpmp fuese contra cristianos que no
la podían dar en ninguna manera, si no fuese para otras na-
ciones, que entonces le darían cuanto hubiese menester, si no es
que los cristianos los que habían venido le hicieran guerra, que
en todo lo favorecerían y avisarían á sus gobernadores para
que le diesen socorro si lo hubiese menester; y que para otro
efecto no le podían dar sino gente de servicio y carga para todo
el camino. Visto lo cual por Cortés tomó los peones y gente
de servicio que se le dio, y mandó llevar alguna parte del teso-
ro que se le había dado y se fué para el puerto, y dejó en su
lugar al capitán Alvarado. Antes que se fuese le dijo MoteczuL-
rm que á los Mexicanos se les ofrecía una fiesta muy solemne
de Toxcati; que tuviese por bien que la celebrasen: á lo cual
respondió Cortés que hiciesen lo que quisiesen pues estaban
840 OBRAS HISTÓRICAS DE
en su patria, y se holgasen que también él se holgaba mucho.
Dio parte Moteczuma á Cortés de esto, porque los días pasados
les había derribado sus ídolos, y les había dicho que no sacri-
ficasen más, para que avisara á los demás Españoles no se es-
candalizasen, que todo lo hacía por complacer á sus vasallos y
darles gusto, porque todos estaban afrentados en ver que sus
Reyes estaban en son de presos por cuatro extranjeros. Ido
que fué Cortés y llegada la fiesta, que cae á 19 de Mayo y prin-
cipio de su cuarto mes llamado del propio nombre Toxcatl^ la
noche antes pusiqron grandes luminarias y tocaron sus instru-
mentos, como lo tenían de costumbre, y el día de la fiesta hi-
cieron su baile que llaman MazehualizUL En todo salieron más
de mil caballeros en el patio del templo mayor, y sobre st
traía cada uno de ellos las mejores joyas y preseas que tenían,
sin armas pi defensa ninguna. Los Tlaxcaltecas que había en
la ciudad, acordándose de los tiempos atrás que siempre en
estas fiestas les solían sacrificar millaradas de ellos, se fueron
al capitán Alvarado, y levantaron un falso testimonio á los Me-
xicanos, diciendo que aquello hacían para juntarse y matarlos.
Alvarado lo crey<5 y fué para el templo para ver si era así, y si
andaban armados, el cual aunque los vio todos desarmados y
muy quitados de tal cosa, cod la codicia del oro que sobre sí
traían, puso en cada puerta diez Españoles armados, y él con
otros entró por el patio y templo, y mató casi cuantos había
dentro, y les quitó lo que traían sobre sí. Los ciudadanos vien-
do sus Señores muertos sin culpa, apellidaron y dieron tras
ellos hasta meterlos en palacio en donde se hicieron fuertes,
y cierto que de esta vez los mataran sin que escapara ninguno,
si Moteczuma no les aplacara su ira. Cortés dio la vuelta para
México, y entró por la ciudad de Texcuco, en donde le recibie-
ron algunos caballeros, porque á los hijos del Rey Nezahual-
piUdntli, los legítimos, los tenían escondidos sus vasallos, y los
otros en México los tenía en rehenes. Entró en México con
todo el ejército de Españoles y amigos de Tlaxcala y otras par-
tes, día de San Juan Bautista, sin que nadie se lo estorbase.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 341
Los Mexicanos y los demás aunque les daban todo lo nece-
sario, con todo esto, viendo que los Españoles, ni se querían
ir de su ciudad, ni querían soltar á sus Reyes, juntaron sus
soldados y comenzaron á dar guerra á los Españoles otro día
después que Cortés entró en México, y duró siete días. Al ter-
cero de ellos Moteczuma viendo la determinación de sus vasa-
llos, se puso en una parte alta, y reprendióles, los cuales le
trataron mal de palabras llamándole de cobarde y enemigo de
su patria, y aun amenazándole con las armas, en donde dicen
xfue uno de ellos le tiró una pedrada de lo cual murió, aunque
dicen sus vasallos que los mismos Españoles lo mataron, y por
las partes bajas le metieron la espada. Al cabo de los siete
días, después de haber sucedido grandes cosas, los Españoles
€on sus amigos los Tlaxcaltecas, Huexotzincas y demás nacio-
nes, desampararon la ciudad, y salieron huyendo por la calza-
da que va á Tlacopan, y antes de salir de la ciudad mataron
al Rey Cacamatzin^ y á tres hermanas suyas, y dos hermanos
que hasta entonces no estaban muertos, según D. Alonso Axa-
yacaU y algunas relaciones de los naturales que se hallaron
personalmente en estas dos ocasiones, los cuales al tiempo que
se retiraron murieron muchos Españoles y amigos, hasta un
cerro que está adelante de Tlacopan, y desde aquí dieron la
vuelta para Tlaxcala.
Idos los Españoles á Tlaxcala juraron por su Rey á Oítía-
huaizin, hermano de Moieczumay que ya habían pasado veinte
días después de su muerte, el cual preguntó á los grandes del
reino de Texcuco que á quien le venía de derecho aquel reino,
que lo jurasen. Ellos le respondieron que aún no era tiempo,
<iemás de que era muy mancebo Yoyonizin^ el menor de los
hijos legítimos de su Rey Nezahualpiltzirtüi; y así mandó que
Cokuanacochizin uno de los hijos legítimos gobernase, y co-
menzaron á juntar gente de guerra para si volvían otra vez los
Españoles. El Rey CuiÜahiuUzin no gobernó más que cua-
renta días, porque luego murió de unas viruelas que le pe-
gó un negro, y luego juraron los Mexicanos por su Rey á
342 OBRAS HISTÓRICAS DE
Cuauhtemoctzin, hijo del Rey Ahuizotzin y de la heredera de
Tlatelulco.
Después de haber estado Cortés muchos días en tierras de
TUixcalan convaleciendo de los trabajos pasados, con ayuda de
los Señores de Tlaxcalan^ Huexotúnco y Cholula, tuvo algunas
guerras contra los de Tepeaca^ Itzocan^ Quauhquecíiolan y otras
partes sujetas á las ciudades de Texcüco y México, y fácilmen-
te los sujetó y atrajo á su devoción; y viéndose con grandísima
suma dé amigos, y que casi toda la tierra era de su parte, acor-
dó de venir sobre México, y salió de Uaxcalan día de los Ino-
centes, y trajo consigo cuarenta de á caballo, y quinientos y
cuarenta de á pié, y veinticinco mil Tlaxcaltecas, Huexotzincas,
C3iololtecas, Tepeacanenses, Quauthquechololtecas, Chalcas y
de otras partes, que fueron los que él escogió, que no quiso
traer más porque TecocoUxin^ hijo del Rey NezahucUpützintU^
que era uno de los rehenes que le dio el Rey Cacama^ le dyo
á Cortés que en Texcuco hallaría la gente toda que hubiese
menester; demás que por ciertos menssgeros de Texcuco, es-
pecialmente por Quiquizcatzin, de parte de los Infantes Ixtlil"
xuchitzÍTi^ Tetlahuezhtiezquitzin^ Yoyotdn y los demás sus her-
manos se le enviaban á ofrecer, y dársele por sus amigos,
no embargante que Cohucmacochlzin su hermano era Señor de
Texcuco y amigo de los Mexicanos, el cual vuelto Quiquizca
para dar razón de su embajada le mandó matar Cchuanacoch-
tsdn. Llegado que fué Cortés á Cohuatepec tres leguas de Tex-
cuco, le salieron á recibir cuatro caballeros muy principales de
parte de Cohuanacochtziriy y le dieron en señal de paz un pen-
dón pequeño de oro con otras muchas joyas, y le dijeron cómo
su Señor le enviaba á rogar que fuese muy bien venido, y que
se fuese con todo su ejército á aposentar en su ciudad, que
allá sería muy bien hospedado y servido. Cortés respondió
muy enojado, según D, Alonso Axayacatdn, y Chichinchicuor
tzin gran capitán y uno de los embajadores que se halló pre-
sente, y á quien Cortés le tuvo algún respeto, que no quería
tenerlos por amigos, si no le daban primero lo que habían qui-
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 343
tado á cuarenta y cinco Españoles y trescientos Tlaxcaltecas
que mataron; los cuales le respondieron que su Señor Cohua-
nacochtzin.ni su ciudad, ni reino no tenían ninguna culpa de esto,
porque los que lo hicieron fueron ciertos criados del Rey Ca-
cama, por vengar á su Señor que estaba entonces preso, y para
que se satisñciese se los entregarían presos. Tomó á replicar
Cortés que también sabía muy bien que Gohuanacochtzin era de
la parte del Rey Ouauhtemoc^ y había.mandado matar á su her-
mano Quiquizoa, porque había ido de parte de sus hermanos
á Tlaxoalan á ofrecer su amistad, con otras muchas razones,
que oídas por los embajadores dieron la vuelta á Texcuco, y
dieron razón de todo á su Señor, el cual vista la determinación
de Cortés se embarcó con toda la gente que pudo, y se fué á
México para favorecer á Cuauhtemoe.
Cortés ya que llegaba cerca de Texcuco le salieron á recibir
algunos caballeros y entre ellos el In&nte IxUilxuchiÜ con los
demás sus hermanos que allí estaban^ el cual se holgó de ver-
los: allí le dieron aviso de todo lo que había, y cómo su her-
mano Oohuanacochtxin se había ido á México; y llegados dentro
de la ciudad, los aposentaron en los palacios del Rey Nezahualr
coyotzin^ en donde cupo muy á gusto todo el ejército, y se les
dio todo lo necesario, éste y los demás días que en la ciudad
estuvieron.
Este mismo día que Cortés llegó á Texcuco fué avisado coma
todavía los ciudadanos se iban saliendo de la ciudad y pasán-
dose á México en muchas canoas, el cual mandó á ciertos ca-
balleros qne los llamasen é hiciesen volver, y que no cuidasen ^
de Cohuanacochtzin^ixes estaban con él los demás Infantes, sus
Señores, y él haría jurar por su Rey y Señor natural al que
más de derecho le viniese, ó al que ellos gustasen. Fué esto
muy á gusto de todos, y luego casi todos se volvieron á sus
casas y ciudad, y á pedimento de todos hicieron por su Señor
á TeGocoUzin, aunque hijo natural del Rey NezahualpiUnrUlij
1 Que no tuviesen cuidado.
344 OBRAS HISTÓRICAS DE
porque de los legítimos no osaban decir cuáles fuesen, hasta
ver en lo que paraban estas cosas. Tecocotízin comenzó á go-
bernar con gran prudencia, y envió sus mensajeros por todos
los reinos y provincias sujetas al reino de Texcuco, especial-
mente las que él sabía que no eran de la parte de los Mexica-
nos, y estuvo ocho días después de todo lo referido fortale-
ciendo la ciudad, por si los enemigos lo quisieran cercar, al
cabo de los cuales quiso Cortés ver si podía ganar á Iztapa-
lapan, lugar muy fuerte y que era de mucha consideración
para lo que él pretendía, y así salió con hasta quince de á ca-
ballo y doscientos Españoles, y seis mil Aculhuas, Tlaxcalte-
cas y otras naciones de amigos. Llegados que fueron á LsULpar-
lapariy que ya los Mexicanos estabanlapercibidos, le salieron al
encuentro, y tuvieron aquel dia una reñida y cruel batalla; mas
como los de Iztapalapan tenían sus casas en isletas y dentro
del agua, no los pudieron svgetar ni hacerles ningún mal. Qui-
sieron quedarse en la noche; mas no los dejaron los Mexicanos
porque rompieron la calzada que tenía mucha agua represada,
y si no salieran tan presto se ahogaran allí todos, y al retirar-
se los siguieron y mataron muchos de los amigos por ir ellos
guardando las espaldas á los cristianos. Sólo un Español mu-
rió, que se quiso aventsgar más que los otros. Aquí se señaló
mucho IxÜüxuchitl^ que iba por general de los Aculhuas, y
mató con su propia persona ^ á muchos capitanes, de lo cual fué
avisado el Rey CuavMemoc^ y le dio mucha pena el saber que
uno de los Infantes legítimos del reino de Texcuco se señalase
tanto, considerando que sería de mucho efecto á los cristianos
y daño para los Mexicanos; demás de que en Otumba, Ateneo^
CohuaUichan y otras partes que habían querido los Mexicanos
destruir y ganar estos lugares, castigándolos porque favorecían
á los cristianos, se había opuesto contra ellos, defendiendo
varonilmente estos lugares; y así por esto y por las demás cosas
referidas, mandaron el Rey OaavMemoc y Cohv<macocktzm i sus
2 Por su propia persona 6 con su propia mano.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHrrL. 345
capitanes los más valerosos, que al que lo prendiese ó matase
le harían grandes mercedes, á lo cual se determinó y dio la pa-
labra á los Reyes de llevarlo preso á México, un caballero muy
valeroso, descendiente de la casa de Iztapcdapan. TeoocoUzin
mandó hacer muchas colchas, rodelas, ñechas, macanas, lan-
zas arfojadizas y otros géneros de armas y munición, así para
los suyos como para los Españoles, y juntar mucho maíz, ga-
llinas y lo demás necesario para el sustento de los ejércitos: y
asimismo apercibió á todos sus vasallos para que estuviesen
aparejados el día que fuesen llamados, y en el Ínterin que man-
daba y hacía todas estas cosas, IxÜüxuáiiÜ fué avisado cómo
aquel valeroso capitán de Iztapcdapan había dado la palabra á
los Señores de llevarlo preso á México, de lo cual se sintió mu-
cho, y lo envió á desafiar, y en los campos de Iztapalapan sa-
Ueron á pelear los dos tan solos sin que ninguno de los solda-
dos de los ejércitos se entremetiese, y dióse tan buena maña
LcaUxuchiÜ que venció á su contrario, y lo ató de pies y manos,
y después mandó traer mucho carrizo seco y se lo echó enci-
ma y lo quemó vivo, y dijo á los Mexicanos que dijeran á su
Señor Ouauhtemoc y á su hermano Cohtmnacocktzin^ ^ que así lo
había de hacer primero antes que lo prendiesen como había
hecho á su capitán.
En el Ínterin que sucedieron todas estas cosas, murió Teoo-
coUzin, el cual fué bautizado y se llamó D. Femando, que fué
el primero que lo fué en Texcuco, con harta pena de los Espa-
ñoles, porque fué nobilísimo y los quiso mucho. Fué D. Fer-
nando TeoocoUzin muy gentil hombre, alto de cuerpo y muy
blanco, tanto cuanto podía ser cualquier Español por muy blan-
co que fuese, y que mostraba su persona y término descender
y ser del linaje que era. Supo la lengua castellana, y así casi
las más noches después de haber cenado, trataban él y Cortés
de todo lo que se debía hacer acerca de las guerras, y por su
buen parecer é industria se concertaban todas las cosas que
1 £n Kingsborough es Cohuanacoxtzin.
346 OBRAS HISTÓRICAS DE
ellos definían. Luego los Aculhuas alzaron por su Señor á
Ahuaxpüzadzin^ que después se llamó D. Carlos^ uno de los In-
fantes hijos naturales del Rey NezahualpiUzinUi, el cual gober-
nó muy pocos días, porque luego á pedimento de Ck)rtés y los
demás, hicieron Señor á IxUilxuchiU por ser tan valeroso, y
uno de los hijos legítimos, á quien todos los naturales le tenían
grande respeto por la calidad de su persona, que como tengo
dicho por ser legítimo, sus vasallos no habían querido hasta
ahora,^ el cual acabó de hacer lo que había comenzado su her-
mano TecocoUzÍ7i^ é hizo la zanja para los bergantines con sus
vasallos, y ayudó para acabar de hacer los bergantines que se
trajeron parte de ellos de TlaxcaJan^ con hasta veinte mil hom-
bres de guerra- De allí á cuatro días, después que vino el ejérci-
to de los veinte mil hombres de los Tlaxcaltecas, Huexotzincas
y Chololtecas, en compañía de la madera que se trajo á Texcuco
para los bergantines, acordaron Cortés é loMíhucMÜ y los de-
más Señores, que en el ínterin que se hacía la zai\¡a de ir á dar
una vista á México, y ver si OuavJUemoc y Cohíianacochtzin y los
demás se querían dar de paz, y así locüilcuchiü tomó hasta se-
senta mil hombres de sus vasallos, y Cortés hasta trescientos
Españoles y los veinte mil Tlaxcaltecas, y fueron por -Xirf-
tocan, lugar sujeto á la ciudad de Texcuco, que estaba rebelado
y era de la parte de Cohiuinaoocktdn^ y lo sujetaron de camino, y
pasaron por TultíÜan^ Tenayuca y Azcapotzalco^ con muy poca
resistencia, hasta Tlacopan^ que era el tercer día que salieron
de Texcuco. Los de esta ciudad, que ya estaban apercibidos,
les salieron al encuentro y tuvieron una muy cruel batalla; mas
los nuestros se dieron tan buena maña, que vencieron á los
Tepanecas y ganaron la ciudad de Tkvcopan^ matando á cuan-
tos pudieron haber á las manos; y viendo que se acercaba la
noche, se recogieron á tiempo en los palacios del Rey Tota-
quihuazüi^ primero de este nombre, y en amaneciendo saquea-
1 Parece que aquí debía expresarse la razón contraria. En efecto, en el
Kingsborough dice: que como tengo dicho, sus vasallos lo habían querido
siempre.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 347
ron la ciudad y quemaron las mejores casas y templos que
pudieron. Seis días estuvieron aquí en donde salían todos los
días á pelear y escaramucear con los Mexicanos, procurando
siempre si podían ver al Rey CuauMemoe para tratar con él, si
quería darse de paz, y visto que no había lugar, se volvieron
para Texcuco, casi por el mismo camino por donde fueron, y
dos leguas más allá de l^copariy en irnos llanos, entendiendo
los Mexicanos que iban huyendo de ellos, los vinieron á alcan-
zar y tuvieron otra batalla muy reñida; mas luego los vencie-
ron y los hicieron volverse más que de paso á México, y con
esto pasaron adelante hasta Aculma, en donde durmieron esa
noche, y otro día llegaron á Texcuco, en donde los veinte mil
hombres de llaxcalan y otras partes pidieron licencia á Cortés
y se volvieron á sus tierras, muy ricos de despojos, que era lo
que siempre ellos procuraban más que otra cosa.
Los de Choleo entraron á avisar á IxÜüxuohiU cómo los Me-
xicanos los pretendían destrun: por ser lugar muy importante
para el sustento y otras cosas necesarias á la ciudad de Tex-
cuco y Españoles, y que les enviase algunos capitanes y gente
y socorro para ampararlos, pues eran de su señorío, y pidiese
á Cwtés les enviase asimismo algunos Españoles, el cual avisó
luego á Cortés de esto, y envió luego con Gonzalo de Sandoval
trescientos Españoles y quince de á caballo, con ocho mil Acul-
huas sus vasallos, y por general de ellos á Giichinchicuaizin ^ gran
capitán. Llegados á Choleo^ que ya los de esta provincia esta-
ban apercibidos y en su favor los de Huexotúnco y Quauhque"
chalan, se juntaron con los Españoles y Aculhuas, y fueron á
Huaociepec, en donde estaba el ejército de los Mexicanos, y an-
tes que llegasen á este lugar les salieron al encuentro y pelea-
ron valerosamente; mas luego los nuestros los sujetaron, y se
metieron dentro de este pueblo, donde los cogieron y mataron
grandísima suma de ellos, y se apoderaron de todo el lugar,
y estando algo descuidados tomaron los Mexicanos á querer
1 En Kingsborough es ChinchiDCuatzin.
348 OBRAS HISTÓRICAS DE
cobrar este pueblo, especialmente los Huextepecas, y se me-
tieron hasta la plaza principal queriendo echar fuera á los Espa-
ñoles y Aculhuas, los cuales salieron á ellos y pelearon hasta
echarlos fuera y seguirlos una gran legua, en donde mataron
á muchos de ellos. Estuvieron en Hxiaxtepec dos días, y luego
pasaron á Acapachitlan, lugar muy fuerte en donde estaba un
grueso ejército, y llegados á este lugar pelearon con los enemi-
gos, después de haberlos requerido con la paz, y con harto tra-
bajo, así de los Españoles como de los naturales amigos. Ga-
naron este lugar y mataron de los enemigos á muchos, y otros
que se despeñaron á un río que por AcapichiÜan ^ pasa. Gana-
do este lugar, se volvieron todos á sus tierras, y Sandoval con
los Españoles y algunos Aculhuas á Texcuco, porque los demás
se quedaron en Choleo. Cuauhtemoc, viendo que no podía su-
jetar á los de Chalco^ acordó de juntar un grueso ejército, y
antes que los Chalcas tuviesen socorro dar sobre ellos y des-
truirlos, los cuales con los Aculhuas que quedaron con ellos y
otros sus circunvecinos, aunque, ya muy tarde supieron cómo
los Mexicanos venían sobre ellos, se juntaron y les salieron al
encuentro, y pelearon con ellos hasta vencerlos, y mataron
grandísima suma de ellos: prendieron á cuarenta capitanes y
al'general.
Todas las ciudades, pueblos y lugares de XochimUcOy CuiÜa-
huaCy MizquiCy Coyóhuacan^ Oulhuacan^ Izíapálapan^ Mexical-
tzinco y los demás que eran de la parte de México, juntaron
más de sesenta mil hombres de guerra y fueron otra vez sobre
Chalco para ver si podían acabarle de destruir. Los de esta
provincia, como tuvieron aviso de esto, se apercibieron de todo
lo necesario-; enviaron á avisar á IxÜHxuchill y á los Españoles
para que los favareciesen; y así fué necesario ir personalmente
Cortés con trescientos compañeros y treinta de á caballo, é Ix-
ÜilxuchiÜ con más de veinte mil hombres de sus vasallos y al-
gunos Tlaxcaltecas que allí se hallaron á mano, y fueron á dor-
1 Hoy Ayacapixtla. £n Eingsborough es Acapichtlan.
DON FERNANDO DE ALVA KTLILXOCHITL. 349
•
mir á Italmarialco^ frontero en donde estaba el ejército de los
Chaleas: otro día llegaron otros casi cincuenta mil hombres
que IxüUxuchUl había enviado á llamar de las provincias más
cercanas sujetas al reino de Texcuco, y el día siguiente después
de éste salieron así como oyeron misa, contra sus enemigos,
que estaban en un peñol muy alto y áspero, las mujeres y ni-
ños en la coronilla de él, los soldados y gente de guerra en las
faldas,. y luego acometieron Ipor tres partes, y los delanteros
corrieron mucho riesgo, porque los de arriba les echaron mu-
chos peñascos, y derrocaban los que querían subir más, por la
mucha dificultad que había de peñas, y murieron muchos de
los nuestros y dos Españoles, y quedaron heridos más de
veinte; y queriendo proseguir más adelante viéronse cercados
de otros muchos que cubrían el campo para favorecer á los
cercados, y así les fué forzoso volverse hacia los de abígo y tu-
vieron con ellos otra cruel batalla; mas luego los vencieron y
se fueron á dormir á otro peñol que allí cerca estaba y tenía
algunos lugares alrededor, que también hallaron en alguna re-
sistencia; mas luego echaron á huir los que allí estaban, y así
durmieron aquí esta noche, y el día siguiente fueron otra vez
al peñol primero, en donde estaba la mayor fuerza de los ene-
migos, y Qn pocas horas reconocieron muy bien por dónde lo
podían ganar* Subieron hasta la cumbre del peñol, y los ene-
migos se rindieron y pidieron perdón, y así sin hacerles ningú»
mal los perdonaron, y ellos mismos enviaron á avisar á sus ami-
gos que se diesen á los cristianos y Aculhuas, y así lo hicie-
ron. Estuvieron en este lugar dos días: enviaron los heridos á
Texcuco, y partiéronse para Huaxtepec^ en donde estaba un
grueso ejército de enemigos, y llegaron ya noche á una huerta
y casa de placer muy grande, en donde hicieron noche, y los^
de este lugar como estaban descuidados, echaron á huir por la
madrugada. Fueron los nuestros tras ellos hasta Xicotepec^ en
donde mataron muchos de los enemigos que estaban todos
muy descuidados; y visto esto, los de Yauhtepec se dieron de paz.
á los nuestros, y desde Xicotepec fueron sobre Quauhnahuacy
350 OBRAS HISTÓRICAS DE
lugar muy flierte y grande, y IxÜíbouchiU como eran sujetos á
su señorío y estaban rebelados contra él, y eran de la parte de
su hermano Cohucmaoochtzin y Mexicana, los envió á requerir
que se rindiesen de paz, lo6 cuales no quisieron sino guerra, y
así se les dio entrando por un lugar áspero y trabajoso, que no
había otro mejor, y en poco rata los vencieron; y los que pu-
dieron huir se fueron á una sierra que cerca de alU estaba, y
les quenuuroa los jnejores lugares y casas que alU había. Visto
el SeQior de esta provincia y los demás sus vasallos que ya es*
taban vencidos, vinieron á BcíUlxmhiU á pedirle perdón, y que
lo akanzaae de loB cristianos que les perdonasen, que ellos se-
rían en su fovor contra los Mexicanos, pues había obligación.
IiUlilxuchiti se holgó mucho y los perdonó, y Hevó ante Cortés
para que los tuviese por sus amigos, que y^. estaban arrepen-
tidos de lo que habían hecho. Pasado todo lo referido dieron
la vuelta para Xoddmloo^ y al segundo día llegaron cerca de la
ciudad, que era muy grande y bien fortalecida, y cercada de
agua. Los vecinos y Mexicanos que estaban en su favor, alza-
ron los puentes y ahri^íH^n las acequias, y se pusieron á defen-
der su ciudad, entendiendo que por ser muchos y en buena
parte no aerfam vencidos* Comenzaron los nuestros á darles
guerra, y diéronse tm- buena maña que ganaron la primera al-
barrada hasta la pniente principal y más fuerte que había en la
ciudad. Los Xochimikas se metieron en las canoas y pelearon
hasta la noche, en la cual pusieron en cobro sus migeres, viejos
y otras cosas que tenían, y al otro día siguiente les quisieron
quebrar la puente; mas luego dieron tras ellos hasta sacar-
los fuera de la ciudad, y allí en un campo pelearon valerosa-
mente como gente belicosa, y pusieron en grandísimo aprieto
á los nuestros, y por poco prendían á Cortés que cayó su caba-
llo de cansado; y llegaron luego los Españoles y Aculhuas y
los demás en su favor, que luego echaron á huir los enemigos,
y no les siguieron, sino que tomaron á su ciudad para adere-
zar las puentes, cerrándolas con adobes y piedras; cuando
llegaron hallaron dos Españoles muertos que se habían des-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 351
mandado en robar. Ouauhtemoo^ sabiendo esto, envió luego
más de quince mil hombres de guerra, por agua y tierra. Pe-:
learon con ellos fuertemente, y los vencieron, y quemaron las
casas y templos de la ciudad, y al cuarto día que estaban en
ella sucedieron las cosas referidas y otras muchas que quedan
en silencio. Salieron de esta ciudad y se fueron para (Mhuor
crní^ que estaba dos lejguas |hacia la parte de México, y en el
camino les. salieron los Xochimilcas y pelearon con ellos; mas
luego los sujetaron, y llegados á Oulhuacan, halláronlo despo-
blado sin gente. Estuvieron dos días aquí descansando, al cabo
de los cuales, después de haber visto muy bien, este lugar para
cercar por aquí á México, y quemado los templos y algunas
casas principales, dieron vista á la capital. Combatieron con la
primera albarrada y la ganaron con harto trabajo, en donde
murieron muchos naturales é hirieron hartos Españoles, y des-
de aquí se volvieron á Texcuco, después de haber reconocido
muy bien por dónde podrían entrar á ganar la ciudad, y la dis-
posición de la laguna para los bergantines. Otras muchas co-
sas sucedieron en esta jomada, en donde murieron otros Acul-
huas y los demás amigos por ser los delanteros.
Cuando llegaron á la ciudad de Texcuco hallaron casi toda
la zanja acabada de hacer, que tenía de largo más de media
legua, y de ancho doce ó trece pies, y doce estados ó más de
profundidad, por las orillas estacado, y su albarrada por ambos
lados. Tardaron en hacerla cincuenta días, más de cuatrocientos
mil hombres de los reinos de Texcuco, que tenía puestos allí
IxÜibmchitl para sólo este efecto, trabajando ocho ó diez mil
cada día. Asimismo halló á muchos Señores de diversas pro-
vincias sujetas á su señorío que venían á darle obediencia y
hacerse amigos de los cristianos y favorecerlos en las guerras
que se seguían contra los Mexicanos, los cuales habían estado
rebeldes y en favor de México, el cual se holgó mucho de ver-
los y les mandó que se apercibiesen de todo la necesario, así
de gente de guerra como de bastimentos, y lo mismo hizo por
todo el reino de los Aculhuas sus vasallos y las demás partes
352 OBRAS HISTÓRICAS DE
Sujetas, para que dentro de diez días estuviesen todos dentro
de la ciudad de Texcuco; y Cortés envió á los Señores de Tlax-
calcm^ Huexotzinco y Cholida con el mismo apercibimiento.
El segundo día de Pascua de Espíritu Santo, que ya estaba
todo el ejército junto en Texcuco, hizo alarde Cortés con sus
Españoles, y lo mismo hizo IxtlUxuchití^ y eran en todo el ejér-
cito doscientos mil hombres de guerra, y cincuenta mil labra-
dores para aderezar puentes y otras cosas necesarias. Cincuen-
ta mil hombres de Chdlooy Itzocan, Ouauhnahuacj Tepeyacae y
otras partes svgetas al reino de Texcuco, que caen hacia la par-
te del Mediodía, y otros cincuenta mil hombres de la ciudad y
su provincia, sin ocho mil capitanes que eran vecinos y natu-
rales de la ciudad de Texcuco; otros cincuenta de las provin-
cias de Otwmbay ToUinbdnoo^ Xiootepeo^ y otras partes que asi-
mismo pertenecen á la ciudad y son Aculhuas, y últimamente
otros cincuenta Tziuhcohuacas,Tlatauhquitepecas y otras pro-
vincias que caen hacia la parte del Norte y son sujetas al reino
de Texcuco, que como tengo declarado son por todos doscien-
tos mil hombres de guerra. Asimismo mandó juntar losüüxur'
chiü todas las canoas^ que acompañaron parte de ellas los ber-
gantines, y las demás que llevaron los bastimentos y otras
cosas necesarias para el ejército. También en este día hicieron
alarde los Tlaxcaltecas, Huexotzincas y Chololtecas, cada Se-
ñor con sus vasallos, y halláronse por todos más de trescientos
mil hombres de guerra. Vista por Cortés la multitud de gente
que estaba de su parte, con acuerdo de IxUüúcuchiti y de todos
los demás Señores, se repartieron en este modo, que mandó
Cortés á Pedro de Alvarado fuese á Tlacopan con treinta de á
caballo, ciento setenta peones y cincuenta mil de Otumba, To-
lantzinco y otras partes, que mandó IxÜüxuchiÜ fuesen con
ellos, y por generales su hermano QiiauhUiztadzin y el Señor
de Chiautla^ Chkkincuatzin, y asimismo fué en su favor todo el
ejército de los Tlaxcaltecas.
1 Aquí faltan las siguientes palabras que hay en Kingsborough: que había
en todo Texcuco, y halláronse diez y seis mil.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 353
A Cristóbal de Olid, que era el otro capitán, le dio treinta y
tres Españoles de á caballo, ciento ochenta peones, y dos tiros ^
como á los demás referidos, y otros cincuenta mil hombres de
Tziuhcohuac y las demás provincias de la parte del Norte, y por
general de ellos á Tetlahtiehuexquititzinjhevmano de Ixtlilxuchitlj
y otros Señores por sus compañeros, y que fuesen á Cidhua"
can.
A Gonzalo de Sandoval, que era el otro capitán, dio veinte
y tres caballos, ciento setenta peones y otros dos Uros, y en
favor de ellos los de Choleo^ Cuauhnahuac y las demás partes
que caen hacia el Mediodía, que eran otros tantos, y por genera-
les sus mismos Señores y algunos de los hermanos de Ixtlüpcu-
chUl: y asimismo fueron con ellos los Tultecas y Huexotzincas
para que fuesen á Iztapalapan y la destruyesen, y pusiesen su
real en donde más á gusto les estuviese. Asimismo se repartie-
ron entlre ellos todos los cincuenta mil labradores para aderezar
puentes y desbaratar otras cosas necesarias para el orden de
los demás.
Y Cortés tomó para si los bergantines y fué por general de
la flota, y en su compañía IxÜilxicchiÜ con diez y seis mil ca-
noas, en donde iban cincuenta mil Texcucanos sus vasallos y
los ocho mil capitanes muy valerosos para destruir los lagune-
ros y los del peñol.
En México no se dormía, que lo mismo hacían los Reyes
Cuauhtemoc^ Cohuanacochtzin y TeUepanquezatzin^ apercibiendo
de todo lo necesario y fortaleciendo la ciudad, y juntaron casi
trescientos mil hombres en su favor, y enviaron á reprender
mucho á Ixtiilxuchül de estas y otras cosas, porque favorecía á
los hijos del sol y era contra su propia patria y deudos^ el cual
les respondía siempre que más quería ser amigo de los cristia-
nos que le traían la luz verdadera, y su pretensión era muy
buena para la salud del alma, que no ser de la parte de su pa-
tria y deudos, pues no le querían obedecer, y que no tan sola-
1 Dos cañones.
Tomo 1—23
354 OBRAS HISTÓRICAS DE
mente les favorecería y ayudaría en todo, sino que también
perdería la vida por ellos, con otras muchas razones, por lo
cual estaban todos los Mexicanos muy indignados contra él.
Gtíauhtemoc y los otros dos, visto el gran poder que los cristia-
nos traían y la determinación de IxÜilxuchití^ tornaron á reque-
rir se diesen de paz, porque estaba conocido que serían ven-
cidos por muchas causas y razones, los cuales respondían
siempre, que más querían morir y defender su patria, que ser
esclavos de los hijos del sol,^ gente cruel y codiciosa, y otras
muchas razones, las cuales obligaron á Cuauhtemoc y á los de-
más á proseguir su intento, aunque en vano; porque la ciudad
de Texcuco y sus reinos y provincias, que era lo más impor-
tante y de mucho poder y fuerzas, era de la parte de los cris-
tianos con Tlawcalan, Huexotzihco y Chotnia; aunque esto era
lo de menos, que como no fuese Texcuco como tengo dicho
en su favor, era muy poca la gente que podían dar estas pro-
•vmcias, en comparación de las tres cabeceras de Texcuco, Mé-
xico y Tlacopan, que no sería de ningún efecto; y así claro pa-
rece en las historias que fué importantísima cosa la ayuda que
tuvieron de Texcuco dichos Españoles, que después de Dios, ^
IxtlilxuchiU y los demás sus hjsrmanos y deudos suyos, Seño-
res y caudillos que ellos eran, se plantó la ley evangélica y se
ganó la ciudad de México y otras partes con menos trabajo y
costa que lo que podía costar, si no fuera por Texcuco, sus
reinos y provincias, como está declarado.
Después de todo lo referido, mandó lostiitxuehití á su hermano
Ahua.Tpictzoctzin que acudiese con toda puntualidad mientras
se hacían las guerras, con comida y armas y todo lo necesa-
rio, así para los Españoles como para su ejército; y que aper-
cibiese á todos los Aculhuas y demás sus sujetos para que es-
tuviesen á punto para si hubiese menester socorro: lodo lo cual
1 Parece que debe expresarse la idea contraria, si por hijos del sol se tiene
á los españoles.
2 Aquí faltan las- siguientes palabras que hay en Eingsborough: por me-
dio de.
DON FERNANDO DE ALTA IXTLILXÓGHITL. 365
hizo AhuaxpidzoGtzin conforme se lo mandó su hermano, sin
que hiciese falta en cosa ninguna mientras duró la guerra de
México, como se dirá adelante.
Ya que todos estaban apercibidos y puestos á punto, sin que
cosa ninguna les faltase, salieron de la ciudad de Texcuco con
todo su ejército, para ir sobre México al onceno día de su ter-
cer mes llamado Hüeytezoztli, que quiere decir vigilia mayor
y al deceno de su semana llamado Matlactli omome calli, coaa
número 12^ que sgustado con nuestro calendario, cae comun-
mente á 10 de Mayo, después de haber estado Cortés y los de-
más Españoles cinco veces en Texcuco haciendo todas las co-
sas referidas. Fué una de las mayores grandezas que se ha
visto en esta tierra, el ver este ejército tan lucido y poderoso
de la manera que salió de la ciudad, y cómo cada general tiró
con su ejército á donde se le señaló. Alvarado y Cristóbal de
Olid fueron por Aculma^ en donde hicieron noche este día, y
de aquí á otros lugares, hasta llegar á Tlacopan^ con muy poca
resistencia, que ya era el tercero día después que salieron de
Texcuco; y el día siguiente se partieron Cristóbal de Olid y
TeOnhuehuexquititzin y los demás Señores y capitanes para Cha-
pultepec^ en donde quebraron los caños de la fuente, quitándo-
les el agua á los Mexicanos, los cuales los defendieron valero-
samente por agua y tierra, aunque les aprovechó poco, porque
aunque eran muchos no pudieron resistir la furia de los nues-
tros, y luego se tornaron con Alvarado para ayudarle, que an-
daba adobando los malos pasos para los caballos, y aderezando
puentes y otras cosas y atajando acequias, en donde se ocupa-
ron tres días con harto peligro de los naturales que murieron
mucha cantidad de ellos, peleando con sus enemigos y adere-
zando lo caído. Asimismo quedaron heridos algunos Españoles
y ganaron algunos puentes y albarradas; y hecho lo referido
quedóse Alvarado en Tlacopan con Ixtocquaizin, y los demás
Señores y capitanes y Olid se fueron con los demás á Culkua-
can, en donde ganó los lugares que por aquella parte hay, y se
hicieron fuertes en las casas de los Señores, y salían todos los
356 OBRAS HISTÓRICAS DE
días á pelear con los Mexicanos, en donde se ocuparon ocho
días cabales.
Gonzalo de Sandoval, con los de Choleo y demás partes fue-
ron sobre IztfípcUapan, y llegados comenzaron á combatir con
este lugar. Los vecinos se defendieron todo lo que pudieron,
y hallándose muy fatigados de los nuestros, se salieron de Iz-
iapalapan y se metieron dentro de México con sus mujeres é
hijos. Visto por Sandoval y los demás que los de Iztapcdapan
habían dejado el lugar desocupado, entraron dentro y quema-
ron muchas casas y templos para que los enemigos no tu-
vieran en donde tornar á meterse. Cortés é IxÜUxuchiU^ con los
bergantines y las diez y seis mil canoas en donde iba su ejér-
cito, fueron sobre México, y en la primera parte donde tuvieron
guerra fué sobre el peñol grande, en donde estaba grandí-
sima suma de gente de guerra y mujeres y niños, y comba-
tiéronle y ganáronle subiendo hasta la cumbre con harto trabajo
por ser muy áspero y alto, pues que encima de él estaba la
mayor fuerza de los enemigos, á los cuales mataron sin que
quedase ninguno, si no fueron las mujeres y niños; aunque con
harto riesgo de los nuestros, porque murieron muchos, y que-
daron heridos veinte y cinco Españoles. Los Mexicanos como
tuvieron aviso de los del peñol cómo los cristianos iban ya
cerca de México en los bergantines y canoas, les salieron al en-
cuentro, que aún no habían salido del peñol hasta entonces, y
adelantáronse quinientas canoas Mexicanas, las mejores que
había para pelear, y reconocer á los enemigos, los cuales como
estuviesen cerca de los nuestros repararon para esperar, las
que les pareció no convenía dar batalla por ser pocas y cansa-
das, y dentro de poco rato se juntaron tantas que cubrían casi
toda la laguna. Ya que querían dar batalla los nuestros les
vino un viento muy favorable que fué de mucha consideración,
y luego Cortés y Ixtlilxuchitl hicieron seña á los suyos, man-
dándoles que todos á un tiempo acudiesen hasta meterlos den-
tro de México; y hecho esto, todos embistieron en las canoas,
aunque pelearon algún rato, y viendo el viento contrario co-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 357
menzaron á huir con tanto ímpetu, que unas á otras se topaban
ó se quebraban, ó iban á fondo, y á todos los que pudieron al-
canzar los mataron aunque se resistían, hasta meter dentro de
la ciudad los que pudieron escapar, y prendieron muchos ca-
balleros y capitanes y algunos Señores. Fueron tantos los que
murieron, que se tiñó toda la laguna grande de sangre, que
verdaderamente no parecía agua, y con esta victoria quedaron
los nuestros por señores de la laguna.
Alvarado y Olid con los demás, en el ínterin que sucedían
las cosas referidas, entraron por las calzadas, pelearon y toma-
ron ciertas puentes y albarradas por más que las defendieron
los Mexicanos. Cortés é IxtlUxuchitl con los demás, ayudaron
también en esta ocasión, y luego pasaron adelante, y no hallan-
do enemigos por el agua, (que ya estaban atemorizados por lo
mal que les iba) salieron por la calzada de Iztapalapan y comba-
tieron dos torres y templos que tenían sus cercas de cal y can-
to, y con harto peligro las ganaron, porque había dentro de ellas
muchos enemigos, y para poder echar de la calzada los enemi-
gos que atajaban á los nuestros, se dispararon tres tiros que
hicieron mucho daño, y aquí se acabó la pólvora, y con esto
cesaron de pelear; demás de que era ya muy tarde, y aquí se
quedaron á dormir; y esta noche envió IxÜilxuchül i Coyohua-
can por la mitad del ejército de los Chalcas, y lo mismo hizo
Cortés por cincuenta Españoles y pólvora. El día siguiente pe-
learon con sus enemigos y les ganaron una puente, y luego les
siguieron hasta las primeras casas de la ciudad, en donde pa-
saron grandes cosas y murieron muchos de los naturales de la
una y otra parte; y asimismo junto al real de los nuestros rom-
piéronlos labradores que para este efecto traía IxtlUxuchitl^ un
pedazo de la calzada para que por allí pasasen cuatro bergan-
tines y cinco mil canoas, para ganar la laguna dulce; y pasados
á esta banda en pocas horas acabaron cuantas canoas hallaron
en jella^ matando mucha gente. Luego el día siguiente tuvieron
otras escaramuzas con los enemigos, peores que las pasadas,
y á esta ocasión llegó Sandoval con algunos Españoles, que los
358 OBRAS HISTÓRICAS DE
demás naturales sus aliados los dejó con Cristóbal de Olid por
mandado de Cortés y acuerdo de Ixtlüxuchitl, y al tiempo que
llegó Sandoval con los suyos para ayudar á Cortés, le atrave-
saron un pie estando peleando, y quedaron otros muchos he-
ridos, y algunos naturales muertos como eran los delanteros;
mas diéronse tan buena maña que mataron grandísima suma
de enemigos, y IxtlUxuchitl, entre muchos que mató este día,
cortó las piernas de una cuchillada á un capitán muy valeroso
Mexicano, con una espada que le dio Cortés.
Después de todo lo referido, que ya casi todos los pueblos
comarcanos á la ciudad de México los tenía sujetos y arruina-
dos, ordenaron sus soldados y pusieron sus reales en donde
mejor les pareció, y se proveyeron de bastimentos y otras co-
sas necesarias, y estuvieron ocupados en estas cosas seis días,
y asimismo hallaron muchos lugares para que los bergantines
pudiesen entrar por la ciudad, teniendo siempre hartas esca-
ramuzas con los Mexicanos, los cuales y los Texcucanos entra-
ron muy adentro de la ciudad y derribaron muchas casas que
había hacia ella, y otras las quemaron; y luego cercaron la ciu-
dad por cuatro partes. Cortés y su grande amigo IxÜilxuchitl
por la calzada que ataja la laguna, junto los dos templos que
ganaron los días atrás; Pedro de Alvarado con sus amigos en
Tlacopan; Cristóbal de Olid en la calzada de Coyohuacau] y
Gonzalo de Sandoval por hacia la otra parte que cae al Norte,
teniendo siempre sus guardas porque no se saliesen por allí los
enemigos ó les diesen algunos bastimentos, armas ó gente de
guerra.
Y un día que estaba todo puesto á punto, acordaron de queg
todos juntos acometiesen á la ciudad y ganar cuanto pudiesen
en este modo: Cortés y IxtlilxucMtl por la calzada que es ahora
de San Antón, y Pedro de Alvarado y Gonzalo de Sandoval
cada uno por su parte; y Cristóbal de Olid, que envió la mitad
de los Españoles, y algunos caballos que le quedaron de la
otra vez, le mandaron que con los que tenía y quince mil ami-
gos, guardase la calzada de (Julhnacan^ porque por allí no les
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 359
entrase algún socorro de XochimUco y otras partes á los Mexi-
canos; y puestos a punto los bergantines y canoas por ambos
lados de la calzada para guardar las espaldas de los nuestros,
salieron muy de madrugada Cortés con más de doscientos Es-
pañoles y IxÜUxmhitl con ocho mil hombres de guerra, que ya
los enemigos los estaban aguardando muy bien armados y con
mucha defensa, porque tenían quebrada de la calzada un pe-
dazo de ella, y ahondada de tal manera que ninguno pudiese
pasar por la misma. IxtlilxuchiÜ que traía consigo veinte mil
hombres para aderezar los caminos y malos pasos, les mandó
que la hinchieran de piedras y céspedes, y en un momento
aderezaron este mal paso con harto trabajo, porque los enemi-
gos les tiraban de la otra parte muchos flechazos y piedras; y
aderezado, pasaron hacia donde estaban los enemigos y pelea-
ron con ellos; y dentro de pocas horas los vencieron y siguie-
ron hasta la entrada de la ciudad. En una torre alta que esta-
ba junto á una puente muy elevada, se hicieron fuertes de tal
manera que no podían los nuestros sujetarlos, y los berganti-
nes y canoas desde el agua combatieron con esta torre; y den-
tro de pocas horas con esta ayuda, que fué de mucho efecto,
la ganaron; y luego por los bergantines y canoas pasaron á la
otra parte todo el ejército, y aun los más de los naturales, y á
nado. IxtlüxuchiU mandó á los que tenían cargo de aderezar
los caminos, que cegaran esta puente con piedras y adobes, y
él y Cortés con los suyos pasaron adelante y ganaron otra al-
barrada que estaba al principio de una calle principal y muy
ancha, por donde fueron siguiendo los enemigos hasta otra
puente que también estaba alzada como las demás, y por una
sola viga pasaron los enemigos, y los más de ellos por agua, y
puestos á la otra banda quitaron la viga. Llegados los nuestros,
envió JartóífewcAítf á llamar la mitad de la gente que aderezaba
la otra puente, que ya á esta ocasión la iban acabando, y lle-
gados que fueron comenzaron á cegarla, ayudándoles muchos
soldados con harto riesgo, que morían hartos de ellos por las
piedras y flechazos que los enemigos les tiraban de la otra
360 OBRAS HISTÓRICAS DE
parte, y por las azoteas, que había una infinidad de ellos, poc
más que los Españoles los defendían con las escopetas y balles-
tas, y dispararon dos tiros, con que hicieron grandísimo daño
á los enemigos: y pasando á la otra parte alguna gente del ejér-
cito, pelearon con los Mexicanos y en poco rato huyeron, que
ya á esta ocasión estaba acabada de aderezar la puente, por
donde pasó toda la demás gente que quedaba del ejército, y
siguieron á los enemigos hasta otra puente que estaba junto á
una de las plazas principales de la ciudad, y con poca resisten-
cia entraron por las casas, y aunque había infinidad de enemi-
gos, pelearon con ellos hasta que los hicieron retirar cada uno
por su cabo, y los más de ellos al templo mayor de Huitzilo-
pachUi corrían tras ellos, y entraron dentro del patio, y á poco
rato echaron fuera á todos los que pudieron, y mataron á los
que resistieron, y subieron á la torre y derribaron muchos ído-
los; especialmente en la capilla mayor donde estaba HuitzUo-
pochtli^ que llegaron Cortés é IxUllxuchitl á un tiempo, y ambos
embistieron con el ídolo. Cortés cogió la máscara de oro que te-
nía puesta este ídolo con ciertas piedras preciosas que estaban
engastadas en ella. Ixtlilxuchitl le cortó la cabeza al que pocos
años antes adoraba por su dios; todo lo cual hicieron con no
poco riesgo, porque sus enemigos les tiraban á menudo mu-
chas pedradas y flechazos, y muchos capitanes Mexicanos lo
defendían valerosamente, hasta que los echaron fuera de las
capillas y templos, porque Cuauhtemoc había reprendido mu-
cho á los suyos, porque habían huido de los hijos del sol y de-
samparado á sus ídolos; y así, juntos todos los que se podían
juntar de los enemigos, pelearon con los nuestros hasta verlos
huir. Cortés y Ixtlilxuchitl los detuvieron algún ratillo peleando
con ellos, y aquí mató IxtlUxuchiÜ al general de los Mexica-
nos, que traía una lanza española, que los días pasados había
quitado á un Español que mató; y de tres cuchilladas, que
la postrera le alcanzó por la cabeza, con una macana, le derri-
bó la mitad de ella, y una oreja, con lo cual, visto por los ene-
migos su general muerto, cobraron tanto coraje, que embistie-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 361
ron con los nuestros con tanto ímpetu, que los hicieron retirar
hasta la plaza, en donde tornaron segunda vez á ganar el tem-
plo, hasta que viendo los nuestros que ya era tarde, se torna-
ron á su real, y mandó IxililxuchiÜ quemar las casas que había
en esta calle de camino, de los cuales al tiempo que iban
saliendo cargaron tantos enemigos, que por poco no dejaran
hombre con vida, y como tenían las puentes seguras, salieron
con mucha facilidad. Alvarado y Sandoval con los demás Se-
ñores sus amigos, pelearon muy bien este día y ganaron algu-
nas puentes y albarradas de los enemigos.
El día siguiente llegáronle á IxtUlvuchitl cincuenta mil hom-
bres de socorro, todos Aculhuas sus vasallos que se los en-
viaba su hermano Ahuexpidzodzin,^ el cual tomó para sí treinta
mil y envió diez mil á Alvarado con los demás que en su favor
estaban, cuyo caudillo era Quauhtiiüadzín y otros diez mil á
Gonzalo de Sandoval, que todos estaban con harta necesidad;
y asimismo mandó á todos los que estaban impedidos ó heri-
dos de las guerras que se volvieran á Texcuco para curarse, y
fueron por todos hasta cinco mil de ellos. Algunos historiado-
res, especialmente Españoles, escriben que con este ejército de
cincuenta mil hombres vino IxtUbmchiÜ por mandado de su
hermano Tecocoízin^ lo cual es muy al revés; porque según J>.
Alonso Axayaca y las relaciones y pinturas de los naturales,
especialmente de una que tengo en mi poder, escrita en lengua
Tulteca ó Mexicana, que ahora llaman así, y ñrmada de todos
los principales viejos de Texcuco, y confirmada y certificada
por los demás de la ciudad más principales y antiguos de esta
tierra, que son los que yo sigo en mi historia por ser los más
verdaderos, y que los que las escribieron ó pintaron se halla-
ron personalmente á estas ocasiones, demás que algunos de
ellos me lo han dicho vocalmente, y contado de la manera que
sucedió, que ya pocos años há que se han muerto, los cuales
yo alcancé ya muy viejos, que TecocoUzín era ya muerto á esta
1 Abuezpitzatzin cii Kingsborough.
362 OBRAS HISTÓRICAS DE
ocasión, y á la manera que está referida, y Ixtlüxuchitl desde
que salieron de Texcuco Cortés y los demás vino con ellos, y se
halló personalmente en todos los ochenta días que duró la gue-
rra de México, sin faltar uno tan sólo, siendo el primero en
todas ocasiones, como buen capitán, arriesgando su vida mu-
chas veces por librar á los Españoles de sus enemigos los Me-
xicanos, que si no fuera por él y sus hermanos, deudos y va-
sallos, hubo ocasiones en que podían matarlos sin que quedara
uno tan sólo, si no fuera por él y los suyos, como tengo referi-
do; y me espanta de Cortés, que siendo este Principe el mayor
y más leal amigo que tuvo en esta tierra, que después de Dios,
con su ayuda y favor se ganó, no diera noticia de él ni de sus
hazañas y heroicos hechos, siquiera á los escritores é historia-
dores, para que no quedaran sepultados, ya que no se le dio
ningún premio; sino que antes lo que era suyo y de sus ante-
pasados se le quitó, y no tan solamente esto, sino aun unas
casas y unas pocas de tierras en que vivían sus descendientes
aun no se las dejaron: lo cual si diera aviso de todo ello al Em-
perador nuestro Señor, yo entiendo que no tan solamente le con-
firmara lo que era suyo y de sus antepasados, sino que le hi-
ciera muchas mercedes y muy señaladas. Y asimismo nadie se
acuerda de los Aculhuas Texcucanos, y los Señores y capita-
nes, aunque es toda una misma casa, si no es de los Tlaxcal-
tecas, los cuales, según todos los historiadores dicen, que más
ainas venían á robar que á ayudar, como claro parece, que aun
en la ciudad de Texcuco y otras partes, que eran amigos y de
la parte de los cristianos, robaron las casas, especialmente los
palacios de NemhuolpiltzinUi^ y quemaron los mejores cuartos
que había dentro de ellos, y parte de los Archivos Reales, que
fueron los primeros destruidores de las historias de esta tierra^ de
los cuales, según opinión de todos, hay muchas memorias de
ellos, porque procuraron mucho, en cualquiera parte que llega-
ban, robar y quitar cuanto hallaban, y de todo el oro que co-
gían se lo d^an á los Españoles; sea como fuere, ellos toma-
ron cuanto pudieron y vinieron en favor de los cristianos,
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 363
lo cual no hicieron los Aculhuas y demás provincias y luga-
res sujetos, porque se compadecían de las mujeres, niños y
viejos que defendían sus haciendas, rogándoles que se las de-
jasen y se contentasen con quitar la vida de sus maridos ó pa-
dres, ó hijos. Demás, de que muchos de ellos tenían dentro de
la ciudad de México muchos deudos y parientes, y aun había
algunos de ellos que tenían sus padres, tíos ó hermanos con
quien peleaban; especialmente Ixtlüxuchül^ sus hermanos y los
demás Señores, que peleaban con sus propios hermanos, tíos
y deudos; y aun muchas veces aconteció estar IxÜilxuchiÜ pe-
leando con alguno de sus parientes, y desde las azoteas des-
honrarle sus tíos llamándole de traidor contra su patria y deu-
dos, y otras razones pesadas, que á la verdad d ellos les sobroha
la razan; mas IxUüxuchiÜ callaba y peleaba, que más estimaba
la amistad y salud de los cristianos que todo esto, de lo cual
estaba el Rey Cuauhtemoc muy sentido y con muy poca espe-
ranza de vencer á los Españoles y libertar á su patria, y lo mis-
mo estaba Cohicandcochtzin Señor de Texcuco, que sólo el título
tenía, y Tellepanqueizotzin de Tlacopan, porque lo más impor-
tante que era Texcuco y sus reinos y provincias era de la parte
de los cristianos, como se ha visto en esta historia y se verá en
lo demás que resta decir. Asimismo háse de considerar que
Choleo^ Cuauhnahuac^ Itzocan^ Tepeaca^ Tolantzinco y otros rei-
nos y provincias que vinieron en favor de los nuestros, quitan-p
do Tlaxcalan^ Huexotzinco y Choleo, que eran sujetos al reino
de Texcuco, como es notorio, demás de lo que declaran las
historias que primero que ellos se hicieron amigos de los cris-
tianos, tomaron parecer de los de Texcuco que era su cabece-
ra, y TecocoUzin y Ixllüxuchitl por su mandato les ayudaron,
obedeciéndole en todo como hijos que eran de su Rey Neza-
hualpíUzinUi, lo cual según las historias, demás de que es cosa
averiguada, que si no estuvieran sujetos al reino de Texcuco,
fuera imposible hacerles venir en favor de los nuestros, y si
vinieran algunos no dejaran de amotinarse los unos con los
otros, que fuera grande estorbo.
364 OBRAS HISTÓRICAS DE
Dos días después que llegaron los cincuenta mil hombres de
Texcuco, vinieron los de Xochimilco y otras tierras de nación
otomí á darse á Cortés, ofreciendo gente de socorro y otras
cosas necesarias para la guerra, los cuales rogaron á IxtlUxu-
chiil fuese parte en que Cortés olvidase lo pasado. IxÜUxueliit
habló á Cortés diciéndole que se olvidara de lo anterior, que
ellos acudirían en su favor, y que era gente muy importante
por ser laguneros y tener muchas barcas en sus tierras. Cortés
se holgó mucho y les dijo que fueran á sus tierras, y que den-
tro de tres días estuviesen en su real con toda la gente que
pudiesen, y las canoas que tuviesen las trajesen todas, para
que ellos con los bergantines y las demás canoas de Texcuco
é Iztapalapan^ peleasen por las acequias y lagunas, los cuales
así lo hicieron, y estuvieron todos el día que se les mandó en
el real de Cortés, y desde este tiempo salían todas las noches
por la laguna y alrededor de la ciudad con los de Texcuco á
reconocer si metían por algunas partes bastimentos, en donde
los mataban y prendían, quitándoles todo el bastimento que
llevaban.
Había cinco días que los nuestros no habían dado ninguna
guerra á los enemigos, los cuales por esta causa habían abierto
lo que los nuestros había cegado y hecho mejores albarradas
y baluartes que los que había antes, y estaban muy bien aper-
cibidos de gente y de todo lo necesario, esperando con muchos
alaridos á los nuestros; y así este día Cortés y Ixtlüxuchitl, des-
pués de haber oído misa, salieron del real con todo su ejército
por el agua y tierra contra México, que lo mismo hicieron los
demás que estaban en las otras partes, y en la primera puente
que llegaron pasaron los del ejército por los bergantines y ca-
noas, y dieron sobre los enemigos ganándoles la puente y
albarrada, y les siguieron hasta otra puente en donde se guar-
necieron; y los nuestros, aunque con harto trabajo, se la gana-
ron, y los siguieron de puente en puente hasta llegar á la plaza,
y los veinte mil gastadores que traía IxtíilxucJiitl j^ava. este efec-
to, les mandó cegaran estas puentes y aderezaran los malos
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 365
pasos, en donde se ocuparon casi todo este día Cortés é Ixtlilxu-
cliitl con sus soldados, pelearon muy bien con los enemigos,
en donde murió grandísima suma de ellos y algunos de los
nuestros por las celadas que les hicieron; pero dentro de pocas
horas los sujetaron de tal manera, que los hicieron retirar á
sus casas y templos, en donde se hicieron fuertes. IxilUxuchiÜ
entre los muehos que mató este día, fué á un capitán muy va-
leroso y deudo suyo, en la puerta del templo mayor, y le quitó
una espada española que traía, que se la había quitado á un
Español que mató y prendió los días atrás, y asimismo peleó
con el general de los Mexicanos que era muy valeroso, y se le
escapó huyendo con algunas heridas, aunque no mortales, hasta
los palacios de su hermano el Rey Cacamaizin^ en donde se hizo
fuerte con muchos de sus capitanes. IxtlilxuchiÜ quiso entrar
dentro para prenderlo ó matarlo, y no pudo, porque halló mucha
resistencia en la puerta, en donde mató algunos que le defendían
la entrada, y viendo que no podía, demás que le daban prisa
los suyos para que fuese á favorecer á los Españoles que anda-
ban escaramuceando con los enemigos, y con gran aprieto, vol-
vió las espaldas y ayudó á los cristianos, y pusieron fuego á las
casas y templos, especialmente á los palacios de Axayaca y la
casa de las aves, de lo cual recibieron notable pena los Mexi-
canos, y con tanto se volvieron á su real; y como los Mexica-
nos vieron á los nuestros, dieron tras ellos y mataron muchos
Tlaxcaltecas, que por ir tan cargados de despojos iban traseros.
El día siguiente después de lo referido, antes que amanecie-
se, oyeron misa los nuestros y fueron hacia la ciudad; mas por
mucho que madrugaron hallaron las puentes limpias y que-
brada por muchas partes la calzada, como solían hacer los Me-
xicanos, los cuales toda esta noche no habían dormido porque
el Rey Cuauhtemoc personalmente había estado con ellos, y así
los nuestros este día no pudieron ganar mas que hasta dos
puentes con harto trabajo, en donde se gastó casi toda la mu-
nición, y al retirarse recibieron algunos danos de los Mexica-
nos por entender que iban huyendo. Alvarado y QumihtUztactzin
366 OBRAS HISTÓRICAS DE
ganaron este día otras dos puentes y quemaron muchas casas,
y mataron muchos enemigos. Asimismo, este día vinieron á
darse por amigos á Cortés los de CuiÜahuac^ Mzquic, (Mhua-
can, MexicaUzinco y Huüzüopochco, y á rogar á IxÜUxuchitl man-
dara á los suyos, especialmente á los de Choleo, no les hicieran
más molestia, que casi todos los días les iban á saquear sus
casas. IxÜilxuchiU envió á decir á los Señores de Choleo que
mandasen á los suyos que no maltratasen más á éstos, pues
eran sus amigos, y de la parte de los hijos del sol; y les man-
daron que hiciesen casas por toda la calzada para el ejército,
especialmente, para Españoles, que ya se acercaba el tiempo
de las muchas aguas; y que acudiesen con comida y regalo para
Cortés y los suyos, y asimismo trajesen todas las canoas que
tuviesen para juntar con las demás.
Después de lo dicho, mandó Cortés á los bergantines y ca-
noas de Texcuco y demás partes de la laguna dulce, que cer-
casen la ciudad por todas partes y quemasen todas las casas
que pudiesen, y matasen ó prendiesen toda la gente que pu-
diesen, y él con IxÜüxuchitl y su ejército entró por la ciudad, y
quiso ganar la calle de Tlacopan para poderse comunicar con
Alvarado, que sería de mucho efecto, poniéndolo por obra, que
lo mismo hicieron Alvarado y Sandoval á un mismo tiempo,
ganando cada uno lo que pudo. Cortés este día no ganó más
de tres puentes y los cegó, y luego tornó á su puesto; y el si-
guiente día después de esto, volvió otra vez sobre la ciudad y
calle, y ganó gran parte de ella con harto trabajo de los nues-
tros, en donde IxtUlxuchiÜ mató á otro Señor y capitán de los
enemigos, y le quitó una espada que también él se la había
quitado á otro Español que mató los días atrás. Alvarado quiso
este día entrar por la plaza de Tlatelulco, y poniéndolo por
efecto, se adelantó con hasta cincuenta Españoles, y llegados
dentro de la plaza, los enemigos dieron sobre ellos, y si no lle-
gara Quauhtíiztaczln con los suyos, no quedara ninguno con
vida; y por más que aguijó, halló ya cuatro Españoles presos por
los enemigos, y luego allí delante de ellos los sacrificaron, y así
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 367
se retiraron como pudieron, aunque costó la vida á muchos de
los naturales amigos; y el día siguiente mudó Cortés el real
dentro de la ciudad, sin hacer otra cosa señalada, y dio orden
para que todos el siguiente día cada uno embistiese por su
parte, y lo mismo á los bergantines y canoas.
Llegado el día, repartió la gente de su real en tres compañías,
para que pudiesen ir por tres calles que iban hacia la plaza.
La una entró el Tesorero con setenta Españoles y ocho caba-
llos, y veinte mil de los de IxÜilxuchül con muchos gastadores
para cegar las acequias y puentes, y derribar casas; y por la
otra fué Jorge de Alvarado y Andrés de Tapia cpn ochenta Es-
pañoles y más de doce mil amigos que les dio IxtlüxuchiÜ^ de-
jando á la boca de esta calle dos tiros y ocho de á caballo con
algunos amigos; y por la otra fueron Cortés y IxÜilxuchül con
cien Españoles y ocho mil amigos; y puestos todos á punto em-
bistieron con los enemigos todos á un tiempo, é hicieron gran-
des cosas. Iztlilxuchül á esta ocasión dio otra cuchillada á otro
capitán Mexicano, que de la primera vez le quitó ambos mus-
los; y en efecto, fueron matando á muchos, y ganando casas,
puentes y albarradas hasta la plaza, sin perdonar á nadie la
vida; de tal manera, que parecía que aquel día quedaría México
^nado; y los del Tesorero unieron el alcance hasta Tlatelulco,
y dejaron una puente mal cegada, adonde es ahora San Mar-
tín, barrio de Tlatelulco; y Cortés, que iba en pos de ellos, ade-
lantóse con los suyos, y Ixtlilxuchitl quedó atrás, peleando con
los Mexicanos. Cuando llegó Cortés, pasando el mal paso, ha-
lló al Tesorero que venía huyendo de él, y los demás quedaban
muertos: muchos de los naturales amigos y el Alférez cortados
los brazos, y el pendón real en poder de los enemigos, y muer-
tos, y otros presos de los Españoles, que serían hasta cuarenta
de ellos. Cortés, viendo la furia de los enemigos, tuvo por bien de
huir también; y al tiempo que llegaron al mal paso, no se
atrevieron á pasar por él, si no era echándose en el agua, y así
unos á otros se trabaron de las manos; y Ixtíilxuchia que á esta
ocasión llegó, mandó á sus soldados detuviesen á los enemigos,
368 OBRAS HISTÓRICAS DE
y él se llegó presto, y dióle la mano á Cbrtés y le sacó del agua,
que ya uno de los enemigos le iba á cortar la cabeza; y le cor-
tó los brazos, aunque esto se lo aluden á ciertos Españoles,
siendo muy al revés; demás de que lo hallaron pintado en la
puerta principal de la Iglesia del monasterio de Santiago Tla-
telulco, aunque ya también cierto religioso, que debía ser pa-
riente del Olea, mandó pintarlo diferente, poniendo á Olea que
corta los brazos al que quiere prender ó matar á Cortés, y Jx-
tlUxuchitl que lo saca fuera del agua. Sea como se fuere, IxtíU'
xuchltl libró á Cortés y le reprendió mucho porque se había
adelantado y no quiso tomar su parecer de nunca adelantarse
solo, sin ir con muchos amigos, para que en el Ínterin que se
entretenían con ellos, pudiesen poner en cobro sus personas,
pues eran pocos, y morir uno de ellos hacía falta, más que s¡
fueran quinientos de los suyos; el cual al tiempo que sacó á
Cortés del agua, le dieron una pedrada sobre la oreja izquierda,
que le descalabraron, y por poco le abrían la cabeza; y viéndo-
se herido, tomó una poca de tierra y púsose en la descalabra-
dura; y quitándose las armas blancas que siempre traía, deján-
dose en cueros con sólo un pañete que le cubría las partes
bajas, y una rodela y macana, con aquel coraje que tenía, em-
bistió con los enemigos y trabó con ellos una cruel batalla,
matando á muchos de ellos, hasUi que se encontró con el ge-
neral de los Mexicanos, que era valerosísimo. Estuvieron los
dos peleando más de un cuarto de hora, en donde le tiraron
los enemigos un flechazo que le pasaron el brazo derecho, y
una pedrada sobre la rodilla derecha que le lastimó, aunque
no mucho, y con esto se encendió más. Viéndose herido, cobró
más ánimo y embisto con el general y le quitó la espada que
traía, dándole algunas heridas, el cual viéndose de csta manera
echó á huir como pudo, y en su alcance Ixtlilxuchül, hasta el
templo de la diosa Macuilxucldtl^ en donde se hizo fuerte con
los suyos que no lo pudo haber á las manos; y entretanto se
volvió hacia donde estaba Cortés, y al tiempo que venía encon-
tró con un capitán Mexicano que se venía hacia él: como le
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 369
vio que iba muy arropado por amor de las heridas, entendió
que no le haría ningún mal, le comenzó á deshonrar y á po-
nerle mil nombres. Ixüilxuchül calló cuanto pudo y mandó á
los suyos que lo dejasen para ver lo que hacía, hasta que no
le pudo sufrir más, y aunque iba herido del brazo, le dio una
cuchillada, con la espada que quitó al general, por la cintura,
que le dividió en dos partes el cuerpo, y no pudiendo sufrir
más la flecha que todavía llevaba metida dentro el brazo, se la
quitó y esprimió muy bien la herida, y sus vasallos le pusieron
ciertas cosas con que sanó dentro de pocos días. Alcanzó Ix-
ÜUxuchitl á Cortés en la calle de Tlacopan^ que se iba retirando
con harto trabajo, porque los enemigos habían cargado sobre
él; y como pudieron, llegaron á su real con pérdida de más de
dos mil amigos y los cuarenta Españoles que fueron presos, y
luego este día los sacrificaron en el templo mayor de Tlate-
lulco, sin otros tres que quemaron y más de treinta que queda-
ron heridos, muchas canoas perdidas, y los bergantines por
poco se pierden; el capitán y maestre de uno de ellos fueron
heridos, y murió el capitán de la herida. A Alvarado también
le mataron cuatro Españoles y algunos amigos. Fué este día
aciago. Toda la noche estuvo Cortés é Ixüilxuchitl con los su-
yos muy tristes y adoloridos, porque Cortés también estaba
herido en una pierna, y los Mexicanos muy alegres de la vic-
toria tan señalada que tuvieron este día, que casi toda la no-
che no durmieron de contentos, haciendo grandes bailes y dan-
zas, poniendo grandes lumbradas por las azoteas de los templos
y casas, tocando muchas bocinas y atabales y otras señales de
alegría. También abrieron las acequias y puentes como antes
estaban, y envió Guauhtemoc sus embajadores por toda la co-
marca á dar aviso del buen suceso, especialmente á las provin-
cias de su parte, pidiendo gente y socorro para cumplir esta
guerra y echar de México ó matar á los Españoles. El día si-
guiente, por no mostrar flaqueza. Cortés é IxÜUxuchíU con su
ejército fuéronse hacia la ciudad y pelearon con los enemigos,
y desde la primera puente se tornaron á su real.
TOHO 1—24
370 OBRAS HISTÓRICAS DE
Al segundo día después de las desgracias, vinieron unos em-
bajadores de Oimuhnahuac de parte del Señor á dar aviso á Ix-
tlUxuchitl, como los de Malinalco y Cuixco\es hacían mucha gue-
rra, rogándole que mandase á los pueblos sus circunvecinos les
ayudansen, y pidiese á Cortés algunos españoles que fuesen
también en su favor; lo cual oído por Cortés mandó á Andrés
de Tapia fuese con ochenta peones y diez de á caballo, y den-
tro de diez días que les dio de término, ganasen aquellas pro-
vincias y estuviesen en México; y así el capitán Tapia se fué
con estos mensajeros, y IxtlüxuchiÜ envió á rogar á los pue-
blos cincunvecinos que les ayudasen, y así con los de OuQvh--
nahuac juntos, que serían hasta cuarenta mil hambres, fueron
con Andrés de Tapia sobre Malinalco; y antes de llegar encon-
tró con el ejército de los enemigos: pelearon con ellos, los des-
barataron y mataron á muchos y siguieron hasta la ciudad que
era muy grande. Entretanto se tornaron para México, y de
allí á dos días llegaron otros mensajeros de Toluca^ quejándo-
se de los Matlatzincas sus vecinos, que les habían hecho mu-
chos agravios é impedido el socorro que traían en favor de los
nuestros, lo cual creyó Cortés fácilmente, porque habían en-
viado decir los Mexicanos que vendrían los Matlatzincas, hom-
bres valerosos, y los destruirían; y así mandó áSandoval fuese
con ellos y llevase diez y ocho caballos, cien peones y muchos
amigos que Ixüilxuchitl mandó fuesen en su favor, que con los
que había en Toluca llegaron á sesenta mil hombres. Estuvo
tres días Sandoval por el camino, al cabo de los cuales los al-
canzó á la otra banda del río Chicuhnauhtla, que iban cargados
de maíz y otras cosas que habían tomado de un lugar que que-
maron. Arremetieron con ellos y pelearon un rato hasta que
les hicieron huir y retirarse á su ciudad que estaba más de dos
leguas, y en la retirada mataron más de dos mil. Llegados á
Malinalcoj la cercaron, y los vecinos se defendieron en el ín-
terin que sus mujeres se iban á un cerro alto, hasta que no
pudiendo más, y que sus mujeres y haciendas estaban en co-
bro, salieron huyendo, y los nuestros saquearon todo el lugar,
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 371
quemaron las casas y templos, y quedáronse á dormir esta no-
che; y el día siguiente fueron hacia el cerro y no hallaron á
nadie; dieron sobre un lugar que era de guerra, y el Señor de
allí abrió las puertas y recibió á los nuestros, rogándoles que
no hiciesen mal en su tierra, que él haría que se diesen los de
MaUatzineo, Mcdiruzlco, Cohuizoo ^ y los demás lugares que eran
de la parte de México, de lo cual se holgó Sandoval, y no le
hizo nii^n mal; se tomó á México, y este Señor trajo á los de
MaÜcUzineo^ McUinalco y los demás á Cortés para que los per-
donase, ofreciéndole ayuda para el cerco de México. Él se hol-
gó mucho y les rogó cumpliesen su palabra, los cuales así lo
hicieron trayendo gente de socorro y comida y lag demás co-
sas necesarias. Mientras sucedían las conquistas de Malincdco^
MaÜatÜTico y otras partes, no pelearon los nuestros ni hicieron
cosa señalada, aunque los naturales no dejaban de cuando en
cuando de tener algunas escaramuzas con los Mexicanos. Cor-
tés con acuerdo de IxÜilxuchiü y los demás señores, mandó
que todas las casas que se ganasen se derribasen por el suelo,
y así mandó IxUilxuchiÜ á Texcuco y á los demás reinos y pro-
vincias sujetas á su señorío, especialmente las cercanas, vinie-
sen todos los labradoses con sus coas para este efecto con toda
brevedad; y así cuatro días después que Sandoval estaba en
México, llegaron más de cien mil de ellos, y teniéndolos á to-
dos juntos, y después de haber apercibido á los Mexicanos que
se diesen de paz, los cuales no habían querido por ninguna vía,
sino que antes se habían apercibido muy de veras y muy á su
gusto, y echado mucha piedra por la plaza y calles, para qué
los caballos no pudiesen correr por ellas, con otros muchos ar-
dides de guerra; Cortés, lodlUxuchiÜ y los demás, comenzaron
á combatir la calle principal que va á la plaza mayor; yendo
prosiguiendo los nuestros por la calle arriba, derribando casas
y cegando las puentes. Los de la ciudad demandaron paz, aun-
que fingida, con que repararon los nuestros y preguntaron por
1 Antes le llamaba Ouixco,
372 OBRAS HISTÓRICAS DE
el rey: respondieron que ya lo habían ¡do á llamar. Estuvieron
un rato aguardando por si venía, hasta que los enemigos les
tiraron muchas pedradas y flechazos y lanzas arrojadizas con
lo que los nuestros embistieron con ellos y les ganaron una
grande albarrada que tenían hecha, y entraron por la plaza y
quitaron la piedra con que cegaron el agua de las acequias
y demás puentes que estaban por cegar de aquella calle; de tal
manera que los enemigos nunca más las abrieron, y derribaron
las casas que pudieron; y siendo ya hora de irse á su real, se
volvieron, y otros días se ocuparon en esto, derribando casas
y peleando con sus enemigos; y en este mismo tiempo, IxUü-
osuchiU peleando con los enemigos prendió á m hermano Cohior
nacochtzin, que era entonces general de los Mexicanos, y se lo
entregó á Cortés^ el cual le mandó echar unos grillos y ponerlo
en el real con muchas guardas, de lo cual se sintieron mucho
Ouauhtemoc y los Mexicanos, porque con la pérdida de este Se-
ñor, de todo punto perdieron la esperanza de algün socorro;
demás de que todos los Aculhuas sus vasallos que eran de su
parte y habían estado en México en su favor, se pasaron á la
parte de Ixüilxuchiíl.
Después de todo lo referido, acordó Cortés de hacer una em-
boscada, en la cual mataron más de seiscientos Mexicanos y
prendieron más de dos mil, con que de todo punto los Mexi-
canos cobraron grandísimo temor á los nuestros; y les gana-
ron otras muchas casas y un templo, en donde los españoles
hallaron cierta cantidad de oro en una sepultura, al tiempo que
lo derribaban por el suelo los labradores. En este día Ixtlilxu^
chiU y los otros Señores y soldados valerosos de su ejército
hicieron cosas señaladas grandísimas, como en los demás re-
feridos, que por evitar prolijidad no se especiñcan.
La noche siguiente salieron dos Mexicanos muertos de ham-
bre, y viniéronse á IxÜUxuchiU, el cual se holgó de verlos, y tu-
vo noticia de ellos de todo lo que había dentro de la ciudad, y
trabajos, hambres y pestilencias que los ciudadanos padecían,
y cómo de noche y á horas desacostumbradas salían á pescar y
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 373
á buscar yerbas y cortezas de árboles para poderse sustentar;
lo cual oído por IxÜüxuchiU, y enterado de dónde eran los lu-
gares á donde salían los Mexicanos, avisó á Cortés; y así man-
daron que los bergantines y canoas rodeasen la ciudad, y pu-
sieron ciertas espías para que avisasen á la hora que ellos salían;
y Cortés tomó hasta cien españoles y quince de á caballo, y
lasüüxuehiü hasta cuarenta mil hombres; y avisados de las es-
pías una madrugada, dieron sobre los desventurados Mexica-
nos; y como estaban desarmados, mataron casi mil de ellos,
y otros muchos prendieron; y lo mismo hicieron los berganti-
nes y canoas. Los guardas de la ciudad, aunque hicieron ruido
y señal de que querían pelear con los nuestros, no se atre-
vieron.
El día siguiente' que era el segundo de su semana, llamado
Ome Malinalli, ^ esparto núm. ^, que era á diez días de su mes,
llamado Hüeytecuylhuitl y á la nuestra 24 de Julio, víspera de
Señor Santiago, Patrón de España, Cortés y IxtlUxuchiÜ con su
ejército combatieron con la ciudad y ganaron de todo punto
la calle de Tlaoopan^ y derribaron y quemaron los palacios del
Rey Ouauhtemoc y otras muchas casas; de tal suerte, que que-
daron este día de las cuatro partes de México, ganadas las tres,
que sin riesgo se podían comunicar los nuestros, los del real
de Cortés y loMilxuchiU, con los de Alvarado y Tetlahuehuez-
quüzin; y de allí á cuatro días, después de haber quemado mu-
chas casas y derribado las paredes por el suelo, ganaron los
nuestros dos templos de Tlatelulco muy grandes, que era la
mayor fiíerza que los enemigos tenían, aunque con algún tra-
b£yo, y Ixüilxuchitl Yiendo que los enemigos no querían pelear
después que les ganaron los templos, les dijo que se diesen de
paz á los cristianos con algún partido. Ellos le respondieron
que no tratase de amistad, ni aguardasen ningún despojo de
ellos, porque habían de quemar todo cuanto tenían y echarlo
en el agua como hicieron con el tesoro, donde nunca más pare-
1 MalinaUi es una yerba retorcida que aquí el autor traduce por esparto.
374 OBRAS HISTÓRICAS DE
ciese; y que uno solo que quedase había de morir defendiendo
su patria; y otras muchas razones, las cuales vistas por Ixdil-
xuUü^ dio aviso á Cortés, y le dijo que no esperase ningún con-
cierto, sino que prosiguiese su demanda. Estuvieron cuatro
días sin dar guerra á los Mexicanos, aunque dicen que estu-
vieron ocupados en hacer un trabuco, y aJ cabo de los cuales,
entraron á combatir la ciudad y hallaron las calles llenas de
migeres, niños y viejos, y otros muchos enfermos mu^os de
hambre. Mandaron Cortés y IxtUlmehül que no les hiciesen
mal, y la gente ilustre y soldados estaban en las azoteas sin
ningunas armas, porque era principio de su mes llamado Mi-
cAiLHurrzíNTLi, y fiesta que ellos guardaban, que comunmente
cae á 7 de Agosto: requiriéndoles con la paz, ellos respondie-
ron que otro día tratarían de esto; mas hoy no había lugar
porque celebrabran la fiesta de sus finados los niños. Visto es-
to por Cortés y locÜílxuchiS^ enviaron á decir á Alvarado y TeUa^
huehuezquitdn^ que combatiesen un barrio muy fuerte de más
de mil casas que estaba por ganar, y que ellos les ayudarían; y
así dieron sobre este barrio, y los vecinos pelearon muy bien un
grandísimo rato; y no pudiendo sufirir la furia de los nuestros,
huyeron y desampararon sus casas, y mataron más de doce ó
trece mil hombres. Este día casi no pelearon los españoles si
no fué al principio; mas luego se retiraron á un cabo, y estu-
vieron mirando á los amigos como peleaban. IxÜilxuchiÜ pren-
dió en esta ocasión con sus propias manos casi cien hombres,
y mató á otros muchos, y entre ellos casi veinte c^itanes, que
después se conocieron por las armas que traían puestas; y per-
dido este barrio, en donde estaba Ouauhtemoe^ ^ que era lo que
quedaba de la ciudad, eran tsn pocas las casas, y tanta la gen-
te que apenas cabían de pies, y las calles llenas de hombres
muertos y enfermos, que los nuestros no pisaban otra cosa sí
no eran cuerpos. El día siguiente combatieron <x)n lo que que-
l Este Monarca estaba en Tlacochcalco, donde hoy está la Parroquia de
Santa Ana.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 375
daba, que sería de las ocho partes de la ciudad, la una; y es-
tando en esto llamaron á Cortés y á IxtlUxuchiÜ^ y les dijeron
muchas palabras muy sentidas, rogándoles que los acabasen
de destruir, especialmente á Cortés que le dijeron aquellas pa-
labras que los cronistas españoles escriben, y fué decirle: ¡Ah
Capitán Cortés! pues eres hijo del Sol, ¿por qué no recabas
con él que nos acabe de lástima? Este día no mataron á na-
die, si no fueron algunos que se defendían. El día siguiente
después de lo referido, lenviaron Cortés y loctiHxuÜiÜ á un In-
fante tío suyo, hermano de su madre que había como ocho
días que lo había prendido IxüUxuGhiÜ y aun estaba herido^
rogándole que fuese á tratar de paces con Gmuhtemoc^ y aun-
que él lo rehusó diciendo á su sobrino la voluntad del Rey,
mas con todo esto fué, y las guardas le dejaron entrar como
al fin su Señor, y dándole la embsgada fué mandado sacrificar:
á los españoles y naturales que iban con él, los echaron á pe-
dradas y lanzadas, didendo todos, que más querían morir que
no paz. Este día pelearon mucho y murió mucha gente de am-
bas partes. Otro día tomaron los nuestros hacia el lugar en
donde estaban los enemigos, y no pelearon aguardando por
ver si se rendían. Llegáronse Cortés é Ixtlilxuchül á una alba-
rrada ^i donde estaban ciertos Señores deudos de IxÜUxuchiU^
y habló con ellos diciendo lo que les convenía. Ellos respon-
dieron que muy conocido tenían su daño; mas que á su Rey
habían de obedecer. Estas y otras razones hubo entre ellos,
y los Mexicanos respondían con hartas lágrimas, y después de
haberles dicho que fuesen á rogar á su Rey se diese, fueron y
le requirieron muchas veces, y él respondió siempre que esto
había de haber sido antes, y no ahora que ya todo estaba per-
dido. Ellos volvieron á IxÜilxuchiU y le dijeron que por ser ya
tarde no podía venir el Rey para verse con él y con Cortés;
mas que el siguiente día, á horas de comer, vendría sin duda á
la plaza para hablar con ellos. Entretanto se tornaron los más
á su real muy contentos entendiendo que esta vez se concer-
tarían; y el día siguiente mandaron aderezar el teatro de la pía-
376 -OBRAS HISTÓRICAS DE
za muy de madrugada, poniendo estrado real (ó sitial) en don-
de se habían de tratar las paces, y mucha comida. Llegado el
tiempo, no fué el Rey, sino cinco Señores, y entre ellos el Go-
bernador y Capitán general del reino, para tratar de la paz y
conciertos, y disculparon á su Rey por enfermo. Cortés los re-
cibió y se holgó de verlos, los regaló mucho; mas no quiso tra-
tar con ellos cosa ninguna, diciéndoles que sin el Rey no se
podía negociar nada. Ellos fueron á su Rey y éste les dijo, que
sería infamia muy grande ir un Monarca como él delante de
sus enemigos por aquella vía, si no fuese peleando, y para qui-
tarle la vida, y que tomasen y le dijesen á Ixtilxuchitl que di-
jese á Cortés, que él le daba su palabra de que cumpliría con
todo lo que sus Embajadores concertasen con ellos, pues eran
los mayores Señores de su reino, pero que en ninguna ma-
nera podía ir ante Cortés; y si con esto no bastaba, que hi-
ciesen lo que quisiesen, que ya les quedaba poco para acabar-
los de destruir. IxtlUxuchiU informó á Cortés de todo lo que
había, y el Rey Cuauhtemoc enviaba á decir. Tomó Cortés á
enviarle á decir que el día siguiente últimamente iría á la plaza
y allí le aguardaría por espacio de tres horas, que si no venía
á verse con ellos Ouauhiemoc, los acabarían de destruir á fuego
y sangre, sin perdonar á nadie la vida. Los mensigeros se tor-
naron y dieron la respuesta de la determinación de Cortés á
su Rey.
El día siguiente que era el sexto de su octavo mes llamado
MicAYLHüiTziNTU, quc se llama Macüili Toxtu, conejo número
5, y en el nuestro fué á 12 de Agosto, día de Santa Clara Vir-
gen, fué Cortés con IxÜílxuchiÜ y otros Señores á la plaza para
aguardar al Rey Ckiauhtenwc, según se lo enviaron á decir. Es-
tuvieron por la mañana hasta casi medio día aguardándolo, y
viendo que no venía, ni había esperanza de que viniese, man-
daron á Sandoval y á los demás Señores que eran sus compa-
ñeros, con los bergantines y canoas, combatiesen por las ace-
quias y laguna con los enemigos, y Cortés é locüílxuchiü por
las calles y albarradas, y dada la batalla dentro de muy poco
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 377
rato los nuestros con poca resistencia entraron hasta lo más
fuerte que tenían los Mexicanos para su defensa, que fueron
muertos y presos cincuenta mil hombres. Hiciéronse este día
unas de las mayores crueldades sobre los desventurados Mexi-
canos que se han hecho en esta tierra. Era tanto el llanto de las
mujeres y niños que quebrantaban los corazones de los hom-
bres. Los Tlaxcaltecas y otras naciones que no estaban bien
con los Mexicanos, se vengaban de ellos muy cruelmente de
lo pasado, y les saquearon cuanto tenían. IxÜilxuchiÜ y los su-
yos, al fin como eran de su patria, y muchos sus deudos, se
compadecían de ellos y estorbaban á los demás que tratasen á
las mujeres y niños con tanta crueldad, que lo mismo hacía
Cíortés con sus Españoles. Ya que se acercaba la noche se re-
tiraron á su real, y en éste concertaron Cortés é Ixtlüxuchitl y
los demás Señores y capitanes, del día siguiente acabar de ga-
nar lo que quedaba. En dicho día, que era de San Hipólito
Mártir, fueron hacia el rincón de los enemigos. Cortés por las
calles y IxUilxuchül con Sandoval, que era el capitán de los
bergantines, por agua hacia una laguna pequeña, que tenía avi-
so IxUUxuchiU cómo el Rey estaba allí con mucha gente en las
barcas. Fuéronse llegando hacia ellos. Era cosa admirable ver
á los Mexicanos. La gente de guerra confusa y triste, arrima-
dos á las paredes de las azoteas mirando su perdición; y los
niños, viejos y mujeres llorando. Los Señores y la gente noble
en las canoas con su Rey, todos confusos. Hecha la seña, los
nuestros embistieron todos á un tiempo al rincón de los ene-
migos, y diéronse tanta prisa que dentro de pocas horas le ga-
naron, sin que quedase cosa que fuese de la parte de los ene-
migos; y los bergantines y canoas embistieron con las de éstos,
y como no pudieron resistir á nuestros soldados, echaron todas
á huir por donde mejor pudieron, y los nuestros tras ellos.
García de Holguín, capitán de un bergantín, que tuvo aviso por
un Mexicano que tenía preso, de cómo la canoa que seguía era
donde iba el Rey, dio tras ella hasta alcanzarla. El Rey Cuauh-
temoc^ viendo que ya los enemigos los tenía cerca, mandó á los
378 OBRAS HISTÓRICAS DE
remeros llevasen la canoa hacia ellos para pelear; viéndose de
esta manera, tomó su rodela y macana, y quiso embestir; mas
viendo que era mucha la fuerza de los enemigos, que le ame-
nazaban con sus ballestas y escopetas, se rindió. García de Hol-
gufn lo llevó á Cortés, el cual lo recibió con mucha cortesía, al
fin como á Rey, y él echó mano al puñal de Cortés, y le dijo:
¡Ah capitán! ya yo he hecho todo mi poder para defender mi
reino, y librarlo de vuestras manos; y pues no ha sido mi for-
tuna favorable, quitadme la vida, que será muy justo, y con
esto acabaréis el reino Mexicano, pues á mi ciudad y vasallos
tenéis destruidos y muertos con otras razones muy lastimo-
sas, que se enternecieron cuantos allí estaban, de ver á este
Príncipe en este lance. Cortés le consoló, y le rogó que man-
dase á los suyos se rindiesen, el cual así lo hizo, y se subió por
una torre alta, y les dijo á voces que se rindieran, pues ya es-
taba en poder de los enemigos. La gente de guerra, que sería
hasta sesenta mil de ellos, los que habían quedado de los tres-
cientos mil que eran de la parte de México, viendo á su Rey
dejaron las armas, y la gente más ilustre llegó á consolar á su
Rey.^ IxÜüxuchiU, que procuró harto de prender por su mano
1 Acerca del lugar donde fué hecho prisionero Guauhtemoc ee han suscita-
do varias disputas. El Barón de Humboldt, dice: que de las indagaciones que
hizo con el sabio P. Pichardo de la Profesa, resulta, que fué en un grande es-
tanque que había entre la garita de Peralvillo, la plaza de Tlaltelulco y el
puente de Amaxac\ opinión que resulta confirmada, porque hace mención Ja;-
ÜilxuehiÜ de una pequeña laguna que había allí. Esta era una caleta por don-
de se embarcaban para Atzcapotzalco, ó sea un fondeadero por donde también
ge embarcó el rey NezahMalcoyotl y el rey IxcoaÜ de México, cuando á la ca-
beza de trescientos mil texcocanos y mexicanos, marcharon á destruir el impe-
rio de los tecpanecas, y con él al tirano MaxÜa, Todavía existen muchos ñtig-
mentos do lanzas y flechas de obsidiana en aqudla llanura de Nuestra Señora
de los Ángeles, y yo poseo un regatón de macana recientemente hallado, que
figura una púa con varios canales que hacían incurables las heridas que cau-
sase; verdaderamente es horriblle aquel lugar
Esta nota es de Bustamante; la única digna de reproducirse.
Verdaderamente parece increíble que no pueda fijarse el lugar de la prisión
de Cuauhtemoc. Según unos cronistas, filé ya en la laguna, cuando trataba
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 379
á Guauhiemoc, y no pudo por andar en canoa, y no tan ligera
como un bergantín, pudo sin embargo alcanzar dos, en donde
iban algimos Príncipes y Señores, como eran TeHapanquetza-
feín, heredero del reino de Tlacopan, y Tldcahuepardzin^ hijo de
Moteczuma su heredero, y otros muchos; y en la otra iban la reina
PaparUzin Oxomoc, mujer que fué del Rey GmÜáhua^ con muchas
Señoras. Ixtíilxuchüllos prendió y llevó consigo á estos Señores
hacia donde estaba Cortés: á la reina y demás Señoras las man-
dó llevar á la ciudad de Texcuco con mucha guarda, y que allá
las tuviesen. Duró el cerco de México, según las historias, pin-
turas y relaciones, especialmente la de D. Alonso Axayaoa,
ochenta días cabalmente. Murieron de la parte de IxÜxlaniolM
y reino de Texcuco, más de treinta mil hombres, demás de
doscientos mil que fueron de la parte de los Españoles, como
ya se ha visto: de los Mexicanos murieron más de doscientos
cuarenta mil, y entre ellos casi toda la nobleza Mexicana, pues
que apenas quedaron algunos Señores y caballeros, y los más
niños y de poca edad. Este día, después de haber saqueado la
ciudad, tomaron los Españoles para sí el oro y plata, y los Se-
ñores la pedrería y plumas, y los soldados las mantas y demás
cosas, y estuvieron después de esto otros cuatro en enterrar
los muertos, haciendo grandes ñestas y alegrías. Llevaron mu-
chos hombres y mujeres por esclavos, y luego fueron á CW-
Tmacan con todo el ejército, en donde se despidieron con todos
los Señores de IxtlUxuchülj y se fueron á sus tierras, dando pa-
labra á Cortés de ayudarle en todo lo que les quisiese mandar^
de ganar la orilla del Cuauhtlalpan: según otros ñié en el lugar citado por Ix-
tlllzochitl, del cual queda recuerdo en la plazuela llamada de la Lagunilla.
Cerca de ella estaba el puente del Clérigo; y es tradición, que ése fué el sitio
en donde Holguín prendió á Cuauhtemoc.
Sin embargo del respeto que las tradiciones merecen, el relato de los porme-
nores de la prisión, y la circunstancia de que los bergantines de Holguín y
Sandoval siguieron la canoa de Cuaubtemoc para darle alcance, bacen suponer
que navegaban en agua abierta, y que el suceso pasó en el lago entre el Norte
de México y las tierras de Atzcaputzalco, lugar que aproximadamente señalan
loe primeros cronistas.
380 OBRAS HISTÓRICAS DE
el cual se los agradeció mucho, y los Tlaxcaltecas, Huexotzin-
cas y Cholul tecas se despidieron de él. Asimismo se fueron á
sus tierras ricos y contentos, y de camino los Tlaxcaltecas sa-
quearon la ciudad de Texcuco y otros lugares, robando á los
vecinos de noche sin ser sentidos, y á tiempo que no se pudie.
sen defender y librar sus haciendas de ellos.
Después de sucedidas las cosas referidas, y los Españoles en
Coyohuacan servidos y regalados de los Acuihuas que lostUlxu-
chitl les tenía mandado que acudiesen con todo lo necesario^
se fué á su ciudad de Texcuco, en donde fué muy bien recibi-
do, y hallóla toda saqueada y arruinada por los Tlaxcaltecas.
Mandó reparar y Hmpiar todo lo arruinado, especialmente los
palacios de su padre y abuelo, y de otros Señores particulares.
Envió á Tlaxcalan á reprender á los Tlaxcaltecas por lo mal
que habían usado de la ciudad de Texcuco, siendo su patria
antigua de donde los pasados salieron. Los Tlaxcaltecas se dis-
culparon lo mejor que pudieron, diciendo que ellos no tenían
la culpa, porque los Españoles los invitaron, con otras muchas
razones. Hizo muchas mercedes á todos los Señores capitanes y
soldados que anduvieron en su ejército en favor de los cristia-
nos, especialmente á los que se señalaron en las guerras. Labró
unas casas y palacios muy grandes con los Mexicanos que tra-
jo de México y él prendió personalmente, que eran obra de
dos mil de ellos, en el sitio que llaman TeepUpac} que su padre
le dio siendo niño, en donde se crió; y mandó á todos sus va-
sallos estuviesen siempre apercibidos con todo lo necesario, asi
para guerras, como para sustento si hubiese necesidad.
Cortés que estaba en Coyohrmcan, viendo que no se hallaba
todo el tesoro que él vio en México de las tres cabeceras, man-
dó quemar vivo á un caballero criado del Rey CuavMefíioc^ y
darle tormento de fuego por los pies, por más que le dijeron
los Mexicanos que aunque los matase á todos no tuviese espe-
1 Tecpilpan en Kingsborough.
2 Aquí Ixtlilxochitl, sin duda de mala fe, supone que el tormento se dio á
un caballero criado, y no al mismo Cuauhtemoc.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 381
ranza de hallar el tesoro, porque lo echaron en el sumidero de
la laguna; IxÜilxuchül, que no pudo sufrir la crueldad de Cor-
tés, le dijo que le hiciese placer de quitar del tormento al cria-
do del Rey Guauhtemoc^ pues sabía claramente que era en vano
cuanto hacía y gran inhumanidad, que así daba ocasión á que
se tornasen á rebelar. Cortés, conociendo su inhumanidad y
el riesgo tan grande que corría, lo mandó soltar. Cahuanaeoch-
tzin, viéndose muy llagado de las piernas por los grillos que
tenía puestos desde el día que le prendió su hermano, le rogó
que le mandase quitar las prisiones, el cual le dijo á Cortés tu-
viese por bien de que se le quitasen á su hermano los grillos,
porque tenía los pies bien lastimados; demás de que ya él es-
taba bien castigado. Cortés respondió que hasta que de Espa-
ña viniese recado del Emperador no le podía soltar, porque
con la flota que llevó el quinto y despojos que le tocaron á
S. M., le envió aviso de todo lo que había, y presto tendría res-
puesta; y si tan lastimado estaba, que mandase traer cierta
cantidad de oro de Texcuco para rescatarlo y enviárselo al Em-
perador, que él lo tendría por muy bien hecho. IxÜilxuchiÜ le
respondió que si no quedaba más que por el oro, que más que-
ría la salud de su hermano que cuantos tesoros tiene el mun-
do, y así envió á Texcuco por el oro que había quedado en los
palacios de su padre y abuelo, y por todo lo que él tenía en
sus casas, y se lo dio á Cortés; el cual dijo que era poco para
rescatar á un gran Señor como era su hermano, y que era me-
nester más. Envió segunda vez á Texcuco á todos los Señores
sus primos, hermanos y deudos que tenían sus casas dentro
de la ciudad, los cuales juntaron todas las joyas y piezas de oro
que cada uno tenía, y junto todo el oro y plata que se sacó de
cuatrocientas casas de Señores que había dentro de la ciudad,
se lo enviaron á IxÜilxuchítl^ el cual se lo dio á Cortés, y res-
cató á su hermano y lo envió á Texcuco, en donde gus vasa-
llos lo recibieron con hartas lágrimas de verlo tan enfermo
flaco y maltratado, y le curaron. En el ínterin que sucedían
estas cosas, el Rey de Michuaca/n llamado Catzontzi, como tu-
382 OBRAS HISTÓRICAS DE
viese noticia de la destrucción de México, temiéndose de los
cristianos y sus amigos no fuesen sobre su reino, envió sus em-
bajadores para que diesen el parabién á Cortés, ofreciéndose
servir al emperador y ser su amigo; y lo mismo á IxÜüxiAchiÜ
por la ayuda que dio á Cortés, y dándole las gracias de todo lo
que había hecho en favor de los cristianos, y á los Señores Me-
3dcanos y los de su parte el pésame de sus trabajos y perse-
cución. Vino á esta embajada el hermano del Rey con más de
mil hombres en su compañía. Todos se holgaron de esta em-
bajada y paces con Michuacanj como que fué de mucha consi-
deración, y les quitaron el trabajo á los Aculhuas de irlo á con-
quistar, por ser reino [muy grande y de gente muy belicosa.
Envió Cortés á Cristóbal de Olid con cien Españoles de á pie
y cuarenta de á caballo, y Ixtlüxuchül más de cinco mil hom-
bres para su servicio y ayuda. Llegados á iñchiacan, en la
ciudad de ChiuúüUm^ que era la corte y cabecera de este reino,
Catzontzi los recibió, y se holgó mucho de ver á los cristianos,
y se holgó también de que poblasen en su ciudad, y así pobla-
ron, y dio su palabra de ser amigo de allí adelante de los Es-
pañoles y Aculhuas, y que todos fuesen sus amigos y de su
parte.
La provincia y reinos sujetos á Texcuco que están hacia las
costas del mar del Sur y Norte, con la prisión y muerte del
Rey Cacama se rebelaron contra los Españoles y mataron á los
que había en sus tierras, que andaban buscando oro y resca-
tando con los naturales; aunque Tecocottzin y IxtlilxuchiU les
enviaron á requerir se diesen de paz á los cristianos y viniesen
en favor de ellos en las guerras pasadas de México, nunca pu-
dieron con ellos; y así acordaron Cortés y IxÜilxuchiÜ enviar
gente de guerra sobre ellos y sujetarlos. Había como dos me-
ses, pocos días más, que estaban en Coyohvxvcan, cuando envió
Cortés á .Gonzalo de Sandoval sobre Guatzaciuiho^ Toxtepee y
1 En Kingsborough dice: Mixhuacan y Chiuzizilan. El verdadero nombre
de la capital tarasca era Tzíntzuntzan.
2 Coatzacualco, Tochtepec y Cuauhtochco.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 38S
HiuUoxco^ y otras partes con doscientos Españoles á pie y trein-
ta y cinco de á caballo; IxÜiLmclúU envió con ellos treinta mil
hombres de guerra, y por capitanes á ciertos hermanos suyos,
y algunos Señores y soldados viejos, deudos y vasallos; y lle-
gados á Huaxtoco, (ó sea Huaioxco) envió el general de los
Aculhuas á apercibir á los de esta provincia con la paz, si no
querían guerra, los cuales se dieron de paz, y poblaron aquí lod
Españoles, y llamáronle Medellín, que está á ciento veinte le-
guas: de aquí fueron sobre CohuaJtzaooalco^ en donde tuvieron al-
guna resistencia, porque los naturales de esta provincia no se
querían dar de paz, y una noche ganaron un lugar de esta pro-
vincia, lo que bastó para que se diesen á los nuestros, que eran
muchos pueblos que estaban en las riberas del río de Cohuci-
Uacoalco; y cerca de la mar obra de cuatro leguas de ellas, po-
bló Sandoval la villa del Espíritu Santo, en donde quedaron
algunos Aculhuas en compañía de los Españoles pobladores,
como habían hecho en los demás, y desde aquí enviaron los
capitanes y Aculhuas de parte de Ixtíüxuchitl á los de las pro-
vincias de Qiiecholan^ ZihuaÜan, Quelzaltq)ec^ Tabasco y otros
muchos pueblos y lugares sujetos, así de Texcuco, como de
México y Tlacopan, requiriéndoles se diesen de paz, y fuesen
amigos de los Españoles; los cuales así lo hicieron, y vinieron
los Señores de estas provincias á la villa del Espíritu Santo, en
donde trataron de las paces con el general de Texcuco y San-
doval, y les dieron los tributos que había cad dos años que no
habían acudido con ellos á Texcuco.
Asimismo, en este tiempo envió IxÜilxuchUl alguna gente dé
guerra en favor de los de Tepeaca^ Itzocan y otras ciudades su-
jetas á Texcuco, contra los de los reinos de la Mixtecaj Tzapote-
ca y Huaxacac ^ que les hacían mucho daño por ser sus cir-
cunvecinos. Tuvieron tres batallas en diversas veces por ser
gente muy belicosa. Murieron muchos de ambas partes; mas
luego sujetaron á Huaxacac y gran parte de la Mxteca*
1 Hoy Oaxaca.
384 OBRAS HISTÓRICAS DE
IxÜUxucMÜ envió ciertos mensajeros á Tecuantepec, Tzaca-
tecan y otras provincias que también estaban reveladas contra
Texcuco y los españoles, á requerirles se diesen de paz; y con
ellos fueron cuatro castellanos por dos caminos que envió Cor-
tés para que reconociesen la mar del Sur; y llegados á ésta los
Señores con toda la demás gente, se enviaron á disculpar y á
pedirle perdón á IxtlüxuchiÜ por no haberle querido obedecer,
y á los Españoles por no haber venido á favorecerlos; y traje-
ron los tributos y reconocimiento de dos años pasados que no
habían acudido con ellos. Sólo Tototepec se negó, que no se
quiso dar de paz, sino que antes se enojó contra los demás por-
que habían hecho amistad con IxtlüxuchiÜ y los Españoles; y
así le enviaron á rogar enviase gente de guerra en favor de ellos
para sujetar á Tototepec, y pidiese á Cortés algunos cristianos
que fuesen también en favor de ellos. Cortés teniendo muy
entera relación de la mar del Sur, por los cuatro Españoles que
fueron con los mensajeros de IxtlüxuchiÜ, envió á Pedro de
Alvarado en favor del Señor de Tecuantepe^ y los demás que
eran de nuestra parte con doscientos Españoles y cuarenta de
á caballo, y dos mil hombres de guerra que envió IxtlüxuchiÜ
con ellos. Fueron en el año de 1522, y tardaron un mes en el
camino por Huaxacac. Hallaron en algunos lugares alguna re-
sistencia; y llegados á Tototepec, envió el general de los Acul-
huas á requerir al Señor se diese de paz él y toda la provincia,
el cual se dio, aunque ñngidamente, y recibieron á los nuestros,
y los quiso llevar á unas casas suyas muy grandes para apo-
sentarlos allí. Los Aculhuas dijeron á Alvarado no hiciese tal,
porque eran avisados de que aquella noche los habían de que-
mar á todos dentro de las casas, porque tenían las cubiertas
de paja. Alvarado lo hizo así, y aposentáronse en lo bsgo de la
ciudad, y detuvo al Señor y á un hijo suyo, los cuales viendo
que estaban casi presos, y que les entendieron la traición, se
rescataron en más de veinte y cinco mil castellanos de oro
Poblaron esta ciudad y provincia, y enviaron á requerirle con
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 385
la paz los de las provincias de (Joazllahuac^ Tlaxquiaxihco ^ y
otras partes, que también estaban rebelados, los cuales se die-
ron luego de paz; y con tanto, se volvieron los Aculhuas á Tex-
cuco y Alvarado á Coyohudcan, en donde dieron razón de todo
lo que fueron á hacer en esta jornada.
Cortés, viendo que los de la costa del mar del Sur eran ami-
gos, acordó de enviar cuarenta Españoles, carpinteros y mari-
neros á Zacatiilan^ para labrar dos bergantines y descubrir toda
aquella costa, y dos caravelas para buscar islas, que tenía no-
ticia había algunas muy ricas; y para esto pidió á IxÜüxuehitt
que le diese algunos carpinteros y gente para que fuese con
ellos, y que les llevase el hierro, armas, velas, maromas y otras
jarcias de unas que estaban en la Veracruz; todo lo cual hizo
IxUUxuchiU con toda puntualidad, mandando á sus vasallos
acudiesen á los Españoles con todo lo que les pidiesen y hu-
biesen menester.
Tuvieron noticia Cortés é IxÜUxuchiÜ de cómo Cristóbal de
Olid fué vencido de los de Coliman^ y que le mataron diez Es-
pañoles y muchos Michuacanenses que eran en su favor; el
cual desde Mkhiuican, por orden de Cortés, iba á Zacatulan
para ver los bergantines con más de cien Españoles y cuarenta
de á caballo y muchos naturales de Michuaccm; y queriendo su-
jetar á Coliman de camino, le fué muy mal como está referido;
y así Cortés envió luego á Gonzalo de Sandoval con sesenta
peones y veinte y cinco de á caballo, é IxtlUxuchiÜ mandó fue-
sen con ellos diez y seis mil hombres de guerra, y que vengase
y castigase á los de Coliman^ y también á los de ImpiUzinco^
que hacían guerras á sus vecinos porque eran amigos de los
Españoles y de la parte de IxUUxiu^iU; Sandoval y los Acul-
huas fueron derechos sobre ImpiUzinco. Estuvieron sobre los
de esta provincia, y nunca los pudieron sujetar por ser gente
muy belicosa, y en tierra muy áspera, y asi se fueron de aquí
á Zacatulan^ en donde tomaron más gente, y fueron sobre Cb-
1 Hoy TlaxUco en el Estado de Oaxaca.
Tomo 1—25
386 OBRAS HISTÓRia\S DE
liinan^ que está sesenta leguas de Zacaiulan; y llegados, tuvie-
ron una cruel batalla. Murieron algunos Aculhuas, y de los
enemigos muchos de ellos; los cuales viéndose muy oprimi-
dos de los nuestros, se rindieron con los de Imjnltzinco^ Zihua-
Üan, Zelimatlec y otros pueblos; y después de haber sujetado
estas provincias y poblado á Colhnan^ se tornaron los nues-
tros.
Ixtlihuchití en el Ínterin que sucedían las cosas referidas, an-
daba ocupado en la reedificación de México con más de cua-
trocientos mil hombres, así oficiales, como carpinteros, y alba-
ñíles y peones, y vivía en Tlatelulco, en donde despachaba sus
capitanes para las saUdas que se hacían, y gobernaba toda la
tierra, especialmente lo que era la parte de los Aculhuas. Re-
edificóse México por acuerdo de IxlUlxuchitl y de los demás
Señores, por ser la ciudad en donde mayor resistencia tuvie-
ron los cristianos y trabajos de los Aculhuas, que les costó
harta sangre á IxtUlxuchiÜ y á los suyos, para memoria en los
tiempos venideros de esta insigne victoria que tuvieron contra
México. Labráronse más de cien mil casas, mejores que las
que solía haber, y más de cuarenta mil casas más de las que
antes había. Y asimismo IxtlUxuchitl labró ciertas casas, y cú-
pole en la repartición á Tlatelulco, y á los demás Señores á
cada uno su barrio, como fué á Tlacahuepajüzin hijo de Motee-
zuma^ que se llamó D. Pedroy el barrio de Atzacualco.^
Como hubiese Cortés ganado á México, envió luego á dar
aviso al Emperador nuestro Señor de todo lo que había he-
cho, y envió á pedirle despachase religiosos para la conversión
de los naturales; y así su Majestad envió á decir á Cortés, que
avisaría á Su Santidad, y con su facultad y licencia los envia-
ría; y por esta vez no envió más de cinco ó seis religiosos de la
orden de San Francisco, entre ellos el Padre Fr. Pedro de
Gante, pinmo de Su Majestad,^ y otros cuatro clérigos; y tuvo
1 Hoy Be llama San Sebastián.
2 Era hijo natural del Emperador, persona religiosísima y benéfica á los
indios; su retrato está en la escalera de San Francisco de México. £1 padre
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 387
por bien todo lo que había hecho. Llegaron estos religiosos en
el año de 1522, ya que IxtíiLcuchUl^cabó de reedificar á México;
Cortés le dijo á IxtULvuchiÜ que le daba en nombre del Empe-
rador para él y sus descendientes tras provincias, que eran
Otuviba con treinta y tres pueblos, Itziuhcohuac con otros tan-
tos, que cae hacia la parte de Panuco y Cholula con ciertos
pueblos. IxtlilxuchiÜ le respondió que lo que le daba era suyo
y de ms pasados^ y que no se lo habían quitado á nadie para
que les hiciese merced, que Cortés y los suyos gozasen aquello,
pues habían pasado tantos trabajos y caminado tantas leguas
por mar y tierra, con harto riesgo de sus vidas; que así como
los de aquellas provincias y las demás que eran del reino de
Texcuco eran sus vasallos, le habían de acudir á él y á sus her-
manos como á sus Señores naturales, y otras muchas razones;
las cuales oídas por Cortés, y viendo que respondía la verdad,
calló y no le repitió más. IxtlilxuchiÜ se fué á Texcuco y allí
se concertaron entre él y su hermano Cohuanacochtzin^ de par-
tir por medio el reino de Texcuco, en este modo: que CoRua-
nacocktzin, como Señor que era, se quedase en la ciudad de
Texcuco y tomase para sí todas las provincias que caen hacia
la parte del Mediodía, que son Choleo^ Ouauhnahuac^ Itzocan^
Tlahuic y las demás hasta la mar del Sur, y la otra mitad que
cae hacia la parte del Norte, echando sus linderos y mojone-
ras por TepeUaoztoc^ Papaluca^ Tenayucan^ ChimanauMla y
XaUooan: hizo cabecera Otumpan y Teotihua^can; y tomó para
sí á Tolantzínco, Tziuhcohuac^ TloÜauhquiíepeCj PaJiuaÜa y los
demás hasta la mar del Norte y Panuco. Hechos los conciertos
se fué IxUUxuchiÜ á Otumba^ en donde edificó ciertos palacios
Gante fué lego de San Francisco: nunca quiso ordenarse ni ser obispo de Mé-
xico.
Esta nota es de Bustamante, y la he dejado porque expresa la creencia ge-
neral sobre el parentesco de Gante y Carlos V. Por estudios posteriores pare-
ce que el primero era hijo del Emperador Maximiliano. El cuadro que lo re-
presenta enseñando á los indios, el cual estaba en San Juan de Letrán, está
ahora en el Museo.
388 OBRAS HISTÓRICAS DE
para su morada, y lo mismo hizo en Teotihuacan^ al cual entró
el postrero día del año de nahui Toxtli, que en nuestra cuenta
fué á 19 de Marzo del año de 1623.
Los Señores Mexicanos que habían escapado de la guerra
de México, viendo á su Rey Cuauhtemoc atormentado por el
tesoro, se amotinaron, y además se alzaron otra vez contra
Cortés, como se lo dijo IxtlilxuchiÜ; el cual con tiempo lo re-
medió; y ftieron presos los más culpados, y fueron muchos de
ellos sentenciados á muerte, unos ahorcados y á otros les
echaron loa perros que los despedazaron^ entre ellos fué Cohuana"
cocMzin^ de lo cual se enojó mucho IxtlilxuclúÜ contra Cortés,
y á pesar de los Españoles lo mandó quitar de los perros, que
ya le querían despedazar.
Asimismo, en el ínterin que se estaba ediñcando México,
fueron Cortés y IxtUlxnchitl sobre el reino de Panuco^ que es-
taban rebelados algunos lugares á Texcuco; y los de Panuco
habían muerto á ciertos Españoles, y hecho otras insolencias
y agravios á los nuestros. Tomó Cortés trescientos Españo-
les de á pie y ciento cincuenta de á caballo, y IxÜüxuchiÜ
más de cuarenta mil Aculhuas y algunos Mexicanos. Llegaron
á Ayntochtülan^ donde le salieron al encuentro los enemigos, y
en un campo raso y llano tuvieron una cruel batalla, y murie-
ron de los de IxtlüxuchiÜ^ como eran los primeros, más de cin-
co mil de ellos, y de los enemigos tres tantos más; fueron
heridos cincuenta Españoles, y estuvieron aquí cuatro días des-
cansando, donde vinieron de los lugares de Texcuco que esta-
ban rebelados á darse, y trajeron todos los tributos de los años
que no habían dado. Ixüilxuchül los perdonó; y luego fueron
á CTií/a, que era donde desbarataron á Francisco de Garay, que
está cerca de la mar; y llegados á este lugar, envió IxÜilxuchiÜ
sus mensajeros á toda la comarca, requiriéndoles que se die-
sen de paz á los Españoles. Ellos, conñando en su valor y lu-
gares fuertes, nunca quisieron darse de paz. Estuvieron casi
quince días aguardando si se darían; y visto por Cortés é Ixtlil-
xuchiÜ que no querían darse de paz, sino que antes habían
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 389
muerto á ciertos mensajeros, les dieron guerra; y como no los
pudiesen sujetar, porque estaban metidos en sus lagunas, una
noche, después de haber hallado cierta cantidad de canoas, sin
ser sentidos, pasaron con ellas á la otra parte del río. Cortés
con ci^n personas y cuarenta de á caballo, y Ixtlilxuchitl con
hasta veinte mil hombres; y como fuese amaneciendo fueron
vistos por los enemigos, y cargaron tanto sobre ellos que por
poco fueran vencidos y muertos los nuestros; mas se dieron
tan buena maña que vencieron á los enemigos, y seguidos más
de una legua, en donde murieron grandísima suma de ellos,
aunque fueron heridos diez mil de los de IxÜihuchiÜ. Durmie-
ron aquella noche los nuestros en un pueblo despoblado sin
^ente, y en los templos se hallaron los cueros de los Españo-
les de Garay que los habían desollado, y los vestidos y armas
colgados por las paredes, en lo cual se echa de ver claramente
que los primeros Españoles que vinieron á estas partes sin
amigos, eran de poco efecto, y siempre llevaban lo peor; lo cual
sucedió muy á la contra á Cortés, que donde quiera que él iba
á sujetar ó tener guerra con alguna provincia, salía siempre
vencedor por tener amigos, los cuales eran los que guiaban la
danza y corrían los primeros riesgos. De este lugar en donde
hicieron noche, fueron á otro muy hermoso y de mucha fres-
cura, en donde estaban muchos enemigos con armas y en ce-
lada para coger á los nuestros dentro de las casas; los cuales
tuvieron aviso de esto, y así notando los enemigos que eran
vistos salieron á pelear con los nuestros, y tuvieron este día
una grandísima batalla, en donde murieron muchos de ellos, y
alguna cantidad de los nuestros, y fueron heridos muchos Es-
pañoles. Fueron vencidos tres veces este día; mas luego se re-
hicieron otras tantas, y viéndose fatigados se echaron á un río
que por allí pasaba, y poco á poco se pusieron á la otra banda
y se pararon á la orilla, y estuvieron allí fuertes hasta que ce-
rró la noche; y los nuestros tornaron al lugar, en donde cena-
ron IxtlUxuchUl y los suyos yerbas y algunas frutillas silvestres í
y Cortés y los suyos un caballo, y durmieron con mucha guar-
390 OBRAS HISTÓRICAS DE
da. otro día fueron sobre cuatro pueblos que todos estaban
despoblados, y durmieron en unos maizales, en donde mataron
la hambre, y anduvieron otros dos días; y como no hallaron
gente se volvieron á Ghila, en donde tenían el real, y la noche
siguiente después que estaban en Cliila, fueron sobre un gran
pueblo que está en la orilla de una laguna, y lo destruyeron
por agua y tierra, y saquearon todas las casas. Los vecinos
luego se rindieron, y dentro de veinte y cinco días, que estu-
vieron allí los nuestros, se rindieron los demás que estaban en
la comarca y ribera del río, y pobló Cortés un lugar que está
cerca de Chüa^ que le puso Santiesteban del Puerto, y puso
allí cierta cantidad de Españoles, y Ixtlilxuchitl mandó se que-
dasen algunos de sus vasallos con ellos, y asolaron á Panuco
Chila y otros lugares grandes por las crueldades que hicieron
con los de Garay, y con tanto dieron vuelta para México; y
luego sucesivamente en este tiempo se rebelaron Tototepec del
Norte, con otros veinte y tantos pueblos sujetos á la ciudad de-
Texcuco, y así les fué forzoso ir sobre ellos á Cortés y Ixüilxu-
cJiül con más de treinta mil hombres de guerra. Pelearon con
ellos, y Ixtlilxuchitl prendió por sus propias manos al general
y al Señor de Tototepec, y se lo entregó á Cortés, el cual lo
mandó ahorcar. Murió de ambas partes cantidad de gente, y
los que fueron presos y cautivos fueron vendidos por esclavos.
Hizo Señor de Tototepec IxttilxuchiÜ á un hermano del que so-
lía ser.
Los españoles que habían quedado en Panuco, y especial-
mente cierta cantidad do ellos que eran de la parte de Garay,
hicieron tantas insolencias á los de Panuco, que les fué forzoso
rebelarse, no pudiendo sufrir á los españoles, y así mataron
más de cuatrocientos de ellos; y como tuviese Cortés aviso de
esto, pidió á Ixtlilxuchitl socorro de gente y al rey OuauhtemoCy
el cual y sus vasallos habían convalecido, y cada uno de ellos-
dio más de quince mil hombres de guerra con Gonzalo de San-
doval, y cincuenta de á caballo y cien de a pié, y los enviaron-
á Panuco, yendo por general de los Aculhuas Yoyoizin herma-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 391
no menor de IxtlUxuchiU, y de los Mexicanos un sobrino de
Cuauhtemoc. Llegados á Panuco^ pelearon con los enemigos
dos veces y los vencieron,'hasta entrar en Santiesteban, en don-
de no hallaron más que cien españoles, que si se tardaran un
día más, no hallaran ninguno, y luego se repartieron en tres
partes y entraron por la tierra adentro, matando, saqueando
y quemando todas las casas, de modo que dentro de pocos días
lo saquearon todo y mataron una infinidad de indioá. Fueron
presos por los nuestros [sesenta Señores de pueblos, y cuatro-
cientos Caballeros y Capitanes, sin otra mucha gente común;
los cuales fueron condenados á muerte y quemados, salvo la
gente menuda que la soltaron. Halláronse en este castigo sus
propios hijos, especialmente los herederos para que escarmen-
tasen, y luego se les dieron sus señoríos; y con tanto se allanó
Panuco, y los nuestros se volvieron á México.
En el año de 1523,' teniendo noticia Ixtíilxuchitl y Guanhien
modzin, que los de Cuauhtemalan, Otlatlan, Chiapan, Xoconuaco
y otras provincias de la Costa del Sur, sujetas á lastres cabece-
ras, estaban rebeladas pocos días había, y hacían guerra á los
que eran de la parte de los cristianos sus mortales enemigos,
porque les habían hecho ciertas insolencias y agravios, dieron
aviso á Cortés, el cual tenía presupuesto de enviar ciertos es-
pañoles para que reconociesen la tierra; y visto que era menes-
ter sujetar primero á estos lugares, dijo á los Señores, que
mandasen á sus vasallos le diesen socorro para que fuesen con
Alvarado á sujetarlos. Cuauhtemoc y IxtlUxuchiÜ^ que ya tenían
apercibidos á sus vasallos, juntaron veinte mil hombres de gue-
rra, y muy expertos en la malicia y tierras de la Costa, enviando
cada uno de ellos su general con diez mil hombres de guerra,
los cuales fueron con Alvarado, y llevaba más de trescientos
españoles. Salieron de México á 6 de Diciembre: fueron por
Tecuantepec á Xoconusco, ^ y de camino castigaron muchos luga-
res que estaban rebelados, especialmente á TzapoÜan, una ciu-
1 Xoconochco.
392 OBRAS HISTÓRICAS DE
dad muy fuerte y grande, en donde pelearon con ellos hartos
días y murió de ambas partes cantidad de gente, y fueron he-
ridos muchos españoles, y sujetó á Tzapotlan. Fueron sobre
Qudzaltenanco^ y estuvieron tres días por el camino, el pri-
mero de los cuales pasaron ríos con mucho trabajo; el segundo
una cuesta muy alta y áspera, que tenía más de cinco leguas; y
en un reventón de ésta hallaron más de cuatro mil enemigos
y pelearoh con ellos hasta desbaratarlos; y más adelante, en
un llano, halló más de treinta mil de ellos, y pelearon y los
desbarataron; y más adelante fueron á ciertas fuentes y toma-
ron á pelear con los mismos; mas luego los vencieron, los cua-
les se rehicieron á la falda de una sierra y revolvieron sobre
los nuestros con más ánimo que antes. Tuvieron una guerra
muy reñida; mas luego los vencieron y fueron tras ellos, y en
el alcance mataron infinitos de los que huían, y prendieron al
General que era uno de los cuatro Señores que había en aque-
lios tiempos en OíUülan. También murieron muchos de los
nuestros y algunos españoles. Otro día entraron en QuetzaHe-
naneo y no hallaron á nadie, y allí se abastecieron de comida
y otras cosas necesarias; seis dias después que salieron de lio-
poüariy y después de haber corrido la tierra los de QuHzaÜer-
naneo, se juntaron y vinieron sobre los nuestros, saliéronles al
encuentro y pelearon muy bien; mas los de Qudzaltenanoo, co-
nociendo la furia de los nuestros, se retiraron, y en el alcance
mataron grandísima suma de ellos, especialmente al pasar un
arroyo. Los Capitanes y Señores se recogieron á un cerro pe-
leando, en donde fueron presos y muertos; y viendo los Seño-
res de Otlatlan y Quetzaltenanco que estaban vencidos, convo-
caron á sus vecinos y trataron de paces á los nuestros, aunque
falsamente, y les dieron muchas mantas, oro y otras cosas á
sus aliados; y después que los tuvieron juntos, enviaron á lla-
mar á los nuestros que fuesen á Otlatlan que allí serían bien
recibidos. Los nuestros fueron, y como hallaron ciertas seña-
les de la celada que los de OtlaÜan les tenían hecha, saliéronse
fuera, aunque con algún daño; diéronse tan buena maña, que
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 393
prendieron á los Señores, de lo cual se enojaron sus vasallos,
y si les hacían guerra fué con más coraje; de tal manera que casi
estaban cercados los nuestros y mataron cada día muchos Acul-
huas y Mexicanos, y aun españoles. Alvarado viendo esto, man-
dó quemar á los Señores que tenía presos con la mayor cruel-
dad del mundo, y los Generales de Texcuco y México enviaron
á Cuauhtemalan á pedir socorro al Señor de allí, el cual les
envió más de cuatro mil hombres de guerra, con los cuales
pelearon con sus enemigos; y diéronles tanta prisa, que los su-
jetaron, y los ciudadanos pidieron perdón y merced de las vi-
das, la cual se les concedió, y fueron sueltos los hijos de los
dos Señores de OÜatlan y QudzaUenanco que fueron quemados^
y dieron palabra de nunca más rebelarse.
Después de haber sujetado á OtMlan y QudzaUenanco, fué-
ronse con todo el ejército á Ctiauhtenialan en donde fueron muy
bien recibidos con mucho regocijo, y regalados. Los Señores
se disculparon con los Generales sobre de no haber acudido
á México con su obligación, echando la culpa á los españoles
que andaban por€Us tierras que les hacían hartas insolencias
y agravios. Estaba tina provincia muy grande cerca de Cuauh-
iemaktn que hacía mucha guerra á esta ciudad, y OtíaÜan y
otros que eran de la parte de las tres cabeceras, la cual tenía
su capital y ciudad en la orilla de una laguna grande, y era
muy fuerte y de mucha gente; y así los nuestros les enmron
á requerir con la paz, y ellos no quisieron sino guerra, y así fue-
ron sobre ellos los nuestros y muchos de Cuauhteinalan, y dié-
ronles batalla hasta ganarles un peñol, y saqueáronles las casas,
y los que pudieron pasar en una isleta en canoas y otros á nado
se libraron; y los nuestros salieron fuera del peñol á unos sem-
brados en donde asentaron real, y durmieron aquella noche:
otro día entraron en la ciudad y halláronla despoblada sin gen-
te; y como perdieron el peñol, que era su fortaleza, desampa-
raron la ciudad. Corrían la tierra los nuestros, y prendieron,
ciertos hombres, de los cuales fueron enviados tres ó cuatro
de ellos para que fuesen á rogar á sus Señores se diesen de
394 OBRAS HISTÓRICAS DE
paz que serían bien recibidos, y si no les destruirían sus tie-
rras y casas. Ellos respondieron que querían paz, y así vinie-
ron á darse. Esta provincia jamás fué sujeta de alguna nación.
Alvarado y los demás se tomaron á Cuauhtemalan^ en donde
vinieron muchos pueblos que estaban substraídos y rebelados <
á darse de paz, y otros de la Costa del Sur. Todos ^ los de la
provincia de Ixquintepec estaban muy rebeldes, y hacían mal á
los que venían á ver álos cristianos; fué nuestro ejército sobre
ellos y caminaron cuatro días, durmiendo siempre en despo-
blado; al cuarto de los cuales, entraron por los términos de la
ciudad sin ser vistos ni sentidos, porque estaban muy descui-
dados y metidos en sus casas porque llovía mucho. Tomáron-
los dentro de las casas, prendieron y mataron á muchos de
ellos, y como no se pudiesen juntar los vecinos, huyeron la
mayor parte de ellos; los demás que se hicieron fuertes, y se
juntaron en unas casas grandes, pelearon y mataron á muchos
naturales de Texcuco. El Señor, viendo su perdición, vino y
pidió merced de la vida, y trató de que se le dieran todos los
pueblos sujetos á esta provincia, ofreciendo su amistad y se le
recibió. De aquí fueron sobre otras provincias que nunca ha-
bían sido sujetas á estas tres cabeceras, de diferentes lenguajes,
y la primera parte donde llegaron fué á Calaña en donde tu-
vieron ciertas batallas con los naturales de estas provincias,
y murió cierta cantidad de los nuestros, y les salieron y qui-
taron casi todo el despojo que llevaban, y nunca los pudieron
atraer á su amistad. Luego pasaron á Panuco pues se les ofre-
cían á los nuestros por amigos, aunque con cautela, para des-
cuidarlos y matarlos; mas los nuestros hallaron ciertas señales
en que conocieron la traición que les tenían urdida los de Pa-
nuco, y así embistieron con eMugar, y los enemigos les salieron
al encuentro, y pelearon con ellos hasta hacerles volver las es-
paldas y echarlos del pueblo, matando muchísima gente. De
aquí fueron á MopUcalanco, ^ pelearon é hicieron lo que en las
1 La versión de este párrafo es mejor y más clara que la de Eingsborough.
2 En Eingsborough es Mipicalanco.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 395
demás partes; y luego fueron á un lugar fuerte en donde bate la
mar del Sur, que se dice AcayncaÜ, ^ donde hallaron grandísimo
número de enemigos armados en un campo á la entrada de este
lugar. Visto por los nuestros que era mucha la ventaja de los
enemigos, y que no había más que hasta siete mil Mexicanos
yiTexcucanos, porque los demás, unos eran muertos,. y otros
quedaban en Cuauhtemalan indispuestos de los trabajos pasa-
dos, y Alvarado no llevaba más de doscientos cincuenta es-
pañoles de á pie y cien de á caballo, y otros pocos mil más de
Ouaukíemalan^ ^ pasaron por un lado del ejército de los enemi-
gos; y como los vieron á la otra parte, embistieron con ellos.
Pelearon animosamente los nuestros, de tal manera, que ape-
nas quedó hombre vivo de los enemigos, porque no podían
huir como los demás, por causa de que traían unas armas muy
pesadas que les cubrían todo el cuerpo como sacos, y traían
unas lanzas muy largas, más de treinta palmos. Todos estos y
los demás referidos desde la provincia de Cattipan^ ^ son de na-
ción TuUeca, Este día quedaron muchos de los nuestros heri-
dos y otros muertos, y muchos de los españoles quedaron asi-
mismo heridos, y entre ellos Alvarado cojo de un flechazo que
le dieron en la pierna. Acabada esta batalla, se les ofreció luego
á los nuestros otra peor, porque venían los enemigos de un
grandísimo ejército muy apercibidos, y con las lanzas enarbo-
ladas y además larguísimas. Tuvieron mucho. trabajo los nues-
tros, y corrieron mucho riesgo en esta contienda; mas luego
dándoles priesa á los enemigos los vencieron y sujetaron. De
aquí fueron sobre la provincia de Mahuatlan y la sujetaron; * y
1 En Kingsborough es Acainoutl. En ambos textos hubo equivocación del
copista, que confundió la u con una n; pues el nombro es Acayucatl hoy A ca-
yuca.
2 En Kingsborough es Quauhtemalan. Se habrá notado que Ixtlilxochitl
para la sílaba cuan^ unas veces usa la c y otras la q. No hay sobre esto regla
fija en los antiguos escritores: si bien podía establecerse el uso de la q cuando-
la raíz fuera árbol, y el de la c cuando fuera águila: para lo cual habría quft
consultar en cada caso el jeroglífico respectivo.
8 Xaltipan.
4 Ssta primera parte del párrafo falta en Kingsborongh,
396 OBRAS HISTÓRICAS DE
de aquí á AthMeahuacan^ en donde vinieron á sujetarse los de
Ciiiüachan, y los nuestros fueron allá. Entraron por la ciudad
con mucho recato, porque tuvieron aviso que los querían ma-
tar á traición, y trataron los generales con ellos de paz. Ellos
se ausentaron y desampararon la ciudad, dejando á los nues-
tros solos, y cada día les hacían guerra de veinte que estuvie-
ron en este lugar, al cabo de los cuales, viendo que los de esta
provincia no se querían dar de paz, ni los podían sujetar por
ninguna vía, los más se tornaron á Ouauhtemaian después de
haber hecho todo lo referido y otras muchas cosas que se de-
jan en silencio, en donde padecieron hartos trabajos, hambre
y calamidades los nuestros y los españoles. Poco oro y rique-
zas hallaron en este viaje, aunque se ganaron y sujetaron otras
provincias. Anduvieron, según dicen, más de cuatrocientas le-
guas, y desde CuauMenudan se vinieron el ejército de los Acul-
huas y Mexicanos, y dejaron allá á Alvarado con los demás
españoles, los cuales llegaron á México. Dieron razón de todo
su viaje á IxtlilxuchiÜ y al Rey Cuauhtemoc^ y. ciertas cartas á
Cortés; el cual y los demás se holgaron mucho con tan buenas
nuevas, y envió luego á Alvarado doscientos españoles para
poblar á Ouauhtemaian.
Dos días después que salió Alvarado para CkiauJUemalan^ des-
pacharon Cortés é IxtlilxuchiÜ^ Ouauhtemoc y los demás Seño-
res á Chamolan ^ (que era á 8 de Diciembre del año de mil qui-
nientos veinte y tres) á Diego de Godoy, con cien Españoles de
á pie y treinta de á caballo, y dos generales deudos de Ixtlil-
xuchiÜ y Ouauhtemoc^ uno de los Aculhuas y otro de los Mexi-
canos y Tepanecas; cada general con diez mil hombres de
guerra. Fueron derechos á la villa del Espíritu Santo, y all
juntáronse más Españoles. Hicieron ciertas entradas, entre lasí
cuales fué la de Chamolan (ó Chamolla)^ provincia muy grande
y la ciudad muy fuerte, puesta sobre un cerro que tenía muy
peligrosa la subida, y cercada de una muralla de más de tres
1 £n Kingsborough es Chanolan.
DON FERNANDO DÉ ALVA IXTLILXOCHITL. 397
estados, la mitad de pared y la otra de unos tablones gruesos.
Combatieron dos días con harto trabajo de los naturales del
ejército de los Aculhuas y Mexicanos; mas los vecinos, faltán-
doles el sustento, como estaban cercados, alzaron su ropa é
hicieron como mejor pudieron, y los más entraron por la ciu-
dad y mataron los que pudieron, y saqueáronla y se abastecie-
ron de mucho botín que hallaron, auoque poco bastimento.
Después de sujeto este lugar, fueron á Chutpa y HuehueyÜan^ ^
mas fueron recibidos de paz.
A 5 de Febrero del año de 1524, tornaron á enviar otra ar-
mada sobre los de Mixfecapan y Tzapotecapan^ que se habían
tomado á rebelar y hacían mucho mal á sus circunvecinos por-
que eran amigos de los Españoles; y así envió Cortés á Rodrigo
Rangel que es el mismo que fué la primera vez con ciento cin-
cuenta Españoles, y Ixtlilxuchitl veinte mil hombres de guerra
en su compañía, y un hermano suyo por general; y de camino
se juntaron con los de Tlaxcalan, que enviaron otros cinco ó
seis mil hombres en su favor. Llegados á estas provincias les
requirieron con la paz una y muchas veces, y viendo que na
se querían dar, les hicieron guerra, mataron y prendieron á mu-
chos de ellos, los cuales fueron vendidos por esclavos como
los demás; y después de sujetos se tomaron á México cargados
de despojos, y los Españoles con mucho oro, como era tierra
rica, y con esto quedó todo el imperio de las tres cabeceras
Texcuco, México y Tlacopan sujeto, que corría lo más de ellas
cuatrocientas leguas á la redonda de esta laguna grande de
Texcuco, hasta las costas de la mar del Sur y Norte, como se
ha visto. Otras muchas entradas hicieron los nuestros ñiera
de las referidas, que por no haber habido en ellas cosas seña-
ladas no se ponen aquí, y por evitar prolijidad; ayudando Ix--
ÜilxuchiÜ^ sus hermanos, deudos y vasallos en todas ellas, en
donde le costó hartos trabajos y grandísimos gastos, en misten^
tar y pagar á los Eftpañoles^ que se puede decir esto con mucha
1 £n Eingsborough es Huchuey.
398 OBRAS HISTÓRICAS DE
verdad; pues es notorio que además de que ayudó con su per-
sona y vasallos á los cristianos, en servicio de Dios y del Em-
perador nuestro Señor, los sustentó y dio á todos ellos cuanto
oro, plata y joyas había en los palacios de su padre y abuelo,
y aun el que tenían sus hermanos y deudos; fuera de los res-
cates referidos atrás de sus dos hermanos el Rey Cacamatzin y
Cohiuinacochtzin. Asimismo gastó grandísima suma de hacien-
da en proveer las armadas que se hicieron por diversas partes
y guerra de México, en bastimentos, premios y pagas á sus sol-
dados, á los cuales les costó la vida á grandísima suma de ellos,
y muchos capitanes. Señores y caballeros deudos suyos.
En el año de 1524, que los naturales llaman ghigüagen Teg-
PATL, pedernal número 6, casi á la mitad del año llegaron á
esta tierra Fr. Martín de Valencia, vicario del Papa, con doce
compañeros religiosos del orden de San Francisco, que fueron
los primeros que convirtieron y bautizaron á los naturales según
la ley evangélica. Envió IxÜilxuchiÜ, Cuauhtenwc y los demás
Señores, así como tuvieron noticia que habían llegado al puerto,
sus mensajeros para recibirlos y proveerlos de todo lo necesa-
rio para el camino. Llegados, los enviados les dieron la bien
venida de la parte de sus Señores, y por todo el camino les vinie-
ron sirviendo; y en donde quiera que llegaban los recibían con
mucha fiesta y regocijo los naturales. Tres leguas antes de lle-
gar á Texcuco, los salieron á recibir Cortés y IxÜilxuchitl, y los
demás Señores y Españoles, y entre ellos el P. Fr. Pedro de
Gante, con mucho regocijo y danzas. Llegaron á la ciudad de
Texcuco, en donde fueron obsequiados y regalados con mucha
alegría de los naturales. El P. Fr. Pedro de Gante pidió á Ix-
tlilxuchiü ornamentos y tapicería para aderezar un aposento de
los cuartos donde estaban los religiosos, que eran de los pala-
cios del Rey Nezahuakoyotzin; y así mandó á los mayordomos
que guardaban los tributos ó tesoro de Nezahuahoyotzin^ diesen
todo recado. Dicho P. Fr. Pedro puso un altar, en donde co-
locó una imagen de Nuestra Señora y un crucifijo pequeño; y
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 399
este día, que era víspera de San Antonio de Padua \ se cele-
braron sus vísperas con mucha solemnidad, que fueron las pri-
meras que sucedieron en esta tierra, y el día siguiente la misa
cantada con mucha pompa, que fué la primera que dijeron allí
estos religiosos en la Nueva España, hallándose en ella Cortés
y todos los Españoles, é IxtUlamchitl con todos los Señores sus
hermanos y deudos, que oyeron con mucha atención la misa,
y se enternecieron tanto, que de contentos lloraron en ver lo
que mucho ellos deseaban, especialmente que ellos sabían muy
bien los misterios de la misa, porque el P. Fr. Pedro de Gante,
como mejor pudo, y con la gracia de Dios (que era lo más
cierto), les enseñó la doctrina cristiana y los misterios de la
pasión y vida de nuestro Señor Jesucristo y la ley evangélica,
desde que vino á esta tierra; y así, cuando oyeron esta primera
misa bien sabían lo que era, de lo cual IxtUIxuchitl se derretía
en lágrimas que ponía devoción y espanto á los religiosos y
Españoles que presentes estaban. El P. Fr. Martín de Valencia
sabiendo por el P. Gante que IxtUIxuchitl y los demás Señores
sus deudos y vasallos sabían la doctrina, y pedían el bautismo,
dio principio con eso á bautizar á los de la ciudad de Texcuco,
que fué la primera parte donde se plantó la ley evangélica. El
primero que se bautizó fué IxÜilxucMÜ^ y se llamó D. Fernán--
do por el Rey católico; recibió el bautismo de mano del P. Fr.
Martín de Valencia, y fué su padrino Cortés; y luego tras él su
hermano Cchuanaocchtzinj que se llamó D. Pedro: fué su padri-
no, según dicen, Alvarado, que á esta ocasión estaba en Tex-
cuco; y luego los demás sus hermanos los legítimos D. Pedro Te-
tiahtiehuezquitU^dn^ D. Juan Quauhtlixtactzin y D. Jorge Yoyontzin;
y luego los demás sus hermanos, hijos naturales de su padre,
que fueron D. Carlos Ahuaxpiizaizln^ D, Antonio Tlahuilotzin^
D. Francisco Mochiul quecholtzomafzin^ D. Jjoi^enzo de Luna y los
demás sus tíos, primos y deudos.
La Reina Tlacoxhuatzin su madre, como era Mexicana y al-
1 Doce de Junio de 1524.
400 OBRAS HISTÓRICAS DB
go endurecida en su idolatría, no se quer'a bautizar, y se había
ido á un templo de la ciudad con algunos Señores. IxtUlxuchiil
fué allá y le rogó que se bautizase: ella le riñó y trató muy mal
de palabras, dici6ndole que no se quería bautizar, y que era un
loco, pues tan presto negaba á sus dioses y la ley de sus pasa-
dos. IxtliLvuchitl, viendo la determinación de su madre, se enojó
mucho y la amenazó que la qiieinaña viva si no se quería bauti^
zar^ diciéndole muchas razones buenas, hasta qiie la convenció
y trajo á la iglesia con los demás Señores para que se bautiza-
sen, y quemó el templo en donde ella estaba, y echóle por el
suelo. Esta Reina, que fué la primera que se bautizó, se llamó
Dolía Maña, Fué su padrino Cortés. Y tras ella Papantzin, mu-
jer que fué del Rey Cuitlahuac^ y que la tenía IxíUlxuchitl por
mujer legítima: llamóse Doña Beatriz: todo lo hizo á contempla-
ción de Cortés que fué su padrino, por ser mujer de su íntimo
y leal amigo D. Fernando IxtlilxuchiÜ, y luego tras estos todos
los demás, y luego la gente común de la ciudad. Estuvieron en
esto ocupados los religiosos algunos días; y IxUilxuchiU ense-
ñando á sus hermanos, deudos y parientes la doctrina cristiana
con más policía, y las ceremonias y términos al modo castellano,
que era muy diferente de los de esta tierra, en donde Jes decía
largas arengas y sermones, trayéndoles á la memoria grandes
cosas; de tal manera que los enternecía con las palabras tan
buenas y tan santas que les decía, como si fuera un apóstol, si
se puede decir; y con todo eso muchos de ellos, como estaban
hechos á sus antiguas costumbres, no podían aprender el mo-
do Castellano en reverenciar y acatar, y otros modos de tér-
minos, como se echó de ver á una Señora hermana suya, que
fué á visitar al P. Fr. Martín de Valencia, y queriéndole hacer
la reverencia al modo Castellano, como se lo tenía mandado
su hermano, la hizo como si fuera varón, hincando una rodilla,
que fué muy reído de los religiosos; la cual les dijo con mucha
discreción, y al fin como cortesana y Señora, que la perdona-
sen si había hecho en aquello algún desacato, que oyó mal la
plática que le había hecho su hermano; y como vio hacer la
DON FERNANDO DE ALVA XSTLILXOCHrrL. .401
reverencia de aquella manera á algunos caballeros, (que era la
misma que hacía Cortés y los suyos) entendió que era de una
misma manera el acatamiento de las mujeres que el de los
hombres, como se usaba en esta tierra, que todos para saludarse
bajaban la cabeza. Otros muchos descuidos hubo en los pri-
meros tiempos, así de los naturales como de los Españoles, que
fueron muy reídos de la una y otra parte; pero al fin, aunque
cosas nunca vistas, oídas, ni usadas, fácilmente dentro de poco
tiempo se aprendieron con mucha facilidad.
Ya en este tiempo todas las casas de México estaban acaba-
das, si no eran algunas de los Españoles que todavía se anda-
ban edificando. IxÜilxuchiU andaba apercibiendo á sus solda-
dos para la jornada que se ofrecía á Ibuerasy y todo lo necesario
para el camino; y Cortés á esta ocasión despachó á España al
Emperador, gran cantidad de oro, plumas, mantas y otras joyas
y un tiro de plata; y lo mismo hizo Ixtlilxuchitl y los demás Se-
ñores, rogando á Cortés escribiese en nombre de ellos, ofre-
ciéndole sus servicios, reinos y vasallos para lo que les qui-
siese mandar. Cortés dijo que así lo haría, y que Su Majestad
estaba de todo ello muy enterado y agradecido del bien que
de ellos en su nombre había recibido; y mucho más porque se
bautizaron y recibieron la ley evangélica, que era lo que más
Su Majestad deseaba. Si Cortés escribió en nombre de ellos,
(especialmente de Ixtlilxuchitl, mediante quien después de Dios
se plantó la ley evangélica, como se ha visto y es notorio) ó no,
^l lo supo; mas IxtlüxuchiU no recibió ninguna respuesta; y si
Su Majestad le envió algunos recados, no fueron por vía de
Cortés, sino por los religiosos de San Francisco, y á tiempo que
era ya muerto, y sus herederos muy niños; especialmente Doña
Ana y Doña Luisa, que eran sus hijas legitimas, pequeñitas, y
que no tenían á nadie de su parte; se quedó sepultado y sus
descendientes pobres y arrinconados, que apenas tienen casas
en que vivan, y esas cada día se las quitan.
Asimismo, se hizo en la ciudad de Texcuco este mismo año
antes de partirse para Ibueras un sínodo (ó asamblea ecle-
Toxo 1—26
402 OBRAS HISTÓRICAS DE
«iástica) que fué la primera que hubo en esta Nueva España,
para tratar del matrimonio y otros casos. Halláronse en él trétU'
ia personas doctas^ cinco clérigos y diez y nueve frailes, y seis
letrados legos, y entre ellos Cortés, presidiendo Fr. Martín de
Valencia, como Vicario del Papa; y por no entender bien los
ritos y los matrimonios de los naturales, quedó definido, que
jxn* entonces se casasen con la que quisiesen^ y después del sínodo
se repartieron los religiosos y clérigos por toda la tierra, espe-
cialmente por las ciudades grandes, como eran México, Tlaco-
pan, Xochimüco, Tlaxcalan y las demás; y en Texcuco se co-
menzó á edificar la iglesia que fué la primera que hubo en esta
Nueva España; la cual, por h2d)erse dicho la primera misa día
del Señor San Antonio de Padua, se llamó y llama así, que es la
advocación de la ciudad, y está edificada en los palacios del
Rey Nczahualcoyotzinj aunque ya están desechos y divididos
por calles ^. En todo han sido la ciudad de Texcuco y casas de
Nezahualcoyoizin muy dichosas, especialmente en las cosas di-
vinas, ya que el dueño no tuvo la ventura de alcanzar tanto
bien, que harto lo deseó, y especuló; pero no era llegada la
Toluntad de Dios, y así estas casas se volvían á estimar en mu-
cho, pues fueron la primera parte en donde se asentó la ley
evangélica, y se obraron las memorias de la vida, pasión y
muerte de nuestro Señor Jesucristo para redención del género
humano; especialmente las casas de estos barbarlos, son el pri-
mer lugar endonde se consagró Ja hostia sacratísima; y los he-
rederos, como pobres y despojados de sus señoríos y patrimo-
nios, no las han podido sustentar, y se las tienen quitadas y
tiranizadas algunos Españoles; y la primera parte donde allí se
<l¡jo misa, por aquellos bienaventurados primeros religiosos,
-ahora sirve de obraje á los Españoles.
Llegado el tiempo que se habían de partir para Ibueras^ que
1 Es verdad: detrás del convento estaba el palacio cuyos muros besaba la
laguna que hoy se ba retirado como una legua: por allí salió pre^o por una
bóveda subterránea que entraba al patio Cacamatzin, de orden de Moteczuma
^raidoramente. (Nota de Eustamante.)
DON FERNANDQ^DE ALVA IXTULXOGHITL. '403
era por el mes de Octubre, hizo alarde Ixüüxuehüf por ver la
cantidad de soldados que tenía en su ejército, Qn la plaza de
Otumpan^ donde él residía; y entre toda su gente escogió veinte
mil hombres de gueorra, los más valerosos que los conocía muy
bien en las guerras pasadas, y todos los capitanes sus: amigos
y criados que siempre le habían seguido,, y dejó por su gober-
nador á Alonso Izquinquani, criado suyo, de todo el reino de
Texcuco, aunque la mitad de él era de su hermano; mas eon
todo esto, él comandaba todo, que sólo el tributo y reconoci-
miento le daban á CohuanaoúMzin; pero en todo: lo que era
gobierno, especialmente en cosas de guerra, no se entrometía,
porque así andaba concertado por Ck)rtés, y se temía de lél no
se rebelase. No quiso dejar el gobierno á ninguno de sus her-
manos y deudos por muchas cosas principales: era la una ser
muy mandebos y de poca edad, y no estar sujetos- ni á servir
Españoles, que no les estaba bien por la calidad de sus perso-
nas; y la otra porque no les levantasen algunos testimonios, y
dgesen que se querían alzar contra ellos, como hicieron con
Cohbumouíoohtun en tiempo del Rey Caccma; y este Izquinquani^
su criado, era hombre de entendimiento, y liberal para cual-
quiera cosa; y lo mismo dejó otros dos gobernadores llamados
2!oni€con y CohtuiteccUl para las dos cabeceras de México y Tla-
copan, como tal al Izquií^^qucmi; y así, poniendo todas las cosas
á punto, y sus gobernadores así para el reino de los , Aculhuas,
como para los Mexicanos y Tepanecas, que todo esto quedó
debajo de su mano, como se ha visto, porque los Reyes Guajah-
iemoc y Tdlapanquetzaízin, demás de que estaban, presos, no se
entremetían en las cosas del gobierno de sus reinos, salió de
Oiumpan y fuese para Choleo^ en donde aguardó á Cortés, el
cual después de haber dejado sus tenientes en la ciudad de
México, se fué con toda la gente Española que pudo juntar,
muy bien upercibida de armas y todo lo necesario, y por más
asegurarse Uevó consigo, al Bey Cuoñüitmioc y á Chhvmiaoocht^n^
Tdlapanqtidzatzin y 2ihua/Gohuatún^ gobernador y capitán gene-
ral' de los Mexicanos, y Tlaiecatzm y Meícitzincontzin^ Seííores
404 OBRAS HISTÓRICAS DE
muy poderosos y los mayores de toda la tierra. Llegados á
Choleo, se juntó con IxtlUxuchitl y caxnmRron los dos con todo
el ejército á gran prisa, porque iba Cortés con mucha pena de
los avisos que tuvo de que Cristóbal de Olid se había alzado,
y antes que sucediesen otras cosas, quería ir á poner remedio y
sujetar de camino ciertas provincias que estaban rebeladas por
causa de los Españoles, que les robaban sus haciendas y les
hacían mil molestias.
Salido que fué de México Cortés, de allí á pocos días los go-
bernadores Españoles que dejó en su lugar, llamados Alonso de
Estrada y Rodrigo de AJhoimoz, tuvieron ciertas pesadumbres y
revueltas sobre el gobierno, de tal manera que todos los Espa-
ñoles estaban encontrados los unos con los otros, y los natu-
rales les hacían mil molestias, de tal manera que se alzaran y
mataran á cuantos Españoles había dentro de la ciudad, si no
fuera por amor de los religiosos que los andaban apaciguando
y rogaban por ellos á los Españoles que no les maltratasen
tanto, porque no se alzasen, porque lo podían hacer fácilmente.
Demás de que todos estaban muy tristes y quejosos al ver que
sus Reyes y Señores los llevaba Cortés á tan lejos tierras, y
casi presos; imaginando ellos que los llevaba para matarlos á
traición, como les sucedió sobre esto. Los Españoles estaban
muy mal con los religiosos, porque volvían por los indios, de
tal manera, que no faltó sino echarlos de México; y aun vez
hubo que un cierto religioso, estando predicando y reprendien-
do sus maldades, se amotinaron de tal suerte contra este sa-
cerdote, que no faltó sino echarlo del pulpito abajo; pero con
la sagacidad y prudencia del santo Fr. Martín de Valencia, lo
toleraban y sobrellevaban todo en amor de Dios, pues lo que
los bárbaros habían de hacer hacían los cristianos Españoles;
de todo lo cual era avisado Jxtlilxuchitl y demás Reyes y Se-
ñores, de los mensajeros que cada día iban y venían á dar ra-
zón de todo lo que pasaba; é IxtlUxuchiÜ envió á decir á J«-
quinquani su gobernador, que si los religiosos recibían pesa-
dumbre por.los Españoles, que se fuesen á la ciudad de Texcuco,
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 405
y que allí les diese todo lo que habían menester, sin que se
entremotiesen con ellos los Españoles, y que pusiese mucha
gente de guardia de noche y de día para la seguridad de sus
personas; lo cual oído por Alonso Izquiriquani, hizo lo que su
Señor le mandó con toda puntualidad; y los religiosos, que no
pudieron sufrir ni tolerar las maldades de los Españoles, se fue-
ron á Texcuco, en donde con los que estaban primero, estuvie-
ron con ellos servidos y bien tratados de los naturales, según
dicen, que por todos eran hasta cuatro; y estuvieron en Tex-
cuco hasta que vino Cortés é IxÜilxuclútl. Cortés envió desde
la villa del Espíritu Santo, por sus gobernadores, al/ac¿or 0(m-
zato de Solazar, y al veedor Peralmindes Chirinoa dé Ubeda, con
poder para que gobernasen y suspendiesen á Alonso de Estra-
da y Rodrigo de Albornoz^ y los castigasen si tenían culpla; los
cuales llegados á México, en lugar de apaciguar y componer á
los Españoles, resultó gran odio y revueltas entre los oficiales
del Rey, y nació una guerra civil, en la cual murieron hartos
Españoles, y estuvo México para perderse, porque si de antes
hacían mal á los naturales, ahora fué peor con estas revueltas,
pues que les inferían mil agravios y se tragaban sus ha-
ciendas.
Los naturales de Huaxacac, ZihuaÜan y otras partes, recibían
hartas pesadumbres de los Españoles que en sus tierras había,
especialmente de ciertos mineros que salían á robar indios pa-
ra sus minas, y estaban rebelados; y fué á ellos Peralmindes con
cien Españoles de á caballo y doscientos de á pié, y no sé cuan-
tos miles de naturales Aculhuas y Mexicanos que en su favor
dio el Gobernador de IxtUlxuchitl; y llegados les dieron guerra.
Ellos se hicieron fuertes en ciertos peñoles; y aunque veía Pe-
ralmindes que era mucha la fuerza de los enemigos, y que no
los podían sujetar, porfió con todo esto, porque supo que te-
nían mucho oro y riquezas, y una sierpe muy grande de oro;
los tuvo cercados cuarenta días, al cabo de los cuales, una no-
che saHeron sin que fueran sentidos con todo su tesoro, dejan-
do engañados á los Españoles. Estos procuraron de cogerlos
406 OBRAS HISTÓRICAS DE
en Zhiiatlan^Y nunca los pudieron sujetar; y después de esto
se volvieron para México j en- dónde sucedieron grandes cosas,
que pbr no ser de mi historia no las pongo aquí; quién las qui-
siere saber por extenso, lea la "Crónica de las Indias," que
allí hallará muy entera relación de lo que toca á los Españoles,
que mi intento no es sino hacer história^de' 16» Señores de es-
tá tierra, especialmente dé Don Fernando de Jojfíítewciítf, y de
sus hermanos y deudos, por<{ue están muy sepultados ¡sus he-
roicos hechos, y no hay quien se acuerde ellos y de la ayu*^
da que dieron á los Españoles, como se ha visto y se verá en
lo que sigue; peroalfln, con la gobernación de Alonso dé Es-
trada^ y castigos que hizo, quedó la ciudad' de México quieta,
y los Españoles pacíficos. Claramente parece^ como es notorio,
qufe OWowéAíemocy los ídemás Señores murieron sin culpa, y^ue
les levantaron falso testimonio; pues jamás sus vasallos se al-^
zdM>n ni tomaren armas contra los Españoles; y aunque se en>^
viáron aquejar ákus^Señoi^sdeilos^ agravios^ que* les^ hhcian
aquéllos, siempre les respondlan^qae los llevasen en amor:dé
Dibs, y que mirasen ásus Reyes y Señores el trabaje yiargo
camino^ que llevaban con tantos trabigos, muertos dehan^re^
sol y fHo; y pues ellos los llevaban con tanta paciencia, que hi-
ciesen lo mismo; yasí es cierto, que si no fuera por amor de sus
Señores como tengo diolH>, los naturales desesperadamente,
viéndose perseguidos, no» dejaran Español con vida; y" lo po-
dían hacer con mucha facilidad,' porque no tenían á Texcoco,
Tlaxoala'n ni otras tierras y provincias en su favor, como tuvo
antes Cortés, y estaban encontrados los unos con los ofa-os; pero
los que escriben ó que dijeren que Ouauhtemoo y los demás fue-
ron muertos porque querían matar á los Españoles, les levan-
tan este testimonio; cuanto más, que como es notorio, lo dicen
por encubrir sus maldades y traiciones, sin que alguna historia
ó algún natural hay que dijera ser esto verdad; pero no hay
historia ni romance que tal diga, y todos los naturales de lá
Nueva España, historiadores y romances, dicen todos á una
boca, que fué testimonio y tiranía muy grande. Digo esto, por
DON FERNANDO BE ALVA IXTULXOCHITL. 407
lo que han escrito los historiadores Españoles; y no me espann
to, que ellos han asentado lo que Cortés y los demás que hi-*
cieron esta crueldad les dieron en memoriales, y los que des-
pués sacaron escrito se han seguido de ellos sin más aclarar
ni averiguar la verdad.
Cortés y los demás que iban á Ibueras^ llegados á la villa del
Espíritn Santo, enviaron IxtUlxudMÜ y Gumúúemoc í avisar
á los Señores de Tabasco y CfUcalanco^ ^ como eran llegados, y
que ib^n con Cortés para Ilmeraa, y que se Iqs enviase una pior
turaen-que viniese pintado todo el camino,, pueblos y lugares
donde habían de llegar, y los ríos que habían de pasar, y algu«
nos mercaderes prácticos en la tierra y costa para que los guia-
sen. Los Señores dejTo&oMo y XicaUmco^ oyen4o lo que lo^
Señores decían, luego mandaron pintar todo el camino y luga-'
res por donde habían de ir; y acabada la pintura se la enviar
ron con hasta .diez caballeros muy prácticos para que dieran^
razón ^del dibujo y pintura; los: cuales llagados á dar su embar
jada de parte de sus Señores, se les mandó que hiciesen ea,
donde estaba pintado, todo el camino que hay desde JRoalanoo
hasta NaooymJLo^ y aún hasta Moaragucu Visto esto por J«tíÉÍ-
xuehm y loa demás. SeQores, se lo mostraron á Cortés, el cual>
se holgó mucho y agradeció á los de Tabasco y Xioakmoo^ y*
también le avisaron cómo en los demás de los lugares donde^
habían de pasar estaban despoblados, porque los Españoles
los habían robado y quemado, y asilos naturales andaban huí^
dos y por los desiertos; y con tanto, se partieron de la villa
del Espíritu Santo, después de haber despachado ciertos na-
vios que llevaban el bastimento por el río de ToAaaco; y des-
pués que habían andado ó vadeado ocho ó nueve leguas, pa-
saron un río muy grande en unas barcas y llegaron á íbnofan,
y tornaron á caminar otras tantas leguas hasta otro río que se
dice Quiyahuilco. De allí á pocos trechos, pasaron otro muy
grande que fué necesario hacer una puente de madera que tu-
1 Xicalanco.
408 OBRAS HISTÓRICAS DE
vo casi mil varas ^ de ancho que estaba muy cerca de la mar.
Trabajaron aquí muy bien los naturales que fueron los que hi-
cieron esta puente, y luego caminó el ejército otras treinta ó
cuarenta leguas, y pasó por cincuenta ríos, en donde se ocu-
paron los naturales en hacer otras tantas puentes hasta llegar
á la provincia de Copüco y de un pueblo llamado AncLXaxucan^
postrero de esta provincia; y caminaron por unas muy ásperas
montañas, y pasaron un río muy grande llamado Quetzapalan^
en donde se proveyeron de comida de los carabelones (ó bar-
cos de transporte) por entrar éste en el de Tabasco^ en unas ca-
noas que trajeron muchos naturales, y pasaron en ellas el ejér-
cito y estuvieron en ZihucUlan veinte días; y de aquí á Chüapan
que también pasaron otro río y hicieron otra puente. Estaba
Chüapan quemado y destruido como las demás partes de los
Españoles, y así estaba despoblado y sin gente, si no fuera has-
ta dos hombres que los aguardaban, porque tuvieron aviso de
las guías cómo habían de venir por allí los Españoles y sus Re-
yes con todo el Ejército. Esta provincia estaba sujeta á la ciu-
dad de Texcuco. Pasaron un gran río llamado Chüapan^ y fue-
ron á Otamoztepec^ donde los llevaron estos hombres, y duraron
dos días en cuatro ó ciiico leguas que pasaron; y no pudo ser
menos por el trabajoso camino, y de mucha agua, en donde
trabajaron los nuestros muchísimo. Estuvieron aquí seis días
descansando, y se abastecieron de comida que hallaron harto
maíz y frutas, y de aquí fueron en dos días hasta Iztapan con
el mismo trabajo que en las demás partes. Los de Iztapan
viendo Españoles echaron á huir con sus mujeres é hijos, lle-
vando cada uno lo que podía de su ropa, porque estaban ame-
drentados de los males que les habían hecho á los demás pue-
blos sus circunvecinos, como se los habían avisado de Zihuatían,
y por pasar un río se ahogaron muchos de ellos. IxÜilxuchitl
1 El autor designa aquí la medida de longitud del puente por la de la lati-
tud del río. Gomara dice que era de 934 pasos, y Herrera que de 390; discor-
dancia que, salva la fracción, podía explicarse por un trastrueque de los gua-
rismos.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 409
los envió á llamar diciéndoles que se volviesen, que no les iban
á hacer ningún mal; los cuales como tuvieron noticia y se in-
formaron de la verdad, y de cómo sus Reyes venían allí, ellos
con su Señor se volvieron y los regalaron, y dieron todo lo ne-
cesario que fué menester en ocho días que estuvo allí el ejér-
cito. De aquí despachó Cortés ciertas canoas con tres Españoles
á Tabaaco por el río abajo, mandando á los carabelones fueran á
esperarle en la bahía de la Ascensión, para que desde allí lle-
vasen de los navios bastimentos á Acedan por un estero, y
otras canoas con cantidad de gentes, y algunos Españoles que
se despacharon por el río arriba para apaciguar ciertos pue-
blos que estaban rebelados.
Hecho todo lo referido, salieron de ^ Iztapan y fueron á Tlax-
lahuitlapan^ y en llegando á este pueblo, no hallaron más que
veinte sacerdotes que estaban en un templo en la ribera de un
río, y los vecinos la tenían despoblada; luego pasaron adelan-
te á una ciénega con harto trabajo, y á un estero, rodeando, en
donde hicieron una puente; y luego otra ciénega de más de una
legua^ hasta una montaña espesa de unos árboles altísimos, que
apenas veían el. cielo. Anduvieron perdidos por esta montaña
dos días, y al tercero fueron á dar á Ahuetecpan^ en donde ma-
taron la hambre que llevaban, y se refrescaron con frutas. Es-
taba despoblado asimismo este lugar, y así Cortés y IxtUlxuchiÜ
enviaron ciertas canoas á surcar por el río arriba, para ver si
hallaban alguna gente, y para tomar razón si pasarían adelante
los Españoles y la demás gente que iba por el río arriba; los
cuales después de haber buscado paso por las labranzas, fue-
ron á dar con una laguna grande en donde vieron en ciertas
isletas y canoas muchas gentes del pueblo, las cuales, viendo á
los nuestros vinieron hacia ellos, aunque con harta risa que les
1 Se hacen dos correcciones, de dos renglones cercenados en el original al
recortar el volumen: la primera se ha conjeturado por los restos de las letras,
y la segunda se ha suplido por las noticias que trae Gomara en el tomo 2,
cap. 64 déla edición de Bustamante, 6 cap. 168 de la colección de Barcia, to-
mando en cuenta la errata de su paginación al fidelizar la cita.
410 OBRAS HISTÓRICAS DE
provocó en ver á los Españoles barbados, y los trajes que traíaa
que nunca los habían visto. Los de Ixtlilxwihitl les dieron en-
tera relación de todo, y visto por ellos que no les iban á hacer
mal, cargaron la comida, miel y.otros regalos en ciertas canoas,
y fueron á ver á los Reyes y á Cortés, y. se disculparon dicienr
do, que habían dejado á su pueblo, porqu^e ea Zihvaiecan ha-
bían tenido noticia de que ciertos Españoles habían robado y
quemado muchos pueblos; y asimismo les dieron aviso de los
que fueron por el río arriba y. que estaban en su puj^blo, y ha-
bía ido coa ellos un humano de su» Señoi:;y aJguna gente de
guerra en su guarda, porque ao Jes hi<^iesen mal los naturales.
Enviáronles á llamar, y ellos vinieron cargados de muchaimielt
cacao y comida, y algún oro; y. todos los naturales se toniaron
á, sus casas, y todos loa demás pueblos, y lugares sus circun-
vencinos vinieron á ver á los Reyes y á Cortés, ofreciendo su
amistad, dando cada uno 4e ellos el loro qut^ teaiOt aunque pon
co á Cortés, que a^f se los mandaron Ouauúktemoo y los demás
Señores* Salieron i de este pueblo / de Ahvéoí^cpan después de
haber quenoiado los idok» y templos, y puesto cruces, dájodo*
les á entenderlos religiosos la iey,evangélieay por lengua de
los interpretes que llevaban. lícUíhucküly los demás Señores
les amonestaban lo mismo, trayéndoles grandes cosas á la me-
moria. Tomaron el camino por una senda que va derecha á la
provincia de Acalaru pasaron el río grande por unas barcas^y.
anduvieron tres días por unas montañas muy ásperas, en don-
de padecieron hartos trabajos IxtUhmcfUU, OwavJUemoc y los
demás Señores y sus vasallos, muy fatigados de hambre y sed,
que si no eran yerbas, no comían otra cosa; porque aunque lle-
vaban algún maíz los Españoles, más lo querían para los caba-
llos que no para el ejército. Al cabo de los tres días, dieron
sobre un estero de más de quinientos pasos de ancho y de
hondo algunas seis brazas; y como no tenían canoas para pa-
sar á la otra banda, tuvieron grandísimo trabajo en hacer una
puente muy grande, con mucho riesgo de los naturales por ser
tan hondo el estero» y duró la fábrica seis días cabalmente, en
DON FERNANDO DB'ALVA IXTLILXOCHITL. 411
donde padecieron los naturales grandísima miseria y hambre^
y aun sus Reyes y Señores, que si na era yerbas y frutillas sil-
vestres, no comían otra cosa. Esto era tan malo de hallar, que
apenas les cabía á bocado. A los Señores por grandísimo rega*
lo, les daban sus vasallos ciertos granos de maíz que quüabaai
á los cabaMos de los Españoles^ que era que estimaban más las bes-'
tias que no á los Beyes y grandes Señores; aunque ellos los lleva-
ban por grandeza, poír mostrar á los naturales de aquellas tie-
rras, que nunca los habían visto y los deseaban ver, por la fama
que de ellos había corrido por toda la tierra; aunque no era
necesario en ésta para pelear, por ser más áspiera, y lo llana
hecho ciénegas y lagunas; y casi por maravilla subían en ellas,
porque el camino trabajoso los hacía ir forzados á los más de
ellos á pie. Sería necesario escribir ; un libro entera para sola
exponer y hacer relación de los trabajos, que padecieron losíSl-'
xnchUl^ CuauMemoo^ CohvtmuscoehiaÁn y los demás Señares y si»
vasallos, en sólo el tiempo que se oci^karon en hacer esta puen-*
te, sin las demás referidas atrás, 7 en lo que se sigue. En esto
se pviede conocer la que les levantaron á OuoMhiemocy los de-
más Señores; pues estando ellos- tan caigadosde trabajos^ pa-*
deciendo baminres j miserias, aunque veían ellos por sus ojos
que los Españoles no querían que comiesen, sino que ellos tU4
viesen poder de matarlos sin que quedacie uno solo, lo hacían
de muy entera voluntad. Jamás se quejaron ni mostraron fla-
queza, sino que hacían lo que se les mandaba con mucho gusto;
de modo que si quisieran matar á los Españoles en esta ocasión,
lo pudieran hacer muy fácilmente, sin que corrieran ningún
riesgo; y cuando no, una noche dejarlos allí perdidos y dar la
vuelta para México; pues les era más fácil á ellos que no á los
Españoles, pues llevaban sus guías, y donde quiera que llega-
sen habían de ser mejor recibidos que no los Castellanos, pues
los naturales del tránsito eran sus vasallos, y hacer como dicen,
ir apellidando sus reinos y vasallos contra Españoles; mas aun-
que bárbaros, bien conocían que éstos les traían la verdadera
luz y ley evangélica, y la salud de sus almas que tanto desea-
412 OBRAS HISTÓRICAS DE
ban; y así los amaban y querían mucho, y más aina querían
padecer el hambre y trabajos que no los sufriesen ellos ni sus
bestias de servicio, pues para sustentarlas se quitaban el ali-
mento de la boca. Fué esta puente la cosa más extraña de'
mundo, y los Españoles se quedaron espantados al ver la des-
treza y maña con que la hicieron los naturales; y acabada, pa-
saron por ella, y de allí á poco trecho toparon con una ciénega
muy temerosa, aunque no muy ancha. Los caballos no podían
pasar, y á esta causa abrieron por enmedio una zanja por donde
acanaló el agua, y los caballos salieron á nado: pasados á la
otra banda, toparon con más de cien naturales de Acolan^ que
venían á recibirlos, y traían mucha comida y refresco, y con
ellos cuatro Españoles y ciertos soldados que habían ido con
ellos á dar aviso al Rey de la provincia de Acolan llamado
Apochpilon, el cual estaba muy contento cuando supo que sus
Reyes y grandes Señores iban con los Españoles á verle á su
tierra,'y quedaba con todo su reino esperándoles; y envió con
esta gente ciertos presentes para Cortés, IxÜilxuchiÜ, Cohuana-
cochtzinly los demás Señores, dándoles á cada uno su parte y
la bienvenida, enviándoles á decir que había hartos días que
los esperaba, porque de los de Xicalanco era avisado de cómo
habían de venir á sus tierras, y otras muchas razones, y lo
mismo á Cortés; todos se holgaron mucho del cuidado y bue-
na voluntad que les tenía, y con tanto se volvieron los mensa-
jeros.
Otro día salieron de aquí; fueron á Tizapetlan, donde fueron
recibidos muy bien, con mucho regocijo de los vecinos, y tam-
bién servidos y regalados de comida y todo lo necesario, y es-
tuvieron descansando aquí cuatro ó cinco días, al cabo de los
cuales salieron de este punto para Teotilac \ dos jornadas más
allá de la provincia de Acalan. Llegaron temprano á la ribera
de un río grande, que es el mismo que va á salir á Cohuatza-
1 TeoiilaCy lugar donde fué muerto Cuauhtemoctzin, emperador de México,
con otros reyes del continente mexicano. Según el P. Betancourt, la muerte
de Cuauhtemoct dn fué el 26 de Febrero de 1525. (Nota de Bustamante).
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 413
coako; y situados en este lugar, hicieron una choza ó aposento
de paja para que] allí se albergaran Cortés y los suyos; y los
Reyes se las hicieron de por si á las espaldas de un Cue grande:
y como era en tiempo de carnestolendas cuando los Españoles
se holgaban, como los naturales lo habían visto en los años
pasados hacer á los Castellanos, demás de que ellos solían ha-
cer ciertas fiestas por este tiempo, según su antigua costumbre,
hicieron grandes alegrías en este día y durante la noche; mas
aquí fué mucho más por las causas referidas y porque iban ya
dando fin á esta larga jomada, porque Cortés les había dicho
que desde Acedan se habían de volver sin pasar más adelante.
Por tanto así estaban todos contentos, y los Reyes estaban en
buena conversación, burlándose (ó solazándose) unos de otros.
CohuaTuicochtzin dijo al Rey Cuauhtemoc^ entre otras burlas y
chocarrerías: "Señor: la provincia que vamos á conquistar será
para mí; pues como sabe V. A., la ciudad de Texcuco y mis
reinos, son siempre preferidos en todo, según las leyes de
mi abuelo Nezahualcoyotzin^ sobre las capitulaciones que hizo
con su tío Itzcohuaizin^ antepasado de V. A." Respondió riéndo-
se el Rey Cuauhtemoc: "En estos tiempos. Señor, solos nuestros
ejércitos iban, y era bien que fuese primero para V. A., pues
la ciudad de Texcuco es nuestra antigua patria, y de donde
procede nuestra estirpe y linaje; mas ahora que nos ayudan los
hijos del sol, por lo mucho que á mí me quieren, será para mi
corona real." Saltó Tetlepanquetzafziny ^ y dijo: "No Señor; ya
que va todo al revés, sea para mí, pues Tlacopan y el reino de
los Tepanecas, que era el postrero en las reparticiones, será
ahora el primero." TemUoiún^ general del reino de México, y
uno de los grandes y el más principal, que se intitulaba TIoxxl-
tecaU^ respondió suspirando, y dijo: "¡Ah! señores, cómo se bur-
lan W. AA. sobre la gallina que lleva el codicioso lobo, y que
no hay cazador que se la quite ! ó como el pequeño pollo que
1 unas veces dice el manuscrito, como aquí, Tetlepanquetzatzin, y otras
Tetlapanquetzatzin. En Kingsborough dice Totlapanquetzatzin.
414 OBRAS mSTÓRIGAS DE
se la arrebata el engañoso halcón cuando no está allí su pastor,
por más que lo defienda la madre, como lo ha hecho mi Señor
el Rey Oaauhtemoc, que como buen padre defendió su patria;
pero el imperio Chichimeca careció de la paz y concordia, que
es buen pastor en los reinos, y nuestra soberbia y discordia
nos entregaron á manos de estos extranjeros, para padecer los
largos y ásperos caminos, las hambres y fríos y otras mil cala-
midades que padecemos, desposeídos de nuestros reinos y se-
ñoríos, y olvidados de nuestra regalada patria, como si fuera
nuestra enemiga; pero todo lo podemos dar por bien emplea-
do, pues estos nuestros amigos los hijos del sol nos trajeron la
luz verdadera, la salud de nuestras almas y la vida eterna, que
tan lejos estábamos de ella, gozando la gloria del mundo con
las horribles tinieblas, haciendo lo que nu^tros falsos dioses
nos mandaban, sacrificando nuestros prójimos, entendiendo
que acertábamos en estas nuestras antiguas costumbres, é íba-
mos á los abismos del infierno. ¡Oh sapientísimos Reyes JVe-
saahuxdcoyoÜ y NezahucUpilli! cómo fuera para vosotros este tiem-
po dichoso tan alabado y ensalzado, pues tanto lo deseasteis
ver, y nos contradijisteis nuestros errores ! ¡ Muchas veces más
bienaventurados nosotros que lo gozamos, y Jiuestros trabajos
bien empleados que han de tener dos premios, el uno en esta
vida, aunque sea' de la honra y fama, sin interés de riquezas
que son perecederas; y el otro en la vida eterna, donde está el
Thque Nahuaqucy que llaman los Castellanos Jesucristo: y así
Señores, consuélense VV. AA. y lleven con paciencia éstos tra-
bajos, y tomen ejemplo de estos hijos' del sol, que pasan tan
grandes mares, y tan ásperos caminos y trabajos por la salud
de nuestras almas, y hagamos lo que hace IxÜilxtichiU, que no
verán VV. AA. señal de tristeza en su rostro, y es el primero
en los trabajos, que por esta buena ley tiene olvidada su patria,
deudos y amigos, y oigan atentamente á los sacerdotes cristia-
nos, y verán cómo aquesto que digo es todo verdad, cuando
nos predican por lengua de los frailes." Otras muchas razones
dijo este Señor, de lo cual se enternecieron todos, y le dieron
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 416
las gracias por áus buenos consejos. Otros Señores estaban en
esta plática, que por todos serían hasta nueve, dieron también
sus razones, y se holgaron y cantaron romances para este propó-
sito, que profetizaban todas las cosas que ellos veían y pade-
cían, compuestos por los filósofos antiguos. Visto por Cortés á los
Señores muy contentos y que pasaban entre ellos muchos razo-
namientos y burlerías, imaginó mal, y como dice el proverbio
piensa d ladrón que todos son de su condición; díjoles por lengua
de intérpretes, que parecía muy mal entre los Señores y gran-
des príncipes burlarse los unos con los otros; que les rogaba
que no lo hicieran otra vez. Ellos le respondieron que aquello
no lo hacían para darle pesadumbre, sino por holgarse y dese-
char sus trabajos; y que los príncipes en estas ocasiones es bien
que se muestren muy contentos para que sus vasallos tengan
ánimo de padecer los trabajos, viendo á los Señores en los
mismos puntos muy contentos como en sus cortes y palacios,
y en las demás partes fuera de los trabajos, persecuciones y
guerras; está muy bien que hagan lo que les mandan, porque
«n tales ocasiones bien conocen ellos que es grandísima falta;
y pues él no gustaba de ello, por darle contento, no se burla-
rían más los unos con los otros. Llamó después Cortés secre-
tamente á un indio llamado Coxtemexi^ que después se llamó
Cristóbal, natural de Iztapalapan, ó según algunos de Mexioal-
tzinco; y como se fiaba de él mucho, y le traía siempre los men-
sajes de todo lo que se hacía y decía en todo el ejército, (que
nunca faltan revoltosos en el mimdo, y malas lenguas que cor-
tan más que agudas navajas); él preguntó de qué eran las largas
arengas que los Señores hacían, según él lo confesó, como es
común opinión, cuando le dio tormento IxÜHxuchiÜ en Texcu-
co para que confesase lo que él dijo á Cortés para que murie-
ran tantos Reyes y Señores por su mal decir, sin culpa ningu-
na, y contestó: "Que le dijo á Cortés lo que había pasado, como
atrás queda referido, y que Cortés le mandó pintase cuántos
eran en la plática, y que así pintó á nueve personas; mas que Ü
no dijo lo que Cortés deda, que se querían alzar contra él, y ma-
416 OBRAS HISTÓRICAS DE
iark áélyá todos ha Espaíloles;^^ y así claro parece en las histo-
rias, pinturas y demás relaciones, y confesión de este indio, á
quien Cortés pone por testigo, que murieron estos Señores sin
culpa; mas á la verdad, fingiendo Cortés todas estas cosas por
quitarse de embarazo, y que no quedase Señor natural en la
tierra. El día siguiente, que era el martes de carnestolendas,
año de 1525, tres horas antes del día, fué llamando á los Reyes
y Señores por su orden, sin que uno supiese del otro, ni nadie,
porque no se alborotasen y corriese riesgo Cortés y los suyos,
y los fué ahorcando de uno en uno; primero, al Rey CuauMe-
moc y luego á Tetlepanquetmtzin y á los demás, y el postrero
fué Cohuanacochlzin; mas Ixtlilxuchiti^ que á esta ocasión fué avi-
sado que los Reyes estaban ahorcados, y que á su hermano lo
estaban ahorcando, salió de presto del aposento y empezó á
dar voces y apellidar su ejército contra Cortés y los suyos; lo
cual visto por Cortés en el aprieto en que estaba él y los suyos,
y no hallando otro remedio, llegó de presto y cortó el cordel
con que estaba colgado Cohuanacocbizin^ que ya estaba bo-
queando, y empezó á rogar á IxtlüxuchiU que lo oyese, que le
quería dar la razón por qué había hecho aquello, y que si no le
pareciese que fué muy justo, que entonces hiciese lo que qui-
siese; é IxÜüxuchiÜ mandó al ejército que se estuviese quedo,
que ya todos estaban aparejados para hacer pedazos á los Es-
pañoles si pudiesen. Oyó atentamente IxÜilxuchiU á Cortés, el
cual le mostró la pintura que pintó Coxtemexi^ y le dijo: que
OuavJitemoc y Cohuanacochtzin los demás Señores los querían
matar á él y demás Españoles, con otras muchas razones, y que
el que más culpa tenía era su hermano Cohuanacochtzin^ y que
de industria no lo había querido ahorcar antes, por si se recorda-
ba (ó despertaba), para que él propio sentenciase; y como vio
que dormía tanto, por no darle pesadumbre, y porque no se
alborotase la gente, que era ya tarde, lo había mandado ahor-
car el último, con otras muchas razones, las cuales oídas por
IxtlUxuchiÜ^ aunque con harta pena, se apaciguó, acordándo-
se de muchas cosas y la fe que tenía recibida; y que haciendo
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 417
él otra cosa se perdería todo, y la ley evangélica no pasaría ade-
lante, y sería causa de muchas guerras, echándolo todo á bue-
na parte, y disimulando cuanto pudo esta traición; y así que ya
era de día, y hechas las paces entre Cortés é Ixililxuchitl^ toma-
ron la vuelta para Iztancamac,\y mandó Ixtlilxuchitl llevar á su
hermano en unas andas, que iba enfermo de la garganta del
cordel con que le habían querido ahorcar, el cual de allí á po- .
eos días murió de unas cámaras de sangre que le sobrevinie-
ron de pesadumbre y tristeza. Una jornada antes que llegasen
á Iztancamac^ les salió al encuentro un mancebo hijo del Señor
de dicho pueblo llamado Apochpilon^ como está referido, y dio
el pésame á IxÜilxuchiÜ de la muerte de los Reyes y Señores,
que ya en todos los pueblos de Acolan se sabía; y dijo que su
padre era muerto, porque así se lo mandó, porque no quería
ver á los Españoles por las cosas que habían hecho. Ixtlilxu-
chittl le consoló, y mandó hablase á Cortés, el cual se holgó
de verle, y le díó ciertas cosas de España, aunque el decir que
era muerto su padre no lo quiso creer, por haber tan pocos
días que había enviado sus mensajeros, como atrás queda re-
ferido.
Llegaron á un pueblo llamado Teotlycacac^ en donde fueron
muy bien recibidos y regalados. Cortés trabó grande amistad
con el Señor de aquí, y le rogó secretamente le dijese si era
verdad que era muerto Apochpilon} Él respondió rogándole
que guardase secreto, que no era muerto, y que todo aquello
lo hacía porque no le entrase en sus tierras, pues le había pa-
recido mal á toda la tierra lo que había hecho en matar á los
Reyes; Cortés le dijo la causa por qué lo había hecho y otras
muchas razones que no son de mi historia, y luego llamó se-
cretamente al hijo de Apochpilon y le dijo cómo sabía de cierto
que era vivo su padre. El mancebo, viendo esto y que no po-
día negar la verdad, le aseguró que era vivo, y las causas por
qué se mandaba negar; Cortés le rogó que fuese á llamarlo, y
1 Varias veces dice el manuscrito Apochpalan.
Tomo 1—27
418 OBRAS HISTÓRICAS DE
lo mismo hizo IxtlilxuchiU. Envió ciertos soldados criados su-
yos con el hijo de Apochpüon^ rogándole se viniese luego á
verse con él y con Cortés; y de allí á dos días vino, y fué pri-
mero á la casa en donde posaba IxtlilxuchiU^ que eran unos
templos muy grandes, que los había muchos en este pueblo,
y le dio el pésame á IxtlUxuchül^ y lloró con él, y se excusó y
dijo, que por la crueldad que los Españoles habían hecho se
había mandado negar, previniéndole á su hijo dijese ser muer-
to, y pidió á IxtlilxuchiU le perdonase. IxÜUxuchitl agradeció
mucho sus buenas razones, y fué con él al aposento de Cortés,
que así se lo rogó, y le dijo á éste las causas por qué se había
mandado negar; ofrecióle su amistad, y rogó juntamente á Ix-
ÜilxuchiÜ se fuese con él á Ixkincamdc^ ciudad cabecera de su
provincia, que allí serían bien recibidos, servidos y regalados,
y luego otro día salieron para Iztancamac, y llegados los reci-
bieron con muchas fiestas y regocijos, y se aposentaron en las
casas de Apochpilon. Antes de entrar en la ciudad, IxÜHxíichiU
previno á Apochpilon mandase á sus arquitectos le retratasen
en una peña muy alta que está junto del camino cerca de J¿-
tancamac^ el cual mandó á sus arquitectos lo que IxUilxuchiU
quería, y asi lo retrataron al natural con las mismas armas que
llevaba puestas en aquella ocasión, esculpiendo su retrato en
la peña, que hoy en día, según opinión común, en los cantos se
menciona: lo cual IxÜUxuchitl mandó para que sus descendientes
viesen su retrato y hubiese eterna memoria de él. Los arqui-
tectos lo hicieron tan al natural como tengo dicho, que no le
faltó cosa; IxtlilxuchiU lo fué á ver con Apochpilon^ y allí se en-
terneció y lloró, según los cantos, y con él Apochpilon y los
demás Señores que le consolaron. Estuvieron en Iztancamac
algunos días muy servidos y regalados; y Cortés y IxÜUxuchitl
recibieron muchos presentes de Apochpilon muy curiosos de
jicaras y tecomates de diversas labores, y otras muchas cosas
que en esta provincia hay, que son todos mercaderes los na-
turales de ella, que los estimó mucho IxÜUxuchitl, y lo mismo
hicieron á Cortés, aunque no le cuadró tanto por haber poco oro^
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 419
y eso mezclado con cobre. Era esta provincia muy grande, y
tenía muchas ferias, entre las cuales era la mayor la de NUo^
barrio de por sí de la ciudad.
Algunos autores escriben que la muerte de Ouauhtemoc fué
en Iztanoamae; pero los naturales y las pinturas, cantos é his-
torias de esta tierra, á quien yo sigo, lo dicen según está refe-
rido atrás; y sea como fuere, ellos murieron en tierra de la pro-
vincia de Acolan^ y Cortés los mató sin oidpa^ sóh porque la tierra
quedase sin Señores naturales; el cual, si conocía tanto bien como
Dios le había hecho, los había de tener sobre sus ojos, y esti-
marlos como piedras preciosas, que era el triunfo de sus he-
chos; pero él siempre procuró de matar á los Señores, y aun á
sus nietos, y obscurecer sus glorias y dárselas á sí solo, porque
si se mira bien, si él únicamente y sus compañeros sujetaran
toda la tierra, fuera imposible; y cuando eso fuera no merecie-
ran tanta honra, cuanto más que él tuvo muchos más amigos
que enemigos, y aun no se pueden decir enemigos á los que
tienen este nombre, porque los mismos Españoles dieron la
ocasión, y aun no tan solamente obscurecen la ayuda que tu-
vieron de los de Texcuco, Tlaxcalan y otras partes, sino que
apocan tanto á los vencidos que es vergüenza, y fuera de toda
verdad y razón, y no han hecho, como lo que dicen, que quien
quiere engrandecer la honra y fama de la victoria, no huye de
encarecer las fuerzas del vencido, para gloria, honor y eterno
triunfo del vencedor; lo cual si ellos hicieran esto, tuvieran
mucha más fama de laque tienen. Gran cosa por cierto habría
hecho Cortés y los demás conquistadores en plantar la ley
evangélica en este nuevo mundo, si no hubieran hecho las
crueldades y las cosas referidas en esta historia y las demás
que están escritas, y en lo que sigue; y así Dios ha permitido que
haya muy poca memoria de ellos, y los más de éstos han
acabado en mal^ y entiendo que Ouauhtemoc y los demás que
murieron con él, pues ya eran cristianos y conocían á Dios, ya
que perdieron sus reinos y señoríos que son perecederos, les
daría Dios el del cielo que es eterno, y que á nosotros importa
420 OBRAS HISTÓRICAS DE
más que cuantas honras y riquezas y las demás cosas que tie-
ne el mundo; y plegué á Dios que muchas sillas de las que de-
bían ser de los primeros Españoles que vinieron á estas partes»
las posean en la vida eterna los desventurados naturales y
aim algunos de los que hoy viven; porque es tanta su miseria
que he leído á muchos autores que tratan de tiranías y cruel-
dades de otras naciones, que ninguna de ellas y todas juntas
tienen que ver con los trabajos y esclavonía de los naturales,
los cnales, como ellos lo dicen, más querrían ser esclavos herrar
dos^ y no de la manera que hoy viven^ porque de esta manera los
Españoles que los tratan mal, todavía tuvieran alguna lástima
de ellos por no perder sus dineros; y es tanta su desventura,
que si uno tropieza y cae y se lastima, es tanto el gusto que de
ello reciben que no se puede encarecer, y no obstante esto,
cuantas maldiciones les vienen ala imaginación les echan, y si
se mueren dicen que ya el diablo se los debía de haber llevado
á todos; digo esto, porque á cada instante sucede, y lo oigo de-
cir, y pues Dios lo consiente, su Majestad sabe por qué, y dé-
mosle gracias por ello.
Salieron los Castellanos de IzUimamac, después de todo lo
referido atrás, y fueron á Mazatían, y por el camino tardaron
tres días, en donde pasaron ciertas ciénegas y un estero, y á
ciertos soldados de IxtlUxuchiÜ que se adelantaron, que lleva-
ban á cierto espía de MazaÜan preso, les salió otra cantidad de
enemigos y les quitaron el preso, los cuales corridos de esto pe-
learon valerosamente hasta cobrar lo que les habían quitado, y
al capitán le dio uno de ellos una cuchillada en un brazo, y lo
prendieron y trajeron ante IzÜilxxLchitl^ al cual lo llevaron por
guía; y llegados al lugar no hallaron á nadie, porque todos
huyeron, como tuvieron aviso de la venida de los Españoles
y lo bien que pelearon los Aculhuas. Ixtlilxuchül envió á lla-
mar al Señor gobernador de Mazatlan^ que era niño, con un
mercader de Acalan^ el cual vino y los llevó á Tiacqtie, que
está una jomada de Mazatían^ y allí fueron muy bien recibidos
y regalados; aunque los vecinos por ninguna vía quisieron vol-
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 421
ver á sus casas, que todos se habían ido á un cerro, cerca de
allí. Fueron otro día á dormir á XuncahuiU^ lugar muy fuerte,
poblado de gente y con mucho mantenimiento, en donde se
proveyeron de comida para cinco días que anduvieron hasta
Tiacac. La causa de que estos lugares estaban despoblados, es
según las historias, que corrió la fama por toda la tierra de la
cruel muerte que Cortés dio á los Reyes y Señores, y así esta-
ban todos espantados, especialmente con saber que IxÜüxuchiÜ
y los Aculhuas sus vasallos favorecían y andaban con Cortés y
sus compañeros; y así visto esto por los de aquellas tierras, hi-
cieron como habían hecho los de la provincia de Cohuaizar
cualco y las demás partes referidas, porque con las tiranías de
los Españoles que por sus tierras andaban, no quedaba hom-
bre ni mujer que teniendo nuevas de que venían á sus países
que no salieran desamparando sus casas,^ espantados y es-
candalizados de las crueldades y tiranías de los Españoles,
especialmente viendo ellos que lo hacían con personas de más
poder y grandeza en todo que ellos. Anduvieron pues cuatro
días caminando por despoblado, y al quinto, después de haber
pasado un cerro llamado Tdeyztacan^ llegaron á una gran lagu-
na, dentro de la cual estaba la ciudad cabecera de la provincia
de Tiacac; llegaron á un lugar donde estaban muchas labran-
zas y algunos labradores, los cuales luego que vieron Españo-
les se metieron por la laguna adentro en ciertas canoas que allí
tenían; y para llegar á este lugar padeció el ejército harto tra-
bajo, porque iban metidos por el agua hasta las rodillas, y llo-
vía mucho, como siempre habían padecido en las demás partes
de esta jomada. Llevaban cierto hombre que prendieron los
guías poco había por el camino, al cual mandaron fuese á dar
aviso á Canee^ Señor que á la sazón era de esta provincia, y
que dijese de parte de IxÜUxuchiÜ cómo venían á verle y traían
consigo los hijos del sol, que venían con el mismo intento y
1 En Kingsborough dice: que teniendo nuevas de que los Españoles venían
á sus tierras, no saliesen desamparando sus casas.
422 OBRAS HISTÓRICAS DE
eran embajadores del mejor Señor del mundo. Fué este hom-
bre, y IxttUxuchiÜ asentó su real y lo fortificó, que lo mismo
hizo Cortés en la parte más acomodada que allí hallaron, por
ser esta provincia no conocida ni sujeta al imperio Ghichimeca.
El mensajero volvió á media noche con dos caballeros criados
de Canec^ los cuales hallaron á Ixililxuchül y le dieron la bien-
venida, y por más extenso supieron de su vida y de los hijos
del sol, y á lo que venían, el cual les dio razón de todo, y en-
vió á llamar á Canee su Señor diciéndole que querían verle, y
les dio á dos capitanes por rehenes, que lo mismo hizo Cortés
entregándoles á un Español. Otro día vino Canee con treinta
personas ilustres y trajo consigo al Español y á los dos capita-
nes, y también ciertos presentes que dio á IxtlüxuchiU y á Cor-
tés; el cual se holgó mucho de ver á los Españoles, y IxilUxu-
chi I le declaró algo á qué venían; y le trató las cosas de la fe,
el cual se holgó de oir y oyó misa, y tuvieron con él ciertas
demandas y respuestas los religiosos, sobre la misa y misterios
de la fe: y prometió derribar sus ídolos y pidió una cruz para
poner en su ciudad: después de esto y de otras muchas razo-
nes, porque ya era hora de comer, regaló á los nuestros con
pan, gallinas, miel y pescado, y seofreció por amigo y vasallo al
Emperador; y luego llevó á Cortés y á IxtiUxuchül y ciertos Espa-
ñoles dentro de su ciudad, y quemó los ídolos, y en el ínterin
comenzó á caminar; y ya que era tarde salieron Cortés y laMü-
xuchül con ciertos guías para ir en seguimiento de ciertos Es-
pañoles y algunos naturales que enviaron por delante, y tuvie-
ron aviso de ellos. En esta ciudad alcanzaron al ejército que
ya había bajado toda la laguna, y allí cerca en un llano hicie-
ron noche. Otro día prosiguieron su camino por unos llanos,
en donde mataron ciertos gamos, que hay infinidad de ellos en
estas partes, y luego encontraron con ciertos cazadores que
traían un león muerto, y los prendieron, los cuales los guiaron
con los otros de Tiacac hasta llegar á un estero muy grande de
agua y hondo, que luego á la otra banda estaba un pueblo
donde iban. Los de este lugar viendo Españoles comenzaron á
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 423
desamparar sus casas, llevando su ropa, hijos y mujeres, y co*-
gieron á dos naturales de allí que andaban en una canoa con
una doncella; los cuales los llevaron una legua de allí por don-
de pudo entrar el ejército á este lugar. Llegados á él se abas-
tecieron de todo lo necesario y mataron la hambre, y estuvie-
ron cuatro días esperando á Amoan^ Señor que era de Tkzoan
(que así se llama este lugar), pero no vino ni sus vasallos; y
así nuestro ejército se partió después de haber tomado basti-
mento para seis días de camino, de los cuales el primero fue-
ron á dormir á una cierta venta del Señor de Ttezean^ seis le-
guas de este lugar, en donde estuvieron un día, y hicieron
fiesta de Nuestra Señora,* que era su día, y pescaron en un río
que allí cerca estaba ciertos peces buenos que allí se halla-
ron: al otro caminaron y mataron ciertos venadoá, y pasaron
después de haber caminado un llano muy trabajoso y puerto
de más de cuatro leguas de subida y bajada, en donde al pie
de este lugar les cogió la noche, y durmieron aquí, y estuvie-
ron todo el día descansando, y el otro día siguiente caminaron
hasta un pueblecillo de Arman llamado Axuricajmyn^ en donde
estuvieron dos días, al cabo de los cuales caminaron el siguiente
hasta Taxaytetl^ en donde durmieron, que era otro pueblo del
mismo Amoauy y en él hallaron mucho refresco y comida, y
hombres que les dieron razón de su venida.
El día siguiente comenzaron su camino, y andadas dos leguas
se les ofreció una sierra altísima que tenía más de ocho leguas
de subida, en donde tardaron dos días con harto trabajo de un
continuo aguacero, hambre y miseria para los nuestros; y mu-
rieron sesenta y tantos caballos despeñados y arrebatados.
También se despeñó un sobrino de Cortés que se quebró una
pierna en tres ó cuatro partes, y los naturales lo sacaron con
harto trabajo de donde cayó, y pasando esta sierra áspera, die-
ron con un río grande y muy caudaloso. Envió Ixtlilxuchifl
corredores para que viesen si había alguna parte por el río arri-
ba en donde se estrechase; los cuales de allí á poco volvieron
y dieron aviso cómo habían hallado una peña que la naturaleza .
424 OBRAS HISTÓRICAS DE
había creado, por encima de la cual se podía pasar, como si
fuera puente, con mucha facilidad. Los Españoles se holgaron
mucho con tal nueva, pues que ya estaban desesperados, y era
por Semana Santa, y estaban todos confesados aguardando la
muerte; y puestos ciertos palos que faltaban para alcanzar la
peña á la otra parte, pasaron y fueron á dormir á un pueblo
que allí cerca estaba, llamado Teoxoie^ en el cual hallaron algu-
na gente, aunque muy poca comida, que tenían harta necesi-
dad de ella, especialmente los naturales, que no se habían sus-
tentado con otra cosa sino con yerbas todos los días que hablan
padecido estos trabajos, desde que se les acabó la comida que
traían de TaxayteÜ. Los de este lugar dijeron á los nuestros que
de una jomada por el río arriba estaba ima provincia llamada
Tahuican^ en donde hallarían harto bastimento y todo lo nece-
sario; pero que estaba á la otra banda de él. IxtHlxuchiÜ envió
más de mil Aculhuas sus vasallos con algimos Españoles, para
que de allá trajesen bastimento, los cuales fueron y proveye-
ron al ejército muchas veces, aunque con mucho trabajo; y
estando en este lugar enviaron á otra provincia llamada Azw-
cvlin^ ciertos Aculhuas con ciertos Españoles y un guía; y an-
dadas algimas leguas, llegaron á una venta, en donde hallaron
siete hombres y una mujer, y de ellos supieron cómo era el
camino llano y bueno hasta Azaoulin^ y se tomó más entera
relación de un hombre natural de Acolan de todo. Estuvieron
algunos días, aunque luego se partieron para Azueulin sin guías,
porque el de Acolan y los demás una noche se huyeron. Ca-
minaron tres días por mal camino, al cabo de los cuales llega-
ron á Azucuiin^ que estaba despoblado y sin gente; y no ha-
biendo hallado bastimento ninguno, padecieron harta necesidad
y hambre. Anduvieron buscando más de ocho días guías para
que los llevasen á NUo, y nunca se pudo hallar á nadie; y mi-
rando muy bien la pintura que llevaban por donde habían de
ir, hallaron que se les ofrecían ciertos lugares sujetos á la pro-
vincia de Tunia; ^ y yendo caminando hallaron á un mancebo»
1 Túnica en Kingsborough.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLIIJÍOCHITL. 425
al cual lo prendieron y los guió por unos montes hasta los pue-
blecillos, que tardaron dos días en llegar, en donde se hallaron
todo despoblado y sin gente, si no fué un viejo, el cual los guió
dos jornadas hasta un pueblo en donde prendieron cuatro hom-
bres, que no hallaron más, porque los otros todos se habían hui-
do y desamparado sus casas. IxtlUxuchiÜ les preguntó si sabían
dónde era Mto y qué tanto estaba de allí: ellos dijeron que ha-
bía dos días de camino, y por más certificarse soltó á dos de
ellos, y les mandó que fuesen y tngesen alguna gente para que
fuesen creídos, escarmentados de los trabajos pasados, los cua-
les fueron y trajeron ciertas mujeres de Nito^ y dieron razón
del lugar y de los Españoles que había en él. Cortés no con-
tento con esto, envió ciertos Castellanos, para que por más ex-
tenso supiesen si había Españoles en aquel lugar: los cuales
fueron y tomaron á ciertos hombres, y volvieron á dar razón á
Cortés, el cual escribió á otro Nieto,^ que era el capitán; y le
envió á pedir barcas para poder pasar el río, y caminaron con
el ejército, los cuales estuvieron cinco días en el camino y pa-
sada del río, y otros muchos en Tunia^ en donde padecieron
grandísima necesidad los Aculhuas, y hambre. Llegados á NUo
menos hallaron qué comer, porque los Españoles que había
adentro estaban enfermos y muertos de hambre. IxÜUxuchiU
repartió sus soldados, unos envió á buscar yerbas para poderse
sustentar, y otros por los pueblos circunvecinos por si hallaban
algún bastimento; los cuales no pudieron hallar cosa ninguna,
si no eran crueles guerras con los naturales, aunque en aque-
llas dos jornadas de Nito^ fueron los de Ixtíilxuchül por mal
camino á este lugar, y trajeron algún bastimento. Visto esto
por los nuestros y la necesidad que padecían, rogó Cortés á
IxtlUxuchiÜ que se fuese con él en tres navios que tenía adere-
zados por agua hasta la bahía de San Andrés, y cerca de se-
senta de los Aculhuas sus vasallos, los más animosos, y cua-
1 En la impresión de Bustafnante dice Juan Nieto, y en Kingsborough al
capitán.
426 OBRAS HISTÓRICAS DE
renta Españoles que escogió para este efecto, y que su ejercito
fílese por Nclgo con Gonzalo de Sandoval y los demás Españo-
les, en donde les irían á alcanzar, que estaba tres jomadas de
este lugar, para que apaciguase á los Españoles, que estaban
discordes y encontrados.
Partido que fué Cortés, anduvieron ciertos días hasta llegar
á un golfo que baja más de treinta leguas, según los autores Es-
pañoles. Saltaron en tierra Cortés y IxÜilxuehiÜ^ cada imo de
ellos con treinta soldados, hasta un lugar despoblado y arrui-
nado, en donde cogieron cierta cantidad de maíz y chile; y tor-
náronse á sus barcas, y luego prosiguieron su camino y tuvie-
ron tormenta, y ahogóse un soldado de IxtlüxuchiÜ, natural de
Texcuco, que iba en una de las canoas que llevaban; y llegados
á un río, dejaron aquí las barcas y bergantines á ciertos Espa-
ñoles y naturales, y los demás fueron con Cortés y IxÜüxuchiU.
De allí á poco rato toparon con otro pueblo despoblado, y lue-
go subieron por unos montes con harto trabajo hasta topar con
unos sembrados, donde hallaron en una chozuela un hombre
y tres mujeres; y de aquí á un pueblecillo pequeño que estaba
sin gente, y había muchas gallinas y otras aves, aunque no ha-
bía maíz ni sal, que era lo que se buscaba. Había un rato que
estaban metidos en cierta casa, cuando los moradores de ella
descuidados venían á ocuparla: fueron presos, los cpales guia*
ron á los nuestros por un camino muy trabajoso y de muchas
sierras, y muchos ríos que de ellas bajan, hasta llegar á un
pueblo, que por haber mucha gente no osaron los nuestros lle-
gar al lugar, y durmieron aquí con harto trabajo de aguaceros,
rayos y relámpagos, y muchos mosquitos. En amaneciendo,
entraron dentro del pueblo, y hallaron á los vecinos durmien-
do, y en las casas del Señor estaba mucha gente también dor-
mida: los Españoles dieron sobre ellos y mataron quince perso-
nas, y entre ellas al Señor; prendieron otros quince hombres
y veinte y tantas mujeres. Con estas hostilidades y otras tales,
¿cómo no habían de estar los pueblos despoblados? Los presos
los enviaron á otro pueblo mayor, y dijeron haber maíz y todo
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 427
lo necesario que aquí no se halló. Por el camino prendieron
ocho hombres cazadores y á ciertos leñadores, hasta llegar á un
campo llano en el que durmieron, después de haber pasado
un rio con harto trabajo á media noche. Los vecinos del pue-
blo, así como sintieron á los Españoles, comenzaron á llamar
gente de guerra, habiendo encendido luminarias y tocando
ciertos instrumentos. IxÜüxUchitl dijo á Cortés, que antes que
sucediese otra cosa, entrasen dentro del pueblo y lo sujetasen
luego á la hora, ó se fuesen de allí, porque corrían mucho ries-
go; Cortés dijo que sería mejor dar sobre ellos y cogerlos des-
cuidados, y así se hizo hasta entrar dentro, matando mucha
gente del pueblo, y en la plaza se hicieron fuertes. Los vecinos
huyeron, y así cuando amaneció ya no hallaron á nadie; luego
anduvieron saqueando las casas, donde encontraron muchas
mantas, algodón, maíz, sal y otras cosas; asimismo mucha fruta,
gallinas y otras aves, chile y cacao. Estaban las naos cuasi
á tres jomadas de este lugar, y por un camino muy trabajoso;
y porque pasa un río por enmedio de este pueblo, que va á dar
hasta el lugar donde estaban las barcas, enviaron á llamar los
del bergantín y barcas para que las trajesen por la misma par-
te, para cargarlas de comida v vitualla; y en el ínterin labraron
otras cuatro balsas los naturales de Texcuco, por orden de
Cortés, para que también ayudasen á llevar el maíz. Llegaron
pues el bergantín y las barcas muy abajo del río, que no po-
dían subir más por la mucha corriente, y así con las balsas se
llevó el bastimento con harto trabajo y peligro, porque los na-
turales á una banda y otra tiraban muchos flechazos y pedra-
das; pero no murió nadie, aunque Ixttilxuchití, Cortés y los de-
más fueron heridos, y la demás gente que fué por tierra no
corrió ningún riesgo. Asimismo abastecieron sus barcas y ber-
gantín de otros pueblos y lugares que hallaron en la ribera, y
en un día y una noche llegaron al golfo; y embarcados todos
dieron la vuelta para Nito, Tardaron en este viaje, según dicen
las historias, treinta y cinco días, y llegados á Nito juntó á los
Españoles que habían quedado suyos, y los de González, y se
428 OBRAS HISTÓRICAS DE
partió para la bahía de San Andrés, que ya estaba allá el ejér-
cito de Ixtlihuchitl y Españoles. Estuvieron veinte días en
este puerto, al cabo de los cuales después de haberlo poblado
y dejado alguna gente, se fueron al puerto de Honduras.
Estuvieron cuatro días navegando, y al cabo de éstos, lle-
garon y se desembarcaron. De allí á dos días, envió IxtUbm-
chül dos soldados suyos con un español que también enviaba
Cortés á dos pueblos que estaban una jomada de este lugar
llamados Chiapaodna y Papayca, cabeceras de provincia, dán-
doles aviso de cómo era venido allí con el capitán Cortés, y
que viniesen á verse con él para tratar de ciertas cosas. Los
señores de esta provincia se holgaron mucho de tales nuevas,
y luego enviaron sus mensajeros con los que envió IxÜilxuchül^
para darle la bien venida, los cuales, oída la razón de IxÜU-
xuchitt^ y el intento de Cortés, fueron á llamar á sus señores,
y de allí á cinco días enviaron con dos personas principales
mucho maíz, gallinas, y comida de parte de sus caciques, á ver
lo que quería IxtíilxuchiÜ, y á qué venia Cortés, y para qué los
llamaban. Decíanles que les perdonase que no osaban venir
porque los Españoles les habían hecho mil insolencias, y venían
á robar hombres que los llevaban forzadamente en sus navios.
IxtlUxuchitl por lengua de Marina dijo á Cortés todo lo que
habían respondido estos señores, el cual le rogó que les asegu-
rase, y dijese á lo que venían más específicamente, y que les
enviase á decir que viniesen para tratar de su quietud. Ixtlü"
xuchitl les envió con estos mensajeros á dar más entera razón
de su venida, y les envió á rogar que se viniesen á ver con él,
y no tuviesen miedo que no les harían ningún daño los Espa-
ñoles, que eran amigos, y que le enviasen bastimento para su
ejército que padecía mucha necesidad, y cierta cantidad de
gastadores y leñadores para talar un monte, que decía Cortés
que era necesario talar. Habiendo oído lo que IxtlUxuchitl en-
viaba á decir, luego juntaron toda la gente que pudieron para
este efecto, y vinieron con ella, y trajeron mucho bastimento, y
talaron el monte. En estas demandas y respuestas, y otras mu-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 429
chas cosas que sucedieron, (que sería largo de contar), tuvo
Cortés nuevas, por los oidores de Cuba, de las revueltas de
México, por lo cual probó tres ó cuatro veces á volverse en
sus navios, y no pudo por malos temporales. Contentóse con
enviar á Martin Dorantes á Pamcco con cartas, y con él á ciertos
caballeros y gente ilustre de Texcuco, México y Tacuba, que
enviaba Ixüílxuchiü á ruego de Cortés, mandando á sus gober-
nadores no consintiesen hubiese alguna revuelta, con que fuese
causa de alzarse la tierra y hacer muchas muertes y guerras,
el cual llegó aunque con mucho trabajo y los señores y ca-
balleros que envió IxtlUamchitl. Después de haber despachado
Cortés á Dorantes, cierta cantidad de sus soldados salieron á
correr la tierra con Hernando de Saavedra que llevaba sesenta
españoles, y por capitán á su amigo Chichinquaizin; los cuales
fueron y corrieron mucha tierra, pueblos y lugares muy fértiles
en un valle.^ Chichinguatzin se dio tan buena maña, que sin pe-
sadumbre ni trabajo de su amigo, atrajo muchos pueblos á la
amistad de los nuestros, y vinieron á ver á IxÜilxuchiU veinte
señores, los cuales ofrecieron su amistad, personas y vasallos á
Cortés y demás Españoles, y dieron todo lo necesario para el
sustento del ejército de IxtHlxuchiÜ y Castellanos.
Los señores de las provincias de Papayca y Chiapaxina se
fueron substrayendo, y aunque acudieron á IxtlilxuchtU^ no era
con tanto amor como de antes; pues estaban agraviados de
ciertas cosas que los Españoles habían hecho contra ellos. En-
vió IxÜilxuchiU á requerirlos que se diesen de paz, y como ellos
no quisiesen escuchar sus mensageros, envió luego ciertos sol-
dados suyos, y por cierta traza que tuvieron los prendieron, los
cuales eran tres; el primero se llamaba ChicueyÜj el segundo
Pochotl^ y el tercero Mendezeto^ y traídos ante él los entregó á
Cortés, el cual (según dicen), les mandó echar unos grillos, y
les dijo que no los había de soltar hasta que no se diesen de
1 Seguimos en estos párrafos la redacción de Kingsborough, porque en el
manuscrito no tienen sentido.
430 OBRAS HISTÓRICAS DE
paz y poblasen sus pueblos; entonces enviaron á decir á sus
vasallos que tornasen á sus casas, y se diesen de paz, si que-
rían verlos libres y con sus vidas: visto esto por los de CAia-
paxina en el trabajo en que estaban sus señores se dieron lue-
go de paz, y poblaron sus pueblos, y con tanto fueron sueltos
sus señores, dando palabra á IxÜilxuchiU de nunca más rebe-
larse, y ser siempre amigos de Cortés y de los españoles. Los
de Papayca no queriendo siyetarse, envió Ixtlilxuchitl álgunBi
cantidad de sus vasallos con ciertos Castellanos que para este
efecto envió Cortés, y una noche los cogieron dentro de la ciu-
dad, y prendió á tres gobernadores ó tutores del señor de aquí
que era niño, y teníanle usurpado el señorío, que el más princi-
pal se decía Pizacura; los cuales presos con lo demás del
despojo, los trajeron á Truocülo, que así nombró Cortés al lugar
en donde estaba. Pizacura se disculpó diciendo que no era par-
te en esta rebelión: que Maizal que era el más principal era
el que la había causado, y que lo soltasen que él lo entregaría ea
manos de los cristianos. Efectivamente lo soltaron, y no cum-
plió lo que prometió, y así dio orden IxÜilxuchiU de mandar
prender á Maizal, el cual se lo trajeron y lo entregó á Cortés,
y porque no quizo darse de paz, aunque dicen que él harto
quiso, y que los vasallos eran los que no querían, lo mandó
ahorcar Cortés, y luego fueron sobre Papayca y la sujetaron á
fuego y sangre, y prendieron segunda vez á Pizacura con el
mancebo que era verdadero señor como tengo dicho, y con es-
to quedó pacífica y sujeta. Cortés dio orden para despachar-
se hacia la provincia de Hueytkdo y Nicaragua; el cual estando
aparejándose para irse llegó á esta ocasión, según dicen los
historiadores, Fr. Diego Altamirano primo de Cortés, y le dio
aviso de todo lo que había sucedido en México, y que estaba
en mucho aprieto de perderse, según eran las revueltas que
traían los españoles unos con otros; y así rogó á IxÜilxuchiU en-
viase parte de sus vasallos por delante por Quauhiemalan para
aderezar el camino por donde entendía ir, lo cual IxÜilxuchuiU
luego puso por obra, y envió cierta cantidad de Aculhuas y al-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 431
gnnos naturales de estas partes de Honduras para el efecto,
aunque no fueron por aquí los que envió IxÜüxuchUl, porque
con cierto correo, fueron avisados por Ck)rtés de que iba por
mar en navios. Pasaron su camino adelante, sin aguardar más,
por la misma vía que pocos días había ido lo más del ejército
con Gonzalo de Sandoval que estaba en Naoo^ según se lo tenía
mandado Cortés é IxtlüxuchiU, Algunos autores dicen que con
estos que venían á aderezar el camino, se vino IxÜikcuehiÜ; pe-
ro la común opinión es, que siempre anduvo con Cortés, y así
no vino por tierra. Asimismo previno IxtlUxicchití á todas las
ciudades, pueblos y lugares, que tuviesen aderezados los cami*
nos con todo lo necesario, lo cual se hizo con mucho regocyo
de los naturales, que ya no veían la hora de ver á su señor,
porque de todos los reyes, príncipes y grandes señores que
fueron con Cortés, nadie regresó con vida si no era IqeÜUxvMÜ:
y así después de haber puesto en orden los pueblos que fundó
Cortés el uno llamado TruotnUo y el otro Natividad^ aderezados
los navios y bien abastecidos, se embarcaron Cortés con veían-
te españoles y lodlilxuchitl con hasta doscientos de sus solda-
dos y muchos señores de aquellas partes. Partieron del puerto
de TruosUlo en el año de ocho ToxÜi á 16 días del mes de To-
imoztzinüiy y conforme á nuestra cuenta fué en el de mil qui-
nientos veinte y seis á 25 de Abril, y por malos temporales fue-
ron á dar á Cuba, donde estuvieron, según dicen, diez días, al
cabo de los cuales partieron y llegaron de allí á siete días á Chalr
ehiehuecan^ en donde se desembarcaron, y estuvieron en ella
ocho días. IxtlüxuchiU avisó á Texcuco, México y Tacuba, y las
demás partes, de su llegada con relación de sus trabajos y largos
caminos: todos los cuales se holgaron mucho de su venida, que
les fué de gran consuelo, aunque quedaron muy tristes con la
cierta nueva de la muerte de sus reyes y señores; y entretanto
se partieron para México, y por todo el camino les hicieron so-
lemnes recibimientos, y los señores los salieron á recibir, no
tan solamente los que eran cercanos, sino muchos de ellos de
sesenta y ochenta leguas de distancia, cargados de ricos pre-
432 OBRAS HISTÓRICAS DE
sentes para IxÜUxuchül^ pues que no les había quedado otro
á quien volver los ojos, que lo mismo hacían á Cortés los
demás sus compañeros. Donde quiera que llegaba IxtlilxnchiU^
los señores lo consolaban y lloraban con 61 sus trabajos y
muertes de los sus reyes y señores, que era cosa lastimo-
sa de ver los unos con los otros, según refieren los cantos,
como si ñieran hijos que hubiesen perdido sus padres, que
tanto ó más lo sentían el haber perdido sus señores. De allí
á catorce días llegaron á la ciudad de Texcuco su amada
patria, con mucho regocijo de sus deudos y vasallos; y Cor-
tés con los demás Españoles al otro día se partió para México
donde fué muy bien recibido. Este fin tuvo la larga jomada
que hizo IxtlUxuchiÜ i, Ibueras el cual andubo más de quinien-
tas leguas, según dicen los autores españoles, especialmente
Gomara, que se conforma en lo que es de tiempo y lugares que
anduvieron con mi historia, la cual aquí no he tratado de con-
quistadores que dicen por no ser de mi historia; ^ además de
que hartos historiadores han tenido los españoles que sé han
acordado de ellos, pero no lo han hecho de IxtlilxuchiÜysns va-
sallos; y porque también las pinturas á quien yo sigo no hacen
relación de ellos, si no es en las partes que yo los señalo. Fué
uno de los mayores trabajos que ha padecido príncipe en este
mundo el que padeció IxÜUxuchití, y así parece que fué en su-
ma mayor que ninguno de los que padecieron sus antepasa-
dos, fuera de Topiltzin, último rey y monarca de los Tultecas,
que casi fué igual el trabajo, y casi por el mismo camino, según
las historias. Xofotf peregrinó mucho es verdad; pero no pade-
ció lo que este príncipe. Su abuelo Nezahualcoyoizín (como se
ha visto) también padeció mucho, y peregrinó hartos años; pe-
ro con todo esto fué dentro de su patria y reino: y así me pa-
rece que casi en todo fué otro segundo TopiUzin en lo que es
peregrinación, trabajos, y última destrucción de su imperio,
1 En Kingsborough dice: en la cual no he tratado de conquistas por no
ser de mi historia.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 433
porque en él se acabó la monarquía tulteca que duró quinien-
tos sesenta y dos años, y lo mismo ha sucedido en IxtlUxuchitl
que se acabó en su muerte el imperio chichimeca meridio-
nal, que duró otro tanto tiempo.
Fuera de todo lo referido hubo otras salidas á diferentes par-
tes, que por evitar prolijidad no se ponen aquí, como á Colima,
á Huei/molan y á Tlapalan y otras partes que también es una
provincia que cae hacia la parte de Ibueras, según los cantos y
pinturas, y que IxÜUxuchitl SLuduvo personalmente en esta jor-
nada y en las demás referidas, y envió en favor de los cristia-
nos, que siempre iba, grandísima suma de ellos, según parece
en las historias y muchas relaciones que tengo en mi poder de
D. Alonso Axayaca y otros autores, y yo he oído platicar á
algunos viejos, que todavía hay algunos vivos que lo alcanza-
ron á ver, y me he informado de algunos de ellos de la verdad,
demás de lo que tengo en historias. Dicen que el mejor ejér-
cito que se sacó de Texcuco para las partes referidas era de
más de cinco mil soldados, los cuales IxÜUxvAikiÜ siempre pro-
veía de todo lo necesario, así de sustento como de vestuario,
de armas y de otras muchas cosas necesarias, y muy buenos
premios, según la antigua costumbre, en lo que gastó grandísi-
ma suma de hacienda y tesoro de él y de sus hermanos y deu-
dos, y todos los tributos y rentas reales que había en las casas
de tributo de su padre y abuelo, y lo que cada día le traían sus
vasallos, y los demás reinos y provincias sujetos á las tres ca-
beceras de este imperio. Asimismo gastó cuanto oro y piedras
preciosas tenía, así suyas como de otros Señores, deudos y ami-
gos suyos, en dar á Cortés y los demás cristianos, que tenían
harto cuidado en pedirlo, según era la hambrienta codicia y ava-
ricia que ellos tenían, que eso tienen los codiciosos ojos, que
mientras más les dan, más quieren, y nunca están hartos, como
claro parece en las historias escritas de diversos autores; y aim
los desventurados indios de sus premios, no sólo partían con
los cristianos, sino que se los daban todos por tenerlos conten-
tos; aunque los primeros cristianos que vinieron á esta tierra
Tomo I-2S
434 OBRAS HISTÓRICAS DE
se dan á ellos solos el triunfo de la victoria, los naturales sol-
dados eran siempre los primeros en todos los trabígos, como
es notorio y parece en las historias, como gente de pan y na-
ranja, ó por mejor decir, carne de vaca. En resolución, fué
grandísimo y excesivo el gasto que tuvo IxtlilxuchiÜ en estas
conquistas, ó conversión de esta tierra, como se ha visto, que
no fué pequeño servicio á Dios y á S. M. El Rey de Texcuco
quedó sin capa y sin premio, y el día de hoy se ven sus des-
cendientes sin ningún abrigo, sólo el de Dios, y la clemencia
de Felipe III nuestro Señor. IxtlilxuchM de todo lo que había
sucedido, desde que se fué á i&M^rcw hasta que volvió, y de las
cosas que ^ sus tres gobernadores ó virreyes Izquinqiuini de Tex-
cuco, Mexicaltecuhíli de México, y Contccatl de Tlacopan, con
los demás gobernadores de las provincias sujetas, recibió gran-
dísima pena de lo mal que habían acudido, y como por causa
de ellos, y según algunos autores dicen por industria de los
Españoles habían muerto á muchos importantes caballeros y
gente ilustre, así de Texcuco, como de México, Tlacopan y las
demás partes, hermanos y deudos de IxtlilxucMl, y algunos de
ellos les servían como si fueran sus esclavos, y los otros anda-
ban escondidos y ausentes de sus casas y patrias en tierras ex-
trañas, todos de miedo por no verse muerlos, escarmentados de
los otros que por pocas causas habían sido muertos, y otros
de vergüenza de no bajarse á servir á estos villanos que habían
sido sus vasallos. En efecto ellos habían acudido tan mal, hasta
que IxUilxuthiU les mandó, y habían hecho tantas tiranías, que
aún no contentos con esto, habían robado lo poco que había
en los pueblos de Ixtiilxuchitl y de los demás sus deudos, y
gastado todos los tributos de todo el tiempo que se ocupó en
las Ibueraa, causando mil vejaciones á los naturales, haciendo
casas á los Españoles dentro de la ciudad de México, dándoles
solares de los que eran do la pertenencia de Ixtiilxuchitl, Otros
Señores hubo que por una gorra y aun por unos zapatos y otras
1 Aquí fttlta: habían hecho.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 435
cosas de menos precio, habían dado todo esto, y si era algún
vestido de Español de paño mucho más. De tal manera andu-
vo la cosa, que IxÜilxuchiil cuando lo supo se quedó espantado
y muy indignado contra estos tiranos gobernadores suyos, y
así no quiso hacer cosa ninguna, ni envió á darles aviso de có-
mo era venido, aunque ellos muy bien lo sabían, hasta ver en
qué paraban estas cosas. Los caballeros y gente ilustre todos
los días venían á él con mil quejas, diciéndole que les hacían
tributar, y los enviaban á servir á los Españoles, especialmente
Izjuinquani, que era el más principal de los tres gobernadores^
el cual les decía que eran PUzirUin^ que quiere decir hidalgos
6 caballeros viejos, y otras palabras injuriosas; que ya se había
acabado su dominación, que ellos y los Españoles eran los Se-
ñores de la tierra, según se los decía Cortés y sus compañeros.
Fué tanto lo que se sintió de esto IxUiLmehiÜ^ que luego al
punto mandó llamar á todos los caballeros y Señores que ha-
bían quedado con toda la demás gente ilustre, y reunidos les
mandó que cada uno de ellos tomase su huacaü, (que son unas
como espuertas, ya de madera, ya de cueros de animales), y
llevase cargado en él materiales para México para edificar los
templos de San Francisco, Iglesia mayor; é IxtHhmchül, como
capitán, siendo el primero en esto, cargó un gran huaeatl de
cuero de tigre lleno de piedra, se partió á México delante de
las gentes ilustres que iban cargadas de piedra, cal y arena, y
otros atrás tirando madera, y los fué animando, y entre otras
razones les dijo: que tuviesen paciencia y mostrasen ánimo,
porque viesen los villanos traidores que aunque á ellos no per-
tenecía aquel oficio, lo sabían bien hacer sin ayuda de los re-
beldes, y que sus vasallos la gente plebeya tomase ejemplo,
para que con mis ánimo los que quisiesen seguirlos, fuesen á
hacer este servicio á Dios en edificarle su Iglesia; y ellos, como
cabezas, fuesen los primeros que pusieran por obra el edificar
templos á Dios, puesto que él había sido el primero en el bau-
tismo y en las batallas en servicio de Dios y del Emperador, y
que sería en favor de los cristianos que los quería servir en
436 OBRAS HISTÓRICAS DE
todo, mientras Dios le diera vida: que lo mismo había hecho
en la reedificación de México, como se ha visto, por dar ejem-
plo á sus vasallos, los cuales viendo el buen celo y ánimo de
este singular Príncipe, llegaron muy contentos á México, aun-
que cansados con las cargas, que eran muy pesadas y de indus-
tria dos veces tanto más que podía llevar ún villano; y así carga-
dos fueron derechos al sitio que tenía señalado IxÜilxuchiÜ los
años atrás para la Iglesia de Señor San José, de San Francisco y
de la Iglesia mayor, y dieron principio á la obra, aunque lo que
era la casa para los religiosos, ya los naturales la mayor parte
de ella la tenían acabada, y entonces decíase la misa debajo de
una cruz muy alta que pocos años há que se cayó. Acabada la
Iglesia nueva de San Francisco, IxUilxuchiU, viendo que iba la
obra en buen punto, se tornó á la ciudad de Texcuco, dejando
á la demás gente ilustre, para con más facilidad enviarles los
materiales y proveerlos de todo lo necesario: quedóse en Mé-
xico algunos días trabajando, y aunque gran capitán y Señor
de toda la tierra, se le vio hecho albañil. En todo el tiempo
que estuvo en México, los gobernadores no se comidieron á
verle ni darle ninguna ayuda, sino que permanecieron muy
contumaces en su desatino, todo por complacer á los Españo-
les, de todo lo cual se holgaba IxaUxuobM por darles, aguar-
dando mejor ocasión, la pena según sus culpas. Llegado des-
pués á Texcuco enviaba siempre todo lo necesario y sustentaba
á los religiosos, los que le consolaban y estaban muy conten-
tos con su buena compañía, porque ellos habían padecido hartos
trabajos y persecuciones de los Españoles, todo por favorecer
la causa de los naturales, compadeciéndose de ellos y de sus
calamidades; y aun dicen los naturales que hoy en día hay al-
guno vivo, que vino á tanto, que guardaba á los religiosos de
noche y de día mucha gente que IxÜilxuchiU tenía señalada
para que no recibiesen algún daño de los Españoles. Si esto
fué asi, es cosa que admira; pero es cosa notoria y por eso la
pongo aquí, que como de esas cosas hicieron los primeros Es-
pañoles que vinieron á estas partes, que sería largo de contar.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 437
Y porque no digan algunos que como parte me alargo más de
lo justo, á esto respondo, que no digo nada para lo mucho
que aquí se podía poner, y si los cronistas de España no lo
han escrito, será porque los que les dieron las relaciones eran
los hechores, y por su honra lo habían de callar; y si alguno lo
dijera no se le daría crédito, y también si los religiosos prime-
ros fundadores de la ley evangélica no dejaron memoria de
estas insolencias, sería porque como siervos de Dios y biena-
venturados, (que lo fueron todos según sus santas y loables vi-
das), lo recibieron en amor de Dios, y no harían caso de estas
cosas; cuanto y más, que esto que yo digo lo sabrán muy bien
los demás religiosos que hay en el día de hoy en San Francisco,
que lo hallarán escrito aun algunos de ellos, y los que no lo
alcanzaron lo habrán oído tratar, qile no há muchos años
que esto sucedió; pero ñnalmente, sea por los Españoles ó por
otros respetos, es cosa muy notoria y parece en las pinturas,
y se halla escrito, que á este tiempo velaban y guardaban mu-
chos naturales en los lugares donde los religiosos vivían, como
eran en Texcuco, México, Tlacopan, Xochimüco^ Tlaxcalan^ ha-
ciendo de noche sus centinelas, como si estuviesen en tierra
de enemigos. En esto se echará de ver la falsa disculpa de los
Españoles en decir que los Señores CuauMemoc^ Cohuanacoch-
tzin, TeÜcpanqueizcUzin y los demás, se querían alzar en las tie-
rras de Ibueras ó Acedan contra ellos, lo que fué siniestra re-
lación; pues los que gobernaban la tierra no eran niDguno de
estos Señores, sino todos villanos muy prontos á su devoción,
que cumplían sus mandamientos con mucha puntualidad, y
menospreciaban á sus Señores naturales, por cuya causa suce-
dieron muchas tiranías.
LA VENIDA DE LOS ESPAÑOLES A ESTA NUEVA ESPAÑA.
Al cabo de cuatro años que Gacamaizin reinaba en Texcuco,
y en México Motecmma y en Tlacopan Totoquihua;dli, vinieron
438 OBRAS HISTÓRICAS DE
nuevas cómo los Españoles habían llegado á esta Nuevo Espa-
ña. Cacamatzin despachó ciertas personas que fuesen á ver qué
gente era, los cuales llegaron hasta cerca de la mar, á donde los
reconocieron, y viéndolos vinieron á dar respuesta y razón de
lo que habían visto y reconocido, y oído por Cacamatzin mandó
que fuese luego mucha gente de Texcuco y sus sujetos con
bastimento para recibir á los Españoles, los cuales los hallaron
en un cerro que llaman Cuauhtechac, y allí los recibieron en
nombre de Ccicamattm^ y se vinieron con ellos hasta Ayoizin-
co, y allí Cacamatzin los salió á recibir á su Capitán y demás
Españoles, y el Capitán sabiendo la persona que era lo recibió
muy bien, y le dio vestidos de Castilla, y luego Cacamatzin se
volvió á Texcuco y de allí á México á verse con Moteczuma.
Ya los Españoles llegaban á México, y juntamente Cacamatzin
con Moteczuma salió á recibir al Capitán y los demás Españoles
de paz, y los aposentaron en las casas de Axayaxiotzin, y para
el servicio de los Españoles pusieron mucha gente de Texcuco,
México y Tlacopan, y al cabo de los cuatro días que los Espa-
ñoles estaban en México, prendieron á Moteczum^i; y los prin-
cipales y valientes hombres de México, viendo preso á 3Ioteo-
zuma se escondieron, y Cacamatzin mandó que sus principales
y gentes de Texcuco no se quitasen del servicio de los Españo-
les, y puso á un principal hermano suyo que tuviese cargo de
proveer todo lo necesario, que se llamaba Nezahualqumtzin, al
cual el Capitán, por lengua de Marina intérprete, le mandaba lo
que había de hacer, y proveía de todo lo que le pedían, así de
oro y joyas, como de comida y todo lo necesario. Y al cabo de
cuarenta y seis días que los dichos Españoles estaban en Méxi-
co, mandó el Capitán á ciertos Españoles que fuesen á Texcuco
á recoger el oro que había para el Capitán, y fuese con ellos
Nezahualqnmtzin y Tetlahuehuezquitifzin, hermanos de Cacama-
tzin, para que les diesen recaudos; y ya que se habían partido
y ya habían llegado á unas casas que tenía Nezahualcoyotzin en
la ciudad de México, para desde allí embarcarse en canoas para
ir á Texcuco, llegó un mensajero de Moteczuma y dijo á Neza-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 439
hualqu€jUzÍ7i y Tdlahuehuezquititzin que Moteczuma les rogaba
que los Españoles que iban á Texcueo les hiciesen buen trata-
miento y con brevedad les diesen recaudo, porque él estaba
preso, y no recibiesen molestia; y Nezahualquentzin y Tdlahue-
huezquUüzin dijeron que así lo harían, y luego mandaron ade-
rezar las canoas en que habían de ir; y uno de los Españo-
les que iban á Texcueo vio hablar al mensajero de Moteczuma
con los principales y pensó que les había dicho otra cosa. Vol-
vió á Nezahualquentzin y dióle de palos, y atóle las manos, y
con una soga al pescuezo lo trajo ante el Capitán, y luego el
Capitán mandóle ahorcar; de manera que viendo la determina-
ción del Capitán, y que haber, y porqué había ahorcado aquel
principal, siendo la segunda persona y hermano del dicho Ca-
camatzin, se aceleraron y dijeron que no habían hecho por qué
los matase, que eran vasallos de S. M. y suyos, que le rogaban
que los tratase bien, y luego Cacamatzin mandó á TeÜahuehueZ"
quUiízin y á Tepaxuchüzin^ principales, que tuviesen cargo de
proveer todo lo necesario para los Españoles. Y luego dende
pocos días el Capitán mandó que fuesen ciertos Españoles al
pueblo de Texcueo y recogiesen todo el oro y joyas que pudie-
sen haber, y que fuesen con ellos Tetlahuehuezquitiizin y Tepa-
xuchUzín, y fuesen hasla veinte Españoles con ellos. Llegados
á Texcueo luego se mandó recoger todas las joyas y oro en
toda su provincia del tesoro de Nezahualcoyotzin en una caja ó
petaca grande de dos brazas en largo y un estado en alto, la
cual caja se hinchó de oro y joyas, y los Españoles no conten-
tos con esto mandaron á Tetlahuehuezquititzin y los demás prin-
cipales que trajesen más oro, porque era poco aquello, y luego
tomaron á hinchar la dicha caja, lo cual se recogió de todos los
principales y personas que tenían tesoro; y después de recogi-
do el dicho oro y traído á México, y visto por el Capitán el te-
soro que le habían traído, y habiéndole, informado de la mucha
posibilidad del señorío de Texcueo, mandó prender á Cacama-
tzin y túvolo á buen recaudo, poniéndolo muchas guardas, y
mandó que trajese algunas mujeres hijas de principales para
440 OBRAS HISTÓRICAS DE
que las tuviese. Luego mandó Cacamaizin traer cuatro herma-
nas suyas, y dióselas; y asimismo mandó el Capitán que se re-
cogiesen en México y Tlacopan hijas de los Señores y princi-
pales, y se las trajesen, y así fué hecho, pues cogiendo á muchas
se las dieron. Pasados algunos días que el Capitán Cortés esta-
ba en México, tuvo nuevas que al puerto habían llegado ciertas
naos en las cuales venía mucha gente Española, y sabido por
él mandó parecer ante sí á Moteczumatzin y á Qicamatzin, y les
dijo por lengua de Marina intérprete, que él quería ir á la mar
á verse con otros Españoles que habían venido, y que dejaba
en México al Capitán Alvarado en su lugar con alguna gente, y
que para que fuesen con él le diesen mucha cantidad de indios
de guerra, muy valientes hombres, y respondieron que gente do
guerra elloslno la podían dar, porque no había quien osase tomar
armas contra ellos; mas que gente de servicio ellos se la darían,
y con esto se contentó el Capitán; y al tiempo que se partió le
dijeron que ellos solían hacer y hacían en ciertos días del año
unas ñestas, que pues se iba dejase mandado al Capitán Alva-
rado y demás Españoles que no se las turbasen, y él les res-
pondió que no se las estorbarían, que hiciesen sus fiestas y se
holgasen cuando quisiesen, y se partió para el puerto. Y dende
á pocos días, fué una fiesta que llaman Toxcatl, que era casi
por la pascua de resurrección, y en aquel día empezaron los
Mexicanos á hacer sus fiestas como solían, la cual fiesta se ha-
cía dentro de un patio grande que estaba adelante del Cú prin-
cipal que ellos tenían, el cual tenía cuatro puertas; y estando
haciendo sus fiestas, los indios de Tlaxcalan dijeron á los Es-
pañoles que no consintiesen hacer aquello, porque los querían
matar, lo cual era traición que les levantaban los Tlaxcaltecas,
porque viendo que no habían ejecutado sus intenciones ni ha-
bían robado cosa ninguna de los Mexicanos, andaban pensando
cómo pudieran revolver á los Españoles con los Mexicanos para
poder de ellos robar. Visto por Alvarado el aviso que los Tlax-
caltecas le habían dado, luego mandó armar toda su gente, y
fueron al patio donde hacían la fiesta, y tomaron las puertas
D0\ FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 441
del patio, entrando algunos Españoles, matando casi cuantos
estaban en el patio, porque como estaban descuidados de tal
rebato, estaban sin armas, y á esta causa murieron muchos
principales y otras muchas gentes que estaban en la fiesta; y al
ruido de esto acudieron muchos Mexicanos, y allí hubo un re-
bate, aunque poco, y cesó luego por ser noche; y luego á otro
día no por eso dejaron de dar todo recaudo los Mexicanos á los
Españoles, hasta que el Capitán Cortés volvió de donde había
ido. Y esto fué desde ciento noventa días que los Españoles ha-
bía que estaban en México, y dende treinta días de la mortan-
dad de los Mexicanos en el patio; llegó el capitán Cortés, y
luego á otro día después de llegado, los Mexicanos dieron so-
bre los Españoles, y dieron guerra siete días; y Moteczumat%in
paróse en un terrado de la casa donde estaba, y mandó á los
Mexicanos que no diesen guerra á los Españoles, sino que los
dejasen y obedeciesen como á Señores, de lo cual los Mexica-
nos recibieron enojo y lo deshonraban y maltrataban de pala-
bras, y lo flecharon y dieron una pedrada, y lo derrocaron; y
de allí á cuatro días murió. Y al cabo de los siete dios una no-
che los Españoles desampararon la ciudad, y salieron huyendo
por la calzada de San Hipólito, y allí mataron á Cacamatzin y
á tres hermanas y dos hermanos suyos, y murió mucha gente,
así Españoles como indios, y fuéronse los Españoles á un cerro
que está adelante de Tlacopan, y de allí se fueron á Tlaxcalan,
Idos los Españoles, luego los Mexicanos hicieron Señor á un
hermano de 3Io!eczuma^ que se llamaba CuiUahuatzin^ y se ade-
rezaron lo mejor que pudieron para ver si los Españoles se
volverían; y muerto á Cacaraatzin hicieron Señor á Cohuana-
cochzin su hermano, y estando reinando en su reino, y los Es-
pañoles en Tlaxcalan^ vino una enfermedad de viruelas de que
murió mucha cantidad de gente, y asimismo murió el Señor de
México, y luego hicieron Señor á un hermano suyo que se lla-
maba Ouauhiemoc.
442 OBRAS HISTÓRICAS DE
ENTRADA DE LOS ESPAÑOLES ATEXCUCO.
Y al cabo de muchos días los Españoles volvieron á venir
sobre México y vinieron por Texcuco, y Cohuanacochizin sabien-
do que venía el Capitán con los Españoles hizo aderezar un
presente de oro y joyas, y una bandera de oro y otras preseas,
y envió ciertos principales con ello al Capitán para recibirlo de
paz, y que fuese muy bien venido, el cual muy enojado res-
pondió á los mensajeros que no los quería recibir de paz, sino
que le habían de pagar lo que le habían hecho. Oído por Cfe-
hitanacochtzin que no quería recibirlo de paz, se vino á México
y la gente despobló el Pueblo, y luego algunos principales
acordaron de salir á recibir al Capitán, rogándole tuviese por
bien de venir á Texcuco, y visto por el Capitán se vino á Tex-
cuco, y los Mazehucdes y gente del Pueblo se empezaron á ve-
nir y volverse á sus casas y haciendas, y el Capitán preguntó
por el Señor de Texcuco y dijéronle que se había ido á Méxi-
co, y luego dijo que no curasen de él, y preguntó á quién le
venía el Señorío y dijeron que á TecocoUzin^ hermano de Ca-
camatzin^ hijo de NezahualpützinÜi^ y este Tecocoltzin fué desde
México á TlaxcaUi sirviéndole, al cual Capitán lo hizo Señor, y
lo hizo bautizar llamándole D. Fernando^ que fué el primer
cristiano en Texcuco, al cual el Capitán y demás Españoles
trataban muy bien, y le daban de lo que tenían, y el Capitán le
dio vestidos de Castilla, y armas, y un caballo, y lo traía con-
sigo, y los naturales de Texcuco servían á los Españoles y les
daban todo lo necesario, y el dicho Capitán dio dos Españoles
que curasen al dicho 2). Femando Tecocoltzin porque estaba
malo, los cuales lo curaban y trataban muy bien como á Se-
ñor.— Los Españoles estuvieron en el Pueblo de Texcuco cinco
Ineses en los cuales se les dio todo el recaudo que habían me-
nester, así de comida y servicio, Tepixques^ mantas, oro joyas y
cuanto ellos pedían, sirviendo al Capitán y á los demás Espa-
ñoles con mucha obediencia, teniéndolos por Señores. — Y en
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 443
el tiempo que estuvo el Ejército en el Pueblo de Texcuco, el
Capitán Cortés mandó que se hiciesen ciertos bergantines para
dar guerra á México por la laguna, y los naturales de Texcuco
cortaron toda la madera que fué menester para los bergantines,
y la trajeron, y andaban mucha cantidad de carpinteros y na-
turales del Pueblo haciendo los bergantines hasta que los aca-
baron, y otros muchos naturales de Texcuco por mandado de
Cortés hicieron mucha cantidad de colchas de algodón, de que
se hicieron muchas armas para los Elspañoles, y asimismo se
hizo mucha cantidad de munición para ballestas, y se aderezó
todo el Ejército de Españoles de todo lo que habían menester
para la guerra de México. Asimismo se aderezaron todos los
Señores principales, y valientes hombres, y otra mucha canti-
dad de gentes para venir en favor de los Españoles contra los
Mexicanos, y así vinieron en su favor y ayuda y servicio hasta
la Ciudad de México, donde les ayudaron para ganar la Ciu-
dad, dándoles los bastimentos y expensas que habían menes-
ter; y cuando se hizo el alarde de los Españoles para ir sobre
México, asimismo se hizo de los de Texcuco que venían con
ellos. — ^Asimismo juntaron los naturales de Texcuco mucha
cantidad de canoas en que pasaron la laguna, y vinieron á de-
sembarcar por Iztapálapan, y de allí se fueron con los Espa-
ñoles sirviéndoles, como dicho es, aderezando caminos y puen-
tes, de noche y de día, donde recibían mucho daño de los Me-
xicanos, que mataban mucha gente estando aderezando los di-
chos caminos y puentes. — ^Y en este mismo tiempo el dicho D,
Fernando TecoeoHzin Señor de Texcuco murió, y un hermano
de Cacamatz'm que se decía IxÜUxuchüzin hijo de Nezahuál-
piUzintli vino á servir al Capitán en lugar de su hermano ya di-
funto, el cual y otros hermanos suyos y principales nunca se
quitaban de junto al Capitán, sirviéndole y ayudándole en la
dicha guerra, y nunca en ochenta días que los Españoles estu-
vieron sobre México jamás faltaron IxtUlvuchitzin y demás
principales, y mucha cantidad de gente de Texcuco que les ayu-
daba, y daban de comer: velaban de noche haciendo sus velas,
444 OBRAS HISTÓRICAS DE
y tenían hecho su repartimiento de velas y guardias, y guarda-
ban en el dicho Real hasta que se ganó la Ciudad. — Y después
de ganada, á las entradas que se hacían dentro de México iba
mucha cantidad de principales y naturales de Texcuco en guar-
da y ayuda de los Españoles, como fué á MextiÜan, Tototepec,
Panuco^ Itecoma Ixhalahuacan; y á las guerras cuando el Capi-
tán fué allá, fueron con el CohuanacocMzin é Ixtlüxuchüzin Seño-
res y principales de Texcuco, y mucha gente de guerra; todos
los cuales murieron por allá y no volvió si no fué IxUilxuchüzin.
— ^Asimismo ayudaron á ganar á Xoliaco^ Ouatimala, que con las
personas y Capitanes que salían de esta Ciudad, siempre iba
mucha gente de Texcuco en favor y ayuda de los Españoles.
Y asimismo cuando el Virrey D. Antonio de Mendoza fué á
apaciguar la Provincia de Xoliaco á XocIiipUan, fué con él D.
Antonio, que al presente era Señor de la Provincia de Texcuco,
y llevó conmigo cuatro mil hombres de guerra en favor de los
Españoles y servicio de S. M., donde murieron muchos de
ellos, de manera que desde que los Españoles llegaron á esta
Nueva España siempre y continuamente los obedecieron, y
siempre fueron y han sido leales vasallos de S. M. porque nun-
ca dimos guerra á los Españoles, sino que siempre los hemos
obedecido, y desde el primer día que oímos nombrar al Empe-
rador nuestro Señor, siempre lo hemos tenido por nuestro Rey
y Señor, y siempre hemos obedecido á sus reales mandatos, y
los Gobernadores que en su real nombre han venido á esta
Nueva España, siempre hemos obedecídolos y tenido por Se-
ñores, y habemos hecho y obedecido sus mandamientos. —
Y siendo como somos Señores y naturales, y primero que Mé-
xico, y haber tenido y poseído mucha cantidad de tierras y
pueblos, poblándolos por nuestra autoridad, y otras habiéndo-
las ganado como hombres de guerra y teniéndolas debajo de
nuestra jurisdicción y mando, y siendo los mejores Indios de
la Nueva España, y los que con mejor título éramos Señores
de lo que teníamos, después de haber venido Españoles en es-
ta Nueva España y habiéndonos tornado cristianos de núes-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 445
tra propia voluntad, porque tenemos conocido el error en que
primero estábamos, ya hallándonos el Capitán D. Hernando
Cortés señoreando, mandando, y reinando en los Pueblos y
Provincias de suso declaradas, y teniendo en ellos nuestras ca-
sas y heredades, tributándonos como nos tributaban, como á
Señores que éramos suyos, después de habernos puesto debajo
del dominio^ de S. M. y ser como somos Cristianos y leales
vasallos de S. M. se nos han quitado todos los Pueblos y
tierras y mando que teníamos, y nos han dejado solamente en
la cabecera de Texcuco con cuatro ó cinco sujetos, y aun los
cuales viendo el poco favor que se nos dá y en cuan poco so-
mos tenidos, se nos quieren alzar y poner por sí, y se nos han
quitado los Pueblos de nuestra recámara, de donde teníamos
nuestras haciendas y heredades en los propios Pueblos que no-
sotros de nuestra gente hicimos y poblamos, de lo cual hemos
recibido y recibimos notorio agravio, y vivimos muy pobres
y necesitados sin ninguna renta, y vemos que los Pueblos que
eran nuestros y nuestras propias tierras, la gente que en ellos
estaba eran nuestros renteros y tributarios, y los Calpixques que
nosotros teníamos puestos, vemos que ahora son Señores de
dones, siendo como eran Mazehuales^ y tienen renta de los di-
chos Pueblos, y nosotros siendo Señores, nos vemos abatidos,
y pobres sin tener que comer. — Lo cual pensamos que S. M.
sabiendo quien nosotros somos, y servicios que le hemos hecho,
nos hubiera hecho mercedes, y nos hubiera dado más de lo
que teníamos, y vemos que nos han desposeído de lo nuestro,
y desheredado, y héchonos tributarios, cuando no lo éramos, y
que para pagar los tributos nuestras mujeres é hijas trabajan
y nosotros asimismo, que no tenemos de dónde haber lo
que hemos menester, y que los hijos é hijas, nietos y parien-
tes de Nezahualcoyotzin y NezahualpittzinUi andan arando y ca-
bando para tener que comer y para pagar cada uno de noso-
tros diez reales de plata y media fanega de maíz á S. M. porque
después de habernos contado y hecho la Nueva España tasa-
ción, no solamente están tasados los Mazehuales que paguen el
446 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
susodicho tributo, sino también todos nosotros descendientes
de la Real Cepa, estamos tasados contra todo el derecho, y se
nos dio una carga insoportable.
CONTINUACIÓN DE LA RELACIÓN UNDÉCIMA.
Jlcnna y descendencia de los Señores de México,^
Hay mucha variedad en lo que es los Señores de México,
porque dicen tantas fábulas y patrañas, y no me espanto de
esto, que lo mismo es en los demás Señores de esta tierra, prin-
cipalmente (cuando se trata) de su origen y descendencia; y
lo que á mi más me espanta es que los que menos saben son
sus descendientes; porque unos dicen que vinieron los Seño-
res con los Mexicanos, del Nuevo México, otros que de ultra-
mar, otros que no saben sino que son descendientes ó nietos
de Moteczama^ sin saber más fundamento, y si saben alguno, es
compuesto de pocos años á esta parte, haciéndose sabedores
de lo que no entienden; y la verdadera opinión conforme está
en las historias antiguas de esta tierra, principalmente la origi-
nal que tefngo en mipoder^ y las relaciones de los viejos, así Me-
xicanos como Aculhuas y Tepanecas, es como ya tengo dicho,
(y se ve en el siguiente resumen.)
(En el reinado de) el gran Chi<íh¡mecatl Xolotl^ después de
47 años que había que estaba en esta tierra gobernando sus
reinos y señoríos, vinieron las naciones Aculhuas y el mayor y
1 No me parece inoportuno, por el mayor interés que adquiere lo que sigue,
adelantar una noticia que viene á la vuelta de la otra toja, y es que esta genea-
logía está tomada de una pintura original que poseía el autor.
448 OBRAS HISTÓRICAS DE
más principal, como tengo dicho, Aculhua, casó con su hija la
mediana llamada Cuetlaxxochi, y le dio la ciudad de Azcajni'
tzalco y otros lugares.
En esta Señora tuvo tres hijos: el primero, Tetzotzonwc, que
le sucedió, y que fué segundo Rey de Azcaputzalco.
El segundo iñxcohuaü^ primer Señor de los Tlatelulcas Me-
xicanos.
El tercero y ultimo AcamapichUi, primer Señor de Tenuchti-
tian de México y quinto Rey de Cidhuacan, por falta de varón que
heredara el reino; el cual, de este descendieron los demás que
después fueron, con la orden que se sigue:
AccLinapichtU^ primer Señor de Mexko TenuchiiÜan y quinto
Rey de Cidhuacan, nieto del gran Chichimecatl Xolotl y hijo
menor del Rey Aculhua de Azcapidzalcoj casó con Ilancueitl,
hija de Achitonidl Rey de Culhuacan. Tuvo en esta Señora
tres hijos, que fueron:
Huüzüihuitl^ su sucesor en el trono.
ChxjthhiuhÜanextún^ primer Señor de Coyohuacan,
XiuhÜanextzin^ que murió en una batalla.
Los Mexicanos vinieron de Aztlan y anduvieron muchos años
en diversas partes, hasta que llegaron á ChapvUepecy que fué
en el año de ce Toxtu, al tiempo que murió Tlotzin^ tercer gran
ChichimecaÜ TecukUi, que conforme á nuestra cuenta fué en el
de 1904-1 y estuvieron 26 años sin Señor, hasta que acorda-
ron de pedirlo á Aculhua^ Rey de AzcapiUzalco^ en cuyas tierras
y lagunas ellos asistían, (determinándose á dar aquel paso) por
asegurarse y no tener tantas guerras como habían tenido; y así
les dio á sus dos hijos los Infantes Mixcohuatl á los Tlatelulcas,
y á Acamapichtli á los Tenuchcas. (Esto sucedió) en el año de ce
Tecpatl, que conforme á nuestra cuenta fué en el de 1230.
Gobernó AcamapichUi 51 años y murió en el año de 13 Acatl,
que conforme á la nuestra fué en el de 1281.
HuiTziLiHüiTL, segundo Señor de México y sexto Rey de Cul-
huacan^ casó con TzihiuUzin^ sobrina suya, hija de Acolnahua-
caü^ Señor de Tkvcopan^ y de su prima hermana Tzihuac Xochi-
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 449
¿zin, hija del Rey Tetzotzomoc su tío. Tuvo en esta Señora ocho
hijos, y de ellos son notables
Chimalpopoca^ su sucesor.
IzcohxuiÜ^ sucesor del anterior.
Matlaltzihuaizin^ madre de NezahualcoyoÜ.
Este monarca gobernó 87 a^sy murió en el año de 8 Calli,
pocos meses antes de la muerte del gran TechoUaJatzin, que á
nuestra cuenta fué en el de 1353.
Chibialpopoca, tercer Señor de México Tenuchiitlan y séptimo
Rey de CaOmoGan^ casó con Azta Xochitún^ hija de Cuacuapir'
tzahuac, Señor de TkUelulóo^ prima suya en segundo grado, por-
que su padre era primo hermano de Cua^cuapüzahuac y tío
suyo. Tuvo en esta Señora siete hijos y el menor do ellos he-
redó el reino después de Izoohuatl su tio, el cual se llamaba
Muteozuma, primero de este nombre, y IlhuicaÜaninatzin ^ Go-
bernó 72 aHos^ y murió en el año de 13 Acatl, que conforme á
nuestra cuenta fué en el de 1424, preso y enjaulado por man-
dado del gran 3IaxÜa, monarca tirano Rey de Azoaputzalco, por
cierta traición que tenía tratada contra él.
Izgohuatl, cuarto Rey de México y hermano del anterior,
gobernó í^ «^« y fn^io, y murió en el año de ce Calli, que
conforme á nuestra cuenta fué en el de lá41.— Hada aquí trata
la original y ardigua historia que tengo yo en mi poder,
Moteczüma, primero de este nombre, quinto Rey de México,
sobrino y legítimo sucesor del anterior, gobernó 27 años y cua-
tro 6 cinco meses,^ y murió en el de 2 Tecpatl, y conforme á
nuestra cuenta de 1468. Tuvo no sé cuántos hijos y el que su-
cedió en el reino fué
Axayaca, sexto Rey de México; gobernó 12 años^ y tuvo dos
hijos legítimos, llamados Tlacahuepantzin y Macuümalinolizin^
1 Esta palabra y la que sigue se suceden en ambos manuscritos sin puntua-
ción ni ortografía alguna, dando así lugar á la más extraña confusión, y ha-
ciendo él período verdaderamente ininteligible. La separación que he hecho
de ellas, está arreglada á la historia. — B.
2 Veinte y cinco añoSj según el MS. del Museo. — R.
Tomo 1-29
450 OBRAS HISTÓRICAS DE
que fueron á morir en una guerra de Tlaxcalan^ desesperada-
mente, porque no los juraran á ninguno de ellos por Rey. Tuvo
también los hijos siguientes:
HuUzolÜi}
Moteczama 11, que fué Rey de México.
Cuitlahuac, Señor de Iztapalapan, que también fué Rey de
México.
Murió en el año de 2 Calli, que conforme á nuestra cuenta
fué en el de 1481, heredándole en el reino su hermano
Tízoc 2, séptimo Rey de México. Gobernó 4, años y medio y
murió en el de 6 Calli, que á nuestra cuenta fué en el de 1485,
heredándole su sobrino
Ahüizotl, octavo Rey de México. Casó con la Señora legíti-
ma heredera de Tlatelvlco y en ella tuvo á Oaauhtemoc, último
Rey de México. Gobernó 19 años y medio y murió en el de 3
Calu, ' y á la nuestra 1505, de una descalabradura que se dio
cuando se quiso anegar México con el AeiLecuezatl, y sucedió-
le en el reino
MoTEczüMA II, noveno Rey, el cual hallaron los Españoles.
Gobernó 16 años y medio, dejó muchos descendientes y murió
en el año de 3 Calli, que conforme á nuestra cuenta fué en el
de 1521. Los Españoles dicen que murió de una pedrada que
le dieron los suyos, y los naturales dicen que Cortés y los su-
yos una noche le metieron una espada por las partes bajas, y
que no se bautizó, aunque había pedido el bautismo *. Tam-
bién se halla que se bautizó y se llamó D. Juan.
Cüitlahuac, décimo Rey de México y Señor de Iztapolapan^
hermano del anterior. Gobernó 40 días, porque luego murió
1 HuitzoiL— US. ciL—U,
2 En el MS. del Archivo dice Tizozia^ y en el del Museo Tuoziea, Yo he
seguido la lectura más comunmente recibida. — B.
8 13 Calli en el MS. del Museo.— B.
4 Lo mismo ha dicho el autor en su Relación 13f , pAg 8 de la impresa y
▼ol. 2 de esta Colección; la cual concuerda con lo que escribió el P. Skhagún,
en el libro 12 de su Historia General, etc.^ cap. 28 en ambas ediciones, la an-
tigua y la reformada por el mismo historiador. ^R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 451
de viruelas que le pegó un negro de Narváez. Tiene hoy día
nietas que son las Señoras de Iztapalapan.
CüAüHTEMoc, undécimo Rey de México. Fué el que defendió
la ciudad y la perdió, y murió en Acolan (durante la expedición
á las Hibuera8\ habiendo sido ahorcado por orden de Cortés,
con otros Príncipes y Señores de Texcuco, México y Tacuba y
otras partes.
Esta es la verdadera hidoria^ porque todo lo demás es falso y
compiLedo.
EELACION
DE LOS DEMÁS SEÑORES DE Lá NUEVA ESPAÑA, DE LA GASA
De la casa y descendencia del gran Xolotl (proceden) como
tengo dicho, los Reyes de Texcuco por línea recta, y los de Az-
^aputzalco^ México^ Tlaoopan, ZaciHan^ Tlaxcalan^ XcUtocan^
MeztiÜan y otras provincias.
De Tzordecoma^ Aculhuá, los de Cohuatlichan^ Huexxdzinco y
otras partes.
De Acatomatl^ el primero de los seis Señores que vinieron
con Xolotlj los de Cohuatepee y otras partes.
De CohuaÜapal^ segmido de los mismos, los de Gialco^ TlcU-
manalco^ Tecomachalco y otros.
De Cozcacuauh^ el tercero, los de Mamálihuazco,
De Iztaemitl, el cuarto,^ los de Tepeaca, JUñüecapan^ Izapote-
capan y otros.
De Iztac irúl y Tecpa^ quinto y sexto de los mismos, todos
los Matzalmaa^ 3Iatla!(zinca8^ MaUnalcas y otras muchas provin-
cias.
De los otros seis Señores que vinieron de allí á ocho años á
1 El segundo renglón de este epígrafe está tomado del MS. del Museo, fal-
cando en el otro. — R.
2 Izlaeamitl en el MS. cit.— R.
454 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
prestar vasallaje á Xolotl, descendieron otros muchos Señores,
también Tultecas.
De Izcaz descienden los CholuUecas.
De Pizahua Aczopal ^ los de Quecholan y otras provincias.
De Qudzalpopoca, los de Tepexoxomaco y otras partes.
De Nacdcxox y Qudzalpopoca^ los de AÜixcahuacan.
De Acxocuauh ^, Xíuhtemot^ NauyoÜ y Pochoti^ los de CuUiua-
can^ Tzitzin y Tuluca 2, y de éstos descendieron todos los demás
que fueron después de muchas provincias y en las costas del
mar del Sur y Norte, como en las demás partes de la Nueva
España.
Este €8 d verdadero ofigen de los Señores de esta tia^ra,
1 Pixahua en el MS. del Museo.— R.
2 Aewocuaizi en el id. — K.
3 Lo exótico de la palabra Tzitzin^ considerada como nombre propio de
pueblo, pues no recuerdo haberlo visto en alguna otra parte; la ortografía con
que él está escrito en el MS. del Museo y la manera con que allí está hilado,
hacen dudar, por la obscuridad que presenta este miembro del período, si en
efecto se trata de un pueblo fundado, ó de un poblador. El período entero dice así
ne el citado MS.: ^^Acxoeuaizij Xiuhtemotj NauhyoÜy PoehoÜ los de Culuha^
,, can lizitzin Tuluca y de estos descendieron, etc.'' Parece que la única y triste
consecuencia que rectamente puede deducirse es, que ambos MSS. están las-
timosamente corrompidos. — R.
RELACIÓN
DEL ORIGEN DE LOS XüCHIMILCAS.
Los Xuchimilcas era gente artificiosa ^ de traje muy conjun-
to á los Tultecas y la lengua en alguna manera la misma; y
grandes maestros de obras de arquitectura y carpintería, y otras
artes mecánicas; y según parece en su historia, eran algo cir-
cunvecinos á los Aztlanecas^ que aliora se llaman Mexicanos; y
su patria de donde ellos vinieron se llamaba Áquilazco. (Capi-
taneados ó) juntos con un Señor ó caudillo que traían consigo,
que se llamaba Huetzcdin, anduvieron muchas y diversas tierras
costas y brazos de mar, dentro de un tiempo increíble, aun-
que ellos lo tenían por cosa muy cierta (diciendo que fueran)
180 años hasta ponerse en Tula, en donde enviaron á darle
obediencia á Tlotzin, tercer gran Chichimecati Tccuhtli ^y á pe-
dirle les hiciese merced de darles lugar en donde poblar, y él
les hizo muchas mercedes y les dio á donde es ahora Xuchi-
milco, lugar muy bueno para su propósito, (agregándoles) otros
lugares en Tula.
Muerto su primero y antiguo Señor Huctmlin, eligieron pa-
ra su sucesor á Acatonale, y dicen que aquél vivió seiscientos
y tantos años, cosa increíble, y que los trajo guiando hasta lle-
gar á Tula. (El orden de sucesión de sus Señores fué como si-
gue.)
1 Esto es; hábil en el ejercicio de las Aries. — R.
2 Véase para la fecha el fln de la Kelación 5? en la Historia de los Señores
Chichimecas, — R.
456 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
29 Ácatonále^ gobernó 23 años y le sucedió,
39 TlahuütecuhÜi que gobernó 7 años.
49 Atlahuica, gobernó 9.
59 Temhmaley gobernó 11. ^
69 Atiahuica II, gobernó 7.
79 AqudzaUecuMi^ gobernó 10.
89 Ouauhqudzále TecuMi^ gobernó 12.
99 Tlaxozihuapile ^ Reina, gobernó 12.
109 Cazcoizin Tecuktli^ gobernó 32.
119 Xaopaintzin, ^ gobernó 18.
129 OzfZo, gobernó 14.
139 Ozdotl, gobernó 4.
149 Qudzolpoyotzin^ que gobernó 22.
159 Tlühuatzin, que gobernó 5.
169 XihuiUemoc^ que gobernó 17. A este Señor le mató Axa-
yaccdzin Rey de México, á traición, después de haberlo liberta-
do del poder de Moqaihuüzin Señor de Ilatelulco, que lo tubo
muy oprimido y le tiranizó el Reino; á este Xihuitemoc^ sucedió,
179 lUiuicaUaminaizin^ que gobernó 14 años.
189 XihuiUemoIccUzin II, gobernó 16.
199 Tlacoyohuatzin gobernó 17.
209 Opochquiyauhtzin^ que se llamó después D. Luis, porque
en su tiempo vinieron los cristianos y de aquestos desciende
D. Martín que hoy vive y es cabeza de Xuchimüco.
La causa de en tan poco tiempo haber habido tantos Señores
en Xuchimüco, es porque no sucedían de padres á hijos, sino de
hermanos á hermanos, aunque guardaban orden para que
heredase el sobrino del hermano cuando todos los tíos habían
perecido.
Este es el verdadero origen de los Xuchimileas sacado por sks
historias aiitignas,
1 Tecuhtonate en el MS. del Museo.— H.
2 Tlaxcoeihuapili, en el M. S. del Museo.— R.
8 Naopayntzin. Ibid. — R.
TRONCOS
DE LAS Naciones Americanas. ^
Todos los naturales de esta tierra descienden de los dos li-
najes Chichimecos Y Tuüecos,
Del linage Chichiineco proceden los Texcucanoa antiguos mo-
radores de esta tierra, los Tlaxcáltecaa^ Mezcaa^ Totonaqv£s^
Quextecos^ Otomites modernos, Mexicanos^ y demás naciones
son todos Chichimecos y todos se precian de este linaje; y la
mayor parte de la Nueva España son todos Chichimecos. Aun-
que los Mexicanos fueron grandísimos idólatras, más que los
Tultecas^ y los Aculhuas y Tepanecas (también lo fueron) ni más
ni menos, aunque no tanto como los Mexicanos pero las de-
más naciones Chichimecas no tenían ídolos, ni adoraban á los
demonios que adoraron los Mexicanos^ Tepanecas y Aculhuas^
sino es al Sol que llamaban Padre y á la tierra, Madre, y le
ofrecían todas las mañanas la primera (pieza de) caza que ca-
zaban, así pájaros, como venados, liebres, conejos y demás ani-
males y aves.
El otro linaje es de los TuUecas y de él proceden los de Cid-
huacan, ChoMa, Chalco^ Quecholan y las costas del mar del Sur
y Norte; Colihuacan, Xalisco^ Tlaxicatzinca y TlecíhuiÜapalan de
donde ellos vinieron, son todos TuUecas; y se precian de este
1 Este epígrafe no se encuentra en el original. Yo lo he puestc— R.
458 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
linaje, hombres como tengo dicho, Artiflces y grandes sabios,
Idólatras, y las demás costumbres que tuvieron y tienen hoy
día en su naturaleza.
FINAL DE LA RELACIÓN UNDÉCIMA.
Esta Relación he sacado Excelentísimo Señor de los nueve
libros que estoy escribiendo de cosas de la tierra, de más de dos
mil años á esta parte, según está en la original historia de los
Señores de esta tierra conforme lo he interpretado y los Vie-
jos, personas principales y doctos con quien yo he comunica-
do, me lo han declarado; que para quien lo entiende es tan cla-
ro como nuestras letras.
Suplico á V. E. reciba este pequeño servicio y se acuerde de
los pobres descendientes de estos Señores cuando se ofrezca
ocasión, y V. E. escriba á S. M. que en ello recibiremos mu-
chos bienes. Humilde criado de V. E. que S. M. B.
Don Fernando de Alva Ixtlilxochitl.
1 Cotejando la conclusión quo sigue con el fragmento quo copia Beristain
en su Biblioteca Hispano- Americana^ al fin del artículo. Alva D. Femando^
8c viene en conocimiento de que el MS. del autor de que allí habla y que di-
ce se conservaba original en la Librería del Colegio de S. Ildefonso, es este
mismo intitulado Relación sucinta etc. Diciendo también Beristain que ese re-
sumen histórico, escrito en forma de Memorial, fué dirigido á D. Luis de Fif-
IcLsco el segundo cuya circunstancia constaría probablemente en el mismo ori-
ginal pues de otra manera tampoco la habría avanzado, ya tenemos también
aproximadamente la noticia de la fecha de su redacción, debiéndose fijar en-
tre los años de 1607 y 1611, que fué el período de la administración de aquel
Virrey.— K.
TESTIMONIO 1
QUE DAN EL GOBERNADOR, ALCALDES Y REGIDORES DEL PUEBLO DE SAN SAL-
VADOR QUATLACINCO, DEL aSo de 1608, EL DÍA 18 DE NOVIEMBRE Á DOX
FERNANDO DE AL VA CORTES, APROBANDO SU HISTORIA QUE ESCRIBIÓ DEL.
ORIGEN, GRANDEZAS Y HAZAÑAS DE LOS TÜLTECAS, CHICHIMECAS Y NACIO-
NES SUJETAS Á ELLOS, HASTA LA CONQUISTA DE MÉXICO Y PACIFICACIÓN
DE LAS TRES PROVINCIAS; DECLARANDO QUE DICHA HISTORIA CONCUERDA
CON LAS QUE TIENEN LOS PUEBLOS DE OTUMBA, CON MUCHAS OTRAS PAR-
TICULARIDADES.
Nos Don Martín de Suero, Gobernador, y Francisco Xuárez y
Francisco de San Pablo, Alcaldes, y D, Silvestre de Soto, D, Gas-
par de Guzmán, D, Juan de Suero, D, Bartolomé Pimenlel y Z).
Luis de Soto, Principales, Regidores y Ancianos de la cabecera
de esta Provincia de Otumba, y los Alcaldes de los pueblos de
Ahuaiepec, Tizayuca, Aztaqueineca y Tlamapam, y de las Estan-
cias de Tepayuca y Axoloayan, decimos: Que ya hemos visto,
leído y considerado las Historias y Crónica que tiene escrita
1 £ste documento sigue inmediatamente á la Relación 18? que trata de la
Conquista, sancionando en consecuencia, por su calocación, la fe y veracidad
de todos los monumentos históricos copiados hasta aquí, excepto el fragmenta
de la p&g. 241 que intitulé Querrá de ChalaOy etc., j las extractadas y copia-
das de la Relación Sucinta^ etc., que en el MS. siguen precisamente á estacer-
tíftcación. £q ésta iré designando aquéllos de que ella misma hace mencióa
específica, reservando el análisis de los demás para su propio lugar.— R.
460 OBRAS HISTÓRICAS DE .
D. Fernando de Alva Ixtlilxüchitl, en donde se contienen las
historias y crónicas de los Tultecas y Reyes Chichimecas de
estas nuevas tierras que ahora se llaman Nueva España; los
hechos, vidas y hazañas, descendencias, linajes y modo de vi-
vir y República de los diez Reyes y Señores, y las diversas na-
ciones que hubo en ella hasta la entrada de la Ley Evangélica ^
Y cómo con todo amor y paz fué recibida, y la conquista y pa-
cificación de Mexicp y de otras Provincias de esta Nueva Espa-
ña, como se contiene en la dicha crónica y en sus libros. Y
cómo nuestros padres y abuelos ayudaron en el discurso <tor
de ella con todas sus fuerzas y poderes, así los Señores como
sus vasallos, en donde gastaron sus haciendas, derramaron su
sangre y murieron muchos de ellos, porque ordinariamente
eran los delanteros en las batallas, ^ ayudando y sirviendo á
los primeros Españoles que vinieron á estas partes, que se lla-
maban conquistadores, y las demás cosas que hicieron en ser-
vicio de Dios y de nuestro gran Señor el Emperador 2). Car-
os y, que fué sin comparación su ayuda y mucho amor y fe,
sufriendo con paciencia con los trabajos que hubo en dicha
conquista y pacificación: todo lo que contienen los diez libros ^
de la dicha Historia y Crónica ha salido muy bueno y verda-
dero, sin ningún defecto; y la relación que los principales de
1 La identidad aun de palabras que se nota entre esta frase y el título que
el autor puso á su Relación 13? unida á las noticias históricas que siguen, en-
teramente conformes á las contenidas en aquélla, inclinan á creer que esas
Historias y Crónicas de que antes se habló, son la segunda serie de Relaciones
que comienzan en la pág. 263, pues que á ellas también conviene la descrip-
ción que precede á esta nota. Me abstengo sin embargo de dar un juicio, por
que aquí, menos que ilustraciones, me propongo simplemente consignar los
(ipuntcs y reflexiones que me ocurran, para no perderlos. — R.
2 Estas son casi textualmente las palabras deque usa en su citada Relación
13?pQg.438.
3 Si se toma esta denominación en su propio y vulgar sentido, no solamente
viene á tierra mi anterior conjetura, sino que es preciso concluir que la obra
de que aquí se habla está perdida, pues ninguno de los escritos del autor que
hoy conocemos está dividido en Libros^ ni los Bibliógrafos hacen mención de
alguno con tal designación. — R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 461
la ciudad de Texcuco le dieron ^, está también muy cierta
y verdadera. Y asimismo hemos visto cinco historias y crónieas
de los dichos Reyes y Señores, antiquÍMmas^ escritas en pintu-
ras y caracteres^ sin otros muchos papeles y recaudos de donde
se ha sacado la dicha historia y crónica^ las cuales la primera se
intitula La Historia y Crónica de los TvMecas^ : la segunda se
nombra La Crónica de los Reyes Chichimecas^ en donde se con-
tienen todos sus hechos y hazañas, hasta el Rey Nezahualco^
yotzin ^ al tiempo que juntó todo su ejército con que destruyó
la antigua ciudad que era AzcaptUzalco y reino de los Tepane-
cas, y las tierras y provincias de sus aliados, JEstas dos Crónicas
referidas hay mucho tiempo que fueron escritas ó pintadas. La
tercera se nombra Las Ordenanzas del gran Nezdhualcoyotún. *
La cuarta es de Los Padrones y Tributos Reales que pagaban
las provincias de esta Nueva España ^. La quinta es una His-
toria larga en que trata diversas cosas ^; y para que tenga cer-
1 Concordando estas palabras con los dos últimos párrafos de la noticia his-
tórica que en esta Colección se intitula Entrada de loa Españoles en Texeuco^
parece ser ella la aquí designada. Admitida esta conjetura, su Talor, como
monumento histórico, recibe un realce mayor que suponiéndola obra de JxÜü-
xuchülf pues que es la atestación de los Ancianos de un pueblo que concu-
rrieron á los funerales de su patria.— B.
2 Sstas son evidentemente las eineo Relaciones de que yo he formado la di-
yisión primera correspondiente á la Historia Tulteea\ bien que sin comprender
las otras noticias que allí he puesto como Apéndices, Las razones que allí
apunté sobre su mérito y autenticidad, adquieren una decisiva confirmación en
vista de este documento. — R.
8 Sstas son las Relaciones que bajo el titulo de Historia de los Señores Cl»i-
ehimeeos comienzan en la pág. 75 y terminan en la pág. 219. La indicación
que hace el documento parece incluir la noticia siguiente que yo intitulé Be^
laeión 12? y que el mismo autor separó de las precedentes. — R.
4 Aquí está claramente designado el monumento de la pág. 287. — R.
5 De este hace mención el autor frecuentemente, mas no se conoce.— R.
6 Como aquí no se da idea alguna de su asunto es difícil acertar cuál sea la
historia de que aquí hablan los certificantes. Sin embargo, juzgando por esa
tan breve y vaga designación no me parece improbable, y antes sí bastante
fundado, que sea la que entre los MSS. del autor lleva el título de Historia
Chichimeca^ el más extenso, mejor e.aborado y más voluminoso de sus escri-
462 OBRAS HISTÓRICAS DE
tínidad y fuerza todo lo que tiene escrito en la dicha Crónica y
JHistoría y porque son muchos los cronistas y que van fuera de
la verdad que se ha dado crédito á sus escritos, y el día de hoy
las verdaderas historias se tienen por fabulosas ^ nos la ha
manifestado y mostrado por la causa referida el dicho 2). Fer-
narulo de Alva^ para que veamos y consideremos si tiene algu-
tos, pues contiene 9o capítulos, abarcando la historia de México desde sus
tiempos fabulosos hasta el asedio de su capital por los españoles; siendo de no-
tar que está trunca. También quizá es la misma que Clavijero y Berisiain de-
signan con el título de Historia de la Nueva España^ que hoy no se encuentra
inscrito en ninguna de sus obras, pero que sí se reconoce en la Dedicatoria
•que, erradamente en mi juicio, se há puesto al frente de la citada HisUn'ia
Chicídmeca, — B.
1 £1 copiante desfiguró el pasaje que sigue por la absurda ortograña que le
puso y también por las sustituciones que hiso. Después de poner punto final
«a la palabra fabtdoeaSf sigue así en el original:— i\ro se ha manifestado ni
mtosiradopor la causa referida^ etc.— B.
2 A las anteriores notas del Sr. Bamírez debo agregar algunas observacio-
nes.
Desde luego se comprende que la primera obra de Ixtlilxochitl fué la Su-
maria Belación, etc., de los Tultecas, con que comienza este tomo. Por su título
«e ve que el autor quiso que esta obra abrazara desde los toltecas hasta la ve^
nida de los españoles; y sin embargo concluye con la destrucción de Tollan.
Esto demuestra que la Sumarla Belación es solamente la primera parte del
trabajo, y que la segunda, que inmediatamente le sigue, es la Historia de lol
Señores Chichimecas.
Bespecto de ésta debo advertir, que por haber unido el Sr. Bamírez en una
«ola las dos Belaoiones que bajo el mismo título de segunda se hallan en es
manuscrito del Archivo, resultaron once, mientras en el Kingsborough son
4oce; pero el Sr. Bamírez hizo una duodécima relación con el fragmento inti-
tulado Continuación de la Historia de México, que en el Kingsborough está
«in numeración al fin de dicha relación. La segunda observación es, que por
algún trastorno en la encuademación del manuscrito del Archivo, está inter-
•calado en la décima relación un pasaje de la undécima. En la página 172, de
las palabras Totomihuatnn de^ que terminan la quinta línea, agregando la pala-
bra de Cohuatepec que falta, hay que pasar hasta la página 178 y seguir con
las palabras y Izconitin de Iztapalocan. Todo lo comprendido entre esas pala-
bras, de la página 172 á la 178, hay que pasarlo á la página 218 en la línea 23
<lespué« de las palabras la cual se decia^ á las que sigue, en lugar de tzin^ Aioz-
quetgin] y hecha la intercalación, el final se leerá: ^^El Sefloi' de llaxcala. Te-
cuniejteCy á esta ocasión -le envió sus embajadores ^ etc."
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 463
ñas cosas que corregir ó quitar en la dicha Historia, que no
esté cierto y verdadero, ó añadir algunas cosas que haya deja-
do en silencio, todo lo cual hemos visto y considerado, y no
tiene ninguna falta y defecto, y es muy cierta y verdadera la
dicha Historia, y así lo tenemos de memoria heredado de nues-
tros padres y abuelos, y estamos muy ciertos ser esto verdad,
y así se halla pintado y escrito en nuestras antiguas historias y
crónicas de las pocas que han quedado, y le encargamos mu-
cho que la dicha historia la manifieste ante el Rey N. S. para
que tenga noticia de todo y no se acabe de perder la memoria
Como al fin de la relación undécima dice el autor que con ella acaba la ori-
ginal historia, se presume que las Relaciones Sumaria y de los Señores Chi-
chimecas fueron una primera obra histórica sacada de pinturas, y que en ella
el autor no tuvo más objeto que narrar las glorias de los texcucanos. Completó,
fiin embargo, su trabajo con los diversos fragmentos citados, hasta el que se in-
titula Entrada de loa Españoles en Texcuco.
La Noticia de los Pobladores fué ya una obra metódica que comprende des-
de los primeros tiempos hasta la expedición á las Hibueras, y ya en ella se
acentúa el espíritu del autor de pedir al Rey la devolución de su patrimonio.
Después se escribió, ó por lo menos se concluyó, la Historia Chichimeca; y
finalmente, y más bien como memoriales al Rey, la Relación Sucinta y la Su-
maria Relación.
En mi Introducción seguí las ideas del Sr. Ramírez, que repite en las notas
anteriores: pero leyendo con cuidado este Testimonio, he modificado mi pare-
cer. Se ve claramente que las obras que presentó á examen Ixtlilxochitl, ñie-
ron solamente: las cinco relaciones de los Tultecas, las once de la Historia de
loe Señores Chichimecas y las Ordenanzas de Nezahualcoyotl, y una Historia
larga^ que por el mismo contexto del Testimonio no puede ser otra que la No-
ticia de loa pobladores. . Estas cbras eran las terminadas en 1608. Los frag-
mentos que se les han agregado son posteriores, y acaso algunos de distinta
mano. Ija Sumaria Relación es de 1611; y hacia esa época, poco más ó menos,
debemos referir la Sucinta. La Historia Chichimeca es obra posterior á 1608 é
independiente, y ya he dicho que es la más perfecta, y que debió terminarse
el año de 1616. No es la Historia larga.
Las anteriores opiniones se confirman con una noticia del Ayuntamiento de
Texcoco, documento inédito, que dice: **E1 año de 1608 el 7 de Noviembre
presentó Don Femando de Alva Ixtliixuchitl ante Luis Guerra teniente de
Alcalde de ütumba. Gobernadores, Alcaldes, Regidores, Principales y natu-
rales, estando todos en Cabildo, una historia de los Reyes y Señores naturales
464 OBRAS HISTÓRICAS DE
de las grandezas y hazañas de los antiguos Reyes y Señores
y demás naturales de esta Nueva España, nuestros antepasa-
dos; lo cual le será de mucha honra y fama, y (además de que)
está obligado á aclarar la verdad de la dicha historia, porque
D. Femando Cortés IxÜilxuchülj Rey y Señor natural que fué
de la ciudad de Texcuco y de esta provincia de Olumba y rei-
no de los Áculhuas y de las demás provincias sus sujetas, y Chi-
chimecatl TeeuhUi que fué de esta Nueva España ^ quedó
(por) hijo y legitimo sucesor de NezahualpiltzinÜi y nieto de
Nezahualcoyotzin, grandes Chichimecas de esta Nueva España,
Reyes y Señores naturales de nuestros antepasados, y fueron
muy grandes los servicios que (el dicho D. Femando) hizo á
Dios y á S. M. el Emperador N. S., siendo el primero que reci-
bió con todo amor la fe Católica y de paz al Capitán D. Her-
najido Cortés y demás Españoles que con él vinieron, y también
se halló en la conquista contra los de la ciudad de México y de
las demás provincias de esta Nueva España, que fueron con-
quistadas porque no querían recibir la fe Católica y los man-
de esta Nueva España que tiene escrita, y las pinturas, cantos y otros papeles
y recaudos de donde la sacó, la que también ha presentado á otras poblaciones
para que la examinen, y siendo cierto su contenido la aprueben, y habiéndola
examinado- los de Otumba la aprobaron, y mandaron que el intérprete Fran-
cisco Kodriguez, Alguacil, la traslade del idioma Mexicano al Castellano. Las
historias que presentó eran la 1? Historia y crónica de los Reyes Tultecas, 2?
Crónica de los Beyes Chichimecas hasta Nezahualcoyotzin, 8? Las Ochenta
leyes. y ordenanzas del Gran Nezahualcoyotzin, 4* Historia de los Padrones y
tributos reales que pagaban las Provincias de esta Nueva España, 6? una
historia larga que trata de diversas cosas. Todo esto fué aprobado por los an-
cianos y demás de Otumba y del pueblo de San Salvador Cuautlacingo."
Este documento conñrma mis ideas, y nos da á conocer una cosa muy im-
portante: no tenemos las obras de Ixtlilxochitl, sino la versión hecha por el
alguacil de Otumba, cuya fidelidad no podemos apreciar. Importante sería
encontrar el manuscrito mexicano de Ixtlilxochitl, y entonces acaso desapare-
cerían las contradicciones, errores de cronología y de ortografía de los nom-
bres indígenas, y otros defectos que hoy notamos en sus obras.
1 Este vacío está ocupado en el Original por una palabra bárbara: dice,
fuzatyca.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 465
dalos del Emperador N. S., andando siempre en compañía de
dicho Marqués del Valle y siendo siempre en su favor y de los
demás Españoles, peleando contra sus propios tíos y hermanos
y deudos, como lo eran los Reyes y Señores de los Mexica-
nos y Tepanecas, en donde en el discurso de la dicha conquista
de la ciudad de México mató muchos de ellos por sus propias
manos ^ hasta prender á su hermano mayor D. Pedro Cohua-
nacochtzin y entregarlo preso á dicho Marqués del Valle, por-
que no había permanecido en la fe que había recibido y en la
paz y concordia que había dado al Emperador N. S. haciéndo-
se de la parte de los Mexicanos y Tepanecas; y muchas veces
escapó la vida de dicho Marqués ^ y fueron sin número los Acul-
huas y otras naciones que juntó y trajo á su devoción para la
conquista de México y otras partes de esta Nueva España, que lo
mismo hicieron por su orden los naturales nuestros pasados de
esta provincia de OtuTnbay otras muchas y muy grandes hazañas
hizo como se verá en el discurso de la Historia, ^ y por esta
causa esta dicha aprobación la hacemos, y por ser IxtlUxochitl
hijo y descendiente de los Reyes y Señores de los Aculhuas y
1 Lo hasta aquí dicho no es más que el resumen de lo que el Autor repite,
aun con cierta afectación, en su citada Belación 13?, y lo que sigue se encuen-
tra casi textualmente en la pág. 43 del ejemplar impreso: dice así "él
prendió á su hermano Cohuanacoxtzinj que era entonces General de los Me-
xicanos, y se lo entregó á Cortés etc." — De lo otro hay muestras flagrantes en
las pág. 21, 92 y jDo^sim, siendo notable sobre todos el de la pág. 82 donde el
autor para encarecer el mérito y fidelidad de Z>. Fernando Cortés dice que lo
deshonraban sus TíoSj llamándolo traidor contra su Patria y deudos etc. — R.
2 En la citada Relación se refiere y discute este hecho defendiendo la cau-
sa de aquel personaje como liberador de Cortés — ^^Ixtlilxuehitl^ dice el histo-
riador, se llegó presto y dióle la mano á Cortés y le sacó de la agua, que
ya uno délos enemigos le iba á cortar la cabeza, y él le cortó los brazos etcn. — R .
8 Esta citación ministra un fortísimo argumento, por no decir que una prue-
ba concluyente, de que la Historia de que aquí se habla es la compuesta de las
trece Relaciones, pues que solamente en la citada 13* es donde ei Autor refié-
relas ulteriores acciones de Ixtlilxuchitl hasta el viaje á las Hibueras. La par-
te de conquista contenida en la Historia Chichimeca, sobre compendiosa, que-
da pendiente en el asedio de México.— R.
Tomo 1—30
^gg OBRAS HISTÓRICAS DE
porque los que fueron de esta provincia de auwba descienden
de su propia casa y linaje, como parece en la dicha historia que
si Dios fuere servido saldrá á luz y se divulgará; y si fuera otro
historiador, de ninguna manera hubiéramos hecho esta apro-
bación, y porque á muchos de los que han sido hemos dado
nuestras Relaciones y jamás han salido á luz, antes parece que
se han aumentado las siniestras relaciones. Y asimismo le da-
mos esta aprobación para que conste al Rey N. S. cómo es
cierto y verdadero todo lo que tiene escrito, así en las cosas
de su historia, como en la relación que hace de nuestros tra-
bajos y calamidades, especialmente el servicio personal, que
es lo que ahora nos va consumiendo, y (los daños que nos
causan) los pastores y señores de ganado (que) nos destruyen
nuestras sementeras con sus ganados y se roban » nuestros hi-
jos, hijas y mujeres, ^ y muchas de nuestras tierras nos las qui-
tan y se van alzando con ellas algunas personas, sin otros mü
agravios que se nos hacen, como se verá especiflcadamente en
la dicha Historia. *
Y para que finalmente conste en esta nuestra aprobación
cómo es cierto y verdadero todo lo que tiene escrito, que si
fuere necesario tornalla á aprobar y confirmar desde luego de-
cimos que así lo haremos cada y cuando fuere necesario, y por-
que lo tenemos por cierto y verdadero lo aprobamos y confir-
mamos después de haberlo muy bien visto y considerado como
está referido, y para que dé más fe ponemos aquí nuestras fir-
mas. Nos el Gobernador y Alcaldes y Regidores y principales
de esta cabecera de Oíwmfta y de los demás pueblos sus siye-
tos y juntamente yo d Escribano nombrado por el Ezmo. Sr.
1 Bn ol original dice— y «» los roban nuestro» hijos etc.; rata el artículo in-
terpuesto, ó es una de aquellas redundancias oonsiguientee al desaUño con que
se escribía en la época, 6 es una errata del copiante.— R.
2 Bn Kingsborough dice: y otros roban nuestros hijos y hijas y mujeres.
8 Los hechos fundamentales de estas quejas solamente se encuentran en la
citada Relación 18? p6g. 81 y 114, nueva prueba de que ella pertenecía á es»
historia 6 crónica deque tanto hablan los certificantes.— R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 467
Virrey pongo aquí mi firma y doy fe de que es hecha esta Es-
critura y auto de aprobación por los principales Regidores en
este Cabildo de esta Provincia de Otumba^ hoy Martes á 18 días
del mes de Noviembre de 1608 años. — (Siguen las firmas). — Pasó
ante mí. — Diego Ortiz, Escribano.
Decimos Nos el Grobemador y Alcaldes Regidores Ancianos
del pueblo de San Salvador QuaÜacinco, que hemos visto y leí-
do la Historia que tiene escrita D, Femando de Alva Ixtlilxxtr-
chiU, la cual es muy cierta y verdadera y conforme con nues-
tras antiguas historias, las que el día de hoy tenemos, y asi-
mismo es conforme se lo oímos decir á nuestros padres y
abuelos, por cuya causa nosotros laaprobamos y confirmamos
de la misma manera que la tienen los de la cabecera, y deci-
mos lo mismo que en esta Escritura de aprobación se contiene;
y para más certinidad ponemos aquí nuestras firmas. Y asi-
mismo doy fe yo el Escribano nombrado por el Exmo. Señor
Virrey, que es fecho en el Cabildo de San Salvador Quatlacinco
de esta provincia de Otumba, hoy Martes a 18 de Noviembre
de 1608 años. — (Siguen las firmas.) ^
1 En el Kingsborough están puestos los nombres de las firmas, y concluye
con el siguiente párrafo importante, que se refiere al alguacil traductor:
"Y yo Francisco Rodríguez á quien se cometió este trasunto, lo trasunté
del original según y como en él se contiene, el cual va cierto y verdadero, y
así lo juro á Dios bajo la cruz en forma de derecho; y lo firmé de mi nombre
en Otumba en 20 días del mes de Noviembre de 1608 años.— Francisco Ro-
drigtiez.'*
SUMARIA RELACIÓN
DE LA HISTORIA GENERAL DE ESTA NüEVA EfePAÑA DESDE EL ORIGEN DEL MUN-
DO HASTA LA ERA DE AHORA, COLEGIDA Y SACADA DE LAS HISTORIAS,
PINTURAS T CARACTERES DE LOS NATURALES DE ELLA, T DE LOS CANTOS
ANTIGUOS CON QUE LA OBSERVARON. ^
Los más singulares y graves autores que pintaron la historia
de esta tierra y compusieron cantos, que fueron Nezahualcoyo-
tzin rey de Texcuco y los dos infantes de México Xiuhcozca-
tzin y Tzahuatzin dicen y declaran por ella: que el mundo tuvo
y tiene cuatro edades, la primera fué desde su origen y llama-
ron atíonatio^ ^ que quiere decir Sol de agua porque esta edad se
acabó y consumió con el diluvio, la segunda llamaron TkUchi-
tonatiuc ^ que quiere decir Sol de tierra que se acabó con un gran
temblor de tierra que se abrió por muchas partes, cayeron y
rodaron pedazos de peñas y sierras de tal modo que perecie-
ron cuasi todos los hombres, en cuya edad fueron los gigantes
á quienes llamaron Quinametitzucuil, * la tercera llamaron he-
1 Esta copia se sacó del MS. del Museo, presumiendo que ella estuviera más
correcta que la del Archivo, por haber pertenecido al Brigadier D. Diego Gar-
cía Panes, ilustrado y diligente investigador de nuestras antigüedades; mas al
hacer su cotejo con la otra, he reconocido con pesar, que en esta parte á lo
menos, está mucho más corrompida y defectuosa.— R. ,
2 Atonatiuh.
8 Tlalchitonatiuh.
4 (¡uinametUxuehü — MS. del Archivo.
470 OBRAS HISTÓRICAS DE
catonactiuh ^ que es lo mismo que Sol del aire porque fué tanto
y tan recio el viento que hizo entonces, que derrotó todos los
edificios y árboles y aun deshizo las peñas y murieron muchos
de los moradores, y porque hallaron los que escaparon de esta
calamidad cantidad de monas en los lugares y pueblos dijeron
haberse convertido en esta especie de animales, de donde na-
ció la fábula tan mentada de las monas. Los que poseían en
esta edad este nuevo mundo fueron los tdmecas y xicalamcas^ y
según parece por sus historias que vinieron en navios ó barcas
por la parte del Oriente hasta la tierra de Papuha desde don-
de comenzaron á poblarte f en las tierras que están á la orilla
del río Atlhmac ^ que es el que pasa entre la ciudad de los An-
geles y la de Cholula.^ hallaron algunos de los gigantes que ha-
bían escapado de la segunda edad, los cuales siendo gente ro-
busta y confiados en sus fuerzas y mayoría de cuerpo se se-
ñorearon de los nuevos pobladores de tal manera que los tenían
tan oprimidos como si fueren sus esclavos, por cuya causa los
caudillos y gente principal de los Ulmecas y Xicalanfios bus-
caron modo para poderse librar de esta servidumbre, y fué en
un convite que les hicieron muy solemne; después de hartos y
repletos y embriagados, con sus mismas armas los acabaron y
consumieron, con cuya hazaña quedaron libres y exentos de
esta plaga y fué en aumento su señorío y mando. Y estando
en la mayor prosperidad llegó á esta tierra un hombre á quien
llamaron QuetzcUcohuaÜ y por otro nombre Huemac, virgen jus-
to y santo, el que vino del Oriente y enseñó la ley natural y
constituyó el ayuno evitando todos los vicios y pecados: él fué
el primero que colocó y estableció la cruz á que llamaron Dios
de las lluvias y de la salud; el cual viendo el poco fruto que
hacía en la enseñanza de estas gentes se volvió por la parte de
donde vino, y al tiempo que fué dejó dicho á los naturales de
aquellos tiempos que volvería en los venideros en un año que
se llamaba ce acail^ y que para entonces su doctrina sería recibida
1 Ehecatonatioh.
2 Atoyac.
DON FERNANDO DE ALVA ttlULXOCHITL. 471
y SUS hijos serían Señores, poseerían las tierras, y otras muchas
cosas, que después muy á la clara se verificó; el cual ido que
fué de allí, á pocos días sucedió la destrucción referida de la
tercera edad y entonces se destruyó aquel edificio tan memo-
rable de la ciudad de Cholula que era como otra segunda to-
rre de Babel que la edificaban estas gentes, que después edifi-
caron un templo, los que escaparon en la ruina de ella, á Qu^
izaleohuaü, á quien colocaron por Dios del aire, y según parece
por las historias referidas ó por los anales, sucedió esto algu-
nos años después de la Encarnación de Cristo, Señor nuestro;
desde este tiempo acá entró la cuarta edad, que dijeron lla-
marse TleUmaüúh porque se ha de acabar con fuego.
'Esa esta cuarta edad llegaron á esta tierra la nación TaUeoa
los cuales según parece por su historia que fueron desterrados
y echados de su patria, y después de haber navegado y costeado
por la mar del sur llegaron á la que llamaron Hueytlapalan, que
es la que al presente llaman de Cortés, que por ser algo beime-
jo le pusieron el nombre referido, en el año que se llama €e
TecpaÜ que fué en el de 387 años de la encamación de Cristo
nuestro Señor, y habiendo costeado la tierra de Xalixco y to-
da la corte del Sur salieron al puerto de Huaixdco^ y de allí
pasaron á Tuchiepec^ y habiendo andado por diversas par-
tes y ojeado las costas del mar del Norte, vinieron á parar
en la provincia de TuUmtánoo dejando en los mejores puestos
alguna de la gente que traían para poblarlos: hasta este lugar
y tiempo contaron ciento cuatro años, después que poblaron
la ciudad de Tida que fué la cabecera de su Imperio, y que es-
tá á orillas de un gran río; y á los siete años de la fundación de
esta ciudad, eligieron Rey y supremo Señor, que fué el prime-
ro que tuvieron, porque de antes habían sido gobernadores sus
caudillos, que fueron siete. Este Rey que se llamaba Chai-
chiuUanetzin y por otro nombre ChoMiiuMoionac^ reinó cin-
cuenta y dos años y le siguió TlilquechaocccatílachilnoUzin^ ^ el cual
1 "Tlilhuechaocatlahinoltzin'^-MS. cit
472 OBRAS HISTÓRICAS DE
reinó otros tantos y le sucedió Huetzin^ duró en el reino otros
tantos años porque era costumbre entre ellos reinar de cin-
cuenta en cincuenta y dos años, ^ y si antes de cumplirlos mo-
ría, gobernaba la República: á Hudzin le sucedió Totepeuhy que
reinó otros cincuenta y dos años; ^ y después de su muerte le
sucedió Tlacomihaa que reinó cincuenta y nueve años, pasando
y excluyendo del orden de sus pasados, el cual colocó el tem-
plo de la Rana, Diosa del agua, y después de sus días le suce-
dió la Reyna XiuhquerUzin que por otro nombre llaman Xiuh-
caltzin que reinó cuatro años, y habiendo fallecido, le sucedió
IztdccaUzin que reinó cincuenta y dos años: en el discurso de
este tiempo trató amores con Quetzal Xochüzin esposa de un
caballero llamado Papantzin descendiente de la casa de los di-
chos Reyíes, y en esta dama tuvo á TopílMn^ que aunque adul-
terino le sucedió en el imperio, por cuya causa algunos de los
Reyes y Señores sus vasallos se levantaron contra él, parecién-
doles ser más propincuos y dignos de él, y otros en venganza
del adulterio y en especial Coanacotdn^ Huetún y Nixoyotdn ^
Reyes y Señores que eran de las provincias que caían en las
costas del mar del Norte, y es así que habiendo reinado los cin-
cuenta y dos años el Rey TeepancaMsdn hizo jurar á su hijo To-
pUtzin hallándose en la jura algunos de los Reyes que le eran
amigos, como fueron IztaequahmztzinY McixÜcUzin. * Luego que
entró Topiltzin en la sucesión del imperio, hubo presagios y
grandes señales de su destrucción y se cumplieron ciertos pro-
nósticos y profecías que habían pronosticado sus mayores, y se-
gún por la historia parece mandó llamar á sus mayordomos y
entregarles sus tesoros para que los retirasen en la provincia de
QuiahuizUan^ temiéndose de los Reyes sus contrarios; y al déci-
1 Debe ser: de cincuenta y dos en cincuenta y dos.
2 '<al cual le sucedió Naeaxxuzj que reinó otios cincuenta y dos años'' —
MS. cit.
8 Mexoyotzin, — MS. cit.
4 En este y otros pasajes, para hacerles inteligibles, corrijo su redacción en
la del Eingsborough.
DON FERNANDO DK ALVA IXTLILXOCHITL. 473
mo año de su reinado comenzó la hambre y esterilidad de la
tíerra pereciendo la mayor parte de las gentes y comiéndose de
gorgojo los bastimentos que tenían en sus trojes, y otras mu-
chas calamidades y persecuciones del cielo, que parecía llover
fuego, y fué tan grande la seca que se secaron los ríos y fuen-
tes, y á los veintitrés años de su reinado estando tan faltos de
fuerzas y sustento, vinieron los tres Reyes referidos con im
poderoso ejército y á pocos lances se apoderaron de la ciudad
de ÍWa, cabecera del imperio, y aunque salieron de ella hu-
yendo el Rey Topiltzin, y á pocas jornadas le fueron dando
alcance y mataron su gente, el primero que murió fué el Rey
viejo IztaccaUzin su padre, y con él las damas QuetzabouchiU
y en TlcUotapa ^ alcanzaron á los dos Reyes Iztacqucumehtzin y
Maxtla confederados de TopiUzin^ que allí les dieron desastrada
muerte por más que se defendieron, y Topittzin se perdió y
nunca más se supo de él y de los hijos que tenía, sólo uno que
fué el Príncipe Pockotl lo escapó el ama y lo criaba en los de-
siertos de Noalco, que ella se decía Tochcuaye ^ y los pocos de
los Tultecas que quedaron se escaparon en las montañas de la
laguna de Culhuacan: este fin tuvo este imperio de los Tulte-
cas, que duró 572 años; y viéndolo tan arruinado los dichos
Reyes que vinieron á sojuzgarle, se volvieron á sus provincias,
y aunque victoriosos, muy destrozados y con pérdida de la ma-
yor parte de sus ejércitos, que los más de ellos murieron de ham-
bre, y la misma calamidad corrió en sus tierras, porque fué ge-
neralmente la seca y esterilidad de la tierra: parece que fué
permisión de Dios por todas vías ser castigada esta nación que
de la una y otra parte apenas quedaron algunos de ellos: fue-
ron estos Tultecas grandes artífices, edificaron muy grandes é
insignes ciudades, andaban vestidos de unas túnicas largas á
manera de los ropones que usan los Japones, y usaban unos
á manera de sombreros hechos de paja; eran poco guerreros
1 IbtoZopa.— MS. cit.
2 Tochcueye— ibid.
474 OBRAS HISTÓRICAS DE
aunque republicanos, y según parece por sus historias vinieixm
por la parte del Poniente, y eran idólatras y tenían por partí*
cular ídolo al Sol y á la Luna.
Había cinco años que los Tultecas se habían destruido, y es-
taba despoblada cuando vino á ella el gran ChichimecaÜ XdoÜ
á poblarla, teniendo noticia por sus exploradores de su destruc-
ción, que fué en el año de novecientos noventa y tres ^ de la
Encarnación de Cristo nuestro Señor; y habiendo tomado quie-
ta y pacífica posesión sobre ella, la pobló con su gente que
ftié el mayor número que hallo en el ejército de ninguno de
los Príncipes que ha habido en este Nuevo Mundo, especial-
mente todas las tierras que caían dentro de las sierras JSb-
cotiÜarij Chicunauktocal^ Malinalocan y Itzocan, AtUxoaoacan^
TemaocdiÜanf Poyauhtlan, Xuchtecutitian^ ZacoÜan^ Tenaxiuk'
ieouhtíÜan^ iFixtic^ Cuauhohinanco^ Tototepec^ MeíztiÜan^ Tenúr-
miiec, Guachque-Tzaloyan, Cuexteoatl y Chocayan Quavhyacan^
repartiéndola entre seis Señores vasallos suyos que trajo con-
sigo, que había muchos años que á los tres les dio y repartió
la provincia de Chaleo y á los otros dos la de Mazaoodcím^ y al
imo la de Tepeaca, Esta nación salió de las provincias que caen
debajo del Norte, que había muchos años que la poseía, y tuvie-
ron siempre por contrarios los Tultecas Xicalancas y demás
naciones que antes habían poseído esta tierra de Anaodc^ la
cual filé gente belicosa y amiga de la milicia y de la caza, que
era su principal sustento; y siempre fueron gobernados de
Reyes y Señores naturales. Había cincuenta y dos años que
se habían destruido los Tultecas, y cuarenta y siete que tenían
poblada la tierra los Chichimecas, cuando vinieron á ella otras
tres naciones que salieron de las últimas tierras de la provin-
cia de Mechoacan^ que fueron los Aeidhuds que por orden y
mandato de Xolotl poblaron la provincia de Aculhuacan cuya
cabeza fué y ha sido la cabeza de Texcuco y de la misma na-
ción de los Reyes Chichimecas: tuvo el Príncipe Nopalizin en
1 968 en el MS. cit. y en la edic. de Londres.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 475
la fViíieesa AzeaxuchiCl tres hijos, que el mayor fué el Príncipe
Totún ^ Pochotl que sucedió en el imperio, y los otros dos se
llamaron Atzotzocoltzin, Totrní^ primeros Señores que fueron de
Zacadan y Tenamüec por la parte de afuera de la circunferen-
cia de las sierras referidas, corriendo sus tierras y seíloríos
desde los dichos lugares hasta la provincia de la Mlxteoa que
les dio y repartió Xolotl su abuelo, y según parece por las his-
torias y según esta Relación, á esta sazón tenían ocupadas las
tierras los Mixtéeos y Zapotecos que caen hacia la parte del
Sur. En el discurso del imperio de NopoUún no tuvo ningunas
guerras, porque los tuvo á todos muy sujetos y los gobernó con
toda paz y tranquilidad, y reformó leyes de sus antepasados y
estableció otras de nuevo, y así es contado que uno de los le-
gisladores que hubo en este Nuevo Mundo fué éste, el cual
después de haber reinado treinta y dos años teniendo su corte
en Thetiayitca, falleció en el año 1106.
El Principe Tlotzin Pochotl cogióle la voz de la muerte de m
padre en el punto de Tlaizolon^ un lugar suyo, habiendo veni-
do con toda brevedad á la corte fué recibido luego y jurado
por sucesor del imperio: en vida de su padre Nopaltzin casó con
Tocpoexochitzin hija de Cuahiatlopal^ uno de los Señores de la
provincia de Choleo^ en la cual tuvo seis hijos, los cuatro va-
rones y las dos hembras, que el primero de ellos fué el Prfai-
cipe Qumatzin Tlaltecatzin y el segundo NopaUzirir-quetachihui-
tsm, que murió en batalla; el tercero Tochintecuhtli^pñmeT Señor
de la provincia de Huexotzinco; el cuarto XiuhquetzattecuhÜi^
primer Señor de la provincia de Tlaxcalan y de la cabecera de
1 Tlotzin. Como se ve la redacción de este escrito es malísima. Como fué
en realidad un memorial, sin duda la escribió en su mal Castellano el mismo
Ixtlilxochitl; pues ya hemos visto que otras obras fueron escritas por él en me-
xicano, y traducidas por otro al español.
A algunos sorprenderá cómo pudo ser nombrado Ixtlilxochitl intérprete del
Juzgado de indios. Sin duda por favorecerlo lo nombró el Virrey; que aun
en nuestros tiempos hemos visto que se nombre para puesto más importante á
persona sin saber é incompetente.
476 OBRAS HISTÓRICAS DE
Tepdicpac^ y habiendo reinado treinta y seis años con la mis-
ma tranquilidad y paz falleció en la corte de lenayuca, que fué
el último Rey Chichimeco que la tuvo en ella, en el año 1141.
Luego incontinente fué jurado y recibido por sucesor del Im-
perio Quinatzin Hatecutzin, el cual en vida de su padre y abue-
lo tuvo siempre su morada en la ciudad de Texcuco, por cuya
causa á esta sazón estaba muy ennoblecida; y así determinó
pasar la corte á ella dejando de Señor de Tenayuca á su tío Te-
nancaUzin hermano natural de su padre. En este mismo año
llegaron los mexicanos al punto y lugar en donde al presente
está la ciudad de México después de haber peregrinado mu-
chos años en diversas tierras, á quien traían por principal cau-
dillo era Ocelopan jr á otros tres que llamaban Yopiaizone y Iz-
cahui ^ y según parece en la original histórica era el Ocelopan
hijo de Odie aquel caballero que arriba se dijo, que fué á las
tierras de Michoacán con su familia *de donde se deriva el lla-
marse los de esta familia Mecüi*^ y después conociéndose el voca-
blo les llamaron Mexiti que es el nombre que á la presente tienen,
y esta opinión es la misma que tienen los históricos de los Reyes
de Michuhaean en cuyas tierras y Provincias los mexicanos pe-
regrinaron muchos años, y quedaron algunos de ellos en ellas,
por donde se ve muy á la clara ser los mismos culhuas que esca-
paron de la destrucción de los tultecas y tener el mismo len-
guaje, y en cuanto á las tierras y Provincias que anduvieron
no se contradice en cosa alguna á la opinión moderna que han
seguido los autores Españoles que han tratado de sus historias:
estos monarcas se repartieron en dos parcialidades, los unos
se llamaron Tlcddxdcas por el puesto de su primer asiento, y los
otros se llamaron Thenuxcaa ^ asimismo por haber hallado en
aquel puesto el águila sobre el tunal, los cuales para su quie-
tud pidieron Señores para que los gobernasen á Aculhua Rey
de los Tepanecaa que tenía su corte en la ciudad de Ascol-
1 Aquí solamente puso los nombres de dos.
2 Lo colocado entre asteriscos falta en Kingsborough.
8 Tenochcas.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 477
puizcdco, el cual de tres hijos que tenía habidos en la Infanta
Oueüaxxuchüzin hija del gran Xolotl, les dio por Señores á los
dos de ellos que fueron Escoatzin ^ primer Señor de los TUxie-
IvlocLs y Acamapixtli, ^ primer Señor de los Themixcas y el otro
de sus hijos que fué el Príncipe Tezozomoc le sucedió en el rei-
no. El Rey Quinatzin fué el primero que compelió á los chi-
chimecas sus vasallos á que cultivasen la tierra porque hasta
entonces no lo usaban, sino que se sustentaban de la caza así
para su sustento como para su vestuario, por cuya causa algu-
nos de ellos no estando habituados en este ministerio, se amo-
tinaron, siendo favorecidos para el efecto de algunos Señores,
y en especial, de cinco hijos que el Rey tenía, los cuatro
favorecían á esta parte, que viniendo á su noticia del tirano Lar
canex que estaba retirado en las tierras septentrionales, vino
con su gente y se aunó y conformó con estos Señores y demás
amotinados y así tuvieron muy crueles guerras civiles, mas con
el grande valor del Rey Quinatzin y de su hijo menor Ife-
choÜaJatzin que después 1¿ sucedió en su imperio, sojuzgó y
castigó á todos los rebeldes aunque la mayor parte de ellos se
fueron retrayendo á las tierras septentrionales de sus pasados,
hechos bandoleros, sin reconocer á Rey ni Señor natural co-
mo lo están el día de hoy sus decendientes, y á los que hizo
merced de las vidas, los redujo á que viviesen en ciudades y
lugares públicos y políticos, entre los cuales envió á sus cuatro
hijos con los de su familia que estaban en los llanos de Poia-
huehtla á las provincias de Tktxcalan, y de aquí procedieron los
demás Señores de ellas y de esta razón tuvieron principio las
otras tres cabeceras de Tlaxcalan que de aquí procedieron: rei-
nando Quinatzin se levantaron los de la provincia que en aquella
sazón era Totolapa y otros pueblos del patrimonio de los CW-
huas desde el pueblo de CuiÜaoac hasta el de CayuJa, que fué
forzoso ir personalmente con los Señores de la provincia
1 Mixcoatl.
2 Acamapichtii.
478 OBRAS HISTÓRICAS DE
de ^ llaneueUl que había sucedido en el reinado de los Culhuasj la
cual era mujer de AcamapixÜe^ por cuya causa, aunque menor
de los tres hijos del Rey de AzcapíjUzalco y ser tan solamente
Señor de Thenuxtitlan^ vino á ser Rey de los culhuas que fué
el primero que tuvieron los mexicanos; y teniendo el iraperia
en quieta paz Quinatzin, ennoblecida la ciudad de Texcuco des-
pués de haber reinado ochenta años, murió en el año de 1253^
y fué sepultado su cuerpo en una cueva, cuesta del cerro que
se dice Quauhyacac, que fué el primero que se enterró en es-
ta cueva.
Techotlalatzin^ que fué el primer Emperador Chichimeca fué
recibido con todo el aplauso y gusto del imperio por ser uno
de los Príncipes más valerosos y de grandes virtudes que tuvo
esta tierra» porque todo el tiempo de su imperio no hubo alte-
raciones ni novedades, teniendo á todos los Señores de él
siempre muy gratos, é hizo dos veces cortes generales para
tratar en ellas el buen gobierno y conservación de sus subdi-
tos y vasallos, y trujo á la corte á los mejores artíñces de todas
artes con que la ennobleció, en cuyo tiempo falleció Acuüma^
Rey de los Tepanecas, y le sucedió el Príncipe Tezozfymoc^ su
hijo, que fué el segundo Rey de los Tepanecas, y asimismo mu-
rieron en este tiempo Epooahin Señor de Tlatdulco y AcaTna-
pioMi de TenuchtUlan sus hermanos menores, y les sucedieron
en sus señoríos Quaquahpüzahuac y HuiizUihuiÜ^ que fueron los
segundos Señores de México; también en esta sazón por cierto
derecho que pretendía tener el Rey Tezozomoo del reino de los
Otomiea, á fuerza de armas se apoderó de él, y los que no lo
quisieron obedecer, desamparando sus tierras se pasaron á las
provincias de MeztiUan y TvÜcpec^ y á parte de ellos el Rey
TechotlalcUzin los albergó en la provincia de Otumba^ de donde
se derivó el nombre de ella; el cual casó con Tozqaenizin^ hija
1 Aquí falta lo siguiente que se encuentra en el MS. del Archivo.— "Chal-
co y con los de México á sojuzgarlos y amparar en el patrimonio de Itlan^
eueinüj que había etc."— R.
DON FERNANDO DE ALVA EXTLILXOCHITL. 479
de AcdmüUi Señor de Cohuatlichan y de los Aculhuas, en la
cual tuvo al Príncipe IxtlUxuchiU omdoxüi^ que le sucedió en
el imperio, y le señaló doce provincias para su crianza y gasto
de Principe; y después de haber gobernado ciento y cuatro años
falleció en el año de 1357, y poco antes de su muerte fallecie-
ron los Señores Mexicanos, en cuya sucesión entraron Tlacon
feotón^ tercer Señor de TlaUetuleo y Chimalpopocatzin, tercer
Rey de los Culhuas y Mexicanos. Luego que falleció Techotla-
kUzin mostró Tezozomoc Rey de Azcaputzalco sus malos inten-
tos en razón de alzarse con el imperio, porque no tan sola-
mente quiso ^ hallarse en la jura del Principe IxaUxudtül, sino
que antes con toda instancia impidió á algunos Señores para que
no se hallasen en ella, por decir tenía mayor derecho en ella
al imperio por ser nieto del gran -Xbfotí, primer poblador, y que
asi á él se le había de dar la investidura de Emperador, por
cuya causa tuvo grandes alteraciones y se levantaron muchos
Señores, unos en favor de IxÜüxuchiU y otros que seguían el
bando Tepaneca contra él; y así al dicho IxtlUxuchiU le fué
forzoso hacer ejército de gente que juntó de diez y seis pro-
vincias que halló de su bando, y entró por las tierras del Rey
de Azcajmtzaloo y de sus aliados asolándolas á sangre y á fuego
hasta la provmcia de Xüotepec, de donde dio la vuelta por las
provincias de Tepozotlan y OuauhtiÜan^ y por la parte del cerro
de Temas^palco sitió la ciudad de Azcaputzalco. Viéndose muy
oprimido el astuto viejo, por medio de ciertos Señores que
asistían en la corte de IxÜüxuchiU que eran sus deudos muy
cercanos, alcanzó le concediese ciertas treguas para tratar de
las paces que ñngidamente decía querer con IxtiílxuchiU^ el cual
como era demasiadamente noble luego incontinenti alzó el
cerco y envió á sus gentes quedándose solo y desapercibido en
la ciudad de Texcuco, y conociendo Tezozomoc el descuido con
que vivía, fingió quererle hacer fiestas en las haldas de un ce-
rro que se dice ChicuhnauUicaU en confirmación de las paces,
1 Debe decir: no quiso.
480 OBRAS HISTÓRICAS DE
y llevando para el efecto muchas danzas y otros juegos y en-
tretenimientos que usaban estos Señores, á las vueltas de él
llevaba un razonable ejército para que al mejor tiempo embis-
tiesen con los Texcucanos y matasen al Rey IxÜilxuchia y á
todos los que iban con él, y en esta traición fueron participan-
tes los mismos Señores atrás referidos que alcanzaron las tre-
guas que están dichas: cuando á su noticia llegó esta nueva al
Rey IxtlilxuchiU era ya tan tarde que apenas se pudo fortificar
en su ciudad, y haciendo de ladrón fiel envió á excusarse de
las fiestas fingiendo estar indispuesto y que las remitiese para
otro tiempo; llevaron esta embajada dos Infantes hijos suyos
y con ellos algunos caballeros de su casa, los cuales luego que
llegaron á la presencia del tirano los mandó desollar vivos y
los que iban con ellos despedazarlos, y teniendo noticia del
poco ornato ác guerra y de defensa que el Emperador en su
ciudad tenía, hizo marchar á gran prisa su ejército para cogerle
de sobresalto y saquearle la ciudad, y aunque se dio mucha
prisa no pudo con tanta facilidad ejecutar su maldad, porque
Ixtlüxuchitl con las gentes que pudo juntar, que fueron muy
pocos, se puso contra el enemigo y defendió la ciudad más de
cincuenta días continuos, hasta que viéndose apurado y los
más de los dúdanos y otros caballeros que le defendían esta-
ban muertos y la gente miserable é indefensa, se iban retirando
á los montes, que fué fuerza desamparar la ciudad, y aunque
envió su sobrino Cioacueciienotzin, que era el Capitán general
de su ejército, á pedir socorro y bastimentos á los de la pro-
vincia de Otumba^ no tan solamente no se lo quisieron dar, sino
que lo hicieron pedazos públicamente en la plaza principal del
pueblo de OtxLwba^ por estar, como estaban ya, confederados
con el tirano, los cuales y los de la provincia de Choleo tenien-
do cierta noticia de donde el Rey se hallaba oculto, fueron en
su seguimiento la gente ^ que llaman Tepanohuayan, que es ha-
cia la sierra de Tepetlaoztoc, le dieron alcance, el cual viendo
1 Creo que aquí falta: y en el lugar.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 481
cerca sus enemigos llamó al Príncipe Nezahiwlcoyoizin, legítimo
sucesor, y echándole los brazos se despidió tiernamente y le
mandó procurase de escapar con la vida y vengar su muerte,
que muy poco después verían recobrar el imperio que tan in-
justamente Tezozomoc tiranizaba; y habiéndose despedido de su
hijo salió al encuentro de sus enemigos y embistiendo con ellos
peleó con grande ánimo, y aunque mató algunos dentro de
poco lo hicieron pedazos, y el Príncipe escapó la vida entre las
ramas de un árbol muy copado: acaeció esta desastrada muerte
en el año de 1410, y im caballero llamado IbUziquatzin^ natu-
ral de Tlaüotlacan^ cogió el cuerpo del Rey muerto y allí cerca
en una barranca que se dice Cueüachaxí, habiéndole puesto y
ataviado con sus vestiduras reales quemó el cuerpo, que fué el
primero de los Reyes Chichimecas que semejante entierro le
hicieron.
Luego que fué muerto el Rey IxtlüxuehiÜ, sexto Emperador,
el tirano Tezozomoc se hizo jurar y recibir en el imperio, ha-
ciendo muchas mercedes á sus aliados y consortes, aunque to-
dos los más de los naturales de las provincias más remotas con
estas nuevas alteraciones se fueron alzando poco á poco, que
se habían ido á otras tierras, y la primera diligencia que hizo,
con los leales vasallos de IxÜilxuchitl fué mandar que á los ni-
ños de edad que supiesen hablar, hasta los siete años, les pre-
guntaran á quién tenían y reconocían por su Rey y Señor na-
tural, y que los que respondiesen que á Ixtlüxuchitl 6 al Príncipe
Nezahucdcoyotún los matasen, y los que dijesen que al tirano
los premiasen y á ellos y á sus padres, lo cual se puso lu(^ en
ejecución, y como los inocentes niños siempre oyeron decir á
sus padres y á sus mayores ser sus Reyes y Señores Ixilüxu-
chitl y Nezcihualcoyotzin, respondieron la verdad, por cuya causa
mataban muchos millares de niños, que fué una de las mayo-
res crueldades que Príncipe ha usado en este Nuevo Mundo.
La segunda diligencia mandó juntar á todos los principales y
gente de República de todas las ciudades, pueblos y lugares
que eran del patrimonio del imperio, y en un llano que está
Tomo 1—31
482 OBRAS HISTÓRICAS DE
'entre la ciudad de Texcuco y pueblo de Tepdldoztoc^ que por
«o caber en la plaza de la ciudad se juntaron en él, y un capi-
tán se subió encima de un templo que estaba enmedio del lla-
no referido que se dice TuÜecatepan^ á voces dijo que desde
aquel día en adelante reconociesen por su Emperador y Señor
supremo á Tezozomoc^ Rey de los Tepanecas, y á él le acudie-
ren con todas las rentas y tributos pertenecientes al imperio,
y no á otra persona, pena de la vida; y que si hallasen al Prin-
•cipe NezahualcoyoÜ lo llevasen vivo ó muerto al tirano, el cual
pregón se dio en dos lenguas, que fueron en la una que es la Tul-
ieca, que llaman Mexicana^ y en la lengua Chichimeca^ que eran
las dos lenguas que en aquella sazón corrían generalmente en
todo el imperio; á todo lo cual estuvo el Príncipe escuchando
desde un cerro montuoso que cerca de allí estaba que se dice
Cuauhyacan; y después de esta diligencia repartió los más prin-
cipales pueblos y lugares del reino de Aculhuacan entre él y
Chimalpopoca Rey de México y Tlacateotl, Señor de Tlatelulco,
-que eran sus sobrinos y aliados, é hizo lo restante de este rei-
no en dos partes que dio y repartió á sus nietos, leíolcocoaizin
Señor de Acohian^ Queizalnmquiztli de Cohuatlichan dándoles
investidura y título de Reyes; premió á otros Señores, y ha-
biendo estado el Príncipe Nezahualcoyotzin retraído en la pro-
vincia de Tlaxcalan con los Señores de ella, sus hijos, por
huir de las acechanzas del tirano, se vino á la provincia de
{JhcUco para estar más cerca de su patria, y desde allí colegir
los designios del tirano y los demás sus émulos, con título de
soldado que andaba en ayuda del ejército de los Choleas contra
ciertos pueblos comarcanos con quien traían guerra; por más
que se disfrazaba y negaba hubo de ser conocido, y luego por
los Cháleos por mandado del Señor supremo que en aquella
sazón era de aquella provincia, fué puesto en una jaula dentro
de una cárcel fuerte y en su guarda ^ Qudzolmozoiziny hermano
del Señor referido con cantidad de gente, y que en ocho días
1 puesto Emacatzin etc.— MS. cit.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 483
no le diesen comida ninguna ni bebida, porque con esta cruel
muerte quería servir al tirano Tezozomoc^ y vengar la muerte
de ^ Quetzalmatzatzin^ aunque fingió cumplir lo que ordenaba,
ocultamente con cierto artificio sustentó á este Príncipe los
días referidos compadeciéndose de él y de cuan injustamente
•era tratado por darle gusto á un tirano, al cabo de los cuales
Toteotzintecuhtli, que era el Señor, míindó llamar á Qudzalmaiza"
izin y preguntándole por el preso si era fallecido, y habiéndole di-
cho estar bueno sin ningún sentimiento ni necesidad de hambre
ni de sed, recibió muy grande enojo: mandó que el día siguiente
que había de ser la feria general de la provincia lo hiciesen pe-
dazos, pues de hambre no le había podido quitar la vida: luego
aquella noche Quetzalmazatzin^ compadecido del desdichado
Príncipe entró á verle y de secreto le dijo lo que había pasado,
y la cruel sentencia que contra él estaba dada, y que no era
justicia que un tan gran Príncipe, legítimo sucesor del imperio,
en él se ejecutase, que antes quería él padecer en su nombre
aquella muerte, y que así convenía trocarse las vestimentas
para que pudiese salir de entre los demás guardas y Príncipes,
y ponerse con toda diligencia en cobro é irse á Huexotzinco ó
en otra provincia extraña donde no pudiese ser conocido, y
que sólo le rogaba por este servicio que hacía, que si los dioses
le favorecían y cobraba su imperio, se acordase de su mujer é
hijos que tenía y los amparase, y agradecido el Príncipe de tan
gran bien que este caballero le hacía, le dio las gracias y le
prometió de hacer todo cuanto le pedía y su lealtad merecía;
y así se salió sin que fuese conocido y aquella noche caminó á
toda priesa por la vía de TlaxccUan, y en su lugar dentro de la
jaula quedó Quetzalmazatzin; y otro día siguiente sabídolo íb-
teotzintecuhüi lo que había pasado, mandó ejecutar en él la
muerte y sentencia que contra el Príncipe tenía dada. Habiendo
estado algunos años excluso el Príncipe Nezahualcoyotzin en
Tlaxcalan con sus hijos, que eran Señores de allí; las ^ Se-
1 Aquí falta algún nombre, pues el siguiente comienza período.
2 Aquí faltan palabras para que haya sentido.
484 OBRAS HISTÓRICAS DE
ñoras Mexicanas eran sus tías y deudas muy cercanas, porque
MaÜatzihuoizin que era la Reina su madre, era hija de Hiiitzi-
lihuitzin segundo Rey de México, pidieron al tirano de merced
la vida del Príncipe su sobrino, el cual se las concedió con
tanto que no pudiese salir de la ciudad de México, y con esta
determinación enviaron á llamarle, el cual vino á la ciudad y
estuvo en ella algunos días sin salir de ella como le estaba
mandado, y después las mismas Señoras alcanzaron del tirano
que pudiese ir á la ciudad de Texcuco con restitución de las
casas y palacios de sus padres y abuelos, y algunos de los mis-
mos que eran del Príncipe, con lo cual tuvo algún más alivio
para poder tratar de su libertad y cobrar el imperio.
Había más de diez años que el tirano imperaba, cuando una
madrugada soñó un sueño que vía que una águila real le saca-
ba el corazón y se lo comía á bocados, y un tigre le despeda-
zaba los pies, y según le parecía que era el que esto le hacía
el Príncipe formándose en las figuras referidas; despertóse con
gran pena y cuidado, y luego incontinenti les hizo llamar á los
adivinos (para que) le declarasen el sueño, los cuales le res-
pondieron que significaba, el águila que comía el corazón que
el Príncipe había de recobrar su imperio y destruirle su linaje,
y el tigre que le despedazaba los pies que asimismo había el
Príncipe de destruir á fuego y sangre el reino de los Tepanecas,
y que en la ciudad de Azcajmizalco no había de quedar edificio
en ella y piedra sobre piedra; habiendo oído el tirano la decla-
ración del sueño les pidió consejo en el caso para con tiempo
remediarlo, y respondieron que no tenía otro más que ma-
tarlo, y que esto se había de hacer estando descuidado, por-
que de otra manera, no estándolo, aunque fuese con todo su
poder y á hecho pensado era imposible matarlo; luego mandó
llamar á sus tres hijos Maxtla^ layatzi, TlacayapaKzin, y des-
pués de haberles dicho sobre esto grandes cosas y que impor-
taba matar al Príncipe NczahualcoyoÜ si querían ser Señores
del imperio, y que se hallaba ya cercano á la muerte, pues ha-
bía gobernado 188 años y que á sus honras sería fuerza hallar-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 485
se en ellas, que allí con mucha seguridad le podían matar. El
año siguiente, á los principios de él, falleció, y aunque dejó
declarado por sucesor del imperio á Tayatzi su hijo menor,
ITttxtia^ que era á la sazón Señor de Coyohuacan^ hombre beli-
coso que pretendía para sí el imperio, sin embargo de lo man-
dado y determinado por su padre, luego incontinenti se hizo
jurar, en lo que se ocuparon de tal manera que aunque el pri-
mero se halló en las honras y entierro del tirano, no hubo lu-
gar de ejecutar en ello la muerte que se la tenían ordenada,
antes fué avisado en secreto de Moteczxvma Uhuicaminatzi su
primo lo que se había tratado contra él, y que así anduviese
con recato y sobre aviso. Chimalpopoca^ que á la sazón era Rey
de México y Tlacateotzin Señor de Tlatelulco^ se volvieron á
sus casas y con ellos Tayatzi^ el cual había do suceder en el
imperio, algo confuso y triste en verse sin él, y aquella noche
lo hospedó el Rey Chimalpopoca en su casa, y antes de cenar
trataron en secreto sobre el caso; Chimalpopoca le aconsejó que
edificase imas casas en la ciudad de Azcaputzalco y que en el
estreno de ellas convidase á su hermano y con cierto artificio
que pondrían en la silla y estrado del Rey le quitarían la vida
sin que lo supiese, y después de muerto luego al punto en-
traría en la sucesión del imperio. No se habló de esto tan en
secreto, porque estaba tras de un pilar un enano criado suyo
escuchando toda la plática, que luego que acabaron de hablar
se salió de palacio lo más secretamente que pudo y se fué por
la posta á la ciudad de Azcaputzalco y entró á hablar al Rey
Manila, que le fué fácil como era criado de casa, y relató al
Rey todo lo que se había tratado contra él, y habiéndolo oído
con atención, le mandó que se volviese luego á la ciudad de
México de manera que su hermano no lo echase menos, y le
encargó el secreto prometiéndole que le haría muy grandes
mercedes; luego el otro día llamó los obreros de palacio y les
mandó que en cierta parte edificasen unas casas para que en
ellas viviese su hermano Tayatzin^ que aunque le daba el Se-
ñorío de Coyohuacan le quería siempre en su corte, lo cual se
486 OBRAS HISTÓRICAS DE
puso luego en ejecución, y acabadas de edificar las casas, le
envió luego á llam^ir, y fingiendo convidarle en el estrenO'
de ellas y dárselas, le quitó la vida por los mismos filos que
había sido aconsejado por el Rey Chimalpopoca^ y aunque
para el efecto le había mandado á llamar, se excusó con decir
que estaba ocupado en un sacrificio muy solemne que ha-
cían á sus dioses. Viáto que á los Señores Mexicanos no los
podía haber á las manos para ejecutar en ellos la misma muer-
te, los envió á prender, y así fué puesto en una jaula preso y á
buen recaudo el Rey Chimalpopoca y mandó que por onzas le
diesen la comida, lo cual se puso luego en ejecución. Aunque
Tlacateoizin se entró en la laguna huyendo en una canoa, en
medio de ella le alcanzaron, y queriéndose defender le dieron
de lanzadas y lo mataron. Hecho esto sólo le restaba al Rey
tirano Maxtla para gozar sin contradicción de persona ninguna
el imperio el natural Príncipe, para lo cual dio orden con su^
sobrino Yancuiltzin^ hermano bastardo de él, ^ para que en un
convite y estando seguro le matasen. Huiízilihuitl, grande astró-
logo y ayo del Príncipe, supo esta traición y hallaba que corría
grande detrimento su persona si en este convite se hallaba, y
para librarlo de él supo que en la provincia de Otumba^ en el
pueblo de Aquatepec estaba un mancebo labrador que se pare-
cía mucho al Príncipe y él era de su misma edad (y en tal vir-
tud dispuso) fuesen por él, y teniéndole algunos días en secreto
industriándole del modo de cortesía que era usanza que tenían»
los Príncipes, no le había declarado el tiempo que era costum-
bre que entraban á prima noche á estos convites á una danza
general que se hacía, y así, llegándose el tiempo el mancebos
aunque muestras había dado, y muy descuidado del riesgo, ata-
1 ''Aquí entran las otras dos veces que le quiso matar antes de la que se si-
"gue; la primera cuando fué á visitar á su tío Chimalpopoca estando preso; la
" segunda cuando después de haber visto á su tío fué á ver al tirano y se esca-
" p<5 en el jardín, y después dio orden á los Tepanecas que iban en su scgui-
" miento, de donde nació el encargar á Yaneuiltdn^ su hermano, le matase.'^
—Esta nota del MS. del Museo no se encuentra en el del Archivo.— R.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 487
viado con vestimentas reales y sentado en el trono real, y en
su compañía los criados y dos ayos privados del Príncipe, lle-
gó Yancuiltzin su hermano para llevarlo á las fiestas y saraa
que en su casa se hacía con grande acompañamiento, y por las;
salas y patios y calle por donde había de pasar estaban uncs^
hachones de tea encendidos; el cual después de haber hecha
su cumplimiento, se fué con él á su casa, y á tres vueltas que
había dado en la danza, llegó un capitán y á traición le dio un-
golpe en la cabeza con una porra que cayó aturdido, y luega
incontinenti le cortaron la cabeza y la llevaron por la posta at
Rey Maxtlay teniéndola por la del Príncipe Nezahualcoyotzin; el
cual habiendo estado á la mira, luego que supo la muerte que
se le dio al que representaba su figura y persona, se embarcó
para la ciudad de México, y al amanecer entró á visitar á su tío
Izcoatzin^ que á la sazón era el Rey de México, y recién entra-
do y estando en la sala platicando con él, entraron ciertos men-
sajeros del Rey Maxila del mancebo dándole parte cómo era
ya muerto el Príncipe, y viéndolo allí con su tío se quedaron
espantados los mensajeros y admirados de verlo vivo, y cono-
ciendo en ellos la admiración el Príncipe les dijo que no se
cansasen en pretenderle la muerte, porque los dioses le habían
liecho inmortal. Con esta nueva fueron á su Rey, el cual muy
indignado juntó un ejército de gente de guerra que envió á la
ciudad de Texcuco, en donde sabía estaba ya el Príncipe de
vuelta, y mandó á cuatro capitanes que iban acaudillando el
ejército con toda brevedad entrasen en la ciudad de Texcuco
y repartiesen por toda ella la gente, para que tomadas las ca-
lles y entradas de ella ellos entraran á donde quiera que estu-
viera el Príncipe y lo mataran, lo cual pusieron luego en eje-
cución, aunque tuvo aviso el Príncipe de lo tratado y puso
alguna gente para que estuviese á la mira de lo que sucediese,
y á la hora que supo podrían llegar los contrarios se puso con
ciertos señores á jugar á la pelota por venir los dichos soldados,
los cuales llegados que fueron con estos capitanes, salióles á
recibir y los aposentó en una sala que estaba en donde tenia
488 OBRAS HISTÓRICAS DE
SU estrado y asiento, y les mandó regalar, y estando ellos des-
cuidados se salió por un agujero que tenia hecho para el efecto
detrás de la silla y asiento donde ellos estaban sentados, que
fué consejo de su tío Chimalpopoca que poco antes de su muer-
te le había dado; y hallándose burlados los capitanes salieron
por toda la ciudad buscándole, y habiendo escapado muchas
veces de sus manos fué á parar en un lugar de la provincia de
Tlaxcala, en donde juntó su ejército que ya lo tenían prevenido
algunos días antes los Señores de Tlaxcala en su favor, y Htie-
xotzinco, Choluln y los de ZacaÜan^ Tutepec y otras partes, y asi-
mismo tuvo socorro de gente de la provincia de Choleo por
medio de una Señora llamada Atotoztzin^ hermana de Huilzüi'
huUl el ayo del Príncipe, que era mujer de Totc^dntecuhtli^ y á
muy pocas jornadas entró en las tierras de la ciudad de Tex-
cuco y á fuego y sangre ganó las dos cabeceras que el tirano
Tezozormc había hecho, y en su defensa murieron sus nietos
que había hecho Reyes de ellas, y los más pueblos y lugares
se contentó con saquearlos y matar tan solamente los que se
defendieron; y ganado todo el reino y hechas grandes merce-
des á los que le ayudaron, los despidió cargados de despojos
para que se pudiesen volver á sus provincias los que quisiesen,
que para el año siguiente los aguardaba con el mismo socorro
para ir sobre el tirano MaxÜa y los demás sus consortes: for-
taleció su ciudad y puso sus fronteras contra los tiranos Tepa-
necas y Mexicanos é hizo su Capitán general á Itlacauhtún
Señor de Iluexutla; y estando ocupado en las cosas necesarias
y referidas, 3Iavf/n no se descuidaba en hacer gente así para
defenderse como para ofender al Príncipe, aunque por otra
parte los Mexicanos, que eran sus principales aliados, habían
negádole la obediencia por sus tiranías y crueldades, y haber -
les muerto sus Señores y querido forzar á la Reina mujer
legítima del Rey Izcoatzin^ sólo á fm de menospreciarlos; los
Mexicanos, viéndose entre dos enemigos entraron en consejo
de lo que debían hacer: entre ellos fué acordado que convenía
á su quietud y libertad ganar la voluntad del Príncipe Neza-
DüN FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 489
hiudcoyotl, que ya la fortuna le había empezado á favorecer, y
aunque se hallaban culpantes en la tiranía de lezozomoc envia-
ron embajadores á Nezahualeoyoizin^ disculpándose lo mejor
que pudieron, pidiéndole perdón y que con toda brevedad los
favoreciese con su gente, porque el tirano los tenía muy opri-
midos y arruinados en su ciudad, que ellos ayudarían á reco-
brar su imperio, teniendo obligación grande á la nobleza Me-
xicana, pues descendía de ella: fueron sus embajadores Moieczu-
maízi Ilhukamina^ primo hermano y muy querido del Príncipe,
Totopilatzin y otro caballero; lo más secretamente que pudieron
salieron de la ciudad para la de Texcuco, y á las fronteras de
Calhiuican fueron presos por los soldados Aculhuas que asis-
tían en ellas, y conociendo ser deudos del Príncipe no los ma-
taron y se los llevaron presos á buen recaudo, y llegados que
fueron á su presencia dieron razón de su embajada, y aunque
se holgó infinito de ver á su primo y á los otros caballeros
le pesó mucho saber la aflicción en que los Mexicanos esta-
ban, y para poderlos favorecer con la brevedad que pedían des-
pachó luego incontinenti á la provincia de Choleo que era la
gente más cercana de donde esperaba socorro, á su hermano
Quauhtkhuanitzin con su primo Moteczama y TotopUatzin á pe-
dirle socorro para el tiempo que la necesidad les obligaba, y á
otros dos hermanos suyos envió con ellos á llamar á Itlacauh-
izin el capitán general que andaba haciendo §ente y apercibién-
dose para la jornada que estaba tratada. Esta embajada no so-
nó bien á los oídos de los chalcas ni del capitán general de los
Aculhuas^ porque aborrecían infinito á los Mexicanos por las
insolencias y crueldades que con ellos habían usado y estaban
en gracia del tirano Rey de los tepanecas, y así el supremo Se-
ñor de la provincia de Choleo^ ToteocinteciUli mandó prender y
poner á buen recaudo á los embajadores, el cual mandó hacer
pedazos á los dos hermanos del príncipe, porque más querían
tener la amistad de MaxÜa que no favorecer á los Mexicanos,
y que su Intento no era otro sino destruir á los Mexicanos y
Tepanecas y no hacer amistad con ellos. QuahÜehuanUzin Motee-
490 OBRAS HISTÓRICAS DE
zuma Y Totopilatzín aquella noche se escaparon de las manos de
ToteoicintecuUi por medio de un caballero llamado Qtiateotzi que
era uno de los dos Señores del pueblo de Tiatmanalco y yerno
suyo, de manera que aunque quiso ganar gracia con Maxtla, es-
taba tan indignado contra él por el ayuda que dio á Nezahxmlco-
yotlen recobrar su reino, le respondió que hiciese lo que quisie-
se de los presos amenazándole que le había de destruir su pro-
vincia á fuego y sangre. En el ínterin que esto pasaba, viendo
Ncmhuolcoyotzin en el aprieto que estaban los Mexicanos, jun-
tó la gente que le quiso seguir y por agua y tierra fueron mar-
chando con ella la vuelta de México, aunque al embarcarse le
dio á espaldas el general Itlacaxüxtzln con los demás amotinados
que apellidaban el nombre tepaneco, Nezahuahoyotzin se fué
entrando por la laguna dentro lo mejor que pudo disimulando
la desvergüenza de su general y remitiendo la venganza para
otro tiempo más oportuno; llegado que fué á México juntaron
sus gentes Nczahxialcoyotzin^ Itzcoatnn^ su tío Moteczumaizin ^
y repartiendo en tres partes su- ejército, tomó para sí Neza-
hualcoyotl la parte de Tenayucan poniendo sus gentes en las
haldas del cerro Quauiepcc: después de haber echado de los
arrabales de la ciudad de México á los Tepanecas, sitiaron la
ciudad de AzmpxUzalco^ y aunque se defendieron ciento y quin-
ce días al cabo de ellos los vencieron y mataron á todos los
ciudadanos y á los que estaban en su defensa, no dejando pie-
dra sobre piedra la asolaron. El Rey MaxÜa se salvó escon-
dido en un baño que tenía en un jardín y le sacaron de él, y
habiéndolo puesto en un cadalso que estaba en medio de la
plaza, le sacaron el corazón y derramó su sangre por la plaza,
y mandó que por ignominia de aquella ciudad desde aquel
tiempo en adelante fuese lugar y feria en donde se vendiesen
esclavos; y habiendo él y su tío el Rey Itzcoatzin y su primo
Moteczuma sojuzgado el Señorío y reino de los Tepanecos acor-
1 "Aquí á esta ocasión llegó el socorro de Tlaxeala y HuexoUinco , que ve-
nían personalmente Xú;o¿enca¿¿, Tonalxuchiü y Xayaeamachan y Temayahui^
izin^ acaudillando sus gentes."— (Nota del original del Museo.)
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHrrL. 491
daron de dar la imvestidura de Rey á Totoquihuatzi, Señor de
Tacuba que era descendiente de los Reyes de Azcapuizalco
porque de todo punto no se perdiese la memoria de ellos, y
porque Totoquihuatzi fué siempre favorecedor aunque de se-
creto de las causas de Nezahualcoyoizin y de los Señores Mexi- •
canos: asimismo sojuzgaron las tierras y provincias de los Se-
ñores que seguían el bando de los Tepanecas^ "y las tierras fue-
ron Coyohtmean, XocMmilco, Mitiahtuic, Mizque^ QuauhtiÜanj
Tepozotlan y los pueblos de los Otomtes'' ^ y luego fué sobre la
ciudad y reino de Texcuco y asoló á todos los lugares alzados
á fuego y sangre, aunque los más de los Señores sus vasallos
que habían tomado armas contra él y sido en favor de los Re-
yes tiranos desampararon sus tierras y se fueron huyendo alas
provincias de Chaho^ Tlaxcala, Huexotzínco; y aunque el prín-
cipe después de haber sojuzgado todos sus reinos y patrimonio
les hizo perdón general y los envió á llamar dándoles su pala-
bra de que los restituiría en sus Señoríos, no quisieron volver
en aquella sazón conociéndose ser dignos de gran castigo, mas
de tan solamente enviar á sus hijos, y disculpándose lo mejor
que pudieron, aunque los más de ellos después de haber pa-
sado algún tiempo de por medio se volvieron, los cuales ellos
y sus hijos fueron bien recibidos, sin que jamás el Príncipe les
trajese á la memoria su rebeldía, y después entre él y su tío el
Rey Itzcoatzin repartieron la tierra que hastíen aquella sazón
estaba ganada en este modo: Que desde el cerro llamado Que-
xamati que está en términos de la provincia de Choleo y pue-
blo de OuiÜahuac corriendo por medio de la laguna grande
hasta el término de Aeulhuacan y de allí al cerro de Xoloc ca-
minando siempre hacia el Norte hasta la sierra de Tototepeo
echaron una línea y mojonera, quedando la parte del Ponien-
te por de el Rey de México y con alguna parte del de Tacuba
especialmente los lugares que habían sido del patrimonio de
los Reyes de Azcapuizalco^ y la que caía á la parte del Oriente
1 Todo lo comprendido en las señales falta en el MS. del Archivo, proba-
blemente por pereza del copiante. — B.
492 OBRAS HISTÓRICAS DE
por de el Rey Kezahualcoyotzin, el cual fué jurado en la ciudad
de México en la sucesión del imperio juntamente con su tío
Itzooaizin y Totoquihuatzin de Tacuba, que fué á los cuatro años
después de la destrucción de Azcaptdzalco; y desde este tiempo
• quedó capitulado entre ellos que todas las provincias que esta-
ban por sujetar, todos tres de mancomún las habían de reco-
brar y ganar, y que las rentas y su aprovechamiento de ellas
se había de repartir en este modo, el de Texcuco y el de Mé-
xico por iguales partes y el de Tacuba una parte que sería co-
mo la quinta, y asimismo por el bien que recibió de los deudos
de los Señores de Tlaxcála y Huexotzinco les alargó sus tierras
capitulando entre ellos que desde aquel tiempo en adelante se
ayudarían y favorecerían los unos y los otros, aunque después
se trató entre ellos que para el ejercicio militar y sacrificios de
sus dioses hicieran en ciertos tiempos del año guerra en cier-
tos campos que para el efecto fueron señalados sin salir de
allí ni exceder de los límites: en esta ocasión fué con ejército
Nezahualcoyoizin contra los de la provincia de Tulantzinco y los
demás de la sierra que no se habían reducido y eran pertene-
cientes á su partido, hasta llegar á las tierras de la provincia de
Panuco de los Guextecas, y en compañía del Rey Moteczumatzin
que ya á esta sazón lo era de México por muerte de Itzcoaizin
su tío, y Totoqxdhuatzin de Tacuba, fueron con sus gentes contra
las provincias de CoayxÜahuacan Tlachiquiatchco^ Cozamaloa-
pan^ Qimuktochco^ Guetldchtían y otras provincias las cuales las
sujetaron á su imperio, y mandó según y como ellos tenían tra-
tado: saliendo el Rey NezahxLalcoyotzin á esta sazón á caza en los
jardines y casas de placer que tenía en la laguna, á desenfadar-
se de ciertos enojos y cuidados que le daban pena, fué acaso á
parar en el pueblo de Tepechpan cuyo Señor se decía Qiwz-
quauktzin^ el cual recibiendo al Rey en sus palacios le hospedó
y regaló, y para su mayor regalo le sirvió en la mesa Tenanca-
cihuaizi^ ^ esposa que había de ser de Quaquauhtzi y prima her-
1 En c^ta Relación muchas veces usa el autor como terminación reveren-
cial la silaba tzi, en lugar de la partícula tzin.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 493
mana del Rey que la criaba para el efecto, hija del Infante Te-
mictzi de México, su tío, lo cual fué para su daño porque el Rey
se enamoró de ella y sin dar á sentir á persona alguna en pa-
lacio dio orden de quitarle la vida á este Señor, enviándole á la
provincia de Tlaxcala por cautivos para el sacrificio de su&.
Dioses, y de secreto les envió á decir á los Señores de Tlax-
cala lo matasen de manera que no pudiese escapar, porque le
quería dar esta muerte honrosa por ciertos delitos que fingió
había cometido; y á los capitanes de quien el Rey se fiaba mu-
cho que iban con él, les mandó que lo pusiesen en lo más pe-
ligroso de la batalla de manera que no escapase con la vida,
como en efecto sucedió así, y aunque este Señor reconoció su
daño, fué á recibir la muerte: ^ muerto que fué, el Rey de secre-
to y por medio de cierta vieja que tenía entrada en casa de es-
te Señor comunicó con ella sus intentos cómo la quería por
esposa, y ganando su voluntad mandó hacer una calzada des-
de el pueblo de Tepechpa hasta el bosque de Teíepdzinco en la
laguna, para en ella traer ciertas peñas que estaban en una lo-
ma del cerro de Chicuhnauhtecatl en donde fueron puestos los
dos Infantes sus hermanos que el tirano de Tezozomoc mandd
desollar, para tenerlos en memoria. Y pasando por allí las pe-
ñas, esta Señora, con ocasión de querer ver donde se ponían,
fué hacia ellos, que estando el Rey en un mirador, que todo
fué hecho pensado, preguntó por ella como que se admiraba
del acompañamiento que llevaba y en parte tan fuera de pro-
pósito, sabiendo quien era la mandó llevar á palacio y dentra
de pocos días se casó con ella y fué jurada por Reyna de Texcu-
co en la cual tuvo al príncipe Tezauhpilzintli que mandó matar
por haber quebrantado cierta ley, y otros dos hijos; últimamen-
te tuvo en ella á NezahualpiUzinili ^ que le sucedió en el Reyno, y
1 £n las otras Kelaciones no pone Ixtlilxochitl este suceso, sin duda por-
que es deshonroso para la memoria de Nezahualcoyotl; pero de él no se puede
dudar, porque está confirmado por otros cronistas.
2 Bn el original está escrito Necahualpiltzintli, y varias veces se ve en él la
sílaba ca por za, sin duda porque el copiante olvidó poner la cedilla.
194 OBRAS HISTÓRICAS DE
fué de esta manera; que estando falto de legítimo sucesor y no
pudiendo sojuzgar la provincia de Choleo y que la tenía como
dicen á la puerta y habiendo sojuzgado todas las provincias
comarcanas á ella, se estaban muy rebeldes y le habían muer-
to dos hijos suyos, y otros dos de Axayacaiún que á esta sa-
zón era Rey de México, que les servían de noche en sus sa-
raos de candeleros. ^ Los sátrapas y sacerdotes de sus ídolos
le aconsejaron que para alcanzar victoria contra estos sus ene-
migos, y tener luego legítimo sucesor, convenía les hiciese á
sus Dioses grandes sacrificios de hombres, y aunque fué siem-
pre muy contrario de este parecer hubo de sacrificarlos, y vien-
do el poco fruto que hubo do este sacrificio sino que antes iban
las cosas de mal en peor se retrajo á su bosque de TexculzinGo
en donde estuvo ayunando cuarenta días pidiendo con mucha
humildad y lágrimas al Criador de todas las cosas á quien llamó
Tloquenahuaque que le sería ^ muy en contra de sus enemigos
los de Chalco, y hizo una lástima muy grande, y ofreciéndole
sacrificio de incienso y mirra á la media noche, al medio día y
al salir el sol, y parece al cabo de los cuales estando en otra
ocasión con el sacrificio referido pidiendo al Criador con mu-
chas lágrimas lo referido, que era á la media noche, en esta
demanda Iztapalatzi, uno de sus criados de cámara, oyó una
voz que de la parte de afuera le llamaba por su nombre, y sa-
hendo á ver quién era, halló que cerca de allí estaba parado
un mancebo de aspecto grave y refulgente y le dijo que no
temiese, que le dijese al Rey su Señor que al día siguiente cer-
oa del medio día su hijo el Infante AxoqrierUzi ganaría la bata-
lla y sojuzgaría la provincia, y que la Reyna pariría un hijo
que sería muy prudente y sabio, quien le sucedería en el Rey-
no, y luego se desapareció la visión, y entrando con recato á
ver al Rey por entender que estaría durmiendo, le halló estaba
1 Que una cautiva natural de Texcuco una noche los escapó y trajo hasta
entregárselos á Nezahualcoyotzin. — (Nota del original del Museo.)
2 Supongo quo el autor quiso decir: que lo fuera.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 495
en oración y sacrificio de incienso y mirra como está referido,
y dándole cuenta y razón de lo que había visto, el Rey mandó
llamar á uno de sus guardas á quien mandó poner en una jau-
la muy fuerte á Itzapalotún ^ por parecerle embuste lo que ha-
bía dicho para castigarlo si salía incierto. Aquella madrugada
Axoquentzin con otros mancebos de la ciudad se salió para el
<;ampo de los Chalcas para ver á sus hermanos que los echaba
menos por el largo tiempo que ya estaban en la batalla ocupa-
dos, y al tiempo que se llegó á sus hermanos que se sentaban
á almorzar, para salir luego á escaramusear con los enemigos,
que á esta sazón hacían lo mismo los Chalcas. Asistían en esta
hatalla Ichaiülatoaizin AcapipioUzin y Xuckiquetzaltún ^ sus her-
manos mayores, hijos naturales del Bey, ^ y viéndole Acapipiol-
tzin se holgó mucho y le llamó se sentase con ellos á la mesa
á almorzar, de lo cual IcftanÜatoatzin se indignó mucho y dijo
que aquella mesa no era para muchachos sino para hombres
como ellos eran, que cuando el muchacho hubiese hecho otras
tantas hazañas como ellos, entonces sería digno de tal puesto
y que mejor estaría en el regazo de la ama que lo había cria-
do entre mujeres, vituperándole con estas y otras semejantes
razones, rempujándolo de allí. El mancebo se fué muy corri-
do á la sala de armas y allí tomó una rodela y una macana
que mejor le pareció, y entrando desesperadamente entre los
enemigos se fué derecho á la tienda en donde estaba Teo-
izUeeutli ^ sentado en un trono, el cual aunque estaba ya ciego,
desde allí gobernaba toda la batalla, y tenía en su cuello un co-
llar de oro, y en él engastados corazones humanos de Señores
humanos que habían muerto en guerras, y luego incontinenti
embistió con él y de los cabellos lo trajo arrastrando con la una
1 Antes lo llama Iztapalatzi.
2 En nota anterior del MS., en la impresión en la página 326, refiriéndose
á Xochiquetzaltzin, se dice que es nombre de mujer; per el presente pasaje no
deja duda de que era un varón.
3 Esta importante circunstancia Fe omitió en la 11^ Kelacion.— U
4 Toteocintecuhtli
496 OBRAS HISTÓRICAS DE
mano y con la otra defendiéndose de sus enemigos, que ya á
esta sazón habían llegado los soldados más fuertes del ejército
texcucano que habían estado á la mira para favorecerle, y con
este sobresalto tan súbito se alteraron todos, y se trabó una
muy reñida batalla aunque duró muy poco porque los Chalcas
echando de menos á su Señor y á los más principales caudi-
llos de su ejército, en especial dos yernos que ToteotzüechUi ^ te-
nía, que el uno de ellos fué prisionero de AcapipioÜzin y el otro
de Xochiquetzaltzin, y luego entraron por la provincia saqueando
todos los lugares y mataron á los que se defendieron hasta sojuz-
garla toda, aunque luego reconociesen la victoria de Axoquenlzi.
Despacharon por la posta al Rey para darle aviso de lo que su-
cedía, y el correo llegó al bosque poco después de medio día
á darle nueva al Rey, el cual se holgó mucho é infinito y man-
dó soltar á IztapaUzi, que lo tenía enjaulado, y le hizo grandes
mercedes y se partió luego á la ciudad, en donde hizo hacer
muy grandes fiestas. En la parte en donde tenía los templos
de los ídolos, que era dentro de unos grandes palacios que edi-
ficó, que fueron los mayores que hubo en esta tierra, hizo
edificar una torre de nueve sobrados en memoria de los nueve
cielos que alcanzaba por su ciencia, y encima un chapitel con
tres puentes que hacían de décimo sobrado, que por la parte
de afuera estaba obscuro aunque estrellado, y por la de aden-
tro todo engastado con oro y piedras preciosas y plumas ricas,
que dedicó al sumo Creador y Dios no conocido, á quien en su
alabanza compuso sesenta y tantos cantos de mucha morali-
dad; y asimismo en el discurso de su reinado estableció ochen-
ta leyes que eran las que se guardaban entre los naturales al
tiempo y cuando vinieron á esta tierra nuestros Españoles:
puso los Consejos de ciencia, música y guerra, y de Audiencias
de civil y criminal, en donde asistían jueces cada uno en sus
facultades, con sus presidentes, y el Consejo Real donde asis-
tían diez y nueve grandes de su reino y él presidía, en cuyo
1 Sigue el autor variando constantemente este nombre.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLTLXOCHITL. 497
tribunal había dos estrados que estaban á los dos lados de un
fogón grande que siempre tenía fuego, que el uno de ellos es-
taba á la parte derecha y más alto que el otro y mejor y más
grave ornato, que se decía Tribunal de Dios, y en él estaba
un sitial que tenía una calavera y encima puesta una esmeral-
da piramidal que en ella estaba marcado un pabellón de plu-
mería rica y costosa que se decía Tecílotí^ y asimismo estaba
en este tribunal una flecha de oro con su punta de esmeralda
que servía de cetro, y tres tiaras, una de plumería, otra de pe-
drería engastada en oro y otra de pelo de conejo y algodón de
varios colores tejido; en este tribunal se sentaba el Rey cuando
se ofrecían cosas graves y cuando sentenciaba á muerte á algu-
nos; en el lado izquierdo del fogón estaba otro tribunal menos
grande que llamaban del Rey, en donde estaba y asistía de or-
dinario; y finalmente puso su corte y todo el reino en gran po-
licía: tuvo ciertas guerras en compañía de otros dos Señores
supremos Señores del Imperio que á esta sazón eran Axaya-
catzin de México y Chimalpopocatzin de Tacuha}
En el mismo año de la conquista de Choleo nació el Príncipe
Nezahualpiltzirúli habido en la Reina Tendcazitatzin ^; y estando
Nezahualcoyotzin ya muy viejo mandó llamar los artífices para
que le retratasen su figura porque en los tiempos ^ pudiesen
verlo sus descendientes: de todos los retratos que cada uno en
su familia hizo, el que estaba esculpido en una peña del bos-
que de TexGutzinco sólo le cuadró, porque dijo que el de oro y
piedras preciosas con la codicia habían de faltar, y el de ma-
dera se había de carcomer, y el de pintura y plumería se había
de deshacer y borrar; y estando cercano á la muerte, una ma-
ñana mandó traer al Príncipe que era á la sazón de siete años,
y tomándole en sus brazos le cubrió con la vestimenta real
que tenía puesta y mandó entrar á los embajadores de los Re-
yes de México y Tacuba que asistían en su corte, que fuera de
1 Aquí termina la Relación publicada en la colección de Kingsborough.
2 Antes la llama Tenancacihuatz.
8 Aquí falta: venideros.
Tomo 1—32
498 OBRAS HISTÓRICAS DE
allí en una sala estaban aguardando para darle los buenos días,
y habiéndolos dado y salido fuera, descubrió al niño y puesto
en pie le mandó relatase lo que los embajadores le habían
dicho y lo que él les había respondido, y el niño sin faltar pa-
labra hizo la relación con mucha cortesía y donaire y habló con
los Infantes IchanUaioatzin, AcapipioUzin, Xv£ZÍqu€tzaUzin^ He-
cauhuetzín sus hijos naturales que estaban allí y eran presiden-
tes de los Consejos, y les dijo: veis aquí á vuestro Príncipe y
Señor natural y aunque niño, sabio y prudente, el cual os sa-
brá mantener en paz y justicia conservándoos en vuestras dig-
nidades y señoríos, á quien obedeceréis como leales vasallos,
sin exceder un punto de su voluntad. Yo me hallo muy cerca-
no á la muerte, y fallecido que sea, en lugar de tristes ende-
chas cantaréis alegres canciones, mostrando en vuestros áni-
mos valor y esfuerzo, para que las naciones que hemos sujetado
y puesto bajo de nuestro imperio, no hallen flaqueza de ánimo
en vuestras personas, sino que entiendan que cada uno de
vosotros es solo competente para tenerlos sujetos, y habiendo
dicho estas y otras palabras habló con AcapipioUzin^ y le dijo:
de hoy en adelante harás el oficio de padre del Príncipe tu
Señor, á quien doctrinarás para que viva siempre como debe,
y debajo de tu Consejo gobierne el reino, teniendo su lugar y
puesto hasta que por sí mismo pueda gobernar y mandar;
y habiéndole mandado y encargado otras cosas que en seme-
jante caso se requieren, con lágrimas de sus ojos se despidió
de todos ellos, mandándoles salir de allí, y dos porteros que
no dejasen entrar persona alguna, que luego dentro de pocas
horas le agravó el mal y falleció, que fué en el año de 1472, ^
después de haber gobernado cuarenta y dos años, y de esta ma-
nera acabó la vida el más poderoso, valeroso, valiente, sabio
y el más venturoso Príncipe y capitán que ha habido en este
Nuevo Mundo, porque contadas y consideradas bien sus exce-
lencias, virtudes y habilidades, el ánimo invencible, el esfuerzo
1 En el MS. del Archivo 1402.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 499
\ '
incomparable, las victorias que alcanzó en las batallas j' nacio-
nes que sojuzgó, los avisos y ardides que para ello usó, su mag-
nanimidad, su clemencia y liberalidad, los pensamientos tan
altos que tenía, hallarse por cierto que ninguna de las dichas
ni otras que se podrían decir de él le había hecho ventaja ca-
pitán ni Rey alguno; y que él en las más de ellas les hizo á
todos y tuvo menos flaquezas y vicios que otro olguno de sus
mayores, antes los castigó con todo cuidado y diligencia, pro-
curando siempre más el bien común que el suyo particular, y
era tan misericordioso con los pobres que no se había de sen-
tar á comer hasta que viese que los pobres que en la iglesia y
mercado, que habían vendido la miseria que traía comprándo-
selo á doblado precio de lo que podía valer para darlo á otros, ^
teniendo muy particular cuidado de la viuda y del huérfano, y
del viejo y demás gente imposibilitada, y en los años estériles
abría sus trojes para dar y repartir el sustento que para el efec-
to siempre se guardaba.
NezahualpiUzinUi aunque niño de poca edad entró en la su-
cesión del reino, y la primera cosa que hizo de que notan mu-
cho los autores, fué que su hermano Axoquenhin, el que ganó
la provincia de Choleo^ entró á pedirle mercedes por aquella
hazaña pasada, porque hasta entonces el Rey su padre no le
había hecho ninguna: oída el Rey niño la demanda de su her-
mano de que había estado muy atento, antes de que hablase
palabra Acapipioltzin su coadjutor, hizo llamar á un arquitecto
y á un pintor y á un albañil y á un carpintero, y venidos que
fueron á su presencia les mandó fuesen á Choleo^ viesen las
casas y palacios que eran de Toteocintecuhtli y cada uno de
ellos en su facultad le trajesen razón de ellas; y hecha esta di-
ligencia mandó ediñcar otras casas en la ciudad y palacios de
la misma manera para su hermano, y le hizo muy grandes
mercedes señalándole ciertos pueblos y lugares para que fuese
Señor de ellos, y desde esta ocasión para adelante gobernó y
1 La redacción de este párrafo es defectuosísima; pero igual en los MS. que
conocemos.
500 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
mandó con mucha prudencia y sagacidad, de tal manera que
á otros dejaba confusos y admirados, de tal manera que en él
se hallaba ninguna imperfección en cuarenta y cuatro años que
reinó, el cual y las dos cabezas dichas del Imperio sojuzgaron
todas las provincias que quedaron por ganar desde la mar del
Norte hasta el Sur, y desde las tierras de los Chichimecas hasta
Nieariujua^ hallándose en siete batallas campales, él personal-
mente, en donde cautivó su persona otros tantos Reyes y Se-
ñores, como fueron HnehnHzin de Huexoizinco^ Iztacquauhtzin de
Atlixco, y Nahuatzin de HuUzízapan} y otros de la costa del mar
del Norte. En esta sazón fueron Reyes de México, Tizozicatún
que sucedió á Axayacatzin^ y después de él Ahuitzoizin; muerto
que fué AhuUzotzin le sucedió el Señor Moteczuma, que hallaron
los Españoles, y en Tacuba Totoquioatzin^ segundo de este nom-
bre que sucedió á Chinmlpopoca. Casó NezahualpUizintli con
Azcaxuchitzin hija de Xoxouhchatzin Infante de México y nieto
del primer Moteczuma, en quien tuvo once hijos legítimos que
fueron Huexotzinatzin que le mandó matar porque quebrantó
cierta ley; el segundo Iztacquauhtzin, que asimismo mandó ma-
tar porque edificó unos palacios sin licencia de su padre ni ha-
ber hecho hazaña digna di* tener casa; el tercero fué Tdlama-
netzquilzin, que por ser muy pacífico no le sucedió en el reino,
aunque después vino á ser Señor de Texcuco; el cuarto fué
Cohiianacoehfzin, que fué Rey después de la muerte del Rey
Cncama su hermano, que era habido en otra Señora hermana
del Rey Moteczuma; el quinto fué IxÜUxuchitzin, que también
sucedió en el reino, que se llamó />. Femando, el que ayudó
en la conquista del Marqués del Valle con su persona y vasa-
llos; grande émulo de los Señores Mexicanos y el primero que
se bautizó, y casó con Doña Beatriz Fapantzin, por orden de la
Santa Madre Iglesia, que por estar las historias llenas de los
hechos y hazañas de todos estos Señores que se han referido,
no se prosigue más en esta relación.
1 Supongo que es Ahuitzilapan, hoy Orízaba
ERU^T^S.
8
15
. al
el
8
19
Noticia de los Pobladores
18* Relación de los Pobladores
8
19
y las acompañó
y acompañó aquella
6
12
los
las
17
21
mayordestrucción
mayor destrucción
88
22
Foioiepee
Tototepec
41
10
zenefa
cenefa
60
28
NetzahualpintzlnÜi
Netzahualpilizinili
61
28
yiociezwna
Moieczuma
76
8
otros:
otros.
77
20
Aculbuas
"Aculbuas
77
86
áél. Le
á él, le
78
24
exaltarles
exaltarlos
78
85
Resesundo
Resesvindo
94
21
Cihuaexochi
(yihunxochv
96
16
Tloltzin
Tloizin
104
15
TloUzin
Tlotzin
108
26
Tloltzin
Tloizin
114
80
sublimándose
sublimándole-
125
32
puebios
pueblos
127
29
designa.
designan.
142
84
XiuhtMuhtlan
Xiuhnautlan.
149
21
T po ñecas
Tepanecns
158
21
Xnptichco
Axnpiichco
180
83
gerundio;
gerundio
231
8
antes
antes
246
83
sí
sí—
502
OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHILT.
Pío.
Lív.
DlCB
Líau.
265
80
volvía
volvía
267
21
en una
de una
267
22
hacia
hacia
321
19
consintieran
consentirían
858
28
ques
que
874
83
Tlcochcalco
el Tlacochcalco
887
16
repitió
replicó
895
82
cuan
ettau
447 •
22
á la vuelta de la otra foja
en esta Relación
461
88
e aborado
elaborado
464
88
desaparecerían
desaparecerían
470
8
xicalameas
xicalancas
470
27
lluvias
lluvias
472
34
en
con
479
7
Tlaltelulco
Tlatelulco
480.
22
elúdanos
ciudadanos
DE LAS MATERIAS CONTEI^IDAS EN ESTE YOLÜMEN.
Introducción ► 8
Sumaria Kelueión de todas las cosas que han sucedido en la ^ueva
España, y de muchas cosas que los Tultecas alcanzaron 11
Relación Primera. De la Creación del Mundo y origen de los indios 11
Apéndice:
Primera Relación de Los Pobladores. Las Naciones Pobladoras^^... 15
Segunda Relación de los Pobladores. l>e los Gigantes „ 17
Relación Sucinta. (Fragmento de la Primera Relación) 18
Historia Ghicbimeca. Cap. 1 ^ 18
Relación Segunda. De la Historia de los Tultecas ^ 23
Apéndice:
Historia Chichimeca. Cap. II 27
Relación Tercera. De la fundación de Tula, y de los Keyes que tuyo 29
Apéndice:
Tercera Relación de los Pobladores. De los Tultecas (Extracto) M
Relación Sucinta. Fragmento de la Primera Relación ».... 84
Historia Chichimeca. Fin del cap. II 84
Relación Cuarta. De la vida de las Reyes Tultecas 87
Relación Quinta. De los Reyes Tultecas y de su destrucción 43
Apéndice:
Tercera Relación de los Pobladores. De los Tultecas 64
Relación Sucinta. Primera Relación « 68
Sumaria Relación. (Extracto) „« « 70
Historia Chichimeca. Cap. III « 71
Orden y ceremonia para hacer un Señor 72
Historia de los Señores Chichimecas - ^.. ...... 75
504 OBRAS HISTÓRICAS DE
Fio*.
Primera Relación. De los Señorea Chichi mecas pasados del gran Chi-
chimecatl Tecuhtli Xolotl ^ 75
Segunda Relación. De la venida de Xolotl á esta tierra, cómo la pobló
y tomó posesión de ella 81
Tercera Relación. De cómo dio señoríos á los seis Señores, y venida de
los Aculhuas 93
Cuarta Relación. De Nopaltzin, y el discurso de su vida y muerte IOS
Quinta Relación. De Tlotzin y de su vida y muerte 109
Sexta Relación. De Tenancacaltzin y Acuihua, Monarcas tiranos de
esta tierra 118
Séptima Relación. De Quinatzin, 4? gran Chichiraecatl, y de su vida
y hechos, fin y muerte 123
Octava Relación. De Techotlalatzin, de su vida y hechos 186
Novena Relación. Del gran Ixtlilxuchitl Ometochtli, de su vida y he-
chos y desastrada muerte 146
Décima Relación. Del tirano Tetzotzomoc y su muerte, y peregrina-
ciones del Príncipe Nezahualcoyotzin 171
Undécima Relación. De las cosas que hizo el tirano Maxtla, y lo que
le sucedió al Príncipe Nezahualcoyotzin 197
Duodécima Relación. (Continuación de la Historia de México.) De las
victorias y prósperos sucesos de Nezahualcoyotl hasta la restaura-
ción de la monarquía Texcuoana y muerte del tirano Maxtla... 221
Ordenanzas de Nezahualcoyotzin 287
Fragmentos:
1? Guerra de Chalco y sucesos posteriores hasta la muerte del Key
Nezahualcoyotzin 241
2? Noticias de Nezahualpilli 266
8? Notas cronológicas 267
4? Pintura de México 268
Noticias de loe Pobladores. (Continuación) 268
Relación Cuarta. De los antiguos Reyes Monarcas Chithimecos 263
Apéndice. Relación Sucinta. (Extracto de la Searunda Relación) 264
Relación Quinta. Del Rey Xolotl, tercer poblador 267
Apéndice:
Relación Sucinta. (Extracto de la Tercera Relación) 276
Relación Sucinta. (Extracto de la Cuarta Relación) *. 276
Relación Sexta. Del Rey Nopaltzin, 2? gran Chichimecatl Tecuhtli 279
Apéndice. Relación Sucinta (Extracto de la Quinta Kelación) 279
Relación Séptima. De Tlotzin, 8"- gran Chichimecatl ., 281
Apéndice. Relación Sucinta. (Extracto de la Sexta Relación) 284
Relación Octava. De Quinatzin, 4? gran Chichimecatl 287
Apéndice. Relación Sucinta. (Extracto de la Séptima Relación) 290
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHrTL. 505
PiOfl.
Relación Novena. De Techotlalatzin, 6? gran Chichimecntl 298
Apéndice. Relación Sucinta. (Extracto déla Octava Relación) 296
Relación Décima. De Ixtlilxuchitl, 6? gran Chichimecatl 299
Apéndice. Relación Sucinta. (Extracto de la Novena Relación) 808
Relación Undécima. Del gran Nezahualcoyotzin, 7? gran Chichime-
catl Tecuhtli 809
Apéndice. Relación Sucinta. (Extracto de la Novena y Décima Rela-
ciones) 828
Relación Duodécima. Del Rey Nezahualpiltzintli, 8? gran Chichime-
catl Tecuhtli 829
Apéndice. Relación Sucinta. (Extracto de la Undécima Relación) 882
Relación Decimatercera. De la Venida de los Españoles, y principio
de la ley Evangélica 885
La Venida de los Españoles á esta Nueva España 487
Entrada de los Españoles á Texcuco 442
Apéndice. Relación Sucinta. (Continuación de la Undécima Relación). 447
Rama y descendencia de los Señores de México 447
Relación de los demás Señores de la Nueva España de la casa y descen-
dencia del gran Xolotl 468
Relación del origen de los Xuchimilcas 455
Tronco de las Naciones Americanas 457
Relación Sucinta. (Final de la Undécima Relación) 458
Testimonio que dan el Gobernador, Alcaldes y Regidores del pueblo de
Cuatlacinco, aprobando esta Historia 459
Sumaria Relación de la Historia general de esta Nueva España •• 469
Tomo 1—88
T^BIjJL
DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN ESTE TOLUMEN SEQUN SE ENCUENTRAN
DISPUESTAS EN EL TOMO IV
DE LA COLECCIÓN DE MSS. DEL ABCHITO GENEBAL.
Sumaria Rklaciok xtc. de los Tultecas.
de
KiogsboroBfh.
Fojas. Tomo IX.
Relación Primera. — Creación del Mundo y origen de los
Indios 1 321
Relación Segunda. — Historia de los Tu llecas 5 323
Relación Tercera.— Fundación de Tula y sus Reyes « 11 324
Relación Cuarta.— Vida de los Reyes Tultecas 17 326
Relación Quinta. — Reyes Tultecas y su destrucción 22 32B
Historia de los Señores Chichimecos.
Relación Primera. — Venida de Xolotl á esta tierra 46 336
Relación Segunda.^ — Toma Xolotl posesión de la tierra..... 50 38T
Relación Cuarta. — Da señoríos á sus Señores y venida de
los Aculhuas 62 339-
Relación Quinta. — Vida y muerte de Nopaltzin'. 71 341
Relación Sexta. — Vida y muerte de Tlotzin 77 344
Relación Séptima.— Tenancacaltzin y Acolhua, Reyes tira-
no» , 80 847
1 Ta K ha advertido que en esta R«Iaoi«5n se reuoleroo las dos que en el MS. del Ardüvo tSeneo el titulo de M'
gnnda, j que en realidad soo «egiinda 7 tercera.
508
OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
KlBfsboroagb.
ReJación Octava.— Vida y muerte de Quinatzin 90 850
Relación Novena.— Vida y muerte de TechoUalatzin 100 858
Relación Décima.— El gran Ixtlilxochitl 109 866
Relación Undécima.— El tirano Tezozomoc 188 86§
Relación Duodécima. — Tiranías de Maxtla y sucesos de Ne-
zahualcoyotzin « 169 871
Ordenanzas de Nezahualcoyotzin 206 887
Orden y ceremonias para hacer á un Señor 208 888
Venida de los Españoles 209 888
Entrada de los Españoles en Texcuco 214 890
Relaciones de los Fobladoses.
Relación Primera. — Las Naciones pobladoras i 219 892
Relación Segunda.— De los Gigantes 220 892
Relación Tercera.— De los Tultecas ^ 221 892
Relació Cuarta. — De los Reyes Chichimecas 226 894
Relación Quinta.— Del Rey Xolotl, tercer poblador 226 894
Relación «exta.— Del Rey Nopaltzin « 234 897
Relación Séptima.— Tlotzin 286 898
Relación Octava.— Quinatzin 288 899
Relación Novena.— TechoUalatzin :.. 242 400
Relación Décima.— Ixtlilxochitl 245 401
Relación Undécima. — Nezahualcoyotzin 255 404
Relación Duodécima. — Nezahualpiltzintli ^ 270 409
Relación Decimatercera. — Venida de los Españoles 273 411
Testimonio del Cabildo de Quatlacinco 887 448
Trece Relaciones sucintas de la Hiistoria de Nueva Es-
paña« ^ 891 460
Sumaría Relación de la Historia general de Nueva Üspunu. 459 469
1 NotloU á9 loi p«bl»dorM 7 Nadones de mta parto de América llamada Nueva Ktpafla. (Así ea KIb(«-
borough.)
3 RdacióD SaoinU en forma de Memorial de la« Hittoria« de N. R. j tas seflorloé basta el lagreM de loe Eapafto-
lee. Raorítas por el mlnno autor. (Asi en JElncsboroof b.)
OBRAS HISTÓRICAS
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DON Fl
PlBlli'lMSÍ.DiflTJilA'fffll
ALFREDO ('TIAVERO
SESOli FRESU>E>TK CJEííERAL PORFIRIO DÍAZ
ili't {íi-iMilifi»ulvllírM 4i' Aiurfieü.
TOl^tO II
HISTORIA CHICHIMECÁ.
MÉXICO
OFICINA TIP. DE I. A fcHiirKETAHIA DE FOMENTO
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OBRAS HISTÓRICAS
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DON FERNANDO DE Mk IXTLILXOt'llITL
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ALFREDO OIIAVEKO
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del 4«*eiibf]nii«a.ri> «Ji> Amp4>»-
TOMO II
HISTORIA CHICHIMEC4,
MÉXICO
OFICINA TIP. DE LA SECBIÍTAHIA DK FOMENTO
cmít 4b S«ii Andrii lámate l§.
ífííe f ^
Cfííe
ShÉlf ^
Peabody Museum oí American ArcbsBology and Etíinology
lU CONHtCTION WITH HARVARD UNIVEBSlTY,
PRESEHTED BY
Biceiml ^^'♦'^^^ .r / r^ 5 _
OBRAS HISTÓRICAS H E C E I V E D ,
JUN 3 mó
DE
m FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL
KIUUDlSTÜIinmSHIl
ALFREDO CHAVERO
H MACB BST* BMOtóV POK ACOBBOO DBL
SEROB PRESIDENTE GENERAL PORFIRIO DÍAZ
9'
Par» prneotarl»
oomo nn homenaje de Méxloo á Crlst4$bftl Colda
en el oaarto ocoteiiAcio
del deaoubrimleote de Amirleft.
TOMO II
HISTORIA CHICHIMECA.
MÉXICO
OFICINA TIP. DE LA SECRETARIA DE FOMENTO
Oftito de 8m ÁBdHe búbm» 1».
1892
k
(N la introducción al tomo primero, manifesté
que, siguiendo la división hecha por el Sr. Ra-
mírez, se dedicaría este segundo á la parte an-
tigua de la Historia Chichimeea, y el tercero á la de
la Conquista; y que ambos tomos se completarían con
apéndices compuestos de opúsculos de otros autores.
He debido mudar de parecer por dos razones: la pri-
mera, porque no creo conveniente dividir el contexto
de la Historia Chichimeea, sino por el contrario publi-
carla tal como el autor la escribió; la segunda, porque
esta edición debe concluirse para época fija, y alargar-
la á tres tomos expondría á que no se terminara á
tiempo. Por lo mismo ya nada más se publicará este
segundo tomo con toda la Historia Chichimeea.
Habrá visto el lector, cómo en el curso de las notas
del primero, he hecho algunas rectificaciones sobre la
idea que de las obras de Ixtlilxochitl, de acuerdo con
los estudios del Sr. Ramírez, expuse en la Introduc-
ción de aquel tomo.
Hoy no se puede dudar de que la primera serie de
obras, escritas por Ixtlilxochitl y aprobadas por el Ca-
bildo de O tumba en 1608, se redujo á las cinco Reía-
OBRAS HISTÓRICAS DE
ciones de los Tultecas, las once de la Historia de los
Señores Chichimecas y las Ordenanzas de Nezahual-
coyotl, todo lo cual sacó de pinturas y cantares anti-
guos, y á la Historia larga que no es otra que las trece
Relaciones de la Noticia de los Pobladores; pues los
Padrones Reales es obra perdida. Sabemos también
que dichas obras fueron escritas en mexicano, y tradu-
cidas por el alguacil Francisco Rodríguez á quien se
encomendó su versión al castellano. Por lo tanto los
demás opúsculos y fragmentos son posteriores á dicho
año de 1608.
Posteriores son también, como hemos visto, las Re-
laciones Sucinta y Sumaria.^ La Historia Chichimeca
1 Mi opinión sobre éstas es, qne ambas fueron escritas para pre-
sentarlas oomo memoriales á los Virreyes, y acaso para que en el
mismo sentido éstos las pasaran á Espafia. Acaso las primeras
obras, sobre todo la Kelación 13* de los Pobladores, movieron el
ánimo del Yirrey, pues según Panes en el a&o de 1610 tuvo Ix-
tlilxochitl que producir información de testigos para probar su
descendencia de los Se&ores de Texouco, y entonces sin duda es-
cribió la Belación Sucinta. En efecto, como al fin de ésta se ve,
está dirigida al Yirrey, que lo era entonces D. Luis do Yelasco,
quien terminó su gobierno en Junio de 1611. Creo pues que pue-
de darse por fecha á la Relación Sucinta el mismo año de 1610
en que Ixtlilxochitl levantó la información citada. Pero como va-
rió el Yirrey, y no se habían atendido sus pretensiones, escribió
entonces con igual objeto la Sumaria Belación: esto se confirma
con la Dedicatoria, que indebidamente va al frente déla Historia
Chichimeca, porque la dirige á un Arzobispo, á quien da el tí-
tulo de Ilustrísimo Señor; y en efecto, había entrado en el Yirrei-
nato D. Fray García Guerra, y lo desempeñó del 19 de Junio de
1611 al 22 de Febrero de 1612: por lo cual debe darse por fecha á
esta Relación ol afio de 1611.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
es por lo tanto la última obra del autor; y en ella ya
buscó el hacer un trabajo metódico, y dejar una ver-
dadera crónica del antiguo señorío de Texcuco. Estu-
diante primero, narrador solicitante después, ya en es-
ta obra se convierte en historiador.
Le hablamos asignado por fecha de su terminación
el año de 1616, según ajenas opiniones; pero si re-
flexionamos en que el autor murió en 1648 y que la
obra no está terminada, pues tan sólo llega hasta los
principios del ataque de la ciudad de México, nos con-
venceremos de que fué el trabajo de los últimos años de
Ixtlilxochitl, acaso desde antes de 1610 hasta 1640 po-
co más ó menos, pues no es de suponer que el autor
siguiera estudiando y escribiendo en los últimos años de
su vida, ya cerca de los ochenta de edad. Si esto es cier-
to, esos treinta años de estudio nos explicarían la supe-
rioridad de esta Historia sobre las Relaciones. En ella
vemos, no solamente método, sino mejor redacción, y
menos descuidada la ortografía texcucana de Tos nom-
bres indígenas.
Así en la publicación de las Relaciones hemos tro-
pezado con la dificultad de que los nombres indígenas
están incorrectamente escritos, y muchas veces con va-
riantes notables; inconveniente que no hemos podido
salvar en todas ocasiones, por el respeto que se debe
al original. También se habrá notado, que no hay re-
gla para el uso de las cursivas, tanto en los nombres
indígenas y patronímicos como en los de las ciudades
y lugares. En este tomo seguiremos la ortografía tex-
cucana y no usaremos de cursivas.
El título que lleva la Historia Chichimeca no es el
OBRAS HISTÓRICAS VE
suyo original: es de suponerse que la portada que aho-
ra tiene, y que se reprodujo en la copia del Archivo,
le fué puesta por Don Carlos de Sigüenza y Góngora
primitivo poseedor de los naanuscritos de Ixtlilxochitl,
Pudiera ser su verdadero titulo el que le da Boturini
en su Catálogo, donde la llama Historia Greneral do la
Nueva España. Esto me hace creer, que la Historia
Chichi meca es solamente una parte de la obra del au-
tor. En efecto, al fin de la Relación Sucinta dice, que
la sacó de los nueve libros que estaba escribiendo de
cosas de la tierra; y esta Historia no está dividida en
libros, por lo cuaA se la debe considerar como uno de
ellos. Además, en la Relación primera de los Tulte-
cas, al hablar de la corrección del calendario hecha en
Huehuetlapallan, dice: '*como se verá en las tablas y
reglas de ellos de sus años, meses, semanas y días, sig-
nos y planetas, conforme ellos los entendieron, y otras
muchas curiosidades," Ahora bien, en lo que de la His-
toria Chichimeca conocemos, no se encuentra ese tra-
tado; y si á esto agregamos, que faltan en la obra otros
tan importantes, como los relativos á costum'bres, á la
teogonia entre ellos tan complicada y punto tan prin-
cipal, y cuanto pudiera referirse á la organización social,
cuestiones que abarcan los demás cronistas aunque de
manera imperfecta y sin método, nos convenceremos
de que la Historia Chichimeca no abraza el conjunto de
los nueve libros que el autor escribía, y que es sola-
mente una parte.
Examinemos ahora la fe que debemos dar á esta
Historia, y para ello estudiemos los elementos con que
se formó. Por documentos auténticos sabemos, que Ix-
DON FERNANDO DE ALTA IXTLTLXOCHITL.
tlilxoehitl presentó al Cabildo de Otumba las pinturas,
cantos, y otros papeles y recados de donde sacó sus
primeras obras.
El primer elemento, las pinturas jeroglificas de los
antiguos indios, es sin duda el mejor que pueda utili-
zarse en esta clase de trabajos. Sensible es que tales
pinturas no se conserven, ni siquiera se enumeren, pa-
ra que pudiésemos apreciar su importancia. Ya desde
que Pomar escribió su Relación de Texcuco en 1682,
decía qué faltaban las pinturas en que los indios tenían
sus historias, porque al tiempo que Cortés entró con los
demás conquistadores por primera vez en Texcuco, "se
las quemaron en las casas reales de Nezahualpilzintli,
en un gran aposento que era el archivo general de sus
papeles, en que estaban pintadas todas sus cosas anti-
guas." Ixtlilxochitl dice que los tlaxcaltecas que acom-
pañaban á Cortés hicieron la quema. Sea de ello lo
que fuere, siempre resulta que se destruyó el archivo
oficial de las pinturas históricas.
Agrega despuéís el mismo Pomar: ''los (jeroglíficos)
que habían quedado en poder de algunos principales,
unos de una cosa y otros de otra, los quemaron de te-
mor de D. Fr. Juan Zumárraga, primer Arzobispo de
México, porque no los atribuyese á cosas de idolatría,
porque en aquella sazón estaba acusado por idolatría,
después de ser bautizado, J). Carlos Ometochtzin, hijo
de Nezahualpilzintli, con que del todo se aeabaron y
consumieron."
La primera consecuencia que de esta cita se saca,
resulta contraria á Zumárraga. En la nota de la pági-
na 16 del primer tomo, apoyé la defensa que á este
S OBRAS HISTÓRICAS DE
respecto ha<;e de él el 8r. Icazbalceta: la cual princi-
palmente se funda en que Ixtlilxochitl fué el inventor
y primer propagador de la noticia, y que de él la to-
maron y repitieron los escritores posteriores. Pero el
hecho de que Pomar haya escrito antes de Ixtlilxochitl,
destruye la fuerz de ese argumento; y no cabe ya du-
da de que Zumárraga destruía las antiguallas, ó que
ee destruían por temor á él, pues el mismo Pomar,
cuando habla; del ídolo Tlaloc, dice adelante: "y á este
hallaron en tiempo de D. Fr. Juan Zumárraga, pri-
mer Arzobispo de México, pegado el un brazo con tres
gruesos clavos de oro y uno de cobre: que haciéndolo
pedazos por su mandado se los quitaron."
Ya resultan dos autoridades contra Zumárraga; y
puesto que en todo buscamos la verdad, debe hacerse
la correspondiente rectificación.
Sin embargo se salvaron algunos jeroglíficos, pues-
to que Ixtlilxochitl mostró en Otumba los que poseía;
y creo que de ellos fueron los mapas Tlotzin y Quina-
tzin, publicados ya en Paris. Estos mapas presentan la
ventaja de tener leyendas antiguas en mexicano, y de
éstas y de aquéllos nos aprovecharemos al anotar la
presente Historia.
La relación de los indios viejos y los cantares fueron
también fuentes de los escritos de Ixtlilxochitl. De la
primera hay que dudar algo, y el mismo autor la ci-
ta á veces con desconfianza; y además en este punto
dice Pomar: ''aun cuando hay indios viejos de más
de ochenta años de edad, no saben generalmente de
todas sus antigüedades, sino unos uno y otros otro; y
los que sabían las cosas más importantes, que eran los
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 9
sacerdotes de los ídolos y los hijos de Nezahualpiltzin-
tli, rey que fué de esta ciudad y su provincia, son ya
muertos."
Sin embargo no era este un mal recurso, pues el
mismo Pomar refiere que hizo su Relación "buscando
indios viejos y algunos inteligentes" y •'buscando can-
tares antiquísimos." Las tradiciones, pues, cuando no
pugnan con los jeroglíficos son de tomarse en conside-
ración.
Respecto de los cantares cuenta Pomar, que de ellos
fué de donde tomó más luz para escribir; y refiriéndo-
se á ellos, dice: "Esforzábanse los nobles, y aun los
plebeyos, si no eran para la guerra, para valer y ser
sabidos y componer cantos en que introducían por vía
de historia muchos sucesos prósperos y adversos, y he-
chos notables de los reyes y de personas ilustren y de
valor." Y de estos cantares tuvo Ixtlilxochitl, y Po-
mar conservó al fin de su trabajo algunos, que están
en mexicano y no han sido traducidos aún.
Los jeroglíficos señalaban los hechos culminantes
de la Historia, y conservaban la cronología; y los can-
tares guardaban los pormenores, y especialmente na-
rraban las hazañas y vidas de los señores. Pero como
obra poética mucho debieron tener de imaginación, y
entre pueblos que se disputaban la supremacía, mucho
de exagerado en el sentido del provincialisiiio.
Tenemos pues que las obras de Ixtlilxochitl mere-
cen fe; pero ellas nos dan solamente la versión texcu-
cana de la Historia. Para encontrar la verdad, y esto
procuré hacer en mi Historia Antigua, hay que com-
parar esta versión con la mexicana, conservada en to-
Tomo 11—2
10 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
do SU carácter en el Códice Ramírez, en la Crónica de
Tezozomoc y en la Historia de Duran.
Motivo de varias notas será esta comparación, que
también se hará con otros de los primeros escritores.
Además completaré, igualmente en notas, el relato de
Ixtlilxochitl, con datos sobre el estado social de Tex-
cuco, tomados de Pomar.
El Sr. Ramírez no puso notas á la Historia Chichi-
meca; pero aprovacharé de las de Torneaux las que
crea yo útiles, advirtiendo en este caso su procedencia.
Alfredo Chavero.
ADVERTENCIA DEL PADRE COLECTOR.
La Historia Chichimeca que presenta este tomo fué parto de la pluma de
D. Fernando de Alva Ixtlilxochitl. Del mismo original del puño de D. Fer-
nando ' sacó Boturini una copia que sirvió de original á otro traslado que por
el año de 1765 sacó D. Mariano Veytia, estando aún depositados los papeles
que integraban el Museo de Boturini en el oficio del Superior Gobierno. Del
ejemplar de Veytia se sacó el traslado de esta obra, á quien ñiera de su mérito
natural, puede servir de recomendación lo siguiente:
Deseoso S. M. del complemento de la Historia del origen de las gentes que
poblaron la América Septentrional, comenzada y no concluida por D. Maria-
no Veytia, dispuso en su Real orden de 21 de Febrero de 1790, se reconociese
los manuscritos, borradores y apuntamientos de este laborioso escritor, á fin de
encontrar los hechos importantes de más de un siglo que faltan en su historia.
Para dar cumplimiento á las Reales intenciones, examinamos con madura re-
flexión todos los borradores, fragmentos y memorias del difunto Veytia; pero
el éxito no correspondió á nuestros deseos, ni á la prudente esperanza de la
Corte. No hay más que algunos borradores sobre la historia del origen de los
antiguos'pobladores de esta América Septentrional, y éstos no pasan del Capí-
tulo 7? del Libro 8?
Si entre los manuBcritos de nuestra inspección hay algunos monumentos de
la antigüedad que puedan presentar copiosa luz sobre el origen de los antiguos
pobladores, son precisamente la presente Historia Chichimeca, y las Relaciones
del mismo V. Fernando de Alva comprendidas en el tomo 4? de esta colección .
A nuestro juicio ellas sólo pueden ministrar noticias capaces de suplir aquel
defecto. Tal vez á primer aspecto muchas de estas noticias parecerán indife-
rentes; pero luego descubrirá la reflexión el influjo directo é indirecto que pue-
den tener en la Historia del origen de los pobladores. Estamos firmemente
persuadidos que para empezarla disfrutó Veytia las mismas obras que reco*
mendamos para su continuación.
Certifico que esta historia se ha copiado literalmente de un ejemplar que fué
de D. Mariano Veytia. México, veintidós de Noviembre de mil setecientos no-
venta y dos. — Fr. Franciaeo García Figtteroa,
1 Por iM raioDM ttzpaMtu en las notas del primer tomo, poode dadane de que U Historia Chlehlmeoa estorlese
esoriu de paflo del antor, j de que de ese templar original la háblese copiado Boturini, como afirma el Padre Co<
lector. Pero además, el mismo Boturini nos da la rasón en sn Catálogo, página 7, donde dice: " 4. Otro Manuscrito
en papel Bnropeo del mismo Antor, sn titulo: tRUoria GtneriU dé la Ifueta B$paña. Tiene 70 capítulos, y no está
oompleta. Xs copla."
HISTORIA
DE LA
NACIÓN CHICHIMECA
8U POBUCIOH T tSTÁBUCniIIKTO M H PilS M AKilUlG,
CONOCIDO HOT POR KL RUHO DI HUEYl SPitl;
PRINCIPIO y PROGRESOS D81 PODEROSO IMPERIO TBTZCTICilO T SÜCBSIOI DE SUS MOEARCiS,
HASTl Sü DBSTRUOCIOH POR El IHGRESO DE LOS BSPitOLES QUE Ll GOHQUISTiROE.
SaCRITA POR
BON nBllAN»0 DI AITA IXTIUXOCHITI
Desoendiea te-
de Im mlsiDM Rmperadocef de Tetieuoo, y ano de lo* primeros «lamaM
del Colegio do Sant* Cruz de esta Ciudad; que mereció singular aplauso por au gran Hteratnrtí
; erodiolón; muy bicu Instruido en la Historia Antigua de este Reino, por la perfecta intcUgcnci»
que tenia de >u« JcroflIOcos y mapas bistótlooa.
Illmo. SílíORr
Desde mi adolescencia tuve siempre grande deseo do saber las cosas acaeci-
das en este Nuevo Mundo, que no fueron menos que las de los Romanos, Grie-
gos, Medos y otras Repúblicas gentílicas que tuvieron fama en el Universo^
aunque con la mudMiza de los tiempos y caída de Ioh Señoríos y Estados de
mis pasados, quedaron sepultadas sus historias; por cuya causa he conseguida
mi deseo con mucho trabajo, peregrinación y suma diligencia en juntar las
pinturas de las histovias y anales, y los cantos con que las observaban; * y sobre
todo para poderlas entender, juntando y convocando á muchos principales de
esta Nueva £spaña, los que tenían fama de conocer y saber las historias Befe-
ridas; y de todos ellos (en) dos solos hallé entera relación y conocimiento de
las pinturas y caracteres y que daban verdadero sentido á los cantos, que por
ir compuestos con sentido alegórico y adornados de metáforas y simüfitudcs,
son dificilísimos de entender; con cuya ayuda pude después con facilidad co-
nocer todas las pinturas é historias y traducir los cantos en su verdadero sen-
tido, con que he satisfecho mi deseo, siguiendo siempre la verdad^ por cuya
causa no me he querido aprovechar de las historias que tratan de esta mate-
ria, por la diversidad y confusiÓB que tienen entre sí los autores que tratan de
ellas, por las falsas rekeiones y contrarias interpretaciones que se les dieron.
Sólo me resta ahora el amparo y protección de un Príncipe tan grande como
lo es V. S. I. debajo del cual saldrá á luz mi trabajo, á quien he querido ofre-
cer y dedicar esta Relación Sumafñm de la HiHoina general de esta Nueva Es'
paña, como á quien le pertenece y viene de derecho, Y así por esto como por
la particular afición que siempre mis mayores é Yo tuvimos á las cosas de
y. S. I. me han dado ánimo para osar dedicarla á Y. S. I. á quien suplico hu-
mildemente la reciba y ampare el deseo y voluntad con que se la ofrece, cuya
vida N. S. guarde muchos años y su Estado acreciente, como sus criados
deseamos y tenemos necesidad.
1 Creo qae debe deeir eoneerv«bui.
PROLOGO AL LECTOR
Considerando la variedad y contrarios pareceres de los auto-
res que han tratado las historias de esta Nueva España, no he
querido seguir á ninguno de ellos; y así me aproveché de las
pinturas y caracteres que son con que aquéllas están escritas
y memorizadas sus historias, por haberse pintado al tiempo y
cuando sucedieron las cosas acaecidas, y de los cantos con que
las observaban ^ autores muy graves en su modo de ciencia y
facultad; pues fueron los mismos Reyes y de la gente más ilus-
tre y entendida, que siempre observaron y adquirieron la ver-
dad, y ésta con tanta cuenta y razón, cuanta pudieran tener
los más graves y fidedignos autores y históricos del mundo;
porque tenían para cada género sus escritores, unos que trata-
ban de los Anales poniendo por su orden las cosas que acae-
cían en cada un año, con día, mes y hora. Otros tenían á su
cargo las genealogías y descendencias de los Reyes y Señores
y personas de linaje, asentando por cuenta y razón los que na-
cían: y borraban los que morían, con la misma cuenta. Unos
tenían cuidado de las pinturas de los términos, límites y mojo-
1 Me parece que aquí el copista repite su equivocación, y que debe ser
conservaban.
Tomo II— 8
18 OBRAS HISTÓRICAS DE
ñeras de las ciudades, provincias, pueblos y lugares, y de las
suertes y repartimientos de tierras, cuyas eran y á quién per-
tenecían. Otros de los libros de las leyes, ritos y ceremonias
que usaban en su infidelidad; y los sacerdotes de los templos
de sus idolatrías y modo de su doctrina idolátrica, y de las fies-
tas de sus falsos dioses y calendarios. Y finalmente|los filósofos
y sabios que tenían entre ellos, estaba á su cargo pintar todas las
ciencias que sabían y alcanzaban, y enseñar de memoria todos
los cantos que observaban^ sus ciencias é historias; todo lo cual
mudó el tiempo con la caída de los Reyes y Señores, y (con)
los trabajos y persecuciones de sus descendientes y la calamidad
de sus subditos y vasallos. No tan solamente no se prosiguió
lo que era bueno y no contrario á nuestra santa fe católica,
sino que lo más de ello se quemó inadvertida é inconsiderada-
mente por orden de los primeros religiosos, que fué uño de
los primeros daños que tuvo esta Nueva España; porque en la
ciudad de Tezcuco estaban los Archivos Reales de todas las
cosas referidas, por haber sido la metrópoli de todas las cien-
cias, usos y buenas costumbres, porque los Reyes que fueron
de ella se preciaban de esto y fueron los legisladores de este
Nuevo Mundo; y de lo que escapó de los incendios y calami-
dades referidas, que guardaron mis mayores, vino á mis manos,
de donde he sacado y traducido la historia que prometo, aun-
que al presente en breve y sumaria relación, ^ alcanzada con
harto trabajo y diligencia en entender la interpretación y co-
nocimiento de las pinturas y caracteres que eran sus letras, y
la traducción de los cantos en alcanzar su verdadero sentido; la
1 Conservaban.
2 Tanto este Prólogo como la anterior Dedicatoria, se escribieron para la
Sumaria Relación, y no para la Historia Chichimeca.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL, 19
cual irá sucinta y liana, sin adorno ni ayuda de ejemplos; ni
tampoco trataré de las fábulas y ficciones que parecen en algu-
nas de sus historias, por ser cosas superfinas. Y así pido muy
encarecidamente al discreto lector supla los muchos defectos
que hubiere en mi modo de narrar, que lo que es la historia
puede estar seguro que es muy fidedigna y verdadera, y apro-
bada por tal de toda la gente principal é ilustre de esta Nueva
España.
CAPITULO I
Que trata de la creación del mundo y sus cuatro edades, que loa TUatOrieoa de esta
Nueva Espafla dieron, y fin de cada una de eUas,
Los más graves autores y históricos que hubo en la antigüe-
dad de estos naturales, se halla haber sido Quetzalcoatl el pri-
mero; y de los modernos Nezahualcoyotzin rey de Tetzcuco, y
los dos infantes de México, Itzcoatzin y Xiuhcozcatzin, hijos
del rey Huitzilihuitzin, sin otros muchos que hubo (que en
donde fuere necesario los citaré). Declaran por sus historias
que el dios TeoÜoquenaJiuaque Tkuchihualdpal nemoani ü cahua
TlaMicpaque^^ que quiere decir conforme al verdadero sentido,
el Dios universal de todas las cosas, creador de ellas y á cuya
voluntad viven todas las criaturas, Señor del cielo y de la tie-
rra, etc. el cual después de haber creado todas las cosas vi-
sibles é invisibles, creó á los primeros padres de los hombres,
de donde procedieron todos los demás; y la morada y habita-
ción que les dio fué el mundo, el cual dicen tener cuatro eda-
des. La primera que fué desde su origen, llamada por ellos
1 La creación nabua está representada en la primera pintura del Oddice
Vaticano. Allí se ve al Ometecuhtli ó Tloquenahuaque creando los cielos. To
creo que las primeras pinturas de ese Códice^ son la reproducción de parte del
Teoamoxtli, libro de los nabuas en que conservaban sus primitivas tradicio-
nes.
22 OBRAS HISTÓRICAS DE
Atonatiuh, ^ que significa sol de agua; que con sentido alegórico
significan con este vocablo, aquella primera edad del mundo ha-
ber sido acabada con el Diluvio é inundación de las aguas, con
que se ahogaron todos los hombres y perecieron todas las co-
sas creadas.
La segunda edad llamaron Tlalchitonatiuh, que significa sol
de tierra, por haberse acabado con terremotos, abriéndose la
tierra por muchas partes, sumiéndose y derrocándose sierras
y peñascos, de tal manera que perecieron casi todos los. hom-
bres, con cuya edad y tiempo fueron los gigantes que llamaron
quinametintzocuilhicxime.
La tercera edad llamaron Ecatonatiuh, que quiere decir sol
de aire, porque feneció esta edad con aire; que fué tanto y tan
recio el viento que hizo entonces, que derrocó -todos los edifi-
cios y árboles y aun deshizo las peñas, y pereció la mayor parte
de los hombres: y porque los que escaparon de esta calamidad
hallaron cantidad ^de monos que el viento debió traer de otras
partes, dijeron haberse convertido los hombres en esta espe-
cie do animales, de donde nació esta fábula tan mentada de
las Monas.
Los que poseían este Nuevo Mundo en esta tercera edad
fueron los ulmecas y xicalancas; y según por sus historias se
halla, vinieron en navios ó barcas de la parte de Oriente hasta
1 En las primeras pinturas del Códice Vaticano, están representados los
cuatro soles 6 edades. Para evitar errores, reproduzco aquí su orden y dura-
ción:
Atonatiuh 800 años.
Shecatonatiuh 810 años.
Tletonatiuh 964 años.
Tlaltonatiuh « 1416 años.
Los cuatro soles 8628 años.
Como la fecha del último sol corresponde al año de 217 antes de nuestra era,
resulta de antigüedad á la raza nahua 5768 años hasta la presente fecha.
Véase mi Historia Antigua, Lib. 1? Cap. 2?
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 23
la tierra de Potonchan/ desde donde comenzaron á poblarle; y
en las orillos del rio Atoyac, que es el que pasa entre la ciudad
de los Ángeles y Gholula, hallaron algunos de los gigantes que
habían escapado de la calamidad y consumisión de la segunda
edad; los cuales siendo gente robusta y confiados en sus fuer-
sas y mayoría de cuerpo, se señorearon de los nuevos pobla-
dores de tal manera, que los tenían tan oprimidos como si fue-
ran sus esclavos; por cuya causa los caudillos y gente principal
buscaron modos para poderse librar de esta servidumbre, y fué
en un convite que les hicieron muy solemne: después de re-
pletos y embriagados, con sus mismas armas los acabaron y
consumieron, con cuya hazaña quedaron libres y exentos de
esta sujeción y fué en aumento su señorío y mando.^
Y estando en la mayor prosperidad de él, llegó á esta tierra
un hombre á quien llamaron Quetzalcoatl y otros Huemac por
sus grandes virtudes, teniéndolo por justo, santo y bueno; en-
señándoles por obras y palabras el camino de la virtud y evi-
tándoles los vicios y pecados, dando leyes y buena doctrina; y
para refrenarles de sus deleites y deshonestidades les instituyó
el ayuno, y el primero que adoró y colocó la cruz que llama-
1 Aquí confunde el autor las emigraciones de los mecas con las de las razas
del Sur. Los pobladores que del Oriente llegaron á Potonchan, fueron los cha-
ñes, de cuya mezcla con la raza aborígene, se formó la maya-kichó. Esta raza
emigró rumbo al Norte, y fué la constructora de las pirámides, llegando en el
centro hasta Cholula y Teotihuacan. Esta raza está representada en la leyen-
da por los quinametzin, nombre que acaso pueda tener alguna relación con
el de Kitemaki, primitivo de Teotihuacan. Los quiname ó vixtoti hicieron su
invasión hacia el siglo décimo antes de la era vulgar, y hasta el año de 107 de
nuestra era bajaron del N.O. los ulmecus y los xicalancas, estableciéndose bajo
la dominación de aquellos, los ulmecas á orillas del Atoyac y los xicalancas
en la costa según unos escritores, y en Itzocan y Atlixco según otros. Más
tardo la mezcla y confusión de estas razas produjo la nonualca, á la cual en-
contraron los tol tecas señora de Teotihuacan y Cholula.
2 La leyenda de la destrucción de los quiname expresa la preponderancia de
los mecas, y la formación de la nueva raza nonualca. El origen de llamar gi-
gantes á los quiname, fué sin duda el descubrimiento de fósiles de paquider-
mos, que son muy abundantes en la región del Atoyac.
24 OBRAS HISTÓRICAS DE
ron Quiahuiteotlchicahualizleotl y otros Tonacaquahuitl, que
quiere decir: dios de las lluvias y de la salud y árbol del sus-
tento ó dte la vida. El cual habiendo predicado las cosas refe-
ridas en todas las más de las ciudades de los ulmecas y xica-
lancas, y en especial en la de Gholula, en donde asistió más, y
viendo el poco fruto que hacía con su doctrina, se volvió por
la misma parte de donde había venido, que fué por la de Orien-
te, desapareciéndose por la costa de Goatzacoalco; y al tiempo
que se iba despidiendo de estas gentes les dijo, que en los tiem-
pos venideros, en un año que se llamaría ce Acatl, volvería, y
entonces su doctrina sería recibida y sus hijos serían señores
y poseerían la tierra, y que ellos y sus descendientes pasarían
muchas calamidades y persecuciones; y otras muchas profecías
que después muy á las claras se vieron.^
Quetzalcoatl por interpretación literal, signiñca sierpe de
plumas preciosas; por sentido alegórico varón sapientísimo;
y Huemac, dicen unos que le pusieron este nombre porque im-
primió y estampó sobre una peña sus manos, como si fuera en
cera blanda, en testimonio de que se cumpliría todo lo que les
dejó dicho. Otros quieren decir que significa el de la mano gran-
de ó poderosa. El cual ido que se fué, de allí á pocos días suce-
dió la destrucción y asolamiento referido de la tercera edad
del mundo; y entonces se destruyó aquel edificio y torre tan
memorable y suntuosa de la ciudad de Gholula, que era como
otra segunda torre de Babel, que estas gentes edificaban casi
con los mismos designios, deshaciéndola el viento. Y después
los que escaparon de la consumisión de la tercera edad, en las
ruinas de ella edificaron un templo á Quetzalcoatl, á quien co-
locaron por dios del aire, por haber sido causa de su destruc-
ción el aire, entendiendo ellos que fué enviada de su mano
1 Aquí refiere el autor la leyenda de Quetzalcoatl á la época de los ulm»-
caS| mientras otros escritores la ponen en tiempo de los toltecas. Esto confirma
que esa leyenda es puramente astronómica, y representa !a aparición y desa-
parición periódica en el Oriente de la estrella de la tarde, á la cual los nahuas
llamaban Quetzalcoatl.
DON FERNANDO DE ALYA IXTLILXOCHITL. 25
esta calamidad; y le llamaron asimismo Ce Acatl que fué el nom-
bre del año de su venida. Y según parece por las historias re-
feridas y por los anales, sucedió lo uno ^ referido algunos años
después de la Encarnación de Cristo Señor nuestro; y desde
este tiempo acá entró la cuarta edad que dijeron llamarse Tle-
tonatiuc, 2 que significa sol de fuego, porque dijeron que esta
cuarta edad del mundo se ha de acabar con fuego. Era Que-
tzalcoatl hombre bien dispuesto, de aspecto grave, blanco y
barbado. Su vestuario era una túnica larga.
1 Creo que debe decir, en lugar de uno, antes.
2 Tletonatiuh.
CAPITULO II
Que traía del origen y venida de la nación tuUecaj reyes y eaudülot que tuvieron
y de sus poblaciones y caeos acaecidas en su tiempo.
En esta cuarta edad llegaron á esta tierra de Analiuac, que
se dice al presente Nueva España, la nación tulteca, los cua-
les según parece por sus historias, fueron desterrados de su
patria, y después de haber navegado y costeado diversas tierras
hasta donde es ahora la California por la mar del Sur, llega-
ron á la que llamaron Huitlapalan, ^ que es la que al presente
llaman de Cortés, que por parecer bermeja le pusieron el nom-
bre referido, en el año que llamaron ce Tecpatl, que fué en el
de 387 de la Encarnación de J. C. Y habiendo costeado la tie-
rra de Xalisco ^ y toda la costa del Sur, salieron por Huatulco y
andando por diversas tierras hasta la provincia de Tochtepec,
que cae en la costa del mar del Norte; y habiéndola andado y
ojeado, vinieron á parar en la Provincia de Tolantzinco, ^ de-
jando en los mejores lugares y puestos alguna de la gente que
traían para poblarlos. Esta nación fué la tercera que pobló es-
ta Nueva España, contando por la primera á los gigantes, y los
segundos á los ulmecas y xicalancas. Estando en el puesto de
Tolantzinco contaron 104 años que habían salido de su patria;
1 HueytlapaUan 6 Huehuetlapallan.
2 Xalixco 6 Xalizco.
8 Tollantzinco.
28 OBRAS HISTÓRICAS DE
los cuales traían siete caudillos, que por sus tiempos siempre
entre eslos siete elegían uno que los gobernaba. El 19 de estos
se llamaba Tlacomihua, aunque otros lo llaman Acatl; el 2? se
llamaba Chalchiuhmatzin; el 39 Almecatl; el 49 Coatzon; el 59
Tziuhcoatl; el 69 Tlapalhuitz; el 79 y último Huitz. ^ Los cuales
después poblaron la ciudad de Tolan, ^ que fué la cabeza de su
monarquía é imperio, por parecerles lugar conveniente y pa-
sar por el río.
Y á los siete años de su fundación eligieron rey y señor
supremo, que fué el primero que tuvieron. ^ Este se llamaba
1 Estos nombres son diferentes en las Relaciones del mismo autor. £n la
Relación Sucinta los llama: Zaca (acaso por Ce Acatl), Chalcatzin, Ecatiin,
Oohuatzo (Cohuatzon), Tzihuacohuatl, Tlapalmetzoltzin y Metzoltzin. En
las Noticias de los Pobladores los llama: Acatl, Chalcatzin, Cliecatl, Cohua-
tzon, Mazacohuatl 6 Tziuhcohuatl, Tlapalhuitz y Huitz. Estas diferencias se
deben atribuir á algunas interpretaciones diversas de los jeroglíficos, y princi-
palmente á errores de los copiantes. Haciendo las debidas correcciones, resul-
tan los siguientes nombres: Acatl, Chalcatzin, Khecatzin, Cohuatzon, Tziuh-
cohuatl, Tlapalhuitz y Huitz.
2 Tollan.
3 Esta tradición de los reyes toltecas, tal como lo trae Ixtlilxochitl, co-
rresponde á la Historia convencional, acostumbrada por nuestros antiguos
pueblos; y bastaría para comprenderlo, el período de cincuenta y dos años de
cada reinado. Tradición era sin duda, acaso conservada en cantares, pues la
recoge también Torquemada en el cap. 14 del libro 1? de su Monarqía Indiana.
Pero en contraposición, tenemos los Anales de Cuauhtitlan, que son la ex-
plicación en mexicano, hecha á raíz de la Conquista, de un jeroglífico; por lo
cual merece mayor fe, así como por la lógica histórica de los acontecimientos
que relata. Sacando con exactitud las fechas que corresponden á las mexica-
nas de aquel códice, resultan los siguientes hechos:
Los toltecas ocupan la ciudad do Mam-he-mi y la llaman Tollan en el año
674. Su gobierno fué teocrático hasta el año 700. Su primer rey fué Mixcoa-
mazatzin, y gobernó del 700 al 765. Loá dos reyes siguientes fueron Huetzin
y Totepeuh, cuyo gobierno abarcó hasta el año de 887. El cuarto íUé Ilhui-
tilmaitl, que reinó hasta 925. Se siguió la primera teocracia de los Quetzal-
coatí, y gobernó Topiltzin Quetzalcoatl hasta 947. Después reinaron: Matlac-
xochitl hasta 982; Nauhyotzin hasta 997; Matlacoatzin hasta 1025, y Tlicoa-
tzin hasta 1046. Siguió la teocracia de Huemac, en oposición á los Quetzal-
coatl, hasta 1048; y entonces se sobrepusieron éstos, y gobernó esta tercera
teocracia el segundo Quetzalcoatl, hasta 1116 fecha de la destrucción de ToUan.
. DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 29
Ghalchiuhtianetzin ó Chalchiuhtlatonac, que fué en e) año que
llaman chicóme Acatl, el cual fué en el de 510 de la Encarna-
ción. Este rey gobernó 52 años, en cuyo tiempo fueron los de
esta nación en grande aumento y trabaron parentesco y amis-
tad con los naturales que á la sazón había en la tierra, tenién-
dolos debajo de su dominio y señorío. Al cual le sucedió Tlil-
quechahuac Tlalchinoltzin, que entró á reinar en el año asi-
mismo llamado chicóme Acatl, que fué en el de 562, el cual
reinó otros tantos y murió en. el de 613 de la Encarnación, que
llaman chicuacen Tochtli, y heredóle en el imperio Huetzin
que reinó otros 52 años, por ser costumbre entre ellos reinar
de 50 en 52 años; ^ y si antes de cumplirlos moría, gobernaba
la república. Este rey Huetzin murió en el de 664, y asimis-
mo en el que llaman chicuacen Tochtli. Sucedióle después
Totepeuh, que reinó otros tantos años y murió en el año lla-
mado macuili Galli, que fué en el de 716 de la Encarnación; y
por su fin y muerte entró en la sucesión Nacazxoch, el cual
reinó otros tantos 52 años y acabó en el de 768, que también
se llamó macuili Calli, á quien heredó el imperio Tlacomihua.
Este engrandeció y amplió mucho su imperio, hizo muy gran-
des y suntuosos edificios, entre los cuales fué el templo de la
Rana, que colocó por Diosa de la Agua; el cual reinó 59 años,
pasando y excediendo el orden de sus pasados; y murió en el
año de 826, que llaman matláctloce Acatl, y por su fin y muer-
te le sucedió la Reyna Xiuhquentzin, que reinó 4 años y falle-
ció en el de ome Acatl, que fué en el de 830; á la cual sucedió
en el imperio Iztaccaltzin, padre de Topiltzin, en cuyo tiempo
se destruyó esta nación.
1 Debe ser de 52 en 62.
CAPITULO III
Que trcOa de la viday hechos de ItíaecaUzin y ZbpiZtein, ^HÜmoe mxmwrecsM de loe
tuUeccu, en cuyo tiempo se acabó eu imperio.
Habiendo sucedido Iztaccaltzin en el imperio, reinó 52 años,
que filé el tiempo que constituyeron sus antepasados; en cuyo
discurso trató amores con Quetzalxochitzin, esposa de un ca-
ballero llamado Papantzin descendiente de la casa real; y en
esta señora tuvo este rey á Topiltzin, y aunque adulterino, le
sucedió en el reyno ó imperio, que ñié en el de 882 de la En-
camación de N. S. J., que asimismo se llama ome Acatl; por
cuya causa algunos de los reyes y señores sus vasallos se le-
vantaron contra él: unos pretendiendo para si el imperio, pa-
reciéndoles ser más propincuos y dignos de él, y otros en ven-
ganza del adulterio, que fueron los más señalados Cioanacotzin,
Huetzin y Mixiotzin, reyes y señores que eran de las provin-
cias que caían en las costas del mar del Norte. Y es asi que
habiendo reinado los 52 años referidos el rey Iztaccaltzin, hi-
zo jurar á su hijo Topiltzin, hallándose en la jura algunos de
los reyes y señores que le eran amigos, como fueron Iztac-
quauhtzin y Maxtlatzin.
Luego que entró Topiltzin en la sucesión del imperio, hubo
grandes presagios de su destrucción, y se cumplieron ciertos
pronósticos y profecías que habían pronosticado sus mayores;
que fueron entre otras muchas, que cuando imperase un rey
32 OBRAS HISTÓRICAS DE
que tuviese el cabello levantado desde la frente hasta la nuca,
como á manera de penacho, en su tiempo había de acabarse
esta monarquía tulteca. Y que asimismo los conejos en este
tiempo habían de criar cuernos como venados, y el pájaro Hui-
tzitzilin criar espolón como gallipavo; todo lo cual sucedió así,
porque el rey Topiltzin tuvo el cabello como está dicho, y se
vido en el tiempo de su reinado acaecer lo referido en los co-
nejos y huitzitzilies; y acaecieron otros prodigios de que causó
grande espanto y alteración al rey, y mandó juntar á los sa-
cerdotes y adivinos para que le declarasen lo que significaba;
y habiéndole dicho ser de su destrucción según por las histo-
rias parece, mandó llamar á sus mayordomos y entregarles sus
tesoros, que eran los mayores que hubo en aquel tiempo, para
que los retirasen en la provincia de Quiahuiztlan, temiéndose
de los reyes sus contrarios: y tras de los prodigios y señales
comenzó la hambre y esterilidad de la tierra, pereciendo la
mayor parte de las gentes y consumiéndose de gorgojo y gu-
sanos los bastimentos que tenían en sus trojes , y otras muchas
calamidades y persecuciones del cielo, que parecía caer fue-
go; y fué tan grande la seca que duró 26 años, de tal manera
que se secaron los ríos y fuentes.
Y viendo los reyes sus contrarios cuan falto estaba de fuer-
zas y sustento, vinieron contra él con un poderoso ejército, y
á pocos lances le fueron ganando muchas ciudades hasta ve-
nir á apoderarse de la de Tula, cabecera del imperio; y aun-
que salieron huyendo de ella el rey Topiltzin con toda su gen-
te, á pocas jomadas les fueron dando alcance y matando, y el
primero que murió fué el rey viejo Iztacquauhtzin su padre,
y con él la dama Quetzalxochitl, que tenían ambos casi una
edad, que, según está en las historias, eran de casi de á 150
años. Y en la provincia de Totolapan alcanzaron á los dos re-
yes Iztaccalihtzin y Mautla ^ (conferados de Topiltzin), en donde
1 Antes los llama Iztacquauhtzin y Maxtla. Este sin duda es error del co-
piante.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 33
les dieron desastrosa muerte, por más que se defendieron; y el
rey Topiltzin se perdió, que nunca más ge supo de él; y de dos
hijos que tenía sólo el uno, que fué el Príncipe Pochotl, lo es-
capó Tochcucie, ^ que a«í se decía la ama que lo criaba en los
desiertos de Nonoalco; y los pocos de los tultecas que esca-
paron en las montañas y sierras fragosas, y entre los carrizales
de la laguna de Colhuacan. Este fin tuvo este imperio de los
tultecas que duró 572 años, ^ y viéndole tan arruinado los re-
yes que vinieron á sojuzgarle, se volvieron á sus provincias, y
aunque victoriosos, muy derrotados y con pérdida de la ma-
yor parte de sus ejércitos, que perecieron de hambre; y la mis-
ma calamidad corrió en sus tierras, porque fué generalmente
la seca y esterilidad de la tierra, pareciendo ser permisión de
Dios que por todas vías fuese castigada esta nación, pues de la
una y otra parte apenas quedaron algunos. ^
Estos tultecas eran grandes artífices de todas las artes me-
cánicas: edificaron muy grandes é insignes ciudades, como fue-
ron Tolan, Teotihuacan, Chololan, ^ Tolantzinco y otras muchas,
como parece por las grandes ruinas de ellas. Su vestuario era
unas túnicas largas á manera de los ropones que usan los ja-
poneses, y por calzado traían unas sandalias, y usaban unos á
manera de sombreros hechos de paja ó de palma. Eran poco
1 Tochcueye.
2 Según las épocas anteriores y la que pone al fin de este capítulo, sólo du-
ró el imperio tulteca 456 años, aunque se cuente desde la fundación de Tu-
la, hecha 7 años antes de la elección del primer rey; que si se cuenta desde
ésta, que dice el autor en el capítulo anterior (que fué el año de 510), hasta el
de 959 (que dice al fin de éste que fué la última y total destrucción), sólo pa-
saron 449 años. — Nota del Original.
8 Aquí el autor supone, y generalmente se repite, que Tollan fué comple-
tamente destruida y abandonada. Adelante se verá, que más tarde los reyes chi-
chimecas tuvieron que ir sobre ella; porque se había rebelado; lo que prueba
que estaba habitada; y así la encontraron los españoles. Lo mismo se ha dicho
de Teotihuacan; pero no solamente siguió habitada, sino que tenemos los nom-
bres de sus señores, desde Xolotl hasta la Conquista.
4 Tollan ó Tula había sido construida por los otomíes; y Teotihuacan y
Cholula por los vixtoti.
Tomo II— 4
34 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
guerreros, aunque muy republicanos; y eran grandes idólatras.
Tenían por particulares dioses al sol y á la luna; y según pa-
rece por las historias referidas, vinieron por la parte de Po-
niente costeando por la mar del Sur. ha. última y total des-
trucción fué en el año de 959 de la Encarnación que llaman ce
Tecpatl, siendo Pontífice de la Iglesia de Dios Joannes XII, y
Emperador de Alemania Othón I. y Rey de Castilla D. García.
CAPITULO IV
QuetrcUadelavenidaypobUición que hizo el gran cTUchimeca Xolotl en loa tierra»
de los tuUecas,
Habían pasado cinco años que los tuUecas se habían des-
truido y estaba la tierra despoblada, cuando vino áella el gran
chíchimeca Xolotl á poblarla, teniendo notica por sus explora-
dores de su destrucción, que fué en el año de 963 de la Encar-
nación de Cristo N. S. que llaman macuili Tecpatl; el cual sa-
lió de hacia la parte septentrional y de la región y provincia
que llaman Chicomoztoc, y habiendo entrado por los términos
y I ierra de los tultecas hasta llegar á la ciudad de Tolan, ca-
becera del imperio, en donde halló muy grandes ruinas des-
pobladas y sin gente, por lo que no quiso hacer asiento en Tu-
la, sino que prosiguió con sus gentes enviando siempre explo-
radores por delante, para que viesen si hallaban alguna de la
gente que hubiese escapado de la destrucción y calamidad de
esta nación, y cuáles eran los mejores puestos y lugares para
su habitación y población. El cual llegó á un lugar que se lla-
ma Tenayocan Oztopolco, lugar de muchas cuevas y cavernas, ^
1 Yh en este punto podemos ocurrir á pintnras jeroglíficas auténticas. El
mapa Tlotzin nos presienta en primer término la llegada de las tribus peregri-
nas, «ii^iiificadas ahí por sus jefes. Estos son: Xulotl, que aquí tiene el nombro
jeroglífico de Amacui expresado con una hoja de pupcl amatl, y su mujer,
que en lugar de Tomyauh, se Huma en la pintura Muiinulxochitxin; Nopal-
tzin su hijo con su mujer «'uauhcihuatl 6 Azcaxochitl; y Tlotzin con su mu-
jer Tacxochitzin 6 Icpacxochitzin.
"36 OBRAS HISTÓRICAS DE
que era la principal habitación que esta nación tenía; de buen
temple, aires y de buenas aguas, opuesta al nacimiento del
«ol, cerca de la laguna que ahora se llama mexicana; que con
-su acuerdo y con el de los más principales de su ejército, se
fundó allí su corte y principal morada, y habiendo tomado la
^posesión quieta y pacífica sobre toda la tierra que contenía
dentro de todos los términos del imperio de los tultecas, por
■sí y por la de sus caudillos y capitanes (que los más principa-
les de ellos eran seis señores que se llamaban Acatomatl, Qua-
Tiuatlapal, Cozcaquauh, Mitliztac, Tecpan, Iztacquauhtlila), po-
1)10 con las gentes de su ejército, que fué el mayor número
que se halla en las historias haber tenido ningún príncipe de
los más poderosos que hubo antes ni después en este Nuevo
Mundo: era más de un millón, y las tierras que pobló este gran
ejército en su primer asiento fueron todas las que caen de la
parte de adentro de las sierras de Xocotitlan, Chiuhnauhtecatl,
Malinalocan, Itzocan, Atlixcahuacan, Temalacatitlan, Poyauh-
tlan, Xiuhtecuhtitlan, Zacatlan, Tenamitec, Quauhcbinanco,
Tototepec, Meztitlan, Quachquetzaloyan, Atotonilco y Quahua-
can, hasta tornar á dar con la sierra referida de Xocotitlan, ^
que todo ello contiene más de doscientas leguas de circunfe-
rencia; y los pocos tultecas que habían escapado de su des-
1 Por sublimar á Xolotl, sin duda los cantares extendieron sus conquistas
á un territorio muy grande, que ni después, en su mayor apogeo, poseyeron
los chichimecas. Verdad es que otras tribus mecas, desde antes, se habían
•avanzado hasta la región del Sur; pero los chichimecas de Xolotl solamente
<>cuparon la región tolteca, do Tollan á Teotihuacan, sin llegar á Cholula, y
penetraron en nuestro valle hasta la ciudad tolteca de Cactenitzco, después
Tetzeuco. Estaban pues limitados en nuestro valle, al Sur por los chalcas, al
Poniente por los tepanecas, y no tenían ningún dominio en los lagos. Esto con-
firma la idea, expuesta en mi Historia Antigua, de que estos chichimecas fue-
ron los destructores del señorío, tolteca. En efecto, Xosotl ocupó á Tollan y
clespiiós á Teotihuacan; pero pueblo troglodita el suyo, no se avino á la vida
de la ciudad, y fué á buscar para su habitación las cuevas del Norte de nues-
tro valle, dejando á las ciudades con los moradores que habían sobrevivido á
jas guerras, imponiéndoles tributos, y nombrándoles gobernantes: así el seño-
río de Teotihuacan se dio á Teochintecuhtli.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL, 37
trucción, los dejó vivir en los puestos y lugares en donde esta-
ban reformados y poblados cada uno con su familia, que fué
en Chapoltepec, Colhuacan, Tlatzalantepexóxoma, Totolapan,
Quauhquecholan, y hasta las costas del mar del Norte en To-
zapan, Tochpan, Tziuhcoac y Xicotepec, y lo mismo en Cho-
lolan, aunque algunos de ellos no pasaron sino hasta la tierra»
de Nicaragua á donde fueron á poblar, y á otras tierras remo-
tas, en donde no llegó con tanta fuerza la seca y calamidad re-
ferida.
Este gran chichimecatl traía por mujer á la reina Tomyauh
en quien tuvo al Príncipe Nopaltzin, que ya era mancebo cuan-
do vino á estas partes, y era uno de los más principales cau»-
dillos de su ejército; y asimismo tuvo otros dos hijos en ella que:
nacieron en Tenayocan en donde tenía su corte, que fueron las
infantas Cuetlaxxochitzin y Tzihuacxochitzin. El cual proce-
día del antiquísimo linaje de los reyes teochichimecas, cuyo
imperio y señorío estaba debajo del Septentrión, cuales fueron
Nequametl Namacuix y otros muchos, según parece por la his-
toria de los reyes chichimecas, y lo declara el canto que com-
pusieron los infantes de México Xiuhcozcatzin y Izcoatzin, que-
se intitula canto de la historia de los reyes chichimecas. T
este apellido y nombre de chichimeca lo tuvieron desde s\x
origen, que es vocablo propio de esta nación, que quiere decir
los águilas, y no lo que suena en la lengua mexicana, ni la in-
terpretación bárbara que le quieren dar por las pinturas y-
caracteres, porque allí no significa los mamones (ó chupado-
res), sino los hijos de los chichimecas habidos en las mujeres-
tultecas; aprovechándose los históricos de los labios que con-
cluyen la partícula te para poder pronunciar tepilhuan. ^
1 Como los chichimecas traían lengua propkt, posible es que en ella signi-
ficara su nombre águilas. No podemos confirmarlo, porque esa lengua está per-*
dida, pues después los chichimecas adoptaron por suya la mexicana. Los que
han querido derivar de ésta el nombre chichimeca, han dado absurdas etimo-
logías; y como dice aquí el autor, han querido derivarlo, de manera absurda,
de una antigua pintura que llama de los mamones. Esta nada tiene que vei^
38 OBRAS HISTÓRICAS DE
Había poco más de veinte años que este gran poblador esta-
ba poblando, cuando comenzaron á venir otros seis caudillos de
su misma nación, también con cantidad de gente, que venían
en su seguimiento, entrando cada caudillo un año tras otro; el
primero de los cuales se llamaba Xiyotecua; el segundo Xiyo-
tzoncua; el tercero Zacatilechcochi; el cuarto Huihuaxtzin; el
quinto Tepotzoteaca; el sexto y últimimo Itzcuintecua: á los
cuales recibió y mandó poblar en las tierras y términos de Te-
petlaoztoc.^ Y habiéndose reformado los tul tecas que habían
escapado de su destrucción y calamidad, y teniendo por su ca-
beza principal á Nauhyolzin, que residía en Culhuacan, suegro
que vino á ser del príncipe Pochotl, acordó el gran cbichimeca
Xolotl de pedirles le diesen un cierto tributo y reconocimiento
eomo á supremo y universal señor que era de esta tierra de Ana-
huac. Nauhyotzin en nombre de todos los demás de su nación
respondió: "que la tierra la habían poseído sus mayores á quie-
nes pertenecía; y que jamás ellos reconocieron ni pagaron tri-
buto á ningún señor extraño, y que así ellos, aunque eran pocos
y estaban acabados, pretendían guardar su libertad y no reco-
nocer á nadie, sino tan solamente al sol y á los demás sus
dioses." Y vista por Xolotl su determinación y que por medios
de paz no habían querido allanarse, lo remitió á las armas; y
así despachó al príncipe Nopaltzin su hijo con razonable ejér-
cito, que fué menester poca gente, porque sus contrarios, aim-
que juntaron toda la más que pudieron, no eran tan aventaja-
dos en la milicia como los chichimecas. Dióse la batalla en la
laguna y carrizales de Colhuacan; y aunque los culhuas tenían
el campo aventajado para pelear en canoas, en pocos lances
fueron vencidos y desbaratados por el príncipe Nopaltzin; y
con los chichimecas; forma parte de la Teogonia nahua, se refiere al árbol de
tlechede la mansión de los niños muertos, y puede verse en su propio lugares
ol CiSdice Vaticano.
I £n la segunda relación de los señores chichimecas, los llama el autor.
Xiotecua, Xiotzonocua, Zaoatitexcotzin, Huitzihuaxtzin, Tepozotecua é Iz-
cuitecah.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 39
habiéndolos sojuzgado restituyó en el señorío de los culhuas
á Achitometl (que á esta sazón se llamaban así los del linaje
de los tultecas), con cierto reconocimiento que diesen en cada
un año al gran chichimecatl Xolotl su padre. Esto acaeció en
el año de 984 de la Encarnación de Cristo N. S., y en el que
llaman matlactli omey Calli. ^
1 Habiendo sido la destrucción de Tula nn 1116, esto año mexicano corres-
ponde al 1141.
CAPITULO V
Que trola de la venida de I09 actUhtias, tepanecas \y otomlet^ y de otnno XoloÜ los re-
eibió y les dio señoríos y tierras en que poblaserif casmido á los dos catetos con sus
doshifaSt y de los hifos que tuvieron; y oHmismo del casamiento del principe No
patízin y de los hifos que tuvo.
Había cuarenta y siete afios cumplidos que Xolotl estaba en
esta tierra de Anahuac poblándola, y cincuenta y dos de la úl-
tima destrucción de los tol tecas, que ya era el año de mil y
once ^de la Encarnación de Cristo Nuestro Señor, cuando llega-
ron la nación de los aculhuas, los cuales salieron de las últi-
mas tierras de la provincia de Miehuacan, que eran de la mis-
ma nación de los chichimecas michhuaque, aunque venían
divididos en tres parcialidades, que cada una de ellas tenían
diferente lenguaje, trayendo cada una de ellas s\x caudillo y
señor. Los que se llamaban tepanecas traían por caudillo á
Acolhua, que era el más principal de los tres; el segundo se
decía Chiconquauh, caudillo y señor de los otomíes, que era
de las tres la más remota y de lenguaje muy extraño y dife-
rente; y según sus historias parece que vinieron de la otra parte
de aquel mar mediterráneo que llaman bermejo^ que es hacia
donde caen las Californias. El tercero se llamaba Tzonteco-
matl, caudillo y señor de los verdaderos aculhuas: los cuales
se fueron á la presencia de Xolotl para que los admitiese en su
1 Debe ser 1168.
42 OBRAS HISTÓRICAS DE
señorío y diese tierra en que poblasen, el cual teniendo muy
entera relación de ser estos caudillos de alto linaje se holgó
infinito; y no tan solamente los admitió, sino que también les
dio tierras en que poblasen los vasallos que traían, y los dos
de ellos los casó con sus dos hijas, dándoles con ellas pueblos
y señoríos; casando á la infanta Cuetlaxxochitzin con Aculhua
y le dio con ella la ciudad de Azcaputzalco por cabeza de su
señorío; y á la otra infanta Tzihuacxochitl ^ la casó con Chicon-
quauhtli, y le dio á Xaltocan por cabeza de su señorío, que lo
fué muchos años de la nación otomíe. ^ A Tzontecomatl caudi-
llo de los Aculhuas, le dio á Cohuatlichan por cabeza de su
señorío, y le casó con Quatetzin, hija de Chalchiuhtlatonac se-
ñor de la nación tulteca, y uno de los primeros señores de la
provincia de Chalco. Acolhua primer señor de Azcaputzalco
y de los tepanecas, tuvo en la infanta Cuetlaxxochitzin tres
hijos varones, que el primero se llamó Tezozomoc, el cual des-
pués de sus días le heredó en el señorío; el segundo se llamó
Epcoatzin, que después vino á ser primer señor de los tla-
telulcos; y el menor Acamapichtli de los tenochcas que es la
nación mexicana, que después vinieron á poblar, y fueron los
últimos. Chiconquauh, señor de Xaltocan y de la nación otomf,
tuvo en la infanta Tzihuacxochitzin otros tres hijos. La prime-
ra se llamó Tzipacxochitzin, que casó con Chalchiuhtotemotzin,
primer señor de Chalco Ateneo; el* segundo Macuilcoatlocho-
pantecuhtli, que vinieron á ser primeros Señores y pobladores
de la provincia de Chalco. ^ El príncipe Nopaltzin que también
casi á estos tiempos se casó con Azcaxochitzin, hija legitima
1 En la quinta relación de los pobladores, llama el autor á las hijas de Xo-
lotl, Cuetlaxuchi y Zihuacxucbi.
2 Los tetzcucanos buscaban el hacer descender todo señorío de Xolotl, y
ponen el de loe otomíes entre los que dio este caudillo; y para eso suponen que
aquellos llegaron en su tiempo. Los otomíes eran más antiguos que loe tolte-
cas, era el pueblo autóctono en nuestro valle. Por lo mismo debemos descon-
fiar de este arribo de aculhuas y otomíes; y solamente admitir que Xolotl casó
á BUB dos hijas con los señores de esos pueblos.
3 Falta el nombre del tercero.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 43
del príncipe Pochotl, y nieta de Topiltzin último rey de los
tultecas.^ (Con esta unión y matrimonio quedaron en perpetua
paz y conformidad, y comenzaron á emparentar los unos con
los otros); tuvo en esta señora tres hijos: el primero fué el
príncipe Tlotzinpochotl; el segundo Huixaquentochintecuhtli;
el tercero y último Coxanatzin Atencatl. También tuvo antes
de estos un hijo natural, que se llamó Tenancacaltzin.
1 Este es un pnnto muy importante para comprender hasta dónde llegaba
la supremacía de los chichi mecas. £n el mapa Tlotzin, la mujer de Nopaltzin
no lleva carga, como las de Xolotl y Tlotzin. Esto haría suponer que á su lle-
gada era muy limitado su poder, y tenían por superior al señor culhua.
CAPITULO VI
De e&mo el gran ehicMmeca dio á otrot tenores pobIcKionee p provincias.
Hasta la venida de los aculhuas, ninguno de los caudillos y
señores que tngo consigo el gran chichimeca, tenía señorío
particular, porque los traía ocupados en las poblaciones, unas
veces en unas provincias y otras en otras; y porque ya era
tiempo que fuesen premiados, pues el gran chichimeca había
hecho tan grandes y espléndidas mercedes á los extraños, co-
mo lo eran los señores acolhuas, acordó en el mismo año atrás
referido de dar y repartir á todos señoríos y estados, conforme
á la calidad y méritos de sus personas. A los señores de los
seis que trajo consigo, que fueron Acatomatl, Cuauhatlapatl y ^
Cozcaquauh para que juntamente con Chalchiuhtlatonac, ca-
ballero de nación tulteca, fuesen señores de la provincia de
Chalco, tierra fértilísima y abundante en todas las cosas nece-
sarias á la vida humana; y á Metliztac que era el cuarto, le dio
, y repartió la provincia de Tepeyacac; y á los otros dos, Tec-
^ patl y Quauhtliztac, los hizo señores de la provincia de Maca-
huacan. ^ A sus dos nietos hijos del príncipe Nopal tzin, fuera del
sucesor, que eran Huixaquen y Cozanatzin, los enyió á Zacatlan
y Tenamitec para que fuesen señores de todas aquellas tierras,
1 Eq la tercera relación de los señores chichimecos lo llama el autor Cohua-
tlapal.
2 Amaxahuacan en la misma relación.
46 OBRAS HISTÓRICAS DE
que caen fuera de la circunferencia de las sierras, y tierras de
Ja Cuexteca hasta las de la Mixteca, suficiente señorío para la
calidad de sus personas, porque incluye en sí muchas y muy
grandes provincias, sin ningún vasallaje ni tributo al imperio,
mas de tan solamente el homenaje y asistencia de la corte,
cuando fuesen llamados, y ayuda y socorro de gente si se ofre-
ciesen guerras, en favor del imperio. A todos los demás señores
atrás referidos, fué con ciertas obligaciones y reconocimientos
de tributo y vasallaje. La misma gracia y merced gozaron las
hijas y yernos djl gran chichimeca. En este mismo año cercó
un gran bosque en la sierra de Tetzcuco, en donde entró canti-
dad de venados, conejos y liebres; y en medio de él edificó un
cú que era como templo, en donde de la primera caza que co-
gían por las mañanas él y el príncipe Nopaltzih, ó su nieto el
príncipe Pochotl,^ la ofrecían por víctima y sacrificio al sol, á
quien llamaban padre y á la tierra madre, que era su modo de
idolatría, y no reconocían ningún otro ídolo por dios; y asimis-
mo de aquí sacaban para su sustento y de las pieles su vestua-
rio; ^ y estaba á su cargo esta cerca y cuatro provincias, que eran
Tepepolco, Zempoalan, Tolantzinco y Tolquachiocan. Y al
príncipe Tlotzin, su nieto, le dio las rentas que pertenecían al
imperio, que tenían obligación á dar los de las provincias de
Chalco, Tlanahuacaztlalhuic, y todo lo que contenía desde el
volcán, sierra-nevada hasta donde acaba aquella cordillera, y
sierras de Tetzcuco, que es corriendo desde los valles de la
campiña, por la parte del Norte, hasta las tierras de la Mixteca,
corriendo hacia el Sur corriendo todas aquellas llanadas y la-
1 TloUin.
2 En el mapa Quinatzin so representa esta yida de los cbicbimecas. Hábil
tan en cavernas, y se les ve, ya cazando venados 6 conejos, ya asando culebras
para alimentarse. Dos figuras con remos en las manos bacen suponer que co-
menzaron á dedicarse á la navegación y pesca en la laguna. Llevan el cabello
argo y sin peinar, y los jefes lo adornan con una corona de pacbtli ó beno, el-
amusgo del autor. Por todo vestido tienen una piel á la espalda, y cactli 6
andalias de cuero, y por armas arcos y flocbas.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 47
gunas: el cual puso su asiento y corte en un lugar que se dice
Tlatzalantlalanoztoc; el cual se casó con Pachxochitzin/ hija de
Quauhatlapal, uno de los Señores referidos de la provincia
de Chalco, en quien tuvo seis hijos que fueron las dos prime-
ras hembras; el tercero, y primero de los varones, fué el prínci-
pe Quinatzintlaltecatzin; el segundo fué Nopaltzin Cuetlacchi-
hui; el tercero y último Tochintecuhtli, que vino á ser el primer
señor de la ciudad y provincia de Huexotzinco; y el cuarto y
último fué Xiuhquetzalitecuhtli, primer señor de la ciudad y pro-
vincia de Tlaxcalan.
1 En el mapa Tlotzin llegan los emigrantes representados por sus tres jefes,
y 8¡ se toma en consideración el lugar en que aparecen situadas Culhuacan y
Azcaputzalco, su marcha es del Poniente al Nordeste. Llegan a Cuauhyacac,
acaso el mismo Tenayocan; y se les ve viviendo dentro de la cueva. La figura
tetl, piedra, que se ve sobre la caverna, nos hace creer que esto sea un signa
ideográfico de Tenayocan Oztopolco. De todas maneras se observa, que la pri-
mera habitación de los emigrantes era muy limitada; lo cual es históricamente
lógico, aunque no corresponda á la gran extensión que desde su principio dan
los cronistas al &eñorío chichi meca.
Debajo del jeroglífico de Cuauhyacac, hay una leyenda mexicana, cuya tra-
ducción dice: *'Todos vinieron á establecerse á Cuauhyacac, estaban aún jun-
tos todos. De allí partió Amacui (Xolotl) con su mujer, y fué á establecerse
en Cohuatlicban. De allí partió también Nopal, y fué con su mujer á Hue-
xotla. De allí partió también Tlotli, y fué con su mujer á Oztoticpac." Como
se ve el nuevo señorío se iba poco á poco extendiendo. En la pintura se ve
igualmente la ocupación de los siguientes lugares: Tzinacanoztoc y Tlatzalan:
en este último está Pacxochitzin, con quien casó Tlotzin.
CAPITULO VII
De lo más que sucedió en tiempo de aqueste gran monarca Xolotl hasta
su fin y muerte.
Tlacotzin, hijo de Tzontecomal, señor de Coatlichan y de los
aculhuas, se casó con Malinalxochitzin, la mayor de las hijas
del príncipe Tlotzinpochotl, en la cual hubo dos hijos, el prime-
ro Huetzin y la segunda Ghichimecalihuatzin: el cual viéndose
emparentado con la casa imperial, y que sus obligaciones eran
muy grandes, y su estado y señorío muy corto, acordó de ir á
visitar al gran chichimeca Xolotl, y pedirle hiciera alguna mer-
ced á su tataranieto Huetzin;' y así estando Xolotl en una re-
creación que tenía cerca de la laguna, le representó allí su de-
manda, el cual entre otras muchas mercedes que le hizo, dio á
Huetzin, que era entonces mancebo de poca edad, la provincia
de Tepetlaoztoc que tenían poblada aquellos seis caudillos que
vinieron despuués de recién entrado en esta tierra, que había
ochenta y un años que le pagaban tributo y vasallaje, y eran
de su recámara; con que se le aumentó el señorío. El tributo
que estos chichimecas pagaban era conejos y liebres, vena-
dos, pieles de fieras y mantas de nequen. El príncipe Nopal-
tzin, que asimismo estaba á la sazón con su padre, dio orden
de que su viznieto Huetzin se casase con Atototzin, la mayor de
las dos infantas hijas de Achitometzin, primer rey y señor
de los culhuas; y la menor que se decía Ilancueitl se
Tomo II-5
50 OBRAS HISTÓRICAS DE
con Acamapichtli, su sobrino, hijo de Aculhua primer señor de
Azcaputzalco y rey de los tepanecas: que ambas á dos infan-
tas eran sobrinas de la princesa Azcaxochitl su mujer: lo cual
se puso por obra y se efectuó. Esto sucedió en el año de mil y
cincuenta de la Encarnación de Cristo Nuestro Señor, que lla-
man ce Acatl.^ Los de la provincia de Tepetlaoztoc, visto que
estaban opresos debajo del señorío del mancebo Huetzin, aun-
que le acudían con los tributos que tenían obligación, todavía
lo sentían por pesada carga, y en especial Yacanex que era el
caudillo principal de ellos, el cual vino á tanta demasía su des-
vergüenza que acometió á hacer dos cosas muy atrevidas: la
una fué que así como supo los casamientos de su señor Hue-
tzin con la infanta Atototzin, se opuso pidiéndola con violen-
cia y amenazas al rey su padre, de que él y toda su corte se
alteraron, y le respondió que no podía quebrar su palabra que
tenía prometida al príncipe Nopaltzin; y en el ínterin que an--
daban con demandas y respuestas, despacharon de secreto á la
infanta para entregarla á su esposo Huetzin, temiéndose de
este tirano no se la sacase á fuerza de armas, porque había ido
apercibido de gente y armas. La otra fué negar la obediencia
totalmente á Huetzin su señor, levantando á todos los más de
los chichimecas de la provincia de Tepetlaoztoc, de tal manera
que el gran chichimeca Xolotl en el año de mil y sesenta y
dos, que llaman 13 Acatl, por atajar alteraciones y novedades
y excusar guerras, envió á llamar á Tochintecuhtli, hijo de
Quetzalmacatl señor de Quahuacan, hombre valeroso y muy
experto en la milicia, y con él cantidad de familias de chichi-
mecas. Venido que fué le mandó que ante todas cosas, y por
principio de las mercedes que pretendía hacerle si acudía con
puntualidad á lo que le quería encargar, fuese é Xaltocan y de
1 Para eyitar errores de eronolagía, Tamos á poner aquí la verdadera fecha
de los sucesos referidos. Entrada de Xolotl j su establecimiento en nuestro Ta-
lle, año de 1120. Llegada de las otras seis tribus, año de 1129. Guerra de XoloU
áCulhuacan, año de 1141. Llegada de losaculhuas, año de 1168. Xolotl daá
Huetzin el señorío de Tepetlaoztoc, año de 1207.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 61
camino se desposase con Tomiauh, su viznieta, hija de Opan-
tecuhtli que á la sazón era recién entrado en el señorío de
Xaltocan y reinado de los otomíes, y hecho esto se fuese á
Huexutla y allí se pusiese con su ejército á la defensa y ara-
paro de Huetzin, de que desde luego le hacía señor de todas
aquellas tierras, y de Teotihuacan y otros lugares: y que pro-
curase sin derramamiento de sangre prender y matar á Ya-
canex y sus consortes, y donde no, ayudase á Huetzin y por
fuerzas de armas los matasen. Todo lo cual puso por obra
Tochintecuhtli, y se puso en el puesto de Huexutla el año
siguiente de mil y sesenta y cuatro que llaman ce Tecpatl. ^
El príncipe Quinatzin pasó su corte, y morada á Oztocticpac,
que es en Tetzcuco y dio principio á esta ciudad en su pobla-
ción, dejando á su padre en Tlazalan, donde asistía; lo uno por
parecerle este ser mejor puesto, y lo otro, por amparar á su
sobrino Huetzin; ^ que dos años antes el príncipe hizo tres cer-
cas grandes la una por bajo de Huexutla hacia la laguna, y otra
en la ciudad de Tetzcuco, que había comenzado á fundar estas
dos para sembrar en ellas maíz y otras semillas que usaban los
aculhuas y tultecas; ^ y la otra cerca en el pueblo de Tepetlaoz-
toc para venados, conejos y liebres; y dio el cargo de tener
cuenta de esto á dos chichimecas caudillos, que el uno se de-
cía Acotoch y el otro Coacuech, los cuales aunque en la una
cerca les era de gusto, las otras dos de las sementeras como
cosa que jamás ellos habían acostumbrado, les fué muy pesa-
da carga; y así se confesaron con el tirano Yacanex, y con otros
bandoleros, de manera que les fué forzoso al príncipe Quina-
tzin y su sobrino Huetzin juntar sus gentes con las deTochin-
tecutli primer señor de Huxutla, y acometer al enemigo en dos
partes: en la una, en donde se había fortalecido con su gente
1 Haciendo la respectiva corrección, estos sucesos pasaron en el año de 1281.
2 Aquí hace á Huitzin su sobrino, y al principio del capítulo lo hace viz-
nieto, hijo de Malinalxochitzin hija de Tlotzin, que á su vez era hijo de No-
paltzin.
8 En el reinado de Tlotzin se introdujo la agricultura entre los chichime-
cas. En su lugar hablaremos de esto.
52 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
que fué donde está ahora el pueblo de Chiautla. Fué Huetzin
sobre él y tuvieron muy cruel batalla, en donde murieron de
ambas partes mucha gente hasta que fueron vencidos los ban-
doleros, y su caudillo Yacanex se fué huyendo sin parar hasta
Panuco, porque allí había las sierras en donde pretendieron
ampararse y tenían aquella tierra. El príncipe Quinatzin al
mismo tiempo con la gente que llevó, los desbarató y mató á
muchos de ellos, aunque también se le escapó Ocotoch, el
que los acaudillaba, uno de los dos atrás referidos, en segui-
miento de Yacanex. Aunque por entonces quedó la tierra pa-
cífica, y en las provincias remotas todas se ocupaban en po-
blar y aumentarse las gentes, en este mismo año tuvo también
guerra Aculhua, señor de Azcaputzalco, con Cozcacuauh uno
de los chichimecas rebelados, que se le habían alzado con la
provincia de Tepotzotlan que pertenecía á su señorío; que des-
pués de haberlo desbaratado y vencido, se le escapó huyendo
hacia la parte á donde fueron los demás. Estas batallas suce-
dieron á los ciento y cuarenta años después de la destrucción
de los tultecas, que fueron las primeras que tuvieron los chi-
chimecas unos con otros. En el año de mil y setenta y cinco,
de la Encarnación de Cristo Nuestro Señor, que llaman ma-
tlactliomeitecpatl falleció este gran chichimeca, monarca y pa-
dre de familias Xolotl, estando en su ciudad y corte de Tena-
yucan, á los ciento y doce años de su imperio, y á los ciento y
diez y siete de la última destrucción de los tultecas, ^ en la ma-
yor prosperidad, paz y concordia que tuvo este nuevo mundo;
al cual se le hicieron muy solemnes honras y fué enterrado su
cuerpo en una de las cuevas de su morada, asistiendo á ellas
la mayor parte de los príncipes y señores de su imperio.
1 Aquí so contradico el autor, al decir que Xolotl murió á los 117 años de
la destrucción de los tultecas, pues pone las guerras que ha referido antes, vi-
vicnho Xolotl, á los 140 años después de esa destrucción. La verdadera fecha
de la muerte de Xolotl fué el año de 1282. La muy larga duración que se da
á su vida, hace suponer que bajo su nombre, están representados los primeros
señoree chichimecas.
CAPITULO Yin.
De cómo el principe NopaUtin entró en tucesibn del impet-io y délas cosas
que sucedieron en su tiempo.
Acabadas las honras del gran Xolotl, luego todos los prín-
cipes y señores juraron al príncipe Nopaltzin por su señor
supremo y universal, como persona que le venía de derecho
el imperio; y supo tan bien gobernarle, que en treinta y dos
años que le duró el imperio no se atrevió ningún señor á des-
mandarse, sino que á todos los tuvo muy sujetos, y fueron en
grande aumento todas las cosas y los estados y señoríos del
imperio; que á esta sazón todo lo más que contienen las tie-
rras de los chichimecas, mixtéeos y michuaques, y toda la
costa del mar del Sur y Norte estaba poblado. En este tiem-
po entró en la sucesión del reino de los culhuas Calcozame-
tzin, que ftié el tercero, por orden y confirmación de Nopaltzin;
el cual demás de las leyes que sus pasados constituyeron,
mandó guardar las siguientes. La primera que ninguno fue-
se osado á poner fuego en los campos y montañas si no fuese
con su licencia y en caso necesario, so pena de muerte. La
segunda, que nadie fuese osado á tomar ninguna caza que hu-
biese caído en redes ajenas, so pena de perder el arco y flechas
que tuviese, y que en ningún tiempo pudiese cazar sin su li-
cencia. La tercera, que ninguna persona tomase la caza que
otro le hubiese tirado, aunque la hallase muerta en el campo.
54 OBRAS HISTÓRICAS DE
La cuarta, que por cuanto estaban puestos y dedicados los ca-
zaderos de particulares amojonados, ninguna persona quitase
los tales mojones pena de muerte. La quinta que los adúlte-
ros fuesen degollados ^ con flechas hasta que muriesen, así hom-
bres como mujeres: y otras leyes, fuera de éstas, usó y estable-
ció, que eran convenientes en aquellos tiempos para el buen
gobierno de su imperio. Su nieto el príncipe Quinatzin Tlal-
tecatzin, que tenía su asiento y corte en la ciudad de Tetzcuco,
, casó con Quauhtzihuatzin hija de Tochintecuhtli primer señor t-.
de Huexutla, en la que tuvo cinco hijos; que el primero se lla-
mó Chicomacatzin; el segundo Memexotzin, ó según otros Me-
melatzin; el tercero Matzicoltzin; el cuarto Tochpili; el quinto,
^y el menor de todos, fué el príncipe Techotlalatzin que vino á
heredar el imperio por las causas que adelante se dirán. Hue-
tzin, que casó con la infanta Atototzin, como atrás queda re-
ferido, tuvo en ella siete hijos, el primero fué Acolmiztli que
le sucedió en el señorío; la segunda se llamó Coxxochitzin; la
tercera Coazanac; el cuarto Quecholtecpantzin Quauhtlachtli;
el quinto Tlatonal Tetliopeuhqui; el sexto Memexoltzin Itzitlo-
liuqui: el último y séptimo Chicomacatzin Matzicolque. Este
y Tlacatlanex fueron á Huexotzinco, y Memexol á Tlaxcalan.
Tochintecutli, primer señor de Huexutla, ^ tuvo en Tomiacuh-
tzin cinco hijos que el primero se llamó Matzicoltzin, y la se-
gunda Quauhcihuatzin, que fué reina de Tetzcuco; el tercero
Quiauhtzin; la cuarta Nenetzin que casó con Acolmiztli señor
de Goatlichan; y el quinto y último se llamó Yaotl. Y el segim-
do hijo de Aculhua, llamado Epcoatzin, se casó con Chichi-
mecazoatzin hermana de Huetzin señor de Goatlichan, en quien
tuvo dos hijos; que fué el primero Quaquauhpitzahuac, que vi-
1 Tal vez es desollados.
2 Hay un hecho notable respecto del señorío de Huexutla, y es que le es-
taba unido el de Teotihuacan. En los anales manuscritos de esta ciudad en-
contramos que en el año 12 Acatl 1231, que estando Xolotlen Tenayocan Oz-
. topolco, se le entregó el gobierno de Teotihuacan á Tochintecuhtli (Teotzin-
tecuhtli?).— Acaso basta este año fué conquistada Teotihuacan.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 55
no á ser segundo señor de los tlatelolcas; y la segunda y últi-
ma que casó con Chalchiutlatonac su primo hermano, que vi-
no á ser primer señor de Coyohuacan. Acamapichtli, el menor
de los hijos de Aculhua, tuvo en la infanta Ilancueitl tres hi-
jos; el primero se llamó Huitzilihuitzin, segundo señor de los
tenochcas y rey de los colhuas; el segundo fué Chalchiutla-
tonac que fué el primer señor de Coyohuacan como está refe-
rido; el tercero y último Xiuhtlatonac que lo mató Huepante-
catl. Todos estos linajes y descendencias sucedieron en el
tiempo que imperó Nopaltzin. Hacese mención de estos linajes
por haber sido origen de lo más ilustre de la Nueva España.
A los últimos tiempos del imperio de Nopaltzm lo más de ello
asistía en el bosque de Tetzcuco, que ya á esta sazón se llama-
ba Xolotepan, ^ que es lo mismo que decir templo de Xolotl,
en donde daba muchos y saludables documentos á su hijo el
príncipe Tlotzin, de la manera que había de regir y gobernar
el imperio, que estaba en gran pujanza y sujetos á él muchos
reyes y señores que estaban ya muy poderosos; trayéndole
á la memoria el valor grande de su abuelo Xolotl, y de los de-
más sus antepasados; y todas las veces que esto hacía era con
gran sentimiento, y lágrimas de sus ojos. El cual estando en
la ciudad de Tenayocan, falleció el año de mil ciento y siete ^ de
la Encamación de Cristo Nuestro Señor, que llaman macuili
Acatl: fué sepultado su cuerpo en el mismo lugar donde estaba
su padre, con gran sentimiento y dolor del imperio: á cuyas
exequias y honras se hallaron muchos señores.
1 Xolotecpan, que significa palacio de Xolotl.
2 La verdadera fecha de la muerte de Nopaltzin ñié el año de 1263. Su rei-
nado se distingue por las leyes que di6 para organizar una sociedad todavía
entonces bárbara. De las cinco leyes que dio, cuatro se refieren á reglamentar
la caza: con ellas comienza á nacer entre los chichimecas el derecho de pro-
piedad; y prueban que la caza era su principal ocupación, pues no conocían
aún la agricultura. La quinta ley se refiere al castigo del adulterio: con lo
cual ya se cimentaba la familia.
CAPITULO IX
Qae trata de la vida y cosas que acaecieron en el discurso del tiempo
que imperó Tlotzin,
Jurado que fué, y recibido en el imperio Tlotzin, una de las
cosas que más puso su cuidado fué el cultivar la tierra; y como
en tiempo de su abuelo Xolotl lo más de él vivió en la provin-
cia de Chalco, con la comunicación que allí tuvo con los chai-
cas y tultecas, por ser su madre su señora natural, echó de
ver cuan necesario era el maíz y las demás semillas y legum-
bres, para el sustento de la vida humana; y en especial lo
aprendió de Tecpoyo Achcauhtli que tenía su casa y familia en
el peñol de Xico: había sido su ayo y maestro, y entre las cosas
que le había enseñado, era el modo de cultivar la tierra, y co-
mo persona habituada á ésto, dio orden de que en toda la tie-
rra se cultivase y labrase; y aunque á muchos de los chichi-
mecas les pareció cosa conveniente y la pusieron por obra,
otros que todavía estaban en la dureza de sus pasados, se fue-
ron á las sierras de Metztitlan y Totepec, y á otras partes más
remotas sin osar levantar armas, como lo había hecho Yaca-
nex y sus aliados; y desde este tiempo se comenzó á cultivar
en todas partes la tierra, sembrando y cogiendo maíz y otras
semillas y legumbres, y algodón en las tierras cálidas pa-
ra su vestuario. ^ El modo que tenían en la jura y coronación
1 No fué en tiempo de Nopaltzin, como antea ha dicho el autor, cuando se
68 OBRAS HISTÓRICAS DE
de los emperadores chichimecas era coronarlos con una yer-
ba, que se dice pachxochitl, que se cría en las peñas, y poner-
les unos penachos de plumas del águila real encajados en
unas ruedecillas de oro y pedrería, que llamaban Cocoyahua-
lol, juntamente con otros dos penachos de plumas verdes, que
llamaban Tecpilotl; que lo uno y lo otro estaban en la cabeza
con unas correas coloradas de cuero de venado: y después de
haberles puesto en la cabeza las cosas referidas (que esto ha-
cían los mayores y más ancianos señores del imperio), salían
á ciertos campos en donde tenían acorraladas cantidad de fie-
ras de todo género, con quienes peleaban y hacían mil genti-
lezas, y después de haber matado y despedazado, corrido, sal-
tado, y flechádose unos á otros, y hecho otras cosas de rego-
cijo á su modo, iban á los palacios, que eran unas cuevas gran-
comenzaron á hacer cercados para las siembras: hasta el reinado de TIotzin
se introdujo la agricultura. En su mapa y alrededor de su figura, se ve la si-
guiente leyenda, que por ser importantísima, reproduzco aquí:
"Ostoticpac era la verdadera residencia de Tlotli. Ahora bien, yendo Tlo-
tli á cazar k Cohuatlichan, el chalca llamado Tecpoyoachcauhtli (principal
misionero) vino á encontrarlo. Tecpoyoachcauhtli se asustó al ver á Tlotli con
el arco tendido; y le dijo: ¿Hijo mío quieres que viva yo contigo? Pero Tlotli
no lo comprende, porque es chichimeca. Pero desde entonces Tecpoyoach-
cauhtli acompaña á Tlotli á la caza; y le lleva los venados, los conejos, las cu-
lebras y los pájaros que hiere con las flechas. Por primera vez pone á asar la
caza de Tlotli; y le hace comer por primera vez cosas cocidas, porque Tlotli
comía crudo lo que mataba."
Esto nos demuestra el estado de barbarie en que todavía entonces estaban
los chichimecas: y resulta que Tlotli no se había educado en Chalco, ni Tec-
poyo había sido su ayo.
Tecpoyo era un sacerdote, porque en el jeroglífico está pintado de negro; y
se le ve constantemente en él junto á TIotzin. Ahí está frente á una lumbra-
da, para asar una culebra clavada en un palo. Y es notable el grupo en que
TIotzin pronuncia el nombre de Quinatzin, que pone á su hijo por consejo de
Tecpoyo.
Tecpoyo representa la civilización nahua que comienza á introducirse entre
loe chichimecas.
En otro grupo Tecpoyo le da atole á Tlotli, que jamás lo había tomado; y
ya se ve ahí el metate y el comal para hacer las tortillas de maíz.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 59
des, en donde comían todo género de caza asada en barbacoa,
y no, como algunos piensan, seca al sol, porque siempre los
ehichimecas usaban el fuego y era ley entre ellos, que cuando
tomaban posesión de alguna tierra encendían fuego sobre las
más altas sierras y montañas; como parece en las Historias lo
hizo Xolotl al tiempo y cuando tomó posesión sobre ésta de
Anahuac, y también les servía para hacer seña cuando tenían
guerra con humo en las montañas y sierras altas. Los cuales
andaban por familias, y los que no tenían cuevas, que era su
principal habitación, hacían sus chozas de paja; y la caza que
cazaban los de cada familia, la comían todos juntos, excepto las
pieles referidas que las ablandaban, y curaban para el efecto;
trayendo en tiempos de fríos el pelo adentro; y en tiempo de
calores cuando son las aguas, el pelo por la parte de fuera;
aunque los reyes y señores solían traer debajo de las pieles al-
gunos paños menores de nequen muy delgados, ó de algodón
los que los alcanzaron. Casaban con sola una mujer y esa no
parienta en ningún grado, aunque después sus descendientes
casaron con primas hermanas y tías, costumbre que tomaron
de los tultecas. Y finalmente fué y ha sido la nación más be-
Ucosa que ha habido en este Nuevo Mundo, por cuya causa se
señorearon de todas las demás. Y habiendo imperado TIotzin
Pochotl treinta y seis años, murió en el de mil ciento cuarenta
y uno ^ de la Encarnación en el que llaman ce Tochtli, y fué se-
pultado su cuerpo en la misma parte que estaba su padre y
abuelo, hallándose en su entierro y honras príncipes y seño-
res: y el modo de su entierro era, que así que moría, sentaban
en cuclillas el cuerpo, y ataviado con las vestimentas é insig-
nias reales, lo sacaban y sentaban en su trono, y allí entraban
sus hijos y deudos, y después de haber haf)lado con él con
llanto y tristeza, se iban sentando hasta que era hora de lle-
varlo á la cueva de su entierro, en donde tenían hecho un ho-
1 En 1272 dio TIotzin la ciudad de Tetzcuco á su hijo Quinatzin; y la ver-
dadera fecha de su muerte fué el año de 1298.
60 ORRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
yo redondo, que tenía más de un estado de profundidad: allí
lo metían, y cubrían de tierra. Este príncipe fué el último que
tuvo su corte en Tenayocan, porque su hijo Quinatzin no qui-
so venir á ella, por tener la ciudad de Tetzcuco muy poblada
de edificios y caserías, en donde él asistía y tenía su corte; an-
tes se la dejó á su tío Tenancacotzin, á quien le hizo señor
de ella.
CAPITULO X
De la mirada en el señorío é imperio de QuineUzin y venida de los mexicanos,
y hijos que tuvo Acolmiztli señor de Ooatlichan,
La ciudad de Tetzcuco tuvo principio su población en tiempo
de los tultecas y se decía Cattenihco, y se destruyó y acabó
con las demás de los tultecas, y después la fueron reedificando
los reyes chichimecas y en especial Quinatzin que la ilustró
mucho, y quedó en ella haciéndola cabeza y corte del imperio: ^
pusiéronle después de la venida de los chichimecas Tetzcoco,
que significa lugar de detención, como en efecto lo fué, pues
en ella se poblaron casi todas las naciones que había en esta
Nueva España. Quinatzin Tlaltecatzin^ después de haber dado
1 En el mapa Tlotzin se ye en Oztoticpac primeramente á este monarca con
8u mujer, 7 en medio una cuna con un niño que es Quinatzin: y debajo á éste
ya hombre con su mujer Cuauhcihuatl. Junto d la caverna hay una bandera,
que por referirse al tccuhtli, nos da la palabra teopan 6 palacio, para signifi-
car que se había puesto la corte ahí en Oztoticpac Tetzcuco.
£n el mapa Quinatzin se Te á éste también en la caverna,* pero ya con la
corona de pachtli, símbolo de su jerarquía: y en la leyenda se dice: aquí Qui-
natzin.
2 £1 nombre de Tlaltecatzin se impuso á Quinatzin, por significar el que
aplana la tierra, á causa de que él extendió el señorío tetzcucano y lo arregló
debidamente, según común opinión de los escritores. Pero como en su jeroglí-
fico se expresa ese nombre con un campo sembrado, creo que se refiere más
bien á la extensión y desarrollo que dio á la agricultura.
62 OBRAS HISTÓRICAS DE
sepultura en Tenayoacan á su padre, se vino á la ciudad de
Tetzcuco con todos los señores que se hallaron en las honras
y con los que después vinieron: fué recibido y jurado por su-
premo señor, en donde estuvo y asistía siempre. En este mis-
mo año que murió Tlotzin entraron los mexicanos en la parte
y lugar donde está ahora la ciudad de México, que era en tér-
minos y tierras de Aculhua señor de Azcaputzalco, después de
haber peregrinado muchos años en diversas tierras y provin-
cias, habiendo estado en la de Aztlan, desde donde se volvie-
ron, que es en lo último de Xalixco. Los cuales según parece
por las pinturas y caracteres de la historia antigua, eran del
linaje de los tultecas y de la familia de Huetzitin, un caballero
que escapó con su gente y familia cuando la destrucción de los
tultecas en el puerto de Chapoltepec, que después se derrotó,
y fué con ella por las tierras del reino de Michhuacan hasta la
provincia de Aztlan como está referido: el cual estando allí
murió, y entró en su lugar Ozelopan, segundo de este nombre,
el cual acordándose de la tierra de sus pasados, acordó de ve-
nir á ella, trayendo consigo á todos los de su nación, que ya se
llamaban Mezitin, que los acaudillaban, juntamente con Izcahui
Cuexpalatl Yopi y según otros Aztlal y Acatl; y asimismo ve-
nía con ellos una hermana suya, mujer varonil llamada Matla-
latl, hasta el puerto referido; sucediéndoles en su peregrina-
ción muchas y varias cosas que cuentan las historias, trayendo
por su particular ídolo á Huitzilopochtli, con quien por medio
de sus sacerdotes se regían por asegurarse de las calamidades
pasadas, y estar debajo del amparo del rey de Azcaputzalco, en
cuyas tierras comenzaron á poblar, y le pidieron les diese quien
los gobernase; el cual les dio á dos hijos que tenía, por cuanto
estaban ya divididos en dos parcialidades, que los unos se lla-
maban tenochcas y los otros tlatelolcas, tomando los nombres
de sus parcialidades conforme á los puestos en donde estaban
poblados: porque los tenochcas hallaron una águila que estaba
sobre un nopal que había nacido entre unas piedras, comiendo
una culebra, de donde tomaron la etimología de su nombre; y
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 63
los tlatelolcas una isla, y enmedio de ella un montón de arena;
á los cuales Aculhua les dio por su señor y cabeza áEpeoatzin,
y á los tenochcas á Acamapichlli, que ambos eran sus hijos; ^ y
fueron los primeros señores que tuvieron los mexicanos, con
que se ennoblecieron y fué en aumento su señorío; y asi vién-
dose en este estado levantaron el ánimo para poderse vengar
de algunos que los habían injuriado, como fué de los culhuas,
que aunque eran de su misma nación les habían sido muy con-
trarios, y asi dieron sobre la ciudad de Gulhuacan una madru-
gada y la saquearon, sin que los vecinos de ella fuesen pode-
rosos para defenderla; el segundo año de su fundación tuvieron
guerras con Tenancacaltzin, señor de Tenayocan, y aunque no
le pudieron vencer, viendo que habían dado lugar á este des-
acato sus propios sobrinos, como lo eran los señores mexica-
nos, acordó de irse á la tierra septentrional de sus pasados;
y así desde este tiempo comenzaron las tiranías entre los mis-
mos deudos unos con otros, y fueron los primeros tiranos los
reyes de Azcaputzalco y los de su casa y familia, con que se
fueron ensanchando á las vueltas de los tepanecas los mexica-
nos hasta la provincia de Atotonilco. Acolraiztli, señor de Coa-
tlichan, en Nenetzin su mujer tuvo cuatro hijos: el primero se
llamó Coxcox que heredó el reino de los culhuas; el segundo
Huitzilihuitzin; el tercero Mozocomatzin, el que vino á heredar
1 Inútil es rebatir aquí los errores de Ixtlilxochitl sobre la peregrinación
azteca. Bástenos decir que la ciudad de México se fundó en el año de 18^^
Su primer gobierno, bajo el mando del sacerdote Tenoch, fué teocrático y duró
hasta el año de 1863. Gomo los mexicas eran tributarios de Tezozomoc, fueron
con él á la guerra de Gulhuacan en 1886, y á la de Tenayocan en 1851: y así
se ven estas dos victorias en la primera pintura del Gódice Mendocino.
Ixtlilxochitl, por querer que todos los reyes descendieran de los de Tetzcu-
co, dice que Tezozomoc dio por rey á los mexicas á su hijo Acamapichtli*
Otros escritores lo emparentan con los señores de Gulhuacan, para hacerlo des-
cender de los toltecas. La verdad es que era un noble mexicano á quien los
mexicas eligieron por señor en el año de 1376. Los tlatelolcas sí recibieron por
señor á un hijo de Tezozomoc; pero no se llamaba Epcoatzin, sino Teotle-
huac.
64 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOGHITL.
el señorío de Coatlichan. La cuarta y última fué Tozquentzin,
que casó con Techotlalatzin, emperador chichimeca que fué
después.
CAPITULO XI
De Uu guerras clvües que hubo entre loa chichimeccu, y otras que sucedieron
en el discurso del imperio de Quinattin.
Si Tlotzin tuvo muy particular cuidado de que se cultivase
la tierra, fué con más ventajas el que tuvo Quinatzin en tiempo
4e su imperio, compeliendo á los chichimecas no tan solamente
á ello, sino á que poblasen y edificasen ciudades y lugares, sa-
cándolos de su rústica y silvestre vivienda, siguiendo el orden
y estilo de los tultecas, por cuya causa muchos de los chichi-
mecas se alteraron, los que hallando de su opinión y parte, de
cinco hijos que el rey tenía, los cuatro mayores, (cuyos nom-
bres están atrás referidos) y con ellos otros caballeros y gente
principal, se levantaron, y los primeros que este desacato co-
metieron, fueron los que estaban poblados en Poyauhtlan,^ que
1 En el relato de esta guerra busca el autor probar que los señores de Tlaz-
•cala descendían también de los de Tetzcuco. Lo cierto es, que después de los
cbicbimecas de Xolotl, llegaron otros del rumbo de Cuextlan, que pasaron por
Xilotepec, Hueypucbtlan, Tepotzotlan y Cuauhtitlan, en donde hicieron man-
sión algún tiempo. Siguieron hacia Tetzcuco, y se les á'ió lugar á orillas del
lago Junto k Chimalhuacan. £stos teochichimecas, más bárbaros que los otros,
se arrimaron á las faldas de la sierra, en un lugar llamado Poyauhtlan. Los
tepanecas les hicieron la guerra; y aunque los teochichimecas salieron vence-
dores, su dios Gamaztli les mandó que abandonasen el lugar. Se dividieron
en dos fracciones: una ñié á establecerse á Amaquemecan; y otra, que tenía
por jefe á Ghimalquixintecuhtli, se fué á Cuauhchinanco. Según Muñoz Ca-
ToMo II— 6
66 OBRAS HISTÓRICAS DE
quemaron muchas labranzas, y luego se confederaron con el
tirano Yacanex arriba referido, que había estado recluso con
otros bandoleros en las tierras septentrionales: y asimismo hi-
cieron levantar á los de la provincia de Metztitlan, Tototepec y
Tepepolco, y otros lugares de menos cuenta. Los cuales ha-
biendo juntado un grueso ejército, sin poderlo estorbar Qui-
natzin, se vinieron sobre la ciudad de Tetzcuco y la sitiaron por
cuatro partes, que fué en Chicuhnauhtlan y en Zoltepec, y por la
sierra de Tetzcuco. Quinatzin con toda la mayor priesa que pudo
juntó sus gentes, y las repartió en otros cuatro escuadrones, ha-
ciendo capitanes de ellos áTochintecuhtli;que envió contra Ya-
canex, que tenía su campo alojado en Qiicuhnauhtlan; el otro
escuadrón dio á su hermano Nopaltzin Cuetlachihuitzin para
que fuese sobre Zoltepec, en donde estaba alojado Ocotoch, el
otro th'ano, con parte de los de la provincia de Meztitlan y To-
totepec; á Huetzin, señor de CoatUchan, que fuese con el otro
escuadrón al puerto de Patlachiuhcan, en donde estaban aloja-
dos los más principales del ejército de los de la provincia de To-
totepec y Metztitlan; y el otro escuadrón se tomó para sí Qui-
natzüi, y se fué á la sierra y parte que llaman Quauhximalco,
en donde estaba alojada parte de los de la provincia de Metz-
titlan y parte de Tototepec, y en su compañía Zacatitechcochi
con los de Tepepolco, cuyo gobernador era. Y todos á un
tiempo comenzaron la batalla; y aunque hicieron todo lo posi-
ble los tiranos por salir con su intento, fueron vencidos y des-
baratados, matando Quinatzin y los de su ejército gran parte
de ellos, y los demás se fueron huyendo y retirando hasta lle-
gar Quinatzin á las últimas tierras de la provincia de Tepepolco,
á. una sierra que se dice Teapazco. La misma victoria tuvieron
margo, llegaron á Poyauhtlan en 1208, y salieron de allí en 1325. En el mis-
mo año dejaron á Amaquemecan, y llegaron á Tlaxcala. Tras varias batallas,
en el año de 1828 se apoderaron de Tepecticpac, y arrojaron de Tlaxcula y
Xocoyucan á los ulmecas y zacatecas, matando á su famoso jefe Colopchti. Es-
tableciéronse por fin al mando de Cohuatecuhtli en Tepecticpac, que convir-
tieron sucesivamente en Tezcaltipíic, Texcalla y Tlaxcalla.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 67
Huetzin, Nopaltzin y Tochintecuhtli, matando por su persona *
Tochintecuhtli al tirano antiguo Yacanex, y Nopaltzin á Acco-
tochtli, aunque fué desgraciado en esta batalla, porque yendo
siguiendo á sus enemigos y embebecido con la victoria, le sa-
lieron de través los de la provincia de Tolantzinco que estaban
en una celada, lo prendieron y mataron, sin que los suyos
fuesen poderosos á defenderle. Y habiendo juntado todos los
escuadrones, envió Quinatzin á castigar las provincias rebela-
das, que fueron las referidas, las cuales se rindieron y dieron
á merced al emperador. Los chichimecas que fueron huyendo
y se escaparon de las manos de Quinatzin á la tierra septen-
trional, se quedaron en ella hechos bandoleros sin reconocer
á rey ni señor, como lo están hasta el día de hoy. Y todos los
que fueron presos, especialmente los hijos de Quinatzin y otros
caballeros con los de Poyauhtlan, fueron enviados y desterra-
dos á la provincia de Tlaxcalan y á la de Huexotzinco, para
que los tuviesen debajo de su dominio los señores de allí, que
eran hermanos de Quinatzin; y aunque iban desterrados por
modo de castigo, fueron muy bien recibidos de sus tíos y vinie-
ron á ser señores de aquellas provincias, y de ellos descienden
y proceden los que de allí fueron después. ^ En este mismo \
tiempo entró en la sucesión de los culhuas Coxcox por muerte
de Galcozametzin rey que había sido, como está referido: tuvo
guerras con los mexicanos sobre lo pasado y sobre el término
de sus tierras; y asimismo socorrió al sumo sacerdote de la
ciudad de Chololan llamado Iztacima, como persona á quien
competía su amparo, pues le hacían guerra los de Quecholan-
1 Como se vo, el relato que aquí hace el autor sobre la guerra de Poyauh-
tlan, difiere del que doy en la nota anterior. Lógico es que algunos se rebela-
ran contra la vida do civilización que les imponía Quinatzin, y bien pudieron
ser de ellos los teochichimecas; pero no es cierto que él los mandara á Tlaxca-
la, ni que en ésta gobernaran sus cuatro hermanos. Lo dice el autor por el
afán de que aparezcan como descendientes de ellos los cuatro jefes de aquel se-
ñorío; y tal vez para justificar el que sucediese á Quinatzin su quinto hijo en
el señorío de Tetzcuco.
68 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
chalchíuhapan y otros chichimecas que por allí estaban pobla-
dos: socorrióle con la gente que pudo y con la que le dio Qui-
natzin, echando de toda aquella tierra á los chichimecas que
ofendían al sumo sacerdote y á los chololtecas.
CAPITULO XII
De cómo vinieron loa ÜaüoUaques y chimalpcmeccu, que TUzo poblar QuincUzin en la-
ciudad de Teízouco y otras por ser grandes artificest
y de algunas guerras que sucedieron Tiasta sujlny muerte.
Recién entrado que fué Quinatzin^ en su imperio, vinieron de
las provincias de la Mixteca dos naciones que llamaban tlailo-
1 Sobre Quinatzin y la llegada de los Üailotlaques y chimalpanecas, no»
proporcionan datos los mapas citados. En el Tlotzin, en la gruta de Oztotic-
pac Tetzcuco se ve á Quinatzin con su mujer Guauhcihuatl, y entre ellos la
cuna de su hijo; y debajo una leyenda mexicana que dice: "Quinatzin Tlalte-
catzin se casó en Huezotla con Quauhcihuatl, hija de Tochin." En el mapa
Quinatzin se ye á éste, sentado en su icpalli, con sus armas y su corona de se-
ñor, hablando á dospersoni^es que tiene al frente, cuyos jeroglíficos significan
tlailotlaca y chimalpaneca: lo cual representa el arribo y establecimiento d&
estas tribus en el señorío chichimeca. La leyenda mexicana que tiene encima
este grupo dice: "En tiempo de Quinatzin llegaron los tlailotlaques, los chi-
malpanecas: hace ahora ciento sesenta y dos años." Detrás del mapa hay una
inscripción mexicana que 4ice, que so pintó el año 1641: deduciendo los 162
años referidos, resultaría para el arribo de esas tribus el año 1379. Pero este
dato no tiene más fundamento que la inscripción citada, que es de letra dife-
rente de la de las leyendas. En cambio la misma pintura nos pone junto al
grupo una cuenta cronológica que nos da 212 años: y como aquellos pueblos
comenzaban su cuenta desde la destrucción de Tollan, 1116, nos resulta para
la llegada de las tribus el año de 1328. Pero nótese que además, de los nume-
rales, está claro el signo 10 Galli; y como éste corresponde al año 1833, resul-
tfufá esta fecha como la verdadera del arribo de las tribus; y al mismo tiempo
nos enseña que los chichimecas comenzaban su cuenta desde el año de 1121, lo
que hace suponer fundadamente que ese fué el de su llegada á nuestro yalle
70 OBRAS HISTÓRICAS DE
tlaques y chimalpanecas, que eran asimismo del linaje de los
tultecas. Los tlailotlaques traían por su caudillo á Aztatlitex-
can, ó según la historia general Coatlitepan, los cuales eran
consumados en el arte de pintar y hacer historias, más que en
las demás artes; los cuales traían por su ídolo principal á Tez-
catlipoca. Los chimalpanecas traían por sus caudillos y cabe-
zas á dos caballeros que se decían Xiloquetzin y Tlacateotzin,
los cuales eran de la casa y linaje de Quinatzin, y así los casó
con sus nietas. A Xiloquetzin casó con Coaxochitzin, hija de
Chicóme Acatl su hijo; y Tlacateotzin con Tetzcocazihuatzin
hija de Memexpltzm. Y habiendo escogido de la mejor gente
que traían y más á propósito, los hizo poblar dentro de la ciu-
dad de Tetzcuco, y á los demás dió'y repartió en otras ciuda-
des ^ pueblos por barrios, como el día de hoy permanecen sus
descendientes con los apellidos referidos de Tlailotlacan y Chi-
malpan, aunque antes habían estado estas dos naciones mucho
tiempo en la provincia de Chalco. Casi á los fines del imperio
de Quinatzin se levantaron los de las provincias que en aque-
lla sazón se apellidaban de Cuitlahuac, Huehuetlan, Totolapan,
Huaxtepec y Zayolan; de las cuales la de Cuitlahuac pertene-
cía á aquella sazón á los señores mexicanos Epcoatzin y Aca-
mapichtli; y Mizquic con el pueblo de Acatlan á Amintzin, se-
ñor que á ía sazón era de Chalco Ateneo; la de Huehuetlan
pertenecía á Huetzin, señor de Coatlichan; Totolapan era per-
teneciente á la recámara del imperio; y Huaxtepec pertenecía
á Acacitzin uno de los señores de Chalco; y Zayolan á Tlaca-
tempa, asimismo señor de la provincia de Chalco. Y para cas-
tigarlas y oprimirlas mandó á los señores que confinaban con
sus señoríos fuesen sobre ellas; como fué á Epcoatzin y Aca-
mapichtli, señores mexicanos que fueron contra los de Cuitla-
huac, y esta fué la primera guerra que tuvieron los mexicanos
en favor del imperio.^ Amintzin, señor que á la sazón era de
1 Palta la conjunción y.
2 Cierta es la guerra de los mcxicas contra Cuitlahuac, y consta en las pin-
turas del CiSdice Mendocino; pero no la emprendieron por cuenta de Quina-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 71
Chalco Ateneo, fué sobre los de Mizquic y Acallan: Huetzin se-
ñor de Coatlichan contra los de Huehuetlan; Acacitzin señor de
Tlapican en la provincia de Chalco, contra los de Zayolan; y
Quinatzin en persona fué contra los de Totolapan; que con fa-
cilidad los sojuzgaron y castigaron, con que quedaron sujetos
al imperio. En las demás tierras remotas no había guerra
ninguna, respecto á ser la gente poca que se iba poco á poco
poblando; y así en esta sazón las guerras eran las que había
Rábido dentro de los límites de las sierras de la primera pobla-
ción atrás referida, á donde había muchos señores y personas
ilustres que daban motivo á estas alteraciones; aunque después
de las guerras últimas referidas, en todo el tiempo que le que-
dó de vida á Quinatzin no se atrevieron á levantar ni á subs-
traerse del imperio: el cual murió en el año de mil doscientos
cincuenta y tres ^ de la Encarnación de Cristo Nuestro Señor,
habiendo ^ casi ciento y doce años, y en el año que llaman chi-
cuey Calli: el cual murió en el bosque que llaman de Tetzcu-
tzinco, y fué enterrado como sus pasados.
tzin, sino de Tezozomoc, de quien eran tributarios. Esta guerra tuvo lugar en
el año de 1898, y dio por resultado que los chalcas perdieran su ciudad que
quedó en poder de los tepanecas; y no la recobraron hasta el tiempo de Hue-
bue Moteczuma.
1 Quinatzin murió en el año 8 Calli, 1357, antes de los últimos sucesos re-
feridos en este capítulo.
2 Aquí £edta la palabra reinado. El autor está además equivocado en su
cuenta. Quinatzin reinó del año 1298 al 1857, es decir unos 59 6 60 años.
2 r
CAPITULO XIII
Del gobierno de Techoílalatzln,
Entró en la sucesión del imperio Techotlalatzin, ^ aunque el
menor de los hijos de Quinatzin, por sus virtudes, y haber es-
tado siempre sujeto á la voluntad y gusto de su padre; y por
haber sido la ama que lo crió señora de la nación Tulteca,
natural de la ciudad que en aquel tiempo era de Culhuacan,
llamada Papaloxochitl, fué el primero que usó hablar la len-
gua náhuatl que ahora se llama mexicana, porque sus padres
nunca la usaron: y así mandó que todos los de la nación chi-
chimeca la hablasen, en especial todos los que tuviesen ofi-
cios y cargos de república, por cuanto en sí observaba todos
los nombres de los lugares, y el buen régimen de las repúbli-
cas, como era el uso de las pinturas y otras cosas de policía:
lo cual les fué fácil, porque ya en esta sazón estaban muy in-
terpolados con los de la nación tulteca. ^ En las faldas del cerro
1 En el mapa Tlotzin, inmediatamente debajo de la cueva de Oztoticpac
Tetzcuco, está Techotlala con su mujer. £1 nombre jeroglífico que tiene el
primero, se lee Coxcoz Techotlala, y el de la segunda Tozquentzin. La leyen-
da mexicana que está debajo dice: "Techotlala casó con Tozquentzin, hija de
Acolmiztli de Coatlichan."
2 Continúan los progresos de la civilización chichimeca. Gomo se ha visto,
los cbichimecas llegaron salvajes con Xolotl, eran trogloditas, y vivían sola-
mente de la caza, cuya carne comían cruda, y su religión era el culto perso-
74 OBRAS HISTÓRICAS DE
Huexachtecatl se habían poblado cuatro barrios de la nación
tulteca (que se tenían por más religiosos de sus ritos y cere-
monias), en donde tenían puestos unos templos y simulacros
de sus ídolos y falsos dioses; y sobre á cual se daría la mayo-
ría de sus dioses tuvieron muy grandes debates y contiendas,
por cuya causa Coxcox, rey que á la sazón era de los culhuas,
los hecho de allí; y desparramándose á diversas partes, los más
principales de ellos fueron á parar á la ciudad de Tetzcuco, y
pidieron á Techotlalatzin les diese tierras en donde poblar, el
cual les mandó poblar en la ciudad de Tetzcuco, por ser gente
política y conveniente á sus propósitos para el buen régimen
de su república; y así se poblaron dentro de ella en cuatro
batrios, por ser otras tantas las familias de estos tultecas, ó se-
gún en este tiempo se llamaban, culhuas: el un barrio poblaron
los de la familia de los mexítin, cuyo caudillo se llamaba Ayo-
cuan; el segundo barrio dio á los colhuaques que tenían por
caudillo á Nauhyotl; el tercero álos huitzimahuaques, cuyo cau-
dillo se llamaba Tlacomihua; y el cuarto á los panecas que su
caudillo se decía Achitometl. ^ Asimismo despachó á otros que
nal ul sol y á la tierra: por lo mismo no tenían sacerdocio. Nopaltzin da las
primeras leyes sobre propiedad de la caza y castiga el adulterio. Establecidos
los derechos de la familia y de la propiedad, aparece el sacerdocio náhuatl en
la persona de Tecpoyo, y Tlotzin comienza á recibir su cultura, é introduce
la agricultura y nuevos alimentos. Por fin Quinatzin impone la vida de ciu-
dad, y en ella las artes nahuas. Techotlala manda el uso de la lengua ná-
huatl; y desde entonces se borran las viejas costumbres, y vamos á ver en las
nuevas y en la religión y el culto, todo náhuatl, y semejante á lo mexicano.
1 Del arribo do estos nuevos emigrantes civilizadores, nos da también razón
el mapa Quinatzin. En efecto, se ve ahí á Techotlala sentado en el icpalli
real, dando orden de que se reciba á los emigrantes. Los nombres de éstos es-
tán expresados por sus jeroglíficos que significan: mexitl, huitznahuatl y te-
pan. Bl emigrante hombre, además de su quimilli, tiene sobre éste su arma
atlatl, y la mujer lleva una carga de maíz á la espalda. Eran pues, pueblos
agricultores y guerreros; pero además profesaban las artes, pues debajo de ellos
hay varios utensilios de sus industrias. Era por lo mismo importantísima emi-
• gración para el progreso de los chichimecas. Las huellas indican que llegaron
de Gulhuacan. En efecto, en esos tiempos, las tiranías y guerras que hubo entre
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 75
poblasen otras ciudades y pueblos. Esta población de estos
cuatro barrios acaeció en el año de mil trecientos y uno. Era
esta gente toda muy política, y trajeron muchos ídolos á quie-
nes adoraban, entre los cuales fué Huitzilopochtli y Tlaloc. ^ Era
tan grande el amor que Techotlalatzin tenía á la nación tulte-
ca, que no solamente les consintió vivir, y poblar entre los
chichimecas, sino que también les dio facultad para hacer sa-
crificios públicos á sus ídolos y dedicar los templos, lo que no
había consentido ni admitido su padre Quinatzin; y así desde
su tiempo comenzaron á prevalecer los tultecas en sus ritos y
ceremonias. Este emperador casó con Tozquentzin, hija de
Acolmitztli señor de Coatlichan, en la que tuvo cinco hijos: fué
el primero el príncipe Ixtlilxochitl, primero de este nombre; la
segunda se llamó Chochxochitzin; el tercero Tenancacaltzin; el
cuarto Acatlotzin: el quinto Tenannahuacatzin. Al príncipe Ix-
tlilxochitl que nació en el bosque y recreación de Tzinacanoz-
toc, le dio por ama que lo criase, una señora llamada Zaca-
quimiltzin, natural de la provincia de Tepepolco; y para la
crianza de} príncipe le señaló los pueblos siguientes: Tepetlaoz-
toc, Teotihuacan, Tezoyocan, Tepechpan, Chiuhnauhtlan, Cuex-
tecatlichocayan, Tepepolco, Tlalaxapan, Tizayocan. Ahuatepec,
los culhuas, obligaron á dos fracciones de éstos á abandonar el lago: una se
fué á Cuauhtitlan y la otra á Tetzcuco. Así en esta ciudad el elemento cbi-
cbimeca, puede decirse que quedó en minoría y subalternado, pues aún los
seis calpuUi en que se dividió, tomaron los nombres de los emigrantes. Se lla-
maron: Mexicapan, Colbuacan, Huitznabuac, Tepan, Tlailotlacan y Cbi-
malpan.
La leyenda mexicana, que está junto á las figuras referidas, dice: "En tiem-
po de Techotlalatzin llegaron los colbuas; tomaron sus semilas de maíz, frijo-
les, bledos y chía, y las pusieron en los agujeros de las tuzas: de allí salieron
las cañas y los xilotes. Fueron los primeros que trabajaron los campos; lim-
piaron la tierra; trajeron sus dioses; y quemaban á los muertos." Esto se
significa en el mapa Quinatzin con un campo cuadrado y sembrado, y con la
incineración de un cadáver.
1 Aquí se ve la introducción del nuevo culto, que podemos llamar mexi-
<íano.
76 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL.
Axapochco y Quauhtlatzinco. En esta sazón murió Aculhua,
rey de Azcaputzalco, ^ y le sucedió su hijo llamado Tezozomoc,
después de haber reinado muchos años; porque según por la
historia parece, estos señores chichimecas y aculhuas vivían
doscientos y cincuenta y trescientos años, ^ lo cual vino á faltar
en sus descendientes, después que se dieron á los regalos de
las comidas, y á los deleites y comunicación con muchas mu-
jeres; porque antes, como atrás queda referido, no tenían más
de una sola miyer; y ésta estando preñada, y después de pa-
rida, hasta que eran sus hijos grandes, no tenían comunicación
con ella.
1 Aculhua había muerto desde 1848.
2 Ya hemos dicho, que para completar su cronología, los autores antiguos
alargaban mucho las vidas de los reyes; y acaso bajo un solo nombre com-
prendían á varios.
CAPITULO XIY
De alguna» guerras que tuvieron Tezozomoc rey de Azeapulzalco y los señores mexi-
canos f ampliando su señorío; y de la sucesión de Acamapichtli en el reyno de los cm/-
huas por niancueül, su mujer, y otras cosas que sucedieron hasta la muerte de
Techotlalatxin,
Así como entró en la sucesión del reino Tezozomoc, convocó
á sus dos hermanos ^ Epcoatzin y Acamapichtli señores de Mé-
xico, para hacer guerra contra Tzonpantecuhtli, rey que á la sa-
zón era del reino de los otomíes, que tenía su corte en Xalto-
can, y contra los de Cuauhtitlan y Tepotzotlan; y juntando pa-
ra el efecto sus gentes fueron sobre ellos, y de tal manera hi-
cieron la guerra, que se apoderaron del reyno de los otomíes.
y Tzonpantecuhtli, su señor, determinó irse huyendo á la pro-
vincia de Metztitlan de donde lo era también. Techotlalatzin
viendo estas alteraciones, juntó su gente, y se puso con ella en
Chicunauhtla, para desde allí reconocer los designios de los
tepanecas y mexicanos, y aquella noche, cuando dieron la ba-
talla á Tzonpantecuhtli y le ganaron la ciudad de Xal tocan, ^
1 Continúa el autor empeñado en hacer hermanos á Tezozomoc y Acama-
pichtli.— Este, según el P. Duran, era hijo de un antiguo señor mexicano lla-
mado Opochtzin, y no tenía ninguna relación con la familia de los señores
tepanecas.
2 Ni las crónicas mexicanas ni el Códice Mendocino, tratan de esta guerra
Según el Códice Mendocino, las guerras que hubo en tiempo de Acamapich-
tli, fueron las de Cuauhuahuac, Mizquic, Cuitlahuac y Xochimilco: la de Xo-
chimilco tuvo lugar el año 1879; la de Mizquic el 1382; y la de Cuitlahuac
el 1893.
78 OBRAS HISTÓRICAS DE
pasó cerca de su ejército un escuadrón de los otomíes que iban
huyendo, y llevaban en medio de él mucha gente miserable de
mujeres, niños y viejos; y entendiendo que eran algunosxie los
enemigos, que pretendían entrarse en las tierras del reyno de
Tetzcuco, fué en su seguimiento hasta Tezontepec en donde he-
cho de ver que no era gente forajida; y como supo de su ca-
lamidad y trabajos, y que era gente doméstica, los mandó vol-
ver y les dio tierras y lugares en la provincia que desde en-
tonces se llamó de Otompan, para que los poblasen, y Tezozo-
moc se alzó con el reyno de los otomíes desde este tiempo, y
con la provincia de Mazahuacan y con la de Coauhtitlan y
Tepozotlan, dando y repartiendo algunos pueblos y lugares á
los señores mexicanos. Asimismo vinieron otros otomíes del
reyno de los tepanecas y de la provincia de Cuahuacan pam
que los amparase y les diese tierras en que poblar, porque Te-
zozomoc su señor los tenía muy oprimidos con pechosy tribu-
tos excesivos que cada díales imponía: el cual los admitió y en-
vió á poblar en YahualiuhcanyMacapan, en donde permanecie-
ron. Acamapichtli señor de los tenochcas, viéndose ya en esta
sazón poderoso y favorecido del rey Tezozomoc y de Epcoa-
tzin, sus hermanos, procuró introducirse y alzarse con el rei-
no de los culhuas, por el derecho que pretendía tener por
Yllancueitl su miy er, hija, aunque menor, de Achitometzin; lo
cual hizo con facilidad. Lo uno porque en aquella sazón Ck)x-
coxtzin que era rey de los culhuas, estaba desflaquecido de gen-
te y señorío, pues el de Coatlichan lo había dejado á su her-
mano Mococomatzin con la codicia de heredar el reyno de los
culhuas, como en efecto lo heredó; y lo otro porque entre los
mismos culhuas había bandos y discordias sobre sus idolatrías
y antigüedades de sus dioses; y así Acamapichtli se apoderó del
reyno sin contradición ninguna, y Coxcoxtzin se fué á Coatli-
chan, y con él algunos de los culhuas de la parte caída; que po-
blaron en Coatlichan, y de los mismos que fueron á Tetzcuco
como queda atrás referido. Acamapichtli no quiso asistir en
Culhuacan cabecera de aquel reyno, sino que puso un gober-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 79
nador del que fué su nieto Quetzaloya hijo de Chalchiutlatonac
señor de Goyohuacan; el cual y su hermano Epcoatzin señor
de Tlatelolco murieron ambos casi á un tiempo, habiendo rei-
nado cincuenta y un años según la Historia general, que es la
que se sigue. Y entró en la sucesión Huitzilihuitzin, el cual
casó con Tetzihuatzin, hija de Acolnahuacatzin, señor de Tla-
copan, y de Tzihuacxochitzin; ^ en la cual tuvo ocho hijos; el
primero que fué Chimalpopocatzin, que le heredó en el señorío;
la segunda Matlatzihuatzin que casó con Ixtlilxochitzin rey de
Tetzcuco; el tercero Omipoxtectzin; el cuarto Tlatopilia; el quin-
to Zacahuehuetzin; el sexto Itzcoatzin, que asimismo vino á ser
rey de México; ^ el séptimo Temilotzin; el octavo y último, Te-
mictzin. A Epcoatzin sucedió en el señorío de Tlatelolco Qua-
quauhpitzahuac, el cual casó ^ con Coaxochitzin, señor de la ca-
sa de Coatlichan, y tuvo tres hijos; que fué el primero Aman-
tzin; el segundo Tlacateotzin tercer señor de Tlatelolco; y á la
última y tercera Matlalatzin. El rey Tezozomoc casó con Chal-
chiuhcozcatzin en quien tuvo once hijos; que el primero fué
Maxtla que después le sucedió en el reino; el segundo Tecu-
hicpaltzin; el tercero Tayatzin; la cuarta Cuetlachcihuatzin, que
casó con Tlacateotzin señor de Tlatelolco; la quinta Guetlaxxo-
chitzin, que casó con Xilomantzin hijo de Quetzalia de Culhua-
can; la sexta Tzihuacxochitzin, que casó con Acolnahuacatzin
señor de Tlacopan; la séptima Chalchiuhcihuatzin, que casó con
Tlatocatlatzacuilotzin, señor de Acolman; la octava Tecpaxo-
chitzin, que habiendo sido casada con Tecpatl, señor de Ato-
1 Según la crónica mexicana, que fielmente reproduce el P. Duran, Huit-
zilihuitl casó con Ayauhcihuatl hija de Tezozomoc, y no tuvo más que un hi-
jo, el cual fué Chimalpopoca. Agrega que algunos dicen que casó también con
una hija del señor de Cuauhnahuac; pero que en cuantas pinturas tío, halló
que no tuyo más hijos que Chimalpopoca.
2 Según la crónica mexicana Itzcoatl no fué hermano, sino tío, de Chimal-
popoca. En esto andaba mal enterado el autor, pues Duran cuenta que Aca-
mapichtli tenía una esclava natural del barrio de Cuauhacalco de Azcaput-
zalco, y que en ella tuvo á Itzcoatl.
3 Aquí faltan las palabras: la hija de.
80 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
tonilco, la repudió y después pretendió su padre darla por mu-
jer legítima á Ixtlilxochitzin rey de Tetzcuco, el cual no la ad-
mitió sino por concubina, que fué una de las causas en que se
fundó Tezozomoc para tiranizar el imperio; la novena se lla-
mó Papaloxochitzin, que casó con Opantecuhtli señor de Coa-
tlichan: los otros últimos fueron hembras. Cerca de los fines
del imperio de Techotlalatzin murieron Quaquauhpitzahuac
señor de Tlatelolco, y entró en su lugar Tlacateotzin su hijo,
que tuvo en Cuetlachcihuatzin, hija de Tezozomoc, tres hijos:
los dos que fueron varones nacieron de un¡vientre, ^ los cuales
se llamaron Tzontecomoctzin y Quauhtlatoatzin; y asimismo
murió Huitzilihuitzin, y entró en la sucesión del señorío de
Thenotitlan ^ y reino de los culhuas Chimalpopocatzin, el cual
casó con Matlalatzin hija de Quaquauhtipitzahuac señor de Tla-
telolco, en la cual tuvo siete hijos; que los dos últimos fueron
Quatlecoatzin y Motecuhzomatzin Ilhuacamina, primero de es-
te nombre que vino á ser rey de México, y el menor de todos
sus hermanos. ^ Habiendo sucedido y pasado todas las cosas
referidas, murió el emperador Techotlalatzin en su palacio de
Oztoticpac dentro de la ciudad de Tetzcuco (después de haber
gobernado ciento y cuatro años), con gran sentimiento de to-
dos los del imperio que á la sazón había en esta Nueva Espa-
ña que eran entre reyes y señores sesenta y siete, según por
la historia general parece, y se hallaron los más de ellos en sus
honras y entierros que fué el año de mil trecientos y cincuen-
ta y siete ^ de la Encarnación de Cristo Nuestro Señor que lla-
maron chicue y Calli.
1 Es decir, gemelos.
2 Tenochtitlan.
8 Moteczuma Ilhuicamina era hijo do Huitzilihuitl y Miahuaxochitl; y por
lo mismo, hermano de Chimalpopoca.
4 Techotlala murió en el año de 1409, antes de que fuera señor de México
Chimalpopoca, pues éste subió al señorío en el año de 1417.
CAPITULO XV
De ebmo el emperador IxUüxochiil OmetocíUli entró en la sucesión del imperio; y cómo
Tetozomoe y los señores mexicanos no le quisieron dar la obediencia, y alteraron
el imperio.
Luego que se hicieron las exequias y entierro de Techotla-
latzin los señores que se hallaron presentes á ellas juraron por
su universal señor á Ixtlilxochitl, aunque Tezozomoc así que
supo la muerte de Techotlalatzin por aviso que tuvo de Teyol-
cocoatzin su nieto, señor que á la sazón era de Acolman, luego
convocó á los señores mexicanos, y entre otras razones que les
dijo fué decirles, que él se hallaba muy ofendido de Ixtlilxo-
chitl por su demasiada presunción y altivez, preciándose no
tener iguales en su mando y señorío, pues según buena razón á
él competía la sucesión del imperio, pues era nieto de Xolotl,
primer poblador de él, demás de que era mancebo de poca ex-
periencia para poder conservar un tan gran señorío, y que así
de ninguna manera se quería hallar en la jura, ni le admitir
por supremo señor, sino que antes le había de sojuzgar y poner
debajo su mando y señorío, pues tenía tantos y tan principales
deudos y parientes, como lo eran ellos y los señores de Acol-
man y Goatlichan, que con facilidad á estos y á todos los seño-
res de su casa y vasallos atraería á su voluntad. Los señores
mexicanos le respondieron que les parecía muy bien lo que in-
tentaba hacer, mas que fuese con mucho acuerdo, porque Ix-
tlilxochitl, aunque mancebo era belicoso y amado de sus vasa-
ToMO II-7
82 OBRAS HISTÓRICAS DE
líos. A lo cual replicó Tezozomoc que así sería. Ixtlilxochill
luego que entró en la sucesión del imperio se casó con Matlal-
cihuatzin señora de México Tenochtitlan y hermana del rey
Chimalpopoca,^ en la cual tuvo dos hijos: el primero fué el prín-
cipe Acolmiztli Nezahualcoyotzin; la segunda la infanta Atotoz-
tzin: otros hijos tuvo en otras concubinas suyas, y en Tecpaxo-
chitzintuvoáAyancuiltzin. El príncipe Nezahualcoyotzm nació
en el año de mil cuatrocientos y dos ^ de la Encarnación de
Cristo Nuestro Señor, á veinte y ocho del mes de Abril, en el
año que llaman ce Tochtli y en el signo y día que llaman ce
Mazatl, y al postrero del mes de Tocoztzintlan, ^ y fué muy no-
tado su nacimiento de los astrólogos y adivinos de aquel tiem-
po, y fué por la mañana al salir el sol, con gran gusto de su
padre; y así que nació le señaló puestos y lugares para su crian-
za, dándole ayos cuales convenían á su buena crianza y doctrina,
entre los cuales fué Huitzilihuitzin, que era á su modo en aquel
tiempo muy gran filósofo. Viendo los señores que estaban re-
motos de la corte las alteraciones y pretensiones del rey de
Azcaputzalco, se fueron substrayendo poco á poco, de tal mane-
ra que comenzó á decaer el imperio, y Ixtlilxochitl no osó salir
á castigarlos por tener (como decía) al enemigo dentro de su
casa, que con facilidad se alzaría con ella; demás de que les
andaba al oído, y así lo remitió para otro tiempo, y quiso por
1 Según la versión mexicana del F. Duran,, la mujer de IxUilxochitl y ma-
dre de Nezahualcoyotl, no era hermana de Chimalpopoca sino de Itzcoatl; pero
en el mapa Tlotzinse ve á Ixtlilxochitl y á su mujer Matlalcihuatl, bien mar^
cados con sus jeroglíficos, y la leyenda dice: ^^Ixtlilxochitl se casó con MaÜalci-
huatl, hija de Huitzilihuitl de Tenochtitlan."
2 En la Kelación 9?, fs. 152. del tomo 1? pone el nacimiento de Nezahualco-
yotzin en el nño de once Casas, que dice fué en el de 1869, y también es error.
(Nota del original.)
8 En la Kelación citada dice que el nacimiento fué á cinco días del 12? mes
llamado Hueypachtli, en el primer día de la semana llamado ce Mazatl, co-
rrespondiente & los últimos del mes de Octubre. Aquí habla de un mes llama-
do Tocoztitlan, que no conocemos. El P. Duran conñrma la fecha de 1402
del nacimiento de Nczahualcoyt)tl.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 83
medios buenos atraer al tirano Tezozomoc y á sus aliados y de
ninguna manera lo pudo allanar, por lo cual lo remitió á las
armas; y así convocando á sus gentes, juntó á seis provincias
que halló de su parte, entre las cuales fueron Tolantzinco y
Tepepolco, y á los señores de Huexotla, Coatlichan, Acolman
y otros diez ó doce, que algunos de ellos lo hicieron por cum-
plimiento, como fueron el de Acolman y Coatlichan; y con la
gente que juntó en las provincias referidas, comenzó á castigar
á los pueblos y lugares pertenecientes á su recámara, que de
secreto favorecían y eran de la parte de los tepanecas, como
fueron los de Xaltepec, Otompan, Axapochco, Temaxcalapan y
Tolquauhyocan.
CAPITULO XVI
J>ela^adelpHncipeNezahu<acoyotsinpor7ier9dero del imperio en Icueortet que
ee hieier<m en Muexotia^ en donde te determinaron las ffu^rraa que hubo entre
IxüüxochiU y Texozomoe sobre el imperio.
El año siguiente de mil cuatrocientos y catorce de la Encar-
nación de Cristo Nuestro Señor que llaman matlactliomey Tóch-
tli, hizo cortes y junta Ixtlilxochitl de los señores y capitanes
que eran de su parcialidad, para tratar en ellas el orden que se
<lebfa de tener en sujetar al rey de Azcaputzalco y á todos sus
aliados que pretendían alzarse con el imperio; los cuales sa-
lieron de acuerdo que ante todas cosas convenía jurar á Neza-
hualcoyotzin por príncipe heredero del imperio, y sitiar por la
parte de la laguna á las ciudades de Azcaputzalco y México, y
que el ejército que anda ^ castigando y sojuzgando los pueblos
del reino de Tetzcuco, prosiguiese entrando por las tierras de
los tepanecas hasta venir á dar con la ciudad de Azcaputzalco,
todo lo cual se puso por obra y Nezahualcoyotzin fué jurado
de edad de doce años; y entre los capitanes más principales
que fueron señalados para esta guerra fueron señalados Tzoac-
nahuacatzin que se le dio el combate de hacia la laguna; Coa-
cuecuenotzin por caudillo y general de los que habían de en-
trar por las tierras del enemigo, el cual á esta sazón estaba
1 Andaba.
86 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
muy bien apercibido de gente y de todo lo necesario para de-
fender su reino y ofender á Ixtlilxochitl; y así Tlacateotzin se-
ñor de Tlatelolco, que era el general del ejército de los tepa-
necas, salió al encuentro de Tzoacnahuacatzin por la laguna
antes que hubiese llegado á la mitad de ella, de tal manera que
le fué forzoso retirarse y aguardar al enemigo á las orillas de
ella por la parte que cae de Tetzcuco, en donde tuvieron una
cruel batalla sin que de la una ni de la otra parte hubiese ven-
taja, más de que no les dejaron pasar de la otra parte de la
laguna á sitiar las ciudades de México y Azcaputzalco. El año
siguiente que llaman ce Acatl, á seis días de su segundo mes,
en el día que llaman matlactliomey Tecpatl, entraron los tepa-
necas por la parte que llaman Aactahuacan, y fueron ganados
todos aquellos lugares hasta el pueblo de Iztapalocan que per-
tenecía á el reino de Tetzcuco, y aunque se defendieron fueron
muertos y cautivos muchos de los naturales de aquellos pue-
blos, entre las cuales murió Quauhtilotzin, mayordomo que
tenía el rey puesto en Iztapalocan, y quemaron y saquearon
todas las más de las casas; y esta fué la primera de las victorias
que tuvieron los tepanecas. Coacuecuenotzin vino á entrar coa
su ejército por Xilotepec hasta venir á dar por Qtlatepec^ y Te-
potzotlan prosiguiendo su viaje asolando los pueblos y lugares
que se defendían hasta llegar á Cuauhtítlan, en donde le salie-
ron los tepanecas con un poderoso ejército, y peleando con él
los desbarató y venció, y pasó por Cuetlachtepec hasta llegar á
las faldas del cerro que llaman Temacpalco, y desde allí sitió
la ciudad de Azcaputzalco sin dejarle entrar por aquella banda
ningún socorro de gente y mantenimiento; en donde estuvo
casi cuatro años, y si por su consejo fuera, tenía lo más hecho
para poder concluir y asolar la ciudad de Azcaputzalco, y res-
taurar el imperio.
1 Citlaltepec.
CAPITULO XVII
CXtrno Tezotomoc, viendo que el emperador IxÜUxochUl le tenia eercada y tiüada tu.
eitidadf procuró pedir treffiMt con íocolor de que le quería dar la obediencia y
tratar de p<tce8.
Viendo Tezozomoc que en cuatro años que habían durado
las guerras de los chichimecas contra él, no había podido suje-
tarlos, sino que antes había perdido mucha gente de su ejérci-
to, y que á pocos lances le entrarían en su ciudad, en donde
podía correr riesgo su persona, y las de sus deudos y aliados,
acordó llevar por otro camino el negocio, y fué que pidió tre-
guas por cierto tiempo, en el cual prometía dar la obediencia
á IxtlilxochiU y tratar de la paz y concordia que dijo pretendía á
el imperio, y para ello envió sus embajadores á Ixtlilxochitl, el
cual siendo demasiadamente noble de condición, sin advertir
el daño que de esto le podía seguir, luego mandó alzar el cerco
que tenía puesto sobre Azcaputzalco, y envió sus gentes á que
fuesen á descansar en sus pueblos, quedándose solo y desaper-
cibido en la ciudad de Tetzcuco; y conociendo Tezozomoc el
descuido con que vivía y que sus designios se le iban logrando,
fingió quererle hacer ciertas fiestas en las faldas de un cerro
que se dice Chiuhnauhtecatl ^ en confirmación de las paces que
fingidamente decía querer hacer con Ixtlilxochitl, y llevando
para el efecto muchas danzas y otros juegos, regocijos y entre-
1 En otros lugares dice Chicunauhtia.
88 OBRAS HISTÓRICAS DE
tenimientos que usaban estos señores, á las vueltas de él llevó
un grueso razonable ejército para que al mejor tiempo embis-
tiesen con los tetzcocanos y matasen á Ixtlilxochitl y á todos los
que iban con él; y en esta traición y pactos de tiranía fueron
participantes los señores mexicanos y los otros atrás referidos,
que eran de la casa y linaje de Tezozomoc, el cual se puso con
todo lo referido en un bosque y casa de recreación que allí es-
taba, que se decía Temamatlac, en donde aguardó á Ixtlilxo-
chitl; el cual cuando llegó á su noticia cómo estas fiestas que el
astuto viejo pretendía hacer, eran para mejor hacer su tiranía y
traición, (y lo que más sintió el rey Ixtlilxochitl ser ya tan tarde
que apenas se pudo fortificar su ciudad, ni pedir socorro, por-
que los más de los señores estaban ya en compañía del tirano,
y aun algunos de los caballeros de su corte, de quienes mucho
se fiaba, eran partícipes de esta conspiración), haciendo de la-
drón fiel envió á excusarse de las fiestas, fingiendo estar indis-
puesto, y que las remitiesen para otro tiempo; para lo cual lla-
mó á su hermano el infante Tocuitecatl Acottotli, y le encargó
llevase esta emb^gada: el cual conociendo que esta empresa
que se le encargaba era de mucho riesgo, y que no podía esca-
par con la vida, dijo al rey su hermano que se acordase de
sus hijos y los amparase, y que dos lugares que le había hecho
merced de ellos poco había, que se decían Quauhyocan y Te-
quixquinahuac de que aún no hkbía tomado posesión, que sus
hijos los tuviesen: el rey le consoló y le dijo que el mismo
riesgo aguardaba su persona, pues le veía tan desapercibido de
socorro y gente, y el tirano tan eventajado, pues le hacía la
guerra con sus propias armas y con los de su propia casa, y
habiéndole dicho otras razones, le mandó vestir ciertas vestidu-
ras que el rey se solía poner, y adornarle con preseas de oro y
pedrería, y llamó á ciertos criados suyos para que lo acompa-
sen, y con ellos se fué al bosque de Temamatlac, que estaba
en ChiuhnauhtecaU como está referido. Cuando llegó el in-
fante vio que estaban todos en consulta, y entre los del tirano
muchos de los de la gente ilustre y principal del reino de Tetz-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLITJCOCHITL. 89
CUCO, como eran algunos de Huexotla y otros de Coatlichan y
de Chimalhuacan, Coatepec, Iztapalocan y los de Acolman con
todos los de su valía; y haciendo su acatamiento al tirano y á
todos los demás, dio su embajada, y la respuesta que se le dio
fué decirle que á él no le llamaban, sino á Ixtlilxochitl; y luego
incontinenti lo mataron desollándolo vivo, y el pellejo lo en-
cajaron en una peña que por allí estaba, y la misma muerte
les dieron á todos los que iban con él. De lo cual fué avisado
el rey Ixtlilxochitl, que ya estaba puesto á punto aguardando
á los enemigos, los cuales viendo que no lo pudieron haber á
las manos, marcharon á gran priesa para cogerle desapercibido
y saquear la ciudad; y aunque el tirano con sus consortes se
dio mucha priesa, no pudo con tanta facilidad ejecutar su mal
intento, porque Ixtlilxochitl se opuso contra él y defendió la
ciudad más de cincuenta días, en los cuales sucedieron muchas
y varias cosas, entre las cuales un caballero llamado Toxpilll,
de los muy privados que tenía el rey Ixtlilxochitl, él y los de
un barrio de la ciudad llamados chimalpanecas, mataron á los
ayos y gente de la recámara del rey por ser ya del bando de los
tiranos, entre los cuales fueron IztactecpoyoU y Huitzilihuitl,
que entrando dentro de sus casas con macanas los hicieron pe-
dazos, y á otro llamado Tequixquenahuacatlayacaltzin dentro
de su casa á pedradas lo mataron y arrastraron, sacándolo de
su casa por las calles, y le saquearon la casa; era persona muy
rica. Viendo Ixtlilxochitl que aun hasta los de su casa y corte,
y de quienes tenía gran confianza se le habían rebelado, y to-
dos apellidaban el bando tepaneco, y que estaba tan apurado,
y los más de los ciudadanos y otros caballeros que defendían
su persona y la de su ciudad estaban muertos, y la gente mise-
rable é indefensa, le fué fuerza hacer lo mismo.
CAPITULO XVIII
De ctmo el emperador IxÜüxochUl te retiró á la numtafUif y desde allí envió á pedir
socorro dios de la provincia de Otompant en donde mataron d sucapiidngenercUf y
lo demds que acaeció en esta ocasión hasta su fin y muerte»
E>a tan grande la confusión, que había no tan solamente
dentro de la ciudad de Tetzcuco sino en todas las demás ciuda-
des, pueblos, y lugares del reino, que unos apellidaban el nom-
bre de Ixtlilxochitl y otros el del tirano, de tal manera que los*
padres defendían el un bando, y los hijos el otro, y aun entre
los hermanos y deudos había está confusión y división, con
que con mucha facilidad fué asolado por el tirano y sus con-
sortes, y de la gente popular no pararon hasta pasar á la otra
parte de las montañas, yéndose á vivir los más de ellos á las^
provincias de Tlaxcalan y Huexotzinco. Ixtlilxochitl, habiendo-
desamparado la ciudad, se hizo fuerte en un bosque de los de
su recreación, que se dice Quauhyacac, y con él Zoacuecue-
notzin su capitán general, y el príncipe Nezahualcoyotzin con-
todos los de su valía, desde donde peleaban con los enemigos,
que andaban tan pujantes, que les fué fuerza retirarse unos
adentro por las montañas y irse á otro bosque que se dice Tzi-
canoztoc ^ desde donde le llegaron nuevas de cómo Itlacantzin
señor de Huexotla, y Tlalnahuacatl señor de Coaüichan, y To*
• 1 Tzinncanoztoc.
92 OBRAS HISTÓRICAS DE
tomihua de Coatepec, que defendían su causa, asimismo ha-
bían desamparado y retirádose á la sierra, y que estaban ellos
y sus vasallos en el mismo riesgo, por lo que acordó de enviar
á la provincia de Otompan á pedir socorro á Quetzalcuixtlí, ca-
pitán y caudillo que tenía puesto para la gente de guerra de
aquella provincia, para lo cual envió á su sobrino y capitán ge-
neral de su ejército Coacuecuenotzin ^ diciéndole: "sobrino mío,
grandes son los trabajos y persecuciones que padecen los acul-
huas chichimecas mis vasallos, pues que habitan ya en las mon-
tañas, desamparando sus casas. Id á decirles á mis padres los
de la provincia Otompan que les hago saber, que es muy
grande la persecución que los míos padecen, y así les pido su
socorro, porque los tepanecas y mexicanos nos tienen muy
oprimidos, que con una entrada que hagan, acaban de sojuz-
gar el imperio, y poner en huida á la gente miserable de los
aculhuas tetzcucanos, pues han comenzado á pasarse á las pro-
vincias de Tlaxcalan y Huexotzinco." A estas palabras Coacue-
cuenotzin le respondió: "muy alto y poderoso señor, agradez-
co mucho la merced que vuestra alteza me hace en quererme
ocupar en este viaje el cual haré con muy gran voluntad; mas
le advierto á vuestra alteza que no he de volver más, porque
como le consta ya en aquella provincia apellidan el nombre
del tirano Tezozomoc; sólo le pido y encargo que no desam-
pare á su criados Tzontecoatl y Acolmiton, y pues Dios fué ser-
vido de darle al príncipe mi señor Nezahualcoyotzin, los podrá
ocupar en su servicio." Fué tan grande el sentimiento y lágri-
mas que movieron estas razones, que por un rato el uno al
otro no pudieron hablar, hasta que volviendo en sí le dijo así:
sobrino mío muy amado. Dios te lleve con bien y te favorez-
ca, y lleva por consuelo cómo me dejas en el mismo riesgo
que tu vas; quizás en tu ausencia los tiranos me quitarán la vi-
da. El cual fué al efecto, y habiendo sido conocido en el pue-
blo de Ahuatepec, que entró por aquella parte por ver de ca-
1 Antes lo Uama Zoacüecuénoizin; acaso aquí faltó la cedilla al copiante.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 93
mino ciertos lugares y labranzas que por allí tenía, para des-
pachar todos los bastimentos que pudiese al ejército, fué preso
por los de Quauhtlatzinco y llevado á Otomba, y allí en medio
de la plaza en donde todos los de la provincia se habían jun-
tado y convocado, le preguntaron de su venida, y habiéndoles
dicho y dado á entender á lo que era enviado, el capitán
Quetzalcuixtli, luego que oyó la embajada, dijo á voces á to-
dos los que estaban presentes; "Ya habéis oído la pretensión
de Ixtlilxochitl para que le demos socorro, lo cual de ningu-
na manera se ha de hacer, sino que todos nos hemos de some-
ter debajo de la protección y amparo del gran Tezozomoc,
que es nuestro padre;" y luego habló Lacatzone, gobernador
de aquella provincia y dijo: "¿A qué hemos de ir? defiéndase
él solo, pues tan gran señor se hace y de tan alto linaje se
jacta; y pues vino al efecto su capitán general, háganlo peda-
pedazos aquí, y de donde diere," ^ mandando á los que pre-
sentes estaban lo hiciesen pedazos; y el primero que lo asió fué
un soldado Xochpoyo, natural de Ahuatepec, y aunque quiso
defenderse, llegaron otros que lo hicieron pedazos, y todos á
voces decían: "viva el gran señor Tezozomoc nuestro empera-
dor," y luego llegó Icatzone y pidió que le diesen las uñas de
los dedos de Coacuecuenotzin, y habiéndoselas dado las ensartó
y las puso por collar por modo de burla y vituperio diciendo:
"pues estos son tan grandes caballeros, deben de ser de pie-
dras preciosas é inestimables sus uñas, y así las quiero tener
por ornato de mi persona;" y con los pedazos de su cuerpo
la gente popular comenzaron á tirarse con ellas unos á otros.
Asimismo mataron á otros cuatro criados suyos, que habían ido
en su seguimiento. Esta muerte tan desastrada sucedió á los
diez y ocho días de su octavo mes llamado Micailhuitzintli, en
el día de macuilli Coatí, que es á veinticuatro de Agosto del año
de mil cuatrocientos diez y ocho de la Encarnación de Cristo
1 Aquí debe haber un error del copista, pues no se entiende bien la redac-
ción: y también supongo, que el nombre Lecatzone, que después convierte el
autor en Icatzone, debe ser Yacatzone.
94 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALTA IXTLILXOCHITL.
Nuestro Señor. Itzcuintlatlacca, un caballero natural de Ahua-
tepec que se halló presente cuando lo referido, fué á toda prisa
á ver al rey Ixtlilxochitl y darle cuenta del caso infeliz referido,
el cual habiéndolo oído, mandó llamar á la mujer de Coacue-
cuenotzin para consolarla, á |la cual dijo: ^^sobrina mía, ya mi
amado sobrino y capitán general del ejército de mi imperio
•cumplió como leal vasallo, pues empleó en mi amparo y defensa
su persona y vida; lo que te ruego ahora es que tengas ánimo
en las adversidades que la fortuna nos muestra, y te consuelen
mis hijos, que aquí tienes presentes, que lo que importa es es-
caparlos de esta persecución:" y le dgo otras muchas razones
•derramando lágrimas, y así se fué de este puesto á otro que se
decía Chicuhnayocan, en donde estuvo treinta días retirado.
CAPITULO XIX
De la desastrada é infeliz muerte del emperador IzUilxochUL
Viéndose Ixtlilxochitl tan desamparado de los suyos, dejó á
todos los de su casa y familia en el bosque de Chicuhnayocan,
y con sólo dos capitanes, que el uno se decía Totocahuan, na-
iural de Papalotlan, y el otro llamado Cozamatl, y su hijo el
príncipe Nezahualcoyotzin, se fué hacia una barranca profunda
-que se dice Queztlachac, junto de la cual estaba un árbol grande
<iaído, que debajo de sus raíces hizo noche, y al salir el sol el
-día siguiente, que fué en el que ellos llaman matlactli Cozca-
cuauhtli, á los nueve días de su décimo mes llamado Ochpana-
liztlique, que fué á los veinticuatro de Septiembre del año atrás
referido, llegó á él muy apresurado un soldado de los espías
que tenía puestos, llamado Tezcacoacatl, diciéndole cómo por
aquellas lomas había descubierto que venía cantidad de gente
armada á gran priesa. Ixtlilxochitl viéndose ya cercano á la
muerte, y que le era fuerza el venir á las manos con sus ene-
migos, les dijo á los pocos de sus soldados que allí estaban con
él, que procurasen escaparse con las vidas, que él no podía hacer
menos sino morir hecho pedazos en manos de sus enemigos; y
luego llamó al príncipe y le dijo con muy sentidas y tiernas pa-
labras: "Hijo mío muy amado, brazo de león, Nezahualcoyotl, ¿á
dónde te tengo de llevar que haya algún deudo ó pariente que
te salga á recibir? Aquí ha de ser el último día de mis desdi-
96 OBRAS HISTÓRICAS DE
chas, y me es fuerza el partir de esta vida; lo que te encargo y
ruego es, que no desampares á tus subditos y vasallos, ni eches
en olvido de que eres chichimeca recobrando tu imperio, que
tan iiyuslamente Tezozomoc te tiraniza, y vengues la muerte
de tu afligido padre; y que has de ejercitar el arco y las flechas;
sólo resta que te escondas entre estas arboledas porque no con
tu muerte inocente se acabe en ti el imperio tan antiguo de tus
pasados." Fueron tantas las lágrimas que los ¡ojos vertían de
hijo y padre, que de ninguna manera pudieron hablarse más, y
habiéndose abrazado tiernamente, el príncipe se apartó de su
padre y se fué á un árbol muy copado, dentro de cuyas ramas
se estuvo allí escondido, y desde donde vido el fin y desastra-
da muerte de su padre: el cual salió al encuentro de sus ene-
migos (que los más eran de las provincias de Otompan y Chal-
co, que venían con los tiranos tepanecas, á quienes había hecho
muchas mercedes y favores poco tiempo antes), y embistiendo
con ellos, peleó un gran rato, matando algunos de ellos, hasta
que cayó en tierra muerto, pasado su cuerpo por muchas par-
tes con lanzas que llevaban; y reconociendo que bajaban mu-
chos de sus soldados á favorecerle, se contentaron con dejarlo
muerto y se fueron á gran priesa por la vía de Otompan; y To-
tocahuan, uno de los capitanes, fué el primero que levantó á su
rey y señor, y comenzó á hacer una lamentación hablando con
el cuerpo difunto diciéndole: ** ¡ Oh Ome Tochtli Ixtlilxochitl, ya
llegó el fin de tus desdichas y principio de tu descanso; empiece
ya el llanto de todo tu imperio, y goce de su horfandad y or-
bación,^ pues hoy le falta su luz y padre: sólo me pesa en dónde
irá á parar el niño Acolmiztli Nezahualcoyotl, mi príncipe y
señor, y con él sus leales y desdichados vasallos." Y habiendo
hecho este apostrofe y parlamento al cuerpo de su rey y señor,
lo comenzó á amortajar, y entre los que fueron llegando, fué
un caballero llamado Chichiquiltzin, natural de Tlailotlacan. y
allí cerca de un río llamado Queztlachac, en la parte más aco-
1 No 80 entiende esta palabra.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 97
modada que vieron, aderezaron lo mejor que pudieron un es-
trado y asiento real, en donde pusieron el cuerpo del gran Ix-
tlilxochitl, y aquella noche estuvieron con él, hasta que otro
día al amanecer lo quemaron, que fué en el que llaman ma-
tlactlice 01in,y sus cenizas las guardaron hasta que fuese tiempo
de colocarlas en el lugar conveniente á su persona y calidad.
Duraron estas últimas guerras de los tepanecas tres años y dos-
cientos setenta y seis días, siendo de edad el príncipe Nezahual-
<5oyotzin de quince años y doscientos días, y jurado y recibido
por su señor del imperio chichimeca. Ixtlilxochitl fué el pri-
mer emperador chichimeca que se enterró con semejantes exe-
quias, que es conforme á los ritos y ceremonias de los tultecas.
Toxoii-8
CAPITULO XX
De etnno el tirano Texozomoe se hixo jurar emperador del imperio éMchimecOf y cómo
hizo matar á mucfios niños naturales del reino de Tétzcueo, y el pregón que 4i6
por su mandato en los llanos de Tozteca Teopan^ donde juntaron todos los de el
reino de Tetzcuco, y algunos de los otros pertenecientes al imperio.
Luego que fué muerto Ixtlilxochitl, sexto emperador chichi-
meca, llevaron la nueva al tirano Tezozomoc los matadores, á
quienes hizo muy grandes mercedes, se hizo jurar y recibü* en
el imperio, haciendo muchas mercedes á sus aliados y consor-
tes como eran los señores mexicanos Tlacateotzin de Tlatelul-
co y Chimalpopoca en Tenochtitlan, y Ateyolcocoatzin señor
de Aculman, y á otros que se hallaron en las fiestas y juras,
aunque todos los más de los señores de las provincias remotas
con estas novedades y alteraciones se fueron alzando poco á
poco, sin reconocer á la una ni otra parte; pero después el
tirano pretendió sojuzgarlas, y por el corto término y guerras^
que luego se ofrecieron, no hubo lugar. La primera diligencia
que mandó hacer contra los leales vasallos de Ixtlilxochitl,
fué que á los niños que supiesen hablar hasta los de siete años,
se preguntase á quién tenían y reconocían por señor natural,
y que los que respondiesen que á Ixtlilxochitl ó Nezahualcoyotl
los matasen; y los que dijesen que á él los premiasen junta-
mente con sus padres. Usó de esta crueldad para que en todo
tiempo fuesen aborrecidos Ixtlilxochitl y Nezahualcoyotzin sus
100 OBRAS HISTÓRICAS DE
señores naturales. Lo cual se puso luego por ejecución; y como
los inocentes niños siempre habían oído decir á sus padres y
mayores ser vasallos de Ixtlilxochitl y Nezahualcoyotzin, res-
pondieron esta verdad, por cuya causa perecían en manos de
crueles verdugos, los cuales mataron muchos millares de ellos,
que fué una de las mayores crueldades que príncipe hizo en
este Nuevo Mundo. La segunda diligencia que puso por obra
fué mandar juntar toda la gente principal y plebe de todas las
repúblicas y de todas las ciudades, pueblos y lugares que eran
del patrimonio del imperio, en un llano que está entre la ciu-
dad de Tetzcuco y pueblo de Tepetlaóztoc, y subiéndose encima
de un cú y templo (que estaba en medio del llano referido), un
capitán á voces les dijo en ambas lenguas chichimeca y tolteca
(que generalmente en aquel tiempo corría en todo el imperio),
que desde aquel día en adelante reconociesen por su empera-
dor y supremo señor á Tezozomoc rey de los tepanecas, y á éi
acudiesen con todas las rentas y tributos pertenecientes á el
imperio, y no á otra provincia, pena de la vida: y que si halla-
sen al príncipe Nezahualcoyotzin, lo prendiesen y llevasen vi-
vo ó muerto á la presencia de Tezozomoc su señor, que él pre-
miaría á los que tal servicio le hiciesen. A todo lo cual estuvo
el príncipe Nezahualcoyotzin escuchando desde un cerro mon-
tuoso que cerca de allí estaba y que se dice Cuauhyacac, y así
procuró vivir con recato y aviso, desamparando á su patria
Lo cual sucedió los últimos días del año de mil cuatrocientos
diez y ocho. El año siguiente habiendo estado el príncipe Ne-
zahualcoyotzin retraído en la provincia de Tlaxcalan con los
señores de ella, sus tíos, por huir de las asechanzas del tirano,
se vino á la provincia de Chalco por estar más cerca de su pa-
tria y colegir los designios del tirano y los de sus émulos: se
entró en ella ocultamente so color de que era soldado, y se an-
duvo en una campaña del ejército de los chai cas, que traían
guerras- contra ciertos pueblos comarcanos sobre sus límites y
mojoneras, con lo cual pudo algunos días estar oculto y disfra-
zado, hasta que un día mató á una señora Pnma 1 1 Züaininuh,
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 101
en cuya casa se albergaba, porque tenía trato de vender canti-
dad de pulque (que es su vino) con que se embriagaban mu-
chas personas, pareciéndole cosa indecente á la calidad de la
persona de la señora, y contra lo que las leyes disponían: ^ con
lo cual hubo de ser conocido y preso por los chalcas, y llevada
ante el señor supremo Toteotzintecuhtli, que así se decía el de
aquella provincia, el cual lo mandó poner en una jaula dentra
de una cárcel fuerte, y en su guarda á Quetzalmacatzin su her-
mano con cantidad de gente, y que en ocho días naturales no
le diesen ninguna comida ni bebida, porque en esta cruel
muerte quería servir al tirano Tezozomoc, y vengar la muerte
de aquella señora. Quetzalmacatzin, aunque fingió cumplir lo
que se le mandaba, ocultamente con cierto artificio metía de
comer y de beber al príncipe, con que lo sustentó los días refe-
ridos, compadeciéndose de él y de cuan injustamente era tra-
tado por dar gusto á un tirano: al cabo de los cuales Toteotzin-
tecuhtli preguntó por el preso á Quetzalmacatzin ¿si había
fallecido?; y diciéndole que no, recibió muy grande enojo, y man-
dó que el día siguiente, que había de ser la feria general de la
provincia, lo hiciesen pedazos en ella. Luego aquella noche Que-
tzalmacatzin, compadecido de Nezahualcoyotzin, entró á ver-
le y de secreto le dijo lo que había pasado y la cruel sentencia
que estaba dada contra él, y que no era justo que en él se eje-
cutase, pues era sucesor del imperio; que antes por su amor
quería él padecer en su nombre aquella muerte, y para que
pudiese salir de entre las guardias, mudasen los vestidos, y que
con toda diligencia se pusiese en cobro, huyendo aquella noche
por la vía de Tlaxcalan ó de Huexotzinco, ó en otra provincia
extraña donde no pudiese ser habido; y que sólo le rogaba y en-
cargaba en premio de este servicio que le hacía, que si los dio-
ses le favorecían y recobraba su imperio, se acordase de su
1 En la Relación décima de la Historia de los Señores Chichimecas, toma
1? página 184, llama el autor á esta mujer Zitlamiyauh, y dice que la mató
Nezahualcoyotl, porque habiéndola encontrado en el campo, quiso denunciar-
lo dando voces. Esta versión es más honrosa para Nezahualcoyotl.
102 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCIIITL.
mujer é hyos, y los amparase. Agradecido el príncipe de tan
gtaií bien como el que. este caballero le hacía, le dio las gra-
cias, y prometió de hacer todo cuanto le pedía, y su lealtad me-
recía; y así se salió sin que fuese conocido de las guardias, y
toda aquella noche caminó á gran prisa por la vía de Tlaxca-
lan quedando en su lugar dentro de la jaula Quetzalmacatzin;
y sabido porToteotzintecuhtli lo que había pasado, mandó eje-
<5Utar eíi él la muerte y sentencia que contra Nezahualcoyotzín
lenía dada.
CAPITULO XXI
-Cftmo el tirano Tetozomoo repwríiib Uu iierrai perteneeientea al patrimonio del imperio
de loa ohiehimecat, y otras coeaa que hito y del nteOo que eoM,
El año siguiente de mil cuatrocientos y veinte de la Encar-
nación de Cristo Nuestro Señor llamado chicuacen Tecpatl,
híos después de la muerte del infeliz Ixtlilxochitl y algunos días
más, (cuando de la ciudad de Tetzcuco y todas las demás de
«u provincia los naturales que se hablan ido y ausentado á di-
versas partes, estahan ya otra vez en sus casas con alguna
quietud aunque despojados de sus haciendas y bienes mue-
bles, regidos y gobernados de tiranos crueles), acordó el tirano
Tezozomoc en esta ocasión de repartir el reino de Tetzcuco
en este modo. El pueblo de Coatlichan con todo su llamamien-
to ^ (que en aquella sazón eran muchos pueblos y lugares que
tenían el nombre y apellidos de acolhuas, y corrían desde los
términos de la provincia de Chalco hasta los de Tolantzinco,
1 Tenemos un plano jeroglífico del señorío de Coatlichan, pintado en papel
de maguey por los antiguos indios, el cual nos da los siguientes pueblos de su
jurisdicción: Coatlichan, Chalco, Culhuacan, Mexicapan, Mexicaltzinco, Te-
pantitlan, Ahuehuetitlan, Ocotitlan, Tepuzahuetlaoo, Tenanco, Tlalixpan,
Texalco, Oztolitiqui, Chimalpa, Tepalcapan, Cuauhtlalpan, 3Iototepec, Te*
paneca, ílalnahuac, Tlilhuacan, Hihuacan, Tepepanayapanco, Teocalpan,
Oihuatecpan, Tlamapoc, Tototla, Matlaltepec, Miquitepec, TIecuauhtitlan
T?lalicaya, Tepuchcalco, Omequiauhco y Tlacatonco.
104 OBRAS HISTÓRICAS DE
en donde entraban las provincias de Otompan, Tepepolco, y
Cempoalan), tomó para sí. Huexotla que era la otra cabecera
que asimismo contenía muchos pueblos interpolados con los
de la ciudad de Tetzcuco y con los de Coatlichan, le dio á Tía-
cateotzin, señor de Tlatelolco; y la ciudad de Tetzcuco con los
demás pueblos de su llamamiento le dio á Chimalpopoca rey
de México. ^ Asimismo dio investidura de reyes á su nieto Te-
yolcocoatzin, señor de Acolman, y á Quetzalmaquiztli señor
de Coatlichan, las que caían por la parte del Mediodía: y á
Ateyolcocoatzin de Acolman, las del Septentrión repartiendo
entre los del gobierno de todo el imperio de Tetzcuco. ^ Otras
mercedes hizo á otros caballeros y señores de menos cuenta.
Hecho esto, comenzó á hacer algunas guerras y entradas con
sus capitanes contra los de las provincias remotas, llevando
la cosa con rigor. Muchos de los señores de ellas se le rindie-
ron, sin dar lugar á que sus subditos padeciesen calamidades
y persecuciones, las que en tales ocasiones causan las guerras.
En esto ocupó todos los seis años que le restaban de vida: ha-
biendo estado Nezahualcoyotzin en la provincia de Tlaxcalan
con sus tíos los señores de allí, con quienes comunicó sus de-
signios, y ellos le dieron el orden que había de tener para re-
cobrar su imperio y señorío. En este medio tiempo, las seño-
ras mexicanas, que eran sus tías y deudas muy cercanas de
él, pidieron de merced al tirano la vida de su sobrino, el cual
se las concedió, con tal que asistiese dentro de la ciudad de
México, sin salir de ella; hasta que segunda vez las mismas se-
ñoras alcanzaron del tirano pudiese ir á la ciudad de Tetzcu-
co en donde le restituyó los palacios y casas de sus padres y
abuelos, y algunos lugares para que le sirviesen, con lo cual
1 Ixtlilxochitl, Relación 10?, dice que Tezozomoc asoció al imperio á los
reyes de Cohuatlichan y Acolman. Es bien singular este gobierno de triun-
virato, que se encuentra en todas las dinastías de México, como también en
Guatemala y entre los Muyscasde la Nueva Granada. (Nota de Teilhiaux).
2 SI mismo sentido trunco é imperfecto presenta el original desde el prin»
cipio del período dividido por el punto anterior.
rON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 105
tuvo alguna más libertad para poder tratar de restauración del
imperio en el año de mil cuatrocientos veinte y seis de la En-
carnación que llaman matlactliomome Tochtli. Estando en el
estado atrás referido el imperio, el tirano Tezozomoc soñó una
madrugada, cuando por el horizonte salía la estrella del alba, que
al príncipe Nezahualcoyotzin veía transformarse en figura de
águila real y que le desgarraba y comía á pedazos el corazón; y
otra vez se transformaba en tigre, que con unas uñas y dientes
le despedazaba los pies: se metía dentro de las aguas, y lo mis-
mo hacía dentro de las montañas y sierras convirtiéndese en
corazón de ellas; con lo cual despertó espantado, despavorido»
y con cuidado, y así hizo llamar luego á sus adivinos para que
le declarasen este sueño. Los cuales le respondieron que sig-
nificaba el águila real que le despezaba y comía el corazón, que
el príncipe Nezahualcoyotzin le había de destruir su casa y li-
naje; y lo del tigre, que había de destruir y asolar la ciudad de
Azcaputzalco con todo su reino, y que había de recobrar el im-
perio que le tenía tiranizado, y ser señor de él: que eso signifi-
caba el convertirse en corazón de las aguas, tierras y monta-
fias. Habiendo oído Tezozomoc la declaración de su sueño, les
pidió le diesen consejo, para que pudiese con tiempo reme-
diarlo; los cuales le respondieron, que no hallaban otro sino
matarlo, y que esto se había de hacer cuando estuviese des-
cuidado, porque de otra manera sería imposible matarle. Y
habiendo despedido á los adivinos, mandó parecer ante sí á sus
tres hijos, Maxtla, Tayatzin y TlatocaTlizpaltzin, y entre otras
muchas razones que les dijo fué que si ellos querían ser seño-
res del imperio, matasen á Nezahualcoyotzin, cuando viniese
á la ciudad de Azcaputzalco á hallarse en las honras de su
muerte, que sería muy presto, porque él se hallaba muy á lo
último de sus días, pues como sabían había gobernado ciento
y ochenta y ocho años, y que en su lugar entraría Tayatzin
su hijo á quien nombraba por sucesor.
CAPITULO XXII
De la muerte del Urano Texotomoc, y de cómo ae introdujo en la tucetibn del imperio
MaxOa segundo tirano^ y de cómo mat6 á Tayattin su hermano, y de oirás cosas
que sucedieren.
A los cuatro días primeros del año que llaman mallactlio-
mey Acatl, y otros tantos de su primero mes llamado Tlaza-
xipenaliztli, ^ y en día de Cycozca Quauhtli,^ que es el año de
mil cuatrocientos y veinte y siete de la Encarnación de Cristo
Nuestro Señor, á los veinte y cuatro de Marzo, falleció Tezo-
2omoc en la ciudad de Azcaputzalco, desamparado de la natu-
raleza humana como hombre que había vivido muchos años
y gozó de muchos siglos, de lo cual se dio aviso á los señores
mexicanos, y á todos los demás sus deudos y amigos para que
todos viniesen á sus honras y exequias; y asi el día siguiente
por la madrugada al salir el lucero llamado Nahvolin, * entre los
señores que vinieron á ellas llegó Nezahualcoyotzin con su so-
brino Tzontecochatzin, y dio el pésame de la muerte de Te-
2ozomoc á sus tres hijos, y á los señores mexicanos y demás
caballeros de aquel linaje, y se sentó entre ellos asistiendo á
las exequias funerales, y otros ritos y ceremonias que los sacer-
dotes de los ídolos hacían hasta quemar el cuerpo. Tayatzin
1 Tlacaxipehualiztli.
2 ce Cozcacuauhtli.
8 Kahui Ollin.
108 OBRAS HISTÓRICAS DE
que muy en la memoria tenía escrito lo que su padre había de-
jado encargado acerca de matar á Nezahualcoyotzin de secre-
torio recordó á su hermano Maxtla, el cual le respondió que lo
dejase por entonces, que no se alborotase que tiempo había
para hacerlo, pues en aquella sazón sólo se trataba de las hon-
ras y exequias de su padre, en donde asistían tantos señores
y gente ilustre; que parecía muy mal estando todos tristes y
conflictos por la muerte de su padre, matar á otro fuera de
tiempo y sin son, por lo cual no se ejecutó lo que Tezozomoc
dejó ordenado, y Nezahualyotzin fué avisado de su primo Mo-
tecuhzoma lo que se había tratado contra él; por lo cual, así
como fué quemado el cuerpo de Tezozomoc y colocadas sus
cenizas en el templo mayor de la ciudad de Azcaputzalco, según
el modo de los mexicanos, Nezahualcoyotzin se volvió á la ciu-
dad de Tetzcuco. Maxtla que á la sazón era señor de Coyohua-
can, hombre belicoso y de ánimo altivo, pretendió para sí el im-
perio, sin embargo de lo mandado y determinado por su padre;
pareciéndole pertenecerle mas aina por ser mayor, en quien
concurrían las partes y requisitos de poder gobernar un imperio
como el que su padre dejaba; y así dentro de cuatro días des-
pués de las honras, se hizo introducir en el imperio, dándole
todos la obediencia. Ya eran contados cinco meses y cinco
días á la cuenta de los naturales^ que son ciento y cinco días,
cuando una noche estuvo Tayatzin con el rey C3iimalpopoca:
en ciertas pláticas, como lo acostumbraban desde que fué de-
puesto de la sucesión que su padre le había dejado; las cuales
fueron sobre esta materia, diciéndole el rey Chimalpopoca:
"Maravillado estoy señor, de que estés expelido de la dignidad
y señorío en que te dejó nombrado el emperador Tezozomoc
tu padre, y que tu hermano Maxtla se haya apoderado de él,
no perteneciéndole, pues no es más de señor de Coyohuacan."
Respondiólo Tayatzin: "Señor, cosa dificultosa es recobrar los
señoríos perdidos, poseyéndolos tiranos poderosos." Replicó
Chimalpopoca: "Toma mi consejo pues es muy fácil, edifica unos
palacios y en el estreno de ellos le convidarás y allí le mata-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 109
ras con cierto artificio que yo te daré, y el orden que para ello
has de tener:" y luego prosiguió con otras razones. A esta sa-
jzón Tayatzin había llevado consigo un enano paje suyo, lla-
mado Tetontli, ^ el cual había estado tras de un pilar de la sala
escuchando la plática que habían tenido; y idos que fueron á
Azcaputzalco, de secreto dio aviso el enano al rey Maxtla, el
cual le mandó que guardase secreto, prometiéndole de hacer
muy grandes mercedes: de lo cual se indignó mucho contra su
hermano, y luego mandó llamar los obreros de palacio, y les
mandó que en cierta parte de la ciudad edificasen unas casas
4)ara que en ellas viviese su hermano Tayatzin, que aunque le
había dado el señorío de Coyohuacan, le quería tener siempre
en su corte. Lo cual se puso luego por obra, y acabadas de edi-
ficar las casas, luego lo envió á llamar, y fingiendo convidarle
^n el estreno de ellas, le quitó la vida por los mismos filos que
había sido aconsejado por el rey Chimalpopoca; y aunque pa-
xa el efecto Maxtla le había enviado á llamar, se envió á excu-
sar diciendo, que estaba ocupado en un sacrificio muy solem-
ne que hacía á sus dioses.
1 En las Bclaciones se llama Tlatolton.
CAPITULO XXIII
Pf c^mo el tírar\o MaxUa ?Uto preruier 4 CfhinmíiPQpocarey de Me^^
to toUar; y de loe trances peliffrotot en que te íHdo Netahualcoyottin,
Visto por el rey Ghimalpopoca la muerte que tuvo Tayatzin^
coligió que sin duda el tirano Maxtla había sido avisado del
consejo y pláticas que con Tayatzin habia tenido sobre el ha-
berse tomado y usurpado el imperio Maxtla, y qqe sus desig-
nios habían sido cogerlos á él y á Tlacat^tzin juntamente con
Tayatzin en las fiestas del estreno de las casas, y matarlos á to-
dos tres, como lo hizo con su hermano, si allí se hallasen; y
que sin duda, aunque se habían escapado de este lance, los ha-
bía de matar por la vía que mejor le parecía; y estando en esta
confusión, procurando el mejor medio para no venir á sus ma-
nos, Tecuhtlehuacatzin, uno de los más principales caballeros
de su corte y deudo suyo, le aconsejó que se armasen los dos
á usanza de guerra y con insignias de hombres que se ofrecían
al sacrificio de los dioses, y que saliendo ataviados de esta ma-
nera fuesen al patio del templo mayor, y allí tuviesen demos-
tración de quererse sacrificar á sus dioses, con lo cual echarían
de ver el intento de sus vasallos, porque sabiendo la causa de
su sacrificio, si les querían bien no lo consentirían, sino que
antes todos se pondrían en armas para defenderle; y si viesen
en ellos tibiesa, prosiguiesen y se sacrificasen á sus dioses, que
le sería de mayor gloria morir en sacrificio que venir á las ma-
112 OBRAS HISTÓRICAS DE
nos del tirano. Lo cual luego pusieron por obra, y estando en
los actos y ceremonias que en semejantes sacrificios se solían
hacer, Motecuhzoma que ya era capitán general del reino y hi-
jo suyo, ^ yéndoles á la mano y queriendo estorbar su intento,
no pudo, y así dio aviso por la posta á Maxtla como supremo
señor que era para que lo remediase y estorbase; el cual luego
que lo supo envió á ciertos caballeros con cantidad de gente
para que prendiesen al rey Chimalpopoca, y que en una jaula
fuerte lo pusieran dentro de su ciudad con bastantes guardas,
y por medida le diesen'la comida; y Tecuhtlehuacatzin solo fue-
se sacrificado. Lo cual se puso luego en efecto, de manera que
no salieron con su intento Chimalpopoca y su consejero Tecuh-
tlehuacatzin, porque los mexicanos se veían muy faltos de fuer-
zas para poder resistür la furia y enojo de un tan poderoso ti-
rano como era Maxtla. Nezahualcoyotzin tuvo aviso de su
hermano Yancuiltzin de todo lo atrás referido, y como su tío el
rey Chimalpopoca quedaba preso y, muy aflgido, y que casi
apenas le daban de comer. Se determinó de ir á ver al tirano,
y pedirle de merced soltase á su tío, y le perdonase si en algo
le había ofendido; lo cual puso por obra llevando consigo á
Tzontecochatzin, y asimismo de vuelta ver á su tío si otra co-
sa no alcanzaba. El cual llegó á la ciudad de Azcaputzalco ya
noche, y se fué derecho á casa de un caballero llamado Chocha
que era camarero del emperador Maxtla, á quien dijo como ve-
nia á besarle la mano ál gran señor: respondióle que fuese muy
bien venido, que por la mañana le llevaría, y daría orden de
que le viese; y así amanecido que fué, lo llevó á palacio y lo
metió allá dentro de los cuartos en donde asistía Maxtla, pi-
diéndole este caballero diese auditorio á Nezahualcoyotzin que
le venía á ver; y mandándole parecer ante sí, Nezahualcoyo-
tzia le saludó y entre otras razones, le dijo: "Muy alto y pode-
roso señor: bien entiendo y conozco, que el gran peso del go-
bierno del imperio de V. A. le tendrá aflgido y con cuidado: yo
1 Ya homoe dicho que era su hermano.
DON FERNANDO DE ALVA tXTULXOCHITL. 113
Tengo á pedirle y suplicarle por el rey Chímalpopoca mi tío, á
quien como pluma preciosa que estaba puesta sobre vuestra im-
perial cabeza, la tiene quitada, y el collar de oro y pedrerías con
que su real cuello adornaba lo tiene desatado, y en sus manos
asido y apretado; á quien suplico como rey piadoso eche en
olvido la venganza y el castigo y ponga los ojos en el desdi-
chado viejo, que está su cuerpo desflaquecido, y desamparado
de los bienes y fuerzas de la naturaleza." Habiendo oído estas
razones Maxtla dijo á su camarero Chocha: "¿qué te parece de
ésto? Nezahualcoyotzin mi liijo es verdadero amigo mío, pues
pide que eche en olvido mi venganza: vosotros los tepanecas
¿cuando diréis otro tanto?'* Y á Nezahualcoyotzin le dijo: "prín-
cipe, no te entristezcas, que no es muerto el rey Ghimalpopoca:
anda á verlo y visitarlo, que yo le prendí por los alborotos que
andaba haciendo, y mal ejemplo que dio á la gente popular y
mala nota á los mexicanos; y tú Chocha, ve con él para que
los de la guarda se lo dejen ver." Esta diligencia hizo Nezahual-
coyotzin por ver si á su tío Chímalpopoca podía libertar de la
prisión en que estaba. Despedido que fué de Maxtla Nezahual-
coyotzin, se fué con el camarero á la ciudad de México Tenoch-
titlan á verse con su tío; y Maxtla, luego que salió de su casa,
envió á otro camarero suyo llamado Huecan Mecatl á que fue-
se á ver á Tlailotlac Tecuhtzintli, un caballero de los de su con-
sejo y parlamento, enviándole á decir por extenso todo lo que
había pasado con Nezahualcoyotzin sobre pedir la libertad de
su tío Chímalpopoca, y cómo era ido á verle; que le enviase su
consejo ¿si mataría primero á Chímalpopoca y á Tlacateotzin
y después á Nezahualcoyotzin? pues lo dejó muy encargado su
padre el emperador, lo cual por negligencia suya se había di-
latado. ^ El consejero envió á decir que á S. A. no le diese pe-
1 La leyenda mexicana es muy diferente, y la tepaneca, que es en mi con-
cepto la más verosímil. Algunos cronistas ponen como único móvil de Maxtla,
su ambición y tiranía, y cuentan que mandó matar á Chímalpopoca, á quien
hacen niño aún. Torquemada y otros, aceptan la complicidad de éste con Ta-
yatzin, y refieren que Maxtla por vengarse, cuando llegó el día de recibir el
Tomo II-9
114 OBRAS HISTÓRICAS DE
na, pues estaba todo debajo de su mano; que bien podía co-
menzar á ejecutar su rigor y justicia por donde quisiese, y fue-
se servido; que aunque matase luego á Nezahualcoyotzin, que
nadie se atrevería á irle á la mano, y pues era su voluntad
que muriese primero Chimalpopoca, y Tlacateotzin, que así se
hiciese; que Nezahualcoyotzin no se escaparía de sus manos,
pues no se podía meter dentro de los árboles ni las peñas.
Vistas las razones Maxtla de su consejero, no quiso por enton-
ces matar á Nezahualcoyotzin, el cual con su sobrino Tzonteco-
chatzin, habiéndoles dejado entrar las guardas, visitó á su tío
y entre otras razones que le dijo fueron: "Poderoso señor, tra-
bajos son estos y esclavitud que padecen los príncipes y seño-
res en el discurso de sus reinados: pague, y satisfaga los lan-
ces que promete el reinar y mandar entre tiranos: de una co-
sa se puede consolar, que es dentro de la corte y cabecera del
reino que sus padres y abuelos, Acamapichtli y Huibilihuitl
le dejaron, y es de tener muy gran lástima de la calamidad de
sus subditos y vasallos, pues están con tanta aflicción los me-
xicanos y tenochcas, hasta ver en que ha de venir á parar es-
ta prisión y calamidad de vuestra alteza, y que es lo que pre-
tende hacer el tirano Maxtla, que ya yo fui á verle." Chimalpo-
tributo de los tenochcas, envió por respuesta á Chimalpopoca un traje muje-
ril, y tras tamaña afrenta, hizo violencia Maxtla á la más hermosa de las mu-
jeres de aquél. Después lo mandó prender, y lo puso en el cuauhcalli ó cár-
cel de vigas de Azcaputzalco. £1 P. Duran nos da otra versión. Chimalpo-
poca pidió á Azcaputzalco el agua de Chapultepec para su ciudad, y que le
ayu^asea á hacer el caño para llevarla. Pareció esto último una insolencia á
los tepanecas, y determinaron destruirlo. No bien entró Maxtla en el señorío
pusiéronlo en práctica, y al efecto una noche entraron. en el palacio de Chi-
malpopoca y le dieron muerte.
La crónica tepaneca, manuscrito escrito en mexicano en el siglo XVI, co-
mienza diciendo que en el año de 1426 murió Tezozomoc, y que tuvo cuatro
hijos: Acolnahuatzin, señor de Tlacopanj Cuauhpitzahuac, señor de Tlate.
lolco; Epcoatzin, señor de Atlacuihuayan; y Maxtla de Coyoacan. No exis-
tiendo en esta relación Tayauh, no hay motivo de venganza, y Maxtla obra
solamente por ambición; y hace en desprecio á Chimalpopoca violencia á sus
mujeres. Este no es reducido á prisión; pero sufre en silencio el ultraje.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 115
poca le respondió: "Príncipe mío, qué osadía y atrevimiento es
el vuestro en haber venido hasta aquí con tanto riesgo de vues-
tra persona á verme, que bien lo podíades haber excusado,
pues no ha de ser de ningún efecto para poder atajar el rigor
que contra mí quiere ejecutar Maxtla: lo que os pido y encargo
es, que os juntéis con vuestro tío Itzcohuatzin y con vuestro
primo Motecuhzoma, ^ y os aconsejéis lo que mejor os convi-
niese, porque tú serás el bastimento y munición de los mexi-
canos y aculhuas, no por vuestra negligencia los desamparéis;
y advertido que por donde quiera que estuviésedes, vuestra si-
lla y asiento esté trasminado, no en algún tiempo pronuncie
sentencia de muerte el tirano Maxtla: andad siempre sobre avi-
so y con cuidado/* Dichas estas razones y otras muchas, se qui-
tó las joyas de oro y piedras preciosas con que tenía adornada
su cabeza, rostro y cuello, y se las dio á su sobrino Nezahual-
coyotzin; y á Tzontecochatzin le dio unas orejeras y bezotes
de cornelinas; con que los despidió. Idos que fueron, llegó
mandato del tirano Maxtla para que lo soltasen de la prisión
en que estaba el rey Chimalpopoca, lo cual se cumplió luego
y las guardas fueron despedidas.
1 £1 parentesco próximo de Nezahualcoyotzin con los señores tenochcas
consta en el mapa Tlotzin. Nezahualcoyotzin, era según éste, sobrino y no
primo de Moteczuma.
CAPITULO XXIV
De ebmo se escapó Nezahualeoj/otzin por dos veces de las 'manos del HranOf y de la
muerte del rey Chimalpopoca^ y de Tlacateoizin señor de Tlateltdco,
Muy en el alma de Nezahualcoyotzin quedaron escritas las
palabras de su tío Chimalpopoca, por cuya causa no tan sola-
mente guardó y cumplió sus consejos, que alegóricamente y
por metáforas le había dicho, sino que también ejecutó y guar-
dó el sentido literal de ellas, pues así como llegó á la ciudad de
Tetzcuco, mandó luego de secreto trasminar las paredes por
donde cabía su estado ^ y asiento, que después le valió para
escaparse con la vida (como delante se dirá); el cual hecha es-
ta diligencia, se volvió á la ciudad de Azcaputzalco para ver al
tirano y darle las gracias de la merced que á su tío le había
hecho en soltarle, á donde llegó al amanecer, y se fué luego á
palacio, en cuyo patio principal vido mucha gente armada y
por las paredes arrimadas muchas lanzas y rodelas, que el rey
Maxtla acababa de mandarles á que fuesen á la ciudad de Tetz-
cuco á matarle; y viéndole uno de aquellos capitanes, se ade-
lantó á recibirlo y le dijo: "seáis muy bien venido, señor, que en
este punto nos despacha el rey para vuestra ciudad, y corte
á buscar á Pancol, que anda herido:" y luego lo llevó á una sa-
la para que allí aguardase lo que Maxtla mandaba y determi-
} Del>6 ser estrado.
118 OBRAS HISTÓRICAS DE
naba. Nezahualcoyotzin pasando por entre aquellos soldados
los saludó á todos, y les dijo quería ver al gran señor. Y uno
de los criados de palacio avisó luego al rey cómo lo quería ver
y estaba aguardando en una sala Nezahualcoyotzin; al cual
mandó llamar, y yendo á su presencia, le volvió el rostro y no
le quizo hablar, y Nezahualcoyotzin vido que allí en un estra-
do estaba con las damas y concubinas de su tío el rey Chimal-
popoca, las cuales se decían la una de ellas Quetzalmalin y la
otra Pochtlampa; y dándole Nezahualcoyotzin al rey unos ra-
milletes de flores en las manos, no los admitió; y así los puso
delante de él, y hablando con él, no le respondió. Visto esto,
Nezahualcoyotzin se salió, y Chacha el recamarero le dijo en
secreto cómo el rey su señor había mandado matarle, y aque-
lla gente armada que había visto en el patio, la acababa de
despachar para el efecto; que procurase de salirse y escapar
con la vida, si hubiese lugar; y así Nezahualcoyotzin se salió
por un postigo, que entraba á unos jardines que el rey tenía
dentro de su palacio, y se fué á una sala grande que el techo
tenía de paja, y á Xiconocatzin que era el que había venida
acompañarte desde la ciudad de Tetzcuco, le mandó que se pu-
siese á la puerta, y mirase si parecía alguno mientras él se es-
capaba y salía, y que si viniesen á buscarle, dijese que había
salido fuera á cierta necesidad que se le había ofrecido, y que
si pudiese escapar, que cerca de Tlatelulco le aguardaba. Y así
desbaratando el techo de la sala en la parte que vido más con^-
veniente se salió por allí, y se fué huyendo á la parte referida.
Aún no había bien escapado, cuando á gran prisa vinieron dos
capitanes derechos á Xiconocatzin, al cual le dijeron que le fue-
se á llamar porque el rey le buscaba. El cual no aguardó más
razones porque luego so salió de palacio á toda prisa, ponien-
do su persona en cobro hasta ir á alcanzar á Nezahualcoyo-
tzin: y ya á esta sazón toda aquella gente de guerra y guarda
del rey estaba alborotada y buscándole por toda la ciudad; y
aunque algunos de los que habían ido en su seguimiento, le
habían dado alcance, era tan ligero, que se les fué de entre las
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 119
manos, amenazándolos que antes de mucho á sangre y fuego
los destruiría. Cerca de Tlatelulco, después de haber pasado
los peligros y trances referidos se juntaron Nezahualcoyotzin
y Xiconocatzin, los cuales iban muy fatigados de hambre, que
los obligó á comprar de comer en las primeras casas que topa-
ron de la ciudad, y luego se embarcaron y pasaron á su ciudad
de Tetzcuco. Y viendo el tirano Maxtla que Nezahualcoyotzin
se había escapado y los soldados no lo habían podido matar,
ejecutó en ellos su ira y rigor, no dejando á ninguno con vida;
y luego despachó á México con mandato expreso matasen á Chi-
malpopoca y á Acateotzin; ^ y yendo derechos á Tenochtitlan,
hallaron que el rey estaba en una sala del templo, en donde
estaban labrando unos escultores un ídolo llamado* Techuxi-
lotl, los cuales luego que vieron al rey lo apartaron de entre
aquellos oficiales y lo llevaron á'otra sala del templo, que se
decía Huitzcali, ^ como que querían tratarle de algunas cosas
graves, y estando con él á solas en aquella sala, lo mataron
dándole en la cabeza con una porra, ^ y así como salieron de la
1 Tlacateotzin.
2 HuitzcaUi.
8 Las versiones mexicanas son diferentes. Ta hemos visto que según el P.
Duran, los tepanecas entraron una noche por sorpresa en el palacio de Chi-
malpopoca, y lo mataron. La versión más aceptada es, que preso y ultrajado
el señor de Tenochtitlan, se ahorcó con su propio maxtli, colgándose de una
viga del cuauhcalli.
La crónica tepaneca nos da mucha luz en este punto. Si Chimalp<*poca hu-
hiera hecho traición á Maxtla, éste hahría podido atacar francamente á los
mexicas. £n esa crónica aparece solamente la ambición de dominio como mó-
vil de Maxtla, y los ultrajes á Chimalpopoca como medio para provocar un
conflicto, en el cual tenía seguro el triunfo. Chimalpopoca sufrió todo cobar-
demente. Los mexicas, raza altiva y valerosa, no podían consentirlo. Itzcoatl
y Moteczuma pidieron auxilio á Acolnahuacatl señor de Tlacopan, y ayuda-
dos de los sacerdotes, en la noche condujeron á Chimalpopoca al Calmecac.
Allí, presentándole sus riquezas, lo bañaron en la obscuridad, y le entregaron
unos remos, tiza y flechas, de parte de Acolnahuacatl y Tzacualcatl. Después
lo incensaron, y poniéndole en la mano el cuauhquetzali, lo tendieron y lo
cubrieron con una tilma, y debajo de ésta le ataron una soga al cuello. Za-
120 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
sala, dijeron á los mexicanos que entrasen á ver á su señor
que quedaba durmiendo, y ellos se fueron á gran prisa hacia
Tlatelulco. Los mexicanos viendo á su r^y muerto, se fueron
en seguimiento, y habiéndolos alcanzado tuvieron alguna re-
friega con ellos. Aunque Tlacateotzin se pudo escapar por en-
toncesj entrándose en una canoa grande cargada de preseas de
pro y pedrería, y tomando la vía de Tetzcuco se fué huyendo
por la laguna, l^os tepanecas dieron tras de él, y lo alcanzaron
iíTi medio de ella y \q lancearon; que este fué el fin que estos
dos señores mexicanos tuvieron. Después de muertos los co-
jieron los mexicanos sus vasallos, y les hicieron las exequias
y honras que ellos a,costumbrabau; y harto quisieran vengar es-
ta injusticia; n;ias lo remitieron á otra ocasión, porque sus fuer-
zas no eran bastantes para ello; y la que á. la sazón les impor-
taba era darles sucesores, que los rigiesen y gobernasen; y asi
los tenochcasi juraron y dieron la obediencia á Itzcoatzin, her-
mano menor de Chimalpopoca, persona en quien concurrían
tpdas las partes y requisitos necesarios á un rey en una ocar
sión de tanta calamidad, y aprieto. Los tlatelulcos eligieron
por su señor á Quautlatoatzin, ^ no menos valeroso que el rey
Itzcoatzin.
zancatl le tenía agarradas las manos; y Tlacotzincatl le apretó la soga, hasta
que murió. Entonces los sacerdotes dijeron al pueblo, que los de Tlacopan ha-
bían dado muerte á Chimalpopoca. Así castigaron á un rey cobarde los gue-
rreros y sacerdotes de México. Chimalpopoca murió en 1427.
1 Cuauhtlatoatzin.
CAPITULO XXV
De cómo por otra» dos veces escapó Netahuaicoyotzin de las manos de stis enemigos.
Muertos los señores mexicanos sólo restaba al tirano Maxtla
<iuitar la vida al principe Nezahualcoyotzin, para poder gozar
del imperio sin contradicción de persona alguna; y aunque ha-
bía hecho diligencia la vez pasada, no tuvo efecto, y así prosi-
guió á hacer su negocio por otra vía, y fué que dio orden á
su sobrino Yancuiltzin, el hermano bastardo del príncipe Neza-
hualcoyotzin, para que en un convite y estando seguro en su
casa lo matase. Huitzilihuitzin, ^ un caballero de la ciudad de
Tetzcuco, dado á la ciencia de los astros y ayo suyo, supo es-
ta traición, y según su ciencia hallaba, que corría gran detri-
mento su persona si en este convite se hallaba, y para librarle
-de él dio orden que se trajesen un mancebo labrador, natu-
ral de Coatepec en la provincia de Otompan, que se parecía al
príncipe y era de su misma edad, al cual tuvo algunos días,
que no fueron muchos, en secreto, industriándole del modo de
cortesía y usanza que tenían los príncipes; que para el efecto
Nezahualcoyotzin había dilatado el convite que su hermano le
ofrecía (y era costumbre en semejantes convites y saraos en-
1 Veytía (Lib. II, Cap. XI) pretende que este Huitzilihuitl no es el mismo
-que había sido ayo de Nezahualcoyotl, y que aquél había muerto en la toma
-de Tetzcuco por el ejército de Tezozomoc. (Nota de Ternaux).
122 OBRAS HISTÓRICAS DE
trar en ellos desde prima noche á una danza general que se
hacía), y así llegando el mancebo aunque muy descuidado del
riesgo en que estaba, ataviado con veslimentos reales y senta-
do en el trono real y en su compañía los criados ayos y pri-
vados de Nezahualcoyotzin, llegó Yancuiltzin su hermano pa-
ra llevarle á las fiestas y saraos que en su casa se hacían, con
grande acompañamiento, y por las salas, calles y patios por
donde había de pasar estaban encendidos unos hachones de
teas: el cual después de haberles hecho sus cumplimientos, lo
llevó á su casa y luego que entró en ella comenzó la danza, y
á tres vueltas que habían dado en ella, llegó un capitán por
las espaldas, y le dio un golpe por la cabeza con una porra que
cayó aturdido, y luego incontinenti le cortaron la cabeza, y la
llevaron por la posta al rey Maxtla, teniendo por muy cierto
ser Nezahualcoyotzin. El cual habiendo estado ala mira, luego
que supo la muerte que se le dio al que representaba su figu-
ra se embarcó para la ciudad de México á darle el parabién á
su tío Itzcoatzin de la nueva elección; y al amanecer llegó á
palacio y entró luego á visitarle, y estando platicando con él
dentro de poco rato llegaron unos mensajeros del rey Maxtla
que traían la cabeza del mancebo, dándole parte cómo ya era
muerto el príncipe Nezahualcoyotzin. Los mensajeros viéndo-
le vivo allí con su tío, se quedaron espantados y admirados, y
conociendo lo que en sus ánimos tenían, les dijo que no se
cansasen en quererle matar, porque el alto y poderoso dios le
había hecho inmortal. Los cuales luego al punto se fueron con
esta nueva á su rey, y habiendo oído el caso fué tan grande el
enojo é indignación que recibió, que mandó luego juntar sus
gentes, y mandó luego un razonable ejército que con toda bre-
vedad entrasen en la ciudad de Tetzcuco, y repartiesen en to-
da ella los soldados que llevaban, para que tomadas todas las
calles, entradas y salidas de la ciudad, ellos con la gente que
les pareciese, entrasen en donde quiera que estuviese Neza-
hualcoyotzin y lo matasen. Los cuales salieron con su ejército
marchando hacia Tetzcuco. Nezahualcoyotzin luego al punto
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 123
tuvo aviso por medio de Totomihua, señor de Coatepec, y llamó
á consejo á lo que había de hacer; y así en sus palacios llama-
dos alian, se juntaron Quauhtlehuanitzin, su hermano mayor
hijo natural de su padre, Tzontecochatzin y otros caballeros
que eran de su banda, y les dijo cómo el día siguiente venían
sus enemigos á matarle y que estaba determinado á recibirlos,
y no huirles el rostro. Respondió Quauhtlehuanitzin y le dijo:
^'hermano y señor mío, haced el corazón ancho para que podáis
resistir los golpes de la fortuna, pues os dejó en estos trances
y peligros vuestro padre Orne Tochtli Ixtlilxochitl, y bien vis-
teis los trabajos y persecuciones que tuvo hasta venir á morir
en la demanda, quedando su cuerpo por fundamento, cimien-
to y muralla del imperio de los chichimecas y reino de los
aculhuas; y al presente ya ha visto vuestra alteza lo que pas^a
con los mexicanos, pues el tirano Maxtla no paró hasta matar
al rey Chimalpopoca su tío. ¿Qué mayor riezgo y calamidad
puede haber en el mundo como el que ahora pasa?" Y luego
Tzontecochatzin le dijo: "poderoso señor, grandes son los tra-
bajos y esclavitud que padece vuestra alteza, en que le deja-
ron el rey Ixtlilxochitl mi señor y su capitán general Chihua-
cuecuenotzin ^ mi padre, cuando les dio el tirano Tezozomoc
aquella cruel muerte; y así no puedo decir ni traer á la memo-
ria otra cosa á vuestra alteza, ni puedo darle ningún consejo
en donde está el señor Quauhtlehuanitzin, su hermano." Aca-
bada esta razón, tornó á proseguir en su conversación y pláti-
ca Quanhtlehuanitzin diciéndole: "señor ¿qué es lo que preten-
de el tirano Maxtla, sino lo que tiene dicho á vuestra alteza y
le aflige el alma?" A lo cual Nezahualcoyotzin dijo: "mañana se-
rá muy bien que haya juego de pelota con que nos entretendre-
mos entretanto que llegan los tepanecas nuestros enemigos:
y Coyohua saldrá á recibirlos y los aposentará en mi casa, don-
de sus personas serán servidas y regaladas." Y habiendo trata-
do de otras cosas convenientes á este propósito, estando mu-
1 Coacuecuenotzin.
124 OBRAS HISTÓRICAS DE
chos soldados á la mira por si fuese necesario socorrerle y de-
fenderle de sus enemigos, á la noche envió á un criado suyo
llamado Tehuitzil que fuese á ver á su maestro Huitzilihuilzin,
por cuya orden se regía, dándole aviso de cómo se había de-
terminado recibir á sus enemigos, y que ya era tiempo de po-
ner en ejecución lo que le tenía aconsejado sobre recobrar el
reino de los aculhuas y imperio de los chichimecas, porque
tenía por nueva muy cierta, que el día siguiente habían de ve-
nir á matarle. El cual oídas las razones que traía el mensa-
jero de parte de su discípulo, comenzó á llorar, y le respondió
diciendo.: * Tehuitzil, ve á decirle al príncipe mi hijo Acolmiztli
Nezahualcoyotl que tenga ánimo y valor, y comience á hacer
lo que debe, que ya le tengo aconsejado cómo y cuando, y las
partes de dónde le ha de venir el socorro, como son de las pro-
vincias de Huexotzinco y Tlaxcalan, Zacatlan y Tototepec; que
ya los conoce que son hombres valerosos, y los más son chi-
chimecas, y otros otomíes, y estos no lo desampararán antes
emplearán sus vidas por él"; y con esto despidió al mensajero.
Oídas estas razones de su ayo y maestro, luego aquella noche
comenzó á hacer sus despachos á los señores que le eran, y
así envió á un criado suyo llamado Coztotolomi Tocultecal á la
ciudad de Huexotzinco dando aviso á Xaya Camechan señor
que á la sazón era, del peligro y riesgo en que quedaba, y que
ya era tiempo de que le favoreciese para vengar la muerte del
rey Ixtlilxochitl su padre y señor, y recobrar el imperio, y cas-
tigar á los rebeldes, y que no será razón que el tirano antes
que sus deseos se logren, le quite la vida. Despachado este
mensajero, luego el día siguiente se pusieron él y todos los su-
yos á la orden en el juego de pelota ^ para aguardar á los ene-
migos, que era cerca de la puerta del palacio: quienes hacien-
do todo lo que el rey Maxtla les había mandado, se vinieron
los cuatro caudillos á su palacio con alguna de la gente que
1 Todavía se conserva en el jardín do Tetzcuco uno de los discos de piedra
del Tlachtli 6 juego de pelota.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 125
traían consigo; y así como fué, vieron que llegaba cerca Coyo-
hua á quien se le dio el cargo de recibirlos, y dándoles la bien
venida, le preguntaron dónde estaba Nezahualcoyotzin; el cual
les dijo que entrasen á descansar un rato, que luego al punto
saldría á verse con ellos. Entrados que fueron en una sala de
palacio que estaba frontera á la sala real, salió Nezahualcoyo-
tzin, y dándoles ramilletes de flores y pebetes de liquidambar,
les dijo que fuesen bien venidos y que descansasen que á su
casa habían venido. Los cuales dijeron que habían venido á
jugar á la pelota con él; y les replicó que comiesen primero un
bocado, que tiempo había para todo: luego mandó poner las
mesas y darles muy espléndidamente. Y en el interín que es-
to se hacía y ellos comían, se fué á la sala referida en donde
se sentó en su silla y trono, de manera que los enemigos le
tenían á la mira; y estando muy contentos comiendo, cuando
le pareció que ya era tiempo de poder salir por lo trasminado
de su silla y asiento, (como atrás queda referido), Coyohua su
criado le hizo señal para que saliese, que fué salir á la puerta
de la sala sacudiendo la manta y quitándose ciertas motas de
ella, con lo cual Nezahualcoyotzin se salió por el agujero y mi-
na referida hasta otro que estaba hecho por un caño de agua,
que entraba dentro de palacio, con que se pudo librar y le
aprovechó el consejo de su tío Chimalpopoca. Habiendo aca-
bado de comer los cuatro caudillos, luego se fueron á la sala
en donde entendían hallar á Nezahualcoyotzin, los cuales ha-
llándole menos, asieron á Coyohua, y queriéndolo matar, les
dijo que de muy poco efecto]^les era matarle, que era un pobre
viejo, que mejor les fuera escapar sus personas, porque tenía
entendido, que no saldrían de palacio con las vidas, según la
gente de guerra que teníalNezahualcoyotzin junta para defen-
derse de ellos. Oídas estas jazones por los caudillos, aunque
fingidas, fué grande el terror y espanto que les causó, y salie-
ron á gran prisa huyendo de;palacio, invocando y llamando á
sus soldados para hacerse fuertes y pelear con los que Neza-
hualcoyotzin entendían tenía en'su defensa: con lo cual Coyo-
126 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
hua quedó libre y se escapó de sus manos, quedándose ellos
burlados. Toda aquella noche estuvieron en vela parte de
«líos, y otros anduvieron en busca de Nezahualcoyotzin.
CAPITULO XXVI
J)e la vida y peregrinación de Nezahwücoyotzin por la» montaña» y detiertoa hasta
llegar ú donde vivta Quacoz un caballero de nación oiomi.
Luego que Nezahualcoyolzin se escapó, dentro de pocas ho-
ras tuvo aviso de ello el tirano Maxtla, el cual envió por toda
la tierra á mandar á los señores que á donde quiera que lo vie-
sen se lo prendiesen, y vivo ó muerto se lo enviasen, prome-
tiendo muy grandes dones y mercedes al que tal hiciese; y asi-
mismo mandó pregonar en todas las ciudades, pueblos y lugares
del reino de Tetzcuco, que á cualquier hombre que lo descu-
briese, si era mancebo soltero se le daría mujer noble y her-
mosa con tierras y cantidad de vasallos, aunque fuese de con-
dición plebeyo; y á los que fuesen casados, en lugar de la
mujer se les daría cierta cantidad de esclavos y esclavas y lo
más referido. Todo lo cual se puso por obra, y andaban los te-
panecas como perros rabiosos buscando á Nezahualcoyotzin
<in toda la tierra; y en más de cien leguas en circunferencia no
había pueblo ni lugar en donde no anduviesen por cuadrillas
buscándole como dicho es. El día que Nezahualcoyotzin se es-
capó por la mina y agujero que tenía hecho, se decía ce Cuez-
palin á los doce días andados de su séptimo mes llamado Huey
Tecuhilhuitl, que es conforme á nuestra cuenta á veinte de Ju-
lio del año que atrás está dicho: el cual así como salió de aquel
peligro se fué á una casa que estaba cerca de la ciudad que se
128 OBRAS HISTÓRICAS DE
decía Goatlan y era de un vasallo suyo que se llamaba Tezoma,
á quien dio cuenta de su peligro, y como venía huyendo de
sus enemigos; el cual porque cerca de allí venían, lo escondió
debajo de una tarima sobre la cual puso mucho nequen que
es el hilo que se saca del maguey; y entrándole á buscar por
toda la casa y no hallándole, aporrearon á todos los de la casa
para que lo descubriesen, los cuales y Tezoma estuvieron tan
constantes que de ninguna manera lo descubrieron, antes mu-
rieron dos viejos que allí estaban, de los golpes que les dieron.
Idos que fueron salió de donde estaba escondido, y lavándose
el rostro y cabeza, les dio las gracias y prometió de galardo-
narles su fidelidad, y luego fué subiendo por una loma arriba
en donde tornó á ser descubierto de los enemigos, y llegando
cerca de una mujer que estaba cegando chian, ^ le dijo que le
diese orden de esconderlo con aquellos manojos que cegaba
antes que los enemigos asomasen: la cual con toda presteza lo
escondió debajo de un montón que hizo de los manojos, y asi-
mismo llegaron los tepanecas, le preguntaron por él, y ella con
mucha disimulación les dijo que había muy poco que por allí
pasó corriendo, y que llevaba según parecía la vía hacia Hue-
xotla; los cuales por alcanzarle fueron por aquella parte á gran
prisa. Nezahualcoyotzin dio la vuelta y se fué al bosque de
• Tetzcutzinco en donde durmió aquella noche, y despachó sus
mensajeros á diversas partes: á Tecuxolotl que fuese á la pro-
vincia de Ghalco y de su parte pidiese socorro de gente á To-
toquioztzin y á Quateotzin señores del pueblo de Amanalco; y
de parte de Huitzi^^JiuitzIji su ayo y maestro, le pidiese el mis-
mo socorro á Toteotzintecuhtli ^cuñado suyo, señor supremo
que á la sazón era de toda aquella provincia. Otro día muy de
1 La chía es una planta que produce un grano muy pequeño, del cual ex-
traíatrlos naturales el aceite que empleaban en las pinturas. Se servían tam-
bién de él para preparar diferentes bebidas y alimentos. (Nota de Temaux.\
2 Aquí pone el aut^r la verdadera ortografía de este nombre, después de
haberla variado mucho, tanto en la presente Historia como en las Relaciones;
lo cual no se puede atribuir en todos los casos á los copistas.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 129
mañana fué subiendo Nezahualcoyotzin por la montaña arriba,
y por ir con más seguridad mandó á dos criados suyos llama-
do el uno Colicatl y el otro Calminilolcatl, que el uno de ellos
fuese delante de él, y el otro algo distante de donde iba, y que
fuesen mirando y reconociendo si parecían en alguna parte sus
enemigos, y descubriendo algo de esto, la seña que habían de
dar fuese tosiendo, con lo cual pudo muy á su salvo proseguir
su viaje sin que fuese visto de sus enemigos; y llegando á un
puesto que se dice Metía, allí le dio de comer un criado suyo
llamado Tecpan: de allí después de haber comido se fué por
un lugar que se dice Zacaxachitla á otro en donde vivía un ca-
ballero de nación otomí llamado Coacoz que había sido paje
de la reina su madre, en donde hizo noche aquel día; aunque
por poco sus enemigos lo prenden, si Coacoz no se diera tan
buena maña, pues habiendo descubierto que los enemigos iban
hacia su pueblo, convocó de presto á todos los otomiles que
eran los vecinos de allí, á quienes les mandó viniesen todos
con sas arcos y flechas, y puso el atambor en medio del patio
de su casa, dentro de él metido Nezahualcoyotzin, empezó á
tocarle, y á cantar todos á usanza de guerra. Llegados que fue-
ron los tepanecas, les dijeron, ¿qué era lo que buscaban?: ellos
dijeron que al príncipe Nezahualcoyotzin. Coacoz les dijo, que
aquel puesto no era para los príncipes, que en la corte asis-
tían y moraban, y que ellos debían de ser algunos salteadores,
pues venían armados y traían aquel achaque, y empezando á
apellidar su gente embistieron con ellos^ echándolos, los cua-
les se fueron huyendo, heridos los más úc ellos; con lo cual
no osaron parar en toda aquella montaña. Y otro día si-
guiente Coacoz llevó á Nezahualcoyotzin á un puesto muy
oculto, fragoso y peñascoso, en donde le tenía aderezada una
choza, y allí le dijo se estuviese hasta tanto que veía si los ene^
migos se alejaban de aquellas montañas para que pudiese pro-
seguir su viaje con seguridad, y que allí estuviese cierto lo es-
taría. Nezahualcoyotzin le dijo que la mayor pena que tenía
era de su casa, si los enemigos la habían saqueado, y llevado
Tomo 11—10
130 OBRAS HISTÓRICAS DE
presas á las damas de palacio. Goacoz le dijo que él iría á ver
lo que había, y que traería á las damas allí donde estaba, y le
quitaría aquel cuidado y pena. Agradecióselo Nezahualcoyo-
tzin, encargándole lo hiciese con recato y cuidado. Coacoz lo
hizo con todo cuidado, y dentro de pocos días llegó á palacio,
en donde halló á las damas bien afligidas, y las dijo que mu-
dasen los trajes en otros pobres de la gente plebeya, porque
venía por ellas de mandato del príncipe su señor, y que su ha-
to lo llevaría por delante un criado que allí traía, y que ellas
se fuesen por donde las guiase, y que unas veces irían por de-
lante y otras atrás, de manera que no echase nadie de ver que
las llevaba; y á los de palacio mandó mirasen por toda la ca-
sa, y qne si preguntasen por las damas nadie dijese á donde
habían ido. Y caminando con ellas, allí cerca de un cerro lla-
mado Patlachiuhcan, en el puesto que llaman Otopan, encontró
con los enemigos que buscaban al príncipe Nezahualcoyotzin,
los cuales siguieron y le preguntaron que á donde estaba, pues
aquellas mujeres que iban allí, debían ser algunas damas de
él. A que les respondió que él no conocía quien era Nezahual-
coyotzin, que él era de nación chichimeca, y que toda su vida
había criádose en aquellas sierras y montañas. Y conocién-
dolo en el bárbaro lenguaje y traje que tenía, no hicieron caso
de él, y asi prosiguió su camino hasta que llegó con ellas á donde
estaba Nezahualcoyotzin el príncipe, á donde á esta sazón esta-
ban ya con él su hermano Quauhtlehuanitzin y su sobrino
Tzontecochatzin. Otrp día de mañana salió Nezahualcoyotzin
de aquel puesto, y se despidió de Coacoz diciéndole éste, que
no le iba sirviendo porque los enemigos no lo siguiesen, echán-
dolo menos á él, y por su causa lo descubriesen, porque serla
forzoso venirle á buscar por el mal tratamiento que los días
antes les había hecho; pero que allí estaban seis otomites lla-
mados Nochcoani, Nolin, Coatltlalolin, Toto y Xochtonal, que
ellos irían siempre descubriendo tierra por ser montaraces y
saber todas aquellas entradas y salidas de la tierra. Agrade-
ciéndole el príncipe los servicios que le había hecho prosiguió
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 131
SU camino, y los otomites unos se adelantaron y otros se que-
daron atrás, y como que andaban cazando exploraron la tierra
y fueron guardando áNezahualcoyotzin, con el cual iban Quauh-
tlehuanitzin y Tzontecochatzin.
CAPITULO XXVII
Que trola c^mo fué prosiguiendo Nezahwücoyattin «u vic0e y peregrinaciXm hasta Ca-
polac, y las cotas que le sucedieron en el camino.
Ya que llegaba el príncipe Nezahualcoyotzin cerca de un lu-
gar que se dice Tlecuilac, iba muy triste y pensativo conside-
rando las calamidades y trabajos que padecía desde la muerte
de su padre: volvió los ojos y vido la mucha gente que le se-
guía, que eran muchos de los ciudadanos de Tetzcuco y algu-
nos caballeros, y todos los más de sus tíos y criados; y hablan-
do con ellos les dijo con algún sentimiento y enojo: "¿á dónde
vais? ¿á qué padre seguís que os ampare y defienda? ¿no me
veis cuan sólo y afligido voy por estas montañas y desiertos
siguiendo las veredas y caminos de los conejos y venados, y
qtie no sé á donde voy si seré bien recibido, y mis enemigos
me darán alcance y me matarán, pues mataron á mi padre que
era más poderoso, que yo soy huérfano y desamparado de to-
dos? Volveos á vuestras casas no muráis conmigo, ni por mi
causa caigáis en desgracia del tirano, y perdáis vuestras casas
y haciendas." Quauhtlehuanitzin y Tzontecochatzin con todos
los demás le respondieron, que ellos con toda su voluntad le
querían ir siguiendo y morir en donde muriese. Oyendo esto
se enterneció mucho Nezahualcoyotzin y comenzó á llorar, y
con él toda aquella gente que le acompañaba; y vuelto en sí les
agradeció y les rogó que se volviesen á sus casas, que desde
134 OBRAS HISTÓRICAS DE
ellas le podían servir en conocer y adquirir los designios del
tirano y de sus enemigos: y que él tendría muy particular cui-
dado de irles avisando de todo lo que le aconteciese en su via-
je y demanda: y así se volvieron todos quedando solos aque-
llos que fueron necesarios para el servicio de su persona; y
asimismo porfiaron de ir con él Quauhtlehuanitzin su herma-
no y Tzontecochatzin su sobrino, diciéndole que de ninguna
manera se volverían, pues que el mismo riesgo que corría su
alteza corrían ellos el día que fuesen vistos, y que así donde
quiera que fuese le querían ir siguiendo. Prosiguieron su ca-
mino para subir por una montaña que se dice Papalotepec
hasta que llegaron por encima de una sierra que se llama Hui-
lotepec, que ya era á puesta del sol, desde donde reconoció el
paraje en donde estaba, mirando hacia los llanos de Huexo-
tzínco que estaban ya obscuros con las sombras de las sierras,
y por la otra parte descubrió la sierra del pueblo de Tepepul-
00, que todavía reverberaba en ella alguna claridad de los ra-
yos del sol; desde donde envió segundo apercibimiento á los
señores de la provincia de Huexotzinco, y que en Calpolalpan
aguardaba la resolución del día que le habían de dar socorro.
Los que llevaron este mensaje, el uno se llamaba Coyohua y
el otro Zeotzincatl. Y habiendo dormido en esta sierra esta
noche, luego el día siguiente por la madrugada prosiguió su
visge, y bajando por unas lomas fué á dar á unas sementeras
cerca de unas cuevas que había, y por allí pasaba un camino
en donde reconocieron que venía una tropa de soldados, que
eran los enemigos que habían andado en las provincias de
Huexotzinco y Tlaxcalan en su busca; por lo cual Nezahual-
coyotzin y los que iban con él se escondieron entre unos ma-
torrales de saúcos que cerca del camino estaban, y al empare-
jar los enemigos donde estaban escondidos encontraron con
un mancebo aldeano, natural de por allí cerca, que iba carga-
do con chian, á quien preguntaron por Nezahualcoyotzin si lo
había visto, el cual les respondió que no le conocía; y despi-
diéndose de él, le encargaron que si lo viese diese aviso de él
DON FERNANDO DE ALVA KTULXOCHITL. 136
á los lepanecas, que le harían las mercedes que estaban pro-
mulgadas. Y visto Nezahualcoyotzin que los enemigos iban le-
jos, prosiguió su camino y alcanzó al aldeano el cual le dijo lo
que había pasado con aquellos soldados con quienes había en-
contrado. Nezahualcoyotzin le dijo, que si viese á quien bus-
caban ¿si lo iría á denunciar?: respondió que no. Tomóle á re-
plicar diciéndole, que haría muy mal en perder una mujer her-
mosa, y lo demás que el rey Maxtla prometía: el mancebo se
rió de todo, no haciendo caso ni de lo uno ni de lo otro. Y
prosiguiendo el príncipe su camino por la vía de Yahualiuhcan,
en la mitad del Mihua uno de sus criados le alcanzó con co-
mida, y habiendo comido llegó á Yahualiuhcan en donde hizo
noche, y luego otro día se pasó á otro lugar que se dice Quauh-
tepec en donde hizo asimismo noche, y llegaron allí mensaje-
ros de la ciudad y provincia de Huexotzinco que enviaban los
señores á consolarle, y que para el día citado le ayudarían
con todo su poder; y asimismo le trajeron un gran presente
de mantas y mucho bastimento que los señores Xayacama-
chan y Temayacuatzin le enviavan. Otro día siguiente se
fué á un lugar que se dice Calnapanolco sujeto á la provincia
de Tlaxcalan, en donde Tlotlililcauhtzin embajador de la se-
ñoría le consoló, y le prometió el socorro de gente y basti-
mentos para recobrar su reino y el imperio de los chichime-
cas, dándole asimismo cantidad de mantas y bastimentos que
le enviaba de presente la señoría; y habiendo dormido en este
lugar, otro día por la mañana le dijo el enviado que le había de
llevar á otro puesto que se decía Calpolalpan en donde la se-
ñoría le tenía puestos muy grandes jacales en que pudiese al-
bergarse con todo su ejército, y desde allí salió ^ con el ejército
por la vía de Tetzcuco; y el día que llegó á este puesto llegaron
todos los más de los mensajeros que había despachado á di-
versas partes con nueva del socorro que le venía, en especial
lo3 de Zacatlan, Tototepec, Tepeapulco, Tlaxcalan y Cempoa-
1 Debe ser saldría.
136 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
lan, y * otras parles que se juntaron dentro de cuatro días en
este puesto, y los de Huexotzinco, Chololan y Chalco, que el
mismo día que llegase á ellos llegarían á vista de Goatlichan;
con que quedó muy consolado, y las esperanzas ciertas de su
buen suceso.
1 Debemos dudar mucho del auxilio de algunos de estos pueblos, y menos
de Cempoalan que pertenecía á los totonacos, los cuales eran de raza diferen-
te de los chicbimecas, y entonces todavía no estaban en contacto con las ciu-
dades del Anahuac.
CAPITULO XXVIII
De cómo marchó con un poderoío ejército el príncipe Nezáhualcoyotzin por laviaáé
Tetzcuco, y cómo recobró el reino de los aculhtuUtp cUffunoe acontedmienios nota
bles qiíe hubo»
Por ser una de las cosas que más especificadamente trata la
historia general del imperio de los chichimecas, el mensaje
que hizo Tecuhxolotl á la provincia de Chalco, como atrás que-
da referido, no será razón dejarlo en silencio, ni lo que acaeció
áHuilzilihuitzin, el maestro de Nezáhualcoyotzin; y es que des-
pués que lo dejó aquella noche dormido en el bosque de Tetz-
cutzinco, se vino á su casa con Tecuhxolotl, desde donde lo
despachó á la provincia de Chalco, y no lo hubo bien despa-
chado, cuando entraron los enemigos y lo llevaron preso ante
Yancuiltzin (que por orden de su tío Maxtla se había hecho se-
ñor de la ciudad de Tetzcuco), el cual le mandó dar tormentos
de cordeles para que el viejo descubriese en dónde estaba su
discípulo Nezáhualcoyotzin; y viendo que no quería confesar,
lo mandó sacrificar en un templo del ídolo Gomaxtla ^ que allí
cerca estaba, y habiéndolo llevado encima de su templo para
el efecto referido, se levantó una gran borrasca y viento que
comenzó á arrancar algunos árboles y destechar las casas, el
cual á las vueltas se llevó al referido viejo, y á un gran trecho
de allí fué á echar, de manera que dos hijos que tenía, y esta-
1 Camaxtli.
138 OBRAS HISTÓRICAS DE
ban con el cuidado desde lejos mirando en lo que había de
parar, lo llevaron á esconder en donde lo curaron. A Tecuh-
xolotl lo llevó por la vía de Chalco, y viéndose libre del acaeci-
miento, se fué por las sierras y montañas por que no fuese
visto de los enemigos; se perdió en lo más fragoso de ellas,
hasta que fué á dar con un león muy feroz, y queriendo huir
de él, lo comenzó á halagar, y como que le mostraba una vere-
da lo sacó de toda aquella montaña hasta ponerlo á la salida del
pueblo de Tlalmanalco, en donde dio su embajada á Totequz-
tecutli y á Quateotzin, que sintieron infinito los trabajos y per-
secuciones del príncipe Nezahualcoyotzin; y como en aquella
sazón Toteotzintecuhtli era el supremo señor, le dijeron fuese á
él, que ellos estaban muy llanos á dar el socorro que se les
demandaba; y así fué á donde asistía y tenía su corte Toteo-
tzintecuhtli y ante todas cosas habló con Atotoztzin su miger
hermana de Huitzilihuitzin, la cual aflijida y llorosa de los tra-
bajos del príncipe, le prometió de que haría todo lo posible pa-
ra que Toteotzintecuhtli;su marido diese el favor que se le pe-
día. El cual aquel día mandó llamar á todos los señores y gen-
te ilustre para que el otro siguiente estuviesen en su corte, y
viesen si les convenía dar el socorro que Nezahualcoyotzin les
pedía; y luego antes que amaneciese mandó poner en un tea-
tro que en la plaza estaba, á Tecuhxolotl atado muy fuertemen-
te de pies y manos en un palo, de tal modo que parecía cruel-
dad; y llegada la hora que los señores y caballeros estaban
juntos y la plaza llena de gente, mandó descubrir al mensajero
Tecuhxolotl, y á un pregonero que á voces dijese á lo que ve-
nía para que los de la provincia dijesen su voluntad; porque
si querían dar el socorro, que Toteotzintecuhtli lo mandaría sol-
tar y enviar libre; y donde no, lo mandaría matar. Dado el pre-
gón causó muy gran lástima, y á voces decían todos que sol-
tase al preso, que ellos querían dar el socorro y ayuda que
pedía Nezahualcoyotzin pues era justa su demanda, y con esto
mandó desatarle y le envió con buen despacho de su negocio,
el cual se fué derecho á donde estaba Huitzilihuitzin, y le dio
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 139
razón de todo lo que le había pasado, quien lo consoló y ani-
mó á que prosiguiese su camino hasta Calpolalpan donde es-
taba Nezahualcoyotzin, como lo hizo y atrás queda referido; y
el viejo Huitzilihuitzin se animó de ir á encontrar á Nezahual-
coyotzin, y llegando por encima de la montaña de.Tepetlaoz-
toc algo aterido del frío, se quiso albergar en una choza que
cerca de allí estaba, entendiendo hallaría fuego, y no hallán-
dole cogió una poca de ceniza, y estregándola con una poca
de yerba llamada pisiete ^ para confortarse el estómago, por
ser yerba cálida, de súbito se le incendió como si fuera pólvo-
ra, lo que le fué muy alegre presagio del buen suceso que espe-
raba tener el príncipe su señor, el cual á esta sazón venía mar-
chando con su gente, que aquel día había salido del pueblo de
Ahuatepec, y vino á salir por encima de Zoltepec, en donde le
encontró con sumo gusto, y se consolaron los dos, y aquel día
vino á parar y hacer noche en casa del viejo Huitzilihuitzin en
donde le visitaron aquella noche todos los caballeros y seño-
res que eran de su banda; y vido por las sierras más altas los
humos, señales de fuego, que era lo que estaba tratado entre
los señores que le daban su ayuda y socorro, y que ya estas
gentes estaban cerca porque el día siguiente se había de dar
la batalla, y en especial estaba tratado se había de dar sobre
Acolman y (üoatlichan que era donde estaba todo el poder de
los contrarios. La parte de Acolman cupo á los tlaxcaltecas y
huexotzincas, y á los chalcas cupo el combate de Goatlichan;
y todo lo demás restante del ejército, así de las provincias que
socorrían á Nezahualcoyotzin como de los mismos naturales
del reino de Tetzcuco, tomó para sí Nezahualcoyotzin, lo uno
1 El plcietl es una especio de tabaco. Los mexicanos tenían tres clases, que
llamaban: yetl ó tabaco de hojas grandes, y este nombre se daba también al
tabaco en general; picietl 6 tabaco de hojas pequeñas, de picietl cosa pequeña;
y quauhyetl 6 tabaco silvestre, literalmente tabaco de las águilas. Es singu-
lar que en 1671, época en que el P. Molina publicó su vocabulario mexicano,
el nombre de tabaco no fuese conocido, pues tradujo picietl, por yerba yene-
nosa de que se hace uso en la medicina. (Nota de Temaux).
140 OBRAS HISTÓRICAS DE
para socorrer á una de las dos partes referidas donde fuese
necesario, y lo otro para entrar en la ciudad de Tetzcuco, sa-
quear las casas de sus enemigos, y matar á los tepanecas y á los
demás que se le resistiesen: y así al día siguiente al amanecer
se comenzó la batalla por ambas partes, y como fué tan súbi-
ta la venida de Nezahualcoyotzin, y con tanta máquina de gen-
te, en poco espacio de tiempo por más que se defendieron los
tepanecas y todos sus consortes, fueron desbaratados y muer-
tos, y saqueadas sus casas de las ciudades y lugares de Coatli-
chan y Acolman; y se quemaron los templos y casas por los
señores ^ Temoyahuitzin señor de la provincia de Huexotzinco
(que fué al que le cupo con los de Tlaxcalan el combate y to-
ma de la ciudad de Acolman): por su mano mató á Teyolcoa-
tzin una de las dos cabezas del reino de los acuihuas, que había
hecho el tirano Tezozomoc por ser su nieto. El mismo lance
hicieron los chalcas con la otra cabeza llamado Quetzalmaquitz-
tli señor de Coatlichan, asimismo nieto del tirano Tezozomoc,
que habiéndose retirado y hecho fuerte en el templo mayor
de aquella ciudad con los más principales capitanes de su rei-
no, los mataron, y á él le echaron del templo abajo haciéndose
pedazos. Nezahualcoyotzin que ambos combates había soco-
rrido, cuando se vio más desocupado, entró por la ciudad de
Tetzcuco asolando las casas de los enemigos, que luego toda la
ciudad se le rindió. En Huexotla salió á dar las gracias al ejér-
cito de los chalcas, haciéndoles merced de todos los despojos
que habían ganado de la ciudad y cabecera de Coatlichan, y
rindiendo el agradecimiento á sus señores del bien que le ha-
bían hecho, los despidió, y con ellos les envió á rogar se aper-
cibiesen para recobrar lo restante del imperio, que les avisaría
cuándo había de ser. Y de allí dio la vuelta otra vez tomando
la vía de Acolman, que ya había tenido aviso de que el ejérci-
to de los huexotzincas y tlaxcaltecas se querían volver á sus
tierras, y así en el pueblo de Chicunauhtla se despidió de ellos,
1 Para que haya sentido, en lugar do sefioreí», debe decir soldados de.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 141
haciéndoles la misma merced que á los de Ghalco, y dándoles
las gracias del bien que le habían hecho, y asimismo aperci-
biéndolos para que cuando les avisase le enviasen el socorro
necesario para acabar de recobrar el imperio. Asimismo con
las mismas condiciones referidas despidió á los de Zacatlan,
Tototepec, Chololan y otros de otras partes: sólo quedaron con
él todos los soldados sobresalientes que trataban su vida sólo
en la milicia, con los cuales y con los leales de su reino forta-
leció la ciudad de Tetzcuco, y puso sus fronteras por la parte
que confinaban con los tepanecas y mexicanos, y con esto
quedó en su ciudad triunfante y victorioso.
CAPITULO XXIX
Que trata de cómo hasta <xqui dio fin la historia general del imperio de los señorea chi-
ehimeccu, y en el estado que la dejaron los autores que lapintaron, y lo más que el
th-ano Maxtla hizo en esta ocasión.
Maxtla cuando supo que Nezahualcoyotzin se había escapa-
do y que trataba de libertar y recobrar el imperio, luego envió
á ofrecer muy grandes dones y mercedes no tan solamente á
los de la ciudad de Tetzcuco y los de aquel reino que eran de
la casa y linaje de Nezahualcoyotzin, sino que también hizo lo
mismo con todos los demás señores de las provincias de todo el
imperio, encargándoles que lo prendiesen y matasen (como es-
tá referido). Entre los de los deudos de Nezahualcoyotzin, los
que más se aventajaron en darle gusto al tirano y ser contra-
rios á Nezahualcoyotzin, fueron Nonoalcatzin su cuñado casado
con la infanta Tozcuentzin su hermana, y su hermano Yan-
cuiltzin y Tochpili, los cuales hicieron todo su posible por ma-
tarle, aunque (como queda referido) se quedaron burlados; y
así los que no murieron en la demanda, se salieron huyendo
de la ciudad por no venir á sus manos y pagar su delito.
Maxtla viendo que Nezahualcoyotzin había recobrado el reino
de los aculhuas, que era la cabeza y el fundamento del impe-
rio de los chichimecas, en tan breve tiempo, que le pareció un
rayo que cayó del cielo, pues dentro de catorce días se escapó
de sus manos, peregrinó por las montañas, juntó un poderoso
144 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
ejército sin que fuese sentido y recobró el reino de Tetzcuco,
espantado de esto comenzó asimismo á apercibirse y muy de
propósito á atajarle los pasos. En esta sazón tenía muy opri-
midos á los mexicanos, que por vengarse de ellos les había im-
puesto tributos excesivos, é imposibles de cumplirlos; y asi
estando en este estado dio fin la Historia general del imperio
de los chichimecas, ^ cuyos autores se decían el uno Cemilhui-
tzin y el otro Quauhquechol, que fué á los once años después
de la muerte del emperador Ixtlilxochitl y de su gran capitán
general Coacuecuenotzin; y al tiempo y cuando andaba aper-
cibiendo el ejército para ir sobre el enemigo, que fué álos prin-
cipios del año de mil y cuatrocientos veintiocho de la Encar-
nación de Cristo Nuestro Señor llamado por ellos zetechpatl: ^
y lo demás que se sigue, se saca de otras historias y de los
anales de esta Nueva España. Recobró este príncipe su reino
de Tetzcuco el día que llaman ceolin, ^ que es á los cinco días
de su octavo mes llamado Micailhuitzintli, á once días del
mes de Agosto del año del señor de mil cuatrocientos y vein-
tisiete.
1 Este pasaje confirma la nota puesta al fin de la llf Relación de los seño-
res chichimecas, tomo 1? página 219; pero nos aclara que el documento que
seguía Ixtlilxochitl no era simplemente un jeroglífico de anales 6 de sencilla
interpretación, sino una historia en forma, cuyos autores aquí menciona. Aho-
ra bien, como los antiguos tetzcucanos no tenían escritura propia para con-
servar esos relatos, sino la jeroglífica únicamente, debemos suponer que fue-
ron cantares compuestos por Cemilhuitzin y Quauhquechol hacia el año de
1429, y que se conservaban en los templos; pues la enseñanza sucesiva de ellos,
era la manera que tenían nuestros antiguos pueblos de perpetuar su historia
Esto nos explicaría también lo fantástico y poético de algunos hechos conte-
nidos en este relato.
2 ce Tecpatl.
3 ce OUin. Aquí es oportuno decir, que generalmente la doble 1 está escri-
ta simple en este manuscrito; pero como el sonido es igual, no he hecho co-
rrecciones en este punto: así ha quedado Olin, Tlaxcalan, etc.
CAPITULO XXX
De cómo viendo los mexicanos que estaban oprimidos por el tirano Maxüa, acordaron
entre eUos enviar sus embajadores al principe Nezahxudcoyotzinpara que los soco-
rriesCf y Uxscosas que le acaecieron en este tiempo.
Los mexicanos, que eran los principales aliados del tirano
Tezozomoc ^ rey de los tepanecas, le negaron la obediencia, por
haberles muerto sus señores, usando de otras crueldades é in-
solencias contra ellos, compeliéndolos á que le tributasen co-
sas dificultosas de hallar y poderlo hacer; fué una entre las
cuales, que le llevasen por el agua jardines y aves de volate-
ría. Y sobre todo, quiso forzar y afrentar á la reina mujer le-
gítima del rey Itzcoatzin, menospreciando y vituperando álos
mexicanos. Los cuales viéndose en grande aflicción con las co-
sas referidas, y que por otra parte el príncipe Nezahualcoyo-
tzin los amenazaba como partícipes en la traición y muerte
que se le había dado á su padre, ^ entraron en consejo de lo que
1 Aquí confunde el autor á Tezozomoc con Maxtla.
2 Los dos cronistas mexicanos, Tezozomoc y el P. Duran, no hablan de la
intervención que tuviera Nezahualcoyotl en la defensa de México, mientras
que nuestro autor refiere extensamente el auxilio prestado por el monarca
acolhua, y lo presenta aquí amenazando también á los mexicas. Pero no de-
bemos olvidar, que Nezahualcoyotl era sobrino de Itzcoatl, es decir, que per-
tenecía á la familia de los señores mexicanos; y que por intervención de bus
tías las señoras de México, Tezozomoc le había perdonado la vida, y aun le
habÍH devuelto parte de su patrimonio. Agreguemos á esto, que Nezahualco-
TOMO II-U
146 OBRAS HISTÓRICAS DE
debían hacer, y así entre ellos fué acordado, que convenía á su
quietud y libertad ganar la voluntad á Nezahualcoyotzin, que
ya la fortuna le había empezado á favorecer; y aunque se ha-
llaban culpantes en la tiranía de Tezozomoc, se determinaron
de enviarle sus embajadores, disculpándose lo mejor que pu-
diesen, y le pidiesen que con toda brevedad los favoreciese,
porque Maxtla los tenía muy oprimidos y acorralados dentro
de su ciudad, y que le faltaba muy poco para consumirlos y
acabarlos, ofreciéndole de su parte todas sus fuerzas y ayuda
para recobrar el imperio; que tuviese atención á la grande obli-
gación que tenía á la nobleza mexicana, pues de ella descen-
día; para lo cual fueron escogidos para sus embajadores Mote-
cuhzomatzin Ilhuicamina que era su capitán general, primo
hermano ^ y muy querido de Nezahualcoyotzin, y otros dos ca-
balleros, que el uno se decía Totopilatzin y el otro Telpoch, los
cuales lo más secretamente que pudieron salirse de la ciudad
de México, se fueron para la de Tetzcuco, y en las fronteras de
Acolhuacan fueron presos por los soldados de Nezahualcoyo-
tzin que allí asistían, los cuales, conociendo ser deudos de su
señor, no los mataron, mas se los llevaron presos y á buen re-
caudo: llegados que fueron á su presencia, y dada su embaja-
da, aunque se holgó Nezahualcoyotzin de verlos, le pesó mu-
cho saber la aflicción en que los mexicanos estaban, y para
poderlos socorrer con brevedad, despachó á la provincia de
Chalco (que era la parte más cercana de donde aguardaba so-
corro) á su hermano Quauhtlchuanitzin 2 juntamente con su
yotl verdaderamente se había educado en México, adonde se refugió muy jo-
ven, y que su interés era igual al de los mexicas, pues á ambas partes conve-
nía destruir á Maxtla, y se comprenderá cuan natural era, que para ese Un
común, los mexicas pidieron el auxilio de Nezabualcoyotl, y que éste se los
diera sin reparo ni tardanza.
1 Era tío de Nezabualcoyotl.
2 En la 8? Relación de los pobladores lo llama Quauhtlabuanitzin, y en la
continuación de la Historia de México ó 12^ Relación de los señores chichi-
mecas, lo dice Cuaubtlehuanitzin. Estas diferencias nacen sin duda de erro*
res de los copistas; pero el último nombre es el verdadero.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 147
primo Motecuhzomatzin y Totopilatzin, quedándose con él el
otro caballero llamado Telpoch, á pedir socorro á Toteotzinte-
cuhtli con toda la brevedad que la necesidad les obligaba; y
asimismo envió á llamar á Iztlacauhtzin señor de Huexotla, su
capitán general, que andaba haciendo gente y apercibiéndose
para la jomada que estaba tratada de hacer contra el tirano,
para lo cual envió á su hermano Xiconacatzin, y á otros tres
principales. Esta embajada y mensaje que Nezahualcoyotzin
envió, no sonaban bien á los oídos de los chalcas, ni de Iztla-
cauhtzin su capitán general, porque aborrecían infinito á los
mexicanos, por las insolencias y crueldades que contra ellos se
habían usado cuando estaban en su pujanza y en gracia de los
reyes tepanecas; y así el capitán general la respuesta que dio
fué mandar hacer pedazos al hermano del príncipe, y á los
otros caballeros que con él fueron, queriendo ser más ainas
traidor á su rey, que favorecerles; y á los que fueron á Chalco
Toteotzintecuhtli los mandó prender, y poner ábuen recaudo,
y en su guarda Coateotzin, uno de los dos señores de Tlalma-
nalco, el cual luego aquella noche los libertó, dando orden de
sacarlos de la prisión en que estaban; y Toteotzintecuhtli envió
por la posta á dar aviso á Maxtla de cómo los tenía presos; de
manera, que aunque quiso ganar gracias con él, estaba tan in-
dignado por la ayuda que dio á Nezahualcoyotzin en recobrar
su reino, que le respondió amenazándole que le había de des-
truir, y que de los presos hiciese lo que quisiese; y sabiendo
Toteotzintecuhtli que la noche antes se habían escapado se in-
dignó contra Coateotzin y lo mandó matar. Los embajadores
llegaron á la ciudad de Tetzcuco, Nezahualcoyotzin los conso-
ló y despachó á México, ofreciéndoles que luego iba tras de
ellos con toda la más gente que pudiese, porque de Tlaxcalan,
Huexotzinco y otras provincias había tenido nuevas de que ya
venían á socorrerle.
CAPITULO XXXI
De cómo pasó NezahualeoyoUin á México con su ^ércüo en favor de los mexieanos.
Viendo Nezahualcoyotzin el aprieto en que estaban sus tíos
y los mexicanos sus vasallos, juntó á gran prisa la gente que
pudo y le quisieron seguir por agua y tierra, y fué marchando
con ella la vuelta de México, aunque al embarcarse le dio á las
espaldas Iztlacauhtzin su capitán general, que se le había revela-
do con todos los demás que estaban alzados, y que apellidaban
el nombre tepaneco. ^ Nezahualcoyotzin se fué entrando por la
laguna adentro lo mejor que pudo, disimulando la desvergüen-
za de su general, y remitiendo el castigo para otro tiempo más
oportuno. Llegado que fué á México se desembarcó en la par-
te de Tlatelulco, en donde Itzcoatzin, su tío, y Quauhtlatoa-
tzin con los demás señores mexicanos le salieron á recibir; y
habiendo tratado lo importante á su libertad, juntaron sus gen-
tes, y comenzaron á pelear con los tepanecas hasta que los
echaron de toda la ciudad; y prosiguiendo la batalla salieron
en dos escuadrones contra Maxtla, que tenía puesto su campo
sobre unas albarradas que habla hecho, y pelearon tres días
1 Es importante, para comprender la verdad de los sucesos que siguen, fi-
jarse en este hecho: cuando salió Nezahualcoyotl á auxiliar á los mexicas, se
le insurreccionó el señorío de Tetzcuco, que se pasó al bando de los tepa-
necas.
150 OBRAS HISTÓRICAS DE
con él, y al cuarto día por la mañana Nezahualcoyotzin con su
gente dio por una parte, Itzcoatzin y los mexicanos por otra, y
peleando con toda furia, de tal manera que de la ima y otra
parte murió mucha gente; mas al fin Maxtla se fué retirando
con su ejército, que iba de vencida, hasta que los echaron de
los términos mexicanos. A esta ocasión llegaron los señores
huexotzincas, tlaxcaltecas y otros amigos, y se juntaron con
la gente de Nezahualcoyotzin; y luego acordaron Nezahualco-
yotzin, Itzcoatzin y los demás señores, que el ejército se repar-
tiese en tres escuadrones, que el uno capitanease Nezahualco-
yotzin y en su compañía Xayacamachan con la mitad de los
huexotzincas y el general de Tlaxcalan con los suyos, y que
entrasen por la parte del cerro Quauhtepell; y el otro capita-
nease Itzcoatzin con la otra mitad de los huexotzincas que
acaudillaba Temayahuatzin su señor, y mucha cantidad de los
amigos que habían venido en favor de Nezahualcoyotzin, y se
pusiese por otra parte; y el otro escuadrón tomase Motecuh-
zoma y Quauhtlatoatzin señor de Tlatelulco; diciéndoles que
ninguno rompiese hasta que él mandase hacer ima seña, y
que vista, todos diesen á un tiempo sobre sus enemigos: y así
otro día en rompiendo el alba se comenzó la batalla, y aimque
Nezahualcoyotzin y los mexicanos fueron ganando tierra á los
enemigos, fué con gran trabajo y muertes de mucha gente de
ambas partes. Duraron estas guerras ciento y quince días, por-
que el rey Maxtla se defendía valerosamente, y para ello ha-
bía echado el resto de todo su poder; mas al cabo de los días
referidos, Nezahualcoyotzin les dio tanta prisa á los de Max-
tla, y cada uno de los señores mexicanos por su parte, hasta
que rompieron y desbarataron el ejército de Maxtla, haciendo
huir sus gentes, y en el alcance quedaron muchos de ellos, y
entrando por la ciudad, la destruyeron y asolaron, echando
por el suelo todas las más principales casas de los señores y
gente ilustre y los templos, pasando á todos á cuchillo. Max-
tla que se había escondido en un baño de sus jardines, fué sa-
cado con gran vituperio, y Nezahualcoyotzin lo llevó á la plaza
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 151
principal de la ciudad, y allí le sacó el corazón ^ como en vícti-
ma y sacrificio á sus dioses, diciendo lo hacía en recompensa
de la muerte de su padre el emperador Ixtlilxochitl, y que
aquella ciudad por ignominia suya fuese desde aquel tiempo
un lugar donde se hiciese feria de esclavos. ^ Este fin tuvo aque-
lla ciudad insigne, que fué una de las mayores que huvo en es-
ta Nueva España, y que por su grandeza se le puso el nombre
que tiene de Azcaputzalco, que quiere decir hormiguero. Y
aunque los tepanecas se tornaron á rehacer, los que escaparon
de la ciudad, haciéndose fuertes en Coyohuacan y Tlacopan?
fueron en su seguimiento Nezahualcoyotzin y Itzcoatzin y los
sujetaron; aunque el señor de Tlacopan luego se rindió, el que
de secreto favorecía el bando de Nezahualcoyotzin y de los se-
ñores mexicanos, que eran sus deudos muy cercanos; y luego
prosiguieron con su ejército asolando con el mismo rigor las
demás ciudades más principales del reino de los tepanecas, co-
mo fueron Tenayocan, Tepanoaya, Toltitlan, Quauhtitlan,
. Xaltocan, Huitzilopochco y Colhuacan; y las demás ciudades,
pueblos y lugares de este reino, que aquí no se hace mención
de ellas, se rindieron y se dieron de paz. ^ Todo lo cual acae-
ció en el año de mil cuatrocientos y veintiocho atrás referido;
y los otros dos años siguientes se ocuparon en irse sobre la
ciudad y reino de Tetzcuco, ^ que lo tenían alterado Iztlacauh-
1 Esta guerra está representada on uno de los manuscritos de M. Waldeck.
Se ve ü la derecha al rey Itzcoatl que envía á Motecuhzoma Ilhuicamina; el
combate de éste con Maxtla, y la muerte de este último: más retirado, á Maz-
tla refugiado en un baño, donde es descubierto y aprehendido. (Nota deTer-
nauz).
2 Ya hemos dicho que en las crónicas de Tezozomoc y el P. Duran, Neza-
hualcoyotl no toma parte en esta campaña. En el manuscrito tepaneca sí la
toma; pero no da muerto á MaxÜa. Este sobrevive á la destrucción de Azca-
putzalco, y se retirá á Coyoacan; y vencido más tarde en este lugar, se refugia
en Amaquemecan. La toma de Azcaputzalco fué en 1427, y el manuscrito te-
paneca pone á Maxtla en Amaquemecan en 1431.
8 Estas guerras están relatadas minuciosamente en las crónicas citadas,
aunque allí aparecen hechas por Itzcoatl.
4 Los mexicas debieron pagar su auxilio á Nezahualcoyotl, y al efecto fue-
152 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
tzin señor de Huexotla, y otros señores caballeros de su valía;
y aunque pretendieron defenderse, no pudieron resistir la fiíer-
za de Nezahualcoyotzin; y así, viéndose desbaratados y venci-
dos se le huyeron, y se pasaron unos á la provincia de Chalco,
y otros á la de Tlaxcalan y Huexotzinco; y porque fueron par-
tícipes en este alzamiento casi todas las ciudades, pueblos y
lugares del reino de Tetzcuco, las saqueó Nezahualcoyotzin,
y quemó algunas de las casas de los' señores y templos más
principales de ellos; y dejando en la ciudad de Tetzcuco y en
otras, donde le pareció ser conveniente, gente de guarnición,
se volvió á México, en donde él y su tío el rey Itzcoatzin die-
ron orden de sujetar la ciudad y provincia de Xochimilco, y
luego la de Cuitlahuac, que por ser lugares metidos en la lagu-
na, se habían estado recios y no habían querido dar la obe-
diencia. En lo referido y en cercar el bosque de Chápoltepec y
traer en ima ataqea el agua á la ciudad de México, y edificar
irnos palacios en ella y otras obras públicas, se ocupó Nezahual-
coyotzin hasta el año de mil cuatrocientos y treinta, con que
quedó la mayor parte del imperio sojuzgado.
ron á reconquistar y restituirle su señorío. Por esto en el Códice Mendocino,
se ve á Tetzcuco entre las conquista» de Itzcoatl.
CAPITULO XXXII
De cómo fué jwrctdo Nezahtuüooj/otsln por rey de Tetecueo Acolhucuyxn p por empero-
dor del imperio de los cTUchimecaSt juntamente eon su ño BzeocUzin rey de México^
y Totoquihuatzin de Tlacopan, en quien se traspasa el reino de Atepaneco y Azca-
puizcUco,
Había cerca de cuatro años que Nezahualcoyotzin, junta-
mente con el rey Itzcoatzin su tío y los demás señores sus con-
federados, que habían sojuzgado la ciudad de Atzcaputzalco, y
casi tres años que había saqueado y castigado su reino de
Acolhuacan, y hecho las demás cosas referidas, cuando en el
año de mil cuatrocientos treinta y uno de la Encarnación de
Cristo Nuestro Señor que llaman nahui Acatl, le pareció ser
ya tiempo que fuese jurado y recibido con la solemnidad que
convenía en el imperio; y lo que en tiempo de sus pasados ha-
bía sido gobernado por una sola cabeza, ^ parecióle ser mejor
y más permanente que fuese gobernado por tres (los cuales
fueron los reyes y señores de los tres reinos, México, Tetzcu-
co y Tlacopan), para lo cual lo trató y comunicó con el rey
Itzcoatzin su tío, dándole las causas bastantes que para esto le
movían. A Itzcoatzin le pareció muy bien lo que tenía deter-
minado, aunque en lo de Tlacopan era de contrario parecer:
lo uno, porque Totoquihuatzin no era más de un señor parti-
1 Hemos visto que jamás los señores chichimecas habían gobernado ni en
México ni en Azcaputzalco.
154 OBRAS HISTÓRICAS DE
cular, que había estado sujeto al de Azcaputzalco; y lo otro,
que por el mismo caso que era de aquella casa, no convenía
hacer en él semejante elección, porque no fuese que con ella
se tomase á encender otro fuego que fuese mayor que el pa-
sado: Nezahualcoyotzin replicó, que sería gran tiranía, de todo
punto acabar el reino tan antiguo de los tepanecas, de donde
procedían tantos señores, caballeros y personas ilustres; de-
más de que se pondría la cosa en tal punto y estado que no
hubiese lugar de novedades y alteraciones. Y habiendo dado,
y tomado sobre este caso, hubo de permanecer el voto y pa-
recer de Nezahualcoyotzin; y así juntos todos los señores me-
xicanos y los de la parte de Nezahualcoyotzin, fueron jurados
todos tres por sucesores del imperio, y cada uno de por sí por
rey y cabeza principal de su reino. Al de Tetzcuco llamándo-
le Acolhua Tecuhtli, y dándole juntamente el título y digni-
dad de sus antepasados, que fué llamarse Chichimecatl Tecuhtli
que era el título y soberano señorío que los emperadores chi-
chimecas tenían. A su tío Itzcoatzin se le dio el título de Col-
hua Tecuhtli, por la nación de los cuihuas tultecas. A Totoqui-
huatzin se le dio el título de Tepanecatl Tecuhtli, que es el
título que tuvieron los reyes de Azcaputzalco. Y desde este
tiempo los que fueron sucediendo, tuvieron estos títulos y re-
nombres, que es como los romanos emperadores llamarse Cé-
sares. Y así los tres señores imperaron todos tres el imperio
de esta Nueva España hasta la venida de la Santa fe católica;
aunque es verdad, que siempre el de México y Tetzcuco fue-
ron iguales en dignidad, señorío y rentas, y el de Tlacopan so-
lo tenía cierta parte como la quinta en lo que eran rentas, y
después de los otros dos. ^ Y para mayor claridad de esta ver-
1 Según el P. Duran este concierto y triple alianza, llamémosla así, se hizo
al entrar Moteczuma Ilhuicamina en el señorío de México. Consistía princi-
palmente esta alianza, en que los señores de México, Tetzcuco y Tlacopan,
debían confirmar en las vacantes, el nombramiento ó sucesión de rey de cual-
quiera de los tres señoríos; en que debían hacer la guerra unidos, aunque el
mando militar se reservaba al señor de México; y en que loe tributos de los
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 155
dad (demás de ser público y notorio), se echa de ver en un
canto antiguo que llaman Xopancuicatl, que casi en todos los
más de los pueblos de esta Nueva España en donde se usa
hablar la lengua mexicana, lo cantan los naturales en sus fies-
tas y convites, ser las tres cabezas de la Nueva España los re-
yes de México, Tetzcuco y Tlacopan que dice así: "canconicui-
lotehua que on intlacticpac conmahuicotitihuya a Tliautepetl
México nican Acolhuacan Nezahualcoyotzin Motecuhzomatzin,
Tlacopan on in Totoquihuatzin Yeneli ai con-piaco inipetlic-
pal inteotl á Ipalnemoani etc." que significa conforme á su
verdadero sentido: **Dejaron memoria en el universo los que
"ilustraron el imperio de México y aquí en Acolhuacan, los re-
"yes Nezahualcoyotzin y Motecuhzomatzin, y en Tlacopan To-
•*toquihuatzin: de verdad que será empresa eternizar vuestra
"memoria, (por lo bien que juzgasteis y registeis) en el trono y
"tribunal de dios criador de todas las cosas etc." Y así muy á
la clara se ve ser las cabezas de esta Nueva España los tres re-
feridos, y el de Tetzcuco y México ser iguales, y después de
ellos Tlacopan; demás de que esto está averiguado, habiéndo-
se hecho la jura con los ritos y ceremonias que los mexicanos
usaban en la coronación de sus reyes, como en otra parte se
trata, y se hicieron muy grandes y solemnes fiestas.
pueblos vencidos debían repartirse en cinco partes, dos para cada uno de los
•eñores de México y Tetzcuco, y la quinta restante para el de Tlacopan.
CAPITULO XXXIII
De ú^mo Nezahualcoyotzin di6 orden de irse á la ciudad de Tetzcueo con todasu geniCt
y las demandas y respuestas que sobre esto hribo.
Iztlacauhtzin, señor de Huexotla y capitán general que había
sido, y Motoliniatzin señor de Coatlichan, (que eran estos dos
señores los mayores que había en el reino de Tetzcueo, de cu-
ya casa y linaje procedían otros muchos de lo más ilustre del
imperio), habiendo visto como Nezahualcoyotzin estaba jurado
y recibido por rey de Tetzcueo y por sucesor del imperio,
(aunque ellos habían andado ausentes, por su rebeldía, desde
que saqueó la ciudad y reino de Tetzcueo), acordaron de en-
viarle un gran presente de oro, piedras preciosas y plumería
y mantas ricas, rogándole les perdonase por las ofensas pasa-
das, y les hiciese merced de las vidas, echando por tercero al
rey Itzcoatzin su tío y á otros señores mexicanos, á quienes
enviaron otros presentes. Nezahualcoyotzin los perdonó, y en-
vió á decir que se asegurasen y no anduviesen ausentes de su
patria, que les daba su fe y palabra de no ofenderlos ni ha-
cerles mal. Hahiendo alcanzado este perdón de Nezahualco-
yotzin, enviaron á suplicarle segunda vez, se dignase de venir
á su casa y corte, porque con su ausencia andaban sus subdi-
tos y vasallos huérfanos y desamparados, echando asimismo
para el efecto por su tercero al rey Itzcoatzin su tío: y aunque
Nezahualcoyotzin había estado muy ofendido de sus subditos y
158 OBRAS HISTÓRICAS DE
vasallos, tuvo por bien de irse á la ciudad de Tetzcueo con toda
su casa y corte, que la había tenido en la ciudad de México ca-
si cuatro años, como se ha visto; y antes de irse partió la tie-
rra entre el rey Itzcoatzin su tío, echando una línea de Norte
á Sur desde un cerro que se llama Cuexomatl por medio de la
laguna, incando unos morillos muy gruesos y poniendo moho-
neras y paredones hasta el río de Acolhuacan, y de allí á un
cerro que se dice Xoloc, y á otro que se llama Techimali has-
ta llegar á la tierra de Tototepec que era hasta allí lo que es-
taba en esta sazón ganado, que es corriendo hacia el Norte; y
todo lo que queda por la parte del Oriente, tomó para sí Ne-
zahualcoyotzin, y lo de la parte del Poniente Itzcoatzin su tío,
juntamente con lo que le cupo de parte á Totoquihuatzin rey
de Tlacopan. Y asimismo, para ilustrar más á la ciudad de
Tetzcueo, pidió á su tío le diese cantidad de oficiales de todas
las artes mecánicas, que trajo á la ciudad de Tetzcueo con
otros que sacó de la ciudad y reino de Azcaputzalco, y de la
de Xochimilco y otras partes. Y al tiempo y cuando fué á
la ciudad de Tetzcueo, que fué por la laguna, se desembarcó
en el bosque que llaman Acayacac, por estar cerca de la la-
guna, donde fué recibido de todos los señores y de la gente
lustre de todo el reino con grandes fiestas y regocijos, aun-
que echó menos á Iztlacauhtzin señor de Huexotla, y á Och-
pancatl ^ señor que asimismo era de Coatlichan, á Motolinia-
tzin y á Totomihua de Coatepec y á Nonoalcatl su cuñado,
marido de la infanta Tozquentzin, y á otro que se decía Toch-
pilli; que aunque es verdad los tenía perdonados, viendo la
gravedad de sus culpas, no se atrevieron á aguardarle. Neza-
hualcoyotzin, cuando supo que se habían ido recibió gran
pena, y envió á un caballero llamado Coyohua para que los
volviese y asegurase, ^ enviándoles á decir, que á dónde iban,
desamparando sus casas y patria por vivir con mengua y desdi-
1 Al principio del capítulo hace á Motoliniatzin señor de Coatlichan.
2 Es decir, que les diese seguridades.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 159
cha en las ajenas; y que él no venía á su corte porque quería,
sino sólo por amor de ellos y por el grande amor que les te-
nía, y que si se recelaban de las cosas pasadas, que ya él las
tenía olvidadas y perdonadas, que sin recelo podían volverse.
El mensajero los fué á alcanzar en la sierra en donde llaman
Chalchihuitetemi, los cuales respondieron, que su alteza los
perdonase, que de ninguna manera habían de parecer en su
presencia; pues habían sido tan graves sus delitos, y que se re-
conocían por dignos de muy gran castigo; sólo Totomihua se-
ñor de Coatepec envió á sus dos hijos, llamados el uno Ayo-
cuantzi y el otro Quetzaltecolótzin, diciéndoles: "id, y servid á
vuestro rey y señor natural, que vuestra inocencia os salva;" y
así solos estos dos mancebos se volvieron con el mensajero
de Nezahualcoyotzin, porque todos los demás prosiguieron su
camino, unos para Tlaxcalan, y otros para Huexotzinco y á la
provincia de Chalco, lo cual le causó mucha pena á Nezahual-
coyotzin. Y habiendo entrado en la ciudad fué muy bien re-
cibido y festejado, y se fué á vivir á sus palacios llamados
Cillan.
CAPITULO XXXIV
Que trata cCfTtw NezahucUcoyotzin tuvo sobre ciertas contiendas guerra con su tU> Jtz-
coalzin^ y habiendo entra/lo con su ejército en la ciudad de México^ se conformar
ron; y de cómo restituyó d todos los señores en sus señoríos; y lo más que pasó en eS'
te intervalo de tiempo.
Habiendo estado Nezahualcoyotzin algún tiempo en la ciu-
dad de Tetzcuco dando orden en componer las cosas tocantes
al buen gobierno de los aculhuas, en que se ocupó casi lo res-
tante del año en que entró en la ciudad de Tetzcuco, Itzcoa-
tzin su tío en este tiempo trató con los señores mexicanos,
entre otras muchas cosas, como no había sido acerUido jurar
á su sobrino por supremo señor del imperio, y darle el títu-
lo de Chichimecatl Tecuhtii, que es el que habían tenido los
emperadores chichimecas sus pasados, que pues 61 era viejo, y
casi como padre suyo, pues era su tío, y hijo de su hermana
menor la reina Matlalcihuatzin, que más de derecho le venía
esta dignidad y soberano señorío; ^ y que bastábale á su sobri-
no el título de rey de los aculhuas y compañero en el imperio,
como lo era el señor de Tlacopan. No trató este negocio tan
en secreto que no viniese á los oídos de Nezahualcoyotzin, el
cual, habiendo visto la vana presunción del rey su tío, y que
parecía ingratitud suya el no reconocer las amistades y favores
1 Ya hemos visto que el título de Chichimecatl Tecuhtii no significaba su-
premacía en todo el valle del Anahuac, sino solamente en el señorío tetzcuca-
no, el cual era independiente del mexicano.
Tomo 11-12
162 OBRAS HISTÓRICAS DE
que le había hecho en libertarle del cautiverio y sumisión, en
que á él y á todos los mexicanos los tenía el rey de Azcapu-
tzalco, y que siendo como no era más de tan solamente señor
de Tenochtitlan y heredero que pretendía ser del reino de los
aculhuas, que en aquella sazón era muy pequeño, y lo más de
ello lo había tenido usurpado el rey de Azcaputzalco, y en po-
der de otros señores, que aún no eran reducidos al imperio, le
babía dado la mitad de todo lo que le pertenecía y era suyo,
así por ser del imperio de los chichimecas sus pasados, como
por haberlo ganado por su valor y persona, por lo que su tío
estaba en el mayor trono que habían tenido sus padres y abue-
los los señores mexicanos, pues eran ¡guales en señorío y man-
do en el imperio, acordó de juntar sus gentes y ir sobre la ciu-
dad de México, y por fuerzas de armas mostrar y dar á enten-
der á su tío y á los señores mexicanos ser digno del imperio y
de la dignidad de Ghichimecatl Tecuhtli; ^ y ante todas cosas
porque no pareciese que lo hacía cogiéndolos desapercibidos
envió á requirir á su tío, que dentro de tantos días estaría con
su ejército sobre la ciudad de México, y por medio de las ar-
mas le daría á entender ser digno del título y dignidad que te-
nía de ser Ghichimecatl Tecuhtli del imperio. El rey Itzcoatzin,
viendo el enojo y determinación de su sobrino, envió á discul-
parse lo mejor que pudo; y para más obligarle á que se dese-
nojase, le envió veinticinco doncellas las más hermosas que
halló en su corte, y de más ilustre linaje, pues eran todas de
la casa real de México, y con ellas otros presentes y dones
de oro y pedrería, plumas ricas y mantas. Nezahualcoyotzin
mandó hospedar estas señoras y regalarlas, á quienes hizo muy
grandes mercedes, y asimismo dio muchos presentes de oro,
pedrería, plumas y mantas ricas; y cuando vido que ya habían
1 Ningún otro autor ha hecho mención de esta expedición de Nezahualco-
yotzin contra los mexicanos, quienes lejos de ser tributarios de los tetzcuca-
nos, eran superiores á ellos en influencia en los últimos tiempos del imperio.
O el tributo no fué pagado máa que muy poco tiempo, ó el autor celoso de ha-
cer valer á su nación, ha recogido algún canto popular. (Nota de Ternaux).
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 163
descansado, las tomó á enviar al rey su tío, agradeciéndole los
dones que le había hecho; mas que el negocio y competencia
que entre los dos había no se había de negociar ni allanar por
medio de mujeres, sino por sus personas y con las armas; y
entre otros presentes que le envió en recompensa de los que
recibió, fué una sierpe de oro que estaba enroscada y el pico
de ella metido en su propia natura, por cierta significación que
allá entre ellos se entendían bien, y que sin duda ninguna pa-
ra el día citado iría con su ejército sobre la ciudad de México.
Itzcoatzin, vista la resolución de su sobrino, juntó sus gentes
y fortaleció su ciudad lo mejor que pudo. Llegado el tiempo
que fué sobre ella Nezahualcoyotzin por la parte que llaman
Tepeyacac, (que es lo que ahora llaman Nuestra Señora de
Guadalupe), entró á combatir la ciudad de México, la cual se
defendió valerosamente, de tal manera que estuvo siete días
Nezahualcoyotzin combatiéndola; y de ninguna manera pudo
entrar por la ciudad, porque defendía valerosamente la entra-
da un famosísimo capitán de los mexicanos llamado Ichtecua-
chichtli, hasta que al último de ello un mancebo llamado Te-
conatltecatl (que era mochilero del ejército de Nezahualcoyo-
tzin), con gran coraje y como desesperado embistió con el ca-
pitán de los mexicanos, de tal manera que á los primeros
lances y encuentros que hubo con él, lo mató y rompió el ejér-
cito de los mexicanos, siguiéndole los de Nezahualcoyotzin, y
saqueando las casas más principales de la ciudad y quemando
los templos. Lo cual visto por el rey Itzcoatzin, envió con la
gente anciana de la ciudad á decir á su sobrino, que era bas-
tante lo hecho, y que no mirase otra cosa más que las canas
de sus tíos y mayores los mexicanos. Nezahualcoyotzin que no
aguardaba otra cosa, mandó luego recoger el ejército, y luego
se vieron él y su tío, y se hicieron las paces, después de haber
dicho en público su sentimiento; y mandó que desde aquel
tiempo en adelante se le diese un tributo y reconocimiento en
todas las ciudades, pueblos y lugares que están en la laguna y
su contorno pertenecientes á los dos reinos de México y Tlaco-
164 OBRAS HISTÓRICAS DE
pan, que con la ciudad de Tenochtítlan, el barrio de Xoloco, la
de Tlacopan, Azcaputzalco, Tenayocan, Tepotzotlan, Quauhti-
tlan, Toltítlan. Tlecatepec, Huexachtitlan, Coyohuacan, Xochi-
milco y Cuexomatitlan;^ dándole de tributo en cada año cada
una de estas ciudades y pueblos referidos, cien cargas de man-
tas blancas con sus cenefas de pelo de conejo de todos colores
que son veinte en cada carga; y veinte cargas de mantas rea-
les de las que se ponían los reyes en los actos públicos con las
mismas cenefas: otras veinte que llamaban esquinadas de á
dos colores con la misma cenefa de las que traían puestas en
sus arreitos y danzas; dos rodelas de plumería con sus divisas
de pluma amarilla, y otros penachos que llamaban tecpilotl
que es lo que se ponían los reyes de Tetzcuco en la cabeza, con
otros dos pares de borlas de ' plumería con que ataban el ca-
bello; y por mayordomo y cobrador de estos tributos á un
hombre llamado Cailol que eligió para este efecto. El rey su tío
y el de Tlacopan Totoquihuatzin, con todas las demás perso-
nas ilustres de todas las demás ciudades y pueblos atrás refe-
ridos, se obligaron de que se le daría todo lo que tenía señala-
do de tributo en cada im año, pues lo merecía y había ganado
por su valor. ^ Y después de haber sido festejado en la ciudad
de México, antes de partirse para la de Tetzcuco, comunicó
con su tío el rey Itzcoatzin cómo tenía determinado restituir á
1 Para que se entienda este párrafo, hay que poner en lugar de que con la
ciudad, las palabras: que son la ciudad.
2 Esta expedición ó campaña de Nezahualcoyotzin sobre México, es falsa,
y no consta en ninguna otra historia ó crónica ó pintura jeroglífica. Por su
parte los cronistas mexicanos, en nuestro concepto con igual inexactitud, su-
ponen lo contrario. El P. Duran refiere, que para hacer constar la suprema-
cía militar de México, convino Nezahualcoyotzin que se fingiría una guerra,
y que los mexicas entrarían triunfantes á Tetzcuco, y que así se hizo; y que
Nezahualcoyotl les dio tierras en su señorío. Ambas versiones son hijas sola-
mente del orgullo nacional de tetzcucanos y mexicas. Estos pueblos no se hi-
cieron la guerra, pues estaban ligados por el pacto de la triple alianza, y más
aún por los lazos de paren tezco y de mutuos servicios y agradecimiento de
sus señores.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 165
todos los señores en sus señoríos, aunque no como antes lo so-
lían estar, sino en cierto modo que fuese de manera, que an-
dando, ellos ni sus descendientes no tuviesen pensamientos de
alzarse y revelarse como lo habían hecho. Itzcoatzin le res-
pondió, que de ninguna manera convenía hacerse, por muchas
razones que alegó, entre las cuales fué decir, que ya por su re-
beldía no tenían ningún derecho á sus señoríos, y que los tenían
perdidos, demás de que era en menoscabo de sus tributos y
rentas reales; y que se contentasen con vivir á merced y hon-
ra de las tres cabezas del imperio, premiándolos cuando por
sus obras y buenos servicios lo mereciesen. Nezahualcoyotzin
le replicó, que era el hacerlo así modo tiránico que habían
usado los reyes tepanecas, que no era más de usurpar y alzar-
se con lo ajeno, demás de que tenían obligación de darles
honras, estado y preeminencias, pues eran todos descendien-
tes y procedían de su casa y linaje, con quienes siempre se ha-
bían de honrar y casar sus hijos é hijas que tuviesen, andan-
do el tiempo; á más de que era mayor grandeza de los reyes y
soberanos señores tener otros que fuesen sus inferiores; y fi-
nalmente se determinó, que fuesen restituidos los señores en
sus señoríos, y así luego todos los que eran y pertenecían á la
casa real de México, los hizo restituir Itzcoatzin en sus seño-
ríos; y á los que pertenecían á la casa real que era de Azcapu-
tzalco, los hizo restituir Totoquihuatzin rey de Tlacopan; que
fueron nueve de México, siete de Tlacopan y trece de la casa
real de Tetzcuco, con otro que añadió, que fueron catorce, y
por todo vinieron á ser treinta señores, que eran los grandes
de todo el imperio, que asistían en las cortes de las tres cabe-
zas por sus personas ó por las de sus hijos; y el reconocimien-
to que tenían era tan solamente el homenaje y asistencia, y
acudir en tiempos de guerra con sus vasallos á servir á sus re-
yes, sin otro tributo y reconocimiento. Todo lo cual se puso
por obra y se efectuó, y Nezahualcoyotzin se vino á su corte y
ciudad de Tetzcuco á vivir.
CAPITULO XXXV
Que iraía cómo I^egahualooifaMnrettUutf^ en nu settorioa á h>9 señorea perteneoientet^
al reino de loe aeulhuas; y cómo repartió la» tierra».
Fué por todos muy alabado lo que hizo Nezahualcoyotzin en
la razón de la restitución de los señoríos, en que mostró su no-
bleza y gran valor, y no tener memoria de hombre tirano, con
que engrandeció la memoria de sus pasados; y desde este tiem-
po los señores que andaban ausentes y fugitivos en las pro-
vincias de Tlaxcalan, Huexotzinco y Chalco, echaron de ver,
que Nezahualcoyotzin el perdón que les había hecho, no era
fingido, y que no los llamaba cogiéndolos, como pensaban, so-
bre seguro. El cual llegado que fué restituyó en el señorío de
Huéxutla á Tlazolyaotzin h^jo de Tlacazatzin, el que se fué á
Tlaxcalan huyendo por su rebeldía y traiciones atrás referidas.
En Goatlichan restituyó en el señorío al mismo Motoliniatzin,
que solía ser, el cual lo fueron á traer de la provincia de Hue-
xotzinco, que vivía en el pueblo de Tetzmolocan; á Tetzcapoc-
tzin hizo señor del pueblo de Ghimalhuacan. Los pueblos de
Goatepec, Izlapalocan y otros que caían hacia aquella parte,
los púdico para sí; y á Cocopintzin lo hizo señor del pueblo
de Tepetlaoztoc; y en Acolraan á Motlatocacomatzin hijo de
Teyolcocoatzin; á Tencoyotzin hizo señor de Tepechpan; á Te-
chotlalatzin de Tecoyoacan; áTezozomotzin de Chicuhnauhtla;
y en Chiauhtla dio allí á un hijo suyo llamado Quauhtlatza-
168 OBRAS HISTÓRICAS DE
cuilotzin para que después de criado fuese señor de allí, que
era pequeño. En esta sazón los pueblos de Xaltocan, Papalo-
tlan y otros hizo lo que Coatepec. ^ A Quetzalmemalitzin dio el
señorío de Teotihuacan que había sido de Huetzin su padre ya
difunto, y le dio el título de capitán general del reino de la
gente ilustre, y que en su pueblo se despachasen todos los
pleitos y negocios que hubiese entre los caballeros y gente no-
ble de los pueblos de las provincias de la campiña. En Otom-
pan hizo señor á Quecholtecpantzin, dándole el mismo título,
pero de la plebe, y que asimismo despachase los negocios y
demandas que hubiese entre la gente común y plebeya de las
provincias de la campiña. Andando el tiempo restituyó y con-
firmó en los señoríos á Tlalolintzin de Tolantzinco y á Nauhe-
catzin de Quauhchinanco, y á Quetzalpaintzin de Xicotepec.
Todas las demás ciudades, pueblos y lugares del reino y pro-
vincia que se dice de los aculhuas, lo repartió en ocho partes,
poniendo en cada una de ellas un mayordomo y cobrador de
sus tributos y rentas, en esta manera: en la ciudad de Tetzcu-
co con sus barrios y aldeas, puso por su mayordomo á Matla-
laca, el cual, demás de estar á su cargo todas las rentas y tri-
butos de ella, tenía obligación de sustentar la casa y corte del
rey setenta días, dando cada día en grano veinticinco tlaco-
pintlis de maíz, para tomarlos, que era una medida que en aquel
tiempo se usaba, y cada tlacopintli tenía tres almudes más de
una fanega, que reducidos á fanegas montan treinta y una fa-
negas y tres almudes; otros tres tlacopintlis de frijoles, y tor-
tillas hechas cuatrocientas mil, de cacao cuatro xiquipíles que
montan treinta y dos mil cacaos, cien gallos, veinte panes de
sal, veinte cestones de chile ancho y otros veinte de chile me-
nudo, diez de tomates y diez de pepitas: era lo que este ma-
yordomo tenía obligación dé dar cada día. ^ El segundo mayor-
1 Supongo que el autor quiso decir, que con esos pueblos hizo lo que con
Coatepec, esto es, que se loa reservó pnra sí.
5 Aunque esta cantidad de víveres parezca inmensa, es necesario advertir
que todos los salarios se pagaban en especie ó efectos de consumo; y que los se-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 169
domo que se llamaba Tochtli, tenía á su cargo todas las rentas
que pertenecían á Ateneo, (que era la parte de la ciudad que caía
hacia la laguna con todos sus pueblos y aldeas, que eran por to-
dos once); y demás de la obligación de cobrar los tributos, tenía
asimismo la de sustentar y dar de comer con la misma cantidad
á la casa del rey otros setenta días. Otro mayordomo que era
el tercero y se llamaba Coxcoch tenía á su cargo las rentas y
tributos de Tepepolco con todos sus pueblos y lugares á él su-
jetos, que eran por todos trece, y asimismo tenía obligación de
sustentar en cada un día la casa del rey otros setenta. El cuar-
to mayordomo se decía Tlemati, y era á su cargo cobrar las
rentas y tributos de Axapochco con todos sus lugares y aldeas,
que eran otros trece, y sustentar la casa del rey cuarenta y
cinco días. El quinto se decía Ixotl, eran á su cargo los tribu-
tos y rentas de Quauhtlatzinco, que tenía veintisiete aldeas y
lugares, y tenía obligación de dar el dicho sustento sesenta
y cinco días. El sexto se decía Quauhtecolotl que era mayor-
domo de Ahuatepec, con otras ocho aldeas y lugares que á él
estaban sujetas; demás de la obligación de cobrar los tributos,
tenía la misma de sustentar la casa del rey cuarenta y cinco
días. El séptimo se decía Papalotl, y era á su cargo cobrar los
tributos de Tetitlan en que entran los pueblos de Goatepec, Iz-
tapalocan, Tlapechhuacan y sus aldeas. El octavo se llamaba
Quateconhua, y era á su cargo cobrar los tributos de Tecpilpan,
con otras ocho aldeas y lugares que se le juntaban. Esto era
lo que pertenecía á Nezahualcoyotzin, que era lo realengo, sin
más de ciento y sesenta aldeas y lugares que repartió á sus hi-
jos, deudos y personas beneméritas. Las tierras de cada pue-
blo ó ciudad estaban repartidas en este modo: había unas
suertes grandes en lo mejor de las demás de las tales ciudades
ñores de la corte, y los miembros de los consejos y tribunales vivían en pala-
cio. Torquemada, que da el mismo detalle, dice haberlo copiado de un libro
de cuentas en caracteres jeroglíficas, que existía en su tiempo, en poder de D.
Antonio Pimentel descendiente de Nezahualcoyotzin. (Nota de Ternaux).
170 OBRAS HISTÓRICAS DE
y pueblos, que contenían cuatrocientas medidas de largo y de
ancho ni más ni menos, que se llamaba por una parte Tlato-
catlali ó Tlatocamili, que quiere decir tierras ó sementeras
del señor, y por otra Itonal Intlacatl, que significa las tierras
que acuden conforme á la dicha ó ventura de los reyes ó se-
ñores: había otras suertes de tierras que llamaban Tecpantlalí,
que significa tierras pertenecientes á los palacios y recámara
de los reyes ó señores, y á los naturales que en ellas estaban
poblados, llamaban Tecpanpouhque, que quiere decir gente
que pertenece á la recámara y palacio de los tales reyes y se-
ñores. Otras suertes de tierras que se decían Calpollali ó Alte-
petlali, que es lo mismo que decir, tierras pertenecientes á los
barrios, al pueblo: en estas tierras estaba poblada toda la gen-
te común en parte de ellas, y las demás la labraban y cultiva-
ban para la paga de sus tributos y sustento. Esto era lo más
principal, que á solos los herederos de los reinos y señoríos
pertenecía y no á otros, que esto era lo principal, y la mayor
parte de los pueblos y ciudades; y no podían los mazehuales
(que así se decían los que las tenían pobladas) darlas á otros,
sino que sus hijos y deudos las heredaban con las calidades
que ellos las habían tenido y gozado; y si servían á otros pue-
blos, quedaban libres para poderlas dar á otros que las tuvie-
sen con las mismas condiciones. Estos tres géneros de tierras
y poblaciones sólo á los reyes y señores pertenecían, y no á
otros ningunos. Otras suertes había que se decían Pillali, que
eran y pertenecían á los caballeros y descendientes de los re-
yes y señores referidos. Otras se llamaban Tecpillali, que casi
eran como las que se decían Pillali; estas eran de unos caba-
lleros, que se decían de los señores antiguos; y asimismo eran
las que poseían los beneméritos. De esta manera estaban sor-
teados los pueblos y ciudades con estos géneros de suertes de
tierras; aunque en las de los señores conquistados y sujetos
había otras suertes de tierras que llamaban Laotlali, ^ las cuales
1 Yaotlalli-
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 171
eran ganadas por guerras, y de estas lo más principal pertene-
cía á las tres cabezas del imperio, y lo demás que restaba se
daba y repartía á los señores y naturales que habían ayudado
con sus personas y vasallos en la conquista de los tales pue-
blos ganados por guerra, y esto las más veces venía á ser el
tercio de los pueblos ó provincias conquistados.
CAPITULO XXXVI
Deebmo Nezahualeoj/otzin edificó uno8 palacios para sumoradaf que fueron los ma»
í/ores que hubo en la Nueva EspañOt y de su descripción.
Esta división y repartición de tierras de los pueblos y luga-
res del reino de Tetzcuco se hizo también en el de México y
Tlacopan, porque los otros dos reyes y cabezas del imperio
fueron siempre admitiendo sus leyes y modo de gobierno, por
parecerles ser el mejor que hasta entonces se había tenido; y
así, lo que se trata y describe del reino de Tetzcuco, se en-
tiende ser lo mismo el de México y Tlacopan, ^ pues las pintu-
ras, historias y cantos que sigo siempre comienzan por lo de
Tetzcuco, y lo mismo hace la pintura de los padrones y tribu-
tos reales que hubo en esta Nueva España en tiempo de su in-
fidelidad, y así lo de las casas del rey Nezahualcoyotzin lo sa-
có ^ de una pintura antiquísima, y por ella se echa de ver muy
á la clara su grandeza de edificios, salas, aposentos, y otros
cuartos de retretes, jardines, templos, patios y lo demás que
contenían las casas, como muy á la clara el día de hoy se echa
de ver por sus ruinas. Estas casas las edificaron todas las tres
cabezas de esta Nueva España, Tetzcuco, México y Tlacopan
1 Educado Nezahualcoyotl en México, introdujo en Tetzcuco todas las cos-
tumbres meidcanas, y ya se irá viendo cómo hizo todo á semejanza é imita-
ción de éstas.
2 Debe ser saqué.
174 OBRAS HISTÓRICAS DE
con todos sus llamamientos, en donde andaban ocupadas más
de doscientas mil personas cada día. Los obreros mayores, que
eran de estas casas, fueron Xilomantzin señor de Culhuacan,
y Moquihuitzin dé Tlaltelulco, aunque á lo más de ella asistía
el rey Nezahuulcoyotzin personalmente. ^ Tenían las casas de
longitud que corrían de Oriente á Poniente, cuatrocientas y
once medidas y media, que reducidas á nuestra medida, ha-
cen mil doscientas treinta y cuatro varas y media, y de latitud
que es de Norte á Sur, trescientas veintiséis medidas que ha-
cen novecientas y setenta y ocho varas: ^ por la cuadra que caía
hacia la parte del Sur y Oriente era la cerca de una pared muy
1 El mapa Quinatzin nos da buena razón en bus jeroglíficos de la extensión
del señorío de Nezahualcoyotl, y de los pueblos que eran tributarios de Tetz-
cuco. En lo que podemos llamar su segunda parte, hay uno á manera de pla-
no de los palacios, y por fUera alrededor los símbolos de los señoríos tributa-
rios. En la parte superior, á la derecha, se ve aunque borrado el jeroglífico de
Nezahualcoyotl, y debajo de él siete veintenas que nos dan 140 años. Ahora
bien, como el mapa se pintó en 1542, si deducimos esos 140 años, nos resulta
el de 1402 fecha del nacimiento de Nezahualcoyotl.
En cuanto á los señoríos tributarios, son en su orden los siguientes: Huexo-
tía, Coatlichan, Chimalhuacan, Tepetlaoztoc, Chiauhtla, Tezonyocan, Acol-
man, Tepechpan, Chiconauhtla, Papalotlan, Teotihuacan, Otompan, Cuauh-
tlatzinco, Ahuatepec, Axapochco, Tepepolco, Coyoac y Aztaquemecan. Es-
tos señoríos ocupaban la parte Oriental del valle de Norte á Sur, y salían fue-
ra de él algunos, pocas leguas hacia el Oriente.
Como este fué todo el señorío tetzcucano en la época de su mayor grande-
2UI, debemos considerarlo más y más limitado según vayamos retrocediendo
hasta Xolotl: lo que demuestra las exageraciones del autor al hablar de la in-
mensa extensión de las conquistas del mismo Xolotl y del imperio chichime-
ca; y nos convence de que en un principio los emigrantes apenas pudieron
ocupar las montañas del Noreste de nuestro valle, en cuyas grutas se estable-
cieron por entonces.
Todavía más, los pueblos que siguen de Teotihuacan, ni tienen signos jero-
glíficos especiales ni están muchos con la cadena de puntos de los anteriores;
lo que podía hacernos creer, que aunque eran tributarios especiales de Tetz-
cuco, conservaban mayor independencia y no formaban parte de su terri-
torio.
2 Parece por esta relación de medidas, que la unidad mexicana correspon-
día á tres varas españolas. Por otros datos hemos creído que correspondía á
unos dos metros. La unidad mexicana de medida era la extensión del cuerpo
de un hombre de pie y con el brazo derecho completamente extendido hacia
arríba, desde los pies hasta el extremo de la mano derecha.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 175
fuerte de adobes, y el cimiento era de muy fuerte argamasa,
que tenía de grueso dos varas, y de alto tres estados; y por la
parte del Poniente (que era hacia la laguna) y la de Norte, es-
taba cercada de una muralla muy fuerte, que tenía cinco esta-
dos de alto, y esta muralla hasta el tercio de la altura iba dis-
minuida á manera de estribo, y los dos tercios de allí para
arriba á plomo cuadrada: en medio de toda esta cuadra esta-
ban los cuartos de la vivienda del rey, las salas de los conse-
jos, y los demás cumplimientos ^ que se irán describiendo: te-
nían estas casas, para lo que era la vivienda y asistencia del
rey dos patios principales, que el uno y más grande era el que
servía de plaza y mercado, y aun el día de hoy lo es de la ciu-
dad de Tetzcuco; y el otro, que era más interior (en donde
estaban las salas de los consejos), tenía por la parte del Orien-
te la sala del consejo real, en la cual tenía el rey dos tribuna-
les, y en medio de ella estaba un fogón grande, en donde de
ordinario estaba el fuego sin que jamás se acabase; y por el la-
do derecho del fogón, estaba un tribunal, que era el supremo,
á quien llamaban Teoicpalpan que es lo mismo que decir
asiento y tribunal de Dios, demás de estar más alto y encum-
brado que el otro, la silla y espalda era de oro engastado en
piedras turquescas y otras piedras preciosas, delante de la cual
estaba uno como á manera de sitial, y en él una rodela y ma-
cana y un arco con su aljaba y flechas, y encima de todo una
calavera y sobre ella una esmeralda piramidal, en donde es-
taba incado un plumaje ó plumero que se llama Tecpilotl, que
atrás queda referido, y unos montones de piedras preciosas; á
los lados servían de alfombra unas pieles de tigres y leones y
mantas hechas de plumas de águila real, en donde asimismo
estaban por su orden cantidad de brazaletes y grebas de oro. ^
Las paredes estaban entapizadas y adornadas de unos paños
hechos de pelo de conejo, de todos colores, con figuras de di-
1 Supongo que debe ser departamentos.
2 Aquí el autor toma sin duda la palabra greba por ajorca.
176 OBRAS HISTÓRICAS DE
versas aves, animales y flores: tras de la silla estaba puesto de
plumería rica uno á manera de dosel, y en medio de unos res-
plandores y rayos hechos de oro y pedrería. El otro tribunal
que llamaban del rey, tenía su silla y asiento más llano, y asi-
mismo otro dosel hecho de plumería con las insignias del es-
cudo de armas que solían usar los reyes de Tetzcuco; en este
tribunal de ordinario asistían los reyes, en donde hacían sus
despachos y audiencias públicas; y cuando determinaban las
causas graves y de entidad ó confirmaban algunas sentencias
de muerte, se pasaban al tribunal que llamaban de Dios, po-
niendo la mano derecha sobre la calavera, y en la izquierda
una flecha de oro que les servía de cetro, y entonces se ponían
la üara que usaban, que era como media mitra; ^ asimismo es-
taban tres de estas tiaras en el sitial referido, la una era de pe-
drería engastada en oro, la otra de plumería, y la tercera te-
jida de olgodón y pelo de conejo de color azul. En esta sala
asistían los catorce grandes del reino por su orden y antigüe-
dades; la cual sala hacía tres divisiones. La primera era donde
estaba el rey. La segunda, en donde estaban seis de los gran-
des en sus asientos y estrados: el primero de la mano derecha
era el señor de Teotihuacan, el segundo el de Acolman, el ter-
cero el de Tepetlaoztoc; y por el lado izquierdo estaban, el pri-
mero el señor de Huexutla, el segundo el de Coatlichan, el
tercero el de Chimalhuacan. ^ La tercera división (que era la
1 El copilli que usaban los señores, y que ya los de Tetzcuco habían susti-
tuido á la primitiva corona de heno.
2 El mapa Quinatzin nos da buena razón de lo que aquí narra Ixtlilxo-
chitl. Se ve el plano del palacio, como ya hemos dicho, y su división en de-
partamentos, y alrededor, como ya también dijimos, los jeroglíficos y símbo-
los de los señoríos tributarios; y si bien faltan algunos de los que señalan li-
tlilxochitl y Torquemada, se debo sin duda á que está destruido un lado del
mapa.
En el centro ó patio están los dos fogones ú hogueras ardiendo, y al lado de
cada uno hay una leyenda mexicana que dice, que trece ciudades alimentaban
su fuego. El signo de la veintena ó mes mexicano que los acompaña, explica
que cada mes correspondía el servicio á una ciudad; y así entre las trece de
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 177
más exterior) estaban otros ocho señores por su orden y an-
tigüedades: por el lado derecho, el primero era el señor de
Otompan, el segundo el de Tolantzinco, el tercero el de Quauh-
chinanco, el cuarto el de Xicotepec; y por el lado izquierdo, el
primero el de Tepechpan, el segundo el de Teyoyocan, el ter-
cero el de Chicunauhtla y el cuarto el de Chiauhtla. Asimis-
mo se seguía otra sala que estaba en par de ésta por la parte
de Oriente, que se dividía en dos partes: en la una, que caía
por la parte interior, había en lo más principal y en los pri-
meros puestos ocho jueces, que eran nobles y caballeros; y los
otros cuatro eran de los ciudadanos, y después de ellos se se-
guían otros quince jueces provincianos, que eran naturales de
todas las ciudades y pueblos principales del reino de Tetzcu-
co, los cuales oían todos los pleitos así civiles como criminales,
cada brasero, hacían el servicio del año religioso de 260 días, llamado Tonala^
matl. Debajo de los braseros está el signo cuatro Acatl que corresponde al
año 1431, y una leyenda que dice: el año cuatro cañas vino Nezahualooyotl ¿
Tetzcuco. En la parte inferior del plano se ve el pasillo que conducía al mer-
cado, y al edificio ocupado por los hijos de Nezahualooyotl, llamado Tlacoteo,
de cuyo jeroglífico hay aún huellas.
Pues bien, en esta gran sala se ve á los catorce personajes de que el autor
nos habla, cada uno con su jeroglífico que nos da su nombre, y son los si-
guientes:
Quetzal mamalitzin yerno de Nezahualooyotl y Presidente del Tribunal de
nobles.
Quecholtecpantzin, señor de Otompan.
Tlazolyaotl, señor de Huexotla.
Motoliniatzin, señor de Coatlichan.
Tezcapotli, señor de Chiraalhuacan.
Cocopitzin, señor de Tepetlaoztoc.
Cuauhtlatzacuilotl, señor de Chiauhtla.
Techotlalla, señor de Tezonyocan.
Motlatocazoma, señor de Acolman.
Tencoyotzin, señor de Tepechpan.
Tezozomoc, señor de Chicunauhtla.
Tlalollin, señor de Tollantzinco.
Nauhecatl, señor de Cuauhchinanco.
Quetzalpayntzin, señor de Xicotepec.
Tomo 11-18
178 OBRAS HISTÓRICAS DE
que se incluían debajo de las ochenta leyes que estableció
Nezahualcoyotzin, y no duraba el más grave más de ochenta
días. En la otra parte de la sala, que caía á la parte exterior,
estaba un tribunal en donde estaban cuatro jueces supremos,
que eran los cuatro presidentes supremos de los consejos, y
un postigo por donde entraban y salían á comunicar con el rey.
Por la parte del Norte de este patio se seguía otra sala muy
grande, que llamaban de ciencia y música, en donde estaban
tres tribunales supremos: en el uno, que caía frontero del pa-
tio estaba el tribunal y asiento del rey de Tetzcuco; y por un
lado á mano derecha estaba el otro tribunal, que era del rey
de México; y por el lado izquierdo estaba el del rey de Tlaco-
pan: en donde estaban muchas insignias, como eran muchas
rodelas, borlas, penachos y otras insignias de plumería rica, y
cargas de mantas de mucho precio, y muchas joyas de oro
y pedrería, en los cuales se sentaban y asistían los reyes cuan-
do se juntaban. Allí en medio tenían un instrumento musical
que llaman huehuetl, en donde de ordinario estaban y asistían
los filósofos, poetas y algunos de los más famosos capita-
nes del reino, que de ordinario estaban cantando los cantos de
sus historias, cosas de m^oralidad y sentencias. Tras de esta
sala se subía á otra que estaba sobre la muralla fuerte, en don-
de estaban muchos capitanes y soldados valerosos, que eran
los de la guarda del rey; y luego se seguía otra casi opuesta á
la sala real, en donde asistían los embajadores de los reyes de
México y Tlacopan: después estaba un tránsito por donde se
entraba á este patio del otro grande de la plaza, y én el otro
lado de él estaba otra "sala grande del consejo de guerra, en
donde asistían en lo más principal de ella seis capitanes natu-
rales de la ciudad de Tetzcuco, tres nobles y tres ciudadanos,
yidespués de ellos se seguían otros quince capitanes naturales
de las ciudades y pueblos más principales del reino de Tetzcu-
co, á quienes se despachaban todos los negocios pertenecien-
tesial consejo de guerra. Por la parte de Mediodía se seguían
otras dos salas, en donde estaban y asistían otros tantos jueces
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 179
por la orden que está dicho, del consejo de hacienda. Tras de
ella se seguía la segunda sala, en donde estaba cierta dignidad
de hombres, que eran como jueces pesquisidores, que salían
fuera de la ciudad á las provincias y ciudades á averiguar y
castigar lo que el rey les mandaba. Después de esta sala se
seguía otra que era el almacén de las armas; y por la parte in-
terior estaban los cuartos de la reina y otros de las damas, las
cocinas y los retretes en donde el rey dormía, con muchos pa-
tios y laberintos, con las paredes de diversas figuras y labores.
Cada una de estas salas que eran casi cuadradas, eran de lar-
go de cincuenta varas y ancho poco menos, y otras tenían á
más y á menos. Por la parte de Mediodía y por la de Oriente
de las salas y cuartos referidos estaban los jardines y recrea-
ciones del rey, con muchas fuentes de agua, estanques y ace-
quias con mucho pescado, y aves de volatería, lo cual estaba
cercado de más de dos mil sabinos, que hoy está la mayor
parte de ellos en pie; y asimismo había en estos jardines otros
muchos laberintos, que estaban en los baños que el rey tenía,,
en donde estando los hombres no daban con la salida, con
muchos torreones y chapiteles adornada la casa, y el otro
patio, que era el mayor y servía de plaza, en medio del cual
estaba el juego de la pelota; y hacia la entrada del segundo patio
estaba un brasero muy grande sobre una peana, el que siem-
pre ardía día y noche, sin que jamás se apagase. Esta plaza ^
cercada de portales, y tenía asimismo por la parte del Ponien-
te otra sala grande, y muchos cuartos á la redonda, que era la
universidad, en donde asistían todos los poetas, históricos y fi-
lósofos de reino, divididos en sus claves ^ y academias confor-
me era la facultad de cada uno; y asimismo estaban aquí los
archivos reales: por un lado de estos cuartos era una de las
entradas y puertas principales del palacio. ^ Luego se seguían
otros cuartos con su patio, salas y aposentos, en donde esta-
1 Estaba.
2 Clases.
3 A más del plano del palacio, naturalmente imperfecto, que se ye en el
180 OBRAS HISTÓRICAS Dfi
ban aposentados los reyes de México cucuido iban á Tetzcuco;
y después se seguían los cuartos en donde se recogían y guar-
daban los tributos de la provinciía de Guauhnahuac, y luego
otros de la provincia de Chalco. Todos los Estados y provin-
cias tenían sus cargos de tributos dentro de palacio, y todos
los demás los tenían fuera en casas particulares que estaban
dedicadas para este efecto. Por la parte del Norte junto adon-
de caían los templos, (como adelante sedirá), y por la parte de
afuera de la muralla, se seguían las casá^ en donde se apo-
sentaban los reyes de Tlacopan cuando iban á esta ciudad; y
más adelante frontero de los templos, estaba la casa de aves,
en donde el rey tenía todos cuantos géneros y diversidad ha-
bía de aves y animales, sierpes y culebras^ traídas de diversas
partes de esta Nueva España, y las que nó podían ser habidas
estaban sus figuras hechas de pedrería y oro, y lo mismo era
de los peces, y así de los que hay y se crían en el mar como
en los ríos y lagunas, de tal modo, que no faltaba allí ave, pez
ni animal de toda esta tierra, que no estuviese vivo ó hecho
figura y talla en piedras de oro y pedrería. Finalmente conte-
nía toda la casa del rey, entre los grandes y medianos apo-
sentos y retretes, más de trescientas piezas, todo ello edificado
con mucha arte de arquitectura; y al tiempo que se cubrían
algunas de las salas, queriendo cortar las maderas y planchas
por los extremos, y quitar las maromas: con que las habían
arrastrado, que eran de increíble grandaza, les mandó el rey
mapa Quinatzin, trae varias leyendas mexicana^ que dan cuenta de su distri-
bución; las cuales dicen:
Los achcAcautin esperan aquí; su oficio es ir á tierras lejanas á someter á
los rebeldes.
Aquí está el que reparte los calzados, los víveres, los -escudos y los coseletes
(ichcabuipilli). ' '
Aquí se guardan los escudos y los coseletes. ■ -
En el Nuppobualatotli (consejo de 80 días) se ven todas las causas: el robo,
el adulterio, la calumnia.
Tribunal de Otompan.
Tribunal de Teotibuacan: de las once ciudades qué están á la derecba.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 181
que las dejasen así, que tiempo vendría en que sirviesen á
otros, y no trendrían trabajo de hacerles nuevos horados, ni
ponerles nuevas maromas para arrastrarlas, y así se hizo; é yo
los he visto dentro de los huecos de los pilares y portales so-
bre que cargaba; y se cumplió su profecía, pues lo han desba-
ratado y aprovechádose de la madera.
CAPITULO XXXVII
Q!ue proHfftie en la deKripetlbn de Uu comos de ITezahualeoj/oitinytetnplot que dentro
de eUcu tenia.
Estas casas que hemos ido describiendo no tenían más de
tan solamente tres puertas y entradas principales, que la una
caía por la parte de hacia la laguna que es al Poniente, y la otra
hacia la montaña que es hacia el Oriente, y la otra hacia el
Mediodía, y eran á manera de calles que tenían diez y ocho
varas de ancho: otras entradas y portadas tenía la casa, que
caían donde estaban los templos, los cuales tenían unas gra-
das, por donde en las entradas de ellas recibían y bajaban den-
tro de estos palacios. Por la parte del Poniente de los templos
estaban otros cuartos con su patio, sala y aposentos, que se
llamaba Tlacateo, en donde criaban y doctrinaban los hijos del
rey, y allí asistían con ellos sus ayos y maestros, que les ense-
ñaban toda la policía de su buen modo de vivir, y todas las
ciencias y artes que sabían y alcanzaban, hasta las mecánicas
de labrar oro, pedrería y plumería, y las demás; y asimismo el
ejercicio militar, con tanto cuidado que no los dejaban un pun-
to estar ociosos. En otros, que estaban divididos de estos, se
doctrinaban y criaban las hijas del rey; y cada ochenta días era
ley, que el rey con todos sus hijos y deudos, con sus ayos,
maestros y los grandes del reino estaban en una sala grande
que había en estos cuartos de Tlacateo, y asimismo todas las
184 OBRAS HISTÓRICAS DE
hijas con sus ayas y maestras, aunque fuesen las muy peque-
ñas, sentándose por su orden los varones á una parte y las
hembras por la otra, y los hijos aunque fuesen del rey iban
vestidos con unas mantas groseras de nequen; en donde se su-
bía en un teatro á manera de pulpito un orador, y allí comen-
zaba desde el rey hasta el más pequeño á reprender todos los
vicios y cosas mal hechas, trayendo á la memoria los daños
que de ellos se seguían, y encareciendo la virtud, sus utilida-
des y provechos, y allí relataba las cosas que habían sido mal
hechas en aquellos ochenta días: si el rey había hecho algunos
agravios, se los relataba, de manera que no quedaba cosa que
allí no pareciese y fuese reprendida con toda la libertad del
mundo; y traía á la memoria las ochenta leyes, que tenía cons-
tituidas el rey, y como se debían guardar y ejecutar. Hacía esta
plática muy elocuente este orador, que abominaba todos los
vicios y engrandecía la virtud y lo que de ella se seguía, hasta
mover el afecto a lagrimas, y otras muchas cosas que decía y
persuadía, de muy buena moralidad. Los templos eran más
de cuarenta; pero el principal y mayor que era Huitzilo-
puchtli y Tlao, ^ cuadrado y maciso, hechas de cal y canto
las paredes de la parte de afuera, y lo de adentro terraple-
nado de barro y piedra: tenía en cada cuadro ochenta bra-
zas largas, y de alto este terraplén ó cue veintisiete estados, y
se subía por la parte de Poniente por unas gradas que eran
ciento y sesenta: comenzaba su ediñcio por el cimiento ancho,
y como iba levantándose, iba disminuyendo y estrechando de
todas partes en forma piramidal con sus grandes relieves, que
como iba subiendo, asimismo le iban disminuyendo, y de tre-
cho en trecho las gradas hacían un descanso, y encima estaba
ediñcado un templo con dos capillas, la una mayor que la otra:
la mayor hacia la parte del Sur en donde estaba el ídolo Hui-
tzilopochtli; y la menor que estaba á la parte del Norte, era del
ídolo Tlaloc, y estas capillas y sus ídolos miraban hacia la par-
1 Debe decir: era el de Huitzílopoclitli y Tlaloo.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 186
te del Poniente; y por delante de este templo había un patio
prolongado de Norte á Sur en donde cabían muy bien qui*
nientos hombres, y en medio de las puertas de las dos capillas
estaba una piedra tumbada que llamaban techcatl, en donde
sacrificaban los cautivos en guerra; y tenía cada una de estas
capillas tres sobrados que se mandaban por la parte de aden-
tro por unas escaleras de madera movediza, y los sobrados es-
taban llenos de todo género de armas, como eran macanas,
rodelas, arcos, flechas, lanzas y guijarros, y todo género de bas-
timentos, arreos y adornos de guerra. ^ Los demás templos casi
todos eran á este talle; unos tenían dos, tres y más capillas, y
algunos que no tenían más de sólo una: había más de cuatro-
cientas salas y aposentos en donde estaban estos templos, pa-
ra las viviendas de los sacerdotes y ministros del templo, y en
donde se criaban y doctrinaban los muchachos de la ciudad, ^
y en estos templos había uno en donde había muchas mujeres
reclusas y encerradas, y asimismo se criaban algunas de las
hijas de los señores y ciudadanos. Había un templo redon-
do que era de Quetzalcoatl, dios del aire, y asimismo un estan-
que que se decía Tetzapan, en donde se lavaban todos los va-
sos de los sacrificios, y los que se sacaban sangre se iban á la-
var allí. Asimismo había en un cercado cantidad de árboles y
matas de todo género de espinas llamado Teotlapan, que signi-
1 En el mapa Tlotzin hay una leyenda que dice: Nezahualcoyotl reunió
los ídolos, áió asilo á las cuatro naciones, y repartió en cuarteles á los artistas
y artesanos.
De familia mexicana y educado en México, había estado en esta ciudad to-
davía cuatro años más, del 1427 al 1431, después de que recobró su señorío*
Natural fué que llevare á Tetzcuco la misma organización civil y religiosa de
los mexicanos. Por eso su templo mayor, como el de México, estaba dedica-
do á Tlaloc, y á Huitzilopochtli dios esencialmente mexicano. Así la antigua
sociología chichimeca que poco á poco se había ido modificando con la inmi-
gración de pueblos extraños, desapareció por completo bajo Nezahualcoyotl,
y se sustituyó por la cultura y costumbres de México. Puede verse en este
punto á Pomar, que lo trata con extensión.
2 Bl Calmecac de los mexicanos.
186 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
fica tierra de dios. Tenía esta máquina de edificios más de cua-
renta patios entre grandes y chicos, sin los jardines y laverin-
tos. Y porque de la compostura y ornato de los templos, ído-
los, y diversidad, de sacerdotes tratan muchos autores, así no
se trata ni especifica aquí.
CAPITULO xxxviir
QMe traía de Uu ocTienta leyes que estableció Nezahualcoyottin y cómo las
mando guardar.
Puso Nezahualcoyotzin la ciudad de Tetzcuco y todas las
demás repúblicas de su reino en grandísimo orden y concier-
to (que describiendo de ella se entenderá de las demás), la cual
la dividió en seis parcialidades, como fueron Mexicapan, Col-
huacan, Tepanecapan, Huitznahuac, Chimalpan y Tlailotlacan,
poniendo en ellas por su orden y gobierno los vecinos, y cada
género de oficio por sí: los plateros de oro y plata en un ba-
rrio, los artífices de plumería en otro, y por esta orden todos
los demás, que eran muchos géneros de oficiales. Asimismo
hizo edificar muchas casas y palacios para los señores y caba-
lleros que asistían en su corte, cada uno conforme á la calidad
y méritos de su persona, las cuales llegaron á ser más de cua-
trocientas casas de señores y caballeros de solar conocido. Y
para el buen gobierno, así de su reino como para todo el im-
perio, estableció ochenta leyes que vido ser convenientes á la
república en aquel tiempo y sazón, las cuales dividió en cua-
tro partes, que eran necesarias para cuatro consejos supremos
que tenían puestos, como eran el de los pleitos de todos los
casos civiles y criminales, en donde se castigaban todos los gé-
neros de delitos y pecados, como era el pecado nefando que
se castigaba con grandíshno rigor, pues al agente atado en un
188 OBRAS HISTÓRICAS DE
palo lo cubrían todos los muchachos de la ciudad con ceniza,
de suerte que quedaba en ella sepultado, y al paciente por el
sexo le sacaban las entrañas, y asimismo lo sepultaban en la
ceniza. Al traidor al rey ó república lo hacían pedazos por sus
coyunturas, y la casa de su morada la saqueaban, y echaban
por el suelo sembrándola de sal, y quedaban sus hijos y los
de su casa por esclavos hasta la cuarta generación. El señor
que se alzaba contra las tres cabezas, habiendo sido siyetado
una vez, si no era vencido y preso en batalla, cuando venía á
ser habido le hacían pedazos la cabeza con una porra, y lo
mismo hacían al señor ó caballero que se ponía las mantas ó
divisas que pertenecían á los reyes; aunque en México era cor-
tarles una pierna, aunque fuese el príncipe heredero del reino,
porque nadie era osado á ataviarse ni componer su persona,
ni ediñcar casas sin orden ni licencia del rey, habiendo hecho
hazañas ó cosas por donde lo mereciese, porque de otra mane-
ra moría por ello. Al adúltero si le cogía el marido de la mu-
jer en el adulterio con ella, morían ambos apedreados; y si era
por indicios ó sospechas del marido, y se venía á averiguar la
verdad del caso, morían ambos ahorcados, y después los arras-
traban hasta un templo que fiíera de la ciudad estaba, aunque
no los acusase el marido, sino por la nota y mal ejemplo de la
vecindad: el mismo castigo se hacía á los que servían de ter-
ceros ó terceras. Los adúlteros que mataban al adulterado, el
varón moría asado vivo, y mientras se iba asando, lo iban ro-
ciando con agua y sal hasta que allí perecía; y á la miger la
ahorcaban; y si eran señores ó caballeros los que habían adul-
terado, después de haberles dado garrote, les quemaban los
cuerpos, que era su modo de sepultar. Al ladrón si hurtaba
en poblado y dentro de las casas, como ftiese de poco valor el
hurto, era esclavo de quien había hurtado, como no hubiese
horadado la casa, porque el que lo hacía moría ahorcado; y lo
mismo el que hurtaba cosa de valor y cantidad, ó en la plaza
ó en el campo, aunque no fueran más de siete mazorcas, por-
que el que hurtaba en el campo lo mataban, dándole con una
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 189
porra en la cabeza. A los hijos de los señores si malbarataban
las riquezas ó bienes muebles que sus padres tenían, les daban
garrote. Asimismo al borracho, si era plebeyo le trasquilaban
la cabeza, la primera vez que caía en este delito, públicamente
en la plaza y mercado, y su casa era saqueada y echada por
el suelo, porque dice la ley, que el que se priva de juicio que
no sea digno de tener casa, sino que viva en el campo como
bestia; y la segunda vez era castigado con pena de muerte: y
al noble desde la primera vez que era cogido en este delito, era
castigado luego con pena de muerte. ^ Asimismo en este tribu-
nal se reconocían las leyes, que trataban acerca de los escla-
vos, y de las contiendas y pleitos de haciendas,t¡erras y pose-
siones, y los estados y diferencias de oficios. En el consejo de
músicas y ciencias se guardaban las leyes convenientes á este
consejo, en donde se castigaban las supersticiones ^ y los géne-
ros de brujos y hechiceros que había en aquel tiempo, con pena
de muerte; sólo la nigromancia se admitía por no ser en da-
ño de persona alguna. En el consejo de guerra había otras leyes,
como eran, el soldado que no cumplía con el mandato de su
capitán ó caía en alguna falta de las de su obligación, era de-
gollado: y el que usurpaba cautivo ó despojo ajeno, era ahor-
cado; y lo mismo se hacía con el que daba su cautivo á otro.
El que era noble y de linaje, si era cautivo y se venía huyen-
do á su patria, tenía la misma pena, y el plebeyo era premiado;
pero si el noble en donde fué cautivo, vencía ó mataba cuatro
soldados que para el efecto se señalaban, cuando le querían
sacrificar (que para este fin los cautivaban), habiéndose libra-
do de esta manera, era muy bien recibido y premiado del rey. ^
La misma pena de muerte tenían todos los soldados y capita-
1 Véanse las ordenanzas de Nezahualcoyotzin en el tomo primero.
2 Por el contrario, aquellos pueblos eran esencialmente supersticiosos, y to-
do lo fiaban á los agüeros. En todog los sucesos, desde el nacimiento hasta el
matrimonio y aun en los negocios públicos, tenían en cuenta el día en que
acaecía y su influencia, para lo cual servía el Tonalamatl.
8 Aquí se refiere el autor al sacrificio gladiatorio.
190 OBRAS HISTÓRICAS DE
nes que iban en guarda del rey, cuando personalmente iba á
la guerra, si lo dejaban en poder de los enemigos, porque era
obligación que estos tales lo habían de volver muerto • vivo;
y si era el príncipe como alguno de los hijos del rey, tenían la
misma pena los soldados y capitanes que eran sus ayos y
maestros. Cuando se había de hacer alguna entrada ó guerra
contra algún señor de los de las provincias remotas, había de
ser por causas bastantes que hubiese para ello, que eran que
este tal señor hubiese muerto á los mercaderes que iban á tra-
tar y contratar en su provincia, no consintiendo trato ni comu-
nicación con los de acá; (porque estas tres cabezas se funda-
ban ser señoríos é imperios sobre todas las demás, por el de-
recho que pretendían sobre toda la tierra, que había sido de los
toltecas, cuyos sucesores y herederos eran ellos, y por la po-
blación y nueva posesión que de ella tuvo el gran Chichime-
catl Xolotl su antepasado); para lo cual todos tres en consejo
de guerra con sus capitanes y consejeros se juntaban y trata-
ban del orden que se había de tener, y la primera diligencia
que se hacía era que iban ciertos mensajeros de los mexica-
nos que llamaban Quaquauhnochtzin, y estos les requerían á
los de la provincia revelada, en especial á todos los ancianos,
juntando para ello cantidad de viejos y viejas á quienes de
parte de las tres cabezas requerían y decían, que ellos como
personas gue habían de padecer las calamidades y trabajos que
causan las guerras si su señor se desvanecía en no admitir la
amistad, protección y amparo del imperio, pues tenían expe-
riencia de todo, le fuesen á la mano, y procurasen de que en-
mendase el avieso y desacato que había tenido contra el impe-
rio, dentro de veinte días que le daban de término; y para que
no dijesen en ningún tiempo que violentamente habían sido
conquistados y ganados, les daban cierta cantidad de rodelas y
macanas; y se ponían estos mensajeros en cierta parte, en don-
de aguardaban la resolución de la república y de los ancia-
nos de tal provincia, los cuales respondían lo que á ellos les pa-
recía, ó dentro del término referido allanaban al señor, y enton-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 191
ees dándole su fe y palabra de nunca ser contrario al imperio,
y dejar entrar y salir, tratar y contratar á los mercaderes y gen-
te de él, enviando cierto presente de oro, pedrería plumas y
mantas, era perdonado y admitido por amigo del imperio:
y si no hacía esto cumplidos los veinte días, llegaban á esta
sazón otros mensajeros que eran naturales de la ciudad de
Tetzcuco de los aculhuas, llamados Achcacauhtzin que eran
de los de aquellos jueces que en otra parte se dijeron pesqui-
sidores, los cuales daban su embajada al mismo señor de la tal
provincia y á todos los naturales y caballeros de su casa y li-
naje, apercibiéndoles que dentro de otros veinte días que les
daban de término se redujesen á paz y concordia con el im-
perio, con el apercibimiento que si se cumplía el término y no
se allanaban, que sería el señor castigado con pena de muerte,
conforme á las leyes que disponían hacerle pedazos la cabeza
con una porra, si no moría en batalla ó cautivo en ella para
ser sacrificado á los Dioses; y los demás caballeros de su casa
y corte, asimismo serían castigados conforme á la voluntad de
las tres cabezas del imperio: habiendo hecho este apercibi-
miento al señor y á todos los nobles de su provincia, si den-
tro de los veinte días se allanaba, quedaban los de su provin-
cia obligados de dar un reconocimiento á las tres cabezas en
cada un año, aunque moderado, y el señor perdonado con to-
dos los nobles y admitido en la gracia y amistad de las tres
cabezas; y si no quería, luego incontinenti le ungían estos em-
bajadores el brazo derecho y la cabeza con cierto licor que lle-
vaban, que era para esforzarle á que pudiese resistir la furia
del ejército de las tres cabezas del imperio, y asimismo le po-
nían en la cabeza un penacho de plumería que llamaban Tecpi-
lotl, atado con una correa colorada, y le presentaban muchas
rodelas, macanas y otros adherentes de guerra, y luego se jun-
taban con los otros primeros embajadores, aguardando á que
se cumpliese el término de los veinte días: y cumplido, no ha-
biéndose dado de paz, á esta sazón llegaban terceros embaja-
dores, que eran de la ciudad de Tlacopan, de nación tepaneca,
192 OBRAS HISTÓRICAS DE
y tenían la misma dignidad y oficio que los demás, los cuales
daban su embajada de parte de las tres cabezas del imperio á
todos los capitanes, soldados y otros hombres de milicia, aper-
cibiéndoles, por último apercibimiento, que como tales perso-
nas habían de recibir los golpes y trabajos de la guerra, que
procurasen dentro de veinte días dar la obediencia al imperio,
que serían perdonados y admitidos en su gracia; donde no, pa-
sado el tiempo, vendrían sobre ellos, y á fuego y sangre aso-
larían toda su provincia, y se quedarían por esclavos todos los
cautivos en ella, y los demás por tributarios vasallos del im-
perio: los cuales si dentro de este término se rendían, sólo el
señor era castigado, y la provincia quedaba sujeta á dar algún
más tributo y reconocimiento que en el segundo apercibimien-
to, y esto había de ser de las rentas pertenecientes al tal señor;
y donde no, cumplidos los veinte días, estos embajadores te-
panecas daban á los capitanes y hombres militares de aquella
provincia rodelas y macanas, y se juntaban con los otros, y
luego juntos se despedían del señor de la república y de los
hombres de guerra, apercibiéndoles que dentro de otros veinte
días estarían las tres cabezas ó sus capitanes con ejércitos sobre
ellos, y ejecutarían todo lo que les tenían apercibido; y cum-
plidos luego se daba la batalla, porque ya á esta sazón había
venido marchando el ejército; y conquistados y ganados que
eran, se ejecutaba todo lo atrás referido, repartiendo las tierras
y los tributos entre las tres cabezas: al rey de México y al de
Tetzcuco por iguales partes, y al de Tlacopan una cierta par-
te, que era como la quinta; aunque se tenía atención de dar á
los herederos de tal señor tierras y vasallos suficientes á la
calidad de sus personas, entrando en la sucesión del señorío
el heredero y sucesor legítimo de la tal provincia con las obli-
gaciones y reconocimiento referido, y dejándole guarnición de
gente del ejército de lastres cabezas, ^ la que era conveniente
1 En esto comete un error Ixtlilxochil. Nuestros antiguos pueblos no eran
colonizadores: así es que sus conquistas se reducían prácticamente á la impo-
sición de tributos. Pero no es cierto, que una vez conquistado un pueblo, de-
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 193
para la seguridad de aquella provincia, se volvía la demás; y
de es la manera sujetaron á toda la tierra. Otras leyes había
que se guardaban en el consejo y tribunal de guerra, de me-
nos entidad. En el cuarto y último consejo, que era el de ha-
cienda, se guardaban las leyes convenientes á ella acerca de la
cobranza de tributos y distribución de ellos y de los padrones
reales. ^ Tenían pena de muerte los cobradores que cobraban
más de lo que debían pagar los subditos y vasallos. Los jue-
ces de estos tribunales no podían recibir ningún cohecho, ni
ser parciales á ninguna de las partes, pena de la vida; á todos
los cuales el rey sustentaba, y cada ochenta días hacía merce-
des, dándoles dones y presentes de oro, mantas, plumería, cacao
y maíz, conforme á la calidad de sus oficios y méritos, sin que
en esto hubiese límite señalado, más de lo que al rey le pare-
cía ser conveniente; y lo mismo hacía con los capitanes y per-
sonas valerosas en la guerra y con los criados de su casa y
corte.
jaban en él guam¡c¡<5n: y precisamente de ahí vino que se alzaran continua-
mente, cuando se creían fuertes para sacudir el tributo; y esto nos explica por
qué vemos en los jeroglíficos varias veces la conquista de un mismo pueblo.
1 Se conserva original el libro de tributos en el Museo. Lorenzana lo re-
produjo en su edición de las cartas de Cortés, reducido y sin colores. Kings-
borougb, en el Códice Mendocino, también lo reproduce, en su tamaño y con
colores; pero hay diferencias en el dibujo de ciertas figuras. El señor Peñafiel
ha hecho una reproducción exacta.
El mapa Quinatzin nos da también alguna idea de los tributos. En uno de
los departamentos del-palacio de Tetzcuco se ven los chimalli ó ichcahuipilli,
rodelas y petos de algodón, que se tributaban para los guerreros. En otro se
ven sandalias, mosquiteros, cuerdas y bolsas de cacao. En otro ramos de flo-
res y cañas de tabaco, para los convites. Y en otro mantas labradas y pena-
chos de plumas; en donde los tributarios celebran fiesta, cantando y tocando
el huehuetl ó gran atambor.
Tomo 11-14
CAPITULO XXXIX
Ctymo el rey Nezahtialcoyotzin amplió loa tierra» de la señoría de Tlaxcala^ y UucO'
pitulaeUmea que con ellos tuvo.
La señoría de Tlaxcala en las guerras que á Nezahualcoyo-
tzin se le habían ofrecido para recobrar el reino de Tetzcuco
y sujetará los tepanecas, le había siempre favorecido; y así en
agradecimiento de esto siempre los visitaba y enviaba grandes
presentes de oro, pedrería, mantas, plumería y otras cosas; y
así yendo una vez á visitarlos les alargó los términos de sus
tierras por la parte del reino de Tetzcuco, echando sus moho-
neras por el cerro que se llama Quauhtepetl, y prosiguiendo á
otro que se dice Ozelotepetl, y luego á Huehué y Chocayan
hasta el cerro que llaman Coliuhcan; y luego hicieron las ca-
pitulaciones siguientes á pedimento de la señoría, que fueron:
Que desde aquel tiempo se favoreciesen unos á otros, sin que
jamás se pretendiesen quitar los señoríos por vía de violencia,
guerra ni por otra cosa, sino que si algún tirano se levantase con-
tra el dicho Nezahualcoyotzin ó sus descendientes, que la seño-
ría les socorrería con todo su poder y fuerzas, y la misma obli-
gación tuvieron los del reino de Tetzcuco en favorecer y am-
parar las causas de la señoría, dando su favor y ayuda contra
los que la quisiesen ofender, y lo mismo hiciesen los años es-
tériles, se favoreciesen con bastimentos los unos á los otros.
Hechas estas capitulaciones se volvió Nezahualcoyotzin á la
196 OBRAS HISTÓRICAS DE
^ ,
ciudad de Tetzcuco, en donde comenzó á apercibir sus gentes
para hacer guerra á la provincia de Tolantzinco y de la sierra
de Totonapan, y así dio principio con la de Tolantzinco perte-
neciente al reino, y habiéndola ganado, restituyó en el señorío
á Tlalolintzin como atrás queda referido, con ciertos reconoci-
mientos, y la de Quauhchinanco se le dio de paz y confirmó en
el señorío á Nauhecatzin, y lo mismo hizo en Xicotepec hasta
ganar toda la sierra de Totonapan que contiene más de ochen-
ta leguas: y volviendo de esta conquista, que era perteneciente
á su patrimonio, juntó sus gentes con las de Itzcoatzin su tío,
y con las de Totoquihuatzin rey de Tlacopan, y fueron sobre
la tierra de los tlalhuicas y la ganaron, y haciendo la reparti-
ción conforme atrás queda referido, cupieron á Nezahualcoyo-
tzin con la cabecera de Quauhnahuac nueve pueblos. Al que
puso por mayordomo de la cobranza de los tributos, sacaba
cuatro mil y trescientos fardos de mantas ricas, pañetes y hue-
piles que montan por todo ochenta y seis mil mantas, huepi-
les, enaguas y pañetes; ^ y cierta cantidad de preseas de oro, pe-
drería y plumería en cada un año, sin las amas y criadas
necesarias para el servicio de la casa del rey, y asimismo las
flores que de ordinario se gastaban en palacio.* Al rey de Mé-
xico cupo lo de Tepozotlan, Huaxtepec y otros con la misma
cantidad de tributos; y al de Tlacopan la parte que le pertene-
cía: y después prosiguieron su conquista, y ganaron la provin-
cia de Chalco, aunque luego se reveló: ganada esta provincia,
pasaron á la de Itzocan y la ganaron, y luego prosiguieron y
ganaron las provincias de Tepecyacan, Tecalco, Teohuacan,
Coaixtlahuacan, Cuetlachtlan, Hualtepec y Quauhtochco, y de-
jándolas sujetas al imperio con la misma calidad que á las
demás, Nezahualcoyotzin fué con su gente sobre la gran pro-
vincia de Tochpan y la de Tizauhcoac, y habiéndolas ganado
puso á sus mayordomos en la de Tizcohuacalaotl, que cobraba
1 Ternaux en sus notas equivoca la explicación de estas piezas del vestido
indio. El huípil es la camisa; el pañete ó maxtli se ataba á la cintura; y la
enagua era el cueitl.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 197
en cada un año de tributos mil y ochocientos fardos de mantas
asi de las ricas betadas ^ de todos colores, que servían para en
tapizar las salas y cuartos del rey, como de otras llanas, ena-
guas y huepiles, sin más cien fardos de mantas de Tlacatziuh-
que de á tres piernas, que tenía de largo cada una de ellas ocho
brazas, y otros cien fardos de las más delicadas y primas de á
cuatro brazas, que las unas y las otras venían á ser cuarenta
mil piezas, sin más cuatrocientas petacas y cuatrocientos pe-
llejos de venado, cien venados vivos, cien cargas de chile y
cien cargas de pepitas, cien papagayos grandes, cuarenta cos-
tales de pluma blanca con que hacían telas, y otros cuarenta
costales de plumería de aves de diferentes colores, sin más
doscientos fardos de pañetes, que venían á ser cuatro mil, con
las amas y criadas necesarias para el servicio de palacio. En
la gran provincia de Tochpan puso por su mayordomo á Hue-
hutli, que cobraba en cada un año de las mantas del género
atrás referido, mil quinientos y ochenta fardos, y más veinti-
cinco mantas y huepiles, sin más cuatrocientos fardos, y más
diez mantas del ilacatziuhqui ^ de á ocho brazas, y otros tantos
fardos de mantas del ilacatziuhqui delgado de á cuatro bi-azas,
que por todo venían á ser cuarenta y siete mil seiscientas cua-
renta y cinco mantas, enaguas y huepiles, piezas de ilacatziuh-
qui y pañetes, sin más las amas de palacio y criadas que eran
necesarias para el servicio. La gran provincia de Tochpan se
dividía en siete provincias, que contenían todas ellas sesenta y
ocho pueblos á ellas sujetos. Conquistadas estas provincias
que pertenecían al patrimonio del rey de Tetzcuco, pasó de allí
con su ejército costeando la mar del Norte hasta otra provin-
cia que se dice Teochtepec ^ que asimismo la ganó y sojuzgó, y
puso en ella por su mayordomo y cobrador de tributos (de más
de la gente de guarnición que en cada una de ellas dejaba) á
1 Veteadas.
2 Molina traduce ilacatziuhqui por cosa torcida. (Nota de Ternaux).
3 Tochtepec, hoy Tuxtepec.
198 OBRAS HISTÓRICAS DE
Toyectzin, que cobraba en cada un año cuarenta fardos de
mantas ricas y veinte do unas camisetas asimismo ricamente
tejidas de fmps colores, que montan ciento y veinte piezas:
igualmente le sembraban y cultivaban en cada un año una se-
mentera de cacao, que tenía de longitud cuatrocientas medi-
das y de latitud doscientas, sin más treinta y tres cargas de
cacao que se cobraban de tributo, dos mil pelotas de hule y
cuatrocientos paños de grana, sin más muchas piezas de plu-
mería, como eran rodelas, penachos y otras divisas que los re-
yes usaban cuando salían á las guerras, hechas de la plumería
rica que llaman quetzali. Esta provincia contenía doce pue-
blos, asimismo sujetos, y daban de tributo cierta cantidad de
amas y criadas para el servicio de palacio. Y dando la vuelta,
fué sobre la provincia de Mazahuacan en compañía de los re-
yes de México y de Tlacopan, y la de Tlapacoyan; y habiéndo-
las sujetado con las mismas calidades atrás referidas, fué sobre
la de Tlauhcocautitlan y la ganó, en donde puso por su mayor-
domo á Huitziltecuh, en donde se le daban de tributo y reco-
nocimiento en cada un año diez y seis bateas de color y vein-
te cargas de copal, doscientas sesenta y ocho jicaras y tecoma-
tes ñnos, y veinte cargas de varas de tlacuilol quahuitle. Esta
provincia y las demás, en donde puso sus mayordomos y co-
bradores, fueron las que se ajudicaron al reino de Tetzcuco,
sin entrar en partición los otros dos reyes; y las en que no pu-
so sus mayordomos fueron las que se repartían sus rentas en-
tre las tres cabezas de esta Nueva España por la orden referi-
da, las cuales rentas se llevaban á la ciudad de México todas
juntas, y allí se hacía la repartición y división, en donde los
mayordomos y agentes de los tres reyes, cada uno recibía lo
que le pertenecía á su señor; y las rentas que eran de la parte
del rey Nezahualcoyotzin se guardaban en la ciudad de Méxi-
co en sus palacios antiguos, con las que premiaba á todos los
señores de su señorío, á sus hijos, deudos y otras personas be-
neméritas por mano de los señores mexicanos, para que justi-
íicadamente á cada uno se le diese lo que por sus virtudes me-
DON FERNANDO- DE ALVA IXTLILXOCHITL. 199
recia: este fué el principal intento de que sus rentas (las que
tenía de la partición con los otros dos reyes) se guardasen en
la ciudad de México. En el Ínterin que había andado ocupa-
do en estas guerras, los de la provincia de Tolantzinco, perma-
neciendo en su rebeldía, una noche quemaron las fuerzas en
donde el rey tenía su gente de guarnición (que estaban en tres
partes, que era en Macanacazco, Tlayacac y Chiquiuhtepec),
matando á todos los soldados que en los presidios tenía Neza-
hualcoyotzin. Cuatro años había desde que había sojuzgado la
provincia referida, por lo cual determinó hacer un grueso ejér-
cito, y fué sobre ellos y los castigó con todo rigor; y sin em-
bargo de que dejó al señor de allí en su mismo puesto, y por
uno de los catorce grandes del reino, todavía quedó obligado
á dar en cada un año de tributo sesenta fardos de mantas y
cuatrocientas medidas de frijol, que son quinientas fanegas;
y asimismo estuvo á su cargo el tener cuenta de plantar arbo-
ledas en los jardines y bosques; y nombró por mayordomo de
la cobranza de este tributo y servicio á Pachcalcatl; con que
quedaron desde allí en adelante sujetos y oprimidos; y asimis-
mo en donde estaban los presidios, fundó un pueblo Nezahual-
coyotzin, que llamó Tzihuinquilocan, con gente de la ciudad de
Tetzcuco, que fué de su patrimonio, y duró hasta la muerte
de D. Fernando Cortés Ixtlilxochitl su nieto.
CAPITULO XL
De Ut muerte del rey lUcocUzin de Mexieo^ y cómo en au lugar entró MoteeuhtomcUzin
Ilhtticaminatzin primero de este nombre^ y de cUguncu guerrea que hMeron loe tres
cabezas del imperio contra Uls provincias remotas.
En los postreros días del año de mil cuatrocientos y cuaren-
ta, que llaman matlactliomey Tecpatl, falleció el valerosísimo
rey Itzcoatzin, que fué el primero de los de México que en
compañía de los de Tetzcuco y Tlacopan imperaron en esta
tierra de Anahuac que llaman Nueva España, habiendo reina-
do casi catorce años. Y como fué una de las leyes y capitula-
ciones que entre los tres quedaron establecidas, elegir sucesor
los dos que quedasen cuando falleciese alguno de los tres, ^
acordó Nezahualcoyotzin hacer llamamiento general en todo el
imperio; y juntándose con el rey Totoquihuatzin de Tlacopan
juntaron sus ejércitos, y fueron sobre las provincias de Co-
huixco, Oztoman, Quezaltepec, Ixcateopan, Teozcahualco, Poc-
tepec, Tomazolapan, Chilapan, Quiauhteopan, Ohuapan, Tzom-
pahuacan y Cozamaloapan, y habiéndolas sojuzgado y puesto
debajo del imperio con otros muchos pueblos á ellos sujetos,
1 No es exacto que los doa señores supervivientes eligiesen sucesor al muer-
to. El señorío pasaba á quien de derecho le correspondía, y los otros dos seño-
res por fórmula y ceremonia lo confirmaban. Por eso en las pinturas de la
Historia del P. Duran, se ve á Nezahualcoyotl presentando el copilli ó coro-
na á Moteczuma Ilhuicamina.
202 OBRAS HISTÓRICAS DE
y dada la orden que en las demás, se volvieron á sus tierras.
El orden que se tenía en ir á estas jornadas y conquistas era,
que iban los tres ejércitos juntos y de conformidad, y llega-
dos que eran sobre la provincia que habían de conquistar, se
tornaban á dividir, y aunque todos á un tiempo daban la batalla,
cada uno entraba por su parte peleando con los enemigos, con
que á pocos lances los desbarataban y sujetaban, procurando
cada ejército señalarse y aventajarse. Venido que fué el rey
Nezahualcoyotzin á su ciudad, dio orden de ir sobre las provin-
cias de la Cuexteca que es Panuco, que pertenecía á su patri-
monio, para lo cual habiendo juntado el ejército necesario en-
vió á su hijo el infante Xochiquetzaltzin por su capitán gene-
ral, y habiendo salido de 1^ ciudad de Tctzcuco, de allí á cinco
ó seis días después despachó á otro infante hijo suyo llamado
Acamapipioltzin con más gente para socorrer al primero, por
ser esta nación de los cuextecas gente belicosísima. El infante
Acamapipioltzin (que á esta sazón era muy buen soldado), por
ganar gloria y fama hizo tanto con la gente de socorro que lle-
vaba, y con salir seis días después que el otro se dio tan buena
maña, que llegó con la gente que llevaba tres días antes que
llegase su hermano Xochiquetzaltzin con el ejército, yendo por
diferente rumbo porque no fuese visto por el hermano, y con
ánimo ferosísimoy con ejército muy desigual del que los cuex-
tecas tenían, embistió con ellos, y habiéndolos vencido y roto
junto á un gran río, por pasarle se ahogaron muchos, y él en
su seguimiento pasó el río, y cuando llegó su hermano Xochi-
quetzaltzin con el ejército, ya casi tenía sujetos á los cuextecas
y ganados algunos lugares suyos, de manera que no sirvió más
de para socorrerle. Las provincias y pueblos más señalados
que se ganaron en esta entrada, fueron Tlahuitolan, Coxoli-
tlan, Acatlan, Piaztlan, Tetlcoyoyan, Otlaquiquiztlan y Xochi-
palco. Y habiéndolos ganado, y puesto sus presidios y fronte-
ras en aquell¿is tierras, que confinaban con otras de otros chi-
chimecas de la provincia de Panuco, se volvieron á su patria, en
donde entraron triunfando y fueron muy bien recibidos de Ne-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 20 3
zahualcoyotzin su padre. En esta jornada se halló en favor de
Nezahualcoyotzin, Xicotencatl, una de las cuatro cabezas de la
señoría de Tlaxcalan, que ya comenzaba áj florecer, y era un
mancebo de grande é invencible ánimo, el cual volvió á su tie-
rra cargado de despojos y riquezas que en esta conquista ganó.
CAPITULO XLI
Que trata de la ?uxfnbi'e y mortandad que hubo en esta tierra^ y por qué causa se co-
memaron las guerras de Tlaxcalan^ Huexolzinco y Cholulan contra el imperio.
Estando las cosas del imperio en grande prosperidad por la
abundancia de mantenimientos y máquina grande de gentes
(que era de tal manera que hasta los montes y sierras frago-
sas las tenían ocupadas con sembrados y otros aprovecha-
mientos, y el menor pueblo de aquellos tiempos tenía más gente
que la mejor ciudad que el día de hoy hay en la Nueva Es-
paña, según parece por los padrones reales de aquellos tiem-
pos), como las cosas de esta vida tienen mil mudanzas y nunca
faltan calamidades (como las que en esta sazón contienen y
fueron las primeras), en el año de mil cuatrocientos y cincuen-
ta, que llaman matlactli Tochtli fué tan excesiva la nieve que
cayó en toda la tierra ^ que subió en las más partes estado y
medio, con que se arruinaron y cayeron muchas casas y se
destruyeron todas las arboledas y plantas, y resfrió de tal ma-
nera la tierra que hubo un catarro pestilencial con que murie-
ron muchas gentes, y en especial la gente mayor; y los tres
años siguientes se perdieron todas las sementeras y frutos de
la tierra, en tal conformidad que pereció la mayor parte de la
1 En sus pinturas jeroglificas recordaban los mexicanos estas calamidades,
é igualmente los eclipses de sol. Véase el Códice Telleriano Remense.
206 OBRAS HISTÓRICAS DE
gente, y en el siguiente de mil cuatrocientos cincuenta y cua-
tro á los principios de él hubo un eclipse muy grande de sol,
y luego se aumentó más la enfermedad, y moría tanta gente
que parecía que no había de quedar persona alguna, según era
la calamidad que sobre esta tierra había venido, y la hambre
tan excesiva que muchos vendieron á sus hijos á trueque de
maíz en las provincias de Totonapan, en donde no corrió esta
calamidad; y los de aquellas provincias, como eran tan gran-
des idólatras, todos los esclavos que compraban los sacrifica-
ban á sus dioses, pareciéndoles que los tenían propicios para
que no corriese la misma calamidad en su tierra. Y aimqu^
Nezahualcoyotzin en su tierra y reino, Motecuhzomatzin y To-
toquihuatzin en los suyos, hicieron todo lo posible por socorrer
á sus subditos y vasallos (porque demás de haberles alzado
los tributos por seis años que fué el tiempo que duraron estas
calamidades, ^ les dieron y repartieron todas las rentas de maíz
que tenían en las trojes guardadas y reservadas de á diez, do-
ce años y más tiempo), viendo que no cesaba la calamidad se
juntaron todos tres con la señoría de Tlaxcalan á tratar el me-
dio más conveniente para este efecto: los sacerdotes y sátra-
pas de los templos de México dijeron, que los dioses estaban
indignados contra el imperio, y que para aplacarlos convenía
sacrificar muchos. hombres, y que esto se había de hacer or-
dinariamente, para que los tuviesen siempre propicios. Neza-
hualcoyotzin que era muy contrario á esta opinión, después de
haber hecho muchas contradicciones, dijo que bastaba que les
sacrificasen los cautivos en guerra, que así como así habían de
morir en batalla, se perdía poco, demás de que sería muy gran-
de hazaña de los soldados haber vivos á sus enemigos, con lo
cual, á más de que serían premiados, harían este sacrificio á
los dioses: replicaron los sacerdotes, que las guerras que se ha-
1 En la Piedra del hambre, que se conserva en el Museo Nacional, se gra-
vó el recuerdo de esta calamidad. Según sus jeroglíficos, comenzó el hambre
en el año 12 tecpatl ó sea 1462, y llegó á su mayor grado en el año ce tochtli
ó 1454. En 1456 cayeron en abundancia las aguas, con lo cual cesó la calamidad.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 207
cían eran muy remotas y no ordinarias, que vendrían muy á
espacio y debilitados los cautivos que se habían de sacrificar
á los dioses, habiendo de ser muy de ordinario y la gente re-
ciente y dispuesta para el sacrificio de los dioses, como lo so-
lían hacer con sus hijos y esclavos. Xicolencatl uno de los se-
ñores de Tlaxcalan fué de opinión, que desde aquel tiempo en
adelante se estableciese que hubiesen guerras entre la se-
ñoría de Tlaxcalan y la de Tetzcuco con sus acompañados, y
que se señalase un campo donde de ordinario se hiciesen es-
tas batallas, y que los que fuesen presos y cautivos en ellas se
sacrificasen á sus dioses, que sería muy acepto á ellos pues co-
mo manjar suyo sería caliente y reciente, sacándolos de este
campo; demás de que sería lugar donde se ejercitasen los hi-
jos de los señores, que saldrían de allí famosos capitanes, y
que esto se había de entender sin exceder los límites del cam-
po que para el efecto se señalase, ni pretender ganarse las tie-
rras y señoríos, y asimismo haljía de ser con calidad que cuan-
do tuviesen algún trabajo ó calamidad en la una ú otra parte
habían de cesar las dichas guerras y favorecerse unos á otros,
como de antes estaba capitulado con la señoría de Tlaxcalan.
A todos pareció muy bien lo que había dicho Xicotencatl, y
como interesados y muy religiosos en el servicio de sus falsos
dioses, apretaron en el negocio para que se efectuase, y así
Nezahualcoyotzin señaló el campo que fué entre Quauhtepec
y Ocelotepec, y por ser tres las cabezas del imperio, señaló
para el efecto otras tres provincias, que fueron la de Tlaxca-
lan referida, la de Huexotzinco y Cholulan, que llamaron los
enemigos de cam^ con calidad que peleasen tantos á tantos
yendo los de las tres cabezas juntos, y que diesen su batalla
los primeros días de sus meses, comenzando por Tlaxcalan la
primera vez, y luego de allí á otro mes que fué la segunda en
el campo que estaba señalado de Huexotzinco, y la tercera
en el campo de Cholulan, cuyos defensores eran los de Atlix-
co; y luego comenzaba otra vez la tanda por Tlaxcalan: con
que hubieron suficiente recaudo los sacerdotes de los templos
208 OBRAS HISTORIÓOS DE
de Tezcatlipoca, Huitzilopochtli, Tlaloc y los demás que eran
ídolos de los mexicanos, y los de los contrarios Cumaxtle, Ma-
tlalcucie ^ y Quetzalcoatl. Así se comenzaron estas guerras y
abominables sacrificios de los dioses (ó para mejor decir) de-
monios, hasta que vino el invictísimo D. Fernando Cortés pri-
mer Marqués del Valle á plantar la santa fe católica: asimismo
quedó por ley que ninguno de los naturales de las tres provin-
cias referidas pudiesen pasar á estas partes, ni los de acá ir allá,
con pena de ser sacrificados á los dioses falsos. En el año se
hacían diez y ocho fiestas principales á los dioses fingidos, que
era á los primeros días de sus diez y ocho meses con que re-
partían su año solar, en los cuales sacrificaban los hombres
cautivos en las guerras referidas, y en otras fiestas que tenían
movibles,
1 Camaxtli y Matlalcueye.
CAPITULO XLII
De o6mo hizo Nexcíhualcoyotzin oouaa de recraciónt bosques pjardíneSf y'JUCgeiíiúe que
mandó ocupar en su adorno y en el de las casas reales y cerco de ellas.
Demás de los jardines y recreaciones que tenía el rey Ne-
zahualcoyotzin llamados Hueitecpan, y en los- palacios de su
padre llamados Cillan y en los de su abuelo el emperador Te-
chotlalatzin, hizo otros, como fueron el bosque tan famoso y
celebrado de las historias, Tetzcotzinco, y el de Quauhyacac,
Tzinacanoztoc, Cozcaquauhco, Cuetlachatitlan ó Tlateitec, y los
de la laguna Acatelelco y Tepetzinco: asimismo señaló lo me-
jor de la montaña, en donde iba á caza cuando tenía algimos
ratos de desenfado. Estos bosques y jardines estaban adorna-
dos de ricos alcázares suntuosamente labrados, con sus fuen-
. tes, atarjeas, acequias, estanques, baños y otros laberintos ad-
mirables, en los cuales tenía plantadas diversidad de flores y
árboles de todas suertes, peregrinos y traídos de partes remo-
tas; demás de lo referido, tenía señaladas cinco suertes de tie-
rras, las más fértiles que había cerca de la ciudad, en donde
por gusto y entretenimiento le hacían sementeras, hallándose
al beneficio de ellas personalmente, como era en Ateneo que
está junto á la laguna en el pueblo de Papalotlan, y en los de
Calpolanpan, Mazaapan y Yahualiuhcan. Para el adorno y ser-
vicio de estos palacios y jardines y bosques que el rey tenía,
se ocupaban los pueblos que caían cerca de la corte por sus
Tomo 11—16
210 OBRAS HISTÓRICAS DE
turnos y tandas; de los cuales para el servicio, adorno y lim-
pieza de los palacios del rey, eran señalados los pueblos de
Huexotla, Coatlichan, Coatepec, Chimalhuacan, Iztapalocan,
Tepetlaoztóc, Acolman, Tepechpan, Chicuhnauhtla, Teyoyo-
can, Ghiauhtla, Papalotla, Xaltocan y Chalco, que servían me-
dio año: el otro medio año era á cargo de los pueblos de la
campiña, que eran Otompan, Teotihuacan, Tepepolco, Zem-
poalan, Aztaquemecan, Ahuatepec, Axapochco, Oztotipac, Ti-
zayocan, Tlalanapan, Coyoac, Quatlatlauhcan, Quatlaeca y
Quauhtlatzinco. Para la recámara del rey estaban señalados
los pueblos de Calpolalpan, Mazaapan, Yahualiuhcan, Ateneo
y Tzihuinquilocan; y para los bosques y jardines las provincias
de Tolantzinco, Quauhchinanco, Xicotepec, Pauhatla, Yauhte-
pec, Tepechco, Ahuacayocan y Quauhnahuac, con sus pueblos
sujetos, acudiendo por su turno y tanda al dicho efecto, tenien-
do cada provincia y pueblo á su cargo el jardín, bosque ó la-
branza que le era señalado. De los jardines, el más ameno y
de curiosidades fué el bosque de Tetzcotzinco, porque demás de
la cerca que tenía tan grande para subir á la cumbre de él
y andarlo todo, tenía sus gradas, parte de ellas hecha de arga-
masa, parte labrada en la misma peña; y el agua que se traía
para las fuentes, pilas, baños y caños que se repartían para el
riego de las flores y arboledas de este bosque, para poderla
traer desde su nacimiento, fué menester hacer fuertes y altísi-
mas murallas de argamasa desde unas sierras á otras, de in-
creíble grandeza, sobre la cual hizo una tarjea hasta venir á
dar en lo más alto del bosque; y á las espaldas de la cumbre
de él, en el primer estanque de agua, estaba una peña, escul-
pida en ella en circunferencia los años desde que había nacido
el rey Nezahualcoyotzin hasta la edad de aquel tiempo, y por
la parte de afuéralos años, en fln de cada uno de ellos asimis-
mo esculpidas las cosas más memorables que hizo; y por den-
tro de la rueda esculpidas sus armas que eran una casa que
estaba ardiendo en llamas y deshaciéndose; otra que estaba
muy ennoblecida de edificios, y en medio de las dos un pie de
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 211
venado, estaba en él una piedra preciosa, y salían del pie unos
penachos de plumas preciosas; y asimismo una cueva, y en
ella im brazo asido de un arco con unas flechas, y como un
hombre armado con su morrión y orejeras, cozelete, y dos ti-
gres á los lados de cuya boca salían agua y fuego, y por orla
doce cabezas de reyes y señores, y otras cosas que el primer
arzobispo de de México D. Fr. Juan de Zumárraga mandó ha-
cer pedazos, entendiendo ser algunos ídolos, y todo lo referido
era la etimología de sus armas: y de allí se repartía esta agua
en dos partes, que la una iba cercando y rodeando el bosque
por la parte del Norte, y la otra por la del Sur. En la cumbre
de este bosque estaban ediñcadas unas casas á manera de to-
rre, y por remate y chapitel estaba hecha de cantería una co-
mo á manera de maceta, y dentro de ella salían unos pena-
chos de plumería, que era la etimología del nombre del bosque;
y luego más abajo hecho de una peña un león de más de dos
brazas de largo con sus alas y plumas: estaba echado y miran-
do á la parte del Oriente, en cuya boca asomaba un rostro que
era el mismo retrato del rey, el cual león estaba de ordinario
debajo de un palio hecho de oro y plumería; un poquito más
abajo estaban tres albercajs de agua, y en la del medio estaban
en sus bordos tres ramas esculpidas y labradas en la misma
peña, que significaban la gran laguna, y las ramas las cabezas
del imperio; y por un lado (que era hacia la parte del Norte)
otra alberca, y en una peña esculpido el nombre y escudo de
armas de la ciudad de Tolan, que fué cabecera del imperio
de los tultecas; y por el lado izquierdo que caía hacia la parte
del Sur estaba la otra alberca, y en la peña esculpido el escu^
do de armas y nombre de la ciudad de Tenayocan que fué la
cabecera del imperio de los chichimecas, y de esta alberca sa-
lía un caño de agua que saltando sobre de unas peñas salpi-
caba el agua, que iba á caer en un jardín de todas flores olo-
rosas de tierra caliente, que parecía que llovía con la precipi-
tación y golpe que daba el agua sobre la peña. Tras de este
jardín se seguían los baños hechos y labrados de peña viva,
212 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
que con dividirse en dos baños eran de una pieza; y por aquí
se bajaba asimismo por una peña grandísima de unas gradas
hechas de la misma peña, tan bien labradas y lisas que pare-
cían espejos, y por el pretil de estas gradas estaba esculpido
el día, mes, año y hora en que se le dio aviso al rey Nezahual-
coyotzin de la muerte de un señor de Huexotzinco á quien qui-
so y amó notablemente, y le cogió esta nueva cuando se estaban
haciendo estas gradas: luego consecutivamente estaban el al-
cázar y palacios que el rey tenía en el bosque, en los cuales
había entre otras muchas salas, aposentos y retretes, una muy
grandísima, y delante de ella un patio, en la cual recibía á los
reyes de México y Tlacopan, y á otros grandes señores cuan-
do se iban á holgar con él, y en el patio se hacían las danzas
y algunas representaciones de gusto y entretenimientos. Esta-
ban estos alcázares con tan admirable y maravillosa hechura,
y con tanta diversidad de piedras, que no parecían ser hechos
de industria humana: el aposento en donde el rey dormía, era
redondo: todo lo demás de este bosque, como dicho tengo, es-
taba plantado de diversidad de árboles y flores odoríferas; y
en ellos diversidad de aves, sin las que el rey tenía en jaulas
traídas de diversas partes, que hacían una armonía y canto
que no se oían las gentes; fuera de las florestas, que las divi-
día una pared, entraba la montaña en que había muchos ve-
nados, conejos y liebres, que si de cada cosa muy en particu-
lar se describiese, y de los demás bosques de este reino, era
menester hacer historia muy particular.
CAPITULO XLIII
I>e e&mo el rey Nexahuaíeoyotzin se casó con AzccUocochÜziiif hi^a del ii\fant€ TemiO'
tzin su ¿ío, y del extraño modo con que se consisruió este mairiynonio.
En todo este discurso de tiempo Nezahualcoyotzin no había
casádose conforme á la costumbre de sus pasados, que es te-
ner una mujer legítima de donde naciese el sucesor del reino,
aunque á esta sazón de sus concubinas (que tenía muchas en
sus palacios y jardines) tenía muchos hijos, que algunos de
ellos le habían ayudado en las guerras y conquistas atrás re-
feridas, y eiran ya famosísimos capitanes. El rey Itzcoatzin su
tío y el rey Motecuhzomatzin, que á esta sazón lo era de Mé-
xico, no se habían atrevido á tratarle casamiento alguno hos-
tigados de lo pasado, cuando volvió á las veinticinco doncellas
no admitiéndolas, y así se estaba por casar; y acordando de
tomar estado, mandó que le trajesen algunas doncellas que fue-
sen hijas legítimas que fuesen de los señores de Huexotla y
Coatlichan (que eran las casas más principales y antiguas del
reino, y en donde se habían casado sus pasados los empera-
dores chichimecas), de las cuales no se halló más de una de la
casa de Coatlichan, y esa era tan niña que se la entregó á su
hermano el infante Quauhtlehuanitzin para que la criase y doc-
trinase, y siendo de edad la trajese á palacio para luego^cele-
brar con ella las bodas. En este medio tiempo falleció el infan-
te Quauhtlehuanitzin que ya era muy viejo, y Ixhuetzcatocatzin
214 OBRAS HISTÓRICAS DE
SU hijo, heredero de su casa y estado, entrado que fué en la su-
cesión de su padre, viendo aquella tan noble y no sabiendo
para que efecto se criaba, se casó con ella; que cuando el rey
se vino á acordar, ya era dueño de su sobrino, ^ y no sabiendo
aquél lo que había le envió á llamar y le dijo trajese aquella
señora, que había criado su padre, á palacio para tomar esta-
do con ella, pues para este efecto la había dado á su padre: el
cual le respondió al rey, que aquella señora era ya su esposa,
que la había recibido no sabiendo lo que entre su padre y su
alteza se había tratado, y que bajo de esto hiciese lo que fuese
servido. El rey sin responderle palabra lo remitió á los jueces
para que lo castigasen si había cometido delito, los cuales ha-
llaron no tener culpa y lo dieron por libre; y viéndose el rey
tan desdichado en esta parte, habiendo sido tan venturoso en
todas sus cosas, le causó muy gran tristeza y melancolía, que
casi desesperado se salió solo y sin compañía de palacio y se fué
hacia los bosques que tenía en la laguna, y no dándole gusto
cuanto había, fué prosiguiendo su viaje hasta ir á dar en el
pueblo de Tepechpan, que viéndole Quaquauhtzin señor de
allí y uno de los catorce grandes del reino, le salió á recibir y
lo llevó á sus palacios, en donde le sirvió con comida, que has-
ta entonces no había comido en aquel día; y para más regalar-
le quiso que en la mesa le sirviese Azcalxochitzin señora
mexicana hija del infante Temictzin su tío y prima hermana
suya, que este señor la criaba para tomar estado con ella y ser
su mujer legítima, y hasta entonces no la había gozado por no
tener edad para el efecto, porque sus padres se la dieron niña
pequeña en recompensa de un gran presente de oro, piedras
preciosas, mantas, plumería y esclavos que les dio, que era de
los despojos de una de las conquistas atrás referidas, en que
se había hallado por capitán general. El rey cuando vido aque-
lla señora, que era su prima hermana, tan hermosa y dotada
de gjacias y bienes de naturaleza, le quitó todas las melanco-
1 Supongo que quiso decirse: ya era su sobrino dueño de ella.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 215
lías y tristezas que traía consigo y le robó el corazón, y disi-
mulando lo mejor que pudo su pasión, se despidió de este se-
ñor y se fué á su corte, en donde dio orden con todo el secreto
del mundo (sin jamás dar á sentir sus designios) de mandar
quitar la vida á Quaquauhtzin por parecer mejor su hecho, y
fué de esta manera: despachó á la señoría de Tlaxcalan un men-
sajero (que era de su casa y de quien más se fiaba), á decir
que á su reino convenía que fuese muerto Quaquauhtzin uno
de los grandes de él, por ciertos delitos graves que había co-
metido, y para darle muerte honrosa pedía á la señoría man-
dase á sus capitanes lo matasen en la batalla, que para tal día
lo enviaría al efecto, de manera que no lo dejasen volver con
vida; y luego llamó el rey dos capitanes de quienes él mucho
se fiaba; y les dijo que para tal día quería enviar á la guerra
que se acostumbraba hacer en el campo de la frontera de
Tlaxcalan á Quaquauhtzin, y que lo metiesen en lo más peli-
groso de ella, de manera que los enemigos lo matasen y no es-
capase con vida, porque convenía así por cierto delito grave
que había cometido, y que le daba esta muerte honrosa por la
buena voluntad que le tenía, y luego le envió á llamar y aper-
cibir que se dispusiese á esta guerra y jornada por general de
ella. Quaquauhtzin obedeció el mandato de su rey, aunque le
causó admiración y novedad, que siendo como era soldado
viejo y que no competía á su persona y calidad ir á esta jor-
nada, se le enviase á ella; y así sospechó su daño y compuso
unos cantos lastimosos que cantó en un despedimiento y con-
vite que hizo de todos sus deudos y amigos. Ido que fué á es-
ta jomada se quedó en ella muerto y hecho pedazos por los
tlaxcaltecas. Hecha que fué esta diligencia le restaba otra, que
era saber la voluntad de su prima; y porque nadie echase de
ver sus designios fué á visitar á su hermana la infanta Azcuen-
tzin á quien comunicó su deseo, diciéndole que quería tomar
estado y no hallaba otra persona en el reino con quien lo pu-
diese hacer, si no era con Azcalxochitzin, mujer que había de
ser de Quaquauhtzin señor de Tepechpan, que los tlaxcaltecas
216 OBRAS HISTÓRICAS DE
habían muerto pocos días había, y que sólo le restaba saber la
voluntad de esta señora, y por ser tan reciente la muerte de
su esposo que había de ser, no le sería bien notado tratarlo á
lo público, que ella diese orden como hablarla de secreto y
saber su gusto. La infanta respondió que en su casa tenía una
vieja criada suya, que muy de ordinario la iba á visitar y cu-
rar el cabello, con quien podía su alteza enviarle á hablar; y
así el rey le mandó que de su parte le dijese á su prima que
le pesaba de la muerte de su esposo que había de ser, y por la
obligación grande que le tenía,'pues era su prima hermana, te-
nía propuesto de tomarla por mujer y ser reina y señora de su
estado y señorío; y que esto se lo dijese muy en secreto, sin
que persona ninguna lo entendiese. La vieja se dio tan buena
maña que dio su mensaje á la señora á solas y muy á gusto,
porque ella respondió que su alteza hiciese lo que fuese servi-
do de ella, pues tenía obligación de honrarla y ampararla, pues
era su deuda. Sabiendo el rey la voluntad de esta señora man-
dó luego que desde Tepechpan hasta el bosque de Tepetzinco
se hiciese una calzada toda estacada, y acabada se trajese de
Chicuhnauhtla una peña que estaba en una recreación en don-
de fué puesto el pellejo de su hermano Acotlotlil ^ que mandó
matar y desollar el tirano Tezozomoc como atrás queda refe-
rido, dando cierto término para hacerlo todo; y luego tomó á
ir en casa de la infanta su hermana en donde á solas mandó
á la vieja fuese á verse con Azcalxochitzin ^ su prima, y le dye-
se, que para tal día pasaría por su pueblo una peña que se ha-
bía de traer de Chicuhnauhtla para ponerla en el bosque de
1 Antes lo llama Acottotli: el verdadero nombre es Acotlotli.
2 En la Belación 11? de los Pobladores, el autor la llama Matlatzihoatzin
hija de Temiotzin hermano del rey de Tlacopan. Su verdadero nombre os
Azcaxochitl.
En el mapa Tlotzin se ve con ella á Nezahualcoyotl; pero no tiene signo je-
roglífico de su nombre. La leyenda mexicana que acompaña á este grupo,
^ce solamente: Nezahualcoyotl se casó con la hija de Temictzin de Tenooh^
Htíata,
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 217
Tepetzinco, y que ella saliese tras de ella y fuese á verla po-
ner en el bosque con todo el más acompañamiento de gente
que pudiese, sin dar á sentir que era por su orden, sino por cu-
riosidad de ver aquella grandeza; y que él estaría en un mira-
dor desde donde la vería, y mandaría llevar á palacio, en donde
después se celebrarían las bodas, y ella sería jurada y recibida
por reina y señora de Tetzcuco: lo cual se puso por efecto, y
el día citado fué esta señora con todos los caballeros de Te-
pechpan, acompañada de todas sus amas, criadas y de otras
señoras, y el rey estando en un mirador con todos sus grandes
como admirando ver tan grande acompañamiento de gente, y
tantas mujeres en parte donde pocas veces parecían, preguntó
muy al disimulo á sus grandes ¿quien era aquella señora?: di-
jeron que era Azcalxochitzin su prima que venía á ver aque-
lla peña que se había traído en dónde se había de poner. El
rey, oído esto, dijo que no era razón que su prima siendo tan
niña anduviese en semejante lugar, y que así la llevasen á pa-
lacio en donde estaría mejor. Llevada que fué, pasados algu-
nos días y habiendo comunicado el rey á sus grandes como
sería bien casarse con ella, pues era doncella y de tan alto li-
naje, á los grandes les pareció muy bien, y así se celebraron
las bodas con mucha solemnidad y regocijos y fiestas, hallán-
dose en ellas los reyes Motecuhzomatzin y Totoquihuatzin y
otros muchos señores, y fué jurada y recibida por reina y se-
ñora de los aculhuas chichimecas. Con la astucia referida hu-
bo esta señora Nezahualcoyotzin, sin que jamás supiesen con
cercioridad si la muerte de Quaquauhtzin fuese de intento ó ca-
so fortuito que le sucediese: aunque los autores que alcanza-
ron este secreto, y fueron su hijo y nietos, le condenan por la
cosa más mal hecha que hizo en toda su vida, y no le hallan
otra más de ésta, digna de ser tenida por mala y abominada,
aunque el celo y amor le cegó.
CAPITULO XLIV
De los hijos que tuvo Nczahuaicoyotzin^ y otras cosas acaecidas en este discurso de tiem,
po hasta la muerte del principe Tetzauhpützintli,
Las bodas y casamiento del rey Nezahualcoyotzin sucedie-
ron antes de la calamidad, hambre y pestes que atrás se han
referido, y así parece que Dios fué servido de castigarle por la
muerte injusta que dio á Quaquauhtzin. Aquel tuvo en dicha
señora dos hijos varones, aunque no nacieron uno tras de otro,
sino que pasaron muchos años de pormedio después del na-
cimiento del primero, que fué el príncipe Tetzauhpintzintli, ^ el
cual salió muy agraciado y con todos los dotes de naturaleza
que podía dar á un esclarecido príncipe, porque tenía muy buen
natural, y con poco trabajo de sus ayos y maestros salió con-
sumado en todo, porque era lindo filósofo, poeta y muy exce-
lente soldado, y aun en las artes mecánicas era casi en todas
ellas muy aventajado: lo que más á su natural inclinaba era la
milicia y edificar palacios, como los edificó en la parte que se
dice Ahuehuetitlan, porque halló en aquel puesto una sabina
que se aficionó de edificar á la redonda de ella, de donde to-
mó el nombre de sus palacios; y estando en estos entreteni-
mientos, un infante hijo natural de su padre labró una piedra
1 En las Relaciones le llama el autor TezauhpiltzintU, que quiere decir ni-
ño prodigioso.
220 OBRAS HISTÓRICAS DE
preciosa en figura de uua ave, tan al natural que parecía estar
viva, y por ser tan linda esta joya se la quiso presentar al rey
su padre, el cual holgándose de verla quiso dársela á su hijo
el príncipe, porque le quería y amaba infinito, y enviándosela
con otro infante, asimismo hijo natural del rey, llamado Eya-
hue se la dio y le dijo, que la había labrado el infante Huetzin
su hermano, y el príncipe envió á agradecer al rey su padre la
merced que le hacía, y se holgaba que su hermano fuese tan
buen artífice, y que se holgara mucho más que se inclinara á
la milicia, con que fuera mucho más estimado y su alteza fue-
ra más 'bien servido. Al tiempo que fué á dar la respuesta del
príncipe, mudó las palabras este infante por consejo de su ma-
dre, (que era una de las concubinas que el rey tenía, y que
privaba [mucho ella sola con él pretendiendo que no hu-
biese hijo legítimo en la reina, porque sus hijos entrasen en
la sucesión del reino después de los días del rey, por parecer-
le á ella que se anteponía en calidad y privanza con el rey á
todas las demás concubinas que tenía); y así este infante le di-
jo al rey, que había ido á ver al príncipe, y que le había dado
muy mala respuesta y sospechosa de quererse alzar con el
reino, porque había respondido que él no se preciaba de los
oficios mecánicos en que se ocupaba el infante que había la-
brado la joya, sino de la milicia en la cual entendía subir y
sujetar al mundo, y si fuera posible, venir á ser y mandar más
que su padre; y que cuando le dijo estas razones, le mostró
un almacén de todas armas, como podía su alteza enviar á ver-
las; (que con esta ocasión pudo el infante confirmar el testimo
nio que con orden y consejo de su madre levantaba al prín-
cipe su hermano, el cual, como era tan aficionado á las armas,
tenía sus cuartos muy adornados de todos géneros de armas y
divisas pertenecientes á la guerra y ejercicio militar); y en-
viando el rey su padre á un caballero de los de su recámara á
que viese si el príncipe tenía alguna prevención de armas, le
vino á decir cómo los cuartos y casas que labraba estaban
adornados con ellas; y pareciéndole ser verdad lo que se le
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 221
acumulaba, quiso atajarle los pasos, y que los reyes de Méxi-
co Motecuhzomatzin y Totoquihuatzin de Tlacopan, á quienes
competía el castigo, le reprendiesen y castigasen; para lo cual
les envió á pedir se viniesen á la ciudad de Tetzcuco, y veni-
dos que fueron les dio parte de todo lo que había oído decir
del principo su hijo, y que les rogaba le reprendiesen y casti-
gasen que como mancebo y muchacho de poco entender y sa-
ber se hubiese desvanecido, y que mientras se le hacía la re-
prensión él no se quería hallar presente, sino que se iba en el
Ínter al bosque de Tetzcotzinco; y que en todo y por todo
les encargaba el cumplimiento de las leyes, pues no era justo
que por su respeto se quebrantasen. Ido que fué al bosque,
los reyes Motecuhzomatzin y Totoquihuatzin, haciendo la pes-
quisa muy secreta y la información del caso con las personas
que le habían levantado el testimonio, sin recibirle descargo y
notificarle lo que se le acumulaba, fueron á sus palacios, y co-
mo que le iban á visitar y ver la casa que edificaba, ciertos ca-
pitanes que iban en su compañía, so color de que le echaban
al cuello un collar de flores, le dieron garrote y lo mataron. ^
Muerto que fué, y puesto en una sala amortajado con todas las
insignias que acostumbraban ponerse los príncipes y los reyes,
1 En las crónicas mexicanas no se habla de la intervención de los señores
de México en este suceso. Pomar lo relata de la siguiente manera (pág. 31):
"Había de estos (jueces tetecuhtin), seis de sangre real y otros tantos de los
plebej'os, personas de mucha prueba y larga experiencia. No llevaban paga ni
presente de las partes, ni se les permitía. Vivían tan justos y tan recatados en
hacer justicia que se averiguó que en tiempo de Nezahualcoyotzin y su hijo
Nezahualpitzintli, jamás hicieron cosa por que fuesen castigados ni depuestos
de sus oficios. Procedían contra todo género de hombres, aunque fuesen con-
tra los hijos de los reyes, los cuales castigaban con mayor aspereza y severi-
dad que á los demás de la gente común, por ejemplallos: tanto, que á un hijo
de Nezahualcoyotzin, muy valiente y valeroso, que fué acusado del pecado
nefando, lo sentenciaron á muerte, confirmándolo su padre, y ejecutando él la
sentencia; y otro que era legítimo heredero de Nezahualcoyotzin, llamado
Tetzauhpiltzintli, que fué acusado de crimen legis contra Nezahualcoyotzin,
su padre, fué por estos del Consejo sentenciado á muerte, y ejecutada en él la
sentencia.''
222 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
se despidieron de los que pudieron ver, y se embarcaron lue-
go por la vía de sus ciudades, dejando dicho que dijeran al
rey Nezahualcoyotzin que habían hecho lo que debían, y con-
forme las leyes disponían; y cuando le llegó la nueva al bos-
que y supo la muerte del príncipe, á quien quería y amaba
notablemente, comenzó á llorar amargamente su desdicha,
quejándose de la inclemencia de los dos reyes, y pesándole
infinito de haberles remitido el caso, aunque por otra parte le
parecía que debió de convenir, pues á los que sentenciaron les
venía tanta parte como á él, pues por lo menos eran sus tíos.
Estuvo muchos días en este bosque triste y afligido, lamentan-
do sus desdichas, porque no tenía otro hijo legítimo que pu-
diese heredar el reino, aunque tenía en sus concubinas sesenta
hijos varones y cincuenta y siete hijas: los varones, los más
de ellos, salieron famosísimos capitanes que le ayudaron mu-
cho en las entradas y conquistas referidas, y lances que des-
pués se ofrecieron. Las hijas las casó con señores, así de los
de su corte y reino, como con los de las otras dos de México
y Tlacopan; y á los unos y á los otros dio cantidad de tierras,
pueblos y lugares, de donde tenían rentas, y eran servidos y
tenidos en mucho.
CAPITULO XLV
Que trata de cómo se ganó la provincia de Choleo por medio del infante AxoquenUln^
y nacimiento del principe NezahualpUli,
Viéndose Nezahualcoyotzin tan contrastado de la fortu-
na, que por una parte estaba sin sucesor de su reino, y por otra
que á sus barbas y á la puerta de su casa estuviesen tan des-
comedidos y desvergonzados los de la provincia de Chalco, á
quien la otra vez había sojuzgado, que cuando toda la tierra
estaba sujeta á su voluntad y mando, estos hubiesen llegado á
tanto atrevimiento que le hubiesen muerto dos hijos suyos y
otros dos infantes del reino de México hijos de Axayacatzin,
que á la sazón era capitán y sumo sacerdote del templo de
México; y lo peor, que les sirviesen de candeleros sus cuerpos
en una sala donde de noche hacían sus saraos y convites, y
los corazones de ellos con otros de los más famosos capitanes
y gente ilustre que habían muerto en el discurso de esta gue-
rra, le sirviesen de collar y joyas á Toteotzintecuhtli su señor,
que los tenía engastados en oro por modo de soberbia y vana
presunción; y lo que más le acabó de irritar y atravesar el co-
razón fué, que una mujer natural de la ciudad de Tetzcuco,
que había sido cautiva de los chalcas y servía en palacio, una
noche cogió los cuerpos de los infantes, que los tenían secos
y embalsamados, compadecida y lastimada de esta crueldad y
espectáculo, y se los llevó al rey Nezahualcoyotzin, librando-
224 OBRAS HISTÓRICAS DE
los aunque muertos del poder de sus enemigos: todas estas
cosas y las atrás referidas movieron al rey á buscar el reme-
dio conveniente, y este no podía venir por mano de los hom-
bres; y así juntando á los más doctos de su reino le dijeron y
aconsejaron que convenía hacer muy grandes y solemnes sa-
crificios á sus dioses, para que aplacasen su ira y le diesen
victoria contra sus enemigos y heredero de su reino y señorío:
el cual, aunque siempre era enemigo de este modo de servir
y granjear á los dioses de los culhuas mexicanos, hubo de ha-
cerles muy grandes y solemnes sacrificios, y admitir su ado-
ración, que hasta entonces no lo había hecho, ni admitido ha-
cerles templos ningunos, y así en esta ocasión dentro de sus
casas comenzaron á edificar los templos de los dioses mexica-
nos, como queda atrás referido. ^ Fueron de tan poco efecto es-
tos sacrificios, víctimas y servicios que hizo á los falsos dioses,
como piedras y palos mudos que no tenían poder ninguno,
que no tan solamente no alcanzó lo que les pedía, sino que
aún iban sus cosas de mal en peor, y así echó de ver que su opi-
nión no era falsa, y que aquellos ídolos eran algunos demo-
nios enemigos de la vida humana, pues no se hartaban de que
les sacrificasen tanta suma de hombres; y así salió de la ciu-
1 Pomar hace una relación del Templo Mayor tan igual á la de IxÜilxo-
chitl, que casi usa de las mismas palabras; lo que hace suponer que éste la to-
mó de aquél. Pero agrega, hablando del Templo de Tezcatlipoca: "Hallóse que
Nezahualcoyotzin fué el primero que recogió á este ídolo de diversas partes
de todos los barrios de esta ciudad en donde estaban derramados en muy pe-
queños cues y templos, y les hizo el grande que se ha hecho relación y otros
muchos, dentro de un cercado muy grande:" Y adelante hablando de Tlaloc,
agrega: "Dicen que Nezahualcoyotzin por reverencia de este ídolo hizo el
otro de que se ha tratado, poniéndolo en el cu y templo principal de esta ciu-
dad, en compañía de Huitzilupuchtli, y que Nezahualpiltzintli, su sucesor,
por mejorar al ídolo de piedra que estaba en el monte, mandó hacer otro ma-
yor, de piedra negra y más dura y pesada, de la grandeza y estatura de un
cuerpo humano, y quitar el antiguo y poner otro en su lugar." Esto y la re-
lación qne hace después de los sacriñcios humanos que en Tetzcuco se acos-
tumbraban, hace comprender que aunque Nezahualcoyotl fuera un hombre
superior, no dejó por eso de ser idólatra como sus contemporáneos.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 225
dad de Tetzcuco y se fué á su bosque de Tetzcotzinco, en don-
de ayunó cuarenta días, haciendo oraciones al Dios no conoci-
do, criador de todas las cosas y principio de todas ellas, á quién
compuso en su alabanza sesenta y tantos cantos que el día de
hoy se guardan, de mucha moralidad y sentencias, y con muy
sublimes nombres y renombres propios á él: hacía esta oración
cuatro veces en cada día natural, que era al salir el sol, al me-
diodía, al ponerse y ala media noche, ofreciendo sahumerio de
mirra y copal, y otros sahumerios aromáticos; al cabo de los
cuales, una noche como á la mitad de ella, Iztapalotzin, uno
de los caballeros de su recámara, oyó una voz que le llamaba
por su nombre de la parte de afuera, y saliendo á ver quien
era, vido á un mancebo de agradable aspecto y el lugar en
donde estaba claro y refulgente, que le dijo que no temiese,
que entrase y dijese al rey su señor que el día siguiente antes
del mediodía su hijo el infante Axoquentzin ganaría la batalla
de los chalcas, y que la reina su mujer pariría un hijo que le
sucedería en el reino, muy sabio y suficiente para el gobierno
de él: desapareciéndose esta visión, se entró á donde el rey
dormía, y lo halló que estaba en oración y sacrificio de incien-
so y perfumes, mirando hacia donde nace el sol, al cual le di-
jo lo que había visto y oído que le dijese: el rey llamó á los de
su guardia, y mandó que á Iztapalotzin le pusiesen en una
jaula para castigarlo, pareciéndole que eran embelecos y fic-
ciones suyas. Aquella madrugada Axoquentzin, mancebo que
sería de hasta diez y ocho años, se fué con otros mancebos
amigos suyos al campo de Chalco, codicioso y deseoso de ver
á sus hermanos los infantes Ichautlatoatzin, Acapioltzin y Xo-
chiquetzaltzin, que había mucho tiempo que estaban por cau-
dillos del ejército que tenía el rey en estas fronteras y campo
contra los chalcas; ^ el cual llegó al tiempo y cuando se senta-
ban á almorzar para luego dar la batalla á sus enemigos, que
1 Véase en el tomo 1? la relación de estos sucesos, en el primer fragmen-
to intitulado Guerra de Chalco, etc.
Tomo 11-16
226 OBRAS HISTÓRICAS DE
la misma ocupación tenían en esta ocasión. Los infantes esta-
ban almorzando todos tres sobre una gran rodela, y Acapiol-
tzin que fué el primero que conoció á su hermano se holgó
mucho de verle, y preguntándole de su venida, lo llamó y sen-
tó á su lado para que comiese con ellos. Ichautlatoatzin se in-
dignó de esto diciendo, que aquel puesto no era para que co-
miese en él un muchacho rapaz sin haberse hallado en guerra
ninguna, que aun de mochilero no podía servir, y que mejor
estuviera en las faldas de las mujeres y amas que lo habían
criado, diciéndole otras palabras sacudidas, y rempujándole
del lugar en donde el hermano lo tenía. El mancebo corrido y
afrentado de las cosas que su hermano le había dicho, se fué
á una tienda de armas que allí cerca vido, y entrándose dentro
se armó, y luego se fué al campo de los enemigos, y entrán-
dose en él desesperadamente, (queriendo más aina ser muer-
to y hecho pedazos de sus enemigos, que vivir afrentado y
menospreciado de su hermano) se dio tan buena maña y tanta
prisa que en dos saltos entró dentro de la tienda en donde es-
taba Toteotzintecuhtli señor y caudillo principal del ejército de
los chalcas, que aunque era ya muy viejo y ciego gobernaba
el campo valerosamente por medio de dos famosos capitanes
que tenía llamados ^ y embistiendo con
él le asió de los cabellos con la una mano, y con la otra se
fué defendiendo de sus enemigos, y fué tan de repente, que
cuando quisieron defenderse y libertar á su señor ya los tetz-
cucanos tenían ganado lo demás del ejército, que por librar á
este infante habían ido en su seguimiento los más valerosos
capitanes que allí estaban, con lo cual muy á su salvo pudo
cautivar á este señor, herir y matar á los contrarios que se le
ponían por delante. Cuando acordaron sus hermanos ya se
cantaba la gloria del triunfo y vencimento de su hermano Axo-
quentzin, y haciendo ellos por su parte, fueron prosiguiendo
1 En el manuscrito están en blanco los nombres, y tampoco están en la ci-
tada rul ación de la Guerra de Chalco.
DON FERNANDO DE ALVA DCTULXOCHITL. 227
la victoria hasta ganar y sujetar á todos los chalcas, con que
quedó sujeta su provincia; y al tiempo que esta hazaña hizo
Axoquentzin despacharon por la posta á dar aviso al rey su
padre, con lo cual se holgó infinito, y fué libre Iztapalotzin de
la jaula y prisión en que estaba, y luego se hicieron muy gran-
des y solemnes fiestas, y de allí á pocos días parió la reina un
hijo que se llamó Nezahualpiltzintli, que significa príncipe ayu-
nado y deseado. En recompensa de tan grandes mercedes que
había el rey recibido del Dios incógnito y criador de todas las
cosas, le edificó un templo muy suntuoso, fi-ontero y opuesto
al templo mayor de Huitzilopochtli, el cual demás de tener
cuatro descansos el cu y fundamento de una torre altísima,
estaba edificada sobre él con nueve sobrados, que significaban
nueve cielos; el décimo que servía de remate de los otros nue-
ve sobrados, era por la parte de afuera matizado de negro y
estrellado, y por la parte interior estaba todo engastado en oro,
pedrería y plumas preciosas, colocándolo ^ al Dios referido y no
conocido ni visto hasta entonces, sin ninguna estatua ni for-
mar su figura. 2 El chapitel referido casi remataba en tres pun-
1 Parece que debe decir dedicándolo.
2 Pomar nos da exactamente la idea que los tetzcucanos tenían del Tloque
Nahuaque, que Ixtlilxochitl pretende presentarnos semejante á la del Dios
cristiano. En la página 24 de su Belación dice: *'Lo que sentían algunos
principales de sus ídolos y dioses es que sin embargo de que los adoraban y
hacían los sacrificios que se han dicho, todavía dudaron de que realmente fue-
sen dioses, sino que era engaño creer que unos bultos de palo y de piedra he-
chos por manos de hombres ñiesen dioses, especialmente Nezahualcoyotzin,
que es el que más vaciló buscando de donde tomar lumbre para certificarse
del verdadero Dios y criador de todas las cosas; y como Dios Nuestro Señor
por su secreto juicio no fué servido de alumbrarle, tornaba á lo que sus padres
adoraron, y de eso dan testimcnio muchos cantos antiguos que hoy se saben á
pedazos, porque en ellos hay muchos nombres y epítetos honrosos de Dios, co-
mo es el decir que había uno solo y que este era el Hacedor del cielo y de la
tierra, y sustentaba todo lo hecho y criado por él, y que estaba donde no te-
nía segundo, y en un lugar después de nueve andanas, y que no se había vis-
to jamás en forma ni en cuerpo humano, ni en otra figura, y que al lugar don-
de estaba iban á parar las almas de los virtuosos después de muertos, y que
228 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
tas, y en el noveno sobrado estaba un instrumento que llama-
ban chililitli, de donde tomó el nombre este templo y torre; y en
él asimismo otros instrumentos musicales, como eran las cor-
netas, flautas, caracoles y un artezón de metal que llamaban
tetzilacatl que servía de campana, que con un martillo asimis-
mo de metal le tañían, y tenía casi el mismo tañido de una
campana; y uno á manera de atambor que es el instrumento
con que hacen las danzas, muy grande; éste, los demás, y en
especial el llamado chililitli se tocaban cuatro veces cada día
natural, que era á las horas que atrás queda referido que el
rey oraba.
las de los malos iban á otro lugar de penas y trabajos horribles; y jamás aun-
que tenían muchos ídolos que representaban diferentes dioses, nunca cuando
se ofrecía á tratar los nombraban á todos en general ni en particular á cada
uno, sino que decían en su lengua in Tloque in Nahuaque^ que quiere decir el
Señor del cielo y de la tierra."
Pues aun en estas apreciaciones, diversas déla Ixtlilxochitl, incurre Pomar
en error, pues los indios no creían, ni en la inmortalidad eterna del alma, ni
en el libre albedrío. Véase esta materia extensamennte en mi Historia Anti-
gua de México.
CAPITULO XLVI
<¿ue trata de la muerte del rey Motecuhzomaixin de México^ y elección de Axayaech
tzin; y de algunos dichos^ hechos y aentendaa admirables del rey Nezahualoo-
yotzin.
El príncipe Nezahualpiltzintli nació en el día que llamaron
matlactliome Coatí, que era el octavo día do su quinceno mes
llamado Atemoztli y en su año llamado matlactlionce Tecpatl,
que conforme á nuestra cuenta fué á primero de Enero del
año de mil cuatrocientos sesenta y cinco ^ de la Encarnación de
Cristo Nuestro Señor, y este mismo año (que fué el siguiente
de los naturales que llaman matlactliomome Cali i) comenzaron
los chalcas á edificar salas y aposentos de increíble grandeza
en las casas y palacios del rey, en las demás de los señores y
caballeros de su reino y en las de los otros dos reyes y cabe-
zas del imperio, por castigo de su obstinación y rebeldía, tra-
yendo de su provincia madera, piedras y los demás materiales
para los edificios referidos, con tan grave y excesivo trabago
1 En el mapa Quinatzin, junto á la figura de NezahualpilH, hay una le-
yenda luezicana que dice: Hace setenta y ocho años que nació Nezahualpilli.
Como este jeroglifico se pintó en 1542, ó á lo menos entonces se le pusieron
las leyendas, deduciendo esos 78 años, resulta el nacimiento de Nezahualpilli
en 1464. En efecto el año 11 Tecpatl citado por el autor, corresponde en las
tablas al 1464; pero como los años mcxicas comenzaban el 1? de Marzo y con-
cluían el último de Febrero, y aquí se trata de una fecha correspondiente al
1? de Enero, con mucha razón dice Ixtilxochitl que fué ol año 1465.
230 OBRAS HISTÓRICAS DE
suyo que más no podía ser en el mundo, y como con las gue-
rras pasadas que ellos habían tenido tantos años, se había
muerto la mayor parte de los varones, eran aún hasta las mu-
jeres compelidas á este trabajo. El rey Nezahualcoyotzin acer-
tó á ver esta calamidad que padecían los chalcas y lo peor de
todo que perecían de hambre, el cual confundido y lastimado
de ver esto mandó que hiciesen unas muy grandes casas paji-
zas que llaman jacales, y que en ellos sus mayordomos tuvie-
sen grandísima máquina de comida para los chalcas que an-
daban ocupados en los edificios referidos. Demás de que ellos
recibieron este gran refugio, fué parte para poder sobrellevar
la hambre que corría en aquellos tiempos en su provincia; con
que de su voluntad venían bandadas de ellos á la obra que
hacían, viendo que con esto mitigaban la hambre que tenían;
habiéndose ocupado los chalcas casi en esto cuatro años su-
cesivos. El siguiente de mil cuatrocientos sesenta y nueve, ca-
si á los últimos del que llaman yei Calli, murió el gran Motecuh-
zomatzin Ilhuicamina en su ciudad de México, y llegada la
nueva á Nezahualcoyotzin, hizo lo que la vez pasada, y en su
lugar fué recibido y jurado Axayacatzin hijo de Tezozomoc hi-
jo de Itzcoatl, y de Atotoxtli hija legítima del difunto Motecuh-
zomatzin, ^ que no tuvo otro legítimo; y así demás de sus partes,
calidad y virtudes, vino á exceder á su abuelo. Recibido que
fué y hechas las fiestas de su jura y coronación, se vino á la
ciudad de Tetzcuco, en donde asistió muchas veces mientras
vivió el rey Nezahualcoyotzin, el cual entre otras cosas que hi-
zo dignas de su fama y nombre fué que alargó los montes, por
que de antes tenía puestos límites señalados hasta donde po-
dían ir á traer maderas para sus edificios y leña para su gasto
ordinario, y tenía puesta pena de la vida al que se excedía de
los límites; y fué que yendo una vez con uno de los grandes
1 En efecto Moteczuma Ilhuicamina, según los jeroglíficos del Códice Men-
docino, murió en el año 8 Calli ó 1469. Tuvo una hija llamada Atotoztli, la
cual fué madre de los tres señores de México, Axayacatl, Tizoc y Ahuizotl.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 231
de SU reino en traje de cazador (que lo acostumbraba hacer
muy de ordinario, saliendo á solas y disfrazado para que no
fuese conocido, á reconocer las faltas y necesidades que había
en la república para remediarlas), con el mismo intento se fué
hacia la montaña, y cerca de los límites referidos halló un ni-
ño con harta miseria y penuria, juntando palitos para llevar á
su casa: el rey le dijo que ¿porqué no entraba á la montaña
adentro pues había tanta suma de leña seca que poder llevar?
respondió el niño: ni pienso hacer tal, porque el rey me qui-
taría la vida. Preguntóle que ¿quién era el rey? y respondió el
niño: un hombrecillo miserable, pues quita á los hombres lo que
Dios á manos llenas les da. Replicó el rey que bien podía en-
trar adentro de los límites que el rey tenía puestos, que nadie
se lo iría á decir: visto por el muchacho, comenzó á enojarse
y á reñirle, diciéndole que era un traidor y enemigo de sus
padres, pues le aconsejaba cosa con que pudiese costarles la
vida; y dando la vuelta el rey para su corte dejó dada orden á
im criado suyo (que desde lejos les había seguido), cogiese aquel
niño y á sus padres y los llevase á palacio; lo cual lo puso lue-
go por obra, y llevándolos bien afligidos y atemorizados, no
sabiendo á qué eran llamados á la presencia del rey, llegados
que fueron, mandó á sus mayordomos les diesen cierta canti-
dad de fardos de mantas y mucho maíz, cacao y otros dones,
y los despidió, dando las gracias al muchacho por la corrección
que le había dado, y el guardar las leyes que él tenía estable-
cidas; y desde entonces mandó que se quitasen los términos
señalados, y que todos entrasen en los montes y se aprove-
chasen de las maderas y leñas que en ellos había, con tal que
no cortasen ningún árbol que estuviese én pie, pena de muer-
te. Otra vez estando en un mirador, que caía á una de las
puertas de la plaza y palacios del rey, llegó á descansar al pie
de él un leñador que venía fatigado con su carga de leña, y con
él su mujer, y al tiempo que se recostó un poco sobre su car-
ga, miró la magnificencia de la grandeza de los palacios y al-
cázares del rey, y dijo á su mujer: el dueño de toda esta má-
232 OBRAS HISTÓRICAS DE
quina estará harto y repleto, y nosotros cansados y muertos
de hambre. La mujer le respondió que callase la boca, no le
oyese alguno, y por sus palabras fuesen castigados. El rey
llamó á un criado suyo á quien mandó fuese á traer aquel le-
ñador, que estaba descansando al pie del mirador, y se lo tra-
jese á la sala de su consejo, el cual lo hizo asi y el rey se fué
á aguardarle en la sala; y estando en su presencia atemoriza-
dos el leñador y su mujer, le dijo qué es lo que había dicho y
murmurado del rey, que le dijese la verdad, y diciéndosela le
dijo, que otra vez no le aconteciese murmurar y decir mal de
su rey y señor natural, porque las paredes oían; demás de que,
aunque á él le parecía que estaba repleto y harto, y lo demás
que había dicho, que considerase la mucha máquina y peso de
negocios que sobre él cargaban, y el cuidado de amparar, de-
fender y mantener en justicia á un reino tan grande como era
el suyo; y llamó á un mayordomo suyo, y mandóle que le die-
se cierta cantidad de fardos de mantas, cacao y otras cosas, y
habiéndoselas traído en presencia del rey, le dijo que con
aquello poco le bastaba y viviría bienaventurado; y él con to-
da la máquina que le parecía que tenía harto no tenía nada, y
así lo despidió. Otro lance le sucedió con un cazador, y fué
que este ganaba su vida en cazar, y una vez, después de haber
andado en montañas y quebradas, volvió á su casa cansado
sin haber podido matar ninguna caza, y para poderse susten-
tar aquel día, comenzó á andar tras de los pajaritos pequeños
que por allí había en los árboles: un mancebo vecino suyo vién-
dole cuan afligido andaba, y como no podía tirar á aquellos
pajarillos, le dijo por modo de burla y vituperio que le tirase
al miembro viril, y qué quizá acertaría mejor; y como el caza-
dor estaba afligido enarcó y apuntó con la flecha, y disparán-
dole le acertó: viéndose herido con la flecha, comenzó á dar
voces de tal manera que alborotó el barrio, y fué preso el ca-
zador ly llevado á palacio con el herido ante los jueces, y al
tiempo que iban pasando por el patio principal de palacio, pre-
guntó el rey que los estaba mirando, ¿que qué era aquel mur-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOGHITL. 233
mullo? y habiéndole informado, que un herido que un ca-
zador, que allí traían preso había flechado, lo mandó traer
ante sí, y sabida la verdad del caso, mandó que el cazador cu-
rase al herido, y si sanaba quedase por su esclavo ó diese su
rescate, con que salió libre el cazador, el cual viendo la mag-
nificencia que había usado con él el rey, quiso buscar modo
para que le hiciese mercedes, y fué que puso ungalli-pavo ala
puerta de su casa una noche, y en parte donde pudiese ser co-
gido de algún coyote, que es un animal que parece á los adi-
ves, que es un género de lobos, y se puso en parte donde po-
der ver la presa cuando la hiciese el lobo: el cual antes que
llegase la media noche, llegó al olor del gallo y lo arrebató, y
él se fué en su seguimiento, de tal manera que no le dejó co-
mer el gallo hasta que se fué á meter en su cueva que la tenía
en lo interior de la montaña, en donde le dio un flechazo y lo
mató, y luego se lo cargó y llevó juntamente con el gallo á
palacio, y llegó á ocasión que el rey se estaba vistiendo por ser
muy de mañana, y diciendo á los de la recámara que le que-
ría besar las manos y pedir justicia, mandó el rey que entrase
á donde estaba, y llegado qus fué á su presencia le dijo: po-
deroso señor, á pedir vengo justicia contra el nombre de vues-
tra alteza, que esta noche me llevó este gallo, que juntamente
con él traigo, que no tenía otra hacienda; vuestra alteza lo re-
medie: el cual le respondió que si su nombre lo había ofendi-
do en matarle el gallo que traía muerto, que si lo trajera vivo
lo castigara, y que otro día no le aconteciera semejante caso,
porque en burlas sería castigado, y mandó pagarle lo que po-
dían valer diez gallos, y que aquel lobo fuese desollado, y su
piel se pusiese entre sus armas en el almacén. Era tan mise-
ricordioso este rey con los pobres, que de ordinario salía á un
mirador que caía á la plaza, á ver la gente miserable que en
ella vendía, (que era de ordinario la que vendía sal, leña y le-
gumbres que apenas se podía sustentar), y viendo que no ven-
dían, no quería sentarse á comer, hasta tanto que sus mayor-
domos hubiesen ido á comprarles todo cuanto vendían á do-
234 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOGHILT.
blado precio de lo que valía, para darlo á otros, porque tenía
muy particular cuidado de dar de comer y vestir á los viejos
enfermos lisiados en las guerras, á la viuda y al huérfano, gas-
tando en esto gran parte de sus tributos, que para el efecto
tenía señalados ciertos señores y caballeros que estaban á sn
cargo, porque nadie podía andar demandando por las calles ni
fuera de ellas, pena de la vida.
CAPITULO XLVII
Que trata de algxmoi pn^fecía» y dichos que difo el rey Nezahualeoyottin,
Entre los cantos que compuso el rey Nezahualcoyotzin, don-
de más á la clara dijo algunas sentencias, como á modo de
profecías, que muy á la clara en nuestros tiempos se han cum-
plido y visto, fueron los que se intitulan Xompancuicatl que
significa canto de la primavera, los cuales se cantaron en la
fiesta y convites del estreno de sus grandes palacios, que empie-
za el uno así: Tlacxoconcaquican hami Nezahualcoyotzin etc., que
traducidas á nuestro vulgar castellano, conforme al propio y ver-
dadero sentido, quieren decir: "oíd lo que dice el rey Nezahual-
coyotzm con sus lamentaciones sobre las calamidades y per-
secuciones que han de padecer sus reinos y señoríos. Ido que
seas de esta presente vida á la otra, oh rey Yoyontzin, vendrá
tiempo que serán deshechos y destrozados tus vasallos, que-
dando todas tus cosas en las tinieblas del olvido: entonces de
verdad, no estará en tu mano el señorío y mando sino en la
de Dios. Y entró dijo ^ entonces serán las aflicciones, las mise-
rias y persecuciones que padecerán tus hijos y nietos; y lloro-
sos se acordarán de tí, viendo que los dejastes huérfanos en
servicio de otros extraños en su misma patria Acolihuacan;
porque en esto vienen á pai'ar los mandos, imperios y seño-
1 No 86 comprende lo que aquí quiso poner el autor.
236 OBRAS HISTÓRICAS DE
ríos, que duran poco y son de poca estabilidad. Lo de esta vi-
da es prestado, que en un instante lo hemos de dejar como
otros lo han dejado; pues los señores Zihuapantzin, Acolna-
huacatzin y Quauhtzontezoma, que siempre te acompañaban,
ya no los ves en estos breves gustos." Y á este modo dijo otras
muchas cosas muy de notar. En el año de mil cuatrocientos
sesenta y siete que llaman ce Acatl, se acabó y fué el estreno
del templo mayor de la ciudad de Tetzcuco del ídolo Huitzilo-
pochtli, y entonces dijo: "en tal año como este ^ se destruirá es-
te templo, que ahora se estrena ¿quién se hallará presente?
ási será mi hijo ó mi nieto? entonces irá á disminución la tie-
rra, y se acabarán los señores; de suerte que el maguey sien-
do pequeño y sin sazón, será talado; los árboles siendo peque-
ños darán fruto, y la tierra defectuosa siempre irá á menos:
entonces la malicia, deleites y sensualidad, estarán en su pun-
to, dándose á ellos desde su tierna edad los hombres y muje-
res; y unos á otros se robarán las haciendas. Sucederán cosas
prodigiosas. Las aves hablarán, y en este tiempo llegará el ár-
bol de la luz, y de la salud y sustento. Para librar á vuestros
hyos de estos vicios y calamidades, haced que desde niños se
den á la virtud y trabajos." Todas estas mudanzas aquí conte-
nidas y aumentos de vicios, se han cumplido á la letra; porque
las que en aquellos tiempos se tenían por cosas sobrenatura-
les y prodigiosas, son en este muy patentes y ordinarias, y así
no causan admiración; porque ¿quién vería en aquel tiempo,
que si por desgracia aparecía un borracho, luego al punto, de-
más de ser afrentado y castigado, le destechaban la casa y sa-
queaban, no dejándole vivir en poblado, y ahora es tan común,
que lo tienen por costumbre cuotidiana? Las doncellas que te-
1 Todas estas profecías en cantares y leyendas, que aparecen confirmadas
con la venida de los españoles, ya de Tetzcuco, de México ó de la Península
Maya, son obras posteriores á la Conquista. La verdad es que no se conoce
ningún cantar auténtico de Nezahualcoyotl; y á pesar de la opinión de
Mr Bringhton, sigo creyendo que los existentes, 6 son modernos ó antiguos
adulterados.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 237
nían veinticinco y treinta años, no sabían salir de los rincones
de sus padres, y ahora, aún no han cumplido doce, que ya no
sean dueñas; y así de lo demás se echará de ver la diferencia
que hay de este tiempo á aquel, y la mudanza tan grande. Este
muy sabio rey mandó á todos los artífices que cada uno en el
oficio que usaba le retratase, porque andando el tiempo sus
descendientes oyendo sus hechos y hazañas desearían verle y
conocerle, el cual su deseo se les cumpliría en ver su retrato;
y así cada uno en su facultad hizo los retratos: los plateros hi-
cieron una estatua de oro muy al natural; los lapidarios otra
de pedrería; los plumeros en un cuadro dibujado de varias
plumas su retrato tan al natural que parecía estar vivo. Otro
cuadro hicieron los pintores, lo mejor que pudieron. Los es-
cultores una estatua de la misma manera, y los arquitectos de
piedra fueron á su bosque de Tetzcotzinco y hicieron aquel
león que atrás queda referido, y no retrataron más de tan sola-
mente el rostro; ^ hasta los herreros ^ hicieron lo mismo; y por
su orden fueron presentándole sus retratos que habían hecho,
excepto el de la peña que era forzoso el ir á verlo; y así ha-
biéndolo visto, sólo aquel le cuadró, y todos los demás los de-
sechó, diciendo que el oro y piedras preciosas con la codicia se
perderían, y los cuadros con el tiempo se desharían y borra-
rían, el barro se quebraría, y la madera se carcomería; mas
que el de la peña sólo permanecería, y gozarían de él sus nie-
tos y descendientes.
1 Ya no existe esta estatua en el cerro de Tetzcutzinco. Según noticias, no
hace muchos años fué destruida con cohetes, para aprovechar hi piedra según
unop, y para huscar un tesoro según otros.
2 Nuestros antiguos pueblos no conocieron el uso del fierro.
CAPITULO XLVIII
De los hechas notables de AeaientehucUtin,
Acatentehuatzin era hijo de Nonoalcatl y de la infanta Tox-
quentzin y sobrino del rey Nezahualcoyotzin, al cual por sus
hechos y dichos tan notables, unos lo tenían por hombre de poco
seso, y otros por filósofo y sabio, por ir todos enderezados al
verdadero conocimiento del fin y paradero de todas las cosas,
y al amor y provecho del prójimo; y así tratando de ellos, digo
que una vez llegó un infante primo suyo, hijo de Nezahualco-
yotzin, á que le dijese ¿qué le parecía de unos palacios que
acababa de edificar, si permanecerían, por la fortaleza de sus
edificios? Le respondió que durarían lo que una mujer muy her-
mosa que se da á los deleites sensuales, que en breves días se
estraga y viene á morir de bubas; y diciéndole que ¿porqué
había comparádolos á la mujer, más ainas que á otra cosa? le
respondió que por haber edificado en mal sitio, porque se co-
merían de salitre las paredes. En la sala principal de su casa
se hendió un lienzo de ella, y llamando á los albafiiles y obre-
ros les preguntó ¿que cómo se remediaría aquella hendidura?
Le respondieron, que por ser demasiada y en donde estribaba
la madera del techo, era necesario destecharla y hacer de nue-
vo la pared: él respondió que eran remedios muy largos y los
días muy breves, y que para lo que él había de vivir lo reme-
240 OBRAS HISTÓRICAS DE
diaria más breve, y despidiéndolos llamó á unos barrenadores,
hizo barrenar por un lado y por otro lo que estaba hendido
de la pared que era de adobes, y después le hizo coser unas
maromas; de que causó gran risa á todos, y por ello fué pre-
miado de los reyes sus tíos.
CAPITULO XLIX
Qve trata de la muerte de Nctahualcoyotzin.
Tenía setenta y un años Nezahualcoyolzin y había cerca de
cuarenta y dos ^ que gobernaba el imperio en compañía de los
reyes mexicanos y tepanecas, cuando le dio una enfermedad
procedida de los muchos trabajos que había padecido en reco-
brarle, siyetarle y ponerle en el mejor estadoique antes ni des-
pués tuvo; (el cual tuvo sesenta hijos varones y cincuenta y
siete hijas, aunque los legítimos no fueron más que dos, como
queda atrás declarado), y estando cercano á la muerte, una ma-
ñana mandó traer al príncipe Nezahualpiltzintli, (que era de la
edad de siete años poco más), y tomándole en sus brazos lo
cubrió con la vestimenta real que tenía puesta, y mandó en-
trar á los embajadores de los reyes de México y Tfacopan que
asistían en su corte y fuera de allí estaban aguardando en una
sala para darle los buenos días, y habiéndoselos dado y salido
fuera, descubrió al niño puesto en pie, y le mandó relatase lo
que los embajadores le habían dicho y lo que él les había res-
pondido; y el niño sin faltar palabra, hizo la^elación con mu-
cha cortesía y donaire: hecho esto, habló con los infantes Ichau-
1 En el mapa Quinatzin sobre la figura de Nezahualcoyotl se ve el núme-
ro 42, y la leyenda mexicana que lo acompaña dice: Nezahualcoyotl reinó>
cuarenta y dos años.
Tomo 11-17
242 OBRAS HISTÓRICAS DE
llatoatzin, Acapioltzin, Xochiquetzaltzin y Hecahuehuelzin sus
hijos mayores (que eran presidentes de los consejos y esta-
ban allí con los demás sus hermanos y hermanas), trayéndoles
ante todas cosas á la memoria los trabajos y peregrinaciones
que padeció desde su niñez y muerte y persecuciones de su
padre Ixtlilxochitl, hasta alcanzar y recobrar el imperio y go-
bernarle con tanto acuerdo y vigilancia como á ellos les cons-
taba; y que para su perpetuidad convenía que todos se quisie-
sen y amasen la paz y concordia, y si alguno intentase altera-
ción y novedades de rebeldía entre ellos, aunque fuese el ma-
yor y más tenido entre ellos, fuese castigado con pena de
muerte sin dilación ninguna; y luego les dijo: veis aquí á vues-
tro príncipe señor natural, aunque niño, sabio y prudente, el
cual os mantendrá en paz y justicia, conservándoos en vues-
tras dignidades y señoríos, á quien obedeceréis como leales
vasallos, sin exceder un punto de sus mandatos y de su vo-
luntad; yo me hallo muy cercano á la muerte, y fallecido que
sea, en lugar de tristes lamentaciones cantaréis alegres cantos,
mostrando en vuestros ánimos valor y esfuerzo, para que las
naciones que hemos sujetado y puesto debajo de nuestro im-
perio, por mi muerte no hallen flaqueza de ánimo en vuestras
personas, sino que entiendan que cualquiera de vosotros es
solo bastante para tenerlos sujetos. Habiendo dicho otras mu-
chas razones, y encargado al niño de la manera que había de
gobernar y regir á sus subditos y vasallos, guardando en todo
y por todo las leyes que tenía establecidas, habló con el infan-
te Acapioltzin y le dijo: desde hoy en adelante harás el oficio
de padre que yo tuve con el príncipe tu señor á quien doctri-
narás, para que siempre viva como debe, y debajo de tu con-
sejo gobierne el imperio, asistiendo en su lugar y puesto, hasta
que por sí mismo pueda regir y gobernar; y habiéndole encar-
gado otras cosas que en semejantes casos se requieren, por la
mucha satisfacción que de Acapioltzin tenía de lealtad, sagaci-
dad y maduro consejo, le dejó en este puesto; y con lágrimas
de sus ojos se despidió de todos sus hyos y privados, man-
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 243
dándoles salir de allí, y á los porteros que no dejasen entrar
persona alguna. Dentro de pocas horas se le agravó la enfer-
medad, y falleció en el año que fué llamado chiquacen Tecpatl
que fué en el de mil cuatrocientos sesenta y dos. ^ De esta ma-
nera acabó la vida de Nezahualcoyotzin, que fué el más pode-
roso, valeroso, sabio y venturoso príncipe y capitán que ha
habido en este nuevo mundo; porque contadas y consideradas
bien las excelencias, gracias y habilidades, el ánimo invenci-
ble, el esfuerzo incomparable, las victorias y batallas que ven-
ció y naciones que sojuzgó, los avisos y ardides de que usó
para ello, su magnanimidad, su clemencia y liberalidades, los
pensamientos tan altos que tuvo, hallaráse por cierto que en
ninguna de las dichas, ni en otras que se podían decir de él le
ha hecho ventaja capitán, rey ni emperador alguno de los que
hubo en este nuevo mundo; y que él en las más de ellas la hi-
zo á todos, y tuvo menos flaquezas que ningún otro de sus
mayores; antes las castigó con todo cuidado y diligencia, pro-
curando siempre más el bien común que el suyo particular; y
^ra tan misericordioso con los pobres, que no se había de sen-
tar á comer hasta haberlo remediado, como de ordinario usa-
ba con los de la plaza y mercado, comprándoles á doblado
precio de lo que podía valer, la miseria de lo que traían á ven-
der, para darlo á otros; teniendo muy particular cuidado de la
viuda, del huérfano y del viejo y demás imposibilitados; y en
los años estériles abría sus trojes para dar y repartir á sus
subditos y vasallos el sustento necesario, que para el efecto
siempre se guardaba; y alzaba los pechos y derechos que te-
nían obligación de tributarle en tales tiempos sus vasallos. Tu-
vo por falsos á todos los dioses que adoraban los de esta tie-
rra, diciendo que no eran sino estatuas de demonios enemigos
del género humano; porque fué muy sabio en las cosas mora-
les y el que más vaciló, buscando de donde tomar lumbre para
certificarse del verdadero Dios y criador de todas las cosas, co-
1 Esta fecha está equivocada en el manuscrito: debe ser 1472.
244 OBRAS HISTÓRICAS DE
mo se ha visto en el discurso de su historia, y dan testimonio
sus cantos que compuso en razón de ésto, como es el decir,
que había uno sólo, y que este era el hacedor del cielo y de la
tierra, y sustentaba todo lo hecho y criado por 61, y que esta-
ba donde no tenía segundo sobre los nueve cielos que él al-
canzaba: que jamás se había visto en forma humana ni en otra
figura, que con él iban á parar las almas de los virtuosos des-
pués de muertos, y que las de los malos iban á otro lugar, que
era el más ínfimo de la tierra, de trabajos y penas horribles.
Nunca jamás (aunque había muchos ídolos que representaban
diferentes dioses) cuando se ofrecía tratar de deidad, los nom-
braba ni en general ni en particular, sino que decía Intloque
yn Nahuaque, ^ y palnemo alani, que significa lo que está atrás
declarado: sólo decía que reconocía al sol por padre y á la tie-
rra por madre, y aun muchas veces solía amonestar á sus hi-
jos en secreto, que no adorasen aquellas figuras de los ídolos,
y que aquello que hiciesen fuese solo por cumplimiento, pues
el demonio los traía engañados en aquellas figuras; y aunque
no pudo de todo punto quitar el sacrificio de los hombres con-
forme á los ritos mexicanos, todavía alcanzó con ellos que tan
solamente sacrificasen á los habidos en guerra, esclavos y cau-
tivos, y no á sus hijos y naturales como solían tener de cos-
tumbre. Autores son de todo lo referido y de lo demás de su
vida y hechos los infantes de México, Itzcoatzin y Xiuhcozca-
tzin, y otros poetas é históricos en los anales de las tres cabe-
zas de esta Nueva España, y en particular en los anales que
hizo el infante Quauhtlatzacuilotzin primer señor del pueblo de
Chiauhtla, que comienzan desde el año de su nacimiento has-
ta el tiempo del gobierno del rey Nezahualpiltzintli, y asimis-
mo se halla en las relaciones que escribieron los infantes de la
ciudad de Tetzcuco D. Pablo, D. Toribio, D. Hernando Pimen-
1 Yn Tloque in Nahuaque. Nótese que aquí Ixtlilxochitl refiere á Keza-
hualcoyotl las mismas palabrrs antes citadas, que Pomar refiere en lo general
á los tetzcucanos.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLIÍJCOCHITL. 245
tel y Juan de Pomar, hijos y nietos del rey Nezahualpiltzintli
de Tetzcuco, y asimismo el infante D. Alonso Axayacatzin
señor de Iztapalapan hijo del rey Cuitlahuac y sobrino del
rey Motecuhzomatzin; y últimamente en nuestros tiempos lo
tiene escrito en su historia y Monarquía indiana el diligentísi-
mo y primer descubridor de la declaración de las pinturas y
cantos, el R. P. Fr. Juan de Torquemada padre del santo evan-
gelio de esta provincia.
CAPITULO L
Que trata de la Jura y coronación del prudentísimo y eábio NezahtialpiUtinUi
Acamapixtli,
Otro día después de haber fallecido Nezahualcoyotzín se le
hicieron sus honras y exequias con grande pompa y majestad,
canforme á los ritos de los mexicanos, ^ que por hallarse escri-
1 Respecto de estas ceremonias, verdaderamente características, dice Po-
mar, en la página 87 de su relación: *' Estaba el cuerpo después de muerto en
un aposento airoso cuatro días, aguardando á los que de todas partes habían
de venir á llorarle: poniéndole una pesada losa encima del vientre, porque con
su frialdad le conservase sin corromperse, y con pu peso no le dejase hinchar,
adornado de sus hábitos é insignias reales, y cubierto con una ropa real azulj
y estando de esta manera, llegaban todos los grandes de su reino y los reyes
de México y Tlacopan y otros señores, ó sus embajadores de los dichos reyes y
otros señores, que siempre eran personas graves, cada uno de por sí 6 de dos
en dos, y como si estuviera vivo le decían que fuese enhorabuena su descan-
so, porque con su muerte se habían acabado todos los trabajos de esta vida, y
que en premio de su valor y virtud de que todos se hallaban faltos y desampa-
rados, había ido al lugar del descanso y deleite, donde estaba descuidado de
las miserias del mundo, y en la variación y mudanza de sus cosas,* y si le que-
daban hijos ó hermanos que le heredasen, le decían que aunque él se iba y era
muerto, en efecto se podía decir que no moría, pues dejaba en su lugar hijos
ó hermanos, de quien tenían esperanza supliría su falta, y en su lugar gober-
narían el estado que dejaba, y otras cosas á este tono. Los embajadores dé-
los reyes decían lo mismo, añadiendo de parte del que los enviaba, que sin él
se hallarían solos y desamparados de su buena fortuna, que mediante su valor
248 OBRAS HISTÓRICAS DE
tos en los autores modernos, no se hace particular mención,
más de que fué el segundo rey de los chichimecas que seme-
jantes exequias se le hicieron, en las cuales se hallaron los re-
yes Axayacatzin de México y Chimalpopocatzin de Tlacopan,
y otros muchos grandes y señores de diversas partes, y los
embajadores de las señorías de Tlaxcalan, Huexotzinco y Cho-
lulan, y de los reyes contrarios y remotos, que en semejantes
ocaciones á éstos y á las señorías se les daba parte y entraban
sus embajadores libremente, como era el de Michoacan, Panu-
co y Tequantepec. En el Ínterin que estas exequias pasaban,
los hermanos mayores del príncipe, en especial los tres atrás
nombrados que tenían mano y mando en el imperio, hicieron
sus diligencias secretas por introducirse en él y desposeer al
príncipe Nezahualpiltzintli; lo cual conociendo en ellos los dos
reyes, como señores absolutos que eran del imperio, á quienes
competía la elección y jura del rey de Tetzcuco, su compañero
en el imperio, acordaron de mandar que luego en su seguimiento
llevasen á la ciudad de México al príncipe y con él á los tres infan-
tes que pretendían lo referido, y asimismo fuese Acapioltzin
coadjutor del príncipe y no otro ninguno de los hermanos, y con
les era favorable en el gobierno de sus reinos; j luego revolvía ¿ los hijos 6
hermanos que estaban presentes, y les traían á la memoria la grandeza y va-
lor del difunto, contando las cosas más hermosas y excelentes que por él fue-
ron hechas, y que á imitación suya se esforzasen á hacer lo mismo, encargán-
dose del reino. Pasados los cuatro días componían el cuerpo de semejantes
arreos que los del ídolo Huitzilopochtli, y llevado al patio de sus templos, que
como se ha dicho era el principal cu de esta ciudad, y allí adornado como es-
taba era quemado hasta hacerse ceniza, con todos los hábitos reales que habían
servido á su persona, con toda la pedrería rica y piedras preciosas de que sien-
do vivo se componía; y secas las cenizas y cogidas en una caja de piedra 6 ma-
dera, llevaban á la casa real, en un aposento que para ello estaba asignado; y
de lienzos atado, como mejor podían, hacían un bulto como de persona que
estaba sentada, la cual puesta encima la caja, y cubrían de hábitos reales, y le
ponían una máscara de oro ó de turquesas engastonadas en otra máscara, y
allí era guardado con mucha veneración, donde todos los que de nuevo venían
y que no pudieron llegar á tiempo de llorarle el cuerpo presente, le lloraban y
le hacían semejante plática, como se ha dicho.''
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 249
ellos todos los grandes y señores del reino, para en ella tratar
lo que más conviniese: con que todos se aseguraron y se hizo la
jura sin alteración alguna; y fué que habiendo llegado á la ciu-
dad de México el rey Axayacatzin, mandó sentar al príncipe y
los cuatro infantes sus hermanos en una sala que estaba antes
de la del consejo real, en asientos iguales, y después de ellos
todos los grandes y señores del reino de Tetzcuco: puestos en
esta sala, entraron dos señores grandes oradores que iban de
parte de los reyes de México y Tlacopan, los cuales después
de haberles dado la bien venida les dijeron el deseo grande
que sus señores tenían de elegir la cabeza que faltaba en el
imperio, y que este había de ser el que por derecho lo mere-
ciese, con que se quitarían algunas dudas y pretensiones; y ha-
biéndoles dicho otras muchas razones convenientes á este efec-
to se salieron, y luego entraron los dos capitanes generales de
los dos reyes con otros dos grandes señores de dignidad y pre-
eminencia, los cuales traían todas tas insignias y vestimentas
que se acostumbraban dar á los reyes cuando se juraban, y
tras de ellos los dos reyes, y habiendo cogido de los brazos los
dos capitanes generales al niño Nezahualpiltzintli, lo metieron
en la sala del consejo real, en donde después de haberlo sen-
tado en un trono suntuoso, por mano de dichos reyes le vis-
tieron los ropajes reales, y lo coronaron y dieron las demás in-
signias, y le juraron por rey de Tetzcuco y supremo señor de
los chichimecas, y uno de los tres del imperio, y habiéndole
todos dado el parabién, se fueron sentando todos por sus an-
tigüedades y preeminencias, y comenzaron las fiestas y regoci-
jos con mucho gusto de todo el imperio, aunque las ceremo-
nias conforme á los ritos de la idolatría (que en semejantes juras
se solían hacer) no se guardaron en esta sazón por no tener
el nuevo rey edad suficiente para ello, que después él las cum-
plió andando el tiempo. Los tres infantes sus hermanos Ichau-
tlatoatzin, Xochiquetzaltzin y Ecahuehuetzin, viendo que no
pudieron salir con su pensamiento, así que vieron el intento
de los dos reyes, sin despedirse se fueron á la ciudad de Tetz-
250 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOGHILT.
CUCO tristes y corridos de. sus vanas pretensiones. Habiendo
estado Nezahualpiltzintli en la ciudad de México alguijos días,
se fué á la de Tetzcuco, con sus tíos los dos reyes con grande
acompañamiento, en donde de nuevo se le hicieron muy gran-
des y solemnes fiestas. El rey Axayacatzin se estaba lo más
del tiempo del año con toda su corte en la ciudad de Tetzcuco,
que era acomodada para su salud y gusto, especialmente á los
principios del gobierno d^ Nezahualpiltzintli, y en vida de su
padre Nezahualcoyotzin.
CAPITULO LI
Que trata de la guerra que el rey Axayaeatzin tuvo contra JIoquihuiizinf señor de
TlaieltdcOf y contra íub aliados.
Luego que murió Nezahualcoyotzin, algunos de los señores
del imperio como fueron Moquihuitzin de Tlatelulco, Xiloman-
tzin de Colhuacan y otros de su casa y linaje, comenzaron á
alterarse y negar la obediencia del rey Axayacatzin su señorr
(y aunque es verdad que no le pagaban ningún tributo ni va-
sallaje, eran sujetos y del bando del nombre mexicano); y nie-
les fácil, porque en estos tiempos estaban muy entronizados
en el imperio, y de quienes el rey Nezahualcoyotzin hizo mu-
cha cuenta y encargó los negocios más graves del imperio, de
tal manera que sólo les faltó la investidura, como consta de los
cantos que hoy en día usan los naturales en sus fiestas y dan-
zas principales. Por lo cual y por otras cosas contingentes que
al rey Axayacatzin le movieron, envió á sus embajadores á los
reyes sus compañeros en el imperio, dándoles aviso de las al-
teraciones y novedades de estos señores, por lo que si pasa-
ban adelante, pondrían el imperio en riesgo de perderse: lo
cual visto por ellos, cada uno de por sí apercibió á los de su
bando, para ir á defender y socorrer al rey mexicano para el
día que les señaló yeito; y juntos los ejércitos de todos los
tres reyes, entraron por la ciudad de Tlatelulco, y á pocos lan-
ces la destruyeron, matando á todos los más de los morado-
252 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITU
res de ella; y aunque Moquihuitzin se hizo fuerte en el templo
mayor, fué vencido y echado de la más alta torre de él, ^ mu-
riendo hecho pedazos; y luego se dio orden de castigar á todos
los que fueron culpados en esta liga y alteración, que como
dicho es, fueron Xilomantzin señor de Colhuacan, el de Cui-
tlahuac Zoanenemitl, y Tlatolatl, y el de Huitzilopochco Quauh-
yacatl; con cuya hazaña y castigo desde entonces los grandes
del imperio se fueron mucho á la mano, y tuvieron gran res-
peto y reverencia á los tres reyes y cabezas de él. Lo cual su-
cedió el segundo año del reino de Nezahualpiltzintli y en el
resto del rey Axayacatzin, que fué en el de mil cuatrocientos
sesenta y tres ^ que llaman chicóme Calli.
1 Puede verse la derrota y muerte de Moquihuix en los Códices Vaticanos
y Telloriano Bemense. Según los cronistas mexicanos, en esta guerra que se
llamó Ecatzinizimiilf no tomaron parte los acolhuas de Tetzcoco.
2 La verdadera fecha es 1473; entonces tenía ocho años Nezahualpilli, y
por esto so comprende que no interviniera en esa guerra.
CAPITULO LII
Que trata de alfftmcu eoaa* que hizo en el principio de su gobierno KézahualpÜitintli,
en que mostró lapnidencia y sabiduría natural que Dios le dio desde su niñex^ que
notaron mucho los autores.
Una de las concubinas del rey Nezahualcoyotzin que estaba
en gran privanza, fué como ya se dijo, la señora que pretendió
siempre colocar á sus hijos en los más honrosos oficios del
imperio, y aun si pudiese, dar á cada uno de ellos la investi-
dura de él; por cuya causa siempre pretendió ó procuró quitar
la vida á los hijos legítimos del rey Nezahualcoyotzin habidos
en la reina y señora mexicana, como en efecto lo hizo con el
príncipe Tetzauhpintzintli, siendo ella la causa principal de su
muerte; y así Nezahualpiltzintli, luego que se vido hecho rey,
al hijo menor de esta señora que no tenía ninguna dignidad ni
oficio, aunque era señor de algunos lugares le dio el pueblo de
Chiauhtla con otros de las tierras conquistadas, y con la in-
vestidura de uno de los grandes del imperio, de los catorce
del nombre y apellido de los aculhuas, con que quedó muy
pagada esta señora y fué parte para atajar los designios de los
otros tres infantes, que los dos eran sus hijos como fueron Xo-
chiquetzaltzin y Hecahuehuetzin. ^ El infante Axoquentzin
(que fué el que ganó la provincia de Chalco), viendo el de-
1 Creo que debe ser £hecahuehuetzin.
254 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
seo que el rev su hermano tenía de honrar y premiar á
sus hermanos, entró á pedirle mercedes por sus servicios,
porque hasta entonces el rey su padre, por ser muy mozo,
no le había hecho ninguna merced: el rey niño estando muy
atento á la demanda de su hermano, antes que hablase pala-
bra el infante Acapioltzin, su coadjutor, hizo llamar ante sí á
un pintor, y con él á un arquitecto y dos oficiales de albañil y
carpintería, á los cuales les mandó que fuesen á la provincia
de Chalco, y viesen la traza y modo de las casas y palacios que
eran de Toteotzintecuhtli rey de ella, y que cada uno en su fa-
cultad le trejese razón de ellas dentro de un término que les
señaló: los cuales habiendo hecho esta diligencia, dieron razón
al rey; quien mandó que en lo mejor de la ciudad de Tetzcuco
se edificasen otras casas y palacios de la misma manera para
su hermano Axoquentzin; le hizo otras mercedes señalándole
ciertos pueblos y lugares, así en la provincia de Chalco como
en otros lugares para que fuese señor de ellos; y desde esta
ocasión comenzó á gobernar por sí solo, con mucha prudencia
y sagacidad, de tal manera que á todos los dejaba confusos y
admirados, sin que en él se hallase ninguna imperfección en
cuarenta y cuatro años que reinó, ^ y siempre recibía con mu-
cho amor los consejos y buena doctrina de su hermano el in-
fante Acapioltzin y de los de su consejo y parlamento.
1 Kespecto del nacimiento y reinado de Nezahualpilli, encontramos dos le-
yendas mexicanas en el mapa Quinatzin. A la izquierda del jeroglífico do
Tetzcuco, hay tres veintenas y diez y ocho unidades; y dice la leyenda adjun-
ta: "Hace setenta y ocho años que nació Kezahualpilli." Como el jeroglifico
es de 1542, resulta el 1464 para el nacimiento de Nezahualpilli. Al lado de su
jeroglífico hay dos veintenas y cuatro unidades; y la leyenda dice: "Nezahual-
pilli reinó cuarenta y cuatro años."
CAPITULO Lili
<¿ue trata de algunas guerras y conquistas que hicieron las tres cabezas del imperio,
Axayaeaizin rey de México, NezáhualpiUziníli de Telzcuco y Chimalpopocatzin de
Tlac^an, y muerta de XihuUÜemoc señor de Xochimilco.
Entre los señores que ayudaron al rey Axayacatzin contra
<el de Tlatelulco y sus aliados, fué uno de ellos Xihuitltemoc
«efior de la ciudad de Xochimilco, valerosísimo capitán y muy
diestro jugador de pelota, de donde le vino su daño; porque
•después de hecha la guerra atrás referida quiso el rey Axaya-
catzin hacer fiestas á sus valedores, y entre los regocijos que
hubo fué uno el del juego de la pelota, de que el rey se pre-
gaba mucho, aunque Xihuitltemoc le competía en mayor des-
treza; y así metido en cólera el rey, viendo que perdía muchas
rayas, echó el resto y apostó el mercado y la laguna de la ciu-
dad de México contra un jardín que Xihuitltemoc tenía en la
de Xochimilco, el cual no advirtiendo la hazaña y cólera del
rey, admitió luego el convite, y á pocos lances le ganó, de que
quedó escocido y entre sí fraguando el modo que tendría para
ejecutar su ira; y fué que habiéndose ido Xihuitltemoc á su
ciudad, otro día después fué cierta cantidad de los soldados de
la guardia con voz de que lo iban á visitar y darle alguna par-
te de las rentas de la laguna y mercado, y al tiempo que lo sa-
ludaron y dieron sus presentes, le echaron un collar de flores
^n que iba oculta una zoga por cierto artificio y traza que die-
256 OBRAS HISTÓRICAS DE
ron algunos caballeros de la misma ciudad; le dieron garrote
y lo mataron sin tener lugar de poderse escapar. Esta severi-
dad fué causa para que de allí en adelante los otros señores
procuraran no burlarse, ni ponerse con su rey en semejantes
lances. Los tres reyes, habiendo juntado sus gentes, fueron
contra los de la provincia de Matlaltzinco y los vencieron, y
con los cautivos poblaron el pueblo de Xalatlahuco; y lue-
go fueron contra los de Tzinacantepec, contra los Ocuiltecas,
Malacatepec y Coatepec; y contra los chichimecas y otomíes
de todas las provincias que contienen tres naciones, que son
otomíes, macahuas ^ y matlatzincas, cuyos pueblos son Xiqui-
pilco, Xocotitlan, Xilotepec, Teuhtenanco, Tlacotepec, Calli-
mayan, Amatepec, Zimatepec y Tolocan. ^ Aunque fué traba-
joso el sujetar estas tres naciones por ser gente belicosísima,
en donde más se trabajó y corrió riesgo el rey Axayacatzin»
fué en Xiquipilco, porque Tlilcuezpali señor de aquella provin-
cia y muy valeroso capitán, le estrechó en tanta manera que
demás de haberle dado un golpe en un muslo de que quedó
muy mal herido el rey, y dádole muchas heridas, le tuvo rendi-
do y casi para acabarlo de matar; y pasara muy adelante su osa-
día y coraje, si no fuera por Quetzalmamalitzin, uno de los ca-
torce grandes y capitán general del reino de Tetzcuco, que con
su grande valor se metió entre los enemigos y con grande áni-
mo y osadía libertó al rey mexicano; y fué preso y cautivo
Tlilcuezpali con otros muchos capitanes de su valía. Fueron
de los contrarios cautivos más de doce mil personas, y de ios
del imperio no llegaron á mil los que en estas batallas murie-
ron. El rey Axayacatzin quedó lisiado de la pierna, aunque sa-
nó de las heridas; y habiendo repartido las tierras de los con-
quistados entre las tres cabezas, hicieron mercedes á todos los
señores que fueron en su defensa, dándoles pueblos y lugares
en estas provincias; entre los cuales, los que más se aventaja-
1 Mazahuas.
2 Pueden verse las conquistas que en tiempo de Axayacatl se hicieron, en
el Códice Mendocino, en cuyos jeroglíficos están pormenorizadas.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 257
jaron fueron Quetzalmamalitzin señor de Teotihuacan, que era
el capitán general y uno de los grandes del reino de Tetzcuco;
y así los tres reyes le dieron por su divisa y armas una pierna
de un rey, que del muslo le salían llamas de fuego, por la ha-
zaña que hizo en librar al rey de México; Acapioltzin coadju-
tor del rey de Tetzcuco, que se le dieron por sus armas y di-
visa tres pendones de oro y plumería con tres cabezas de lo
mismo, y Mocahuhqui que hicieron señor de Xalatlauhco.
Otros muchos señores fueron premiados y se les dieron sus
armas y divisas conforme á sus hechos y hazañas. Después de
haber puesto sus presidios y gente de guarnición en lo más
necesario de estas provincias, se volvieron á sus tierras, y lle-
gados á la ciudad de México fueron sacrificados en el templo
mayor todos los cautivos habidos en estas guerras. Cúpole al
rey de Tetzcuco de parte del Valle de Toluca Maxtlacan, Co-
quitzinco y otros lugares, en donde le fueron señalados de tri-
butos en cada un año ochocientos y ochenta fardos de mantas
finas, labradas y veteadas de diversos colores de pelo de cone-
jo; otros trescientos y setenta fardos de otras mantas con sus-
cenefas de lo propio, y cuarenta fardos y más siete mantas de
pluma que servían de sobrecamas, que por todas venían á ser
veinte y cinco mil seiscientas y siete mantas, sin las preseas de
joyas de oro, aderezos y divisas de plumería fina, y en cada
un año y en cada lugar una sementera de maíz, en donde se
cogía gran cantidad de ello; y por mayordomo y cobrador de
todo esto, puso á uno llamado Yaotl. Por el mismo modo y
cantidad se les repartió al rey de México y al de Tlacopan
cierta parte, que sería como la quinta, ^ según por los padrones
reales parece.
1 Ya sabemos, y el mismo autor lo ba dicbo antes, que los tributos se divi-
dían en cinco partes, dos para cada uno de los señores de México y Tetzcuco,
y la quinta restante para el de Tlacopan. De manera que aquí Ixtlilxochitl
incurre en una notoria equivocación.
Tomo 11-18
CAPITULO LIV
Que trola de la muerte de AxayaccUzin, sucesiOn de THzoíticaiMin, y lot hijo»
que tuvieron.
Había cerca de catorce años ^ que el valeroso rey Axayacatzin
gobernaba, cuando llegó la muerte y le atajó los pasos, casi
con el mismo achaque que falleció Nezahualcoyotzin, con gran
sentimiento de todo el imperio, por haber sido uno de los prín-
cipes más valerosos que hubo entre los mexicanos. Tuvo el
segundo lugar después del gran Motecuhzomatzin, primero de
este nombre, (como parece por las historias y cartas ^ que tra-
tan de la vida y hechos de estos príncipes; y así se le hicieron
muy grandes exequias, y juntándose los dos reyes Chimalpo-
pocatzin y Nezahualpiltzintli con los electores, fué de común
consentimiento electo Ticotzicatzin ^ séptimo rey mexicano y
compañero en el imperio de las tres cabezas, ^ el cual era her-
mano del difunto Tezozomoc y nieto de Motecuhzomatzin, por-
que no tuvo Motecuhzomatzin más de una hija legítima en
quien tuvo Tezozomoc tres hijos que todos fueron reyes, uno
en pos de otro, Axayacatzin, Ticotzicatzin (de quien tratamos),
1 Según los jeroglíficos dol Códice Mendocino, Axayacatl reinó doce años.
SI de su muerte fué el orne Calli 1481.
2 Debe decir; cantos.
8 Debe ser: Tizotzicatzin. El copista suprimió la cedilla. Generalmente se
le llama Tízoc.
4 En las pinturas jeroglíficas, se ve á Nezahualpilli presentándole, en com-
pañía de Chimalpopocatzin, el copilli ó corona real de oro con esmeraldas, en
unión de los otros señores aliados ó tributarios j
260 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
y Ahuitzotzin que le sucedió en el reino después de su muer-
te. Ticotzicatzin fué recibido y jurado con la solemnidad y ce-
remonias que sus antepasados; y en la dignidad y oficio de go-
bernador y capitán general del reino mexicano fué puesto su
hermano Ahuitzotzin: y pasando á tratar de los hijos que tuvo
el rey Axayacatzin, digo que Techotlalatzin, segundo señor de
Iztapalapan, hijo de Cuitlahuatzin, primero de este nombre,
casó con Izelcoatzin hija del rey Nezahualcoyotzin, en la cual
tuvo á Tiyacapantzin, que fué señor de la casa de Xilomenco;
(de esta casa fué señora una de las mujeres y concubinas del
rey Nezahualpiltzintli, madre del rey Cacama); el segundo hijo
se llama Cuitlahuatzin, que vino á ser señor de Iztapalapan
por muerte de su abuelo Techotlalatzin y después rey de Méxi-
co: el tercero fué Motecuhzoma asimismo rey de México, en cu-
yo tiempo fué la venida de los españoles); y en otra señora que
según común opinión era su mujer legitímala reina, tuvo otros
hijos, que fueron Macuilmalinatzin (que había de suceder en el
reino), Tlacahuepantzin, Atlixacaxochichitl, Metzin, Matlazica,
Mauhtzin y la que había de ser mujer legítima del rey Neza-
hualpiltzintli, que fué castigada por la traición y adulterio que
cometió: también fueron hijos de Axayacatzin, Tezozomoc (pa-
dre de D. Diego Huanitzin), Itztlilcuechahuac señor que fué de
Tula, Matlatzincatl, Huehuecuiltzitzlin Zezepactic y Teyolpa-
choz. ^ El rey Ticotzicatzin tuyo por hijos á Tezcalnopocatzin,
(padre que fué de D. Diego Tehuezquititzin, que también fué
señor de México), y á Yaotzin Amatquemetzin. ^
1 Esta descendencia de Axayacatl, á más de obscura no es exacta. Axaya-
catl había tomado por esposa y para reina á Azcaxochitl, hija de líezahual-
coyotl; y de ella dejó dos hijos y una hija, aunque tuvo otros nueve muertos
en la lactancia, tres en un solo alumbramiento y dos en otro. Los hijos ftie-
ron Moteczuma Xocoyotzin y Cuitlahuac, y la reina Tlilalcapatl madre de
Cuauhtemoc.
2 Parece que Tizoc no dejó hijos legítimos; pero tuvo muchos, entre ellos
principalmente dos, que fueron Tepehuatzin y Tezcalpucatzin.
CAPITULO LV
Que trata de la primera salida que hizo el rey NezahualpiUzintlij contra los de Ahui-
lizaparif TotoUan, OztoHcpac y otrcu provincias de la costa del mar del Norte.
Al rey Nezahualpiltzintli cada día se le hacían mil años por
salir á batalla y probar su ventura, y como su tierna edad no
le ayudaba, se afligía mucho; y así demás de cursar cada día el
ejercicio y destreza de las armas, iba á los cuartos en que el
rey su padre había dejado todas las insignias, armas y otros
aderezos de guerra con que había sujetado la mayor parte del
imperio, y ninguna le venía, con que quedaba triste y afligido,
y no se tenía por digno de comer ni vestir con pompa y apara-
to real, si no era forzado de sus ayos y maestros, ni quería dor-
mir en cama regalada sino por el suelo como el más mínimo
de su casa y servicio, como fué hallado una madrugada de sus
hermanos los mayores y otros señores que le iban á ver y re-
prender; y así parece en las historias, que entrando estos se-
ñores por los cuartos donde dormía el rey, le hallaron en el
suelo cobijado con una manta de hombre pobre y humilde, y
entendiendo que era alguno de los pajes llegó uno de ellos y le
dio un puntillón con el pie reprendiéndole, porque estaba allí
echado con tanto descuido, el cual descubriendo el rostro, aun-
que muy corridos estos señores de lo hecho, pidiéndole per-
dón por su ignorancia, le llevaron á su asiento y después de
haber tratado con él de algunas cosas tocantes á su reino, le
262 OBRAS HISTÓRICAS DE
comenzaron á reprender, diciéndole que sus vasallos se halla-
ban corridos y ofendidos en que no hubiese salido á alguna
batalla, porque cuando iban á la guerra, los mexicanos y tepa-
necas los baldonaban, diciéndoles que tenían los aculhuas un
rey rapaz y afeminado, y que mirase que aquellas borlas que
traía en su cabeza, las orejas y bezotes que tenía en el rostro,
la pedrería en el cuello, las ajorcas y brazaletes en los brazos,
y grevas y alpargatas de oro y pedrería en los pies, y las man-
tas ricas con que se cubría por sus empresas y hazañas en las
guerras y batallas, las habían habido y ganado, y si ^ eran jus-
tamente dignos de cualesquier bienes, mandos y señoríos; y
otras muchas razones que al rey lastimaron y fueron con al-
guna demasía, el cual les respondió con rostro grave y severo,
que les agradecía el cuidado que tenían de mirar por su au-
mento y honra; y que en cuanto á no haber salido á ninguna
batalla, que bien echaban de ver no haber tenido edad sufi-
ciente para poder salir en campo y pelear; pero que esperaba
en el Criador de todas las cosas, que le daría ánimo y esfuerzo
para quitarle de semejante afrenta; y que así en las guerras
que trataban al presente hacia la parte de Oriente, quería ir en
persona á hallarse en ellas; y en cuanto á lo que decían ser
dignos de todo le que le habían representado, que aquello que
alcanzaron en tiempo de su padre, se lo perpetuarían; ^ y si de
nuevo en su tiempo hiciesen algunos servicios como leales va-
sallos, se lo ^ aumentaría; y que entendiesen todos que nadie
excedería de su voluntad y gusto, que se acordasen de las úl-
timas palabras que el rey su padre les dijo y encargó. Los cua-
les, oídas las razones tan vivas y severas del rey, bjgaron las
cabezas y con mucha humildad se salieron á dar orden de la
jornada; y habiendo juntado las gentes de guerra, salieron mar-
chando por sus jornadas hasta llegar á la provincia de Ahuili-
1 Parece que debe decir: así.
2 Parece que debe ser: se los perpetuaría.
Z Loi.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 263
zapan en donde dieron principio á su conquista y sujeción,
saliendo personalmente á la batalla el rey; y le sucedió tam-
bién que sojuzgó aquella provincia y la de Tototlan, Oztoticpac
y otras de la mar del Norte que caía hacia la parte de Orien-
te, en donde por su persona el rey cautivó muchos capitanes
y soldados, entre los cuales fué uno llamado Tetzahuitl que
era el más principal de los señores de aquella corte; y habien-
do puesto sus presidios y repartido la tierra conforme á los tra-
tos y capitulaciones del imperio, se volvió y entró triunfando
en la ciudad de Tetzcuco. Esta conquista según parece por los
anales, fué en el año de mil cuatrocientos ochenta y uno, que
llaman ome Calli. ^
1 Estas conquistas fueron anteriores, y pertenecen á la época de las prime*
ras de Azayacatl. Véase el Códice llendocino.
CAPITULO LVI
Que trata 6bmo el rey Netahualpilttintli edificó unas catas de m moradat y engrande"
ció el templo mayor que edificó tu padre; y del mucho gasto y aparato que en ellat
tenia.
Hecha la guerra atrás referida con tanta gloria y honra de
Nezahualpiltzintli, por hallarse propicio y favorable del su fal-
so dios Huitzilopochtli, según se lo daban á entender los sa-
cerdotes y ministros del templo, la primera cosa que puso por
obra fué reedificarle con mayor suntuosidad y riqueza que lo
habla dejado su padre Nezahualcoyotzin, y vino á ser el ma-
yor y mejor templo que hubo en esta Nueva España, en don-
de y para cuyo estreno sacrificó á todos los cautivos habidos
en las guerras atrás referidas; y tras de esto dio orden de edifi-
car otros palacios fuera de los grandes que eran de su padre, los
cuales aunque no tenían tan gran sitio, fueron edificados con
mejor suntuosidad y con mejor arquitectura que los otros, en
donde tenía muy insignes laberintos, jardines, baños, fuentes,
estanques, lagunas y acequias de agua, que corrían debajo de
tierra y en partes ocultas, que sin ser vistas se comunicaban
con la laguna grande, para ir por ellas cuando quería á sus
jardines y recreaciones que tenía en Acatelco y Tepetzinco, y
para ir á la ciudad de México. Entre los estanques de agua,
uno que estaba frontero de una gran sala, le puso por nombre
Ahuilizapan, en memoria de la guerra atrás referida; y no hu-
bo edificio, jardín ni laberinto que no fuese hecho por memo-
266 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
ría de alguna de las hazañas de ésta y otras conquistas que
tuvo mientras él vivió; que aun hoy en día se echa de ver por
sus ruinas la grandeza y majestad de su autor. Y porque vie-
ne á propósito, trataremos aquí del gran gasto que el rey te-
nía en sustentar la gente que en estos palacios y los de su pa-
dre había, así de servicio como de señores, criados, jueces y
otros caballeros y allegados. De ordinario en palacio se gasta-
ban en cada un año (según parece por los padrones reales),
treinta y un mil y seiscientas fanegas de maíz, doscientas cua-
renta y tres cargas de cacao, ocho mil gallos, cinco mil fanegas
de chile ancho y delgado y pepitas, y dos mil medidas de sal;
y para el vestuario, así para el rey como todos los demás caba-
lleros que asistían en su casa y corte y para la demás gente re-
ferida, quinientas setenta y cuatro mil y diez mantas, que to-
das las más eran finísimas y de precio. Esto era de las rentas
que el rey tenía en las provincias de su patrimonio, porque de
las provincias conquistadas, los tributos de ellas se guardaban
en los almacenes que tenía, así en la ciudad de Tetzcuco como
de México, en donde se hacían las reparticiones que atrás que-
dan referidas, para hacer mercedes el rey á sus hijos, deudos
y á otros señores y capitanes beneméritos, así en guerras co-
mo en otras ocupaciones de valor y virtud. Por la parte que
caía al Norte de las casas referidas y cerca de las cocinas, esta-
ban unos graneros y trojes de admirable grandeza, en donde
el rey tenía gran cantidad de maíz y otras semillas que se guar-
daban para los años estériles, y en cada una de ellas cabían
cuatro ó cinco mil fanegas, y estaban con tanto orden y con-
cierto, que por todas partes el aire las cogía, con que las semi-
llas duraban muchos años. Por la parte del Mediodía tenía los
jardines y laberintos referidos, que con la altura y grandeza de
las casas estaban resguardados del Norte y rigor de los fríos, y
por la parte de Oriente tenía una laguneta en donde había di-
versidad de aves de volatería.
CAPITULO LVII
Que trata cuánta» fueron las concubina» del rey NezahualpiUzintli^ y déla reina Te*
nancazihu€Uzin eu legitima mujer ^ y loa hijo» que tuvo en ella y en la» demd».
Por las historias parece haber tenido el rey Nezahualpiltzin-
tli más de dos mil concubinas, aunque con las que él trató fa-
miliarmente y tuvo hijos en ellas, fueron cuarenta con la rei-
na, de las cuales tuvo ciento cuarenta y cuatro hijos é hijas,
de los cuales los once eran legítimos ^ habidos en la reina; y el
mayor y sucesor que había de ser del reino, se llamó Huexo-
tzincatzin; la segunda se llamó Tiacapantzin, que casó con el
príncipe Macuilmalinaltzin, heredero que había de ser del rei-
no de México, y hijo legítimo del rey Axayacatzin;^ el tercero
Quauhtliyztactzin; el cuarto Tetlahuehuetzquititzin, que se lla-
mó después D. Pedro; la quinta se llamó Tlacoyehuatzin, que
casó con el señor de Zocateotitlan en la provincia de Tepeaca;
la sexta se llamó Teycuhtzin que casó con el señor de Coatli-
chan; la séptima se llamó Xocotzin, que casó con el señor de
Tepechpan; el octavo fué Coanacochtzin, que vino á suceder en
el reino, y se llamó después D. Pedro; el noveno fué Ixtlilxo-
chitzin, que también sucedió en el reino en compañía de su
hermano y en favor de los españoles, que se llamó D. Fernan-
1 Pomar dice en su Relación, página 26, que Nezahualpilli no tuvo hijos
legítimos.
2 Ya hemos visto que esto es inexacto.
268 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
do Cortés; el décimo fué Nonoalcalzin; y el onceno y último
Yoyontzin, que después se llamó D. Jorge. La reina ^ era hija
legítima del infante Xoxocatzin, señor de la casa Atzacualco,
una de las más principales de los reyes de México, habida en
Teycuhtzin, hija del infante Temictzin, y hermana de la reina
Azcalxochitzin, la madre del rey; de manera que esta señora
era su prima hermana, por cuya caúsala escogió por mujer le-
gítima, aunque con ella vinieron otras señoras mexicanas hijas
délos reyes, como fué la señora de la casa de Xilomenco herma-
na mayor del último Motecuhzoma y Cuillahuatzin reyes de Mé-
xico, madre que fué del rey Cacama. De las concubinas la que
más privó con el rey, fué la que llamaban la señora de Tula,
no por linaje, sino porque era hija de un mercader; y era tan
sabia que competía con el rey y con los más sabios de su rei-
no, y era en la poesía muy aventajada; que con estas gracias y
dones naturales, tenía al rey muy sujeto á su voluntad, de tal
manera, que lo que quería alcanzaba de él; y así vivía por sí
sola con grande aparato y majestad en unos palacios que el
rey le mandó edificar.
1 Según Pomar, loe. cit., la reina no fué ésta, sino una hija de Axayacatl.
En el mapa Tlotzin no tiene nombre jeroglífico, que pudiera sacarnos de du-
das. Según otras noticias, mejores en nuestro concepto, la reina era sobrina
de Tízoc, y se llamaba Xilomen: ésta fué la madre de Cacama. A las bodas
asistió una hermana de ella, llamada Xicotzincatzin; Nezahualpilli la tomó
también por esposa, y en ella tuvo á Huexotzincatzin, Cohuanacochtzín é Ix-
tlilzochitl y cuatro mujeres.
CAPITULO LYIII
Que trcUa de la muerte de TizotziccUziny rey de México j y aucesibn de Ahuütolzinj y de
otras coacu que acaecieron antes de su muerte.
Según por los anales parece, en cinco años y algunos días
más que reinó Ticotzicatzin, no sucedió en todo este tiempo
cosa de consideración, si no fueron algunas muertes de seño-
res y sucesión de otros; como fué la muerte de Techotlalatzin,
segundo señor de Iztapalapan, en el año de mil cuatrocientos
ochenta y dos que llaman ce Tochtli, y en el siguiente de
ochenta y tres fué la entrada que hicieron los de Cuauhna-
huac en Atlixco contra los de Huexotzinco, de donde volvie-
ron destrozados y murió la mayor parte de sus gentes, porque
los huexotzincas les castigaron muy bien su atrevimiento. El
siguiente de ochenta y cinco murió Quauhpopocatzin, señor de
Coatlichan, y le sucedió Xaquintzin; también entró en el seño-
río de Chimalhuacan Matlaquahuacatzin; y en el de ochenta y
seis, que llamaron chicóme Tochtli, murió el rey Ticotzicatzin,
y sobre la causa de su muerte hay variedades de opiniones en-
tre los autores; porque unos dicen que los suyos lo mataron
secretamente, y otros que le dieron bocado; aunque en la his-
toria que yo sigo no se trata de tal opinión. Muerto que fué, y
juntos los electores con los reyes de Tetzcuco y Tlacopan, fué
por ellos electo Ahuitzotzin, famosísimo capitán de los mexi-
canos, y sumo sacerdote que era del templo mayor, hermano
270 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
menor de Ticotzicatzin y Axayacatzin. Luego que entró en el
reino procuró con muchas veras engrandecer los simulacros y
templos de sus falsos dioses; y así comenzó á edificar los tem-
plos, con más suntuosidad que los que sus mayores habían
dejado. ^
1 £1 gran teocalli 6 templo mayor de México, comenzado por Tízoc en el
año 1483, fué terminado y consagrado por Ahuizotl en el año 1487. Existen
sobre esto varias pinturas jeroglíficas, y la famosa lápida conmemorativa del
Museo. No refiere la crónica solemnidades más suntuosas ni más sangrientas
que las de esta consagración.
CAPITULO LIX
Que trata de la entrada que hizo NezahuálpiUzinÜi en la costa de Nauhtlan, y después
él y los reyes Ahuizotxiti y Chimalpopocatzin las conquistas que hicieron de ciertas
provincias que caen hacia el Sur.
En este año de ochenta y seis atrás referido juntó sus gen-
tes el rey Nezahualpiltzintli, y fué sobre la costa de Nauhtian,
(que el día de hoy llaman Almería), y aunque tuvo alguna difi-
cultad por las serranías y fragosidad de los puertos de aquellas
provincias, á pocos lances las sojuzgó y cautivó muchos capi-
tanes y soldados de los más principales de aquella nación (que
es de la tierra baja de los totonaquez), ^ y entre ellos su señor,
con que quedó toda aquella costa hasta la de Panuco debajo
de su señorío, y habiendo puesto sus presidios repartió la tie-
rra como lo- tenía de costumbre, y se volvió victorioso y car-
gado de despojos á la ciudad de Tetzcuco, en donde este mis-
mo año juntando sus gentes con las del rey Ahuitzotzin de
México y el de TI acopan Chimalpopocatzin, fueron sobre las
provincias de Chinauhtla, Coyolapan, Hualtecpec, Tlapan, Xo-
conochco, Xochtlan, Amaxtlan y la Tzapoteca y Mizteca baja
y alta, hasta llegar á la provincia de Chiapan, cuya conquista
aunque echaron el resto, fué muy dificultosa; mas al fin con-
quistaron todas las naciones referidas y volvieron cargados de
1 Totonacos.
272 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHILT.
muy grandes y ricos despojos, y de muy gran suma de cauti-
vos que fueron casi cien mil hombres, y de la parte del impe-
rio no pasaron de siete mil los que en estas conquistas murie-
ron. Antes de venirse dejaron gente de guarnición en las más
fuertes ciudades y cabeceras de aquellas provincias; y en sus
confines hacia las tierras remotas por conquistar, pertrecharon
muy bien sus tierras y fronteras. Esta fué una de las mayores
conquistas que hicieron las tres cabezas del imperio en tan
breve rspacio de tiempo. Asimismo fué el rey Nezahualpiltzin-
tli contra los de la provincia de Tizauljicoac, porque se habían
revelado contra el imperio, y muerto á los marcaderes natura-
les de la ciudad de Tetzcuco y México que trataban y contra-
taban en sus tierras, y habiéndolos sujetado y castigado á los
rebeldes dejando bien proveídos de gente los presidios y fortale-
zas, trajo demás de los despojos más de veinticinco mil cautivos.
Igualmente el rey Nezahualpiltzintli casi por estos tiempos hi-
zo una entrada contra los de Atlixco, una de las señorías que
estaban dedicadas para el ejercicio militar, de donde habían
cautivos para el ejercicio ordinario de sus falsos dioses; ^ y así
Quauhtliytzactzin señor y capitán general de aquella repúbli-
ca, salió al campo dedicado para estas guerras contra el rey
Nezahualpiltzintli echando el resto de lo más mejor de sus sol-
dados, por ganar honra y fama como la que se le ofrecía si en
batalla vencía tan poderoso rey; mas Nezahualpiltzintli como
astuto y sabio y muy bien ejercitado en las cosas de guerra, á
los primeros encuentros venció y cautivó á su contrario y con
él á otros muchos capitanes y soldados de fama; y este fué uno
de los seis señores que por su persona venció y cautivó, sin
otros muchos capitanes que venció y cautivó que no se hace
mención de ellos.
1 Refiere Pomar en su Relación, que los hombres de Huezotzinco casi Ue-
garon á acabarse en estas guerras; y que se separaron por eso de este pacto.
CAPITULO LX
Que trata c^mo el rey AtwÜMaUtin aaabt el templo ma^or de Metieo y delot grandes
sacrificio» que se hicieron en su estreno; de la muerte del rey de Tlacopan Chimal-
popooatzin y sttcesión de Totoguihuatztn, segundo de este nombrct y de otros «e-
ñores.
Al tercero año del reinado de Ahuitzotzín (que fué en el de
mil cuatrocientos ochenta y siete que llaman chiquey Acatl)
se acabó el templo mayor de Huitzilopochtli ídolo principal de
la nación mexicana, que fué el mayor y más suntuoso que hu-
bo en la ciudad de México, y para su estreno convidó á los re-
yes de Tetzcuco Nezahualpiltzintli y Ghimalpopocatzin de Tla-
copan y á todos los demás grandes y señores del imperio: todos
los cuales en especial los dos reyes, fueron con gran aparato y
suma de cautivos para sacrificarlos ante este falso dios, que en
solo el estreno de su templo (dejando aparte varias opiniones
de autores), se juntaron con los que el rey de México tenía de
solas cuatro naciones que fueron cautivas en las guerras atrás
referidas, ochenta mil y cuatrocientos hombres en este modo:
de la nación tzapoteca diez y seis mil, de los tlapanecas vein-
ticuatro mil, de los huexotzincas y allixcas otros diez y seis mil,
de los de Tizauhcoac veinticuatro mil y cuatrocientos, que vie-
nen á montar el número referido; todos los cuales fueron sa-
criñcados ante este estatuario del demonio, y las cabezas fue-
ron encajadas en unos huecos que de intento se hicieron en
las paredes del templo mayor, sin otros cautivos de otras gue-
ToKO 11—19
274 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXLTILXOCHITL.
rras de menos cuantía que después en el discurso del año fue-
ron sacrificados, que vinieron á ser más de cien mil hombres;
y así los autores que exceden en el número, se entiende con
los que después se sacrificaron. Fué tan grande la carnicería y
crueldad que en tiempo de este rey se hizo, que antes ni des-
pués no hubo otra que se le igualase; porque sin los referidos
sacrificaron otros muchos durante su reinado, así en la ciudad
de México como en las de Tetzcuco y Tlacopan y otras ciuda-
des populares y cabeceras de provincia sujetas al imperio. El
demonio en esta ocasión tuvo tan grande cosecha, que en las
provincias contrarias al imperio no fué menos. Luego el año
siguiente de ochenta y nueve, comenzó Dios á vengar la muer-
te de tantos miserables hombres, á conquistar las vidas de al-
gunas cabezas del imperio; pues en el año referido murió el
rey Chimalpopocatzin de Tlacopan, y en su lugar entró el prín-
cipe heredero Totoquihuatzin su hijo, con acuerdo de las otras
dos cabezas Nezahualpiltzintli y Ahuitzotzin. Asimismo en es-
te año se dio principio de algunos señoríos, como fueron Tezo-
zomoc que fué el primero de Azcaputzalco, después de su rui-
na y destrucción; y en Iztapalapan Cuitlahuatzin, que ambos
eran descendientes de la casa real de México.
CAPITULO LXI
Que trata de la guerra que tuvo el rey NezahualpützintU contra ffuehuetein de Hue-
xottincOf y cbmo lo venció y cautivó.
Hállase en las historias que el rey Nezahualpiltzintli y el de
Huexotzinco, Huehuetzin, nacieron en un mismo tiempo, hora
y día, y los astrólogos y adivinos que les alzaron figuras, ha-
llaron que Nezahualpiltzintli había de ser vencido, aunque por
él se había de cantar la victoria; con que estos dos príncipes
vivieron siempre cuidadosos y con deseos de salir de esta du-
da. Como los infantes hermanos mayores de Nezahualpiltzin-
tli tenían envidia de verle en el trono real que tanto ellos de-
searon, muy de ordinario de secreto se carteaban con el de
Huexotzincaü, ^ dándole avisos, no tan solamente de las obras
é intentos del rey su hermanó, sino aun de los pensamientos;
y así viendo que el rey su hermano se aprestaba para ir sobre
el de Huexotzinco, le avisaron luego dándole cuenta de la can-
tidad de gente que llevaba en su ejército, y la divisa que lle-
vaba para que él echase todo el resto y la gente más experta en
la milicia y procurase en todo caso matarle, pues le iba en ello
la vida y la honra. El Huexotzincatl juntó lo mejor de sus gen-
tes, y á los más valerosos soldados y capitanes les mostró la
estampa de la divisa del rey de Tetzcuco, que había de llevar
1 Huexotzinco. Huexotzincatl era el habitante de esta ciudad.
276 OBRAS HISTÓRICAS DE
en la batalla que se les ofrecía, encargándoles echasen el resto
y lo matasen, de manera que él quedase libre y con honra: to-
dos los suyos le dieron palabra de hacerlo así; y habiendo lle-
gado Nezahualpiltzintli al campo de la batalla con su ejército,
al tiempo de comenzarla fué avisado de la traición que contra
él sus hermanos tenían urdida, y de los pactos y conciertos
secretos que con el Huexotzincatl tenían; y así al tiempo que
entró en la tienda para armarse y echarse la divisa, llamó en
secreto á uno de sus capitanes que mucho le retrataba, y con él
trocó las armas y la divisa diciéndole que convenía hacerlo así
á su servicio y bien de su real corona, ofreciéndole muy gran-
des mercedes al capitán, y si peligraba, á su mujer é hijos y á
todos los de su casa y linaje; el cual le dio las gracias por ía
honra que le hacía en quererle ocupar en su servicio más á él
que á otro de los del ejército, en donde había otros más valero-
sos que él. Hecha esta diligencia salió este capitán de la tienda
acompañado de toda la gente ilustre y capitanes del ejército, y
fué á ponerse en el puesto que tenían los reyes, para dar princi-
pio á la batalla; y el rey con las armas del capitán se armó y lla-
mó á siete soldados secretamente, de quienes se fiaba mucho
y no eran los peores de su ejército, con los cuales se fué á po-
ner en parte más acomodada para venir á las manos con su
contrario; y así como se comenzó la batalla, los huexotzincas
con grande ímpetu y coraje envistieron y á pocos lances hu-
bieron á las manos al desdichado capitán que llevaba las ar-
mas y divisas del rey, y en un instante lo hicieron mil pedazos,
no teniéndose por dichoso y bien aventurado el soldado y ca-
pitán que no llevaba un pedazo de su cuerpo ó de sus armas
y divisa, y fué de tal manera que hicieron retirar á los tetzcu-
canos más de doscientos pasos, y tan ciegos estaban con la vic-
toria que el rey Nezahualpiltzintli tuvo lugar en esta ocasión
de venirse á encontrar con el Huexotzincatl, y embistiendo co-
mo león rabioso con él se encontraron los dos, y habiéndose
dado muy grandes golpes y teniéndole ya rendido, se abrazó
con él por haberle vivo en las manos y llevarlo preso y cauti-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 277
YO. Los huexotzincas los que más á mano se hallaron comen-
zaron con gran coraje á favorecer á su señor, y salieran con su
intento si no lo defendieran los siete soldados que llevaba el
rey de su guarda con otros siete capitanes que había vencido
en la refriega el rey, los cuales con gran fuerza resistían á los
que querían favorecer á su señor, y daban voces diciendo que
se apartasen que allí estaban los reyes. Los tetzcucanos en la
retirada que hicieron echaron menos á su señor, y como tigres
rabiosos revolvieron contra los huexotzincas con tan grande
ímpetu y prisa buscando á su señor, que en un instante llega-
ron á donde estaba revuelto con su enemigo, el que como se
vido perdido en medio de sus enemigos con tan poca ayuda y
que le tiraban muchos macanazos y botes de lanza, se hizo
caedizo poniendo encima de él á su enemigo para que por su
causa no le hiriesen sus contrarios, y no le valió tanto este ar-
did, que con todo él no fuese herido en una pierna de que quedó
cojo en toda su vida; mas como reconoció á los suyos que
traían á mal traer á los huexotzincas y llegaban á socorrerle,
volcólo otra vez cogiendo debajo á Huehuetzin, y habiéndo-
le preso y cautivado, comenzaron á desamparar los huexotzin-
cas y huir, haciendo en ellos los tetzcucanos gran matanza en
los que se defendían, y á los que se rendían los aprehendían y
cautivaban; con cuya hazaña volvió Nezahualpiltzintli á su C9rte
victorioso y entró en la ciudad triunfando. Fué una de las ba-
tallas más notables y de más riesgo que él ni sus pasados tu-
vieron, y asiles muy notado de todos los históricos que tratan
de esta historia. Por esta hazaña y memoria hizo el rey un
cercado tan grande y con tanta longitud, como la que hubo en
aquella batalla de distancia de la parte donde estuvieron los
suyos y él metido dentro del ejército de sus enemigos. El cual
cercado es el de la laguna de las aves de volatería que atrás se
ha referido, que hoy en día está en pie delante de sus palacios:
y dicen los históricos que los astrólogos y adivinos del rey en
nada se erraron de sus pronosticaciones, como parece por el
discurso de la historia de esta batalla.
CAPITULO LXII
Que íraia de un extraño y singular hecho que hizo TenhchimoLUzin^ caballero descen-
diente jde la casa de Tetzeuco,
Entre los señores y capitanes de fama y valor que hubo en
aquestos tiempos, fué uno de ellos Teuhchimaltzin de la casa
y linaje de los reyes de Tetzcuco, del antiguo origen de los em-
peradores chichimecas, el cual toda su vida había andado en
las conquistas y presidios que caían por la costa del mar del
Sur, por cuya causa conocía muy bien toda aquella tierra y
sabía las costumbres y lengua de aquella nación, como si ver-
daderamente fuera su natural, por cuya causa intentó hacer un
hecho notable de grande atrevimiento; y fué que en estos
tiempos corría la fama de valeroso capitán y poderoro señor el
de Zacatula llamado Yopicatl Atonal, y aunque los ejércitos
del imperio habían intentado muchas veces entrarse por sus
tierras y conquistarlas, unas veces yendo cada uno de por sí
y otras todos juntos, siempre volvían destrozados y sin hacer
cosa de consideración; mas por haber dado principio los acul-
huas tetzcucanos á esta empresa en parte de tan poco fruto é
interés para los mexicanos y tepanecas, todas las veces que
se encontraban y juntaban con ellos los tepanecas los baldo-
neaban y daban grita: por lo cual corrido de esto Teuhchimal-
tzin como á quien tanta parte le cabía, se fué al rey su señor y
le pidió licencia para que él con otros dos mercaderes tetzcu-
280 OBRAS HISTÓRICAS DE
canos que trataban y contrataban en aquellas tierras entrase
en la provincia de Zacatula, ofreciéndole de sujetarla y traer
vivo ó muerto al señor de allí; y aunque al rey le pareció muy
gran disparate y atrevimiento, se la dio de mala gana, porque
le pareció que no saldría con su vano intento y que se queda-
ría allá muerto ó cautivo; el cual y Ips dos mercaderes que es-
cogió para sus designios, se despacharon con toda prisa y se-
creto á la provincia de Zacatula, y así como llegaron á los tér-
minos de ella se pusieron él y los dos mercaderes en trsge
conforme á los de aquella tierra, y se fueron á vender por las
ferias aguardando tiempo y ocasión para hacer su hecho; mas
no pudo ocultarse tanto que cuando él entendió estar más se-
guro fué conocido y llevado preso ante el señor, el cual lo man-
dó poner á buen recaudo para en la primera fiesta de sus fal-
sos dioses sacrificarlo; y llegado el tiempo, un día antes de la
fiesta convidó á todos los más principales y señores de su cor.
te á un solemne convite y sarao (que era costumbre hacerse
de noche), y comenzando fueron entrando los señores y caba-
lleros por su orden haciéndole la bien venida y brindándole;
de tal manera bebieron (como aquella nación tenía de costum-
bre), que antes que fuese la media noche todos los convidados
y los de palacio estaban privados de sus sentidos, con que muy
seguramente salió Teuhchimaltzin de los cuartos en donde es-
taba, se fué á la sala del sarao, y comenzó también á hacer las
ceremonias que allí vido hacer á los demás, que como estaban
tan embriagados no vieron al enemigo que tenían consigo, el
cual asi como los vido rendidos y caídos por aquellos suelos,
llegó al rey y con un navajón que llevaba le cortó la cabeza y
le quitó algunas de las insignias y joyas que tenía sobre sí»
y echándolo todo en una talega que para el efecto había lleva-
do, se salió de palacio y á todo correr se vino á las fronteras
que por allí y cerca de los confines de esta provincia tenía el
imperio. Los de la gente ilustre de Zacatula cuando volvieron
en sí y echaron de ver el mal suceso y temerario atrevimien-
to del cautivo, acordaron entre todos ellos rendirse y dar la
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 281
obediencia á Nezahualpiltzintli su señor, y así despacharon un
buen presente en seguimiento de Teuhchimaltzin, y llegados
que fueron al presidio y frontera en donde él estaba, le rogaron
se volviese á tomar la posesión de aquella provincia en nom-
bre del rey su señor; y Teuhchimaltzin pidió ante todas cosas,
rehenes para la seguridad de su persona y de la gente, que
consigo quería llevar, los cuales hicieron traer los hijos de su
señor y caballeros, que quedaron en esta fortaleza, mientras
Teuhchimaltzin fué a tomar posesión de la tierra y ponerla
debajo de la sujeción del imperio; y así llegado que fué, lo pri-
mero que hizo se señoreó de las fuerzas de los zacatultecas, y
haciendo otras diligencias conforme á las leyes y costumbres
del imperio, y dejando en la sucesión y señorío al heredero de
aquella provincia y los demás señores en su mismo ser y ca-
lidad, se volvió victorioso á su patria y entró triunfando por la
ciudad de Tetzcuco en donde fué muy bien recibido y festeja-
do; y habiendo presentado la cabeza é insignias de Yopicatl
Atonal con gran suma de riquezas, fué premiado por el rey, ha-
ciéndole muy grandes mercedes, entre las cuales fué, que de-
más de los lugares de que le hizo señor, mandó edificarle en la
ciudad de Tetzcuco otras casas y palacios de la misma traza
que los del señor de Zacatula. Este fué un admirable ejemplo
y doctrina de que los reyes de Tetzcuco diversas veces se
aprovecharon, para reprender á sus subditos y vasallos contra
el vicio de la embriaguez.
CAPITULO LXIII
Q%te trata de las guerras y conqiiiskts que tuvo el imperio contra los rebeldes de Uu
naciones remotas.
En el año de mil cuatrocientos noventa y dos que llaman
matlactliomey Tecpatl fué la conquista de la provincia de Tza-
potlan, y el siguiente de noventa y tres fué la de Xaltepec que
se había revelado. El de noventa y cuatro fué preso en bata-
lla Tlacahuepantzin, uno de los hijos legítimos del rey Axaya-
catzin, por los de Atlixco, y fué sacrificado á sus falsos dioses.
En el de noventa y cinco el ejército de los aculhuas fué contra
los de Tliltepec y no hizo cosa de consideración, antes murió
mucha gente en batalla y volvió destrozado. En el siguiente de
noventa y seis fueron los ejércitos de las tres cabezas del im-
perio contra los de la provincia de Tehuantepec, en donde asi-
mismo fueron destrozados y perdieron mucho de su fama y
reputación, y mostró Dios su castigo y zana que contra él ^ tenía
por los muchos sacrificios que habían hecho, y no paró aquí
sino que les envió otros castigos como se verá adelante. El si-
guiente de noventa y siete sojuzgaron otras dos provincias, las
de Amaxüan y Xochitlan.
1 Debe ser. eUos.
CAPITULO LXIV
Que ircUa de la extraña severidad oon que caaHffó el re^ NexahualjpiltzinUi á la reina
mezicanapor el adulterio y traieibn que contra él ae cometib.
Al tiempo que al rey Nezahualpiltzintli le enviaron Axa-
yacatzin rey de México y otros señores á sus hijas para que de
allí escogiese la que había de ser la reina y su mujer legítima,
y las demás por concubinas (para que cuando faltase sucesor
de la legítima pudiese entrar alguno de los hijos de estas seño-
ras, la que más derecho tuviese á la herencia por su nobleza y
mayoría de linjge), entre las señoras mexicanas vino la prince-
sa Chalchiuhnenetzin su hija legítima, la cual por ser tan niña
en aquella sazón no la recibió sino que la mandó criar en unos
palacios con grande aparato y servicio de gente como hija de
tan gran señor como lo era el rey su padre, y así pasaban de
dos mil personas las que trajo consigo para su servicio, de amas,
criadas, pjges y otros sirvientes y criados; y aunque niña era
tan astuta y diabólica, que viéndose sola en sus cuartos y que
sus gentes la tenían y respetaban por la gravedad de su per-
sona, comenzó á dar en mil flaquezas y fué á dar que Qualqui, ^
mancebo galán y gentil hombre acomodado á su gusto y afición,
daba orden en secreto de aprovecharse de ella, y habiendo
cumplido su deseo lo hacía matar, luego mandaba hacer una
estatua de su figura ó retrato, y después de muy bien adorna-
da de ricas vestimentas y joyas de oro y pedrería lo ponía en
la sala en donde ella asistía; y fueron tantas las estatuas de los
1 Este es un error grave del copista, pues debe decin cualquier mancebo.
286 OBRAS HISTÓRICAS DE
que así mató, que casi cogía toda la sala á la redonda; y al rey
cuando la iba á visitar y le preguntaba por aquellas estatuas,
le respondía que eran sus dioses, dándola crédito el rey por
ser como era la nación mexicana muy religiosa de sus falsos
dioses; y como ninguna maldad puede ser hecha tan oculta-
mente, á pocos lances fué descubierta en este modo: que de
los galanes por ciertos respetos dejó tres de ellos con vida, los
cuales se llamaban Chicuhcoatl, Huitzilihuitl y Maxtla, que el
uno de ellos era señor de Tezoyucan y uno de los grandes del
reino, y los otros dos caballeros muy principales de la corte.
El rey conoció en uno de ellos una joya muy estimada que ha-
bía dado á esta señora, y aunque seguro de semejante traición,
todavía le dio algún recelo; y así yendo una noche á visitarla
le dijeron las amas y criadas qué tenía, que estaba reposando,
entendiendo que el rey desde allí se volvería como otras veces
lo había hecho; mas con el recelo entró en la cámara en don-
de ella dormía y llegó á despertarla, y no halló sino una estatua
como que estaba echada en la cama con su cabellera, la cual
muy al vivo y natural representaba a esta señora: visto por el
rey semejante simulacro y que la gente comenzaba á turbarse
y afligirse, llamó á los de su guardia y comenzó á aprehender
toda la gente de la casa, y hizo gran diligencia en hacer parecer
á esta señora que á pocos lances fué hallada, que en ciertos sa-
raos estaba ella con sus tres galanes, los cuales con ella fueron
presos. El rey remitió el caso á los jueces de su casa y corte
para que hiciesen inquisición y pesquisa de todos los que eran
culpados, los cuales con toda diligencia y cuidado lo pusieron
por obra con muchas personas culpantes é iniciadas en este
delito y traición, aunque los más eran criados y criadas de ella
y muchos oficiales de todos oficios y mercaderes, que se ha-
bían ocupado unos en el adorno y compostura y servicio de
las estatuas, y otros en traer y entrar á palacio los galanes que
representaban aquellas estatuas, y los que les habían dado la
muerte y ocultado sus cuerpos. Estando ya la causa muy bien
probada y fulminada, despachó sus embajadores á los reyes de
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOGHITL. 287
México y Tlacopan dándoles aviso del caso y señalando el día
en que se había de ejecutar el castigo en aquella señora y en
los demás cómplices en aquel delito, y asimismo envió por to-
do el imperio á llamar á todos los señores para que trajesen á
sus mujeres é hijas, aunque fuesen niñas muy pequeñas, por-
que se hallasen á este ejemplar castigo que se había de hacer;
y asimismo hizo treguas con todos les reyes y señores contra-
rios al imperio, para que también libremente pudiesen venir ó
enviar á ver el castigo referido. Llegado el tiempo fué tan gran-
de el número de las gentes y naciones que vinieron á hallarse
en él, que con ser tan grande como era la ciudad de Tetzcu-
00, apenas podían caber en ella. Se ejecutó la sentencia pú-
blicamente y á vista de todo el pueblo, dando garrote á esta
señora ^ y á los otros tres señores sus galanes, y por ser gente
de calidad, sus cuerpos fueron quemados con las estatuas re-
feridas; y á los demás que pasaron de dos mil personas les fue-
ron dando garrote, y en una barranca cerca de un templo del
ídolo de los adulterios, los fueron echando en el centro de una
olla grande que para el efecto se hizo. Fué este castigo tan
ejemplar y severo que todos loaron al rey, aunque los señores
mexicanos deudos de esta señora quedaron sentidos y corri-
dos del castigo tan público que el rey hizo, y procuraron su
venganza remitiéndolo al tiempo, y no haciéndose sentidos ni
agraviados de esta severidad. Y si bien se notase esta traición
y trabajo que al rey le vino en su casa, no fué sin misterio,
porque parece que él pagó casi por los mismos ñlos, la extraña
manera y modo con que el rey su padre alcanzó á la reina
su madre.
1 Es notable que los primeros cronistas no hablen de este suceso, ni esté
consignado en los jeroglíficos. Sin embargo, Pomar también refiere, que Ne-
zahualpiltzintli mató por adúltera á su mujer, hija legítima do Axayacatl.
Sea lo que fuere, no debemos descuidarnos de que el autor prepara el ánimo
contra los mexicanos, para autorizar en alguna manera la alianza de su ante-
pasado Ixtlilxochitl y de los tetzcucanos con los españoles.
CAPITULO LXV
Que trola de otras eonquUtaa que en eetoe tiempoa fiieieron loe del imperio.
Andaban los ejércitos del imperio tan ganosos de siyetar
tierras y naciones, que les parecía á los soldados de grande
ociosidad y menos valor si no hacían algmia entrada, y como'
en esto se les seguía muy grande honra y fama, y demás de los
grandes y expléndidos dones y mercedes que sus reyes les ha-
cían, volvían á sus casas ricos de despojos, andaban cuidado-
sos y no dejaban pasar el tiempo en vano, por lo cual en esta
ocasión se les ofreció ir sobre la provincia de Tequantepec, en
donde otras veces habían sido vencidos y era una de las más
ricas y poderosas que había en aquellas cortes, y así yendo por
sus jornadas hasta llegar á la dicha provincia entraron por ella,
y cercaron á una de sus ciudades más populosas y ricas que
se decía Amextloapan y combatiéndola la sujetaron y saquea-
ron, en donde en su defensa murieron muchos millares de te-
quantepecas, y trajeron cautivos diez y siete mil y cuatrocien-
tas personas; con cuya hazaña quedaron los de esta provincia
muy destrozados, habiendo siempre defendido su partido muy
bien. Luego el año siguiente de mil quinientos, que llamaron
chicuey Tecpatl, por haberse tornado á rebelar los de la pro-
vincia de Xaltepec fueron sobre ellos, y totalmente los destru-
yeron, de manera que de todo punto quedaron sujetos, sin que
jamás de allí adelante tuviesen pensamientos de alterarse, po-
niéndoles doblados tributos como era costumbre con los que
se alzaban contra el imperio. ^
1 Pueden verse pormenorizadas todas las conquistas hechas por las tres na-
•ciones del Anahuac, en los jeroglíficos del Códice Mendocino.
Tomo ir~20
CAPITULO LXVI
Que trati de una inundación ¡/ronde que hubo ex la dudad de México, procedida de
un ojo de agu% ¡lamido Aeuecuexatl, ^
Parece por las historias que hasta los elementos pedían á
Dios venganza y se levantaban contra el rey Ahuitxotzin ^ que
tan religioso se mostraba en el culto y servicio de sus falsos
dioses; y así en este tiempo queriendo traer á la ciudad de
México por una tarjea de argamasa el agua de un ojo que está
en el pueblo de Huitzilopochco cerca del de Coyoacan, llama-
do Acuecuexatl, * abriendo para el efecto, salió tan gran golpe
de agua y tan viva que parecía quererse subir por las paredes
de las casas de la ciudad, con tan gran violencia que en breve
espacio de tiempo la anegó y ahogó mucha gente de ella; y
por otra parte de la laguna se levantaban muchas oladas de
ella, que causó grande terror y espantos á todos los que las
veían, que parecía que se levantaban hasta el cielo, que fué ca-
so prodigiosísimo y admirable, por cuya causa todos los más
que pudieron escapar con las vidas desampararon la ciudad.
1 Cuecuexatl en Tezozomoc, y Acuecuexco en el P. Duran.
2 Ahuizotzin.
8 Según Chimalpam, como le dijeron á Ahuizotzin que el agua sería fu-
nesta á México, consultS á un astrólogo llamado Cuecuex. Entonces el nom-
bre dado por Tezozomoc sería el bueno, pues signiñca agua de Cuecuex. Sin
embargo todavía ahora se usa el de Acuecuexco.
292 OBRAS HISTÓRICAS DE
El rey que estaba en unos cuartos bajos de unos jardines, por
salirse huyendo de ellos (que ya el agua con grande ímpetu
iba entrando por ellos), se dio una calabazada ^ en el umbral
de la puerta que se descalabró y quedó mal herido, de tal ma-
nera que con este achaque vivió muy enfermo hasta que vino
á morir de él como adelante se dirá, y si no llegara en esta
ocasión su geifte á socorrerlo, allí se quedara ahogado; y vién-
dose tan afligido envió sus embajadores al rey Nezahualpiltzin-
tli rogándole que como hombre tan sabio le socorriese, y con
su industria remediase la ciudad de México. Nezahualpiltzin-
tli se holgó de que se ofreciese ocasión en que poder dar gus-
to á los mexicanos y al señor de ellos, porque con esto se ase-
guraban sus asechanzas y mala voluntad que le tenían por la
muertelque dio á su princesa, y así convocó á todos los arqui-
tectos de sü reino, y con ellos se fué con mucha gente y mu-
chas canoas cargadas de estacada, cespcderla, cal y otros ma-
teriales á Huixilopochpo, ^ y llegado al ojo de agua, él mismo
por su persona entró dentro de él y con ciertos artificios que
hizo atajó el agua, y la metió dentro de una fuerte caja y cer-
ca de argamasa, de manera que con esto se cerró el ojo y el
agua se fué secando; y volvió por la ciudad de México en don-
de visitó al rey Ahuixotzin y le consoló de sus trabajos, el cual
quedó muy agradecido, y reparó su ciudad.
1 Cabezada.
2 Huitzilopochco, hoy Churubusco.
CAPITULO LXVII
Que trata e6mo el rey NesahucUpUUinili apaeigitO un HHgio que enire ií loa {ruantes
Acapioütiny XoehiquettaUzin sus harmanoe troian; y de (Ugunoe notables cojff-
got que hizo en sue hi¿oe.
Ya se ha tratado en la vida de Nezahualcoyotzin cómo fue-
ron á la conquista de la Huaxteca los dos infantes Xochique-
tzaltzin y Acapioltzin, el uno por capitán general del ejército y
el otro con el socorro que después se despachó, y como se dio
tan buena maña, que por su prisa y buena industria sojuzgó
aquella tierra, por cuya causa los poetas de aquellos tiempos,
demás de hacer relación en sus cantos de la conquista y acae-
cimientos que hubo, le alabaron sus hechos heroicos y junta-
mente con él á su hermano el que fué por general, que aunque
fué tarde todavia hizo algunas hazañas dignas de memoria, mas
no para adjudicarse y tomar para sí la gloria y honra de aque-
lla conquista, pues derechamente le venía el título y renom-
bre de ella á su hermano Acapioltzin; y como este negocio es-
taba indeciso, todas las veces que se hacía fiesta en memoria
de esta conquista, los músicos y ministriles del uno y del otro
en el palacio de cada uno cantaban y regocijaban la solemni-
dad de ella, y después salían en público á la plaza principal á
hacer su danza casi en competencia el uno con el otro, de tal
manera que se movían grandes pasiones entre los dos herma-
nos, sus amigos y aliados, con que vino la cosa á tanto extre-
294 OBRAS HISTÓRICAS DE
mo que aínas vinieran á rompimiento y sucedieran muchas
muertes en la ciudad, si el rey Nezahualpiltzintli viendo este
exceso y competencia entre sus dos hermanos, no hubiese
puesto la cosa en tela de juicio, y salió determinado pertene-
cer esta honra y hazaña á su hermano Acapioltzin; y sin decir-
les palabra, el día que salieron á la plaza á hacer esta danza,
el rey salió con otra, con todos los grandes de su reino, y se
fué á la parte á donde estaba Acapioltzin, y dándole el lado más
honroso, danzó con él y con todos los más grandes y señores
que allí se hallaron, de la manera que tenían de costumbre; y
visto esto, Xochiquetzaltzin y los de su bando se quitaron de
allí con todos sus ministriles y músicos, y nunca más se atrevió
á salir á estas competencias; y el rey mandó que se intitulase el
canto Teotlan Cuextecayotl, que significa el canto de la con-
quista de la Huaxteca perteneciente á la casa de Teotlan, que
eran los palacios y casas solariegas del infante Acapioltzin.
Por este modo, esta discordia y otras que se ofrecieron, con
mucha prudencia y sagacidad las remedió el rey; y donde vi-
do que convenia severidad, ejecutó las leyes con todo rigor, sin
perdonar á sus hijos, como lo hizo contra el príncipe Huexotzin-
catzin su primogénito y sucesor que había de ser del reino, el
cual demás de otras gracias y dones naturales que tenía, era
muy eminente filósofo y poeta, y así compuso una sátira á la
señora de Tolan, (que era la concubina que más privaba con
el rey su padre); y como ella era asimismo del arte de la poe-
sía, se dieron sus toques y respuestas, por donde se vino á pre-
sumir que la requestaba, y se vino á poner el negocio en tela
de juicio; por donde según las leyes era traición al rey y el que
tal hacía tenía pena de muerte, y aunque el rey su padre le
quería y amaba infinito, hubo de ejecutar en él la sentencia; y
fué tan grande el sentimiento que hizo de la muerte del prín-
cipe su hijo, que mandó tapiar los palacios en donde vivía, y
asimismo que de allí en adelante se llamasen Yxayoc. Otro cas-
tigo hizo en su segundo hijo legítimo que nació tras del prínci-
pe, llamado Iztacquautzin, porque de su autoridad y sin su li-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 295
cencía edificó unos palacios para su morada, sin haber hecho
hazaña por donde lo pudiese merecer; porque las leyes dispo-
nían que aunque fuese el príncipe heredero no podía labrar
casas ricas, ni ponerse la borla de plumería, hasta en tanto que
se hubiese hallado en cuatro batallas, y cautivado en ellas por
lo menos cuatro capitanes, hombres aventajados y temidos en
la milicia, que hubiese alcanzado á saber todos los grados que
eran menester para un hombre sabio, filósofo, orador y poeta,
y por lo menos que fuese muy aventajado en alguna de las ar-
tes mecánicas, y siendo aprobado en una de las referidas, con
licencia del rey podía haber y alcanzar lo referido conforme á
lo que se inclinaba; porque de otra manera tenía pena de la
vida, como se ejecutó esta ley en Iztacquautzin. A uno de los
jueces (que en una de sus audiencias conocía de las causas),
llamado Zequauhtzin, porque en su casa oía y determinaba al-
gimos de los pleitos, lo mandó ahorcar; porque ninguno podía
conocer ni oir pleito ni demanda en su casa ni recibir presente
ni cohecho pena de la vida; sino que los pleitos y demandas se
habían de tratar en las salas y consejos del rey, con asistencia
de todos los jueces que eran á su cargo, y de los procuradores
y de otros ministros de justicia; los cuales se ponían á oir desde
por la mañana hasta cerca del medio día, y en habiendo comi-
do (qué todos comían en palacio) tomaban á proseguir en sus
audiencias hasta puestas del sol; y jamás habían de faltar, sí
no era en los días de sus festividades reservados para no asis-
tir, ó por enfermedad ú otro impedimento contingente: sin
otros muchos castigos ejemplares que hizo, como fué á otro
juez que no determinó con diligencia y cuidado en un caso, lo
mandó llevar á su casa y tapiarle la puerta principal de ella,
y que se hiandase por un postigo y trascorrales de ella, que-
dando por inhábil, y que nunca jamás entrase en palacio ni
comunicase con los otros jueces y ministros de justicia. A
otra hija suya doncella, porque habló á un hijo de un señor, la
mandó matar; y con otra de las señoras sus concubinas hizo
lo mismo, porque bebió el vino que ellos usaban para cierto
296 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOGHILT.
remedio, pues tenían pena de la vida las mujeres que bebían
vino. A otro juez mandó ahorcar porque favoreció á un caba-
llero contra un villano, y hizo rever el pleito y sentencia en
favor del plebeyo. Y á otros dos de sus hijos que fueron á una
conquista, y se hicieron dueños de unos prisioneros y cautivos
que ciertos soldados suyos habían cautivado, aunque vinieron
lastimados y heridos de la guerra, después de haberlos man-
dado curar, estando sanos les hizo dar garrote, que era la pena
que tenían los que se hacían duefios de cautivos ajenos.
CAPITULO LXVIII
Qut trola de oírat cosas notables que NezahualpiUxinUi hizo en matet-ia de jueces.
y lej,es.
Los reyes de Tétzcuco, demás de los jueces y ministros que
se han referido, tenían sus secretarios y relatores que con mu-
cha cuenta y razón juntaban los pleitos y demandas que en las
audiencias se ofrecían, y con cuidado hacían relación de ellos
á los reyes y sus jueces, de manera que cualquiera pleito se
seguía y más siendo grave, con mucha orden hasta la definiti-
va y aprobación de ella por el rey; y aunque el pleito fuese
muy grave, no había de pasar de ochenta días, porque los de-
más se despachaban breve y sumariamente. Entre las cosas
que pasaron en tiempo de Nezahualpiltzintli, fué que un secre-
tario le hizo relación, cómo los jueces de la sala del crimen ha-
bían condenado con pena de muerte á dos adúlteros en la ter-
cera especie, que tenían pena de ser ahorcados, de los cuales
el imo era músico y el otro soldado, y que los presidentes su-
premos de los cuatro consejos á quienes pertenecía la definición
y confirmación de cualquiera de los casos graves, tenían dada la
confirmación en la sentencia referida, y sólo restaba la apro-
bación del rey: el cual oída la relación del secretario y cogien-
do el pmcel, echó un rayo de tinta negra sobre el músico y se
dejó al soldado. El secretario llevó á mostrarla á los presiden-
tes supremos, y pareciéndole á ellos que el rey iba contra las
298 OBRAS HISTÓRICAS DE
leyes y las derogaba, entraron con la pintura á requerirle guar-
dase las leyes de su padre y abuelos; mas él les dijo que no iba
contra ellas, sino que como persona á quien competía mejorarlas,
mandaba por ley expresa que desde aquel día en adelante el
soldado y hombre militar que fuese hallado en la tercera es-
pecie de delito de adulterio, fuese condenado á perpetuo des-
tierro en una de las fronteras y presidios que el imperio tenía,
pues con esto quedaba muy bien castigado y á la república se
le seguía mayor utilidad, porque los soldados eran la defensa
y amparo de ella. Asimismo derogó la ley que trataba acerca
de los esclavos, que pudiese pasar á los hijos de ellos la escla-
vitud, pues se solían vender algunos con esta calidad; y man-
dó que desde aquel tiempo en adelante no se usase aquella
ley, sino que los hijos gozasen de la libertad natural que Dios
les dio. Asimismo castigó con mucha severidad las demasisa
de algunos señores, y se hizo temer y respetar, como fué
que al infante su hermano le pidió le diese una de sus hijas, que
la quería tener por una de sus damas y concubinas, el cual
con mucha libertad le dijo que no quería, siendo costumbre de
los reyes y señores pedir á sus sobrinas, primas y deudas des-
de el segundo grado en adelante, para casarse con ellas ó te-
nerlas por sus damas y concubinas, con que quedaban honra-
das y amparadas, y en puesto que á falta de los legítimos he-
redasen sus hijos el reino, y cuando menos ser señores de pue-
blos y lugares. Andando el tiempo segunda vez el rey le pidió
al mismo le diese un instrumento musical llamado teponaztii
(que tenía en su poder y lo había traído de cierta conquista
por despojo y era el mejor de toda la tierra, que cuando le to-
caban se oía dos y tres leguas, cuyo sonido era de mucha sua-
vidad y melodía, por lo cual el rey estaba muy aficionado á él)
prometiéndole de dar en recompensa ciertos lugares y otros
dones de mucha más importancia para su hermano, que no el
instrumento, y casi el rey más lo hacía por ver su intento, y fué
tan real que no quiso ni aun se excusó con buen modo; y así
el rey mandó traer el instrumento á mal de su pesar, y que
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 299
SUS casas fuesen saqueadas y echadas por el suelo como de
hombre contumaz y rebelde á los mandatos de su rey: lo cual
luego al punto se ejecutó y puso por obra, y el rey mandó que
aquel instrumento se guardase en la sala de armas, como cosa
ganada en guerra; y no se tocaba sino en las fiestas y rego-
cijos muy solemnes que el rey tenía, aunque después los reli-
giosos de San Francisco lo mandaron hacer pedazos y quemar,
por la estimación y veneración en que los principales lo te-
nían. Fué este castigo tan ejemplar, que desde este tiempo en
adelante sus hermanos le tuvieron muy gran respeto y temor,
y nunca más se atrevieron en público ni en secreto á tratar de
novedad ni alteración, como lo hacían muy de ordinario antes
que estos castigos se hiciesen. Otro castigo ejemplar hizo en
una señora mujer de un caballero ciudadano llamado Teana^
tzin, la cual estando el rey en un sarao y danza se aficionó á
él, y estaba tan ciega de su afición, que le obligó á decirle su
sentimiento, y el rey le mandó entrar en sus cuartos, y ha^
biéndola conocido y sabido que era mujer casada, la mandó
matar y darle garrote y llevarla á echar á una barranca en don-
de se echaban los adúlteros y adúlteras; y dos nifios hijos de
ella que los había traído consigo, los mandó llevar el rey á casa
de su padre con muy grandes dones, y con ellos ciertas amas
y criadas para que los criasen y doctrinasen; y el caballero, sa-
bido el caso, respondió á los mensajeros con muy gran senti-
miento, porque amaba y quería á su mujer, por ser como era
mujer hermosísima y de gran donaire, diciendo que ya que el
rey se había aprovechado de ella ¿por qué la había muerto?; que
más razón era que se la dejara con vida, y no perder como
perdía una mujer que tanto amaba y quería. Supo el rey de la
respuesta, y mandó poner á este caballero en unos calabozos
aprisionado, con intento de castigarle con castigo que fuese
conforme merecía su respuesta y poca estimación de su hon-
ra; y como caso que no había sucedido á otros, se estuvo mu-
chos días en los calabozos preso, y viéndose en tan larga y
obscura prisión compuso un elegantísimo canto, que represen-
300 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
taba toda su tragedia y trabajos, y por favor y negociación que
tuvo con los músicos del rey, que eran sus amigos y conoci-
dos, tuvieron modo y traza para cantarlo en unas ñestas y sa*
raos que el rey tenía: el cual canto estaba con tan vivas y sen-
tidas palabras, que movió el ánimo del rey á gran compasión,
y asi lo mandó soltar luego de la prisión en que estaba, y tra-
yéndole ante sí le satisfizo la causa tan eficaz que le movió á
castigar con pena de muerte á su miger; pues había sido ella
el instrumento para hacerle quebrantar é ir contra una de las
leyes de su reino, y que sin duda (según era la melodía y dul-
zura de sus palabras), le engañarían si no fuera que reparó en
ver aquellos niños, que sería mujer casada como en efecto
ella se lo confesó; y habiéndole dicho muchas razones de su
consuelo y doctrina, le mandó dar una señora doncella por mu-
jer, y otros muchos dones y mercedes con que quedó muy bien
puesto. Y estaba de tal macera cuando lo sacaron de los ca-
labozos, que parecía un salvaje según le habían crecido sus
cabellos, y encanecido.
CAPITULO LXIX
'^iue trata en qué año y Hemponaeid el vcUeroetaimo infante IxtHlxochÜlt y lat cotas que
hizo en tu niñez y pttericia.
Cierto que son muy de notar y considerar las maravillosas
obras de Dios nuestro sefior, y e> muy gran orden y misterio
que en si tienen, y para qué fin las hace y dispone: entre las
cuales son muy de notar los nacimientos tan extraños de algu-
nos príncipes como fué el de este infante Ixtlilxochitl, que fué
casi á los dos meses primeros del año de mil y quinientos, al
tiempo y cuando en la ciudad de Gante nació el felicísimo y
poderosísimo emperador D. Carlos (de gloriosa memoria)
nuestro Señor; pues ambos fueron instrumento principal para
ampliar y dilatar la santa fe católica. Y no es menos de consi-
derar el muy dichoso nacimiento de D. Fernando Cortés señor
marqués del Valle, que fué en el de mil cuatrocientos ochenia
y cinco, quince años antes y al tiempo y cuando nació el per-
verso Martín Lutero: éste para contaminar y deshacer nuestra
santa fe católica y sagrada religión, y aquel para ampliarla co-
mo se verá en el discurso de esta historia. Hubo muchas se-
ñales y pronósticos en ^1 nacimiento de este infante, que muy
á la clara manifestaron lo que después vino á suceder; y los
astrólogos y adivinos de su padre el rey, entre otras cosas que
pronosticaron de él dijeron que andando el tiempo, este infan-
te había de recibir nueva ley y nuevas costumbres, y ser ami-
302 OBRAS HISTÓRICAS DE
go de naciones extrañas y enemigo de su patria y nación, y que
sería contra su propia sangre; dijeron que él vengaría la san-
gre de tantos cautivos que se acababa de derramar, y sería to-
tal enemigo de sus dioses y de su religión, ritos y ceremonias;
con lo cual persuadían al rey su padre, que con el tiempo le
quitase la vida; y él les respondió que era por demás ir con-
tra lo determinado por el Dios criador de todas las cosas, pues
no sin misterio y secreto juicio suyo le daba tal hijo al tiempo
y cuando se acercaban las profecías de sus antepasados, que
habían de venir nuevas gentes á poseer la tierra, como eran los
hijos de Quetzalcoatl que aguardaban su venida de la parte
Oriental; y con esto desvelaba el rey á sus consejeros y adivi-
nos. Fuese criando Ixtlilxochitl con tanta viveza y agudeza,
que bien mostraba lo que había de venir á ser, y á sus amas
las traía confusas y admiradas, porque siendo de edad de tres
años poco más, mató á la ama que le daba el pecho; y fué la
causa que viendo el niño á un caballero de palacio requestar-
la, pidió le diese agua que beber y que había de ser sacada de
un pozo, y al tiempo que se bajó á sacar el agua con una soga,
la arrempujó, y como descuidada de tal cosa cayó dentro del
pozo, y por presto que la quisieron socorrer, por ser tan an-
gosto y hondable se ahogó, y el niño comenzó á buscar piedras
para echarlas encima de su ama; lo que causó admiración, y lo
llevaron á la presencia del rey su padre, y preguntándole este
¿porqué causa había muerto á su madre y ama que lo criaba?
diijo que en la sala donde les leían las ochenta leyes, se man-
daba que nadie requestase á las damas y criadas de su palacio,
ni ellas diesen ocasión, pena de la vida; y que su madre se re-
questaba con uno de los caballeros de palacio, y asi la mató
por cumplir con la ley, de que el rey sabiendo ser todo cierto,
se quedó escandalizado de ver semejante hecho por una cria-
tura de tan poca edad. Desde que tuvo siete años comenzó á
formar escuadrones y ejércitos con los muchachos, haciendo á
•sus ayos y maestros que hiciesen cantidad de pelotas de espa-
daña y junco y muchas flechas de lo mismo, con que peleaban
DON FERNANDO DE ALYA IXTULXOCHITL. 303
y les servían de munición; y muchas veces cuando se le venían
á acabar, aguijaba las piedras y guijarros, con que lastimaba y
descalabraba á muchos de los muchachos, y traía á la ciudad
con grande alboroto y alarido de muchachos; y el rey su padre
Je pasaba que hiciese semejantes demasías, y reprendía á sus
ayos y maestros porque no le iban á la mano. Dos señores de
los consejeros de su padre le dijeron que mirase que convenía
quitase la vida á este infante, pues siendo tan muchacho era
tan demasiado de bullicioso, que si él venía á ser hombre ha-
bía de poner en muy grande riesgo á todo el imperio, porque
tenía los pensamientos muy demasiado de altos y soberbios,
por cuya causa desheredaría á sus hermanos y á otros seño-
res; y aunque el rey no condescendía con su consejo, mas to-
davía le ponían en cuidado sus travesuras y reprendía áspera-
mente á sus maestros. No faltó quien de todo lo tratado con
su padre se lo dijese, y sus maestros le rogaron que se fuese á
la mano, y no le viniese á suceder lo que se pretendía por los
consejeros del rey su padre, pues no tan solamente á él le cos-
taría la vida, sino que también pagarían con ella ellos, pues
eran sus maestros, culpándolos por negligentes en su ense-
ñanza y buena doctrina. Oyendo Ixtlilxochitl estas razones,
una noche cogió á tres ó cuatro mancebos de los de su guarda
y enseñanza en el arte militar, de quienes mucho se fiaba, y
con ellos se fué á las casas de estos dos consejeros, y aquella
noche los hizo ahorcar ambos á dos, de manera que cuando
vino á amanecer ya estaban ahorcados; sin que tuviesen lugar
de librarse porque los llamaba á solas, y de secreto como que
quería tratar con ellos negocios que le importaban, y como
venían á solas y libres de tal desgracia, los mancebos que lle-
vaba consigo en un instante les fueron dando garrote y los col-
garon como dicho es. Cuando amaneció y supo el rey lo que
había hecho, lo mandó llamar ante sí, y le preguntó que ¿có-
mo había cometido una maldad tan grande en matarle sus con-
sejeros? Respondió: señor, nunca ofendía vuestros consejeros
para que me desearan la muerte, é indignaran á vuestra alteza
304 OBRAS HISTÓRIGAS DE
á que, si no fuera tan sabio y prudente, por su causa me
mandase quitar la vida, sin haber cometido cosa que sea en
contra de vuestras leyes y mandatos; y él ser yo belicoso y
aficionado á la milicia, es lo más estimado y tenido en vuestro
reino; y lo que es natural y viene de lo alto, es atrevimiento
muy grande quererlo contrastar, y muy grande imprudencia
oprimir la fuerza de la naturaleza, y crueldad desear la muer-
te al que no ofende; y así poderoso señor, quise ganar por la
mano en quitar la vida á vuestros consejeros, pues quisieron
contrastar la mía; y de esto no hay en toda vuestra corte per-
sona ninguna que sea culpada más de tan solamente la mía,
porque si ayuda tuve, mis criados hicieron lo que deben á su
señor. Con que el rey no supo con qué ocasión poderle casti-
gar, porque le parecieron sus razones tan vivas y fundadas,
que de su parte no había hecho cosa indebida ni vileza para
poder ser castigado; mas tan solo una ferocidad de ánimo, pro-
nóstico de lo mucho que había de venir á saber por las armas;
y así el rey le dijo, que se fuese ala mano, y que si como era
verdad que aquellos señores le habían aconsejado con petición
para que lo mandase matar, no lo fuera, que sin duda nin-
guna que le costara la vida, y hiciera con él un ejemplar cas-
tigo. Esto hizo siendo de edad de diez á doce años, y cuando
tuvo los catorce cumplidos salió á ejercitar su persona en los
campos de Tlaxcalan y Huexotzinco, en donde hizo maravi-
llas; y cuando vino á tener los diez y seis, ya tenía las borla^
é insignias de gran capitán, porque á estos tiempos vino á mo-
rir el rey su padre, y se opuso contra su hermano el rey Gaca-
ma, impidiendo su coronación y jura.
CAPITULO LXX
Que trata de Xa muerte del vateroao rey AhuUtoíztny y eleeetón del/amo90 Mb(ecuJito*
mctf eegtmdo de ede nombre.
Pasó tan adelante el mal procedido del golpe y descalabra-
dura del rey Ahuitzotzin, que aunque fué curado con toda di-
ligencia y cuidado, y le sacaron algunos pedazos de los cascos
de la cabeza, no fué bastante para librarle, porque le vino á
agravar el mal en tanto grado, 'que le quitó la vida; y ftié tan
sentida su muerte, que todos le lloraron, y le hicieron muy so-
lemnes exequias y funerales honras al uso y rito mexicano.
Juntos los dos reyes Nezahualpiltzintli y Totoquihuatzin con
los electores del reino mexicano, trataron sobre la elección del
rey y compañero que les faltaba en el imperio; y habiendo da-
do y tornado sobre el caso, los electores tenían puestos los ojos
en el príncipe Macuilmalinaltzin, hijo legítimo y el mayor de
los que tuvo el rey Axayacatzin y yerno del rey Nezahualpil-
tzintli, el cual lo contradijo, por parecerle no tener tanto peso
como convenia en una dignidad tan grande, como la que se
ofrecía, sin embargo de ser su yerno casado con su hija legíti-
ma la princesa Tiyacapantzin; y así pudo tanto con los electo-
res, que barajó la elección y dio su voto á Motecuhzoma, ^ que
1 Conforme á las leyes hereditarias de los m ex leas, correspondía el señorío
de México á Moteczuma.
Tomo 11—21
306 OBRAS HISTÓRICAS DE
á la sazón era sumo sacerdote del templo de Huitzilopochtli»
persona que tenía las partes y requisitos para la majestad real;
aunque después le salió á los ojos y perdió á su yerno, como
por el discurso de la historia se verá. Después de haberse ce-
lebrado las ceremonias de la jura, como lo tenían de costum-
bre, se le hicieron muy solemnes fiestas y regocijos. Se hizo
esta jura en el año de mil quinientos y tres, á veinticuatro del
mes de Mayo que fué á los nueve días de su cuarto mes llama-
do Toxcatl, en el día de ce Cipactli, en el año que llamaron ma-
tlactliomce Acatl. ^ Por este mismo día fué también jurado el
grande y valeroso Motecuhzoma, primero de este nombre, vi-
sabuelo del que al presente tratamos. El rey Ahuitzotzin tuvo
en la heredera de Tlatelulco llamada Tiyacapantzin, hija dei
último señor Moquihuitzin (el que perdió la ciudad), habida en
su mujer legítima la hija del rey Nezahualcoyotzin, al valero-
sísimo rey Quauhtemotzin, que fué el último rey de México y
el que perdió la ciudad, que después se cristianó y llamó D.
Fernando. Tuvo otros hijos que fueron, Tlacaelel y otro Mo-
tecuhzoma, Citlalcoatl, Azcacoatl, Xoyetzin, Quauhtzitzimitzin,
Xiconoc, Atlizcatzin, otro Macuilmalina, Acamapich, Huitzili-
huitl, Machimale, Yoatzin y Tehuetzquizitzin. El gran Motecuh-
zoma tuvo (según común opinión y verdadera relación), en la
reina Tayhualcan su mujer legítima hija del rey Totoquihua-
tzin de Tlacopan, tres hijas, que la mayor se llamó Miahuaxo-
chitzin, que cuando se bautizó se llamó Doña Isabel, la segun-
da Doña María y la menor Doña Mariana. También tuvo otros
hijos, como fueron D. Pedro Tlacahuepantzinj Tlihuitltemoc-
tzin, Axayaca, Totepehualox y Chimalpopocatzin. La Doña Isa-
bel casó tres veces, la primera con Alonso Grado, natural de
la Villa de Alcántara, hijo-dalgo, y uno de los principales cau-
dillos que hubo en la conquista, por mano y orden de D. Fer-
1 La verdadera fecha de la muerte de Ahuizotl, fué en el año anterior, es
decir, en el 10 Tochtli 6 1602. Este año señala el Códice Mendocíno como ul-
timo de su reinado: si bien el mismo coloca el de 1503 como principio del de
Moteczuma.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 307
nando Ck)rtés marqués del Valle; la segunda vez se casó con D.
Pedro Gallego, de quien hubo un hyo que se llamó D. Juan de
Amdrada Motecuhzoma, y de este proceden los Andradas; el
tercer matrimonio fué con Juan Cano, de quien proceden los
Canos. D. Pedro Tlacahuepantzin no tuvo hijos en las dos muje-
jeres con quienes casó conforme á la orden de la santa madre
iglesia, y por los impedimentos que alegó su hermana Doña Isa-
bel, por decir que la primera con quien casó era su prima herma-
na y no pudo sin buleto particular de su santidad, con el fin de
alcanzarle y negociar otros negocios se fué á España, y se detuvo
algún tiempo, de modo que siendo certificada su mujer de ser
muerto, se casó con un conquistador; y venido que fué á la Ve-
racruz, supo estar ya casada su mujer, y no queriendo usar
del buleto ni manifestar el que su Santidad le había dado, se
vino á la ciudad de Tetzcuco, en donde se casó con Doña Fran-
cisca hija legítima y la mayor de D. Pedro Tetlahuehuezquiti-
tzin señor de aquella ciudad; lo cual sabido por la dicha Doña
Isabel, dio aviso de los impedimentos de aquellos matrimonios
que había hecho su hermano, y así D. Pedro desde entonces no
hizo vida ni con una ni con la otra, y los hijos qu^tuvo fueron
naturales; el mayor fué D. Martín Motecuhzoma, que le here-
dó en el mayorazgo, y aunque casó con Doña Magdalena Axa-
yacatzin señora de Iztapalapan su prima hermana, no tuvo hi-
jos, y así heredó el mayorazgo D. Diego Luis Cuayhuitzin su
segundo hijo, que fué á España y tiene allá herederos y des-
cendientes.
CAPITULO LXXI
Que trata de vartoi aeaeoimientot que hubo en eetoi tiempos eegán los emoles.
Ea el año siguiente (después de la jura del rey Motecuhzo-
ma), que fué en el de mil quinientos cuatro, murió Tehuehue-
tzin señor de la provincia de Quauhnahuac, y sucedióle Itzcoa-
tzin: en el siguiente de mil quinientos y cinco fué la hambre,
y sucesivamente el de mil quinientos y seis, ^ que llamaron ma-
tlactliomey Calli y ce Toxtli, de tal manera que en toda la tierra
no se cogió ningún fruto, si no fué en las provincias y sierras
de Totonacapan, de donde tuvieron algún refugio; y así llama-
ron á esta hambre Netotocacahuiloc, que como si dijésemos
la hambre remediada de Totonacapan; y los reyes Nezahual-
piltzintlí, Motecuhzoma y Totoquihuatzin abrieron sus trojes
y socorrieron á sus subditos y vasallos, y por un año les re-
mitieron los tributos. En este año de mil quinientos seis fué
la conquista de la provincia de Zocolan, y en el de mil quinien-
tos y siete fué la guerra de la provincia de Totepec, donde mu-
rieron IxUilcuechahuac y Huitzilihuitzin señores mexicanos. Y
en el de mil quinientos y ocho, fué la batalla que tuvo el prín-
cipe Macuilmalinatzin, heredero de México, contra los de Atlix-
co; y según común opinión, por concierto y pacto secreto que
el rey Motecuhzoma su hermano tuvo con los de AUixco, por
1 Aquí falta: y mil quinientos siete.
310 OBRAS HISTÓRICAS DE
excusar alteraciones y persona que se le anteponía, hizo que-
fuese muerto y vencido en esta batalla, en donde murió con él
otro de los señores mexicanos llamado Tzicquaquatzin y dos
mil ochocientos soldados que iban en su defensa; lo cual sin-
tió en infinito el rey Nezahualpiltzintli, y compuso aquel canto
que llaman Nenahualyzcuicatl, que es lo mismo que decir can-
to que declara traiciones y engaños; y en esta sazón echó de-
ver el rey qué mal aconsejado estuvo, y que sus pensamientos^
le engañaron en quitar el reino á quien tan de derecho le ve-
nía, y dárselo á un hombre que debajo de piel de oreja era lo-
bo carnicero; porque muerto que fué Macuilmalinatzin y los
otros señores mexicanos en esta guerra y en las otras referi-
das, comenzó el rey Motecuhzoma á mostrar su soberbia muy^
conforme á su nombre. Lo primero que hizo fué mudar toda
la gente que estaba ocupada en sus consejos, que desde tiem-
po de su padre y tíos estaban puestos, y puso otros de su ma-
no, y lo mismo hizo en los ejércitos y en las repúblicas de su
reino; todo á fin de hacerse señor absoluto; y fué en tanto mo-
do su gravedad y presunción, que no se dignó de servirse de
algunos hombres que por sus virtudes habían subido á ser ca-
pitanes y soldados valerosos y otros oficios de dignidades y
preeminencias, porque eran de la gente plebeya, sino que an-
tes procuró ir matando á unos, y á otros desterrando de su
corte. ^ En este mismo año entró en la sucesión de Huexutla
Tliltemoctzin por muerte de Cuitlahuatzin. En el siguiente fué
la conquista de la provincia de Yopatepec. Asimismo por estos
tiempos hizo el rey Nezahualpiltzintli un ejemplar Castigo ei>
Tezozomoc señor de Azcaputzalco, ^ suegro del rey Motecuh-
zoma, por un adulterio que cometió, y los jueces mexicanos
por complacer al rey Motecuhzoma le tenían condenado á un
1 En efecto Moteczuma se había sobrepuesto á los demás señoresj pero no
debemos olvidar, que el autor trata de recargar sus defectos, para así excusar
la ayuda que dieron los tetzcucanos á Cortés.
2 Solamente advertiremoSi que el señorío de Azcaputzalco no dependía de
Nezahualpillj.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 311
destierro y saqueadas las casas, y los tepanecas que algo más
añadieron al castigo de este señor, que le fuese cortada la pun-
ta de la nariz; mas el rey de Tetzcuco á quien pertenecía la
última determinación, sin embargo de todo lo que los otros
jueces habían determinado, mandó ejecutar la ley de su padre»
que era darle garrote y quemarle el cuerpo, castigo competen-
te á los señores, y envió luego sus ministros á que lo ejecu-
taran, como en efecto se hizo, de que quedó el rey Motecuh-
zoma sentido; mas el rey cumplió las leyes de sus pasados.
CAPITULO LXXII
<iue (rata de las tenates y prodigios que hubo antesde la desiruecibn y fin del imperio.
En el año de mil quinientos y diez que llamaron macuili
Toxtli, ^ fué cuando apareció en muchas noches un gran res-
plandor que nacía de la parte de Oriente, subía en alto y pa-
recía de forma piramidal, y con algunas llamas de fuego, ^ el
cual causó tan grande admiración y temor en toda la tierra,
que aun los muy entendidos en la astrologla y conocimientos
de sus adivinanzas y profecías, se hallaban confusos; aunque
de muy atrás tenían noticias, y hallaban en sus historias, que
ya se acercaban los tiempos en que se habían de cumplir las
cosas que dijo y pronosticó Quetzalcoatl y otros filósofos y sa-
bios antiguos; y á quienes más cuidado les daba era á los re-
yes Nezahualpiltzintli y Motecuhzoma, como personas que en
ellos se había de ejecutar el rigor de las mudanzas del impe-
rio; y como el rey de Tetzcuco era tan consumado en todas
las ciencias que ellos alcanzaban y sabían, en especial la astro-
logia confirmada con las profecías de sus pasados, demás de la
aflicción en que se veía, menospreció su reino y señorío; y así á
esta sazón mandó á los capitanes y caudillos de sus ejércitos que
.1 Tochtli.
2 Pué MU cometa que apareció en aquella época, suceso que está registrado
en loB anales Jeroglíficos.
314 OBRAS HISTÓRICAS DE
cesacen las continuas guerras que tenían con los tlaxcaltescas,
huexotzincas y atlixcas, para el ejercicio militar y sacrificio de
sus falsos dioses; y contra las provincias remotas en donde te-
nían sus fronteras y presidios, que tan solamente las guarda-
sen y defendiesen sin hacer algunas entradas, para que el po-
co tiempo que le restaba de señorío y mando, le gozasen con
toda paz y tranquilidad. Por otra parte el rey Motecuhzoma
tenía muy gran deseo de comunicar con él sobre las señales, y
de sus operaciones; y como estaban desavenidos y encontra-
dos, el rey Nezahualpiltzintli por el gran pesar que tenía de la
muerte y alevosía que contra su yerno el príncipe Macuilmali-
natzin había hecho Motecuhzoma, y éste porque asimismo for-
maba otras quejas, que era la una la justicia tan severa y pú-
blica que Nezahualpiltzintli había hecho con su hermana la
reina Chachiuhnenetzin, y las otras asimismo de otros dos cas-
tigos que había hecho, el uno contra el príncipe Huexotzinca-
tzin su sobrino, y el otro contra su suegro el señor de Azca-
putzalco Tezozomoc, se juntaron los dos reyes y satisfaciéndQ-
se cada uno de su queja, trataron muy largamente sobre lo que
el cielo les amenazaba, y el rey de Tetzcuco dijo que todo se
cumpliría sin que tuviese remedio alguno; y para que echase
de ver el rey Motecuhzoma en que estimaba su reino y seño-
río, le propuso que se lo jugaría á trueque de que si le ganaba
al juego de la pelota tres rayas, le diese tres gallos monteses y
que de ellos tan solamente quería los espolones, porque echa-
se de ver en qué tanto estimaba todo lo que tenía y poseía; y
así los dos reyes jugaron á la pelota, y habiendo ganado Mo-
tecuhzoma dos rayas continuas, que ya no le quedaba más de
una para hacerse señor de los aculhuas, comenzóse á alegrar
y regocijar sumamente; y el rey de Tetzcuco que de intento se
había hecho perdedizo, le dijo al rey Motecuhzoma que muy
presto pararía aquel gusto de imaginarse hecho señor absolu-
to de todo el imperio, y echaría de ver cuan mudable y pere-
cedero era el mandar y gozar las cosas que ofrece el mundo,
y que en testimonio de ser cierto y verdadero lo que le decía,
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 315
lo echaría de ver en el discurso del juego, porque aunque le-
había ganado dos rayas, no le ganaría; y así prosiguiendo en
el juego, aunque el rey Motecuhzoma hizo todo lo posible pa-
ra ganar la raya que le faltaba, no pudo: Nezahualpiltzintli ga-
nó haciendo todas las tres rayas; y habiéndolos festejado, y
tratado de otros negocios, el rey de Tetzcuco se retiró á su ca-
sa y corte. Cada día se veían nuevas señales y grandes prodi-
gios y portentos, que anunciaban la ruina y total destrucción de
toda la tierra y mudanza de todo el imperio.
CAPITULO LXXIII
Que trata de algunot motines y aUeraeionee que hubo en cOfftenae provincias wjettu y
gcmadoepor el imper4o„if. de otros €tcaeoimientos*,
Aunque el rey Nezahualpützintli deseaba vivir en paz el po-
co tiempo que le restaba de gozar su señorío, todavía le fué
dañosísimo, porque la ociosidad de los soldados y gente militar,
fué causa para que muchas de las provincias que el imperio
había sujetado, se alterasen y revelasen, como en estos tiem-
pos lo hicieron los de las naciones mixtecas, tzapotecas, yopicas,
tototepecas y tequantepecas, revelándose algunas de sus ciuda-
des y provincias (que no eran de las menos importantantes),
viendo que los soldados de los presidios tierras y fronteras, todo
se les iba en ejercitar ciertos juegos, saraos y otros entreteni-
mientos dañosos y no contingentes al arte militar. ^ No tan so-
lamente en estas partes, donde convenía la vigilancia y cuida-
do que se requiere en la conservación de lo ganado, sino que
aun dentro déla misma corte del rey de Tetzcuco,se vivía con
mayor descuido y exceso de gustos y pasatiempos; por cuya
causa los sujetos y oprimidos comenzaron á buscar medios pa*-
1 Ya hemos dicho que los ejércitos de Anahuac reducían sus conquistas á
vencer á los pueblos enemigos é imponerles tributos; pero que jamás los ocu-
paban permanentemente, ni dejaban en ellos guarniciones: por lo cual luego
que recobraban sus ñierzas, se negaban & pagar esos tributos. Esta era la ver-
dadera causa de los continuos alzamientos, y no las que supone el autor.
-318 OBRAS HISTÓRICAS DE
ra poderse librar del yugo que sobre sí les tenía puesto el im-
perio, y el que más les importó fué el hallar los soldados de
sus ejércitos tan descuidados y tan dados á los placeres y gus-
tos: con que convidaron á algunos, y después de festejados les
quitaron las vidas, y á otros con mano armada los mataron y
echaron de sus tierras, como fueron los de Coixtlahuacan, Zo-
zolan, Tototepec, Tequantepec y Yopitzinco, y los otros fueron
los de las provincias de hacia Huaxaca, Tlachquiauhco, y los
de Malinaltepec, Iztactlalocan, Izquixochitepec y Tlacotepec;
por lo que, aunque el rey* de Tetzcuco había dejado el ejerci-
cio militar, en estos tiempos fué compelido á juntar sus gentes
y formar sus ejércitos, enviándolos con los de los reyes Mote-
cuhzoma y Totoqúihuatzin, que vivían con más recato y vigi-
lancia; y así fueron sobre estas provincias, y las sujetaron y re-
dujeron al imperio, volviendo cargados de despojos y cautivos
que se sacrificaron á sus falsos dioses, entre los cuales fueron
sacrificados Zetecpatl señor de la provincia de Coixtlahuacan,
Nahuixochitl señor de la provincia de Zololan, Malinal de la
de Tlachquiauhco, y otros muchos señores y capitanes que en
estas entradas y en las demás referidas de estos tiempos fue-
ron cautivos. Con que de todo punto sojuzgaron todo el im-
perio de esta Nueva España, desde los términos de los chichi-
mecas y reino de Michoacan hasta las últimas provincias que
poseyeron los antiquísimos reyes tultecas, que fueron los de
Hueymolan, Acalau, Verapaz y Nicarahua, que es todo lo que
contiene la tierra de Anahuac; y desde los cue;xtecas (que
son las provincias de Panuco) hasta llegar á Huitlapalan,
que es lo que llaman el mar Vermejo ó de Cortés, por las
costas del mar del Sur, donde se incluían grandes y esplén-
didos reinos y provincias, como fueron las de los chohuix-
cas y yopicas, cuitlatecas, chochonas, mixtecas, tzapotecas,
quaiAtemaltecas, coatzaqualcas, nonoalcas, xicalancas, totona-
ques, y. otras muchas naciones que quedaron de todo punto
rendidas, y todas debajo del imperio de las tres cabezas, que
tenía de longitud más de cuatrocientas leguas, y de latitud des-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 319
de el mar del Norte hasta el del Sur. ^ Y porque los autores
que han escrito las conquistas que estos señores tuvieron, es-
pecifícadamente no las cuentan por extenso, porque las halla-
ron en sus historias, particularmente en la monarquía indiana
que escribió el diligentísimo Torquemada, sólo refiero lo que
me pareció convenía tratar de ellas, según las pinturas y ana-
les que tengo citados. Últimamente en el año de mil quinien-
tos y catorce, fueron tan excesivas las nieves que hubo, que se
destruyeron las plantas y arboledas, haciéndose pedazos y des-
gajándose. En este tiempo se perdió el ejército de las tres ca-
bezas del imperio que iban sobre la provincia de Amantlan,
una de las rebeladas como está referido.
1 Iztlilxocliitl y otros historiadores antiguos exageran estas conquistas,
pues jamás llegaron ni & Micboacan ni & Guatemala. En el Códice Mendoci-
no pueden yerse, y lo mismo en el libro de Tributos, supuesto que cada pue-
blo vencido quedaba tributario.
CAPITULO LXXIV
Que trcUa c'ímo el rey Mjtecuhzom'* c%utelosamjníe con paoto secreto que tuvo ean la
señoría de názcala^ hizo matar toda lajlor de los capitanes y soldados del reino
de TetzcucOf con cuya ocasión se vino á señorear de todo el imperio.
Era tanta y tan insaciable la codicia que el rey Motecuhzo-
ma tenía de mandar y ser señor absoluto, que pareciéndole
menos valor tener compañeros en el imperio é iguales á él,
todo se le iba en maquinar y buscar modos, ardides y trazas
para conseguir su intento; y así en esta ocasión, que ya era en
los últimos años del reinado de Nezahualpiltzintli, hizo un he-
cho diabólico, y fué que como vido tan descuidados á los acul-
huas tetzcucanos en el ejercicio militar, y muy ocupados en fies*
tas y saraos, tuvo ocasión de enviar por medio de sus embaja-
dores á reprender al rey Nezahualpiltzintli el descuido en que
vivían los suyos, y que los dioses estaban indignados contra él
porque había cuatro años que no les sacrificaba cautivos de
las provincias de Tlaxcalan y de las otras dos de donde se sa-
caban los cautivos de que más se servían y agradaban sus fal-
sos dioses, si no era de las remotas, que forzosamente por am-
pliar y conservar el imperio habían cautivado y sacrificado,
que era lo menos acepto á ellos; demás de que con esto bo-
rraban la memoria de los heroicos hechos de sus mayores, y
manchaban la fama y gloria de los chichimecas y aculhuas sus
antepasados, y que así convenía hacer una entrada en los cam-
ToMO 11—22
322 OBRAS HISTÓRICAS DE
pos de Tlaxcalan para aplacar á los dioses, en la cual se halla-
ría él personalmente, señalando el día que había de ser la ba-
talla. El rey Nezahualpiltzintll le respondió que sus soldados no
dejaban las armas por cobardía y flaqueza de ánimo, sino por-
que era su intento pasar en paz la vida lo poco que podían
gozarla, pues tan cercano estaba el año ce Acatl de las mu-
danzas y calamidades que les pronosticaba, pero que para el
día citado iría la flor de sus ejércitos á los campos de Tlaxca-
lan á probar sus ánimos y valor: dada su respuesta, juntó á
consejo de guerra y habiendo en él tratado de lo que se debía
hacer, se juntaron todos los más valerosos capitanes y solda-
dados de sus ejércitos, y tomaron la vía de los campos de
Tlaxcalan. El rey no quizo ir en persona, por no tener algunas
contiendas con el rey Motecuhzoma que iba en persona á esta
batalla; mas envió á los infantes Acatlemacoctzin y Tequane-
huatzin sus hijos, (que habían probado muy bien ^ en las con-
quistas de las provincias remotas atrás referidas), yendo por
caudillos principales de todo el ejército tetzcucano. Motecuh-
zoma, así como supo la resolución de Nezahualpiltzintli, envió
secretamente sus embajadores á la señoría de Tlaxcalan, avi-
sándoles de cómo el rey de Tetzcuco tenía convocado todo lo
más y lo mejor de sus ejércitos, no para el ejercicio militar y
sacrificio de sus dioses conforme á la ley y costumbre que en-
tre ellos estaba establecida y guardada por ellos y por sus ma-
yores, sino con intento de destruir y asolar toda la provincia
y señorío, y hacerse señor de ella, cosa digna de gran castigo, y
que á él le culparían y tendrían por cómplice si no les avisara;
y que así procurasen juntar todo lo más y mejor de sus sol-
dados y ganar por la mano, de manera que los aculhuas no
tuviesen lugar de cumplir su intento, y que aunque él iba en
persona en su favor, más lo haría de cumplimiento que de vo-
luntad, dándoles su palabra de que en lugar de favorecer á los
aculhuas, les ayudaría por las espaldas á matarlos, siendo ne-
1 Falta aquí: su valor.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 323
cesarlo. ^ Esta embajada causó grande alteración y pena á la
señoría, viendo cuan mal cumplía Nezahualpiltzintli las obli-
gaciones que tenía á la señoría, así en conservarle sus tierras,
como defenderte y ampararte; pues lo que él poseía fué reco-
brado por la ayuda y favor de sus padres y abítelos los seño-
res tlaxcaltecas, demás de ser como eran de un linaje: y en-
viando las gracias del aviso á Motecuhzoma, se apercibieron y
aguardaron las gentes de Nezahualpiltzintli con todo cuidado
y recato, de tal manera, que una cañada donde siempre solían
hacer noche llamada Tlalpepexic, que estaba cerca del cerro
llamado Qüauhtepetl, la tenían tomada, sin ser sentidos de los
tetzcucanos, que vivían descuidados de la traición y trato do-
ble que contra ellos estaba hecho; aunque aquella tarde y aque-
lla noche tuvieron mil presagios que les representaban su total
destrucción y ruina, entre los cuales, él uno fué que vieron
por el aire que andaban remoBneando cantidad de auras so-
bre ellos, (aves que nó siguen ni buscan otra cosa, sino cuer-
pos muertos), que parecía salir de la tierra llamas de fuego, y
con ser la fuerza de las aguas se levantaban por el aire gran-
des polvaredas; y los más valerosos capitanes del ejército, co-
mo fueron Tezcacoacatl, Temoctzin, Zillaltecatl y Ecatenan, á
un tiempo todos cuatro veían entre sueños, que parecía que
estaban en la edad de su niñez, que andaban llorando tras de
sus madres para qué los recogiesen: todo lo cual les dio bien
en que pensar, y sus corazones conocían el daño que tan próxi-
mo sé les venía, y así aquella noche por desechar, ^ estuvieron
después de los sueños chocarreándose, y muy de madrugada
habiéndose levantado á tomar uñ bocado, por si en aquel día
no tuviesen lugar, sobre la rodela eri que estaban almorzando
vino por él aire un cigarrón de ojo de extraña grandeza que
dio en ella un gran golpe y quedó muerto, dividiéndose la ca-
1 Hay que desconfiar de este relato de Ixtlilxochitl, por las razones ya ex-
puestas. A su vez los cronistas mexicanos acusan á Nezahualpilli de cobarde.
2 Aquí falta: esa idea 6 esa mala impresión.
324 OBRAS HISTÓRICAS DE
beza del cuerpo. Estos capitanes á quienes les pareció muy
mal agüero, no quisieron esperar más, sino que comenzaron á
despertar sus gentes para que se armasen y saliesen de aque-
lla cañada, donde no podían aprovecharse de sus armas é in-
dustria, por 91 los enemigos les tenían hecha una celada como
en efecto se las tenían tal, y tan fuerte que asi como los vie-
ron que comenzaban á levantarse, en un instante los cercaron,,
con tantos gritos y alaridos, que no pudieron ponerse en orden
para poderse defender, y cerrando con ellos los mataron á lo-
dos, si no fueron muy pocos los que pudieron escapar y llevar
la nueva del lastimoso caso, traición y celada que contra ellos
se había hecho. Los cuatro capitanes referidos y otros muchos
hicieron hechos hazañosísimos, vengando muy bien sus vidas;
y los dos infantes viéndose rendidos de personas no confor-
mes á la calidad de sus personas, aunque mal heridos, decían
á sus contrarios que los acabasen de matar, que no consentían
entrar con ellos á su ciudad; y llevándolos vivos en su triunfo,
hicieron tanto y se iban defendiendo de tal manera, que en el
primer templo de sus falsos dioses que cerca estaba del campo
de la batalla, tuvieron por bien de matarlos allí sacrificándo-
los. Fué tanta la sangre que por aquella cañada había de los
muertos y heridos, que parecía un río caudaloso. El rey Mo-
tecuhzoma que estaba á la mira con su ejército en las faldas
del cerro que llaman Xacayoltepetl, no se movió ni los soco-
rrió, sino que estuvo quedo con sus gentes, gloriándose de ver
la matanza y cruel muerte de la flor de la nobleza tet^cucana^
donde se echó de ver ser cierta su traición. ^ Entre los que es-
caparon y llevaron la nueva triste á Nezahualpiltzintli, fué uno
de ellos Chichiquantzin famosísimo capitán, la que fué para el
rey y toda su gente muy triste y lamentada; en donde vino
el rey á satisfacerse de la traición y celada que contra él cada
1 Debemos desconfiar de esta traición que atribuye el autor á Moteczuma,
ya porque no se refiere en otras crónicas, ya porque trata siempre de poner-
lo mal.
DON FERNANDO DE ALTA IXTULXOGHITL. 325
día intentaba Motecuhzoma, porque demás de esta, por vía de
sus hechiceros y nigrománticos le había pretendido hacer mal,
y como hombre sabio y astuto se había defendido de él por
medio de otros que tenía en su corte, que eran de la facultad
diabólica. Vuelto que fué Motecuhzoma á su ciudad, mandó
que las ciudades y pueblos de la Chinampa que solían dar cier-
to reconocimiento á los reyes de Tetzcuco, no se le diesen más;
y hizo otras cosas, con que de todo punto mostró su saña, co-
mo muy especificadamente lo manifiestan los cantos que tra-
tan de esta trajedia, que se intitulan Yacuicatl.
CAPITULO LXXV
Que trata de la muerte y fin que tuvo el rey NezahualpiUxintli,
Sabido por el rey Nezahualpillzintli, cómo el rey Motecuhzo-
ma le impedía los tributos y reconocimiento que siempre á él
y á su padre le habían dado las ciudades y pueblos de la la-
guna, y otras cosas de menos precio, envió á sus embajadores
sobre el caso á requerirle, que guardase la costumbre que siem-
pre sus mayores tuvieron. Motecuhzoma con gran soberbia y
presunción les dijo á sus embajadores que dijesen á su señor»
que ya no era el tiempo que solía ser, porque si en los tiem-
pos atrás se gobernaba el imperio por tres cabezas, que ya al
presente no se había de gobernar más que por una sola, y que
él era el supremo señor de las cosas celestes y terrestres, y
que nunca nías le enviase á requerir y comunicar negocios,
porque si así lo hacía castigaría el atrevimiento. Cuando Ne-
zahualpiltzintli oyó esta respuesta tan disoluta y soberbia, fué
muy grande la pena que recibió, y más viendo que no tenía
fuerzas para poder castigar semejante locura, y vengar las trai-
ciones que contra él Motecuhzoma había hecho; y así se reco-
gió á lo más interior de sus palacios, donde triste, pensativo y
con harta pena acabó la vida, que fué en el año de mil qui-
nientos y quince, que llaman matlactli Acatl, habiendo gober-
nado cuarenta y cuatro años, y siendo de edad de cincuenta y
dos años. Sabida su muerte, aunque procuraban ocultarla, se
328 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOGHITL.
juntaron sus hijos y deudos para hacerle sus honras y exe-
quias, (hallándose en ellas todos los señores y grandes del rei-
no, con los embajadores de los reyes Motecuhzoma y Totoqui-
huatzin, y otros señores mexicanos y lepanecas), de la misma
manera que se le hicieron á su padre, que fué quemarle el
cuerpo ataviado con muchas joyas de oro, plata y pedrería, y
mucha diversidad de penachos y plumería; sacrificando en sus
honras doscientos esclavos y cien esclavas; y sus cenizas fue-
ron guardadas en una arca de oro y llevada á su sepulcro, que
•estaba en el templo mayor que había en la ciudad de Tetzcu-
•co, que era el del ídolo Huitzilopochtli. Tuvo ciento cuarenta
y cinco, hijos é hijas, y los cuatro de ellos fueron legítimos co-
mo queda referido. ^ Este fin tuvo el rey Nezahualpiltzintli, que
no tuvo menos valor y virtud que su padre; y si bien se con-
sidera le siguió casi los mismos pasos, pues fué muy severo en
guardar las leyes y venturoso en las batallas á que se halló
personalmente, aunque con su temprana muerte dejó á los su-
yos en opiniones falsas y fabulosas, y á sus hijos en disensio-
nes por no haber nombrado á ninguno de ellos por su here-
dero, aunque hay opinión que nombró al menor de sus hijos
legítimos que fué el infante Yoyontzin; cosa que no se puede
creer, porque siempre heredaba el mayor de los legítimos, sino
es que no lo merecía por algunas causas forzosas, como fué el
rey Techotlalatzin, que siendo el menor de sus hermanos he-
redó el imperio, porque siempre fué de la opinión y bando de
Quinatzin su padre, y los demás sus hermanos de la parte
de los rebeldes chichimecas y alzados contra el imperio, como
se ha visto en el discurso de esta historia.
1 Ya hemos visto, que según bu descendiente Pomar, no dejó hijos legí-
timos.
CAPITULO LXXVI
Que trata de la contienda que hubo entre los hijo* de NetahualpiUzintli sobre la su-
cestón del reino.
Luego que se le hicieron las honras funerales al rey Neza-
hualpiltzintli, dieron aviso al rey Motecuhzomay Totoquihuatzin
de Tlacopan sobre lo que se debía hacer en la elección de
nuevo rey, porque (como se ha dicho) dejaba NezahualpUtzin-
tli hijos legítimos, pero á ninguno había dejado declarado que
le había de suceder; y el á quien por herencia y mayoría le
podía pertenecer, que era Tellahuehuelzquititzin, no era apto
para poder regir y gobernar un reino tan grande como era el
de Tetzcuco, y en tiempo y ocasión que requería fuese de muy
gran valor para que pudiese resistir los golpes de la fortuna
que tan adversa se mostraba; y por otra parte Coanacochtzin
y Ixtlilxochitl, aunque tenían valor y esfuerzo, por ser meno-
res contradecían algunos el poder elegir alguno de ellos, por
anteponérseles su hermano Tetlahuehuetzquititzin, aunque de-
masiadamente hombre pacífico y muy poco dado á las armas;
con cuya discordia halló camino el rey Motecuhzoma de in-
tentar y poner por efecto que entrase en la sucesión el infante
Cacama su sobrino, hijo de su hermana mayor la señora de la
casa de Xilomenco, y así despachó sus embajadores para que
juntos con los electores y grandes del reino diesen los votos
á su sobrino, pues demás de que le queria infinito, tenía edad
330 OBRAS HISTÓRICAS DE
suficiente para poder gobernar, y que en las guerras pasadas
había probado muy bien su valor y era muy valeroso capitán;
y que habiéndose determinado el reino, todos los grandes y
señores de él se fuesen con su sobrino á la ciudad de México,
en donde quería fuese jurado como lo habían sido su padre y
abuelo. Tratada esta determinación y deseo del rey Motecuh-
zoma, aunque hubo varias opiniones, fué acordado entre todos
que juntaran á los tres infantes, Cacama, Coanacochtzin y Ix-
tlilxochitl; y en la sala del consejo real les dieron á entender
la voluntad del rey Motecuhzoma, y cómo convenía que fuese
jurado Cacama por las causas que allí alegaron. Coanacoch-
tzin á quien competía la contradicción de esta elección, por ser
él y sus hermanos los legítimos, ora fuese por amor y dema-
siada voluntad que tenía á su hermano Cacama, ^ ó por estar
del lado del rey Motecuhzoma, dio su voto diciendo que era
muy justa la elección que se hacía en su hermano Cacama,
pues lo merecía por su valor, y aunque de la parte legítima te-
nía hermano mayor, á quien competía el derecho del reino, no
era apto ni conveniente. Ixtlilxochitl mancebo de poca edad y
hornbre belicosísimo, no pudo sufrir la tiranía y extorsión que
se hacía á la parte legítima, y contradijo, esta elección y albo-
rotó á todo el senado de tal manera, que no se pudieron con-
1 Las crónicas mexicanas tienen en este punto variantes notables. Así el
P. Duran dice, que el sucesor de Nezahualpilli.ftaé Quetzalacxoyatl, que vi-
vió muy pocos años; que después siguió Tlahuitoltzin, que también vivió po-
cos años; y luego Coanacochtzin, en cuyo tiempo vino Cortés. Esto es tan
inexacto, como las apreciaciones de Ixtlilxochitl. £1 legítimo sucesor de Ne-
zahualpilli fué Cacama, y éste lo sucedió. Así consta en el mapa Tlotzin, y á
su lado tiene una leyenda mexicana que dice: Cacamatzin, el marqués llegó
en su tiempo.
Cortés mandó matar á Cacama la Noche Triste, y lo sucedió Coañacohtzin,
que también está en el mapa Tloltzin, con el nombro de Don Pedro Coana-
cochtzin. A éste lo mandó matar Cortés en la expedición de las Hibueras, y
lo sucedió Ixtlilxochitl. En el intermedio, durante la prisión del primero,
gobernó á Tetzcuco Tecocoltzin.
£n el mapa Tlotzin se ve primero á éste, con el nombre de D. Hernando
Tecocoltzin; y al último con el nombre de D. Hernando Ixtlilxochitzin.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 331
venir; y le fué fuerza á su hermano Gacama retirarse á la ciu-
dad de México á pedir favor y ayuda á su tío el rey Motecuh-
zoma, para que fuese recibido en el reino. Ixtlilxochitl después
de haber tenido grandes contiendas con su hermano Coana-
cpchtzin, que defendía y amparaba el partido de Gacama, se sa-
lió de la ciudad y se fué retirando hacia la sierra de Metztitlan,
convocando á todos los que le querían seguir, con voz de opo-
nerse contra su tío el rey Motecuhzoma por el agravio y ex-
torsión que contra el reino de Tetzcuco se hacía y contra sus
dos hermanos; y llegado que fué á aquella provincia, que los
señores de ella eran sus ayos y maestros, le dieron todo favor
y ayuda y convocaron á todas las gentes de las sierras de los
totonaques, y habiendo juntado un poderoso ejército se vino
á gran prisa sobre la ciudad de Tetzcuco, ^ y por el camino so-
juzgó y venció á los que se le oponían, y habiendo atraído
á su devoción todas las tierras y provincias que caen hacia la
parte del Norte, á unos de grado y á otros compelidos con el ri-
gor de las armas, sitió la ciudad de Tetzcuco y la de México,
poniendo sus fronteras y presidios en los pueblos de Papalo-
tlan, Acolman, Chicuhnautlan, Tecacman, Tzonpanco y Hue-
huetocan, que eran las partes por donde los mexicanos y los
de Tetzcuco le podían entrar y hacer la guerra, confrontándose
con su tío Motecuhzoma y con sus hermanos Gacama y Goana-
cochtzin. En el ínter que estas cosas pasaban, pudo tanto el
poder del rey Motecuhzoma, que de fuer ó agrado fué admiti-
do en el reino su sobrino Gacama, especialmente en las ciuda-
des y provincias que no había ocupado Ixtlilxochitl: y viendo
el rey su tío su osadía y atrevimiento, llamó á consejo de gue-
rra para atajarle log pasos y designios que llevaba, y después
de haber tratado en él muy bien de lo que se debía hacer»
imo de los capitanes más valerosos de los ejércitos mexicanos
llanaado Xuchitl, principal y natural de Iztapalapan, ofreció al
1 Las crónicas no hablan de eeta guerra, que sin duda supone el autor, pa.
xa legitimar la alianza de Ixtlilxochitl y de los totonacas con Cortés.
332 OBRAS HISTÓRICAS DE
rey de que lo prendería sin daño de sus gentes y lo traería á
su presencia, con que cesarían estos motines y alteraciones; lo
cual pareció muy bien al rey Motecuhzoma, y así quedó á car-
go de este soldado el remedio que convenía á la quietud del
imperio, y pacífica posesión que deseaba tuviese el rey Caca-
ma su sobrino. Ixtlilxochill que no se dormía, y que siempre
tenía aviso de lo que pasaba en la corte del rey su tío, salió
con un escuadrón de gente hacia los campos mexicanos, sólo
á fin de encontrarse con el capitán Xuchitl, lo cual se vinieron
á encontrar, y haciendo que sus gentes estuviesen quedas por-
que ellos dos solos querían tener la batalla y contienda que se
les ofrecía, y admitida de ambas partes, se trabó entre los dos
la pelea, y á pocos lances fué vencido el capitán mexicano y
preso por el infante Ixtlilxochitl, quien mandó que luego en la
presencia de los dos ejércitos fuese quemado vivo con carrizo
que hizo traer para el efecto; con cuya hazaña sus enemigos
desde allí en adelante le tuvieron más respeto y temor. Sabi-
do por el rey su tío el caso, mandó que lo dejasen por enton-
ces, que quería descuidarlo para prenderlo y castigarlo en me-
jor oportunidad de tiempo; mas como no prosiguiese con su
intento, sino que tan solamente tenía sitiada la ciudad de Tetz-
cuco, sin hacer daño á persona que fuese de ella, sino que an-
tes á la gente ilustre trataba muy bien, hubieron los tres her-
manos de confederarse y tratar de paces, aunque con el rey su
tío nunca quiso verse, porque le tenía muy gran odio y ene-
mistad por haber sido causa de la muerte del rey Nezahualpil-
tzintli su padre, y deseaba mucho vengarla si pudiese; que-
dando en esta sazón con el señorío y mando de todas las pro-
vincias Septentrionales y por capitán general del reino de Tetz-
cuco. Asimismo en esto atrevimiento y discordia que hubo con
sus hermanos y tíos, se alteraron muchas provincias que querían
negar la obediencia á Motecuhzoma por las demasiadas imposi-
ciones de tributos que cada día les ponía, usando más de cruel-
dad y tiranía que de piedad, como había sido costumbre entre
los reyes sus pasados; y los que esto más frecuentaban fue-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 333
ron los de las provincias de Tonacapan que llegaban hasta las
costas del mar del Norte, que parece que su Divina majestad
iba disponiendo las cosas como veía que convenía para la en-
trada de su santa fe católica en este nuevo mundo. En estos
triunfos tuvieron los ejércitos de las tres cabezas del imperio
guerra contra las provincias de Mictlantzinco y Xaltianquizco
que fueron las últimas que tuvo el imperio, y las redujeron
debajo de su dominio con las calidades que las demás que se
han referido. Las cuales guerras y conquistas sucedieron en el
año de mil quinientos y diez y seis que llamaron matlactlioce
Tecpatl.
CAPITULO LXXVII
•Que trata quién fué el invencible D, Femando Cortés primer marqués del Valle, y da
principio á sus heroicos Jieehos,
Siendo reyes de Castilla y Aragón los católicos D. Femando
y Doña Isabel, nació Fernando Cortés en la villa de Medellín
en la Extremadura (y como atrás queda referido) en el año de
mil cuatrocientos ochenta y cinco: sus padres fueron Martín
Cortés de Monroy y Doña Catalina Pizarro Altamirano, gente
noble y Hidalgos y muy aventajados en honra, aunque faltos
de hacienda. En dos años de estudio supo bien la gramática y
dio principio á oir leyes, mas luego mudó de intento, y se dio
á las armas: era muy belicoso y de pensamientos muy levan-
tados, por lo cual sus padres le dieron licencia para que pa-
sara á las Indias en busca de Nicolás de Obando, comenda-
dor de Laris, que era Gobernador de Santo Domingo; tenía
diez y nueve años cuando llegó á esta Isla, que fué en el año
de mil quinientos y cuatro por Pascua de Resurrección, donde
le pasaron varios acontecimientos prósperos y adversos en el
discurso de tiempo que allí vivió, que fueron cinco ó seis años,
dándose á granjerias hasta el de la conquista de la isla de Cu-
ba, en donde se casó con Doña Catalina Juárez, y le sucedió lo
que Francisco López de Gomarra y Antonio de Herrera cuen-
' tan en sus historias, en donde se podrá ver todo especificada-
336 OBRAS HISTÓRICAS DE
mente. ^ Yo no diré aquí más de lo que hace al propósito de la
materia que trato. Andando el tiempo adelante y prosiguien-
do el descubrimiento de las Indias, Francisco Hernández de
Córdoba hizo una jornada y descubrió la tierra firme de Yu-
catán, en el año de mil quinientos diez y siete, ^ y porque los
indios defendieron su tierra hiriendo á muchos de los españo-
les, se volvió sin hacer otra cosa más de ver la tierra: súpose
de este viaje ser rica, abastecida y en todo aventajada á la de
las islas, y dióle á Diego Vclázquez deseo de conquistarla, para
lo cual envió á ella á Juan de Grijalva su sobrino, con armada
suficiente en el año de mil quinientos diez y ocho, y llevando
consigo doscientos españoles y algunas mercaderías con que
rescató oro y cosas de precio de aquella tierra. * Gry alva detú-
vose tanto, que Diego Velázquez recelándose no se hubiese
perdido, para saber la verdad envió en su busca á Cristóbal de
Olid para que le trajese ó poblase allá, si la tierra descubierta
fuese buena, y la comenzase á conquistar. ^ Antes que Olid to-
pase con Grijalva, volvió á Santo Domingo Pedro de Alvarado,
que había ido en compañía de Grijalva, el cual dio á Diego Ve-
lázquez aviso de la riqueza grande de Yucatán y de lo mucho
que Grijalva había rescatado. Diego Velázquez oyendo estas
nuevas, pasóle gran gana de enviar á conquistar y poblar aquella
tierra, lo uno por dilatar nuestra santa fe, y lo otro por ganar
honra y riqueza, y para ello anduvo tratando con algunas per-
1 Son muy diferentes las noticias publicadas respecto al origen de Cortés.
Las Casas (Historia de las Indias. P. III. Cap. 21) dice: "To conocí á su
Padre, que era un Escudero muy pobre y muy humilde. Sin embargo él era
de antigua raza cristiana, y se ha dicho también que era gentil hombre." Ar-
gensola (Anales de Aragón. Lib. I. Cap. 18) dice, que su familia descendía
de Namés Cortesio, Rey de Lombardía y de Toscana, que casó con la hija do
FaTila, Rey de los Godos. La primera opinión me parece la más verosímil.
(Nota de Ternaux).
2 Esto pasó á 6 de Marzo de ese año.
8 Salió esta expedición del puerto de Carenas, el 23 de Abril de 1518.
4 En ninguna de estas expediciones se trataba de hacer conquistas, sino so-
lamente rescates, principalmente de oro.
DON FERNANDO DE AL VA IXTLILXOCHITL. 337
sonas de juntar gente para hacer este viaje, y no persona que
con él se acomodase, sino Fernando Cortés que tenía dos mil
ducados en el cambio de Andrés de Duero, mercader que era
discreto y de estómago para saber gobernar. Cortés aceptó
aquel negocio y le d^jo que se holgaba de juntarse con él, que
¡ría en persona al descubrimiento y conquista de esta tierra; ^ y
hechos sus conciertos y capitulaciones y sacada licencia de los
frailes Jerónimos, que tenían la gobernación de las islas, pues-
tos á punto los navios y todo lo necesario, llegó al puerto Juan
de Grijalva á tres de Octubre del año de mil quinientos diez y
ocho con cantidad de oro y plata, y con más claridad y noticia
de la tierra: con lo cual Diego Velázquez mudó luego de inten-
to pretendiendo impedir á Cortés el viaje, de que hubo entre
los dos grandes pasiones; mas Cortés á pesar del otro, dio prin-
cipio á su viaje y tomó fiados cuatro mil ducados con que
compró navios y todo lo necesario, y luego se le agregaron sus
amigos que sustentó á su costa y dio dineros: al partir hizo una
protestación ante escribano de que él iba á sus propias costas,
y que no tenía parte ninguna Diego Velázquez en aquel nego-
cio. ^ Llegado á ^ Alvarado, Olid y otros amigos de Veláz-
quez lo quisieron prender; mas él se puso en salvo en la isla
de Guaniganiga, y habiendo saltado en tierra hizo reseña de la
gente que llevaba, y halló quinientos cincuenta españoles de
pelea, ^ y más algunos indios de servicio; de los cuales hizo on-
ce compañías de cincuenta hombres, y tomó para sí el cargo
de capitán general: llevaba once navios poniendo en todos ban-
1 £n las instrucciones dadas á Cortés con fecha 23 de Octubre de 1518, no
so habla de conquista, sino solamente de rescates.
2 Esto no es exacto. Velázquez costeó la mayor parte de los gastos de la
expedición; y ya veremos adelante, cómo y cuándo se alzó Cortés con ella.
3 £n blanco en el original. Chimalpáin dice que á la Habana. Cierto es
que Velázquez mandó á Pero Barba que prendiese a Cortés; pero no lo inten-
taron Alvarado y Olid, quienes por el contrario eran sus amigos.
4 En la carta del Ayuntamiento de Veracruz al Emperador se dice que
400 soldados. (Nota de Temaux). — El verdadero número fué seiscientos seten-
ta y tres castellanos útiles para la guerra.
Tomo JI~23
338 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
deras con sus armas, que fueron unos fuegos blancos y azules,
y en medio una cruz colorada con una letra en latín que de-
cía: Amigos sigamos la cruz, porque si fe tenemos, en esta se-
ñal vencemos. Con cuyo aparato y pocos compañeros con-
quistó este nuevo mundo, y convirtió á los naturales de él á
nuestra santa fe católica y ley evangélica, que fué la más difi-
cultosa conquistada que se vido en el mundo, y no le hicieron
ventaja Alejandro y Julio Cesar, como por el discurso de esta
historia se verá, y parece muy especiflcadamente en la de los
autores que tengo citados.
CAPITULO LXXVIII
Que trata eOmo dib principio Oortéi á la eonquistj de esta nueva Bspafla hoHa llegar
dPoUmehan,
Antes que partiese Cortés á la isla de Guaniganiga, hizo una
larga y discreta plática á los suyos, trayéndoles á la memoria
el premio grande que conseguirían sus trabajos y el gran ser-
vicio que harían á Dios Nuestro Señor, si con ánimo y celo de
cristianos acudían á la conquista, más para convertir almas,
que para quitarles haciendas á aquellas naciones gentílicas y
bárbaras. Partió de esta isla el año de mil quinientos diez
y nueve á veintiocho de Febrero, ^ y dio por contraseña á los
suyos el nombre del bienaventurado Apóstol San Pedro, su
abogado; y ^ con el recio tiempo que le hizo, tomó tierra en la
isla de Acozanil, y los moradores de ella de miedo se fueron
al monte desamparando sus haciendas y casas; y entrando al-
gunos de ellos á la tierra adentro, allí trajeron á Cortés cuatro
mujeres con tres criaturas, y por señas entendió que la una de
ellas era la señora de la tierra y madre de los niños, y con el
buen tratamiento que Cortés le hizo, filé causa para que luego
1 Fué á 18 de Febrero.
2 Chimalpáin (Cap. 1?) refiere, que habiendo cuido en su infancia Cortés en
una peligrosa enfermedad, y queriendo sus padres escogerle un poderoso pro-
tector en el Cielo, echaron en suerte los nombres de los doce Apóstoles, y que
cayó en San Pedro. (Nota de Temaux).
340 OBRAS HISTÓRICAS DE
allí viniese su marido que á los nuestros albeldó y regaló mu-
cho en su pueblo; y como Cortés los vido asegurados y con-
tentos, les comenzó á predicar la fe de Cristo, rogándoles que
adorasen la cruz y una imagen de nuestra Señora, los cuales
con todo placer la recibieron y quebraron los ídolos de su tem-
plo, y en lugar de ellos puso Cortés la cruz é imagen de nues-
tra Señora, teniéndolo todo en muy gran veneración los indios,
y dejaron de sacrificar los hombres; y les dieron nueva que
hacia Yucatán había también hombres barbados como los nues-
tros: Cortés envió allá para saber si era así, y tardaron tanto los
que fueron, que no quiso Cortés esperarlos. Tomó tierra en
Yucatán en la punta que llaman de las mujeres, ^ y por parecerle
aquella tierra ruin, se fué á Cotoche, ^ mas hizo agua la Nao de
Pedro Alvarado, y para remediarla se volvió á la isla de Acu-
zami. ^ Estando en ella un domingo de mañana, primero de cua-
resma, vieron llegar una canoa á tierra, en que venían cuatro
hombres desnudos con sus arcos y flechas; y arremetiendo al-
gunos de los españoles con ellos con sus espadas desnudas,
pensando que eran de guerra, estando cerca se adelantó uno
<ie los cuatro, y comenzó á hablar en español y dijo: señores
^sois cristianos? de que se maravillaron los nuestros y respon-
•dieron: sí somos y españoles. Entonces se puso de rodillas y di-
jo llorando de placer: infinitas gracias doy á Dios que me ha
sacado de entre infieles y bárbaros. ¿Qué día es hoy señores?
que yo pienso que es miércoles. Respondiéronle que no era si-
no domingo. Levantóse en pie y Andrés de Tapia lo llevó con
los demás muy alegres á Cortés, el cual le preguntó ¿quién era
y cómo había venido allí? Dijo que se llamaba Hyerónimo de
Aguilai' y era natural de Eziga, y que en el año de mil quinien-
1 No era punta: es la isla de Mujeres.
2 Catoche: áQcotoeh,
8 La isla de Acuzamil, que los historiadores españoles han llamado Cozu-
mcl, era el principal santuario de los habitantes de Yucatán: de toda la pro-
TÍncia iban ahí en peregrinación. Su nombro quiere decir la Isla de las Go-
londrinas. (Nota do Tcmaux).
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 341
tos once, viniendo del Darien ó Santo Domingo por dineros pa-
ra la guerra que hacían cuando las contiendas de Diego de Ni-
queza y Basco Núñez de Balvoa, dieron al través en una cara-
vela junto á Jamaica, y por guarecerse se metieron veinte
personas en un Batel, de los cuales murieron siete en la mar
y los trece tomaron la provincia de Maye, ^ en donde fueron
presos de los indios, y vinieron á poder de un crudelísimo ca-
cique que se comió á Baldivia después de haberlo sacrificado,
y á otras cuatro, haciendo un banquete á sus amigos y criados,
y Aguilar y los demás quedaron á engordar para comerlos en
•otra ocasión; pero soltáronse de la prisión y vinieron á poder
de un cacique grande enemigo del otro que los tuvo presos, el
cual los trató muy bien mientras vivió, y lo mismo hicieron sus^
herederos; que todos sus compañeros se habían muerto, y na
había quedado más que él y un Gonzalo Guerrero, que se casó
en aquella tierra, quien estaba muy rico y no quiso venir con
él, porque tuvo vei^üenza de que le viesen las narices horada-
das al uso de la tierra. De estas nuevas se holgaron todos mu-
cho, aunque les puso gran temor oir, que iban á tierra donde
se comían los hombres. Importó mucho á Cortés el haber to^
pado con Aguilar, porque siempre le sirvió de lengua, y sin él
se tuviera grandísimo trabajo; y así tuvieron por milagro el de-
tenerse por el desmán que tuvo la Nao de Alvarado, pues de
otra manera no toparan con él. Otro día después Cortés man-
dó á Jerónimo de Aguilar predicase á los indios la fe de Cris-
to pues sabía su lengua, y lo hizo tan bien, que por sus amo-
nestaciones se acabaron de convertir, los cuales tenían una
Cruz por Dios que llamaban el Dios de la lluvia. Partidos de
Acuzamí tomaron puerto en el río Tabasco que se llama de Gri-
jalva, por haber estado allí primero, y entrando Cortés por
el río arriba reconoció un pueblo cercado de madera con sus
troneras para tirar flechas, y salióle al encuentro mucha gente
armada en canoas, que peleó con ellos hasta venir á ganar
1 La península maya.
342 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXLTILXOCHITL.
aquel pueblo que se decía Potonchan, que fué el primero que
se ganó en la tierra firme de las Indias: durmió Cortés aquella
noche dentro del templo mayor con todos sus compañeros sin
recelo, por haber los indios desamparado el lugar, y otro día
envió por tres partes á reconocer la tierra, con deseo de haber
algún natural de aquella tierra para informarse de los particu-
lares de ella, y para con él enviar á llamar al cacique sobre
seguro: trajéronle tres ó cuatro que despachó muy contentos
para su señor, y rogáronle mucho que viniese sin temor, por-
que él no venía para agraviarle, sino para declararle grandes
secretos; y aunque anduvieron dos días yendo y viniendo, nun-^
ca el cacique se quiso dejar ver.
CAPITULO LXXIX
Que trata de leu cosas que le acaecieron á Cortés hasta llegar d la Veraentz,
Cortés despachó otra vez tres de sus caudillos á comprar vi-
tualla y descubrir tierras, y andando ocupados, los indios les
salieron con mano armada, y hirieron á muchos de los espa-
ñoles y mataron algunos de los naturales de Cuba, y les suce-
diera muy mal, si Cortés no fuera luego á socorrerlos. Otro
día siguiente puso quinientos hombres en el campo con trece
caballos y algunas piezas de artillería, y yendo marchando su
ejército por unas labranzas, salieron al encuentro cuarenta mil
hombres con los cuales peleó, y aunque con dificultad y gran
trabajo los venció, en donde según lo que les pareció á los del
ejército, se apareció el glorioso apóstol Santiago en un caballo
blanco peleando, que fué la primera vez que en favor de los
cristianos se apareció en esta conquista, aunque Cortés dijo
siempre ser el bien aventurado príncipe de los apóstoles San
Pedro su abogado, á quien siempre dedicó sus pensamientos y
deseos, invocándole en todas las ocasiones y lances peligrosos en
que se vido. ^ Quedaron heridos sesenta españoles, aunque luego
hubo tratos de paz entre los nuestros y naturales. Tabasco ^
1 Kstix filó la batalla de Centla.
2 El verdadero nombre de este cacique era Tabzcoob, del cual los españo-
les hicieron Tabasco.
344 OBRAS HISTÓRICAS DE
que era el más principal señor de aquella tierra, con to-
dos los suyos caciques y señores, se dieron por amigos de Cor-
tés, y le abastecieron con muchos mantenimientos su ejército,
presentándole cierta cantidad de oro. Preguntóles Cortés ¿dón-
de lo habían y si tenían mucho? A lo que le dijeron que no
tenían minas ni las querían, porque su cuidado no se ocupaba
en hacerse ricos, sino en vivir contentos; mas que hacia don-
de el sol se ponía, si buscaban oro lo hallaría: y entre otras ra-
zones que trataron, dijeron que entre todos los que habían
peleado á caballo, el delantero les había espantado y atemori-
zado mucho; por donde se echó de ver y conñrmar el milagro
de haberse aparecido uno de los doce apóstoles. Y habiendo
Cortés dado á entender la causa de su venida, que era en ra-
zón de enseñarles la ley evangélica y sacarlos de la ceguedad
en que vivían, que para el efecto le enviaba el rey de España
su señor que era el mayor del mundo, y habiendo puesto en
el templo mayor de la ciudad de Potonchan una cruz con gran
gozo de los naturales, y hallándose á la fiesta y ceremonias
del día de Ramos, infinitas gentes dieron la obediencia al rey
de España dándose por sus amigos y vasallos, que fueron los
primeros que tuvo la corona real de Castilla en estas partes.
Llamóse Victoria por los nuestros aquella ciudad, de donde se
partió Cortés á descubrir; y prosiguiendo su viaje, llegó á un
río grande llamado Papaloapan, y por haber sido el primero
que lo descubrió Pedro de Alvarado, se llamó de su nombre;
y siguiendo la costa de Poniente llegaron á San Juan de Gu-
lua (que hoy día se llama Ulúa) el Jueves de la Cena, y antes
que surgiesen, Teotlili gobernador de aquella costa, puesto por
los señores del imperio, envió en dos canoas á unos criados
suyos á preguntar por el caudillo y cabeza de aquella flota
¿quién era y á qué iba? Cortés los recibió muy bien, y habién-
doles regalado, los despachó enviándole á decir al gobernador
que no temiese ni se alborotase, porque su venida no era á
otra cosa sino á traerle nuevas de mucho gusto, de que él se
holgaría. El Viernes Santo tomaron tierra, y se alejaron en
\
DON FERNANDO DE ALVA EXTLILXOCHITL. 345
unos arenales, en donde es ahora la Veracruz, y desde enton-
ces se le dio este nombre, por haber llegado en Viernes de la
Cruz, en donde los vinieron á ver muchos indios, con quienes
rescataban oro y plumerías de mucho precio por tijeras y al-
fileres, cuentas de vidrio, y otras cosillas de quinquillería y po-
co precio, aunque Cortés mandó luego pregonar que nadie
rescatase oro, porque los indios no entendiesen que ellos no
iban á otra cosa. De allí á dos días que fué el lunes de Pascua
de Resurrección, vino el gobernador con cuatro mil hombres
que le acompañaban, cargados de bastimentos que dio á Cor-
tés, con algunas preseas y joyas de oro bien ricas, el cual le
abrazó y dio un sayo de terciopelo y otras cosas de colonería
que las estimó mucho; y no entendiendo Aguilar aquella len-
gua, fué Dios servido de remediar aqueste inconveniente, con
que se halló una de las mujeres que el señor de Potonchan
había dado á Cortés, que sabía muy bien la lengua, porque era
natural del pueblo de Huilotlan ^ de la provincia de Xalatzinco I
hija de padres nobles y nieta del señor de aquella provincia, y *
siendo niña unos mercaderes la hurtaron en tiempo de guerra
y la fueron á vender á la feria de Xicalanco que está cerca de
la provincia de Coatzacualco, y de mano en mano vino á pa-
rar en poder del señor de Potonchan, que después, como di-
cho es, la dio á Cortés, á la cual con alhagos y buen tratamien-
to convirtió y se volvió cristiana, llamóse Marina, y con ella
las demás compañeras que fueron las primeras que hubo en
esta nueva España, y sirvió después de intérprete juntamente
con Aguilar, porque Cortés decía lo que quería á Aguilar y él
en lengua de Potonchan y Tabasco se lo interpretaba á Mari-
na, y ella que sabía muy bien esta lengua, la interpretaba en
la mexicana; aunque en breves días aprendió la castellana, con
que escusó mucho trabajo á Cortés, que parece haber sido ca-
so milagroso, y muy importante para la conversión de los natu-
rales y fundación de nuestra santa fe católica. Marina andando
1 Bl verdadero nombre de este lugar es 01 uta.
346 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL.
el tiempo se casó con Aguilar. ^ Aquel día que llegó el gober-
nador Teotlili comió con Cortés, después de haberle dicho có-
mo toda aquella tierra estaba á su cargo por las tres cabezas
del imperio, y que era criado del emperador Motecuhzoma,
gran señor de la ciudad de México Tenochtitlan; que le diese
parte de su venida, para avisar de ella á su señor y á los de-
más del imperio. Mandó Cortés á Marina que le dijese, como
él era embajador del rey D. Carlos de España señor del mun-
do, y que venía á visitarle de su parte y decirle algunas cosas
en secreto que traía por escrito, que su señor se holgaría de sa-
berlas, y que así se le avisase luego para ver en dónde mandaba
diese la embajada que traía. Teotlili respondió que se holgaba
mucho haber sabido que hubiese otro señor tan grande como
Motecuhzoma, según decía que era el rey de España; pero que
no creía que hubiese otro en el mundo que igualase á Mote-
cuhzoma su señor, y que le daría aviso de su venida para sa-
ber lo que mandaba. Corles le preguntó ¿si Motecuhzoma te-
nía mucho oro? porque era bueno para el mal de corazón, y
que algunos de los suyos estaban lisiados de él. Teotlili res-
pondió que sí tenía: el cual luego hizo pintar en unas mantas
de algodón el talle de los españoles, caballos, navios y todo lo
demás que Cortés traía, y razón á lo que venía, y despachó con
toda diligencia sus mensajeros para México á dar aviso de todo
á Motecuhzoma su señor, á Cacama que era rey de Tetzcuco
y á Totoquihuatzin de Tlacopan, y fué el despacho con tal bre-
vedad, que en un día y una noche llegó allá. Teotlili se volvió
á Cuetlachtlan donde residía, y dejó con los nuestros áCuillal-
pitoc y otros capitanes con dos mil personas para el servicio y
regalo de los españoles.
1 Aguilar era clérigo subdiácono, y así no casó ni pudo casar con Marina,
que casó con Juan Xaramillo, uno de los soldados de Cortés, cuando fueron al
viaje de las Hibueras. Mírese la conquista de D. Domingo de San Antón,
al fol. 198. — Nota mai^inal en el original.
CAPITULO LXXX
Qite trcUa de ¡cu cosas que hizo el rey Moiecuhzomn con la nueva de la venida de Cor-
tés y sus compañeros; y de cómo Cortés se ir\formó de los bandos que habla en esta
tierrcu
Llegados que fueron los mensajeros de Teotlili á la ciudad
de México, fué grande la confusión y temor que causó al rey
Motecuhzoma, viendo que ya se empezaban á cumplir las pro-
fecías de sus pasados: citó á consejo á todos los señores del
imperio para tratar lo que se debía hacer, y juntos les propu-
so todo lo que en el corazón le daba, y que si aquellos hom-
bres orientales que habían llegado por ventura eran el Dios
Quetzalcoatl y sus hijos que de tantos siglos esperaban, sien-
do así era fuerza que se habían de señorear de toda la tierra,
y á ellos desposeerlos de ella, y que así sería bien atajarles los
pasos, y no consentir que en su corte entrasen; ó si como ellos
decían, que eran embajadores de un gran señor del mundo en
donde sale el sol, sería bien recibirlos y oírles su embajada.
Todos los reyes y señores que se hallaron en esta junta estu-
vieron unos con otros debatiendo el caso un gran rato, y vien-
do el rey Motecuhzoma que no se acababan de resolver, dijo
á su hermano Cuitlahuac, que con licencia del rey Cacama bu
sobrino á quien competía el primer voto, le dijese lo que sen-
tía como hombre más experimentado en negocios. Cuitlahuac
dijo: Mi parecer es, gran señor, que no metáis en vuestra casa
348 OBRAS HISTÓRICAS DE
quien os eche de ella, y no os os digo ni aconsejo más. El rey
Cacama le dijo: El mío es que si vuestra alteza no admite la
embajada de un tan gran señor como dicen que es el de Es-
paña, es muy gran bajeza suya y nuestra y de todo el impe-
rio, pues los príncipes tienen obligación y es ley de dar audi-
torio á los embajadores de otros; que cuando ellos vengan corv
trato doble, por esto tiene en su corte soldados y capitanes va-
lerosos que le defenderán, y muchos parientes y amigos que-
miren por su honra, y castiguen cualquiera traición y desaca-
to; y si esta nueva gente que ahora ha venido, vienen con alguna
novedad y tiranía, mientras más breve entrasen en su corte á
su embajada ó á mostrar su intento, lo tengo por más acerta-
do que no detenerles é impedirles su venida, por muchas cau-
sas y todas muy en menosprecio y daño de la grandeza y ma-
jestad del imperio, porque los embajadores viendo que se les
impide su entrada, conocerán flaqueza y poco ánimo en vues-
tra alteza y en todos los del imperio, pues no admite en su
corte á cuatro extranjeros, con que se les aumentaría el ánimo
de su osadía é intención de alterar la tierra; y en este discurso
podrán echar de ver las faltas y defectos que hay en su corte,
y quién es amigo ó enemigo, y aún de aquí se podía seguir,
levantar muchas provincias que están sujetas y oprimidas; y
así en cualquier acontecimiento conviene no dilatar la venida
de estos embajadores, antes que abran los ojos y escudriñen
los secretos del imperio; y este es mi parecer. A todos los se-
ñores de ánimo y coraje les pareció muy bien lo que el rey Caca-
ma había dicho, y no creo que se engañaban; mas el rey Mote-
cuhzoma con otros señores de su corte tomaron por mejor el
consejo de Guitlahuac, y así Motecuhzoma procuró por todas
instancias impedir la entrada de Cortés y los suyos, y dando la
respuesta á los mensajeros de Teotlili se volvieron, y dentro
de ocho días llegaron á la Veracruz con ricos presentes de oro
y mantas de algodón, con la respuesta de Motecuhzoma y la
bien venida que le daba Cacama rey de Tetzcuco Aculhuacan
y Totoquihuatzin de Tlacopan, enviándole á decir que se hol-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 349
gabán mucho de tener noticia y de saber de un tan grande y
poderoso señor como era el de España, y mucho más el dig-
narse de ser sus amigos, de que se tenían por muy dichosos,
y lo mismo de que en sus días hubiesen venido nuevas gentes
de tanto valor y nunca vistas en su imperio; ^ por tanto, que ro-
gaban al embajador viese lo que había menester para que fue-
se proveído de todo bastantemente: y que en cuanto al ir á su
corte y verse con Motecuhzoma su tío y con ellos, que no ha-
bía lugar ni orden porque estaba Motecuhzoma impedido y
mal dispuesto para poder ir á la costa, ni Cortés ir á la corte,
por ser el camino largo y fragoso, y por 61 había pobladas al-
gunas gentes bárbaras y crueles enemigos de los mexicanos y
aculhuas. Habiendo oído Cortés la razón de los mensajeros, é
intento que el rey Motecuhzoma tenía, tornó á replicar que en
ninguna manera dejaría de verle, ni haría lo que debía á su
rey ^ y le tenía mandado: con lo cual Teotlili envió segunda vez
sus mensajeros; y en este medio tiempo llegaron otros em-
bajadores de Ixtlilxochitl en competencia contra sus herma-
nos y el rey Motecuhzoma su tío, á dar la bienvenida á Cortés
y á los suyos y á ofrecérsele por su amigo, dándole noticia del
estado en que estaban las cosas del imperio, y el deseo de ven-
gar la muerte de su amado padre el rey Nezahualpiltzintli, y
libertar el reino de poder de tiranos, enviándole algunos do-
nes y presentes de oro, mantas de algodón y plumería. De que
se holgó infinito Cortés saber las alteraciones y bandos que ha-
bía entre estos señores, porque Motecuhzoma los tenía des-
contentos y como tiranizados, y vio luego abierto el camino
para la felicidad, que después le sucedió, y que juntándose con
uno de los bandos, se consumirían ellos entre sí, y él se haría
señor de entrambos. Dentro de diez días volvieron los mensa-
1 La3 intenciones quo desde el principio de la conquista atribuye el autor á
los tetzcucanos, son suyas propias; y por lo tanto excusan comentarios.
2 Aquí quiso el autor expresar la idea contraria: es decir, que no dejaría de
hacer lo que debía á su rey.
350 OBRAS HISTÓRICAS DS
jeros con la resolución de la voluntad de Motecuhzoma, que
era que no porfiase Cortés de verle, ^ llegar á México: con que se
concluyeron razones, y viendo Cortés la resolución de Mote-
cuhzoma y que su gobernador le había desamparado, determi-
nó poblar en aquella tierra y conquistarla de propósito; y pro-
veyéndose de bastimentos y otras cosas necesarias de aquellos
lugares comarcanos, comenzó á edificar una Villa, en donde
después de haber platicado con los suyos de lo que convenía
al buen suceso de su venida, llamó á Francisco Hernández es-
cribano real en presencia de todos, y por auto solemne tomó
posesión de toda la tierra en nombre del rey D. Carlos nues-
tro señor de gloriosa memoria: nombró por alcaldes á Alfonso
Fernández Portocarrero y á Francisco de Montejo, y Regi-
miento, Procurador, Alguacil, Escribano y todos los demás ofi-
cios á cumplimiento de cabildo entero, y en nombre del rey
les entregó las varas, y puso nombre al concejo la Villa rica
de la Veracruz. Tras de este hizo otro auto ante el mismo es-
cribano y alcaldes nuevos, en que dejó y cedió en manos de
ellos, como justicia real y ordinaria, el mando y cargo que te-
nía de capitán y descubridor, que le dieron los frailes Hyeró-
nimos en la isla Española en nombre de su majestad; ^ y que se
desistía y apartaba del poder que tenía de Diego Velázquez go-
bernador de la isla de Cuba, por cuanto ninguno de ellos te-
nía mando ni jurisdicción en esta tierra, que él y ellos acaba-
ban de descubrir, y comenzaban á poblar en nombre de su
majestad, como sus leales vasallos; y se le dio todo por testi-
monio. Y habiendo aceptado todos sus oficios, hicieron su
Ayuntamiento y ordenaron algunas cosas tocantes á la buena
1 Aquí fulla la conjunción y.
2 No 68 cierto que los frailes Jerónimos dieran ningún mando á Cortee,
quien no tenía más representación que la de Diego Velázquez. Por eso Cor-
tés, con gran habilidad, fundó la villa, y renunció sus poderes ante un Ayun-
tamiento que él mismo había nombrado, y que á su vez en nombre del rey lo
hizo capitán y gobernador. Así desaparecía la personalidad de Velázquez, y
se legitimaba la situación de Cortés.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 351
gobernación de su república, y en nombre de su majestad
nombraron por gobernador y capitán general á Fernando Cor-
tés, para que tuviese el supremo lugar, hasta en tanto que el
rey mandase otra cosa; é importunado Cortés aceptó el oficio,
el cual lo usó con tantas ventajas y magnificencia, que no le
hizo ventaja el Magno Alejandro, ni Julio Cesar, ni otro nin-
guno capitán de los famosos que ha habido en el mundo, co-
mo más largamente se verá en las historias de los autores
que tengo citados, y otros muchos que han tratado del descu-
brimiento, conquista y pacificación de esla tierra.
CAPITULO LXXXI
Que trata de cómo te vido (Jortéa eon el tenor de Oempoalan y con el de QuiahuizOan^
y la liga y retolueión que contra Jfotecuhzoma le ofrecieron.
Determinóse Cortés de ir á Cempoalan, y durmió la noche pri-
mera cerca de un río, y el día siguiente vinieron á él de parte
del señor de aquella provincia cien hombres cargados de co-
mida y regalos, enviándole á decir que perdonase, que no ha-
bía podido salir á recibirle por ser hombre muy grueso y pe-
sado, que fuese muy bien venido, y que en su casa le aguar-
daba. Almorzaron de aquella comida, y se fueron á Cempoalan
en donde fueron bien recibidos en las casas del señor; ^ y al
otro día siguiente los visitó y les dio un presente de oro, man-
tas y plumería, y no hizo más de visitar á Cortés, y sin tratar
de otro negocio se volvió, y luego les hizo un convite muy sin-
gular con diversos potajes y regalos. Pasados algunos días en-
vióle á decir Cortés, que si gustaba le quería visitar: respondió
que fuese en muy buena hora; y así Cortés con cincuenta de los
suyos le visitó, y dio al cacique particular cuenta de su venida,
á qué ñn y efecto; y cuando hubo acabado de hablar, le respon-
dió por lengua de Marina un largo razonamiento, tratando
particularmente de los negocios de su remo, y como él y sus
1 Sn Cempoalan fueron alojados los españoles en el teocalli, porque por
dioses los tenían.
Tomo 11-24
354 OBRAS HISTÓRICAS DE
pasados habían tenido perpetua paz, hasta que últimamente Mo-
tecuhzoma los había tiranizado, y él y los suyos cada día le
hacían mil agravios, y que por salir de poder de tiranos, se
holgarían él y otros muchos de los señores de las provincias
comarcanas de revelarse contra México y confederarse con el
rey de Castilla, pues aunque era gran señor y poderosísimo
Motecuhzoma, tenía muchos enemigos, especialmente Ixtlilxo-
chitl su sobrino que estaba revelado contra él; y los de Tlax-
calan, Huexotzinco y otros pueblos muy poderosos tenían con-
tinua guerra contra él; y que si Cortés se confederaba con ellos
se ai-maría una liga contra Motecuhzoma, que no pudiese de-
fenderse de ellos. A Cortés le pareció muy bien todo esto, y
ofreció todo favor, diciendo que la principal causa de su veni-
da, no era sino á deshacer agravios y castigar tiranías. El ca-
cique ó rey de aquella provincia, entre otros muchos presentes
que dio á Cortés, fueron ocho doncellas hijas de hombres nobles,
y entre ellas una sobrina suya; y volviéndose Cortés por dife-
rente camino á la mar, entró en la ciudad de Quiahuiztlan, ^ ca-
becera de otra provincia, que estaba puesta en un cerro; donde
asimismo fué recibido del cacique señor de ella, y tratáronlo
lo mismo que en Cempoalan: ^ estando allí Cortés llegaron unos
cobradores de los tributos de Motecuhzoma, de que se alteró
el señor, temiendo que Motecuhzoma no se enojase por haber
recibido gente extranjera en su tierra; mas Cortés que echó de
ver esto, le animó, y para que viese la poca estimación que ha-
cía de que Motecuhzoma se enojase, y también por dar prin-
cipio á la rebelión y liga, prendió á los cobradores, y á la no-
1 Quiahuiztlan estab* cerca de Cempoallan, y se iba de una á otra por tierra.
En Quiahuiztlan fué donde Cortés edificó la Villa: así es que anda equivoca-
do el autor al fin de este capítulo, cuando dice que Cortés partió de Quiahuiz-
tlan para ir á edificar la citada Villa.
2 Me parece oportuno advertir, que esta Cempoallan estaba en la costa, en
^1 Totonacapanj y que había otra Cempoallan cerca de Tetzcuco. No hay que
confundirlas, como lo hace el autor al hablar de los pueblos que ayudaron á
Nez^ualcoyotl; pues tratándose de la segunda, supone que lo auxiliaron los
totonacas de la primera.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 355
che dio orden como se soltasen dos de cuatro que había pre-
sos, y traídos ante sí, los envió á Motecuhzoma para que de su
parte le dijesen que le pedía encarecidamente fuese su amigo,
porque de serlo se le seguirían grandes provechos, y vendrían
á su noticia secretos y misterios nunca oídos. Otro día que
vio el señor de Quiahuiztlan, que los dos de los cobradores se
habían ido y que se quejarían contra él á Motecuhzoma, no
tuvo otro remedio sino revelarse contra él al descubierto, y
así envió mensajeros avisando á los pueblos que eran de su
valía y nación, que tomasen las armas, y no pagasen tributos
á México: todos se alzaron y rogaron á Cortés que fuese su
caudillo, que ellos pondrían en el campo cien mil hombres de
guerra. Fué muy grande el gusto que de esto recibió Ckírtés,
porque vido que ya tenía revuelta toda la tierra, que quedaba
por amigo entre ambas partes, y que podía engañarlos con es-
te doblez; en cuya destreza y hazaña estuvo todo el punto de
su buena ventura, porque por aquí se le abrió el camino para
alcanzar todo lo que pretendió, hasta sujetar el imperio; y con
esto se partió de Quiahuiztlan parala Villa Rica donde estaban
los navios, y comenzaron todos á edificarla.
CAPITULO LXXXII
-Que trata de lo más que le nteedió d Cortés en la Tilla Riea^ y quema de lo9 navloe.
Traía Fernando Cortés á todos los de su ejército muy ocu-
pados en la obra y edificación de la Villa Rica, y en su ayuda
muchos naturales de los amigos y reducidos á su banda; y es-
tando en la mayor fuerza de esta obra, llegaron dos sobrinos
de Motecuhzoma con cuatro ancianos por sus consejeros, que
iban de parte de Motecuhzoma y Gacama con un presente de
oro muy rico, diciéndole que los señores mexicanos estimaban
en mucho haber soltado á sus criados, y de presente le rogaban
hiciese soltar á los otros dos que habían quedado en prisión;
que ellos perdonaban el delito, y pues tenía intento de verse
con Motecuhzoma, que ya él daba orden de cómo lo pudiese
ver, y que se aguardase un poco, que presto le enviaría aviso
de su ida. Después de haberlos despachado, comunicó con el
señor de Quiahuiztlan lo que le había pasado con los embaja-
dores de Motecuhzoma, y como por su respeto no se atrevían á
castigar el desacato; y que así el rey y todos los de su valía vi-
viesen muy seguros de su libertad, y que no ocurriesen con
sus tributos á los señores mexicanos, que él los defendería. C!on
este trato y ardid trajo Cortés á Motecuhzoma y á todos enga-
ñados muchos días, comenzándose á mover algunas guerras,
especialmente los de Cempoalan contra los de Tizapantzinco,
«n donde estaba la fuerza y guarnición del imperio para ase-
358 OBRAS HISTÓRICAS DE
gurar toda aquella tierra. Cortés fué luego con sus gentes en
favor de los de Cempoalan, y peleando con los del ejército del
imperio, se fueron recogiendo hasta cercarlos en Tizapantzin-
co; y aunque se defendieron, fué ganada la ciudad y fuerza.
Cortés no permitió que matasen á ninguno de los moradores
de ella, ni la saqueasen, por no disgustar á Motecuhzoma: con
cuya hazaña quedó toda aquella tierra libre y exentos de pa-
gar tributos, y quedaron muy - obligados de servir siempre á
Cortés. Al tiempo que él llegó á la Veracruz, halló que habían
llegado setenta españoles, y ^ caballos y yeguas, so-
corro muy necesario para la ocasión presente: hizo reseña de
la gente que tenía, y de lo que se había ganado, sacó el quinto
que envió á su majestad con Alonso Hernández Porto-Carre-
ro y Francisco Montejo, y escribió al rey una larga relación de
sus cosas, 2 pidiéndole le hiciese merced de sus servicios, y pro-
metiendo conquistar, pacificar toda esta tierra, y prender ó
matar á Motecuhzoma; y el regimiento le envió á suplicar, tu-
viese por bien de confirmar el oficio que á Cortés habían dado
de capitán y justicia mayor. A esta sazón algunos de los ami-
gos de Diego Velázquez murmuraban en razón de decir, que
había usurpado aquel oficio y negado la obediencia de Die-
go Velázquez, con que se comenzaron á amotinar. Cortés pren-
dió á los más principales de ellos que hizo ahorcar á los dos,
y á los demás los hizo azotar, con que cesó el motín; y comen-
zó á dar orden de la ida que quería hacer á México, pues no
servía de nada todo lo hecho, si no se veía con Motecuhzoma
y lo rendía, de donde había de sacar honra y fama inmortal:
muchos rehusaban esta entrada porque les parecía temeridad,
más que esfuerzo, ir quinientos hombres entre millones de-
1 En blanco en el original.
2 Esta primera relación de Cortés, 6 se ha perdido ó no la escribió. Yo me
inclino á esto último, porque siempre se ha tenido por primera la que envió el
Ayuntamiento, aunque acaso la escribió el mismo Cortés. Confirma esta idea
el códice manuscrito de las relaciones, que hoy es de mi propiedad, pues en él
está como primera la citada del Ayuntamiento.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLIUCOCHITL. 359
enemigos, siendo todos los más contrarios á la opinión de Cor-
tés; y viendo que sus ruegos ni sus buenas razones les con-
vencían, hizo una de las mayores hazañas que jamás se ha
visto en el mundo, que hombre tal intentase, y fué sobornar
con dineros y grandes promesas á ciertos pilotos, para que es-
tando con los más de su ejército le entrasen á decir, que se
comían de broma sus navios, y que no estaban para navegar;
y á ciertos marineros (con quienes asimismo tenía hecho este
trato secretamente), que barrenasen por debajo los navios, pa-
ra que se fuesen á fondo: los cuales todo lo hicieron de la for-
ma como se trazó, y él hizo grandes extremos y afligióse tan
deveras, que nadie entendió la trama por entonces: y habién-
dole dicho que no tenían remedio, les dijo que diesen orden
de aprovechar siquiera, la madera y la jarcia; y así quebraron
luego cuatro navios de los mejores: y antes de proseguir echa-
ron de ver el trato doble que en esto había, y comenzaron to-
dos á murmurar de él y á impedir que no se quebrasen los
demás; pero á mal de su grado hizo quebrar los demás, no de-
jando más de tan solamente uno; y en la plaza hizo juntar á to-
dos los que vido andaban disgustados y tristes, y les propuso
una plática en donde les satisfizo las causas que le habían mo-
vido á quebrar los navios, posponiendo su propio interés, pues
le habían costado su dinero, y que otra hacienda no le quedaba;
y habiéndoles dichomuchasrazones para persuadirlos y animar
á la entrada de México, concluyó con decirles que ya no había
remedio para volverse, pues los navios estaban quebrados; ^ y
que ninguno sería tan cobarde ni tan pusilánime, que querría
estimar su vida más que la suya, ni tan débil corazón que du-
dase de ir con él á México, donde tanto bien le estaba apare-
jado; y que si acaso se determinaba alguno de dejar de hacer
este viaje, se podía ir bendito de Dios á Cuba en el navio que
1 Es curioso que en el título de este capítulo se hable de la quema de los
:^ .víos, ful ula con que el yulgo sustituyó su echada á pique, y que en el tex-
to se refiera que fueron barrenados, la cual es la verdad histórica. Esto hace
suponer que ese título, y tal vez los de otros capítulos, sean de diversa mano.
360 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
había dejado, de que antes de mucho se arrepentiría y pelaría
las barbas, viendo la buena ventura que esperaba le sucede-
ría: ocupó á todos tanto la vergüenza, que no hubo ninguno
que no prometiese de seguirle hasta la muerte, alabando mu-
cho lo hecho. Antes que se partiese para México, apercibió á
todos los amigos que estaban revelados contra Motecuhzoma,
que eran entre ciudades y pueblos más de cincuenta, en don-
de se podrían sacar en campo otros tantos mil hombres en su
favor; y dejando siempre cincuenta hombres en la Villa, con
los demás se salió por la vía de México, habiendo allanado los
impedimentos que Francisco de Garay le había puesto estor-
bándole sus negocios, que había venido de Cuba para el
efecto.
CAPITULO LXXXIII
<¿ue traia de la salida que hizo Corté* para ir tobre México^ y lo que por el camino
le sucedió.
La primera jornada que hizo Ck)rtés con su ejército fué á
Cempoalan que llamó Sevilla, en donde derrocó los ídolos, y
puso en los templos imágenes y Cruz: partió de allíen diez
y seis de Agosto del mismo año de rail quinientos diez y nue-
ve, con mil indios de carga y mil trescientos de guerra, llevan-
do consigo ciertos rehenes, y en su compañía cuatrocientos
españoles, quince caballos, y siete tirulos: tres días caminó por
tierras de los amigos, muy servido y festejado, y el mismo aco-
gimiento se le hizo en las de la parte de Motecuhzoma, porque
de todos era amigo por su buena destreza y ardid; y habiendo
andado tres días en unos desiertos sin agua ni comida llegó á
Zacatlan, en donde fué recibido de Olintetl señor de allí, en
nombre de Motecuhzoma, con mucha ñesta y regocyo; y por
lengua de Marina les predicó la fe de Cristo, y dio noticia del
rey de España, y se informó de la grandeza y riqueza de Mote-
cuhzoma, del poder y majestad de su imperio y corte, y del si-
tio y asiento déla ciudad de México. Estuvo en* Zacatlan siete
días, derribó los ídolos y puso cruces, como lo hacía en las
demás partes, y desde allí envió cuatro de los de Cempoalan á
Tlaxcalan, haciendo saber á la señoría de aquella provincia su
ida y el efecto de ella, entendiendo que por ser enemigos del
362 OBRAS HISTÓRICAS DE
imperio le recibirían bien; y lardándose los mensajeros, se sa-
lió de Zacatlan Cortés sin esperar á los mensajeros, y habien-
do pasado una cerca grande topó con quince hombres con sus
rodelas y macanas, que eran espías, y viéndose oprimidos de
los de á caballo, echaron mano á las espadas y empezaron á
pelear bravísimamente, y con tanto ánimo que mataron dos
caballos, y aún el uno de estos espías de una cuchillada cortó
á un caballo la cabeza á cercen con riendas y todo, aunque
salieron cinco mil tlaxcaltecas á defenderlos; mas luego la se-
ñoría envió sus mensajeros á Ck)rtés, disculpándose de lo he-
cho y cargando la culpa á ciertos otomites serranos, convi-
dándoles (según los autores que de esta historia tratan) falsa-
mente con su ciudad, con intención de cojerlos y matarlos
dentro de ella. Otro día siguiente les salieron al encuentro
hasta mil tlaxcaltecas, que pelearon con muy buen orden y
ánimo, y se fueron retirando con intento de meter á Cortés y á
los suyos en una emboscada de más de ochenta mil personas,
en donde se vieron en grandísimo peligro y salieron heridos
muchos, aunque no murió ninguno; y haciéndose fuertes en
una aldea aquella noche, otro día de mañana tuvieron aviso
que venían más de ciento cincuenta mil hombres sobre ellos,
con que obró Dios grandes milagros en su defensa: cuando
estos tlaxcaltecas llegaron á vista de los nuestros, comenzaron
á mofar y hacer burla de ellos, viéndolos cuan, pocos eran, en-
viándoles hoyos de maíz, gallinas y cerezas, para que se ani-
masen á la pelea y no dijesen los mataban de hambre, y cuan-
do vieron que ya era hora, comenzaron á pelear, y fué tan
grande la dicha de Cortés y de los nuestros, que los tlaxcalte-
cas nunca los acometieron todos juntos, sino por cuadrillas,
saliendo de veinte en veinte mil, que vencidos aquellos, en-
traban otros tantos; y en dos días que duró la batalla mata-
ron infinitos tlaxcaltecas, y viendo que ningún español había
muerto, entendieron que eran encantados ó que eran algunos
dioses, y así el tercer día no quisieron pelear, sino que envia-
ron á Cortés ciertos presentes por modo de sacrificio; y Cor-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 363
tés les respondió que no era Dios, sino hombre mortal como
ellos, y que vivían muy engañados en no querer su amistad,
pues veían el daño que de no admitirla se les había seguido;
mas con todo esto, otro día le salieron otros veinte mil de
ellos á pelear con él; y el siguiente que se contaba seis de Sep-
tiembre, vinieron al Real de Cortés cincuenta hombres carga-
dos de comida, y mandóles cortar las manos porque supo de
un capitán de Cempoalan llamado Tioc que eran espías, de
que los tlaxcaltecas se admiraron, entendiendo que Cortés les
entendía sus pensamientos, pues conoció á lo que iban y que
eran sus espías, con que de todo punto cesaron sus contien-
das, reconociendo el gran valor de Cortés y de los suyos, y
procuraron su amistad con toda diligencia, disculpándose de
.lo hecho lo mejor que pudieron, unas veces echando la culpa
á los otomíes serranos, y otras que por entender que era
amigo Cortés de Motecuhzoma. En este medio tiempo recibió
Cortés otra embajada de Motecuhzoma con un rico presente,
ofreciéndose por amigo y feudatario del rey de Castilla, con
tal que de allí se volviese Cortés sin pasar á México; mas él los
entretuvo algunos días, y en su presencia tuvo algunos de
los combates atrás referidos con los tlaxcaltecas, diciendo á los
embajadores de Motecuhzoma que aquel castigo hacía en su
servicio por serle sus enemigos. Después de esto, estando una
noche alojados en el campo, vieron desde lejos unos fuegos,''y
salió Cortés á ver lo que era con hasta cuatrocientos compa-
ñeros, y fué á dar en Tzimpantzinco ciudad de más de veinte
mil fuegos, ^ que como los cogió desapercibidos, no se resistie-
ron, antes recibieron muy bien y regalaron á Cortés y á los
suyos, y se obligaron á allanar á los de Tlaxcalan y hacerlos sus
amigos; y viéndose tan cerca de México, muchos de los' suyos
mostraron flaqueza y temor, de tal manera que trataban de vol-
verse á la Veracruz, y dejarle sin pasar adelante; mas Cortés les
supo decir tanto, que los medrosos cobraron ánimo, y los esfor-
Supongo que aquí quiere decir el autor: hombres 6 almas.
364 OBEIAS HISTÓRICAS DE
zados doblado coraje, determinándose á seguirle y morir con
él en tan santa demanda. La señoría de Tlaxcalan viendo el
desengaño en querer sojuzgar á los nuestros, y el gran valor
de Cortés, entró en consejo á tratar cómo les convenía apre-
surar la venida de los españoles á su ciudad, y confederarse
con él, porque si pasaba á México y estaba confederado y en
amistad con Motecuhzoma, sería su total destrucción y ruina,
que de libres serían esclavos de los mexicanos, y en ellos eje-
cutarían la venganza de las contiendas que tuvieron; y así des-
pachó la señoría á un caballero de los más principales de ella,
llamado Tolinpanecatl Coxtomatl, para que se juntase con Oze-
lotzin Tlacatecuhtli hermano menor de Xicotencatl, una de las
cuatro cabezas de la señoría, que estaba en servicio délos nues-
tros desde que comenzaron á tratar de las paces, para que
ambos persuadiesen á Cortés se fuese con los suyos: llegado
que fué á donde estaba el ejército de Cortés, que era en Te-
coatzinco, el más principal de los embajadores de Motecuhzo-
ma llamado Atempanecatl, con gran coraje le dijo: ¿á qué vie-
nes aquí? ¿qué embajada es la que traes? quiero saber de ella:
y ¿sabes á quién se la traes? ¿es tu igual, para que le recibas
con las armas acostumbradas de la profanidad de la milicia?
y no respondiéndole palabra, prosiguió el embajador de Mote-
cuhzoma diciendo: ¿quién tiene la culpa de las desvergüenzas
y contiendas que ha habido en Huitzilhuacan, Tepatlaxco, Tetz-
molocan, Teotlaltzinco, Tepetzinco, Ocotepec, Tlamacazqui-
cac, Atlmoyahuacan, Zecalacoyocan, y en todo el contorno
hasta Chololan? veamos lo que vas á tratar con Cortés, que
quiero verlo y oirlo. A todo esto había estado presente Mari-
na, y así el embajador de la señoría de Tlaxcalan, volviendo á
ella los ojos, le dijo: quiero en presencia de nuestro padre y
señor el capitán Cortés, responder á mi deudo el embajador
mexicano. Marina le respondió: proseguid en vuestras deman-
das y respuestas; y así volviéndose al embajador mexicano le
dijo ¿tenéis más que decir? El cual le respondió: harto he di-
cho, sólo quisiera ver vuestra demanda: el cual le respondió:
DON FERNAimO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 366
no tenéis razón, sobrino, de tratar tan mal á tu patria y seño-
ría de Tlaxcalan; y mira que nadie te da en rostro con las ti-
ranías que has hecho en alzarte con los señoríos ajenos, co-
menzando desde Cuitlahuac, y prosiguiendo por la provincia
de Chalco, Xantetelco, Cuauhquecholan, Itzoncan, Quauhtln-
chan, Tecamachalco, Tepeyacac y Cuextlan hasta llegar á la
costa de Cempoalan, haciendo mil agravios y vejaciones, y
desde el un mar al otro, sin que nadie os lo dé en cara ni es-
torbe; y que por vuestra causa, por vuestras traiciones y do-
bleces, por tí haya aborrecido á mi sangre el Ahuexotzincatl,
causado todo del temor de vuestras tiranías y traiciones, sólo
por gozar espléndidamente el vestido y la comida: ten vergüen-
za, no quieras vengar tus pasiones con mano ajena, y si quie-
res tener algún litigio, sal solo al campo conmigo, que yo pon-
dré la cabeza para que ejecutes tu venganza, sin valerme de
nadie, que no me da miedo la muerte: y en lo que dices que
recibí con las armas al capitán Cortés tu amigo, respondo
que los que salieron de Zacaxochitlan, Tecalhueyacan, Cua-
huacan y Mazahuacan huyendo de tí, vinieron á parar á mis
tierras, y fueron los que le hicieron la guerra al capitán Cor-
tés; y ahora lo llevaré sobre mis espaldas y le serviré. Habien-
do tenido estas contiendas, el embajador tlaxcalteca dio su em-
bajada á Cortés de parte de la señoría, pidiéndole muy enca-
recidamente se fuese luego con él á su ciudad, y le presentó
cantidad de alpargatas para el camino. Cortés le respondió
por lengua de Marina que dijese á la señoría, que toda ella
y su nobleza viniesen á aquel puesto á llevarlo, con lo que
echaría de ver la voluntad que le tenían; y al tiempo que salía
Tolinpanecatl para ir á dar la respuesta de su embajada, lo
llamó de secreto Marina, y le dijo que el día siguiente cogiesen
en el templo al embajador culhua, y lo matasen pues tanto los
había agraviado; de que se holgaron mucho los tlexcaltecas, y
dijeron á la señoría la voluntad que el capitán Cortés les tenía.
Pesóles en infinito á los embaíadores mexicanos de la venida
del hermano de Xicotencatl } ' \ otro Tolinpanecatl, y pro-
366 OBRAS HISTÓRICAS DE
curaban estorbar á Cortés la amistad de los tlaxcaltecas, di-
ciéndole que no los creyese, porque lo engañaban, y que le
querían meter en sus casas para matarle como traidores; y uno
de ellos que había ido á dar cuenta á Motecuhzoma de todo lo
que pasaba, dentro de seis días volvió con otro muy rico pre-
sente que Motecuhzoma enviaba á Cortés diciéndole, que mi-
rase lo que hacía, y no se fiase de los traidores de Tlaxcalan,
pues ya veía lo que había pasado con los tlaxcaltecas, que de-
cían mil males de Motecuhzoma y de sus tiranías, y por otra
parte deseaban mucho llevarle á su ciudad para después con-
federarse con él: cosa que puso á Cortés en harta duda; pero
al fin, viendo las calidades del negocio, determinó aventurarse,
y hacer de manera que cumpliendo con los unos y con los
otros, se señorease de todos ellos; y así dio orden de su ida,
porque oyendo la señoría la voluntad que le tenía Cortés, se
juntaron todos, y dijo Xicotencatl (que era el más anciano de
las cuatro cabezas): Señores y caballeros, ya son excusadas las
razones, y se pasa el tiempo: yo soy de parecer que se elijan
de cada cabeza cierta cantidad de nobles y caballeros para que
vayan á traer el sol, porque ir toda la señoría y cabeza de ella,
puede ser trato doble para cogernos no apercibidos y malar-
nos, pues tenemos enemigos en su ejército; y aquí en nuestras
casas, viendo nuestro buen trato y la voluntad que tenemos
de servirle y ampararle, nos cobrará amor y se satisfará de
nuestra lealtad; y así de mi parte elijo á dos de los caballeros
de mi casa que vayan en mi nombre, que son Apayancatl y
Tecuachcaotii. Todos respondieron que les parecía muy bien;
y así Magizcatzin ^ eligió otros dos caballeros de su casa llama-
dos, el uno Tlacatecuhtli y el otro Chiquilitzin Xiuhtlatqui; el
señor de la cabecera de Quiahuixtlan nombró á otros dos lla-
mados Chimalpiltzintli, y Quanaltecatl; y el de Teticpac otros
dos llamados Tzopatzin Quauhatlapaltco Ixconauhquitecuhtii
y Hueytlapochtipatzin Mixcoatzin; y habiéndolos eligido, los s¡-
1 Maxixcatzin.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 367
^uió el embajador Tolinpanecatl Coxtomatl, y llegados á la pre-
sencia de Cortés le presentaron ciertas joyas de oro y pedrería,
y le rogaron de parte de la señoría que tuviese por bien de ir-
se á Tlaxcalan, en donde le quedaban aguardando los señores
de ella, que por ciertos impedimentos que allí le significaron
no venían en persona á llevarle: de que se holgó Cortés, y ha-
biendo tenido otras demandas y respuestas, partió con su cam-
po á Tlaxcalan, en donde se le hizo un solemne recibimiento,
saliendo á recibirle Xicotencatl á la puerta de su palacio que
estaba en la cabecera de Tizatlan, y era tan viejísimo que lo
llevaban en los brazos de ciertos señores: y con él salieron á
recibirle todos los más principales de su corte y casa, que se
decían Mocuetlazatzin Tzicuhcuacatl, Texinquitlacochcalcatl,
Axayacatzin, Xiuhtecatl, Tonatiuhtzin, Tepoloatecuhtli y Te-
namazcuicuiltzin. Asimismo los otros tres señores se hallaron
en este recibimiento, cada uno con los de su casa y corte, á
saber: Maxixcatzin de Ocotelulco, y estaban con él Tepanecatl,
Xiquiquilitzin, Chicocuauhtzin, Ixayopiltzin, Tlamazcuhcatzin,
Tenancatl, Zeyecatecuhtli, Xayacatzin, Calmecahua y Ixayo-
piltzin; el de Quiahuiztlan, Zitlalpopocatzin, y con él estaban
Zicuhcoacatl, Zacancatzin, Quanaltecatl, Axoquentzin, Tequa-
nitzin, Tenancacalitzin, Xochicucaloa y Izquitecatl; y el de Te-
ticpac, Tlehuexolotzin, y estaban con él Tlequitlatotzin, Tzo-
palzin, Calmecahua, Quauhatlapaltco, Ixconauhquitecuhtli, Xi-
pantecuhtli, y con ellos otros muchos nobles y caballeros que
eran de toda la provincia de Tlaxcalan: y así como vieron
que llegaba al puerto que llamaban Tizatlan, fueron á recibirle
á la entrada del palacio, llevándole del un brazo Xicotencatl y
Maxizcatzin, y del otro Tehuanitzin. Así como los vido Cortés
- se apeó del caballo, se quitó la gorra y les hizo una muy gran-
de y humilde reverencia, y luego abrazó á Xicotencatl, y por
lengua de Marina les dijo que fuesen muy bien hallados todos
aquellos señores y caballeros de la señoría y corte de Tlaxca-
lan, que se holgaba infinito de verlos y conocerlos para ser-
virlos en todo lo que se ofreciese, y que todos se aquietasen y
368 OBRAS HISTÓRICAS DE
sosegasen con su venida, pues no era á otra cosa, sino sólo
por su bien y libertad. A lo cual le respondió Maxizcatzin: se-
ñor seáis muy bienvenido, que á vuestra casa venís; aquí es-
tán nuestro padre Xicotencatl, y todos los demás señores y
caballeros de la señoría de Tlaxcalan que os han estado aguar-
dando, y han deseado infinito conoceros y veros, y así entrad
á descansar: y luego por sus propias manos Xicotencatl le dio
unos ramilletes de flores que tenía Maxixcatzin, de que se hol-
garon infinito Cortés y todos los suyos, y comenzaron á tocar
las trompetas, cajas y ministriles, y á tremolar las banderas á
usanza de guerra en señal de paz; y tomando el un brazo á Xi-
cotencatl, se fueron los dos á la sala más principal de su casa,
y habiéndole dado su asiento y acomodado todos los suyos, le
regaló y dio muy espléndidamente á todos de comer este día,
y los más que los nuestros estuvieron en Tlaxcalan. En este
capítulo y los que se siguen que tratan de las cosas de la se-
ñoría de Tlaxcalan, no sigo los autores que han escrito la his-
toria de la conquista, sino la que escribió Tadeo de Niza de
Santa María, natural de la cebecera de Teticpac, por mandato
de la señoría, siendo gobernador de ella D. Alonso Gómez, que
la dio al padre Fr. Pedro de Osorio para que la llevase á Espa-
ña á su majestad, la cual se escribió en el ano de mil quinien-
tos cuarenta y ocho; y los autores que se hallaron presentes á
todo lo sucedido en ella, como testigos de vista, fueron Miguel
Tlachpanquizcatzhi regidor perpetuo y natural de Quiahuiztlan,
Toribio Tolinpanecatl, D. Antonio Calmecahua, D. Diego de
Guzmán, D. Martín de Valencia Coyolchichiyuhqui, y otros que
no se ponen aquí sus nombres; y había treinta y un años
que entró Cortés á esta tierra, y es la más cierta y verdadera
de cuantas están escritas, pues fué hecha con tanto acuerdo
y de quien tan bien lo sabía.
CAPITULO LXXXIV
Que trata de todo lo que d Oortét le sucedió todo el tiempo que etluvo en Tlaxealan,
Detúvose Cortés con los suyos veinte días en Tlaxcalan, en
donde fueron muy bien tratados y regalados. Cortés les pidió
que tuviesen por bien permitir, que él y los suyos visitasen to-
da la ciudad, los templos y palacios de los cuatro señores de
la señoría; y habiéndolos visitado y visto su concierto y forta-
leza del sitio, que ya estaban asegurados de él, y que era gen-
te que vivía con orden y policía, que guardaba justicia y que
se les podía fiar cualquier negocio, comenzó á predicarles la fe
de Cristo nuestro Señor, y á persuadirles dejasen la idolatría y
sacrificio de hombres, dándoles á entender que los ídolos que
ellos adoraban eran demonios, de tal manera, que aunque de
todo punto no los pudo convencer, mas con todo hizo la sala
principal oratorio de Xicotencatl, ^ poniendo una cruz y una
imagen de nuestra señora, en donde de ordinario los días que
estuvo allí se decía misa; y otra cruz se puso en el mismo pues-
to en donde le recibió la señoría, con muy gran solemnidad
de los españoles, de que estaban muy admirados los tlaxcalte-
cas, viendo que los cristianos adoraban al dios que ellos lla-
maron Tonacaquahuitl, que significa árbol del substento, que
así lo llamaban los antiguos. Asimismo la señoría acordó de
1 Aquí debe deoin hizo oratorio la sala principal de Xicotencatl.
Toxo 11—25
370 OBRAS HISTÓRICAS DE
dar sus hijas á Cortés y á los demás sus compañeros; de ma-
nera que Xicotencatl (que fué el que dio este parecer), elipó
á dos hijas suyas llamada la una Tecuiloatzin y la otra Tol-
quequetzaltzin; Maxixcatzin eligió á Zicuetzin hija de Atlapal-
tzin; y el de Quíahuiztlan á Zacuancozcatl hija de Axoquentzin,
y á Huitznahuazihuatzin hija de Tecuanitzin; y habiendo jun-
tado otras muchas doncellas con estas señoras, se las dieron á
Cortés y á los suyos, cargadas de muchos presentes de oro,
mantas, plumería y pedrería; y dijo Maxixcatzin á Marina que
dijese al señor capitán, que allí estaban aquellas doncellas hi-
jas de Xicotencatl y otros señores nobles, para que él y sus
compañeros las recibiesen por mujeres y esposas. Cortés les dio
las gracias, y las repartió entre los suyos, porque no pareciese
que menospreciaba la dávida y el emparentar nuestros espa-
ñoles con ellos; y por usar de magnanimidad y en recompensa
de la dávida, pidió ciertos mensajeros que fuesen á Cempoa-
lan para traer cantidad de mantas, enahuas, huípiles, pañetes,
cacao, sal, camarones y pescado, que todo ello, traído que fué,
lo repartió entre las cuatro cabezas y los demás señores tlax-
caltecas, y fué para ellos de muy gran merced y regalo, por-
que carecían de todo ello: fueron al efecto ciento veinte perso-
nas nobles y doscientos hombres para cargar, y les ayudó un
español que tenía puesto en Cempoalan, y el señor de allí lla-
mado Chicomacatl. Asimismo fué esta gente por abrir y hacer
camino seguido desde Tlaxcalan á Cempoalan; y entre los más
principales que fueron electos para este viaje de parte de Xi-
cotencatl, fué uno llamado Icueten; de parte de Maxixcatzin,
Totoltzin, Chiuhatlapaltzin;y de Tlehuexolotzin, Yaolziny otros
que no se ponen aquí por excusar prolijidad. Estando en esta
ciudad Cortés, se le vinieron á dar por amigos los de Huexo-
tzinco, ciudad principal y república como la de Tlaxcalan, y
todos de un linaje. En la pintura que aun el día de hoy guar-
da el cabildo de esta señoría, se halla que en esta sazón se
bautizaron los señores de ella por Juan Díaz, clérigo, y fué su
padrino el capitán Cortés: el primero fué Xicotencatl, que se lia-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL, 371
mó D. Bartolomé; y tras de él Zitlalpopocatzin, que se llamó
D. Baltazar; y luego Tlehuexolotzin que se llamó D. Gonzalo;
y el postrero Maxixcatzin, que era mancebo, se llamó D. Juan; y
los otros eran ya viejos, y más que todos Xicotencatl. En
todo el tiempo que allí se detuvo, los embajadores de México
cada día le importunaban, que se saliese de allí y se fuese á
México; y así cuando vieron que se quería partir, le aconseja-
ron que se fuese por Chololan, ciudad muy populosa, rica y
amiga de Motecuhzoma; y aunque los de Tlaxcalan se lo im-
pedían por los inconvenientes que ellos le ponían, pero al fin
se determinó á ir á ella llevando consigo seis mil tlaxcaltecas
de guerra, aunque le querían dar mucho más, y por caudillos
de ellos á Hepapalotzin, Tlacatecuhtli, Quanaltecatl, Tenamaz-
cuicuiltzin, Imiztli, Matzin y Axayacatzin; aunque se volvió. ^
Por el camino salieron á recibir á Cortés y á los suyos más de
diez mil hombres de Chololan, con grande regocijo; y habién-
dolos entrado en la ciudad y dádoles muy buena posada, re-
galando espléndidamente á los nuestros, aquella noche los em-
bajadores de Motecuhzoma tornaron otra vez á porfiar con
Cortés que no pasase á México, poniéndole mil dificultades, de
tal manera que se receló de ellos y de los cholultecas, y así
mandó á los tlaxcaltecas sus amigos se pusiesen ciertas seña-
les en sus cabezas para que fuesen conocidos, porque quería
hacer un castigo ejemplar en los cholultecas y mexicanos; y
pidió á la señoría de Cliololan, que todos los magnates y seño-
res de ella se juntasen en la sala y consistorio donde se solían
juntar siempre, para tratar con ellos ciertas cosas que les con-
venía, porque se quería ir de su ciudad; y que asimismo en el
patio de él juntasen los más de los ciudadanos, pai'a que allí
fuesen escogidos los que fuesen necesarios para llevarle elba-
gaje, con lo que vinieron muchos así de los nobles como de
la gente plebeya, que hinchieron el patio y sala, y aun á la re-
donda de él había; y habiendo juntado á los treinta de ellos,
1 No se comprende el final de este período.
372 OBRAS HISTÓRICAS DE
los más principales, los prendió y hizo con los suyos tomarlas
puertas, sin que dejasen salir á nadie; y luego llamó á los em-
bajadores de Motecuhzoma, y les dijo que aquellos presos le
habían confesado una traición que por su orden tenían urdida
á él y á los suyos, lo cual no podía creer de Motecuhzoma su
señor, que tratase de matarlos: los mexicanos dieron sus dis-
culpas, diciendo que ellos y su señor estaban muy inocentes de
semejante culpa y traición. Cortés mandó matar algunos de los
treinta señores, y disparando un arcabuz (que era la señal que
tenía dada á los españoles para que saliesen á los del patio y
los matasen) se ejecutó así, y en menos de dos horas mataron
más de cinco mil, saquearon y quemaron las casas más prin-
cipales de la ciudad y los templos de ella; y el templo mayor
donde se habían acogido muchos sacerdotes y señores princi-
pales, lo quemaron, en donde murieron los más. Fué tan gran-
de el temor y espanto que causó este hecho, que fué sonado
por toda la tierra; y la ciudad en un instante quedó toda ella
desamparada, y el despojo fue muy rico, de mucho oro, pe-
drería, mantas y cosas de pluma, porque era la ciudad más
rica que había en toda la tierra, pues los moradores de ella
eran todos mercaderes. Cortés, hecho esto, hizo soltar los pre-
sos que quedaban, con calidad que hiciesen venir la gente á la
ciudad con toda paz y quietud; y así lo hicieron, pues dentro
de un día se tornó á poblar y henchir la ciudad como antes es-
taba, y quedaron por amigos de él y de los de Tlaxcalan. La
señoría viendo que con la refriega y mortandad de Chololan,
estaban Cortés y los suyos faltos de mantenimientos, los so-
corrió de estos bastantemente, y en persona fueron á verle
Maxixcatzin y los de su cabecera, Zitlalpopoltzin ^ de la de
Quiahuiztlan con Axoquentzin, Tlehuexolotzin, Tequitlatotzin,
Tzompantzin, Axayacatzin, Mocuetlazatzin y Tzicuhcuacatl, ha-
biéndose ofrecido á Cortés á ayudarle á todo lo que se le ofre-
ciese. Lo agradeció mucho y les dijo, que por entonces se vol-
1 Citlalpopocatzin.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 373
viesen, que cuando hubiese necesidad de socorro de sus per-
sonas y valor, les avisaría, con lo cual se volvieron; y en quin-
ce días que estuvo Cortés en Chololan, fué siempre servido y
favorecido de los tlaxcaltecas. A esta sazón tornaron los em-
bajadores de Motecuhzoma á darle otro recado de parte de su
señor, con seis patos de oro muy rico, muchas mantas y cosas
de comer, satisfaciéndole que lo que se decía de él era fraude
y engaño; que se asegurase de él que sería su buen amigo, y
para satisfacción de esto se fuese luego á México, que allí le
esperaba con mucho deseo de verle y regalarle; y así dio or-
den de su ida á la ciudad de México.
CAPITULO LXXXV
Que trata de la ida que hizo Cortés d la ciudad de México, y lo que en ella le sucedió
hasta prender á Motecuhzoma.
Luego que salió Cortés de la ciudad de Chololan, fué á ha-
cer noche en la parte que llaman Quauhtechcatl, que es en la
obra que está entre el volcán y la sierra nevada; y á otro día
por la mañana desde allí reconoció la laguna, en donde estaba
fundada la ciudad de México y otros muchos y hermosos pue-
blos; y caminando con su ejército fué á hacer noche en el
pueblo de Amecamecam, ^ en las casas del señor de allí llamado
Cacamatzin, en donde fué muy bien recibido y regalado de él,
y le dio muchas quejas de las demasías de Motecuhzoma. De
allí salió y fué á hacer noche en Iztapalapan en casa d^ Cuitla-
huatzin hermano de Motecuhzoma, señor de aquella ciudad,
donde le salió á recibir Cacama rey de Tetzcuco, sobrino de
Motecuhzoma, con toda su corte (que lo llevaban en unas an-
das de oro); y habiéndolo saludado y dado la bienvenida, y mu-
chos dones de oro y pedrería, le trató que se quedase en Iztapa-
lapan, y que desde allí le daría orden ^ de verse con su tío y dar
su embajada; pero Cortés no quiso dilatar más su viaje, y así
el otro día siguiente caminó por^ la ciudad, con grande acompa-
1 £1 Dombre mexica era Amaquemecan.
2 Es decir, le facilitaría.
8 Creo que debe decir: para.
\
76 OBRAS HISTÓRICAS DE
ñamiento de señores y caballeros de las cortes de México, Tetz-
cuco y Tlacopan, y llegando á un fuerte que estaba en la en-
trada de la ciudad, en donde se juntaba la albarrada con la
calzada, salieron á recibirle más de cuatro mil hombres prin-
cipales, todos ricamente aderezados, y conforme iban pasando
se humillaban á Cortés, poniendo la mano en el suelo y besán-
dola, que es el modo de saludar á los grandes señores; y an-
dando más adelante junto á una puente encontró á Motecuh-
zoma que venía á recibirle á pie, y le traían de brazo su sobri-
no el rey Gacama y su hermano Cuitlahuatzin, y traían los tres
encima á manera de lío de pluma verde y de riquísimo oro y
pedrería, que usaban los señores que eran los capitanes gene-
rales de los ejércitos de México y Tetzcuco: Motecuhzoma, Ga-
cama y Guitlahuatzin venían vestidos de una misma librea,
salvo que los reyes traían sobre sus cabezas sus tiaras ^ de oro
y pedrería con^sus borlas que pendían de la cinta con que se
ataban el cabello, y sus zapatos de oro con muchas piedras y
ricas perlas; y por donde iban les echaban mantas para que pi-
sasen, y tras de ellos tres mil caballeros, todos muy ricamen-
te vestidos que eran todos de los de su guardia y criados.
Guando Gortés llegó, se apeó del caballo, y habiendo hecho una
muy gran reverencia y humillación á los reyes, quiso abrazar
á Motecuhzoma, aunque no le dejaron llegar; y habiéndose he-
cho el uno al otro muy grandes mesuras y reverencias, echó
Gortés á Motecuhzoma un collar de cuentas de vidrio que pa-
recían margaritas y diamantes; y en recompensa el rey Mote-
cuhzoma le echó al cuello dos cadenas ó collares de oro riquí-
ismo, y en él engastados unos camarones colorados de conchas»
que eran de mucha estima: y con esto se volvieron hacia la
ciudad, y Motecuhzoma dejó á su sobrino Gacama con Gortés
y con su hermano Guitlahuatzin, y tomó el camino para su ca-
sa: él iba adelante y luego Gortés tras él, trabado con Gacama
1 Aquí el autor llama tiara al eopillij que era una especie de diadema, 6
media corona.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 377
por la mano; y con esta pompa y majestad llegaron al riquísi-
mo palacio de Motecuhzoma, que eran casas de su padre Axa-
yacatzin: á la puerta de él tomó Motecuhzoma de la mano á
Cortés, metiólo dentro de una muy gran sala, púsolo en rico
estrado y le dijo: holgad y comed que en vuestra casa estáis,
que luego vuelvo. (Entró Cortés en México á ocho días del mes
de Noviembre del mismo año de mil quinientos diez y nueve). ^
Pusiéronse luego las mesas, y comió con los suyos Cortés, y
Motecuhzoma en su aposento; y cuando hubo comido vino á
visitarle con grande majestad, sentóse junto á él en un estrado
riquísimo, y díjole con palabras graves, que se holgaba mucho
de ver en su casa y corte á una gente tan principal y honrada,
y tenía pena que se presumiese que jamás los había de mal-
tratar: 2 dio muchas disculpas de lo que había porfiado por es-
torbar la entrada en México, y á cabo le vino á decir cómo sus
pasados tenían pronosticado, que un gran señor que en tiem-
pos antiguos había estado en esta tierra, había de volver á ella
con los suyos á dar leyes con nueva doctrina, y que la posee-
rían y serian señores de ella; y que así creía que el rey de Es-
paña había de ser aquel señor que esperaban: tras de lo cual
dio á Cortés muy larga relación de sus riquezas, se le ofreció
mucho, y hizo traer allí muchas joyas de pedrería, mantas y
otras cosas ricas, y las repartió entre los españoles, dando á
cada uno lo que le parecía que merecía; y con esto se despidió.
Los primeros seis días los gastó Cortés en ver y considerar el
sitio y calidades de la ciudad, y fué muy servido, y visitado de
todos los grandes señores del imperio, y muy abastecidamen-
te proveído él, sus compañeros y seis mil tlaxcaltecas que con-
sigo tenía: al cabo de los cuales, después de haber considera-
do muy bien en el estado y trance en que se veían, determinó
prender á Motecuhzoma (caso atrevido y muy peligroso con-
tra un tan grande y poderosísimo rey dentro de su casa y cor-
1 La entrada de Cortés en México fué el 7 de Noviembre.
2 Es decir, que se presumiese que alguna vez los había de tratar mal.
378 OBUAS HISTÓRICAS DE
te, en medio de más de quinientos mil vasallos ^, y con tan po-
cos compañeros, cosa que atemoriza tan solamente pensarla,
cuanto más hacerla y salir con ella), para lo cual tomó por
achaque lo de Chololan, y otras partes que decía había movido
Motecuhzoma para matar á él y á sus compañeros, y que
Quauhpopocatzin señor de Goyoacan uno délos grandes del im-
perio que asistía en Nauhtlan y estaba á su cargo el gobierno
de las costas del mar del Norte, había mandado matará cuatro
españoles que iban en compañía del capitán Pedro Dirsio, ca-
mino de Veracruz, según sus cartas que Cortés tenía consigo
para mostrarlas á Motecuhzoma cuando fuese necesario; y an-
dando en estos pensamientos, paseándose por una sala, echó
de ver que estaba recién tapado y encalado un postigo, y re-
celándose de él, una noche lo hizo abrir, y entrando dentro
halló otras salas y recámaras llenas de mucho oro, plumería,
mantas y otras cosas de mucho precio y estima, y en tanta
cantidad que quedó espantado de ver aquella riqueza, tornan-
do á tapar lo mejor que pudo, porque no fuese sentido. ^ Otro
día vinieron á él ciertos tlaxcaltecas y algunos españoles á avi-
sarle que habían alcanzado que Motecuhzoma trataba de ma-
tarlos, y que para esto quería quebrar las puentes. Y hablando
según una carta original que tengo en mi poder, firmada de las
tres cabezas de la nueva España, en donde escriben á la majes-
tad del emperador nuestro Señor (que Dios tenga en su santo
reino), disculpan en ella á Motecuhzoma y á los mexicanos de
esto y de lo demás que se les argüyó, que lo cierto era, que fué
invención de los tlaxcaltecas y de algunos de los españoles,
que no veían la hora de salirse de miedo de la ciudad, y po-
ner en cobro innumerables riquezas que habían venido á sus
manos. Sea como se fuere, con el dicho de éstos y con lo que
tenía pensado hacer, no quiso dilatar más la prisión de Mote-
1 Difícil es que por su extensión, tuviera la ciudad de México mucho más
de unos cuarenta mil habitantes.
2 Es decir, porque no ñiese conocido ó descubierto.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 379
cuhzoma, y por hacerla, puso secretamente á algunos españoles
de guardia en algunas encrucijadas y cantones que había des-
de su posada hasta palacio, dejando la mitad en ella; y mandó
á ciertos amigos suyos que se fuesen de dos en dos, tres en
tres con sus armas secretas como él las llevaba, y envió de-
lante á avisar á Motecuhzoma cómo lo iba á visitar: el cual le
salió á recibir con alegre rostro á la escalera, y habiéndose en-
trado en la sala, y con él hasta ¡treinta españoles, estuvieron
un rato en buena conversación como lo solían hacer. Mote-
cuhzoma le dio á Cortés unas medallas de oro muy ricas, todo
á fin de mostrar lo mucho que le quería y estimaba, como lo
mostró en esta conversación, pues le persuadió que se casase
con una hija suya. A esto respondió Cortés que era casado, y
que conforme á la ley evangélica, no podía tener más de una
mujer; y luego echó mano á las faltriqueras, y sacó de ellas
las cartas del capitán Pedro Dirsio, y comenzó á quejar-
se de Motecuhzoma diciendo, que por su mandado Quauh-
popocatzin había muerto los cuatro españoles, y que le tenía
armada traición y mandado á los suyos quebrar las puentes.
Motecuhzoma, viendo una maldad tan grande tan fuera de sus
pensamientos y calidad de su persona, se enojó terriblemente
y dijo con ira y grande alteración, que lo uno y lo otro era fal-
sedad y mentira; y para averiguar la verdad llamó luego á un
criado suyo, y se quitó del brazo una rica piedra donde esta-
ba esculpido su rostro (que era lo mismo que un sello real), y
se la dio y mandó que fuese por la posta, y llamase luego á
Quauhpopocatzin; y despachado que fué el criado. Cortés tor-
nó á decir al rey: señor, conviene que vuestra alteza sea preso
y vaya conmigo á mi posada, que allí será bien tratado y ser-
vido, y yo miraré por vuestra honra hasta en tanto que venga
Quauhpopocatzin; y perdonadme que no puedo hacer otra co-
sa, porque los míos me matarían si disimulase con estas cosas;
y mandad á los vuestros que no se alteren, porque cualquier
mal y daño que á nosotros nos venga vuestra alteza lo ha ue
pagar con la vida; y vaya callando, y será en vuestra mano es-
380 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOGHITL.
capar. Quedó Motecuhzoma en oyendo estas razones sin sen-
tido, y después de haber estado callado un rato, dijo con mu-
cha gravedad: no es persona la mía para ir presa; y cuando yo
lo consintiese los míos no pasarán por ello. Cortés le replicó
que no se podía excusar su prisión: y estuvieron más de cua-
tro horas en demandas y respuestas, hasta que Motecuhzoma
vino á decir, que le placía de ir con él, pues le decía que allá
mandaría y gobernaría como en su casa; y llamando á sus cria-
dos les mandó que fuesen á los cuartos de Cortés, y le adere-
zasen uno para su posada. Acudieron luego á palacio todos
los españoles y muchos de los caballeros y señores de la ciu-
dad, parientes y amigos del rey, todos tristes y llorosos, mirán-
dole á la cara si les daba licencia para librarle; y como les man-
dó que se quitasen, tomaron á Motecuhzoma en unas andas
muy ricas de oro y pedrería, y le llevaron por medio de la ciu-
dad con grandísimo alboroto de los suyos que se quisieron po-
ner en soltarle; pero él les mandó que se estuviesen quedos,
diciendo que no iba preso sino á estarse en compañía de Cor-
tés y de los suyos: y creyéronle como le vieron salir de casa y
despachar negocios como antes, y aun salir fuera de la ciudad
una y dos leguas á montear y cazar; solamente notaban en que
andaban siempre españoles en su guarda, y que á la noche ve-
nía á dormir en los cuartos de Cortés: burlábase y entreteníase
con los españoles; servíanle los suyos mismos; dejábanle ha-
blar en público y en secreto con los que quería, y salir ordi-
nariamente á orar y ofrecer sacrificio á sus falsos dioses. Las
guardas que tenía eran ocho españoles y tres mil tlaxcaltecas.
Por tentarle Cortés, díjole un día que los suyos habían tomado
cierta cantidad de joyas de oro que habían hallado en su casa:
respondióle que tomasen en buena hora y que no tocasen á la
pluma, porque aquel era el tesoro de los dioses; y que si más
oro quisiesen que más les daría.
CAPITULO LXXXVI
Que traía de lo más que le sucedió d Cortés en la eiudcui de México hasta poner prisio'
nes al rey Molecufizoma, de que Oacama rey de Tetzcuco se alteró, y quiso Ubertar
dsuttoy echar de México d los españoles; y de cómo su liermano IxUilxoehUl lo
prendió cautelosamente y lo entregó d Cortés.
Así como Cortés tuvo preso á Motecuhzoma, procuró estor-
barle que no sacrificase hombres á sus falsos dioses, y comen-
zó á derribar ídolos, de que Motecuhzoma se alteró, porque los
suyos estuvieron en términos de matarle porque lo consentía,
y con él á Cortés porque lo mandaba; por lo cual de consejo
del mismo Motecuhzoma, por entonces Cortés dejó de quebrar
los ídolos, y contentóse con decirles en la ceguedad en que vi-
vían, y desengañarlos y meterlos en el camino verdadero de
la virtud y ley evangélica, que había sido la causa principal de
su venida; que no había sido tanto por sus riquezas, pues
de ellas no habían tomado más de tan solamente lo que ellos
les habían dado, ni habían llegado á sus mujeres y hijas ni he-
cho otros agravios, porque su principal intento no era más de
salvar sus almas; que no había otro Dios, más de tan solamen-
te el que los cristianos adoraban, Trino y uno. Eterno, sin fin,
criador y conservador de todas las cosas, que rige y gobierna
los cielos y la tierra; y otras muchas razones, persuadiéndoles
á nuestra santa fe católica, y abominando su idolatría y erro-
res: con que se aseguraron un poco, y por buenas razones Mo-
tecuhzoma vino á dar su palabra, que no se sacrificarían hom-
382 OBRAS HISTÓRICAS DE
bres mientras Cortés estuviese en su ciudad; y dio permiso que
en la capilla del templo mayor que tenía de subida ciento ca-
torce gradas, se pusiesen entre los dos ídolos de Huitzilopoch-
tu ^ un crucifijo, una imagen de nuestra Señora y una cruz. Vein-
te días habían pasado que Motecuhzoma estaba preso, cuando
llegó Quauhpopocatzin á México con un hijo suyo y quince ca-
balleros, que culpaban en la muerte de los cuatro españoles; y
habiéndose visto con Motecuhzoma, lo entregó á Cortés. Según
la carta referida y las relaciones mexicanas, no tuvo culpa, si-
no que por ciertos agravios y demasías que los cuatro españo-
les hicieron, fueron muertos por los naturales de aquellas par-
tes; y que Cortés con los suyos fué á la casa de armas de Mo-
tecuhzoma, y sacó de ella todas las que halló y de los templos
hizo lo mismo, y con ellas en la plaza principal hizo quemar á
Quauhpopocatzin públicamente con su hijo y á los quince ca-
balleros que vinieron con él (que fué otro atrevimiento no
menor que los pasados); y antes que esto hiciese puso unos
grillos á Motecuhzoma, haciéndole grandes fieros, todo á fin
de espantarle más; y aunque se los quitó y prometió que le
quería soltar, estaba ya tan medroso que no quiso irse á su ca-
sa. Entretanto Cortés andaba inquiriendo las particularidades
necesarias para saber ¿qué tan grande, qué tan rico era el es-
tado y reino de Motecuhzoma, el de su sobrino Cacama y de
Totoquihuatzin de Tlacopan? con todo lo que contenía él im-
perio de estas tres cabezas ¿qué minas había de oro y plata?
¿qué tan lejos estaba el otro mar del Sur? ¿y si en el del Nor-
te había algún puerto para los navios de España, mejor y más
acomodado que el de la Ve raer uz? Todo esto preguntaba á Mo-
tecuhzoma, y de todo le daba él cumplida relación, porque na-
da jamás le escondió. Envió á diversas partes á reconocer y
calar los secretos de la tierra, la grandeza y fortaleza de las
ciudades; y aun trajeron muestras de oro y de amigos ^ que ha-
1 Aquí falta: y de Tlaloc
2 Supongo yo que el autor escribió: minas.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 383
liaban en ellas: entre los que así despachó según las relaciones
á la ciudad de Tetzcuco, fueron algunos á ella* con dos her-
manos del rey Cacama llamados el uno Nezahualquentzin y el
otro Tetlahuehuetzquititzin, que estaban con mucha gente en
servicio de Cortés y de los suyos (todos naturales de la ciudad
de Tetzcuco), para que la viesen y considerasen la potencia,
fuerzas y grandeza de ella, y asimismo se cogiesen el oro que
se guardaba en los tesoros del rey de Tetzcuco; y llegando es-
tos dos infantes á las casas de Nezahualcoyotzin su abuelo, que
estaban en la ciudad de México, para desde allí embarcarse
con los españoles en unas canoas grandes, llegó un mensajero
de Motecuhzoma y apartando á Nezahualquentzin, le dijo: que
el rey su tío le rogaba mucho, que los españoles que iban en
su compañía á Tetzcuco, fuesen bien tratados y con brevedad
despachados, y que procurasen darles todo el más oro que pu-
diesen, pues veían en la aflicción en que quedaba: y enten-
diendo los españoles que lo que el mensajero de Motecuhzoma
le había dicho á Nezahualquentzin, era algún trato doble, llegó
uno de ellos á él dándole de palos, y lo llevó preso ante el ca-
pitán Corté.^í, el cual lo hizo ahorcar luego; de que se sintió
muy agraviado el rey Cacama, y en su lugar despachó á otro
de sus hermanos llamado Tepaxochitzin para que fuese jun-
tamente con Tetlahuehuetzquititzin con los españoles; los cua-
les después de haber tanteado la ciudad y comunicado con Ix-
tlilxochitl, recogieron todo el oro del tesoro de Nezahualcoyo-
tzin, y una arca muy grande de dos brazas en largo, una en
ancho y un estado en alto, la hincheron hasta arriba en oro; y
no contentos los españoles, (que por todos eran veinte), man-
daron á Tetlahuehuelzquititzin y á los demás señores de la
ciudad, que juntasen más oro, porque el que habían sacado
del tesoro del rey era poco; y así cada uno de aquellos seño-
res sacó de sus tesoros cierta cantidad de oro, con que torna-
ron á henchir otra tanta cantidad de oro como la primera, y
lo llevaron á Cortés, el que se admiró de ver la gran suma de
riquezas, y mucho más cuando le contaron la grandeza yfor-
384 OBRAS HISTÓRICAS DE
taleza de la ciudad de Tetzcuco, y el mucho poder que tenía,
aunque por otra parte se holgaba mucho tener en ella por
amigo á Ixtlilxochitl, que era la persona más temida y respe-
tada en todo aquel reino; y dio traza de prender y haber á las
manos al rey Cacama, y aunque estaba dentro de la ciudad de
México no se atrevió, lo uno, porque era belicosísimo, hombre
animoso y sin temor, y que le parecía desdeñar y tener por
afrenta la prisión de su tío Motecuhzoma: y conociendo Caca-
ma que las demasías y atrevimientos de Cortés y de los suyos
cada día iban en aumento, reprendió ásperamente á la noble-
za mexicana, porque consentía hacer semejantes desacatos á
cuatro extranjeros, y que no los mataban: se excusaban con
decirle les iban á la mano, y no les consentían tomar las ar-
mas para libertarle y tomar sobre sí uoa tan gran deshonra,
como era la que los extranjeros les habían hecho en prender
á su señor y quemar á Quauhpopocatzin, los demás sus hijos
y deudos sin culpa, con las armas y munición que tenían para
la defensa y guarda de la ciudad; y de su autoridad tomar pa-
ra sí los tesoros del rey y de los dioses, y otras libertades y
desvergüenzas que cada día pasaban; y aunque todo esto veían
lo disimulaban por no enojar á Motecuhzoma, que tan amigo
y casado estaba con ellos. Visto por el rey Cacama el poco
ánimo y determinación de los mexicanos, se salió de la ciudad
y se fué á la de Tetzcuco para juntar sus gentes, y con ellas
libertar á su tío y nobleza mexicana de la servidumbre y afren-
ta en que vivían, y vengar la muerte injusta de su hermano
Nezahualquentzin y la de Quauhpopocatzin, y de los otros ca-
balleros sus amigos y deudos. Llegado que fué á la ciudad de
Tetzcuco, Cohuanacochtzin y Ixtlilxochitl, que tenían el go-
bierno de ella y de todo el reino, recibieron á su hermano; y
habiendo tratado de lo que se debía hacer en razón del ejérci-
to que quería juntar para ir con él á la ciudad de México, Ix-
tlilxochitl le dijo que convenía tratarlo y hacer consejo de gue-
rra en los palacios del bosque de Tepetzinco, que está metido
en la laguna, porque desde allí podían bloquear la ciudad de
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 385
México, y considerar por dónde podían entrar los del ejército
con más comodidad, sin ser sentidos de los españoles; y que
así toda la gente que había juntado para este consejo y deter-
minación, que estaban en el cercado y palacios de Oztoticpac,
que se fuesen por tierra á Tepetzinco, (que eran más de cien
mil personas), que el rey con él y con Coanacochtzin su her-
mano se fuesen en una canoa grande. Gacama (que estaba
muy seguro de lo que después le sucedió), se puso en manos
de Ixtlilxochitl y Cohuanacochtzin sus hermanos; y habiéndo-
se embarcado en la canoa fué preso llevado á México y entre-
gado á Cortés, con cuya hazaña se atajaron muy grandes in-
convenientes y estorbos á los designios de Cortés y prosecución
de la entrada de nuestra santa fe católica; porque el rey Gaca-
ma era esforzado, atrevido y de muy gran valor; y Cortés y su
tío Motecuhzoma no fueran bastantes para atajarle sus pasos
y designios, si no fuera por la amistad que Ixtlilxochitl siempre
tuvo á Cortés y á los españoles.
Tomo 11-26
CAPITULO LXXXVII
Que trata de cómo el rey Motecuhzoma y loe demái eetioree del imperio dieron la o6e-
dieneia al rey de OasHUa, y lo mát que tueedit d Obrtie f^aeta prender d ^ái^Uo de
Narvaez que venia contra él.
Teniendo Cortés presos en su poder á los dos reyes tío y
sobrino, Motecuhzoma y Cacama, les dgo que juntasen á to-
dos los señores del imperio para tratar con ellos de su venida,
y dar principio á la conversión y fundación de nuestra santa
fe católica, para lo cual hicieron un llamamiento general de
todos los grandes y señores del imperio; y cuando todos fueron
venidos los juntaron en una sala grande, puestos por su orden
en sus tronos y asientos, Motecuhzoma enmedio, y á los lados
el rey Cacama y Totoquihuatzin el rey de Tlacopan su suegro,
(que para el efecto aunque con guardias les dio lugar Cortés
para tratar de este negocio); y tomando la mano ^ Motecuhzoma
comenzó una larga plática, y entre muchas razones que trfiúo
para fundar y sustentar su determinación, vino á decir que
daba muchas gracias á Dios por haberle hecho tanta merced,
que haya alcanzado á ver á los cristianos, y tener noticia de
aquel gran rey que sus pasados de años muy atrás deseaban
que viniese, y que no podía creer que fuese otro, sino este que
había enviado á aquellos españoles que estaban en su corte; y
l Ks decir, empezando.
388 OBRAS HISTÓRICAS DE
que si estaba determinado de lo alto que tuviese fin el impe-
rio de las tres cabezas, culhuas, aculhuas y tepanecas, no que-
ría resistir la voluntad de Dios, sino de muy buena gana y con
gran voluntad dar la obediencia al rey de Castilla, y tenerle
por su cabeza y supremo señor, bajo de cuyo amparo y pro-
tección quería vivir y reconocerle por tal, y que les rogaba
muy encarecidamente á ellos que hiciesen lo mismo, porque
entendía que á todos les cumplía hacerlo así. Motecuhzoma
dijo otras razones con tantas lágrimas y suspiros, que á todos
los suyos hizo enternecer, y lo mismo á Cortés y á todos los
que con él estaban: después que hubieron llorado y estado
suspensos un gran rato, hizo Motecuhzoma un solemne ju-
ramento dando la obediencia al rey D. Carlos nuestro se-
ñor (de gloriosa memoria), y tras de él Cacama su sobrino,
Totoquihuatzin rey de Tlacopan, y con ellos todos los gran-
des y señores del imperio que allí estaban, prometiendo de
serles buenos y leales vasallos; y luego en confirmación y
seguridad de esto le entregaron á Cortés ciertos infantes y in-
fantas, hijos y hermanos de estos tres señores, con cantidad de
dones y presentes de oro, pedrería, plumería, mantas y otras
riquezas para el rey su nuevo señor, y lo mismo hicieron por
su orden todos los demás grandes y señores referidos. Cacama
y con él sus dos hermanos Cohuanacochtzin y Ixtlilxochitl, se-
gún las relaciones y pinturas de Tetzcuco, dieron en rehenes á
cuatro hermanos suyos y otras tantas hermanas, que los va-
rones fueron los infantes Tecocoltzin, Tecpacxochitzin, Huix-
cacamatzin y Tenancacaltzin. Cortés los consoló mucho, pro-
metiéndoles que siempre serían bien tratados, y tan señores
de todo el imperio y de lo que era suyo como antes; y comen-
zó á dar orden de la conversión de los naturales, diciéndoles,
que pues eran vasallos del rey de España, que se tornasen en
cristianos como él lo era; y así se comenzaron á bautizar algu-
nos, aunque fueron muy pocos: y Motecuhzoma aunque pidió
el bautismo, y sabía algunas de las oraciones como era el ave
María y el credo, se dilató para la Pascua siguiente que era la
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 389
de Resurrección, y fué tan desdichado que nunca alcanzó tanto
bien, y los nuestros con la dilación y aprieto en que se vieron,
se descuidaron, de que pesó á todos mucho muriese sin bau-
tismo. ^ Estando Cortés en esta prosperidad, y cuando sus co-
sas iban en tanto aumento, llegó al puerto de Veracruz Panfilo
de Narvaez con diez navios y novecientos españoles, con mu-
chos caballos, artillería y todo recaudo, con intento deprender
ó matar á Cortés; y venía en nombre de Diego Velázquez, go-
bernador de Cuba, que lo mandó por decir que le usurpaba su
jurisdicción, y que siendo su subdito se había salido de su obe-
diencia, haciéndose cabeza por sí en tierra firme, y poblando
en ella con título de capitán general y justicia mayor; aun-
que procuraron los frailes y todos los oidores de la audiencia
de Santo Domingo estorbar este viaje que enviaba Diego Ve-
lázquez, y para sólo requerirle que no enviase á Narvaez, fué
despachado á Cuba el Lie. Figueroa, oidor, de parte de los go-
bernadores y del rey, protestando contra él de quejarse con
su majestad del estorbo grande que se hacía en la conversión
y conquista de aquestas tierras; lo cual no pudieron estorbar.
No hubo bien llegado esta flota á la Veracruz, cuando luego
tuvo Motecuhzoma el aviso de ella, de que dio luego parte á
Cortés, y le dijo que aparejase luego su partida porque ya otra
vez se lo tenía pedido, y se había excusado con decirle que no
tenía navios en que ir; y estando certificado Cortés de lo que
pasaba, sintió mucho este negocio, y prometiendo remediario
con palabras, escribió á Panfilo de Narvaez rogándole mucho
no le estorbase la conversión de estas gentes, y que se juntase
con él, que con poco trabajo los dos podían hacer á Dios y á
su rey notable servicio: á lo cual Narvaez no quiso dar oídos,
porque con facilidad entendió que pudiese prender á Cortés,
echando fama entre los naturales que era fugitivo, ladrón y
traidor á su rey, que él no venía más que á cortarle la cabeza
1 Ko está probado que Motecuhzoma se sujetase al rey de España, ni que
pidiera el bautismo.
390 OBRAS HISTÓRICAS DE
y poner en libertad á Motecuhzoma, porque su señor el rey
estaba muy indignado del agravio que de Cortés había recibi-
do, enviando á congraciarse con Motecuhzoma; por lo cual se
enojaron con él muchos de los que iban en su compañía, y el
oidor Ayllon le puso pena de muerte de parte del rey que no
tratase el negocio tan pesadamente, porque de ello se ofendían
Dios y el rey muy mucho, pues impedía el bautismo y conversión
de aquellas gentes: por cuya causa le prendió y envió á Diego
Velázquez; pero él se soltó y vino á Santo Domingo. Pasó á tan-
to el atrevimiento de Narvaez, que hizo proceso en forma con-
tra Cortés; y por su sentencia le condenó á muerte, y publicó
guerra contra él, de lo cual se reían los de la Veracruz, y aun
los mismos que traía consigo: trató Cortés con todo esto de
aplacarle con buenas razones, escribióle muchas veces requi-
riéndole con la paz; y cuando vido que no aprovechaban sus
cartas, determinó irse á ver con él, y habiendo dado parte á
los suyos de lo que tenía pensado, habló á Motecuhzoma, y le
dijo se quería ir á la Veracruz solamente á mandar á los que
venían en la flota, que no hiciesen ningún daño en las tierras
del reino de México, y que no se partiesen sin él, porque ya
no tenía que hacer sino aparejar su partida, rogándole que se
estuviese allí con sus españoles porque no recibiesen algún
daño de los suyos, que luego daría la vuelta, y que le diese al-
guna gente para que fuese con él; proveyéndole así Motecuh-
zoma, y lo mismo Cacama y Totoquihuatzin, dando la gente
que fué necesaria para el efecto; y le dijeron que tuviese por
bien, que ellos querían celebrar una fiesta muy solemne lla-
mada tochcatl ^ que cada año la celebraban, y que sería sin sa-
crificio de hombres pues ya se los tenía vedado. Cortés les di-
jo que se holgasen como á ellos les pareciese, y que en su lugar
dejaba al capitán Pedro de Alvarado con ciento y cincuenta
de los suyos; y con otros doscientos y cincuenta y los amigos
salió de México para la Veracruz; y en el camino supo que
1 Toxcatl.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 391
Narvaez estaba en Cempoalan, y dióse tan buena maña, que lle-
gó allá antes que Narvaez lo sintiese, y con pérdida de solos
dos soldados de los suyos le prendió, y le hizo llevar á muy
buen recaudo á la Veracruz; y luego todos los que con Narvaez
habían venido, pasáronse sin mucha dificultad, porque los más
de ellos le seguían de mala gana.
CAPITULO LXXXVIII
(í^etraUtdelamueHedetcLtíraáaqueeleapUán Pedro de Alvarado y lotsuyotdie'
ron d loe eeñoree y nobleta mexicana, por cuya canea ee revelaron loe mexicanoe, y
pueieron en aprieto á loe nueeíroe 7%aeta haeerloe ealir Jutyendo de la ciudad de
México, y de la muerte del gran Motecuhzoma, de la de Cktoamayoíroe eeñoree.
Estando Cortés en el puerto de la Veracruz á lo de Narvaez,
ofrecióse la fiesta tan celebrada de los mexicanos llamada Tox-
catl, que caía siempre por Pascua de Resurrección;^ y como Cor-
tés les había vedado el sacrificio de los hombres, tan solamen-
te se hizo un solemne mitote y danza en el patio del templo
mayor, en donde se juntaron todos los de la nobleza mexica-
na, cargados y adornados con todas las joyas de oro, pedrería
y otras riquezas que tenían; y estando en lo mejor de su fies-
ta y muy descuidados de la celada que se les aparejaba, y fué
que ciertos tlaxcaltecas (según las historias de la ciudad de
Tetzcuco, que son las que yo sigo, y la carta que otras veces
he referido), por envidia, lo uno acordándose que en semejante
fiesta los mexicanos solían sacrificar gran suma de cautivos de
los de la nación tlaxcalteca, y lo otro que era la mejor ocasión
que ellos podían tener para poder henchir las manos de des-
pojos y hartar su codicia y vengarse de sus enemigos, (porque
hasta entonces no habían tenido lugar, ni Cortés se los diera,
ni admitiera sus dichos, porque siempre hacía las cosas con
1 Cafa esta fiesta á 20 de Maya.
394 OBRAS HISTÓRICAS DE
mucho acuerdo, y de tal modo que en ellas no se hallase per-
didoso, sino antes con aumento y prósperos sucesos), fueron
con esta invención al capitán Pedro de Alvarado, que estaba
en lugar de Cortés, el cual no fué menester mucho para darles
crédito, porque tan buenos filos y pensamientos tenia como
ellos, y más viendo que allí en aquella fiesta habían acudido
todos los señores y cabezas del imperio, y que muertos no te-
nían mucho trabajo en sojuzgarlos; y así dejando algunos de
sus compañeros en guarda de Motecuhzoma y de su sobrino
Cacama, con el mayor secreto y disimulación que pudo se fué
hacia la plaza ó patio del templo mayor, y cogiendo las puer-
tas de él con algunos de sus compañeros y los tlaxcaltecas, en-
tró con todos los demás con grande ímpetu, haciendo gran
matanza y carnicería en los desdichados mexicanos, que como
se hallaban seguros de semejante caso, estaban desapercibi-
dos y sin armas; y así en breve espacio mataron todos los más
que allí hallaron, y cargaron ellos y los tlaxcaltecas de muy
grandes despojos y riquezas; y al ruido y voz acudieron todos
los de la ciudad á favorecer á sus señores, de tal manera, que
llevaron á Alvarado y los demás sus compañeros y amigos
hasta su posada, en donde estaban Motecuhzoma y Gacama, y
si no fuera por estos reyes que les mandaron que cesara el
combate, los mataran á todos y echaran por el suelo la casa,
viendo la traición tan grande que contra sus señores se habla
hecho, y también porque la noche los departió luego; aunque
no por esto dejaron de darles lo necesario para su sustento,
viendo que sus reyes gustaban de ello, y se los mandaban. Cor-
tés volviendo victorioso y muy bien acompañado, porque traía
consigo mil hombres de guerra y cien caballos, supo en el ca-
mino cómo los de México se habían alzado contra los que allí
dejó, y que si no fuera por Motecuhzoma los hubieran muer-
to, con cuyas nuevas vino á grandes jornadas hasta llegar á la
ciudad de Tetzcuco, en donde se reformó, descansó, fué rega-
lado y avisado de todo lo que había de su íntimo amigo Ixtlil-
xochitl, dándole cuenta de todo, y de cómo aun en la misma
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL.
395
ciudad de Tetzcuco había algunos apasionados de los deudos
y amigos de los que mataron Pedro de Alvarado y sus compa-
ñeros en México; y habiendo tanteado el modo cómo habla de
entrar, se partió de Tetzcuco, y llegó á México día de San Juan
en 24 de de Junio de mil quinientos veinte, y halló la ciudad
sosegada, aunque los moradores de ella no lo salieron á reci-
bir ni le hicieron fiestas. Motecuhzoma se holgó de su llegada
y mucho más sus compañeros, viéndole volver* con tan buen
acompañamiento y tan próspero suceso, y cada uno de ellos le
contó los trabajos que había pasado. Otro día después de lle-
gado reprendió Cortés á uno de los principalas de la ciudad,
porque no se hacía el mercado como solían, que era á su car-
go; y como fué con aspereza, se agravió de tal manera, que vi-
no á revolver á casi toda la ciudad, porque ya estaban los mo-
radores de ella tan hartos de las demasías y crueldades que
contra ellos se habían usado, que fué menester poco para aca-
barse de alzar; y así desde entonces se comenzó entre ellos
una crudelísima guerra, y en la primera pelea mataron los me-
xicanos cuatro españoles; y otro día adelante hirieron muchos,
y cada día les daban cruel batería, de modo que no los deja-
ban sosegar un momento; al septeno fué tan recio el combate
que dieron á la casa del aposento de los españoles, que no tu-
vo Cortés otro remedio, sino hacer al rey Motecuhzoma que
se subiese á una torre alta y les mandase que dejasen las ar-
mas, y él lo hizo de buena gana, rogando á sus vasallos muy
ahincadamente que dejasen la guerra: estaban encolerizados y
tan corridos y afrentados de ver la cobardía de su rey y cuan
sujeto estaba á los españoles, que no le quisieron oir, antes le
respondieron palabras muy descompuestas, afrentándole su
cobardía, y le tiraron muchos flechazos y pedradas; y le acer-
taron con una en la cabeza, que dentro de cuatro días murió de
la herida. ^ Así acabó desastradamente aqueste poderosísimo
rey; que antes ni después hubo en este nuevo mundo, quien
1 Ya está bien averiguado, que Cortés mandó matar á Motecuhzoma.
396 OBRAS HISTÓRICAS DE
le igualase en majestad y profanidad, tanto que casi quiso ha-
cerse adorar, y se vido en la mayor prosperidad, grandeza y
riqueza que hubo en el mundo. Era hombre de mediana esta-
tura, flaco, muy moreno y de pocas barbas; más cauteloso y
ardidoso que valeroso. En las armas y modo de su gobierno
fué muy justicioso: en las cosas tocantes á ser estimado y te-
mido en su dignidad y majestad real, de condición muy seve-
ro, aunque cuerdo y gracioso. Con la muerte de este poderosí-
simo rey, fué grandísimo el daño que á Cortés y á los suyos
se les siguió, porque se movieron los mexicanos, y muerto
Motecuhzoma apretaron mucho á los españoles; y no sintieron
mucho su muerte, porque ya estaban indignados contra él por
el favor grande que hacía á los españoles, y por la pusilanimi-
dad con que se dejó prender y tratar de ellos. Hicieron luego
jurar al rey Cacama su sobrino, aunque estaba preso, con in-
tento de libertarle, por ser persona en quien concurrían las
partes y requisitos para su defensa honra y reputación; mas
no pudieron conseguir su intento, porque queriendo ya los es-
pañoles salirse huyendo de la ciudad aquella noche, antes le
dieron cuarenta y siete puñaladas, porque como era belicoso
se quiso defender de ellos; y hizo tantas bravezas, que con es-
tar preso les dio en que entender, y fué necesario todo lo re-
ferido para poderle quitar la vida: y luego por su muerte que
fué muy sentida de los mexicanos, eligieron y juraron por su
rey á Cuitlahuatzin señor de Izlapalapan y hermano de Mote-
cuhzoma, que era su principal caudillo, y á esta sazón su capi-
tán general. ^ Cuitlahuatzin dio á los nuestros crudelísima gue-
rra, y jamás les quiso conceder ninguna tregua; pasaron entre
ellos y Cuitlahuatzin grandísimos reencuentros y peleas, hasta
que Cortés perdió la esperanza de poderse tener en México, y
determinó salirse de ella; pero fué con tanto peligro y trabajo
suyo y de los suyos, que de toda la riqueza que tenía junta,
1 La sucesión del señorío correspondía á Cuitlahuac; por lo tanto es falso
que los mexicas pretendieran coronar á Cacama.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 397
no pudo sacar casi nada; y aun todos los que murieron de los
suyos, fué por ocuparse alguna parte de las riquezas que tenían
juntas. Salióse Cortés á diez de Julio ^ de mil quinientos vein-
te, de noche, por entender ser. acomodado; mas los mexicanos
le sintieron y salieron en su alcance, y le mataron cuatrocien-
tos cincuenta españoles, ^ cuatro mil indios amigos y cuarenta
y seis caballos, en la parte que hoy llaman el salto de Alvara-
do, y los mexicanos Toltecaacalopan, que es el nombre de la
acequia, y el barrio Mazatzintamalco. En este lugar y en otros
aprietos en que los nuestros se vieron prosiguiendo su retira-
da, murieron entre otros señores que iban con Cortés así en
rehenes como en su favor, cuatro señores mexicanos, que los
dos eran hijos del rey Motecuhzoma y se llamaban Zoacontzin
Tzoacpopocatzin Zepactzin y Tencuecuenotzin, y de las cua-
tro hijas de Nezahualpiltzintli que se le dieron en rehenes mu-
rieron las tres, aunque la una de ellas fué la más bien librada,
porque murió bautizada y se llamó Doña Juana, que por ser
tan querida de Cortés y estar en días de parir la hizo cristia-
na. Murieron otros dos hijos del rey Nezahualpiltzintli; y asi-
mismo murió en esta demanda Xiuhtototzin uno de los grandes
del reino de Tetzcuco, señor de Teotihuacan, que era capitán
general de la parcialidad de Ixtlilxochitl, que en su nombre
había ido en favor y ayuda de Cortés y de los suyos.
1 La verdadera fecha fué 29 de Junio.
2 Según otros autores, la pérdida fué mayor.
CAPITULO LXXXIX
Qtt# traia de la reOrfida que hUo Oortéeconloe au$f09 á TlaxecUanendondete retiró, y
lo qiie en eete tiempo sucedió.
Salido que fué Cortés con los suyos aquella noche con tan
gran pérdida, se fué retirando por los altos de Tlacopan que es
hacia el cerro Tototepec, que llaman el día de hoy nuestra Se-
ñora de los Remedios, en donde milagrosamente la reina de
los Angeles los favoreció y socorrió; y según la relación citada
de los tlaxcaltecas, se paró allí el capitán Cortés triste, afligido y
derramando muchas lágrimas, ^ viendo por una parte la muer-
te de tantos compañeros y amigos, que dejaba muertos en po-
der de sus enemigos, y por otra el manifiesto milagro que la
rema de los Angeles, su abogado el apóstol San Pedro y el de
los ejércitos españoles Santiago, habían hecho en haberse esca-
pado él y los más que iban en su seguimiento; y viéndose cer-
ca de sí á Aexotecatl Quetzalpopocatzin hermano de Maxixca-
tzin, Chalchiuhtecatl, Calmecahua y otros caballeros y señores
tlaxcaltecas, y á Tecocoltzin y Tocpacxochitzin con otros se-
ñores que iban en rehenes, hijos del rey de Tetzcuco Nezahual-
piltzintli y de Motecuhzoma, dijo por lengua de Marina: que no
1 La leyenda vulgar refiere que Cortés lloró al pie de la huehuete de Pope-
tía, y el Sr. Orozco y Berra opina que fué en las gradas del templo de Tlaco-
pan. Si lloró Cortés, lo cual no creo, me parecen lugar y tiempD m^B á pro-
pósito, los que supone Ixtlilzochitl.
400 OBRAS HISTÓRICAS DE
tuviesen aquel llanto y tristeza que en él había por falta de
ánimo, pues no era; sino lo uno por los muchos compañeros y
amigos que dejaba muertos, y lo otro por las señaladas mer-
cedes que Dios obraba con él por intercesión de su madre ben-
dita y de sus sagrados apóstoles; y que él no tenía temor á los
culhuas, ni estimaba en nada su vida, porque cuando á él le
matasen y á todos los que con él iban, no faltarían otros cris-
tianos que los sojuzgasen, porque la ley evangélica se había de
plantar en esta tierra, aunque más impedimentos y resistencia
hiciesen; y que les daba su fe y palabra á todos los señores
que le eran leales y amigos, que si salía con victoria y conquis-
taba la tierra, no tan solamente los conservaría en sus esta-
dos y señoríos, sino que también en nombre del rey de Espa-
ña su señor, se los aumentaría y los haría participantes de lo
que así sojuzgase y conquistase. Todos estos señores y caba-
lleros le consolaron y le animaron, y fué á hacer noche en
Quauhximalpan, en donde tuvo alguna refriega con los enemi-
gos: otro día llegó á Teocalhueyacan, habiendo tenido por todo
el camino debates y contiendas con los mexicanos: aquí repa-
ró y estuvo un día con su ejército, en donde se sustentaron
con sólo yervas; y luego prosiguió su camino y hizo noche en
Tepotzotlan, en donde tuvo poca resistencia; y descansó un día,
y otro día llegó á hacer noche en Aychqualco; y áotro día lle-
gó á Aztaquemecan, en donde tuvo una sangrienta y peligrosa
batalla, y un capitán llamado Zinacatzin, famosísimo natural
de Teotihuacan que era del bando de los mexicanos, mató el
caballo que era de Martín de Gamboa, y aquella noche se que-
daron aquí y cenaron el caballo. Otro día llegaron á aquellos
llanos de la provincia de Otumpan con grandísimo trabajo; y
allí les salieron más de doscientos mil hombres que iban en su
seguimiento, en donde tuvieron una muy cruel batalla, toman-
do en medio á Cortés y á los suyos, de tal manera, que no ha-
bía por donde huir ni retirarse. Cuando se vido Cortés ya en
lo último de la desesperación, como quien pretendía morir con
algún consuelo, apretó las piernas al caballo, llamando á Dios
DON FERNANDO DE ALYA IXTLILXOGHITL. 401
y á San Pedro su abogado; y como un león rabioso peleando,
rompió por todos los enemigos hasta llegar al estandarte real
de México que le tenía Zihuatcaltzin, capitán general de aquel
ejército, que llaman Matlaxopili, que era de una red de oro; y
dándole de lanzadas quedó muerto á sus pies y le quitó el es-
tandarte, con cuya hazaña todos los suyos desmayaron y co-
menzaron á huir, y los nuestros cobraron nuevo ánimo y ma-
taron infinitos de ellos. Fué caso milagroso, porque demás de
ir muy mal herido el capitán Cortés en la cabeza, y con un ca-
llo de ella menos, todos los más y los amigos estaban afligidos,
heridos, muertos de hambre y maltratados, enmedio de dos-
cientos mil hombres que como tigres rabiosos los iban despe-
dazando; mas fué tanto el valor y fe viva de Cortés, que así co-
mo invocó á Dios, á su madre y al apóstol San Pedro su abo-
gado, y sus compañeros á Santiago, todo se allanó y rindió,
(según común opinión de los naturales se aparecieron en su
favor y defensa), y cogiendo el estandarte real de México como
cosa ganada en tan peligrosa batalla, fué triunfando con él pro-
siguiendo su viaje. Sucedió esta batalla en la parte que dicen
Metepec; y llegando á otra que se dice Teyocan, tuvo otra re-
friega, en donde murieron infinitos de sus enemigos, que fué la
última que tuvo en esta retirada; y llegó á hacer noche en Te-
malacayocan; y luego otro día siguiente fué prosiguiendo su
viaje hasta Hueyotlipan en donde hizo noche en la parte que
j laman Xaltelolco, que es delante del cerro que llaman Quauh-
tepetl: dio las gracias á los amigos tlaxcaltecas y á los demás
que se habían hallado en estas contiendas y retirada, prome-
tiéndoles en nombre de su majestad, que demás de conservar-
los en sus estados y señoríos, se los aumentaría y se les harían
muchas mercedes. Allí fué recibido de Zitlalquiauhtzin, ^ que
iba en nombre de la señoría con un gran repuesto de comida
y regalo para él y para todos los suyos. Llegado que fué á
Hueyotlipan, en donde se le hizo el mismo regalo y durmió,
1 Citlalpopocatzin.
Tomo 11—27
402 OBRAS HISTÓRICAS DE
otro día siguiente le fué á recibir en nombre de la señoría Ma-
xixcatzin: en recompensa de su buena voluntad, ofrecimiento
y consuelo que le hizo, le dio el estandarte real de México que
estimó él mucho, y puso por una de sus armas. ^
1 Este relato ya en su mayor parte conforme con las pinturas del lienzo de
Tlaxcalla; pero en éste se pone la entrega del estandarte Quetzal teopamitl,
ya en la ciudad de Tlaxcalla, y al joven Xicotencatl, á quien, según Muñoz
Camargo, había cedido el mando su padre, porque se sentía muy viejo é
imposibilitado.
CAPITULO XC
Que trata del buen acogimiento que tuvo Cortés en Ttaxcálan^ y todo lo que en eUa hi'
zo durante el tiempo que aUl te reformó; muerte del rey CultlahuaJttin^ y eleeciOn
de QuauhíemoCf de Coanacochtzin y de Tetlepanquetxaltxin,
Habiendo descansado Cortés y los suyos en Hueyotlipan^
Maxixcatzin con otros muchos señores y más de cincuenta mil
hombres de los amigos, le apresuraron la ida á Tlaxcalan, en
donde los cuatro señores principales con toda la señoría le sa-
lieron á recibir, y llevaron á su ciudad con muy gran regocijo,
en donde le curaron y regalaron muy bien, según la relación
que tengo citada de Tlaxcalan que es la que yo sigo; y todo lo
más que he escrito y adelante escribiré, es según las relaciones
y pinturas quelescribieron los señores naturales recién ganada
la tierra, que se hallaron en los lances acontecidos en aquellos
tiempos; porque en cuanto á las cosas de nuestros españoles,
y más notables en aquestos tiempos, Francisco de Gomara en
su historia de las Indias, Antonio de Herrera en su crónica, el
Reverendo padre Fr. Juan Torquemada en su Monarquía
Indiana, y como testigo de vista el invictísimo D. Fernanda
Cortés, marqués del Valle, en las cartas y relaciones que envió
á su majestad, todos tratan muy especificadamente, en donde
los curiosos lectores hallarán á medida de sus deseos lo que
quisieren. Prosiguiendo pues en la traducción de las dichas
relaciones y pinturas, dice la de Tlaxcalan que se aposentó
404 OBRAS HISTÓRICAS DE
Cortés con los suyos en la casa de Xicotencatl, en donde estu-
vo la primera cruz; y entre otras pláticas que tuvo con él, en
razón del buen suceso de la conquista de la ciudad de México
y venganza de los agravios referidos, le dijo: "Señor seáis bien
"venido, descansad que en vuestra casa y patria estáis: á mí
"me habían dicho que desde Hueyotlipan, habiéndoos refor-
"mado, queríades volver á México para sojuzgar á los culhuas
"castigándoles su rebeldía, que á vos, á los tlaxcaltecas y á
"otros de vuestros amigos les han hecho, lo cual por mi voto
"no hubiera sido buen acuerdo: pues ya que venísteis á esta
"ciudad, os suplico descanséis en ella con los vuestros, y os re-
"forméis; y soy de parecer, que ante todas cosas sojuzguéis á
"los de Tepeyacac, que es una provincia grande y muy forta-
"lecida, en donde tienen los mexicanos la fuerza de sus ejér-
"citos para daros por las espaldas, y hacer mal á vuestros ami-
"gos; y así conviene allanar primero á éstos y á los demás que
"están en estos contornos, para que con más seguridad salgáis
"con vuestra empresa, que tanto importa á todos." A Cortés
le pareció muy bien, y quedó determinado de poner por obra
el consejo de Xicotencatl. Mientras pasaban las cosas referi-
das en Tlaxcalan, fué en México tan grande y tan general el
daño que hicieron las viruelas que pegó el negro de Narvaez,
que perecieron muchos millares de naturales; y entre ellos murió
el rey Cuitlahuatzin, que había gobernado sólo cuarenta y siete
días, y asimismo murió Totoquihuatzin rey de Tlacopan. ^ En
lugar de estos dos, los mexicanos eligieron por su rey á Quauh-
temoc de edad de diez y ocho años, ^ famosísimo capitán, cual
convenía por el tiempo y trance en que se veían los mexica-
nos, que era sumo sacerdote de sus falsos dioses y señor de
Tlatelulco; y los de Tlacopan eligieron por su rey al príncipe
heredero Tetlepanquetzaltzin; y en la ciudad de Tetzcuco, por
muerte del rey Cacama, á Coanacochtzin: todos tres hombres
1 Totoquihuatdn ñió muerto por los españoles la Noche Triste.
2 Cuauhtemoc tenía veinticinco años en el de 1521.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 405
de valor y ánimo y que eran del apellido y bando mexicano;
los cuales en sus juras y coronaciones hicieron muy solemnes
fiestas y grandes sacrificios á sus falsos dioses con los cautivos
españoles, tlaxcaltecas, huexotzincas, cholultecas y otros ami-
gos de Cortés, que fueron habidos en los combates y retirada
que hizo. Estando en este estado todos estos tres reyes, entra-
ron en acuerdo y consejo de lo que debían hacer, para que de
todo punto echasen de todas las tierras del imperio ó matasen
á los pocos españoles que quedaban con su caudillo Cortés; y
el mejor medio que para esto hallaban, era atraer á su devo-
ción y amistad á todos aquellos que los favorecían y admi-
tían en sus tierras y señoríos, ofreciéndoles muy grandes fran-
quezas, libertades y paz perpetua entre ellos, porque no les
aconteciese otra vez ver, que por sus medios viniesen gentes
extranjeras y nunca vistas ni conocidas, á sojuzgarlos y seño-
rearse de ellos; y asimismo tratar de paces con los reyes y se-
ñores remotos (con quienes los ejércitos del imperio habían
tenido continuas guerras), y estando de paz con todos, con los
partidos y capitulaciones que ellos quisiesen, aunque fuese res-
tituirles algunas de las tierras y lugares que les tuviesen ga-
nados, pedirles socorro y ayuda para destruir y consumir
nuestra nación española: para lo cual enviaron sus embajado-
res á tratar con ellos con grande instancia lo que así tenían de-
terminado, encareciendo las crueldades y tiranías que decían
les hacían los cristianos, usurpándoles sus riquezas y señoríos;
y asimismo fortaleciendo la ciudad todo lo mejor que pudie-
ran. Entre los embajadores que despacharon, fueron seis á la
señoría de Tlaxcalan, personas de autoridad y respeto, los cua*
les dieron su embajada con muy grande elocuencia á la seño-
ría, persuadiéndola á que matasen ó echasen de sus tierras á
Cortés y á los suyos, pues era gente extraña, que venía con
gran codicia de usurpar y quitar los señoríos; y otras cosas
que á su propósito alegaban, trayéndoles á la memoria ser to-
dos deudos y de su linaje, por cuya causa, dejando aparte
pasiones y contiendas pasadas, tenían más obligación de fa-
406 OBRAS HISTÓRICAS DE
vorecer á los suyos, que no á aquellos pocos extranjeros que
venían á embaucar la tierra; dándoles la fe y palabra de sus re-
yes, que entre ellos desde aquel tiempo en adelante tendrían
perpetua paz y concordia inviolablemente, y que entrarían en
parte de todas las rentas de las provincias sujetas por el im-
perio. Tanto supieron decir á la señoría estos embajadores, que
casi toda ella después de tratado y altercado muy bien el ne-
gocio, la rediyeron á su voluntad y deseo, y comenzaron entre
sí á decir que tenían razón los culhuas y sus consortes, y que-
dando la cosa establecida de la manera que sus reyes se obli-
gaban, les estaba más bien el favorecer y amparar su causa,
que no la de los españoles, gente extraña y que aún no sabían
en que vendrían á parar sus designios. Uno de los cuatro se-
ñores que más aficionado se mostró á esta opinión fué Xico-
tencatl, que era el más antiguo de los cuatro supremos de la
señoría, trayéndoles á la memoria de los tiempos atrás, siendo
él mancebo y capitán general, la grande paz y concordia que
tuvieron con los reyes de Tetzcuco y México, como deudos y
parientes tan cercanos que eran; que en las primeras guerras
que tuvieron, asi en sojuzgar al rey de Azcaputzalco que tenía
tiranizado el imperio, como en conquistar algunas provincias
remotas, andando en su favor siempre él y toda la señoría, la
hicieron participante de lo mejor de los despojos y entró en
parte de las rentas y tierras conquistadas, y después por dio-
ses ^ se vino á perder esta amistad y concordia, de donde na-
cieron las pasiones, enemistades y rencores que entre los unos
y los otros había; y que así estableciendo la cosa según y de la
manera que los embajadores decían en nombre de los señores
mexicanos, sin duda ninguna le estaría muy á cuenta á la se-
ñoría hacer lo que se les pedía. Maxixcatzin contradijo por to-
das instancias lo que Xicotencatl alegaba y decía, favoreciendo
muy hincadamente la parte de Cortés y de los suyos, alegando
para ello muchas causas y razones: y estando en esta contien-
1 Creo que este es emir del copista, y que debe decir: por odios.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 407
da (que era en la sala y oratorio de Xieotencatl en donde es-
taba la cruz), milagrosamente todos los que estaban en ella,
vieron entrar una nube que cubrió la cruz, y quedó la sala
obscura y triste; con que á Maxizcatzin viendo este milagro, se
le aumentó el ánimo y brío con que defendía el partido de los
cristianos, de tal manera que Xieotencatl el mozo (que susten-
taba con muy gran coraje el parecer de su padre) y él llegaron
á las manos, y Maxixcatzin le dio un reempujón, que lo echó
de las gradas abajo que estaban á la entrada de esta sala. To-
dos los del consejo y junta viendo un milagro tan grande mu-
daron de intento, y se volvieron de la parte y opinión de Ma-
xixcatzin; con que despidieron á los embajadores mexicanos
diciéndoles, que ellos habían de defender y amparar á los cris-
tianos, y perder por ellos la vida y la de sus mujeres y hijos:
y así que los despidieron salió aquella nube, y quedó aquella
sala muy clara y alegre y la cruz muy resplandeciente; por lo
que desde entonces con muchas más veras servían, amparaban
y favorecían á Cortés y á los suyos. Muy mal suceso tuvieron
estos embajadores; aunque los que fueron ala provincia y rei-
no de Michoacan y otras partes trajeron muy buenas nuevas á
los señores mexicanos, ^ pues todos les ofrecían socorro y ayu-
da contra Cortés y los suyos, hasta matarlos ó echarlos de to-
da la tierra, y castigar á todos aquellos que fueran en su favor;
con cuyas nuevas se holgaron mucho y animaron á los de su
bando y apellido. Los amigos de Cortés protestaron morir ó
vencer en la demanda por no venir á manos de sus enemigos,
que tratarían á los que quedasen con vida peor que á esclavos;
y que así echarían el resto en favorecer y ayudar á Cortés. Es-
tándose él curando en la ciudad de Tlaxcalan, cuando él día
menos pensaba, todos los suyos fueron á él bien alterados y
con determinación de dejarle; y le hicieron de parte de su ma-
1 El canzonci 6 rey de Michuacan mandó matar á los embajadores de
Cuauhtemoc, para que fueran á 1& mansión de los muertos á dar el mensaje á
su padre, que poco antes había sucumbido de Tiruelas.
408 OBRAS HISTÓRICAS DE
jestad un requerimiento, pidiéndole que los sacase de aquella
tierra: fué grandísima la pena que á Cortés le dio este motín;
pero él se supo tan bien granjearlos y persuadirlos á que se ase-
gurasen, que todos mudaron de intento y protestaron morir
con él donde quiera que los guiase y llevase. Pasados veinte
días, acordó Cortés de ir sobre los de Tepeyacac, según Xico-
tencatl se lo tenía aconsejado; y así habiéndose juntado más
de cuatro mil tlaxcaltecas, huexotzincas y cholultecas, y por
caudillo principal de los tlaxcaltecas Tianquiztlatoatzin y los
hijos de Xicotencatl y otros señores de las cuatro cabezas, el
primer día fué á hacer noche en Tzompantzinco, en donde pu-
so en orden la gente que llevaba: se ocupó en esto im día, y
al tercero se juntó con los enemigos en Zacatepec, en donde
tuvo una sangrienta batalla, y murieron muchos de los mexi-
canos y tepeacas; al cuarto hizo noche en Acatzinco, en donde
cautivó á los que se le fueron de las manos; y al sexto día en-
tró en la ciudad de Tepeaca sin contradicción ninguna, porque
los moradores de ella y sus valedores los mexicanos la desam-
pararon, habiendo venido á sus manos y dado por esclavos á
muchos de ella. Detúvose aquí Cortés en allanar á toda esta
provincia veinte días, derribando ídolos que en ella halló, y
fundó una villa que llamó Segura de la Frontera; y luego dio
la vuelta por Chololan, y de allí, después de haberse reforma-
do, fué sobre los de Cuauhquecholan que luego se le rindieron,
y echó de sus términos á los mexicanos; y habiendo astado un
día aquí reformándose, fué sobre Itzocan, y aunque con difi-
cultad los rindió y sujetó, porque se defendieron ellos y los
mexicanos que estaban en su defensa, y murieron muchos de
ellos: detúvose aquí veinte días dando orden en las cosas con-
venientes á la prosecución de la conquista; posó en las casas de
Ahuecatzin señor de aquella provincia, desde donde dio la
vuelta por Tepeyacac, y los tlaxcaltecas se volvieron á su tie-
rra; y habiendo estado algunos días en Tepeyacac, volvióse á
Tlaxcalan, en donde halló á muchos de los señores y caballe-
ros de aquella república muertos por la enfermedad de las vi-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLITJCOCHITL. 409
ruelas que pegó el negro de Narvaez, (que ya habían cundido
por toda la tierra), entre los cuales falleció su grande amigo
Maxixcatzin: hizo por él grandísimo sentimiento y puso luto.
Antes de partir de la provincia de Tepeyacac, envió á sojuzgar
las provincias de Zacatlan y Xalatzinco (que eran del bando
mexicano, camino muy necesario para la Veracrijz, que habían
muerto algunos españoles), despachando para el efecto veinte
de á caballo, doscientos peones y muchos de los amigos de
Tlaxcalan y otras partes, que los fueron á sojuzgar.
CAPITULO XCI
Que trcUa del orden que di6 Cbríéapara ir sobre la eiudad de México^ y el viaje que
hizo hasta llegar á la ciudcid de Tetzeuco.
Los maestros y carpinteros á esta sazón andaban muy ocu-
pados, haciendo la tablazón y ligazón necesaria para los ber-
gantines que tenía Cortés ordenado hacer para la conquista de
la ciudad de México; y como vido que tenían hecho razonable
orden, envió á la Veracruz por todo el fierro y clavazón que
hubiese, velas, jarcia y otras cosas necesarias para ello; y el
segundo día de Pascua de Natividad del dicho año de mil qui-
nientos veinte, hizo alarde, y halló cuarenta caballos y quinien-
tos cincuenta peones: repartió á los de á caballo en cuatro
cuadrillas, y de los peones hizo cuatro capitanías de sesenta
peones cada una; y porque no se le enfriasen los amigos y sus
compañeros, echó fama de que quería ir luego á cercar la ciu-
dad de México, con determinación de no alzarse de ella hasta
destruirla; de que se holgaron infinito los de Tlaxcalan y los
demás sus amigos, porque deseaban mucho vengarse de aque-
lla ciudad que los tenía tiranizados. Hizo á los suyos una lar-
ga plática, poniéndoles delante lo que otras veces y rogándoles,
que pues habían comenzado á publicar la fe de Cristo nuestro
Señoreen tre aquellos gentiles idólatras, no desmayasen hasta
que de todo punto hubiesen exthrpado la idolatría y las abo-
minaciones con que Dios era tan deservido en aquestas tierras
412 OBRAS HISTÓRICAS DE
tan ricas; porque demás del premio que les daría en el cielo,
se les seguirían en este mundo grandísima honra, riquezas ines-
timables y descanso para la vejez. Todos le mostraron gran-
dísima voluntad, ofreciéndole las vidas y cuanto tenían; y que
guardarían inviolablemente ciertas ordenanzas que les consti-
tuyó convenientes al servicio de Dios y ley que profesaban,
que eran todas cosas santísimas y de buen cristiano capitán.
Hizo después otro razonamiento largo á la señoría de Tlaxca-
lan; y todos los de ella y otros amigos que allí se hallaban le
ofrecieron sus vidas y haciendas para la guerra de México.
Antes que Cortés saliera de Tepeyacac, por ver si el rey de
Tetzcuco (que á la sazón era Coanacochlzin) le era amigo, des-
pachó á un caballero llamado Huitzcacamatzin, natural de
aquella ciudad, deudo suyo de los que fueron con Cortés á la
retirada de Tlaxcalan, enviando á decir al rey Coanacochtzin
que tenía presupuesto de seguir en la guerra hasta sojuzgar á
los mexicanos; y que así le hacía saber su última ^determina-
ción para que tuviese por bien de admitirle en su reino, sin dar
lugar á que hubiese ningunas contiendas, pues desde el prin-
cipio él y los de su reino se habían dado de paz al rey D. Car-
los su señor; y otras muchas razones, sólo á fin de traerle á su
amistad, porque con esto fácilmente desde la ciudad de Tetz-
cuco podía sitiar la de México y tener las espaldas seguras.
Despachado que fué Huitzcacamatzin, dio su embajada á Coa-
nacochtzin, y como era del bando de los mexicanos no le qui-
so oir, sino que antes lo mandó hacer pedazos; y viendo Cor-
tés que se detenía Huitzcacamatzin, despachó segundo mensa-
jero: y para que fuese creído y con su autoridad se despachase
con brevedad, acordó de enviar á Tocpacxochitzin y por otro
nombre Cuicuitzcatzin (uno de los cuatro infantes, hyo del rey
Nezahualpiltzintli, que se dieron en rehenes á Cortés), el cual
llegado que fué á la ciudad de Tetzcuco y dada su embiyada al
rey su hermano, hizo con él lo mismo que con el primer men-
sajero Huitzcacamatzin. Ixtlilxochitl por grandes inconvenien-
tes que halló en la ciudad y en lo más del reino de Tetzcuco
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 413
desde la rebelión de los mexicanos y retirada de Cortés, se es-
tuvo en unas labranzas que tenía en términos de Tepepulco,
una de las provincias que le eran sujetas; y cuando supo que
Coanacochtzin su hermano había muerto los dos mensajeros
de Cortés, y que le impedía la entrada en su reino, se vino á
la ciudad de Tetzcuco, sólo á fin de oponerse y favorecer á Cor-
tés; y llegó á tiempo que ya estaba de partida y apercibiéndo-
se en Tlaxcalan. Salió de ella en nombre de Dios, día señala-
do de los Inocentes del año de mil quinientos veinte, con veinte
mil hombres de guerra de los amigos; y siguiendo la relación
de Tlaxcalan que tengo citada, fué por el camino de Tetzme-
locan que va á salir á Tlepehuacan, con tan buen pie, que sin
acontecerle ningún desmán al pie de la sierra, llegó á las ver-
tientes de agua; y en la parte referida, Tlepehuacan, le salió á
recibir Ixtlilxochitl, dándole en señal de paz y confirmación de
la amistad antigua, un pendón de oro, dándole la bienvenida,
y rogándole se fuese á la ciudad de Tetzcuco, que allí sería
servido y regalado; que le pesaba mucho de sus trabajos, de
los bandos y rebeliones que habían causado sus tíos y deudos
los señores mexicanos y los que seguían su bando, y que por
esta causa hallaba que el rey su hermano y los de su corte tu-
vieron alguna culpa, pero que los perdonase, que en su nom-
bre venía á disculparlos y ofrecérsele en su servicio. Mucho
se holgó Cortes de ver á Ixtlilxochitl, y recibióle en nombre de
su hermano con tanto amor, que era lo más que él deseaba.
Aquel día hicieron noche en Coatepec, ^ sujeto á la ciudad de
Tetzcuco; y otro día lunes, último de Diciembre, fueron siguien-
do su camino hasta entrar en la ciudad de Tetzcuco, en donde
fueron aposentados Cortés y los suyos por Ixtlilxochitl, y se
les dio todo lo necesario; mas el rey sabiendo que Cortés traía
queja de que hubiesen muerto cuarenta y cinco españoles y
trescientos tlaxcaltecas por su orden, ^ les habían quitado los
1 Aquí falta la palabra pueblo.
2 Aquí falta: y que.
414 OBRAS HISTÓRICAS DE
despojos que llevaban de la ciudad de México, y que podía re-
dundarle algún daño de esto y de otras cosas, y porque siem-
pre fué del bando de los mexicanos, luego aquella tarde se
embarcó con todos los señores y caballeros que eran de su opi-
nión: llevando consigo sus haciendas y mujeres se fueron á la
ciudad de México, desamparando la de Tetzcuco, con cuyo
desmán los ciudadanos se comenzaron á alborotar, entrándose
unos tras del rey por la laguna y otros por la montaña, que-
dándose solo y desamparado Ixtlilxochitl deteniendo la gente
y esto no se pudo hacer, sin que Cortés y los suyos lo echasen
de ver, y así visto el desmán que había, entendiendo que había
algún trato doble, quiso saquear la ciudad y castigar los que la
alborotaban. Ixtlilxochitl le detuvo y fué á la mano, rogándo-
le que mirase y se condoliese de la gente mísera y sin culpa;
y por mucho que hizo, todavía los tlaxcaltecas y otros amigos
que Cortés traía, saquearon algunas de las casas principales de
la ciudad, .y dieron fuego alo más principal délos palacios
de rey Nezahualpiltzintli, de tal manera que s^ quemaron to-
dos los archivos reales de toda la nueva España, que fué una de
las mayores pérdidas que tuvo esta tierra, porque con esto
toda la memoria de sus antiguallas y otras cosas que eran co-
mo escrituras y recuerdos, perecieron desde este tiempo: la
obra de las casas era la mejor y la más ártiñciosa que hubo en
esta tierra. ^ Habiéndose aquietado la ciudad y despachado á
los tlaxcaltecas y huexotzincas y otros amigos para sus tierras,
en Tlepehuacan (que es á la subida de la sierra), los ejércitos
mexicanos les dieron alcance y mataron á muchos de ellos, y
si no tuvieran socorro de Cortés, lo pasaran muy mal; y así el
socorro los puso hasta las vertientes de Texmelocan, desde
donde fueron seguros á sus casas. Cortés teniendo gran vo-
luntad á Tecocoltzin (que había quedado solo de los cuatro
infantes hijos del rey Nezahualpiltzintli que se le dieron en re-
1 Según el lienzo de Tlaxcalla, Cortés no entró de paz en Texcoco; sino que
tuvo que tomarla por la ñierza. Esto explica el incendio de los palacios y ar-
chivos y el saqueo de la ciudad.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 415
henes), le nombró por señor de aquella ciudad; y Ixtlilxochitl
se holgó y hizo que todos lo reconociesen y respetasen, pues
su hermano el rey había desamparado la ciudad, y á él no le
estaba á cuento, conforme á su reputación y honra, gobernar-
la estando vivo su hermano, porque le tendrían por tirano;
mas con todo, el reino siempre á él le reconoció por cabeza
principal. Según las relaciones y pinturas de la provmcia de
Cíhalco parece, que los señores y principales de ella, que eran
Omacatzin, Itzcahuetzin, Necuametzin, Quetzalcoatzin, Zitlal-
tzin, Yaoxiuhcatzin y otros, se juntaron y trataron de lo que
se debía hacer en razón de si recibían de paz á Cortés y á los
suyos, ó si juntarían sus gentes en favor de los mexicanos, pa-
ra lo cual enviaron á la ciudad de Tetzcuco por sus embajado-
res á Zitlaltzin y Yaoxiuhcatzin, á que de su parte se informa-
sen de Ixtlilxochitl de lo que debían hacer. Ixtlilxochitl habien-
do oído su emb^'ada, les dijo que dijesen á los señores de la
provincia de Chalco, que de ninguna manera levantasen armas
contra C4ortés y sus compañeros, porque sería muy gran men-
gua y afrenta de su provincia si tal hiciesen; sino que antes
procurasen el bien y favor de los cristianos, y que se aquieta-
sen todos y de paz recibiesen la santa fe católica. Vista por los
señores de Chalco la determinación de Ixtlilxochitl, luego en-
viaron otros mensajeros á Cortés, dándosele por sus amigos.
Asimismo se redujeron algunos pueblos que habían estado de
la parte del rey Coanacochtzin, como fueron Otumpan, Huexu-
tla, Coatlichan, Chimalhuacan y Ateneo, con que de todo pun-
to todo el reino de Tetzcuco quedó de la parte de Ixtlilxochitl
en favor de Cortés y de los suyos; y eharon de sus tierras y
términos los ejércitos mexicanos, yendo donde fué necesaria
algunos españoles en su favor para el efecto, como el capitán
Gonzalo de Sandoval que vino en favor de los de la provincia
de Chalco, hasta que de todo punto echaron de sus tierras y
términos á los mexicanos. Estuvo Cortés pertrechándose en la
ciudad de Tetzcuco de todo lo necesario para sitiar y sujetar
la ciudad de México; y hizo traer la tablazón y ligazón que ha-
416 OBRAS HISTÓRICAS DE
bía dejado en la ciudad de Tlaxcalan para los bergantines, sin
la que se cortó en la ciudad de Tetzcuco para el efecto en uno de
los bosques de los reyes de ella, que los de la provincia de To-
lantzinco plantearon en tiempo de Nezahualcoyotzin; con que
hubo bastantísima madera, y se comenzaron á aderezar y armar
los bergantines: y para poderlos sentar en la laguna, por traza y
orden de Cortés, mandó hacer Ixllilxochitl una zanja profunda
que tenía más de media legua de longitud, con la profundidad
necesaria, que corría desde dentro de los jardines y palacios
del rey Nezahualcoyotzin su abuelo, hasta dentro de la laguna;
y para esta obra mandó, que en cincuenta días que duró, tra-
bajasen un xiquipil, que son ocho mil hombres cada día, y que
estos fuesen hombres suficientes para la milicia, que fué un
tanteo sólo por ver qué cantidad de gente podía poner en cam-
paña de sólo la provincia de Tetzcuco, la que se llama Acul-
huacan; y halló doscientos mil hombres por copia, de que se
holgó mucho, para las ocasiones que se habían de ofrecer en
favor de los cristianos; y dio de ello parle á Cortés, que no
menos se holgó de ver el gran poder que el reino de Tetzcuco
tenía, pues de sólo lo que era de la nación aculhua se podían
poner doscientos mil hombres en campaña. Asimismo hizo
juntar todos los bastimentos que fueron necesarios para sus-
tentar el ejército y guarniciones de gente que andaban en fa-
vor de Cortés, y así hizo traer á la ciudad de Tetzcuco el maíz
y frijoles que había en las trojes y graneros de las provincias
sujetas al reino de Tetzcuco; y fortaleció muy bien esta ciudad,
y particularmente las casas y grandes palacios de su abuelo el
rey Nezahualcoyotzin, que era en donde posaban Cortés y los
suyos, para que si acaso los mexicanos los vencían, viniesen á
guarecerse en ella. Por otra parte el rey Quauhtemoc, Coana-
cochtzin y Tetlepanquetzaltzin sus aliados, con mucha diligen-
cia y cuidado se pertrechaban y fortalecían en su ciudad, de
gente, vituallas y todo lo necesario para defenderse de sus
enemigos, y aun ofenderlos si pudiesen; y así andaban sus em-
bajadores requiriendo á todos los señores que eran de suban-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 417
do y los que habían atraído á su voluntad, que (como atrás
queda referido) fué uno de ellos el rey de Michoacan, que era
poderosísimo y su gente muy belicosa; y si Dios por su infini-
ta misericordia no guiara las cosas de Cortés por su mano, sin
duda que con el favor y ayuda de este rey, no consiguiera su
intento; mas hizo Dios un caso milagroso, y fué que cuando
fueron á ver la primera vez los embajadores de estos reyes al
de Michoacan Tangajuan, le dieron por extenso relación de lo
que Cortés y los suyos habían hecho con los de Cholula y el
capitán Pedro de Alvarado con los de México, tratándolos
de crueles y tiranos, que se alzaban con los Estados y señoríos:
se halló presente la hermana del rey, y oyendo decir las cruel-
dades que los embajadores significaban de Cortés y de los su-
yos, y teniendo por cosa cierta profetizada por sus mayores,
que los de esta nación habían de poseer y ser señores de la
tierra, desesperadamente por no oírlos ni verlos, se dejó mo-
rir de hambre; y fallecida que fué, como era costumbre en
aquella tierra á los reyes y grandes señores meterlos en un só-
tano del templo mayor, velarlos allí ciertos días, y al cabo de
ellos quemarles el cuerpo y guardar sus cenizas, haciendo con
ella la misma ceremonia como hermana que era del rey, al ca-
bo de cuatro días que había fallecido, resucitó y mandó á los
que la velaban llamasen al rey su hermano, que tenía nego-
cios graves que comunicar con él, muy importantes al bien de
todo su reino y de sus subditos y vasallos: de que quedaron to-
dos espantados y admirados, y fueron á llamar al rey, al cual
venido que fué le dijo, que se quietase, no se alborotase, y con
toda atención le escuchase todas las cosas que de parte del
verdadero Dios señor del cielo y de la tierra le quería anun-
ciar y revelar; y estando el rey su hermano atento, le dijo, que
luego de parte de Dios le mandaba dejase las armas y despi-
diese las gentes que tenía juntas en dos llanos que llaman de
Avallos, para ir á favorecer á los de México, porque de ningu-
na manera convenía atacase á aquellas nuevas gentes que
venían á plantar la ley del verdadero Dios, y que antes procu-
TOMO 11-28
418 OBRAS DE DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL.
rase admitirlos y recibirlos de paz en su reino, para que asi-
mismo en él se plantase esta ley y fuese conocido y adorado
este Dios; y que en testimonio de todo (demás del gran mila-
gro que había usado con ella en resucitarla y darla otros quin-
ce años de vida), el día de la feria principal de la ciudad que
era cabeza de su reino, vería por la región del aire venir por
la parte del Oriente un mancebo con una luz en la una mano
que excedería á la del sol, y en la otra una espada que era la
arma que esta nación recién venida usaba, y pasando por en-
cima de la ciudad iría á perderse por la de Occidente; y que
de ninguna manera porfíase en ser contra esta nación que traía
por defensa y amparo una cruz, que todos los enemigos en
viéndola se le rendían; y que ella había visto el lugar donde
iban á parar todos los que no conocían al verdadero Dios, que
era de penas intolerables y eternas, donde estaban todos sus
padres y abuelos padeciendo; y asimismo vido la gloria donde
estaban gozando de la presencia de este Dios todos aquellos
que se salvaban, mediante la fe y ley que estas nuevas gentes
traían. El rey Tangajuan quedó admirado de oir todas estas
razones y ver á su hermana resucitada hasta la visión que le
dijo, y así dejó las armas y no quiso socorrer á los mexicanos,
despidiendo doscientos mil hombres que había juntado en
campaña para irlos á socorrer, que los cien mil eran michoa-
ques que llaman tarascos, y los otros cien mil eran los teo-
chichimecas, gente la más belicosa que ha habido en esta nue-
va España. Todo esto que aquí se ha escrito fué sacado de las
relaciones y pinturas del reino de Michoacan, y se lo oí contar
muchas veces á D. Constantino Huitzimengari, nieto de este
rey, que era cacique y señor de aquella provincia.
CAIPTTJLO XCII
Que trcUa del combate de Ixtapalapan^ vista que dio Cortee á México y la giterra de
Acapuehtlan,
Había más de siete días que los mexicanos no entraban por
las tierras y términos de Tetzcuco, ni los nuestros habían hecho
alguna salida por estar ocupados en fortalecerse, y en otras
cosas necesarias para su defensa y ofensa de los enemigos, y
al cabo de ellos salió Cortés de la ciudad con doscientos espa-
ñoles y más de cuatro mil naturales de la ciudad de Tetzcuco,
algunos de Tlaxcalan y otras partes que estaban con Cortés, y
con ellos Ixtlilxochitl acaudillando los suyos, y fueron costean-
do la laguna hasta llegar á Iztapalapan, que siendo reconoci-
dos desde el peñol de Tepecpolco, dieron aviso á los de Méxi-
co, y así dos leguas antes de llegar á Iztapalapan, por agua y
por tierra comenzaron á pelear con los nuestros; y en todas
aquellas dos leguas fueron revueltos peleando con los enemi-
gos, así con los de tierra, como con los que andaban en la la-
guna; mas cuando llegaron á la ciudad de Iztapalapan, todas
las casas que estaban en tierra fírme las habían despoblado y
pasádose á las de la laguna, y aunque se defendieron y pe-
learon reciamente, los hubieron de vencer los nuestros, me-
tiéndolos por el agua, y les saquearon la mayor parte de las
casas que tenían en la laguna, y murieron de ellos más de seis
mil personas; y como sobrevino la noche, recogió jCortés sa:
420 OBRAS HISTÓRICAS DE
gente y puso fuego á algunas de las casas de aquella ciudad,
hasta que se acordó que había pasado una calzada que dividía
las dos lagunas, donde podían tener alguna celada en daño su-
yo los enemigos, y así comenzó á marchar á toda prisa, y cuan-
do llegó á la calzada fué fuerza pasarla á volapié, por lo que se
ahogaron algunos de los amigos y se perdió todo el despojo,
porque los enemigos habían rompido la presa y echado el agua
por aquel paso; y cuando vino á amanecer vieron innumera-
bles canoas cargadas de gente de guerra que habían venido á
cogerles el paso, y fueron prosiguiendo su camino hasta Tetz-
cuco, peleando á ratos con los que salían de la laguna; y sólo
un español murió en esta refriega. Llegados que fueron los
tlaxcaltecas con la tablazón y ligazón de los bergantines, (en
donde venían de carga más de ocho mil, de guerra más de vein-
te mil, y con ellos el alguacil mayor y capitán Gonzalo de
Sandoval, doscientos españoles de á pie y diez y seis de á ca-
ballo), mientras duraba la obra quiso dar una vista Cortés ala
ciudad de México por su comarca; y así sin dar parte á nadie
de su intento, (por no tener aún entera satisfacción de la leal-
tad de los tetzcucanos, que se recelaba de ellos no diesen avi-
so á los de México de sus designios; y no era de espantar que
tuviese este recelo, porque sus enemigos y los de esta ciudad
eran todos deudos y parientes muy cercanos; mas después el
tiempo lo desengañó, y vido la gran lealtad de Ixtlilxochitl y
de todos), salió con veinticinco de á caballo, trescientos cin-
cuenta de á pie, seis tiros pequeños de campo y treinta y dos
mil amigos de los tlaxcaltecas y tetzcucanos: iban por caudi-
llos principales, Chichimecatltecuhtli de los tlaxcaltecas y Ix-
tlilxochitl de los aculhuas tetzcucanos, y fueron á dormir por
los llanos entre Chicuhnauhtlan y Xaltocan, en donde tuvieron
una refriega con un escuadrón de los enemigos, que luego los
desbarataron, y otro día dieron sobre Xaltocan, lugar fuerte
que estaba sentado enmedio de la laguna, y aunque era perte-
neciente á Tetzcuco, era de la parte de Coanacochtzin y mexi-
-cinos; y por más que se defendieron los de dentro, los echa-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 421
ron fuera y quemaron mucha parte del pueblo. Aquella noche
fueron á dormir una legua de allí, y otro día tomando muy de
mañana su viaje, por el camino les salieron con mucha grita los
enemigos, con los cuales fueron escaramuzando hasta llegar á
Quauhtitlan que estaba despoblado, donde hicieron noche:
otro día siguiente pasaron adelante, llegaron- á Tenayocan,
donde no se les hizo resistencia ninguna; de aquí á Azcaput-
zaleo y de allí á la ciudad de Tlacopan, que era el puesto que
iba á ver Cortés para ojear y tantear desde allí la ciudad de
México; y aunque hubo muy gran resistencia de los enemigos,
los hubieron de echar de la ciudad y apoderarse de ella; y co-
mo era ya tarde, no hicieron más de aposentarse en los pala-
cios del rey de Tlacopan, que eran unas casas muy grandes
en donde cupieron todos los del ejército de Cortés muy á pla-
cer; y el día sígnente los amigos comenzaron á saquear y á
quemar toda la ciudad: estuvieron allí seis días, y en todos
ellos tuvieron muchos reencuentros y escaramuzas con los ene-
migos, hasta llegar cerca de la ciudad de México, en donde
procuró Cortés ver si podía hablar con Quauhtemoc para tra-
tar de algunos medios de paz; y como no pudo tratar de cosa,
vido y trató lo que convenía para sitiar la ciudad de México, y
acordó de volver á Tetzcuco para dar prisa en ligar y acabar
los bergantines, para por el agua y por la tierra ponerle cerco:
vinieron á hacer noche en Quauhtitlan, otro día en Acolman,
y por todo el camino tuvieron revueltas y escaramuzas con los
enemigos, que como los vieron volver, entendieron que de mie-
do se volvían, en donde mataron á muchos de ellos y alancea-
ron los de á caballo infínitos. El día siguiente entraron á me-
diodía en la ciudad de Tetzcuco, en donde fueron muy bien
recibidos y festejados; y el siguiente se fueron los de Tlaxca-
lan á su tierra cargados de despojos. Los mexicanos á esta
ocasión, afligían mucho á los de la provincia de Chalco, por-
que eran amigos de los nuestros; y así. Cortés á su pedimento,
envió á Gonzalo de Sandoval con veinte de á caballo y tres-
cientos peones, y llegado que fué halló la gente toda apercibí-
422 OBRAS HISTÓRICAS DE
da, y en su favor los de Huexotzinco y Quauhquecholan que
lo estaban esperando; y dada orden de lo que se debía hacer,
se partieron para Huaxtepec donde estaba la gente de México
en guarnición, y de donde hacían daño á los de la provincia de
Chalco: pelearon con ellos hasta ganar aquel pueblo y otros
de la comarca, ^omo fué Acapuchtlan, que ganaron con harta
dificultad, por ser lugar fuerte; mataron y despeñaron á mu-
chos de los enemigos, de tal manera, que en más de dos horas
no pudieron beber agua del río que por allí pasaba, por ir te-
ñido en sangre. Habiendo dado fin á esta jornada, dejando
bien castigados á los enemigos y de paz aquellas poblaciones,
se volvió Sandoval con toda la gente á la ciudad de Tetzcuco;
mas los señores mexicanos quisieron castigar á los de Chalco,
y enviando un razonable ejército sobre ellos, les salieron al
encuentro y pelearon tan esforzadamente, que vencieron y
echaron de toda la tierra á los mexicanos, matando á muchos
de ellos, y cautivaron más de cuarenta personas principales
del ejército mexicano; y aunque pidieron socorro á Cortés, cuan-
do llegó Sandoval, que iba al efecto, ya los chalcas se habían
defendido como dicho es: allí estuvo algunos días en las fron^
teras de Chalco, y viendo que ya los mexicanos no acometían,
se volvió á Tetzcuco. A esta sazón llegaron nuevas de la Ve-
racruz, cómo habían llegado al puerto tres navios con mucha
gente, caballos y armas, que luego los despacharon; y fué este
socorro milagroso por la mucha necesidad que de todo tenia
Cortés, y fueles fácil porque ya todo el camino desde la ciudad
de Tetzcuco hasta el puerto estaba seguro de enemigos. El
Miércoles Santo (que fué veintisiete de Marzo del año de mil
quinientos veintiuno), despachó dos principales mexicanos (de
los cuarenta que los de Chalco prendieron en la guerra pasa-
da) á la ciudad de México, (que estos se animaron á ello, por-
que los demás no osaron de temor que serían sacrificados allá),
enviando con ellos Cortés á requerir á los señores mexicanos
se diesen de paz y dejasen la guerra, que él les perdonaría to-
do lo pasado: los mensajeros pidiéronle una carta suya para
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL, 423-
que fuesen creídos de los reyes Quauhlemoc, Coanacochtzin y
Tetlepanquetzaltzin, que él los enviaba; el cual se las dio para
el efecto que se la pidieron, y nunca más volvieron con la res-
puesta, porque los sacrificaron al pie de la letra como los otros
lo recelaban, porque era ley entre ellos que el s.eñor noble que
era cautivo no podía volverse á su patria, pena de ser muerto
ó sacrificado. Ixtlilxochitl procuraba siempre traer á la devo-
ción y amistad de los cristianos, no tan solamente á los del rei-
no de Tetzcuco, sino aun á los de las provincias remotas, en-
viándoles á decir que todos se procurasen dar de paz al capitán
Cortés, y que aunque de las guerras pasadas algunos tuviesen
culpa, era tan afable y deseaba tanto la paz, que luego al pun-
to los recibiría en su amistad: de los que así se iban atrayendo^
fueron á esta sazón los de las provincias de Tozapan, Haxcal-
tzinco, Nauhtian y otros de su contorno, los cuales habiendo
visto á Ixtlilxochitl, le dieron cantidad de mantas y otras co-
sas de las tres cabezas de aquellas provincias, quien hizo las
diesen al capitán Cortés, y que se le dieran por sus amigos,
dando la obediencia á su majestad, y en señal de.ella, cantidad
de mantas de algodón: Cortés lo agradeció mucho y les dio su
palabra que siempre los tendría por amigos, con lo que se vol-
vieron muy contentos.
CAPITULO XCIII
Que trata de la tcffunda vista que dio Cortés á México en contorno de toda ella y de
sus laguncu, combate de los españoles en Tlayacapa y gxurra de Xoehimileo,
Tuvo aviso Cortés el Jueves Santo de los de la provincia de
Ghalco, cómo los mexicanos tenían junto un grueso ejército
de todos los pueblos de la laguna y de la de Tlalnahuac, que
venía con intento de vengarse de ellos y asolarlos. Y así jun-
tando su gente se salió de la ciudad de Tetzcuco el Viernes si-
l^iente (que fué quince de Abril del dicho año de mil quinientos
veintiuno) con treinta de á caballo y trescientos de á pie, dejan-
do á otros veinte de á caballo y otros trescientos peones, y por
capitán al alguacil mayor del campo Gonzalo de Sandoval, y en
su favor Ixtlilxochitl con veinticuatro mil hombres de los acul-
huas sus vasallos, con dos intentos, el uno asegurar la provin-
cia de Chalco y echar de sus términos á los mexicanos que
les venían á molestar, pues eran amigos y defendían el bando
de los nuestros, y el otro correr las tierras de los üahuicas y de
los pueblos de la laguna que llaman chinampanecas, para so-
juzgarlos y dar otra vista á la ciudad de México, para con más
seguridad dar principio á la empresa que tan deseada tenía de
ganar la ciudad; con que quedaría de todo punto llano el impe-
rio, pues dentro de ella estaban las cabezas fortalecidas, y des-
de allí lo gobernaban y ordenaban sus ejércitos contra Cortés
lo i suyos, y contra los del reino de Tetzcuco y provincia de
426 OBRAS HISTÓRICAS DE
Chalco, que eran del bando de Cortés y de nuestros españoles;
porque ya de estas partes para allá de la sierra y volcán, des-
pués que sojuzgó á los de Tepeyacac y otras provincias, y echó
de sus tierras y términos los ejércitos mexicanos, estaban quie-
tas y favorecían nuestra causa; y así saliendo de la ciudad de
Tetzcuco con el ejército referido con buena ordenanza, llegó á
la ciudad de Tlalmanalco, cabecera de toda la provincia de
Chalco, en donde fueron muy bien recibidos de los dos señores
de ella; y habiendo dado orden de lo que se debía hacer, y ha-
biéndose juntado allí otros cuatro mil hombres de guerra de
los de esta provincia, y otros amigos de Tlaxcalan, Huexo-
tzinco, Quauhquecholan y otras partes, tomaron la vía de
la provincia de Totolapan, que conñna con otra provincia de la
parte del Mediodía, y que en los términos de ella estaba la ma-
yor fuerza de los enemigos, especialmente en el pueblo de Tla-
yacapan, lugar fuerte, en donde hay unos peñascos de ines-
pugnable grandeza y defensa para fortalecerse y defenderse de
los enemigos ^ habiendo pasado por unas sierras agriasi
llegaron una tarde al pueblo de Tlayacapan, y vieron cómo en
un peñol de este lugar muy alto y agrio, estaba encima de ^ toda
la gente de mujeres y niños y otras personas que no se podían
defender, naturales de aquellos lugares, y las laderas de él lle-
nas de gente de guerra, que así como vieron á los nuestros co-
menzaron á defenderse, tirándoles con hondas muchas piedras,
flechas y lanzas arrojadizas; y determinándose Ck>rté8 á subir el
risco, mandó á Cristóbal Corral, alférez de sesenta hombres de
á pie, que con su bandera acometiese y subiese por la parte más
agria, y que ciertos escopeteros y ballesteros le siguiesen; y á los
capitanes Francisco Verdugo y Juan Rodríguez Villafuerte, que
con su gente, y con ellos otros ballesteros y escopeteros, subie-
sen por otra parte; que los capitanes Pedro Dirsio y Andrés
Monjaraz acometiesen por otra con otros ballesteros y escope-
1 Bn blanco en el original.
2 Aquí falta: él
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 427
teros; y habiendo soltado una escopeta que fué la señal que
les dio, todos á un tiempo comenzaron á subir, y en su segui-
miento y por los lados, Ixtlilxochitl con los suyos y los chai-
cas; y no se pudieron ganar más de dos vueltas del peñol, lo
uno por ser muy agrio, que apenas se podían tener en él de
pies y manos, y los contrarios echaban lanzas galgas de lo alto
que hacían grandísimo daño á los nuestros, de tal manera que
mataron á dos españoles y hirieron más de veinte, y de los ami-
gos fueron muchos más heridos y muertos; y lo otro porque
venían muchos de los enemigos á socorrer los del peñol, que
corrían los campos y habían cogido á los nuestros enmedio,
que les fué fuerza bajarse y acudir á lo llano, donde tuvieron
una refriega con los contrarios hasta echarlos de todo el cam-
po, alanceando y matando en ellos que en al-
cance más de hora y media hasta llegar á otro peñol
estaba del primero casi una legua con muchas gentes ^
no tan fuerte, en donde cerca de él hicieron noche, aunque
con harta necesidad de agua; y así como amaneció comenzó
Ck>rtés á subir con los suyos sobre el peñol por dos padrastros
que tenía, y aunque había mucha gente de guerra que los de-
fendían, como los vieron subir, de temor desamparaban la su-
bida, y los fueron á socorrer los que estaban arriba; y subien-
do por los padrastros en su seguimiento, matando ^ á muchos
de los enemigos, y muchos de ellos por huir se despeñaban, has-
ta que reconociendo su daño se rindieron y se dieron de paz.
Viendo Cortés esto, mandó que no se les hiciese más daño, y
los recibió bien, perdonándoles lo hasta allí hecho; y por me-
dio de ellos los del otro peñol se vinieron á dar y pedir per-
dón. Estuvo Cortés con los suyos en este lugar dos días, desde
donde se despacharon á Tetzcuco los heridos, y otro día si-
guiente se partió para Huaxtepec en donde fueron bien recibi-
dos y aposentados y regalados en una huerta y casas de re-
1 En blanco en el original, que en osla parte está destruido.
2 Creo que debe decir: mataron.
428 OBRAS HISTÓRICAS DE
creación que allí tenían los reyes de México; y habiéndose
estado allí un día el ejército, se partió para Quauhtepec, y aun-
que allí le habían aguardado muchos de la gente de guerra de
los enemigos, viéndolos cerca del lugar lo desampararon, por-
que los moradores de él dejaron sus casas, y se fueron huyen-
do; y pasando de pasada por este lugar, siguieron á los enemi-
gos hasta irlos á encerrar en Xilotepec, en donde se hicieron
fuertes y fueron muertos y alanceados muchos de ellos, se cau-
tivaron muchas miyeres y niños, y los demás viendo su daño
desampararon el lugar, en donde estuvieron los nuestros dos
días, el último de los cuales, queriendo poner fuego, se rindie-
ron y vinieron á darse de paz ellos y los de Yauhtepec; y lue-
go prosiguiendo su viaje cerca de media legua á la ciudad de
Cohauhuac, ^ que era la cabeza de toda la provincia de los tla-
huicas, lugar muy fuerte y dentro de él había mucha gente pa-
ra su defensa, y quitadas las puentes no se podía entrar por
aquella parte que iba legua y media de allí á rodear ^
hallaron un paso aunque dificultoso por donde pudieron en-
trar algunos de los nuestros, que viéndolos los enemigos co-
menzaron á ponerse en huida, hasta que de todo punto les ga-
naron la ciudad, saqueándola y quemando muchas casas de
ella. El señor se llamaba Yoatzin, que se fué retirando á la
montaña, y Ixtlilxochitl le envió á reprender su rebeldía, y que
luego se viniese á dar y pedir perdón de lo que hasta allí ha-
bía hecho; y así luego que amaneció se vinieron á ofrecer al
servicio y amparo de los cristianos, prometiendo de ayudarles
y ser siempre en su favor como en efecto lo hicieron. Dando
la vuelta desde Cohauhuac, vinieron á dar sobre la ciudad de
Xochimilco, que era la más fuerte y de más gentío de la lagima
dulce, y aunque los moradores de ella estaban bien apercibi-
dos, con muchas albarradas fortalecidos y las acequias quita-
das las puentes de todas las entradas de la ciudad, combatie-
1 Cuaulinaliuac, hoy Cuemavaca.
2 Destruido en el original.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOGHITL. 429
ron los nuestros las albarradas, y viendo el daño que recibían
de las escopetas, desamparándola, dentro de media hora gana-
ron la mayor parte de la ciudad, peleando con los enemigos
por agua y por tíerra hasta la noche; y otro día siguiente te-
niendo los. mismos combates, mataron á dos españoles, y Cor-
tés se vido en gran aprieto, porque cansado su caballo se dejó
caer, y como lo vieron á pie lo cercaron los enemigos, y con
una lanza se defendió valerosamente de ellos hasta que llegó
Chichimecatecuhtli caudillo de los tlaxcaltecas á socorrerle, y
uno de los criados de Cortés, con cuya ayuda y con el socorro
que llegó después, los enemigos desampararon todo el campo
y los nuestros se fueron recogiendo por la parte interior de la
ciudad; y aquella noche hicieron cegar con piedra y adobes to-
das las acequias por donde estaban las puentes alzadas, para
que los de á caballo pudiesen entrar y salir sin estorbo ningu-
no, quedando aquella noche todos aquellos pasos muy bien
aderezados; y en toda ella estuvieron los nuestros con mucho
aviso y recaudo de velar y guardar, porque aquel día vinieron
los mexicanos con un grueso ejército por agua y por tierra á
defender á los de Xochimilco, y vieron á los nuestros dentro
de esta ciudad, los cuales dándoles lorden Cortés de todo lo
que debían hacer, se defendieron valerosamente hasta ganar
una fuerza que estaba en la parte que llaman Tepechpan, y co-
mo se dividieron, cada escuadrón siguió á los enemigos por su
cabo, y después de haberlos desbaratado, matando muchos de
ellos, se vinieron á recoger al pie al cerro referido, en donde
tuvieron muy gran contienda y mataron más de quinientos
de los enemigos; y otro día siguiente desbarataron otro escua-
drón de los enemigos, que era el segundo socorro que venía
de México, matando á muchos de ellos; y volviendo á la ciu-
dad de Xochimilco hallaron á los nuestros que habían queda-
do dentro de ella bien necesitados, porque los enemigos ha-
bían apretado mucho, y habían trabajado harto en defenderse,
y echar de la ciudad á los enemigos matando á muchos de
ellos; y no habían descansado, cuando llegó otro mayor escua-
430 OBRAS HISTÓRICAS DE
drón que los dos primeros de mexicanos, que venían á soco-
rrer y defender esta ciudad, y acometiendo los nuestros con
ellos, en breve tiempo los desbarataron, guareciéndose dentro
del agua en sus canoas; y volviéndose á la ciudad, la quemaron
toda los nuestros, excepto en donde ellos estaban aposentados.
Estuvieron otros tres días en la ciudad ocupados en asolarla,
al cabo de los cuales se partieron para Cuyohuacan, y como los
de Xochimilco y sus valedores los vieron ir, les dieron por las
espaldas con mucha grita, y Cortés con los de á caballo revol-
vió sobre ellos, y los fué siguiendo hasta meterlos en el agua; y
después prosiguiendo su camino llegaron á la ciudad de Caijo-
huacan cerca de medio día, y la hallaron despoblada: se aposen-
taron en las casas del señor de ella, y otro día se fueron á ver
y osear ^ la ciudad de México hasta llegar á donde se juntan las
dos calzadas, la que viene de Xochimilco y entra en la ciudad
de México, y la que viene de Iztapalapan que va á juntarse con
ella, donde los enemigos tenían una albarrada y en ella
infinitos de ellos para defenderla, y en la laguna muchas canoas,
y en ella asimismo mucha gente de guerra; y combatiendo con
ellos, aunque se defendían, mas al fin los nuestros se la gana-
ron y mataron muchos délos mexicanos; y viendo que
por esta parte había de ser una de las entradas para so-
juzgar la ciudad de México ^ en Cuyohuacan con la
guarnición se volvieron, contentándose con sólo dejar quema-
das algunas de las casas más principales y templos de esta ciu-
dad de Cuyohuacan; y otro día se partieron para la de Tlaco-
pan que dista dos leguas, siempre pelean<io con los enemigos
que salían de la laguna; y no pararon en la ciudad de Tlacopan,
sino que fueron prosiguiendo su viaje hasta la de Quauhtitlan
en donde hicieron noche. En este viaje aunque mataron mu-
chos enemigos y de la gente más lucida de ellos, todavía costó
dos españoles que eran criados de Cortés, que los cautivaron
1 No fé que quiso decir el autor con esta palabra, que no es castellana.
2 Estos blancos están destruidos en el orii^iniil.
DON FERNANDO DE ALVA IXTULXOCHITL. 431
vivos y los sacrificaron á sus falsos dioses, y algunos de nues-
tros amigos. Otro día fueron á dormir al pueblo de Xilotzinco,
(que este y el de Quauhtitlan estaban despoblados), y otro día
á mediodía llegaron al de Ácolman perteneciente al reino de
Tetzruco, en donde fueron bien recibidos y festejados, y luego
aquel mismo día llegaron á Tetzcuco á hacer noche, en donde
se holgaron Sandoval y todos los que con él estaban, de ver á
Cortés y á los suyos con tan próspero suceso, que también á él
no le faltaron sus combates y contiendas con los mexicanos,
entendiendo que estaba la ciudad de Tetzcuco desapercibida
en la ausencia de Cortés y Ixtlilxochitl. En esta ocasión tuvo
Cortés nuevas de Hernando de Barrientos y otro compañero
suyo que estaban en la provincia de Chinauhtian, que confina
con la de Tototepec del Sur; y como pl señor de esta provincia
era amigo del bando de Cortés y había tenido muchos encuen-
tros con los del bando mexicano, capitaneándolo estos dos es-
pañoles, por esta causa y porque no los matasen los enemigos,
si volvían, no los habían dejado venir aunque tenían deseo de
ver á Cortés, quien se holgó infinito tener estas nuevas y sa-
ber que aquellos españoles estuviesen vivos, enviándoles á de-
cir que se detuviesen hasta tanto que se acabase de conquis-
tar México.
CAPITULO XCIV
Que trata cómo Cortés se apercibió pard ir sobre la ciudad de México por agua y por
tierra á sitiarla.
Acabados que fueron de hacer y armar los bergantines y
la zanja para entrar por ellos en la laguna, y hechos los de-
más pertrechos necesarios para la empresa que Cortés tenía
comenzada, (que para todo Ixtlilxochitl y su hermano Teco-
coltzin dieron bastantísimo recaudo), fueron echados en la zan-
ja los bergantines, y á veintiocho de Abril de mil quinien-
tos veintiuno Cortés hizo alarde de toda la gente, y halló ochen-
ta y seis á caballo, entre ballesteros y escopeteros ciento diez y
ocho, y más de setecientos peones de espada y rodela, tres ti-
ros gruesos de fierro, quince de bronce pequeños y diez quin-
tales de pólvora; y habiendo acabado de hacer el alarde, les
hizo una plática, en que en suma les encargaba y mandaba que
guardasen y cumpliesen las ordenanzas que tenía establecidas
para las cosas de la guerra, y que se esforzasen mucho pues
veían que Dios en todo acontecimiento les favorecía; que sin
duda alcanzarían victoria contra sus enemigos, pues había tan
pocos que casi habían quedado ningunos, y su Divina Majes-
tad en tan breve espacio los había socorrido y aumentado en
armas, gente y caballos, de donde podían todos conocer que la
pelea era suya y en favor y aumento de su santa fe católica y
en gran servicio de su majestad, aumentando la real corona de
Tomo TI -29
434 OBRAS HISTÓRICAS DE
Castilla con un imperio tan grande como era el de esta tierra,
en donde había tan grandes y tan espléndidos reinos y provin-
cias y tanta grandeza y riqueza, lo que les había de poner mu-
cho ánimo y esfuerzo para vencer ó morir. Todos respondie-
ron que así lo harían, y mostraron mucho placer y deseo de
verse ya en la conclusión de esta guerra, pues de ella pendía
toda la paz y sosiego de esta tierra. Luego el día siguiente des-
pachó sus mensajeros para las provincias de Tlaxcalan, Hue-
xotzinco y Chololan, rogando á los señores de ellas que con to-
da la gente que tenían aprestada, como se los tenia avisado, se
viniesen luego de Tlaxcalan á la ciudad de Tetzcuco, y
los de Huexotzinco y Chololan á la provincia de Chalco den-
tro de diez días. Ixllilxochitl y su hermano Tecocoltzin hicie-
ron el mismo apercibimiento para que todos los del reino de
Tetzcuco Aculhuacan y las provincias á él sujetas, acudiesen
con la gente de guerra y servicio para ir sobre la ciudad de Mé-
xico en favor de Cortés y de los suyos, trayendo por delante y
ante todas cosas los bastimentos y pertrechos necesarios para
el campo y servicio de Cortés, de los suyos y de los demás
amigos; porque los que en la ciudad de Tetzcuco tenían juntos
y apercibidos no eran bastantes, y cada día se gastaban en asis-
tencia del ejército de los nuestros, y para las salidas que cada
díase hacían contra los mexicanos. Los tlaxcaltecas llegaron á
la ciudad de Tetzcuco cinco días antes de Pascua de Espíritu
Santo, (que fué el tiempo que se les señaló), y lo mismo hicie-
ron los de Huexotzinco y Chololan en Chalco, en donde fueron
muy bien recibidos los unos y los otros. Los tlaxcaltecas eran
cinco mil hombres de guerra, y iban por sus caudillos Quauh-
xayacatzin, Meztliymatzin, Tenamazcuicuitzin, Tecuanitzin, Ac-
xotecatl, Acamayotzin, Teyanquiztlatoatzin, Zeyecatecuhtli, Te-
pilzacatzin, Chiahuatecoletzin, Cuillizcatl, Cocomintzín, Tzi-
cuhcuacatl, Michcuatecuhtli, Tlachpanquizcatzin, Tizatemoctzin,
Chiquacen, Mazatl, Ixconauhquitecuhtli y Tlahuihuiztli, que
cada uno de ellos tenía la divisa según la dignidad y preemi-
nencia de su oficio, de diversidad de plumería y adorno de oro
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 435
y pedrería. Ixtlilxochitl y sus hermanos los recibieron muy bien,
aposentándolos en sus palacios y dándoles todo lo necesario
para su sustento y regalo, y los pocos días que allí estuvieron
fueron muy bien festejados. De los huexotzincas que eran más
de diez mil, venían por sus caudillos Nelpilonitzin, Tozquen-
coyotzin, Xicotencatl, Mecacalcatl, Quauhxayacatzin, Huitzili-
huitzin, Yecatlapitzqui, Tetepotzquanitzin, Quauhtonatiuhtzin^
Tehuatecuhtli, Ghichimecatecuhtli, Tlacatecuhtli y otros que
asimismo traían las divisas en sus armas como los de Tlaxca-
lan; y de la misma manera venían los cholul tecas, casi otros
diez mil hombres, siendo muy bien recibidos todos de los se-
ñores de la provincia de Chalco. El segundo día de Pascua de
Espíritu Santo hizo Cortés salir á la plaza de la ciudad de Tetz-
cuco toda la gente que tenía de á pie y de á caballo, para or-
denar y dar la gente que habían de llevar los capitanes, para
tres guarniciones de gente que habían de poner en tres ciuda-
des que están en contorno de la de México; y de la ^ guarnición
hizo general al capitán Pedro de Alvarado, y le dio treinta de
á caballo, diez y ocho ballesteros y escopeteros, ciento cincuen-
ta peones de espada y rodela y veinticinco mil hombres de
guerra de los tlaxcaltecas, y estos habían de sentar su real en
la ciudad de Tlacopan, y por capitanes de su puesto á Jorge de
Alvarado, hermano suyo, el capitán Pedro Dirsio y Gutiérrez
de Badajoz, que fué su alférez, Juan Balante, Andrés de Mon-
jaras, Vizcaíno, Alonso Ortiz de Zúñiga, que era capitán de los
ballesteros, y Diego Valadéz. De la otra guarnición hizo gene-
ral á Cristóbal de Olid, natural de Baeza, al que dio treinta y
tres de á caballo, diez y ocho ballesteros y escopeteros, ciento
sesenta peones y más de dos mil hombres de guerra asimismo
de la nación tlaxcalteca, que se habían de poner y asentar su
real en la ciudad de Cuyohuacan. Cortés había escogido para
su persona la guerra naval, y habiéndose murmurado por al-
gunos que decían tomaba lo menos peligroso, la dejó á Juan
1 Aquí falta la palabra: primera.
436 OBRAS HISTÓRICAS DE
Rodríguez de Villafuerte, y se pasó á esta guarnición, hacien-
do á Cristóbal de Olid su maestre de campo. Fueron capitanes
de la guarnición de este puesto, el capitán Andrés de Tapia, el
tesorero Juan de Alderete, el factor Bernardino Vázquez de Ta-
pia, el veedor Rodrigo Alvarez Chico y Antonio Quiñones, que
fué Icapitán de la guardia de Cortés, y después de él lo fué
Francisco de Tenezas, que era su mayordomo mayor y ^
tercera guarnición hizo general de ella á Gonzalo de Sandoval
alguacil mayor del y le (lió veinticuatro dea caba-
llo escopeteros y trece ballesteros y ciento y cincuenta
peones, gente escogida que Cortés los había traído
consigo, y cuarenta mil hombres de Tetzcuco, Huexotzinco,
Chololan y Chalco, que estos habían de entrar por la ciudad
de Iztapalapan, para de camino destruirla, y pasar adelante
por una calzada de la laguna con favor y espaldas de los ber-
gantines, y que en el ínter que Cortés llegaba con ellos, se es-
tuviese y juntase con la guarnición que estaba en Cuyohuacan,
y llegado que fuese Cortés, la dicha guarnición de gente, con
el resguardo y ayuda de los bergantines, entrase por la calza-
da y albarrada de la ciudad hasta ponerse en Tepeyaquilla
donde es ahora la Hermita de Nuestra Señora de Guadalupe.
Nombró por capitanes de esta guarnición á Fernando de Luna
Gallego, al capitán Rodrigo Ranjel, Luis Marín y Vasco Porca-
lio. Estos fueron los capitanes que á esta sazón fueron nom-
brados para estas tres guarniciones que hizo Cortés de su ejér-
cito, sin otros muchos que hubo á tiempo, entre los cuales fue-
ron Ruiz González y Antonio de Arriaga. Para los trece ber-
gantines en que Cortés había de entrar y hacer la guerra
naval por la laguna, dejó trescientos hombres, y los más gente
de mar, y muy diestra en este género de pelear; de manera
que en cada bergantín iban veinticinco hombres de guerra, un
capitán y veedor, seis ballesteros y escopeteros; y eran los
capitanes de ellos Juan Rodríguez de Villafuerte, capitán de la
1 Este y loa demás blancos corresponden á partes d' siniidas en el original.
no:: FCIINANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 437
capitanía que llamaban de Medellín, Juan Jaramíllo natural de
Salvatierra, Francisco Verdugo natural de Arévalo, Francisco
Rodrigo Magariño natural de Mérida del de D. Juan
Pedro Barba Caballero de la ciudad de Sevilla, Antonia
de natural de Zamora, García Holguín natural de-
Cazares, Jerónimo Ruiz de la Mota de Bubones na-
tural de Salamanca, Rodri Hon de la Vera de Medina del
Campo de Portillo que había sido soldado por
Bravo y Juan de Mancilla de la orden referida; y re-
cibidas las mismas órdenes de lo que debían hacer los dos
caudillos principales de las dos guarniciones, Pedro de Alvara-
do que había de ir al puesto de la ciudad de Tlacopan, y Cris-
tóbal de Olid á la de Cuyohuacan, se partieron de Tetzcuco á
diez días de Mayo del año de mil quinientos veintiuno, y fue-
ron á dormir á Aculman, en donde tuvieron diferencias sobre
el acomodarse y aposentarse aquella noche, aunque luego los
enTió á apaciguar Cortés: otro día fueron á dormir á Quauhti-
tlan, que era en tierra de los mexicanos: el tercero llegaron
temprano á la ciudad de Tlacopan; y habiéndose aposentado
y héchose fuertes en los palacios del rey de ella (que con to-
dos los suyos se estaba en México en favor de los mexicanos
desde la vez pasada, dejándola desamparada), los tlaxcaltecas
así como llegaron, dieron una vista á los enemigos por la en-
trada de las calzadas de la ciudad de México, y pelearon con
ellos dos ó tres horas, y sin recibir peligro ninguno por ser ya
cerca de la noche, se volvieron á su puesto; y otros cinco días
continuos hicieron estas entradas. Los españoles quebraron
dos caños de agua dulce, que entraba en la ciudad de México
y nace del bosque de Chapultepec, que fué muy defendido de
los enemigos por agua y tierra, por ser el sustento de la ciudad;
se ganaron algunas puentes y albarradas, se aderezaron los
malos pasos para que pudiesen por una parte y por otra cerrar
el campo los de á caballo y aunque fueron heridos al-
gunos de los españoles algunos de los amigos, de los
enemigos murieron infinitos de ellos; y al sexto día que llega-
438 OBRAS HISTÓRICAS DE
ron y estando ya en el estado referido y entrada
de la ciudad de México por se fué con su guarnición
al puesto conforme á la orden que Cortés le dio
consiguió los amigos tlaxcaltecas fueron los de las dos
<;abeceras de Ocolelulco y Quiahuiztlan, quedando los dos de
las otras dos cabeceras de Tizapan y Tepecticpac en Tlacopan
con Pedro de Alvarado. En este medio tiempo y antes de sa-
lirse Cortés con la armada, hizo ahorcar á Axayacatzin, uno de
los cuatro señores de Tlaxcalan, por ciertas demasías que hi-
^zo. Los que fueron á Cuyohuacan se aposentaron y hicieron
fuertes en las casas y palacios del señor de esta ciudad, que
asimismo se estaba en México con toda la gente, y tenían des-
poblada. Los nuestros desde aquí salían á dar sus combates
por la calzada que entra por esta parle á la ciudad de México,
en donde hallaron muy gran resistencia, y que los enemigos la
tenían quebrada por muchas partes, y tenían puestos muchos
baluartes, albarradas y otras defensas por agua y por tierra: los
del un real y del otro todos los días corrían la tierra, y sé junta-
ban cada dia lanceando y matando á los enemigos y quitándoles
los^ frutos, así de maíz como de otras cosas que por aquellas
partes hallaban y les entraban los de la ciudad. Cortés tenien-
do noticia que ya los reales se habían puesto en los lugares
que les señaló, se partió con su armada de bergantines el vier-
nes siguiente después de Corpus Cristi, aunque fué requerido
de los más principales de su ejército se fuese por tierra con las
guarniciones referidas, por parecerles que era lo más dificulto-
so, y esto de la armada menos; siendo muy al contrario, porque
fué bien menester aquí su persona, que fué lo más peligro-
so de la batalla; y antes de embarcarse des-
pachó á Gonzalo de Sandoval con su guarnición de
gente para Iztapalapan, que fueron délos milhom-
bres de los aculhuas la parte que llaman Aztahua-
«can á encontrar con los de Chalco que venían juntos
ellos, los huexotzincas y cholultecas y todos treinta
mil hombres de guerra. Los chalcas traían por sus caudillos á
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 439
Quetzalcoatzin, Totomihuatzin, Chopolazcatzin, Ixpeoacatl, Te-
cuhxolotl, Quetzallacoltzin, Nequametzin, Ecatecolotl, Quetzal-
macalzin, Tetzauhquaquillitlalatepanecatl, Xochpollo, Cacax-
lequetzqui, Xocotecatl y otros, con sus armas y divisas; y á
costa y ^ minsión iban los ejércitos de los señores Acacitzin y
Omacatzin, que por ser muchachos y de poca edad no iban en
esta jomada, aunque quedaban en la provincia para despa-
charles socorro y refrezco en todo el tiempo que durase la
guerra: poco más de medio día llegaron á Iztapalapan y comen-
zaron á quemar la ciudad y á pelear con la gente de ella; y
viendo el gran poder de gente que la guarnición de Sandoval
llevaba, de amigos más de cuarenta mil hombres, se acogieron
en las canoas los enemigos y no pudieron resistirles más; y así
sin contradicción ninguna se apoderaron de la ciudad, y en
ella se aposentaron, aguardando allí lo que Cortés les ordena-
ba. Ixtlilxochitl, Tecocoltzin y sus hermanos se quedaron en
Tetzcuco, para juntar la más gente que pudiesen para ir en se-
guimiento de Cortés, y aviar de todo lo necesario su ejército,
entrando ordinariamente por agua y por tierra la comida y los
bastimentos necesarios, en que andaban yendo y viniendo más
de veinte mil personas de carga, y l)or la laguna más de mil
canoas, y en su guarda y defensa treinta y dos mil hombres de
guerra, porque los enemigos no los asaltasen y quitasen por el
camino lo que allí llevaban: que no fué lo menos que hizo en
servicio de su majestad, proveyendo de todo lo necesario tan
poderoso ejército, y todo á su costa y mención y de sus her-
manos, deudos y demás señores.
1 No 8Ó que significa esto; pero así está en el original. Adelante dice men-
ción, palabra cuya aplicación tampoco se comprende; á no ser que se entienda
por en su nombre.
CAPITULO XCV
Que trata de la victoria lo» berganíinet por la laffuna por agua y por tierra
la primera México,
Al tiempo que Sandoval combatía la ciudad de Izta-
palapan, llegó Cortés con sus ^ avista del peñol que
llaman Tepepulco, que es fortaleció con mucha gente
de guerra, así de los de México como de los pueblos comarca-
nos, con intento de tomarles las espaldas á los nuestros y so-
correr á los de Iztapalapan, que era forzoso el detenerse allí, y
combatir á esta ciudad; mas como reconocieron la flota que
por la laguna venía, se estuvieron quedos aguardando hasta
ver dónde echaba el rumbo; y viendo se iba hacia el peñol, co-
menzaron á hacer ahumadas y señales de guerra para que to-
dos se apercibiesen, todas las ciudades y pueblos de las lagu-
nas. Llegado que fué Cortés, saltó en él con ciento cincuenta
hombres; y aunque con harta dificultad y trabajo, se subieron
y ganaron el baluarte y cerca que tenía arriba para su defen-
sa, y matando á todos los que defendían el peñol, en breve ra-
to apenas quedó ninguno con la vida, si no fueron las mujeres
y niños que de lástima las dejaron. Fué muy señalada esta
victoria, aunque fueron heridos veinte españoles; y como éstos
y los de Iztapalapan con las ahumadas de Cortés ^ iban por la
1 Se comprende, que aquí decía bergantines.
2 Para que esto tuviera sentido, debía decir; con los bergantines de Cortés
442 OBRAS HISTÓRICAS DE
laguna, salieron á encontrarle más de quinientas canoas á su
modo bien fortalecidas de gente, y Cortés de intento estuvo
reacio por la costa del peñol hasta ver lo que los enemigos ha-
cían, los cuales entendiendo que de este modo se estaban que-
dos los nuestros, enderezaron hacia ellos; mas llegando ya cer-
ca, se repararon, y á este tiempo quiso Dios que corriese vien-
to de la parte de tierra muy favorable á los bergantines, y
viendo esto Cortés, hizo que todos acometiesen á los enemi-
gos, y en breve tiempo rompieron por las canoas, quebrando
infinitas de ellas, y matando á las gentes que en ellas venían,
se topaban unas con otras por huir y se ahogaban todos; y si-
guiendo las pocas canoas que quedaban, las fueron á encerrar
dentro de las casas de la ciudad de México, que fué una haza-
ña muy notable, y aunque quedó Cortés hecho señor de esta
legítima en la flota de canoas se holgaron......... desea-
ban ya verle y tener socorro de gente por y el de Tk-
copan eran los más peligrosos allí la mayor parte de
la fuerza de los enemigos cada día les entraba soco-
rro de gente, y así á irá la ciudad de México, peleaado
fuertemente con los enemigos, hasta ganarles las albarradas y
baluartes que tenían hechos y muchas puentes que tenían qui-
tadas: pasando con los bergantines que ya habían llegado, y
siguiendo á los enemigos, unos mataron y otros echaron al ñgna
de la otra parte de la calzada, por donde no iban ios berganti-
nes; corriendo por ella más de una legua hasta ganar dos to-
rres que estaban en la entrada de la ciudad, que estaban en
Acachinanco y Tozititlan, en donde hizo Cortés recoger los ber-
gantines por ser ya tarde, en donde saltó en tierra con treinta
hombres, y aunque con harto peligro y trabajo ganó las torres,
entrando por encima de las cercas que eran de cal y canto, sin
qué fuese bastante á resistir la muchedumbre de enemigos
que las defendían; y sacando en tierra tres tiros de fierro grue-
sos que traían los bergantines, y asestando el uno de ellos por
la calzada adelante, hizo muchísimo daño á los enemigos; y
queriendo proseguir disparando los tiros, por descuido del arti-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 443
llero se quemó toda la pólvora que llevaban, y así despachó por
más aquella noche á Iztapalapan con un bergantín; y aunque la
primera intención de Cortés había sido irse á Aculhuacan, acor-
dó de asentar su real en este puesto, por parecerle conveniente,
teniendo junto á sí los bergantines, enviando á pedir la mitad
de la gente de la guarnición de Cuyohuacan y cincuenta peo-
nes de los de Gonzalo de Sandoval, que el día siguiente estu-
vieron allí; aunque aquella noche estuvo con harto cuidado
Cortés y hizo mucho en defenderse de los mexicanos, porque
á media noche dieron sobre ellos; mas como vieron el cuidado
que había y los tiros y escopetas que se disparaban, no osaron
pasar más adelante, y así llegada la gente, pelearon los nues-
tros hasta ganarles una puente que tenían quitada y una al-
barrada, hasta encerrarlos en las primeras casas de la ciudad;
y viendo Cortés que de la otra parte de la calzada recibían mu-
cho daño porque no podían pasar los bergantines
romper un pedazo de calzada que tenían puesto, y pa-
sar de bergantines, que embistiendo con las
encerrar entre las casas, y en donde ellas, que hasta
entonces no se hablan atrevido, por haber muchos palos y es-
tacas que los estorbaban, y peleando con los de las canoas
rindieron algunas de ellas, y quemaron muchas casas del arra-
bal. Otro día siguiente Sandoval con la gente que tenía en Iz-
tapalapan se partió para Cuyohuacan, y de camino peleó con
los de México, ^ los desbarató y mató á muchos de ellos, les
quemó todas las casas, y con dos bergantines que Cortés le en-
vió, pudo pasar á las partes donde tenían los enemigos que-
brada la calzada, y dejando allí su gente, tomó diez de á caba-
llo y con ellos se fué por la calzada hacia donde tenía su real
Cortés; pero antes de llegar, hubieron de pelear con los que
andaban revueltos los de Cortés, en donde á Gonzalo de San-
doval le atravesaron un pie con una barra tirada; mas Cortés
hizo tal riza en ellos con los tiros y escopetas, que desde en-
1 Creo que debe ser Mexicaltzinco.
444 OBRAS HISTÓRICAS DE
tonces no osaban ya acercarse tanto, pasando otros seis días,
teniendo en cada uno de ellos sus combates; y los bergantines
iban quemando las casas que había á la redonda de la ciudad,
hasta que descubrieron canal por donde con facilidad podían
entrar alrededor por los arrabales de la ciudad y aun en lo
interior de ella, que fué negocio importantísimo, con que las
canoas procuraron alejarse, y en más de un cuarto de legua
del real de Cortés no osaban parar. Pedro de Alvarado avisó
á Cortés cómo por la otra parte de la ciudad, que era por la
calzada de Coyobasco, ^ entraban y salían por ella los enemigos,
y les traían socorro de comida y gente de guerra de los pue
blos de tierra firme de los mexicanos y tepanecas; y que pre-
sumía, que viéndose ya muy apretados, se saldrían todos por
ella: el cual mandó que Gonzalo de Sandoval, aunque estaba
herido, fuese á sentar su real á un pueblo pequeño que se di-
ce Tepeyacac (que es donde está ahora la Ermita de Nuestra
Señora de Guadalupe); el cual se partió con veintitrés de á ca-
ballo, cien peones y diez y ocho escopeteros y ballesteros, de-
jándole cincuenta peones y diez y seis le señaló de los
aculhuas y chalcas huexotzincas con que de todo pun-
to que los de la ciudad de México; y viendo
guarnición más de doscientos cincuenta peones balles-
teros y escopeteros, y muy gran número de amigos, determinó
de entrar por la calzada de la ciudad á lo más interior de ella,
poniendo los bergantines á los lados, porque hiciesen espaldas,
enviando á decir ante todas cosas á los de la guarnición de
Cuyohuacan, que parte de ellos se viniesen á él, y los demás
quedasen guardando las calzadas y todo aquel lado, para im-
pedir á los de las ciudades de Xochimilco, Cuyohuacan, Izta-
palapan, Huitzilopochco, Culhuacan, Zitahua ^ y Mizquic (que
eran enemigos y del bando mexicano), que no diesen por las
espaldas á los nuestros; y que otros se quedasen con otros diez
y seis mil huexotzincas, chalcas y tlaxcaltecas en Cuyohuacan
1 Creo que debe ser Nonoalco.
2 Debe ser Tlahuac.
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 445
en el puesto referido; enviando asimismo á decir á Pedro de
Alvarado y á Gonzalo de Sandoval, que al tiempo que él arre-
metiese, ellos á un tiempo hiciesen lo mismo de su parte por
las calzadas. Cortés fué entrando por la ciudad el día que se-
ñaló, y luego se fué á topar con los enemigos, que estaban de-
fendiendo una quebrada que hablan hecho en ella, que tenía
de ancho como una lanza y otro tanto de hondo, y hecha una
albarrada fuerte; mas al fin se las ganaron, y fueron prosiguien-
do hasta llegar á la entrada de la ciudad, donde estaba otra
torre ó templo de sus ídolos, y al pie de ella una puente gran-
de alzada, que por ella atravesaba una acequia de agua muy
ancha con otra muy fuerte albarrada; y así como llegaron co-
menzaron á pelear, y como iban por los lados los bergantines,
sin peligro ninguno se la ganaron, y los enemigos comenzaron
á huir y desamparar la albarrada; y pasando Cortés con los
suyos por los bergantines, y más de ocho mil hombres ^ de
los amigos, que eran diez mil tlaxcaltecas y de los aculhuas
otros diez mil (que ya á esta sazón hablan llegado á este nú-
mero, porque cada día Ixtlilxochitl y Tecocoltzin iban despa-
chando gente de refresco), chalcas diez mil y huexotzincas diez
mil, que en breve espacio de tiempo cegaron y allanaron con
adobes y piedra este ojo de agua ó puente, y en el ínter ya los
nuestros habían ganado otra albarrada que estaba en la calle
más principal y más ancha que había en la ciudad, y como nó
tenía agua fué muy fácil de ganar; y siguiendo el alcance tras
los enemigos por la calle adelante, hasta llegar á otra puente
que tenían alzada, aunque con harta dificultad pasaron los
nuestros de la otra parte, ganando otra albarrada que tenían
los enemigos para la defensa, durando más de dos horas el
combate, y que por las azoteas tiraban ^
1 Esta cifra está equivocada, pues los hombres que se citan después, suman
cuarenta mil.
2 Aquí concluye el original; y como se ve, apenas llega al primer ataque
dado por Cortés, el cual tuvo lugar el 9 de Junio; de manera que falta el re-
lato de los demáís sucesos del sitio, que duró hasta el 13 de Agosto, día en que
fué tomada la ciudad y prendido Cuauhtemoc.
ERR^T^S.
Tiflué.
LlDM.
Dice.
LéMC.
8
6
fuerz
fuerza
?0
9
Torneaux
Terneaux
15
9
principales
principales
21
10
Tlaehihualelpal
Tlachihualcipal
24
84
Oriente
Poniente
28
21
lo
la
81
9
6
é
82
28
Iztacquauhtzin
Iztaccaltzin
86
82
Xosotl
Xolotl
86
89
Teochintecuhtli
Tochintecuhtli
87
6
pasarou
pararon
87
24
águilas
águilas
46
29
Hábil
Rabi-
46
88
árgo
largo
46
85
andalias
sandalias
4í>
16
despuués
después
60
80
é
á
61
29
Huxutla
Huexutla
62
21
matlactliomci tecpatl
matlactliomey Tecpatl
62
81
vivienho
viviendo
60
6
Tenancacotzin
Tenancacaltzin
108
24
Chimalpopoca:
Chimalpopoca
118
12
Chacha
Chocha
135
6
menos
más
146
80
pidieron
pidieran
158
22
lustre
ilustre
162
5
aculhuas
culhuas
448
OBRAS DE DON FERNANDO DE ALTA IXTLILXOCHITL.
Fisloa. Ltnea.
Dio*.
LteM.
169
33
jeroglíficas
jeroglíficos
174
4
Tlaltelulco
Tlatelulco
179
28
de
del
186
2
laverintos
laberintos
197
4
Tlacatziuhque
ilacatziuhqui
209
22
Calpolanpan
Calpolalpan
252
11
resto
cuarto
252
14
Telloriano
Tellcriano •
279
21
baldoneaban
baldonaban
291
15
espantos
espanto
298
15
demasísa
demasías
318
24
los
las
319
8
no
nos
345
31
escusó
excusó
859
34
la
lo
861
6
allíen
allí en
370
28
Totoltzín, Chiuhatlapaltzin
Totoltzín Chiuhatlapaltxin
376
(página)
276
876
376
27
riquíismo
riquísimo
383
35
yfortaleza
y fortaleza
388
17
serles
serle
398
8
revelaron
rebelaron
399
21
de la huehuete
del abuehuete
399
21
Popctla
Popotla
407
4
Maxizcützin
Maxixcatzin
414
9
gente
gente;
422
24
les
los
429
26
al
del
DE LAS MATERIAS QUE COiniENE ESTE TOMO.
páp.
Introducción ..~ 8
Advertencia del Padre Colector 11
Segunda portada 18
Dedicatoria 16
Prólogo al lector 17
Capítulo I. — Que trata de la creación del mundo y sus cuatro edades, que
los históricos de esta Nueva Sspafla dieron, y fin de cada una de
ellas 21
Capítulo II. — Que trata del origen y venida de la nación tulteca, reyes y
caudillos que tuvieron, y de sus poblaciones y cosas acaecidas en su
tiempo ^ 27
Capítulo III. — Que trata de la vida y hechos de Iztacaltzin y Topiltzin,
últimos monarcas de los tultecas, en cuyo tiempo se acabó su im-
perio 81
Capítulo ly. — Que trata de la venida y población que hizo el gran chi-
chimeca Xolotl en las tierras de los tultecas 85
Capítulo y. — Que trata de la venida de los aculhuas, tepanecas y oto-
míes, y de cómo Xolotl los recibió y les dio señoríos y tierras en que
poblasen, casando á los dos cabezas con sus dos hijas, y de los hijos
que tuvieron; y asimismo del casamiento del príncipe Nopaltzin y de
los hijos que tuvo... 41
Capítulo yi. — De cómo el gran chichimeca dio á otros señores poblacio-
nes y provincias 46
Capítulo y II. — De lo más que sucedió en tiempo de aqueste gran mo-
narca Xolotl hasta su fin y muerte 49
Capítulo yill. — De cómo el príncipe Nopaltzin entró en sucesión del
Tomo U-80
450 OBRAS HISTÓRICAS DE
Páp.
imperio y do las cosas que sucedieron en su tiempo 58
Capítulo IX. — Que trata de la vida y cosas que acaecieron en el discurso
del tiempo que imperó Tlotzin 67
Capítulo X. — De la entrada en el señorío é imperio de Quinatzin y veni-
da de los mexicanos, y hijos que tuvo Acolmiztli señor de Coatlichan. 61
Capítulo XI. — De las guerras civiles que hubo entre los chichimecas, y
otras que sucedieron en el discurso del imperio de Quinatzin 65
Capítulo XII.— De cómo vinieron los tlailotlaques y chimalpanecas, que
hizo poblar Quinatzin en la ciudad de Tetzcuco y otras por ser gran-
des artífices, y de algunas guerras que sucedieron hasta su fin y
muerte 69
Capítulo XIII. — Del gobierno de Techotlalatzin 71
Capítulo XIV.— De algunas guerras que tuvieron Tezozomoc rey de Az-
caputzalco y los señores mexicanos, ampliando su señorío; y de la su-
cesión de Acamapichtli en el reino de los culhuas por Illancueitl, su
mujer, y otras cosas que sucedieron hasta la muerte de Techotla-
latzin '. 77
Capítulo XV. — De cómo el emperador IxtUlxochitl Ometochtli entró en
la sucesión del imperio; y cómo Tezozomoc y los señores mexicanos
no le quisieron dar la obediencia, y alteraron el imperio 81
Capítulo XVI. — Ve la jura del príncipe Nezahualcoyotzin por heredero
del imperio en las cortes que se hicieron en Huexotla, en donde se
determinaron las guerras que hubo entre IxtUlxochitl y Tezozomoc
sobre el imperio... 85
Capítulo XVII. — Cómo Tezozomoc, viendo que el emperador Ixtlilxo-
chitl le tenía cercada y sitiada su ciudad, procuró pedir treguas con
socolor de que le quería dar la obediencia.y tratar de paces 87
Capítulo XVIII. — De cómo el emperador Ixtlilxochitl se retiró á la mon-
taña, y desde allí envió á pedir socorro á los de la provincia de
Otompan, en donde mataron á su capitán general, y io demás que
acaeció en esta ocasión hasta su fin y muerte 91
Capítulo XIX.— De la desastrada é infeliz muerte del emperador Ixtlil-
xochitl , 95
Capítulo XX. — De cómo el tirano Tezozomoc se hizo jurar emperador
del imperio chichimeca, y cómo hizo matar á muchos niños natura-
rales del reino de Tetzcuco, y el pregóil que dio por su mandato en
los llanos de Tozteca Teopan, donde juntaron todos los del reino de
Tetzcuco, y algunos de los otros pertenecientes al imperio............... 99
Capítulo XXI. — Cómo el tirano Tezozomoc repartió las tierras pertene-
cientes al patrimonio del imperio de los chichimecas, y otras cosas
que hizo y del sueño que soñó 108
Capítulo XXII. — De la muerte del tirano Tezozomoc, y de cómo se in-
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 451
Paga.
trodujo en la sucesión del impeño Maxtla segundo tirano, y de cómo
mató á Tayatzin su hermano, y de otras cosas que sucedieron 107
Capítulo XXIII. — De cómo el tirano Maxtla hizo prender á Chimalpo-
poca rey de México, y después lo hizo soltar; y de los trances peligro-
sos en que se vido Nezahualcoyotzin 111
Capítulo XXIV. — De cómo se escapó Nezahualcoyotzin por dos veces
de las manos del tirano, y de la muerte del rey Chimalpopoca, y de
Tlacateotzin señor de Tlatelulco 117
Capítulo XXY. — De cómo por otras dos veces escapó Nezahualcoyotzin
de las manos de sus enemigos 121
Capítulo XXVI. — De la vida y peregrinación de Nezahualcoyotzin por
las montañas y desiertos hasta llegar á donde vivía Quacoz un caba-
llero de nación otomí 127
Capítulo XXVII. — Que trata cómo fué prosiguiendo Nezahualcoyotzin
su viaje y peregrinación hasta Capolac, y las cosas que le sucedieron
en el camino «..» ^.... 138
Capitulo XXVIII. — De cómo marchó con un poderoso ejército el prínci-
pe Nezahualcoyotzin por la vía de Tetzcuco, y cómo recobró el rei-
no de los aculhuas, y algunos acontecimientos notables que hubo 187
Capítulo XXIX. — Que trata de cómo hasta aquí dio fin la historía gene-
ral del imperio de los señores chichimecas, y en el estado que la de-
jaron los autores que la pintaron^ y lo más que el tirano Maxtla hi-
zo en esta ocasión 148
Capítulo XXX. — De cómo viendo los mexicanos que estaban oprimidos
por el tirano Maxtla, acordaron entre ellos enviar sus embajadores al
príncipe Nezahualcoyotzin para que los socorriese, y las cosas que le
acaecieron en este tiempo 145
Capítulo XXXI. — De cómo pasó Nezahualcoyotzin á México con su
ejército en favor de los mexicanos 149
Capítulo XXXII. — De cómo fué jurado Nezahuolcoyotzin por rey de
Tetzcuco Acolhuacan y por emperador del imperio de los chichime-
cas, juntamente con su tío Itzcoatzin rey de México, y Totoquihua-
tzin de Tlacopan, en quien se traspasó el reino de Atepaneco y Az-
oaputzalco 168
Capítulo XXXIII. — De cómo Nezahualcoyotzin dio orden de irse á la
ciudad de Tetzcuco con toda su gente, y las demandas y respuestas
que sobre esto hubo 167
Capítulo XXXIV. — Que trata cómo Nezahualcoyotzin tuvo sobre ciertas
contiendas gaerra con su tío Itzcoatzin, y habiendo entrado con su
ejército en la ciudad de México, se conformaron; y de cómo restitu-
yó á todos los señores en sus señoríos; y lo más que pasó en este in-
tervalo de tiempo „ 161
452 OBRAS HISTÓRICAS DE
Pác>.
Capítulo XXXV. — Que trata cómo Nezahualcoyotzin restituyó en sus
señoríos á los señores pertenecientes al reino de los aculhuas; y cómo
repartió las tierras 167
Capítulo XXX VI. — De cómo Nezahualcoyotzin edificó unos palacios
para su morada, que fueron los mayores que hubo en la Nueva Es-
paña, y de su descripción 178
Capítulo XXXVII. — Que prosigue en la descrípción de las casas de Ne-
zahualcoyotzin y templos que dentro de ellas tenía ~ 188
Capítulo XXXVIII. — Que trata de las ochenta leyes que estableció Ne-
zahualcoyotzin y cómo las mandó guardar 187
Capítulo XXXIX. — Cómo el rey Nezahualcoyotzin amplió las tierras de
la señoría de Tlaxcala, y las capitulaciones que con ellos tuvo 196
Capítulo XL. — De la muerte del rey Itzcoatzin de México, y cómo en su
lugar entró Motecuhzomatzin Ilhuicaminatzin primero de este nom-
bre, y de algunas guerras que hicieron las tres cabezas del imperio
contra las provincias remotas ^ 201
Capítulo XLI.— Que trata de la hambre y mortandad que hubo en esta
tierra, y por qué causa se comenzaron las guerras de Tlaxcalan, Hue-
xotzinco y Cholulan contra el imperio 206
Capítulo XLII. — De cómo hizo Nezahualcoyotzin casas de recreación,
bosques y jardines, y la gente que mandó ocupar en su adorno y en
el de las casas reales y cerco de ellas 209
Capítulo XLIII. — De cómo el rey Nezahualcoyotzin se casó con Azcal-
xochitzin, hija del infante Temictzin su tío, y del extraño modo con
que se consiguió este matrimonio 218
Capítulo XLI V.— De los hijos que tuvo Nezahualcoyotzin, y otras cotas
acaecidas en este discurso de tiempo hasta la muerte del príncipe Te-
tzauhpiltzintli « 219
Capítulo XLV.— Que trata de cómo se ganó la provincia de Chalco por
medio del infante Axoquentzin, y nacimiento del príncipe Neza-
hualpilli 228
Capítulo XLVI. — Que trata de la muerte del rey Motecuhzomatzin de
México, y elección de Axayacatzin; y de algunos dichos, hechos y
sentencias admirables del rey Nezahualcoyotzin 229
Capítulo XLVII. — Que trata de algunas profecías y dichos que d^o el
el rey Nezahualcoyotzin ^ 286
Capítulo XLVI 1 1. — De los hechos notables de Acaten tehuatzin.. 289
Capítulo XLIX. — Que trata de la muerte de Nezahualcoyotzin 241
Capítulo L. — Que trata de la jura y coronación del prudentísimo y sabio
Nezahualpiltzintli Acamapixtli 247
Capítulo LI.~-Que trata de la guerra que el rey Axayacatzin tuvo con-
tra MoquihuHzin, señor de Tlatelulco, y contra sus aliados.. 261
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 453
Págf.
Capítulo LII. — Que trata de algunas cosas que hizo en el principio de su
gobierno Nezahualpiltzintli, en que mostró la prudencia y sabiduría
natural que Dios le dio desde su niñez, que notaron mucho los au-
tores « 268
Capítulo Lili. — Que trata de algunas guerras y conquistas que hicieron
las tres cabezas del imperio, Azayacatzin rey de México, Nezahual-
piltzintli de Tetzcuco y Chimalpopocatzin de Tlacopan, y muerte de
Xihuitltemoc señor de Xochimilco 266
Capítulo LIV. — Que trata de la muerte de Axayacatzin, sucesión de Ti-
zotzicatzin, y los hijos que tuvieron ^ 269
Capítulo LY. — Que trata de la primera salida que hizo el rey Nezahual-
piltzintli, contra los de Ahuilizapan, Tototlan, Oztoticpac y otras
provincias de la costa del mar del Norte » 261
Capítulo LYI. — Que trata cómo el rey Nezahualpiltzintli edificó unas
casas de su morada, y engrandeció el templo mayor que edificó su
padre; y del mucho gasto y aparato que en ellas tenía ....^ 266
Capítulo LVII. — Que trata cuántas fueron las concubinas del rey Keza-
hualpiltzintli, y de la reina Tenancazihuatzin su legítima mujer, y
los hijos que tuvo en ella y en las demás « 267
Capítulo LYIII. — Que trata de la muerte de Tizotzicatzin, rey de Me.
xico, y sucesión de Ahuizotzin, y de otras cosas que acaecieron an-
tes de su muerte 269
Capítulo LIX. — Que trata de la entrada que hizo Nezahualpiltzintli
en la costa de Nauhtlan, y después él y los reyes Ahuizotzin y Chi-
malpopocatzin las conquistas que hicieron de ciertas provincias que
caen hacia el Sur 271
Capítulo LX. — Que trata cómo el rey Ahuizotzin acabó el templo mayor
de México y de los grandes sacrificios que se hicieron en su estreno;
de la muerte del rey de Tlacopan Chimalpopocatzin y sucesión de
Totoquihuatzin, segundo de este nombre, y de otros señores 278
Capítulo LXI.— Que trata de la guerra que tuvo el rey Nezahualpiltzin-
tli contra Huehuetzin de Huexotzinco, y cómo lo venció y cautivó. 276
Capítulo LXII. — Que trata de un extraño y singular hecho que hizo
Teuhchimaltzin, caballero descendiente de la casa de Tetzcuco 279
Capítulo LXIII. — Que trata de las guerras y conquistas que tuvo el im-
perio contra los rebeldes de las naciones remotas 288
Capítulo LXIY. — Que trata de la extraña severidad con que castigó el
rey Nezahualpiltzintli á la reina mexicana por el adulterio y traición
que contra él se cometió 286
Capítulo LXY. — Que trata de otras conquistas que en estos tiempos hi-
cieron los del imperio 289
Capítulo LXYI.— Que trata de una inundación grande que hubo en la
454 OBRAS HISTÓRICAS DE
ciudad de México, procedida de un ojo de agua llamado Acue-
caexatl 291
Capítulo LXVII. — Que trata cómo el rey Nezahualpiltzintli apaciguó
un litigio que entre sí los infantes Acapioltzin y Xochiquetzaltzin
sus hermanos traían; y de algunos notables castigos que hizo en sus
hijos « 298
Capítulo LXVIII. — Que trata de otras cosas notables que Nezahualpil-
tzintli hizo en materia de jueces y leyes 297
Capítulo LXIX. — Que trata en qué año y tiempo nació el valerosísimo
Ixtlilxochitli y las cosas que hizo en su niñez y puericia 801
Capítulo LXX. — Que trata de la muerte del valeroso rey Abuizot^in, y
elección del famoso Motecuhzoma, segundo de este nombre»^ 805
Capítulo LXXI. — Que trata de varios acaecimientos que hubo en estos
tiempos según los anales 809
Capítulo LXXII.— Que trata de las señales y prodigios que hubo antes
4e la destrucción y fin del imperio 818
Capítulo LXXIII. — Que trata de algunos motines y alteraciones que hu-
bo en algunas provincias sujetas y ganadas por el imperio, y de otros
acaecimientos » 817
Capítulo LXXiy. — Que trata cómo el rey Motecuhzoma cautelosamen-
te con pacto secreto que tuvo con la señoría de Tlaxcala, hizo matar
toda la flor de los capitanes y soldados del reino de Tetzcuco, con cu-
ya ocasión se vino á señorear de todo el imperio ^ 821
Capítulo LXXV. — Que trata de la muerte y fin que tuvo el rey Neza-
hualpiltzintli ! * 827
Capítulo LXXYI. — Que trata de la contienda que hubo entre los hijos
de Nezahualpiltzintli sobre la sucesión del reino 829
Capítulo LXXVII. — Que truta quién fué el invencible D. Femando Cor-
tés primer marqués del Valle, y da principio á sus heroicos hechos.» 835
Capítulo LXXVIII. — Que trata cómo dio principio Cortés á la conquis-
ta de esta nueva España hasta llegar á Potonchan 889
Capítulo LXX IX. — Que trata de las cosas que le acaecieron á Cortés
hasta llegar á la Veracruz 848
Capítulo LXXX. — Que trata de las cosas que hizo el rey Motecuhzoma
con la nueva de la venida de Cortés y sus compañeros; y de cómo
Cortés se informó de los bandos que había ^,n esta tierra.. 847
Capítulo LXX XI.— Que trata de cómo se vido Cortés con el señor de
Cempoalan y con el de Quiahuiztlan, y la liga y resolución que con-
tra Motecuhzoma le ofrecieron 858
Capítulo LXXXII.— Que trata de lo más que le sucedió á Corté» en la
Villa Rica, y quema de los navios 857
DON FERNANDO DE ALVA IXTLILXOCHITL. 455
Fág».
Capitulo LXXXIII. — Que trata de la salida que hizo Cortés para ir so-
bre México, y lo que por el camino le sucedió 361
Capítulo LXXXIV.— Que trata de lo que á Cortés le sucedió al tiempo
que estuvo en Tlaxcala 869
Capítulo LXXXV.— Que trata de la ida que hizo Cortés á la ciudad de
México y lo que en ella le sucedió hasta prender á Moteczuma 875
Capítulo LXXXV I. — Que trata de lo que le sucedió á Cortés en la ciu-
dad de México hasta poner prisiones al rey Motecuhzoma, de que
Cacama rey de Tetzcuco, se alteró y quiso libertar á su tío y echar
de México á los españoles; y de cómo su hermano Ixtlilxochitl lo
prendió cautelosamente y lo entregó á Cortés 881
Capítulo LXXXVII. — Que trata de cómo el rey Motecuhzoma y los de-
más señores del imperio dieron la obediencia al rey de Castilla, y lo
demás que sucedió á Cortés hasta prender á I*ánfilo de ^arvaez que
venía contra él 887
Capítulo LXXXVIll.— Que trata de la muerte desastrada que el capi-
tán D. Pedro de Alvarado y los suyos dieron á los señores y nobleza
mexicana por cuya causa se rebelaron los mexicanos y pusieron en
aprieto á los nuestros, hasta hacerlos salir huyendo de la ciudad de
México: de la muerte del gran Motecuhzoma, de la de Cacama y
otros señores 893
Capítulo LXXXIX.-^Que trata de la retirada que hizo Cortés con los
suyos á Tlaxcalan en donde se retiró, y lo que en este tiempo le su-
cedió ^ 899
Capítulo XC — Que trata del buen acogimiento que tuvo Cortés en Tlax-
calan, y todo lo que en ella hizo durante el tiempo que allí se refor-
mó; muerte del rey Cuitlahuatzin, y elección de Quauhtemoc, de
Coanacochtzin y Tetlepanquetzaltzin 408
Capítulo XCI.— Que trata del orden que dio Cortés para ir sobre la ciu-
dad de México, y el viaje que hizo hasta llegar á la ciudad de Tetz-
cuco « 411
Capítulo XCII. — Que trata del combate de Iztapalapan, vista que dio
Cortesa México y la guerra de Acapuchtian 419
Capítulo XCTII. — Que trata de la segunda vista que dio Cortés á Méxi-
co en contorno de ella y de sus lagunas, combate de los españoles en
Tlayacapa y guerra de Xochimilco 425
Capítulo XCIV. — Que trata cómo Cortés se apercibió para ir sobre la
ciudad de México por agua y por tierra á sitiarla 488
Capitulo XCV. — Que trata de la victoria los bergantines por la
laguna por agua y por tierra la primera México» 441
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